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La abstinencia sexual para católicos divorciados, un consejo del Patriarca de Lisboa que divide a Portugal

Lunes, 12 de febrero de 2018

manueljosemacariodonascimentoclemente¿Esta es la Iglesia samaritana?

Portugal es líder europeo en divorcios. 7 de cada 10 matrimonios acaban en divorcio

El patriarca de Lisboa, Manuel Clemente, recomienda abstinencia a los divorciados vueltos a casar

Podrán comulgar “en circunstancias especiales”

Teólogos y religiosos debaten ahora sobre si su mensaje se ha malinterpretado.

El cardenal-patriarca de Lisboa, Manuel Clemente, ha sorprendido hoy con un documento en el que recomienda abstinencia sexual a aquellos divorciados que se hayan vuelto a casar. La recomendación de abstinencia sexual a los católicos casados en segundas nupcias ha dividido a Portugal, líder europeo en divorcios y donde teólogos y religiosos se preguntan ahora si el mensaje se ha malinterpretado o si, por el contrario, la iglesia del país vive ajena a la sociedad.

El controvertido consejo se divulgó como una de las “líneas operativas” que el cardenal-patriarca de Lisboa, Manuel Clemente, dirigía a los religiosos para que sepan cómo acercar los sacramentos a los divorciados. El resultado, lejos de aclarar eventuales dudas, ha causado estupor.

Su consejo, destacado por todos los periódicos portugueses, es una de las conclusiones que extrae tras estudiar la exhortación apostólica Amoris Laetitia, un documento publicado en abril de 2016 en el que el Papa Francisco apoyaba el acompañamiento de las situaciones familiares “irregulares”, como los divorciados vueltos a casar.

Clemente apunta que el acceso a los sacramentos por parte de los casados en segundas nupcias puede darse “en circunstancias excepcionales”, pero sin “dejar de proponer la vida en continencia” en lo que llama “la nueva situación”, refiriéndose así a quienes tengan nuevo cónyuge si su primer matrimonio no ha obtenido la nulidad eclesiástica.

En cualquier caso, agrega, el acceso de los divorciados a los sacramentos se realizará “tras un largo camino de discernimiento” y con una evaluación de su situación que corresponderá en primer término a los confesores, que a su vez serán los encargados de recomendarles abstinencia.

Estas “líneas operativas”, como las define en su texto, han causado enorme sorpresa en Portugal, líder europeo en separaciones; por cada 100 matrimonios que se celebran en el país hay a su vez 70 divorcios, según la base de datos estadísticos lusa Pordata.

El divorcio fue legalizado por primera vez en Portugal en 1910, pero la firma del Concordato de 1940 con la Santa Sede lo prohibió para los matrimonios católicos y no volvió a ser legalizado hasta 1975, un año después de la Revolución de los Claveles que acabó con medio siglo de dictadura salazarista.

8-1-800x445“No es razonable”, afirma tajante Anselmo Borges, sacerdote y profesor de filosofía de la Universidad de Coimbra, que se ha erigido como una de las voces más críticas en el debate. “La iglesia no se debe meter en la vida íntima de la pareja. Luego, si efectivamente están casados, es natural que tengan relaciones sexuales, forma parte de la pareja. Si se forma una pareja no es para vivir como hermanos”, argumenta Borges, para quien la idea de la abstinencia “contradice la naturaleza de las cosas”.

Este sacerdote y académico lamenta que la moral católica “continúe muy centrada en el sexo” y apunta que declaraciones de este tipo pueden alejar a las personas de la iglesia, pues, aunque el cardenal de Lisboa solo tenga poder jurídico sobre su diócesis, socialmente es considerado el jefe eclesiástico del país.

Quizá por ello y para apagar el inesperado fuego causado por Clemente ya han hablado públicamente miembros de otras diócesis, como el padre Mário Tavares de Oliveira, asistente en Évora. “D. Manuel es obispo de Lisboa y sus orientaciones no son para la iglesia en Portugal ni vinculan a otras diócesis”, asevera al diario Público, idea con la que coincide Miguel Abreu, miembro de la diócesis de Viseu, en el mismo periódico: “Es su opinión”.

La prensa portuguesa se ha convertido en foro de discusión entre teólogos y religiosos que tratan de defender al cardenal de Lisboa, cuyas palabras habrían sido, sostienen, malinterpretadas o sacadas de contexto. “La expresión usada tal vez no haya sido la más afortunada para ser entendida por personas con lenguaje no eclesiástico”, indica en ese sentido el padre José Manuel Pereira de Almeida a Diário de Notícias. Y matiza: “Hay circunstancias en las que tendrá sentido proponerlo (la abstinencia sexual). Pero las personas deciden lo que les parece más adecuado”. Otros, como la doctora en teología Teresa Toldy, investigadora en la Universidad de Coimbra, ven en las palabras de Clemente “una enajenación completa en relación a la vida de las parejas”. “Es revelador de cómo se produce un discurso por parte de personas que, cuando hablan de matrimonio de manera dura y rápida, no saben de lo que están hablando y corren el riesgo de hacer propuestas ridículas”, afirma Toldy al mismo rotativo.

El revuelo ha llevado a pronunciarse al director del departamento de comunicación del Patriarcado, Nuno Rosário Fernandes, quien ha subrayado que es “equivocado decir que es el patriarca quien propone” el consejo de abstinencia porque “ya fue afirmado por Juan Pablo II en el Familiaris Consortio, una exhortación apostólica de 1981.

Fuente Agencias/Religión Digital

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El obispo de Palencia, abierto a modificar los estatutos de la Hermandad de Cofradías para eliminar la prohibición de que la presidan homosexuales, divorciados o dirigentes sindicales

Viernes, 31 de marzo de 2017

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“Siguiendo los pasos de Jesús, intentaremos que ese espíritu de Jesucristo se plasme en la letra de los estatutos”

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(Jesús Bastante/Agencias).- “Siguiendo los pasos de Jesús, intentaremos que ese espíritu de Jesucristo se plasme en la letra de los estatutos. Con decisión y tranquilidad, con rotunda normalidad, el obispo de Palencia, Manuel Herrero, se ofreció a abordar posibles cambios en los estatutos de la Hermandad de Cofradías de la ciudad, que en la actualidad impiden ostentar la Presidencia a gays, lesbianas, divorciados, parejas civiles o dirigentes sindicales.

Durante una rueda de prensa, el prelado se mostró abierto a tratar esta cuestión cuando concluya la Semana Santa. Aunque subrayó que esta pequeña marejada no es trascendental”, lo cierto es que la apertura del proceso electoral para presidir la Hermandad ha reabierto la polémica sobre los requisitos para ser candidato. Hay que dar solución a este pequeño problema”, admitió.

Entre ellos, algunos lógicos, como ser católico, estar bautizado o confirmado, junto a otros más discutibles, como ser divorciado, estar casado por lo civil, convivir con tu pareja, ser homosexual o pertenecer a un sindicato, informa Ical.

En este sentido, monseñor Herrero anunció que “estudiará los estatutos” para ver cómo se pueden modificar, y de quién tiene que partir la iniciativa, si de la misma Hermandad o del Obispado, aunque la última palabra, recordó, siempre será del obispo.

“Esperaremos que pase la Semana Santa para revisarlo y para que el espíritu de Jesucristo se plasme en los estatutos”, recalcó. Por su parte, la presidenta de la Diputación palentina, Ángeles Armisén, ha puntualizado que este organismo tiene un convenio con la Hermandad para apoyar la promoción turística de la Semana Santa, reconocida como de Interés Turístico Internacional.

Para Armisén, esta es la razón por la que se ha decidido mantener la subvención, -en contra de la solicitud de Ciudadanos y Ganemos, que pedían que se bloquease la ayuda hasta que no se modificaran los estatutos-, sin perjuicio de que se pueda abordar en el futuro “una mejor redacción de los estatutos”. “Pero eso corresponde hacerlo a la Hermandad”, ha insistido.

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Francisco cambia el protocolo para poder recibir a jefes de Estado con “una situación matrimonial irregular”

Domingo, 6 de marzo de 2016

macri-con-el-papa-2164451h540_560x280Así se hizo con Mauricio Macri, y se hará con Juan Manuel Santos

Con la anterior normativa, el nuevo cónyuge tenía que esperar en otra habitación durante la audiencia

El papa Francisco deberá divulgar en las próximas semanas las conclusiones de los dos sínodos sobre los cambios en la familia moderna, celebrados en 2014 y 2015, un documento muy esperado por los católicos

A peticióndel papa Francisco, el Vaticano cambió el rígido protocolo para las visitas oficiales de los jefes de Estado católicos que se han divorciado y vuelto a casar, los cuales podrán ser recibidos con la nueva esposa (o esposo) por el pontífice.

Según la página italiana especializada en información religiosa Vatican Insider, el pedido fue hecho por el pontífice argentino a la Secretaría de Estado, encargada de protocolo, incómodo por tener que recibir por separado a las nuevas esposas de casi todos los mandatarios latinoamericanos, entre ellos el argentino Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos.

Un gesto especial de Francisco con su compatriota, el presidente Macri, a quien recibió el sábado pasado en el Vaticano junto con su tercera esposa, Juliana Awada. En efecto se trataba de la primera vez que se rompían las estrictas reglas del Vaticano para las visitas oficiales, lo que fue notado tanto en el Vaticano como en Argentina.

La oficina de prensa del Vaticano no negó este jueves un cambio de las reglas, pero no quiso dar mayores detalles.

Según Vatican Insider, a petición de Francisco la Secretaría de Estado modificó el protocolo para las visitas oficiales de los jefes de Estado católicos que se encuentran en “una situación matrimonial irregular” para la Iglesia.

En el pasado tales reglas impedían que el mandatario fuera recibido junto con la nueva esposa por el papa, por lo que no aparecía como pareja en la foto oficial.

En general, la nueva esposa, aunque algunas llevaban numerosos años de matrimonio civil, tenía que esperar en otra habitación del Vaticano que el papa la saludara por separado después de la audiencia al marido.

La decisión no implica un cambio de la ley canónica, que considera ilegítimos tales matrimonios, sino una aplicación de un principio que defiende Francisco: que los divorciados vueltos a casar sean “integrados en la vida” de la iglesia aunque no puedan acceder a la comunión.

El papa Francisco deberá divulgar en las próximas semanas las conclusiones de los dos sínodos sobre los cambios en la familia moderna, celebrados en 2014 y 2015, un documento muy esperado por los católicos.

Es posible que el pontífice no revolucione la doctrina, pese a las esperanzas levantadas cuando invitó a la iglesia a no tener “miedo” a revisar las normas y tradiciones que ha ido adoptando con el pasar de los siglos, y se limite a abrir las puertas a una mayor participación en la vida de la Iglesia de los católicos que se encuentran en situación “irregular“.

Religión Digital/Agencias

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“Respondiendo a Munilla, obispo de San Sebastián”, por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Jueves, 12 de noviembre de 2015

obispo-munilla_560x280Leído en la página web de Redes Cristianas

En Religión Digital aparece hoy un artículo con este título: Munilla: “Es imposible que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar”, y con este sobre título, “Nosotros quiénes somos para rectificar la Palabra de Jesucristo”. Como quiero ser fiel a las palabras del obispo, y solo al final exponer brevemente mi opinión, organizaré hoy mi artículo de otra manera. Irán varios párrafos seguidos de monseñor Munilla, siempre en cursiva, y entre comillas. A veces introduzco una introducción para acortar las citas. Después yo colocaré mi breve comentario en escritura normal.

Monseñor Munilla:

“Algunos pensaban que iba a venir el Sínodo e iba a decir que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar. Eso no ha sido y es imposible porque es contradecir la fe de la Iglesia. Si para comulgar hay que estar en gracia de Dios y el divorcio y las nuevas nupcias es adulterio, ¿nosotros quienes somos para rectificar la palabra de Jesucristo?. Es imposible que el Sínodo pudiera decirlo y que el Papa pueda decirlo porque no tenemos autoridad sobre la palabra de Dios”.

en todo el documento ni se menta el tema de la comunión a los divorciados” sino que se habla del acompañamiento de los sacerdotes a estas personas para que estén más integradas en las comunidades cristianas “evitando toda ocasión de escándalo”.

El único caso en que se podría permitir la comunión a los divorciados y vueltos a casar sería aquel en que se constata “que es humanamente imposibleque los cónyuges separados vuelvan a juntarse” y siempre que estos “asuman el compromiso de vivir en continencia absteniéndose de los actos propios de los esposos”.

Y sobre los homosexuales, “”La Iglesia sabe que tienen dentro una cruz”, señala Munilla. Además, pide que “por favor no se compare una unión homosexual con una unión entre hombre y mujer” y pone de relieve la denuncia que hace el Sínodo a las “presiones de organismos internacionales que condicionan ayudas financieras a la inclusión en las leyes del matrimonio entre personas del mismo sexo”.

Y por fin un último párrafo que deja bien clara la mentalidad de Munilla: “Si usted está a favor de la anticoncepción, ha asumido la ideología de género, el homosexualismo, usted no va a conjugar la verdad moral con la caridad, sino que va a manipular la misericordia y la caridad para negar la verdad moral”

Ante estas afirmaciones dogmáticas y apodícticas, que no por ser hechas por un obispo son “ipso facto” verdaderas, sino en el caso presente, auténticamente embarazosas, complicadas, y, en mi opinión, escandalosas, me limito a recordar unos puntos esenciales que he tocado varias veces en este blog:

No es verdad que Jesucristo opinara algo sobre la comunión en pecado mortal, o no. Este concepto, el de pecado mortal que excluye de la comunión, no aparece ni una vez en el Evangelio, y era difícil que Jesús, que era judío, y estaba acostumbrado a celebrar la Pascua como una liberación, pensara que el pecado, el que fuese, debería impedir la recepción de la comunión. De hecho, según el Evangelio dio de “comulgar” a Judas, el Iscariote. Habría que decir a monseñor Munilla que no intente ser más “cristiano que Cristo”.

Como he repetido decenas de veces, Jesús no nos dejó la Eucaristía como una especie de don para los “buenos”, o como un privilegio, sino como un mandato: tomad, comed, bebed, haced. Todas las palabra en imperativo. De hecho, Santo Tomás de Aquino enseña que la Eucaristía es una de las maneras más preclaras de perdonar el pecado, también el mortal. En tiempo de Jesús no existía la confesión auricular, ni había ese rígido control que después impusieron algunos moralistas en la Iglesia. La pregunta se la devolvemos al obispo: ¿Cómo se atreven algunos en la Iglesia a corregir la plana meridianamente clara que nos legó el Señor?

Mandar asistir a la Eucaristía como precepto de la Iglesia, todos los domingos y fiestas de guardar, y negar la comunión, es, con toda evidencia, desconocer las esencia y el centro de la misma, pues el Señor nos la dejó como un banquete, en el contexto de una cena, que hasta puedo ser la Cena Pascual. Obligar a asistir a un banquete y prohibir comer en él no solo es una tortura kafkiana, sino una aberración.

Ni el obispo Munilla, ni ningún obispo o grupo de obispos tiene competencia para arrogarse autoridad moral para definir, o marcar, o describirla, por encima de la conciencia de cada individuo. ¿Con qué autoridad afirma el señor obispo de San Sebastián, –¿qué habrá hecho esta bella ciudad, Señor?-, que los que aceptan la anticoncepción, asumen la ideología de género, o el homosexualismo, niegan la verdad moral, y manipulan la misericordia y la caridad? (Esto último parece un obús en la línea de flotación de las ideas de Francisco. Pero, gracias a Dios, no hay ningún peligro de que la inmensa mayoría de los fieles de la Iglesia siga al obispo donostiarra antes que al sabio papa argentino).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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Munilla, el rostro de la Iglesia “Misericordiosa”: “La Iglesia sabe que (los homosexuales) tienen dentro una cruz”… Sí, donde nos crucifican algunos…

Miércoles, 28 de octubre de 2015

munilla_560x280Definitivamente este hombre es la cara más amarga y homófoba de una iglesia que dice ser misericordiosa. Oírle hablar es recordar las actitudes intransigentes de los dirigentes religiosos que criticaban a Jesús de Nazaret. Cualquier parecido con esa realidad no es mera coincidencia:

“¿Nosotros quiénes somos para rectificar la Palabra de Jesucristo?”

“La Iglesia sabe que (los homosexuales) tienen dentro una cruz”
.
“Si usted está a favor de la anticoncepción, ha asumido la ideología de género, el homosexualismo, usted no va a conjugar la verdad moral con la caridad”

Cree que el Sínodo sólo se refiere a si pueden ser profesores o padrinos

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha asegurado que el Sínodo de los Obispos sobre la Familia, que se clausuró el pasado sábado, no abre la puerta a que los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil puedan comulgar porque esto es “imposible”.

“Algunos pensaban que iba a venir el Sínodo e iba a decir que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar. Eso no ha sido y es imposible porque es contradecir la fe de la Iglesia. Si para comulgar hay que estar en gracia de Dios y el divorcio y las nuevas nupcias es adulterio, ¿nosotros quienes somos para rectificar la palabra de Jesucristo?. Es imposible que el Sínodo puediera decirlo y que el Papa pueda decirlo porque no tenemos autoridad sobre la palabra de Dios“, ha subrayado.

Durante su programa ‘Sexto continente’ en Radio María, al que ha tenido acceso Europa Press, Munilla ha criticado este lunes que ha habido “manipulaciones mediáticas” del Sínodo y ha negado que esta Asamblea General haya abierto la comunión a los divorciados. “Es absolutamente falso”, ha subrayado.

El obispo ha precisado que “en todo el documento ni se menta el tema de la comunión a los divorciados” sino que se habla del acompañamiento de los sacerdotes a estas personas para que estén más intregradas en las comunidades cristianas evitando toda ocasión de escándalo“.

En todo caso, según indica, la novedad que se introduce es una llamada a discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en los ámbitos litúrgico, educativo, pastoral e institucional pueden ser superadas y, a su juicio, no se refiere en ningún caso a comulgar sino a otras cuestiones “disciplinares” como “si un profesor de Religión divorciado y vuelto a casar puede seguir siéndolo” o “si una persona en esta situación puede ser padrino de bautizo”.

El único caso en el que los divorciados que se han vuelto a casar podrían ser absueltos por la Iglesia y podrían comulgar durante la Eucaristía, según ha matizado citando la Exhortación Apostólica del Papa Juan Pablo II Familiaris Consortio, sería aquel en el se constata que es “humanamente imposible” que los cónyuges separados vuelvan a juntarse y siempre que estos “asuman el compromiso de vivir en continencia absteniéndose de los actos propios de los esposos”.

Munilla también se refiere al tema de las personas homosexuales y dice que el Sínodo ha puesto una especial atención en la no discriminación y en el acompañamiento a las familias de estas personas. “La Iglesia sabe que tienen dentro una cruz”, señala Munilla. Además, pide que “por favor no se compare una unión homosexual con una unión entre hombre y mujer” y pone de relieve la denuncia que hace el Sínodo a las “presiones de organismos internacionales que condicionan ayudas financieras a la inclusión en las leyes del matrimonio entre personas del mismo sexo”.

Por otro lado, el obispo de San Sebastián recuerda que los padres sinodales denuncian en el documento la ideología de género y rechazan “con todas sus fuerzas” las acciones en favor de la anticoncepción, la esterilización y el aborto.

Para Munilla, un problema básico es que hay personas que “no creen en la verdad moral” pero que, al mismo tiempo, piden a la Iglesia “misericordia” y ha pedido no hacer “trampas”. “Si usted está a favor de la anticoncepción, ha asumido la ideología de género, el homosexualismo, usted no va a conjugar la verdad moral con la caridad, sino que va a manipular la misericordia y la caridad para negar la verdad moral”, ha advertido.

(Rd/Ep)

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Sínodo 2015: El problema no es la homosexualidad o el divorcio, sino la Eucaristía.

Domingo, 25 de octubre de 2015

12108956_510659295777934_6883277195880141532_nEl problema no es la familia, aunque pueda haber discusiones sobre su estructura sacramental. Nadie rechaza en serio a los homosexuales, ni la posibilidad de que establezcan “un tipo de matrimonio”, ni condena a los divorciados o separados.

A mi modo de ver, el problema del Sínodo es la Comunión: Si divorciados y homosexuales pueden compartir la eucaristía oficial de la Iglesia Católica.

Éste es el problema serio, pues afecta a la misma identidad de la Iglesia centrada más en la Eucaristía, con sus ministros canónicos (“sacerdotes”), que en la Palabra (en línea protestante). Es aquí donde escucho, día a día, las protestas de los que quieren mantener la identidad “tradicional” (iba a decir post-trindentina) de la Iglesia.

Se trata, por un lado, de un problema banal, resuelto de hecho por la praxis ordinaria de los “fieles”, pues en la inmensa mayoría de las iglesias y parroquias no te preguntan antes de comulgar si eres gay activo o divorciado vuelto a casar… pues los ministros no conocen a fieles, y si les conocen no hacen caso esos temas.

Pero es, en otro plano, el problema clave de la Iglesia: ¿Es ella capaz de crear verdaderas comunidades eucarísticas, en las que se comparta de verdad la palabra, y la experiencia de fe… y el camino cristiano? Ésta es la cuestión, en esto hay que insistir.

Éste es, finalmente, el problema real del Evangelio y de la Iglesia: La existencia de verdaderas comunidades, con ministros que broten de ella ¿qué pasa cuando un párroco tiene ocho y doce parroquias?, con verdadera identidad y autonomía. Ciertamente, el tema de las parejas gays es importante, lo que mismo que el divorcio, pero en línea eclesial viene en un segundo plano.

En la foto unos soldados argentinos comulgando antes de la batalla de las Malvinas donde, al parecer, algunos generales poco conscientes les mandaron a morir. No sé si Jesús hubiera dado la comunión a unos soldados “voluntarios” para el campo de batalla…A éstos quizá sí. ¡Ellos no tenían la culpa!

Ocho proposiciones.

images1. La eucaristía constituye la culminación de la experiencia cristiana. Pero, en sí misma, no es una experiencia solamente cristiana, sino que se encuentra vinculada a la experiencia universal de comer y comer juntos, dándose la vida unos a otros y comprometiéndose a compartirla. En ese sentido, lo que está en el fondo de la eucaristía es el sacramento de la comunicación universal y concreta de los hombres y mujeres. Por eso, en un plano, es importante vincular la eucaristía cristiana con otras experiencias religiosas y sociales de amor y vida compartida.

2. Históricamente, Jesús ha podido decir en la última cena las palabras centrales de la eucaristía, en la forma en que las ha conservado la tradición de la iglesia: Esto es mi Cuerpo… Ésta es mi sangre (la nueva alianza en mi sangre). Pero el dato histórico externo puede ser discutido, pues los estudiosos no están de acuerdo sobre la forma externa de la última cena. Sea como fuere, esas palabras centrales de la eucaristía condensan de forma admirable lo que ha sido la vida de Jesús, expresada como anuncio de Reino, amor que cura y pan compartido, vino de Reino.

Por eso, sin referencia al Jesús histórico, la eucaristía “cristiana” (confesional) pierde su sentido. Sólo aquellos que quieren ser seguidores de Jesús pueden asumir con sentido la eucaristía. No se les debe pedir otra cosa, sino si quieren estar en comunión con Jesús.

3. Tal como han sido recogidas, transmitidas y celebradas por la Iglesia, esas palabras eucarísticas han sido y siguen siendo pronunciadas por el Cristo Pascual. Ellas definen y actualizan su presencia: son la herencia que él ha dejado a sus discípulos, a todos los cristianos: Decid y Haced esto en memoria de mí. Pero esas palabras sólo son del Cristo en la medida en que las dicen con su propio “yo” los mismos cristianos, el conjunto de la iglesia.

Esas palabras son el “dogma” central, la vida de la Iglesia. En esa línea, podemos añadir que sólo son cristianos conscientes y maduros, en sentido activo, los que pueden ofrecer a los demás su cuerpo y su vida (como Cristo, con Cristo, en Cristo) diciendo: ¡tomad, esto es mi cuerpo…!

4. El Cuerpo de Cristo, es decir, la Eucaristía es ante todo la Iglesia, la comunidad de los creyentes reunidos, que recuerdan a Jesús y se comprometen a seguir realizado su obra. Ellos, los cristianos reunidos y en gesto de misión, son la “res”, la realidad del Sacramento. No son los hombres y mujeres para el pan eucarísico; es el pan para los hombres y mujeres. Por eso, el pan y vino son signo-sacramento real de la presencia de Cristo y de la comunicación entre los cristianos.

Esa presencia es “real”, siendo sacramental, una “presencia materializada”, no es puro encuentro de ideas o afectos intimistas… sino encuentro total de amor en unos signos económicos/alimenticios, que expresan el compromiso de dar y recibir, de compartir la vida. La realidad de la eucaristía es, por tanto, la comunión/comunicación de vida de todos los cristianos. La eucaristía no es algo que unos (los sacerdotes) hacen en nombre de todos, sino un gesto/don de amor que hacen y son todos los cristianos.

5. Una pequeña historia. A lo largo de los siglos, las Iglesias han organizado la eucaristía de Jesús conforme a los modelos sociales y sacrales de cada tiempo. Lo han hecho bien, han conservado la eucaristía. Lo han hecho bien: han precisado el sentido “dogmático” de la celebración y de la vida cristiana, dentro de su contexto cultural, tanto en los diversos documentos de la Edad Media latina como en el Concilio de Trento.

Esa historia sigue siendo normativa para los cristianos, pero no para encerrarse en ella, sino para seguir caminando desde ella, retomando el impulso eucarístico de Jesús, cuya primera eucaristía se celebró a campo abierto (multiplicaciones), sin preguntar a nadie si era judío o no judío, sin entrar en temas matrimoniales o de homosexualidad, sino sólo si quería bendecir a Dios y compartir el pan con los hermanos.

6. La celebración solemne de la eucaristía, de un modo oficial, seguirá estando presidida por un ministro debidamente “ordenado”, que en el momento actual, en la iglesia católica, es un obispo o presbítero varón. Ese tipo de celebración seguirá siendo normativa para la Iglesia oficial, hasta que ella misma no cambie sus normas. En esa línea, es importante recordar y actualizar el pasado, un pasado definido por la organización y celebración jerárquica de una eucaristía donde los celebrantes principales sólo han sido varones y varones consagrados de un tipo especial.

Esa historia ha sido positiva, pero es necesario completarla y actualizarla, desde el evangelio, desde la experiencia actual de la vida y desde el encuentro con las restantes religiones y culturas sociales. Eso significa que puede y debe haber otras formas de celebración de la eucaristía, partiendo del evangelio y de la misma realidad de las comunidades, que nombran sus ministros, para que presidan la celebración realizada por todos, de manera que la Iglesia, siendo católica y apostólica, no está ya ligada necesariamente a obispos varones y a presbíteros célibes.

7. Volver al principio, abrir caminos. Lo que importa es la palabra-experiencia de Jesús y de la Iglesia, donde hombres y mujeres comparten el cuerpo y la sangre: la vida… Esa no es una experiencia de algunos cristianos especiales, sino de todos… Esa tiene que ser una experiencia integradora, en tres niveles.

(a) Nivel particular. Cada comunidad cristiana puede y debe organizar su eucaristía, sabiendo que todos los cristianos son ministros de ella, por el hecho de estar bautizados (ser cristianos). Todos los cristianos, varones y mujeres, pueden y deben decirse “esto es mi cuerpo… tomad…”; todos son sacerdotes por don de Cristo.

(b) Nivel de catolicidad. Las eucaristía cristianas han de estar vinculadas, formando un “cuerpo universal”, católico, mesiánico, de humanidad. En ese sentido, las eucaristías de las diversas iglesias han de estar conectadas entre sí. La función del Papa y de las autoridades centrales de la iglesia no está en imponer un tipo de eucaristía, sino en mostrar y potenciar la unidad de todas las eucaristías.

(c) La eucaristía es, finalmente, signo de apertura misionera: la Iglesia (el conjunto de iglesias) tienen que ofrecer al mundo la experiencia y realidad mesiánica del amor y del pan compartido; la misma eucaristía se expresa y traduce en forma de misión, tal como lo han puesto de relieve los textos evangélicos de las multiplicaciones de los panes y los peces.

8. La familia “normativa” de la Iglesia es la comunidad eucarística, de la que participan todos los que quieren seguir a Jesús y crear comunión en su nombre. Por eso, el problema no es que quien comparta la eucaristía pueda estar divorciado (y vuelto a casar) o sea gay activo… El problema es que se sienta vinculado a Jesús y quiera formar iglesia con los restantes hermanos, en camino de conversión y solidaridad.

Dicho esto quedan abiertos otros problemas… Problema es el divorcio: que una pareja de cristianos se rompa, por las razones que fuere; es un problema que debe tratarse con gran delicadeza, respeto y compromiso creyente… pero sin expulsar al divorciado de la eucaristía. Problema puede ser en ciertos lugares y circunstancias el matrimonio gay… pero no para expulsar a los gays de la eucaristía, sino para recorrer con ellos el camino de Jesús, que es ancho y largo.

APÉNDICE: EUCARISTÍA, AMOR MESIÁNICO

(Breve teología eucarística)

images1Conforme al evangelio de Marcos, los discípulos piden a Jesús que celebre la pascua Judía (cf. Mc 14, 12). Evidentemente, quieren sacrificar el cordero pascual, para formar con Jesús una comunidad limpia, de puros observantes, retomando así el amor del Dios del Éxodo, que liberó a los hebreos de su cautiverio. Jesús, en cambio, asumiendo su raíz israelita, quiere celebrar una cena distinta, una comida de Reino, expresando así, en su despedida, el sentido del amor que movido todo su camino y que ahora culmina, en un contexto de muerte cercana. De esa forma ha interpretado la Cena Jn 13-17, presentándola como diálogo de amor.

En este contexto han introducido los sinópticos y Pablo la experiencia del amor eucarístico de Jesús, que se despide de los suyos diciendo que beban en su honor la copa, pues “ya no beberé del fruto de la vida… hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios” (cf. Mc 14, 25 par). Jesús se despide sabiendo que el amor del Reino llega y así lo expresa, conforme al testimonio de la iglesia, en los signos del pan y del vino, como indican los relatos paralelos de Marcos y Pablo:

El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y dando gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo (dado) por vosotros. De igual modo la copa, después de cenar, diciendo: Esta Copa es la Nueva Alianza en mi Sangre (1 Cor 11, 24-25).
Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan, bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi Cuerpo. Tomó luego una copa y, dando gracias, se lo dio y bebieron todos de ella. Y les dijo: Ésta es la Sangre de mi Alianza, derramada por muchos (Mc 14, 22-24).

Ambos textos reflejan la autoridad mesiánica de Jesús, que anticipa en su vida y entrega personal la plenitud escatológica del Reino, identificándose con el pan y vino compartido en su nombre. Lógicamente, su gesto y palabra sobre el pan ha de verse en la línea de todo su mensaje, en especial de sus multiplicaciones (cf. Mc 6, 30-44; 8, 1-10): su autoridad más alta es y será el pan compartido, que ahora se vincula al vino del banquete final, y no a los peces de alimento diario de las multiplicaciones. Leer más…

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Somos Iglesia: “La Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad”

Martes, 13 de octubre de 2015

media.media.8da8cf18-68f9-410e-b07f-7b26fff02711.normalizedEl portavoz de la organización de católicos laicos “Somos Iglesia”, Christian Weisner, propone que el Sínodo replantee su actitud hacia las parejas de hecho, los curas casados y los homosexuales. En una entrevista con Deutsche Welle, Weisner subraya que la Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad.

Señor Weisner, ¿qué espera del Sínodo de la Familia con respecto a los temas del matrimonio y de la familia?

Christian Weisner: La verdadera meta del Sínodo es determinar cómo la gente de hoy puede vivir mejor el Evangelio. Las relaciones económicas, la globalización, los refugiados, la obligación de tener que adaptar la vida familiar a la vida laboral son los grandes retos. Actualmente son polémicos sobre todo los temas sexuales, por ejemplo, la pregunta sobre si personas divorciadas que han vuelto ha contraer matrimonio deberían recibir la comunión o no. Por un lado, queremos atraer de nuevo a las personas al cristianismo y a las iglesias, queremos darles la oportunidad de vivir su fe. Por otro, nuestra Iglesia tiene reglas sexuales tan estrictas que ahuyenta a las personas. Este dilema entre la doctrina tradicional y la realidad debe ser resuelto. Tengo la esperanza de que el Sínodo supere esta brecha.

DW: ¿Qué hay de las personas que atraviesan una crisis matrimonial, de los sacerdotes que se sienten desbordados por el celibato, de los homosexuales? ¿Se trata de pobres pecadores a los que la Iglesia puede dictar cómo tienen que vivir?

En primer lugar, debemos superar la fijación exagerada de la doctrina católica en el pecado. Si, tras una profunda crisis, una pareja casada se separa, emprende un nuevo comienzo con nuevas parejas y crea un nuevo hogar para los hijos, es decir una familia patchwork, entonces se debería ver lo positivo de esto. Si personas homosexuales mantienen una relación de pareja responsable, eso es algo bueno. La Iglesia no debería negarles la bendición.

Si bien el concepto del matrimonio ha cambiado, la indisolubilidad del matrimonio no está realmente a debate. ¿Está la Iglesia atrapada en su dogmatismo?

La indisolubilidad del matrimonio se tiene que entender en el contexto histórico. Jesús se opuso a que solo el hombre se pudiera separar de la mujer antes de que hubiera sido expedida el acta de divorcio. En cierto modo, Jesús quería alcanzar condiciones igualitarias para el hombre y la mujer. Ese es el mensaje principal de la indisolubilidad del matrimonio.

¿Cómo define usted la familia?

Se puede hablar de una familia cuando personas de diferentes generaciones conviven de forma responsable.

¿Es suficiente que la Iglesia trate a los homosexuales con misericordia, como dicta el catecismo?

Eso es lo mínimo que se le puede exigir. Sé que algunos curas -por ejemplo en África- ni siquiera cumplen esta demanda. En cerca de 80 países en el mundo la homosexualidad está penalizada, y en algunos casos incluso es castigada con la pena de muerte. Sería muy importante que la Iglesia católica intercediera en contra de la criminalización de la homosexualidad a nivel mundial. Probablemente el reconocimiento de parejas homosexuales será diferente dependiendo del trasfondo cultural. Sin embargo, sabemos que el papa Francisco aboga por la descentralización. Es decir que el desarrollo de la doctrina religiosa debe ser compatible con las diferentes culturas. Necesitamos diversidad dentro del cristianismo.

Fuente Religión Digital

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Papa y obispos debatirán desde este domingo en el Sínodo sobre el matrimonio igualitario y el cardenal Burke la lía

Sábado, 3 de octubre de 2015

Familia homoparentalEn octubre del año pasado, la curia de Roma tuvo una gran oportunidad para dar un paso adelante en su camino para abandonar sus actitudes homófobas. Las familias homoparentales era uno de los temas a abordar en el Sínodo Extraordinario del Vaticano, por desgracia, se produjo un enquistamiento con el rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo, la criminalización del aborto y la prohibición del uso de anticonceptivos. Pocas sorpresas y poco consenso. Este próximo domingo arranca la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y en la agenda, de nuevo, está el espinoso tema de la homosexualidad.

Los 183 padres sinodales que votaron el texto final de la primera asamblea no lograron acuerdo sobre tres de los 58 párrafos, relativos a divorciados, comunión espiritual a divorciados y homosexuales, que no alcanzaron los dos tercios de los votos.

En el instrumentum laboris, documento preparatorio de este segundo Sínodo, el Papa indica sobre la acogida a las personas homosexuales que “toda persona, independientemente de la propia orientación sexual, debe ser respetada en su dignidad y acogida con sensibilidad y delicadeza”. Por otro lado, sobre los divorciados que se han vuelto a casar, el texto precisa que las acciones deben orientarse “hacia una integración cada vez mayor” teniendo en cuenta “las situaciones de partida“.

El texto retoma las discusiones sobre los temas ligados a la familia moderna como las convivencias prematrimoniales, los divorciados que se han vuelto a casar, la situación de los homosexuales, el aborto, los métodos anticonceptivos, la educación sexual o la necesidad de involucrar a las mujeres y a las familias en la formación de los sacerdotes en el seminario. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, subraya que estos temas quedaron pendientes en la primera asamblea, no porque fueran “rechazados” sino porque “no lograron el consenso” necesario.

Durante las sesiones de trabajo, que se desarrollarán a puerta cerrada, también se tratarán temas como la importancia de la preparación de los jóvenes al matrimonio, la poligamia en Asia, el machismo en Latinoamérica, la dificultad de los padres de dialogar con los hijos.

La Iglesia española será una de las que cuente con mayor número de representantes en el próximo Sínodo de Obispos de la Familia, cuyo listado oficial de participantes ha sido anunciado por la Santa Sede. Así, además de los tres obispos designados por la Conferencia Episcopal (Ricardo Blázquez, Carlos Osoro y Mario Iceta), Francisco ha elegido personalmente al cardenal Sistach. En total, son 17 los españoles que estarán en el Aula.

Asimismo, intervendrán diez superiores de órdenes religiosas, 22 representantes de Iglesias orientales, 14 delegados de iglesias ortodoxas, luteranas y otras confesiones cristianas, 17 matrimonios que ejercerán de auditores y otras 51 personas. Entre todos ellos, habrá 30 mujeres expertas.

Algunos expertos apuntan a que el documento final que salga de estas reuniones servirá de base para una futura Exhortación Apostólica del Papa sobre la familia.

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La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos arrancará este domingo 4 de octubre y reunirá hasta el próximo 25 de octubre a más de 330 personas en el Vaticano que debatirán sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo e intentarán llegar a un consenso sobre temas sobre los que no llegaron a acuerdo en la primera reunión como los divorciados vueltos a casar o las personas homosexuales.

Por lo tanto, quedan menos de 48 horas para que el Papa y los obispos comiencen el Sínodo, en el que entre sobre asuntos se debatirá sobre el matrimonio homoparental y el cardenal Raymond Burke, proclamado líder de la facción más dura y conservadora de la Iglesia Católica, vuelve a la carga. El mismo que alertó de una “agenda gay” en el Vaticano y el que dijo que las parejas gays no deben ser invitadas a reuniones familiares en presencia de niños. Pero Burke no viene sólo sino respaldado por los jinetes del Apocalipsis. Varios cardenales, obispos, sacerdotes y numerosos laicos han advertido a los 183 padres sinodales que si la Iglesia iguala las relaciones heterosexuales a las homosexuales se subvierte la ley natural.

“Es impensable que la Iglesia haga hipótesis de una equivalencia de hecho, no sólo en el ámbito legal, entre una relación y una pareja heterosexual y una relación de carácter homosexual, porque esto sería la subversión de la Ley Natural y del designio de amor de Dios creador”, reza el manifiesto que han hecho público durante la firma de un convenio internacional que ha tenido lugar en la Pontifica Universidad de San Tomás de Aquino.

El documento ha sido firmado por el cardenal estadounidense Raymond Burke, el cardenal arzobispo de Bolonia, Carlo Cafarra, el cardenal Walter Brandmüller, el cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Robert Sarah y el arzobispo emérito de Colonia, el cardenal Joachim Meisner.

Entre los laicos que han firmado el documento figuran los filósofos Robert Spaemann, Giacomo Samek Ludovici, Thibaud Collin y Armin Schwibach, así como los intelectuales estadounidenses Robert Royal, el escritor francés Guillaume d’Alançon, y el expresidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi.

El texto destaca que el ataque a la familia no es solo cultural, sino también “social, jurídico, doctrinal y hasta sacramental” y que por lo tanto su defensa requiere un magisterio específico “fuerte y bien claro”.

“Un magisterio que reafirme los dictados de la ley natural –que el Evangelio no suprime, sino que los perfecciona–, las orientaciones a los fieles católicos sobre la necesidad de defender a la familia así como la responsabilidad hacia el bien común de la sociedad y para todos”, especifica.

Además, los cardenales esperan que durante el Sínodo “se dé el espacio adecuado a la experiencia de las familias que viven y son testigos de la belleza de un amor indisoluble, capaz de atraer e iluminar las muchas familias que viven en la oscuridad”.

Por otro lado, el texto reivindica una “reproposición integral de la tradición católica sobre los problemas de la vida, de la familia, de la educación, que consienta al pueblo cristiano de hoy profundizar en su identidad para realizar adecuadamente su misión“. Al mismo tiempo se reconoce que esta toma de conciencia también “implica un juicio cultural en la mentalidad dominante, que permita ser más y más caritativo”.

En esta línea, se pide que se supere “la abstracta contraposición entre verdad y caridad, entre doctrina y pastoral” porque según se indica en el comunicado esto “no tiene ninguna base en términos de la experiencia de la Iglesia, porque la verdad se expresa en el mundo como un juicio sobre las posiciones y, como una obra de caridad sobre las personas”.

 Así que, a punto de comenzar un Sínodo que parece que no va a aportar nada nuevo sobre una Iglesia Católica demasiado liderada por el ala más conservadora y con un Papa Francisco acostumbrado a nadar y guardar la ropa.

Fuente Ragap

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Walter Kasper: “A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad; hay un cisma práctico”

Martes, 8 de septiembre de 2015

monsenor-kasper_270x250¿Para qué quieren escuchar al pueblo si lueo no hacen caso? Por ahí… por ahí va lo del cisma práctico…

“Francisco se concibe como el iniciador de un proceso. Yo espero que sea un proceso irreversible”

Sobre los divorciados: “Hay situaciones distintas, y no necesariamente tiene que haber una solución única”

La Comisión Teológica Internacional resaltó la importancia de escuchar la voz de los fieles antes de ponerse a hablar de un tema

“A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad; hay un cisma práctico, señala el cardenal Walter Kasper. El teólogo alemán, uno de los principales colaboradores del Papa Francisco, habla en una entrevista con Mariano Vedia en La Nación de los desafíos de la Iglesia ante el Sínodo, como la situación de los divorciados vueltos a casar. “El camino -señaló- es la misericordia, salir al encuentro del hombre actual que está herido por todas partes.”

Kasper llegó a Buenos Aires por dos días, para exponer sobre los desafíos de la Iglesia, a 50 años del Concilio Vaticano II, en un Congreso Internacional por el centenario de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA).

-¿Qué implica la decisión de Francisco de promover el perdón a las mujeres arrepentidas que confiesan su aborto?

Francisco es el papa de las sorpresas. Relaciona el perdón con el profundo sufrimiento de las mujeres que abortan. Así, la Iglesia sale al encuentro no sólo del pecado, sino de un sufrimiento que se prolonga en la mujer mucho más allá de ese momento traumático.

-¿Puede generar reacciones en sectores conservadores?

-Hay que entender que no es una gracia barata que se da a la ligera. Implica la metanoia, que exista una sincera conversión. Junto al sufrimiento que provoca en la mujer haberse sometido a un aborto, requiere un deseo verdadero de cambiar la vida. No es fácil reconocer la culpa. En mi experiencia en Stuttgart, donde atendí como obispo realidades extremas del mundo carcelario, me encontré con gente que había cometido hasta tres homicidios, que con un arrepentimiento muy profundo pedían el perdón sacramental y yo se los daba. Las personas tenían que seguir en prisión, pero sus actitudes en la cárcel cambiaban mucho.

-¿Percibe un abismo en la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia y las convicciones con que viven muchos cristianos?

– A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad. Hay una especie de cisma práctico. Matrimonios cristianos muy comprometidos con la Iglesia, por ejemplo, no viven las enseñanzas de la encíclica Humanae Vitae, acerca de la anticoncepción. Es un problema que hay que pensar.

-¿Cómo enfrenta hoy la Iglesia esa realidad?

-En silencio. No se habla, en general, de este problema. Tal vez porque no deseamos perder a muchos católicos… En el próximo sínodo seguramente habrá que hablar de estos temas. En un reciente documento, la Comisión Teológica Internacional resaltó la importancia de escuchar la voz de los fieles antes de ponerse a hablar de un tema.

– ¿Existe en la Iglesia una tensión entre la doctrina y la acción pastoral?

-La pastoral no puede ir en contra de la doctrina, pero la doctrina no puede ser una afirmación abstracta. Su interpretación va unida a la vida real. Jesucristo habló siempre de la realidad de la persona, consciente de que somos todos pecadores. Puede haber una cierta tensión entre la doctrina y la pastoral. Pero esa tensión es normal, distinta al cisma práctico, que causa división.

– ¿Se abordará ese cisma práctico en el sínodo sobre la familia que se hará en octubre?

– No lo sé, espero que sí. En el último sínodo extraordinario sobre la familia, el año pasado, no se habló lo suficiente. Yo no tengo soluciones; puedo hablar como experto en teología dogmática, que enseña lo que Dios hace. Pero no soy, por suerte, especialista en teología moral, que enseña lo que los hombres tienen que hacer (risas)…

-¿Se pueden esperar novedades, por ejemplo, en la situación de los divorciados vueltos a casar?

-Es un problema complejo. Se discutieron posiciones el año pasado, en favor de una apertura. Hay situaciones distintas, y no necesariamente tiene que haber una solución única. Es necesario un consenso fundamental y posiblemente esa postura de fondo pueda diversificarse según las realidades locales.

-¿La misericordia, que es central para Francisco, estaba olvidada en la Iglesia?

-No en los fieles ni en la piedad popular. Ahí siempre estuvo presente. Pero tal vez en la reflexión teológica se había relegado un poco la misericordia como un atributo central de Dios. La misericordia no niega la justicia, la supera..

-¿Francisco es un papa de transición? ¿O marcará una bisagra en la Iglesia?

– El propio Francisco se concibe como el iniciador de un proceso, que va más allá de su pontificado. Yo espero que sea un proceso irreversible.

Fuente Religión Digital

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El Papa recibe a monseñor Gaillot, defensor de divorciados, homosexuales e inmigrantes

Jueves, 3 de septiembre de 2015

francia-gaillot-papa_560x280Pues muchos ya no esperamos demasiado de él… por no decir nada…

“Le dije que la gente espera mucho de él”, afirma el prelado francés

“Nosotros somos hermanos”, dijo Francisco al obispo, apartado de sus funciones en 1995

El papa Francisco recibió ayer en el Vaticano al obispo francés Jacques Gaillot, retirado de sus funciones en la década de los 90 y defensor de la causa de los divorciados, de los homosexuales e inmigrantes.

El prelado, apartado en 1995 al frente de la diócesis de Evreux a causa de sus posiciones, aseguró que el encuentro con Francisco fue muy positivo. «No vine a pedir algo, pero todo un pueblo de pobres está feliz de que me reciba y se siente reconocido», contó el obispo que le dijo al papa argentino.

«Le hablé de (… ) los enfermos, de los divorciados, de los homosexuales. Le dije que esa gente espera mucho de él», agregó. Nosotros somos hermanos, le dijo el Papa.

Gaillot, de 79 años, confesó que lo conmovió la forma tan informal con la que el pontífice lo recibió, en particular la total ausencia de protocolo. «Es un hombre muy libre. Me preguntó si estaba acompañado por un fotógrafo; como no lo estaba, se levantó y nos tomamos una foto con el móvil», relató.

Gaillot también se distinguió durante su etapa en Evreux por el apoyo a la primera Intifada palestina, llegando a reunirse con Yaser Arafat en el exilio de éste en Túnez en 1985. En 1987 viajó a Sudáfrica para manifestarse en contra del apartheid, mientras que en el año 1991 declaró en una carta abierta su oposición a la Guerra del Golfo.

(RD/Agencias)

 

(RD/Agencias)

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“Matrimonio en cuatro tiempos -Se acerca el Sínodo, repensemos-“, por Juan Masiá, sj.

Miércoles, 26 de agosto de 2015

matrimoniogay1De su blog Pensar y vivir en la Frontera:

Se acerca el Sinodo y se reiteran las propuestas a favor y en contra de revisar doctrina y prácticas eclesiales sobre acogida sacramental de personas en nuevas nupcias tras divorcio. Pero antes de argumentar en pro o en contra, repensemos el tema central de la fidelidad a la promesa, punto de partida anterior a las doctrinas teológicas y prescripciones canónicas sobre la indisolubilidad del vínculo.

Para cuidar la fidelidad y proteger su fragilidad, reflexionemos sobre la unión esponsal como don y tarea. La sinfonía del “sí, quiero” de los cónyuges, se despliega en cuatro tiempos: promesa interpersonal, acuerdo social, símbolo sacramental y tarea biográfico-familiar.

Para proponerla no bastará un simple post, habrá que alargarse esta vez en una columna.

En el lenguaje de los canonistas se designa como “defensa del vínculo” la incumbencia jurídica de protegerlo. Pero la tarea humana y eclesial de proteger el enlace conyugal (o, en su caso, el desenlace) es más amplia. Compete a tres instancias, por lo menos: la conciencia responsable de los cónyuges, las instituciones protectoras de la justicia y el cuidado pastoral-sacramental de las personas en la vida de las comunidades creyentes.

Situemos la cuestión más allá del debate sobre la validez de un vínculo jurídico o de una doctrina sobre la indisolubilidad (para algunas teologías, intocable; para otras, evolucionable y que debe evolucionar). El problema no se resuelve, ni negando ni permitiendo el acceso a los sacramentos. Hay que revisar la evolución histórica de la vida sacramental, la manera distorsionada de entender confesión, comunión, penitencia, matrimonio, potestad reconciliadora, etc… Sin hacer esa revisión no serviría de nada, ni el permitir lo que hasta ahora no se permitía, ni tampoco el prohibirlo.

Digámolo con un ejemplo concreto. Dice el teólogo X. que no se debe admitir a la comunión a esta pareja porque su convivencia es pecado. Le arguye el teólogo Y. diciendo que sí se les debe admitir, porque Dios no se cansa de perdonar. Pero a uno y otro teólogo hay que cuestionarles: ¿Y quién les ha dicho a ustedes que esa pareja está conviviendo en pecado? Como decían los medievales en sus controversios: Con el debido respeto, niego la premisa mayor (salva reverentia, nego maiorem). Pero temo que tengamos demasiado miedo a poner en entredicho premisas mayores…

Se produce confusión en los debates sobre matrimonio y divorcio, convivencias y separaciones, nulidades y anulaciones, reconocimiento del divorcio y nuevas nupcias civiles, así como sobre la aceptación, discernimiento y acompañamiento de tales situaciones por parte de la comunidad eclesial. Para evitarlas habrá que articular la relación entre los aspectos éticos, legales, religiosos y biográficos del cuidado de la fidelidad y responsabilidad con relación a la promesa.

La sinfonía del consentimiento conyugal se desarrolla en cuatro tiempos, correspondientes: 1) al aspecto interpersonal del consentimiento como promesa; 2) a la expresión legal, como contrato; 3) al aspecto ritual –comunitario, simbólico, sacramental-; y 4) al aspecto temporal y biográfico-familiar .

¿Qué instancias protegen la promesa en sus cuatro tiempos? En primer lugar, la garantía y protección de esa promesa es responsabilidad de la conciencia de los cónyuges en el terreno de la ética inter-personal, “promesa anterior a la promesa” (Ricoeur). En segundo lugar, es competencia del derecho amparar el contrato civil y aspecto institucional de la promesa ante la sociedad. En tercer lugar, la comunidad eclesial que, junto al apoyo de familia y amistades, acompaña a los novios ante el altar, da testimonio del sentido comunitario y trascendente del lazo símbólico anudado por los cónyuges para prometerse mutuamente llevar a cabo la unión de una persona en dos personas. En cuarto lugar, la conciencia responsable de los cónyuges apoya, durante el desarrollo biográfico de la vida familiar, la realización de la tarea prometida (o, en su caso, la reconciliación tras una ruptura o la cancelación tras una ruptura irreversible).

Incumbe a la ética la responsabilidad interpersonal de salvaguardar la promesa; interpelará desde la conciencia e impulsará con el amor para garantizar su realización. El derecho intervendrá para asegurar el cumplimiento del contrato y proteger la seguridad jurídica de cónyuges y familia. La Iglesia, al bendecir litúrgicamente la unión y acompañar pastoralmente a los cónyuges antes, en y durante el camino de su unión, atestigua la gracia divina para el arraigo y fructificación del símbolo sacramental en la vida de los esposos o para su eventual necesidad de reconciliación, sanación o rehabilitación y reanudación del camino.

ritual-matrimonio-catolicoLa promesa de los cónyuges es personal y responsable. Lo que prometen no es solo proporcionarse mutuamente alguna cosa o hacer algo el uno por el otro, sino seguir siendo uno mismo (ipse) ante y con la otra persona en el futuro, aun cuando las circunstancias que condicionen a cada uno no sean las mismas (idem) que antes (Ricoeur).

Esta capacidad de comprometerse es a la vez fuerte y frágil. Fuerte, porque supone la capacidad del sujeto para comprometerse definitivamente. Frágil, porque son imprevisibles las circunstancias que eventualmente pondrán en peligro su cumplimiento. La pareja trepa por la montaña de la vida y solo puede demostrar el logro de la indisolubilidad de su unión cuando ha llegado a la cumbre. El estribillo del canto nupcial: “hasta que la muerte nos separe”, debería ser más bien: “hasta que la compleción de la vida consume nuestra unión” “hasta que la vida consumada convierta nuestra unión en lazo irrompible”.

La promesa es vulnerable. Las personas que se afirman a sí mismas y se afirman mutuamente empeñan su palabra y libertad vulnerables y, por lo tanto, frágiles y expuestas a la ruptura. Solo pueden decirse mutuamente: “hoy te elijo a tí para siempre”, si reiteran así: “y elijo seguir eligiéndote”. Si se re-eligen así a diario, convertirán la unión en indisoluble a lo largo de toda una vida.

Esta es la indisolubilidad antropológica en el horizonte del futuro, irreductible a la noción de indisolubilidad jurídica como acreditación de un vínculo contraído en el pasado. Si la indisolubilidad matrimonial se entendiera antropológica y evangélicamente como don y vocación (cf. Relatio Synodi, 2014, nn. 14-16, 21), sería fácil aceptar que la acogida sacramental de personas divorciadas vueltas a casar civilmente es posible y compatible con la situación canónica (hoy por hoy sin resolver) de la indisolubilidad jurídica de un matrimonio ratum et consummatum entre personas bautizadas, tal como lo considera el vigente derecho canónico (CIC, c. 1056, 1141).

Aunque la Iglesia, desde el punto de vista del derecho canónico, no reconociese la disolución del primer matrimonio y no celebrase canónicamente las segundas nupcias, nada impediría acoger sacramentalmente a esas personas, e incluso celebrar pastoral y litúrgicamente una bendición de quienes ya están socialmente constituidos como familia con todos sus derechos civilmente reconocidos.

El “sí” de los contrayentes en la ceremonia nupcial no es el punto cero de la unión, sino la renovación formal de aquel primer sí de los novios (primer tiempo, en la intimidad del día de la declaración y aceptación mutua ) que inició el proceso de convivencia; y es también su confirmación pública ante la sociedad (segundo tiempo) y ante la comunidad que comparte el simbolismo trascendente (tercer tiempo) de la comunión íntima de dos personas en una, cuya realización se lleva a cabo temporal, biográfica y familiarmente a lo largo de la vida, re-eligiendo cada día la elección originaria (cuarto tiempo).

La promesa, por su fragilidad, se puede romper. El ser humano capaz de prometer, es capaz de traicionar la promesa, y es también capaz de reconocerlo, pidiendo y recibiendo perdón. En una situación de imposibilidad del cumplimiento de la promesa o de interrupción del proceso de cumplimiento, pueden producirse diversos escenarios de desenlaces: ruptura irresponsable, cancelación de mutuo acuerdo o petición y concesión mutuas de perdón, sanación humana y sacramental de las heridas que dejó la situación de ruptura (tanto si fue culpable como si no lo fue). En caso de ruptura irreversiblemente inevitable persistirá la exigencia de sanación de las heridas y rehabilitación de las personas

En los debates sobre el vínculo matrimonial, impropiamente llamado indisoluble (sin distinguir el uso jurídico y el teológico de esta noción), se echa de menos esta reflexión antropológica recién esbozada aquí (que puede y debe acompañar a la reflexión evangélica, sacramental y pastoral).

20091022-matrimonio-gay-iglesiaDesde ambas perspectivasd, antropológica y evangélica, se asumiría con lucidez y serenidad, acompañadas de misericorida, el carácter procesual de la relación de “dos personas uniéndose” en “comunión de vida y amor”. La indisolubilidad matrimonial (no jurídica, sino antropológica) se verá más como vocación y meta de la fidelidad prometida, que como propiedad derivada exclusivamente de un compromiso canónicamente confirmado.

Incluso desde la perspectiva del vínculo confirmado social y religiosamente, sería posible repensarlo como “no disoluble injusta e irresponsablemente”, en vez de insistir en entenderlo como “indisoluble absolutamente”. Lo que deseamos convertir en irrompible, “re-anudándolo” día a día, no es un vínculo físico, óntico o legal, sino un lazo de unión interpersonal. El lazo de unión hasta la muerte se puede deshacer, no por la muerte física de uno de los cónyuges, sino por la muerte de la relación.

Por estar íntimamente vinculada a la relación, la indisolubilidad puede morir con ella. El vínculo no es un objeto que defender, o una doctrina que reconocer, o una norma que obedecer, sino una relación que cuidar. Su muerte producirá sufrimiento y requerirá un duelo y una sanación. No habrá que atribuirla necesariamente a un pecado o a una enfermedad; podrá ser solo un accidente. La unión y consumación personal de esta relación es un proceso que lleva tiempo y, a veces, se interrumpe a mitad de camino y muere con ella. Unas veces, por causa de una de las partes; otras veces, por causa de las dos partes; otras veces, sin ser por causa de ninguna de las dos partes, sino debido a circunstancias y vicisitudes externas. Si la ruptura es reparable, se buscará recomponer lo vulnerado. Si es irreversible, habrá que buscar sanación para ambas partes y apoyo para rehacer el camino de la vida. La acogida eclesial de las personas en esa etapa será de acompañamiento al proceso de sanación (no necesariamente penitencial, como propone tímidamente la ponencia de Kasper, que se queda corto…); podrá ser de reconciliación penitencial, en algunas ocasiones; pero otras veces, sin culpa que reconocer, será cuestión de una rehabilitación curativa o de un apoyo humano y espiritual para volver a empezar.

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Carlos Osoro: “No hay discípulos de primera, de segunda o de tercera” y aboga por no juzgar a homosexuales, divorciados o transexuales

Domingo, 16 de agosto de 2015

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El arzobispo de Madrid aboga por no juzgar a homosexuales, divorciados o transexuales “Un cristiano no puede mirar a nadie por las ideas que tenga o por lo que haya hecho”

El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Carlos Osoro, ha abogado este jueves por no juzgar y no condenar a divorciados que se vuelven a casar, a los homosexuales ni a los transexuales porque “Dios ha querido que el ser humano sea imagen y semejanza” suya.

Así ha contestado preguntado por las palabras del Papa Francisco, que la semana pasada dijo que los divorciados que se han vuelto a casar no están excomulgados y no deben ser tratados como tales, y por las del obispo de Bilbao, Mario Iceta, quien ha calificado de “reto pastoral de primera magnitud” acompañar a los homosexuales en la Iglesia, así como por Álex Salinas, un transexual al que finalmente se le permite ser padrino en el bautizo de un sobrino suyo en San Fernando (Cádiz).

En declaraciones a los medios antes de intervenir en el ciclo ‘Conocimiento y Valores’, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Osoro ha reivindicado que la Iglesia “da siempre y da el amor del Señor”, lo que significa que “se sitúa al lado de todos los heridos y de todas las situaciones en las que estén los hombres, sean las que fueren“, incluidos divorciados, homosexuales y transexuales.

De esta forma, ha asegurado que lo que el Pontífice quiere, en el Año de la Misericordia, es que “el ser humano viva y pase por cuatro estaciones que necesariamente hay que pasar: no juzgar, perdonarse, no condenar y dar. En este sentido, ha defendido que lo que da la Iglesia es “lo máximo que se da, el gran y amor y cariño” que, según ha añadido, es lo que cada persona recibe de sus padres.

Asimismo, ha recordado las palabras de Jesucristo, quiencuando vino a este mundo, dijo ‘He venido a salvar a los hombres, no a condenarlos‘”. “Porque en definitiva, lo que tiene que hacer (la Iglesia) es lo mismo que él (Jesucristo): ‘He venido a salvaros'”, ha proclamado Osoro, quien ha asegurado que el “problema real” no es permitir que los divorciados vuelvan a comulgar -aspecto que se está debatiendo de cara al Sínodo de Obispos del próximo mes de octubre-, sino que “estemos al lado de todos los seres humanos, estén en la situación que estén”.

De esta forma, ha dado más importancia a que “todos los que son creyentes y por diversas circunstancias tuvieron que tomar una decisión en la vida, que sepan que son miembros de la Iglesia y que la Iglesia también les necesita.

“Eso es lo que ha dicho el Papa y lo que seguirá diciendo la Iglesia a través de todos los tiempos. Son discípulos de Cristo. No hay de primera, de segunda y de tercera, somos discípulos de Cristo todos aquellos que hemos sido bautizados y tenemos la vida del Señor en nuestra vida”, ha manifestado. Así, ha dicho que él ve a todos los seres humanos “como imágenes de Dios que son”.

“Esto es lo más sencillo y lo más maravilloso de un cristiano y es que no puede mirar a nadie por las ideas que tenga o por lo que haya hecho. Les tiene que mirar como les mira Dios, ha incidido Osoro. En este sentido, ha subrayado que Dios “ha querido que el ser humano sea imagen y semejanza” suya, al tiempo que ha señalado que él mismo no ve a las demás personas “como un enemigo”, sino alguien “ante el cual me tengo que arrodillar, nada más, porque sé que eres imagen de Dios”. “Y ojalá lo supiera hacer con todos. Yo ya sé que tengo mis deficiencias y no lo sé hacer con todos”, ha concluido.

(RD/Ep)

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Medio millón de católicos piden al Papa que no dé la comunión a divorciados vueltos a casar y proclaman que “Las uniones homosexuales son contrarias a la ley divina y a la ley natural”

Domingo, 16 de agosto de 2015

filial_560x280Una impresentable campaña del lobby fundamentalista

“Filial Súplica a su Santidad para el futuro de la familia”, guiada por Burke

Cerca de medio millón de personas firmaron una petición en contra de que el papa Francisco autorice la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y de condena a la unión entre homosexuales, informaron este jueves los organizadores de la iniciativa.

Según la página internet www.filialsuplica.org, más de 462.700 personas en todo el mundo habían firmado hasta este jueves la petición. Llamada “Filial Súplica a su Santidad para el futuro de la familia”, los firmantes piden con ese mensaje al “papa Francisco que reafirme categóricamente la enseñanza de la Iglesia de que los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente no pueden recibir la Sagrada Comunión y que las uniones homosexuales son contrarias a la ley divina y a la ley natural”.

La iniciativa fue lanzada por varias organizaciones católicas conservadoras, conocidas por sus campañas en contra del aborto y que cuentan con el apoyo de numerosos dirigentes de la Iglesia católica.

Entre los firmantes figuran varios obispos y cardenales, entre ellos el estadounidense Raymond Burke, cuya influencia en la Curia Romana ha disminuido tras la elección en 2013 del papa argentino.

El pontífice convocó para octubre un sínodo o asamblea de obispos de todo el mundo para debatir varios temas que se anuncian complicados, si bien el documento de trabajo divulgado en junio resulta una mediación entre posiciones progresistas y conservadoras.

La cuestión de los católicos que se casan en segundas nupcias divide a la Iglesia, al igual que el lugar de los homosexuales en su seno o las uniones civiles. El tema es especialmente espinoso en los países en desarrollo, opuestos a cualquier cambio y enfrentados a una línea más moderna, que aspira a conseguir una cierta apertura.

El asunto suscitó fuerte debate durante el sínodo sobre la familia de octubre pasado y deberá ser central durante el segundo sínodo, que tiene que elaborar recomendaciones para el papa. La semana pasada Francisco pidió que no se trate como excomulgados a los divorciados que se vuelven a casar.

“Los divorciados que se vuelven a casar forman parte siempre de la Iglesia”, afirmó el papa quien recordó que esas personas “no están excomulgadas, como algunos piensan: ellas forman parte siempre de la Iglesia“, insistió Francisco.

Para la Iglesia, no se puede disolver un matrimonio religioso, y el derecho canónico, que considera a las personas que se casan por segunda vez como infieles a su primer cónyuge, las excluye de los sacramentos, incluida la comunión.

La excomunión es, sin embargo, una sanción más dura, ya que también implica la exclusión de la comunidad.

 Ésta es la carta:

Beatísimo Padre:

En vista del Sínodo sobre la familia de octubre de 2015, nos dirigimos filialmente a V.S. para manifestarle nuestras aprensiones y esperanzas sobre el futuro de la familia.

Nuestras aprensiones se deben a que, desde hace décadas, asistimos a una revolución sexual promovida por una alianza de poderosas organizaciones, fuerzas políticas y medios de comunicación, que atenta paso a paso contra la existencia misma de la familia como célula básica de la sociedad. Desde la llamada Revolución del 68 padecemos una imposición gradual y sistemática de costumbres morales contrarias a la ley natural y divina, tan implacable que hace hoy posible, por ejemplo, que se enseñe en muchos lugares la aberrante “ideología del género” aún en la tierna infancia.

Ante ese oscuro designio ideológico, la enseñanza católica sobre el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios es como una antorcha encendida que atrae numerosas personas – agobiadas por la propaganda hedonista – al modelo casto y fecundo de familia predicado por el Evangelio y conforme al orden natural.

Santidad, a raíz de las informaciones difundidas por ocasión del pasado Sínodo, constatamos con dolor que, para millones de fieles, la luz de esa antorcha pareció vacilar por causa de los vientos malsanos de estilos de vida propagados por lobbies anticristianos. En efecto, constatamos una generalizada desorientación causada por la eventualidad de que en el seno de la Iglesia se haya abierto una brecha que permita la aceptación del adulterio – mediante la admisión a la Eucaristía de parejas divorciadas vueltas a casar civilmente – e, incluso, una virtual aceptación de las propias uniones homosexuales, prácticas éstas categóricamente condenadas como contrarias a la ley divina y natural.

De esta desorientación brota paradójicamente nuestra esperanza.

Sí, pues en esta situación una esclarecedora palabra vuestra será la única vía para superar la creciente confusión entre los fieles. Ella impediría que se relativice la misma enseñanza de Jesucristo y disiparía las tinieblas que se proyectan sobre el futuro de nuestros hijos, si esa antorcha dejase de iluminarles el camino.

Esta palabra, Santo Padre, os la imploramos con corazón devoto por todo lo que sois y representáis, seguros que ella jamás podrá disociar la práctica pastoral de la enseñanza legada por Jesucristo y sus vicarios, porque esto sólo aumentaría la confusión. Jesús nos ha enseñado, en efecto, con toda claridad la coherencia que debe existir entre la verdad y la vida (cfr. Jn 14, 6-7) así como nos ha advertido que el único modo de no sucumbir es poniendo en práctica su doctrina (cfr. Mt 7, 24-27).

Al pedirle la Bendición Apostólica, le aseguramos nuestras oraciones a la Sagrada Familia – Jesús, María y José – para que ilumine a S.S. en esta circunstancia tan trascendental.

Fuente Religión Digital

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El Papa Francisco ante un dilema histórico

Domingo, 24 de mayo de 2015

cont_b7yq7jnwf5lg96mEl papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.
(Marco Antonio Velásquez).

Después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de Familia, realizada en octubre de 2014, parecen haberse aquietado las hostilidades hacia el papa, por su espíritu reformista. De hecho, el mismo Francisco ha dado señales de tranquilidad, reafirmando el magisterio tradicional de la Iglesia, concediendo mayor confianza a alguno de los cardenales disidentes, como Carlo María Caffarra, y tomando pública distancia de líderes reformistas, como el cardenal Walter Kasper.

Sin embargo, tal quietud es más aparente que real, porque los opositores han optado por trabajar más silenciosa que bulliciosamente, dejando atrás un estilo que sirvió para alertar a la Iglesia universal y conseguir adhesión. Paralelamente, el papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.

En una institución donde predomina el statu quo, son esperables las tensiones que originan los cambios. Dicho ambiente contrasta con la sólida adhesión y apoyo que concita la persona del papa Francisco, quien expone su liderazgo para sensibilizar a las naciones tras el objetivo de globalizar la solidaridad, la justicia y la paz, así como para promover en la Iglesia la autonomía laical, el respeto a la conciencia personal y la acogida de los carismas.

Detrás de cada acto pontificio hay mensajes significativos que no pasan inadvertidos. Como los nombramientos del último consistorio que lapidaron el carrerismo eclesial; o la aprobación de la esperada beatificación de monseñor Romero, que reconoce oficialmente a esa Iglesia pueblo de Dios, concediendo estatus eclesial a las luchas liberadoras de los pobres y de los pueblos oprimidos.

En este contexto, el análisis de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia de octubre pasado aporta reveladoras pistas para evaluar el ambiente eclesial que rodea al papa Francisco. En tal sentido, la Relatio Synodi dejó una huella inconfundible del pulso eclesial y una medida de la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Reconociendo las diferencias existentes entre un concilio y una asamblea sinodal, hay algo en común que ayuda a evaluar la calidad de la comunión eclesial. En este sentido, el consenso de las votaciones de los padres conciliares y sinodales es un buen indicador del clima de comunión.

Los documentos del concilio se aprobaron de manera casi unánime, registrando en promedio, el conjunto de ellos, una aprobación del 98,5% de los votos conciliares. En ese contexto, la aprobación promedio del 92,5% que tuvieron los 62 numerales de la Relatio Synodi muestra un menor consenso, respecto del alcanzado en el concilio. Incluso hay cuatro numerales de la Relatio Synodi que revelan una acentuación de posiciones divergentes, como son las cuestiones atingentes al acceso a los sacramentos de la comunión y de la reconciliación, a la comunión espiritual y al reconocimiento de elementos positivos entre quienes no viven el matrimonio cristiano, así como la acogida con respeto y delicadeza de las personas homosexuales. En estos temas el nivel de rechazo superó el 30% y llegó al 40% en el caso del acceso a los sacramentos para personas en situación conyugal irregular.

Si el 1,5% de disenso registrado en el Concilio Vaticano II generó un doloroso cisma eclesial que perdura en la actualidad, es evidente que disensos cercanos al 40% como los manifestados en la Relatio Synodi, revelan un significativo cambio del espíritu eclesial entre el Concilio Vaticano II y el Sínodo de la Familia. Surge así una medida de la involución del Concilio en 50 años y una magnitud de la oposición al papa Francisco en cuestiones pastorales.

Con estos datos, es comprensible que las tensiones eclesiales, lejos de calmarse, están presentes y activas. Sin embargo, lo nuevo, es que después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo éstas se manifiestan ya no directamente contra el papa, sino contra los reformistas. Herida la comunión eclesial, las disputas se vuelven más sutiles y técnicas, menos visibles.

Por ejemplo, la tesis aperturista liderada por el cardenal Walter Kasper enfrenta nuevos obstáculos. Cuando en el Consistorio de febrero de 2014, el cardenal Kasper sorprendió a la asamblea refiriendo un trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, publicado en 1972, donde proponía una solución pastoral para rehabilitar a los divorciados vueltos a casar, nadie imaginó que 44 años después, a fines de 2014, el propio papa emérito, con la ayuda del cardenal Gerhard Müller, publicaría una Retractatio como parte de una colección teológica. En ella, el papa emérito, con el rigor teológico que lo caracteriza, no hace sino reconocer la evolución de su pensamiento, coherente con lo instruido por el mismo desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Otro caso da cuenta que, después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo, un grupo de 100 personalidades católicas envió al papa Francisco una Súplica Filial, para que clarifique la desorientación causada por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que permita el adulterio con el acceso posterior a la Eucaristía, por parte de parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente. Entre los firmantes figuran el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Jorge Medina Estévez, junto a una lista de obispos y laicos de organizaciones pro-vida y de familia.

Más recientemente, el cardenal Gerhard Müller ha aparecido afirmando la autoridad del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al proponer la supremacía de dicho dicasterio respecto de las Conferencias Episcopales, en cuestiones de doctrina y disciplina matrimonial y familiar. Ello, en respuesta al cardenal Reinhard Marx, quien como presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania había declarado que “no somos una sucursal de Roma”.

Así, la Asamblea Sinodal de octubre próximo no será fácil para el papa. De hecho, los opositores apuntan a hacer sentir un clima cismático en Roma, algo que en el corazón de un papa constituye un serio límite y un acto de fuerte coacción, en cuanto el obispo de Roma, junto con presidir en la caridad, es el signo de la unidad de la Iglesia.

El papa Francisco sabe que el futuro de la Iglesia se juega en su capacidad de aggiornamento a los desafíos que le plantea el mundo; un terreno donde la Iglesia debe enfrentar aquella vieja pugna entre el imperio de la Ley y el de la misericordia. Visto así, el papa Francisco enfrenta en su conciencia de pastor un serio dilema teológico-pastoral, una cuestión que Jesucristo enfrentó transgrediendo la Ley -no por capricho, sino por misericordia- asumiendo una conducta que le impuso los mayores costos personales que, en última instancia, lo llevaron a la cruz.

Marco Antonio Velásquez Uribe
Revista Reflexión y Liberación

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Casados “en” la iglesia, sin casarse “por” la iglesia, por Juan Masiá

Viernes, 27 de marzo de 2015

Zinzi-and-Tozama-II---Serie-Being---Zanele-MuholiDe su blog Vivir y pensar en la Frontera:

(Más sobre la respuesta al Sínodo de Obispos, Cf. Relatio, nn. 52 y 55, Cuestionario nn.38 y 40: nuevo enlace tras divorcio y enlaces homosexuales)

“El matrimonio entre personas no bautizadas y no creyentes, celebrado según el ritual católico, ha sido una de las actividades habituales de la Iglesia en Japón desde hace varias décadas, con la aprobación de la Santa Sede”. Así escribe (en la Respuesta al Secretariado del Sínodo extraordinario de los Obispos, n.2) el arzobispo Peter Takeo Okada, de la diócesis de Tokyo, Presidente de la Conferencia episcopal japonesa.

No es una “boda según el derecho canónico”, sino una celebración religiosa para bendecir el enlace matrimonial contraido civilmente (mediante la inscripción en el registro civil según la ley del país). Se casan “en” la iglesia, pero no “por” la iglesia. Se bendice en la iglesia el enlace de quienes han contraido matrimonio civilmente.

Esta práctica pastoral –que separa claramente el enlace civil y la celebración religiosa- proporciona un modelo para los dos casos siguientes que se desearía fuesen tratados por el Sínodo de los Obispos:

1. Celebración religiosa para bendecir (en este caso sacramentalmente, aunque no sea boda canónica) el nuevo matrimonio civil de católicos/as divorciados.

2. Celebración religiosa de la unión de parejas homosexuales, que han contraido enlace civilmente cuando y según lo determinan las leyes de su país.

Nota: Esta propuesta, que parecerá demasiado radical, es más bien insuficiente. La propuesta radical debería ser sacar los sacramentos por completo fuera del derecho canónico, separar canonicidad y sacramentalidad, no juridificar la vida de fe, o, por lo menos, abolir los cánones 1056 y 1059 … Pero no es previsible, lamentablemente, que la Iglesia vaya a ser capaz de soltar ese lastre pesado de más de diez siglos…por más deseable que sea evangélicamente hablando…(Véase el post de 24 febrero: Ni juridificar la fe, ni sacralizar el derecho).

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Debates en el Vaticano: Temas que ponen a prueba la renovación del Papa Francisco

Domingo, 30 de noviembre de 2014

pieropapaIrina Santesteban (LA ARENA)

La proclamada renovación que llevó al Vaticano el Papa Francisco tuvo otro hito importante con la realización del Simposio Mundial de Jóvenes contra la Trata. Mientras tanto, otros temas, como el reconocimiento de los gays o la sanción a curas abusadores, todavía esperan.

El tráfico de personas con fines sexuales o para explotación laboral, fue el tema central del encuentro que tuvo lugar el sábado y domingo pasados en la Casona Pío IV en el Vaticano, a instancias del Papa Francisco, y organizado por la Academia de Ciencias del Vaticano, la Asociación Civil Vínculos en Red (de Villa María, Córdoba) y Global Freedom Network (Red Mundial para la Libertad).

La titular de la ONG Vínculos en Red, la cordobesa Alicia Peressutti, de fuertes vínculos con Jorge Bergoglio desde sus épocas de cardenal de la ciudad de Buenos Aires, hace 18 años que trabaja en la problemática de la trata de personas. Cuando asumió como Papa, Alicia fue designada como asesora ad honorem del Vaticano y es en ese carácter que fue una de las organizadoras del evento que reunió a un centenar de jóvenes de 50 países, no sólo católicos, sino también de otras religiones.

El nombre del encuentro fue Simposio de Jóvenes contra la Prostitución y la Trata de Personas, Máximas Violencias contra el Ser Humano, y consistió en ponencias de distintas personas que trabajan en la temática, y testimonios de víctimas de trata, la mayoría de ellos, muy jóvenes.

15096Si bien el tema se centró en el tráfico de personas con fines de esclavitud o explotación sexual, también se abordó la problemática de las personas que mediante engaños son llevados de un país a otro, para trabajar en condiciones de semi-esclavitud. Sin embargo, como la explotación sexual es mucho más redituable, la mayoría de las redes de trata reclutan a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, para prostituirlos.

La periodista Alejandra Conti, enviada especial del diario La Voz del Interior, entrevistó a Alicia Peressutti, quien fue muy clara cuando expresó que las mafias que trafican con personas “apuntan a niñas, niños y jóvenes, y cada vez más a niños y varones jóvenes“. Rechazó que la aceptación del trabajo infantil y el tráfico de niños y jóvenes, sean “cuestiones socioculturales“, para ella son directamente “cuestiones de dinero”. “Un esclavo laboral rinde unos dos mil dólares al mes. Un esclavo sexual, 20 mil. De allí el poder de los explotadores sobre la política, la economía, la Justicia, la policía“.

Alicia fue candidata a Cordobesa del Año 2012 por su trabajo social, que consiste en alertar, informar y educar sobre el poder de las mafias de traficantes de personas. Su organización Vínculos en Red también trabaja en la contención de las víctimas que logran salir de las redes. Ha publicado nueve novelas sobre el tema de la trata y es una de las impulsoras de la diplomatura de Género y contra la Trata de Personas de la Universidad Nacional de Villa María.

Por su estrecha relación con el entonces cardenal Bergoglio, hoy su trabajo tiene un fuerte respaldo del Vaticano, donde además de asesorar ad honorem en el tema de trata de personas, es también colaboradora permanente de la Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano, que preside el suizo Werner Arber, Premio Nobel de Medicina en 1978 y que fue el primer científico protestante en ocupar ese cargo, designado en 2011 por el papa Benedicto XVI.

Complicidad oficial

Cuestión íntimamente relacionada con el delito de trata de personas, fue también abordada por el Seminario, y la mayoría de los testimonios de las víctimas fueron muy elocuentes cuando hablaron de la actitud de las fuerzas de seguridad. Según Conti, se diferenciaron dos grupos: en los países desarrollados se resaltó la actitud de la policía para el rescate de las personas víctimas de trata; pero en los países de Asia, África y Latinoamérica, se denunció la complicidad de las fuerzas policiales con las redes mafiosas.

Sin embargo, Peressutti dice sin rodeos que es el propio sistema capitalista el que “se beneficia de la esclavitud”, por eso no hace lo suficiente para combatirla, “¿cómo va a ir contra el negocio que le da de comer?”, se pregunta. “Los operativos muy aparatosos son para dejar tranquila a la gente y a las ONG. La verdad es que no hay investigación seria; ni aquí ni en muchos otros países”. “Aunque un funcionario o un policía no cobre de la mafia, si mira para otro lado también es corrupto”.

Delito que mueve millones

Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), la trata de personas afecta prácticamente a todos los países, ya sea como punto de origen, tránsito o destino, y en base a sus informes se puede afirmar que en 137 Estados se ha explotado a víctimas de por lo menos 127 países

Para la Unodc, el tráfico humano es uno de los negocios ilícitos más lucrativos en Europa, donde las mafias obtienen beneficios calculados en 3 mil millones de dólares al año, siendo un negocio criminal que se abastece de la población mundial más marginalizada.

En Europa, unas 140.000 mujeres se encuentran atrapadas en una situación de violencia y degradación por motivos de explotación sexual, y una de cada siete trabajadoras sexuales ha sido esclavizada en la prostitución a consecuencia de la trata de personas.De manera global, una de cada cinco víctimas son niños, aunque en las regiones y subregiones más pobres de África y Asia, conforman la mayoría de las personas traficadas. Por su parte, las mujeres equivalen a dos tercios de las víctimas de la trata de personas en el mundo.

Abusos contra niños

El respaldo que viene brindando el Vaticano en materia de lucha contra el tráfico de personas, que afecta muy especialmente a los niños, niñas y adolescentes, debería ser acompañado por un mayor esfuerzo para denunciar y enjuiciar a los curas acusados por pedofilia, abusos sexuales y corrupción de menores.

Si bien en enero de este año, por primera vez el papa Francisco envió a un representante del Vaticano a una reunión convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre ese tema, los miles de casos denunciados en todo el mundo, y la falta de una respuesta contundente por parte de la Iglesia Católica, para sancionar a los responsables y no ocultar estos hechos, es una verdad que comprueban dolorosamente los propios feligreses. En la Argentina, los casos del cura Grassi (condenado por abuso infantil) o del capellán Von Wernich (por delitos de lesa humanidad), que no han sido expulsados de la Iglesia, son ejemplos que nos eximen de mayores comentarios.

Así como no puede haber contemplaciones para quienes explotan y trafican con niños, y los utilizan como mano de obra barata o esclava, o para prostituirlos, tampoco se puede ocultar o mirar para otro lado, cuando las denuncias de curas pedófilos son constantes en muchos países.

Monseñor Silvano Tomasi, representante de la Santa Sede ante Naciones Unidas en Ginebra, fue quien expuso ante el comité de la ONU sobre los Derechos del Niño, constituyendo la primera vez que el Vaticano se aviene a debatir públicamente sobre los abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes en todo el mundo.

Tomasi reconoció que el caso de los sacerdotes abusadores es “particularmente grave”, porque se trata de personas que gozan de una gran confianza y como religiosos están para proteger a los niños, y nunca para aprovecharse de esa situación para someterlos y abusarlos.

En esa reunión se evaluó el cumplimiento de los compromisos de la Santa Sede, en cuanto a ratificar la Convención de los Derechos del Niño, luego de los escándalos surgidos en relación a abusos cometidos por sacerdotes en todo el mundo.

Habrá que ver en el tiempo, si esos compromisos son acompañados de políticas concretas en la materia, para evaluar la sinceridad y efectividad de la renovación que proclama Francisco.

Gays y divorciados

El sínodo de obispos que se reunió en octubre en el Vaticano, para debatir un documento sobre la familia, no aprobó el borrador que había propuesto el Papa, donde flexibilizaba la tradicional posición negatoria de la Iglesia respecto a los homosexuales, así como la posibilidad de que los divorciados pudieran recibir los sacramentos.

Aunque el documento constituyó un “cambio de tono” en el tratamiento de la homosexualidad y los divorciados, no produjo la modificación que muchos católicos esperaban.

Fuente ArgenPress

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“El Sínodo sobre la familia, freno a la reforma de Francisco”, por Juan José Tamayo, teólogo

Viernes, 7 de noviembre de 2014

familia tradicionalEl arzobispo norteamericano Chaput se suma a Burke y acusa al Papa de convertir la Iglesia “en un barco sin timón” y denuncia que Bergoglio “está dejando a los creyentes un poco mareados”

Leído en la página web de Redes Cristianas

La reforma de Francisco parece haber naufragado o, al menos, encallado en el Sínodo celebrado en Roma del 5 al 19 de octubre, que ha reunido a cerca de 200 obispos de todo el mundo para reflexionar sobre la concepción, la actitud y la práctica pastoral de la Iglesia católica en torno a diferentes orientaciones sexuales, a los diferentes modelos de familia y otras cuestiones vinculadas con ella. Éramos muchas las personas de fuera y de dentro de la Iglesia católica que esperábamos un cambio de mentalidad, de orientación y de rumbo en un tema que se caracteriza por planteamientos anclados en el pasado sin apertura alguna a los cambios producidos en las últimas décadas en la sociedad. Pero éramos también conscientes de los obstáculos que se interponían y del peligro de que se produjera un estancamiento

El primer obstáculo lo constituían los propios protagonistas del Sínodo: los obispos. ¿Qué aportaciones podían hacer unas personas que no son especialistas en el tema, ni siguen de cerca los estudios especializados en las diferentes disciplinas que se ocupan del fenómeno de la familia en toda su complejidad? Personas que, además, han renunciado a formar una familia para dedicarse en exclusiva al servicio de la Iglesia. Es verdad que fueron invitados expertos y matrimonios, pero sin apenas influencia en los debates y sin voto a la hora de aprobar las proposiciones finales.

El segundo era la herencia de los papas anteriores. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI se mantuvieron instalados rígidamente en el paradigma tradicional de la familia y de la doctrina sobre la sexualidad y condenaron los modelos de familia que no se atuvieran a la imagen conservadora del matrimonio “cristiano”. Pablo VI, beatificado el pasado domingo por Francisco, condenó los métodos anticonceptivos en 1968 en la encíclica Humanae vitae, en clara oposición a las orientaciones del concilio Vaticano II, que defendía la paternidad responsable, y en contra de la mayoría de la Comisión de científicos y de teólogos que le asesoraba y que era partidaria del uso de dichos métodos para poner en práctica el principio conciliar de la referida paternidad responsable. La encíclica provocó una de las más graves rupturas de los teólogos, las teólogas y de los movimientos cristianos críticos con el Vaticano y generó un clima de malestar profundo dentro de la Iglesia, que desembocó en una actitud de justificada desobediencia colectiva a las orientaciones papales tanto en la teoría como en la práctica.

En la encíclica Familiaris consortio Juan Pablo II ya alertaba sobre los signos más preocupantes en torno al tema que ha discutido el Sínodo reciente, entre los cuales citaba “la facilidad del divorcio y del recurso a una nueva unión por parte de los mismos fieles; la aceptación del matrimonio puramente civil, en contradicción con la vocación de los bautizados a “desposarse en el Señor”; la celebración del matrimonio sacramento no movidos por una fe viva, sino por otros motivos; el rechazo de las normas morales que guían y promueven el ejercicio humano y cristiano de la sexualidad dentro del matrimonio”.

El cardenal Ratzinger, siendo presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigió en 1986 una durísima carta a los obispos norteamericanos en la que afirmaba que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye, sin embargo, una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada objetivamente desordenada. El documento reaccionaba ante quienes creíamos –y seguimos creyendo- que oponerse a la actividad homosexual y a su estilo de vida constituye una forma de discriminación injusta, y osaba aseverar, negando la evidencia, que la actitud de la Iglesia contra la homosexualidad no comporta discriminación alguna, sino que busca la defensa de la libertad y de la dignidad de la persona.

En coherencia con este planteamiento, Ratzinger pedía a los obispos que no incluyeran en ningún programa pastoral a organizaciones de personas homosexuales sin antes dejar claro que toda actividad homosexual es inmoral, ordenaba retirar todo apoyo a organizaciones que pretendieran subvertir la enseñanza de la Iglesia en esta materia, prohibía el uso de locales “propiedad de la Iglesia” para actos de grupos homosexuales e instaba a defender los valores del matrimonio frente a proyectos legislativos que defiendan las reivindicaciones de los colectivos homosexuales.

Por esas fechas, la Congregación romana para la Educación Católica publicaba la Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional de las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión en el seminario y a las órdenes sagradas, que prohibía a los homosexuales ingresar en los seminarios y acceder al sacerdocio. Prohibición que sigue manteniéndose hoy a rajatabla.

No resultaba fácil romper en el Sínodo con esa tendencia excluyente de las personas homosexuales y de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar, ya que en ella fueron educados –mejor instruidos- muchos de los padres sinodales.

Un tercer obstáculo fue la creación, desde el comienzo de la preparación del Sínodo, de un “frente” de oposición a cualquier cambio, liderado por el cardenal Gerhard Ludwig Müller, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nombrado por Benedicto XVI para mantener la ortodoxia y evitar cualquier desviación en materia doctrinal y moral. Se apresuró a escribir un libro sobre la familia recordando la doctrina tradicional, que considera inamovible, y firmó un documento junto con otros cardenales en contra de la reforma que en este tema pretendía introducir Francisco.

Pero no todas eran inercias, obstáculos y problemas. Había también síntomas de apertura. Fue el propio papa Francisco quien, al poco de ser elegido, propició un nuevo clima y abrió el debate sobre la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales y el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar a los sacramentos. En el propio Sínodo reinó un clima de libertad y los participantes en el mismo pudieron expresar sin ningún tipo de restricciones en lo referencia a la expresión de sus ideas. Dicho clima fue favorecido por Francisco, quien asistió a las sesiones en actitud de escucha y sin interferirse en las discusiones.

Ya en el viaje de vuelta de Brasil en julio de 2013, preguntado a bordo del avión por su actitud hacia los homosexuales, respondió de esta guida: “Si alguien es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarle? No debemos marginar a la gente por esto, deben ser integrados a la sociedad”.

En otra ocasión insinuó la posibilidad de revisar la actual prohibición del acceso de los divorciados que han vuelto a casarse y adoptar una actitud menos excluyente que la actual. Hubo cardenales que remaron en la dirección del papa y mostraron una actitud más abierta y favorable al cambio, entre ellos el cardenal Kasper que, en respuesta a los cardenales firmantes del documento conservador, respondió que “la verdad católica no es un sistema cerrado” y defendió el acceso de las personas divorciadas vueltas a casar a la eucaristía, si bien imponiendo unas condiciones muy severas:

“Si un divorciado vuelto a casar: 1. Se arrepiente de su fracaso en el primer matrimonio 2. Se han esclarecido las obligaciones del primer matrimonio, y se ha definitivamente excluido que regrese atrás. 3. Si no puede abandonar sin otras culpas las responsabilidades asumidas con el matrimonio civil. 4. Si, sin embargo, se esfuerza por vivir del mejor modo según sus posibilidades el segundo matrimonio a partir de la fe y de educar a los propios hijos en la fe. 5. Si tiene el deseo de los sacramentos como fuente de fuerza para su situación, ¿debemos o podemos negar, después de un tiempo de nueva orientación (metanoia), los sacramentos de la penitencia y después de la comunión?”.

Su respuesta es afirmativa, pero con importantes matices y precisiones: “Este posible camino no sería una solución general. No es el camino ancho de la gran masa, sino más bien el estrecho camino de la parte probablemente más pequeña de los divorciados vueltos a casar, sinceramente interesados en los sacramentos. ¿No es necesario tal vez evitar aquí la peor parte? (o sea la pérdida de los hijos con la pérdida de toda una segunda generación)… Un matrimonio civil como el que fue descrito con criterios claros debe distinguirse de otras formas de convivencia irregular, como los matrimonios clandestinos, las parejas de hecho, sobre todo la fornicación, de los así llamados matrimonios salvajes. La vida no es solo blanco y negro. De hecho, hay muchos matices”.

La propia metodología seguida en la preparación del Sínodo permitía albergar esperanzas de cambio. El Vaticano envió una encuesta a todos los cristianos y cristianas en torno a las cuestiones que se iban a abordar en la asamblea episcopal para conocer la opinión de las diferentes comunidades católicas del mundo sobre el tema. La mayoría de las respuestas eran favorables a una mayor apertura y a una actualización de la doctrina sobre la familia más acorde con los cambios producidos en las últimas décadas.

Pero ese clima de apertura enseguida se encontró con la réplica del cardenal Müller, que apelaba a argumentos de carácter dogmático y jurídico para oponerse incluso a la posibilidad de discutir sobre el tema: “Si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme a derecho; por tanto, es imposible que reciban los sacramentos”.

En el Sínodo se han producido, es verdad, cambios importantes en el análisis de la situación de la familia y en las críticas hacia sus patologías, en las actitudes y en el lenguaje empleado. La proposición 8 hace un buen análisis de las situaciones más graves por las que pasa hoy la familia: discriminación de las mujeres y creciente violencia de género contra ellas, con demasiada frecuencia dentro de la familia; abusos sexuales de los niños y de las niñas; penalización de la maternidad en vez de su consideración como valor; mutilación genital en algunas culturas; efectos negativos de las guerras, el terrorismo y el crimen organizado en las familias; crecimiento del fenómeno de los niños de la calle en las grandes metrópolis y en sus periferias.

La actitud ante los matrimonios civiles y las parejas de hecho es más comprensiva y acogedora, ya que, se dice, en ellos deben descubrirse elementos positivos, y en la actitud hacia los homosexuales. Muestra la necesidad de acoger las personas en situaciones difíciles como el divorcio y de buscar nuevos caminos pastorales para las familias heridas, no basadas en “soluciones únicas”

Pero en las cuestiones de fondo no se ha producido cambio alguno. Dos ejemplos. La proposición 52 describe las dos tendencias de los padres sinodales en torno a la posibilidad –solo la posibilidad- de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía: la que se muestra partidaria de mantener las actuales normas prohibitivas en vigor, y la partidaria de permitir el acceso a los sacramentos, pero con muchas restricciones: no de manera generalizada, sino en algunas situaciones especiales y con condiciones muy precisas. Además, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un “caminar penitencial” bajo la responsabilidad del obispo diocesano. Aun con todas estas restricciones, esta proposición contó con el rechazo de 74 padres sinodales y no logró los 2/3 tercios.

Otro ejemplo es la proposición 55 sobre los homosexuales. Defiende la necesidad de una acogida respetuosa y de un trato no discriminatorio hacia ellos, pero es contundente en el rechazo de los matrimonios homosexuales, hasta el punto de excluirlos del plan de Dios sobre la familia y el matrimonio. Con todo, la proposición fue rechazada por 62 padres sinodales y tampoco logró los 2/3.

Para frenar la lógica sensación pesimista que deja el Sínodo en quienes esperaban que la apertura fuera real ya, se afirma, como consuelo, que en este Sínodo no se ha dicho la última palabra y que hay que esperar al de octubre de 2015, que elaborará las conclusiones definitivas sobre la familia. Yo pregunto: ¿Cambiará entonces el panorama y se reconocerá sin trabas, prejuicios y prevenciones el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar el matrimonio a los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia y el reconocimiento del matrimonio homosexual como lo hace la Iglesia Anglicana, o volverán a emplearse fórmulas ambiguas del “sí, pero no”, tan propias del lenguaje eclesiástica ¿O se dejará la respuesta ad kalendas graecas?

¿Se seguirá pensando con categorías jurídicas o se hará al ritmo de la vida y atendiendo a los problemas reales de la familia? ¿Se buscarán las respuestas apelando al Código de Derecho Canónico o a la racionalidad dialógica? ¿Se seguirá expulsando de la comunidad eclesial y de la eucaristía que, según el Vaticano II, es el centro de la vida cristiana, a quienes se considera pecadores por el hecho de haber iniciado un nuevo proyecto de vida común y de haber formado una nueva familia?

¿Se respetarán y reconocerán en la Iglesia católica las diferentes identidades sexuales: gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, que de hecho existen entre los cristianos y las cristianas como existen en la sociedad? ¿Caminará la Iglesia oficial al ritmo de la sociedad y será sensible, como pedía Juan XXIII, a los signos de los tiempos, entre los cuales se encuentra el reconocimiento explícito de los diferentes modelos de familia, o perderá de nuevo el tren de la historia?

Y una reflexión final en clave de realismo. Yo creo que considerar un problema el acceso a la eucaristía a personas divorciadas vueltas a casar y a los matrimonios homosexuales solo existe en las mentes de los jerarcas, no en la práctica. Y negar dicho acceso se encuentra en el Código de Derecho Canónico, no en la vida de las comunidades cristianas. Son muchas las comunidades eclesiales de todo el mundo (parroquias, comunidades de base, grupos de matrimonios, etc.) que ni siquiera se plantean el problema. Las cristianas y los cristianos divorciados que han vuelto a casarse y las parejas homosexuales son acogidos sin ningún tipo de reserva en dichas comunidades, de las que forman parte, y participan en los sacramentos como el resto de los creyentes. Y lo hacen con toda naturalidad, sin ningún complejo de culpa, sin consultar ni pedir permiso a los clérigos y obispos, ni preguntarse si actúan conforme a la disciplina de la Iglesia, sin someterse a ningún “camino de penitencia”. Bastante penitencia ha tenido y sigue teniendo su vida como para añadirle todavía otra más.

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“Tenemos que decirle a la Iglesia que somos parte de ella y que no nos puede apartar”

Martes, 4 de noviembre de 2014

javier-erik--575x323Javier y Erik posan frente a la catedral del Buen Pastor en Donostia/San Sebastián. / PEDRO MARTÍNEZ

La Curia abre el debate para acoger a los homosexuales y permitir la comunión de divorciados

Erik Ríos y Javier Gómez relatan cómo ven el intento aperturista del Vaticano hacia los colectivos a los que pertenecen

“Supondría un apoyo para muchos gays que la Iglesia dijera: estamos con vosotros”

“La doctrina católica puede llevar a los divorciados a tener que elegir entre amor y fe”

Dani Soriazu

Si existe en la Tierra una institución con una estructura rígida y poco proclive a los cambios, esa es sin duda la Iglesia Católica. Ahora bien, soplan nuevos tiempos en su seno. Al menos, esa es la sensación que ha quedado tras el último sínodo extraordinario sobre la familia celebrado en Roma y en el que se han cuestionado y debatido conceptos que llevaban inmóviles desde hacía siglos, como el divorcio o a la aceptación de las uniones entre personas del mismo sexo. Temas de suma importancia para cientos de miles de fieles y que han salido a la palestra por influencia del nuevo tono del papa Francisco.

«Supondría un apoyo para muchos homosexuales el que la Iglesia les dijera: estamos con vosotros», cuenta Erik Ríos. Este joven pasaitarra y creyente de 26 años asegura que el inmovilismo de la institución católica puede hacer daño a muchos que, como a él, les gustan las personas del mismo sexo. «Porque si ya de por sí para muchos es difícil salir del armario por el rechazo social que pueda haber, siendo religioso la situación puede ser mucho peor».

No obstante, los deseos de los más progresistas tuvieron que quedarse en solo un borrador. El texto definitivo, que se aprobó al finalizar el sínodo -en el que participaron 191 prelados y padres sinodales- quedó bastante más descafeinado en sus aspiraciones aperturistas. No obstante, Bergoglio ha sido capaz de sembrar un debate que todavía no ha terminado y que da esperanza a aquellos cristianos de base que sienten un vacío porque la doctrina católica no les termina de hacer un hueco.

En el caso de los divorciados que no se pueden volver a casar por la iglesia «se puede quedar como una herida que no cierra. Sentirte como alguien incompleto o un cristiano de segunda categoría», explica Javier Gómez, madrileño que lleva viviendo en Donostia desde hace seis años, divorciado y con una hija. «Es una gozada escuchar este tipo de nuevos planteamientos. Se ve que en el Vaticano hay una mentalidad más humana, más abierta y más cercana a los que sufren, algo que se echaba de menos», añade.

Los dos protagonistas se lamentan de que la Iglesia, sobre todo entendida como las altas instancias que la gobiernan, no debería avanzar tan alejada de los pasos de la sociedad y en asuntos que los cristianos y religiosos de base ya tienen más que asumidos. «Yo siempre he tenido el apoyo de mi parroquia y nunca me han puesto ninguna pega por estar divorciado, por ejemplo, para poder comulgar», asegura Javier.

En el mismo sentido se pronuncia Erik: «Ser homosexual y creyente no es incompatible. Las enseñanzas católicas enseñan a respetar al prójimo, sea como sea». No obstante, se felicita del paso que se ha dado, «y aunque no es suficiente, entiendo que esta institución no puede cambiar de golpe», añade.

“Hacen una lectura torticera”

Cuando el sínodo se encontraba en su ecuador se hizo pública la ‘Relatio post disceptationem’, el documento que hacía una síntesis de las discusiones que estaban produciéndose en el seno de este cónclave sobre los temas a debate.

En el texto se aceptaban como un hecho las relaciones entre el mismo sexo ya que se podían encontrar afirmaciones como que «las personas homosexuales tienen dotes y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana». Y también se hacía una pregunta: «¿Somos capaces de acoger a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad (…) aceptando y valorando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica y el matrimonio?».

Erik tiene clara la respuesta: sí. «Lo que pasa es que hay ciertos sectores que han hecho una lectura bastante torticera de lo que son las enseñanzas de Jesucristo». Se refiere a los sectores más conservadores. Los mismos que un día después de conocer este documento lamentaron que no se mencionara en él ni la palabra «pecado» ni la «ley natural». Algo que, por otra parte, algunos llegaron a describir como ausencias muy reveladoras de ese cambio de aires. Al final del sínodo, los epígrafes referidos a la apertura a los gays quedaron reducidos a parafrasear el catecismo, pidiendo respeto para ellos y evitar discriminaciones. Los cambios en relación a los divorciados también siguieron el mismo camino.

«Aún así creo que hay que lanzar un mensaje de esperanza», apunta Erik, quien pide al resto de personas del colectivo LGTB que no renuncien a sus creencias ni a su condición sexual. «Porque somos nosotros los que tenemos que decirle a la Iglesia que estamos aquí, que somos parte de ella y que no nos puede apartar. Que si las cosas cambian será gracias a nuestras reivindicaciones».

El dilema de tener que elegir

Javier explica que, al igual que cualquier divorciado, si quisiera volver a casarse por la iglesia debería declarar la nulidad de su anterior matrimonio. Para ello, el derecho canónico pide que se aduzcan razones como que se carecía de suficiente uso de razón o que ha existido un engaño doloroso. «Y no lo veo bien. Estuve enamorado y tuve una hija. Y por eso mismo no puedo renegar así de aquel matrimonio». En este sentido, varios padres sinodales han expuesto durante el reciente sínodo la necesidad de «hacer más accesibles y ágiles los procedimientos para el reconocimiento de casos de nulidad», una de las reivindicaciones.

«Vivir con otra persona es una decisión muy importante, pero la religión también», apunta Javier. En estos momentos no tiene intención de volver a casarse aunque entiende que otros divorciados se puedan ver obligados a tener que elegir, enfrentándose a dos sentimientos muy profundos. «Porque no quieres renunciar a una nueva vida en pareja, pero tampoco a la fe. Y ahora mismo la única opción que les queda a muchos es casarse por lo civil y después organizar una misa que luego no pasa por los registros», explica.

Una vez abierta la puerta a acoger al colectivo gay, la siguiente pregunta es: ¿Y al matrimonio? ¿Y las adopciones? A la primera, la ‘Relatio post disceptationem’ sostenía que las uniones del mismo sexo no pueden «equipararse» al matrimonio entre un hombre y una mujer pero que, sin negar «las problemáticas morales» relacionadas con las uniones homosexuales, hay casos en que «el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas». En cuanto a las adopciones, el texto expresó «una atención» especial hacia los niños de estas parejas, pero no fue más allá en sus líneas rojas.

«Pero qué es mejor, ¿que los niños estén esperando en un orfanato? Hay contradicciones entre aquellos que dicen defender a la familia y a la vez la destruyen», se queja Erik, que asegura que le gustaría casarse por la iglesia, «en la basílica de San Ignacio de Loyola».

Fuente Diario Vasco

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Ron y Mavis Pirola: “Debemos reducir nuestra tendencia a juzgar a los demás”

Miércoles, 8 de octubre de 2014

matis_560x280Un matrimonio australiano relata al Sínodo su experiencia de acogida a divorciados y gays

“Existen muchos tipos de familias que necesitan ser acompañadas y esciuchadas”

“Debemos reducir nuestra tendencia a juzgar a los demás, una actitud que representa un obstáculo para la evangelización”. El Aula del Sínodo de los Obispos vivió ayer una jornada especial. Por primera vez en mucho tiempo, los padres sinodales escucharon, de la boca de sus protagonistas, algunos de los problemas reales de las familias del mundo. Más allá de teorías o dogmas inflexibles, Ron y Mavis Pirola, uno de los 13 matrimonios que participan en los debates, expusieron su experiencia de acogida a divorciados y homosexuales. Una experiencia de amor y misericordia. De puro Evangelio.

El matrimonio formado por Ron y Mavis Pirola, casados hace 55 años, recordaron que unos amigos suyos estaban pensando celebrar una reunión familiar una Navidad cuando su hijo homosexual les preguntó si podía asistir su pareja.

Los padres, recordaron, “creen plenamente en las enseñanzas de la Iglesia” y acogieron con agrado a la pareja porque se trataba de su hijo.

El matrimonio afirmó que existen muchos tipos de familias que necesitan ser “acompañadas y escuchadas.

La «Iglesia doméstica» que representa la familia, continuaron los esposos, puede «ofrecer mucho a la Iglesia en su tarea evangelizadora. Por ejemplo, la Iglesia afronta constantemente la tensión de sostener la verdad incluso expresando compasión y misericordia. Las familias deben afrontar esta tensión en todo momento».

La pareja australiana puso como ejemplo un caso que se relaciona con la homosexualidad. «Unos amigos nuestros estaban planeando su reunión familiar para Navidad, cuando su hijo gay les dijo que quería invitar a su compañero. Ellos creían profundamente en las enseñanzas de la Iglesia y sabían que a sus nietos les habría gustado ver que acogían a su hijo y a su compañero en la familia. Su respuesta podría ser resumida en tres palabras: “Es nuestro hijo”». Este, explicaron Ron y Mavis Pirola, es un «modelo de evangelización para las parroquias, puesto que responden a situaciones semejantes». El Papel de la Iglesia es el de «hacer conocer al mundo el amor de Dios».

El matrimonio también contó otra anécdota de una amiga suya, divorciada, de quien dijeron que “no siempre se siente aceptada en su propia parroquia”.

“Aún así, va a misa con regularidad y sin quejas, acompañada de sus hijos“, aseguraron.

Y prosiguieron: “Para el resto de su parroquia, ella debería ser un modelo de valentía y compromiso frente a la adversidad. De gente como ella aprendemos a reconocer que todos llevamos un elemento de ruptura en nuestras vidas“.

«Una amiga nuestra, divorciada, dice que a veces no se siente plenamente acogida en su parroquia. Para el resto de su parroquia ella debería ser un modelo de valentía y compromiso frente a las adversidades. De personas como ella aprendemos a reconocer que todos llevamos heridas internas en nuestra vida. Ser conscientes de nuestras heridas ayuda enormemente a reducir nuestra tendencia a juzgar a los demás, una actitud que representa un obstáculo para la evangelización».

La pareja también subrayó que “apreciar la ruptura ayuda enormemente a reducir la tendencia a ser juzgados por los demás”.

Fuentre Religión Digital

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Nada nuevo a pesar del tono: “Los divorciados pertenecen a la Iglesia y no hay que discriminar a los homosexuales”

Martes, 7 de octubre de 2014

14125976954316Los obispos convocados al Sínodo de la Familia durante la misa solemne en la Basílica de San Pedro.Efe

¿Y en que se nota lo que dice el título?…

Efe. Ciudad del Vaticano

Los divorciados pertenecen a la Iglesia y no hay que discriminar a los homosexuales, según el documento de base que debatirán los obispos en el Sínodo extraordinario sobre la familia cuyos trabajos comenzaron hoy.

Esos dos enunciados están contenidos en la ‘relatio disceptationem’, texto que engloba las posiciones que expondrán durante dos semanas los padres sinodales, los obispos con voz y voto en la asamblea, y que fue leída por el relator general del Sínodo, el húngaro Peter Erdo.

En el texto, que servirá de base para el debate hasta el 19 de octubre, cuando concluirá la asamblea, se constata que existe un amplio consenso “respecto al hecho de que las personas de tendencia homosexual no deben ser discriminadas, como recalca también el Catecismo de la Iglesia Católica”.

Pero también se detecta que entre las posiciones que expresarán los participantes y los fieles que fueron consultados antes de este Sínodo “no se espera una equiparación de estas relaciones [homosexuales] con el matrimonio entre hombre y mujer“.

familia2Otro de los temas más controvertidos que se afrontará será el de los divorciados que se han vuelto a casar, pero de la relación introductoria de hoy surgió que “es uno de los desafíos pastorales más apremiantes” y que “la pastoral de la Iglesia debería hacerse cargo de estas personas de modo particular”.

Los divorciados vueltos a casar por lo civil pertenecen a la Iglesia. Necesitan ser acompañados por sus pastores y tienen derecho a ello. Se les invita a escuchar la palabra de Dios, a participar en la liturgia de la Iglesia, en la oración y a realizar obras buenas de caridad”, se afirma.
Un ‘cuidado particular’

La pastoral de la Iglesia debe cuidarles de una forma del todo particular, teniendo presente la situación de cada uno”, según la introducción a los trabajos leída por Erdo.

Aunque no entró en detalle sobre la posibilidad de que los divorciados que se casen de nuevo puedan volver a recibir los sacramentos, que será uno de los objetos de debate.

Erdo sí que apuntó que se podrá estudiar, para evitar estos casos, que se “amplíen los casos de nulidad matrimonial, que podrían ser declaradas directamente por los obispos, así como el modelo ortodoxo que consiente nuevas uniones tras un recorrido penitencial”.

4f944b1f25En este texto también se explica que otro de los temas que se afrontarán será la violencia en familia y que “son las mujeres y los niños quienes sufren violencia y abusos”, como consecuencias del abuso de alcohol y drogas, la práctica de juegos de azar, consumo de pornografia y de “otras formas de dependencia sexual y de las redes sociales“.

Ante ello, la Iglesia está llamada, reflexionan los obispos, al “anuncio de la sobriedad y la esencialidad, promoviendo el valor de las relaciones personales, la sensibilidad para con los más pobres, la capacidad de un uso responsable de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías, respetando la dignidad de las personas, especialmente las más débiles e indefensas, que pagan el precio más alto de la soledad y de la marginación”.

En esta introducción, los obispos concordaron que en este Sínodo se les pide que actúen con el “espíritu del buen Samaritano” y por tanto se muestren cercanos “de aquellos a los que la vida ha herido y esperan una palabra de esperanza”.

La reunión de los 253 participantes a esta asamblea comenzó a las 8:30 hora local con la presencia del Papa Francisco.

Fuente El Mundo y Religión Digital

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