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El papa Francisco arremete, y ya van… contra las familias homoparentales

Miércoles, 20 de junio de 2018

audiencia-del-papa-con-la-delegacion-del-foro-de-asociaciones-familiaresEs la banalización del Nazismo por defender sus posturas retrógadas… Para Francisco, los abortos son como el Holocausto y las familias conformadas por los homosexuales no son “verdaderas familias”. Además, elogió a los cónyuges que permanecen con sus parejas infieles.

El papa Francisco vuelve a sacar su verdadero rostro contra el colectivo LGBTI, después de que había manifestado una aparente “suavidad” sobre la posición de la Iglesia Católica con respecto a los derechos de las personas LGBTI, cuando el mes pasado le contara a Juan Carlos Cruz, un superviviente homosexual de abusos sexuales propinados por un jerarca de la iglesia en Chile: “Dios te hizo así, te ama así y no me importa” lo que hizo que el cardenal Dolan afirmase cínicamente que esto era la doctrina tradicional católica .

Sin embargo, este fin de semana durante una reunión en el Vaticano con el Foro de Asociaciones de Familias Italianas, Jorge Mario Bergoglio, atacó la igualdad y condenó a las familias conformadas por personas del mismo sexo, en el encuentro que se desarrolló en la Sala Clementina del Palacio Apostolico de la Santa Sede.

“Hoy duele decirlo. Se habla de familias diversificadas, de distintos tipos de familia. Sí, es verdad que la palabra familia es análoga: hay familias de estrellas, de árboles, de los animales. Pero la familia, imagen de Dios, hombre y mujer, es una sola Puede suceder que un hombre y una mujer no sean creyentes, pero si se aman y se unen en matrimonio, son la imagen y la semejanza de Dios, aunque no lo crean.”

Con este comentario Francisco no solo discrimina a las familias homoparentales, sino también a quienes no encajan en el molde de “familia humana conformada por un hombre y una mujer”. Como es el caso de las madres solteras, los abuelos que crían a sus nietos, los padres solteros, en fin, el concepto de familia es más amplio que el impuesto por la Iglesia durante milenios.

Otro tema que ha abordado el papa durante este encuentro del fin de semana fue el del aborto el que calificó como “una atrocidad”, comparándolos con el holocausto. La declaración del pontífice se da dos días después de que en Argentina se votara la media sanción de un proyecto para despenalizar el aborto. Los obispos argentinos dijeron que les dolió el voto dos días atrás en la Cámara de Diputados del país de legalizar el aborto. Al Papa Bergoglio, por lo visto, le ha dolido también. Francisco ha arremetido este sábado -fuera de programa- contra las interrupciones al embarazo y tachando el “tirar un inocente para resolver una vida tranquila” de “atrocidad”.

“En el siglo pasado, todo el mundo se escandalizó por lo que hicieron los nazis para garantizar la pureza de la raza (…) Hoy hacemos lo mismo, pero con guantes blancos”. La semana pasada el Congreso de Argentina –tierra natal del papa- aprobó la despenaliación del aborto, tras multitudinarias manifestaciones ciudadanas para que esto se concretara.

“Está de moda, es habitual. Cuando en el embarazo se ve que quizás el niño no está bien o viene con cualquier cosa: la primera oferta es ‘¿lo tiramos?’. El homicidio de los chicos. Para resolver una vida tranquila, se tira un inocente”, expresó Jorge Bergoglio, en ocasión del 25 aniversario de la institución que nuclea a las asociaciones familiares italianas.

“Cuando de chico la maestra nos enseñaba lo que hacían los espartanos cuando nacía un niño con malformaciones: lo llevaban al monte y lo tiraban para abajo para cuidar la pureza de la raza. Hoy hacemos lo mismo. Una atrocidad”, denunció. “Que los hijos se reciban como vienen, como Dios los manda, como Dios permite”, pidió.

El papa también elogió a los cónyuges que permanecen con sus parejas infieles, con la esperanza de que dejen de engañarlos en lugar de pedir el divorcio. “Muchas mujeres, pero incluso los hombres a veces lo hacen [con esposas], esperan en silencio, mirando para otro lado, esperando que su esposo se vuelva fiel nuevamente”, dijo. Esto, agregó, era “la santidad que perdona a todos por amor”.

Esta postura radical del pontífice va de la mano con la conversación privada que sostuvo, recientemente, con obispos italianos, a quienes solicitó que se prohíba la entrada a los seminarios a candidatos de quienes “se sospeche” que es gay. Impulsando de esta manera una cacería de brujas contra los homosexuales.

La declaración decía: “La Iglesia, aunque respeta profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir en el seminario u órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la llamada ‘cultura gay’.

¿Qué debemos creer de la actuación de Francisco?

¿Dónde quedan ahora aquellas palabras en las que aseguraba que la Iglesia debería pedir perdón por la homofobia y la discriminación?

Poco queda ya, al menos por lo que a sus declaraciones públicas se refiere, del Francisco de la primera época, aquel del “¿quién soy yo para juzgar?” y de sus gestos mediáticos de moderada apertura a las personas LGTB.

Cinco años después de su acceso al pontificado, nada en absoluto ha cambiado en materia doctrinal, y cada vez que debe pronunciarse de forma concreta y específica más allá de palabras vacuas, lo hace siempre en contra de los derechos LGTB. Así lo hizo cuando apoyó a los partidarios de prohibir en referéndum el matrimonio igualitario en Eslovenia pocos días antes de su celebración (contribuyendo a la victoria del bando homófobo) o cuando avaló desde la Plaza de San Pedro las movilizaciones homófobas contra el matrimonio igualitario en México. Por no hablar de sus alabanzas al papel de la Iglesia católica de Eslovaquia en el referéndum homófobo celebrado en febrero del año pasado en ese país.

Pero también en sus discursos y declaraciones Francisco adopta un tono cada vez más abiertamente hostil hacia los derechos LGTB. En su ya famosa encíclica Laudato si’, Francisco vertía el que posiblemente ha sido el más importante ataque a las personas transexuales surgido del ámbito católico en los últimos años. Es, en concreto, en su punto 155, donde el papa aprovechaba para considerar que el respeto a la ecología incluye “la aceptación del propio cuerpo como don de Dios” y su “valoración en su femineidad o masculinidad” para “reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente”. Según aseguraba el papa, “cancelar la diferencia sexual” no es una actitud sana.

No era, de todas formas, su primer aviso de Francisco. “Pensemos en las armas nucleares, en su capacidad de aniquilar en unos pocos instantes un alto número de vidas humanas. Pensemos en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o en la teoría de género, que no reconocen el orden de la creación. Con esta actitud, el hombre comete un nuevo pecado contra Dios el Creador”, expresaba el papa solo unos meses antes de su encíclica.

Y como remate porque esto se alarga,  tenemos que referirnos, a las palabras del papa Francisco a un grupo de obispos polacos durante su estancia en Cracovia con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Francisco, motu proprio y sin que nadie le preguntara por ello (respondía, en realidad, a una pregunta sobre la crisis de los refugiados), aseguró entonces que vivimos un momento de “aniquilación del hombre como imagen de Dios”, momento que relacionó con el hecho de que a los niños “se les enseñara en las escuelas” que cada uno puede “elegir su sexo”.

“Detrás de esto hay ideologías. En Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas —lo digo claramente con «nombre y apellido»— es el gender. Hoy a los niños —a los niños— en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: «Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador». Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios nos dio un estado «inculto» para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado «inculto». Lo que ha dicho el Papa Benedicto tenemos que pensarlo: «Es la época del pecado contra Dios creador». Esto nos ayudará”, aseguró entonces Francisco.

Dos meses después, lanzó unas nuevas declaraciones apocalípticas contra el matrimonio igualitario y los derechos LGTB. En el segundo día de su visita a la República de Georgia, el argentino ha denunciado una supuesta “guerra mundial para destruir al matrimonio” de la mano de la “teoría de género”. “Hoy no se destruye con armas, se destruye con ideas. Es la colonización ideológica la que destruye”, aseguró.

Fue en un encuentro con religiosos y agentes pastorales laicos, todos ellos católicos, que tuvo lugar en la Catedral de la Asunción de la Virgen de Tiflis, sede de la administración apostólica latina del Cáucaso.  Una mujer, de nombre Irina, acompañada de su marido, le comentó al papa que las familias georgianas se enfrentan a los desafíos de “la globalización, que no tiene en cuenta los valores locales, nuevas visiones de la sexualidad como la teoría de género y la marginalización de la visión cristiana de la vida”. La mujer que hizo la pregunta y su marido actúan, según recoge The Catholic Herald, como consejeros para otras familias y les enseñan “planificación familiar natural”.

El papa Francisco le dio la razón. “Ha mencionado un gran enemigo del matrimonio, la teoría de género”, le respondió. Conviene recordar, en este punto, que “teoría de género” o “ideología de género” es el término que el ámbito más conservador utiliza para denigrar a buena parte de las reivindicaciones del colectivo LGTB (muy especialmente la lucha en favor de los derechos trans) y feministas. Sin profundizar demasiado, el papa añadió que hoy “existe una guerra global para acabar con el matrimonio”“Hoy no se destruye con armas, se destruye con ideas. Es la colonización ideológica la que destruye”.

Sobre esa colonización ideológica a la que ya hizo referencia en su viaje  Filipinas, el Papa Francisco se explayó: “A veces, algunos países ricos prometen ayudas económicas y como contraprestación intentan que los países intervenidos adopten políticas sociales como el matrimonio gay” En el mismo acto, Francisco también tuvo palabras críticas contra el divorcio.“El matrimonio es la cosa más preciosa que ha creado Dios. En el matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en una sola carne, la imagen de Dios. Cuando uno se divorcia, está mancillando la imagen de Dios”, aseguró, entre otras declaraciones muy duras hacia los matrimonios que se divorcian. El papa también defendió el acercamiento a la Iglesia ortodoxa georgiana, abrumadoramente mayoritaria en el país.

Claro que es cuando echamos la vista aún más atrás y nos remontamos a la época en que Jorge Bergoglio era  arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la iglesia católica argentina cuando el tono apocalíptico del que es ahora papa aparece en todo su esplendor:  “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”Así se expresaba en el verano de 2010 Bergoglio, en plena discusión sobre el proyecto de ley de matrimonio igualitario en su país… Y este Bergoglio que llegó a calificar al matrimonio igualitario, que entonces se discutía en Argentina, como “pretensión destructiva al plan de Dios” movida por el mismo demonio, sin movérsele el solideo, aseguraba después, siendo ya papa, que ”no es necesario estar hablando sin cesar” del tema. De la misma forma, pocas semanas después de recibir en el Vaticano a un católico transexual español, se conocían los detalles de una entrevista en la que el papa comparaba la “teoría de género” con las armas nucleares.

Fuente Religión Digital/Cristianos Gays

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El cardenal Marx asegura que la Iglesia debe ser pionera en la defensa de los derechos LGTB

Jueves, 17 de agosto de 2017

el-cardenal-marxEn una entrevista concedida al periódico ‘Augsberger Algmeine’, el arzobispo de Múnich ha defendido que la legalización del matrimonio igualitario no constituye un ataque contra la Iglesia. Bergoglio calificó el matrimonio homosexual de “movida del demonio”.

 En una entrevista concedida al periódico ‘Augsberger Algmeine’, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, se ha pronunciado acerca de la reciente legalización del matrimonio  entre personas del mismo sexo en Alemania y del trato tradicionalmente dispensado por la Iglesia al colectivo LGTBI. De las declaraciones del prelado, que detallamos a continuación, se extrae una conclusión evidente: que su preocupación no estriba en el hecho de que se haya aprobado en Alemania una norma que menoscaba la institución familiar, sino en el hecho de que la Iglesia no se posicionase en contra de una ley que, hasta 1994, prohibía la homosexualidad en Alemania.

De este modo, el arzobispo de Múnich, que también encabeza la conferencia episcopal alemana y forma parte del Consejo de Cardenales del Papa Francisco, ha lamentado que la Iglesia no esté a la vanguardia de la defensa de los derechos LGTBI en Alemania, así como ha asegurado que aquélla debe expresar públicamente su arrepentimiento por no haber actuado en contra de la anterior ley contra la homosexualidad: ‘La Iglesia no ha sido precisamente pionera en cuanto a los derechos de los homosexuales’.

 En esta línea, el cardenal Marx ha expresado su indignación respecto al trato que la Iglesia ha dispensado tradicionalmente a los gays: ‘Debemos expresar nuestro arrepentimiento por no oponernos a la persecución de los homosexuales’, ha asegurado el purpurado.

Asimismo, el arzobispo de Múnich ha defendido que la legalización del matrimonio homosexual no constituye un ataque contra la Iglesia. Y es que, de acuerdo con él, se trata de algo perteneciente al ámbito civil; ámbito sobre el que la Iglesia no debe pronunciarse: ‘La posición cristiana es una cosa. Otra cosa es preguntarse si podemos hacer leyes estatales de todos los conceptos morales cristianos. Quien no entienda que lo uno no lleva a lo otro no entiende la esencia de la sociedad moderna’, ha aseverado el cardenal Marx, quien parece sugerir que la Iglesia debe ponerse de perfil ante los constantes ataques de las sociedades modernas ante la ley natural.

El arzobispo de Múnich también ha rechazado la idea, defendida en el Parlamento germano por el partido ‘Alternativa por Alemania’, de que la legalización del matrimonio homosexual podría conducir a la legalización del incesto y del matrimonio entre tres personas: ‘La ley actual es acerca de la apertura del matrimonio a las personas del mismo sexo y no a familiares o a tres o a cuatro personas’.

No es la primera ocasión en que el cardenal Marx defiende estas tesis. Ya el año pasado condenó los  esfuerzos de la Iglesia para marginar a los homosexuales: ‘La historia de los homosexuales en nuestras sociedades es mala porque hemos hecho mucho para marginarles. Debemos pedirles perdón’.

En el contexto del Sínodo de la Familia de 2015, el purpurado manifestó la necesidad de que la Iglesia se ‘aggiornase’ en lo referido a los divorciados vueltos a casar y a los homosexuales, ya que para él  la continencia sexual no puede tomarse como una solución realista: ‘La recomendación de renunciar al acto sexual en la nueva relación no sólo se presenta como poco realista para para muchos, sino que es cuestionable que aquél pueda ser juzgado de manera independendiente con respecto al contexto vital’.

Lamentablemente, el Papa Francisco no hizo caso a las pretensiones del Cardenal Marx, y se encuentra muy lejos de las tesis de la iglesia alemana. Como arzobispo de Buenos Aires calificó el matrimonio homosexual de “movida del rey de la mentira”, y en la Exhortación Postsinodal Amoris Laetitia (p.251) sentencia:

En el curso del debate sobre la dignidad y la misión de la familia, los Padres sinodales han hecho notar que los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia […] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo»

Fuente Augsberger Algmeine

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Francisco es Bergoglio. Nuevamente el Vaticano discrimina y genera dolor y angustia

Miércoles, 24 de junio de 2015

timthumb.phpNo existe fundamento para asimilar analogías entre las uniones homosexuales y las heterosexuales

Así lo que recoge el ‘Instrumentum Laboris’, boceto que servirá de base para el debate de los padres sinodales durante la segunda sesión del Sínodo sobre la familia, que se celebrará a finales de año y que recoge las respuestas de diócesis de todo el mundo a preguntas remitidas por el Papa Francisco sobre la familia.

Sobre la atención pastoral a los homosexuales, los católicos proponen que haya un proyecto pastoral que extienda “una específica atención al acompañamiento de las familias en las que en las que vivan personas con tendencia homosexual y también sobre estas personas”. Asimismo, se subraya que toda persona independientemente de su orientación sexual debe serrespetada en su dignidad y acogida con sensibilidad y delicadeza, ya sea en la Iglesia como en la sociedad“.

El Vaticano difundió hoy el texto preparatorio para el Sínodo de las familias que se desarrollará en octubre próximo. Lejos de las promesas aperturistas, el documento promovido por el Papa Francisco, insiste en deslegitimar el Matrimonio Igualitario, propone un trato “compasivo” y “misericordioso” de la diversidad sexual alejado del reconocimiento de derechos, reniega de las relaciones prematrimoniales y el uso del preservativo, entre otras afirmaciones que no hacen otra cosa que generar angustia y dolor innecesarios.

La Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans (FALGBT) expresa su estupor por el contenido del Documento preliminar para el Sínodo de la Familia, dado a conocer hoy por el Estado Vaticano.El texto, que servirá de base para los debates que tendrán lugar en octubre próximo,borra con el codo la supuesta actitud “aperturista” del Papa Francisco, volviendo a los conceptos más radicales y reaccionarios en materia de familias, sexualidad y género.Tal como había ocurrido en la encíclica “Laudato Sí” – en la cual el Papa cargó contra las identidades y expresiones de género trans y lo que denomina “ideología del género” – en el documento conocido hoy reafirma la línea más conservadora de la Iglesia en materia de sexualidad. La condena a las relaciones pre matrimoniales, la des legitimación del Matrimonio Igualitario y cualquier tipo de regulación que proteja a las familias de la diversidad sexual, la amonestación al uso del preservativo y el  lugar de las mujeres en la vida, marcan claramente que ninguno de los supuestos gestos “progresistas” de Bergoglio tienen correlato en la realidad.

Desde la FALGBT consideramos que este tipo de comentarios sólo general dolor, angustia y sufrimiento, que en muchos casos puede llevar incluso hasta la muerte de muchas y muchos jóvenes en el mundo que, acorralados por la discriminación y el despecio de esta institución e inclusos sus familias, pueden tomar la decisión más trágica.

Al respecto Esteban Paulón, Presidente de la FALGBT expresó “nuevamente Francisco muestra que sigue siendo Bergoglio, aquel de la “guerra en Dios” contra el Matrimonio Igualitario. Cuando asumió dijo que la Iglesia debía dejar de insistir con temas como la sexualidad, declaración que hoy borra con el codo.”

Asimismo agregó “Qué espera el Obispo de Roma? por un lado nos convoca a la mesa y lava los pies, mientras usa su lengua para aniquilar cualquier pretensión de avance o apertura.”

Para finalizar expresó “nuevamente el Vaticano en la persona de Franvcisco nos niega la condición de sujetos y sujetas de derechos. No queremos compasión, ni queremos misericorida. Queremos ser tratados como lo que somos, ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho.” 

El Vaticano constata un “consenso” en torno a la comunión para los divorciados vueltos a casar
Tras un “camino penitencial” y con el permiso del obispo diocesano, señala el Instrumentum Laboris

El Vaticano ha constatado que existe un consenso en el seno de la Iglesia católica para que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, siempre que lleven a cabo una reflexión sobre su situación a través de “itinerarios de reconciliación o un camino penitencial y si el obispo correspondiente así lo determina en último término.

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“Por una Iglesia sinodal”, por José Mª Castillo

Domingo, 15 de marzo de 2015

300px-Saint_10De su blog Teología sin Censura:

El profesor Alvaro Restrepo, jesuita colombiano, compañero mío en los años de estudio en la universidad Gregoriana de Roma, escribió esto en el Anuario de los jesuitas del año 2014: “El Vaticano es una isla. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen Papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que sea un hombre libre y decidido. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El Papa debe resultar desconcertante. El día en que el Vaticano sea el “punto de encuentro” de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen Papa que necesita” (José María Castillo antes de la elección del Papa Francisco)”.

Han transcurrido dos años desde el día en que el jesuita Jorge Mario Bergoglio fue elegido para suceder al dimitido Benedicto XVI. Y todo el mundo está viendo que el nuevo papa no se ajusta al modelo convencional y tradicional de ejercer el papado que se había impuesto en la Iglesia desde tiempo inmemorial. Como es lógico, cuando se produce un cambio tan importante, en una institución tan enorme como la Iglesia, hay gente que está de acuerdo con el cambio. De la misma manera que hay también muchísimas personas que no están de acuerdo con ese cambio. En cualquier caso, hay algo que resulta incuestionable. Me refiero a que, si el papa Francisco dura unos años más, y si logra configurar el número de cardenales electores de forma que el futuro papa prolongue las incipientes reformas, que Francisco está poniendo en marcha, lo más seguro es que la Iglesia que tenemos, dentro de una o dos décadas, será muy distinta de como es ahora mismo.

No se trata de que, ni este papa ni los que vengan después, vayan a cambiar lo que ningún papa puede cambiar. Un papa no puede modificar a su antojo los dogmas de fe, las verdades de “fe divina y católica”, sobre las que descansa la estabilidad y el ser mismo de la Iglesia. Eso no va a suceder. Pero lo que sí sucede es que en la Iglesia hay mucha gente que, por ignorancia o por fanatismo, piensa que son dogmas de fe muchas cosas que no lo son. Y si se trata de cosas que no son dogmas de fe, un papa las puede cambiar. Todo lo que son costumbres, tradiciones (no la “Tradición”), normas, cuestiones jurídicas y legales, etc, etc, un papa puede modificarlas. Y algunas (o bastantes) de ellas, no sólo “puede”, sino que “debe” hacer lo que esté a su alcance, en los asuntos que van a redundar en bien para la Iglesia y para muchas gentes en el mundo.

Por poner un ejemplo. Puede ocurrir que un papa sea menos “teológico-especulativo” que sus antecesores. Pero, si ese déficit se suple con el hecho de que el papa es más “pastoral-cercano” a la gente, sobre todo a la gente sencilla (enfermos, ancianos, niños, pobres…), ¿por qué vamos a hacer un problema de semejante cambio en la forma de ejercer el papado? Es más, ¿no se podría pensar que un papa cercano a los más sencillos y gente humilde es, por eso mismo, un hombre evangélico? ¿Y nos vamos a escandalizar de eso? Es más, ¿se puede asegurar tranquilamente que Jesús – el Jesús que presentan los evangelios – no hizo teología? Lo que pasa es que en el Nuevo Testamento nos encontramos con dos modos (o modelos) de hacer teología. Una cosa es la “teología especulativa” de Pablo. Y otra cosa es la “teología narrativa” de los evangelios.

Esto supuesto, lo que está ocurriendo ahora mismo en la Iglesia es que el papa Francisco está recuperando, con su sencilla espontaneidad y su forma de vivir, la fuerza enorme que tiene el relato (la teología narrativa). Sobre todo cuando ese relato responde a los anhelos, carencias, necesidades y búsquedas de la gente más sencilla, la que no sabe de teologías ni alcanza a seguir las especulaciones de los grandes maestros del pensamiento.

Pues bien, como es lógico, lo que acabo de apuntar tiene tantas y tantas aplicaciones a lo que viene ocurriendo en la Iglesia y en el mundo, que resulta imposible abarcar todas las consecuencias que de lo dicho se siguen. Por eso, yo me voy a limitar a una de esas posibles consecuencias. Porque me parece que así tocamos uno de los temas más importantes (y más urgentes) en el empeño por renovar la Iglesia. Me refiero al tema de la “sinodalidad de la Iglesia”.

Y es que, en los ambientes cercanos a la Curia Vaticana, se habla ahora con frecuencia de un proyecto capital que está resultando determinante en el gobierno de la Iglesia, tal como lo entiende el papa Francisco. Se trata de la “reforma del papado” o, para decirlo con más precisión, de la llamada “conversión del papado” (Marco Politi, Francesco tra i lupi. Il segreto di una rivoluzione, Bari, Laterza, 2014, 146). Esta reforma tendrá, como componente esencial, el proyecto de recuperar para el gobierno de la Iglesia, la “sinodalidád”. Así lo había ya indicado el mismo Francisco en la entrevista que concedió al director de “la Civiltà Cattolica” (19. 09. 2013).

¿Qué es una Iglesia sinodal? Como es bien sabido, esta expresión no se refiere al hecho de que, cada dos años, el papa convoque un sínodo en Roma para debatir un tema teológico más o menos importante. “Iglesia sinodal” fue la Iglesia de los siglos III al IX, que estuvo gobernada de tal manera que las Iglesias locales (o nacionales) se auto-gobernaban por sí mismas mediante los sínodos o concilios locales o nacionales. Sínodos que eran presididos por los obispos de cada región o de cada país. La teología de esta forma de gobierno de la Iglesia fue sabiamente formulada por san Isidoro de Sevilla en el Ordo de celebrando concilio, redactado por el mismo Isidoro, para el IV concilio de Toledo (a. 633), un texto que tuvo una amplia difusión en Occidente (Y. Congar, L’ecclésiologie du Haut Moyen-Age, Paris, Cerf, 1968, 131-138). Es más, sabemos que hubo obispos y teólogos, ampliamente reconocidos en la Iglesia de aquellos siglos, como es el caso de Hinkmaro, Benedictus Levita o el autor de las Seudo-Decretales, para quienes el papa incluso estaba obligado a observar los cánones de los sínodos y a ejercer su autoridad de acuerdo con las decisiones de dichos sínodos (K. F. Morrison, The two Kingdoms. Ecclesiology in Carolingian political thought, Princeton, 1964, 71-98).

Lo que acabo de indicar puede parecer extraño o incluso escandaloso a no pocos católicos, que sólo conocen de la Iglesia y del papado lo que se ve y se oye en los últimos tiempos. Pero las cosas no fueron siempre así. Voy a poner un solo ejemplo que es elocuente por sí mismo. En el otoño del año 254, el gran obispo de Cartago, que fue san Cipriano, tuvo que resolver, en un sínodo, reunido en el mismo Cartago, el problema que habían planteado los fieles de tres diócesis españolas. Se trataba de las diócesis de León, Astorga y Mérida. En estas diócesis, los obispos había flaqueado en la persecución de Diocleciano. Los tres prelados no habían confesado su fe y, ante tal cobardía, las comunidades los habían depuesto de sus cargos. Uno de estos obispos, un tan Basílides, acudió a Roma, al papa Esteban, seguramente con una información no del todo objetiva. El papa lo repuso en su cargo. Lo que indignó a los fieles, que acudieron a Cipriano. Éste reunió un concilio local para resolver el asunto. La resolución está perfectamente documentada y nos ha llegado en la carta 67 de Cipriano, que además está firmada por los 37 obispos que asistieron al concilio. Parece, por tanto, esta forma de gobierno de la Iglesia estaba ya bastante extendida y aceptada en el s. III.

Así las cosas, lo que aquí interesa es saber que la carta sinodal de aquel concilio de Cartago afirma tres cosas: 1) El pueblo tiene poder para elegir a sus ministros, concretamente al obispo (Cipriano, Epist. 67, IV, 1-2). 2) El pueblo tiene poder para quitar al obispo cuando éste se comporta de manera indigna (Cipriano, Epist. 67, III, 2). 3) El recurso a Roma no debe cambiar la situación, porque ese recurso se ha hecho sin atenerse a la verdad y sinceridad que requieren estas decisiones (Cipriano, Epist. 67, V, 3) (cf. José M. Castillo, La alternativa cristiana, Salamanca, Sígueme, 1978, 192-193).

Es evidente que todo esto indica una mentalidad según la cual la Iglesia tenía su centro, más en la comunidad del pueblo creyente, que en el clero y en la jerarquía. Es importante saber que, en el tiempo de los Padres y en toda la alta Edad Media, los sínodos repetían frecuentemente el criterio que formuló el papa Celestino I: “nullus invitis detur episcopus”: “ningún obispo se les imponga a quienes no lo aceptan”. Para nombrar a un obispo se requería la aceptación y el deseo del clero y del pueblo: “Cleri, plebis et ordinis, consensus ac desiderium requiratur” (Celestino I, Epist. IV, 5. PL 50, 434 B). Y conste que este criterio estuvo en vigor hasta el s. XI, como consta en el Decreto de Graciano (c. 13, D. LXI. Friedberg, 231. Cf. J. A. Estrada, La identidad de los laicos, Madrid, Cristiandad, 1990, 128).

Por supuesto, la Iglesia nunca perdió la idea y el sentimiento del primado papal. De forma que el obispo de Roma intervenía en la solución de los asuntos más graves o que no podían decidirse a nivel local. Además, siempre se tuvo el convencimiento según el cual “el papa tiene la autoridad de Pedro si tiene la fe, la justicia y las costumbres de Pedro”. Una convicción mantenida y difundida por los papas, obispos y teólogos del Alto Medievo (Y. Congar, o. c., 162-163.

A partir de estos criterios, y mediante eta forma de gobierno, la Iglesia de aquellos siglos se mantuvo fiel a la fe en Jesús el Señor, fiel al Evangelio y fiel a su misión en el mundo. Y mientras se mantuvo así, pudo influir decisivamente en la cultura, en las costumbres y en la vida de los pueblos y las gentes de aquellos tiempos. Fue una Iglesia que tuvo una presencia y una fuerza que hoy ya no tiene. Una presencia y una fuerza que el papa Francisco quiere, a toda costa, recuperar. No para ganar poder y prestigio, sino para ayudar a humanizar el “mundo desbocado” (A. Giddens) que tenemos en este momento.

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El papa Francisco: “El Big Bang no contradice a Dios, lo exige”

Domingo, 2 de noviembre de 2014

1414526839_541261_1414576075_noticia_fotogramaLeemos en El País:

El papa rechaza que el origen del mundo sea “obra del caos”, sino de “un poder supremo creador del amor

El Papa advierte del peligro de imaginar a Dios “como un mago, con una varita mágica”.

Jorge Mario Bergoglio: “Dios no tiene miedo a las novedades”

Hace tres años, el papa Benedicto XVI advirtió de que, al contrario de lo que sostenía el físico Stephen Hawking en su último libro, El gran diseño, Dios sigue siendo necesario para explicar el origen del universo. “No debemos dejar que nos limiten la mente”, dijo entonces Joseph Ratzinger, “con teorías que siempre llegan solo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero no pueden explicar el sentido último de la realidad”. Y ahora ha sido su sucesor, el papa Francisco, quien ha vuelto a insistir sobre aquella tesis: “El Big-Bang –la teoría científica que explica el origen del universo—no se contradice con la intervención creadora divina, al contrario, la exige”.

Jorge Mario Bergoglio pronunció estas palabras durante la inauguración, el lunes, de un busto del papa emérito realizado en bronce y colocado en la Casina Pío IV, sede de la Academia Pontificia de las Ciencias. Francisco glosó la figura de Ratzinger, quien tras su renuncia vive retirado en un monasterio del Vaticano, haciendo hincapié en su gran formación teológica, filosófica y también científica. “Su amor por la ciencia”, explicó Bergoglio, “se advierte en su preocupación por los científicos, sin distinciones de raza, nacionalidad, civilización, religión; preocupación por la Academia, desde cuando san Juan Pablo II lo nombró miembro. Él supo honrar la Academia con su presencia y con su palabra, y nombró a muchos de sus miembros. Y nunca se podrá decir que el estudio y la ciencia hayan secado su persona y su amor por Dios y por el prójimo, sino al contrario, que la ciencia, la sabiduría y la oración dilataron su corazón y su espíritu”.

En su intervención ante los académicos presentes, el papa Francisco subrayó la responsabilidad de los científicos, “sobre todo de los científicos cristianos”, de interrogarse sobre el porvenir de la humanidad y el mundo: “Ustedes están afrontando el tema altamente complejo de la evolución del concepto de naturaleza. No entraré, y ustedes comprenderán, en la complejidad científica de esta importante y decisiva cuestión. Quiero solamente subrayar que Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza, como afirmó el apóstol Pablo en el discurso en el Aerópago: “En Dios, efectivamente, vivimos, nos movemos y existimos”. Cuando leemos en el Génesis la narración de la Creación podemos caer en el peligro de imaginar que Dios era un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Pero no es así. Él creó a todos los seres y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno para que llegaran a su plenitud”. E insistió: “El principio del universo no es obra del caos, sino que deriva directamente de un poder supremo creador del amor”.

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“El papa, el sínodo y los maricones”, por Bruno Bimbi

Lunes, 20 de octubre de 2014

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***

Seamos sinceros, por favor. ¿Ustedes realmente se creyeron que la reunión de tías solteronas del Vaticano iba a terminar con papá Francisco cantando “I Will Survive”?

Me mata tanta ingenuidad.

Una semana entera nos tuvieron a la espera, bombardeados por titulares de diarios e informes en los noticieros que contaban, orgullosos por ese argentino que consiguió sentarse en el trono de la última monarquía absolutista de Europa, que ahora la Iglesia católica, apostólica y romana iba a reconciliarse con los maricones. Que habría una “apertura” y una “acogida” (¡ay, señor traductor!) y no dirían más que somos sodomitas, pervertidos, desviados, antinaturales, pecadores, en fin, una manga de tragasables que irán al infierno por putos.

Dijeron que era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. No esperaron siquiera a ver el documento final, porque las ganas de confirmar que Francisco no es más Bergoglio y la Iglesia católica no es más apostólica ni romana tienen obnubilada a la prensa de casi todo el mundo, sobre todo a la argentina. Tienen una ganas bárbaras de creerle.

La primera versión del documento que pretendía resumir lo discutido en el “sínodo” por los obispos, vestidos con sus largas polleras negras y sus solideos y cinturones rosados, se titulaba Relatio post disceptationem —en latín clásico, esa lengua que solo ellas siguen hablando— y, para alegría de los más papistas que el papa, traía tres párrafos hablando de los omosessuali —en italiano, porque no había en latín una palabra para eso— y, curiosamente, el término no venía acompañado por las ofensas de siempre. ¡Extra, extra!

Los admiradores de Francisco estaban eufóricos, contándonos lo innovador y super-recontra-moderno que era ese texto que no nos insultaba más. Decía, presten atención, que los omosessuali tenemos “dones y talentos” y que podemos ofrecérselos a ellos, la comunità cristiana — y sólo a ellos, claro. Y se preguntaba —sí, se preguntaba, no afirmaba— si ellos serían capaces de “acogernos” y “evaluar” nuestra orientación sexual, pero siempre senza compromettere la dottrina cattolica su famiglia e matrimonio, por supuesto. No vaya a ser cosa que, de tanto evaluarnos y acogernos, alguien pueda pensar que la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio se movió medio milímetro del lugar donde Dios la puso, representado en el acto de ponerla por otras tías solteronas que se reunieron en el siglo XVI, con las mismas polleras negras, pero —según muestran las pinturas de la época del Concilio de Trento— sin nada rosado, salvo las de mayor jerarquía. Divas, ellas.

El texto también recordaba, por si quedaban dudas, que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden equipararse con el matrimonio entre el hombre y la mujer” y reclamaba al mundo que “tampoco es aceptable que se quiera ejercer presión sobre la actitud de los pastores o que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a la introducción de una legislación inspirada en la ideología de género” (la Iglesia le dice “ideología de género” a los estudios de género).

Benedicto manda saludos.

Por último, en el tercer párrafo, los obispos recordaban que la Iglesia tiene “problemas morales” con las parejas del mismo sexo, pero “reconoce” que “en algunos casos”, el apoyo mútuo “para el sacrificio” (WTF?) puede ser valioso, y hacían una confusa referencia a los niños con dos papás o dos mamás (aunque, obviamente, no usaban esas palabras), sin que quedase claro qué querían decir.

Y eso es todo.

Tenemos algunos dones y talentos. Pueden acogernos. Deven evaluarnos. Nuestras parejas siguen siendo un problema moral. La doctrina no se toca. Re-que-te-con-tra-mo-der-no. Pero apenas eso, para buena parte de los medios de comunicación de todo el mundo, era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. ¡Imaginate! La iglesia reconoce que tenemos algunos dones y talentos. ¡Guau!

Hagamos de cuenta, por un instante, que el sínodo hubiese terminado ahí y que ese texto fuese el documento final. Y hagamos de cuenta, por un instante, que no fuese un documento sobre los homosexuales, sino sobre los judíos. O sobre los negros. Y que dijese, con palabras parecidas, que tienen algunas cosas buenas, una que otra virtud, por lo cual estaría bueno acogerlos y evaluarlos, sin que eso comprometa la doctrina de la Iglesia sobre la judeidad y la negritud, que, como sabemos, es bien clarita. Me imagino que los negros y los judíos estarían contentísimos con semejante demostración de cariño y admiración.

Pero vos sos un denso, querés demasiado, no reconocés que es un gran avance.

—¿Cuál es el avance? A ver, explicame…

—Dicen que tienen dones, talentos. Antes decían que eran unos putos de mierda que se iban a ir al infierno. Es un avance, che, no seas tan exigente…

Pero no. Ni siquiera eso.

Después de una semana de discusiones, intrigas, trascendidos, aclaraciones, desmentidas, enojos y una incomprensible expectativa de casi todos los diarios del mundo, la reunión de tías solteronas decidió que no tenemos dones ni virtudes. O sea, para que quede claro: estuvieron una semana discutiendo sobre ese documento, porque no se ponían de acuerdo; votaron y decidieron, por mayoría, que no tenemos ningún don y ninguna virtud.

Ni una solita.

Ni siquiera eso fueron capaces de decir, aunque no fuese tan sincero, para disimular un poco.

El documento final, titulado en latín Relatio Synodi y divulgado este sábado, ya no trae más el subtítulo que hablaba de “acoger” a los omosessuali: ahora dice que hay que dar atención pastoral a sus familias. No dice más, repito, que los gays tengamos dones, ni virtudes, ni nada bueno. Dice, en cambio, que algunas familias viven la “experiencia” de tener dentro una persona con orientamento omosessuale. A esas familias, la Iglesia católica —que, por si quedaban dudas, sigue siendo apostólica y romana— debe darles atención pastoral para que entiendan que “no hay fundamento alguno para asimilar o establecer la más remota analogía entre las uniones del mismo sexo y el plan de Dios para el matrimonio y la familia”. Ni-la-más-re-mo-ta. Lo dicen estos señores de edad avanzada, desempleados y económicamente inactivos, que hablan en latín, usan polleras negras y solideos y cinturones rosados y son expertos internacionales en familia y matrimonio, pese a ser oficialmente castos, vírgenes, solteros y sin hijos. El plan de Dios, al que ellos tuvieron acceso através de la Wikileaks divina, no incluye a los omosessuali.

¿Entendieron, manga de putos?

Sin embargo, continúa el documento, los hombres y mujeres con orientamento omosessuale deben ser acogidos (y vuelve esa palabrita) “con respeto y sensibilidad”, evitándose todo tipo de “discriminación injusta”.

El respeto se nota mucho y se agradece inmensamente.

Lo más gracioso (por decirlo de alguna forma) es que la parte que habla de no discriminarnos injustamente es una cita, entre comillas, de un viejo documento escrito por Joseph Ratzinger en 2003, antes de ser papa (durante el reinado de Wojtila), titulado “Considerazioni circa i progetti di riconoscimento legale delle unioni tra persone omosessuali”. El objetivo del documento era, justamente, exigir a los gobiernos del mundo que discriminaran injustamente a las parejas homosexuales, negándoles el derecho al matrimonio civil. El documento de Ratzinger afirmaba, entre otras cosas, que “los actos homosexuales contrastan con la ley natural” y “cierran el acto sexual al don de la vida”, por lo que “no son el resultado de una verdadera complementariedad afectiva y sexual” y “en ningún caso pueden recibir aprobación”. Las muestras de respeto, sensibilidad y no discriminación continúan: “los actos homosexuales están condenados como graves depravaciones” y aunque no pueda decirse que los que “padecen esta anomalía” sean personalmente responsables por ella, cometen actos “intrínsecamente desordenados”. Para ser precisos, la parte citada por los obispos, que dice que los omosessuali deben ser acogidos con “respeto, compasión y delicadeza” y no sufrir “discriminación injusta” (ahí está: la que ellos nos imponen es justa, obvio), ordena que vivamos castos (como supuestamente ellos viven) y dice que “la inclinación homosexual es objetivamente desordenada y las prácticas homosexuales son pecados gravemente contrarios a la castidad”.

Todo muy bonito.

El texto de Ratzinger, resucitado desde las catacumbas de la Inquisición por el sínodo franciscano y agregado a último momento en el documento (también agregaron, al final, una condena más explícita a los países que aprueban el matrimonio igualitario), era tan repulsivo que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura, escribió una durísima crítica en la que afirmaba que

“con argumentos así, aderezados con la presencia sulfúrica del demonio, la Iglesia mandó a millares de católicos y de infieles a la hoguera en la Edad Media y contribuyó decisivamente a que, hasta nuestros días, el alto porcentaje de seres humanos de vocación homosexual viviera en la catacumba de la vergüenza y el oprobio, fuera discriminado y ridiculizado y se impusiera en la sociedad y en la cultura el machismo, con sus degenerantes consecuencias: la postergación y humillación sistemática de la mujer, la entronización de la viril brutalidad como valor supremo y las peores distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad representada por el heterosexualismo. Parece increíble que después de Freud y de todo lo que la ciencia ha ido revelando al mundo en materia de sexualidad en el último siglo la Iglesia Católica —casi al mismo tiempo que la Iglesia Anglicana elegía al primer obispo abiertamente gay de su historia— se empecine en una doctrina homofóbica tan anacrónica como la expuesta en las doce páginas redactadas por el cardenal Joseph Ratzinger”.

Once años después, la Iglesia católica, que sigue siendo apostólica y romana, bajo el reinado de Francisco, que sigue siendo Bergoglio, continúa empecinada en la misma doctrina homofóbica anacrónica, aunque su departamento de marketing y relaciones públicas ahora funcione mucho mejor y algunos crean que ha cambiado algo.

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Fuente BlogsTodoNoticias

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El papa Francisco y la oportunidad de opinar sobre las uniones homosexuales

Viernes, 30 de mayo de 2014

No es común que la vida real genere un experimento de laboratorio que ayude a resolver un debate histórico, pero la política italiana puede crear una ocasión como esta para centrar la atención en una cuestión biográfica clara en relación con el papa Francisco.

Puesto que el tema es el estatus legal de las relaciones entre personas del mismo sexo, la opinión del papa adquiere obviamente un interés que no es meramente histórico.

Antes de ser elegido pontífice, la línea del cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, era la de un conservador bastante convencional, en parte debido a su papel en el encendido debate nacional que tuvo lugar en Argentina en el año 2010 sobre el matrimonio homosexual.

La disputa fue la ocasión perfecta para una de las retóricas políticas más vehementes de Bergoglio, expresada en una carta de julio de 2010 que envió a los monasterios argentinos y en la que les pedía que rezaran por el fracaso de la iniciativa. «No seamos ingenuos. Esto no es simplemente una batalla política, sino un intento de destruir el plan de Dios» escribió. «No es solo un proyecto de ley, sino un gesto del padre de las mentiras que intenta confundir y engañar a los hijos de Dios». Sin embargo, al final Argentina se convirtió en el primer país de América Latina que autorizó el matrimonio gay.

¿Cómo conciliar entonces aquella postura aparentemente dura de Bergoglio en 2010 con la percepción que se tiene hoy en día del papa Francisco como una persona políticamente moderada y decidida a pacificar las guerras entre civilizaciones, un pontífice prudente y considerado abierto hacia los homosexuales por la famosa frase «¿Quién soy yo para juzgar?»?

Existen dos teorías de fondo al respecto. Una sostiene que el verdadero Francisco es el de la carta de 2010 y que la fascinación actual por el guante de seda ignora el puño de hierro que hay debajo. Dadle tiempo, afirma esta teoría, y mostrará su verdadera naturaleza. Este punto de vista está extendido tanto entre los conservadores, que quieren que el papa dé pautas, como entre los activistas a favor de los derechos de los homosexuales, que temen que haga justamente eso.

La otra teoría defiende que quien escribió aquella carta en 2010 no era el verdadero Bergoglio que, por el contrario, estaba tranquilamente dispuesto a aceptar una solución de compromiso para las uniones civiles como alternativa al matrimonio gay, pero que finalmente adoptó esa rígida postura en público porque era presidente de la Conferencia Episcopal y sentía el deber de expresar la  opinión de la mayoría.

El padre argentino Jorge Oesterheld, que era portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina durante los seis años en los que Bergoglio fue su presidente, entre 2005 y 2011, afirmó precisamente esto último en una entrevista a National Catholic Reporter (NCR) en el mes de abril: «Algunos [obispos] eran más inflexibles que otros» afirmó Oesterheld. «El cardenal actuó según el deseo de la mayoría. Pensaba que su deber como presidente de la conferencia episcopal era defender lo que la mayoría había decidido y no imponer su propia visión a otros obispos.»

Dentro de poco la política italiana le dará a Francisco otra oportunidad para ocuparse de este tema. A principios de enero de este año, el nuevo líder carismático del Partido Democrático de centro-izquierda italiano, el ex alcalde de Florencia Matteo Renzi, expuso las bases de su programa en una carta a los líderes de los partidos. Los sondeos señalaban a Renzi, de 39 años, como favorito para convertirse en el primer ministro del país.

Uno de los puntos de su programa es el apoyo a las uniones civiles, que sigue líneas similares a las del Civil Partnership Act adoptado en Reino Unido durante el gobierno de Tony Blair.

Dado que el sistema de valores italiano es profundamente católico, los analistas consideran que en Italia es improbable contemplar un matrimonio en el sentido pleno de la palabra para las parejas del mismo sexo, aunque las encuestas muestran que existe gran apoyo popular a las uniones civiles. «No son derechos civiles, sino deberes civiles», afirmó Renzi. «¿Cómo puede llamarse civil una nación que no afronta estos problemas con seriedad?»

A pesar del apoyo popular, los expertos en política italiana consideran la de Renzi una postura en cierto modo arriesgada, ya que el apoyo mostrado a una medida similar en los años 2006-2008 contribuyó a la caída del segundo gobierno de centro-izquierda del primer ministro Romano Prodi. Prodi defendía una medida para la unión civil, conocida en Italia con el acrónimo Dico (Derechos y deberes de las personas que conviven establemente), la cual despertó una feroz oposición por parte de la Iglesia italiana.

Oposición guiada por el entonces poderosísimo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Camillo Ruini, con el firme apoyo del Vaticano y del papa Benedicto XVI. La propuesta no salió adelante porque Prodi dimitió en 2008 debido a una pérdida de confianza por parte del Senado italiano.

Suponiendo que Renzi saque adelante la propuesta, el impulso para las uniones civiles podría presentarse de nuevo bajo un gobierno de centro-izquierda y entonces la pregunta sería ¿será diferente la respuesta de Francisco?

Basándose en el tono que el nuevo papa ha usado hasta ahora, muchos observadores esperan que así sea. Escribiendo en La Stampa del 3 de enero, el periodista Fabio Martini sostiene que en la era de Francisco los denominados teo-con, es decir, los políticos que apelan a valores cristianos para defender posiciones conservadoras, «se han convertido en personajes sin voz que difícilmente volverán a tener fuerza».

Dos observaciones: primero, Francisco ha afirmado en repetidas ocasiones que la Iglesia no debería posicionarse en política directamente y, por tanto, es improbable que exprese su opinión explícitamente; segundo, es una persona que cree fuertemente en la toma de decisiones colegiales, por lo que más bien preferiría dejar que fueran los obispos italianos los que se hicieran cargo de este asunto.

Dicho esto, el nuevo régimen de la Conferencia Episcopal Italiana estará sin duda ansioso de inspirarse en el Papa. Francisco está dejando huella sobre la dirección del grupo, ya que ha nombrado recientemente al obispo Nunzio Galantino, de la diócesis de Cassano all’Jonio (Calabria) como secretario del organismo de los obispos. Una vez constituido el gobierno de Renzi, las riendas estarán firmemente en manos de los “bergoglianos”.

El 2 de enero Maurizio Gasparri, vicepresidente del Senado italiano y representante del centro-derecha, dijo que la variable crítica en el inminente debate será la manera en que reaccionen los católicos en las dos principales coaliciones. Sin embargo, para el mundo en general la pregunta más intrigante será ¿cómo reaccionará el papa Francisco?

* John L. Allen Jr. es periodista en el National Catholic Reporter (Estados Unidos), cuya sede en Roma dirigió en el año 2000. Desde tal posición, informó de la crisis americana provocada por los abusos sexuales en la Iglesia católica, de la oposición del Vaticano a la guerra de EE. UU. contra Irak, del fallecimiento de Juan Pablo II y de la elección de Benedicto XVI.

En el verano de 2006, Allen regresó a EE. UU., lo que le permitió hablar tanto sobre la Iglesia americana como sobre el panorama católico mundial, aunque seguía con la vista puesta en Roma. Allen es autor de siete libros sobre la Iglesia católica, entre ellos: All the Pope’s Men, The Rise of Benedict XVI, Opus Dei (Opus Dei: La verdad al desnudo) y A people of Hope.

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Texto original: Papa Francesco e l’opportunità di esprimersi sulle unioni gay

Fuente Progetto Gionata

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El Vaticano “canoniza” a Romero, Angelelli y Posadas Ocampo.

Domingo, 2 de marzo de 2014

romer_560x280Leemos en Religión Digital:

El cardenal Sandri pone como ejemplo de santidad a los tres obispos mártires

El Vaticano “canoniza” a Romero, Angelelli y Posadas Ocampo

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“Fueron víctimas por ser fieles a la opción preferencial por los pobres”

(J. Bastante).- Son los tres obispos mártires de Latinoamérica. En México, El Salvador y Argentina, víctimas de la dictadura y de la defensa del Evangelio de los pobres y para los pobres. Reivindicados por esta primavera de la Iglesia, Óscar Romero, Enrique Angelelli y Juan Jesús Posadas Ocampo acaban de ser reconocidos por la Pontificia Comisión Para América Latina como “víctimas por ser fieles a la opción preferencial por los pobres”.

Así lo asumió el cardenal Leonardo Sandri durante la Eucaristía que ha tenido lugar esta mañana en el Vaticano: “Quisiera conmemorar a tres pastores concretos,  desde luego sin anticiparme al juicio de la Iglesia y  sin dar a las palabras “martirio” y “mártir” una significación canónica y teológica y evitando cualquier interpretación política”.

ocampo-posadas-sigue-siendo-recordado-en-mexicoEl Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Arzobispo de Guadalajara, México, asesinado el 24 de mayo 1993. El Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo 1980 (“la causa de canonización de Mons. Romero ha sido introducida y esperamos pronto verlo como modelo para toda la Iglesia”, añadió Sandri), y, especialmente, el Obispo Enrique Angelelli, Obispo de La Rioja, Argentina, muerto el 4 de agosto 1976, en un sospechoso accidente de auto y en un contexto de valentía del Obispo. “De él recuerdo hoy no solamente la pasión y el convencimiento de que su muerte fue por ser defensor de Dios, de la persona humana y del Evangelio, apuntó el purpurado argentino.

Citando los ejemplos de estos tres pastores, vienen a la memoria las palabras de Benedicto XVI: El mártir es una persona sumamente libre, libre frente al poder, libre frente al mundo; una persona libre, que en un acto definitivo dona a Dios toda su vida”, añadió el cardenal Sandri.

el-obispo-angelelliFinalmente, el responsable de la Comisión Para América Latina incidió en la fe “del Pueblo de Dios en América Latina,  que Aparecida convoca para ser discípulos y misioneros y la del Oriente cristiano,  convocado, después del Sínodo especial para el Medio Oriente,  a la comunión y al testimonio”.

Ésta es la homilía íntegra de Sandri:

Queridos Hermanos y Hermanas:

Terminaremos hoy nuestra Plenaria con esta última celebración eucarística en honor del Sagrado Corazón de Jesús. De este modo nuestra plenaria acaba con la mirada puesta en Cristo crucificado y resucitado, núcleo esencial de nuestra fe y núcleo fundamental a proclamar en la emergencia educativa y en la “traditio” de la fe a nuestra juventud.

Aquí sobre el altar que guarda las reliquias de San Juan Crisóstomo reviviremos el sacrificio de la cruz, poniéndonos con nuestra mente y nuestro corazón frente al costado abierto de Cristo, traspasado por la lanza del soldado, para adorar el misterio de nuestra salvación y de aquí sacar el coraje necesario para el anuncio del Evangelio y para nuestro testimonio de discípulos.

Una constante de la historia cristiana es la persecución y la cruz que en este mundo y en este tiempo de la Iglesia toca a muchos de sus hijos. Es la entrega de la propia vida en medio de la violencia y del desprecio de los valores de la dignidad de la persona humana, de los ataques a personas, a símbolos y a lugares sagrados de nuestra fe que han tenido por consecuencia no solamente el secuestro sino también el asesinato y la muerte de obispos, sacerdotes, religiosos, y religiosas. Esta línea roja de la sangre de los mártires, ha sido registrada en veinte siglos de historia y las Iglesias Orientales Católicas como también las comunidades ortodoxas y otros cristianos han sido y son hoy protagonistas de esta evangélica nota de identidad del discípulo con su maestro y esta fue y es la garantía de la esperanza cierta del cielo nuevo y de la tierra nueva que esperamos ver y tocar con nuestras manos en la eternidad.

Benedicto XVI, en la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Medio Oriente”, escribe: “La situación en Medio Oriente es en sí misma un llamamiento urgente a la santidad de vida. Los martirologios enseñan que los santos y los mártires, de cualquier pertenencia eclesial, han sido – y algunos lo son todavía – testigos vivos de esta unidad sin fronteras en Cristo glorioso, anticipando nuestro “estar reunidos” como pueblo finalmente reconciliado en él” (EMO n. 11).

De estos últimos años recuerdo a los 52 mártires de la Catedral Siro-católica de Bagdad, en cuya reconsagración participé en diciembre 2012, y recuerdo el dolor y, la mayoría de las veces, la muda impotencia con la que se tiene que asistir al avance del mal, al desprecio de Dios y de su ley y al desprecio de la dignidad de la persona humana. Y me he preguntado cual era el nexo que podía existir entre esta realidad y la de nuestra América Latina. Es la sangre de Cristo, que ahora vemos derramada en la persona de nuestros hermanos, víctimas de persecución, del terrorismo en general, y del terrorismo de estado en particular, de la violencia irracional y de la del narcotráfico en particular o víctimas por ser fieles a la opción preferencial por los pobres, implícita en la fe cristológica, como indicado por el Papa Benedicto XVI en el discurso inaugural de la Conferencia de Aparecida (cfr también Aparecida nn. 391-392 y ss.) el nexo de nuestras dos realidades. Leer más…

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