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‘Novias’ de curas denuncian que también ellas se sienten abusadas

Martes, 21 de mayo de 2019

celibato-debate_2121697874_13598400_660x371El otro escándalo sexual en la Iglesia: los curas que no reconocen sus obligaciones parentales (¿Hablamos de los novios…?

El ‘Washington Post’ indaga en el drama de las mujeres obligadas a esconder sus relaciones con curas y criar a sus hijos sin ningún apoyo de la Iglesia

Las cifras son llamativas: hay estudios que apuntan a que solo el 40% de los presbíteros practica el celibato, y que puede haber más de 60.000 niños de curas en todo el mundo

Gracias sobre todo a la valentía de las víctimas, por fin se ha empezado a hablar en condiciones de los abusos sexuales de menores en la Iglesia. Pero ahora la jerarquía tiene una conversación pendiente con otro grupo de personas vulnerables que también ha sufrido la violencia sexual, emocional y espiritual de los curas: las mujeres adultas que han tenido hijos con sacerdotes sin que estos han reconocido sus responsabilidades ni hacia ellas ni hacia sus vástagos.

“Aquella situación era definitivamente abusiva, sin ninguna duda, ha contado al Washington Post Pam Bond, de 63 años, quien dio a luz en 1986 al hijo de un cura franciscano al que había acudido para apoyo y para intentar rescatar a su matrimonio. “Yo asumo la responsabilidad para mis propios errores“, reconoce Bond, quien actualmente reside en la ciudad de San Luis y admite que “yo debería haber sido lo suficientemente fuerte como para no ponerme en aquella situación”. Bond, sin embargo, considera ahora que la relación de cinco años que mantuvo con el cura no fue consensual debido al diferencial de poder entre ellos.

¿Solo el 40% de los curas practica el celibato?

Como Bond hay en los Estados Unidos y en el todo el mundo miles de mujeres adultas que se hallan en la misma situación de haber vivido una relación sexual fallida y abusiva con un hombre consagrado, si bien es cierto que es difícil determinar exactamente cuántas son. En 1990 Richard Sipe, pionero en materia de la pederastia en la Iglesia, estimó que solo el 40% de los sacerdotes practica el celibato en un momento determinado. Vincent Doyle, irlandés e hijo de cura que lleva la web Coping Internacional para otra gente en su misma situación, afirma que alrededor de 65.000 personas en todo el mundo consultan su página.

Sean cuántas sean, lo importante es que estas mujeres que se sienten usadas por curas estén empezando a levantar la voz. Sobre todo porque, aunque la misma transparencia y rendición de cuentas que se están implementando en casos de abusos a menores están empezando a hacerse sentir también en casos de potenciales abusos a mujeres vulnerables- aún hay curas que intentan mantener sus “novias” y sus hijos en secreto.

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Hijo de un cura: “Yo era un cáncer que había que tratar”

Theresa Engelhardt, de 62 años, denuncia que ha estado inmersa en una batalla de tres décadas con la diócesis de Allentown, Pensilvania, y ahora con el Vaticano para que la Iglesia laicice al cura con el que tiene un hijo pero que se niega a asumir la plenitud de sus responsabilidades parentales. Engelhardt lamenta que el sacerdote, quien ha dejado el ministerio público y ahora está casado con otra mujer, le presionara para que abortara y cuando se negó a interrumpir el embarazo, no quería ni ver a su hijo.

“Una de las grandes cosas que he tenido que trabajar en mi tratamiento es mi razonamiento que si yo no hubiera nacido, mi madre no hubiera entrado en esa batalla con la Iglesia y mi padre hubiera podido seguir como cura”, cuenta el hijo de Engelhardt, John Dreisbach, quien a sus 28 años ha sufrido toda una vida de depresiones.

Crecer con un cura como padre que no le quería reconocer -por no decir en la sombra de una Iglesia que no obligó al sacerdote a hacer lo correcto- “me hizo sentir… que no le importo para nada” a la Iglesia, lamenta John. “Yo era un cáncer que había que tratar”.

Una fina línea roja

¿Hay entonces alguna situación en la que sí estaría moralmente bien que un cura se enamorara de un adulto? Cait Finnegan Grenier, defensora durante muchos años de las mujeres que mantienen relaciones con sacerdotes, piensa que sí, y que todo depende de cómo empieza la relación. Un enamoramiento que comienza en una situación marcada por un diferencial de poder -como una relación pastoral- sería explotador, mientras que una relación nacida de la amistad no lo sería, considera Finnegan, mujer de un cura, ahora fallecido, que buscó y recibió la reducción al estado laical al darse cuenta los dos que estaban enamorados.

Es una línea muy fina que John Dreisbach piensa que la Iglesia puede hacer más para definir o incluso borrar, si decidiera aceptar que los curas tengan hijos. “Ya se les llama ‘padre'”, recuerda de los curas. “No les cuesta mucho añadir uno más a la grey”.

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“Sodoma”, por Isabel Gómez Acebo

Miércoles, 13 de marzo de 2019

91EF5DEC-8EEA-4C77-AA31-4B76630936F9Leído en su blog:

Dentro de unos días aparecerá en las librerías un libro del periodista Frédéric Martel que lleva por título “Sodoma”. No voy a intentar hacer la alabanza de la obra sino todo lo contrario; son más de 500 páginas en las que repite,  una y otra vez, la situación de poco respeto al voto del celibato que se vive en la Ciudad del Vaticano, la mayoría de las veces con intercambios de parejas homosexuales aunque también los hay heterosexuales. Eso sí, no menciona gracias a Dios ningún acto de pedofilia; son contactos entre personas adultas que asienten, algunas veces por pagos de los servicios prestados y otras no

            Tras la lectura de 300 páginas lo he acabado dejando pues no conocía a los partícipes y la música de fondo era siempre la misma: a pesar del cambio de papas en la cumbre este tipo de conductas se habían convertido en un denominador común de todos los pontificados. Lo que me ha parecido más curioso es que los más homófobos, contra la aceptación de los homosexuales, lo son ellos mismos ¿Intentarán con sus palabras cubrir su comportamiento?

Ignoro si todo lo que cuenta el libro es verdad, soy consciente de que habrá multiplicado los números para hacerlo más escandaloso, aunque parece bien documentado. Su lectura me ha hecho sacar conclusiones

 La primera es el tema del celibato, muy difícil de cumplir en una sociedad altamente sexualizada y en la que el sexo ha dejado de verse como una pulsión negativa del ser humano sino más bien lo contrario. Es un gozo que ha colocado Dios en las personas para que no vivan en aislamiento, se junten con los demás y en estas relaciones puedan encontrar el amor… o no. Para los cristianos ha sido un tema tabú, mal tratado durante siglos: mientras que los casados eran considerados como cristianos de segunda clase, a muchos varones, que querían ser sacerdotes, se les obligaba a cargar con el celibato, un peso para el que no estaban preparados. También esta situación permitía que la Iglesia fuera un refugio para las personas que se sentían con inclinaciones homosexuales que pasaban desapercibidas dentro de una institución en la que sólo vivían varones

            Estamos en plena época de Cuaresma y me echó en cara la asistenta que había puesto carne como menú el miércoles Santo. Traté de explicarle, aunque era inútil pues la idea de la abstinencia la vivía con plenitud, que había cosas más útiles de las que prescindir en estos días cuaresmales. Traigo esta anécdota para referirme a que la Iglesia ha puesto mucho peso en los temas del cuerpo cuando se consideraba que eran enemigos del alma pero hoy, vemos a la persona como un todo, en las que tienen una plena y natural cabida las necesidades corporales.

            Hay que hacer muchos cambios en la Iglesia pero creo que debe empezar por el tema de la alcoba: desde mi perspectiva tenemos que defender que tras su puerta las parejas hagan lo que quieran siempre y cuando no dañen a los demás: Ni celibato para los sacerdotes diocesanos, ni mirar con desprecio a los homosexuales, ni prohibición de usar métodos anticonceptivos para el resto. A todos nos iría mejor.

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“El celibato y el abuso sexual ante el próximo Sínodo (Reflexiones de un cristiano de a pie)”, por Miguel Sánchez Zambrano

Lunes, 4 de marzo de 2019

orthodox-calendar-2014-6Agradecemos a su autor el envío de este artículo:

Surgen por doquier sacerdotes implicados en abusos sexuales, incluidos miembros de la Jerarquía que bien los han cometido o los han silenciado.  Últimamente: el Arzobispo de Santiago de Chile, Ricardo Ezzati; de Washington, Theodore McCarrick; de Lyon, Philips Barbarin y el Cardenal australiano, miembro de la curia Vaticana, George Pell.

Cabe preguntarse si ayudaría a erradicar esta lacra el celibato opcional y la homosexualidad aceptada y asumida por la Iglesia, pudiendo sus ministros contraer libremente matrimonio y desarrollar plenamente su mundo afectivo-sexual. El amor a otra persona (hombre o mujer) no puede ser obstáculo para trabajar por el Reino, sino una autentica ayuda para el trabajo apostólico.

El celibato como Carisma

La Iglesia considera al celibato como don de Dios, carismático y gratuito. Dios puede llamar al sacerdocio y no hacerlo al celibato. Cuando un clérigo soporta con amargura la obligación de la abstinencia, queda patente la ausencia del carisma, aunque sienta verdadera vocación. Imponer lo que es un don gratuito de Dios, esta avocando a nefastas consecuencias.

Naturalmente el Celibato tiene características y valores extraordinarios, como Gracia concedida por Dios: la persona, se siente más libre, disponible y comprometida. Pero al ser contrario a la naturaleza humana, la soledad afectiva que conlleva, puede desembocar en el abuso sexual. La obligatoriedad no se contempla en la Iglesia de Pedro y Pablo. Aquel estaba casado (Mc.1, 3), igualmente Judas Tadeo. Felipe tuvo hijas (Hch.21, 9). Solo se conoce a Juan como Apóstol célibe. Jesús trata expresamente el tema cuando los discípulos le dicen que, según su doctrina respecto al divorcio: “no trae cuenta casarse” (Mt.9, 10). Jesús responde: “No todos pueden casarse, solo aquellos a quienes Dios se lo ha concedido”, excluyendo la exigencia del Celibato. Pablo consideraba al célibe ungido por la Gracia, obviando su obligatoriedad (1 Cor.7, 7), corroborándolo al manifestar “sobre el celibato no he recibo ningún mandato del Señor “(1Cor.7, 25).

El Concilio de Elvira (Granada, 320) prohíbe, por primera vez el acto conyugal, sin vetar el matrimonio. Se intentó en Nicea (325) sin lograrlo, al instar el Obispo Pafnucio “no imponer yugo tan pesado, pues el matrimonio es muy honroso, no afligiendo con prohibiciones agobiadoras, pues todos los hombres no pueden soportar la continencia”. El de Gangra (365) declara: “Nosotros admiramos la Virginidad y al mismo tiempo honramos la compañía santa del matrimonio”. El de Seleucia (497) autoriza contraer matrimonio, invalidándolo más tarde, por ley, el Concilio II de Letrán (1.138). El Arcipreste de Hita narra, en el Libro del Buen Amor, la tenaz resistencia de los clérigos a dicha ley. Los mismos reyes siguieron favoreciendo a los clérigos para hacer a sus hijos herederos legales: Fernando III el Santo impone duras penas contra quienes obstaculicen esos derechos. En igual sentido legislan las Cortes de Castilla. En 1.318 Juan XXII confirma la heredad de los hijos de los clérigos.

Es en Trento (1563) cuando el celibato se impone definitivamente, sin acatarse plenamente: El Sínodo de Osnabruk (1625) afirma que “numeroso clero goza de compañía femenina, manteniendo a sus hijos con el patrimonio de la Iglesia”.

El Vaticano I (1869) plantea el celibato opcional, sin aprobarlo. En 1970 el Concilio pastoral holandés lo aprobó por mayoría absoluta. Tomaron idéntica postura la Conferencia Episcopal norteamericana y la Comisión Internacional de Teólogos, ante el sínodo de 1971, solicitándolo nueve Conferencias Episcopales. Tampoco se logró. En los años 90 el obispo Buxarrais opinaba que “los obispos no deben temer al Papa y pedirle la ordenación del casado”. De nuevo se acallaron las voces.

Motivos del celibato obligatorio

Dos son las causas principales de algo que ni Jesús ni los Apóstoles impusieron y la Iglesia no plantea hasta 320 años después: La primera, la doctrina peyorativa del matrimonio, asumida por la Iglesia. Tras la legalización de Constantino, esta se encuentra en una sociedad marcada por el helenismo y la doctrina gnóstica, influyendo decisivamente en las costumbres cristianas. Esta doctrina entiende al espíritu encerrado en el cuerpo del que hay que liberarlo de todo lo malo de este, especialmente lo relacionado con el sexo, sentándose las bases para prohibir el matrimonio a los consagrados.

La segunda será de tipo económico: desde su legalización, la Iglesia acumula riquezas, donadas por el Emperador, rompiendo con la fidelidad a la filosofía de vida del Maestro. Ante el acumulo de bienes, el Emperador Justiniano prohíbe ordenar obispos con hijos “para que los bienes donados a la Iglesia, no los emplee el Obispo en provecho propio o de sus hijos” (Codex Just.1, 3,41), constatándose que el celibato obligatorio no se sustenta en ningún principio evangélico.

Graves riesgos

clericalismoEl amor, como don de Dios, es un elemento decisivo para el equilibrio psicológico. Ser célibe implica aceptar cierto vacío que nada puede suplir. Si ese “ayuno emocional” no se hace desde la libertad, la persona padecerá una especie de “hambre interior”, abocándose a otras salidas que mitiguen ese “ayuno”. Entre ellas, la relación intima (nunca exenta de afecto y ternura) se presenta disfrazada como solución a la infelicidad de la soledad afectiva, habitando dentro del disfraz el monstruo cruel del abuso al inocente.

Como consecuencia, desde una ingenuidad demasiado interesada, el consagrado ignora el límite entre lo afectivo y lo sexual. Así nacen unas expectativas, encantadoramente engañosas, facilitando los primeros pasos de acercamiento a la víctima, apareciendo las pseudo-justificaciones que anulan los deseos de luchar, originándose una enorme tensión interior, muy difícil de controlar. La vuelta atrás se hace tremendamente difícil, desabocando en el acto abusivo. Faltó honestidad y fortaleza para poner freno en ese primer momento y bloquear una relación afectiva, aparentemente inocua, que puede llevar el germen del abuso, que solo el adulto puede detectar.

Al comenzar una relación afectiva, el abusador en potencia puede creerse con fuerzas suficientes para no sucumbir a momentos delicados, apoyándose en su vocación, sin querer percatarse que tiene ante él una persona (el menor) frágil y vulnerable, en una posición extremadamente delicada, sin recursos personales para hacerle frente.

Esa es precisamente la esencia del abuso: David frente a Goliat, pero un David carente de piedra y onda, sin posibilidades de vencer.

Un daño irreparable

Ante el daño que sufren los menores bajo la tutela de religiosos y sacerdotes, la Iglesia que elogia la pureza sexual, no debería obviar (haciéndose cómplice de lo que puede venir) la turbiedad que puede albergar la pureza impuesta. Con los que manchan dicha pureza, Jesús lo tiene claro: “El que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino y le hunda en el mar” (Mt.18, 6, Mc.9, 42, Lc.9, 46).

Por si el drama de la pederastia fuera poco, está reapareciendo el fenómeno infravalorado de los abusos y violencia de miembros del clero hacia las religiosas. Francisco lo reconocía el pasado día 5, confirmándose la drástica caída de vocaciones femeninas. Demasiado drama para no hacer todo lo que sea necesario hacer.

 El Celibato opcional

La renuncia que el celibato lleva implícita, puede integrarse sintiendo que Dios es quien otorga dicha gracia, lo que no podrá percibirse desde la imposición obligatoria. Así, la renuncia a la más bella experiencia humana (la dimensión sexual del amor de Dios sentido entre dos), solo debería hacerse desde la libre aceptación de la virginidad como gracia que viene de Dios. Sin dicha gracia, el celibato impuesto expone al consagrado al drama del acto abusivo.

Según Santo Tomás las leyes positivas preservan los derechos instituidos por el Creador (Derecho Natural). Los Derechos dictados por los hombres son válidos si están en conformidad con aquellos. El celibato no pertenece al Derecho Natural. Sí lo hace el matrimonio. Pablo lo reconoce en las Cartas a Timoteo (Ti.3, 2-5) exponiendo las condiciones exigidas para ser Obispo, incluida la fidelidad en el matrimonio. Sin embargo, las recomendaciones para Obispos célibes no aparecen en la Escritura. Obispos y demás ministros tenían el derecho apostólico de casarse, conservándose hasta hoy en la Iglesia Oriental.

Al dirigirse a los grupos ascéticos de la Comunidad de Corintio, que deseaban permanecer célibes, Pablo responde que tal deseo no puede imponerse: “a todos les desearía que vivieran como yo (célibes), pero cada uno tiene el don que Dios le ha dado. Unos uno y otros otro” (1Cor.7 ,7).

Por último al imponer el Celibato, la Iglesia conculca el artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “los hombres y mujeres tienen derecho, sin consideración de raza, nacionalidad o religión, a contraer matrimonio y fundar una familia”.

La oportunidad del Sínodo

celibatoSon inmensa mayoría los sacerdotes (heterosexuales y homosexuales) que mantienen relaciones célibes, vividas como un don de la gracia del carisma recibido. Quienes lo viven impuesto, sin dicha gracia, pueden llegar al abuso sexual, escandalizando a la sociedad, llevando a la Iglesia a una de las crisis más profundas de la historia.

El Vaticano II, aprobando la ordenación diaconal de casados, mantenimiento el matrimonio en pastores protestantes que optaran por la Iglesia Católica, abrió el camino al opcional. El Papa reconoció recientemente que “el celibato no es un dogma de fe, es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia. No siendo un dogma de fe, siempre tenemos la puerta abierta para cambiarlo”. Igualmente reconoció, respecto a los homosexuales, que “yo no soy quien para juzgarlos”.

Con estas premisas, si el próximo Sínodo desea erradicar el drama, habrá de abordar actuaciones preventivas realistas, con la perspectiva del siglo XXI. Sirvan dos como ejemplo, ciertamente rompedoras con las directrices actuales: La abolición del celibato obligatorio y la despenalización moral de la homosexualidad. Ambas disposiciones rebajarían la inaguantable tensión que sufren muchos consagrados, incidiendo en la desaparición de la pederastia.

Si los dirigentes eclesiales fueran conscientes que con los cambios necesarios, ayudarían enormemente a combatirla, no dudarían en activar las reformas necesarias.

Francisco tiene el coraje necesario para dar un vuelco a la situación y el Sínodo, con todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales reunidos, se presenta como la gran oportunidad que, una vez más creo que han optado por perder. Algún día, la Iglesia debe mostrar su rostro Materno a quienes, no poseyendo la gracia del celibato, desean recibir la gracia sacramental matrimonial o, al menos, la gracia de la bendición conyugal.

Miguel Sánchez Zambrano

Psicoterapeuta de Familia y pareja  

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La renovación de los ministerios

Jueves, 28 de febrero de 2019

Grantchester-el-cluedo-del-sacerdote-mas-sexy-de-InglaterraMucho más allá del celibato opcional

Emilia Robles
Madrid

ECLESALIA, 11/02/19.- Vi en su día, a la vuelta del papa de la JMJ lo que decían algunos periodistas sobre sus palabras en el avión de camino a Roma, entre otras cuestiones sobre el celibato opcional (que el no aprobaría en su pontificado, desde su intención actual) y también otras reflexiones en positivo sobre la propuesta del obispo Fritz Lobinger (de que se pudieran aceptar otros ministerios ordenados) en lugares como la Amazonía u otros. Difícil abordar este tema de la renovación de los ministerios -que necesitaría varios libros y recoger diferentes aportaciones de diversos sectores de Iglesia- en un avión. Imaginé que lo publicado iba a suscitar reacciones y ya las estoy viendo. Unas con satisfacción y otras con mucha inquietud.

Entiendo bien, por un lado y me parece legítimo, que el papa quiera diferenciar entre lo que pueda ser reflexionado y aprobado en el Sínodo de la Amazonía: ordenación de personas (el especifica que varones) probadas en comunidades vivas y corresponsables, que puedan colaborar con los sacerdotes actuales, trabajado en consenso en las diócesis, frente a lo que muchos podrían entender como que el papa vaya a aprobar que “los curas se puedan casar” que es otra cuestión. Y también entiendo y comparto que diga que el celibato opcional no es la solución a la pederastia. No dio para entrar en la eclesiología que es básica para abordar el tema de los ministerios. Pero… bueno, el papa dijo lo que el pensaba en ese momento.

Es normal también que se haya suscitado agitación. Está el contexto, que tal vez no era el más adecuado para explicitar ciertos temas (aunque a veces no se pueda evitar) o cómo los periodistas transcriban ciertas cuestiones, máxime cuando hay teología de por medio. Y luego, lo que a cada cual le remueve. Me hago cargo de la desazón que ha producido la transcripción de las palabras del Papa, no sólo entre los movimientos de reforma de la Iglesia que defienden el celibato opcional, sino entre teólogas y teólogos y pastoralistas que justifican su necesidad, e incluso entre mucho cristiano de base, que, en las encuestas de opinión llevan años apoyando el cambio de la norma que obliga a que exista un único modelo de presbítero célibe (sin entrar en muchas más cuestiones eclesiológicas, sino solo guiándose de su sentido común).

Pero está muy bien diferenciar las cosas. La propuesta del obispo emérito Fritz Lobinger (ante los miles de comunidades sin Eucaristía en el mundo por falta de sacerdotes y por su inadecuada distribución) es que, en comunidades bien probadas, activas y corresponsables, se ordene a personas laicas, integradas desde hace años en las comunidades, para presidir la eucaristía y para realizar otras tareas que habitualmente estaban asignadas al cura célibe en el formato que venimos conociendo desde la Edad Media. Y que esto se haga en un consenso en las diócesis que lo comunican a Roma para su aprobación. Exige por tanto, un proceso desde las diócesis. Y creo que lo que el papa dice -si he sabido leer bien entre líneas- es que lo que se puede y se quiere debatir en el Sínodo de la Amazonía es esto y no otra cosa.

En Proconcil hemos explicitado, difundido y profundizado en esta propuesta del obispo Lobinger (recogida en castellano en dos libros que tiene además incluida una aportación teológica), por su enorme interés, por la eclesiología en la que se basa y por lo bien desarrollada que está desde principio a fin. Eso no quiere decir que, en su desarrollo no puedan surgir problemas o contradicciones que habrá que solucionar en el contexto. Tampoco quiere decir que vaya a resolver todos los problemas que tiene la Iglesia en relación a los ministerios. Pero este tema no lo voy a tocar, porque necesita mucha amplitud y ya lo haré en su día en un espacio más adecuado.

La principal finalidad (aunque no la única) de estas nuevas formas ministeriales, a las que el papa alude que se podrían permitir, es que no haya comunidades sin Eucaristía. Y ahí es donde el papa cita a Henry de Lubac (aunque el periodista no lo nombre, no sé si el Papa lo nombró o no) hablando de la importancia de la Eucaristía que construye a la Iglesia y se hace en ella. De manera que la Eucaristía es esencial en la Iglesia y es un bien mayor que una ordenación jurídica que reduce la potestad de presidir la Eucaristía a un modelo de presbítero como el que conocemos. Y esto es lo que, según el Papa, justificaría que en lugares “recónditos” se admitan nuevas formas de ministros ordenados (o no ordenados, pero, en cualquier caso, reconocidos por Roma) que atiendan a las necesidades de las comunidades y en particular a la celebración eucarística, siempre desde su pertenencia a ellas.

Hay personas, sobre todo en la Jerarquía, pero también en algunas comunidades que tienen mucho miedo a que desarrollar una propuesta de renovación de los ministerios sea dar pie a “que los curas se casen” y a cuestionar el sacerdocio célibe de los actuales curas. Y el papa hace bien, desde mi punto de vista en salir al quite de esos temores. Porque el mismo Lobinger se esfuerza mucho en que los sacerdotes actuales no vean estas nuevas formas ministeriales, alguna de ellas ordenada, como una competencia amenazadora hacia los actuales sacerdotes, o un rebajar su “don celibatario” (que se supone que defienden como libremente aceptado) Ese es un aspecto, que seguramente el Papa ha logrado con esta comunicación.

Pero tampoco es de recibo que la palabra del Papa produzca desazón en aquellos que buscan una renovación de los ministerios. Y seguramente no ha sido esa su intención. Lo que ocurre es que en la comunicación no bastan las intenciones para garantizar los resultados (porque es un proceso mucho más complejo en el que intervienen muchos factores: instrumentos, personas, lenguajes, contextos, imágenes culturales, etc.). Hay otro problema añadido que está en la recepción de la palabra del papa (de este y de otros) y es el valor que se le da a la palabra de un papa sin diferenciar mucho en qué contexto se dice esta palabra. No es igual hablar en una entrevista (como sucede con el libro de Fernando Delgado) que hablar en un avión, que hablar en un documento menor, o hablar en una Encíclica…

Y una consideración más. La palabra de un papa sobre una disciplina como la que durante estos últimos siglos nos ofrece un único modelo de presbítero, célibe y formado en los seminario como los conocemos ahora (y esto Francisco lo sabe bien) y máxime este tipo de palabra (breve) en este contexto (de una entrevista en un avión) no es la palabra de la Iglesia. En el tema de ministerio presbiteral que es clave para la Iglesia y cuya regulación jurídica no es un dogma de fe sino una cuestión disciplinar, tienen que hablar las comunidades y tienen que hablar los teólogos, los pastoralistas y otros expertos acreditados, además de otros obispos, en un clima de conciliaridad y sinodalidad. Y desde mi punto de vista no centrar el tema en el celibato, porque el tema de los ministerios hay que abordarlo desde otro enfoque.

Me parece magnífico que el papa cite a Henry de Lubac como teólogo, hablando de la primacía de la Eucaristía sobre los formatos ministeriales y a un pastoralista y además obispo, como Lobinger, lo que muestra su preocupación y su investigación sobre el tema. Espero también en la Iglesia la fuerza de una teología que sitúe los dos grandes pilares de la Iglesia en Jesus de Nazareth y la comunidad, en vez de centrarse tanto en los ministros ordenados que deben ser servidores de comunidades verdaderamente eucarísticas.

Confío también en que se siga profundizando (ya lo hacen muchos teólogos) y se difunda ampliamente una teología del Espíritu Santo que acompaña a las comunidades y reparte sus dones en ellas, sin ningún tipo de discriminación, de manera que no queden desatendidas en ningunas de sus necesidades y que no se pierdan dones y carismas. Y en que sepamos alcanzar consensos que agrupen y no dividan a las comunidades. Mientras esto no se entienda y se practique, de poco valdría que un papa aprobara el celibato opcional. Y el día en el que esto se practique de forma extensa, no habrá un papa que detenga una verdadera renovación de los ministerios. Si alguno lo intentara se expondría a cometer un gran pecado y probablemente a provocar un gran cisma, porque no se puede asfixiar al Espíritu.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Obispo de Magdeburgo: “Argumentar contra las mujeres sacerdotes solo con la tradición ya no convence”

Martes, 19 de febrero de 2019

Gerhard_Feige_4Monseñor Gerhard Feige sostiene que el celibato obligatorio “no es derecho divino”

“El Espíritu de Dios, ¿no podría estar conduciéndonos a nuevas percepciones y decisiones?”

(Cameron Doody).- Pese a las repetidas ‘noes’ de la jerarquía, la cuestión de la ordenación de mujeres sigue siendo abierta para el obispo de Magdeburgo (Alemania), Gerhard Feige, quien ha sostenido que “rechazarlo rigurosamente y argumentar [contra ello] solo con la tradición ya no convence”.

Eso vendrá”, ha afirmado Feige en una entrevista con la agencia alemana de noticias católicas KNA en cuanto a las mujeres sacerdotes. Si bien el prelado ha matizado que ahora no es, a su juicio, el momento para avanzar con ello, ya que sigue habiendo mucho fieles en contra y se corre el riesgo de romper a la Iglesia, sí habrá un futuro en el que las mujeres asumirán las funciones presbiterales. “Hace tiempo no lo hubiera pensado”, añadió el obispo.

¿El punto de inflexión para el prelado alemán? El pontificado de Francisco, quien ha hecho hincapié en el hecho de que la doctrina de la Iglesia no se puede preservar sin permitir su desarrollo. Dos mil años de historia dan para muchas novedades para el obispo de Magdeburgo, quien se ha preguntado: “El Espíritu de Dios, ¿no podría estar conduciéndonos a nuevas percepciones y decisiones?”

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El celibato “no es derecho divino”

En conversación con KNA, el obispo Feige también ha abogado por una revisión del celibato obligatorio de los clérigos, el cual, ha afirmado, “no es derecho divino” y también que “puede volverse comprometedor en el curso de la vida”.

Es por razones así que los curas casados, ha continuado el prelado, son “perfectamente concebibles, y de hecho ya lo son -y no por ello menos dignos ni sacramentales- en las Iglesias Católicas Orientales. Ya que no hay problema en la teoría, la única cuestión que queda es cómo ponerlos en la práctica en la Iglesia romana global, ha explicado.

Un sacerdocio menos “arcaico-burgués” y más “dinámico-alternativo”

Para el obispo Feige, las posibles introducciones del sacerdocio femenino o de los curas casados son importantes en cuanto respuestas al panorama social cambiante en su estado de Sajonia-Anhalt, donde un 80% de la población ya no es creyente, y frente a lo cual se ha hecho necesario que todos los sacerdotes sean menos del modelo “arcaico-burgués” y más del modelo “dinámico-alternativo”.

“Aquí conocemos a gente que, sin cristianizar, puede aún no haber tenido experiencias decepcionantes con la Iglesia y está más abierta de miras, y en semejante sociedad secular intentamos no enseñar ni disciplinar a nadie desde arriba, sino servir de verdad”, ha explicado Feige.

Fuente Religión Digital

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Cardenal Schönborn: “Los matrimonios gays testimonian que el matrimonio es un bien importante”

Viernes, 8 de febrero de 2019

matrimoniogay1Al arzobispo de Viena le “conmueve” que haya parejas del mismo sexo que quieren casarse

De Jesucristo “no recibo ninguna respuesta clara” sobre la necesidad del celibato, se sincera

Mientras las tradiciones sean más importantes que la alegría del Evangelio, [Jesucristo] diría que no tenemos el equilibrio correcto”

(Cameron Doody).- Al cardenal Christoph Schönborn le “conmueve” que, “en un momento en el que el matrimonio está perdiendo su atractivo”, haya parejas del mismo sexo que quieren casarse “y tener así la forma más alta de relación. Así se ha expresado el arzobispo de Viena en una entrevista en la que también ha afirmado que los matrimonios homosexuales “testimonian que el matrimonio es un bien importante”.

Hablando con la revista alemana Stern, el cardenal Schönborn no solo elogió así a las parejas y matrimonios del mismo sexo, sino que reveló que la Iglesia austriaca ya ha aceptado que el Estado decidiera que otras formas de relación merecen un reconocimiento legal.

“Para ser honestos, ya hemos aceptado desde hace mucho tiempo que el Estado permite otra forma de matrimonio”, declaró el purpurado, añadiendo que “si así lo quiere una mayoría parlamentaria, el Estado lo debe hacer”. Eso sí, el cardenal se reservó el derecho de la Iglesia de definir el matrimonio de otra forma, según sus doctrinas, y de “levantar la voz cuando creamos que este camino para la sociedad entera no está bien”.

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El matrimonio gay no fue la única polémica que el cardenal Schönborn abordó con Stern. También se refirió a la discusión en la Iglesia universal sobre el celibato obligatorio del clero. Al ser preguntado por si Jesucristo realmente hizo tanto hincapié en el celibato, el purpurado respondió: “Yo a menudo le pregunto eso”.

“No recibo ninguna respuesta clara” sobre la necesidad del celibato, se sinceró Schönborn. “Pero Jesús dice claramente: ‘¡No tengas miedo!’ En sus discursos, hizo énfasis en que uno no debe colocar las tradiciones por encima de su frase crucial: ‘ama a tu prójimo como a ti mismo'”. “Mientras las tradiciones sean más importantes que la alegría del Evangelio, Él diría que no tenemos el equilibrio correcto”, explicó el cardenal.

Otro asunto de actualidad eclesial que el arzobispo de Viena discutió con Stern fue la cumbre anti-abusos convocada por el Papa Francisco para finales de este mes. El cardenal advirtió de que “no se puede esperar milagros” de esta reunión entre el pontífice y obispos de todo el mundo, añadiendo que poner el tan anhelado fin a la crisis de pederastia “será un proceso dolorosamente largo”, y que lo importante por ahora es “desarrollar una conciencia” sobre los daños que los abusos producen en las víctimas y “encontrar un camino” juntos para traerles curación.

Fuente Religión Digital

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La Archidiócesis de Paderborn (Alemania), dispuesta a ordenar sacerdotes homosexuales

Lunes, 4 de febrero de 2019

el-armario-eclesiastico-y-los-sacerdotes-gayscontact-menke-peitzmeyerMichael Menke-Peitzmeyer,

La Archidiócesis de Paderborn, contradiciendo al Papa Francisco, ha declarado que la homosexualidad no será un criterio de exclusión para ordenar sacerdotes. 

El rector del seminario mayor de Paderborn (Alemania), Michael Menke-Peitzmeyer, declaró en la cadena de televisión estatal WDR lo siguiente: “Tenemos que distinguir entre la orientación homosexual de una persona y la práctica homosexual. Si cumplen con el celibato, los homosexuales serán aceptados para su ordenación sacerdotal”.

Para esta archidiócesis, lo más importante es que el aspirante a sacerdote se comprometa con el celibato, sin importar su orientación sexual. “Que alguien mantenga relaciones homosexuales habituales sí es, creo, un criterio para excluir a esa persona del sacerdocio”, dijo Menke-Peitzmeyer.

 Sin embargo, la Iglesia católica no opina lo mismo y en el documento El Don de la vocación presbiteral – Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, que aprobó el Papa Francisco en 2016, se especifica claramente que “la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay, ya que dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas”.

Pero la Iglesia alemana parece que no va a darse por vencida tan rápido ante el Vaticano y han dado muestra desde hace tiempo de sus desavenencias con la cúpula eclesiástica. Franz-Josef Overbeck, obispo de Essen, ya pidió en su día una reevaluación de la homosexualidad y su teología moral por parte del Vaticano. Sea como sea, Overbeck ha pasado de formar parte de la “línea dura” de la Iglesia católica alemana a encontrarse entre los que defienden una cierta apertura. En el pasado, por ejemplo, el obispo de Essen llegó a afirmar que la ley de uniones civiles de Alemania no es moralmente defendible. Lo hizo con motivo de la noticia del enlace del entonces vicecanciller alemán, Guido Westerwelle. También en su diócesis se produjo el despido de una trabajadora de la limpieza en un jardín de infancia católico al conocerse que se había casado con otra mujer. Más recientemente, sin embargo, ha ido adoptando un tono más moderado, llegando a reunirse en varias ocasiones con representantes de grupos LGTB. Una apertura que en cualquier caso resulta tímida en comparación con otras iglesias alemanas, como la Iglesia Evangélica de Alemania, la otra gran confesión cristiana de ese país. Así por ejemplo la Iglesia Evangélica Luterana del Norte de Alemania aprobaba hace poco que sus pastores puedan convivir con sus parejas del mismo sexo en las casas parroquiales.

Overbeck se suma con estas declaraciones a la tendencia abierta por un pequeño grupo de obispos católicos, como el arzobispo de Berlín, Rainer Maria Woelki, que afirmó que las parejas estables homosexuales son “semejantes” a las heterosexuales, o el obispo de Évry-Corbeil-Essonnes, Michel Dubost, quien afirmó que los homosexuales “son bienvenidos” en la Iglesia católica. Ninguno de estos obispos “aperturistas” hacia la realidad LGTB, por cierto, es español.

El rector Menke-Peitzmeyer ha dicho que si, como se afirma, no hay relación entre pederastia y homosexualidad, tampoco se puede excluir a los varones homosexuales de la ordenación sacerdotal, ya que esto confirmaría que la homosexualidad no es una patología y sería una nueva liberación del colectivo LGTBI dentro de la Iglesia católica.

Fuente Agencias

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El desacuerdo “homosexual” con el papa Francisco

Jueves, 27 de diciembre de 2018

curas-gaysA propósito de la entrevista-conversación mantenida con Fernando Prado

“Afrontar el problema del celibato sacerdotal es inaplazable ya en la Iglesia”

(Antonio Aradillas).- Acostumbrado a campear-campar, por esos mundos de Dios blandiendo banderas y símbolos de la verdad en el ejercicio-ministerio de la proclamación de la palabra, dejo constancia de que no se me vino al pensamiento que cuanto se relacionara con el papa Francisco habría de ser tratado siempre entre nubes de incienso y con turíbulos encendidos de alabanzas, plácemes e indulgenciados aplausos. Sin necesidad de tener que demostrar que la verdad, aún la no coincidente con la catequesis “franciscana”, tiene y tendrá cobijo por encima de todo también en RD, afronto estas sugerencias acerca de uno de los temas más delicados dentro y fuera de la Iglesia, en esta ocasión, en disconformidad con el Bergoglio.

Me sirve de vector la larga entrevista-conversación mantenida en el Vaticano con el director de “Ediciones Claretianas” Fernando Prado, y presentada posteriormente como libro, con literal referencia “oficial”, y casi dogmática, a la “Ratio —— en sus apartados—-.

Pese a sus frecuentes y desoladoras afirmaciones y convencimientos de que la homosexualidad sea causa y razón principal del alto e ignominioso índice de pederastia clerical -sacerdotes y obispos- que escandalizan y ensucian al personal “intra et extra Ecclessiam”, son muchos más los expertos en el terma que descartan tales coincidencias.

A la rotunda afirmación pontificia de que un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrase a Dios, por incapacidad de madurez humana y afectiva, le sobran dosis de rutinarias y enclenques doctrinas procedentes la mayoría de ellas de filosofías depauperadas y de zafias antropologías viriloides.

En la teología y en el evangelio –“palabra de Dios”– no tienen cabida aseveraciones como estas, al igual que tampoco la tienen ya hoy en los estudios seriamente científicos, a los que es imprescindible acudir para no errar los caminos, tanto temporales como sobrenaturales.

De oídas, y sin compartir institucionalmente la noche y el día con otros seres humanos, del mismo o distinto sexo, resulta prácticamente imposible idear y llevar a cabo cualquier programa de convivencia, que sea factible considerar con connotaciones de felicidad, por igual, para sí y para los otros.

Razonar “en el nombre de Dios” también acerca de la homosexualidad entre los humanos, por quienes hacen y practican los votos de castidad establecidos canónicamente, no avalará el acierto en los juicios que puedan formularse. Los votos, por muy espirituales que sean sus afectos, no son de por sí, milagrosos.

¿Qué afectos, o qué tipo de ellos, son los que les faltan o sobran a los “homosexuales para impedirles ser sacerdotes o personas consagradas a Dios”, tal y como proclama el papa Francisco? ¿Acaso los que describen los diccionarios técnicos, o los que expresa y define una gran parte del sentir popular coincidentes con la fuerza más o menos bruta del hombre varón –“vir” (por más señas)-, que los femeninos, frágiles y despreciables por naturaleza y consideración sociológica, todavía vigentes?

Somos ya muchos los que le pedimos a Dios que no sean estas enseñanzas concretas del papa Francisco sobre la homosexualidad, las que le hagan recordar en la historia eclesiástica, de modo algo similar a como aconteció con su antecesor Pablo VI, con la promulgación de la ominosa encíclica “Humanae Vitae”.

La sexualidad, y cuanto se relaciona con ella, no es ni el pecado, ni la virtud esencial o primordial en la concepción, vida y testimonio de Iglesia. Su puesto, sitio y posicionamiento en los Mandamientos de la Ley de Dios, es nada menos, que el sexto. Antes y después del mismo se contabilizan otros valores virtuosos más importantes, poseedores además de la madurez humana tanto para homosexuales como para heterosexuales.

Afrontar el problema del celibato sacerdotal, y el de los votos de castidad religiosos, con fórmulas opcionales, es inaplazable ya en la Iglesia, con lo que se clarificarían ideas y actuaciones, no pocas de ellas, hasta afrentosamente delictivas.

Los homosexuales, aún como personas, siguen siendo tratados injusta y perversamente, por lo que a muchos, las recientes palabras y valoraciones pastorales y ético-morales del papa, les suscitan la duda de que no sean de su propia cosecha, o al dictado de intereses innombrables, dado que, por ejemplo, la palabra “misericordia” de la que tanto uso salvador hace en su léxico pastoral y catequístico, no aparece por parte alguna en este discurso.

El pueblo de Dios echa de menos, ahora más que nunca, una puntualizaciones pontificias “franciscanas” respecto a la homosexualidad, al margen y en contra, de las doctrinas “oficiales” y “oficiosas”, hipócritamente vilipendiadas aún en las más altas esferas curiales. Las estadísticas -“palabras de Dios“- asombran a cautos e incautos, doctos e indoctos.

El machismo en la Iglesia y fuera de ella, es- tendría que ser- el verdadero y único destinatario de caudalosas torrenteras de signos y palabras lustrales de este papa y, tal y como están las cosas, de los venideros, para, con su condena, hacer Iglesia a la Iglesia.

¿Cuántos santos hubo y hay homosexuales, registrados, o no canónicamente en los “Años Cristianos” y cual de ellos sería declarado patrono de tal colectivo, con signos y símbolos también, y además, martiriales? ¿Solo a los homosexuales, y no a los heterosexuales, les habrá de pedir el papa ser “maduros y exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca, con su doble vida, a sus comunidades ni al santo pueblo de Dios”?.

De todas maneras, la reciente aseveración de que “hay cientos y miles de sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas”, formulada por el padre jesuita James Martín, con cesura eclesiástica, en su libro “Tender un puente”, invita a muchos, también al mismísimo papa, a revisar criterios mantenidos posiblemente que con ligerezas nefastas.

Fuente Religión Digital

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“La apostasía de los jerarcas”, por José Mª Rivas Conde.

Sábado, 1 de diciembre de 2018

137d9cb2-ecfc-4f92-a980-753ef848d5a0José Mª Rivas Conde
Madrid.

ECLESALIA, 09/11/18.- No recuerdo a nadie de mi entorno haberse extrañado que se tuviera por exageración decir que es apostasía prohibir el matrimonio. Ni siquiera entre quienes lo sabían expresamente afirmado en la Escritura (1Tim 4,1-3). Éstos, además de acotarlo con mitigaciones diversas, daban como por sentado, que no debía entenderse literalmente; sino más bien a manera de exabrupto oratorio contra el excesivo entusiasmo por la virginidad, producido en varias comunidades primitivas.

La dureza y extremosidad del lenguaje de Pablo en el pasaje, puede que hayan ayudado a interpretarlo así. Pero pienso que lo más determinante quizá haya sido, lo mucho que asusta tener, en buena lógica, que considerar apóstatas al Colegio Episcopal y al Primado. Porque ha resultado que ellos son quienes han prohibido el matrimonio, aunque sólo haya sido al clero.

Asusta mucho porque al hacerlo se nos desvanece la seguridad y nos ahoga la angustia de sentirnos como cayendo al vacío sin nada a lo que agarrarnos. Pues se nos derrumba una de las certidumbres que se nos inculcaron como fundamentales: ser garantía de nuestro caminar y demanda primordial de la autenticidad de nuestro cristianismo en contraposición a los protestantes, la confianza ciega en nuestros pastores. La sintetizada en lo de “habló Roma, cuestión zanjada”.

Asusta también el profundo desgarro que arrastra la frustración de advertir que se ha gastado la ilusión, el entusiasmo, la vida, en hacer no el bien a los demás como se pretendía, sino en perjudicarles inculcándoles confianza, sumisión, fidelidad, apoyo… en los que en realidad son caña cascada. ¡Inconcebible que pasen de ahí quienes pueden llegar a la apostasía tanto como nosotros!

Y asustan además las condenas eclesiásticas y las repercusiones sociales que éstas han solido tener. Hablo de las condenas que hasta hace nada se lanzaban y a veces se añoran aún, contra los que en situaciones como ésta optan por atenerse a la palabra de Jesús. La de su respuesta a sus discípulos, cuando éstos le avisaron del escándalo de los fariseos por su enseñanza sobre lo del comer sin lavarse antes las manos: «Dejadlos; son ciegos que guían a ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán a la vez al hoyo» (Mt 15,14).

Que hayan sido el Primado y el Colegio Episcopal los autores de esa prohibición, quedó inobjetablemente asentado, una vez más, en mi anterior escrito (ECLESALIA, 20/10/2017). Pero no se trata de algo sólo del pasado tan cierto que no admita discusión; sino también de conclusión irrebatible del propio presente en el que vivimos. La vigencia actual de la ley que prohíbe al clero el matrimonio (CIC c. 277, § 1), se debe tan exclusivamente a su voluntad y decisión, como se debió su implantación inicial. No ya porque haya resultado ser así; sino porque no puede ser de otra forma: el mismo Vaticano II reconoce, como tengo repetido, que el celibato no se exigía inicialmente al clero, sino que fue ley surgida con posterioridad (PO 16,3), y nada más que al Primado y al Colegio Episcopal se les atribuye la capacidad de establecerla. Por considerarlos los únicos en la iglesia con autoridad para legislar, para prohibir y mandar.

Dejadlos”, no porque nieguen alguna verdad de fe; sino porque se apartan del sentir de Jesús, a pesar de profesar el credo en toda su integridad. Apartarse es lo que significa la palabra apostasía. Creen en la condición de Jesús, creen en el Padre Eterno, creen en el Espíritu. Creen en todo lo que la teología enseña como verdad de fe. Creen en su propia condición de testigos de Jesús y pastores de su pueblo. Pero se separan del parecer y criterio de Jesús, aquí en concreto en lo tocante a la sexualidad.

El papa Francisco, por cierto, parece no participar de este concreto distanciamiento. Inducen a pensarlo sus palabras en Grenoble el pasado día 17 de septiembre de 2018 a jóvenes franceses: “El sexo, la sexualidad, es un regalo de Dios”. Las vi en Religión Digital tres días después, en publicación de Jesús Bastante, que las da como noticia de Vatican News.

Conocer estas palabras del papa actual, me ha acrecido vigorosamente la esperanza de una pronta derogación de la ley del celibato, que es la última manera histórica de expresar lo que al principio se llamó sin más y con todas las letras “prohibición de matrimonio al clero”. Y me ha causado un gozo y una alegría grandes. Por disentir al fin y rectificar las tan opuestas de la jerarquía desde el desafortunado “San Siricio”, allá al final del siglo IV. Todas están recogidas en el archivo de la historia. Muchas se escucharon insistentemente en el Sínodo de obispos de 1971 sobre el sacerdocio ministerial, y contra ellas razoné prolija y reiteradamente en “El mito del celibato sacerdotal” (Madrid, 1976). Algunas de las más ominosas y bochornosas, de Siricio precisamente, las tengo también aducidas en varios de mis escritos publicados en este medio. A ellos me remito.

Todas esas palabras, tan incompatibles con las del papa Francisco en Grenoble, son el contexto histórico de las de éste último. En las de éste se aplica aisladamente a una parte lo que es condición de la totalidad a la que la misma pertenece. Es forma espontánea de enfatizar que la parte posee la condición propia del todo que integra, aunque no falten quienes lo hayan negado o nieguen. El todo aquí es indudablemente que el propio existir, tal cual se da en la realidad, es un regalo de Dios, un gran regalo.

No puede ser de otra forma lo que es creación de quien únicamente es Hacedor de bien. “Toda criatura de Dios es buena, y no hay nada que merezca repudiarse…” (1Tim 4,4). Por ello, aunque este texto sólo declare apostasía la prohibición del matrimonio, y sólo una a la misma la exclusión de alimentos, sin embargo también lo es vedar o restringir el uso de cualquier otra cosa. Obviamente cuando se pretende justificar en su imposible nocividad innata en orden a vivir en plenitud el cristianismo.

Que todas las criaturas son buenas mucho antes de usarlas e independientemente del modo en que se usen, lo enseña hasta la primera página de la Biblia. Es, por otra parte, el supuesto de las palabras del propio Jesús, incluso hablando sobre los alimentos: “el comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre” (Mt 15,20). Lo de que “… como se tome con hacimiento de gracias” del versículo 4 y el siguiente de 1Tim 4, son enseñanza de Pablo sobre la actitud con que deben disponer de todo lo creado los fieles, esto es, “los que han conocido la verdad plenamente”. Pero en modo alguno requerimiento para la bondad de las cosas.

A partir de la historia se concluye que la apostasía que consiste en separación o abandono del sentir de Jesús en algo, acecha de manera especial a quien ejerce autoridad, la tenga o no, la pueda o no tener. Es decir, al jerarca: primado, colegio episcopal, obispo, párroco, confesor, fundador de institución religiosa, guía, animador… Aunque riesgo también de cualquier creyente, sin embargo el resbaladero hacia ella más propicio para éste, no es el autoritarismo de los jerarcas justificado en lo de que “cuanto atéis en la tierra…”; sino el simplismo con que se entiende la recomendación bíblica de obediencia y sumisión a los guías (Heb 13,17).

Es el que se da al suponer en los pastores ―en razón de que éstos también han de dar cuenta― la cordura y el desvelo por el bien de los que tienen confiados, olvidando por completo que de entre ellos mismos, entre los mismos que “el Espíritu Santo […] puso por obispos para pastorear la iglesia de Dios […], surgirán hombres que enseñarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí”, (Hch 20,28-30).

La vigilancia, a la que en consecuencia exhorta este pasaje, constituirá obviamente cometido de los pastores de la Iglesia. Pero no por ello deja de ser responsabilidad también de los demás. Pablo en concreto no dejó de prevenir al respecto a los colosenses, simples fieles que habían conocido plenamente la verdad: “Nadie tiene por qué meterse a juzgaros por lo que coméis y bebéis, o por no guardar fiestas, lunas nuevas o sábados […] Si moristeis con Cristo desligándoos de la religiosidad rudimentaria del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais de ella, os dejáis imponer leyes? «No tengas relación sexual, no gustes, no toques»” (2,16-21). ¿Que es traducción un tanto libre? ¡Cierto! Pero da certeramente el significado. A ver si así lo entienden algunos más.

Llegue esto a suceder o no, lo más razonable es que todos nos mantengamos en principio en sumisión a los que se nos han dado como guías. Pero no deberíamos bajar del todo la guardia sabiendo, como sabemos hasta por la Escritura, que algunos de ellos “enseñarán cosas perversas”. Es la única forma de prevenir el riesgo de descarriarnos junto con ellos, cuando ellos se descarríen. Para tal prevención lo más eficaz y seguro, lo más asequible hasta para los más incultos o torpes, es tomar como motivo de alarma, o incluso de repulsa llagado el caso, la falta de relación de lo que nos enseñen o urjan con el amor al prójimo. El amor ―ya lo sabemos― es la síntesis de la Ley y los Profetas y la esencia distintiva de la moral de Jesús (Mt 25,31-46).

Podemos por tanto tomarlo como criterio certero de discernimiento entre lo éticamente malo y lo bueno, entre lo que es “cosa perversa” y lo que no, entre lo que “merece repudiarse” y lo que no. No lo merece lo que no produce a otros el daño que no se quiere para sí, ni lo que no tenga nada que ver con el mal del prójimo. Esto nunca podrá ser exigencia del cristianismo; sino, a lo sumo, norma organizativa del grupo u otro requerimiento de la vida y del ser temporales del hombre. Como lo es, por ejemplo, la cultura de cada pueblo y su folklore religioso. Para bajar de las nubes del teorizante, aplicaré dicho criterio a cuestiones concretas.

¿Qué mal hace al prójimo ordenar la incineración del propio cadáver; guardar, enterrar, esparcir por tierra, o arrojar al mar las cenizas? ¿O no observar la abstinencia y ayuno cuaresmales y de adviento; o el eucarístico? ¿O prescindir de los llamados “tiempos fuertes”? ¿Qué mal hace al prójimo la masturbación, el uso del preservativo, y las otras varias prácticas que, pese a estar “oficialmente repudiadas”, se dan de hecho en la vida de multitud de parejas, por más que ellas mismas se mutilen en algo su propia plenitud humana y la de su sexualidad? ¿Qué mal hace al prójimo no iluminar el sagrario con lamparilla de aceite; celebrar misa sin velas, de paisano, fuera del templo? ¿O no atenerse en ella al texto oficial; ni a los gestos, posturas y ceremonias prefijadas en el ritual? ¿O faltar a misa los domingos y días de fiesta, sin excluir con ello la del “recuerdo comunitario de Jesús” el día que fuere? ¿Qué mal hace al prójimo conferir el orden sacerdotal a mujeres, a casados, a solteros sin obligación de celibato? ¿O que ejerzan el ministerio los “secularizados”? ¿Qué mal hace al prójimo la comunión de los divorciados vueltos a casar, la de las parejas sin casar o casadas sólo por lo civil? ¿O comulgar y recibir cualquier otro sacramento sin antes confesarse de los “pecados graves”? ¿U olvidarse por completo de la llamada “confesión sacramental”? Etc., etc., etc.

¿Que con muchas de esas cosas se vulneran la veneración y la reverencia debidas a Dios y a lo “sagrado”? ¡No mucho más que las “vulneró” el propio Jesús con su doctrina y al comer y beber con pecadores o asumir el “roce” de prostitutas, para escándalo de los fariseos hasta condenarle a muerte de cruz!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Iglesia y sexualidad: los graves efectos del celibato y la abstinencia

Martes, 16 de octubre de 2018

el-sexo-y-los-curasInteresante artículo leído en Religión Digital:

Un psicólogo chileno denuncia el “adoctrinamiento” católico “que genera inmadurez socio-emocional”

“El error de creer que la abstinencia sexual es una virtud es destructor del mejor funcionamiento de las personas”

“La incapacidad de la Iglesia para manejar el comportamiento sexual de sus consagrados se mantendrá mientras no cambie los supuestos falaces sobre sexualidad que su doctrina contiene”

Anthony Petro: “La disciplina del celibato, como es disciplina, puede cambiar”

El obispo de Maguncia aboga por una revisión del celibato obligatorio como respuesta a los abusos

(Claudio Ibáñez, psicólogo, en Ciper).- Debieron transcurrir tres siglos y medio para que la Iglesia reconociera oficialmente, en 1992, que Galileo estaba en lo correcto y sus teólogos profundamente errados: ¡la tierra gira en torno al sol! La tozudez eclesiástica para reconocer su error condenó a Giordano Bruno a morir quemado en la hoguera y a Galileo a prisión perpetua en su hogar. Que la Iglesia persista en creer, contra lo que la ciencia sostiene, que la abstinencia sexual es el camino a la perfección humana y que la abstinencia sexual es posible de por vida, es un error de impacto inimaginable e ilimitado que viene transformando a muchos de sus pastores en lobos y a miles de ovejas en víctimas.

IGLESIA Y SEXUALIDAD

En el Catecismo de la Iglesia Católica (CCE por sus siglas en latín), que es su compendio doctrinal, están sintetizadas sus creencias acerca de la sexualidad (CCE 2332-2351). Según el CCE, la castidad (abstención del goce sexual) es una virtud y todos los bautizados, en cualquier situación distinta al matrimonio (solteros, novios, separados, viudos, homosexuales, etc.), deben abstenerse de practicar la sexualidad. Las relaciones sexuales están permitidas solo entre casados y nada más que con fines reproductivos y de unión. El personal consagrado (sacerdotes, religiosos y religiosas) debe practicar la abstinencia sexual de por vida. Según el CCE, la castidad integra la sexualidad en la persona, desarrolla el dominio de sí mismo e imita la pureza de Cristo y, además, en el caso de los consagrados, el celibato (que es el estado de soltería) facilita de manera eminente la dedicación exclusiva a Dios (CCE 2337-2349).

Esta visión restrictiva, cuando no negativa, sobre sexualidad descansa, al menos, en dos grandes supuestos: que la abstinencia sexual es clave para la perfección personal y espiritual y que, además, es posible practicarla de por vida. ¿Cuál es el grado de verdad que estos supuestos poseen a la luz de la ciencia psicológica contemporánea?

PSICOLOGÍA, SEXUALIDAD Y SUBLIMACIÓN

El primero en plantear la importancia y fuerza de la sexualidad (libido) fue Freud, sosteniendo que su represión acarreaba grandes trastornos mentales. Sin embargo, postuló que si el impulso sexual no era satisfecho, la energía de la libido podía canalizarse y redireccionarse hacia objetivos superiores, mecanismo que denominó sublimación. En la actualidad, el concepto de sublimación, y el modelo hidráulico en que descansa, no cuenta con respaldo en la psicología empírica contemporánea (1), a tal punto que en los estudios científicos sobre regulación emocional el término sublimación ni siquiera aparece mencionado (2).

Hoy se sabe que los impulsos motivacionales no son sublimables. Para cada impulso existen satisfactores específicamente apropiados. Para el hambre la comida, para la sed el agua, para el amor el afecto, para el sexo el apareamiento. El hambre no se satisface observando obras de arte ni la sexualidad dedicando la vida a fines espirituales superiores.

El concepto de sublimación también es cuestionado por la psicología de corte existencial. Viktor Frankl, por ejemplo, sostiene que motivaciones como el sentido de la vida y el amor no resultan de la sublimación del impulso sexual, sino que constituyen fuerzas primarias fundamentales por sí mismas (3). Más recientemente, la Psicología Positiva ha puesto en evidencia que las virtudes, fortalezas y emociones positivas no son producto de la sublimación sexual, sino que el llamado lado luminoso de las personas existe por sí mismo, producto del valor evolutivo que ha tenido para el éxito de la especie humana (4 y 5).

LOS IMPULSOS Y SU FUERZA

Desde el punto de vista psicológico, las necesidades, motivos o impulsos son condiciones fisiológicas o psicológicas que movilizan al organismo, selectivamente, hacia un objetivo o satisfactor. Los motivos primarios o básicos (hambre, sed, respirar, dormir, sexo, crianza, etc.), llamados así porque tienen que ver con la supervivencia individual y de la especie, son innatos y su funcionamiento se sustenta en complejos mecanismos homeostáticos, neuroendocrinos y cognitivos.

Nuestras necesidades básicas están, habitualmente, satisfechas: respiramos, ingerimos líquidos y comemos varias veces al día y cada cierto tiempo realizamos prácticas sexuales. Como consecuencia, no nos damos cuenta de la fuerza que estos impulsos tienen, ya que la fuerza de un motivo o impulso solo se puede observar cuando está insatisfecho o “deprivado”, como se dice en la jerga técnica.

Los estudios motivacionales de deprivación en humanos, por razones éticas, son muy escasos. Existe, sin embargo, un estudio clásico sobre deprivación alimentaria, el Minnesota Starvation Experiment (6). Su objetivo fue investigar el impacto del hambre y generar medidas para su manejo en la Segunda Guerra Mundial. Se sometió a 36 voluntarios, de entre 22 y 33 años, a una drástica y sostenida restricción alimentaria durante seis meses. Además de la baja de peso y delgadez, los participantes comenzaron a exhibir trastornos emocionales: irritabilidad, agresividad, ansiedad, depresión, bipolaridad, comportamientos psicóticos y aislamiento social. La comida se transformó en una verdadera obsesión. Todo el funcionamiento de las personas giraba en torno a la comida. Pasaban horas revisando compulsivamente recetas de cocina, mirando fotos de alimentos y solo pensaban en las horas de comida. Los anodinos y escasos alimentos que recibían los aumentaban con agua y se quedaban horas comiendo, saboreando y lamiendo los platos. La comida aparecía en sus fantasías y en sus sueños. No obstante que habían adherido voluntariamente a las reglas del experimento, comenzaron a efectuar trampas y a ingeniárselas para obtener alimento.

Los experimentadores debieron establecer un sistema de vigilancia y de chaperones para asegurar el cumplimiento de las normas. La abstinencia había incrementado y exacerbado la fuerza del hambre, hasta transformar la comida en una obsesión.

La deprivación de cualquier impulso básico lo transforma en prepotente y dominante del comportamiento. En la literatura científica especializada no existe descrito ningún concepto o mecanismo que apunte a que tal energía pueda ser redireccionada hacia objetivos distintos a aquellos específicamente relacionados con la satisfacción de la necesidad insatisfecha. Si la deprivación de una necesidad básica se prolonga en el tiempo termina alterando todo el funcionamiento físico y psicológico de la persona, aun cuando la abstinencia sea voluntaria y la persona tenga un sentido superior para realizarla, tal como se observa en huelgas de hambre. En el extremo, la deprivación indefinida de una necesidad básica acaba con la muerte de la persona, tal como se observa en muchos casos de anorexia (7).

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LA ABSTINENCIA SEXUAL

Todas las teorías motivacionales consideran que el impulso sexual es una necesidad fisiológica básica que es tanto o más potente que el resto de las necesidades porque, aun cuando no tiene que ver con la supervivencia individual, de este impulso depende la supervivencia de la especie.

Hay situaciones reales en que la deprivación sexual ocurre, como, por ejemplo, en las cárceles. Y se sabe que en ellas, al igual que lo ocurrido en el estudio de Minnesota con el hambre, el impulso sexual se exacerba y aparecen todas las formas, subterfugios y resquicios imaginados para satisfacerlo, incluidos el abuso de poder, la violencia física y psicológica y las redes de ocultamiento.

La abstinencia incrementa la fuerza del impulso sexual. Pero ¿es posible la abstinencia sexual sostenida en el tiempo? En 1948 Alfred Kinsey informó los resultados de un pionero y, en su momento, controvertido estudio (8 y 9), porque sacó a la luz extendidas prácticas sexuales que se pensaba no ocurrían entre las personas, ni menos en la magnitud encontrada: masturbación, relaciones homosexuales y bisexualismo, tanto en hombres como en mujeres. Una de las cosas que puso en evidencia este informe fue que la abstinencia sexual permanente prácticamente no existía.

Que la abstinencia sexual permanente no existe o que, al menos, es muy difícil, se evidencia también en los resultados de los programas de educación sexual que promueven la “abstinencia hasta el matrimonio” como recurso para prevenir el embarazo: en lugar de disminuir el embarazo adolescente lo incrementan (10).

MOTIVACIÓN Y AUTOACTUALIZACIÓN

Maslow sostuvo que las necesidades humanas se ordenan en una jerarquía de predominio relativo, postulando que la motivación de mayor influencia en el comportamiento es aquella necesidad insatisfecha más baja en la jerarquía. En la base de la jerarquía están las necesidades fisiológicas (sed, hambre, respiración, temperatura, sexo, etc.). La insatisfacción de cualquiera de estas necesidades básicas no solo la transforma en predominante, sino que la vida de la persona comienza a girar en torno a la necesidad insatisfecha, lo que impide el avance hacia la maduración.

La satisfacción, al menos parcial, de las necesidades básicas, incluida la sexualidad, es clave para el desarrollo de la personalidad y el avance hacia la madurez, proceso que Maslow denominó autoactualización (11).

SEXUALIDAD EN EL CLERO

La cobertura mediática que reciben los casos de abuso sexual de menores por parte de consagrados de la Iglesia Católica, y que ya alcanzan magnitud de escándalo mundial, puede dejar la impresión que el tema se agota aquí y que los consagrados que no abusan de menores son, efectivamente, castos. De hecho, la Iglesia cree y ha hecho creer, sin un solo estudio que así lo demuestre, que la mayoría de sus consagrados son sexualmente abstinentes y viven de manera ejemplar su castidad.

En realidad, los estudios realizados por personas externas e independientes a la Iglesia muestran un panorama muy distinto. El abuso de menores es solo la punta del iceberg de la incontinencia sexual del clero. Otras prácticas, al no ser delitos, no salen a la luz pública y quedan ocultas en los confesionarios, como pecados, encubiertas por el manto del secreto.

Aunque no es el único, el estudio de Richard Sipe (12), basado en información recolectada durante 25 años sobre más de 3 mil sacerdotes, se considera el estudio de referencia sobre sexualidad en el clero. De hecho, sus estadísticas sirvieron, con impresionante precisión, para orientar la investigación periodística, de impacto mundial, sobre abusos sexuales del clero en Boston en 2001 (este trabajo del equipo periodístico de The Boston Globe fue llevado al cine por el film Spotlight, ganador del Oscar a la Mejor Película en 2015).

Richard Sipe concluye que los abusadores de menores representan solo el 6% del clero. ¿Qué ocurre con el resto? Entre el 80% y el 90% se masturba y el 50% de los sacerdotes practica relaciones sexuales adultas, tanto hetero como homosexuales.

Producto de sus relaciones sexuales muchos consagrados generan embarazos y procrean hijos. Vincent Doyle, hijo de sacerdote y fundador de Coping International.com (entidad dedicada a apoyar psicológica y pastoralmente a hijos de sacerdotes y vinculada con el Vaticano para estos fines) estima, conservadoramente, que existirían a nivel mundial alrededor de 4 mil niños hijos de consagrados.

La Conferencia Episcopal de Irlanda ha debido publicar una declaración que establece como responsabilidad principal de los sacerdotes que engendran hijos, el cuidado personal, moral y financiero del niño y de la madre. El Vaticano estudia adoptar esta declaración como guía de procedimiento mundial frente a estos casos.

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EL CELIBATO

La mayoría de quienes ingresan a la vida religiosa lo hacen en plena juventud, ilusionados con su vocación, pero psicosexualmente inmaduros y, lo que es más grave, desconocedores del impacto que tendrá en ellos, por un lado, la abstinencia sexual de por vida y, por otro, la carencia de una relación de pareja romántica, afectiva e íntima que el celibato implica. El resultado es que muchos llegan a ser intelectual y físicamente adultos, pero social, emocional, afectiva y sexualmente inmaduros, transformándose en furtivos transgresores de la continencia sexual.

¿Ha contribuido la castidad a generar seres humanos más virtuosos y de una espiritualidad superior a los laicos comunes y corrientes que no se abstienen sexualmente y disfrutan de su sexualidad? ¿Dónde están, entonces, los beneficios de la abstinencia sexual y del celibato planteados por el CCE?

En lugar de beneficios, florecen día a día las consecuencias negativas de la abstinencia sexual y del celibato, consecuencias que impactan de manera dramática a los propios consagrados, a quienes entran en contacto con ellos y a la Iglesia como institución.

Algunos argumentan que el celibato no es la causa de la crisis sexual en la Iglesia (13). Se plantea que no todos los célibes son abusadores de menores y que abusadores también se encuentran entre casados, entre no religiosos y en las propias familias. Estos hechos, sin embargo, solo demuestran que el abuso sexual infantil es un fenómeno complejo que tiene distintas causas, pero no permiten excluir, como causa basal de comportamientos sexuales impropios, a una sexualidad bloqueada y reprimida predicada como virtud cuando, en realidad, constituye el caldo de cultivo de expresiones delictuales o, al menos, insanas, pecaminosas y problemáticas de la sexualidad (14). Leer más…

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Cardenal Marx sugiere que una “cultura hostil a la homosexualidad” puede haber agravado los abusos

Lunes, 8 de octubre de 2018

cardenal-r¿Está identificando homosexualidad con pederastia? ¿No será más bien el celibato y el clericalismo eclesial como forma de poder lo que la provoca, se sea homosexual o heterosexual?

Lleva a las personas a esconderse y tal vez aumenta el problema”, advierte el cardenal

Rechaza que el celibato y la pedofilia estén vinculados, pero propone un “buen diálogo” en la Iglesia sobre la sexualidad en general

(C.D./ANSA).- Ante los abusos sexuales en la Iglesia, los que se escuden en “excusas” como que todo es un montaje anti-católico o que son solo problemas aislados “son tan culpables de causar sufrimiento a las víctimas y se convierten de una forma en cómplices con los perpetradores.

Es la advertencia que ha lanzado el cardenal Reinhard Marx, hombre de máxima confianza del Papa Francisco, quien también ha afirmado que, en cuanto de la respuesta de la Iglesia a las agresiones a menores, “debemos agradecer la presión pública, las críticas y las voces de víctimas… que nos ayudan a mejorar”.

El cardenal Marx, arzobispo de Múnich y presidente de la Conferencia Episcopal alemana, participó la mañana de este viernes en la inauguración del Máster “Salvaguardia de los menores”, promovido por la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, y explicó sus posturas durante una conferencia de prensa.

Se refirió al estudio sobre casos de abusos de menores en la Iglesia Católica de su país, presentado el pasado 25 de septiembre, que halló pruebas de que casi 3.700 menores fueron abusados por clérigos entre 1946 y 2014.

“Los expertos dicen que no son el celibato en sí mismo, o la homosexualidad en sí, las causas de crímenes pedófilos, pero en realidad son estos aspectos vinculados con otros como la debilidad y la inmadurez los que pueden llevar a abusos”, explicó.

“Los especialistas dicen también que una cultura hostil a la homosexualidad puede llevar a las personas a esconderse y tal vez aumentar el problema”, agregó.

“En lo que a mí respecta son cuestiones que debemos enfrentar, no será aboliendo el celibato como resolveremos el problema pero la sexualidad en general con todas sus cuestiones son temas de los cuales podemos hablar con un buen diálogo, también con los teólogos”, explicó.

El cardenal Marx consideró que el Sínodo de Obispos dirigido a los jóvenes actualmente en curso en Roma es una buena ocasión para hablar.

“Creo que el Sínodo es una buena oportunidad para hablar de este tema. Hay distintas intervenciones al respecto, el tema está presente en todo el mundo”, dijo.

“Nosotros debemos concentrarnos sobre dos cosas esencialmente. Una, la Iglesia debe mostrar que es un lugar seguro para los niños. La segunda, los jóvenes quieren una Iglesia que sea una comunidad abierta, transparente e inclusiva”, concluyó el religioso alemán, advirtiendo a la vez de que solo un “cambio fundamental y sistémico” en la Iglesia evitará que la crisis de abusos vuelva repetirse.

Fuente Religión Digital

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“Mujeres y casados pueden ser ordenados sacerdotes”, por José Mª Castillo

Viernes, 20 de julio de 2018

sacerdotisas-anglicanasDe su blog Teología sin censura:

El Concilio Vaticano Primero, en la Constitución dogmática “Dei Filius” (año 1870), cap. 3º, definió que “deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional (“in verbo Dei scripto vel tradito continentur”), y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas” (Denzinger – Hünermann, nº 3011).

Toda afirmación (o toda práctica) que no entre en el contenido de esta afirmación dogmática puede ser modificada por la autoridad suprema de la Iglesia. En cuanto a las verdades o actividades, que se justifican por el llamado “Magisterio Ordinario Universal” de la Iglesia, debe tenerse cuidado y no concederles un valor absoluto e intocable, ya que, como es bien sabido y por poner un ejemplo, durante siglos, se pensó que era verdad de fe que el sol daba vueltas en torno a la tierra, hasta el extremo de condenar a Galileo cuando afirmó lo contrario. Y hoy sabemos que quien tenía razón era Galileo.

Un problema importante, que la Iglesia tiene en la actualidad, en lo que se refiere a las “verdades de fe”, está en que se puede (y a veces sucede que) hay hechos “históricos” o “sociológicos” a los que se les concede un “valor dogmático”. Esto exactamente es lo que sucede cuando nos preguntamos si las mujeres o las personas casadas podrán ser sacerdotes.

En cuanto a las mujeres, en la Antigüedad, no tenían los mismos derechos que los hombres. Por eso no podían ser testigos oficiales de nada. Ni tomar decisiones sobre otros. Ni sobre ellas mismas (J. Jeremias, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, Madrid 1977, pg. 371-387). Es lógico que, en tales condiciones, no podían ejercer cargos de responsabilidad en instituciones públicas. Hoy la situación social y legal de la mujer es completamente distinta. Y, en todo caso, lo que no se puede hacer es convertir en revelación divina lo que no pasa de ser una situación social ya superada. La Iglesia no tendrá credibilidad mientras siga manteniendo la desigualdad de la mujer en dignidad y derechos respecto al hombre.

En cuanto a las personas casadas, el Evangelio no impone ningún mandato respecto al celibato. Por otra parte, el apóstol Pablo dice que es un derecho de los apóstoles vivir y viajar con una mujer cristiana, como lo hacían Pedro y los parientes del Señor (1 Cor 9, 5). La continencia de los sacerdotes empezó a imponerse a comienzos del s. IV, en el concilio de Elvira (Granada). Y la ley del celibato se impuso progresivamente en la Edad Media. Se fijó como ley a partir del concilio segundo de Letrán (en 1138).

La ley del celibato no tiene fundamento bíblico. Y se basa principalmente en las ideas, sobre el puritanismo, que provenían del estoicismo de los griegos del s. V (a. C) (E. R. Dodds).

¿Cómo justifica la Iglesia el empeño por no cambiar esta ley cuando cada día hay menos sacerdotes y, por tanto, más parroquias y comunidades que no pueden tener su vida cristiana organizada y gestionada como la misma Iglesia impone obligatoriamente? Es urgente que la Iglesia estudie este asunto a fondo y sin miedo. Para buscarle la solución a la que los fieles cristianos tienen derecho. De no hacerse así, resultará inevitable controlar un hecho que ya existe: los grupos de laicos que clandestinamente celebran la eucaristía sin sacerdote.

En este delicado asunto, es de suma importancia tener presente que la doctrina de la Ses. VII del Concilio de Trento, sobre los sacramentos, no contiene definiciones dogmáticas. Por las Actas del Concilio se sabe que los obispos y teólogos, que tomaron las decisiones sobre los sacramentos, no llegaron a ponerse de acuerdo en un punto capital: si condenaban como “herejías” o rechazaban como “errores”, las doctrinas y prácticas que rechazaron en esta Sesión séptima (Denz.-Hün., 1600-1630). La Iglesia, por consiguiente, puede y debe sentirse libre, para tomar las decisiones, en temas de sacramentos y de liturgia, que la misma Iglesia vea como más urgentes y necesarias en este momento, para el mayor bien espiritual y cristiano de los fieles.

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El jesuita James Martin sostiene que los católicos LGBT no están obligados a practicar la castidad

Sábado, 23 de septiembre de 2017

james-martin-sj-y-la-portada-de-su-nuevo-libroNo han “recibido” la doctrina de la continencia, y por tanto no les es vinculante

“En términos del Catecismo, es una obligación, pero para los LGBT es una imposición” 

(Cameron Doody).- Tras haber aguantado los ataques de los ultras, el jesuita y asesor del Papa Francisco, James Martin, se siente fuerte. Fuerte para seguir predicando sus palabras proféticas para toda la Iglesia, y esta vez insistiendo en que los católicos LGBT no están obligados a practicar la castidad.

En un vídeo colgado este miércoles en YouTube, el padre Martin ha recurrido a la tradición teológica que sostiene que una doctrina no se convierte en tal hasta que sea aceptada por todos los fieles. “Una tradición de la que mucha gente no sabe mucho”, sostiene el jesuita, “ya que apenas se ha hablado de ella los últimos treinta o cuarenta años”.

Este tipo de recepción de una doctrina, ha continuado Martin, sí ha ocurrido en el caso de las doctrinas que subyacen a las fiestas de la Iglesia, por ejemplo, pero no en cuanto a la disciplina sexual.

“Para que una doctrina se convierta en normativa”, ha explicado el jesuita,es de esperar que sea recibida por el pueblo de Dios. Así pasó con la Asunción, por ejemplo. Se declaró la Asunción y la gente la acepta. Van a la fiesta de la Asunción, creen en la Asunción, y es recibida”.

soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1Pero “la doctrina que las personas LGBT deben ser célibes toda su vida -no solo antes del matrimonio, como es para la mayoría, sino toda su vida- no ha sido recibida”, ha continuado Martin. Situación que plantea la pregunta “teológica” de qué puede hacer la Iglesia con esta no aceptación por parte de los LGBT de una doctrina dirigida especialmente a ellos, a la que deben prestar atención ya “los obispos y la gente LGBT”.

Y es más: el hecho de que la Iglesia se fije tanto en los asuntos LGBT es el resultado solo de una “mala interpretación” de lo verdaderamente importante en la teología moral. Muchas veces también, ha lamentado, la obsesión con la sexualidad de los gays por parte de católicos de la extrema derecha, que es el resultado de un “miedo” que sienten de su propia “sexualidad compleja”.

Pero al fin y al cabo, ha denunciado Martin, sigue haciendo estragos en la Iglesia la paradoja de que eleve el celibato como uno de los más preciosos carismas evangélicos a la vez que la impone sobre las personas de diferentes orientaciones afectivas. “Se supone que el celibato es un don, o algo que escoges”, ha reflexionado el sacerdote. Pero “en términos del Catecismo, es una obligación, y los LGBT la consideran una imposición”.

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“169 años de un ‘martirio cruento’ por el celibato opcional”, por Rufo González

Martes, 22 de agosto de 2017

ladislao-y-camila_560x280De su blog Atrévete a orar:

¡No podemos olvidar!

“Cuesta trabajo creer que haya en la Iglesia tal apego a una ley que ha producido tantos desmanes durante siglos”

“Fueron asesinados por la autoridad civil con la bendición eclesial. Su delito: abandonar el ministerio sacerdotal y formar una familia. Les mataron a los dos y al hijo concebido, en el octavo mes de gestación”

(Rufo González).- 18 de Agosto de 1848. Un sacerdote de la diócesis de Buenos Aires (Argentina), Ladislao Gutiérrez, y su mujer, Camila 0´ Gorman, fueron asesinados por la autoridad civil con la bendición eclesial. Su delito: abandonar el ministerio sacerdotal y formar una familia. Les mataron a los dos y al hijo concebido, en el octavo mes de gestación. El obispo de entonces, Mariano Medrano y Cabrera, pidió al Gobernador: “en cualquier punto que los encuentren a estos miserables, desgraciados infelices, sean aprehendidos y traídos, para que, procediendo en justicia, sean reprendidos por tan enorme y escandaloso procedimiento”. En su huida hacia Brasil, otro sacerdote avisó a la policía y los detuvieron.

Camino de Buenos Aires, en un juicio sumarísimo, fueron condenados a  muerte y fusilados en la mañana del 18 de agosto en el Cuartel General de Santos Lugares de Rosas (actualmente localidad de San Andrés, General San Martín). Ladislao hizo llegar a Camila este escrito: “Camila mía: Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza tu Gutiérrez”. Sentados en sendas sillas, cargadas por cuatro hombres a través de dos largos palos, les vendan los ojos y, escoltados por la banda de música del batallón, los llevan al patio interior. Camila lloraba. Cuando los soldados los ataban a las sillas, pudieron despedirse, hasta que Ladislao comenzó a gritar: “Asesínenme a mí sin juicio, pero no a ella, y en ese estado ¡miserables…!”. Las balas los silenciaron.

¡No podemos olvidar!

Sobre todo, cuando la ley que permitió tal crueldad, sigue vigente. Este crimen es una consecuencia extrema de preferir la Ley a la libertad del Evangelio. Lo mismo fue la muerte de Jesús: “nosotros tenemos una ley y, según esa ley, debe morir” (Jn 19, 7). Este es un episodio especialmente violento de los muchos que jalonan la lucha por el celibato opcional.

Cuesta trabajo creer que haya en la Iglesia tal apego a una ley que ha producido tantos desmanes durante siglos y aún siga sustancialmente vigente. Por esta ley, sigue habiendo comunidades sin eucaristía, personas rotas vitalmente, escándalos, hijos desprotegidos, mujeres invisibles, destierros impuestos, vicios “contra naturam” (Conc. Lateranense III año 1179, canon 11), abusos “con impúberes de cualquier sexo” (Instrucción 9 junio 1922), etc. etc.

Quienes se oponen a esta ley no niegan en absoluto la posibilidad de un celibato evangélico, siempre que sea libremente mantenido. El celibato opcional contribuye a lograr vidas entregadas al ministerio eclesial, llenas de sentido. Pero también es verdad que en parte de la Iglesia católica -la oriental- hay “presbíteros casados muy meritorios” (PO 16), por su santa gestión del ministerio. Podría haberlos en la Iglesia católica occidental, si esta ley, que ata necesariamente ministerio y celibato, no existiera. A mediados del siglo XX, hay sacerdotes casados en parroquias católicas occidentales, procedentes de otras confesiones cristianas convertidos al catolicismo. Escandaliza el que no sea igual para todos.

La cerrazón autoritaria sigue manteniendo esta ley, a pesar de las masivas deserciones ministeriales -a causa del celibato- en el catolicismo occidental. Los máximos dirigentes de la Iglesia no quieren ver el signo de Dios en dichos abandonos. La Iglesia está cada día más desamparada de vocaciones a estos ministerios, pero no se buscan soluciones verdaderas. No se aceptan ministros ordenados no célibes ni mujeres cristianas, que, con los varones, son “uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). La inmensa mayoría de la Iglesia -casados y mujeres- tiene vetado su acceso a los ministerios ordenados. ¡Ya está bien de perder el sentido común y eclesial!

Una evidencia: esta ley no procede del Evangelio de Jesús

La ley celibataria tuvo una primera etapa en la “ley de la continencia matrimonial de los clérigos” avalada por el papa Siricio (384-399). Se basaba en las supersticiones judías sobre la impureza de la relación matrimonial. Sigue hoy como “Magisterio de la Iglesia” (cf. H. Denzinger 185) la carta de san Siricio al obispo de Tarragona sobre esta ley de continencia. Sus bases erróneas pueden resumirse:

confusión entre el sacerdocio antiguo y el ministerio de Jesús;
ignorancia sobre la bondad de la sexualidad;
interpretación errónea de “los que están en la carne no pueden agradar a Dios” (Rm. 8, 8);
– creer que Dios no escucha a quien tiene relaciones sexuales con su mujer;
Conclusión lógica, tan aberrante como las premisas: la relación sexual matrimonial indispone para celebrar los sacramentos divinos.

Otra evidencia: esta ley no es voluntad divina ni de “tradición apostólica”

Para atar más la ley -¡qué bien se le da a las tiranías estas argumentaciones!-, pretenden hacernos creer que esta norma es voluntad divina expresada en la vida de Jesús y sus Apóstoles. Incluso se atreven a cargar su imposición al Espíritu Santo que guía a la Iglesia. ¿Cómo puede honradamente sostenerse que la “continencia” es una “tradición apostólica” ante unos textos tan claros como estos?:

“Dios creó al hombre, varón y mujer, a imagen suya… creced y multiplicaos” (Gen 1, 27-28).

“No es bueno que el hombre esté solo; voy hacerle una compañera” (Gen 2, 18).

Jesús no lo exigió a sus apóstoles, ni lo recomendaba:

“no todos entienden esta palabra, sino aquellos a quienes se le ha concedido…” (Mt 19,11-12).

Los apóstoles estarían casados. De Pedro nos consta por casualidad:

“La suegra de Simón Pedro estaba en cama con calentura…” (Mc 1, 30s).

San Pablo claramente dice que “no es ley del Señor“:

“Sobre las vírgenes no tengo precepto del Señor” (1 Cor 7,25).

Pablo da un criterio, en desuso por la ley celibataria, para elegir obispo:

“que gobierne bien su propia familia y se haga obedecer de sus hijos con dignidad” (1Tim 3, 4).
Reconoce que es un derecho tan vital como el alimento y la bebida:

“¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber?, ¿acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?…” (1Cor 9,4-5).

“Si no pueden sostenerse, que sea casen; más vale casarse que quemarse” (1Cor 7,9).

“Supongamos que uno con mucha vitalidad piensa que se está propasando con su compañera y que la cosa no tiene remedio: que haga lo que desea, no hay pecado en eso; cásense. Otro, en cambio, está firme interiormente y no siente una compulsión irresistible, tiene libertad para tomar su propia decisión y ha determinado dentro de sí respetar a su compañera: hará perfectamente. En resumen, el que se casa con su compañera hace bien. y el que no se casa, todavía mejor” (1 Cor., 7, 36-38).

“El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos apostarán de la fe prestando atención a espíritus embusteros y a enseñanzas de demonios, valiéndose de la hipocresía de impostores marcados a fuego en su propia conciencia, que prohíben casarse y abstenerse de manjares que Dios creó… (1Tim 4,1-3).

La ley impositiva actual es fruto del imperialismo eclesial

Nació formalmente en el segundo milenio. Fruto del imperialismo papal surgido al final del primer milenio, una de las épocas más tristes de la Iglesia. Gregorio VII (+1085), el que se atrevió a dictar el “Dictatus Papae”, en que se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo, no tuvo reparos en imponer que toda persona que desea ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: “Los sacerdotes [deben] primero escapar de las garras de sus esposas” (1074).

Poco después, en 1095, el Papa Urbano II hace vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos abandonados. En el siglo XII, en 1123, el Concilio I de Letrán, a instancias del Papa Calixto II, decreta que los matrimonios clericales no son válidos. En 1139, el Papa Inocencio II logra que el Concilio II de Letrán confirme el decreto del anterior Concilio. Todo contrario al espíritu evangélico (Mc 10, 42ss y paral.).

¿Cuándo la Iglesia Católica reconocerá esta libertad del Espíritu Santo?

Muchas Confesiones cristianas rompieron esta ley inicua. ¿Cuándo lo hará la Iglesia católica? Pidamos al Espíritu Santo que haga presente pronto esta libertad. También la Iglesia “cuando se vuelva hacia el Señor, se quitará el velo. Ese Señor es el Espíritu, y donde hay Espíritu del Señor hay libertad” (2Cor 3, 16-17). Vincular ministerio y celibato no es obra del Espíritu. Es obra de la Ley. “Si os dejáis guiar por el Espíritu, no estáis bajo la Ley” (Gál 5, 18).

Fuente Religión Digital

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Iglesia, comunidades y ministerios: Hacia un modelo de cura no clerical

Viernes, 8 de enero de 2016

orthodox-calendar-2014-6“Sin esos grupos vivos que comparten su fe no hay Iglesia”

“La opcionalidad (y no la imposición) es más fiel al mensaje liberador de Jesús”

“Es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado. Que puedan de esta forma llegar a ser comunidades abiertas, inclusivas, desde la pluralidad y el respeto mutuo.” Y sin distinción de orientación sexual… ¿verdad hermanos?

(Moceop).- Tras casi cuarenta años de recorrido compartido (7 congresos internacionales, 7 latinoamericanos y otros muchos nacionales), el Movimiento internacional de curas casados en su actual configuración como Federación Latinoamericana y Federación Europea, tras haberse reunido en un congreso en Guadarrama (Madrid, España), bajo el lema “Curas en unas comunidades adultas”, hemos decidido hacer público este comunicado.

A todo el Pueblo de Dios

Acabamos de celebrar el 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II; y las esperanzas y compromisos sembrados por aquel acontecimiento histórico nos han animado a ofrecer una vez más nuestra experiencia y nuestra reflexión como movimiento eclesial y como integrantes de la comunidad universal de creyentes en Jesús de Nazaret.

En nuestro origen está la reivindicación de un celibato opcional para los curas de la Iglesia católica de Occidente: libertad que debería ser reconocida y respetada no sólo por ser un derecho humano, sino también porque la opcionalidad (y no la imposición) es más fiel al mensaje liberador de Jesús y a la práctica milenaria de las iglesias, así como por estar íntimamente relacionado con el derecho de las comunidades a tener servidores dedicados a su atención, hoy insuficientemente satisfecho.

Pero nuestro recorrido como colectivo ha ido ampliando esa perspectiva inicial -centrada en torno al celibato- para aspirar y avanzar hacia un modelo de cura no clerical y un tipo de iglesia no asentada férreamente sobre un cura exclusivamente varón, célibe y clérigo.

Durante esos largos años, quienes hoy hacemos este comunicado, hemos estado integrados y comprometidos, con sencillez y fidelidad, en muchos grupos comunitarios, buscando sentido cristiano a nuestras vidas y ayudando a quienes nos hemos encontrado, a descubrir su dignidad como seres humanos y como hijos de nuestro Padre-Madre Dios.

Desde esos compromisos, nos atrevemos a decir:

1º.- Estamos convencidos -y en ello coincidimos con otras comunidades y movimientos de iglesia, parroquiales y no parroquiales- de que el modelo de cristianismo mayoritariamente imperante está desfasado; y lejos de ayudar a la implantación del Reinado de Dios y su justicia, es con frecuencia un obstáculo para la vivencia de los valores evangélicos. Un nuevo tipo de iglesia y de comunidades es urgente para poder aportar algo válido frente a los retos que el ser humano tiene planteados hoy.

celibato2º.- El eje de este nuevo modelo de iglesia debe ser la comunidad, la vida comunitaria de los creyentes en Jesús. Sin esos grupos vivos que comparten su vida y su fe, que intentan descubrir el Reinado de Dios y vivirlo, no hay Iglesia. Y no podemos ignorar que las estructuras parroquiales en un gran porcentaje son dispensarios de servicios religiosos y cultuales más que comunidades vivas.

3º.- Para la renovación de la Iglesia y de las comunidades de creyentes hacia un modelo activamente comunitario de asamblea del Pueblo de Dios, es preciso un cambio estructural; no son suficientes los meros esfuerzos personales. Hay una inercia de siglos (Estado Vaticano, curias, leyes, tradiciones…) que actúa como un peso muerto y dificulta cualquier reforma progresiva.

4º.- Nuestro recorrido nos ha hecho experimentar y comprender que el motor de esa transformación se encuentra en el interior de las mismas comunidades: solamente unas comunidades adultas, maduras, pueden llevar a cabo esa transformación estructural necesaria y urgente. La estructura actual -preferentemente centrada en la parroquia y el culto- no tiende sino a perpetuar el inmovilismo y a adoptar cambios de forma sin ir al fondo.

5º.- También hemos comprendido y experimentado que los curas -sean célibes o no: no es esa la cuestión principal- no pueden seguir concentrando todo en sus personas y pretender asumir todas las tareas y responsabilidades. Su misma identidad y la calidad de su servicio imponen una evolución hacia una mayor participación y hacia un pluralismo de modelos en función y en dependencia de las comunidades concretas.

6º.- Esas comunidades adultas existen ya; en ocasiones son ignoradas o perseguidas; pero es necesario incentivarlas. Son pequeños grupos de dimensiones reducidas, donde sus componentes se conocen, comparten, viven la igualdad, la corresponsabilidad, la fraternidad y sororidad. Tenemos que seguir luchando por ese estilo de comunidades, perfectamente aceptables dentro de la pluralidad de modelos eclesiales.

7º.- Esa adultez y mayoría de edad les permite adaptarse a las exigencias culturales de nuestro mundo cambiante, vivir y formular la fe de forma y en lenguaje comprensibles y organizarse desde dentro según sus necesidades. Esas comunidades son libres y ejercen la libertad de los hijos e hijas de Dios; no viven ancladas en el pasado. Su referencia no es la obediencia, sino la creatividad desde la fe. Y desde ahí, pueden ser entendidas en nuestras sociedades.

iglesia-de-los-pobres8º.- Desde esta óptica, resulta cada vez más contradictoria e injusta la situación de las mujeres: mayoritariamente presentes en la vida eclesial, pero apartadas tradicionalmente de las tareas de estudio, responsabilidad y gobierno. No existe ningún fundamento para mantener esta discriminación, que además supone la pérdida de un potencial humano irremplazable. Se puede razonablemente esperar al mismo tiempo que su presencia cambiará las estructuras de animación y de gobierno a mejores, más justas y más equilibradas.

9º.- Y, finalmente, es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado. Que puedan de esta forma llegar a ser comunidades abiertas, inclusivas, desde la pluralidad y el respeto mutuo.

Hemos encontrado y participamos en comunidades de este tipo. No son una quimera sino una realidad a pesar de sus deficiencias y dificultades. Y estamos decididos a seguir luchando para que cada día sean más numerosas y auténticas. Este camino no es sencillo. Somos conscientes de que los compromisos que asumimos, pueden crear problemas: en ocasiones bordeamos la ilegalidad, aunque no por capricho o arbitrariedad; y sabemos que, con frecuencia, la vida va muy por delante de la normativa legal y que el Espíritu no está sometido a leyes.

Los retos actuales nos exigen abrir caminos de diálogo y encuentro; y en esos campos tan necesitados de cambio, ser creativos, asumir el protagonismo de las comunidades y hacer así realidad aquellas intuiciones y declaraciones del Vaticano II (vida fraterna, solidaria, ecuménica, comprometida por la paz y la justicia con todos los hombres y mujeres de buena voluntad…) que tanta ilusión despertaron, que fueron arrinconadas como peligrosas y que hoy, con la llegada del papa Francisco, han cobrado actualidad y recuperado su carta de ciudadanía en nuestra Iglesia.

Invitamos a todos los creyentes en Jesús a ser valientes y adentrarse en estas sendas de creatividad, adultez y libertad, para hacer cada día más real el Evangelio de la misericordia y de la responsabilidad ante los seres humanos y ante nuestra Madre Tierra.

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Charamsa, suspendido del ejercicio del sacerdocio por su obispo “por defender postulados contrarios a la fe”

Sábado, 24 de octubre de 2015

1443906876059El enfoque correcto de todo este caso es, en palabras del propio Krzysztof Charamsa,“En la Iglesia es evidente que un sacerdote no puede salir del armario y declarar públicamente que es gay. No importa si tiene pareja o no. Para la Iglesia declarar la propia homosexualidad significa promocionar la homosexualidad”. Este es el auténtico problema de una Iglesia que se resiste a rechazar, como gato panza arriba,  sus actitudes homófobas…

El decreto impide al teólogo polaco vestir hábito religioso o indumentaria eclesial

“En Polonia, los obispos promueven el lenguaje de odio contra las minorías sexuales”, contesta

El obispo de Pelplin (Polonia), Ryszard Kasyna, suspendió del ejercicio del sacerdocio al cura y teólogo Krzysztof Charamsa, tras hacer pública su homosexualidad y confesar que tenía una pareja. Charamsa pertenecía canónicamente a esta diócesis.

El obispo de Pelplin envió por correo electrónico una carta a Charamsa, quien también era profesor de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en la que le comunica su suspensión por defender postulados contrarios a la doctrina de la Iglesia.

El teólogo había sido expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano en donde trabajaba. Charamsa ha declarado que en la práctica de la Iglesia no hay ninguna esperanza real de poder presentar recurso ni pedir explicaciones sobre una pena considerada injusta, especialmente cuando no se especifican las razones concretas ni se precisan las causas de dicha pena“.

Charamsa había sido expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano donde trabajaba y también era profesor de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

El prelado ha prohibido igualmente al sacerdote poder vestir hábito religioso o indumentaria eclesial.

 El sacerdote, que se ha trasladado a vivir a Barcelona, la localidad donde reside su pareja, señaló que “en Polonia los obispos desde hace mucho tiempo promueven, o simplemente no reaccionan, ante el lenguaje católico de odio contra las minorías sexuales“.

El obispo de Polonia ya había anunciado a Charamsa el pasado día 10 que estaba “cometiendo errores doctrinales contrarios a la Sagrada Escritura y a la enseñanza de la Iglesia” y le pidió al sacerdote que recuperara “la correcta enseñanza de la Iglesia”.

Charamsa, al considerar que era una acusación muy genérica, pidió a su obispo que especificara qué verdades de la Escritura y de la enseñanza de la Iglesia no estaba respetando para poder preparar sus alegaciones, al tiempo que solicitaba a los prelados polacos que “dejaran la promoción del lenguaje del odio y violencia propio de la homofobia, que es contrario a la Sagrada Escritura”.

El sacerdote recibió el pasado lunes la respuesta en forma de un decreto de suspensión del ejercicio de sus funciones sacerdotales, lo que, según Charamsa, “confirma la falta de discusión en la Iglesia sobre la natural y sana orientación sexual, la cuestión de las minorías sexuales y sus derechos, tanto en la sociedad como en la Iglesia, y el respeto de la dignidad de las personas que no son heterosexuales”.

En la Iglesia es evidente que un sacerdote no puede salir del armario y declarar públicamente que es gay. No importa si tiene pareja o no. Para la Iglesia declarar la propia homosexualidad significa promocionar la homosexualidad”, dijo Charamsa, que ha recordado que la Congregación de la Doctrina de la Fe ya redactó en 2005 una instrucción que prohíbe a las personas homosexuales acceder al sacerdocio católico.

“En la situación actual no importa si presenté a mi pareja o no. Yo no podía salir del armario de ningún modo sin ser castigado”, afirmó el cura, que, sin embargo, no entiende “cuál es la acusación” por la que ha sido suspendido como sacerdote.

En los diversos escritos que Charamsa ha cruzado con su obispo desde que el pasado 3 de octubre revelara su homosexualidad, monseñor Kasyna pidió al cura el pasado día 12 que se presentara en Polonia, a lo que el sacerdote respondió que no podía hacerlo por falta de recursos económicos.

(RD/Agencias)

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Teólogos de todo el mundo reclaman cambios sobre homosexualidad, aborto, celibato, sacerdocio femenino y divorciados

Jueves, 15 de octubre de 2015

la-iglesia-y-los-gays“La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico”

Aun antes del Sínodo dedicado a la Familia, se venían tratando por parte de biblistas, teólogos, juristas y pastoralistas diversos temas dentro de la Iglesia católica, que reclamaban un nuevo planteamiento. La involución posconciliar los consideró descartables de toda posible renovación.

Con el anuncio del Sínodo se acentuó la necesidad de abordarlos de una vez, de manera que se pudieran ajustar a una nueva comprensión y solución en el momento actual. Estamos ya metidos en el Sínodo y vemos cómo ha reaccionado un sector eclesial en contra de todo intento de apertura, como si la renovación cuestionara no sólo ciertos presupuestos de la enseñanza tradicional sino la fidelidad a la doctrina auténtica de la Iglesia y al mismo Evangelio.

En este sentido, con respeto y ponderación, el presente Documento pretende presentar fundadamente la legitimidad de un cambio. No es un tratado ni un mero extracto de conclusiones, sino una exposición suficientemente argumentada, para quienes sufren de cerca el problema y quienes están interesados en su desarrollo histórico hasta el momento actual..

Entendemos que el Documento es resultado de investigaciones, reflexiones y experiencias que vienen de muy atrás y muestran la necesidad de un cambio.

En la Iglesia y Sociedad de hoy, dentro de un marco ético y evangélico, pretendemos aportar fundamentación al replanteamiento y solución de problemas, que parecieran intocables, y sobre los que mucha gente espera urgente renovación:

– La Homosexualidad
– El Aborto
– El Celibato opcional: los curas casados
– El sacerdocio de la mujer
– Los divorciados en la Iglesia.

I -Dos premisas necesarias

1.Norma primera: el seguimiento de Jesús
La Iglesia católica siempre se ha ocupado de la familia por ser parte integrante de su misión. Como asegura el Instrumentum Laboris del Sínodo ” El fundamento del anuncio de la iglesia acerca de la familia radica en la predicación y vida de Jesús”. Procede, por tanto, volver a la norma fundamental del seguimiento de Jesús, que nos propone vivir como él y hacer nuestro su proyecto y que debe guiar la vida de todo matrimonio y familia.

El seguimiento de Jesús, norma simple y universal, conlleva unos valores propios, pero que hoy se nos han diluido en la marea ingobernable de un neoliberalismo consumista. “La moral cristiana, recalca el Papa Francisco, no es una moral estoica, es más que una ascesis , no es una mera filosofía , ni un catálogo de pecados y errores…Sin amor, el edificio moral de la Iglesia puede convertirse en un castillo de naipes” (GE, cfr, 25-39).

Este seguimiento supone abrazar el proyecto de Jesús, apostando por los valores que él luchó y vivió, y que resultan incompatibles con los de otros proyectos. Dichos valores, que nos harán entrar en conflicto por causa de este Hombre, están a la vista en las páginas del Evangelio: todos vosotros sois hermanos; el que aspire a ser el mayor, que sea servidor de todos; los últimos serán los primeros; hacer un bien a los más pequeños es como hacerlo a mí mismo, de modo que al final se os juzgará en base a cómo os habéis portado con los más pequeños.

2.Norma primera y ética universal

El seguimiento de Jesús incluye, como es natural, la ética humana asentada sobre la dignidad de la persona: ” Los pueblos reafirman su fe en los derechos del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana y en la igualdad de hombres y mujeres” (Declaración universal de los Derechos Humanos, Preámbulo).

Por donde los que nos profesamos seguidores de Jesús, nos consideramos identificados en esa dignidad fundamental, que nos permite caminar unidos coincidiendo en valores, criterios y actitudes vinculantes para todos. Haciendo uso de nuestra razón y responsabilidad, asumimos la herencia histórica de unas y otras culturas ,de unas y otras religiones, que nos provee de ese hilo que sostiene, teje y entrega esa “dignidad y valor de la persona y de los derechos que de ella derivan”.

Compartimos, por tanto, el hecho innegable de la unidad de la familia humana, que tiene como quicio el respeto total a la persona humana , con el imperativo de procurar a todos un trato humano, -obligatorio para individuos y Estados- y que queda esculpido en la llamada regla de oro: “No hagas a los demás, lo que no quieras para ti”.
Esta unidad no niega las diferencias entre los pueblos, pero que no se sobreponen a lo que es sustantivo y esencial a todos: la dignidad de persona. Sobre esa base, surgen y se elaboran normas -hoy convertidas en Derechos- que posibilitan un consenso universal.

II – Norma evangélica y ética universal ante el reto de problemas de los matrimonios y familias actuales.

1.La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico, según la evolución de las diversas ciencias

A la norma primera del seguimiento, siguieron en el transcurso de los siglos, multitud de otras normas. Todas ellas se hicieron desde unas circunstancias y razones históricas concretas. Pero, muchas de ellas quedaron obsoletas y fueron impugnadas, porque se mantuvieron contra viento y marea, al margen de la ciencia, del sentir del pueblo, de las nuevas propuestas de numerosos teólogos y moralistas que ya las habían formulado antes, durante y después del concilio Vaticano II y al margen sobre todo del Evangelio.

La indiferencia y alejamiento provenían de estar elaboradas desde paradigmas culturales que no respondían al conocimiento actual – científico y bíblicoteológico- de esos temas . La formulación doctrinal hecha por la Patrística y la Edad Media pudo servir a muchas generaciones para vivir su fe, pero no todas son expresión adecuada y definitiva del Evangelio, siempre universal, sino de presupuestos científicos, antropológicos y cosmológicos evolutivos y perfeccionables.

Quiere esto decir, que la Iglesia debe compartir la verdad del Evangelio sobre la familia con la verdad de la ciencia respetando su autonomía y método propios , así como el significado de la propia investigación bíblico teológica. Esta colaboración no se ha dado como se debiera en el pasado y ha llevado a la Iglesia a deificar muchas veces su magisterio considerándose poseedora de toda verdad.

2.La tarea menospreciada de los teólogos

El concilio Vaticano II se celebró hace 50 años; en él tuvieron parte decisiva muchos teólogos, posteriormente represaliados; de él salieron orientaciones como éstas: “Las recientes adquisiciones científicas, históricas o filosóficas platean nuevos problemas que arrastran consecuencias para la vida y reclaman investigaciones nuevas por parte de los teólogos” (GS, 62), “En el cuidado pastoral deben conocerse suficientemente las conquistas de las ciencias profanas de modo que también los fieles sean conducidos a una vida de fe más genuina y más madura” (GS, 62) .

Sin duda, los obispos deben velar y exponer la doctrina cristiana, de acuerdo con la Revelación, pero ” según lo requiere el cargo y la importancia del asunto, celosamente trabajan con los medios adecuados a fin de que se estudie como se debe esta Revelación y se la proponga apropiadamente ” (LG, 25).

Gratamente reconocemos que el Papa Francisco asume y reafirma lo que durante el largo período posconciliar fue claramente desatendido provocando un desfase de su doctrina y normas con relación al mundo actual:

“El mensaje que anunciamos , siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador” (GE, 117). “La teología -no sólo la teología pastoral- en diálogo con otras ciencias y experiencias humanas, tiene gran importancia para pensar cómo hacer llegar las propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y destinatarios. La Iglesia, empeñada en la evangelización , aprecia y alienta el carisma de los teólogos y su esfuerzo por la investigación teológica, que promueve el diálogo con el mundo de las culturas y de las ciencias. Convoco a los teólogos a cumplir este servicio como parte de la misión salvífica de la Iglesia” ( GE, 131). “Más que el temor a equivocarnos , espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos dice: `¡ Dales vosotros de comer ¡`(Mc 6-37), ( G.E., 46-49).

Desde estas premisas, pensamos que se puede dar solución a problemas ( la homosexualidad, el aborto, el celibato opcional, la ordenación sacerdotal de la mujer, los divorciados en la Iglesia) que hasta el presente se los ha considerado como resueltos desde normas tradicionales inamovibles, sin reconocer las aportaciones de las ciencias ni el cambio y adaptaciones exigidas por la Exégesis y Teología en sus nuevos avances.

El Papa Francisco, si miramos a lo hecho y dicho hasta ahora, se mueve en esta actitud de respeto, colaboración e integración del saber. Muchos queremos las reformas, por ellas hemos luchado fieles al Evangelio y al espíritu del Vaticano II, pero las resistencias pertinaces a nadie como a él le va a tocar verlas, sufrirlas y resolverlas.

Sobre los temas citados, la Exégesis y Teología modernas aportan luces y principios que difícilmente puede ignorar un cristiano de hoy. El Papa Francisco, con la libertad y coherencia que le caracterizan, trata de abordarlos distinguiendo lo que es y pertenece al Evangelio y lo que es y pertenece al bagaje cultural relativo de la humanidad. Ambas cosas -Evangelio y Culturas- se han necesitado y relacionado siempre y en cada momento se han implicado para dar respuesta a la búsqueda y problemas del hombre. Hoy, sin desestimar la herencia del pasado, la cribamos y la enriquecemos con los nuevos conocimientos, que nos alumbran espacios o aspectos inéditos de la realidad.

1.El tema de la Homosexualidad

“Cuando uno se encuentra con una persona gay, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? (Papa Francisco, a los periodistas en el avión).

En Occidente la homosexualidad ha recibido una valoración muy variada. El Dr. John Boswell en su libro “Las bodas de la semejanza” ( 640 páginas) documenta cómo en la Iglesia católica del siglo VI al XII existía como normal la celebración litúrgica de parejas homosexuales, según ritos y oraciones propias, presididas por un sacerdote. Es, a partir del siglo XIII, que la homosexualidad va revistiendo un carácter de vicio horrible (pecado nefandum= innombrable), tan horrible que lo de innombrable no se aplica a otros hechos más graves: “Asesinato, matricidio, abuso de menores, incesto, canibalismo, genocidio e incluso deicidio son mencionables”. ¿Por qué este horror que convierte la homosexualidad en el peor de los pecados?

Es también muy común la opinión de que se elaboró una construcción bíblico- teológica moral justificatoria de la gravedad de este pecado, hoy demostrada como precientífica y opuesta al contexto y sentido de los textos bíblicos y que la dejan desprovista de este tipo de argumentos para condenarla.

Son de consenso generalizado las conclusiones científicas de que: “Ni desde la medicina, la psicología, la pedagogía, ni con medidas sociales o legales, ha sido posible cambiar la orientación sexual, aunque intentos no han faltado” (Juan L. T. Herreros, Aproximación a la realidad homosexual” pp. 133-134). Los estudios más diversos confluyen en la tesis de no poder calificar la homosexualidad como enfermedad, desviación psicosopática o perversión sexual. La orientación homosexual no afecta a la sanidad mental ni al recto comportamiento en el grupo social.

En razón de ello, la OMS ha suprimido la homosexualidad de la relación de enfermedades. Y el Consejo de Europa insta a los gobiernos a suprimir cualquier tipo de discriminación en razón de la tendencia sexual.

No vale contraponer a estas indicaciones, la existencia de una ética cristiana que las contradice y calificaría la homosexualidad como desordenada e intrínsecamente perversa. Sobre este particular, escribe el superreconocido teólogo E. Schillebeeckx: “En lo que respecta a la homosexualidad no existe una ética cristiana. Es un problema humano, que debe ser resuelto de forma humana. No hay normas específicamente cristianas para juzgar la homosexualidad” (Soy un teólogo felíz, p. 109).

Y, desde la perspectiva teológica, es bien fundada la posición de quienes sostienen que la sexualidad humana no tiene como modelo natural exclusivo la heterosexualidad -ese es un presupuesto no probado- sino que se da también la homosexualidad como una variante natural legítima, minoritaria.

Ciertamente, es un progreso recomendar respeto a los homosexuales, con exclusión de todo lo que sea despectivo o vejatorio. Los homosexuales son personas y, como tales, merecen el mismo respeto que todos los demás.

Pero, la inculcación de ese respeto carece de base, es en cierto modo aparente, si luego se sigue manteniendo que la homosexualidad y la relación entre homosexuales es desviada, intrínsecamente perversa. Por más que se proclame, si yo mantengo que el homosexual es un desviado y un perverso, en el fondo seguiré abrigando distancia, temor y desconfianza.

2. El tema del aborto

El tema del aborto requiere una mirada atenta a todos sus aspectos. No obstante, consideramos posible un acuerdo común en puntos éticos de valor universal. El primero: considerar básico el derecho de todo ser humano a la vida.

Pero defender el derecho a la vida no se identifica con la defensa del proceso embrionario desde su comienzo ni siquiera en pasos posteriores de su ciclo intrauterino. Es una cuestión abierta, científicamente hablando, en el sentido de que unos ponen un ser humano constituido desde el comienzo y otros no lo ponen hasta las ocho semanas, justo cuando el embrión pasa a ser feto.

Muchos estamos convencidos de que, en este punto, puede haber un acuerdo racional, científico y ético prepolíticos, porque la puerta de que disponemos para entrar en esa “realidad” es común a todos, y no es otra que la de la ciencia, de la filosofía y de la ética.

Puerta que vale también para los que se profesan creyentes. La fe, del tipo que sea, no sirve aquí para aclarar el problema del aborto. “No está en el ámbito del Magisterio de la Iglesia el resolver el problema del momento preciso después del cual nos encontramos frente a un ser humano en el pleno sentido de la palabra” (Bernhard Häring, autor de la famosa obra “La ley de Cristo”, y acaso el más reconocido moralista de la Iglesia católica).

“Todo individuo tiene derecho a la vida”, proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 3). Y todo individuo tiene el deber de respetar ese derecho. Sin embargo, ¿se puede afirmar con seguridad que el proceso embrionario es desde el inicio un individuo humano? Resulta, por tanto, crucial averiguar si el proceso del embrión varía en su desarrollo, admite establecer dentro de él un antes y un después, un antes en que no es individuo y un después en que lo es. Teoría discutida y discutible, no dogma.

De hecho, siempre existieron en la tradición cristiana teorías diferentes (teoría de la animación sucesiva defendida por Sto. Tomás y teoría de la animación simultánea, defendida por San Alberto Magno) sobre el momento de constitución de la vida humana. Pero, la teología postridentina a la hora de resolver los problemas de la moral práctica ha partido siempre de la animación inmediata.

Las teorías más modernas afirman que el embrión no es propiamente individuo humano hasta después de algunas semanas.

Como escribe el catedrático Diego Gracia:”La mentalidad clásica , que sobrevalora el genoma como esencia del ser vivo, de tal manera que todo lo demás sería mero despliegue de las virtualidades allí contenidas, es la responsable de que la investigación biológica se haya concentrado de modo casi obsesivo en la genética, y haya postergado de modo característico el estudio del desarrollo, es decir, la embriología. Este estado de cosas no ha venido a resolverlo más que la biología molecular. La biología molecular ha llevado a su máximo esplendor el desarrollo de la genética, en forma de genética molecular. Pero, a la vez, ha permitido comprender que el desarrollo de las moléculas vivas no depende sólo de los genes”. (Diego Gracia, Etica de los confines de la vida, III, p.106).

El aserto clásico de que “todo está en los genes” es verdad sólo en parte y se hizo en detrimento de los factores morfológicos y espaciales, tan importantes en el desarrollo del embrión. Sin estos factores, los genes quedarían sin efecto. Los genes tienen capacidad para formar determinados órganos pero no si no hay inducción, lo cual viene a demostrar que el embrión actúa como un gran campo de fuerzas, en el que cada parte es un momento que está codeterminado por otros y a la vez los codetermina.

Se entiende por tanto que, desde este enfoque, el embrión requiera tiempo y espacio para la maduración de su sistema neuroendocrino y que no se halle constituido desde el primer momento como realidad sustantiva. Los genes no son una miniatura de persona. La biología molecular deja bien claro que, para el desarrollo y la ética del embrión, la información extragenética es tan importante como la información genética, que ella es también constitutiva de la sustantividad humana y que la constitución de esa sustantividad no se da antes de la organización (organogénesis) primaria e incluso secundaria del embrión, es decir, hasta la octava semana.

Queda claro de esta manera que quien siga esta teoría puede sostener razonablemente que la interrupción del embrión antes de la octava semana no puede ser considerada como atentado contra la vida humana, ni pueden considerarse abortivos aquellos métodos anticonceptivos que impiden el desarrollo embrionario antes de esa fecha. Esto es lo que, por lo menos, defienden no pocos científicos de primer orden (Diego Gracia, A. García-Bellido, Alonso Bedate , J.M. Genis-Gálvez, etc).

Esta hipótesis, suficientemente demostrada permite, a quien se apoya en ella, defender como no atentatorias contra la vida y como respetuosas de la vida aquellas acciones que se producen en el proceso constituyente del embrión antes de constituirse en feto, es decir, en estructura clausurada.

La teoría expuesta modifica notablemente muchos puntos de vista y establece un punto de partida común para entendemos, para orientar la conciencia de los ciudadanos, para fijar el momento del derecho a la vida del prenacido y para legislar con un mínimo de inteligencia, consenso y obligatoriedad para todos ante el conflicto de situaciones concretas.

Y en un Estado democrático, ninguna instancia civil o religiosa puede atribuirse el poder legislativo, como si dimanase de sí misma al margen de la realidad personal de los ciudadanos. La ética debe determinarse en cada tiempo mediando la racional y responsable participación de los ciudadanos, pues la razón con todo el abanico de sus recursos investigativos es la que, por tratarse de la dignidad humana y de sus derechos, nos habilita para llegar a ellos, explorarlos, entenderlos, valorarlos y acordarlos democráticamente.

Por lo mismo, aunque en el tema del aborto intervengan instancias civiles y religiosas, en este caso desde instancias científico-éticas se recorre un camino común, compartible por todos. Sin negar validez a los credos religiosos, podemos de esta manera convivir acordando entre todos lo mejor y lo más ético para cualquiera de los problemas que se planteen a toda Comunidad civil.

4. El tema de la ordenación sacerdotal de la mujer

“Creo que aún no hemos hecho una teología profunda de la mujer en la Iglesia. En cuanto a la ordenación de las mujeres la Iglesia ha hablado ciertamente y dice no. Lo ha dicho Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada. Pero quiero decirles algo: la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas. ¿Cómo? Esto es lo que debemos tratar de explicar mejor. Creo que falta una explicación teológica sobre esto”. (En el encuentro con los periodistas en el avión).
¡Esa es una puerta cerrada! Ciertamente lo es desde hace más de 20 siglos y lo sigue siendo. Pero, en el hoy del siglo XXI, es momento de preguntarse por qué está cerrada y si hay motivos para que siga cerrada.

Todos entendemos que haya podido ser así por razones de una situación histórico-cultural muy distinta a la nuestra. Situación que ha perdurado hasta hoy, pero no porque fuera una tradición “divino-apostólica” sino por ser una praxis introducida desde el principio por motivos hoy bien conocidos y explicables, pero que en modo alguno permitan elevar esta praxis a categoría divina y deducir que la no ordenación de la mujer “forma parte de la constitución divina de la Iglesia”. Las diferencias entre varón y mujer no son razón para someter la mujer al dominio del varón y excluirla de algunas tareas eclesiales.

La Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II (30 de mayo de 1994), no aporta nada nuevo, su enseñanza estaba incluida en documentos anteriores, sobre todo en la Declaración del Papa Pablo VI Inter insigniores de 1976. Ni cuestiona para nada las investigaciones históricas o bíblicas. Juan Pablo II tuvo, es cierto, la voluntad de zanjar definitivamente la cuestión entre los fieles de la Iglesia católica. Pero, de inmediato, muchos comentaristas católicos le replicaron que esta es una cuestión abierta, una doctrina ajena a la Escritura y una verdad no revelada.

Por todo ello, no ha podido ser propuesta como una verdad de fe, ni definida como una verdad de magisterio infalible o ex – cathedra.

Los argumentos aducidos por la Carta son más que débiles: el hecho de que Jesús eligiera entonces únicamente a varones, no quiere decir que lo hiciera exclusivamente y para siempre. Esa exclusión a perpetuidad no va incluida en la acción de Jesús. Muchos teólogos y teólogas han probado que no existen objeciones dogmáticas para la admisión de la mujer a la ordenación sacerdotal. Y los obispos alemanes advirtieron al Papa de la “no oportunidad” de la publicación de esa Carta.

No es objeto de esta declaración entrar a describir la enorme literatura teológica que siguió a la publicación de la Carta. Pero queremos destacar algunos aspectos fundamentales.

El sacerdocio más que un derecho personal es una vocación y un servicio a Dios y a la Iglesia. Y queda fuera de toda duda que excluir a la mujer por razón de su sexo del ministerio sacerdotal supone de hecho una grave discriminación dentro de la Iglesia. Cristo no excluyó a la mujer del sacerdocio. Dios no hace distinción de personas.

Como muy bien ha escrito el teólogo Domiciano Fernández: “En la Iglesia católica se ha decidido desde arriba, entre las Congregaciones romanas y el Papa. No se ha tenido suficientemente en cuenta las opiniones de las diferentes Conferencias Episcopales y de los sínodos de los obispos celebrados en Roma. Con los documentos pontificios por delante, se ha limitado la libertad de reflexión y de expresión de las Iglesias locales y de los teólogos” (Ministerios de la mujer en la Iglesia, Nueva Utopía, 2002, pg. 235).

Es precisamente este teólogo, que murió sin que le dejaran publicar su libro. En opinión de teólogos que lo han leído, es un libro espléndido para conocer a fondo esta cuestión, por su rigurosa documentación histórica y por su mesura e imparcialidad en valorar las razones de una y otra parte.

Citamos como conclusión estas sus palabras: “Mi actitud fue desde el principio la de estudiar e investigar estas cuestiones sin prejuicios y sin tomar partido de antemano por ninguna opción concreta, sobre todo en el problema de la posible o no posible ordenación de la mujer. Sin prisas y sin intereses personales de ninguna clase, comencé a estudiar la cuestión de la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, valiéndome las monografías y amplios estudios que han hecho otros autores sobre estos temas y confrontando las fuentes siempre que me fue posible.
Pronto me convencí de que no existía una dificultad dogmática seria que impida la ordenación sacerdotal de la mujer. No existen argumentos serios sacados de la Sagrada Escritura, donde no se plantea esta cuestión. Los argumentos teológicos deducidos de que el sacerdote representa a Cristo varón y el de alianza nupcial entre Cristo y su Iglesia (de los que me ocupo en el capítulo VII) no me parecen convincentes.

Los argumentos que con tanta frecuencia han dado los Santos Padres y los teólogos, fundados en la inferioridad, en la incapacidad y en la impureza de la mujer, son inadmisibles y nos debieran llenar de vergüenza y sonrojo a los crsitianos” (Idem, pp. 11 y 12).

” Muchos años de estudio no han podido convencer ni a los teólogos ni a los biblistas de que sea expresa voluntad de Cristo excluir a las mujeres del ministerio ordenado. Los ministerios los ha creado la Iglesia según las necesidades de los tiempos y según la cultura de la época. Han cambiado y siguen cambiando.

Lo que los biblistas y teólogos rechazan y no ven oportuno ni conveniente es que se quiera zanjar de un modo definitivo la cuestión de principio, cuando no hay argumentos válidos que fundamenten esta decisión. Una decisión del Papa no puede convertir en palabra revelada lo que realmente no lo es. Es un anacronismo invocar el ejemplo de Cristo o de los apóstoles para deducir que se trata de una verdad que pertenece al “depositum fidei”. Y si no se trata de una verdad revelada, el Papa no tiene autoridad para proclamarla como infalible o como verdad de fe. Me parece esencial que haya más diálogo, más libertad, más espíritu de comunión. Que Roma no se limite a proclamar verdades y dar órdenes. Es necesario es cuchar lo que otros dicen. Escuchar para reflexionar y aprender , y no sólo para enseñar. Es importante descubrir lo que Dios nos habla a través de los signos de los tiempos” (Idem, pp. 271-272).

5. El tema de los divorciados en la Iglesia

“La misericordia es más grande para el caso de los divorciados. El cambio de época, unido a otros problemas de la Iglesia, ha dejado muchos heridos. Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos más elección que ésta.Y la Iglesia es madre , debe encontrar misericordia para todos. Los divorciados sí pueden hacer la comunión, esto hay que mirarlo en la totalidad de la pastoral matrimonial. Será uno de los temas a consultar con los ocho cardenales. Es además un tema antropológico y también lo es el problema judicial de la nulidad de los matrimonios. Todo esto habremos de revisar” (En el encuentro con los periodistas en el avión).

Viejo tema éste que debiera haber recibido ya solución, de haber atendido las enseñanzas de Jesús. El matrimonio, como realidad humana, existencial, puede presentar dificultades, crisis, incompatibilidades , hasta rupturas. Para estos casos, es donde Jesús habla de no ser crueles e hipócritas ensalzando hasta el absoluto una ley con detrimeto de otras leyes. El propone el proyecto del matrimonio indisoluble, como un proyecto ideal, una meta a conseguir, la mejor. Pero, sin perder de vista la condición humana que, por su debilidad e incorregibilidad, puede en ocasiones hacer imposible el logro de ese ideal.

En tal caso, no se puede seguir afirmando que la indisolubilidad es una norma siempre inderogable. La situación de millares y millares de católicos, divorciados y recasados civilmente, es un grito contra ciertas normas que los condena a vivir fuera de la Iglesia. La connatural libertad y riesgo que acompaña a todo matrimonio hace que no se lo pueda considerar como absolutamente indisoluble y que, llegado el caso de un fracaso serio, se lo pueda enmendar iniciando un nuevo camino. Es un derecho obvio, aunque relativo y condicionado. Y, en este caso, la Iglesia no puede limitarse a dar una solución excepcional para seres excepcionales.

“Todo católico tiene el derecho y la necesidad de recibir la Sagrada Comunión. Todos tienen necesidad de participar activamente en la celebración eucarística, el acto central de la Iglesia católica y a la vez el signo de unidad con Cristo. Tienen derecho a ser recibido con los brazos abiertos y sinceras muestras de bienvenida, en el seno de la comunidad católica y a tomar parte activa plenamente en las tarea s de la comunidad” (S. Keller, ¿Divorcio y nuevo matrimonio entre católicos?, Sal Tarrae, Santander, 1976, 7-8).

En el año 1980, nueve teólogos españoles (José Alonso Díaz, José María Díez Alegría, Casiano Floristan, Benjamín Forcano, Jos I.González Faus, Gregorio Ruiz, Fernando Urbina, Rufino Velasco, Marciano Vidal) hiceron público un documento “Preguntas de unos teólogos a sus obispos”, con ocasión de su publicación “Instrucción ” civil sobre el divorcio. Dichos teólogos destacaban que los obispos:

-No habían tenido en cuenta el sentir real de su comunidad católica,
-Haberse preocupado únicamente del divorcio como si se tratara de una ley meramente civil y política.
– Haber dado a entender que para los católicos no hay ninguna posibilidad de divorcio y ésta era doctrina que debía permancer inmutable.

Y decían los teólogos:
” Por supuesto que nosotros no ponemos en duda la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio tal como aparece en la revelación de Jesús. Está claro que el modelo de matrimonio que Jesús anuncia y exige, como conforme a la voluntad divina, es el matrimonio monogámico, indisoluble y que, fundado en un verdadero amor, tiende a hacerse realmente exclusivo, total e incondicional para toda la vida.
Pero esta doctrina de Jesús debe proponer como un ideal y una meta hacia la que debe aproximarse toda pareja, sin excluir riesgos, equivocaciones y fracasos y no como una ley absoluta, con la cual toda pareja, por el hecho mismo de casarse,se identifica automáticamente, sin posibilidad de conocer rupturas o incompatibilidades o, por lo menos, incompatibilidades que hagan inviable esa ley.

Como católicos deseamos que, en el interior der la Iglesia, se robustezca el derecho a proponer públicamente lo que se piensa, cuando tal pensamiento es no sólo sincero sino objetivamenete fundado., serio, y contribuye a esclarecer la verdacera doctrina de Cristo y a replantear ciertos presupuestos y normas de la Iglesia. ¿Vds. Creen personalmente, cada uno, que la actual disciplina de la Iglesia sobre este punto es la propia del Evangelio, la que responde a la vida y enseñanza de Jesús? No les parece que la Iglesia debería enfrentarse ahí, radicalmente consigo misma”? Tenemos que mirar a lo que pasa en nuestra propia Iglesia, con la realidad de tantos matrimonios fracasados, acaso sin esperanza de recuperación, y por eso ya prácticamente divorciados, pero canónicamente condenados”.

. Nota sobre firmantes

Debido a la urgencia del tiempo, no se ha prendido contar con la respuesta de otros autores, que seguramente asumirían el Documento. ( Muy a pesar nuestro, el intento de comunicación directa con 8 mujeres Teólogas no ha podido realizarse a tiempo).

Acaso pudiera añadirse una segunda remesa con nuevos firmantes.
Para nuestro objetivo, el Documento aporta y refleja fidelidad al espíritu de la Tradición y cultura cristianas, enraizadas en el Evangelio y puede servir para dialogar y determinar soluciones más acordes con la investigación y estudios actuales.
Firman el Documento

Ariel ALVAREZ

Raul LUGO
Xabier ALEGRE

Juan MASIA
José ARREGI

Antonio MONCLUS
Fernando BERMUDEZ

Guillermo MUGICA
Frei BETTO

Jesús PELAEZ
Nicolás CASTELLANOS

Xabier PIKAZA
Benjamín FORCANO

Manuel REYES MATE
Manuel FRAIJO

Julián RUIZ DIAZ

Joan GODAYOL

Manuel SUANCES

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Somos Iglesia: “La Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad”

Martes, 13 de octubre de 2015

media.media.8da8cf18-68f9-410e-b07f-7b26fff02711.normalizedEl portavoz de la organización de católicos laicos “Somos Iglesia”, Christian Weisner, propone que el Sínodo replantee su actitud hacia las parejas de hecho, los curas casados y los homosexuales. En una entrevista con Deutsche Welle, Weisner subraya que la Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad.

Señor Weisner, ¿qué espera del Sínodo de la Familia con respecto a los temas del matrimonio y de la familia?

Christian Weisner: La verdadera meta del Sínodo es determinar cómo la gente de hoy puede vivir mejor el Evangelio. Las relaciones económicas, la globalización, los refugiados, la obligación de tener que adaptar la vida familiar a la vida laboral son los grandes retos. Actualmente son polémicos sobre todo los temas sexuales, por ejemplo, la pregunta sobre si personas divorciadas que han vuelto ha contraer matrimonio deberían recibir la comunión o no. Por un lado, queremos atraer de nuevo a las personas al cristianismo y a las iglesias, queremos darles la oportunidad de vivir su fe. Por otro, nuestra Iglesia tiene reglas sexuales tan estrictas que ahuyenta a las personas. Este dilema entre la doctrina tradicional y la realidad debe ser resuelto. Tengo la esperanza de que el Sínodo supere esta brecha.

DW: ¿Qué hay de las personas que atraviesan una crisis matrimonial, de los sacerdotes que se sienten desbordados por el celibato, de los homosexuales? ¿Se trata de pobres pecadores a los que la Iglesia puede dictar cómo tienen que vivir?

En primer lugar, debemos superar la fijación exagerada de la doctrina católica en el pecado. Si, tras una profunda crisis, una pareja casada se separa, emprende un nuevo comienzo con nuevas parejas y crea un nuevo hogar para los hijos, es decir una familia patchwork, entonces se debería ver lo positivo de esto. Si personas homosexuales mantienen una relación de pareja responsable, eso es algo bueno. La Iglesia no debería negarles la bendición.

Si bien el concepto del matrimonio ha cambiado, la indisolubilidad del matrimonio no está realmente a debate. ¿Está la Iglesia atrapada en su dogmatismo?

La indisolubilidad del matrimonio se tiene que entender en el contexto histórico. Jesús se opuso a que solo el hombre se pudiera separar de la mujer antes de que hubiera sido expedida el acta de divorcio. En cierto modo, Jesús quería alcanzar condiciones igualitarias para el hombre y la mujer. Ese es el mensaje principal de la indisolubilidad del matrimonio.

¿Cómo define usted la familia?

Se puede hablar de una familia cuando personas de diferentes generaciones conviven de forma responsable.

¿Es suficiente que la Iglesia trate a los homosexuales con misericordia, como dicta el catecismo?

Eso es lo mínimo que se le puede exigir. Sé que algunos curas -por ejemplo en África- ni siquiera cumplen esta demanda. En cerca de 80 países en el mundo la homosexualidad está penalizada, y en algunos casos incluso es castigada con la pena de muerte. Sería muy importante que la Iglesia católica intercediera en contra de la criminalización de la homosexualidad a nivel mundial. Probablemente el reconocimiento de parejas homosexuales será diferente dependiendo del trasfondo cultural. Sin embargo, sabemos que el papa Francisco aboga por la descentralización. Es decir que el desarrollo de la doctrina religiosa debe ser compatible con las diferentes culturas. Necesitamos diversidad dentro del cristianismo.

Fuente Religión Digital

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Acerca de Monseñor Krysztof Charamsa.

Domingo, 11 de octubre de 2015

Sacerdote.version-finalUna interesante reflexión que el hermano Miquel ha publicado en el Foro y que nos parece oportuno traer a la página principal:

El caso de Monseñor Krysztof Charamsa a mi me produce sentimientos y reflexiones contrastantes. Por un lado me ha gustado que ocurriera el caso: así se pone en evidencia, que lo que parece estar “atado y bien atado”, en la Iglesia católica, se les escapa por todos los lados. Hace evidente delante de la sociedad que la Iglesia tiene un tema pendiente que es el de la obligatoriedad del celibato, el de la homosexualidad, y en general el tema de la sexualidad. Además cuando Monseñor habla delante de los medios de comunicación lo hace con un lenguaje nada crispado, lo que da credibilidad a su causa…, al menos en Cataluña parece que todos los medios de comunicación y la mayoría de la gente se ha puesto de su parte; y la Iglesia con todos sus obispos reunidos en el Sínodo de la familia parecen un grupo de carcas, alejados de los verdaderos problemas de la sociedad, que pocas novedades parece nos van a dar.

Por otra parte, algo no me huele del todo bien, cuando alguien alardea de no haber cumplido con sus compromisos. Como si llevar una doble vida durante mucho tiempo fuera algo completamente normal. Como si la honestidad no fuera también un tema a tratar y de capital importancia en el desarrollo de la propia personalidad. Como si para llegar a un puesto en la Congregación para la doctrina de la fe, no hubiera hecho nunca “carrera eclesial” con todo lo que esto supone de hipocresía, falta de discernimiento, y ofensa al Espíritu.

Es verdad que cuando uno no puede seguir con sus compromisos, mejor cambiar. La fidelidad al proyecto elegido con anterioridad no lo es todo, porque la vida da muchas vueltas, y al final la fidelidad a la propia conciencia es lo que vale, porque ser fiel a la Iglesia no siempre significa ser fieles al Reino de Dios. Pero algo de humildad tendría que haber en esta decisión. Un “me equivoqué”, o “no nos hemos entendido”, “ha sido imposible continuar, quizás también fue culpa mía…”. Si no, “toda la culpa es de los otros”. Y esto no me vale. Se ha hecho de Monseñor Krysztof Charamsa un héroe. Y quizás sí que es un héroe… pero también son héroes los que han elegido libremente ser fieles a su celibato por el Reino de Dios, y con penas y trabajos, han conseguido una cierta dignidad y equilibro afectivo, y sus frutos por el Reino son evidentes. Y de estos otros héroes los medios de comunicación no entienden, se les escapa. A la mayoría de la gente que no tienen sensibilidad espiritual se les escapa.

Conclusión: bien por Mon Charamsa, porque ha hecho de su necesidad virtud…porque nos ayuda a todos a luchar con la causa de que la homosexualidad sea reconocida en la iglesia, que vuelva a salir otra vez al debate público el tema del celibato obligatorio, que da mucho sufrimiento innecesario. Por otra mi reconocimiento más reverente a los que con el celibato por el Reino de los cielos, dan un testimonio también de que la sexualidad no lo es todo, que es un medio entre muchos otros, que lo que lo es todo es el amor.

Miquel
religioso, sacerdote

General, Historia LGTB, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , ,

John Riccardo y las rosquillas…

Jueves, 27 de agosto de 2015

Ya habíamos publicado la noticia, pero me he encontrado con este artículo sobre el tema en el blog Case des Hommes que responde al cura John Riccardo co ironía y con más espíritu evangélico que el suyo:

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Cuando un joven sacerdote confunde culo y oreja, polla y rosquilla…

En el curso de una conferencia de tres días celebrada recientemente en Plymouth (Michigan), sobre el tema del celibato y la castidad que las personas LGBTI laicos católicos deberían respetar el sacerdote John Riccardo relató cómo responde él a los jóvenes que preguntan por qué “Dios odia a los gays “. No, dice, Dios no los rechaza, pero su sexualidad no es natural. Y el reverendo plantea esta pregunta ridícula: “Si corté un panecillo por la mitad y me hundí una parte en mi oído, ¿qué le dirías?” “No está hecho para!” “¡Exactamente! Esto dañará el canal auditivo …

John Ricardoa_1John Riccardo y beygl yiddish, rollo de firme textura.

Fíjate bien en la foto del sacerdote y los panecillos, que vendrá a usted todo tipo de suposiciones no todas castas o de beneficencia. El Evangelio de Mateo en el Nuevo Testamento dice esto (capítulo 12-34 ..): Se trata de que lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas. Un proverbio japonés resume: Cuando el sapo abre la boca, vemos su estómago. Otra palabra de la Biblia dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo … Para seguir la doctrina de la Iglesia , John Riccardo ha hecho mucho daño. Reforzó la actitud de los fieles homofobos, hizo tímidos a los feligreses que querrían sostener a las personas LGBTI, animó a las persecuciones en los patios escolares.

Como elección personal, el celibato y la castidad son respetables a condición de no ser impuestos desde el exterior. Y ya que la Iglesia insiste tanto en el término natural, resulta que nuestro sexo  forma naturalmente parte de nuestro cuerpo, para que pudiéramos tener todo tipo de experiencias, de sensaciones, de alegrías y también de desgracias que forman parte del aprendizaje de la vida. Si el sacerdote John no estuviera impedido, por contrato, a vivir su sexualidad con una mujer o con de un hombre, sin que su empleador le condene, posiblemente animaría a sus catecúmenos a amar mejor, con más delicadeza, fuerza y sentimiento, en lugar de  condenar a una categoría minoritaria.

Sí, las personas LGBTI somos poco numerosas en comparación con la población que se declara heterosexual.

Entonces ¿por qué estos ataques constantes contra los homosexuales, mientras que hay muchos temas serios e importantes por los que luchar si queremosaportar un poco de paz,  justicia y curación en este mundo? ¡Hágase la pregunta, John Riccardo! Y si su empleo actual no le permite responder, búsquese un patrono más ético que no interferirá en sus asuntos de rosquillas.

André

Biblia, General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , , ,

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