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“Sagrado Corazón de Jesús”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 23 de junio de 2017

piezas-lego-abre-pecho-corazonHoy celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús y por ello, rescatamos este artículo de hace ya tres años… Leído en su blog Nihil Obstat:

“Soy manso y humilde de corazón”
(Mateo 11, 25-30)

A muchos de nuestros contemporáneos no acaban de gustarles las representaciones que muestran a Jesús con el corazón traspasado y, a menudo, rodeado con una corona de espinas (pongan en google: “sagrado corazón de Jesús”, pinchen en “imágenes” y verán lo que encuentran). Si queremos actualizar esta devoción y encontrarle un sentido que responda a los anhelos de muchas personas de hoy, es necesario dejar de concentrar nuestra mirada en el corazón físico de Jesús (“yo no tengo devoción a una víscera”, me dijeron una vez en el confesionario), y recuperar el sentido bíblico y amplio del corazón como centro de nuestra afectividad y de nuestras decisiones más íntimas. En este sentido, el corazón de Jesús sería un buen símbolo de la misericordia de Dios que se expresa en todas las palabras y hechos de Jesús.

Walter Kasper ha tenido el acierto de señalar dos pasajes del evangelio de Juan que pueden ayudarnos a dar un sentido más actual a esta devoción. El primero, el texto de Jn 13,23, que muestra al discípulo amado descansando sobre el pecho o el corazón de Jesús. Esta representación, dice Kasper, puede ilustrar que en medio de la inquietud y del ajetreo del mundo, existe un lugar en el que podemos descansar y encontrar la paz interior. Todos necesitamos un buen amigo que nos apoye en los momentos difíciles, un amigo en el que poder confiar. Los creyentes sabemos que Jesús es este buen amigo que nunca falla (cf. Jn 15,15: a vosotros os he llamado amigos).

El otro texto que cita Kasper es el del escéptico Tomás que cree cuando introduce su dedo en la herida, pascualmente transfigurada, del costado de Jesús (Jn 20,24-29). Este encuentro puede ser importante para aquellos que se hacen preguntas y viven con un corazón inquieto, atormentados por las dudas. En cierto modo, todos somos como Tomás: no queremos creer fiados solo en la palabra de los demás, necesitamos una experiencia de encuentro personal con Cristo.

A propósito de este segundo texto (Tomás puso su dedo en el costado de Jesús), me surge la pregunta de cómo se compagina con este otro de Jn 20,17, en el que, cuando María Magdalena quiere abrazar a Jesús resucitado, éste le dice: no me toques. A Jesús resucitado no se le puede tocar materialmente. Una pista para entender los dos textos juntos, la ofrece Blas Pascal cuando dice: tras su resurrección, Jesús solo permite que se toquen sus heridas. La cuestión entonces es: ¿dónde están hoy las heridas de Jesús? O dicho de otra manera: ¿dónde pone hoy Jesús su corazón? Jesús pone su corazón en sus heridas que permanecen en este mundo: los pobres, los hambrientos, los malqueridos sociales. Ahí es dónde debemos poner la mano si queremos encontrar el corazón de Jesús.

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Walter Kasper: “A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad; hay un cisma práctico”

Martes, 8 de septiembre de 2015

monsenor-kasper_270x250¿Para qué quieren escuchar al pueblo si lueo no hacen caso? Por ahí… por ahí va lo del cisma práctico…

“Francisco se concibe como el iniciador de un proceso. Yo espero que sea un proceso irreversible”

Sobre los divorciados: “Hay situaciones distintas, y no necesariamente tiene que haber una solución única”

La Comisión Teológica Internacional resaltó la importancia de escuchar la voz de los fieles antes de ponerse a hablar de un tema

“A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad; hay un cisma práctico, señala el cardenal Walter Kasper. El teólogo alemán, uno de los principales colaboradores del Papa Francisco, habla en una entrevista con Mariano Vedia en La Nación de los desafíos de la Iglesia ante el Sínodo, como la situación de los divorciados vueltos a casar. “El camino -señaló- es la misericordia, salir al encuentro del hombre actual que está herido por todas partes.”

Kasper llegó a Buenos Aires por dos días, para exponer sobre los desafíos de la Iglesia, a 50 años del Concilio Vaticano II, en un Congreso Internacional por el centenario de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA).

-¿Qué implica la decisión de Francisco de promover el perdón a las mujeres arrepentidas que confiesan su aborto?

Francisco es el papa de las sorpresas. Relaciona el perdón con el profundo sufrimiento de las mujeres que abortan. Así, la Iglesia sale al encuentro no sólo del pecado, sino de un sufrimiento que se prolonga en la mujer mucho más allá de ese momento traumático.

-¿Puede generar reacciones en sectores conservadores?

-Hay que entender que no es una gracia barata que se da a la ligera. Implica la metanoia, que exista una sincera conversión. Junto al sufrimiento que provoca en la mujer haberse sometido a un aborto, requiere un deseo verdadero de cambiar la vida. No es fácil reconocer la culpa. En mi experiencia en Stuttgart, donde atendí como obispo realidades extremas del mundo carcelario, me encontré con gente que había cometido hasta tres homicidios, que con un arrepentimiento muy profundo pedían el perdón sacramental y yo se los daba. Las personas tenían que seguir en prisión, pero sus actitudes en la cárcel cambiaban mucho.

-¿Percibe un abismo en la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia y las convicciones con que viven muchos cristianos?

– A muchos la doctrina les resulta muy alejada de la realidad. Hay una especie de cisma práctico. Matrimonios cristianos muy comprometidos con la Iglesia, por ejemplo, no viven las enseñanzas de la encíclica Humanae Vitae, acerca de la anticoncepción. Es un problema que hay que pensar.

-¿Cómo enfrenta hoy la Iglesia esa realidad?

-En silencio. No se habla, en general, de este problema. Tal vez porque no deseamos perder a muchos católicos… En el próximo sínodo seguramente habrá que hablar de estos temas. En un reciente documento, la Comisión Teológica Internacional resaltó la importancia de escuchar la voz de los fieles antes de ponerse a hablar de un tema.

– ¿Existe en la Iglesia una tensión entre la doctrina y la acción pastoral?

-La pastoral no puede ir en contra de la doctrina, pero la doctrina no puede ser una afirmación abstracta. Su interpretación va unida a la vida real. Jesucristo habló siempre de la realidad de la persona, consciente de que somos todos pecadores. Puede haber una cierta tensión entre la doctrina y la pastoral. Pero esa tensión es normal, distinta al cisma práctico, que causa división.

– ¿Se abordará ese cisma práctico en el sínodo sobre la familia que se hará en octubre?

– No lo sé, espero que sí. En el último sínodo extraordinario sobre la familia, el año pasado, no se habló lo suficiente. Yo no tengo soluciones; puedo hablar como experto en teología dogmática, que enseña lo que Dios hace. Pero no soy, por suerte, especialista en teología moral, que enseña lo que los hombres tienen que hacer (risas)…

-¿Se pueden esperar novedades, por ejemplo, en la situación de los divorciados vueltos a casar?

-Es un problema complejo. Se discutieron posiciones el año pasado, en favor de una apertura. Hay situaciones distintas, y no necesariamente tiene que haber una solución única. Es necesario un consenso fundamental y posiblemente esa postura de fondo pueda diversificarse según las realidades locales.

-¿La misericordia, que es central para Francisco, estaba olvidada en la Iglesia?

-No en los fieles ni en la piedad popular. Ahí siempre estuvo presente. Pero tal vez en la reflexión teológica se había relegado un poco la misericordia como un atributo central de Dios. La misericordia no niega la justicia, la supera..

-¿Francisco es un papa de transición? ¿O marcará una bisagra en la Iglesia?

– El propio Francisco se concibe como el iniciador de un proceso, que va más allá de su pontificado. Yo espero que sea un proceso irreversible.

Fuente Religión Digital

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El cardenal Kasper asegura que las uniones homosexuales serán un tema central en el próximo Sínodo de la Familia

Viernes, 5 de junio de 2015

zzksprEl cardenal Kasper afirma que pueden existir elementos buenos en una unión homosexual

En declaraciones al diario italiano Corriere della Sera, el cardenal Walter Kasper ha asegurado que la Iglesia tiene que abordar con más detalle la cuestión de las parejas del mismo sexo. Indica además que esa cuestión fue en el último Sínodo “solamente un tema marginal, pero ahora se convierte en central“. El purpurado alemán defiende el voto a favor del matrimonio igualitario en el reciente referendo celebrado en Irlanda.

El cardenal Kasper defendió el voto de los irlandeses a favor del lmatrimonio igualitario, diciendo:

“Un Estado democrático tiene el deber de respetar la voluntad del pueblo; y parece claro que, si la mayoría de la gente quiere este tipo de uniones homosexuales, el Estado tiene el deber de reconocer tales derechos”.

También dijo que el referéndum irlandés es “emblemático por la situación en la que nos encontramos, no sólo en Europa, sino en todo Occidente”. Y añadió : “El concepto de la posmodernidad –según el cual todo es igual– está en contraste con la doctrina de la Iglesia”.

El cardenal Kasper quiso vincular lo sucedido en Irlanda y la doctrina de la Iglesia Católica, asegurando que ahora se hace más difícil para la Iglesia explicar a los demás su propia posición moral en la cuestión de la homosexualidad. “Tenemos que encontrar un nuevo lenguaje, dijo. “Tenemos que superar la discriminación [injusta], que tiene una larga tradición en nuestra cultura”.

En su opinión es importante honrar las relaciones del mismo sexo de larga duración, que contienen “elementos buenos”, a pesar de que la Iglesia no puede cambiar su actitud fundamental hacia ellos, ya que están en contra de la enseñanza de los Evangelios.

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El Papa Francisco ante un dilema histórico

Domingo, 24 de mayo de 2015

cont_b7yq7jnwf5lg96mEl papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.
(Marco Antonio Velásquez).

Después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de Familia, realizada en octubre de 2014, parecen haberse aquietado las hostilidades hacia el papa, por su espíritu reformista. De hecho, el mismo Francisco ha dado señales de tranquilidad, reafirmando el magisterio tradicional de la Iglesia, concediendo mayor confianza a alguno de los cardenales disidentes, como Carlo María Caffarra, y tomando pública distancia de líderes reformistas, como el cardenal Walter Kasper.

Sin embargo, tal quietud es más aparente que real, porque los opositores han optado por trabajar más silenciosa que bulliciosamente, dejando atrás un estilo que sirvió para alertar a la Iglesia universal y conseguir adhesión. Paralelamente, el papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.

En una institución donde predomina el statu quo, son esperables las tensiones que originan los cambios. Dicho ambiente contrasta con la sólida adhesión y apoyo que concita la persona del papa Francisco, quien expone su liderazgo para sensibilizar a las naciones tras el objetivo de globalizar la solidaridad, la justicia y la paz, así como para promover en la Iglesia la autonomía laical, el respeto a la conciencia personal y la acogida de los carismas.

Detrás de cada acto pontificio hay mensajes significativos que no pasan inadvertidos. Como los nombramientos del último consistorio que lapidaron el carrerismo eclesial; o la aprobación de la esperada beatificación de monseñor Romero, que reconoce oficialmente a esa Iglesia pueblo de Dios, concediendo estatus eclesial a las luchas liberadoras de los pobres y de los pueblos oprimidos.

En este contexto, el análisis de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia de octubre pasado aporta reveladoras pistas para evaluar el ambiente eclesial que rodea al papa Francisco. En tal sentido, la Relatio Synodi dejó una huella inconfundible del pulso eclesial y una medida de la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Reconociendo las diferencias existentes entre un concilio y una asamblea sinodal, hay algo en común que ayuda a evaluar la calidad de la comunión eclesial. En este sentido, el consenso de las votaciones de los padres conciliares y sinodales es un buen indicador del clima de comunión.

Los documentos del concilio se aprobaron de manera casi unánime, registrando en promedio, el conjunto de ellos, una aprobación del 98,5% de los votos conciliares. En ese contexto, la aprobación promedio del 92,5% que tuvieron los 62 numerales de la Relatio Synodi muestra un menor consenso, respecto del alcanzado en el concilio. Incluso hay cuatro numerales de la Relatio Synodi que revelan una acentuación de posiciones divergentes, como son las cuestiones atingentes al acceso a los sacramentos de la comunión y de la reconciliación, a la comunión espiritual y al reconocimiento de elementos positivos entre quienes no viven el matrimonio cristiano, así como la acogida con respeto y delicadeza de las personas homosexuales. En estos temas el nivel de rechazo superó el 30% y llegó al 40% en el caso del acceso a los sacramentos para personas en situación conyugal irregular.

Si el 1,5% de disenso registrado en el Concilio Vaticano II generó un doloroso cisma eclesial que perdura en la actualidad, es evidente que disensos cercanos al 40% como los manifestados en la Relatio Synodi, revelan un significativo cambio del espíritu eclesial entre el Concilio Vaticano II y el Sínodo de la Familia. Surge así una medida de la involución del Concilio en 50 años y una magnitud de la oposición al papa Francisco en cuestiones pastorales.

Con estos datos, es comprensible que las tensiones eclesiales, lejos de calmarse, están presentes y activas. Sin embargo, lo nuevo, es que después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo éstas se manifiestan ya no directamente contra el papa, sino contra los reformistas. Herida la comunión eclesial, las disputas se vuelven más sutiles y técnicas, menos visibles.

Por ejemplo, la tesis aperturista liderada por el cardenal Walter Kasper enfrenta nuevos obstáculos. Cuando en el Consistorio de febrero de 2014, el cardenal Kasper sorprendió a la asamblea refiriendo un trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, publicado en 1972, donde proponía una solución pastoral para rehabilitar a los divorciados vueltos a casar, nadie imaginó que 44 años después, a fines de 2014, el propio papa emérito, con la ayuda del cardenal Gerhard Müller, publicaría una Retractatio como parte de una colección teológica. En ella, el papa emérito, con el rigor teológico que lo caracteriza, no hace sino reconocer la evolución de su pensamiento, coherente con lo instruido por el mismo desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Otro caso da cuenta que, después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo, un grupo de 100 personalidades católicas envió al papa Francisco una Súplica Filial, para que clarifique la desorientación causada por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que permita el adulterio con el acceso posterior a la Eucaristía, por parte de parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente. Entre los firmantes figuran el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Jorge Medina Estévez, junto a una lista de obispos y laicos de organizaciones pro-vida y de familia.

Más recientemente, el cardenal Gerhard Müller ha aparecido afirmando la autoridad del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al proponer la supremacía de dicho dicasterio respecto de las Conferencias Episcopales, en cuestiones de doctrina y disciplina matrimonial y familiar. Ello, en respuesta al cardenal Reinhard Marx, quien como presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania había declarado que “no somos una sucursal de Roma”.

Así, la Asamblea Sinodal de octubre próximo no será fácil para el papa. De hecho, los opositores apuntan a hacer sentir un clima cismático en Roma, algo que en el corazón de un papa constituye un serio límite y un acto de fuerte coacción, en cuanto el obispo de Roma, junto con presidir en la caridad, es el signo de la unidad de la Iglesia.

El papa Francisco sabe que el futuro de la Iglesia se juega en su capacidad de aggiornamento a los desafíos que le plantea el mundo; un terreno donde la Iglesia debe enfrentar aquella vieja pugna entre el imperio de la Ley y el de la misericordia. Visto así, el papa Francisco enfrenta en su conciencia de pastor un serio dilema teológico-pastoral, una cuestión que Jesucristo enfrentó transgrediendo la Ley -no por capricho, sino por misericordia- asumiendo una conducta que le impuso los mayores costos personales que, en última instancia, lo llevaron a la cruz.

Marco Antonio Velásquez Uribe
Revista Reflexión y Liberación

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El Cardenal Burke lidera a 22 obispos en la dureza homófoba, mientras Francisco advierte a los luteranos de que no se puede olvidar el tema de la sexualidad en el diálogo ecuménico

Jueves, 7 de mayo de 2015

Burke

Recogen más de 225.000 firmas

La oposición al Papa Francisco prosigue. Más de 225.000 personas, entre ellas cuatro cardenales y 22 obispos, han firmado una petición contra la posibilidad de que el Vaticano integre mejor en la Iglesia a los divorciados que se han vuelto a casar o a los homosexuales.

La petición, impulsada por el cardenal ultraconservador estadounidense Raymond Leo Burke y dirigida al papa Francisco, fue lanzada en enero de cara al sínodo (reunión de obispos) sobre la familia previsto en octubre en el Vaticano.

Los firmantes están preocupados por la intención expresada el año pasado por algunos cardenales y teólogos de acoger dentro de la iglesia a divorciados que se han vuelto a casar, personas que viven en concubinato o homosexuales.

Para los conservadores la reforma más polémica, de la que habló el cardenal alemán Walter Kasper, considerado cercano al papa, sería la autorización de comulgar otorgada a algunos divorciados que se han vuelto a casar por lo civil a condición de que lleven cabo primero un “camino de penitencia”.

Por otra parte, el Papa Francisco ha recibido este viernes en audiencia a la arzobispa luterana de Upsala (Suecia), Antje Jackelén, que encabeza la delegación de la Iglesia Evangélica-Luterana en ese país, y ha pedido que los temas relacionados con familia, matrimonio y sexualidad no sean silenciados por temor a poner en peligro el consenso entre los cristianos.

“De actualidad urgente es también la cuestión de la dignidad de la vida humana, que debe respetarse siempre, así como las temáticas relacionadas con la familia, el matrimonio y la sexualidad que no pueden ser silenciadas o ignoradas por temor a poner en peligro el consenso ecuménico ya alcanzado. Sería una pena si sobre estas cuestiones tan importantes se consolidasen nuevas diferencias confesionales”, ha precisado el Pontífice.

Francisco ha recordado que el año pasado se celebró el 50 aniversario del decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II Unitatis Redintegratioque sigue siendo el punto de referencia clave para el empeño ecuménico de la Iglesia católica.

el-papa-y-la-delegacion-luterana-de-sueciaEn este documento se invitaba a todos los fieles católicos a emprender el camino de la unidad para superar la división entre los cristianos, que “no solo se opone abiertamente a la voluntad de Cristo, sino que es también escándalo para el mundo y perjudica a la más santa de las causas: la predicación del Evangelio a toda criatura”.

El decreto expresa “un profundo respeto y aprecio por aquellos hermanos y hermanas separados a quienes, en la coexistencia cotidiana, se corre a veces el peligro de prestar poca consideración”. “En realidad no deben ser percibidos como adversarios o competidores, sino reconocidos por lo que son: hermanos y hermanas en la fe”, ha añadido el Pontífice.

 En este sentido, ha subrayado que “católicos y luteranos deben buscar y promover la unidad en las diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo” y, en ese sentido, ha mencionado el reciente documento ‘Del conflicto a la comunión. La conmemoración conjunta luterano-católica de la Reforma en el 2017′, publicado por la Comisión Luterano-Católica para la Unidad. “Esperamos sinceramente –ha indicado– que esta iniciativa lleve a dar, con la ayuda de Dios y nuestra colaboración con Él y con los demás, más pasos en el camino de la unidad.

A su juicio, la llamada a la unidad también implica “una exhortación apremiante al compromiso común en el ámbito caritativo en favor de todos aquellos que en el mundo sufren por causa de la miseria y la violencia”. Concretamente, ha recordado a los cristianos perseguidos.

Finalmente, Francisco ha dado las gracias a la Iglesia luterana sueca por haber acogido a tantos emigrantes sudamericanos en tiempos de las dictaduras, un hecho que “hizo crecer a las familias”, y por “la delicadeza” con que Antje Jackelén nombró al amigo del Papa, el pastor Anders Root que le ayudó “mucho” en su vida espiritual.

Fuente Religión Digital

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“Ha brotado una rosa”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 25 de diciembre de 2014

02_Adviento_BDe su blog Nihil Obstat:

Así titula Walter Kasper uno de los apartados de su libro “La Misericordia”, ese libro que el Papa Francisco elogió en una de sus primeras intervenciones públicas. Kasper se inspira en una antigua canción navideña alemana del siglo XVI, que traducida suena así: “Ha brotado una rosa… en mitad del frió invierno a media noche”. Una pequeña rosa en mitad del invierno, y además a media noche. Esta rosa, nacida en tan extrañas y difíciles circunstancias, recuerda el vaticinio del profeta Isaías (11,1): “saldrá un vástago del tronco de Jesé (= el padre del rey David), y un retoño de sus raíces brotará”. De un tronco truncado, en apariencia muerto e inútil, brotará de modo prodigioso un vástago.

La rosa que brota en mitad del frío invierno a media noche, es una buena imagen de la maravilla que acontece en Navidad: dónde no es posible humanamente que nazca la vida (en el frío invierno o de una mujer virgen), Dios suscita de modo prodigioso una Vida con mayúsculas, una rosa destinada a ser “la luz que nace de lo alto, para iluminar a todos los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte” (Lc 1,78-79). Esta Vida nace en la noche del invierno precisamente para iluminar la noche del mundo. Este nacimiento trastorna todas las expectativas normales: el Salvador no nace en un palacio, sino en un establo; y los primeros que le reconocen son unos pobres pastores, gente marginada y despreciada. Nace sin hacer ruido (aunque luego su voz será potente y poderosa), a media noche, tal como lo anunciaba el libro de la Sabiduría (18,14): “Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el trono real de los cielos”.

Estar rosa, naciendo en tan complicadas circunstancias, anuncia ya las dificultades por las que tendrá que pasar Jesús para ser acogido, unas dificultades de tal calibre que terminaron en el rechazo total, en la cruz. Pero también ahí, en el frío invierno de la cruz, había signos de esperanza. Esta esperanza comenzó y se anticipó en el pesebre de Belén: allí, el Dios que muchas veces se nos antoja lejano, emerge del silencio, despierta en mitad de la noche del mundo y nos comunica la gracia y la verdad. Todavía hay esperanza para este mundo frío y oscuro, que es el nuestro, si somos capaces de volver nuestra mirada hacia este rayo de luz y de amor que aparece en Belén.

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“El Sínodo sobre la familia, freno a la reforma de Francisco”, por Juan José Tamayo, teólogo

Viernes, 7 de noviembre de 2014

familia tradicionalEl arzobispo norteamericano Chaput se suma a Burke y acusa al Papa de convertir la Iglesia “en un barco sin timón” y denuncia que Bergoglio “está dejando a los creyentes un poco mareados”

Leído en la página web de Redes Cristianas

La reforma de Francisco parece haber naufragado o, al menos, encallado en el Sínodo celebrado en Roma del 5 al 19 de octubre, que ha reunido a cerca de 200 obispos de todo el mundo para reflexionar sobre la concepción, la actitud y la práctica pastoral de la Iglesia católica en torno a diferentes orientaciones sexuales, a los diferentes modelos de familia y otras cuestiones vinculadas con ella. Éramos muchas las personas de fuera y de dentro de la Iglesia católica que esperábamos un cambio de mentalidad, de orientación y de rumbo en un tema que se caracteriza por planteamientos anclados en el pasado sin apertura alguna a los cambios producidos en las últimas décadas en la sociedad. Pero éramos también conscientes de los obstáculos que se interponían y del peligro de que se produjera un estancamiento

El primer obstáculo lo constituían los propios protagonistas del Sínodo: los obispos. ¿Qué aportaciones podían hacer unas personas que no son especialistas en el tema, ni siguen de cerca los estudios especializados en las diferentes disciplinas que se ocupan del fenómeno de la familia en toda su complejidad? Personas que, además, han renunciado a formar una familia para dedicarse en exclusiva al servicio de la Iglesia. Es verdad que fueron invitados expertos y matrimonios, pero sin apenas influencia en los debates y sin voto a la hora de aprobar las proposiciones finales.

El segundo era la herencia de los papas anteriores. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI se mantuvieron instalados rígidamente en el paradigma tradicional de la familia y de la doctrina sobre la sexualidad y condenaron los modelos de familia que no se atuvieran a la imagen conservadora del matrimonio “cristiano”. Pablo VI, beatificado el pasado domingo por Francisco, condenó los métodos anticonceptivos en 1968 en la encíclica Humanae vitae, en clara oposición a las orientaciones del concilio Vaticano II, que defendía la paternidad responsable, y en contra de la mayoría de la Comisión de científicos y de teólogos que le asesoraba y que era partidaria del uso de dichos métodos para poner en práctica el principio conciliar de la referida paternidad responsable. La encíclica provocó una de las más graves rupturas de los teólogos, las teólogas y de los movimientos cristianos críticos con el Vaticano y generó un clima de malestar profundo dentro de la Iglesia, que desembocó en una actitud de justificada desobediencia colectiva a las orientaciones papales tanto en la teoría como en la práctica.

En la encíclica Familiaris consortio Juan Pablo II ya alertaba sobre los signos más preocupantes en torno al tema que ha discutido el Sínodo reciente, entre los cuales citaba “la facilidad del divorcio y del recurso a una nueva unión por parte de los mismos fieles; la aceptación del matrimonio puramente civil, en contradicción con la vocación de los bautizados a “desposarse en el Señor”; la celebración del matrimonio sacramento no movidos por una fe viva, sino por otros motivos; el rechazo de las normas morales que guían y promueven el ejercicio humano y cristiano de la sexualidad dentro del matrimonio”.

El cardenal Ratzinger, siendo presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigió en 1986 una durísima carta a los obispos norteamericanos en la que afirmaba que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye, sin embargo, una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada objetivamente desordenada. El documento reaccionaba ante quienes creíamos –y seguimos creyendo- que oponerse a la actividad homosexual y a su estilo de vida constituye una forma de discriminación injusta, y osaba aseverar, negando la evidencia, que la actitud de la Iglesia contra la homosexualidad no comporta discriminación alguna, sino que busca la defensa de la libertad y de la dignidad de la persona.

En coherencia con este planteamiento, Ratzinger pedía a los obispos que no incluyeran en ningún programa pastoral a organizaciones de personas homosexuales sin antes dejar claro que toda actividad homosexual es inmoral, ordenaba retirar todo apoyo a organizaciones que pretendieran subvertir la enseñanza de la Iglesia en esta materia, prohibía el uso de locales “propiedad de la Iglesia” para actos de grupos homosexuales e instaba a defender los valores del matrimonio frente a proyectos legislativos que defiendan las reivindicaciones de los colectivos homosexuales.

Por esas fechas, la Congregación romana para la Educación Católica publicaba la Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional de las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión en el seminario y a las órdenes sagradas, que prohibía a los homosexuales ingresar en los seminarios y acceder al sacerdocio. Prohibición que sigue manteniéndose hoy a rajatabla.

No resultaba fácil romper en el Sínodo con esa tendencia excluyente de las personas homosexuales y de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar, ya que en ella fueron educados –mejor instruidos- muchos de los padres sinodales.

Un tercer obstáculo fue la creación, desde el comienzo de la preparación del Sínodo, de un “frente” de oposición a cualquier cambio, liderado por el cardenal Gerhard Ludwig Müller, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nombrado por Benedicto XVI para mantener la ortodoxia y evitar cualquier desviación en materia doctrinal y moral. Se apresuró a escribir un libro sobre la familia recordando la doctrina tradicional, que considera inamovible, y firmó un documento junto con otros cardenales en contra de la reforma que en este tema pretendía introducir Francisco.

Pero no todas eran inercias, obstáculos y problemas. Había también síntomas de apertura. Fue el propio papa Francisco quien, al poco de ser elegido, propició un nuevo clima y abrió el debate sobre la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales y el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar a los sacramentos. En el propio Sínodo reinó un clima de libertad y los participantes en el mismo pudieron expresar sin ningún tipo de restricciones en lo referencia a la expresión de sus ideas. Dicho clima fue favorecido por Francisco, quien asistió a las sesiones en actitud de escucha y sin interferirse en las discusiones.

Ya en el viaje de vuelta de Brasil en julio de 2013, preguntado a bordo del avión por su actitud hacia los homosexuales, respondió de esta guida: “Si alguien es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarle? No debemos marginar a la gente por esto, deben ser integrados a la sociedad”.

En otra ocasión insinuó la posibilidad de revisar la actual prohibición del acceso de los divorciados que han vuelto a casarse y adoptar una actitud menos excluyente que la actual. Hubo cardenales que remaron en la dirección del papa y mostraron una actitud más abierta y favorable al cambio, entre ellos el cardenal Kasper que, en respuesta a los cardenales firmantes del documento conservador, respondió que “la verdad católica no es un sistema cerrado” y defendió el acceso de las personas divorciadas vueltas a casar a la eucaristía, si bien imponiendo unas condiciones muy severas:

“Si un divorciado vuelto a casar: 1. Se arrepiente de su fracaso en el primer matrimonio 2. Se han esclarecido las obligaciones del primer matrimonio, y se ha definitivamente excluido que regrese atrás. 3. Si no puede abandonar sin otras culpas las responsabilidades asumidas con el matrimonio civil. 4. Si, sin embargo, se esfuerza por vivir del mejor modo según sus posibilidades el segundo matrimonio a partir de la fe y de educar a los propios hijos en la fe. 5. Si tiene el deseo de los sacramentos como fuente de fuerza para su situación, ¿debemos o podemos negar, después de un tiempo de nueva orientación (metanoia), los sacramentos de la penitencia y después de la comunión?”.

Su respuesta es afirmativa, pero con importantes matices y precisiones: “Este posible camino no sería una solución general. No es el camino ancho de la gran masa, sino más bien el estrecho camino de la parte probablemente más pequeña de los divorciados vueltos a casar, sinceramente interesados en los sacramentos. ¿No es necesario tal vez evitar aquí la peor parte? (o sea la pérdida de los hijos con la pérdida de toda una segunda generación)… Un matrimonio civil como el que fue descrito con criterios claros debe distinguirse de otras formas de convivencia irregular, como los matrimonios clandestinos, las parejas de hecho, sobre todo la fornicación, de los así llamados matrimonios salvajes. La vida no es solo blanco y negro. De hecho, hay muchos matices”.

La propia metodología seguida en la preparación del Sínodo permitía albergar esperanzas de cambio. El Vaticano envió una encuesta a todos los cristianos y cristianas en torno a las cuestiones que se iban a abordar en la asamblea episcopal para conocer la opinión de las diferentes comunidades católicas del mundo sobre el tema. La mayoría de las respuestas eran favorables a una mayor apertura y a una actualización de la doctrina sobre la familia más acorde con los cambios producidos en las últimas décadas.

Pero ese clima de apertura enseguida se encontró con la réplica del cardenal Müller, que apelaba a argumentos de carácter dogmático y jurídico para oponerse incluso a la posibilidad de discutir sobre el tema: “Si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme a derecho; por tanto, es imposible que reciban los sacramentos”.

En el Sínodo se han producido, es verdad, cambios importantes en el análisis de la situación de la familia y en las críticas hacia sus patologías, en las actitudes y en el lenguaje empleado. La proposición 8 hace un buen análisis de las situaciones más graves por las que pasa hoy la familia: discriminación de las mujeres y creciente violencia de género contra ellas, con demasiada frecuencia dentro de la familia; abusos sexuales de los niños y de las niñas; penalización de la maternidad en vez de su consideración como valor; mutilación genital en algunas culturas; efectos negativos de las guerras, el terrorismo y el crimen organizado en las familias; crecimiento del fenómeno de los niños de la calle en las grandes metrópolis y en sus periferias.

La actitud ante los matrimonios civiles y las parejas de hecho es más comprensiva y acogedora, ya que, se dice, en ellos deben descubrirse elementos positivos, y en la actitud hacia los homosexuales. Muestra la necesidad de acoger las personas en situaciones difíciles como el divorcio y de buscar nuevos caminos pastorales para las familias heridas, no basadas en “soluciones únicas”

Pero en las cuestiones de fondo no se ha producido cambio alguno. Dos ejemplos. La proposición 52 describe las dos tendencias de los padres sinodales en torno a la posibilidad –solo la posibilidad- de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía: la que se muestra partidaria de mantener las actuales normas prohibitivas en vigor, y la partidaria de permitir el acceso a los sacramentos, pero con muchas restricciones: no de manera generalizada, sino en algunas situaciones especiales y con condiciones muy precisas. Además, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un “caminar penitencial” bajo la responsabilidad del obispo diocesano. Aun con todas estas restricciones, esta proposición contó con el rechazo de 74 padres sinodales y no logró los 2/3 tercios.

Otro ejemplo es la proposición 55 sobre los homosexuales. Defiende la necesidad de una acogida respetuosa y de un trato no discriminatorio hacia ellos, pero es contundente en el rechazo de los matrimonios homosexuales, hasta el punto de excluirlos del plan de Dios sobre la familia y el matrimonio. Con todo, la proposición fue rechazada por 62 padres sinodales y tampoco logró los 2/3.

Para frenar la lógica sensación pesimista que deja el Sínodo en quienes esperaban que la apertura fuera real ya, se afirma, como consuelo, que en este Sínodo no se ha dicho la última palabra y que hay que esperar al de octubre de 2015, que elaborará las conclusiones definitivas sobre la familia. Yo pregunto: ¿Cambiará entonces el panorama y se reconocerá sin trabas, prejuicios y prevenciones el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar el matrimonio a los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia y el reconocimiento del matrimonio homosexual como lo hace la Iglesia Anglicana, o volverán a emplearse fórmulas ambiguas del “sí, pero no”, tan propias del lenguaje eclesiástica ¿O se dejará la respuesta ad kalendas graecas?

¿Se seguirá pensando con categorías jurídicas o se hará al ritmo de la vida y atendiendo a los problemas reales de la familia? ¿Se buscarán las respuestas apelando al Código de Derecho Canónico o a la racionalidad dialógica? ¿Se seguirá expulsando de la comunidad eclesial y de la eucaristía que, según el Vaticano II, es el centro de la vida cristiana, a quienes se considera pecadores por el hecho de haber iniciado un nuevo proyecto de vida común y de haber formado una nueva familia?

¿Se respetarán y reconocerán en la Iglesia católica las diferentes identidades sexuales: gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, que de hecho existen entre los cristianos y las cristianas como existen en la sociedad? ¿Caminará la Iglesia oficial al ritmo de la sociedad y será sensible, como pedía Juan XXIII, a los signos de los tiempos, entre los cuales se encuentra el reconocimiento explícito de los diferentes modelos de familia, o perderá de nuevo el tren de la historia?

Y una reflexión final en clave de realismo. Yo creo que considerar un problema el acceso a la eucaristía a personas divorciadas vueltas a casar y a los matrimonios homosexuales solo existe en las mentes de los jerarcas, no en la práctica. Y negar dicho acceso se encuentra en el Código de Derecho Canónico, no en la vida de las comunidades cristianas. Son muchas las comunidades eclesiales de todo el mundo (parroquias, comunidades de base, grupos de matrimonios, etc.) que ni siquiera se plantean el problema. Las cristianas y los cristianos divorciados que han vuelto a casarse y las parejas homosexuales son acogidos sin ningún tipo de reserva en dichas comunidades, de las que forman parte, y participan en los sacramentos como el resto de los creyentes. Y lo hacen con toda naturalidad, sin ningún complejo de culpa, sin consultar ni pedir permiso a los clérigos y obispos, ni preguntarse si actúan conforme a la disciplina de la Iglesia, sin someterse a ningún “camino de penitencia”. Bastante penitencia ha tenido y sigue teniendo su vida como para añadirle todavía otra más.

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A Juan Manuel de Prada no le gusta el Papa: “Mamarrachadas kasperianas”

Sábado, 1 de noviembre de 2014

juanmanuelDePradaEste señor tan enfadado es Juan Manuel de Prada… Y ha querido mostrar su enfado con Francisco en un artículo que lleva el impresentable título de este post. Parece que a la Caverna no le ha gustado ni tan siquiera que se hable de divorciados y homosexuales en el pasado Sínodo que termino… como había empezado… “sin novedad en el frente”…  Lo que se demuestra es que la Caverna está ya acopiando munición de grueso calibre para ir contra Francisco… Mientras tanto, los “francotiradores mediáticos”, disparan a too lo que parece moverse…

Leído en el blog de Isabel Gómez Acebo:

“Conozco a parejas homosexuales que llevan muchos años juntos y son un ejemplo de entrega y fidelidad”

“Al que piensa distinto no hay que descalificarle sino tratar de convencerle”

Siempre digo que leo a Juan Manuel de Prada porque me parece un escritor fino y culto del que aprendo muchas cosas que desconocía previamente. Además compartimos ideas religiosas, aunque desde posiciones distintas, lo que siempre es enriquecedor porque aumenta el pluralismo eclesial y da que pensar.

Tengo la impresión de que no le ha gustado el nombramiento del papa Francisco porque ha abierto un camino en la Iglesia muy novedoso y rompedor con muchas tradiciones del pasado. Su último artículo en el periódico ABC se títula Un lío sinodal porque piensa que lo que se ha tratado en Roma nos trae un lío a los católicos. Parece que la frase que más le ha preocupado es la que hace alusión a las personas homosexuales según la cual tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”. Pues dado, nos dice, que todas las criaturas de Dios por el hecho de serlo los tienen, la alusión específica a este colectivo se tiene que deber a turbios intereses, es un afán majadero, para halagar servilmente a la mentalidad de la época o por ofrendar incienso al César”, entre otros. Tengo que pensar que detrás de ese César no está el presidente Obama, sino el papa Francisco.

¡Qué joven es Juan Manuel¡ Probablemente no ha escuchado los calificativos que para estas personas ha dedicado la sociedad española de mi infancia y juventud. La frase maricón de mierda era la más benévola y muchas otras venían acompañadas de violencia física. El hecho de acostarse con personas del mismo sexo era el mayor pecado imaginable y descalificaba a sus autores para la menor bondad. Pero incluso hoy, en muchos países de nuestro mundo, son condenados a muerte.

Creo que poner de relieve que pueden tener cualidades es una justa compensación a todas las diatribas que han recibido y que reciben ¿No hay colectivos más pecadores en nuestra sociedad? Conozco a parejas homosexuales que llevan muchos años juntos y son un ejemplo de entrega y fidelidad.

Claramente no pienso lo mismo que el autor y los dos estamos en nuestro perfecto derecho de disentir y publicar nuestras ideas. Pero me parece que sobraba hablar de “mamarrachadas kasperianas” en clara alusión al cardenal Kasper, y de “liantes con solideo”. Al que piensa distinto no hay que descalificarle sino tratar de convencerle y el desprecio y los insultos predisponen en contra.

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El “favorito” de Benedicto XVI, George Ganswein, reitera que los actos homosexuales son “desordenados” y “contrarios a la ley natural”

Domingo, 12 de octubre de 2014

011Benito, George y un niño…

Con lo bonito que es ver a una familia feliz, no entiendo la homofobia de algunas monseñorías… Como dice el autor de este artículo, “la mirada de Benedicto XVI se torna aún más dulce. Y sus ojos parecen acariciar la inocencia. A su lado, el rostro de su fiel y guapo secretario, monseñor Georg Gänswein, resplandece de alegría“…

El secretario personal de Benedicto XVI se alinea con los “halcones” del Sínodo

Ganswein sobre los divorciados vueltos a casar: “Contradicen lo indicado por el Señor”

El Papa, el secretario y el bebé

(José Manuel Vidal).- El secretario personal de Benedicto XVI, George Ganswein,  se une al “partido” del cardenal Müller y demás opositores a la telogía de la misericordia del cardenal Kasper, apoyada por el Papa Francisco. Y reitera la doctrina sobre los divorciados vueltos a casar y sobre los gays. En ambientes eclesiásticos se cuestiona el pronunciamiento público del prefecto de la Casa Pontificia. No tanto por lo que dice, sino por quién lo dice y por cuándo lo dice.

Las declaraciones de la mano derecha del Papa emérito aparecen en una entrevista concedida a Alfonso Signorini, director de la revista italiana ‘Chi’. En ellas, entre otro cosas, avanza, de entrada, este principio: “La Iglesia debe tener el coraje de expresar sus convicciones, porque, de lo contrario, no serviría a la verdad”

También aborda dos de los temas más polémicos del Sínodo que se está celebrando en Roma. Sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar dice: “Es una cuestión muy delicada. Está en juego el matrimonio sacramental que, según la doctrina católica, es indisoluble, al igual que el amor de Dios hacia el hombre”.

Y añade:El que contrae una nueva unión contradice con su decisión lo indicado por el propio Señor, aunque también es cierto que sólo Dios escruta y conoce la conciencia de cada cual”.

 A su juicio, “el Papa Francisco sigue (en este tema) la línea de sus predecesores, cuyo magisterio sobre el matrimonio sacramental es muy claro“.

De ahí que sobre la discusión de esta temática en el Sínodo declare: “La Iglesia no cierra los ojos ante las dificultades de los fieles que viven en situaciones delicadas y espinosas. Sin embargo, la Iglesia debe ofrecer respuestas sinceras que se orienten no según el espíritu de los tiempos, sino según el Evangelio y la palabra de Jesucristo, que es el hijo de Dios. Es verdad que Dios acoge y perdona, pero también lo es que pide la conversión

En cuanto a la homosexualidad, monseñor Ganswein asegura que “la Iglesia, apoyándose en la Sagrada Escritura y en la Tradición, siempre declaró que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural, porque impiden al acto sexual el don de la vida“.

Eso sí, el secretario del Papa emérito, advierte, sin embargo, que los homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, evitando cualquier injusta discriminación contra ellos.

El alemán Georg Gaenswein, confesó también en la citada entrevista que su celibato en los primeros años “no fue fácil” y explicó que al entrar en el seminario tuvo “luchas interiores” sobre el celibato.

“Cuando entré en el seminario para ser sacerdote lo hice totalmente convencido respecto al desafío del celibato. No faltaron, lo digo sinceramente y sin vergüenza las luchas interiores. No fue fácil, pero todo el vida tiene un precio, explicó.

El celibato no es una vida sin amor. Es la vida de un amor que es más grande que el carnal. Tienes que renunciar a algo que es grande, lo sé, pero lo haces porque hay algo aún más grande que es el reino de los cielos“.

Fuente Religión Digital

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El ordenador de Wesolowski contenía más de cien mil archivos con imágenes pornográficas

Domingo, 28 de septiembre de 2014

359412_wesolowski_jw262_34El exarzobispo polaco Jozef Wesolowski, de 66 años, conservaba en su ordenador portátil, propiedad del Vaticano, una colección secreta de 100.000 imágenes pornográficas, entre vídeos y fotos de varones entre 13 y 17 años, obligados a posar desnudos o a mantener relaciones sexuales entre ellos o con otros. Según publica Il Corriere della Sera, el tráfico de correos del exarzobispo que está investigando la Policía revela sus accesos a portales gays. Wesolowski puede ser condenado a siete años de cárcel. La Policía trata de descubrir ahora qué otras personas habrían ayudado al religioso a captar a sus víctimas. El exnuncio utilizaba a un diácono que lo ponía en contacto con adolescentes pobres para que su “apetito sexual pudiera ser satisfecho”.

Francisco lanza su campaña contra pederastas y cómplices en la Iglesia

Kasper: “Hubo un tiempo en el que se protegió a los sacerdotes: ahora, al lado de las víctimas”

Navarro-Valls: “La verdadera enfermedad no es la Iglesia, sino la pedofilia

El ordenador de la nunciatura de la República Dominicana, propiedad del exarzobispo polaco Jozef Wesolowski, en arresto domiciliario desde el pasado martes en el Vaticano acusado de pedofilia, contenía más de cien mil archivos con imágenes pornográficas y vídeos, según informa el diario italiano Corriere della Sera.

De este modo, la investigación judicial relativa a la actividad diplomática de Wesolowski en República Dominicana ha revelado más de 100.000 archivos, divididos en cuatro volúmenes con unos 130 vídeos y más de 86.000 fotografías con contenido sexual de menores explícito a los cuales se añadirían otras 45.000 imágenes que habrían sido canceladas.

Además, los investigadores del Vaticano están buscando otros cómplices que habrían ayudado al alto prelado a procurarse menores, ya que en el sumario judicial se habla de manera explícita de «delitos cometidos junto a otras personas todavía sin identificar».

Según informó el portavoz oficial de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, el juicio se celebrará a finales de este año o comienzos del 2015. Asimismo, confirmó que el promotor de justicia del Vaticano, el fiscal Gian Piero Milano, está investigando al exnuncio por pederastia y por posesión de material con pornografía infantil.

El Vaticano reformó su ordenamiento jurídico en el 2013 pero estas reformas carecen de efecto retroactivo y los delitos por los que se investiga a Wesolowski fueron presuntamente cometidos con anterioridad a dicho cambio legislativo en la Santa Sede. De acuerdo con el ordenamiento jurídico del Vaticano, previo a la reforma penal del 2013, el acusado podría ser condenado a 6 o 7 años de prisión. Por el momento, según Lombardi, el exnuncio está siendo representado legalmente por un abogado de oficio, aunque podría designar uno de su confianza.

El Vaticano destituyó a Wesolowski de su cargo a finales de agosto del año pasado y abrió una investigación, después de que el arzobispo de Santo Domingo, el cardenal Nicolás López Rodríguez, informara al papa Francisco de las acusaciones que recaían sobre el nuncio. Fue condenado y expulsado del sacerdocio en un proceso canónico en primera instancia instruido por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Por su parte, el cardenal Walter Kasper, autor del informe introductorio del Sínodo sobre la familia, afirmó que tras el arresto de Jozef Wesolowski, la Iglesia está frente “a un cambio de paradigma. Hubo un tiempo en el que se protegió a los sacerdotes: ahora se miran las cosas del lado de las víctimas, es lo que debemos hacer“. El arresto de Wesolowski -dijo Kasper en una entrevista con el Corriere della Sera- “va en la dirección que conocemos. La línea del Papa es clara, no se puede detener, ni siquiera si es un obispo. La Iglesia necesita purificación y renovación, debemos ser consecuentes. “La pedofilia es un crimen opuesto a la vocación: destruye la vida. Hemos conocido los efectos a largo plazo que la pedofilia tiene en sus víctimas”, agregó, subrayando que “no debe haber privilegios. La ley civil vale para todos, ¿por qué no debería valer para un obispo?“.

Por su parte el padre Hans Zollner, presidente del Instituto de Psicología en la Universidad Gregoriana y miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores, dijo que es un gran error considerar que los casos hayan sido cubiertos en Roma“. “La realidad es que el entonces cardenal Ratzinger, en el año 2000, para contrarrestar el fenómeno decidió centrar la gestión de las acusaciones contra sacerdotes en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y nombró promotor de Justicia a Charles Scicluna, canonista considerado riguroso, poniéndolo a la cabeza de los procedimientos contra los clérigos”, dijo Zollner al diario La Repubblica. Cuando se convirtió en Papa “continuó con firmeza en esta línea” y “Francisco dijo claramente que tiene intención de seguir con rigor la misma orientación“.

Sobre las acusaciones de la ONU, “para la parte civil y penal la Iglesia se atiene a las leyes de los Estados. La denuncia no es obligatoria en la mayoría de los Estados, por ejemplo en Italia, Alemania y Bélgica, explicó.

En cuanto a la selección de los candidatos al sacerdocio, “no hay que ilusionarse con que mediante algún test o pregunta durante una entrevista se pueda identificar con absoluta certeza a posibles abusadores”, agregó.

En una intervención publicada también en La Repubblica, el ex vocero vaticano Joaquín Navarro Valls escribió que “el perfil de un pedófilo no incluye nunca adultos normales que son atraídos eróticamente por menores como resultado de una abstinencia temporal o prolongada en el tiempo. Por lo tanto no emerge clínicamente ningún vínculo entre pedofilia y celibato“. La verdadera enfermedad no es la Iglesia, sino la pedofilia. Sobre todo porque expresa con brutalidad y violencia una perversión que anida entre las personas ‘comunes’ y también entre los muros domésticos”, agregó. “Si es cierto que la pedofilia es una plaga humana que también la Iglesia está conociendo, también es cierto que la Iglesia es la única realidad comunitaria e institucional que está interviniendo eficazmente para extirparla, penal, canónica y culturalmente“, escribió Navarro Valls.

Según la revista L’Espresso, en un artículo anticipado hoy, tras el arresto de Wesolowski “en el Vaticano la tensión es altísima y “tiembla por su puesto sobre todo George Pell, cardenal australiano miembro del C9, el grupo de purpurados que aconseja al Papa en el gobierno de la Iglesia“. Según la revista “Francisco parece haber admitido que fue demasiado apresurado en el nombramiento del cardenal”. Pell fue absuelto hace algunos años “por falta de pruebas de una acusación de molestias contra un niño de 12 años. El cardenal fue interrogado hace algunas semanas por la comisión de investigación de Canberra por hechos ocurridos cuando era arzobispo de Melbourne y Sydney. En esa oportunidad comparó a los curas pedófilos con los camioneros que molestan a las mujeres que hacen autostop: “No creo que la compañía de transportes -dijo refiriéndose a la Iglesia- pueda ser responsable de las acciones de sus camioneros”. En Australia, los padres de los niños pero también investigadores acusan al cardenal de haber querido minimizar los delitos, ocultar la verdad, manipular e intimidar a las víctimas“.

Fuente Religión Digital

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Cardenales conservadores presionan al Papa para que frene su apertura

Domingo, 21 de septiembre de 2014

papa333Un nuevo libro se posiciona contra la comunión de divorciados que vuelven a casarse

Irene Hernández Velasco: Cinco cardenales se rebelan abiertamente contra Francisco

Papa: No al clericalismo y a codificar la fe en reglas

Cardenales conservadores están presionando al Papa Francisco ante la cercanía del sínodo extraordinario de la familia, que se iniciará en octubre, para que el Vaticano no haga cambios en su postura sobre temas espinosos, como la comunión de los divorciados.

Un libro contra la apertura

Un libro con las tesis de cinco cardenales de peso, entre ellos el alemán Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, saldrá a la venta el 5 de octubre, bajo el título “Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia católica,  en el que se defiende  la doctrina vigente frente a la apertura que promete Francisco.

Las primeras bodas del Papa

Para estos cardenales, readmitir a la comunión a los divorciados que ha vuelto a casarse equivaldría poner en cuestión la indisolubilidad del matrimonio y sería contrario a la Biblia. La postura de estos cardenales contradice la nueva mirada de la Iglesia bajo el mandato de Francisco. El Papa eligió al cardenal alemán Walter Kasper, para presentar una propuesta a esta problemática. Kasper ha dicho que si se expresa una voluntad muy fuerte de comulgar, las parejas de divorciados que contrajeron nuevo matrimonio civil pueden recibir la comunión.

El domingo pasado, el Papa casó a 20 parejas, entre ellas, algunas que ya tenían hijos tras años de convivencia, y una madre soltera, una pareja que aún no ha cumplido los 20 años, jóvenes desempleados… “parejas como tantas otras”, según se destacaba en una nota de prensa emitida desde el Vaticano. Aunque fue un gesto inédito de la Santa Sede,  no lo fue en  la actuación del Papa, que en su etapa como arzobispo de Buenos Aires ofició enlaces de parejas con hijos fuera del matrimonio.

Bautizaba a niños de parejas de hecho

El Papa ya sorprendió en enero, cuando en un bautizo de 32 niños incluyó al hijo de una pareja casada por lo civil y no por la Iglesia. Tampoco era nuevo para él, como arzobispo en la capital argentina había bautizado a varios hijos de parejas que ni siquiera estaban casadas por lo civil.

Un sínodo determinante para los católicos de hoy

Son pasos de Francisco encaminados a una posible apertura de la Iglesia, que se comprobará si de verdad se pone en marcha tras el Sínodo de los obispos que se celebrará entre el 5 y el 19 de octubre, para analizar la situación de la familia. Con motivo de esta celebración el Vaticano distribuyó una encuesta por todo el mundo para conocer la opinión de los fieles sobre temas polémicos y que han sido tabú en la iglesia católica hasta ahora, como el aborto, el divorcio o el matrimonio homosexual.

Fuente El Plural

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“Dios justo en su misericordia”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Martes, 2 de septiembre de 2014

1Crucifixión de Cristo, Detalle. 1890. Max Klinger. Museum der Bieldesde.

De su blog Nihil Obstat:

 En la carta a los romanos, dice San Pablo que Dios, independientemente de la ley, manifiesta su justicia justificando al pecador, o sea, perdonándole. Este tipo de justicia resulta muy extraño, pues lo justo no parece que sea perdonar al pecador, sino castigarle. El perdón contradice la mera justicia conmutativa, que exige represalias. De ahí la pertinencia de la pregunta que plantea Walter Kasper: “¿cómo puede un Dios que ha de ser pensado como justo mostrarse misericordioso con los victimarios sin hacer violencia en el acto del perdón a las víctimas, en caso de que no estén de acuerdo con tal perdón?”

Un primer elemento de reflexión: entre los hombres, la justicia no existe en abstracto, se aplica concretamente a través de leyes, recogidas en códigos de derecho. Pero el derecho nunca agota la justicia, entre otras cosas porque no puede prever todos los casos posibles, con todos sus matices y variantes. Podría darse el caso de que una aplicación fría de la ley derivase en una injusticia. O sea, la justicia trasciende el derecho y no está atada a la ley. La justicia perfecta no puede darse en el marco de un sistema jurídico. ¿Es posible, en este mundo, una justicia perfecta? Probablemente no. Pero, ¿no debemos pensar que Dios sí puede realizar una justicia perfecta, más allá de toda ley? ¿No tenemos ahí una pre-comprensión de una justicia que va más allá de todas nuestras leyes?

Otro elemento de reflexión: el ideal de la justicia no es solo que cada uno tenga lo que le corresponde, sino que todos estén bien y tengan lo necesario para vivir dignamente. Por eso, los gobiernos con sensibilidad social promulgan leyes que van más allá de dar a cada uno lo que se ha ganado. Una ley universal de sanidad para todas las personas que están en territorio español va más allá de dar en función de lo que uno ha cotizado. Este concepto de justicia se aproxima al amor y tiende a la incondicional solidaridad con el otro. Dice Kasper: “mientras que en la vida diaria social siempre se busca el equilibrio entre diversas pretensiones y derechos, en el ideal de la justicia a la que hay que aspirar lo que cuenta es la solicitud por el otro y la preocupación por su bienestar”.

Semejante concepto de justicia se aproxima al amor, y más allá de la lógica del intercambio o del cálculo, se guía por la lógica del don y de la gratuidad. En este mundo no es posible una perfecta lógica del don. Pero, ¿y si así fuera la justicia divina? Una justicia regida por la lógica del don, la lógica del querer que todos estén bien. El que mis enemigos estén mal, ¿contribuye a que yo esté mejor? ¿No será esta justicia que se traduce en castigo para el que me ha hecho daño, un modo de hacer presentables mis deseos de venganza? ¿Y si la misericordia de Dios lograse reconciliar lo que para los hombres es inconciliable, a saber, el amor al pecador y el odio al pecado, el amor al enemigo y el desacuerdo con el daño que me hace? ¿Y si al final esa misericordia divina lograse que todos estuvieran bien?

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“Sagrado Corazón de Jesús”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 27 de junio de 2014

piezas-lego-abre-pecho-corazon“Soy manso y humilde de corazón”
(Mateo 11, 25-30)

Hoy celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Leído en su blog Nihil Obstat:

A muchos de nuestros contemporáneos no acaban de gustarles las representaciones que muestran a Jesús con el corazón traspasado y, a menudo, rodeado con una corona de espinas (pongan en google: “sagrado corazón de Jesús”, pinchen en “imágenes” y verán lo que encuentran). Si queremos actualizar esta devoción y encontrarle un sentido que responda a los anhelos de muchas personas de hoy, es necesario dejar de concentrar nuestra mirada en el corazón físico de Jesús (“yo no tengo devoción a una víscera”, me dijeron una vez en el confesionario), y recuperar el sentido bíblico y amplio del corazón como centro de nuestra afectividad y de nuestras decisiones más íntimas. En este sentido, el corazón de Jesús sería un buen símbolo de la misericordia de Dios que se expresa en todas las palabras y hechos de Jesús.

Walter Kasper ha tenido el acierto de señalar dos pasajes del evangelio de Juan que pueden ayudarnos a dar un sentido más actual a esta devoción. El primero, el texto de Jn 13,23, que muestra al discípulo amado descansando sobre el pecho o el corazón de Jesús. Esta representación, dice Kasper, puede ilustrar que en medio de la inquietud y del ajetreo del mundo, existe un lugar en el que podemos descansar y encontrar la paz interior. Todos necesitamos un buen amigo que nos apoye en los momentos difíciles, un amigo en el que poder confiar. Los creyentes sabemos que Jesús es este buen amigo que nunca falla (cf. Jn 15,15: a vosotros os he llamado amigos).

El otro texto que cita Kasper es el del escéptico Tomás que cree cuando introduce su dedo en la herida, pascualmente transfigurada, del costado de Jesús (Jn 20,24-29). Este encuentro puede ser importante para aquellos que se hacen preguntas y viven con un corazón inquieto, atormentados por las dudas. En cierto modo, todos somos como Tomás: no queremos creer fiados solo en la palabra de los demás, necesitamos una experiencia de encuentro personal con Cristo.

A propósito de este segundo texto (Tomás puso su dedo en el costado de Jesús), me surge la pregunta de cómo se compagina con este otro de Jn 20,17, en el que, cuando María Magdalena quiere abrazar a Jesús resucitado, éste le dice: no me toques. A Jesús resucitado no se le puede tocar materialmente. Una pista para entender los dos textos juntos, la ofrece Blas Pascal cuando dice: tras su resurrección, Jesús solo permite que se toquen sus heridas. La cuestión entonces es: ¿dónde están hoy las heridas de Jesús? O dicho de otra manera: ¿dónde pone hoy Jesús su corazón? Jesús pone su corazón en sus heridas que permanecen en este mundo: los pobres, los hambrientos, los malqueridos sociales. Ahí es dónde debemos poner la mano si queremos encontrar el corazón de Jesús.

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