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Al final del Sínodo. Más desafíos y propuestas

Lunes, 2 de noviembre de 2015

sinodoDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté el otro día 13 proposiciones. Pero quedaron en el tintero algunas, y hoy quiero recogerlas, mientras se están votando en el aula las proposiciones oficiales del Sínodo 2015 (sábado 24. 10. 15 por la tarde).

Lo hago con la ingenuidad del que cree que la vida empieza cada día, y con la serenidad del que ha visto caer muchas hojas en el otoño de la vida (y ahora mismo ve cómo las lleva el viento de la meseta), con esa imagen tan judía, tan cristiana, que pongo en la portada.

Ciertamente, existen otros desafíos, pero aquí quiero evocar sólo siete, de un modo condensado, desde la perspectiva de conjunto de mi libro sobre la familia, partiendo de las inquietudes y preguntas del Documento Pontificio del 2013 que nos ha venido ocupando estos dos años.

He dicho ya en este blog casi todo lo importante. Sólo me quedan algunas consideraciones finales, de tipo general, sobre el sentido de una pastoral cristiana de la familia:

1. Más que una pastoral “sobre” ha de existir una pastoral “de” familia,
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no con palabras, sino con la vida, de manera que la misma Iglesia sea escuela de familia. Ciertamente, ella debe seguir elaborando su doctrina, pero no puede contentarse con redactar documentos y escribir directrices redactadas por pastores célibes, desde fuera y por arriba, como si el tema tratara de otros, de los matrimonios laicos, y no de ellos, de los “pastores sacerdotales”.

La única pastoral realista de la familia es la misma familia: Que los cristianos, empezando por sus “pastores”, pero centrándose de un modo especial en las familias concretas (laicales) ofrezcan un testimonio y camino alternativo y fuerte (evangélicamente profundo y rompedor) de familia. No se trata ya de hablar sobre ella, dictando lecciones magisteriales, sino de hacerse y ser familia mesiánica, según el evangelio, en un mundo amenazado por una profundísima crisis de familia.

2. En principio no tenía que haber habido un Sínodo sobre la Familia

Ella tenia que haber sido incluida en el cuidado por la comunidad entera, es decir por todos los creyentes. Pero las circunstancias así lo han exigido, porque el tema de la familia había sido cerrado en falso, tanto en Humanae Vitae (Pablo VI, 1968) como en Familiaris Consortio (Juan Pablo II, 1981). No es que esos documentos fueran falsos; al contrario, ellos contienen sabias consideraciones y doctrinas en parte admirables. Pero no respondían a la dinámica esencial de nuestro tiempo, según el evangelio.

El tema no es rebajar la exigencia del matrimonio y la familia, con el cuidado de los hijos, sino todo lo contrario: Es elevarlo. No se trata de prohibir, sino de abrir caminos para un despliegue más hondo de la dinámica familiar según el evangelio, no por ley, sino por gracia; no por imposición, sino por empuje más fuerte de Reino. La “Iglesia del Sínodo” no puede tratar de la familia como si tratara de algo que concierne a otros, sino a ellos mismos, en unión con Cristo.

Como dijo Jesús tratando de esto, “quien pueda oír que oiga”. Entendida desde Cristo, la familia es objeto y tema de una revelación, como la revelación de la Santísima Trinidad. Ocuparse sólo de la ex-comunión de los divorciados y de la ex-clusión de los homosexuales es como ocuparse de las piedras de contención de un dique imaginario, y no del agua viva, que es lo que conviene.

3. El tema de todos, pero en la actualidad, por circunstancias históricas, resulta fundamental el testimonio de los “ministros”.

Ellos han ocupado un lugar preferente en la vida y misión (oficial) de la Iglesia, pero eso es preciso que empiecen siendo ejemplo central de familia, desde su celibato y/o matrimonio. En ese contexto debemos vincular el ideal mesiánico de Pablo (que quisiera que todos fueran célibes como él) y el realismo comunitario de las Pastorales (1 Tim, Tito), donde se afirma que sólo podrán ser ministros de la Iglesia los bien casados, “animadores” de familia, aquellos hombres y mujeres que sean capaces de promover espacios de comunión vinculando la intimidad familiar (esponsal, paterna) con la vida de la comunidad (entendida como gran casa patriarcal).

Mucha tinta y sangre ha corrido desde que Pablo formuló su llamada universal al celibato (¡porque el tiempo acaba!), mucha experiencia se ha dado en la Iglesia desde la propuesta de las Cartas Pastorales, con su visión patriarcalista de los ministerios. Posiblemente no se deba absolutizar una postura ni otra (ni celibato universal, ni casamiento obligado), sino una experiencia radical de familia: Sólo quien es hombre o mujer de comunión/comunidad (de un modo o de otro, en celibato o matrimonio) puede ser testimonio y estímulo en la Iglesia. Mientras ella en su conjunto no pueda presentar a sus “pastores” como ejemplo y modelo de familia no podrá hablarse en realidad de una pastoral de familia.

4. Ministerio para casados y mujeres.
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Siguiendo en esa línea, a partir de todo lo anterior, me parece que la exclusión de los casados y de las mujeres para los ministerios (para todos, desde el de asistente pastoral hasta el obispo) va en contra de la experiencia bíblica. En un contexto antiguo pudo tener un sentido la “reducción” de los ministerios, de manera que ellos que sólo podían ser ejercidos por varones célibes. Actualmente, esa reducción carece de base evangélica, fundamento social y finalidad pastoral.

Lo único que puede y debe pedirse a los ministros cristianos es que sean hombres y/o mujeres de comunión, personalmente maduros, capaces de establecer una conexión positiva con el mensaje de Jesús y de la Iglesia, en las circunstancias, actuales del mundo. No se trata de resolver el tema de la escasez de “clero ordenado” (tema del que ha de tratarse en otro espacio), sino de centrarse en el valor y exigencia de los ministerios de Jesús, según el evangelio.

No se trata de seguir diciendo que varones y mujeres son distintos (¡eso es una obviedad!), ni de seguir afirmando que son distintas las condiciones de solteros y casados (¡otra obviedad!), sino de volver a la raíz de los ministerios mesiánicos según la experiencia de Jesús y de la Iglesia primitiva. Un tipo de exégesis realizada al servicio de un sistema clerical ha sido clarividente, pero con “orejeras”, lo que le ha hecho escuchar y ver sólo algunas cosas. Quitemos las orejeras y las falsas gafas, aprendamos a oír y a ver sin atduras.

5. Un caso concreto y difícil, un tipo de pederastia clerical.

En este momento de vida de la Iglesia (2015) siguen resonando los gritos de niños que han sido violados por “pastores” pederastas célibes dentro de la Iglesia. Es evidente que el tema no se puede universalizar, pues han existido y existen cientos de miles de buenos pastores, pero en algunos casos no han sido claros los motivos de su opción por el celibato, ni fuertes los controles contra el riesgo de pederastia.

Es posible que se haya dado un “celibato demasiado fácil”, como recurso para un tipo de misión clerical, sin verdadera vocación, ni madurez humana. Sea como fuere, esa situación debe aclararse, pues como he dicho, sólo pueden ser buenos pastores de iglesia aquellos que tienen “sosegada” y resuelta, en principio, su opción afectiva, en clave de familia (de un tipo o de otro), de manera que no exista en ellos ningún riesgo apreciable de tendencia a la pederastia.

Matrimonio y celibato son opciones “secundarias”, no es una mejor que la otra, ambas pueden ser y son muy apropiadas para cumplir una misión eclesial. Lo que no puede hacerse es imponer un tipo de camino, ni aceptar en los ministerios de la iglesia, en contacto muy particular con niños, a personas que no son afectivamente maduras. Sólo allí donde se supera de raíz el riesgo de la pederastia puede hablarse de una buena familia cristiana (cf. tema 9), pues los niños son un momento esencial de la familia cristiana.

6. El tema de los homosexuales.

Pienso que la Iglesia no ha planteado tampoco todavía, en todo su rigor antropológico y cristiano, el tema de aquellas personas que tienen un tipo de sexualidad y tendencia afectiva “distinta” de la que se ha tomado como normativa. Éste es un caso que puede parecer secundario, dentro de la agenda general de las preocupaciones cristianas, pero está muy vinculado al proyecto y a la praxis de Jesús que ha estado cerca de personas de diversas orientaciones sexuales y antropológicas.

Por circunstancias diversas (de celibato y de orientación “espiritual”) parece que en la “familia eclesial” han sido y son bastante numerosos los casos de clérigos homosexuales, lo que no es un bien ni un mal, sino un hecho y una oportunidad, mientras el clero deba ser siendo celibatario, como hasta ahora. El tema no es que los haya, sino que deban mantenerse en situación de semi-clandestinidad, con un riesgo añadido por su propia condición y por el hecho de que, en conjunto, un tipo de Iglesia ministerial parece que no les acepta como tales (a pesar de que son bastante numerosos en el clero).

Lo mismo sucede con los homosexuales declarados, que acuden al matrimonio civil para legitimar de alguna forma su situación, siendo mal vistos en general por muchos miembros de la Iglesia. Éste es un tema que debe ser revisado y replanteado con urgencia, para que la Iglesia pueda presentarse y ser casa en la que puede decirse la verdad, hogar para los sin casa y familia. Y, por fin, con toda rapidez, se debe declarar que no ha sido adecuada, en línea antropológica, cristiana y pastoral, aquella norma del 2005 que prohibía el acceso de los homosexuales a los ministerios. (a) Porque es una norma “mentirosa”, pues hay muchos homosexuales en los ministerios, con todo honor, mientras no salgan del armario y no digan lo que son. (b) Porque es una norma anticristiana, pues discrimina de un modo “infantil” (maniqueo y antievangélico) a un tipo de personas.

Publiqué por entonces (año 2005) una fuerte protesta contra esa prohibición que decía (con mentira) que los homosexuales no pueden ser ministros de la Iglesia (porque lo eran de hecho). Debe andar por ahí, es fácil encontrarla con los buscadores de google. A lo mejor vuelto a publicarla uno de estos días.

7. La Iglesia está llamada a ofrecer un espacio de familia para muchos hombres y mujeres sin familia,

superando un tipo de oposición moderna entre lo privado (casa, familia) y lo público (sociedad…). Ciertamente, hay diferencias, se trata de espacios en parte distintos. Pero en sentido estricto (como en el principio de su historia) la Iglesia tiene que presentarse como “tercer género de sociedad”, entre el mundo privado de la pequeña familia (con sus principios de gratuidad personal) y el mundo público del sistema (donde domina un tipo de ley implacable de tipo capitalista). La Iglesia no es un agregado de pequeñas familias aisladas, que se reúnen para cultivar sólo su intimidad espiritual, mientras el mundo externo sigue dominado por “mamón”. Pero no es tampoco una justificación sacral del sistema capitalista, como algunos quieren.

En la línea de todo lo que he venido mostrando en este libro, la Iglesia ha de ser una comunidad que e es, al mismo tiemplo, íntima (de gratuidad) y abierta al espacio de la convivencia social, pero sin perder por ello sus principios básicos de solidaridad y de justicia. Como vengo diciendo, estamos en un momento clave de gran transición creadora. Pienso que la gran revolución social del futuro ha de ser una revolución social y personal de la familia. Con ese fin he querido escribir este libro sobre La Familia en la Biblia, en el contexto de la celebración de los Sínodos de la Familia (año 2014 y 2015).

Biblia, Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , ,

Los lefebvrianos, contra el Sínodo y el Papa: La homosexualidad contradice el derecho divino natural y por lo tanto constituye un pecado”

Lunes, 2 de noviembre de 2015

lundi09Sólo les falta decir que nos apedreen… De todas formas, tampoco se alejan tanto de las conclusiones del documento final del Sínodo de la Familia en el que, tras un refrito del Catecismo, califican la Homosexualidad de pecado, “Tendencia” en vez de “orientación”, afirman que “No existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia“… eso sí, respetándonos mucho, mucho, pero que mucho… ¡Cuánto fariseísmo!

Como decíamos al dar noticia de las conclusiones: Duras afirmaciones que demuestran que, definitivamente, esta Iglesia no es casa de acogida…

“Lamentables ambigüedades y omisiones”

“Rezamos por el Papa, y estaremos vigilantes”

“La homosexualidad contradice el derecho divino natural.

Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado.

No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.”

(Bernard Fellay, superior de la Fraternidad San Pío X).- La Relación final de la segunda sesión del Sínodo de la familia, publicada el 24 de octubre de 2015, lejos de manifestar un consenso de los padres sinodales, constituye la expresión de un compromiso entre posturas profundamente divergentes.

En ella se puede ver que se recuerdan ciertos puntos doctrinales sobre el matrimonio y la familia católica, pero también se notan lamentables ambigüedades y omisiones, y sobre todo brechas abiertas en la disciplina en nombre de una misericordia pastoral relativista. La impresión general que se desprende de este texto es la de una confusión que no dejará de ser explotada en un sentido contrario a la enseñanza constante de la Iglesia.

Por esta razón, nos parece necesario reafirmar la verdad recibida de Cristo sobre la función del Papa y de los obispos (1) y sobre la familia y el matrimonio (2), cosa que hacemos en el mismo espíritu que nos llevó a dirigir al Papa Francisco una súplica antes de la segunda sesión de este Sínodo.

1 – La función del Papa y de los obispos[1]

Como hijos de la Iglesia Católica, creemos que el obispo de Roma, sucesor de San Pedro, es el Vicario de Cristo, al mismo tiempo que es la cabeza visible de toda la Iglesia. Su poder es en sentido propio una jurisdicción a la que, tanto los pastores como los fieles de las Iglesias particulares, cada uno de ellos por separado o todos ellos reunidos, incluso en concilio, en sínodo o en conferencias episcopales, quedan obligados por un deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia.

Dios ha dispuesto así las cosas para que, manteniendo con el obispo de Roma la comunión y la profesión de una misma fe, la Iglesia de Cristo no sea sino un solo rebaño bajo un solo pastor. La Santa Iglesia de Dios ha sido divinamente constituida como una sociedad jerárquica en la que la autoridad que gobierna a los fieles viene de Dios, a través del Papa y de los obispos que le están sometidos. [2]

Cuando el Magisterio pontificio supremo ha dado la expresión auténtica de la verdad revelada, tanto en materia dogmática como en materia disciplinar, no les corresponde a los organismos eclesiásticos con autoridad de rango inferior -como las conferencias episcopales- introducir modificaciones en él.

El sentido de los sagrados dogmas que ha de conservarse a perpetuidad es el que el magisterio del Papa y los obispos han enseñado de una vez por todas y del que nadie puede jamás separarse. Por consiguiente, la pastoral de la Iglesia cuando ejerce la misericordia ha de comenzar remediando la miseria de la ignorancia al dar a las almas la verdad que las salva.

En la jerarquía instituida así por Dios, en materia de fe y de magisterio, las verdades reveladas han sido confiadas como un depósito divino a los Apóstoles y a sus sucesores, el Papa y los obispos, para que lo guarden fielmente y lo enseñen con autoridad. Este depósito está contenido, como en sus fuentes, en los libros de la Sagrada Escritura y en las tradiciones no escritas que, recibidas por los Apóstoles de boca del propio Cristo o transmitidas como de mano en mano por los Apóstoles por dictado del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros.

Cuando la Iglesia docente declara el sentido de estas verdades contenidas en la Escritura y la Tradición, lo impone con autoridad a los fieles para que lo crean como revelado por Dios. Es erróneo decir que al Papa y a los obispos corresponde ratificar lo que les sugiere el sensus fidei o la experiencia común del Pueblo de Dios.

Como ya habíamos escrito en nuestra Súplica al Santo Padre: «Nuestra inquietud brota de la condenación que San Pío X hizo, en su encíclica Pascendi, de la acomodación del dogma a pretendidas exigencias contemporáneas. Pío X y vos, habéis recibido la plenitud del poder de enseñar, de santificar y de gobernar en la obediencia a Cristo, que es el Jefe y el Pastor del rebaño en todo tiempo y en todo lugar, y de quien el Papa debe ser el fiel vicario sobre esta tierra. Lo que ha sido objeto de una condenación dogmática no puede convertirse, con el tiempo, en una práctica pastoral autorizada».

Esto es lo que llevó a Mons. Marcel Lefebvre a escribir en su Declaración del 21 de noviembre de 1974: «Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. «Si ocurriese -dice san Pablo- que yo mismo o un Ángel bajado del cielo os enseñase otra cosa distinta a lo que yo os he enseñado, sea anatema». [3]

2 – El matrimonio y la familia católica

Acerca del matrimonio, Dios ha provisto al crecimiento del género humano instituyendo el matrimonio, que es la unión estable y perpetua de un hombre y de una mujer [4]. El matrimonio de los bautizados es un sacramento, ya que Cristo lo elevó a esta dignidad; por lo tanto, el matrimonio y la familia son de institución divina y natural.

El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos. El fin secundario del matrimonio es la ayuda mutua que se dan los cónyuges, así como el remedio de la concupiscencia.

Cristo estableció que la unidad del matrimonio sería definitiva, tanto para los cristianos como para todos los hombres. Esta unidad goza de tal indisolubilidad que no puede romperse nunca, ni por la voluntad de ambas partes ni por ninguna autoridad humana: «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».[5] En el caso del matrimonio sacramental entre bautizados, la unidad e indisolubilidad se explican, además, por el hecho de ser el signo de la unión de Cristo con su esposa.

Todo lo que los hombres puedan decretar o hacer contra la unidad e indisolubilidad del matrimonio no corresponde ni a lo que exige la naturaleza ni al bien de la sociedad humana. Además, los fieles católicos tienen el deber grave de no unirse únicamente por el vínculo del matrimonio civil, sin tener en cuenta el matrimonio religioso prescrito por la Iglesia.

La recepción de la eucaristía (o comunión sacramental) requiere el estado de gracia santificante y la unión con Cristo mediante la caridad; la comunión aumenta esta caridad y significa al propio tiempo el amor de Cristo por la Iglesia, que le está unida como Esposa única. Por consiguiente, las personas que deliberadamente viven juntas en una unión de concubinato o incluso adúltera van contra las leyes de Dios y de la Iglesia, porque dan el mal ejemplo de una falta de justicia y de caridad, no pueden ser admitidas a la comunión eucarística y son consideradas como pecadores públicos: «El que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio». [6]

Para recibir la absolución de los pecados en el ámbito del sacramento de la penitencia, se requiere tener el firme propósito de no pecar más y, consiguientemente, los que se niegan a poner término a su situación irregular no pueden recibir una absolución válida.[7]

En conformidad con la ley natural, el hombre no tiene derecho a usar su sexualidad sino en el matrimonio legítimo y respetando las leyes fijadas por la moral. Por lo tanto, la homosexualidad contradice el derecho divino natural. Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado. No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.

Ante los errores actuales y las legislaciones civiles contra la santidad del matrimonio y la pureza de las costumbres, la ley natural no admite excepciones, pues Dios, en su sabiduría infinita, al darnos su ley ha previsto todos los casos y circunstancias, a diferencia de los legisladores humanos. Por ello no puede admitirse una moral denominada de situación, que se propone adaptar las reglas de conducta dictadas por la ley natural a las diferentes culturas. La solución de los problemas de orden moral no ha de someterse tan sólo a la conciencia de los esposos o de los pastores, y la ley natural se impone a la conciencia como regla del obrar.

La solicitud del Buen Samaritano con el pecador se manifiesta por medio de la misericordia que no transige con su pecado, lo mismo que el médico que quiere ayudar eficazmente a un enfermo a recuperar la salud no transige con su enfermedad, sino que le ayuda a deshacerse de ella. Es imposible liberarse de la ley evangélica en nombre de una pastoral subjetiva que, aunque recordara universalmente tal ley, la aboliría caso por caso. Nadie puede conceder a los obispos la facultad de suspender la ley de la indisolubilidad del matrimonio ad casum sin exponerse a que se vuelva sosa la doctrina del Evangelio y quede troceada la autoridad de la Iglesia. Pues, en esta perspectiva errónea, lo que se afirma doctrinalmente podría negarse pastoralmente, y lo que está prohibido de jure podría estar autorizado de facto.

En esta confusión extrema, le corresponde en adelante al Papa -conforme a su cargo y en los límites que le ha fijado Cristo- volver a expresar con claridad y firmeza la verdad católica quod semper, quod ubique, quod ab omnibus [8], e impedir que esta verdad universal sea práctica y localmente contradicha.

Siguiendo el consejo de Cristo: orate et vigilate, rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco, y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos. Suplicamos a María, Madre de Iglesia, que le conceda las gracias que le permitan ser el fiel intendente de los tesoros de su divino Hijo.

Menzingen, 27 de octubre de 2015
+ Bernard FELLAY
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

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Colar el mosquito, tragar el camello (Justicia, Misericordia…)

Domingo, 1 de noviembre de 2015

12046991_511976358979561_6315413341968692462_nDel blog de Xabier Pikaza:

La celebración del Sínodo 2015 ha sido como un barómetro que ha servido para medir la “presión”, es decir, el “peso” o importancia de los temas de la Iglesia. Pues bien, hay un texto famoso del Evangelio de Mateo en el que se discute sobre los temas primarios y los secundarios en la Iglesia:

‒ Algunos grupos de la Iglesia de Mateo insistían en el carácter esencial de temas que hoy nos parecen secundarios, como el diezmo del comino y de la menta… diciendo que no puede ser cristiano quien no pesa y paga religiosamente el diezmo de esas minúsculas semillas…, colando así el más mínimo mosquito.

Por el contrario, el evangelio de Mateo quiero centrar la discusión sobre los temas esenciales: justicia, misericordia y fidelidad. Ellos forman el camello evangélico. Esos temas definen la importancia y novedad del cristianismo, como experiencia y tarea mesiánica.

imagesAlgunos amigos me han dicho que les ha parecido que el Sínodo ha podido caer en el peligro de centrarse también en temas secundarios, como los diezmos del comino, los minúsculos mosquitos…, mientras dejan fuera los asuntos esenciales, los “pesados” (bary-tera, con barys, como en el barómetro…).

Pienso que las cosas no han sido así, pero creo que es importante situarnos una vez más ante los temas “graves” o esenciales, los grandes camellos del discurso eclesial. Así lo haré, comentando ese texto esencial del evangelio de Mateo.

Las cosas más profundas de la Ley: justicia, misericordia y fidelidad (Mt 23, 23).

Estas palabras están en el centro de la gran disputa de la comunidad cristiana con otros tipos de judaísmo, que siguen insistiendo en los aspectos más legales de la ley nacional, que a Mateo le parecen secundarios (aunque no los desprecia). En contra de eso, el Jesús de Mateo, siguiendo en la línea de Ex 34, 6-7, ha centrado la religión en la verdadera justicia de Dios (krisis), que se revela en forma de misericordia (eleos) y se acoge en la fidelidad (pistis) a la alianza. Desde ese fondo han de entenderse las obras de misericordia, que estudiaremos después

Mt 23, 23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y descuidáis los aspectos más importantes de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

Mateo ha captado bien la dinámica de un tipo judaísmo, que se está convirtiendo en religión del diezmo (algo que “debemos” a Dios), un diezmo que se mide y paga con una minuciosidad casi obsesiva, incluyendo el de las pequeñas plantas medicinales y digestivas, como la menta/anís, el eneldo/hierbabuena y el comino, insistiendo así en una ley que en principio tenía un sentido casi “natural” (subsistencia de los levitas y los pobres en una pequeña sociedad agrícola), pero que después lo ha perdido.

Pues bien, en ese contexto, Jesús critica a los escribas y fariseos que son tan escrupulosos en el pago del diezmo, y que, sin embargo, pueden descuidar las exigencias más profundas (barytera) de la Ley (23, 23). Esta diferencia de actitud ante un tema y el otro (obsesión por el diezmo, descuido de lo más importante) puede provenir del hecho de que lo importante (juicio, misericordia, fidelidad) resulta difícil de cuantificar y exigir por ley, mientras que el diezmo puede hacerse.

Tres son para Mateo las exigencias y temas de la Ley, y han quedado fijadas en este pasaje, que aparece como un compendio judeocristiano del evangelio, pues destaca las tres virtudes básicas que son, al mismo tiempo, teologales (de relación del hombre con Dios) y cardinales (de relación del hombre con los demás).

Éstas tres “virtudes” son las que mejor definen la identidad mesiánica del cristianismo de Mateo, centrándonos así en la raíz del evangelio de Jesús y de la tradición farisea. Ciertamente, en sentido polémico, Mateo critica a los escribas y fariseos por haber descuidado esos elementos centrales, pero lo hace de un modo polémico, que no puede tomarse de manera literal (lo mismo que el diezmo de la menta, el eneldo y el comino).

Es evidente que el conjunto de los fariseos de Israel (o de la Iglesia cristiana) no eran así, no actuaban de esa forma, pero corrían el riesgo de caer en un tipo de “minucias” de la Ley, olvidando los principios más profundo, que son el juicio, la misericordia y al fidelidad:

‒ Juicio (krisis). Más que justicia (que se suele decir dikaiosyne, y que en Mateo tiene un amplio espectro de significados, a partir de 3, 15; 5, 20), Krisis significa “juicio”, en el sentido bíblico de mishpat, que significa jugar y ayudar a los necesitados, para así lograr un orden básico de igualdad (es decir, de equilibrio) entre los hombres. Todo el proyecto mesiánico de Jesús ha estado guiado por esta exigencia de justicia que responde al juicio de Dios, tal como aparecerá en 25, 31-46. En este contexto retoma Mateo el tema básico de la acción de Jesús como Siervo de Yahvé, que ha anunciado la krisin entre los gentiles, actuando así de manera que ese juicio de misericordia triunfe en todo el mundo (12, 18-20).

Los escribas/fariseos, igual que los miembros de otras religiones organizadas de un modo legal, pueden olvidar el hecho de que ellas, las mismas religiones y todas las obras de los hombres, han de estar (en todos los sentidos) al servicio de la justicia/juicio de Dios, para lograr que este mundo sea espacio donde su presencia se visibilice y su misericordia se expanda en la vida de los hombres. Esto es lo que Jesús ha venido a recordar a las ovejas perdidas de la casa de Israel y a sus autoridades, situándose de nuevo en el principio de la revelación bíblica (Antiguo Testamento). Ésta ha sido y sigue siendo su aportación básica.

‒ Misericordia (eleos). A lo largo del Antiguo Testamento, partiendo partir de la revelación del más hondo misterio de Dios en Ez 34, 4-8, la justicia resulta inseparable de la misericordia (¡Dios clemente y misericordioso!), de manera que se identifica con ella. En esta línea se mantiene la aportación básica del evangelio de Mateo, donde Jesús ha aparecido diciendo “misericordia quiero y no sacrificio” (9, 13; 12, 7), actualizando una palabra central de Oseas 6, 6.

Como mesías y enviado misericordioso del Dios ha venido actuando Jesús desde el comienzo de su anuncio del Reino, declarando bienaventurados precisamente a los que tienen misericordia (Mt 5, 7), realizando de esa forme el juicio de Dios, y presentándose una y otra vez como hombre que se compadece de las necesidades de los demás, especialmente de los pobres y oprimidos, de los enfermos y los impuros (cf. 9, 36). En el fondo, esta misericordia se identifica con el juicio, pero expresa y manifiesta su sentido más profundo. Ciertamente, la misericordia de Jesús puede aparecer como una novedad en ciertos niveles del judaísmo, pero ella recoge lo esencial de la Ley, que es la manifestación del Dios clemente y misericordioso (Ex 34, 6-8).

(((Nota erudita. La misericordia es la esencia de la Historia de Salvación. El término hebreo principal es Hésed, que significa fidelidad a un pacto (1Sam 20,8), pero también un acto o sentimiento de amor, gracia, compasión, manifestado en forma de piedad y perdón Un término también importante es Rehem/Rehamim, que conlleva un matiz de afecto sensible; designa propiamente las “vísceras”, en singular el seno materno; expresa un sentimiento íntimo, profundo y amoroso que liga a dos personas por lazos de sangre o de corazón, y se traduce al griego por la raíz splangma, que aparece allí donde se dice que Jesús se compadece de los pobres y necesitados (cf. 9, 36; 14, 14; 15, 32).

Entre los términos hebreos que acompañan a Hésed y Rehamim, iluminando su significado están: Mispat (juicio), Emet (veracidad y fidelidad), Zedaqah (justicia), Yesuah (salvación), Salom (paz), Ahabad (Amor), Emunah (fidelidad) y Tob (bondad). En este contexto, el término griego más importante es Éleos, que de ordinario traduce a Hésed, pero a diferencia de éste no se sitúa en la esfera jurídica, sino en la psicológica. Cf. F. Asensio, El Hèsed y ‘Emet Divinos, Gregoriana, Roma 1949; I. M. Sans., Autorretrato de Dios, Serie Teología 28, Universidad de Deusto, Bilbao 1997;Van Imschoot, Teología del Antiguo Testamento, FAX, Madrid 1969.

Quizá podamos decir que los términos hebreos tienen una significación más rica que la que se puede apreciar en las lenguas modernas; pues más que puros sentimientos evocan actitudes concretas de lealtad, bondad y fidelidad; así el término Hésed representa uno de los aspectos fundamentales de la moral de Israel e implica gestos y actitudes que sirven de base a la vida social. Retomando todo lo anterior, podemos decir que el Dios cristiano es el Dios de las misericordias; no es un Dios lejano sino cercano, un Dios encarnado. Dios ha elegido el camino de la misericordia para allegarse hasta nosotros, y por el mismo camino vamos, con nuestros hermanos, hacia el Dios de la Misericordia))).

Fidelidad (pistis). Así culmina la tríada de las notas o manifestaciones básicas de la experiencia israelita. De un modo radical, la fidelidad se identifica con la “emuna”, la verdad profunda del Dios bíblico de Ex 34, 6, que aparece como rico en misericordia y fidelidad (rab-Hesed wa-‘emet), en una línea que los LXX han traducido diciendo que Dios es de mucha misericordia y verdad. En ese fondo se ha acuñado la terminología latina, misericordia et veritas, que identifica en el fondo la misericordia con la verdad, es decir, con la esencia profunda da la vida. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , ,

El Decepcionante Sínodo de la Familia se cierra sin atender las expectativas de homosexuales ni divorciados a quienes da la espalda

Domingo, 25 de octubre de 2015

14457126264698Para quien todavía esperaba algo, el portazo ha sido mayúsculo. ¿Vencedores y vencidos? “Tendencia” en vez de “orientación” Homosexualidad  como pecado. “No existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia“… Duras afirmaciones que demuestran que, definitivamente, esta Iglesia no es casa de acogida…

Los divorciados deberán escoger si comulgan según su conciencia y el obispo será quien decida tras escuchar sus argumentos

Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su “pecado”

Las viejas compuertas de la Iglesia crujen y hasta amenazan fractura cada vez que el papa Francisco hace algún intento por abrirlas siquiera un poco. Después de tres semanas de discusiones, el Sínodo sobre la Familia se cerró sin responder a las expectativas creadas. Ni los divorciados vueltos a casar podrán recibir la comunión de forma generalizada –el texto solo pide más comprensión hacia ellos y que se analice cada caso “sin dar escándalo”— ni la jerarquía de la Iglesia parece asumir el mensaje de apertura de Jorge Mario Bergoglio. En su discurso final, el Papa acusó a cardenales y obispos de utilizar “métodos no del todo benévolos” para solventar sus diferencias y advirtió a los más conservadores: “Los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre”.

Aunque el documento final fue aprobado en su conjunto –cada uno de los 94 párrafos obtuvo los dos tercios de apoyos necesarios–, tanto el duro discurso del Papa como la ausencia de avances significativos en la postura de la Iglesia ante las que considera “situaciones difíciles” –divorciados, parejas de hecho, homosexuales— demuestran la fractura que sigue existiendo entre una buena parte de la jerarquía católica y Bergoglio y con la inmensa mayoría de la sociedad. No hay más que comparar los textos que el Vaticano distribuyó tras la clausura del Sínodo.

El documento final aprobado por los 270 padres sinodales parece un refrito del catecismo y de teorías que ya defendía Juan Pablo II. Tan es así que se considera un avance –en pleno siglo XXI—que el Sínodo pida que se eviten “injustas discriminaciones” hacia los homosexuales y que “es necesario acompañar a las familias con un miembro homosexual”, como si se tratara de una desgracia. Sobre si levantar o no el veto para que los católicos divorciados y vueltos a casar puedan comulgar, el Sínodo tampoco se moja. Dice que se analice caso por caso y “sin dar escándalo”. Una vez leída la ortodoxia absoluta del documento final, el discurso del Papa solo puede ser interpretado como una enmienda a la totalidad y, tal vez, una advertencia.

“El primer deber de la Iglesia”, recordó Jorge Mario Bergoglio, “no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios”. Y advirtió a los que pretenden una uniformidad sin fisuras: “Lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”.

Francisco también se refirió a los intentos por desestabilizar el Sínodo según las viejas costumbres vaticanas de difundir maldades, filtrar documentos o hacer saltar noticias bombas para distraer la atención. De todo ha habido desde que, hace tres semanas, se inauguró el Sínodo. Lo primero fue la confesión de homosexualidad de un prelado polaco de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Luego se distribuyó, debidamente falseada, una carta dirigida al Papa por un grupo de cardenales descontentos con la metodología del Sínodo. Lo último fue la difusión de una noticia –solo creíble para quien le interesara creérsela—de que el Papa había volado en helicóptero del Vaticano a la Toscana para que un médico japonés lo tratara de un tumor en el cerebro. A todos esos embrollos se refería Jorge Mario Bergoglio cuando reprochó a sus príncipes de la Iglesia utilizar “métodos no del todo benévolos” en sus luchas de poder.

Y leemos en Religión Digital:

(José M. Vidal).- No hay vencedores ni vencidos. Ni la tesis de los principios innegociables ni la antítesis de ‘hay que cambiarlo todo’, sino la síntesis entre ambas sensibilidades. La doctrina se puede y se debe ‘aggiornar’, para que la Iglesia pueda seguir siendo lo que quiso su fundador: casa de la misericordia y hospital de campaña. “Porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (Lc. 5,31). Pero, paso a paso y gradualmente.

Por eso, los padre sinodales han entregado a Francisco un documento integrador, donde se sentirán reflejadas las diversas tendencias. Porque es un documento de consenso y sin rupturas. Un documento orientador para que el Papa, con él en la mano, vaya decidiendo poco a poco los pasos concretos a seguir dando.

De ahí que, tras meces de deliberaciones y debates duros entre moderados y conservadores, la Iglesia haya buscado, como hace siempre, la comunión. Y para eso, el documento no baja ni puede bajar a lo concreto. Se mantiene en criterios generales y en orientaciones genéricas. Criterios para discernir cada situación, no soluciones ni recetas generales. Eso sí, criterios con visión de futuro y cargados de esperanza.

No hay morbo en el documento. Los temas más polémicos, como el de la homosexualidad o el del acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, se tratan, pero no se zanjan. Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su pecado.

Y, en el tema de la comunión de los divorciados, es la propuesta del cardenal Schonborn la que sale victoriosa del Sínodo. Una propuesta que, como buen dominico, el purpurado de Viena, buscó en Santo Tomás de Aquino. Se trata de la doctrina del “fuero interno”, es decir que cada persona decida en función de su conciencia bien formada y que el obispo, tras escuchar a cada persona, tome las oportunas decisiones. Sin juicios, sin tener que recurrir a Roma y sin miedo a la misericordia.

Sigue igual la doctrina, pero cambian los acentos y se abren caminos de futuro. La mayoría moderada de los padres sinodales es consciente de que “lo mejor es enemigo de lo posible”. En estos momentos, concretar la misericordia que quiere el Papa con los gays y con los divorciados podía romper la Iglesia y llevar al cisma. Por eso han optado por pacificar y poner las bases para que se puedan ir abriendo pequeñas grietas en el hormigón armado de la doctrina.

Saber esperar es un arte y la Iglesia, sabia de sus dos mil años de Historia, lo practica. Esperar para que la fruta madure, para que el consenso se amplíe y fragüe sin rupturas. La institución sólo dará pasos en los campos delicados de la moral sexual y familiar, cuando se lo permita el “sensus fidelium”. Es decir, cuando sea la opinión muy mayoritaria entre sus fieles. Es la ley de la “salus animarum”.

Resultados escasos, dirán muchos. Y es que los medios habían creado excesivas expectativas. El ‘Sínodo mediático‘ esperaba una revolución. Y el ‘Sínodo real‘ le ha servido las bases de una reforma que puede cuajar en el futuro. Las luces cortas de los medios contra las largas de la Iglesia, que se mueve en el tiempo teológico de la eternidad. La revolución eclesial es para mañana.

En todo caso, la misericordia actuante con gays y divorciados tendrá que esperar. A no ser que el Papa (que tiene la última palabra en esto y en todo lo demás) crea que la prudencia de sus sinodales es excesiva y que, para que la Iglesia sea realmente “un hospital de campaña“, hay que “hacer lío” y dar salida ya a estos “descartados” de la institución. Si la ley del descarte no vale en la sociedad civil, menos aún en la eclesial. Tras escuchar a su ‘Senado’, el Papa puede decidir. Tiene margen para ello. Y es, sin duda, capaz de hacerlo. Por algo es el Papa de la esperanza.

Pide evitar injustas discriminaciones a los homosexuales

El documento final del Sínodo sobre la familia, cuyos 94 puntos fueron aprobados hoy en su totalidad por una mayoría de dos tercios, pide evitar injustas discriminaciones a homosexuales.

El tema del acercamiento de la Iglesia a los homosexuales queda recogido en un punto, en el que se explica que “cada persona, independientemente de su propia tendencia sexual, tiene que ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, con el cuidado de evitar cualquier marca de injusta discriminación“. El resto de ese apartado pide atención de la Iglesia para “acompañar a las familias con un miembro homosexual“.

Esta es la única referencia a la acogida de homosexuales por parte de la Iglesia católica en este texto, en el que también se reitera que “no existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia”.

También en este punto, que recibió 221 votos a favor y 37 contrarios, se explica que se considera “inaceptable” que las Iglesias locales sufranpresiones en esta materia por parte de organismos internacionales que condicionan las ayudas financieras a países pobres a la introducción de leyes que incluyan el matrimonio entre personas del mismo sexo“.

Algunos de los 270 padres sinodales que participaron en el Sínodo ya habían anticipado que el tema de la acogida de los homosexuales no iba a ser ampliamente reflejado en el documento al considerar que no se podía incluir en la temática general de la familia.

Por ello, solo habría una cita a la no discriminación, pero sí a la atención a las familias con un miembro homosexual.

Las votaciones se han realizado separadamente por cada uno de los 94 párrafos, que se referían a cuestiones distintas. El de la readmisión de los divorciados católicos vueltos a casarse, por ejemplo, ha obtenido 178 votos positivos, pero 80 negativos, o sea un solo voto de margen. En cualquier caso, todos las 94 cuestiones han obtenido el ‘quorum’ necesario.

En el caso de los divorciados católicos los obispos y los curas decidirán sobre la readmisión “caso por caso, ya que el sínodo considera necesario examinar la vida personal de quien se ha vuelto a casar, tal vez con hijos del primer matrimonio y otros del segundo a los que acude de manera distinta o no acuda por nada.

La lógica de la integración es la clave para su cuidado pastoral, para que no solo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que también puedan tener una experiencia gozosa y fructífera“, detalla el texto en el párrafo 84.

En el punto 53 se especifica que “es esperable que en las diócesis se promuevan caminos de discernimiento y de implicación de estas personas, en ayuda y ánimo de la maduración de una elección coherente”. “Las parejas deben ser informadas sobre la posibilidad de recorrer al proceso de declaración de nulidad del matrimonio”, añade.

Por último en el punto número 85, los padres sinodales señalan que “es deber de los presbíteros el acompañar a las personas interesadas en la vía del discernimiento según las enseñanzas de la Iglesia”. Además queda ilustrado que será necesario que estas personas hagan “un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y de arrepentimiento”.

“Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal ha entrado en crisis; Si ha habido intentos de reconciliación; cómo es la situación de la pareja abandonada; qué consecuencias tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y sobre la comunidad de los fieles; qué ejemplo ofrece a los jóvenes que se preparan para el matrimonio. Una reflexión sincera puede fortalecer la confianza en la misericordia de Dios que no se le niega a nadie”

El jefe de la Oficina de prensa del Vaticano ha destacado que la Relatio Finalis es un documento de consenso al tiempo que ha precisado que “el mayor número de votos contrarios se refieren a la cercanía pastoral a las situaciones difíciles y no regulares”.

“No hay que olvidar que entre un sínodo y el otro se instauró el Motu Propio del Papa sobre las nulidades matrimoniales”, ha señalado Lombardi.

Para leer el texto completo del documento final del Sínodo en italiano, pinche aquí

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“Deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales”

Sábado, 17 de octubre de 2015

obispos-bandera-gay_560x280Declaración internacional de teólogas y teólogos sobre el Sínodo

“Debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo”

No pertenece a la Fe de la Iglesia el hecho de mantener intacto un determinado modelo de familia, propio de un tiempo y de una cultura. Según los evangelios, Jesús de Nazaret fue profundamente crítico con el modelo de familia de su tiempo y de su cultura. Por ello, la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII considera necesario presentar al Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma las siguientes propuestas:

1. Creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos. En consecuencia, deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales. No debe excluirse a las personas cristianas homosexuales de ninguna tarea, actividad y responsabilidad eclesial como tampoco de la participación en los sacramentos.

No parece compaginarse el respeto a las personas no heterosexuales con su exclusión de determinadas funciones eclesiales, como por ejemplo el ejercer el padrinazgo en un bautizo o el ministerio sacerdotal y teológico. Exclusiones ambas que se han producido recientemente en la diócesis de Cádiz con un transexual y en la Congregación para la Doctrina de la Fe con un sacerdote homosexual, y que demuestran una clara discriminación en razón de la orientación sexual y desmienten la idea tan repetida en los documentos de magisterio eclesiástico de acogida hacia las personas no heterosexuales.

2. Creemos que debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del magisterio eclesiástico. Consideramos necesaria la derogación del canon 1398 del Código de Derecho Canon que decreta la excomunión para quien produce el aborto, si este se produce, y que es contraria a la absolución del pecado de aborto decretada por el papa Francisco con motivo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Asimismo debe respetarse el derecho de las mujeres a decidir en conciencia en esta materia.

3. No existen razones bíblicas, teológicas, históricas, pastorales, y menos todavía dogmáticas, para excluir a hombres casados ni a las mujeres de ninguno de los ministerios eclesiales, ordenados o no ordenados. La igualdad de los cristianos y cristianas por el bautismo tiene que traducirse en condiciones iguales para hombres y mujeres en el acceso al ámbito de lo sagrado, en la elaboración de la doctrina teológica y moral así como en la participación en las responsabilidades eclesiales y en los órganos directivos, sin discriminación alguna por razones de género, etnia o clase social. Por ello pedimos se eliminen los obstáculos ideológicos, culturales y disciplinares de carácter sexista y se lleve a cabo la plena incorporación de las mujeres en los ámbitos indicados, incluido el acceso al sacerdocio y al episcopado.

4. En relación con el divorcio, no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohiba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancia a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza. Además, carece de fundamento evangélico. Creemos por ello que el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición, actualmente vigente, y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna. Las personas creyentes somos sujetos morales con capacidad para decidir libremente en conciencia en este terreno. Dicha decisión debe ser respetada.

5. Es necesario reconocer los importantes avances llevados a cabo por el feminismo en la igualdad entre hombres y mujeres y en la liberación de éstas. A la luz de estos avances debe revisarse la estructura patriarcal de la doctrina y la práctica sobre el matrimonio cristiano.

6. El Sínodo no puede reducirse a las cuestiones relativas al matrimonio cristiano. Creemos prioritario que haga un análisis de la situación de pobreza y exclusión social en la que se encuentran millones de familias, la denuncie proféticamente, exprese su solidaridad con las familias más vulnerables y contribuya a la eliminación de las causas de dicha situación desde la opción ético-evangélica por las personas pobres y marginadas.

Firman esta Declaración:

Xavier Alegre. Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. España
José Arregi. Teólogo. España
Olga Lucía Álvarez. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan Barreto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Bermúdez, Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Leonardo Boff. Ecoteólogo, miembro del Comité de la Carta de la Tierra y escritor.
Ancizar Cadavid Restrepo. Teólogo. Colombia
José María Castillo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
José Centeno. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, España
Juan Antonio Estrada. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Máximo García. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Antonio Gil de Zúñiga. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Ivone Gebara. Teóloga y filósofa. Brasil
Hernández Fajardo Axel. Profesor Jubilado de la Escuela Ecuménica de las Ciencias de Religiones. Universidad Nacional. Costa Rica
Rosa María Hernández. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Mary Hunt. Teóloga. Women’s Alliance for Theology, Ethics and Ritual (WATER).
Gabriela Juárez Palacio. Teóloga. Socia Fundadora de Teólogas e Investigadoras.
Rosa Leiva. Federación Latinoamericana de Presbíteros Casados. Ecuador
Juan Masiá. Teólogo. Japón.
Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte. España
Cyprien Melibi. Teólogo Camerún.
Arnoldo Mora Rodríguez. Socio Fundador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI). Costa Rica.
Mario Mullo. Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados. Ecuador
Carmiña Navia. Teóloga. Colombia
Marisa Noriega. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Gladys Parentelli. Auditora en el Concilio Vaticano II. Venezuela
Federico Pastor. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Victorino Pérez Prieto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Suyapa Pérez Scapini. Teóloga. El Salvador
Margarita Mª Pintos. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Javier Omar Ruiz Arroyave. Activista. Masculinidades Liberadoras. Colombia.
José Sánchez Suárez. Teólogo. Comunidad Teológica de México
Santiago Sánchez Torrado. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Silva. Asociación de Teólogas y Teólogos de Juan XXIII. España
Aida Soto Bernal. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan José Tamayo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Elsa Tamez. Teóloga y biblista. México
Andrea Toca. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Fernando Torres Millán. Teólogo. Coordinador de Kairós Educativo. Colombia
Olga Vasquez. Teóloga. El Salvador
Evaristo Villar. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Juan Yzuel. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España

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Teólogos de todo el mundo reclaman cambios sobre homosexualidad, aborto, celibato, sacerdocio femenino y divorciados

Jueves, 15 de octubre de 2015

la-iglesia-y-los-gays“La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico”

Aun antes del Sínodo dedicado a la Familia, se venían tratando por parte de biblistas, teólogos, juristas y pastoralistas diversos temas dentro de la Iglesia católica, que reclamaban un nuevo planteamiento. La involución posconciliar los consideró descartables de toda posible renovación.

Con el anuncio del Sínodo se acentuó la necesidad de abordarlos de una vez, de manera que se pudieran ajustar a una nueva comprensión y solución en el momento actual. Estamos ya metidos en el Sínodo y vemos cómo ha reaccionado un sector eclesial en contra de todo intento de apertura, como si la renovación cuestionara no sólo ciertos presupuestos de la enseñanza tradicional sino la fidelidad a la doctrina auténtica de la Iglesia y al mismo Evangelio.

En este sentido, con respeto y ponderación, el presente Documento pretende presentar fundadamente la legitimidad de un cambio. No es un tratado ni un mero extracto de conclusiones, sino una exposición suficientemente argumentada, para quienes sufren de cerca el problema y quienes están interesados en su desarrollo histórico hasta el momento actual..

Entendemos que el Documento es resultado de investigaciones, reflexiones y experiencias que vienen de muy atrás y muestran la necesidad de un cambio.

En la Iglesia y Sociedad de hoy, dentro de un marco ético y evangélico, pretendemos aportar fundamentación al replanteamiento y solución de problemas, que parecieran intocables, y sobre los que mucha gente espera urgente renovación:

– La Homosexualidad
– El Aborto
– El Celibato opcional: los curas casados
– El sacerdocio de la mujer
– Los divorciados en la Iglesia.

I -Dos premisas necesarias

1.Norma primera: el seguimiento de Jesús
La Iglesia católica siempre se ha ocupado de la familia por ser parte integrante de su misión. Como asegura el Instrumentum Laboris del Sínodo ” El fundamento del anuncio de la iglesia acerca de la familia radica en la predicación y vida de Jesús”. Procede, por tanto, volver a la norma fundamental del seguimiento de Jesús, que nos propone vivir como él y hacer nuestro su proyecto y que debe guiar la vida de todo matrimonio y familia.

El seguimiento de Jesús, norma simple y universal, conlleva unos valores propios, pero que hoy se nos han diluido en la marea ingobernable de un neoliberalismo consumista. “La moral cristiana, recalca el Papa Francisco, no es una moral estoica, es más que una ascesis , no es una mera filosofía , ni un catálogo de pecados y errores…Sin amor, el edificio moral de la Iglesia puede convertirse en un castillo de naipes” (GE, cfr, 25-39).

Este seguimiento supone abrazar el proyecto de Jesús, apostando por los valores que él luchó y vivió, y que resultan incompatibles con los de otros proyectos. Dichos valores, que nos harán entrar en conflicto por causa de este Hombre, están a la vista en las páginas del Evangelio: todos vosotros sois hermanos; el que aspire a ser el mayor, que sea servidor de todos; los últimos serán los primeros; hacer un bien a los más pequeños es como hacerlo a mí mismo, de modo que al final se os juzgará en base a cómo os habéis portado con los más pequeños.

2.Norma primera y ética universal

El seguimiento de Jesús incluye, como es natural, la ética humana asentada sobre la dignidad de la persona: ” Los pueblos reafirman su fe en los derechos del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana y en la igualdad de hombres y mujeres” (Declaración universal de los Derechos Humanos, Preámbulo).

Por donde los que nos profesamos seguidores de Jesús, nos consideramos identificados en esa dignidad fundamental, que nos permite caminar unidos coincidiendo en valores, criterios y actitudes vinculantes para todos. Haciendo uso de nuestra razón y responsabilidad, asumimos la herencia histórica de unas y otras culturas ,de unas y otras religiones, que nos provee de ese hilo que sostiene, teje y entrega esa “dignidad y valor de la persona y de los derechos que de ella derivan”.

Compartimos, por tanto, el hecho innegable de la unidad de la familia humana, que tiene como quicio el respeto total a la persona humana , con el imperativo de procurar a todos un trato humano, -obligatorio para individuos y Estados- y que queda esculpido en la llamada regla de oro: “No hagas a los demás, lo que no quieras para ti”.
Esta unidad no niega las diferencias entre los pueblos, pero que no se sobreponen a lo que es sustantivo y esencial a todos: la dignidad de persona. Sobre esa base, surgen y se elaboran normas -hoy convertidas en Derechos- que posibilitan un consenso universal.

II – Norma evangélica y ética universal ante el reto de problemas de los matrimonios y familias actuales.

1.La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico, según la evolución de las diversas ciencias

A la norma primera del seguimiento, siguieron en el transcurso de los siglos, multitud de otras normas. Todas ellas se hicieron desde unas circunstancias y razones históricas concretas. Pero, muchas de ellas quedaron obsoletas y fueron impugnadas, porque se mantuvieron contra viento y marea, al margen de la ciencia, del sentir del pueblo, de las nuevas propuestas de numerosos teólogos y moralistas que ya las habían formulado antes, durante y después del concilio Vaticano II y al margen sobre todo del Evangelio.

La indiferencia y alejamiento provenían de estar elaboradas desde paradigmas culturales que no respondían al conocimiento actual – científico y bíblicoteológico- de esos temas . La formulación doctrinal hecha por la Patrística y la Edad Media pudo servir a muchas generaciones para vivir su fe, pero no todas son expresión adecuada y definitiva del Evangelio, siempre universal, sino de presupuestos científicos, antropológicos y cosmológicos evolutivos y perfeccionables.

Quiere esto decir, que la Iglesia debe compartir la verdad del Evangelio sobre la familia con la verdad de la ciencia respetando su autonomía y método propios , así como el significado de la propia investigación bíblico teológica. Esta colaboración no se ha dado como se debiera en el pasado y ha llevado a la Iglesia a deificar muchas veces su magisterio considerándose poseedora de toda verdad.

2.La tarea menospreciada de los teólogos

El concilio Vaticano II se celebró hace 50 años; en él tuvieron parte decisiva muchos teólogos, posteriormente represaliados; de él salieron orientaciones como éstas: “Las recientes adquisiciones científicas, históricas o filosóficas platean nuevos problemas que arrastran consecuencias para la vida y reclaman investigaciones nuevas por parte de los teólogos” (GS, 62), “En el cuidado pastoral deben conocerse suficientemente las conquistas de las ciencias profanas de modo que también los fieles sean conducidos a una vida de fe más genuina y más madura” (GS, 62) .

Sin duda, los obispos deben velar y exponer la doctrina cristiana, de acuerdo con la Revelación, pero ” según lo requiere el cargo y la importancia del asunto, celosamente trabajan con los medios adecuados a fin de que se estudie como se debe esta Revelación y se la proponga apropiadamente ” (LG, 25).

Gratamente reconocemos que el Papa Francisco asume y reafirma lo que durante el largo período posconciliar fue claramente desatendido provocando un desfase de su doctrina y normas con relación al mundo actual:

“El mensaje que anunciamos , siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador” (GE, 117). “La teología -no sólo la teología pastoral- en diálogo con otras ciencias y experiencias humanas, tiene gran importancia para pensar cómo hacer llegar las propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y destinatarios. La Iglesia, empeñada en la evangelización , aprecia y alienta el carisma de los teólogos y su esfuerzo por la investigación teológica, que promueve el diálogo con el mundo de las culturas y de las ciencias. Convoco a los teólogos a cumplir este servicio como parte de la misión salvífica de la Iglesia” ( GE, 131). “Más que el temor a equivocarnos , espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos dice: `¡ Dales vosotros de comer ¡`(Mc 6-37), ( G.E., 46-49).

Desde estas premisas, pensamos que se puede dar solución a problemas ( la homosexualidad, el aborto, el celibato opcional, la ordenación sacerdotal de la mujer, los divorciados en la Iglesia) que hasta el presente se los ha considerado como resueltos desde normas tradicionales inamovibles, sin reconocer las aportaciones de las ciencias ni el cambio y adaptaciones exigidas por la Exégesis y Teología en sus nuevos avances.

El Papa Francisco, si miramos a lo hecho y dicho hasta ahora, se mueve en esta actitud de respeto, colaboración e integración del saber. Muchos queremos las reformas, por ellas hemos luchado fieles al Evangelio y al espíritu del Vaticano II, pero las resistencias pertinaces a nadie como a él le va a tocar verlas, sufrirlas y resolverlas.

Sobre los temas citados, la Exégesis y Teología modernas aportan luces y principios que difícilmente puede ignorar un cristiano de hoy. El Papa Francisco, con la libertad y coherencia que le caracterizan, trata de abordarlos distinguiendo lo que es y pertenece al Evangelio y lo que es y pertenece al bagaje cultural relativo de la humanidad. Ambas cosas -Evangelio y Culturas- se han necesitado y relacionado siempre y en cada momento se han implicado para dar respuesta a la búsqueda y problemas del hombre. Hoy, sin desestimar la herencia del pasado, la cribamos y la enriquecemos con los nuevos conocimientos, que nos alumbran espacios o aspectos inéditos de la realidad.

1.El tema de la Homosexualidad

“Cuando uno se encuentra con una persona gay, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? (Papa Francisco, a los periodistas en el avión).

En Occidente la homosexualidad ha recibido una valoración muy variada. El Dr. John Boswell en su libro “Las bodas de la semejanza” ( 640 páginas) documenta cómo en la Iglesia católica del siglo VI al XII existía como normal la celebración litúrgica de parejas homosexuales, según ritos y oraciones propias, presididas por un sacerdote. Es, a partir del siglo XIII, que la homosexualidad va revistiendo un carácter de vicio horrible (pecado nefandum= innombrable), tan horrible que lo de innombrable no se aplica a otros hechos más graves: “Asesinato, matricidio, abuso de menores, incesto, canibalismo, genocidio e incluso deicidio son mencionables”. ¿Por qué este horror que convierte la homosexualidad en el peor de los pecados?

Es también muy común la opinión de que se elaboró una construcción bíblico- teológica moral justificatoria de la gravedad de este pecado, hoy demostrada como precientífica y opuesta al contexto y sentido de los textos bíblicos y que la dejan desprovista de este tipo de argumentos para condenarla.

Son de consenso generalizado las conclusiones científicas de que: “Ni desde la medicina, la psicología, la pedagogía, ni con medidas sociales o legales, ha sido posible cambiar la orientación sexual, aunque intentos no han faltado” (Juan L. T. Herreros, Aproximación a la realidad homosexual” pp. 133-134). Los estudios más diversos confluyen en la tesis de no poder calificar la homosexualidad como enfermedad, desviación psicosopática o perversión sexual. La orientación homosexual no afecta a la sanidad mental ni al recto comportamiento en el grupo social.

En razón de ello, la OMS ha suprimido la homosexualidad de la relación de enfermedades. Y el Consejo de Europa insta a los gobiernos a suprimir cualquier tipo de discriminación en razón de la tendencia sexual.

No vale contraponer a estas indicaciones, la existencia de una ética cristiana que las contradice y calificaría la homosexualidad como desordenada e intrínsecamente perversa. Sobre este particular, escribe el superreconocido teólogo E. Schillebeeckx: “En lo que respecta a la homosexualidad no existe una ética cristiana. Es un problema humano, que debe ser resuelto de forma humana. No hay normas específicamente cristianas para juzgar la homosexualidad” (Soy un teólogo felíz, p. 109).

Y, desde la perspectiva teológica, es bien fundada la posición de quienes sostienen que la sexualidad humana no tiene como modelo natural exclusivo la heterosexualidad -ese es un presupuesto no probado- sino que se da también la homosexualidad como una variante natural legítima, minoritaria.

Ciertamente, es un progreso recomendar respeto a los homosexuales, con exclusión de todo lo que sea despectivo o vejatorio. Los homosexuales son personas y, como tales, merecen el mismo respeto que todos los demás.

Pero, la inculcación de ese respeto carece de base, es en cierto modo aparente, si luego se sigue manteniendo que la homosexualidad y la relación entre homosexuales es desviada, intrínsecamente perversa. Por más que se proclame, si yo mantengo que el homosexual es un desviado y un perverso, en el fondo seguiré abrigando distancia, temor y desconfianza.

2. El tema del aborto

El tema del aborto requiere una mirada atenta a todos sus aspectos. No obstante, consideramos posible un acuerdo común en puntos éticos de valor universal. El primero: considerar básico el derecho de todo ser humano a la vida.

Pero defender el derecho a la vida no se identifica con la defensa del proceso embrionario desde su comienzo ni siquiera en pasos posteriores de su ciclo intrauterino. Es una cuestión abierta, científicamente hablando, en el sentido de que unos ponen un ser humano constituido desde el comienzo y otros no lo ponen hasta las ocho semanas, justo cuando el embrión pasa a ser feto.

Muchos estamos convencidos de que, en este punto, puede haber un acuerdo racional, científico y ético prepolíticos, porque la puerta de que disponemos para entrar en esa “realidad” es común a todos, y no es otra que la de la ciencia, de la filosofía y de la ética.

Puerta que vale también para los que se profesan creyentes. La fe, del tipo que sea, no sirve aquí para aclarar el problema del aborto. “No está en el ámbito del Magisterio de la Iglesia el resolver el problema del momento preciso después del cual nos encontramos frente a un ser humano en el pleno sentido de la palabra” (Bernhard Häring, autor de la famosa obra “La ley de Cristo”, y acaso el más reconocido moralista de la Iglesia católica).

“Todo individuo tiene derecho a la vida”, proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 3). Y todo individuo tiene el deber de respetar ese derecho. Sin embargo, ¿se puede afirmar con seguridad que el proceso embrionario es desde el inicio un individuo humano? Resulta, por tanto, crucial averiguar si el proceso del embrión varía en su desarrollo, admite establecer dentro de él un antes y un después, un antes en que no es individuo y un después en que lo es. Teoría discutida y discutible, no dogma.

De hecho, siempre existieron en la tradición cristiana teorías diferentes (teoría de la animación sucesiva defendida por Sto. Tomás y teoría de la animación simultánea, defendida por San Alberto Magno) sobre el momento de constitución de la vida humana. Pero, la teología postridentina a la hora de resolver los problemas de la moral práctica ha partido siempre de la animación inmediata.

Las teorías más modernas afirman que el embrión no es propiamente individuo humano hasta después de algunas semanas.

Como escribe el catedrático Diego Gracia:”La mentalidad clásica , que sobrevalora el genoma como esencia del ser vivo, de tal manera que todo lo demás sería mero despliegue de las virtualidades allí contenidas, es la responsable de que la investigación biológica se haya concentrado de modo casi obsesivo en la genética, y haya postergado de modo característico el estudio del desarrollo, es decir, la embriología. Este estado de cosas no ha venido a resolverlo más que la biología molecular. La biología molecular ha llevado a su máximo esplendor el desarrollo de la genética, en forma de genética molecular. Pero, a la vez, ha permitido comprender que el desarrollo de las moléculas vivas no depende sólo de los genes”. (Diego Gracia, Etica de los confines de la vida, III, p.106).

El aserto clásico de que “todo está en los genes” es verdad sólo en parte y se hizo en detrimento de los factores morfológicos y espaciales, tan importantes en el desarrollo del embrión. Sin estos factores, los genes quedarían sin efecto. Los genes tienen capacidad para formar determinados órganos pero no si no hay inducción, lo cual viene a demostrar que el embrión actúa como un gran campo de fuerzas, en el que cada parte es un momento que está codeterminado por otros y a la vez los codetermina.

Se entiende por tanto que, desde este enfoque, el embrión requiera tiempo y espacio para la maduración de su sistema neuroendocrino y que no se halle constituido desde el primer momento como realidad sustantiva. Los genes no son una miniatura de persona. La biología molecular deja bien claro que, para el desarrollo y la ética del embrión, la información extragenética es tan importante como la información genética, que ella es también constitutiva de la sustantividad humana y que la constitución de esa sustantividad no se da antes de la organización (organogénesis) primaria e incluso secundaria del embrión, es decir, hasta la octava semana.

Queda claro de esta manera que quien siga esta teoría puede sostener razonablemente que la interrupción del embrión antes de la octava semana no puede ser considerada como atentado contra la vida humana, ni pueden considerarse abortivos aquellos métodos anticonceptivos que impiden el desarrollo embrionario antes de esa fecha. Esto es lo que, por lo menos, defienden no pocos científicos de primer orden (Diego Gracia, A. García-Bellido, Alonso Bedate , J.M. Genis-Gálvez, etc).

Esta hipótesis, suficientemente demostrada permite, a quien se apoya en ella, defender como no atentatorias contra la vida y como respetuosas de la vida aquellas acciones que se producen en el proceso constituyente del embrión antes de constituirse en feto, es decir, en estructura clausurada.

La teoría expuesta modifica notablemente muchos puntos de vista y establece un punto de partida común para entendemos, para orientar la conciencia de los ciudadanos, para fijar el momento del derecho a la vida del prenacido y para legislar con un mínimo de inteligencia, consenso y obligatoriedad para todos ante el conflicto de situaciones concretas.

Y en un Estado democrático, ninguna instancia civil o religiosa puede atribuirse el poder legislativo, como si dimanase de sí misma al margen de la realidad personal de los ciudadanos. La ética debe determinarse en cada tiempo mediando la racional y responsable participación de los ciudadanos, pues la razón con todo el abanico de sus recursos investigativos es la que, por tratarse de la dignidad humana y de sus derechos, nos habilita para llegar a ellos, explorarlos, entenderlos, valorarlos y acordarlos democráticamente.

Por lo mismo, aunque en el tema del aborto intervengan instancias civiles y religiosas, en este caso desde instancias científico-éticas se recorre un camino común, compartible por todos. Sin negar validez a los credos religiosos, podemos de esta manera convivir acordando entre todos lo mejor y lo más ético para cualquiera de los problemas que se planteen a toda Comunidad civil.

4. El tema de la ordenación sacerdotal de la mujer

“Creo que aún no hemos hecho una teología profunda de la mujer en la Iglesia. En cuanto a la ordenación de las mujeres la Iglesia ha hablado ciertamente y dice no. Lo ha dicho Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada. Pero quiero decirles algo: la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas. ¿Cómo? Esto es lo que debemos tratar de explicar mejor. Creo que falta una explicación teológica sobre esto”. (En el encuentro con los periodistas en el avión).
¡Esa es una puerta cerrada! Ciertamente lo es desde hace más de 20 siglos y lo sigue siendo. Pero, en el hoy del siglo XXI, es momento de preguntarse por qué está cerrada y si hay motivos para que siga cerrada.

Todos entendemos que haya podido ser así por razones de una situación histórico-cultural muy distinta a la nuestra. Situación que ha perdurado hasta hoy, pero no porque fuera una tradición “divino-apostólica” sino por ser una praxis introducida desde el principio por motivos hoy bien conocidos y explicables, pero que en modo alguno permitan elevar esta praxis a categoría divina y deducir que la no ordenación de la mujer “forma parte de la constitución divina de la Iglesia”. Las diferencias entre varón y mujer no son razón para someter la mujer al dominio del varón y excluirla de algunas tareas eclesiales.

La Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II (30 de mayo de 1994), no aporta nada nuevo, su enseñanza estaba incluida en documentos anteriores, sobre todo en la Declaración del Papa Pablo VI Inter insigniores de 1976. Ni cuestiona para nada las investigaciones históricas o bíblicas. Juan Pablo II tuvo, es cierto, la voluntad de zanjar definitivamente la cuestión entre los fieles de la Iglesia católica. Pero, de inmediato, muchos comentaristas católicos le replicaron que esta es una cuestión abierta, una doctrina ajena a la Escritura y una verdad no revelada.

Por todo ello, no ha podido ser propuesta como una verdad de fe, ni definida como una verdad de magisterio infalible o ex – cathedra.

Los argumentos aducidos por la Carta son más que débiles: el hecho de que Jesús eligiera entonces únicamente a varones, no quiere decir que lo hiciera exclusivamente y para siempre. Esa exclusión a perpetuidad no va incluida en la acción de Jesús. Muchos teólogos y teólogas han probado que no existen objeciones dogmáticas para la admisión de la mujer a la ordenación sacerdotal. Y los obispos alemanes advirtieron al Papa de la “no oportunidad” de la publicación de esa Carta.

No es objeto de esta declaración entrar a describir la enorme literatura teológica que siguió a la publicación de la Carta. Pero queremos destacar algunos aspectos fundamentales.

El sacerdocio más que un derecho personal es una vocación y un servicio a Dios y a la Iglesia. Y queda fuera de toda duda que excluir a la mujer por razón de su sexo del ministerio sacerdotal supone de hecho una grave discriminación dentro de la Iglesia. Cristo no excluyó a la mujer del sacerdocio. Dios no hace distinción de personas.

Como muy bien ha escrito el teólogo Domiciano Fernández: “En la Iglesia católica se ha decidido desde arriba, entre las Congregaciones romanas y el Papa. No se ha tenido suficientemente en cuenta las opiniones de las diferentes Conferencias Episcopales y de los sínodos de los obispos celebrados en Roma. Con los documentos pontificios por delante, se ha limitado la libertad de reflexión y de expresión de las Iglesias locales y de los teólogos” (Ministerios de la mujer en la Iglesia, Nueva Utopía, 2002, pg. 235).

Es precisamente este teólogo, que murió sin que le dejaran publicar su libro. En opinión de teólogos que lo han leído, es un libro espléndido para conocer a fondo esta cuestión, por su rigurosa documentación histórica y por su mesura e imparcialidad en valorar las razones de una y otra parte.

Citamos como conclusión estas sus palabras: “Mi actitud fue desde el principio la de estudiar e investigar estas cuestiones sin prejuicios y sin tomar partido de antemano por ninguna opción concreta, sobre todo en el problema de la posible o no posible ordenación de la mujer. Sin prisas y sin intereses personales de ninguna clase, comencé a estudiar la cuestión de la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, valiéndome las monografías y amplios estudios que han hecho otros autores sobre estos temas y confrontando las fuentes siempre que me fue posible.
Pronto me convencí de que no existía una dificultad dogmática seria que impida la ordenación sacerdotal de la mujer. No existen argumentos serios sacados de la Sagrada Escritura, donde no se plantea esta cuestión. Los argumentos teológicos deducidos de que el sacerdote representa a Cristo varón y el de alianza nupcial entre Cristo y su Iglesia (de los que me ocupo en el capítulo VII) no me parecen convincentes.

Los argumentos que con tanta frecuencia han dado los Santos Padres y los teólogos, fundados en la inferioridad, en la incapacidad y en la impureza de la mujer, son inadmisibles y nos debieran llenar de vergüenza y sonrojo a los crsitianos” (Idem, pp. 11 y 12).

” Muchos años de estudio no han podido convencer ni a los teólogos ni a los biblistas de que sea expresa voluntad de Cristo excluir a las mujeres del ministerio ordenado. Los ministerios los ha creado la Iglesia según las necesidades de los tiempos y según la cultura de la época. Han cambiado y siguen cambiando.

Lo que los biblistas y teólogos rechazan y no ven oportuno ni conveniente es que se quiera zanjar de un modo definitivo la cuestión de principio, cuando no hay argumentos válidos que fundamenten esta decisión. Una decisión del Papa no puede convertir en palabra revelada lo que realmente no lo es. Es un anacronismo invocar el ejemplo de Cristo o de los apóstoles para deducir que se trata de una verdad que pertenece al “depositum fidei”. Y si no se trata de una verdad revelada, el Papa no tiene autoridad para proclamarla como infalible o como verdad de fe. Me parece esencial que haya más diálogo, más libertad, más espíritu de comunión. Que Roma no se limite a proclamar verdades y dar órdenes. Es necesario es cuchar lo que otros dicen. Escuchar para reflexionar y aprender , y no sólo para enseñar. Es importante descubrir lo que Dios nos habla a través de los signos de los tiempos” (Idem, pp. 271-272).

5. El tema de los divorciados en la Iglesia

“La misericordia es más grande para el caso de los divorciados. El cambio de época, unido a otros problemas de la Iglesia, ha dejado muchos heridos. Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos más elección que ésta.Y la Iglesia es madre , debe encontrar misericordia para todos. Los divorciados sí pueden hacer la comunión, esto hay que mirarlo en la totalidad de la pastoral matrimonial. Será uno de los temas a consultar con los ocho cardenales. Es además un tema antropológico y también lo es el problema judicial de la nulidad de los matrimonios. Todo esto habremos de revisar” (En el encuentro con los periodistas en el avión).

Viejo tema éste que debiera haber recibido ya solución, de haber atendido las enseñanzas de Jesús. El matrimonio, como realidad humana, existencial, puede presentar dificultades, crisis, incompatibilidades , hasta rupturas. Para estos casos, es donde Jesús habla de no ser crueles e hipócritas ensalzando hasta el absoluto una ley con detrimeto de otras leyes. El propone el proyecto del matrimonio indisoluble, como un proyecto ideal, una meta a conseguir, la mejor. Pero, sin perder de vista la condición humana que, por su debilidad e incorregibilidad, puede en ocasiones hacer imposible el logro de ese ideal.

En tal caso, no se puede seguir afirmando que la indisolubilidad es una norma siempre inderogable. La situación de millares y millares de católicos, divorciados y recasados civilmente, es un grito contra ciertas normas que los condena a vivir fuera de la Iglesia. La connatural libertad y riesgo que acompaña a todo matrimonio hace que no se lo pueda considerar como absolutamente indisoluble y que, llegado el caso de un fracaso serio, se lo pueda enmendar iniciando un nuevo camino. Es un derecho obvio, aunque relativo y condicionado. Y, en este caso, la Iglesia no puede limitarse a dar una solución excepcional para seres excepcionales.

“Todo católico tiene el derecho y la necesidad de recibir la Sagrada Comunión. Todos tienen necesidad de participar activamente en la celebración eucarística, el acto central de la Iglesia católica y a la vez el signo de unidad con Cristo. Tienen derecho a ser recibido con los brazos abiertos y sinceras muestras de bienvenida, en el seno de la comunidad católica y a tomar parte activa plenamente en las tarea s de la comunidad” (S. Keller, ¿Divorcio y nuevo matrimonio entre católicos?, Sal Tarrae, Santander, 1976, 7-8).

En el año 1980, nueve teólogos españoles (José Alonso Díaz, José María Díez Alegría, Casiano Floristan, Benjamín Forcano, Jos I.González Faus, Gregorio Ruiz, Fernando Urbina, Rufino Velasco, Marciano Vidal) hiceron público un documento “Preguntas de unos teólogos a sus obispos”, con ocasión de su publicación “Instrucción ” civil sobre el divorcio. Dichos teólogos destacaban que los obispos:

-No habían tenido en cuenta el sentir real de su comunidad católica,
-Haberse preocupado únicamente del divorcio como si se tratara de una ley meramente civil y política.
– Haber dado a entender que para los católicos no hay ninguna posibilidad de divorcio y ésta era doctrina que debía permancer inmutable.

Y decían los teólogos:
” Por supuesto que nosotros no ponemos en duda la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio tal como aparece en la revelación de Jesús. Está claro que el modelo de matrimonio que Jesús anuncia y exige, como conforme a la voluntad divina, es el matrimonio monogámico, indisoluble y que, fundado en un verdadero amor, tiende a hacerse realmente exclusivo, total e incondicional para toda la vida.
Pero esta doctrina de Jesús debe proponer como un ideal y una meta hacia la que debe aproximarse toda pareja, sin excluir riesgos, equivocaciones y fracasos y no como una ley absoluta, con la cual toda pareja, por el hecho mismo de casarse,se identifica automáticamente, sin posibilidad de conocer rupturas o incompatibilidades o, por lo menos, incompatibilidades que hagan inviable esa ley.

Como católicos deseamos que, en el interior der la Iglesia, se robustezca el derecho a proponer públicamente lo que se piensa, cuando tal pensamiento es no sólo sincero sino objetivamenete fundado., serio, y contribuye a esclarecer la verdacera doctrina de Cristo y a replantear ciertos presupuestos y normas de la Iglesia. ¿Vds. Creen personalmente, cada uno, que la actual disciplina de la Iglesia sobre este punto es la propia del Evangelio, la que responde a la vida y enseñanza de Jesús? No les parece que la Iglesia debería enfrentarse ahí, radicalmente consigo misma”? Tenemos que mirar a lo que pasa en nuestra propia Iglesia, con la realidad de tantos matrimonios fracasados, acaso sin esperanza de recuperación, y por eso ya prácticamente divorciados, pero canónicamente condenados”.

. Nota sobre firmantes

Debido a la urgencia del tiempo, no se ha prendido contar con la respuesta de otros autores, que seguramente asumirían el Documento. ( Muy a pesar nuestro, el intento de comunicación directa con 8 mujeres Teólogas no ha podido realizarse a tiempo).

Acaso pudiera añadirse una segunda remesa con nuevos firmantes.
Para nuestro objetivo, el Documento aporta y refleja fidelidad al espíritu de la Tradición y cultura cristianas, enraizadas en el Evangelio y puede servir para dialogar y determinar soluciones más acordes con la investigación y estudios actuales.
Firman el Documento

Ariel ALVAREZ

Raul LUGO
Xabier ALEGRE

Juan MASIA
José ARREGI

Antonio MONCLUS
Fernando BERMUDEZ

Guillermo MUGICA
Frei BETTO

Jesús PELAEZ
Nicolás CASTELLANOS

Xabier PIKAZA
Benjamín FORCANO

Manuel REYES MATE
Manuel FRAIJO

Julián RUIZ DIAZ

Joan GODAYOL

Manuel SUANCES

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Somos Iglesia: “La Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad”

Martes, 13 de octubre de 2015

media.media.8da8cf18-68f9-410e-b07f-7b26fff02711.normalizedEl portavoz de la organización de católicos laicos “Somos Iglesia”, Christian Weisner, propone que el Sínodo replantee su actitud hacia las parejas de hecho, los curas casados y los homosexuales. En una entrevista con Deutsche Welle, Weisner subraya que la Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad.

Señor Weisner, ¿qué espera del Sínodo de la Familia con respecto a los temas del matrimonio y de la familia?

Christian Weisner: La verdadera meta del Sínodo es determinar cómo la gente de hoy puede vivir mejor el Evangelio. Las relaciones económicas, la globalización, los refugiados, la obligación de tener que adaptar la vida familiar a la vida laboral son los grandes retos. Actualmente son polémicos sobre todo los temas sexuales, por ejemplo, la pregunta sobre si personas divorciadas que han vuelto ha contraer matrimonio deberían recibir la comunión o no. Por un lado, queremos atraer de nuevo a las personas al cristianismo y a las iglesias, queremos darles la oportunidad de vivir su fe. Por otro, nuestra Iglesia tiene reglas sexuales tan estrictas que ahuyenta a las personas. Este dilema entre la doctrina tradicional y la realidad debe ser resuelto. Tengo la esperanza de que el Sínodo supere esta brecha.

DW: ¿Qué hay de las personas que atraviesan una crisis matrimonial, de los sacerdotes que se sienten desbordados por el celibato, de los homosexuales? ¿Se trata de pobres pecadores a los que la Iglesia puede dictar cómo tienen que vivir?

En primer lugar, debemos superar la fijación exagerada de la doctrina católica en el pecado. Si, tras una profunda crisis, una pareja casada se separa, emprende un nuevo comienzo con nuevas parejas y crea un nuevo hogar para los hijos, es decir una familia patchwork, entonces se debería ver lo positivo de esto. Si personas homosexuales mantienen una relación de pareja responsable, eso es algo bueno. La Iglesia no debería negarles la bendición.

Si bien el concepto del matrimonio ha cambiado, la indisolubilidad del matrimonio no está realmente a debate. ¿Está la Iglesia atrapada en su dogmatismo?

La indisolubilidad del matrimonio se tiene que entender en el contexto histórico. Jesús se opuso a que solo el hombre se pudiera separar de la mujer antes de que hubiera sido expedida el acta de divorcio. En cierto modo, Jesús quería alcanzar condiciones igualitarias para el hombre y la mujer. Ese es el mensaje principal de la indisolubilidad del matrimonio.

¿Cómo define usted la familia?

Se puede hablar de una familia cuando personas de diferentes generaciones conviven de forma responsable.

¿Es suficiente que la Iglesia trate a los homosexuales con misericordia, como dicta el catecismo?

Eso es lo mínimo que se le puede exigir. Sé que algunos curas -por ejemplo en África- ni siquiera cumplen esta demanda. En cerca de 80 países en el mundo la homosexualidad está penalizada, y en algunos casos incluso es castigada con la pena de muerte. Sería muy importante que la Iglesia católica intercediera en contra de la criminalización de la homosexualidad a nivel mundial. Probablemente el reconocimiento de parejas homosexuales será diferente dependiendo del trasfondo cultural. Sin embargo, sabemos que el papa Francisco aboga por la descentralización. Es decir que el desarrollo de la doctrina religiosa debe ser compatible con las diferentes culturas. Necesitamos diversidad dentro del cristianismo.

Fuente Religión Digital

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El cura homosexual expulsado pide al Papa que “abra el corazón y la razón de los obispos”

Domingo, 11 de octubre de 2015

1443906876059El sacerdote polaco Krzysztof Charamsa, expulsado del Vaticano por haber revelado públicamente que es homosexual y que tiene pareja estable, ha afirmado hoy que se siente “liberado y en paz”.

Krzysztof Charamsa ha enviado una carta al Papa, “esperanza de la Iglesia”

Asegura que, tra su outing, se “siente liberado y en paz; he dicho por fin quién soy”

Charamsa era funcionario en la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) y ha sido expulsado de ella tras revelar el pasado día 3, un día antes del inicio del Sínodo de Obispos sobre la familia, en una entrevista en el diario ‘Il Corriere della Sera’ que es gay, que tiene un compañero sentimental (catalán) y que se siente orgulloso de ello.

Krzysztof Charamsa, el sacerdote homosexual expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe tras revelar su condición sexual, ha pedido al Papa Francisco en una carta que abra el “corazón de los obispos” en el Sínodo de la Familia y en la que le ha explicado “la razones de su decisión” de hacer pública su condición sexual.

“Le he pedido que recuerde a los obispos que delante del Sínodo están todas las familias, porque si la iglesia es universal debe pensar en todos, ninguna minoría puede estar fuera; debe ocuparse no solo de las familias heterosexuales, porque todas las familias tienen un deseo de comunicar amor a otros, y no pueden excluirse a las familias homosexuales, de lesbianas o transexuales, ha indicado Charamsa en una entrevista Catalunya Ràdio.

En su opinión, “el Sinodo puede ser una gran revolución” de la Iglesia si el Papa “abre el corazón y la razón de los obispos como lo ha hecho en todo el mundo a la gente que está fascinada por Jesús, por el natural deseo de trascendencia de una Iglesia que no es mala“.

El sacerdote se ha reafirmado en su decisión de hacer pública su condición sexual y ha dicho sentirse “un cura mejor que dos o tres días antes” de hacerlo. “He liberado mi vida, he dicho por fin quién soy y éste debe ser un momento bueno para la Iglesia”, ha indicado el religioso polaco.

Asimismo, ha asegurado que los homosexuales no son “pedófilos, enemigos de la familia, ni maníacos de placeres, sino personas que buscan amor”. Por este motivo considera que “la Iglesia de Cristo debe saber y debe acoger seriamente la vida de homosexuales y lesbianas que son buena gente”. Se ha ratificado asimismo en su “amor a la Iglesia“.

Krzysztof Charamsa se ha mostrado muy crítico con la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que formaba parte como secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional, por “haberse cerrado a cualquier discusión” y “no aceptar críticas sobre el Sínodo” y “hacer todo lo posible porque el tema de la homosexualidad sea algo cerrado, estigmatizado”.

El religioso ha reconocido que recibe cada día correos de otros curas que le agradecen que haya hecho pública su homosexualidad

El prelado ha ensalzado la postura del Papa Francisco y su “discurso claro contra cualquier discriminación“. Para el sacerdote, el Pontífice representa una “una esperanza increible y profunda en la Iglesia” con un discurso claro contra cualquier discriminación.  Charamsa ha opinado que el papa Francisco lo tiene “difícil para hacer cambiar las posiciones de los obispos más cerrados”. “El discurso del papa Francisco es de una esperanza profunda para esta Iglesia en este momento. Él ha permitido discutir, pero lo tenemos que decir claramente: la Congregación para la Doctrina de la Fe ha cerrado cualquier discusión”, ha dicho el prelado.

Ha recordado, asimismo, que el Papa Francisco ha dicho que “existen muchos problemas porque hay personas que quieren Iglesia, y que quieren respuestas realistas por la propia vida”, pero “no se ha hecho nada, solo una suerte de marginalización y estigmatización”. Ha añadido que, además, de “una homofobia hay también una ‘franciscofobia’ hacia un Papa que ha sembrado la esperanza, el amor y que ha mostrado que la Iglesia es fantástica”.

Krzysztof Charamsa ha reiterado que se siente “liberado” tras admitir que tiene una pareja del mismo sexo, y ha considerado que hubiera sido peor quedarse callado ante la posición dentro de la curia vaticana con respecto a los homosexuales, que califica de “homofobia paranoica irracional”.

Ha destacado que “mi pecado de hoy no es tan grave, no es tan grande como mi pecado de silencio, de apoyo, por una situación que considero inhumana dentro del Vaticano. Para ellos, las relaciones homosexuales son inhumanas, son la expresión de una sexualidad no humana”.

(RD/Ep)

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Aviso a navegantes… y a ingenuos: El Sínodo de Obispos buscará un “lenguaje no ofensivo” pero “que respete la doctrina”

Jueves, 8 de octubre de 2015

FILE - In this July 12, 2015, file photo, Pope Francis checks his watch as Vatican spokesman Federico Lombardi stands beside him, during an airborne press conference aboard the airplane directed to Rome, at the end of his Apostolic journey in Ecuador, Bolivia and Paraguay. The Pope plans to meet Cuba’s president and its priests, its young and its sick, its churchgoers and its seminarians as he travels across the island starting Saturday.  But not its dissidents. Vatican spokesman Federico Lombardi said that Francis had not accepted any invitations to meet with dissidents, and well-known opposition members told The Associated Press they have received no invitation to see him. (AP Photo/Gregorio Borgia, File)Es decir, que abandonemos toda esperanza. No somos ni acogidos ni aceptados por esta iglesia romana. Más de lo mismo pero sin insultar… supongo…

El arzobispo de Ayacucho denuncia un “ataque artero” contra la institución familiar

La finalidad de la reunión “no es doctrinal, sino de actitud y sobre todo pastoral”

Los padres sinodales buscan un lenguaje adecuado, no ofensivo, pero que respete la doctrina para referirse a la familia en los tiempos actuales, y también a los homosexuales. Así lo han explicado en el Vaticano durante el briefing informativo diario en el que se da cuenta de los contenidos de las sesiones del Sínodo de la Familia.

Así, el Arzobispo de Filadelfia (Estados Unidos), monseñor Charles Chaput, ha puesto de manifiesto que se ha evidenciado la necesidad de dar con un lenguaje que no sea ofensivo, pero que al mismo tiempo respete la doctrina de la Iglesia católica.

“Tenemos que tener cuidado con las palabras que usamos para no herir a las personas, pero tenemos que ser fieles también a la doctrina”, ha señalado Chaput al recordar que la finalidad del Sínodo de Obispos no es doctrinal, sino de actitud y sobre todo pastoral.

Por otro lado, ha explicado que en las sesiones de ayer martes por la tarde, en el círculo menor de inglés- uno de los 10 grupos lingüísticos que se encarga de elaborar un resumen del contenido de la asamblea sinodal- fue tratado el tema de la homosexualidad, pero ha precisado que solo fue mencionada y que no fue el tema dominante de la conversación.

En todo caso, se ha mostrado convencido de que el tema de la homosexualidad saldrá de nuevo en el futuro y cree que también encontrarán las palabras adecuadas para referirse al colectivo de una forma en que se sientan acogidos y no se sientan heridos.

Por otro lado, Chaput ha hecho hincapié en que es importante que el Sínodo trabaje los problemas relevantes de los continentes, y no solo los relativos a un país concreto. En este sentido, ha explicado que la audiencia a la que se dirige la Iglesia es inmensa y ha remarcado la necesidad de tener en cuenta esta diversidad.

Asimismo, ha señalado la necesidad de que haya más comunicación y diálogo entre “la Iglesia universal y la Iglesia local”. En este sentido, ha precisado que “no es apropiado que una sola conferencia episcopal por su cuenta decida “cuestiones de doctrina.

Por otro lado, arzobispo de Lille (Francia), monseñor Laurent Ulrich ha reivindicado la responsabilidad de trabajar juntos en el Sínodo sobre un objeto, común y delicado como la familia y ha señalado que esto ayuda a confrontarse unos con otros y a hacer que salgan las diferencias.La familia nos ayuda a confrontarnos con nosotros mismos y pasar por encima de nuestras diferencias, ha explicado.

Además, ha precisado que en los padres sinodales siguen el consejo del Papa Francisco de hablar libremente y que los temas que se van tratando son los que aparecen en el Instrumentum Laboris, el documento que ha servido de base para la preparación de esta segunda asamblea. Por último, ha concluido que en la Iglesia católica se valora la unidad pero que es necesario “estar seguros de que las diferencias culturales puedan surgir y todos puedan expresarse”.

Por su parte, el arzobispo de Ayacucho (Perú), monseñor Salvador Piñeiro, ha reflexionado sobre la evangelización y ha señalado que “no se trata de pescar en la piscifactoría sino de ir a pescar fuera de la pecera”. También ha explicado que los eclesiásticos en Latinoamérica se sienten muy escuchados y que agradecen que están unidos por “el mismo lenguaje, la fe y la piedad popular”.

Piñeiro consideró hoy en el Vaticano que hay un “ataque artero a la institución familiar”, con motivo del Sínodo de los obispos. “Hay como un doble lenguaje. Todo el mundo está de acuerdo en que la familia (es) patrimonio de la humanidad y que es la base de la sociedad”, consideró el también presidente de la Conferencia Episcopal peruana.  “Pero por lo bajo en nuestras legislaciones se dan más motivos para el divorcio civil, se abre la puerta al tema del aborto. Nosotros tenemos que apostar por el Evangelio de Jesús, que es de vida”, afirmó.

Piñeiro consideró que en el Sínodo ordinario que comenzó sus trabajos el lunes los participantes están hablando “con total libertad” y también escuchando “con total humildad”, en línea con la petición del papa Francisco.

Piñeiro aseguró que la cuestión de cómo abordar la relación de la Iglesia con las personas homosexuales todavía no se trató en los círculos menores. “Todavía no hemos tocado estos temas. No caminemos tan rápido”, afirmó en relación con unos de los asuntos que han suscitado más interés mediático en torno a este Sínodo ordinario.

Los círculos menores celebraron ayer su primera reunión y hoy prosiguieron con el intercambio de puntos de vista sobre la base del documento “Instrumentum Laboris”, que refleja las respuestas dadas por las conferencias episcopales a las preguntas planteadas para este Sínodo de la Familia. Cada uno de ellos ya eligió a sus representantes, como dijo el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

En el círculo menor de habla española los relatores son el cardenal español José Luis Lacunza y el arzobispo venezolano Baltazar Porras, mientras que los moderadores son el cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga y el cardenal mexicano José Francisco Robles Ortega.

Ésta es la lista:

MODERADORES

Circulus Gallicus “A” : Cardenal Gérald Cyprien Lacroix, elegido

Circulus Gallicus “B” : Cardenal Robert Sarah, elegido

Circulus Gallicus “C” : Obispo Maurice Piat, C.S.Sp., elegido

Circulus Anglicus “A”: Cardenal George Pell, elegido

Circulus Anglicus “B” :Cardenal Vincent Nichols, elegido

Circulus Anglicus “C” : Arzobispo Eamon Martin, elegido

Circulus Anglicus “D” : Cardenal Thomas Christopher Collins, elegido

Circulus Italicus “A” : Cardenal Francesco Montenegro, elegido

Circulus Italicus “B”: Cardenal Edoardo Menichelli, elegido

Circulus Italicus “C” : Cardenal Angelo Bagnasco, elegido

Circulus Hibericus “A” Cardenal Óscar Andrés Rodriguez Maradiaga, S.D.B. Elegido

Circulus Hibericus “B” : Cardenal Francisco Robles Ortega, elegido

Circulus Germanicus : Cardenal Christoph Schönborn, O.P.,elegido

RELATORES

Circulus Gallicus “A” : Arzobispo Laurent Ulrich, elegido

Circulus Gallicus “B” : Rev.do Padre Francois-Xavier Dumortier, S.I,. elegido

Circulus Gallicus “C”: Arzobispo Paul-Andre Durocher, elegido

Circulus Anglicus “A” : Arzobispo Joseph Edward Kurtz,elegido

Circulus Anglicus “B” : Arzobispo Diarmuid Martin, elegido

Circulus Anglicus “C” : Arzobispo Mark Benedict Coleridge, elegido

Circulus Anglicus “D” : Arzobispo Charles Chaput, O.F.M. Cap. ,elegido

Circulus Italicus “A”: Rev.do Padre Manuel Jesús Arroba Conde, C.M.F., elegido

Circulus Italicus “B”: Cardenal Mauro Piacenza, elegido

Circulus Italicus “C”: Obispo Franco Giulio Brambilla, elegido

Circulus Hibericus “A”: Cardenal José Luis Lacunza Maestrojuan, O.A.R.,elegido

Circulus Hibericus “B” : Arzobispo Baltazar Enrique Porras Cardozo, elegido

Circulus Germanicus : Arzobispo Heiner Koch, elegido

La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos comenzó oficialmente el pasado 4 de octubre con la inauguración por parte del papa Francisco y se ocupará de abordar los “desafíos de las familias en el mundo actual” hasta el día 25.

(RD/Ep)

 

 

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Peter Erdö, relator del Sínodo: ‘No existen analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia’

Miércoles, 7 de octubre de 2015

índiceNo hay novedades en el Sínodo de la Familia que se celebra en el Vaticano. El relator del Sínodo de la Familia, el cardenal y arzobispo de Budapest y presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, Peter Erdö, ha defendido este lunes una misericordia basada en la verdad que vaya más allá de la compasión. En esta línea, Erdö ha subrayado que las personas homosexuales deben ser acogidas “con respeto y delicadeza” porque la Iglesia debe respetar a cada persona “en su dignidad independientemente de su tendencia sexual”. Sin embargo, ha precisado que no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia. vamos, que no habrá avances en este Sínodo con respecto a la vsión

Durante su alocución ante más de 270 obispos provenientes de todo el mundo, decenas de expertos y auditores que se reunen desde este lunes 5 de octubre en el Vaticano, Erdö ha subrayado que “la Iglesia debe convertirse y ser más viva, más personal, más comunitaria”, al tiempo que ha reclamado una actitud de misericordia. “Hay que ser conscientes de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor, vamos más allá de la compasión”, ha pedido. Por otro lado, ha recalcado que no es el naufragio del primer matrimonio lo que impide que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar sino “la convivencia en segunda relación“.

Así, durante la lectura de la Relatio introductoria del Sínodo, en la que ha defendido laindisolubilidad del matrimonio y la actitud de misericordia hacia las familias heridas, Erdö ha explicado que la integración en la Iglesia de los divorciados vueltos a casar “puede hacerse de diversas formas”, pero ha insistido en que el acceso al sacramento de la eucaristía no es posible para ellos.

En cambio, para Erdö las parejas separadas y divorciadas, pero que no se han vuelto a casar deben ser ayudadas por la Iglesia en la vía de la reconciliación. Asimismo, ha resaltado que la indisolubilidad del matrimonio se debe entender como un “don que ha sido entregado a las personas unidas en matrimonio”.

Igualmente, ha insistido en que “la Iglesia reafirma el derecho a la muerte natural, evitando tanto el encarnizamiento terapéutico como la eutanasia” y ha defendido la vida humana en todas sus etapas. “Ante el drama del aborto, la Iglesia reafirma el carácter inviolable de la vida humana y acompaña a quien lo ha sufrido y sabe del error”, ha explicado.

Por otro lado, ha señalado que el movimiento migratorio está disgregando a las familias y ha lamentado que “en no pocas partes del mundo hay gente que trabaja por un salario tan bajo que hace impensable crear una familia”.

Además, ha criticado la sociedad consumista que separa sexualidad y procreación y ha señalado que esta es también una “causa” de la baja natalidad, aunque ha precisado que “el deseo de tener un hijo a toda costa no lleva a relaciones estables”. En esta línea, ha comentado que “la crisis de la pareja desestabiliza la familia y debilita la relación intergeneracional”. “El verdadero amor implica la donación mutua. Así se integran la dimensión sexual y afectiva”, ha indicado.

Por último, ha advertido de que hay “trabajos maravillosos como la educación de los hijos o la asistencia a los enfermos” que son raramente valoradas y ayudadas en la sociedad al tiempo que ha denunciado que el formalismo burocrático puede llegar a sofocar las sociedades, sobre todo desarrolladas.

Fuente Agencias

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“Una propuesta pastoral para el Sínodo”, por José M. Castillo, teólogo

Lunes, 5 de octubre de 2015

Dios es FamiliaPues lo dicho para el divorcio, puede aplicarse perfectamente a la Diversidad Familiar:

Leído en su blog Teología sin censura:

Cuando faltan solo unas horas para el comienzo del Sínodo de la Familia, crecen y suben de tono, en la Iglesia, las voces de alarma que hablan de “cisma blanco”, “cisma rojo” (Jorge Costadoat). O de quienes, como es el caso del cardenal Kasper, llegan a insinuar que estamos entrando en un “cisma práctico”, o sea (si me he enterado bien) un cisma que nadie formula en teoría, pero que en la práctica diaria de la vida funciona dividiendo a los católicos y fracturando a la Iglesia.

Por eso, ahora más que nunca, es el momento de preguntarse: ¿qué puede hacer el papa en este asunto, tal como están las cosas?

Como es lógico, habrá que esperar a ver cómo se desarrolla el Sínodo y, sobre todo, tendremos que saber lo que, después del Sínodo, dice y decide el papa. Pero es precisamente para eso, para indicar lo que, según mi modesta opinión, considero que es lo más acertado que el papa podría – y quizá tendría que – hacer en la situación que estamos viviendo en la Iglesia ahora mismo. Por eso me atrevo a presentar la propuesta siguiente.

Ante todo, considero que es fundamental tener muy claro que, en el tema de la familia, no estamos ante una cuestión de Fe. Por la sencilla razón de que, si pensamos y hablamos de la familia desde la Fe dogmática, que profesa la Iglesia, no existe definición dogmática alguna, en el Magisterio de la Iglesia, sobre este asunto. Y si alguien encuentra un documento magisterial definitorio sobre el modelo de familia o incluso sobre la indisolubilidad del matrimonio, que lo diga. Más aún, los textos bíblicos de Mt 19, 1-9 y Mc 10, 1-12, ampliamente estudiados y discutidos por la exégesis mejor documentada, han demostrado sobradamente que no se refieren a la problemática actual sobre si el matrimonio es o no es indisoluble.

En esos textos, Jesús se opone al derecho unilateral que, según Deut 24, 1, tenía el hombre para repudiar a la mujer, sobre todo si hacía tal cosa “por cualquier causa” (Mt 19, 3). Lo que indica claramente que Jesús no se refiere a la indisolubilidad del matrimonio, sino al derecho unilateral del hombre frente a la mujer que, según la ley de Moisés, carecía de ese derecho. Una desprotección de la mujer, que se agravaba por causa de las enseñanzas de la escuela de Hillel, que llegaba a permitir el repudio de la esposa”por cualquier motivo” (Mt 19, 3).

Por otra parte, el hecho de que, durante siglos, se hayan mantenido, entre los cristianos, unas práctica y unas costumbres determinadas sobre esta cuestión, no es (ni puede ser) un argumento determinante para obligar al papa a mantener, de forma irrevocable, unos determinados usos o prácticas por más inamovibles que se consideren esas prácticas y esas costumbres.

Y por más respetables que sean las personas que pretenden mantener un determinado modelo de familia. Quienes afirman que la Iglesia no puede en ningún caso admitir el divorcio, demuestran una ignorancia incomprensible, ya que, al decir eso, desconocen que la Iglesia, durante siglos, admitió el divorcio en determinados casos. Por ejemplo, en la respuesta que el papa Gregorio II, en el año 726, envió al obispo san Bonifacio (PL 89, 525). Lo mismo que en la respuesta del papa Inocencio I a Probo (PL 20, 602-603). Doctrina que quedó recogida en el Decreto de Graciano, en el siglo XI (R. Metz – J. Schlick, “Matrimonio y divorcio”, Salamanca 1974, 102-103; M. Sotomayor, “Tradición de la Iglesia con respecto al divorcio. Notas históricas”: Proyección 28 (1981) 55).

Estando así las cosas, lo más razonable, que se puede sugerir en este momento, es que el papa debe sentirse libre para tomar una decisión pastoral, que ayude a la Iglesia entera y en su conjunto a ir madurando la doctrina teológica a seguir. Y, sobre todo, la práctica pastoral que se debe adoptar, al menos mientras las cosas no se vean con más claridad y precisión.

Esto supuesto, y dada la confrontación que de hecho existe en la Iglesia sobre este problema, parece lo más razonable sugerir al papa que – de momento, al menos – lo mejor sería dejar, a los pastores y a los fieles en la Iglesia, en la libertad de proceder según la propia conciencia. De forma que nadie se sienta, ni se pueda sentir, con el derecho y el deber de imponer su propio punto de vista, en un asunto sobre el que no existe ni una enseñanza bíblica, ni una doctrina magisterial que lo pueda imponer desde la Fe. Como tampoco existe, en la historia de la Iglesia, una enseñanza o una práctica uniforme, clara y firme en cuanto se refiere a la defensa de la indisolubilidad del matrimonio, como ahora pretenden imponer algunos obispos y otras dignidades eclesiásticas.

Estamos, pues, ante un asunto sobre el que sabemos que existe un notable pluralismo entre los creyentes en Jesucristo, de forma que, existiendo tal pluralismo, ni el papa podría tomar la decisión de pronunciar una definición dogmática sobre un tema en el que la “Fe de la Iglesia” no es uniforme ni posee las condiciones necesarias para el pronunciamiento de una definición dogmática, como quedó dicho en la definición de la infalibilidad pontificia del concilio Vaticano I (DH 3074) y en la precisión que, sobre este punto capital, hizo el Vaticano II (LG n. 25).

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Papa y obispos debatirán desde este domingo en el Sínodo sobre el matrimonio igualitario y el cardenal Burke la lía

Sábado, 3 de octubre de 2015

Familia homoparentalEn octubre del año pasado, la curia de Roma tuvo una gran oportunidad para dar un paso adelante en su camino para abandonar sus actitudes homófobas. Las familias homoparentales era uno de los temas a abordar en el Sínodo Extraordinario del Vaticano, por desgracia, se produjo un enquistamiento con el rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo, la criminalización del aborto y la prohibición del uso de anticonceptivos. Pocas sorpresas y poco consenso. Este próximo domingo arranca la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y en la agenda, de nuevo, está el espinoso tema de la homosexualidad.

Los 183 padres sinodales que votaron el texto final de la primera asamblea no lograron acuerdo sobre tres de los 58 párrafos, relativos a divorciados, comunión espiritual a divorciados y homosexuales, que no alcanzaron los dos tercios de los votos.

En el instrumentum laboris, documento preparatorio de este segundo Sínodo, el Papa indica sobre la acogida a las personas homosexuales que “toda persona, independientemente de la propia orientación sexual, debe ser respetada en su dignidad y acogida con sensibilidad y delicadeza”. Por otro lado, sobre los divorciados que se han vuelto a casar, el texto precisa que las acciones deben orientarse “hacia una integración cada vez mayor” teniendo en cuenta “las situaciones de partida“.

El texto retoma las discusiones sobre los temas ligados a la familia moderna como las convivencias prematrimoniales, los divorciados que se han vuelto a casar, la situación de los homosexuales, el aborto, los métodos anticonceptivos, la educación sexual o la necesidad de involucrar a las mujeres y a las familias en la formación de los sacerdotes en el seminario. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, subraya que estos temas quedaron pendientes en la primera asamblea, no porque fueran “rechazados” sino porque “no lograron el consenso” necesario.

Durante las sesiones de trabajo, que se desarrollarán a puerta cerrada, también se tratarán temas como la importancia de la preparación de los jóvenes al matrimonio, la poligamia en Asia, el machismo en Latinoamérica, la dificultad de los padres de dialogar con los hijos.

La Iglesia española será una de las que cuente con mayor número de representantes en el próximo Sínodo de Obispos de la Familia, cuyo listado oficial de participantes ha sido anunciado por la Santa Sede. Así, además de los tres obispos designados por la Conferencia Episcopal (Ricardo Blázquez, Carlos Osoro y Mario Iceta), Francisco ha elegido personalmente al cardenal Sistach. En total, son 17 los españoles que estarán en el Aula.

Asimismo, intervendrán diez superiores de órdenes religiosas, 22 representantes de Iglesias orientales, 14 delegados de iglesias ortodoxas, luteranas y otras confesiones cristianas, 17 matrimonios que ejercerán de auditores y otras 51 personas. Entre todos ellos, habrá 30 mujeres expertas.

Algunos expertos apuntan a que el documento final que salga de estas reuniones servirá de base para una futura Exhortación Apostólica del Papa sobre la familia.

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La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos arrancará este domingo 4 de octubre y reunirá hasta el próximo 25 de octubre a más de 330 personas en el Vaticano que debatirán sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo e intentarán llegar a un consenso sobre temas sobre los que no llegaron a acuerdo en la primera reunión como los divorciados vueltos a casar o las personas homosexuales.

Por lo tanto, quedan menos de 48 horas para que el Papa y los obispos comiencen el Sínodo, en el que entre sobre asuntos se debatirá sobre el matrimonio homoparental y el cardenal Raymond Burke, proclamado líder de la facción más dura y conservadora de la Iglesia Católica, vuelve a la carga. El mismo que alertó de una “agenda gay” en el Vaticano y el que dijo que las parejas gays no deben ser invitadas a reuniones familiares en presencia de niños. Pero Burke no viene sólo sino respaldado por los jinetes del Apocalipsis. Varios cardenales, obispos, sacerdotes y numerosos laicos han advertido a los 183 padres sinodales que si la Iglesia iguala las relaciones heterosexuales a las homosexuales se subvierte la ley natural.

“Es impensable que la Iglesia haga hipótesis de una equivalencia de hecho, no sólo en el ámbito legal, entre una relación y una pareja heterosexual y una relación de carácter homosexual, porque esto sería la subversión de la Ley Natural y del designio de amor de Dios creador”, reza el manifiesto que han hecho público durante la firma de un convenio internacional que ha tenido lugar en la Pontifica Universidad de San Tomás de Aquino.

El documento ha sido firmado por el cardenal estadounidense Raymond Burke, el cardenal arzobispo de Bolonia, Carlo Cafarra, el cardenal Walter Brandmüller, el cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Robert Sarah y el arzobispo emérito de Colonia, el cardenal Joachim Meisner.

Entre los laicos que han firmado el documento figuran los filósofos Robert Spaemann, Giacomo Samek Ludovici, Thibaud Collin y Armin Schwibach, así como los intelectuales estadounidenses Robert Royal, el escritor francés Guillaume d’Alançon, y el expresidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi.

El texto destaca que el ataque a la familia no es solo cultural, sino también “social, jurídico, doctrinal y hasta sacramental” y que por lo tanto su defensa requiere un magisterio específico “fuerte y bien claro”.

“Un magisterio que reafirme los dictados de la ley natural –que el Evangelio no suprime, sino que los perfecciona–, las orientaciones a los fieles católicos sobre la necesidad de defender a la familia así como la responsabilidad hacia el bien común de la sociedad y para todos”, especifica.

Además, los cardenales esperan que durante el Sínodo “se dé el espacio adecuado a la experiencia de las familias que viven y son testigos de la belleza de un amor indisoluble, capaz de atraer e iluminar las muchas familias que viven en la oscuridad”.

Por otro lado, el texto reivindica una “reproposición integral de la tradición católica sobre los problemas de la vida, de la familia, de la educación, que consienta al pueblo cristiano de hoy profundizar en su identidad para realizar adecuadamente su misión“. Al mismo tiempo se reconoce que esta toma de conciencia también “implica un juicio cultural en la mentalidad dominante, que permita ser más y más caritativo”.

En esta línea, se pide que se supere “la abstracta contraposición entre verdad y caridad, entre doctrina y pastoral” porque según se indica en el comunicado esto “no tiene ninguna base en términos de la experiencia de la Iglesia, porque la verdad se expresa en el mundo como un juicio sobre las posiciones y, como una obra de caridad sobre las personas”.

 Así que, a punto de comenzar un Sínodo que parece que no va a aportar nada nuevo sobre una Iglesia Católica demasiado liderada por el ala más conservadora y con un Papa Francisco acostumbrado a nadar y guardar la ropa.

Fuente Ragap

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Cardenal Peter Erdö: “La existencia de la familia y su identidad están en peligro”

Viernes, 4 de septiembre de 2015

peter-erdo-10877437xsrjp_1713Y dale con el raca raca… Si este es el relator del Sínodo, podemos esperarnos lo peor… Por cierto, ¿alguien le ha oído decir algo del drama humano que se está viviendo en Hungría con los refugiados sirios?

“La gente no se casa porque se siente controlada por una institución”

El arzobispo de Budapest y presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, el cardenal Peter Erdö, que será el relator del Sínodo de la Familia que se celebrará el próximo mes de octubre en Roma, ha asegurado que el problema fundamental de hoy en día es que la existencia misma de la familia y su identidad están “en peligro”.

Así lo ha indicado en una entrevista concedida a la revista Mundo Cristiano y recogida por Europa Press, en la que también señala como desafío el miedo al matrimonio, a fundar una familia y a aceptar a los hijos.

Concretamente, lamenta que el número de matrimonios, también civiles, haya disminuido y apunta que “el problema no son los divorcios” sino que “la gente no se casa” y “muchos niños nacen fuera del matrimonio”.

En este sentido, señala que en los países occidentales ha disminuido el número de divorciados que se han vuelto a casar pero al mismo tiempo constata que existe “una desconfianza hacia la institución matrimonial mucho mayor que hace 30 años”.

A su juicio, esto se debe a que la humanidad hoy vive bajo una presión enorme de las instituciones, se siente “controlada” y, por tanto, “renuncia a cualquier forma institucional” al entender el matrimonio y la familia como otra forma de control.

Ante esta situación, el cardenal propone que la Iglesia refuerce las comunidades de familias que pueden ayudar, según indica, incluso a aquellas parejas que se casan por la Iglesia sin tener fe.

“Hay mucha gente que se casa por la Iglesia pero sin pertenecer verdaderamente a la comunidad de los fieles. Pero si durante la preparación al matrimonio entran en contacto con un conjunto de familias, queda la esperanza de que más tarde puedan descubrir la identidad sacramental de su matrimonio, subraya.

Sobre el Sínodo, ha advertido de que tal y como ya dijo Benedicto XVI, hay “un Concilio de los Obispos” y “un Concilio de los Medios”. “Es una experiencia que estamos vivendo en estos momentos“, ha subrayado.

Entre otros desafíos que se plantearán en el Sínodo, Erdö también destaca el problema del individualismo que, según precisa, se sufre en todos los continentes.

(RD/EP)

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“Matrimonio en cuatro tiempos -Se acerca el Sínodo, repensemos-“, por Juan Masiá, sj.

Miércoles, 26 de agosto de 2015

matrimoniogay1De su blog Pensar y vivir en la Frontera:

Se acerca el Sinodo y se reiteran las propuestas a favor y en contra de revisar doctrina y prácticas eclesiales sobre acogida sacramental de personas en nuevas nupcias tras divorcio. Pero antes de argumentar en pro o en contra, repensemos el tema central de la fidelidad a la promesa, punto de partida anterior a las doctrinas teológicas y prescripciones canónicas sobre la indisolubilidad del vínculo.

Para cuidar la fidelidad y proteger su fragilidad, reflexionemos sobre la unión esponsal como don y tarea. La sinfonía del “sí, quiero” de los cónyuges, se despliega en cuatro tiempos: promesa interpersonal, acuerdo social, símbolo sacramental y tarea biográfico-familiar.

Para proponerla no bastará un simple post, habrá que alargarse esta vez en una columna.

En el lenguaje de los canonistas se designa como “defensa del vínculo” la incumbencia jurídica de protegerlo. Pero la tarea humana y eclesial de proteger el enlace conyugal (o, en su caso, el desenlace) es más amplia. Compete a tres instancias, por lo menos: la conciencia responsable de los cónyuges, las instituciones protectoras de la justicia y el cuidado pastoral-sacramental de las personas en la vida de las comunidades creyentes.

Situemos la cuestión más allá del debate sobre la validez de un vínculo jurídico o de una doctrina sobre la indisolubilidad (para algunas teologías, intocable; para otras, evolucionable y que debe evolucionar). El problema no se resuelve, ni negando ni permitiendo el acceso a los sacramentos. Hay que revisar la evolución histórica de la vida sacramental, la manera distorsionada de entender confesión, comunión, penitencia, matrimonio, potestad reconciliadora, etc… Sin hacer esa revisión no serviría de nada, ni el permitir lo que hasta ahora no se permitía, ni tampoco el prohibirlo.

Digámolo con un ejemplo concreto. Dice el teólogo X. que no se debe admitir a la comunión a esta pareja porque su convivencia es pecado. Le arguye el teólogo Y. diciendo que sí se les debe admitir, porque Dios no se cansa de perdonar. Pero a uno y otro teólogo hay que cuestionarles: ¿Y quién les ha dicho a ustedes que esa pareja está conviviendo en pecado? Como decían los medievales en sus controversios: Con el debido respeto, niego la premisa mayor (salva reverentia, nego maiorem). Pero temo que tengamos demasiado miedo a poner en entredicho premisas mayores…

Se produce confusión en los debates sobre matrimonio y divorcio, convivencias y separaciones, nulidades y anulaciones, reconocimiento del divorcio y nuevas nupcias civiles, así como sobre la aceptación, discernimiento y acompañamiento de tales situaciones por parte de la comunidad eclesial. Para evitarlas habrá que articular la relación entre los aspectos éticos, legales, religiosos y biográficos del cuidado de la fidelidad y responsabilidad con relación a la promesa.

La sinfonía del consentimiento conyugal se desarrolla en cuatro tiempos, correspondientes: 1) al aspecto interpersonal del consentimiento como promesa; 2) a la expresión legal, como contrato; 3) al aspecto ritual –comunitario, simbólico, sacramental-; y 4) al aspecto temporal y biográfico-familiar .

¿Qué instancias protegen la promesa en sus cuatro tiempos? En primer lugar, la garantía y protección de esa promesa es responsabilidad de la conciencia de los cónyuges en el terreno de la ética inter-personal, “promesa anterior a la promesa” (Ricoeur). En segundo lugar, es competencia del derecho amparar el contrato civil y aspecto institucional de la promesa ante la sociedad. En tercer lugar, la comunidad eclesial que, junto al apoyo de familia y amistades, acompaña a los novios ante el altar, da testimonio del sentido comunitario y trascendente del lazo símbólico anudado por los cónyuges para prometerse mutuamente llevar a cabo la unión de una persona en dos personas. En cuarto lugar, la conciencia responsable de los cónyuges apoya, durante el desarrollo biográfico de la vida familiar, la realización de la tarea prometida (o, en su caso, la reconciliación tras una ruptura o la cancelación tras una ruptura irreversible).

Incumbe a la ética la responsabilidad interpersonal de salvaguardar la promesa; interpelará desde la conciencia e impulsará con el amor para garantizar su realización. El derecho intervendrá para asegurar el cumplimiento del contrato y proteger la seguridad jurídica de cónyuges y familia. La Iglesia, al bendecir litúrgicamente la unión y acompañar pastoralmente a los cónyuges antes, en y durante el camino de su unión, atestigua la gracia divina para el arraigo y fructificación del símbolo sacramental en la vida de los esposos o para su eventual necesidad de reconciliación, sanación o rehabilitación y reanudación del camino.

ritual-matrimonio-catolicoLa promesa de los cónyuges es personal y responsable. Lo que prometen no es solo proporcionarse mutuamente alguna cosa o hacer algo el uno por el otro, sino seguir siendo uno mismo (ipse) ante y con la otra persona en el futuro, aun cuando las circunstancias que condicionen a cada uno no sean las mismas (idem) que antes (Ricoeur).

Esta capacidad de comprometerse es a la vez fuerte y frágil. Fuerte, porque supone la capacidad del sujeto para comprometerse definitivamente. Frágil, porque son imprevisibles las circunstancias que eventualmente pondrán en peligro su cumplimiento. La pareja trepa por la montaña de la vida y solo puede demostrar el logro de la indisolubilidad de su unión cuando ha llegado a la cumbre. El estribillo del canto nupcial: “hasta que la muerte nos separe”, debería ser más bien: “hasta que la compleción de la vida consume nuestra unión” “hasta que la vida consumada convierta nuestra unión en lazo irrompible”.

La promesa es vulnerable. Las personas que se afirman a sí mismas y se afirman mutuamente empeñan su palabra y libertad vulnerables y, por lo tanto, frágiles y expuestas a la ruptura. Solo pueden decirse mutuamente: “hoy te elijo a tí para siempre”, si reiteran así: “y elijo seguir eligiéndote”. Si se re-eligen así a diario, convertirán la unión en indisoluble a lo largo de toda una vida.

Esta es la indisolubilidad antropológica en el horizonte del futuro, irreductible a la noción de indisolubilidad jurídica como acreditación de un vínculo contraído en el pasado. Si la indisolubilidad matrimonial se entendiera antropológica y evangélicamente como don y vocación (cf. Relatio Synodi, 2014, nn. 14-16, 21), sería fácil aceptar que la acogida sacramental de personas divorciadas vueltas a casar civilmente es posible y compatible con la situación canónica (hoy por hoy sin resolver) de la indisolubilidad jurídica de un matrimonio ratum et consummatum entre personas bautizadas, tal como lo considera el vigente derecho canónico (CIC, c. 1056, 1141).

Aunque la Iglesia, desde el punto de vista del derecho canónico, no reconociese la disolución del primer matrimonio y no celebrase canónicamente las segundas nupcias, nada impediría acoger sacramentalmente a esas personas, e incluso celebrar pastoral y litúrgicamente una bendición de quienes ya están socialmente constituidos como familia con todos sus derechos civilmente reconocidos.

El “sí” de los contrayentes en la ceremonia nupcial no es el punto cero de la unión, sino la renovación formal de aquel primer sí de los novios (primer tiempo, en la intimidad del día de la declaración y aceptación mutua ) que inició el proceso de convivencia; y es también su confirmación pública ante la sociedad (segundo tiempo) y ante la comunidad que comparte el simbolismo trascendente (tercer tiempo) de la comunión íntima de dos personas en una, cuya realización se lleva a cabo temporal, biográfica y familiarmente a lo largo de la vida, re-eligiendo cada día la elección originaria (cuarto tiempo).

La promesa, por su fragilidad, se puede romper. El ser humano capaz de prometer, es capaz de traicionar la promesa, y es también capaz de reconocerlo, pidiendo y recibiendo perdón. En una situación de imposibilidad del cumplimiento de la promesa o de interrupción del proceso de cumplimiento, pueden producirse diversos escenarios de desenlaces: ruptura irresponsable, cancelación de mutuo acuerdo o petición y concesión mutuas de perdón, sanación humana y sacramental de las heridas que dejó la situación de ruptura (tanto si fue culpable como si no lo fue). En caso de ruptura irreversiblemente inevitable persistirá la exigencia de sanación de las heridas y rehabilitación de las personas

En los debates sobre el vínculo matrimonial, impropiamente llamado indisoluble (sin distinguir el uso jurídico y el teológico de esta noción), se echa de menos esta reflexión antropológica recién esbozada aquí (que puede y debe acompañar a la reflexión evangélica, sacramental y pastoral).

20091022-matrimonio-gay-iglesiaDesde ambas perspectivasd, antropológica y evangélica, se asumiría con lucidez y serenidad, acompañadas de misericorida, el carácter procesual de la relación de “dos personas uniéndose” en “comunión de vida y amor”. La indisolubilidad matrimonial (no jurídica, sino antropológica) se verá más como vocación y meta de la fidelidad prometida, que como propiedad derivada exclusivamente de un compromiso canónicamente confirmado.

Incluso desde la perspectiva del vínculo confirmado social y religiosamente, sería posible repensarlo como “no disoluble injusta e irresponsablemente”, en vez de insistir en entenderlo como “indisoluble absolutamente”. Lo que deseamos convertir en irrompible, “re-anudándolo” día a día, no es un vínculo físico, óntico o legal, sino un lazo de unión interpersonal. El lazo de unión hasta la muerte se puede deshacer, no por la muerte física de uno de los cónyuges, sino por la muerte de la relación.

Por estar íntimamente vinculada a la relación, la indisolubilidad puede morir con ella. El vínculo no es un objeto que defender, o una doctrina que reconocer, o una norma que obedecer, sino una relación que cuidar. Su muerte producirá sufrimiento y requerirá un duelo y una sanación. No habrá que atribuirla necesariamente a un pecado o a una enfermedad; podrá ser solo un accidente. La unión y consumación personal de esta relación es un proceso que lleva tiempo y, a veces, se interrumpe a mitad de camino y muere con ella. Unas veces, por causa de una de las partes; otras veces, por causa de las dos partes; otras veces, sin ser por causa de ninguna de las dos partes, sino debido a circunstancias y vicisitudes externas. Si la ruptura es reparable, se buscará recomponer lo vulnerado. Si es irreversible, habrá que buscar sanación para ambas partes y apoyo para rehacer el camino de la vida. La acogida eclesial de las personas en esa etapa será de acompañamiento al proceso de sanación (no necesariamente penitencial, como propone tímidamente la ponencia de Kasper, que se queda corto…); podrá ser de reconciliación penitencial, en algunas ocasiones; pero otras veces, sin culpa que reconocer, será cuestión de una rehabilitación curativa o de un apoyo humano y espiritual para volver a empezar.

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Un camino de familia: Libertad, justicia, fraternidad

Sábado, 22 de agosto de 2015

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Se está preparando para octubre el Sínodo de la Familia (2014-2015) y hay filas de espadas elevadas a lo alto, para defender y/o atacar. Algunos que se dicen fieles a la tradición pretenden (al parecer en contra del mismo Papa):

— Condenar de hecho a los homosexuales, no dejando que vivan su mayoría de edad cristiana, cerrándoles la puerta al amor evangélico y a los ministerios reales de la iglesia (a no ser que se encierren en hondos armarios y lo nieguen);

— rebajar cristianamente a los divorciados sin más, diciendo ciertamente (con el Papa Francisco) que no están “excomulgados” al modo canónico antiguo, ya desfasado, pero negándoles de hecho la comunión real (en contra del parecer de Francisco), poniendo un tipo de ley impersonal por encima de su vida personal de creyentes (que parece no importar);

— mantener en su ostracismo a los que han decidido abandonar un tipo de ministerios por razones varias, entre ellas, al menos algunos, por haber contraído matrimonio, en aras de una ley eclesiástica que ponen por encima de la libertad de Cristo, ratificando así un clasismo antievangélico.

Estos y otros problemas de familia (homosexualidad, divorcio, celibato ministerial…) han de ser objeto de estudio del Sínodo (si es que quiere tratar de verdad de la familia cristiana, en sus diversas dimensiones), no desde una ley superior a las personas, sino desde la experiencia radical de las personas, todas distintas, todas dignas, según el evangelio.

Nos hallamos, sin duda, ante un riesgo de “enroque” , el riesgo de que se ratifique una iglesia mono-tona, que puede acabar quedándose por desgracia sin tono ni voz de evangelio, en un mundo deseoso y más sediento que nunca de evangelio. Estamos ante el riesgo de una ley por encima del evangelio (para lo que dicen algunos de esos que critican el camino de familia que quiere abrir el Para no hubiera sido necesario que viniera Jesús, bastaba un buen fariseísmo)

En este contexto, en sintonía/sinfonía con la visión fundamental del Papa Francisco, me atrevo a repasar mi largo itinerario teológico, no para dar lecciones, sino para espigar y retomar algunas ideas que quizá permitan elevar el plano de la discusión y situar el tema en una línea de evangelio, una revolución evangélica de la familia:

— Es primer descubrimiento de la teología cristiana ha sido y sigue siendo la libertad, entendida en plano individual y social, como gracia y tarea; todo lo que no vaya en esa línea no es cristiano, por más “sinodal” que parezca.

— El segundo ha sido y sigue siendo la justicia, interpretada como misericordia creadora, en línea profética de Israel, en la línea mesiánica de Jesús, en forma de no violencia activa, pero muy activa, al servicio de los últimos de la tierra.

images2— El tercer descubrimiento ha sido la fraternidad universal, entendida en forma de solidaridad, es decir, de vinculación entre todos los seres humanos. En esa línea hay que añadir que todo lo que “excomulgue” y expulse no es cristiano; puede haber hombres o mujeres que se “excomulgan” a sí mismos, pero siempre ha de ser “en contra del deseo y tarea de la Iglesia”, que seguirá ofreciendo espacios de comunión, dentro y fuera de su “mediterráneo”.

Éstos son los ideales de una teología que algunos venimos cultivando hace decenios, recreando desde el evangelio los principios que la Revolución Francesa quiso elevar de un modo racional, como principio de convivencia humana. La segunda imagen pone de relieve los riesgos a los que han podido llevar esos principios.

No se trata aquí de condenar los ideales de la modernidad racional, sino de volver a volver a situarlos (e implantarlos) en el humus de una revolución originaria de la vida humana, a la luz del evangelio, destacando la justicia, para que pueda haber verdadera igualdad (que no aparece en este esquema, sino que ha de “buscarse”).

Éstos son, a mi entender, los principios de la nueva Revolución de la Familia humana en la que todos estamos implicados, de la que muchos venimos pensando hace tiempo.

Imagen 1: Caminamos juntos, con el sol que nos alumbra, desde las espaldas, porque alguien/algo no impulsa y anima por delante.
Imagen 2: Que la “fácil” interrogación sobre los lemas de la Revolución Francesa (qué libertad, para quién la igualdad, cuándo la fraternidad) nos lleve a plantear mejor los temas de fondo de la familia humana.

Buen domingo a todos.

1. En el principio está la Libertad, entendida gracia y tarea, en plano individual y social.

En la formulación de este principio ha influido mi contexto personal y la tradición mercedaria de liberación de los cautivos, de la que he vivido y vivo a lo largo de los años. Ciertamente, me ilusiona el pensamiento bien articulado, me producen nostalgia las bellas ceremonias litúrgicas, me impresionan las tradiciones sacrales, cristianas o no… Pero, en el fondo, sólo tengo un interés teológico: que se exprese el gozo de Dios (=de la Vida) como gracia, y que hombres y mujeres puedan vivir en libertad y comunión, empezando por los pobres.

Sobre esa experiencia de gracia y libertad, desde el Dios que nos ha creado en Jesús, como responsables de nosotros mismos, he querido pensar desde la fe la vida humana. Me interesa el pan, la casa y la palabra (como reza el título de uno de mis libros, dedicado al Evangelio de Marcos); los asuntos de administración son importantes (hay que organizar la vida común), pero en sí mismos siguen siendo secundarios; para nada sirven si no hay vida para administrar.

Ciertamente, como teólogo cristiano acepto los siglos de vida y tradición de la iglesia, pero quiero reinterpretarlos desde esos temas del evangelio de Marcos: que todos (cristianos o no) puedan habitar en una casa, compartiendo el pan de la comida y la palabra, abriendo un futuro de esperanza (resurrección) para las nuevas generaciones.

Para la libertad nos ha liberado Jesús por su gracia, como ha formulado Pablo en la carta a los de Galacia. Testigos de esa gracia hemos de ser, no sólo en plano externo, de transformación social, sino también interno, de experiencia orante, sin dictaduras morales, sin imposiciones de sistema, en libertad advida. Desde hace más de treinta años he tenido el convencimiento de que cierta iglesia sigue demasiado pegada a tradiciones legales, ajenas al evangelio: vive hipotecada por una tipo de jerarquización masculina de los ministerios que discrimina a varones como tales y, sobre todo, a las mujeres (sin acceso a esos ministerios), bajo un secretismo administrativo y un tipo de supremacía clerical, que desemboca en un moralismo sin verdadera moral, a una cura (o des-cura) de almas sin alma.

Muchos me dicen que, por mandato de Jesús, los «responsables de la institución eclesiástica» deben mantenerse sobre los otros fieles, para ayudarles desde su altura, inmune de errores y faltas. Otros añaden que hace falta un “derecho supra-moral”, para que las “almas” no se tuerzan, como estamos viendo en la preparación de este final de Sínodo 2015. A pesar de ello, sigo pensando que sólo la libertad libera y que sólo la igualdad iguala y que los pobres son la única jerarquía de la iglesia y el amor misericordioso y creador el único “mandamiento” moral.

2. Mi segundo principio ha querido ser la justicia,

interpretada como gratuidad y «no violencia», desde la perspectiva de la tsedaqá bíblica, vinculada con la dikaiosyne o derecho universal que se extiende a todos los seres humanos, como vivientes racionales a hijos de Dios. No he pertenecido directamente a la teología de la liberación, pero pienso que ella ha ejercido, y debe ejercer, una influencia saludable en el conjunto de la iglesia.

En nombre del Dios cristiano habíamos sacralizado o, al menos, avalado ciertas instituciones de poder, alimentando así las injusticias económicas y sociales del sistema. Es más, muchos cristianos estaban (y están) convencidos de que el poder en sí es sagrado, de manera que la jerarquía en cuanto tal es signo de Dios. Pues bien, en contra de eso pienso, que la justicia de Dios no es poder universal, sino amor abierto y liberador, desde los expulsados del conjunto social, de manera que la misma palabra jerarquía (=poder sagrado) puede acabar siendo contraria al evangelio (Mc 10, 35-45 par), pues la buena nueva sólo se puede anunciar y vivir donde el hombre asume su pobreza y acompaña a los los demás, especialmente a los pobres y expulsados del sistema, en línea de comunión fraterna (cf. Lc 6, 20 par; 4, 18; Mt 11, 5).

La misma libertad creadora de Dios, que es amor a los pobres, se vuelve principio de justicia, pues el evangelio llama “justos” precisamente a los que acogen a los exilados y visitan a los encarcelados, es decir, a los que ponen su vida al servicio de los excluidos del sistema (cf. Mt 25, 31-46).

— Más que la posible desacralización de occidente en los últimos siglos o decenios, me importa el hecho de que sigan existiendo (y creciendo) los hambrientos en el mundo.
— Más que la caída de las prácticas sacrales antiguas, que han decrecido mucho en los países más industrializados, me preocupa el hecho de que Cristo pueda decir «estuve exilado y no me acogisteis, en la cárcel y no me visitasteis». No me importa el triunfo externo de la iglesia, sino el proyecto de Jesús, en favor del reino y su justicia (cf. Mt 6, 33).

Al servicio de esa justicia de Dios, que es libertad para los oprimidos, pan para los pobres y acogida universal, he querido elaborar mi pensamiento. Por eso, más que la universidad y el orden sacral interno de la iglesia me ha importado siempre la vida concreta de los hombres y mujeres y así, al menos de deseo, me ha gustado encontrarme con los marginados, allí donde Jesús quiso que estuvieran los que anuncian su banquete (cf. Lc 14, 15-24 par), junto a los pobres, enfermos e incapacitados (cf. Mt 11, 2-5).

3. El tercer principio (en otro orden el primero) es la misericordia fraterna,

creadora de fraternidad. En nuestra cultura occidental, la misericordia tiende a entenderse como una actitud de compasión intimista, que se duele del mal de los otros, pero sin cambiar por ello el orden y sentido de las cosas. En esa línea se dice que Jesús ha sido “misericordioso”, en la línea de la palabra griega “splagnisthein”, que significa sentir con la entrañas (con hesed, en hebreo) el mal de los demás. En este sentido, la misericordia se identifica con la compasión, apareciendo así como un “dolor interno” por el dolor de los demás, pero sin comprometerse a transformar las condiciones y las circunstancias que lo han suscitado.

Pues bien, el evangelio sabe y dice que esa “misericordia entrañable” (de la entrañas) sólo tiene es verdadera y alcanza su sentido cuando se convierte en principio de “justicia”, conforme a la palabra griega “eleemosyne” (eleein) que se identifica en el fondo con la tsedaqa, es decir, con la justicia. Por eso, los verdaderos misericordiosos de la bienaventuranza de Jesús (Mt 5) no son simplemente y sin más los compasivos de puro corazón, sino los liberadores de palabra y obra, los que se comprometen a crear un mundo “fraterno”, donde todos los hombres y mujeres, por el hecho de serlo (y en especial los más necesitados) son “hermanos nuestros” (siendo hermanos del Cristo, sus representantes en la tierra: Mt 25, 31-46).

Reflexión final ¿No he puesto igualdad?

Verá el lector que no he puesto en esta triada, de fondo fondo bíblico y de reminiscencias de revolución francesa, la palabra igualdad, no porque quiera ir en contra de ella, sino todo lo contrario: Porque quiero descubrirla y potenciar en su raíz, no como nivelación universal, sino como potenciación de cada uno, para que todos podamos vivir en libertad, en justicia, en fraternidad.

No quiero una igualdad impuesta, ni en las religiones ni en las culturas, ni en las naciones ni en la economía… Quiero libertad y justicia, quiero fraternidad, de manera que cada uno (hombre y/o mujer) pueda ser aquello que decida por sí mismo, en comunión fraterna con otros que piensan de manera diferente, en libertad radical, en justicia, sin imponerse a los demás (ni querer que todos sean a su imagen y semejanza), con medios suficientes para formarse y vivir (convivir) como persona.

En el fondo, esa igualdad que busco es la libertad, vinculada a la justicia y a la fraternidad, en un mundo y una historia en que es hermoso que todos sean (y sean distintos), pero en comunión. Ciertamente, el Dios bíblico es “uno”, pero es uno en comunión trinitaria, donde las mismas personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) son distintas, pero teniendo cada una la misma esencia que la otra.

Sobre esto volveremos otro día. Hoy bastan las reflexiones anteriores, desde el esquema de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad), pero poniendo la justicia en lugar de la igualdad, no para negarla (negar la igualdad), sino para potenciarla.

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Palos en la rueda de Francisco

Domingo, 9 de agosto de 2015

Papa-Francisco5Perdido el debate doctrinal, la minoría conservadora amenaza con un cisma tras el Sínodo

“Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos otra elección que ésa”

(Jesús Martínez Gordo).- A partir del próximo mes de octubre asistiremos, finalizado el Sínodo ordinario de obispos dedicado a la familia, a uno de los momentos más importantes del pontificado de Francisco, a lo que se podría llamar su hora de la verdad.

En efecto, una vez debatidas y aprobadas las resoluciones que los obispos estimen oportunas y presentadas para su ratificación, es de esperar que este papa, lleno de gestos felizmente descolocantes y de un magisterio refrescante, baje a la arena y -dicho coloquialmente- se “moje” aprobando toda una serie de propuestas sobre la familia y la moral sexual. Va a ser particularmente interesante constatar qué decisiones toma sobre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, es decir, sigan perteneciendo plenamente a la Iglesia.

Como es sabido, ésta es una cuestión abierta por el mismo papa Francisco el 29 de julio de 2013 cuando, a su regreso de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Rio de Janeiro y en conversación con los periodistas, reconoció la necesidad de abordar “el problema de la comunión a las personas en segunda unión”, algo, apuntó en aquella ocasión, que es preciso realizar con misericordia: “si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos otra elección que ésa”.

La oposición a semejante posibilidad no tardó en aparecer. Y estuvo liderada por cinco cardenales de indudable peso en la curia vaticana, al menos durante los pontificados anteriores, y con una contundencia inusitada: “no es coherente con la voluntad de Dios” (Gerhard Ludwig Müller); resulta “insostenible” (Walter Brandmüller); es “ilícita” porque cuestiona “la ley divina” de “la indisolubilidad del matrimonio” (Velasio De Paolis); va “en contra de la voluntad del Señor” (Carlo Caffarra); recurrir a la misericordia sin verdad es un atentado contra la fe (Raymond Leo Burke).

El Sínodo extraordinario celebrado en octubre del año pasado evidenció que, aunque la propuesta favorable a la plena incorporación eclesial de los divorciados casados no alcanzara entonces la mayoría requerida (dos tercios), la posición radicalmente contraria de estos cardenales -y oficial hasta entonces en la Iglesia católica- pasaba a ser sorprendentemente minoritaria en el aula sinodal.

 los-opositores-al-papa-franciscoLos opositores del Papa

 Y el mismo papa Francisco no solo no retiraba -en nombre de una unidad supuestamente en peligro- el estudio de esta cuestión en un próximo Sínodo, sino que volvía a recabar el parecer de la base eclesial sobre éste y otros asuntos referidos a la familia y a la moral sexual.

Desde entonces se ha asistido a un debate a fondo que, a diferencia de otras ocasiones, ha presentado una particularidad también inaudita: han sido notables las aportaciones que, con una libertad encomiable y con una argumentación impecable, se han esforzado por desmontar el intento de la minoría sinodal por capitalizar en exclusiva la rectitud doctrinal.

No es verdad -y menos infalible- que, a la luz de la escritura, de la tradición patrística, de los concilios y del corpus jurídico eclesial vigente, sea incompatible un comportamiento misericordioso con los divorciados vueltos a casar y el reconocimiento de la indisolubilidad del matrimonio. Más bien, todo lo contrario.

Quizá porque la minoría sinodal da ya por perdido el debate sobre la consistencia doctrinal de quienes -como el cardenal W. Kasper, entre otros- son partidarios de articular misericordia e indisolubilidad, se asiste estas últimas semanas a un cambio de estrategia: da lo mismo -se propala también aquí, entre nosotros, en el País Vasco- lo que se apruebe en el próximo Sínodo ordinario de octubre. El papa Francisco va a dar la callada por respuesta a una propuesta partidaria de reconocer, en nombre de la misericordia, la plena eclesialidad de los divorciados vueltos a casar.

Según este infundio, el papa Bergoglio adoptaría semejante estrategia no sólo ante la supuesta “fortaleza” dogmática, escriturística, jurídica y patrística de la posición minoritaria, sino también ante el temor de un posible cisma en la Iglesia católica. Como contrapartida, enfatizan, impulsaría un magisterio todavía mucho más atento a las contradicciones sistémicas del capitalismo imperante y, sobre todo, a las urgencias sociales que están aflorando.

Sinceramente, no veo a Francisco en esta estrategia. Y no lo veo porque me parece un comportamiento más propio de un “capitán Araña” que de un obispo con entrañas pastorales y convencido -como es el caso- de que hay que estar al lado de la gente hasta el final.

Sí lo veo, en cambio, ratificando lo aprobado en el Sínodo y buscando no romper los puentes con la minoría sinodal, a pesar de que ésta intente marcar (y agrandar) distancias en nombre de la “verdad” y de una supuesta rectitud doctrinal abanderada -tan gratuita como supuestamente- por ellos.

Si la minoría sinodal quiere convencer, tiene que aportar argumentos más consistentes que los esgrimidos hasta el presente. Y, por supuesto, olvidarse de esta estrategia.

Fuente Religión Digital

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“Las familias desprotegidas -Borrador del Sínodo a dos colores (1)-“, por Juan Masiá sj

Martes, 7 de julio de 2015

Dios es FamiliaDe su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

(El borrador de trabajo -Instrumentum laboris- del Sínodo se ha publicado en dos fuentes; cursiva:lo incorporado del Sínodo anterior, y ordinaria:lo añadido para el próximo. Aquí distinguiremos más bien, con dos colores en ambos párrafos, la mentalidad reformadora y la tradicionalista. Subrayamos en dorado la primera: histórica y experiencial, hermenéutica, antropológica y evangélica. En rojo, la segunda: escrúpulos dogmatizantes, sutilezas canonistas o exégesis literales fundamentalistas).

Comienza la introducción constatando los desafíos que deben afrontar hoy las familias. Primero, ver la realidad, para después juzgar y actuar, discernir el destino de las familias, pensar su misión y comprometerse con su transformación. El Sínodo (como la Gaudium et spes del Vaticano II) quiere hacer suyas las fatigas, gozos y esperanzas de tantas familias, más vulneradas y vulnerables que nunca, pero menos apoyadas por la sociedad.

Subrayamos, en dorado, en el capítulo primero, la referencia a las causas culturales, sociales o políticas de dicha desprotección.

“Eventos traumáticos como los conflictos bélicos, la eliminación de los recursos, los procesos migratorios, inciden de manera creciente en la calidad afectiva y espiritual de la vida familiar y ponen en riesgo las relaciones dentro de la familia… Asimismo se debe hablar de las graves contradicciones generadas por el peso de políticas económicas desconsideradas, al igual que de la insensibilidad de políticas sociales, incluso en las llamadas sociedades del bienestar. En particular, el peso cada vez mayor del mantenimiento de los hijos, así como el enorme agravamiento de las tareas subsidiarias del cuidado social de enfermos y ancianos, de hecho delegados a las familias, constituyen una auténtica y enorme carga que pesa sobre la vida familiar”.

“Si se añaden los efectos de una coyuntura económica desfavorable, de naturaleza bastante ambigua, y el creciente fenómeno de la acumulación de riqueza en manos de pocos y de la distracción de recursos que deberían ir destinados al proyecto familiar, el cuadro de empobrecimiento de la familia se perfila todavía más problemático”.

Subrayamos, sin embargo, con rojo, algunas alusiones hechas de paso, sin que fueran necesarias en el contexto del capítulo:

Al enumerar circunstancias sociales de efecto negativo sobre la institución familiar, se mencionan “las teorías según las cuales se debe afirmar la identidad personal y la intimidad afectiva en una dimensión radicalmente desvinculada de la diversidad biológica entre varón y mujer…”

“Al mismo tiempo, sin embargo, se quiere reconocer a la estabilidad de una pareja instituida independientemente de la diferencia sexual la misma titularidad de la relación matrimonial intrínsecamente vinculada a los roles paterno y materno, definidos a partir de la biología de la generación…

Parece como si quisieran desde el comienzo asegurarse de dejar cerrada la puerta para cualquier tratamiento acogedor y reconocedor de matrimonios igualitarios u otras situaciones similares.

Tampoco parecen pertinentes (al comienzo del documento y sin haber tratado los respectivos problemas), las afirmaciones que descartan de un plumazo determinadas perspectivas sobre feminidad o maternidad. Lápiz rojo, por tanto, también a las líneas siguientes:

“Una cierta visión del feminismo, que considera la maternidad un pretexto para la explotación de la mujer y un obstáculo a su plena realización… una tendencia creciente a concebir la generación de un hijo como un instrumento para la afirmación de sí mismos, que hay que obtener con cualquier medio”.

(Reconozcamos en voz baja y con letra pequeña, que el Instrumentum laboris, como otros documentos de magisterio eclesiástico convertidos en diplomacia eclesiástica, padece la patología de los textos de consenso pactados entre posturas cognitivas incompatibles).

(Continuará)

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El Vaticano abre la puerta a los divorciados, acepta la unión de hecho y da un portazo a los matrimonios entre personas del mismo sexo

Domingo, 28 de junio de 2015

soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1Lo venimos diciendo… mal, muy mal… Se fueron los obreros, se fueron la inmensa mayoría de mujeres, se van los jóvenes a chorros… Y nos iremos los cada vez menos homosexuales que nos seguimos considerando católicos pero sí cristianos… El bluff de Francisco. ¿Cuándo se van a enterar de que ya no basta eso de la supuesta acogida misericordiosa y no sé que delicadeza que te dice te acojo pero eres un desviado… que lo que exijimos es RESPETO A NUESTROS DERECHOS CIVILES, RESPETO A NUESTRA CONDICIÓN DE HIJOS E HIJAS LIBRES DE DIOS.

Jesús Bastante.

Un paso hacia adelante, y un par de ellos hacia atrás. Este puede ser el resumen acelerado del “Instrumentum Laboris”, o documento de trabajo para el Sínodo de la Familia, que el próximo mes de octubre debatirá acerca de la doctrina de la Iglesia católica respecto al aborto, la eutanasia, la procreación, las adopciones, los matrimonios gay o los divorciados vueltos a casar. Así, el texto, presentado en el Vaticano, asegura que existe un “acuerdo común” para que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a la comunión y, por primera vez, acepta a la vida en pareja como un paso previo -por tanto, no condenable- al matrimonio. Sin embargo, las esperanzas de una acogida completa a las personas homosexuales sufrieron un fuerte revés, al negar el documento “analogías entre las uniones homosexuales y las heterosexuales” y reivindicando la diferencia padre-madre a la hora de la adopción.

Resulta evidente que, pese al impulso del Papa Francisco, la Iglesia católica no está preparada para aceptar según qué cosas. De todos modos, el tono utilizado en el “Instrumentum Laboris” en sus 80 páginas -147 puntos- se encuentra muy alejado del lenguaje rotundo, prohibitivo y oscuro al que nos tiene acostumbrada la Iglesia cuando habla de homosexualidad, divorcio, aborto o eutanasia. La intención, según declaró este martes el secretario general del Sínodo de la Familia, Lorenzo Baldisseri, era presentar “un texto de tono sereno, frente a las intervenciones alarmistas o catastrofistas de otros documentos eclesiásticos”.

 El gran avance del documento vaticano se encuentra en lo tocante a la situación de los divorciados vueltos a casar, uno de los puntos que más discusiones planteó durante la pasada reunión del Sínodo de la Familia. El “Instrumentum Laboris” da un paso adelante y proclama que existe un “consenso” para que aquellas personas que, tras un fracaso matrimonial, reorganizaran su vida, puedan volver a la Iglesia. Hasta la fecha, los divorciados vueltos a casar estaban, en la práctica, excomulgados.

Acceso a la comunión dependiendo del obispo

Ahora, estas personas podrán comulgar siempre que lleven a cabo una “reflexión” sobre su situación a través de “itinerarios de reconciliación o un camino penitencial y si el obispo correspondiente así lo determina en último término”. Dicho “camino penitencial” conllevará un acompañamiento por parte de un sacerdote que explicará a esas personas las consecuencias del divorcio y que les hará reflexionar sobre su estado.

El texto precisa que se aplicaría “bajo la autoridad del Obispo, para los fieles divorciados vueltos a casar por lo civil, que se encuentran en una situación de convivencia irreversible”. La última palabra, con todo, la tendrá cada obispo en su diócesis, lo que puede provocar, por ejemplo, que los divorciados alemanes estén en comunión con la Iglesia, mientras que los españoles sigan anatemizados.

 Las reformas vaticanas apuntan a crear un “ministerio” del medio ambiente

También se da una apertura al considerar a las parejas que conviven sin haberse casado como una instancia previa (“un paso adelante”) al matrimonio, para las que habría que considerar un “acompañamiento de gran respeto” y proponer un “camino de crecimiento abierto a la posibilidad del matrimonio sacramental” a dichas parejas, pero teniendo en cuenta que su modelo ya constituye, en buena medida, una realidad familiar. Incluso a los ojos de la Iglesia.

“Firmeza” en contra del matrimonio igualitario

boda_de_Francisco_Gerard3Sin embargo, el gran paso atrás del Sínodo de la Familia se encuentra en el tratamiento dado a los homosexuales en la Iglesia. Así, el documento resalta la “firme posición de la Iglesia, contraria al matrimonio entre personas con tendencias homosexuales”, aunque reitera que “toda persona, independientemente de su tendencia sexual debe ser respetada en su dignidad y acogida con respeto y delicadeza, en la Iglesia y en la sociedad”.

El Sínodo considera “inaceptable” que los obispos sufran “presiones de los organismos internacionales” que “condicionan las ayudas financieras a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el matrimonio entre personas del mismo sexo”. “No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales” y las heterosexuales, incide con dureza el documento vaticano, quien no obstante sugiere que las diócesis reserven “una atención específica al acompañamiento de las familias” que cuentan con miembros homosexuales.

 El Papa llama a la responsabilidad ante un planeta que “se está destrozando”

El texto también es muy duro en lo tocante a la adopción. “Para dar una familia a tantos niños abandonados, muchos han pedido que se destaque la importancia de la adopción. A este respecto se ha señalado la importancia de afirmar que la educación de un hijo debe basarse en la diferencia sexual, así como la procreación”, señala.

Aborto y eutanasia

En relación con la eutanasia y el aborto, el Instrumentum Laboris insiste, de modo tajante, en que “la vida es un regalo de Dios y, por eso, no se pueden descartar ni su comienzo ni su estado terminal”. “Al contrario, es necesario asegurar a estas fases una atención especial. Hoy, demasiado fácilmente, se considera al ser humano como un bien de consumo que se puede usar y tirar”, incide el documento.

El Sínodo de la Familia tendrá sus próximas reuniones durante el mes de octubre y, al término del mismo, los padres sinodales presentarán un documento de propuestas al Papa, que será quien tome la decisión definitiva. Cualquier norma que emane del mismo pasará a formar parte de la doctrina de la Iglesia, que puede dar un salto de calidad respecto a su presencia en el mundo de hoy o, nuevamente, perder una oportunidad de sintonizar con la sociedad contemporánea. Una oportunidad que podría ser la última.

Fuente El Diario

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Francisco es Bergoglio. Nuevamente el Vaticano discrimina y genera dolor y angustia

Miércoles, 24 de junio de 2015

timthumb.phpNo existe fundamento para asimilar analogías entre las uniones homosexuales y las heterosexuales

Así lo que recoge el ‘Instrumentum Laboris’, boceto que servirá de base para el debate de los padres sinodales durante la segunda sesión del Sínodo sobre la familia, que se celebrará a finales de año y que recoge las respuestas de diócesis de todo el mundo a preguntas remitidas por el Papa Francisco sobre la familia.

Sobre la atención pastoral a los homosexuales, los católicos proponen que haya un proyecto pastoral que extienda “una específica atención al acompañamiento de las familias en las que en las que vivan personas con tendencia homosexual y también sobre estas personas”. Asimismo, se subraya que toda persona independientemente de su orientación sexual debe serrespetada en su dignidad y acogida con sensibilidad y delicadeza, ya sea en la Iglesia como en la sociedad“.

El Vaticano difundió hoy el texto preparatorio para el Sínodo de las familias que se desarrollará en octubre próximo. Lejos de las promesas aperturistas, el documento promovido por el Papa Francisco, insiste en deslegitimar el Matrimonio Igualitario, propone un trato “compasivo” y “misericordioso” de la diversidad sexual alejado del reconocimiento de derechos, reniega de las relaciones prematrimoniales y el uso del preservativo, entre otras afirmaciones que no hacen otra cosa que generar angustia y dolor innecesarios.

La Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans (FALGBT) expresa su estupor por el contenido del Documento preliminar para el Sínodo de la Familia, dado a conocer hoy por el Estado Vaticano.El texto, que servirá de base para los debates que tendrán lugar en octubre próximo,borra con el codo la supuesta actitud “aperturista” del Papa Francisco, volviendo a los conceptos más radicales y reaccionarios en materia de familias, sexualidad y género.Tal como había ocurrido en la encíclica “Laudato Sí” – en la cual el Papa cargó contra las identidades y expresiones de género trans y lo que denomina “ideología del género” – en el documento conocido hoy reafirma la línea más conservadora de la Iglesia en materia de sexualidad. La condena a las relaciones pre matrimoniales, la des legitimación del Matrimonio Igualitario y cualquier tipo de regulación que proteja a las familias de la diversidad sexual, la amonestación al uso del preservativo y el  lugar de las mujeres en la vida, marcan claramente que ninguno de los supuestos gestos “progresistas” de Bergoglio tienen correlato en la realidad.

Desde la FALGBT consideramos que este tipo de comentarios sólo general dolor, angustia y sufrimiento, que en muchos casos puede llevar incluso hasta la muerte de muchas y muchos jóvenes en el mundo que, acorralados por la discriminación y el despecio de esta institución e inclusos sus familias, pueden tomar la decisión más trágica.

Al respecto Esteban Paulón, Presidente de la FALGBT expresó “nuevamente Francisco muestra que sigue siendo Bergoglio, aquel de la “guerra en Dios” contra el Matrimonio Igualitario. Cuando asumió dijo que la Iglesia debía dejar de insistir con temas como la sexualidad, declaración que hoy borra con el codo.”

Asimismo agregó “Qué espera el Obispo de Roma? por un lado nos convoca a la mesa y lava los pies, mientras usa su lengua para aniquilar cualquier pretensión de avance o apertura.”

Para finalizar expresó “nuevamente el Vaticano en la persona de Franvcisco nos niega la condición de sujetos y sujetas de derechos. No queremos compasión, ni queremos misericorida. Queremos ser tratados como lo que somos, ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho.” 

El Vaticano constata un “consenso” en torno a la comunión para los divorciados vueltos a casar
Tras un “camino penitencial” y con el permiso del obispo diocesano, señala el Instrumentum Laboris

El Vaticano ha constatado que existe un consenso en el seno de la Iglesia católica para que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, siempre que lleven a cabo una reflexión sobre su situación a través de “itinerarios de reconciliación o un camino penitencial y si el obispo correspondiente así lo determina en último término.

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El cardenal Kasper asegura que las uniones homosexuales serán un tema central en el próximo Sínodo de la Familia

Viernes, 5 de junio de 2015

zzksprEl cardenal Kasper afirma que pueden existir elementos buenos en una unión homosexual

En declaraciones al diario italiano Corriere della Sera, el cardenal Walter Kasper ha asegurado que la Iglesia tiene que abordar con más detalle la cuestión de las parejas del mismo sexo. Indica además que esa cuestión fue en el último Sínodo “solamente un tema marginal, pero ahora se convierte en central“. El purpurado alemán defiende el voto a favor del matrimonio igualitario en el reciente referendo celebrado en Irlanda.

El cardenal Kasper defendió el voto de los irlandeses a favor del lmatrimonio igualitario, diciendo:

“Un Estado democrático tiene el deber de respetar la voluntad del pueblo; y parece claro que, si la mayoría de la gente quiere este tipo de uniones homosexuales, el Estado tiene el deber de reconocer tales derechos”.

También dijo que el referéndum irlandés es “emblemático por la situación en la que nos encontramos, no sólo en Europa, sino en todo Occidente”. Y añadió : “El concepto de la posmodernidad –según el cual todo es igual– está en contraste con la doctrina de la Iglesia”.

El cardenal Kasper quiso vincular lo sucedido en Irlanda y la doctrina de la Iglesia Católica, asegurando que ahora se hace más difícil para la Iglesia explicar a los demás su propia posición moral en la cuestión de la homosexualidad. “Tenemos que encontrar un nuevo lenguaje, dijo. “Tenemos que superar la discriminación [injusta], que tiene una larga tradición en nuestra cultura”.

En su opinión es importante honrar las relaciones del mismo sexo de larga duración, que contienen “elementos buenos”, a pesar de que la Iglesia no puede cambiar su actitud fundamental hacia ellos, ya que están en contra de la enseñanza de los Evangelios.

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