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Sobre la norma de no aceptar muchachos homosexuales en los seminarios: Aprender el arte de amar y ser amado

Jueves, 4 de julio de 2024

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Del blog de  Jairo Alberto Franco Uribe De Dios se habla caminando:

Ecos al mariconeo del que habló el papa Francisco y por el que pidió perdón

Escribo a la luz de mi propia biografía y de mis sentimientos, de mi vida en diversos presbiterios y junto a hermanos en un instituto de vida apostólica, de mi experiencia como formador y rector de seminario, del acompañamiento espiritual que he tenido la gracia de ofrecer a personas que se identifican como homosexuales

Se trata pues de la norma, vigente todavía, de no aceptar muchachos homosexuales en los seminarios; la norma existe desde hace mucho tiempo y, sin embargo, no se llega a verificar en la realidad y lo que hace es crear dificultades

Sí, la vida me lo ha comprobado, en algunos seminarios y casas de formación tanto los homosexuales como los heterosexuales están en el armario y se presume engañosamente de una cierta asexualidad

Impedir que cambie la norma de la prohibición es esconder la cabeza como el avestruz y dejar que las cosas sigan como siempre han estado, las que, con norma y todo, no han estado bien

En estos días hemos escuchado algunas noticias de cosas que dice y hace el papa Francisco, y notamos contradicciones; el término frociaggine, traducido en castellano mariconeo, para manifestar que no veía bien la admisión de jóvenes homosexuales en los seminarios, nos sonó mal, es  despectivo, y nos dolió porque venía de Francisco, que además de saber bien italiano, es el papa que con sus actitudes y palabras ha mostrado acogida a los cristianos y cristianas que se identifican en las siglas lgbtiq­+.­   Después, a los pocos días, viene otra noticia diciendo que el mismo papa le había respondido una carta a un muchacho gay, quien por sinceridad sobre su orientación sexual había sido expulsado de su seminario, y que Francisco lo animaba a seguir adelante con su vocación.

A veces, cuando medito estas cosas, me parece que Jorge Bergoglio, en este asunto y otros que se discuten hoy en la sinodalidad, afronta también algunos de los problemas que Raymond Burke, Gerhard Müller, Robert Sarah, Joseph Zen y otros tienen con Francisco.  Si no es cómodo para Burke, Müller, Sarah y Zen y otros ir al paso de Francisco, tampoco lo es para el mismo Bergoglio. Y para Bergoglio es más difícil todavía porque él no es otro que Francisco; así que no es mi intención hacer juicios al papa que más me ha entusiasmado; ¿quién soy yo para juzgarlo?; rezo por él como siempre nos lo pide.  No es fácil tener el timón del barco que es la Iglesia en tiempos de tempestades y de Espíritu Santo.

Quiero, a raíz de estos hechos, plantear mi reflexión y lo hago con el propósito de buscar salidas a muchos de los problemas que vivimos como comunidad eclesial. Escribo a la luz de mi propia biografía y de mis sentimientos, de mi vida en diversos presbiterios y junto a hermanos en un instituto de vida apostólica, de mi experiencia como formador y rector de seminario, tanto en Nairobi como en Medellín, del acompañamiento espiritual que he tenido la gracia de ofrecer a personas que se identifican como homosexuales, algunas de ellas personas que todavía sufren por sus sentimientos y experimentan el rechazo en las instancias eclesiales.

Se trata pues de la norma, vigente todavía, de no aceptar muchachos homosexuales en los seminarios; la norma existe desde hace mucho tiempo y, sin embargo, no se llega a verificar en la realidad y lo que hace es crear dificultades; la verdad es que, como en todo grupo humano, en los seminarios hay un buen porcentaje de varones homosexuales y estos varones llegan a la ordenación y, después, hacen parte del presbiterio y ejercen el ministerio.  Somos hombres y nada de lo humano nos es ajeno, por más que lo queramos atajar y reglamentar.  Creo que la mayoría de estos seminaristas no tengan como motivación fundamental esconderse, disimular su sexualidad o buscar atajos para satisfacer sus pulsiones, muchos de ellos responden simplemente a un llamado que sienten en sus corazones y llegan con buena voluntad y generosidad.

El problema no es que haya homosexuales en los seminarios ni en los presbiterios y congregaciones, creo que poco a poco vamos reconociendo que es una gracia serlo, como es una gracia ser heterosexual. Nadie se ha esforzado usando su voluntad para ser lo uno o lo otro, nadie ha conquistado en un acto de virtud su orientación, nadie ha decidido ser heterosexual u homosexual, ambas son condiciones humanas, no un trofeo que nos ganamos.

El problema es que, con la norma que los rechaza, los muchachos homosexuales se quedan, en buena proporción, sin formación, y esto porque a medida que se hacen conscientes y dueños de su orientación o llegan a la conclusión que nada pueden hacer para cambiarla, empiezan a reprimir, a llenarse de vergüenza, a negar, a disimular, a sufrir.  En estas situaciones es muy difícil que se dé un proceso de formación y resulta muy complicado, aunque no siempre imposible, que alguien pueda crecer como persona y llegar a la madurez, aprender el arte de amar y ser amado, reconocerse don para el pueblo de Dios y entregarse al servicio de la gente.

Hace un tiempo, cuando todavía era yo rector de seminario, nos preguntábamos cómo prevenir los abusos sexuales en general y especialmente a menores.  Se daban muchas respuestas, desde iluminar los espacios hasta crear protocolos precisos para el trato a los visitantes. Me parecía prioritario, y así lo expuse sin que mis colegas me dieran sus oídos, que la norma que prohibía recibir a homosexuales tendría que olvidarse si queríamos propiciar sexualidad sana y no propensa a los abusos, y que todos los admitidos, heterosexuales o no, pudieran encontrar un ambiente acogedor para hablar de sí mismos, de sus sentimientos, de su vida y así, desde la confianza y la transparencia indispensables, recibir adecuada formación.

Opino esto, no porque crea que la homosexualidad sea la causa de la pedofilia y otros abusos, como tampoco lo es el celibato, sino porque puedo concluir que una sexualidad reprimida, negada, avergonzada, explota fácilmente en abuso; las ollas de presión a las que les falla su válvula de escape hacen volar por los aires la cocina toda; y algo así ha sucedido y sigue sucediendo en nuestras iglesias, a cada diócesis y congregación le va llegando su estallido.

Y la sexualidad reprimida también se da en muchos heterosexuales, que por la forma en que se afronta el celibato, tienen que guardarse igualmente buena parte de sus sentimientos y experiencias y dejarlos en el armario, no sea que su ordenación encuentre impedimentos.  Sí, la vida me lo ha comprobado, en algunos seminarios y casas de formación tanto los homosexuales como los heterosexuales están en el armario y se presume engañosamente de una cierta asexualidad. Sucede también en nuestros presbiterios diocesanos y congregaciones, no todos somos heterosexuales, hay diversidad entre nosotros, y cada uno, en el seguimiento de Jesús, que no es otra cosa que la entrega de sí en el amor, tiene un don para la Iglesia y el mundo.

El papa ha reconocido que hay frociaggine en los seminarios; ya esto es un paso adelante y es una contribución, independiente del término que le haya salido espontáneamente de sus labios y por el que después pidió perdón; al menos no presumió asexualidad y habló sin tapujos; eso sí, hubiéramos esperado un término que no llevara ninguna carga de desprecio y de juicios.  Y es que no siempre donde hay homosexualidad hay mariconeo, hay muchos hombres homosexuales que viven con integridad, en fidelidad a su vocación, asiduos en la oración, cuidando sus comunidades, entregados a los pobres.

Reconocer la realidad, así con estos límites, es paso adelante y contribución; ahora habría que hacerse cargo de esta realidad y afrontarla: impedir que cambie la norma de la prohibición es esconder la cabeza como el avestruz y dejar que las cosas sigan como siempre han estado, las que, con norma y todo, no han estado bien.   Y no han estado bien porque en este tema hay mucho sufrimiento y Dios no quiere el sufrimiento de nadie.

Hay pues que hacer un hondo discernimiento, sea sobre los candidatos heterosexuales sea de los homosexuales, comprobar su aptitud para liderar al pueblo de Dios, y cumplido esto, confirmar o no, a nombre de la Iglesia, la vocación a la que se han sentido llamados antes de llegar al seminario; no todos los llamados tienen que ser necesariamente escogidos.

Sueño una Iglesia, en la que todos y todas, también nosotros hombres y mujeres célibes, estemos agradecidos y contentos de nuestra sexualidad.  Algo me hace pensar que ese muchacho gay, a quien habían echado del seminario por ser sincero y al que Francisco terminó alentando en su vocación, puede ayudarnos a hacer posible este sueño.

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“La Iglesia padece ‘anorsexia’”, por Rufo González

Jueves, 28 de diciembre de 2023
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IMG_1826De su blog Atrévete a orar:

“¿Por qué ese ansia de manchar el sacerdocio con el vicio y la depravación del sexo?”

La Iglesia padece “anorsexia

 La ley del celibato es una ley que contraría a la naturaleza humana

Debo empezar mi comentario pidiendo perdón por el neologismo del título. Y es que pienso que el celibato sugiere algo así como una “anorexia sexual”. Si por anorexia se entiende la privación enfermiza de alimento, tendremos que concluir que el celibato supone la privación del deseo de satisfacer el “apetito sexual”. El celibato intenta desnaturalizar a la persona, restringir los impulsos naturales, lo mismo que el enfermo anoréxico desfigura su cuerpo eliminando el apetito esencial para la vida. Los anoréxicos, normalmente, tienen una imagen distorsionada de su cuerpo, concentrada en el peso corporal. Igualmente el celibato distorsiona la imagen de la persona despreciando el cuerpo, enfrentándolo al “espíritu”. El cuerpo es el elemento imprescindible para vivir humanamente en este mundo; es nuestra principal herramienta de comunicación. Por eso, se hace necesario cuidarlo, mimarlo, porque es lo único que nos va durar toda la vida, lo que significa que no se le debe privar de algo que forma parte de la propia naturaleza.

¿Acaso el celibato suprime el  apetito sexual? Las leyes biológicas ni envejecen ni mueren. El deseo sexual es un impulso primario, innato en todo ser humano. Este impulso obedece a una básica exigencia de la naturaleza; y la abstinencia prolongada incrementa, como sucede en el resto de las necesidades vitales, la fuerza del deseo, por mucho que se intente exaltar como virtuoso ascetismo. Por ende, el celibato impuesto contradice a la naturaleza y suele ir acompañado de serios problemas que llegan a vulnerar la dignidad del individuo y, sobre todo, su conciencia.

La Iglesia aborrece la carne. Hablaríamos de “sexofobia”. La consideración negativa de la sexualidad, la animadversión contra los homosexuales, el celibato obligatorio para los sacerdotes, la insuficiente consideración de la mujer y su lugar en la Iglesia constituyen manifestaciones de aversión  en la Institución eclesial. En este campo, sus leyes son o blanco o negro, por eso rechazan y excluyen el “arcoíris”. Esta visión miope, restrictiva, cuando no negativa, sobre la sexualidad atribuye más trascendencia al celibato que al matrimonio. Lamentablemente esa ha sido una constante en la doctrina eclesial. A lo largo de la historia, tanto el matrimonio como el celibato han sido exaltados y realzados a la máxima categoría y preeminencia. Los argumentos teológicos para ensalzar al uno y al otro son los mismos: “Signos del Reino de Dios”. Ambos se consideran dones de Dios, pero el celibato es valorado como un “don superior”. Con esta tremenda contradicción, la Iglesia quiere justificar la imposición celibataria. Sin embargo, sólo el matrimonio es declarado sacramento, por tanto, único “signo sensible” de los esponsales de Cristo con la Iglesia y de las bodas del Cordero. El celibato solo puede ser “signo personal de renuncia”; pero nunca signo del Reino, puesto que no es sacramento.

Dios es Amor” y, como Padre-Madre, es fecundo, da vida, engendra a su Hijo (“engendrado, no creado”), y modela al hombre “a su imagen y semejanza” transmitiéndole su poder de creación: “Creced y multiplicaos”. Con el celibato obligatorio la Iglesia intenta imponer a los hombres de manera violenta vivir como entes asexuados, negando el camino habitual de la naturaleza. Resulta chocante que quienes reciben el tratamiento de “padre” y “madre”, aplicado a sacerdotes y monjas, nieguen, por supuestas leyes divinas, las verdaderas paternidad y maternidad naturales. La llamada “fecundidad espiritual” es un sucedáneo, un sugestivo placebo.

Hace unos días, en “Un santo para cada día se nos recordaba a “san Agustín, Águila de Hipona, padre y doctor egregio de la Iglesia”. El hagiógrafo destacaba en titulares: “Sigue y seguirá siempre alumbrando el entendimiento de los hombres y arrancando lágrimas en sus corazones”. A decir verdad, a mí sí me ha arrancado penosas y deplorables lágrimas de cocodrilo al leer un texto de este santo, que hace referencia a nuestro tema: “Nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer… Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer…”. Esta “eruditísima” afirmación me remite a un comentario recibido en uno de mis anteriores artículos sobre el celibato, publicado en este mismo blog y recogido en el segundo tomo de mis libros “Al hilo de la vida”. Creo que san Agustín se sentirá ufano y orgulloso de este aventajado discípulo del siglo XXI. Desconozco su identidad y si se trata de un sacerdote cavernario o un laico ultramontano porque firma solamente con el nombre de  “Salvador”. Corto y pego:

Quien consagra el Cuerpo de Cristo debe tener una gran pureza, y es indigno pensar que las manos que consagran son manos que se manchan de las impurezas de una mujer y de la suciedad del sexo. No, el sacerdote debe ser puro en ese aspecto.(…) ¿Por qué ese ansia de manchar el sacerdocio con el vicio y la depravación del sexo? ¿Por qué no nos damos cuenta de una vez que la pureza que ofrece la castidad es la que más nos acerca a Dios, mientras que la carne pecaminosa y putrefacta nos aleja de él? ¿Por qué no se quieren dar cuenta los pseudo-católicos que las manos que consagran no pueden sino llenarse de podredumbre en contacto con la hembra y sus fluidos obscenos?”. Este eximio “salvador” parece que debió de ser concebido por obra y gracia…; de madre virgen y padre, “putativo”. ¿Es posible que una persona “psíquicamente lúcida” pueda ultrajar, difamar y despreciar de tal repugnante modo a la mujer y al matrimonio? ¿Son éstos todos sus argumentos para defender el celibato ministerial?

Este enfoque miope de la sexualidad descansa en dos imaginarios supuestos: que la abstinencia sexual es clave para la perfección personal y espiritual y que, además, es posible practicarla de por vida. Insostenibles afirmaciones engañosas y quiméricas. Ahí tenemos los abusos practicados por perversos y pervertidos  personajes de toda la gama clerical. Una de las noticias más comentadas en medios sobre la visita de Francisco a Lisboa ha sido la reunión con personas que han sufrido abusos sexuales por parte de religiosos de instituciones de la Iglesia  portuguesa. Francisco escuchó su relato y pidió perdón. Existe una estrecha relación de causa-efecto entre la ley y estos aberrantes comportamientos. No vale poner pretextos y evasivas. Se trata de una lacra generalizada y sistémica. La ley del celibato es una ley que contraría a la naturaleza humana.

En este su blog, Rufo González nos recuerda cada año el aniversario de los mártires del celibato opcional. “Hoy recordamos un asesinato, consecuencia de la ley inhumana. 18 de agosto: ya el 175 aniversario de unos mártires del celibato opcional: “Camila: mueres conmigo; ya que no hemos podido vivir juntos en la tierra, nos uniremos ante Dios”. Además, desde hace tiempo, nuestro experimentado bloguero viene desmontando de forma hábil y competente tantos sofismas, argucias y falsedades que la Iglesia ha urdido y sigue urdiendo entorno a este problema, negándose a aceptar la evidencia.

Es indiscutible que para salir de esta crisis, la Iglesia necesita una profunda reforma interna que desmonte una secuela de poder basada durante siglos en obediencias ciegas y en exigencias antinaturales como el celibato de los curas o la marginación de las mujeres en los  ministerios.

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James Martin: “Hay muchos sacerdotes gais castos y célibes en la Iglesia. Es importante que se diga”

Martes, 3 de octubre de 2023
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de-financiero-deprimido-a-sacerdote-feliz-la-historia-de-james-martinEl jesuita estadounidense prevé tensiones en el Sínodo: “Probablemente es inevitable” 

“Hay muchos sacerdotes gais castos y célibes en la Iglesia. Es importante que se diga. Sin embargo, insisto, es crucial señalar que estos sacerdotes llevan una vida casta y célibe, al igual que sus colegas heterosexuales, y dedican sus vidas al servicio en la Iglesia. Esto probablemente siempre ha sido así”, señala el jesuita estadounidense James Martin en entrevista con El Periódico

Sobre el número de sacerdotes homosexuales en la Iglesia, “es imposible determinarlo debido al estigma que aún existe en torno a este tema”, dado que “muchos han sufrido en silencio debido a las burlas, incluso mientras servían en la Iglesia”

“Personas que han participado en el instrumentum laboris me han dicho que la mitad de las diócesis de todo el mundo han mencionado la necesidad de una mayor acogida e inclusión de las personas LGTBI. Esto no se limita a Occidente, sino que se extiende por todo el mundo”

“Hay muchos sacerdotes gais castos y célibes en la Iglesia. Es importante que se diga. Sin embargo, insisto, es crucial señalar que estos sacerdotes llevan una vida casta y célibe, al igual que sus colegas heterosexuales, y dedican sus vidas al servicio en la Iglesia. Esto probablemente siempre ha sido así”, señala el jesuita estadounidense James Martin en entrevista con El Periódico en vísperas de su participación en el Sínodo sobre la Sinodalidad.

Destacado impulsor de la pastoral de acogida en la Iglesia a los miembros de la comunidad LGTBI, lo que ha valido estar permanentemente en el centro de la críticas de los sectores más conservadores de la Iglesia, Martin añade que, sobre el número de sacerdotes homosexuales en la Iglesia, “es imposible determinarlo debido al estigma que aún existe en torno a este tema”, dado que “muchos han sufrido en silencio debido a las burlas, incluso mientras servían en la Iglesia”, aunque, en todo caso, afirma que “estos sacerdotes han celebrado misas, bautizado a niños, celebrado matrimonios, visitado a enfermos en el hospital y enterrado a seres queridos”.

Designado específicamente por el papa Francisco para participar -y votar- en la próxima asamblea sinodal, cuya primera fase se inaugura en el Vaticano este 4 de octubre, su principal misión es llevar a ese escenario la voz de la comunidad LGTBI, una voz que ya se ha dejado oír en las fases previas diocesanas, nacionales y continentales, como confirma el también autor de Tender un puente (Editorial Mensajero).

“Personas que han participado en el instrumentum laboris me han dicho que la mitad de las diócesis de todo el mundo han mencionado la necesidad de una mayor acogida e inclusión de las personas LGTBI. Esto no se limita a Occidente, sino que se extiende por todo el mundo. Sin embargo, tampoco es sorprendente. A medida que más personas se identifican como LGTBI, más familias, parroquias y diócesis se ven afectadas. Por lo tanto, hay un interés natural y creciente en comprender cómo brindar atención pastoral a la comunidad LGBTQ”, señala en la citada entrevista con el diario catalán.

¿Tensiones en el Sínodo? “Probablemente

Precisamente, esta cuestión, unida al tema de la ordenación de hombres casados, la participación de la mujer o una apertura en cuestiones sobre moral sexual ha llenado de expectativas este Sínodo -que ya no lo es solo de obispos-, por lo que se espera que durante sus jornadas surjan también tensiones.

“Eso es probablemente inevitable, pero no debemos temer a las tensiones. El primer sínodo en la historia de la Iglesia fue el Concilio de Jerusalén, que tuvo lugar alrededor del año 50 d.C. Hubo mucha tensión en ese momento, pero el Espíritu Santo aún pudo actuar”, señala al respecto el jesuita, quien, en todo caso, sobre lo que puede salir de esta asamblea sinodal se muestra cauto: “Para ser sincero, realmente no sé qué esperar. Creo que en esta primera reunión [la siguiente será el próximo año] nos centraremos en cómo dialogar entre nosotros y escucharnos mutuamente”. Lo cual ya no es poco.

Fuente Religión Digital

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“Más de lo mismo”, por José Ignacio González Faus.

Viernes, 8 de julio de 2022
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sacerdotisas-anglicanasDe su blog Miradas Cristianas:

Seguimos con lo del celibato y ministerio femenino

Una perspectiva histórica, otra científica y otra espiritual

Lo que debe contar aquí son aquellas palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya porque si no, no vendrá a vosotros el Espíritu que os conducirá a la plenitud de la verdad”

Según Aristóteles, la mujer es intrínsecamente inferior al hombre. Según Platón, dialogar solo se puede con hombres porque las mujeres no tienen altura para eso.

Ser constructor y responsable de una comunidad implica renunciar de entrada a esa actitud de enfocar todas las cuestiones desde el ángulo de los propios derechos.

Las reacciones diversas y variadas (privada y públicas) sobre las últimas reflexiones dedicadas al celibato y ministerio femenino, eran previsibles y confirman lo que creo que todos sospechamos aunque no queremos reconocer: que, sobre todo en lo que toca al ministerio de la mujer, hay en la Iglesia divisiones muy grandes que nos alejan de aquel “sensus communis fidelium” donde la teología veía siempre una señal del Espíritu. Dije por eso que es hora de la pedagogía más que de la confrontación. Y quisiera adoptar ahora aquella actitud de Pablo que, a la vez que proclamaba que se pueden comer carnes sacrificadas a los ídolos (¡que eran las más baratas en las carnicerías!), buscaba convencer a los contrarios de que, si los ídolos no son nada, aquellas carnes no pueden estar manchadas por ninguna clase de impureza.

Intentemos mirar desde tres perspectivas.

1. Perspectiva histórica.- Después volveremos a los argumentos. Ahora quisiera hacer una prospectiva: imaginemos que en dos días Francisco cambia toda la legislación eclesiástica y tenemos en poco tiempo un grupo de mujeres presidiendo las misas habituales. Mi pronóstico, como muy probable, es que decenas o cientos de millones de católicos dejarían de ir a misa cuando presidiera una mujer, y que esa huelga encontraría el apoyo de buena parte del clero y algunos obispos. ¿Sería razonable correr un riesgo de ese tamaño, precisamente en estos momentos tan “antifrancisco”? Una iglesia cismática será todo lo contrario de una iglesia sinodal. Y repito que ese pronóstico no me parece improbable.

En la situación vivida hasta ahora, muchas veces teníamos que aprender a decir: “la Iglesia nunca será como yo querría, pero la acepto”. Y la culpa de esa desilusión estaba entonces en las autoridades eclesiásticas, que bastante hicieron sufrir a algunos. En la Iglesia del futuro tendremos que decir lo mismo: pero la razón de ese desencanto ya no estará en las mal llamadas “jerarquías” sino en el mismo pueblo de Dios. De ahí la importancia de esa pedagogía paciente.

2.- Perspectiva científica.- Personalmente, los argumentos de que Jesús no llamó mujeres al apostolado me parece que no prueban nada porque confunden la voluntad de Jesús con la sociedad en que vivió Jesús. El seguimiento de Jesús no consiste en hacer miméticamente lo que Él hizo, sino en hacer lo que Él haría hoy. El número de doce parecía intocable al principio (como se refleja al comienzo del libro de los Hechos) hasta que se vio que la universalidad del cristianismo llevaba a olvidarlo. También se podía haber argumentado que Jesús solo eligió para apóstoles a judíos, vinculando eso con la visión veterotestamentaria del sacerdocio. Por suerte no se hizo (quizá gracias al primitivo rechazo judío hacia el cristianismo).

En cualquier caso, creo que lo que aquí debe contar son aquellas palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya porque si no, no vendrá a vosotros el Espíritu que os conducirá a la plenitud de la verdad”. Temo que los contrarios al ministerio femenino se estén cerrando a esa “plenitud de la verdad”. Y esto no es nuevo: está también el dato de esa Junia de la carta a los romanos, llamada por Pablo “apóstol” y a la que parece que se le masculinizó el nombre para evitar problemas. Y están todas las acusaciones paganas al primer cristianismo como “corruptor de la mujer”, que obligaron a aparcar muchos primeros pasos, para no alejar a los paganos que era la causa más urgente entonces.

En esta cuestión ha jugado también un papel negativo el repetido tópico de algunas feministas laicas, que pretenden que el cristianismo es antifeminista y el paganismo era feminista, y que mucha gente se lo ha tragado. Sobre eso solo dos detalles: es el gran Aristóteles quien define a la mujer como intrínsecamente inferior al macho, como un “varón a medio hacer” (vir dimidiatus). Y bastantes problemas le creó a su admirador Tomás de Aquino que, en este punto se apartó de quien él llamaba “el filósofo”. Y es el gran Platón quien escribe que para dialogar solo podemos hacerlo con hombres porque las mujeres no tienen altura para eso. A pesar de la Diótima de Sócrates ¿cuántas mujeres participan en los diálogos de Platón? Y hasta podría ser que (dada la situación social de la mujer entonces) algo de apariencia tuviera ese argumento. Pero la razón griega ya podría haber aprendido a distinguir entre lo que es de la naturaleza y lo que puede ser de la historia.

En fin: para cualquier problema histórico que se presente, hace falta mucha paciencia y mucho estudio. Personalmente y a lo largo de los años, fui aprendiendo tres principios que los presento aquí por si ayudan a alguien.

1.- Mirar de no argumentar desde mis sentimientos (por justificados que estén) sino desde los datos aquilatados. Y aquilatar los datos, en el campo de la historia, es bastante difícil: porque pasa el tiempo y alguien descubre un dato o una hipótesis nueva que sacude muchas “evidencias” tranquilas.

2.- Cuando disiento de alguien, tratar de ver qué puede haber de verdad en lo que dice, en la línea de lo que san Ignacio llamaba “salvar la proposición del prójimo”. Para no quedarme yo sin esa dosis de verdad.

3.- Analizar y preguntarme: si un polemista bien dotado disintiera de lo que digo ¿qué argumentos podría darme? Digo polemista bien dotado refiriéndome a aquellos que aportan argumentos; no a los que se limitan a llamarte comunista o facha y creen que con eso ya te han refutado del todo.

Incoherente como soy y he sido, no pretendo que esos principios los he cumplido siempre. Pero sí creo que tienen su valor, y los ofrezco aquí por si le sirven a alguien [1].

3. Perspectiva espiritual.- Pasando a un campo más de espiritualidad y menos analítico, creo que la misión del ministerio eclesial consiste en ser creador de comunidad (mi libro Hombres de la comunidad, fue traducido al inglés como Builders of community, y aplaudí mucho esa traducción cuando se me propuso). Cito esto porque quien de veras quiera ser creador (y responsable) de comunidad, habrá de estar dispuesto a sacrificar muchas veces derechos propios; y a sacrificarlos sin buscar por otro lado compensaciones de mayor dignidad y poder. Desde la reclamación de los propios derechos como actitud primaria, poca comunidad se construirá.

Aquí viene la importancia de lo que califiqué como “desacerdotalizar” el ministerio. El que preside la eucaristía no es quien consagra el pan y el vino porque tiene un poder casi mágico; consagra toda la asamblea. Ya en el siglo XII escribió el beato abad Guerrico (gran amigo de san Bernardo) que “el sacerdote no consagra solo ni ofrece solo sino que toda la comunidad de los creyentes consagra y ofrece con él”. Si las palabras las pronuncia él solo es porque estamos escuchando una narración y en los relatos es uno solo el que narra. Y la necesaria presencia del ministro eclesiástico en la celebración eucarística no es porque sea él quien tiene ese poder mágico de consagrar pronunciando unas palabras. Es porque él, por así decir, hace oficialmente presente a la Iglesia en aquella celebración. Y es la Iglesia, como “sacramento raíz” la que tiene eso que llamamos poder de consagrar.

Permítaseme por eso añadir que me parece ridículo y clerical el que, en las concelebraciones, cuando llega lo de “esto es mi cuerpo etc.”, todos los curas presentes extiendan la mano y pronuncien esas palabras. No hace ninguna falta ese gesto porque sin él, consagrarán igual. Pero este detalle me parece un ejemplo de esa mentalidad de poder que se ha vinculado tanto al ministerio eclesial cuando, curiosamente, la palabra ministerio significa literalmente: “lugar de lo menor”.

4. Despedida y cierre.- Termino como he dicho otras veces: todo esto es solo una palabra de un individuo particular. Sabiendo además que los intelectuales tendemos a volver las cosas más lentas y a desesperar a los impacientes: porque la verdad es lenta y, como decía la gran Teresa: “padece más no perece”. Hay personas activas que suelen tener una intuición bastante certera de las cosas. Y hay que darles campo, aun sabiendo también que su intuición nunca es perfecta del todo. (Desde Hegel a Agustín, no ha habido genio que no dijera también alguna tontería seria).

Y sobre todo, no hay que perder el buen humor. Porque como me dijo una vez el amigo Pep Vives, no sé qué Padre de la Iglesia decía que “el Espíritu Santo es el buen humor de Dios”.

Así que “veni sancte Spiritus”.

[1] Quizá cabría añadir el consejo de leer bien lo que se lee y asegurarse de que el autor dice lo que yo le hago decir. Porque hace poco he asistido a este detalle curioso: en un blog el autor se dirige al presidente Biden diciéndole que no tiene ningún derecho a erigirse en autoridad mundial y que esa autoridad debería estar en la ONU. Pues bien, uno de los comentaristas escribe: “el presente artículo nos deja con la idea de que el presidente Biden es una autoridad mundial legítima; la autoridad legítima es el consejo de seguridad de Naciones Unidas” (¡!). Sin llegar a tanto pero, al menos, procuremos no leer así ni caminar en esa dirección.

 

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La diócesis de San Sebastián aboga por el celibato opcional, la ‘bendición’ de los gays y el acceso de la mujer al sacerdocio

Miércoles, 15 de junio de 2022
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unnamedTras los 12 años de Munilla, la diócesis quiere pasar página y mira al futuro con ganas de recoser su tejido herido

“El documento final, en sintonía con otras diocesis, es absolutamente disruptivo con monseñor Munilla. Ha habido mucha participación de comunidades, que, durante 12 años tuvieron que estar calladas”

También se denuncia la “crisis espiritual” que vive la diócesis y que se plasma “en la acedia, el cansancio y la desilusión” que se instala en muchos fieles

“Restablecer la comunión rota, en sus diferentes niveles y ámbitos, sanando las heridas de desencuentro y división existentes”

“Para muchos es motivo de preocupación el que el celibato sacerdotal no sea opcional. El hecho de que la persona que acceda al sacramento del orden no se pueda casar si ella así lo desea es, para muchos, algo que no es bueno para Iglesia”

“El que la mujer, por el hecho de ser mujer, no pueda acceder al ministerio ordenado se vive por muchos fieles como una gran injusticia antievangélica que impide el testimonio en medio de esta sociedad en la que la igualdad de género es un compromiso ineludible, incuestionable e irreversible”

San Sebastián ha presentado su informe sobre las conclusiones del proceso sinodal en la diócesis. Y las propuestas son tan abiertas y tan en línea de la primavera de Francisco que parece que por allí no hubiese pasado durante 12 años Atila-Munilla. Y es que, en las conclusiones no queda rastro ni de su doctrina, de de su eclesiología ni de su forma de entender y vivir la fe. Lo que sí queda es una diócesis con profundas heridas, una gran división en el clero y una profunda polarización. Pero que mira al futuro con esperanza y ganas de recoser las costuras.

Por ahora al menos, el clima entre los participantes en la consulta sinodal es francamente positivo, teniendo en cuenta que el inicio y casi la mitad del proceso se vivió con monseñor Munilla al frente de la diócesis, de la que se despidió en el mes de febrero. De hecho, uno de los participantes resume así el camino sinodal recorrido en San Sebastián:

 “El documento final, en sintonía con otras diócesis, es absolutamente disruptivo con monseñor Munilla. Ha habido mucha participación de comunidades, que, durante 12 años tuvieron que estar calladas. Y, en cambio, nula participación de los curas identificados con el anterior pastor, lo que deja patente cuál es el tipo de Iglesia por el que abogan y que quisieron imponer aquí por las buenas y por las malas”.

En el “Cuerpo de la síntesis’, el documento, bien escrito y bien trabado, recoge las principales contribuciones hechas al proceso sinodal y, además, hace un discernimiento sobre las mismas. En primer lugar señala que “se vive como un obstáculo el que algunos sectores de la Iglesia quieran anular el espíritu del Vaticano II, impidiendo así la renovación a la que dicho espíritu llama”. Y se pide abiertamente: “Retomar y/o retornar al espíritu del Concilio Vaticano II”.

Sentada esta premisa, se asegura que “muchos fieles no están contentos con la actual configuración eclesial y con algunas de sus posiciones doctrinales. Esta insatisfacción se traduce en una gran demanda de reformas y cambios. Muchos piensan y sienten que si la Iglesia no se transforma-reforma, cada vez va a ser más difícil la evangelización y el caminar juntos con quienes piensan y sienten que en la Iglesia no se tienen que dar grandes cambios”.

También se denuncia la “crisis espiritual” que vive la diócesis y que se plasma “en la acedia, el cansancio y la desilusión” que se instala en muchos fieles, la “incertidumbre y desconfianza ante un futuro incierto”, así como “la desafección de muchos fieles con la jerarquía de la Iglesia y con la misma institución” o la vivencia del cristianismo “de manera acomplejada”.

Hecha la autocrítica, los fieles señalan otros ‘culpables’ de la penosa situación actual. Por ejemplo, “el clericalismo de los sacerdotes” o “la pasividad de cierto laicado, con un relación clientelar y consumista ante la comunidad cristiana”. Otro obstáculo para los fieles estriba en el “modelo de gobernanza” eclesial, que convierte a la institución en “una realidad autoritaria y nada democrática, que genera rechazo entre los fieles”.

Y el informe añade: Para muchos es motivo de preocupación el que el celibato sacerdotal no sea opcional. El hecho de que la persona que acceda al sacramento del orden no se pueda casar si ella así lo desea es, para muchos, algo que no es bueno para Iglesia”. Además, consideran que “es una gran pérdida para la Iglesia el que los sacerdotes secularizados y casados no tengan un protagonismo más activo en la Iglesia”.

Y no sólo se muestran partidarios del celibato opcional y de recuperar a los curas casados que deseen regresar al ministerio, sino que consideran que la actual situación de la mujer en la Iglesia, privada del acceso al sacerdocio, es “una gran injusticia antievangélica”.

“El que la mujer, por el hecho de ser mujer, no pueda acceder al ministerio ordenado se vive por muchos fieles como una gran injusticia antievangélica que impide el testimonio en medio de esta sociedad en la que la igualdad de género es un compromiso ineludible, incuestionable e irreversible. Es un obstáculo el que no haya una mayor presencia de mujeres en los verdaderos ámbitos de decisión y de gobierno de la Iglesia”.

Más aún, invitan reiteradamente a “ser una Iglesia donde la mujer no sea marginada, donde su voz sea escuchada y respetada, donde sus servicios sean valorados, su participación abierta a los ministerios litúrgicos. Las aportaciones se preguntan: ¿Ha llegado el tiempo de recuperar el diaconado de las mujeres? ¿Porqué no explorar caminos para que la mujer tenga acceso a los ministerios? Se pide que la Iglesia asuma la realidad y el valor de la mujer, normalizando su función en igualdad en todos los ámbitos de la Iglesia”.

También denuncian el que muchas personas homosexuales, bisexuales y transexuales se sientan marginadas, juzgadas y excluidas de la Iglesia a causa de su doctrina”. Y, asimismo, les preocupa que “muchas familias que no responden al modelo de la familia de la Iglesia se sientan marginadas, juzgadas y excluidas”.

Por eso, invitan a “revisar y replantear ciertos aspectos de la moral cristiana o temas sociales, como por ejemplo la homosexualidad, los modelos de familia, los divorciados vueltos a casar, la eutanasia… para que sea más acorde con el momento actual y no se discrimine a nadie por su condición”.

Por todo ello, los fieles donostiarras quieren una Iglesia cada vez más pobre, sencilla y humilde, más despegada de los bienes materiales”. Por eso, cree que “el patrimonio de la Iglesia es una gran dificultad para anunciar un cristianismo más pobre, sobrio y sencillo”.

También se opta por una Iglesia más transparente en todos los campos, incluido el de los abusos sexuales en el interior de la Iglesia, que “se vive por una gran parte de la comunidad cristiana con preocupación, por todo lo que implica de descrédito social y de falta de ejemplaridad”.

En definitiva, el proceso sinodal de San Sebastián aboga por un cambio de modelo y de “actitudes desde la que vivir el camino juntos”, que pasarían por conjugar estros cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.

Entre las aportaciones más disruptivas, señalan “la necesidad de un cambio estructural de funcionamiento de las comunidades, cristianas, donde el líder no tenga que ser necesariamente un sacerdote”. Un cambio, incluso, a nivel general, con “una mayor independencia entre Iglesia y Estado, renunciando al concordato y a privilegios, incidiendo en la devolución de aquello que no se haya inmatriculado de manera correcta”.

De hecho, se pide una mayor implicación eclesial en el ámbito social, “Acogiendo e incluso proponiendo transformaciones en los ámbitos económico-sociales. Profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia de cara al Desarrollo Humano Integral y Agenda 2030: erradicación de la pobreza, hambre cero, reducción de las desigualdades, acción por el clima, trabajo digno y economía sostenible, consumo responsable y justicia y paz”.

Y, por último y mirando hacia la diócesis, los participantes en el camino sinodal abogan por la comunión-unidad. “Restablecer la comunión rota, en sus diferentes niveles y ámbitos, sanando las heridas de desencuentro y división existentes. Trabajar en favor de la unidad y comunión en la diversidad y multiformidad. Cultivar la confianza”. Y para ello, piden corresponsabilidad real y efectiva de los laicos, simplificar las estructuras y que “los fieles puedan tomar parte en la elección de su obispo, mediante alguna consulta o incluso con poder electivo”.

Con todo, tras la autocrítica, los fieles terminan reconociendo que “la Iglesia católica en Gipuzkoa es una realidad con una presencia social importante…y mantiene cierto reconocimiento social”. Para recobrar la credibilidad perdida, la Iglesia guipuzcoana debe “reconstruir puentes para poder restablecer la comunión rota, sin la cual no se puede vivir la sinodalidad”. ¿Doce años de baculazos para esto?, se preguntará el actual obispo de Alicante.

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La revolución de la Iglesia en Alemania

Sábado, 28 de mayo de 2022
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6CCB48AE-CBA9-4BC9-A97E-7662418D49BB“¿Se imagina el lector un Informe y una respuesta parecida en la Iglesia española?”

“¿Qué ha pasado o está pasando en Alemania para que, cinco siglos después de la reforma luterana, vuelvan a sonar tambores en estas tierras”

“Hay otras propuestas que, referidas, por ejemplo, al celibato opcional de los curas, a la homosexualidad o al sacerdocio de las mujeres han de ser debatidas y, si fuera el caso, votadas de nuevo en otro foro en el que se encuentren -al menos, representadas- todas las diócesis del mundo”

“Y, en segundo lugar, la moral sexual, sobre todo, en lo referente a la homosexualidad y a la disciplina del celibato”

Para algunos curialistas vaticanos, los obispos y católicos alemanes -habiendo puesto en marcha conjuntamente un “Camino Sinodal vinculante”– estarían aprovechándose del llamado Informe MHG sobre la pederastia eclesial y, a la vez, rompiendo con el modelo de Iglesia que -durante siglos- ha venido siendo tradicional, así como arriesgando su unidad con las cerca de 6.000 diócesis dispersas por el mundo.

Para otros, menos temerosos, es cierto que en dicho Camino Sinodal vinculante” se están debatiendo, votando y aprobando importantes propuestas que, de hecho, suponen una redefinición del sacerdocio; de la presencia de la mujer en la Iglesia; del poder y de su ejercicio en el seno de la institución y también de la moral sexual. Pero no peligra, de ninguna manera, la comunión de esta Iglesia, sencillamente porque tienen muy claro que hay resoluciones que -si son aprobadas- pueden ser implementadas en las respectivas diócesis o por la Conferencia Episcopal del país sin comprometer, para nada, dicha unidad.

E, igualmente, que hay otras que, referidas, por ejemplo, al celibato opcional de los curas, a la homosexualidad o al sacerdocio de las mujeres han de ser debatidas y, si fuera el caso, votadas de nuevo en otro foro en el que se encuentren -al menos, representadas- todas las diócesis del mundo. Ello explica que los obispos alemanes se hayan comprometido a presentar y defender en el próximo Sínodo Mundial, a celebrar en Roma, durante el mes de octubre de 2023, estas u otras propuestas, en el caso de que sean admitidas por el “Camino Sinodal” que, previsiblemente, se clausurará el próximo mes de septiembre en Frankfurt.

¿Qué ha pasado o está pasando en Alemania para que, cinco siglos después de la reforma luterana, vuelvan a sonar tambores en estas tierras, según unos, de una posible separación cismática y, según otros, de la ineludible e imperiosa superación de un modelo de Iglesia que, heredado del concilio de Trento (1545-1563), resulta irrelevante para la causa del Evangelio?

La respuesta es, por mucho que pueda disgustar a no pocos, el Informe que, encargado en 2014 por la Conferencia Episcopal Alemana a las universidades de Mannheim, Heidelberg y Giessen –y conocido como MHG, por las iniciales de tales universidades- tenía que investigar la implicación de sacerdotes, diáconos y religiosos varones en el abuso sexual de menores de 1946 a 2014. Los obispos alemanes, encomendando esta investigación a un equipo externo, buscaban obtener una información, lo más veraz posible, sobre este lado oscuro de la Iglesia, tanto por el bien de los afectados como para tomar -una vez detectados los errores cometidos- las decisiones que fueran necesarias y evitar que se repitieran dichos comportamientos. Los resultados son de sobra conocidos. En el Informe, publicado después de cuatro años de investigación, se identificaron a 1.670 clérigos abusadores sexuales de menores (el 4,4 % de todos los de ese período) y a 3.677 víctimas.

Y, continuando con la tarea asignada, indicaron, como causas de tales delitos, en primer lugar, el clericalismo que, activado y facilitado por un “sistema jerárquico-autoritario”, lleva al dominio de los consagrados sobre los no consagrados y los sitúa en una posición de superioridad, siendo el abuso sexual una consecuencia extrema de ello. Una Iglesia con este perfil, se sostiene en el Informe, sanciona o traslada a los culpables y encubre u oculta los hechos, bloquea su divulgación y no tiene en cuenta a los menores abusados. Procediendo de esta manera, no solo estamos ante comportamientos equivocados de individuos aislados, sino ante un problema estructural y sistémico que urge atajar.

Y, en segundo lugar, la moral sexual, sobre todo, en lo referente a la homosexualidad y a la disciplina del celibato. Si bien es cierto, se puede leer, que ni la disciplina del celibato ni la homosexualidad son -a la luz de la investigación realizada- factores de riesgo de abuso sexual, también lo es que urge reconsiderar la postura, fundamentalmente adversa, de la Iglesia Católica ante la ordenación de hombres homosexuales y propiciar la creación de un ambiente abierto y tolerante, así como cuidar, mucho mejor que hasta el presente, la voluntariedad y madurez  de quienes optan por llevar una vida célibe.

He aquí los datos y causas más importantes que, con una batería de recomendaciones, se encuentran  en el origen del llamado “Camino Sinodal vinculante” alemán, acordado en julio de 2019 por la Conferencia Episcopal Alemana y el Comité Central de los Católicos Alemanes e inaugurado el 1 de diciembre del mismo año. Desde entonces, se viene debatiendo y formulando propuestas sobre el desmantelamiento de las estructuras de poder y clericales de la Iglesia; la participación equitativa de laicos y personas consagradas en su dirección; la abolición del celibato obligatorio o el acceso de las mujeres a todas las funciones eclesiásticas para colocarlas en igualdad de condiciones con los varones y un largo etcétera.

¿Se imagina el lector un Informe y una respuesta parecida en la Iglesia española?

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El ‘caso Novell’ y los obispos que la Iglesia necesita

Lunes, 27 de septiembre de 2021
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C54AF4EA-D59F-487A-9979-F61596814196Cardenal Michael Czerny S.J. La cruz pectoral de Czerny, hecha por el artista italiano Domenico Pellegrino, está formada a partir de los restos de un barco utilizado por los migrantes para cruzar el mar Mediterráneo y llegar a la isla italiana de Lampedusa.

¿Qué se les debería exigir a los obispos, mucho más allá de que sean célibes?

“Sin idealismos: obispos, presbíteros o laicos, nadie podemos cumplir al cien por cien, porque somos pecadores, pero todos podemos cada día buscar la conversión y tender hacia lo que se nos pide como cristianos en nuestros ministerios, tratando de hacer el mayor bien posible”

“Sea célibe o casado (como en otras confesiones cristianas sucede, sin consecuencias terribles) lo que si tendrá es que tener su afectividad bien resuelta y una personalidad equilibrada para poder cumplir su misión con dignidad y respeto a sí mismo y a los demás”

“Desde mi punto de vista, en el caso del obispo dimisionario de Solsona no viene a cuento hablar del celibato opcional o de si podría haber en un futuro obispos casados”

Leo en la prensa ya hace días la renuncia reciente del obispo de Solsona. Sin tardanza alguna, empiezan a aparecen conjeturas sobre cual habrá sido la causa de que una persona de 52 años que fue nombrado a los 41, el obispo más joven de España, con una prometedora carrera eclesiástica, haya presentado su renuncia.

 ¿Será enfermedad? Pronto parece descartarse. De algún lado se presumen presiones de la propia CEE por su nacionalismo catalán exacerbado. De otros, coerciones de los colectivos LGTBIQ por su homofobia manifiesta, que le lleva a organizar cursos de rehabilitación para personas gays. Hay quien también opina que la causa es que el obispo Omella y el Papa no le quieren por sus posiciones alejadas de Amoris Laetitia en lo que a cuestiones morales ligadas a la sexualidad se refiere. Muchos, con un conocimiento más próximo de la persona, dicen que tiene una personalidad inestable y que desde que le conocen ha manifestado importantes desequilibrios psicológicos. Y, ya, definitivamente, queda para todos su explicación, su propia palabra.  Dice que lo que le hace presentar su renuncia, es que “se ha enamorado de una mujer” y “que quiere hacer las cosas bien”.

Revuelo generalizado. Ahora gran parte de las miradas cambian de objetivo y se dirigen hacia la ley de celibato obligatorio para los presbíteros. Quieren encontrar aquí causas de esta dimisión,  hacer reflexiones o sacar conclusiones en torno al debate sobre el celibato, a favor o en contra de la elección libre de estado de vida. Hay quien le da por endemoniado. La verdad, carezco de experiencia para juzgar sobre ese tema. Pienso que lo que están haciendo muchos otros obispos a los que ahora recuerdo, en sus diócesis (aunque no se hayan unido a una mujer) no parece obra de Dios y si sucumbir a distintas tentaciones, pero ya lo de la posesión satánica me queda un poco grande. Me abstengo de opinar.

Para nada juzgo a la persona ni sus motivaciones personales de renunciar al ministerio episcopal. No lo haría ni siquiera si la conociera, cuanto más sin conocerlo. Y me parece absolutamente respetable con quien quiere cada cual unir su vida, así que lejos de mi opinar sobre su pareja. Pero si puedo analizar lo que he visto de su ministerio como obispo, que no es el único que cuestiono, por cierto.

Cuando ha surgido este caso, que muchos abordan desde el morbo o desde un enfoque muy centrado en la sexualidad, para mí las reflexiones son otras y giran en torno al ministerio del obispo y a su misión: ¿Qué se les debería exigir a los obispos, mucho más allá de que sean célibes? Reflexionemos sobre su misión.

Un obispo debe ser un hombre de hondas convicciones cristianas, una persona de oración e interioridad, alguien que se sabe limitado y pecador, que a diario es transformado por la oración y que quiere dejarse guiar por el Espíritu, que nos hace libres. Para esto se necesita formar personas de profunda espiritualidad conectada a las realidades concretas.

En la actualidad, un obispo en la Iglesia Católica es un pastor de comunidades, cada una dentro de sí diversa y diversas, también, plurales entre ellas. Por lo tanto debería de cumplir un papel de mediación, de ayudar a unir a las comunidades, más allá de sus legítimas diferencias. Independientemente de su opinión, también legítima y razonable, como ciudadano sobre algún tema, no debe ser un ideólogo que se posicione radicalmente a favor de unas tesis, marginando y confrontando a quienes piensan diferente. Para esto se necesita personas que saben tender puentes y poner la mirada en un punto más allá del conflicto, allí donde las diferencias pueden unirse en intereses comunes. Y que todos se sientan queridos y acogidos en sus diversidades.

Un obispo debe cuidar y acoger a todos los presbíteros de su diócesis, independientemente de sus simpatías o antipatías y debe de cuidar del equilibrio emocional de todos ellos, acompañarles en sus crisis y felicitarles por sus esfuerzos pastorales, contribuyendo a su formación. Para esto se necesitan personas equilibradas emocionalmente, sin filias, ni fobias, que sean capaces de amar en profundidad y de no juzgar a las personas, sino ver las situaciones por las que atraviesan y procurar ayudarles en lo posible.

Un obispo no puede tolerar en su diócesis, si los conoce, casos de corrupción ni de abuso de cualquier tipo, sea de tipo sexual, de poder o de conciencia. Evidentemente, mucho menos protagonizarlos él mismo. Por lo tanto, el obispo tiene que ser un ejemplo de desapego de las riquezas y de los poderes mundanos, de renuncia a cualquier tipo de privilegios y ser una persona humilde que sabe relacionarse con las personas más sencillas, sin dejar por eso de ser profundo. Alguien que sabe comunicar con todos, porque sabe escuchar en profundidad, e incluso es evangelizado por los sencillos y desprovistos de poder.

Un obispo católico postconciliar tiene que estar hoy en el seguimiento el Evangelio, del desarrollo del Vaticano II y en la línea de las últimas encíclicas del papa Francisco: Fratelli Tutti, Amoris Laetitia, Laudato Si… Por lo tanto, debe ser alguien profundamente convencido y poseído por la Misericordia, por el amor fraterno y sororal, alguien que valore profundamente a cualquier ser humano, independientemente de su género, orientación sexual, situación social o procedencia geográfica, étnica y religiosa. Es preciso que esté firmemente comprometido con la Paz, la Justicia y el cuidado de todo lo Creado, poniendo la vida a su servicio. Y nunca debe descuidar su formación continua. Formación y oración se complementan.

Un obispo hoy tiene que llevar la sinodalidad en la entraña, tiene que saber que todos y todas hemos de caminar juntos, pensando, orando y decidiendo  y que el Espíritu sopla sobre todo el Pueblo de Dios, independientemente de su sexo, ministerio o función en la Iglesia. Y, al mismo tiempo valorar y comprometerse con el diálogo entre los cristianos como mandato de Cristo, e interreligioso como único camino posible hacia la Paz.

Sin idealismos: obispos, presbíteros o laicos, nadie podemos cumplir al cien por cien, porque somos pecadores, pero todos podemos cada día buscar la conversión y tender hacia lo que se nos pide como cristianos en nuestros ministerios, tratando de hacer el mayor bien posible. Leer más…

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“¿Eucaristía o celibato? “, por José Mª Castillo

Jueves, 4 de julio de 2019
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pasion-de-jesucristo-ultima-cena-500x196De su blog Teología sin censura:

Ante el hecho de tantos cristianos que se tienen que quedar sin Eucaristía cada semana, por falta de presbíteros, hay quienes sospechan, esperan o temen que el Papa pueda tomar una decisión inesperada

Esta posible decisión, a unos les da miedo, mientras que a otros les entusiasma

Estos días, en vísperas del Sínodo de la Amazonía, se habla y se sospecha que el Papa Francisco pueda tomar una decisión inesperada, decisiva, sorprendente. Ante el hecho de tantos cristianos, que se tienen que quedar sin Eucaristía cada semana, por falta de presbíteros, hay quienes sospechan, esperan o temen que el Papa pueda cortar por lo sano y, en consecuencia, pueda decidir que se ordene como presbíteros a hombres casados o a mujeres o vaya Vd a saber.

Esta posible decisión, a unos les da miedo, mientras que a otros les entusiasma. Unos se aferran a la tradición secular de la Iglesia en lo relativo al celibato sacerdotal. Otros recuerdan la vieja tradición de los “viri probati”. En unos hay malestar. En otros, esperanza…. Total, un lío y un lío importante.

 25enero

Dado que, en la Iglesia hemos llegado a esta situación, yo me pegunto: Pero ¿es que estamos locos? ¿hemos perdido el sentido de lo más elemental? ¿de veras, andamos así de extraviados en la Iglesia?

Me planteo estas preguntas por una razón muy elemental: ¿qué instituyó Jesús? ¿la Eucaristía? ¿o el celibato de los curas? Entonces, ¿qué es más importante? ¿ser fieles a Jesús? ¿o ser fieles a lo que se inventó en el concilio de Elvira, por un pequeño grupo de obispos que se reunieron (según parece) en el actual barrio del Zenete, en Granada?

Es duro lo que voy a decir. Pero no puedo callarme. Andamos tan desnortados, que vemos como algo lógico que se dude si darle la razón al Evangelio a dársela a los chamanes del Norte de Asia, que según parece (E. R. Dodds), dieron pie para que los estoicos del s. V (a. C.) pusieran en marcha el “puritanismo” de la cultura occidental.

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El Sínodo de la Amazonía discutirá abrir sacerdocio a hombres casados y mujeres

Miércoles, 19 de junio de 2019
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imagesEl Vaticano publicó  elInstumentum laboris sobre el que trabajarán los padres sinodales del encuentro que se hará en Roma del 6 al 27 de octubre.

Un documento que abre la posibilidad de nuevos caminos: Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía, un nuevo paso de “un kairós para la Iglesia y el mundo”

“Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”

Además de la apertura a “viri probati” y mujeres, aparecen fuertes denuncias a la corrupción en la región y enciende alarmas por la inimgración a centros urbanos.

“Promover vocaciones autóctonas de varones y mujeres como respuesta a las necesidades de atención pastoral-sacramental”

“Exigir a los respectivos gobiernos que garanticen los recursos necesarios para la protección efectiva de los pueblos indígenas aislados”

Fuente Religión Digital

A partir de este momento la Iglesia, especialmente los padres sinodales, son interpelados “a dar una nueva respuesta a las diversas situaciones y a buscar nuevos caminos que posibilitan un kairós para la Iglesia y el mundo. Tenemos por delante poco menos de cuatro meses para el inicio de la asamblea sinodal, que se reunirá en el Vaticano de 6 a 27 de octubre. En este tiempo, cabe a los padres sinodales, sobre todo los obispos de las jurisdicciones eclesiásticas de la Pan Amazonía, siempre llamados a conocer la realidad local y la vida de los pueblos a ellos confiados, a oler a oveja, ver hasta qué punto el documento recoge las necesidades de su Iglesia local.

No podemos olvidar que este documento, que sigue el método de la Iglesia latinoamericana, ver/escuchar, juzgar, actuar, todavía es un instrumento al servicio de un proceso mayor, que irá dando pasos sucesivos en los próximos meses. Desde esa perspectiva debemos entender que en el Instrumentum Laboris no vamos a encontrar recogidos todos y cada uno de los anhelos personales. Como decía unas semanas atrás Monseñor Mario Antonio da Silva, obispo de Roraima – Brasil, y segundo vicepresidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil – CNBB, el Sínodo ha de venir al encuentro, no de expectativas, sino de necesidades de las comunidades de la Amazonía, algo que también se puede decir del Instrumento de Trabajo.

 Monseñor Roque Paloschi, arzobispo de Porto Velho, Rondonia, Brasil, y miembro del Consejo Presinodal, afirma que el Instrumentum Laboris, “nos va dando algunas posibilidades para también prepararnos con nuestros grupos de sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas, ministros, y el Pueblo de Dios en general, para algunas perspectivas”. Él reconoce que “evidentemente que el documento nos va a provocar para pasos posibles para concretarlos pronto con la conclusión del Sínodo, otros pasos con los que vamos a hacer procesos y cosas que serán un horizonte hacia donde queremos caminar como Iglesia, Pueblo de Dios como Iglesia Pan-Amazónica“.

Según el arzobispo de Porto Velho, “evidentemente que el Sínodo no va atrás de curiosidades, pero intenta responder cosas concretas que necesitamos afrontar aquí en nuestra región”. Desde su condición de presidente del Consejo Indigenista Misionero – CIMI, de Brasil, él dice que “el Sínodo, desde su convocatoria, el Papa nos interpela por una relación diferenciada con los pueblos indígenas, con los pueblos originarios“. Es por eso que “nosotros tenemos que preguntarnos qué pasos estamos dando en nuestras Iglesias para que verdaderamente, los primeros habitantes de estas tierras, sean oídos, respetados y acompañados en su lucha por la dignidad, por la justicia y, sobre todo, respeto a sus culturas, a sus espiritualidades, a sus ritos, a sus lenguas. Ellos tienen el derecho de ser indígenas en su integridad, afirma Mons. Roque Paloschi.

Monseñor Rafael Cob, también miembro del Consejo Presinodal, y obispo del Vicariato Apostólico del Puyo, en Ecuador, destaca en el documento cuatro ejes estructurales, la escucha, el diálogo, la inculturación y la profecía, todo ello en torno al eje central, que es el rostro amazónico, y empapado de la ecología integral. El obispo del Puyo destaca el trasfondo de la Evangelii Gaudium, que nos llama a una conversión pastoral, de la Laudato Sí, que nos invita a una conversión ecológica, y de la Episcopalis Conmunio, haciendo realidad una Iglesia samaritana con sus desafíos y esperanzas.

En un nuevo paso hacia lo que puede ser un verdadero cambio epocal de la Iglesia en salida que plantea el papa Francisco, el Vaticano mandató hoy al Sínodo de la Amazonía de octubre para que “se estudie la posibilidad” de la ordenación sacerdotal de hombres casados en la región y abrió la discusión para “identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer”, como una forma de responder a las “necesidades” de los pueblos de la zona.

La propuesta, sobre la que el papa Francisco tendría una valoración positiva si emerge como pedido de los padres sinodales según las primeras versiones, constituye una flexibilización histórica al celibato, instituido en los dos Concilios de Letrán: el primero, en 1123, el segundo en 1139, como una forma de defender la disponibilidad total del sacerdote.

Cada una de las partes está dividida en capítulos, cuatro en la primera, que presenta la realidad del territorio y de sus pueblos, nueve en la segunda, que recoge la problemática ecológica y pastoral, y ocho en la tercera parte, que aborda la problemática eclesiológica y pastoral. En la segunda y tercera parte, al final de cada uno de los capítulos, se ofrecen sugerencias, todas ellas recogidas de  la escucha al territorio y pueblo de Dios, llamadas a incidir no sólo en la vida de la Iglesia como de la propia sociedad amazónica, teniendo siempre como actitud fundamental la defensa profética de la Amazonía y de sus pueblos.

El Instrumentum Laboris parte de la idea de que la Iglesia sea oyente, que escuche, algo que “no es nada fácil”, pero que debe generar “una respuesta concreta y reconciliadora”, por la que la Amazonía clama. No olvidemos que ésta es una “realidad contrastante”, que está “llena de vida y sabiduría”, pero que sufre las consecuencias de “la deforestación y la destrucción extractivista que reclama una conversión ecológica integral. Todo ello debe llevar a un encuentro con las culturas que inspiran los nuevos caminos, desafíos y esperanzas de una Iglesia que quiere ser samaritana y profética a través de una conversión pastoral”.

La vida es el fundamento del Sínodo para la Amazonía, que en esta región se identifica con el agua. Una vida en abundancia, expresada en el buen vivir”, pero que “está amenazada por la destrucción y explotación ambiental, por la sistemática violación a los derechos humanos, lo que exige una defensa y un cuidado, que “se opone a la cultura del descarte, de la mentira, de la explotación y de la opresión”. No se puede olvidar que “en la Amazonía, la vida está inserta, ligada e integrada al territorio”, donde todo está conectado y se descubre “la obra maestra de la creación del Dios de la Vida”.

El Sínodo es un tiempo de gracia, de inculturación e interculturalidad, de desafíos graves y urgentes, pero también de esperanza. Al mismo tiempo, este evento eclesial quiere generar espacios de diálogo “que nos ayuden a salir de la senda de la autodestrucción de la actual crisis socio-ambiental”. Un diálogo que sea punto de partida para la misión y que tenga como interlocutores a los pueblos amazónicos, que provoque una dinámica de aprendizaje y resistencia.

El clamor de la Tierra es el clamor de los pobres, que son quienes sufren las consecuencias de la destrucción extractivista. Un clamor que viene de los pueblos de la Amazonía, a quienes no se les reconocen sus territorios y son afectados por los proyectos de “desarrollo” y la contaminación, lo que reclama con urgencia una ecología integral que paralice la destrucción de la Amazonía, algo que afecta especialmente a los Pueblos en Aislamiento Voluntario.

En la Amazonía también está muy presente el fenómeno mundial de la migración, que “ha contribuido a la desestabilización social en las comunidades amazónicas”. Eso ha hecho que la población amazónica se junte en las ciudades, donde vive entre el 70 y 80%, lo que requiere un cuidado eclesial, también de las familias y comunidades, cada vez más vulnerables. En muchos casos, eso es fruto de una corrupción que se hace presente en la región, “la que existe fuera de la ley y la que se ampara en una legislación que traiciona el bien común”, hasta el punto de quegrandes compañías y gobiernos han organizado sistemas de corrupción. Todo esto afecta a la “salud integral” de los pueblos, “lo cual supone una armonía con lo que nos ofrece la madre tierra”, fuente de la medicina tradicional. Son conocimientos que deben ser abordados por una educación integral, que genera encuentro y aborda un mayor conocimiento sobre lo que es la ecología integral, para lo que es necesaria una conversión ecológica.

La tercera parte del documento de trabajo aborda los desafíos y esperanzas de una Iglesia profética en la Amazonía, llamada a tener un rostro amazónico y misionero, “que sabe discernir y asumir sin miedos las diversas expresiones culturales de los pueblos”, una Iglesia participativa, acogedora, creativa y armoniosa, con rostro amazónico e indígena, que reconoce las “Semillas del Verbo” y busca “un mutuo enriquecimiento de las culturas en diálogo”. Eso se expresa en una liturgia incluturada, que asuma en el ritual litúrgico y sacramental “los ritos, símbolos y estilos celebrativos de las culturas indígenas”, haciendo lo posible para que los sacramentos sean fuente de vida y remedio accesible a todos (cf. EG 47), especialmente a los pobres (cf. EG 200)”.

Para ello, sugiere que en vez de dejar a las comunidades sin Eucaristía, se cambien los criterios para seleccionar y preparar los ministros autorizados para celebrarla”. El documento, sin cuestionar en ningún momento el celibato, sostiene que “para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana“. Al mismo tiempo ve necesario identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica”, aspectos éstos que realmente abren la posibilidad de buscar nuevos caminos para la Iglesia.

Al abordar el tema de la organización de las comunidades, cuestiona que “sería oportuno reconsiderar la idea de que el ejercicio de la jurisdicción (potestad de gobierno) ha de estar vinculado en todos los ámbitos (sacramental, judicial, administrativo) y de manera permanente al sacramento del orden”, un elemento decisivo que hace posible superar el clericalismo como instrumento de poder. Por eso, llama a “promover vocaciones autóctonas de varones y mujeres”, buscando “indígenas que prediquen a indígenas desde un profundo conocimiento de su cultura y de su lengua, capaces de comunicar el mensaje del evangelio con la fuerza y eficacia de quien tiene su bagaje cultural”. Al mismo tiempo, insiste en pasar de una “Iglesia que visita” a una “Iglesia que permanece”.

Los últimos capítulos abordan el tema de la evangelización en las ciudades, intentando incluir en ella a los indígenas urbanos, fomentando el diálogo ecuménico e interreligioso. Como sucede en cualquier otro lugar, el papel de los medios en la Amazonía es fundamental. Por ello, “es importante que el empoderamiento de los medios de comunicación llegue a los mismos nativos, creando resonancia que ayude “a la conversión ecológica de la Iglesia y del planeta”, a que la realidad amazónica salga de la Amazonía y tenga repercusión planetaria, a amazonizar el mundo y la Iglesia. El Sínodo puede ayudar a aumentar el rol profético de la Iglesia, que genera una promoción humana integral. Por eso, se propone una Iglesia en salida, en escucha, que se pone al servicio de los que cuestionan el poder, aunque eso lleve a sus miembros a arriesgar la vida, al martirio.

No olvidemos que lo que debe mover al Sínodo para la Amazonía es ser “una expresión concreta de la sinodalidad de una Iglesia en salida, para que la vida plena que Jesús vino a traer al mundo (cf. Jn 10,10) llegue a todos, especialmente a los pobres”.  Al mismo tiempo, no podemos dejar de recordar lo que ya nos decía el Documento Preparatorio, donde se insistía en que “las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfocan a la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta”. Estamos ante un evento universal, que muchos consideran decisivo en el futuro de la Iglesia y de la humanidad.

Como afirma Mons. Roque Paloschi, “vamos a pedir que el Espíritu Santo nos conduzca y que nuestra Iglesia viva la alegría de buscar estos nuevos caminos, y que podamos, al final de este Sínodo, concluir como los seguidores y seguidoras de Jesús en aquel concilio de Jerusalén, el Espíritu Santo y nosotros decidimos. Que sea el Espíritu Santo quien conduzca y que nuestras respuestas y nuestros compromisos sean verdaderamente orientados a responder a los desafíos de la evangelización de esta porción del Pueblo de Dios”.

***

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Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

En un giro histórico, la Santa Sede dio así el primer paso oficial para flexibilizar el celibato en términos muy precisos, a través de la ordenación de los denominados “viri probati”, como se conocía históricamente a los hombres casados con funciones sacerdotales.

De cara al Sínodo sobre la Amazonía que se celebrará en Roma del 6 al 27 de octubre, el Vaticano dio a conocer hoy el instrumento de trabajo que dentro de las “sugerencias” que propone a los participantes del encuentro está la de crear “nuevos ministerios para responder de modo más eficaz a las necesidades de los pueblos amazónicos”.

En ese marco, el documento presentado dice que, “afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”.

Entre las otras sugerencias planteadas por el documento que servirá de base a los participantes del Sínodo de octubre, que ha despertado fuertes críticas del gobierno de Brasil entre otros rechazos fuera y dentro de la Iglesia, se pide “identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica”.

El “Instrumentum laboris” de este lunes, pide además “promover vocaciones autóctonas de varones y mujeres como respuesta a las necesidades de atención pastoral-sacramental; su contribución decisiva está en el impulso a una auténtica evangelización desde la perspectiva indígena, según sus usos y costumbres”.

Se trata de indígenas que prediquen a indígenas desde un profundo conocimiento de su cultura y de su lengua, capaces de comunicar el mensaje del evangelio con la fuerza y eficacia de quien tiene su bagaje cultural”, agrega el documento de trabajo.

El enfoque que pide el Vaticano reconoce también  que “en el campo eclesial la presencia femenina en las comunidades no es siempre valorada”.

“Se reclama el reconocimiento de las mujeres desde sus carismas y talentos. Ellas piden recuperar el espacio dado por Jesús a las mujeres, “, exige, y demanda que “se escuche la voz de las mujeres, que sean consultadas y participen en las tomas de decisiones, y puedan así contribuir con su sensibilidad a la sinodalidad eclesial”.

En junio de 2018, un documento preparatorio al Sínodo ya había introducido los pedidos de estudio de las hipótesis de ordenaciones para hombres casados y mujeres en las comunidades remotas, y había convocado a iniciar un “proceso de discernimiento” en esa dirección.

Con fuertes críticas al extractivismo, en sus 147 puntos, el documento hace hincapie también en la denuncia de que “la corrupción en la Amazonía afecta seriamente la vida de sus pueblos y territorios”.

“En las últimas décadas se ha acelerado la inversión en la explotación de las riquezas de la Amazonía por parte de grandes compañías. Muchas de ellas persiguen el lucro a toda costa sin importarles el daño socio ambiental que provocan”, denuncia el documento vaticano, que advierte que “la corrupción alcanza a las autoridades políticas, judiciales, legislativas, sociales, eclesiales y religiosas que reciben beneficios para permitir el accionar de estas compañías”.

Hay casos en que grandes compañías y gobiernos han organizado sistemas de corrupción. Vemos gente que ocupó puestos públicos y que hoy están siendo juzgados, están en la cárcel o se han dado a la fuga”, llega a denunciar el documento.

El escrito pone además la lupa sobre las consecuencias de los procesos económicos basados en el lucro desmedido que se desarrollan en la región y el aumento de la migración ahcia centros urbanos que eso provoca.

“El movimiento migratorio, desatendido tanto política como pastoralmente, ha contribuido a
la desestabilización social en las comunidades amazónicas”, advierte el Instrumentum laboris.

En ese marco, antes de alertar por la “desestabilización” que eso supone para las familias, plantea que “las ciudades de la región, que reciben permanentemente a un gran número de personas que migran hacia ellas, no alcanzan a proporcionar los servicios básicos que los migrantes necesitan”.

“Esto ha llevado a muchas personas a deambular y dormir en centros urbanos sin trabajo, sin comida, sin techo. Entre ellas muchas pertenecen a los pueblos indígenas forzados a abandonar sus tierras“, lamenta.

Dentro de un texto que contempla por igual la descripción del estado actual de la evangelización en la zona y una férrea defensa de los derechos indígenas, se reserva un lugar para propuestas frente a los pueblos en aislamiento voluntario.

Allí, entre otros puntos, se plantea “exigir a los respectivos gobiernos que garanticen los recursos necesarios para la protección efectiva de los pueblos indígenas aislados”.

Texto íntegro del Instrumentum Labori

Lunedì, 17.06.2019

N. 0521

Pubblicazione:

EMBARGO ASSOLUTO FINO ALLE ORE 11.30 (ORA DI ROMA) DEL 17.06.2019

Sommario:

“Instrumentum laboris” dell’Assemblea Speciale per la Regione Panamazzonica del Sinodo dei Vescovi (6-27 ottobre 2019)

Testo in lingua spagnola

Traduzione in lingua italiana

Testo in lingua spagnola

AMAZONÍA: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL

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‘Novias’ de curas denuncian que también ellas se sienten abusadas

Martes, 21 de mayo de 2019
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celibato-debate_2121697874_13598400_660x371El otro escándalo sexual en la Iglesia: los curas que no reconocen sus obligaciones parentales (¿Hablamos de los novios…?

El ‘Washington Post’ indaga en el drama de las mujeres obligadas a esconder sus relaciones con curas y criar a sus hijos sin ningún apoyo de la Iglesia

Las cifras son llamativas: hay estudios que apuntan a que solo el 40% de los presbíteros practica el celibato, y que puede haber más de 60.000 niños de curas en todo el mundo

Gracias sobre todo a la valentía de las víctimas, por fin se ha empezado a hablar en condiciones de los abusos sexuales de menores en la Iglesia. Pero ahora la jerarquía tiene una conversación pendiente con otro grupo de personas vulnerables que también ha sufrido la violencia sexual, emocional y espiritual de los curas: las mujeres adultas que han tenido hijos con sacerdotes sin que estos han reconocido sus responsabilidades ni hacia ellas ni hacia sus vástagos.

“Aquella situación era definitivamente abusiva, sin ninguna duda, ha contado al Washington Post Pam Bond, de 63 años, quien dio a luz en 1986 al hijo de un cura franciscano al que había acudido para apoyo y para intentar rescatar a su matrimonio. “Yo asumo la responsabilidad para mis propios errores“, reconoce Bond, quien actualmente reside en la ciudad de San Luis y admite que “yo debería haber sido lo suficientemente fuerte como para no ponerme en aquella situación”. Bond, sin embargo, considera ahora que la relación de cinco años que mantuvo con el cura no fue consensual debido al diferencial de poder entre ellos.

¿Solo el 40% de los curas practica el celibato?

Como Bond hay en los Estados Unidos y en el todo el mundo miles de mujeres adultas que se hallan en la misma situación de haber vivido una relación sexual fallida y abusiva con un hombre consagrado, si bien es cierto que es difícil determinar exactamente cuántas son. En 1990 Richard Sipe, pionero en materia de la pederastia en la Iglesia, estimó que solo el 40% de los sacerdotes practica el celibato en un momento determinado. Vincent Doyle, irlandés e hijo de cura que lleva la web Coping Internacional para otra gente en su misma situación, afirma que alrededor de 65.000 personas en todo el mundo consultan su página.

Sean cuántas sean, lo importante es que estas mujeres que se sienten usadas por curas estén empezando a levantar la voz. Sobre todo porque, aunque la misma transparencia y rendición de cuentas que se están implementando en casos de abusos a menores están empezando a hacerse sentir también en casos de potenciales abusos a mujeres vulnerables- aún hay curas que intentan mantener sus “novias” y sus hijos en secreto.

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Hijo de un cura: “Yo era un cáncer que había que tratar”

Theresa Engelhardt, de 62 años, denuncia que ha estado inmersa en una batalla de tres décadas con la diócesis de Allentown, Pensilvania, y ahora con el Vaticano para que la Iglesia laicice al cura con el que tiene un hijo pero que se niega a asumir la plenitud de sus responsabilidades parentales. Engelhardt lamenta que el sacerdote, quien ha dejado el ministerio público y ahora está casado con otra mujer, le presionara para que abortara y cuando se negó a interrumpir el embarazo, no quería ni ver a su hijo.

“Una de las grandes cosas que he tenido que trabajar en mi tratamiento es mi razonamiento que si yo no hubiera nacido, mi madre no hubiera entrado en esa batalla con la Iglesia y mi padre hubiera podido seguir como cura”, cuenta el hijo de Engelhardt, John Dreisbach, quien a sus 28 años ha sufrido toda una vida de depresiones.

Crecer con un cura como padre que no le quería reconocer -por no decir en la sombra de una Iglesia que no obligó al sacerdote a hacer lo correcto- “me hizo sentir… que no le importo para nada” a la Iglesia, lamenta John. “Yo era un cáncer que había que tratar”.

Una fina línea roja

¿Hay entonces alguna situación en la que sí estaría moralmente bien que un cura se enamorara de un adulto? Cait Finnegan Grenier, defensora durante muchos años de las mujeres que mantienen relaciones con sacerdotes, piensa que sí, y que todo depende de cómo empieza la relación. Un enamoramiento que comienza en una situación marcada por un diferencial de poder -como una relación pastoral- sería explotador, mientras que una relación nacida de la amistad no lo sería, considera Finnegan, mujer de un cura, ahora fallecido, que buscó y recibió la reducción al estado laical al darse cuenta los dos que estaban enamorados.

Es una línea muy fina que John Dreisbach piensa que la Iglesia puede hacer más para definir o incluso borrar, si decidiera aceptar que los curas tengan hijos. “Ya se les llama ‘padre'”, recuerda de los curas. “No les cuesta mucho añadir uno más a la grey”.

Fuente Religión Digital

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“Sodoma”, por Isabel Gómez Acebo

Miércoles, 13 de marzo de 2019
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91EF5DEC-8EEA-4C77-AA31-4B76630936F9Leído en su blog:

Dentro de unos días aparecerá en las librerías un libro del periodista Frédéric Martel que lleva por título “Sodoma”. No voy a intentar hacer la alabanza de la obra sino todo lo contrario; son más de 500 páginas en las que repite,  una y otra vez, la situación de poco respeto al voto del celibato que se vive en la Ciudad del Vaticano, la mayoría de las veces con intercambios de parejas homosexuales aunque también los hay heterosexuales. Eso sí, no menciona gracias a Dios ningún acto de pedofilia; son contactos entre personas adultas que asienten, algunas veces por pagos de los servicios prestados y otras no

            Tras la lectura de 300 páginas lo he acabado dejando pues no conocía a los partícipes y la música de fondo era siempre la misma: a pesar del cambio de papas en la cumbre este tipo de conductas se habían convertido en un denominador común de todos los pontificados. Lo que me ha parecido más curioso es que los más homófobos, contra la aceptación de los homosexuales, lo son ellos mismos ¿Intentarán con sus palabras cubrir su comportamiento?

Ignoro si todo lo que cuenta el libro es verdad, soy consciente de que habrá multiplicado los números para hacerlo más escandaloso, aunque parece bien documentado. Su lectura me ha hecho sacar conclusiones

 La primera es el tema del celibato, muy difícil de cumplir en una sociedad altamente sexualizada y en la que el sexo ha dejado de verse como una pulsión negativa del ser humano sino más bien lo contrario. Es un gozo que ha colocado Dios en las personas para que no vivan en aislamiento, se junten con los demás y en estas relaciones puedan encontrar el amor… o no. Para los cristianos ha sido un tema tabú, mal tratado durante siglos: mientras que los casados eran considerados como cristianos de segunda clase, a muchos varones, que querían ser sacerdotes, se les obligaba a cargar con el celibato, un peso para el que no estaban preparados. También esta situación permitía que la Iglesia fuera un refugio para las personas que se sentían con inclinaciones homosexuales que pasaban desapercibidas dentro de una institución en la que sólo vivían varones

            Estamos en plena época de Cuaresma y me echó en cara la asistenta que había puesto carne como menú el miércoles Santo. Traté de explicarle, aunque era inútil pues la idea de la abstinencia la vivía con plenitud, que había cosas más útiles de las que prescindir en estos días cuaresmales. Traigo esta anécdota para referirme a que la Iglesia ha puesto mucho peso en los temas del cuerpo cuando se consideraba que eran enemigos del alma pero hoy, vemos a la persona como un todo, en las que tienen una plena y natural cabida las necesidades corporales.

            Hay que hacer muchos cambios en la Iglesia pero creo que debe empezar por el tema de la alcoba: desde mi perspectiva tenemos que defender que tras su puerta las parejas hagan lo que quieran siempre y cuando no dañen a los demás: Ni celibato para los sacerdotes diocesanos, ni mirar con desprecio a los homosexuales, ni prohibición de usar métodos anticonceptivos para el resto. A todos nos iría mejor.

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“El celibato y el abuso sexual ante el próximo Sínodo (Reflexiones de un cristiano de a pie)”, por Miguel Sánchez Zambrano

Lunes, 4 de marzo de 2019
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orthodox-calendar-2014-6Agradecemos a su autor el envío de este artículo:

Surgen por doquier sacerdotes implicados en abusos sexuales, incluidos miembros de la Jerarquía que bien los han cometido o los han silenciado.  Últimamente: el Arzobispo de Santiago de Chile, Ricardo Ezzati; de Washington, Theodore McCarrick; de Lyon, Philips Barbarin y el Cardenal australiano, miembro de la curia Vaticana, George Pell.

Cabe preguntarse si ayudaría a erradicar esta lacra el celibato opcional y la homosexualidad aceptada y asumida por la Iglesia, pudiendo sus ministros contraer libremente matrimonio y desarrollar plenamente su mundo afectivo-sexual. El amor a otra persona (hombre o mujer) no puede ser obstáculo para trabajar por el Reino, sino una autentica ayuda para el trabajo apostólico.

El celibato como Carisma

La Iglesia considera al celibato como don de Dios, carismático y gratuito. Dios puede llamar al sacerdocio y no hacerlo al celibato. Cuando un clérigo soporta con amargura la obligación de la abstinencia, queda patente la ausencia del carisma, aunque sienta verdadera vocación. Imponer lo que es un don gratuito de Dios, esta avocando a nefastas consecuencias.

Naturalmente el Celibato tiene características y valores extraordinarios, como Gracia concedida por Dios: la persona, se siente más libre, disponible y comprometida. Pero al ser contrario a la naturaleza humana, la soledad afectiva que conlleva, puede desembocar en el abuso sexual. La obligatoriedad no se contempla en la Iglesia de Pedro y Pablo. Aquel estaba casado (Mc.1, 3), igualmente Judas Tadeo. Felipe tuvo hijas (Hch.21, 9). Solo se conoce a Juan como Apóstol célibe. Jesús trata expresamente el tema cuando los discípulos le dicen que, según su doctrina respecto al divorcio: “no trae cuenta casarse” (Mt.9, 10). Jesús responde: “No todos pueden casarse, solo aquellos a quienes Dios se lo ha concedido”, excluyendo la exigencia del Celibato. Pablo consideraba al célibe ungido por la Gracia, obviando su obligatoriedad (1 Cor.7, 7), corroborándolo al manifestar “sobre el celibato no he recibo ningún mandato del Señor “(1Cor.7, 25).

El Concilio de Elvira (Granada, 320) prohíbe, por primera vez el acto conyugal, sin vetar el matrimonio. Se intentó en Nicea (325) sin lograrlo, al instar el Obispo Pafnucio “no imponer yugo tan pesado, pues el matrimonio es muy honroso, no afligiendo con prohibiciones agobiadoras, pues todos los hombres no pueden soportar la continencia”. El de Gangra (365) declara: “Nosotros admiramos la Virginidad y al mismo tiempo honramos la compañía santa del matrimonio”. El de Seleucia (497) autoriza contraer matrimonio, invalidándolo más tarde, por ley, el Concilio II de Letrán (1.138). El Arcipreste de Hita narra, en el Libro del Buen Amor, la tenaz resistencia de los clérigos a dicha ley. Los mismos reyes siguieron favoreciendo a los clérigos para hacer a sus hijos herederos legales: Fernando III el Santo impone duras penas contra quienes obstaculicen esos derechos. En igual sentido legislan las Cortes de Castilla. En 1.318 Juan XXII confirma la heredad de los hijos de los clérigos.

Es en Trento (1563) cuando el celibato se impone definitivamente, sin acatarse plenamente: El Sínodo de Osnabruk (1625) afirma que “numeroso clero goza de compañía femenina, manteniendo a sus hijos con el patrimonio de la Iglesia”.

El Vaticano I (1869) plantea el celibato opcional, sin aprobarlo. En 1970 el Concilio pastoral holandés lo aprobó por mayoría absoluta. Tomaron idéntica postura la Conferencia Episcopal norteamericana y la Comisión Internacional de Teólogos, ante el sínodo de 1971, solicitándolo nueve Conferencias Episcopales. Tampoco se logró. En los años 90 el obispo Buxarrais opinaba que “los obispos no deben temer al Papa y pedirle la ordenación del casado”. De nuevo se acallaron las voces.

Motivos del celibato obligatorio

Dos son las causas principales de algo que ni Jesús ni los Apóstoles impusieron y la Iglesia no plantea hasta 320 años después: La primera, la doctrina peyorativa del matrimonio, asumida por la Iglesia. Tras la legalización de Constantino, esta se encuentra en una sociedad marcada por el helenismo y la doctrina gnóstica, influyendo decisivamente en las costumbres cristianas. Esta doctrina entiende al espíritu encerrado en el cuerpo del que hay que liberarlo de todo lo malo de este, especialmente lo relacionado con el sexo, sentándose las bases para prohibir el matrimonio a los consagrados.

La segunda será de tipo económico: desde su legalización, la Iglesia acumula riquezas, donadas por el Emperador, rompiendo con la fidelidad a la filosofía de vida del Maestro. Ante el acumulo de bienes, el Emperador Justiniano prohíbe ordenar obispos con hijos “para que los bienes donados a la Iglesia, no los emplee el Obispo en provecho propio o de sus hijos” (Codex Just.1, 3,41), constatándose que el celibato obligatorio no se sustenta en ningún principio evangélico.

Graves riesgos

clericalismoEl amor, como don de Dios, es un elemento decisivo para el equilibrio psicológico. Ser célibe implica aceptar cierto vacío que nada puede suplir. Si ese “ayuno emocional” no se hace desde la libertad, la persona padecerá una especie de “hambre interior”, abocándose a otras salidas que mitiguen ese “ayuno”. Entre ellas, la relación intima (nunca exenta de afecto y ternura) se presenta disfrazada como solución a la infelicidad de la soledad afectiva, habitando dentro del disfraz el monstruo cruel del abuso al inocente.

Como consecuencia, desde una ingenuidad demasiado interesada, el consagrado ignora el límite entre lo afectivo y lo sexual. Así nacen unas expectativas, encantadoramente engañosas, facilitando los primeros pasos de acercamiento a la víctima, apareciendo las pseudo-justificaciones que anulan los deseos de luchar, originándose una enorme tensión interior, muy difícil de controlar. La vuelta atrás se hace tremendamente difícil, desabocando en el acto abusivo. Faltó honestidad y fortaleza para poner freno en ese primer momento y bloquear una relación afectiva, aparentemente inocua, que puede llevar el germen del abuso, que solo el adulto puede detectar.

Al comenzar una relación afectiva, el abusador en potencia puede creerse con fuerzas suficientes para no sucumbir a momentos delicados, apoyándose en su vocación, sin querer percatarse que tiene ante él una persona (el menor) frágil y vulnerable, en una posición extremadamente delicada, sin recursos personales para hacerle frente.

Esa es precisamente la esencia del abuso: David frente a Goliat, pero un David carente de piedra y onda, sin posibilidades de vencer.

Un daño irreparable

Ante el daño que sufren los menores bajo la tutela de religiosos y sacerdotes, la Iglesia que elogia la pureza sexual, no debería obviar (haciéndose cómplice de lo que puede venir) la turbiedad que puede albergar la pureza impuesta. Con los que manchan dicha pureza, Jesús lo tiene claro: “El que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino y le hunda en el mar” (Mt.18, 6, Mc.9, 42, Lc.9, 46).

Por si el drama de la pederastia fuera poco, está reapareciendo el fenómeno infravalorado de los abusos y violencia de miembros del clero hacia las religiosas. Francisco lo reconocía el pasado día 5, confirmándose la drástica caída de vocaciones femeninas. Demasiado drama para no hacer todo lo que sea necesario hacer.

 El Celibato opcional

La renuncia que el celibato lleva implícita, puede integrarse sintiendo que Dios es quien otorga dicha gracia, lo que no podrá percibirse desde la imposición obligatoria. Así, la renuncia a la más bella experiencia humana (la dimensión sexual del amor de Dios sentido entre dos), solo debería hacerse desde la libre aceptación de la virginidad como gracia que viene de Dios. Sin dicha gracia, el celibato impuesto expone al consagrado al drama del acto abusivo.

Según Santo Tomás las leyes positivas preservan los derechos instituidos por el Creador (Derecho Natural). Los Derechos dictados por los hombres son válidos si están en conformidad con aquellos. El celibato no pertenece al Derecho Natural. Sí lo hace el matrimonio. Pablo lo reconoce en las Cartas a Timoteo (Ti.3, 2-5) exponiendo las condiciones exigidas para ser Obispo, incluida la fidelidad en el matrimonio. Sin embargo, las recomendaciones para Obispos célibes no aparecen en la Escritura. Obispos y demás ministros tenían el derecho apostólico de casarse, conservándose hasta hoy en la Iglesia Oriental.

Al dirigirse a los grupos ascéticos de la Comunidad de Corintio, que deseaban permanecer célibes, Pablo responde que tal deseo no puede imponerse: “a todos les desearía que vivieran como yo (célibes), pero cada uno tiene el don que Dios le ha dado. Unos uno y otros otro” (1Cor.7 ,7).

Por último al imponer el Celibato, la Iglesia conculca el artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “los hombres y mujeres tienen derecho, sin consideración de raza, nacionalidad o religión, a contraer matrimonio y fundar una familia”.

La oportunidad del Sínodo

celibatoSon inmensa mayoría los sacerdotes (heterosexuales y homosexuales) que mantienen relaciones célibes, vividas como un don de la gracia del carisma recibido. Quienes lo viven impuesto, sin dicha gracia, pueden llegar al abuso sexual, escandalizando a la sociedad, llevando a la Iglesia a una de las crisis más profundas de la historia.

El Vaticano II, aprobando la ordenación diaconal de casados, mantenimiento el matrimonio en pastores protestantes que optaran por la Iglesia Católica, abrió el camino al opcional. El Papa reconoció recientemente que “el celibato no es un dogma de fe, es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia. No siendo un dogma de fe, siempre tenemos la puerta abierta para cambiarlo”. Igualmente reconoció, respecto a los homosexuales, que “yo no soy quien para juzgarlos”.

Con estas premisas, si el próximo Sínodo desea erradicar el drama, habrá de abordar actuaciones preventivas realistas, con la perspectiva del siglo XXI. Sirvan dos como ejemplo, ciertamente rompedoras con las directrices actuales: La abolición del celibato obligatorio y la despenalización moral de la homosexualidad. Ambas disposiciones rebajarían la inaguantable tensión que sufren muchos consagrados, incidiendo en la desaparición de la pederastia.

Si los dirigentes eclesiales fueran conscientes que con los cambios necesarios, ayudarían enormemente a combatirla, no dudarían en activar las reformas necesarias.

Francisco tiene el coraje necesario para dar un vuelco a la situación y el Sínodo, con todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales reunidos, se presenta como la gran oportunidad que, una vez más creo que han optado por perder. Algún día, la Iglesia debe mostrar su rostro Materno a quienes, no poseyendo la gracia del celibato, desean recibir la gracia sacramental matrimonial o, al menos, la gracia de la bendición conyugal.

Miguel Sánchez Zambrano

Psicoterapeuta de Familia y pareja  

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La renovación de los ministerios

Jueves, 28 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en La renovación de los ministerios

Grantchester-el-cluedo-del-sacerdote-mas-sexy-de-InglaterraMucho más allá del celibato opcional

Emilia Robles
Madrid

ECLESALIA, 11/02/19.- Vi en su día, a la vuelta del papa de la JMJ lo que decían algunos periodistas sobre sus palabras en el avión de camino a Roma, entre otras cuestiones sobre el celibato opcional (que el no aprobaría en su pontificado, desde su intención actual) y también otras reflexiones en positivo sobre la propuesta del obispo Fritz Lobinger (de que se pudieran aceptar otros ministerios ordenados) en lugares como la Amazonía u otros. Difícil abordar este tema de la renovación de los ministerios -que necesitaría varios libros y recoger diferentes aportaciones de diversos sectores de Iglesia- en un avión. Imaginé que lo publicado iba a suscitar reacciones y ya las estoy viendo. Unas con satisfacción y otras con mucha inquietud.

Entiendo bien, por un lado y me parece legítimo, que el papa quiera diferenciar entre lo que pueda ser reflexionado y aprobado en el Sínodo de la Amazonía: ordenación de personas (el especifica que varones) probadas en comunidades vivas y corresponsables, que puedan colaborar con los sacerdotes actuales, trabajado en consenso en las diócesis, frente a lo que muchos podrían entender como que el papa vaya a aprobar que “los curas se puedan casar” que es otra cuestión. Y también entiendo y comparto que diga que el celibato opcional no es la solución a la pederastia. No dio para entrar en la eclesiología que es básica para abordar el tema de los ministerios. Pero… bueno, el papa dijo lo que el pensaba en ese momento.

Es normal también que se haya suscitado agitación. Está el contexto, que tal vez no era el más adecuado para explicitar ciertos temas (aunque a veces no se pueda evitar) o cómo los periodistas transcriban ciertas cuestiones, máxime cuando hay teología de por medio. Y luego, lo que a cada cual le remueve. Me hago cargo de la desazón que ha producido la transcripción de las palabras del Papa, no sólo entre los movimientos de reforma de la Iglesia que defienden el celibato opcional, sino entre teólogas y teólogos y pastoralistas que justifican su necesidad, e incluso entre mucho cristiano de base, que, en las encuestas de opinión llevan años apoyando el cambio de la norma que obliga a que exista un único modelo de presbítero célibe (sin entrar en muchas más cuestiones eclesiológicas, sino solo guiándose de su sentido común).

Pero está muy bien diferenciar las cosas. La propuesta del obispo emérito Fritz Lobinger (ante los miles de comunidades sin Eucaristía en el mundo por falta de sacerdotes y por su inadecuada distribución) es que, en comunidades bien probadas, activas y corresponsables, se ordene a personas laicas, integradas desde hace años en las comunidades, para presidir la eucaristía y para realizar otras tareas que habitualmente estaban asignadas al cura célibe en el formato que venimos conociendo desde la Edad Media. Y que esto se haga en un consenso en las diócesis que lo comunican a Roma para su aprobación. Exige por tanto, un proceso desde las diócesis. Y creo que lo que el papa dice -si he sabido leer bien entre líneas- es que lo que se puede y se quiere debatir en el Sínodo de la Amazonía es esto y no otra cosa.

En Proconcil hemos explicitado, difundido y profundizado en esta propuesta del obispo Lobinger (recogida en castellano en dos libros que tiene además incluida una aportación teológica), por su enorme interés, por la eclesiología en la que se basa y por lo bien desarrollada que está desde principio a fin. Eso no quiere decir que, en su desarrollo no puedan surgir problemas o contradicciones que habrá que solucionar en el contexto. Tampoco quiere decir que vaya a resolver todos los problemas que tiene la Iglesia en relación a los ministerios. Pero este tema no lo voy a tocar, porque necesita mucha amplitud y ya lo haré en su día en un espacio más adecuado.

La principal finalidad (aunque no la única) de estas nuevas formas ministeriales, a las que el papa alude que se podrían permitir, es que no haya comunidades sin Eucaristía. Y ahí es donde el papa cita a Henry de Lubac (aunque el periodista no lo nombre, no sé si el Papa lo nombró o no) hablando de la importancia de la Eucaristía que construye a la Iglesia y se hace en ella. De manera que la Eucaristía es esencial en la Iglesia y es un bien mayor que una ordenación jurídica que reduce la potestad de presidir la Eucaristía a un modelo de presbítero como el que conocemos. Y esto es lo que, según el Papa, justificaría que en lugares “recónditos” se admitan nuevas formas de ministros ordenados (o no ordenados, pero, en cualquier caso, reconocidos por Roma) que atiendan a las necesidades de las comunidades y en particular a la celebración eucarística, siempre desde su pertenencia a ellas.

Hay personas, sobre todo en la Jerarquía, pero también en algunas comunidades que tienen mucho miedo a que desarrollar una propuesta de renovación de los ministerios sea dar pie a “que los curas se casen” y a cuestionar el sacerdocio célibe de los actuales curas. Y el papa hace bien, desde mi punto de vista en salir al quite de esos temores. Porque el mismo Lobinger se esfuerza mucho en que los sacerdotes actuales no vean estas nuevas formas ministeriales, alguna de ellas ordenada, como una competencia amenazadora hacia los actuales sacerdotes, o un rebajar su “don celibatario” (que se supone que defienden como libremente aceptado) Ese es un aspecto, que seguramente el Papa ha logrado con esta comunicación.

Pero tampoco es de recibo que la palabra del Papa produzca desazón en aquellos que buscan una renovación de los ministerios. Y seguramente no ha sido esa su intención. Lo que ocurre es que en la comunicación no bastan las intenciones para garantizar los resultados (porque es un proceso mucho más complejo en el que intervienen muchos factores: instrumentos, personas, lenguajes, contextos, imágenes culturales, etc.). Hay otro problema añadido que está en la recepción de la palabra del papa (de este y de otros) y es el valor que se le da a la palabra de un papa sin diferenciar mucho en qué contexto se dice esta palabra. No es igual hablar en una entrevista (como sucede con el libro de Fernando Delgado) que hablar en un avión, que hablar en un documento menor, o hablar en una Encíclica…

Y una consideración más. La palabra de un papa sobre una disciplina como la que durante estos últimos siglos nos ofrece un único modelo de presbítero, célibe y formado en los seminario como los conocemos ahora (y esto Francisco lo sabe bien) y máxime este tipo de palabra (breve) en este contexto (de una entrevista en un avión) no es la palabra de la Iglesia. En el tema de ministerio presbiteral que es clave para la Iglesia y cuya regulación jurídica no es un dogma de fe sino una cuestión disciplinar, tienen que hablar las comunidades y tienen que hablar los teólogos, los pastoralistas y otros expertos acreditados, además de otros obispos, en un clima de conciliaridad y sinodalidad. Y desde mi punto de vista no centrar el tema en el celibato, porque el tema de los ministerios hay que abordarlo desde otro enfoque.

Me parece magnífico que el papa cite a Henry de Lubac como teólogo, hablando de la primacía de la Eucaristía sobre los formatos ministeriales y a un pastoralista y además obispo, como Lobinger, lo que muestra su preocupación y su investigación sobre el tema. Espero también en la Iglesia la fuerza de una teología que sitúe los dos grandes pilares de la Iglesia en Jesus de Nazareth y la comunidad, en vez de centrarse tanto en los ministros ordenados que deben ser servidores de comunidades verdaderamente eucarísticas.

Confío también en que se siga profundizando (ya lo hacen muchos teólogos) y se difunda ampliamente una teología del Espíritu Santo que acompaña a las comunidades y reparte sus dones en ellas, sin ningún tipo de discriminación, de manera que no queden desatendidas en ningunas de sus necesidades y que no se pierdan dones y carismas. Y en que sepamos alcanzar consensos que agrupen y no dividan a las comunidades. Mientras esto no se entienda y se practique, de poco valdría que un papa aprobara el celibato opcional. Y el día en el que esto se practique de forma extensa, no habrá un papa que detenga una verdadera renovación de los ministerios. Si alguno lo intentara se expondría a cometer un gran pecado y probablemente a provocar un gran cisma, porque no se puede asfixiar al Espíritu.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Obispo de Magdeburgo: “Argumentar contra las mujeres sacerdotes solo con la tradición ya no convence”

Martes, 19 de febrero de 2019
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Gerhard_Feige_4Monseñor Gerhard Feige sostiene que el celibato obligatorio “no es derecho divino”

“El Espíritu de Dios, ¿no podría estar conduciéndonos a nuevas percepciones y decisiones?”

(Cameron Doody).- Pese a las repetidas ‘noes’ de la jerarquía, la cuestión de la ordenación de mujeres sigue siendo abierta para el obispo de Magdeburgo (Alemania), Gerhard Feige, quien ha sostenido que “rechazarlo rigurosamente y argumentar [contra ello] solo con la tradición ya no convence”.

Eso vendrá”, ha afirmado Feige en una entrevista con la agencia alemana de noticias católicas KNA en cuanto a las mujeres sacerdotes. Si bien el prelado ha matizado que ahora no es, a su juicio, el momento para avanzar con ello, ya que sigue habiendo mucho fieles en contra y se corre el riesgo de romper a la Iglesia, sí habrá un futuro en el que las mujeres asumirán las funciones presbiterales. “Hace tiempo no lo hubiera pensado”, añadió el obispo.

¿El punto de inflexión para el prelado alemán? El pontificado de Francisco, quien ha hecho hincapié en el hecho de que la doctrina de la Iglesia no se puede preservar sin permitir su desarrollo. Dos mil años de historia dan para muchas novedades para el obispo de Magdeburgo, quien se ha preguntado: “El Espíritu de Dios, ¿no podría estar conduciéndonos a nuevas percepciones y decisiones?”

sacerdotisas-anglicanas

El celibato “no es derecho divino”

En conversación con KNA, el obispo Feige también ha abogado por una revisión del celibato obligatorio de los clérigos, el cual, ha afirmado, “no es derecho divino” y también que “puede volverse comprometedor en el curso de la vida”.

Es por razones así que los curas casados, ha continuado el prelado, son “perfectamente concebibles, y de hecho ya lo son -y no por ello menos dignos ni sacramentales- en las Iglesias Católicas Orientales. Ya que no hay problema en la teoría, la única cuestión que queda es cómo ponerlos en la práctica en la Iglesia romana global, ha explicado.

Un sacerdocio menos “arcaico-burgués” y más “dinámico-alternativo”

Para el obispo Feige, las posibles introducciones del sacerdocio femenino o de los curas casados son importantes en cuanto respuestas al panorama social cambiante en su estado de Sajonia-Anhalt, donde un 80% de la población ya no es creyente, y frente a lo cual se ha hecho necesario que todos los sacerdotes sean menos del modelo “arcaico-burgués” y más del modelo “dinámico-alternativo”.

“Aquí conocemos a gente que, sin cristianizar, puede aún no haber tenido experiencias decepcionantes con la Iglesia y está más abierta de miras, y en semejante sociedad secular intentamos no enseñar ni disciplinar a nadie desde arriba, sino servir de verdad”, ha explicado Feige.

Fuente Religión Digital

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Cardenal Schönborn: “Los matrimonios gays testimonian que el matrimonio es un bien importante”

Viernes, 8 de febrero de 2019
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matrimoniogay1Al arzobispo de Viena le “conmueve” que haya parejas del mismo sexo que quieren casarse

De Jesucristo “no recibo ninguna respuesta clara” sobre la necesidad del celibato, se sincera

Mientras las tradiciones sean más importantes que la alegría del Evangelio, [Jesucristo] diría que no tenemos el equilibrio correcto”

(Cameron Doody).- Al cardenal Christoph Schönborn le “conmueve” que, “en un momento en el que el matrimonio está perdiendo su atractivo”, haya parejas del mismo sexo que quieren casarse “y tener así la forma más alta de relación. Así se ha expresado el arzobispo de Viena en una entrevista en la que también ha afirmado que los matrimonios homosexuales “testimonian que el matrimonio es un bien importante”.

Hablando con la revista alemana Stern, el cardenal Schönborn no solo elogió así a las parejas y matrimonios del mismo sexo, sino que reveló que la Iglesia austriaca ya ha aceptado que el Estado decidiera que otras formas de relación merecen un reconocimiento legal.

“Para ser honestos, ya hemos aceptado desde hace mucho tiempo que el Estado permite otra forma de matrimonio”, declaró el purpurado, añadiendo que “si así lo quiere una mayoría parlamentaria, el Estado lo debe hacer”. Eso sí, el cardenal se reservó el derecho de la Iglesia de definir el matrimonio de otra forma, según sus doctrinas, y de “levantar la voz cuando creamos que este camino para la sociedad entera no está bien”.

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El matrimonio gay no fue la única polémica que el cardenal Schönborn abordó con Stern. También se refirió a la discusión en la Iglesia universal sobre el celibato obligatorio del clero. Al ser preguntado por si Jesucristo realmente hizo tanto hincapié en el celibato, el purpurado respondió: “Yo a menudo le pregunto eso”.

“No recibo ninguna respuesta clara” sobre la necesidad del celibato, se sinceró Schönborn. “Pero Jesús dice claramente: ‘¡No tengas miedo!’ En sus discursos, hizo énfasis en que uno no debe colocar las tradiciones por encima de su frase crucial: ‘ama a tu prójimo como a ti mismo'”. “Mientras las tradiciones sean más importantes que la alegría del Evangelio, Él diría que no tenemos el equilibrio correcto”, explicó el cardenal.

Otro asunto de actualidad eclesial que el arzobispo de Viena discutió con Stern fue la cumbre anti-abusos convocada por el Papa Francisco para finales de este mes. El cardenal advirtió de que “no se puede esperar milagros” de esta reunión entre el pontífice y obispos de todo el mundo, añadiendo que poner el tan anhelado fin a la crisis de pederastia “será un proceso dolorosamente largo”, y que lo importante por ahora es “desarrollar una conciencia” sobre los daños que los abusos producen en las víctimas y “encontrar un camino” juntos para traerles curación.

Fuente Religión Digital

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La Archidiócesis de Paderborn (Alemania), dispuesta a ordenar sacerdotes homosexuales

Lunes, 4 de febrero de 2019
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el-armario-eclesiastico-y-los-sacerdotes-gayscontact-menke-peitzmeyerMichael Menke-Peitzmeyer,

La Archidiócesis de Paderborn, contradiciendo al Papa Francisco, ha declarado que la homosexualidad no será un criterio de exclusión para ordenar sacerdotes. 

El rector del seminario mayor de Paderborn (Alemania), Michael Menke-Peitzmeyer, declaró en la cadena de televisión estatal WDR lo siguiente: “Tenemos que distinguir entre la orientación homosexual de una persona y la práctica homosexual. Si cumplen con el celibato, los homosexuales serán aceptados para su ordenación sacerdotal”.

Para esta archidiócesis, lo más importante es que el aspirante a sacerdote se comprometa con el celibato, sin importar su orientación sexual. “Que alguien mantenga relaciones homosexuales habituales sí es, creo, un criterio para excluir a esa persona del sacerdocio”, dijo Menke-Peitzmeyer.

 Sin embargo, la Iglesia católica no opina lo mismo y en el documento El Don de la vocación presbiteral – Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, que aprobó el Papa Francisco en 2016, se especifica claramente que “la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay, ya que dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas”.

Pero la Iglesia alemana parece que no va a darse por vencida tan rápido ante el Vaticano y han dado muestra desde hace tiempo de sus desavenencias con la cúpula eclesiástica. Franz-Josef Overbeck, obispo de Essen, ya pidió en su día una reevaluación de la homosexualidad y su teología moral por parte del Vaticano. Sea como sea, Overbeck ha pasado de formar parte de la “línea dura” de la Iglesia católica alemana a encontrarse entre los que defienden una cierta apertura. En el pasado, por ejemplo, el obispo de Essen llegó a afirmar que la ley de uniones civiles de Alemania no es moralmente defendible. Lo hizo con motivo de la noticia del enlace del entonces vicecanciller alemán, Guido Westerwelle. También en su diócesis se produjo el despido de una trabajadora de la limpieza en un jardín de infancia católico al conocerse que se había casado con otra mujer. Más recientemente, sin embargo, ha ido adoptando un tono más moderado, llegando a reunirse en varias ocasiones con representantes de grupos LGTB. Una apertura que en cualquier caso resulta tímida en comparación con otras iglesias alemanas, como la Iglesia Evangélica de Alemania, la otra gran confesión cristiana de ese país. Así por ejemplo la Iglesia Evangélica Luterana del Norte de Alemania aprobaba hace poco que sus pastores puedan convivir con sus parejas del mismo sexo en las casas parroquiales.

Overbeck se suma con estas declaraciones a la tendencia abierta por un pequeño grupo de obispos católicos, como el arzobispo de Berlín, Rainer Maria Woelki, que afirmó que las parejas estables homosexuales son “semejantes” a las heterosexuales, o el obispo de Évry-Corbeil-Essonnes, Michel Dubost, quien afirmó que los homosexuales “son bienvenidos” en la Iglesia católica. Ninguno de estos obispos “aperturistas” hacia la realidad LGTB, por cierto, es español.

El rector Menke-Peitzmeyer ha dicho que si, como se afirma, no hay relación entre pederastia y homosexualidad, tampoco se puede excluir a los varones homosexuales de la ordenación sacerdotal, ya que esto confirmaría que la homosexualidad no es una patología y sería una nueva liberación del colectivo LGTBI dentro de la Iglesia católica.

Fuente Agencias

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El desacuerdo “homosexual” con el papa Francisco

Jueves, 27 de diciembre de 2018
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curas-gaysA propósito de la entrevista-conversación mantenida con Fernando Prado

“Afrontar el problema del celibato sacerdotal es inaplazable ya en la Iglesia”

(Antonio Aradillas).- Acostumbrado a campear-campar, por esos mundos de Dios blandiendo banderas y símbolos de la verdad en el ejercicio-ministerio de la proclamación de la palabra, dejo constancia de que no se me vino al pensamiento que cuanto se relacionara con el papa Francisco habría de ser tratado siempre entre nubes de incienso y con turíbulos encendidos de alabanzas, plácemes e indulgenciados aplausos. Sin necesidad de tener que demostrar que la verdad, aún la no coincidente con la catequesis “franciscana”, tiene y tendrá cobijo por encima de todo también en RD, afronto estas sugerencias acerca de uno de los temas más delicados dentro y fuera de la Iglesia, en esta ocasión, en disconformidad con el Bergoglio.

Me sirve de vector la larga entrevista-conversación mantenida en el Vaticano con el director de “Ediciones Claretianas” Fernando Prado, y presentada posteriormente como libro, con literal referencia “oficial”, y casi dogmática, a la “Ratio —— en sus apartados—-.

Pese a sus frecuentes y desoladoras afirmaciones y convencimientos de que la homosexualidad sea causa y razón principal del alto e ignominioso índice de pederastia clerical -sacerdotes y obispos- que escandalizan y ensucian al personal “intra et extra Ecclessiam”, son muchos más los expertos en el terma que descartan tales coincidencias.

A la rotunda afirmación pontificia de que un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrase a Dios, por incapacidad de madurez humana y afectiva, le sobran dosis de rutinarias y enclenques doctrinas procedentes la mayoría de ellas de filosofías depauperadas y de zafias antropologías viriloides.

En la teología y en el evangelio –“palabra de Dios”– no tienen cabida aseveraciones como estas, al igual que tampoco la tienen ya hoy en los estudios seriamente científicos, a los que es imprescindible acudir para no errar los caminos, tanto temporales como sobrenaturales.

De oídas, y sin compartir institucionalmente la noche y el día con otros seres humanos, del mismo o distinto sexo, resulta prácticamente imposible idear y llevar a cabo cualquier programa de convivencia, que sea factible considerar con connotaciones de felicidad, por igual, para sí y para los otros.

Razonar “en el nombre de Dios” también acerca de la homosexualidad entre los humanos, por quienes hacen y practican los votos de castidad establecidos canónicamente, no avalará el acierto en los juicios que puedan formularse. Los votos, por muy espirituales que sean sus afectos, no son de por sí, milagrosos.

¿Qué afectos, o qué tipo de ellos, son los que les faltan o sobran a los “homosexuales para impedirles ser sacerdotes o personas consagradas a Dios”, tal y como proclama el papa Francisco? ¿Acaso los que describen los diccionarios técnicos, o los que expresa y define una gran parte del sentir popular coincidentes con la fuerza más o menos bruta del hombre varón –“vir” (por más señas)-, que los femeninos, frágiles y despreciables por naturaleza y consideración sociológica, todavía vigentes?

Somos ya muchos los que le pedimos a Dios que no sean estas enseñanzas concretas del papa Francisco sobre la homosexualidad, las que le hagan recordar en la historia eclesiástica, de modo algo similar a como aconteció con su antecesor Pablo VI, con la promulgación de la ominosa encíclica “Humanae Vitae”.

La sexualidad, y cuanto se relaciona con ella, no es ni el pecado, ni la virtud esencial o primordial en la concepción, vida y testimonio de Iglesia. Su puesto, sitio y posicionamiento en los Mandamientos de la Ley de Dios, es nada menos, que el sexto. Antes y después del mismo se contabilizan otros valores virtuosos más importantes, poseedores además de la madurez humana tanto para homosexuales como para heterosexuales.

Afrontar el problema del celibato sacerdotal, y el de los votos de castidad religiosos, con fórmulas opcionales, es inaplazable ya en la Iglesia, con lo que se clarificarían ideas y actuaciones, no pocas de ellas, hasta afrentosamente delictivas.

Los homosexuales, aún como personas, siguen siendo tratados injusta y perversamente, por lo que a muchos, las recientes palabras y valoraciones pastorales y ético-morales del papa, les suscitan la duda de que no sean de su propia cosecha, o al dictado de intereses innombrables, dado que, por ejemplo, la palabra “misericordia” de la que tanto uso salvador hace en su léxico pastoral y catequístico, no aparece por parte alguna en este discurso.

El pueblo de Dios echa de menos, ahora más que nunca, una puntualizaciones pontificias “franciscanas” respecto a la homosexualidad, al margen y en contra, de las doctrinas “oficiales” y “oficiosas”, hipócritamente vilipendiadas aún en las más altas esferas curiales. Las estadísticas -“palabras de Dios“- asombran a cautos e incautos, doctos e indoctos.

El machismo en la Iglesia y fuera de ella, es- tendría que ser- el verdadero y único destinatario de caudalosas torrenteras de signos y palabras lustrales de este papa y, tal y como están las cosas, de los venideros, para, con su condena, hacer Iglesia a la Iglesia.

¿Cuántos santos hubo y hay homosexuales, registrados, o no canónicamente en los “Años Cristianos” y cual de ellos sería declarado patrono de tal colectivo, con signos y símbolos también, y además, martiriales? ¿Solo a los homosexuales, y no a los heterosexuales, les habrá de pedir el papa ser “maduros y exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca, con su doble vida, a sus comunidades ni al santo pueblo de Dios”?.

De todas maneras, la reciente aseveración de que “hay cientos y miles de sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas”, formulada por el padre jesuita James Martín, con cesura eclesiástica, en su libro “Tender un puente”, invita a muchos, también al mismísimo papa, a revisar criterios mantenidos posiblemente que con ligerezas nefastas.

Fuente Religión Digital

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“La apostasía de los jerarcas”, por José Mª Rivas Conde.

Sábado, 1 de diciembre de 2018
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137d9cb2-ecfc-4f92-a980-753ef848d5a0José Mª Rivas Conde
Madrid.

ECLESALIA, 09/11/18.- No recuerdo a nadie de mi entorno haberse extrañado que se tuviera por exageración decir que es apostasía prohibir el matrimonio. Ni siquiera entre quienes lo sabían expresamente afirmado en la Escritura (1Tim 4,1-3). Éstos, además de acotarlo con mitigaciones diversas, daban como por sentado, que no debía entenderse literalmente; sino más bien a manera de exabrupto oratorio contra el excesivo entusiasmo por la virginidad, producido en varias comunidades primitivas.

La dureza y extremosidad del lenguaje de Pablo en el pasaje, puede que hayan ayudado a interpretarlo así. Pero pienso que lo más determinante quizá haya sido, lo mucho que asusta tener, en buena lógica, que considerar apóstatas al Colegio Episcopal y al Primado. Porque ha resultado que ellos son quienes han prohibido el matrimonio, aunque sólo haya sido al clero.

Asusta mucho porque al hacerlo se nos desvanece la seguridad y nos ahoga la angustia de sentirnos como cayendo al vacío sin nada a lo que agarrarnos. Pues se nos derrumba una de las certidumbres que se nos inculcaron como fundamentales: ser garantía de nuestro caminar y demanda primordial de la autenticidad de nuestro cristianismo en contraposición a los protestantes, la confianza ciega en nuestros pastores. La sintetizada en lo de “habló Roma, cuestión zanjada”.

Asusta también el profundo desgarro que arrastra la frustración de advertir que se ha gastado la ilusión, el entusiasmo, la vida, en hacer no el bien a los demás como se pretendía, sino en perjudicarles inculcándoles confianza, sumisión, fidelidad, apoyo… en los que en realidad son caña cascada. ¡Inconcebible que pasen de ahí quienes pueden llegar a la apostasía tanto como nosotros!

Y asustan además las condenas eclesiásticas y las repercusiones sociales que éstas han solido tener. Hablo de las condenas que hasta hace nada se lanzaban y a veces se añoran aún, contra los que en situaciones como ésta optan por atenerse a la palabra de Jesús. La de su respuesta a sus discípulos, cuando éstos le avisaron del escándalo de los fariseos por su enseñanza sobre lo del comer sin lavarse antes las manos: «Dejadlos; son ciegos que guían a ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán a la vez al hoyo» (Mt 15,14).

Que hayan sido el Primado y el Colegio Episcopal los autores de esa prohibición, quedó inobjetablemente asentado, una vez más, en mi anterior escrito (ECLESALIA, 20/10/2017). Pero no se trata de algo sólo del pasado tan cierto que no admita discusión; sino también de conclusión irrebatible del propio presente en el que vivimos. La vigencia actual de la ley que prohíbe al clero el matrimonio (CIC c. 277, § 1), se debe tan exclusivamente a su voluntad y decisión, como se debió su implantación inicial. No ya porque haya resultado ser así; sino porque no puede ser de otra forma: el mismo Vaticano II reconoce, como tengo repetido, que el celibato no se exigía inicialmente al clero, sino que fue ley surgida con posterioridad (PO 16,3), y nada más que al Primado y al Colegio Episcopal se les atribuye la capacidad de establecerla. Por considerarlos los únicos en la iglesia con autoridad para legislar, para prohibir y mandar.

Dejadlos”, no porque nieguen alguna verdad de fe; sino porque se apartan del sentir de Jesús, a pesar de profesar el credo en toda su integridad. Apartarse es lo que significa la palabra apostasía. Creen en la condición de Jesús, creen en el Padre Eterno, creen en el Espíritu. Creen en todo lo que la teología enseña como verdad de fe. Creen en su propia condición de testigos de Jesús y pastores de su pueblo. Pero se separan del parecer y criterio de Jesús, aquí en concreto en lo tocante a la sexualidad.

El papa Francisco, por cierto, parece no participar de este concreto distanciamiento. Inducen a pensarlo sus palabras en Grenoble el pasado día 17 de septiembre de 2018 a jóvenes franceses: “El sexo, la sexualidad, es un regalo de Dios”. Las vi en Religión Digital tres días después, en publicación de Jesús Bastante, que las da como noticia de Vatican News.

Conocer estas palabras del papa actual, me ha acrecido vigorosamente la esperanza de una pronta derogación de la ley del celibato, que es la última manera histórica de expresar lo que al principio se llamó sin más y con todas las letras “prohibición de matrimonio al clero”. Y me ha causado un gozo y una alegría grandes. Por disentir al fin y rectificar las tan opuestas de la jerarquía desde el desafortunado “San Siricio”, allá al final del siglo IV. Todas están recogidas en el archivo de la historia. Muchas se escucharon insistentemente en el Sínodo de obispos de 1971 sobre el sacerdocio ministerial, y contra ellas razoné prolija y reiteradamente en “El mito del celibato sacerdotal” (Madrid, 1976). Algunas de las más ominosas y bochornosas, de Siricio precisamente, las tengo también aducidas en varios de mis escritos publicados en este medio. A ellos me remito.

Todas esas palabras, tan incompatibles con las del papa Francisco en Grenoble, son el contexto histórico de las de éste último. En las de éste se aplica aisladamente a una parte lo que es condición de la totalidad a la que la misma pertenece. Es forma espontánea de enfatizar que la parte posee la condición propia del todo que integra, aunque no falten quienes lo hayan negado o nieguen. El todo aquí es indudablemente que el propio existir, tal cual se da en la realidad, es un regalo de Dios, un gran regalo.

No puede ser de otra forma lo que es creación de quien únicamente es Hacedor de bien. “Toda criatura de Dios es buena, y no hay nada que merezca repudiarse…” (1Tim 4,4). Por ello, aunque este texto sólo declare apostasía la prohibición del matrimonio, y sólo una a la misma la exclusión de alimentos, sin embargo también lo es vedar o restringir el uso de cualquier otra cosa. Obviamente cuando se pretende justificar en su imposible nocividad innata en orden a vivir en plenitud el cristianismo.

Que todas las criaturas son buenas mucho antes de usarlas e independientemente del modo en que se usen, lo enseña hasta la primera página de la Biblia. Es, por otra parte, el supuesto de las palabras del propio Jesús, incluso hablando sobre los alimentos: “el comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre” (Mt 15,20). Lo de que “… como se tome con hacimiento de gracias” del versículo 4 y el siguiente de 1Tim 4, son enseñanza de Pablo sobre la actitud con que deben disponer de todo lo creado los fieles, esto es, “los que han conocido la verdad plenamente”. Pero en modo alguno requerimiento para la bondad de las cosas.

A partir de la historia se concluye que la apostasía que consiste en separación o abandono del sentir de Jesús en algo, acecha de manera especial a quien ejerce autoridad, la tenga o no, la pueda o no tener. Es decir, al jerarca: primado, colegio episcopal, obispo, párroco, confesor, fundador de institución religiosa, guía, animador… Aunque riesgo también de cualquier creyente, sin embargo el resbaladero hacia ella más propicio para éste, no es el autoritarismo de los jerarcas justificado en lo de que “cuanto atéis en la tierra…”; sino el simplismo con que se entiende la recomendación bíblica de obediencia y sumisión a los guías (Heb 13,17).

Es el que se da al suponer en los pastores ―en razón de que éstos también han de dar cuenta― la cordura y el desvelo por el bien de los que tienen confiados, olvidando por completo que de entre ellos mismos, entre los mismos que “el Espíritu Santo […] puso por obispos para pastorear la iglesia de Dios […], surgirán hombres que enseñarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí”, (Hch 20,28-30).

La vigilancia, a la que en consecuencia exhorta este pasaje, constituirá obviamente cometido de los pastores de la Iglesia. Pero no por ello deja de ser responsabilidad también de los demás. Pablo en concreto no dejó de prevenir al respecto a los colosenses, simples fieles que habían conocido plenamente la verdad: “Nadie tiene por qué meterse a juzgaros por lo que coméis y bebéis, o por no guardar fiestas, lunas nuevas o sábados […] Si moristeis con Cristo desligándoos de la religiosidad rudimentaria del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais de ella, os dejáis imponer leyes? «No tengas relación sexual, no gustes, no toques»” (2,16-21). ¿Que es traducción un tanto libre? ¡Cierto! Pero da certeramente el significado. A ver si así lo entienden algunos más.

Llegue esto a suceder o no, lo más razonable es que todos nos mantengamos en principio en sumisión a los que se nos han dado como guías. Pero no deberíamos bajar del todo la guardia sabiendo, como sabemos hasta por la Escritura, que algunos de ellos “enseñarán cosas perversas”. Es la única forma de prevenir el riesgo de descarriarnos junto con ellos, cuando ellos se descarríen. Para tal prevención lo más eficaz y seguro, lo más asequible hasta para los más incultos o torpes, es tomar como motivo de alarma, o incluso de repulsa llagado el caso, la falta de relación de lo que nos enseñen o urjan con el amor al prójimo. El amor ―ya lo sabemos― es la síntesis de la Ley y los Profetas y la esencia distintiva de la moral de Jesús (Mt 25,31-46).

Podemos por tanto tomarlo como criterio certero de discernimiento entre lo éticamente malo y lo bueno, entre lo que es “cosa perversa” y lo que no, entre lo que “merece repudiarse” y lo que no. No lo merece lo que no produce a otros el daño que no se quiere para sí, ni lo que no tenga nada que ver con el mal del prójimo. Esto nunca podrá ser exigencia del cristianismo; sino, a lo sumo, norma organizativa del grupo u otro requerimiento de la vida y del ser temporales del hombre. Como lo es, por ejemplo, la cultura de cada pueblo y su folklore religioso. Para bajar de las nubes del teorizante, aplicaré dicho criterio a cuestiones concretas.

¿Qué mal hace al prójimo ordenar la incineración del propio cadáver; guardar, enterrar, esparcir por tierra, o arrojar al mar las cenizas? ¿O no observar la abstinencia y ayuno cuaresmales y de adviento; o el eucarístico? ¿O prescindir de los llamados “tiempos fuertes”? ¿Qué mal hace al prójimo la masturbación, el uso del preservativo, y las otras varias prácticas que, pese a estar “oficialmente repudiadas”, se dan de hecho en la vida de multitud de parejas, por más que ellas mismas se mutilen en algo su propia plenitud humana y la de su sexualidad? ¿Qué mal hace al prójimo no iluminar el sagrario con lamparilla de aceite; celebrar misa sin velas, de paisano, fuera del templo? ¿O no atenerse en ella al texto oficial; ni a los gestos, posturas y ceremonias prefijadas en el ritual? ¿O faltar a misa los domingos y días de fiesta, sin excluir con ello la del “recuerdo comunitario de Jesús” el día que fuere? ¿Qué mal hace al prójimo conferir el orden sacerdotal a mujeres, a casados, a solteros sin obligación de celibato? ¿O que ejerzan el ministerio los “secularizados”? ¿Qué mal hace al prójimo la comunión de los divorciados vueltos a casar, la de las parejas sin casar o casadas sólo por lo civil? ¿O comulgar y recibir cualquier otro sacramento sin antes confesarse de los “pecados graves”? ¿U olvidarse por completo de la llamada “confesión sacramental”? Etc., etc., etc.

¿Que con muchas de esas cosas se vulneran la veneración y la reverencia debidas a Dios y a lo “sagrado”? ¡No mucho más que las “vulneró” el propio Jesús con su doctrina y al comer y beber con pecadores o asumir el “roce” de prostitutas, para escándalo de los fariseos hasta condenarle a muerte de cruz!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Iglesia y sexualidad: los graves efectos del celibato y la abstinencia

Martes, 16 de octubre de 2018
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el-sexo-y-los-curasInteresante artículo leído en Religión Digital:

Un psicólogo chileno denuncia el “adoctrinamiento” católico “que genera inmadurez socio-emocional”

“El error de creer que la abstinencia sexual es una virtud es destructor del mejor funcionamiento de las personas”

“La incapacidad de la Iglesia para manejar el comportamiento sexual de sus consagrados se mantendrá mientras no cambie los supuestos falaces sobre sexualidad que su doctrina contiene”

Anthony Petro: “La disciplina del celibato, como es disciplina, puede cambiar”

El obispo de Maguncia aboga por una revisión del celibato obligatorio como respuesta a los abusos

(Claudio Ibáñez, psicólogo, en Ciper).- Debieron transcurrir tres siglos y medio para que la Iglesia reconociera oficialmente, en 1992, que Galileo estaba en lo correcto y sus teólogos profundamente errados: ¡la tierra gira en torno al sol! La tozudez eclesiástica para reconocer su error condenó a Giordano Bruno a morir quemado en la hoguera y a Galileo a prisión perpetua en su hogar. Que la Iglesia persista en creer, contra lo que la ciencia sostiene, que la abstinencia sexual es el camino a la perfección humana y que la abstinencia sexual es posible de por vida, es un error de impacto inimaginable e ilimitado que viene transformando a muchos de sus pastores en lobos y a miles de ovejas en víctimas.

IGLESIA Y SEXUALIDAD

En el Catecismo de la Iglesia Católica (CCE por sus siglas en latín), que es su compendio doctrinal, están sintetizadas sus creencias acerca de la sexualidad (CCE 2332-2351). Según el CCE, la castidad (abstención del goce sexual) es una virtud y todos los bautizados, en cualquier situación distinta al matrimonio (solteros, novios, separados, viudos, homosexuales, etc.), deben abstenerse de practicar la sexualidad. Las relaciones sexuales están permitidas solo entre casados y nada más que con fines reproductivos y de unión. El personal consagrado (sacerdotes, religiosos y religiosas) debe practicar la abstinencia sexual de por vida. Según el CCE, la castidad integra la sexualidad en la persona, desarrolla el dominio de sí mismo e imita la pureza de Cristo y, además, en el caso de los consagrados, el celibato (que es el estado de soltería) facilita de manera eminente la dedicación exclusiva a Dios (CCE 2337-2349).

Esta visión restrictiva, cuando no negativa, sobre sexualidad descansa, al menos, en dos grandes supuestos: que la abstinencia sexual es clave para la perfección personal y espiritual y que, además, es posible practicarla de por vida. ¿Cuál es el grado de verdad que estos supuestos poseen a la luz de la ciencia psicológica contemporánea?

PSICOLOGÍA, SEXUALIDAD Y SUBLIMACIÓN

El primero en plantear la importancia y fuerza de la sexualidad (libido) fue Freud, sosteniendo que su represión acarreaba grandes trastornos mentales. Sin embargo, postuló que si el impulso sexual no era satisfecho, la energía de la libido podía canalizarse y redireccionarse hacia objetivos superiores, mecanismo que denominó sublimación. En la actualidad, el concepto de sublimación, y el modelo hidráulico en que descansa, no cuenta con respaldo en la psicología empírica contemporánea (1), a tal punto que en los estudios científicos sobre regulación emocional el término sublimación ni siquiera aparece mencionado (2).

Hoy se sabe que los impulsos motivacionales no son sublimables. Para cada impulso existen satisfactores específicamente apropiados. Para el hambre la comida, para la sed el agua, para el amor el afecto, para el sexo el apareamiento. El hambre no se satisface observando obras de arte ni la sexualidad dedicando la vida a fines espirituales superiores.

El concepto de sublimación también es cuestionado por la psicología de corte existencial. Viktor Frankl, por ejemplo, sostiene que motivaciones como el sentido de la vida y el amor no resultan de la sublimación del impulso sexual, sino que constituyen fuerzas primarias fundamentales por sí mismas (3). Más recientemente, la Psicología Positiva ha puesto en evidencia que las virtudes, fortalezas y emociones positivas no son producto de la sublimación sexual, sino que el llamado lado luminoso de las personas existe por sí mismo, producto del valor evolutivo que ha tenido para el éxito de la especie humana (4 y 5).

LOS IMPULSOS Y SU FUERZA

Desde el punto de vista psicológico, las necesidades, motivos o impulsos son condiciones fisiológicas o psicológicas que movilizan al organismo, selectivamente, hacia un objetivo o satisfactor. Los motivos primarios o básicos (hambre, sed, respirar, dormir, sexo, crianza, etc.), llamados así porque tienen que ver con la supervivencia individual y de la especie, son innatos y su funcionamiento se sustenta en complejos mecanismos homeostáticos, neuroendocrinos y cognitivos.

Nuestras necesidades básicas están, habitualmente, satisfechas: respiramos, ingerimos líquidos y comemos varias veces al día y cada cierto tiempo realizamos prácticas sexuales. Como consecuencia, no nos damos cuenta de la fuerza que estos impulsos tienen, ya que la fuerza de un motivo o impulso solo se puede observar cuando está insatisfecho o “deprivado”, como se dice en la jerga técnica.

Los estudios motivacionales de deprivación en humanos, por razones éticas, son muy escasos. Existe, sin embargo, un estudio clásico sobre deprivación alimentaria, el Minnesota Starvation Experiment (6). Su objetivo fue investigar el impacto del hambre y generar medidas para su manejo en la Segunda Guerra Mundial. Se sometió a 36 voluntarios, de entre 22 y 33 años, a una drástica y sostenida restricción alimentaria durante seis meses. Además de la baja de peso y delgadez, los participantes comenzaron a exhibir trastornos emocionales: irritabilidad, agresividad, ansiedad, depresión, bipolaridad, comportamientos psicóticos y aislamiento social. La comida se transformó en una verdadera obsesión. Todo el funcionamiento de las personas giraba en torno a la comida. Pasaban horas revisando compulsivamente recetas de cocina, mirando fotos de alimentos y solo pensaban en las horas de comida. Los anodinos y escasos alimentos que recibían los aumentaban con agua y se quedaban horas comiendo, saboreando y lamiendo los platos. La comida aparecía en sus fantasías y en sus sueños. No obstante que habían adherido voluntariamente a las reglas del experimento, comenzaron a efectuar trampas y a ingeniárselas para obtener alimento.

Los experimentadores debieron establecer un sistema de vigilancia y de chaperones para asegurar el cumplimiento de las normas. La abstinencia había incrementado y exacerbado la fuerza del hambre, hasta transformar la comida en una obsesión.

La deprivación de cualquier impulso básico lo transforma en prepotente y dominante del comportamiento. En la literatura científica especializada no existe descrito ningún concepto o mecanismo que apunte a que tal energía pueda ser redireccionada hacia objetivos distintos a aquellos específicamente relacionados con la satisfacción de la necesidad insatisfecha. Si la deprivación de una necesidad básica se prolonga en el tiempo termina alterando todo el funcionamiento físico y psicológico de la persona, aun cuando la abstinencia sea voluntaria y la persona tenga un sentido superior para realizarla, tal como se observa en huelgas de hambre. En el extremo, la deprivación indefinida de una necesidad básica acaba con la muerte de la persona, tal como se observa en muchos casos de anorexia (7).

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LA ABSTINENCIA SEXUAL

Todas las teorías motivacionales consideran que el impulso sexual es una necesidad fisiológica básica que es tanto o más potente que el resto de las necesidades porque, aun cuando no tiene que ver con la supervivencia individual, de este impulso depende la supervivencia de la especie.

Hay situaciones reales en que la deprivación sexual ocurre, como, por ejemplo, en las cárceles. Y se sabe que en ellas, al igual que lo ocurrido en el estudio de Minnesota con el hambre, el impulso sexual se exacerba y aparecen todas las formas, subterfugios y resquicios imaginados para satisfacerlo, incluidos el abuso de poder, la violencia física y psicológica y las redes de ocultamiento.

La abstinencia incrementa la fuerza del impulso sexual. Pero ¿es posible la abstinencia sexual sostenida en el tiempo? En 1948 Alfred Kinsey informó los resultados de un pionero y, en su momento, controvertido estudio (8 y 9), porque sacó a la luz extendidas prácticas sexuales que se pensaba no ocurrían entre las personas, ni menos en la magnitud encontrada: masturbación, relaciones homosexuales y bisexualismo, tanto en hombres como en mujeres. Una de las cosas que puso en evidencia este informe fue que la abstinencia sexual permanente prácticamente no existía.

Que la abstinencia sexual permanente no existe o que, al menos, es muy difícil, se evidencia también en los resultados de los programas de educación sexual que promueven la “abstinencia hasta el matrimonio” como recurso para prevenir el embarazo: en lugar de disminuir el embarazo adolescente lo incrementan (10).

MOTIVACIÓN Y AUTOACTUALIZACIÓN

Maslow sostuvo que las necesidades humanas se ordenan en una jerarquía de predominio relativo, postulando que la motivación de mayor influencia en el comportamiento es aquella necesidad insatisfecha más baja en la jerarquía. En la base de la jerarquía están las necesidades fisiológicas (sed, hambre, respiración, temperatura, sexo, etc.). La insatisfacción de cualquiera de estas necesidades básicas no solo la transforma en predominante, sino que la vida de la persona comienza a girar en torno a la necesidad insatisfecha, lo que impide el avance hacia la maduración.

La satisfacción, al menos parcial, de las necesidades básicas, incluida la sexualidad, es clave para el desarrollo de la personalidad y el avance hacia la madurez, proceso que Maslow denominó autoactualización (11).

SEXUALIDAD EN EL CLERO

La cobertura mediática que reciben los casos de abuso sexual de menores por parte de consagrados de la Iglesia Católica, y que ya alcanzan magnitud de escándalo mundial, puede dejar la impresión que el tema se agota aquí y que los consagrados que no abusan de menores son, efectivamente, castos. De hecho, la Iglesia cree y ha hecho creer, sin un solo estudio que así lo demuestre, que la mayoría de sus consagrados son sexualmente abstinentes y viven de manera ejemplar su castidad.

En realidad, los estudios realizados por personas externas e independientes a la Iglesia muestran un panorama muy distinto. El abuso de menores es solo la punta del iceberg de la incontinencia sexual del clero. Otras prácticas, al no ser delitos, no salen a la luz pública y quedan ocultas en los confesionarios, como pecados, encubiertas por el manto del secreto.

Aunque no es el único, el estudio de Richard Sipe (12), basado en información recolectada durante 25 años sobre más de 3 mil sacerdotes, se considera el estudio de referencia sobre sexualidad en el clero. De hecho, sus estadísticas sirvieron, con impresionante precisión, para orientar la investigación periodística, de impacto mundial, sobre abusos sexuales del clero en Boston en 2001 (este trabajo del equipo periodístico de The Boston Globe fue llevado al cine por el film Spotlight, ganador del Oscar a la Mejor Película en 2015).

Richard Sipe concluye que los abusadores de menores representan solo el 6% del clero. ¿Qué ocurre con el resto? Entre el 80% y el 90% se masturba y el 50% de los sacerdotes practica relaciones sexuales adultas, tanto hetero como homosexuales.

Producto de sus relaciones sexuales muchos consagrados generan embarazos y procrean hijos. Vincent Doyle, hijo de sacerdote y fundador de Coping International.com (entidad dedicada a apoyar psicológica y pastoralmente a hijos de sacerdotes y vinculada con el Vaticano para estos fines) estima, conservadoramente, que existirían a nivel mundial alrededor de 4 mil niños hijos de consagrados.

La Conferencia Episcopal de Irlanda ha debido publicar una declaración que establece como responsabilidad principal de los sacerdotes que engendran hijos, el cuidado personal, moral y financiero del niño y de la madre. El Vaticano estudia adoptar esta declaración como guía de procedimiento mundial frente a estos casos.

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EL CELIBATO

La mayoría de quienes ingresan a la vida religiosa lo hacen en plena juventud, ilusionados con su vocación, pero psicosexualmente inmaduros y, lo que es más grave, desconocedores del impacto que tendrá en ellos, por un lado, la abstinencia sexual de por vida y, por otro, la carencia de una relación de pareja romántica, afectiva e íntima que el celibato implica. El resultado es que muchos llegan a ser intelectual y físicamente adultos, pero social, emocional, afectiva y sexualmente inmaduros, transformándose en furtivos transgresores de la continencia sexual.

¿Ha contribuido la castidad a generar seres humanos más virtuosos y de una espiritualidad superior a los laicos comunes y corrientes que no se abstienen sexualmente y disfrutan de su sexualidad? ¿Dónde están, entonces, los beneficios de la abstinencia sexual y del celibato planteados por el CCE?

En lugar de beneficios, florecen día a día las consecuencias negativas de la abstinencia sexual y del celibato, consecuencias que impactan de manera dramática a los propios consagrados, a quienes entran en contacto con ellos y a la Iglesia como institución.

Algunos argumentan que el celibato no es la causa de la crisis sexual en la Iglesia (13). Se plantea que no todos los célibes son abusadores de menores y que abusadores también se encuentran entre casados, entre no religiosos y en las propias familias. Estos hechos, sin embargo, solo demuestran que el abuso sexual infantil es un fenómeno complejo que tiene distintas causas, pero no permiten excluir, como causa basal de comportamientos sexuales impropios, a una sexualidad bloqueada y reprimida predicada como virtud cuando, en realidad, constituye el caldo de cultivo de expresiones delictuales o, al menos, insanas, pecaminosas y problemáticas de la sexualidad (14). Leer más…

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Cardenal Marx sugiere que una “cultura hostil a la homosexualidad” puede haber agravado los abusos

Lunes, 8 de octubre de 2018
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cardenal-r¿Está identificando homosexualidad con pederastia? ¿No será más bien el celibato y el clericalismo eclesial como forma de poder lo que la provoca, se sea homosexual o heterosexual?

Lleva a las personas a esconderse y tal vez aumenta el problema”, advierte el cardenal

Rechaza que el celibato y la pedofilia estén vinculados, pero propone un “buen diálogo” en la Iglesia sobre la sexualidad en general

(C.D./ANSA).- Ante los abusos sexuales en la Iglesia, los que se escuden en “excusas” como que todo es un montaje anti-católico o que son solo problemas aislados “son tan culpables de causar sufrimiento a las víctimas y se convierten de una forma en cómplices con los perpetradores.

Es la advertencia que ha lanzado el cardenal Reinhard Marx, hombre de máxima confianza del Papa Francisco, quien también ha afirmado que, en cuanto de la respuesta de la Iglesia a las agresiones a menores, “debemos agradecer la presión pública, las críticas y las voces de víctimas… que nos ayudan a mejorar”.

El cardenal Marx, arzobispo de Múnich y presidente de la Conferencia Episcopal alemana, participó la mañana de este viernes en la inauguración del Máster “Salvaguardia de los menores”, promovido por la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, y explicó sus posturas durante una conferencia de prensa.

Se refirió al estudio sobre casos de abusos de menores en la Iglesia Católica de su país, presentado el pasado 25 de septiembre, que halló pruebas de que casi 3.700 menores fueron abusados por clérigos entre 1946 y 2014.

“Los expertos dicen que no son el celibato en sí mismo, o la homosexualidad en sí, las causas de crímenes pedófilos, pero en realidad son estos aspectos vinculados con otros como la debilidad y la inmadurez los que pueden llevar a abusos”, explicó.

“Los especialistas dicen también que una cultura hostil a la homosexualidad puede llevar a las personas a esconderse y tal vez aumentar el problema”, agregó.

“En lo que a mí respecta son cuestiones que debemos enfrentar, no será aboliendo el celibato como resolveremos el problema pero la sexualidad en general con todas sus cuestiones son temas de los cuales podemos hablar con un buen diálogo, también con los teólogos”, explicó.

El cardenal Marx consideró que el Sínodo de Obispos dirigido a los jóvenes actualmente en curso en Roma es una buena ocasión para hablar.

“Creo que el Sínodo es una buena oportunidad para hablar de este tema. Hay distintas intervenciones al respecto, el tema está presente en todo el mundo”, dijo.

“Nosotros debemos concentrarnos sobre dos cosas esencialmente. Una, la Iglesia debe mostrar que es un lugar seguro para los niños. La segunda, los jóvenes quieren una Iglesia que sea una comunidad abierta, transparente e inclusiva”, concluyó el religioso alemán, advirtiendo a la vez de que solo un “cambio fundamental y sistémico” en la Iglesia evitará que la crisis de abusos vuelva repetirse.

Fuente Religión Digital

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