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La ordenación de sacerdotes homosexuales, nueva demanda del Camino Sinodal alemán

Martes, 20 de septiembre de 2022

curas-gaysLa petición fue aprobada en primera lectura, falta el voto de los obispos

La cuarta asamblea logra escapar del ‘cisma‘ y se va con algunos importantes acuerdos, aunque algunos de ellos lo son solo en una fase preliminar, a la espera de la próxima asamblea, probablemente en marzo de 2023, cuando habrán de votarlos definitivamente

Los más de 200 delegados, entre laicos, consagrados y obispos se llevan en sus carpetas resoluciones de peso, incluso aprobadas de forma mayoritaria por los pastores, como la de solicitar al Papa una revisión de la doctrina que zanja la posibilidad del sacerdocio femenino, así como estudiar la modificación en el Catecismo de la manera en la que se aborda la homosexualidad

Bätzing ante la próxima visita al papa Francisco: “Son varias maletas con algo de peso. Pero estamos preparados para este transporte y estoy entusiasmado con el intercambio en Roma”

Se rozó el descarrilamiento, pero la locomotora del Camino Sinodal alemán concluyó hoy su cuarta asamblea, celebrada desde el pasado 9 de septiembre, en Fráncfort, sin mayores contratiempos, toda vez que lograron enderezar el rumbo que los abocaba a la ruptura tras el voto de bloqueo de los obispos que echó por tierra-en la misma jornada inaugural- una de las reformas en las que más habían trabajados los delegados: la que conllevaba una modificación en la moral sexual.

Los más de 200 delegados, entre laicos, consagrados y obispos se llevan en sus carpetas resoluciones de peso, incluso aprobadas de forma mayoritaria por los pastores, como la de solicitar al Papa una revisión de la doctrina que zanja la posibilidad del sacerdocio femenino, así como estudiar la modificación en el Catecismo de la manera en la que se aborda la homosexualidad.

Igualmente, han sacado adelante sin problemas la decisión de establecer un Consejo Sinodal para la Iglesia católica en Alemania, algo para lo que el 88% de los obispos también votó a favor. También el texto básico “Las mujeres en los ministerios y cargos de la Iglesia” y los textos de acción “Reevaluación magisterial de la homosexualidad” y “Orden básico del servicio eclesiástico” fueron aprobados en segunda lectura con una amplia mayoría.

Por su parte, los textos “Abordar la diversidad de género”, “Destape y normalización – votaciones sobre la situación de los sacerdotes no heterosexuales” y “Proclamación del Evangelio por las mujeres en la Palabra y el Sacramento” fueron adoptados en primera lectura para seguir trabajando, probablemente para abordarlos en una quinta asamblea, que podría celebrarse en marzo de 2023, según se señaló en rueda de presa.

Se vislumbran nuevas dificultades

Estos textos fueron aprobados en primera votación, es decir, no eran necesarios los preceptivos dos tercios de los votos episcopales, pero hay aspectos en esos documentos base que presagian mucha discusión, como ya se puso de manifiesto en la sesión de este sábado. Por ejemplo, el de “Abordar la diversidad de género”, aprobado por el 94% de los votos, pero donde no se podía aplicar el “botón rojo“, como definió la presidenta del Camino Sinodal, Irme Stetter-Karp, la posibilidad de bloqueo de los obispos.

Un total de 155 miembros del sínodo (94,51%) votaron a favor del texto de acción “Abordar la diversidad de género”, nueve votaron en contra; doce se abstuvieron. Como el texto sólo se votó en primera lectura, no era necesaria una mayoría de dos tercios de los obispos.

Al adoptar el texto de acción, se pide que todas las diócesis empleen en el futuro “responsables LGBTI” para sensibilizar a los fieles sobre la cuestión de la diversidad sexual y de género y se demanda que en el futuro las personas trans deberían poder cambiar su nombre y su género en el registro de bautismo, y que el Vaticano abra todos los oficios de ordenación eclesiástica y las vocaciones pastorales a las personas trans bautizadas y confirmadas.

Otro texto de acción, Destape y normalización – votaciones sobre la situación de los sacerdotes no heterosexuales”, también obtuvo la aprobación mayoritaria de los miembros del Sínodo en la primera lectura. El texto reclama el reconocimiento y la valoración de los sacerdotes no heterosexuales. Además, el borrador dice que los obispos deben trabajar a nivel de la Iglesia mundial para levantar la prohibición de la ordenación sacerdotal de hombres homosexuales.

“Proporción no despreciable de sacerdotes gais”

Se sabe, dice el texto, que “una proporción no despreciable” de sacerdotes católicos son homosexuales “o no heterosexuales”. Un gran número de estos sacerdotes todavía tiene que vivir una existencia en la sombra y ocultar parte de su identidad. Esto suele tener un efecto perjudicial en la salud mental y física de los afectados, según el texto.

Por otra parte, los delegados de Camino Sinodal votaron a favor, también en primera lectura, de abrir el ministerio de la predicación a las mujeres. Un total de 155 sinodales (93,37%) votaron a favor del documento, once en contra; tres sinodales se abstuvieron.

“Necesitamos para el futuro de nuestra Iglesia la voluntad de decidir de forma verdaderamente sinodal. Me alegro de que hayamos enviado una señal clara en este sentido en esta penúltima Asamblea Sinodal”, dijo la Presidenta del Camino Sinodal. “Estamos dispuestos a tomar decisiones difíciles junto con los obispos. Hemos practicado esta sinodalidad en Alemania. Y nos damos cuenta del bien que nos hace. Decidir juntos nos hace más fuertes a todos”.

“Encuentro con altibajos”

El obispo Georg Bätzing, copresidente del Camino Sinodal, describió en la rueda de prensa d clausura esta cuarta asamblea como un encuentro con altibajos. “Experimentamos que el discurso, el debate y la dinámica son posibles. Para mí, lo más importante es que hemos permanecido juntos, dijo el obispo el también presidente el Episcopado alemán.

“Este permanecer juntos se traduce en: sinodalidad. La sinodalidad es la expresión de opiniones diferentes. Agradezco que estas opiniones hayan podido ser puestas en palabras”. “Frankfurt no es un desastre, como piensan algunos críticos. Fráncfort muestra una Iglesia en movimiento”, señaló, en alusión las críticas recibidas por no aprobarse el texto sobre la reforma en la moral sexual, vetado por los pastores.

“Todavía quedan muchas cuestiones por aclarar, pero me alegro de que hayamos dado este importante paso y de que la decisión se haya tomado también con un alto nivel de aprobación por parte de nosotros, los obispos. Ahora tenemos otras tareas por delante: en la asamblea plenaria de otoño de la Conferencia Episcopal Alemana reflexionaremos sobre esta asamblea sinodal y consideraremos cómo seguir trabajando con los textos y las dinámicas”.

Siguiente parada: reunión con el Papa

Un otoño muy importante, porque algunas de las resoluciones adoptadas serán presentadas formalmente al Papa durante la visita ad limina de los obispos alemanes en noviembre de 2022: “Nos llevamos todo el equipaje de las anteriores asambleas sinodales. Son varias maletas con algo de peso. Pero estamos preparados para este transporte y estoy entusiasmado con el intercambio en Roma“.

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La diócesis de San Sebastián aboga por el celibato opcional, la ‘bendición’ de los gays y el acceso de la mujer al sacerdocio

Miércoles, 15 de junio de 2022

unnamedTras los 12 años de Munilla, la diócesis quiere pasar página y mira al futuro con ganas de recoser su tejido herido

“El documento final, en sintonía con otras diocesis, es absolutamente disruptivo con monseñor Munilla. Ha habido mucha participación de comunidades, que, durante 12 años tuvieron que estar calladas”

También se denuncia la “crisis espiritual” que vive la diócesis y que se plasma “en la acedia, el cansancio y la desilusión” que se instala en muchos fieles

“Restablecer la comunión rota, en sus diferentes niveles y ámbitos, sanando las heridas de desencuentro y división existentes”

“Para muchos es motivo de preocupación el que el celibato sacerdotal no sea opcional. El hecho de que la persona que acceda al sacramento del orden no se pueda casar si ella así lo desea es, para muchos, algo que no es bueno para Iglesia”

“El que la mujer, por el hecho de ser mujer, no pueda acceder al ministerio ordenado se vive por muchos fieles como una gran injusticia antievangélica que impide el testimonio en medio de esta sociedad en la que la igualdad de género es un compromiso ineludible, incuestionable e irreversible”

San Sebastián ha presentado su informe sobre las conclusiones del proceso sinodal en la diócesis. Y las propuestas son tan abiertas y tan en línea de la primavera de Francisco que parece que por allí no hubiese pasado durante 12 años Atila-Munilla. Y es que, en las conclusiones no queda rastro ni de su doctrina, de de su eclesiología ni de su forma de entender y vivir la fe. Lo que sí queda es una diócesis con profundas heridas, una gran división en el clero y una profunda polarización. Pero que mira al futuro con esperanza y ganas de recoser las costuras.

Por ahora al menos, el clima entre los participantes en la consulta sinodal es francamente positivo, teniendo en cuenta que el inicio y casi la mitad del proceso se vivió con monseñor Munilla al frente de la diócesis, de la que se despidió en el mes de febrero. De hecho, uno de los participantes resume así el camino sinodal recorrido en San Sebastián:

 “El documento final, en sintonía con otras diócesis, es absolutamente disruptivo con monseñor Munilla. Ha habido mucha participación de comunidades, que, durante 12 años tuvieron que estar calladas. Y, en cambio, nula participación de los curas identificados con el anterior pastor, lo que deja patente cuál es el tipo de Iglesia por el que abogan y que quisieron imponer aquí por las buenas y por las malas”.

En el “Cuerpo de la síntesis’, el documento, bien escrito y bien trabado, recoge las principales contribuciones hechas al proceso sinodal y, además, hace un discernimiento sobre las mismas. En primer lugar señala que “se vive como un obstáculo el que algunos sectores de la Iglesia quieran anular el espíritu del Vaticano II, impidiendo así la renovación a la que dicho espíritu llama”. Y se pide abiertamente: “Retomar y/o retornar al espíritu del Concilio Vaticano II”.

Sentada esta premisa, se asegura que “muchos fieles no están contentos con la actual configuración eclesial y con algunas de sus posiciones doctrinales. Esta insatisfacción se traduce en una gran demanda de reformas y cambios. Muchos piensan y sienten que si la Iglesia no se transforma-reforma, cada vez va a ser más difícil la evangelización y el caminar juntos con quienes piensan y sienten que en la Iglesia no se tienen que dar grandes cambios”.

También se denuncia la “crisis espiritual” que vive la diócesis y que se plasma “en la acedia, el cansancio y la desilusión” que se instala en muchos fieles, la “incertidumbre y desconfianza ante un futuro incierto”, así como “la desafección de muchos fieles con la jerarquía de la Iglesia y con la misma institución” o la vivencia del cristianismo “de manera acomplejada”.

Hecha la autocrítica, los fieles señalan otros ‘culpables’ de la penosa situación actual. Por ejemplo, “el clericalismo de los sacerdotes” o “la pasividad de cierto laicado, con un relación clientelar y consumista ante la comunidad cristiana”. Otro obstáculo para los fieles estriba en el “modelo de gobernanza” eclesial, que convierte a la institución en “una realidad autoritaria y nada democrática, que genera rechazo entre los fieles”.

Y el informe añade: Para muchos es motivo de preocupación el que el celibato sacerdotal no sea opcional. El hecho de que la persona que acceda al sacramento del orden no se pueda casar si ella así lo desea es, para muchos, algo que no es bueno para Iglesia”. Además, consideran que “es una gran pérdida para la Iglesia el que los sacerdotes secularizados y casados no tengan un protagonismo más activo en la Iglesia”.

Y no sólo se muestran partidarios del celibato opcional y de recuperar a los curas casados que deseen regresar al ministerio, sino que consideran que la actual situación de la mujer en la Iglesia, privada del acceso al sacerdocio, es “una gran injusticia antievangélica”.

“El que la mujer, por el hecho de ser mujer, no pueda acceder al ministerio ordenado se vive por muchos fieles como una gran injusticia antievangélica que impide el testimonio en medio de esta sociedad en la que la igualdad de género es un compromiso ineludible, incuestionable e irreversible. Es un obstáculo el que no haya una mayor presencia de mujeres en los verdaderos ámbitos de decisión y de gobierno de la Iglesia”.

Más aún, invitan reiteradamente a “ser una Iglesia donde la mujer no sea marginada, donde su voz sea escuchada y respetada, donde sus servicios sean valorados, su participación abierta a los ministerios litúrgicos. Las aportaciones se preguntan: ¿Ha llegado el tiempo de recuperar el diaconado de las mujeres? ¿Porqué no explorar caminos para que la mujer tenga acceso a los ministerios? Se pide que la Iglesia asuma la realidad y el valor de la mujer, normalizando su función en igualdad en todos los ámbitos de la Iglesia”.

También denuncian el que muchas personas homosexuales, bisexuales y transexuales se sientan marginadas, juzgadas y excluidas de la Iglesia a causa de su doctrina”. Y, asimismo, les preocupa que “muchas familias que no responden al modelo de la familia de la Iglesia se sientan marginadas, juzgadas y excluidas”.

Por eso, invitan a “revisar y replantear ciertos aspectos de la moral cristiana o temas sociales, como por ejemplo la homosexualidad, los modelos de familia, los divorciados vueltos a casar, la eutanasia… para que sea más acorde con el momento actual y no se discrimine a nadie por su condición”.

Por todo ello, los fieles donostiarras quieren una Iglesia cada vez más pobre, sencilla y humilde, más despegada de los bienes materiales”. Por eso, cree que “el patrimonio de la Iglesia es una gran dificultad para anunciar un cristianismo más pobre, sobrio y sencillo”.

También se opta por una Iglesia más transparente en todos los campos, incluido el de los abusos sexuales en el interior de la Iglesia, que “se vive por una gran parte de la comunidad cristiana con preocupación, por todo lo que implica de descrédito social y de falta de ejemplaridad”.

En definitiva, el proceso sinodal de San Sebastián aboga por un cambio de modelo y de “actitudes desde la que vivir el camino juntos”, que pasarían por conjugar estros cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.

Entre las aportaciones más disruptivas, señalan “la necesidad de un cambio estructural de funcionamiento de las comunidades, cristianas, donde el líder no tenga que ser necesariamente un sacerdote”. Un cambio, incluso, a nivel general, con “una mayor independencia entre Iglesia y Estado, renunciando al concordato y a privilegios, incidiendo en la devolución de aquello que no se haya inmatriculado de manera correcta”.

De hecho, se pide una mayor implicación eclesial en el ámbito social, “Acogiendo e incluso proponiendo transformaciones en los ámbitos económico-sociales. Profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia de cara al Desarrollo Humano Integral y Agenda 2030: erradicación de la pobreza, hambre cero, reducción de las desigualdades, acción por el clima, trabajo digno y economía sostenible, consumo responsable y justicia y paz”.

Y, por último y mirando hacia la diócesis, los participantes en el camino sinodal abogan por la comunión-unidad. “Restablecer la comunión rota, en sus diferentes niveles y ámbitos, sanando las heridas de desencuentro y división existentes. Trabajar en favor de la unidad y comunión en la diversidad y multiformidad. Cultivar la confianza”. Y para ello, piden corresponsabilidad real y efectiva de los laicos, simplificar las estructuras y que “los fieles puedan tomar parte en la elección de su obispo, mediante alguna consulta o incluso con poder electivo”.

Con todo, tras la autocrítica, los fieles terminan reconociendo que “la Iglesia católica en Gipuzkoa es una realidad con una presencia social importante…y mantiene cierto reconocimiento social”. Para recobrar la credibilidad perdida, la Iglesia guipuzcoana debe “reconstruir puentes para poder restablecer la comunión rota, sin la cual no se puede vivir la sinodalidad”. ¿Doce años de baculazos para esto?, se preguntará el actual obispo de Alicante.

Fuente Religión Digital

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En histórica primera vez, líder de la Oficina del Sínodo del Vaticano se dirige a la audiencia LGBTQ

Martes, 19 de abril de 2022

índiceEn una primicia histórica, un funcionario del Vaticano se dirigió a una audiencia de LGBTQ y católicos aliados el domingo pasado, alentándolos a participar en el proceso sinodal. Al mismo tiempo, la reunión la ayudó a aprender algo sobre las experiencias LGBTQ en la iglesia.

La hermana Nathalie Becquart, XMCJ, subsecretaria del Sínodo de los Obispos en el Vaticano, pronunció su discurso titulado Synodality: A Path of Reconciliation”(“Sinodalidad: un camino de reconciliación”) a través de Zoom el 3 de abril. El evento fue patrocinado por New Ways Ministry y fue parte de su programa de conferencias en memoria del padre Robert Nugent, llamado así por uno de los cofundadores de New Ways Ministry que falleció en 2014.

El Servicio de noticias católicas informó (a través de Crux):

“‘El objetivo de un sínodo es fomentar la comunión y construir un consenso’, dijo Becquart a una audiencia compuesta principalmente por católicos LGBTQ a través de Zoom desde Roma. “Si realmente nos escuchamos unos a otros… si escuchamos profundamente, discerniremos cómo el Espíritu Santo está llamando a la iglesia a avanzar”.

“Becquart abrió su charla escuchando. “Una iglesia que escucha es una iglesia que comienza por escuchar”, dijo. . .

“Llamó la atención de los participantes a la primera oración del documento preparatorio del sínodo: ‘La Iglesia de Dios es convocada en sínodo’. Estas palabras enfatizan la necesidad de escuchar a todos, ‘especialmente a aquellos que sienten que no tienen voz, aquellos de los márgenes’, dijo.

Si bien muchos asistentes respondieron positivamente a la invitación de Becquart, Crux notó respuestas divergentes en el período de preguntas al que respondió la hermana Xaviére:

“En el chat de Zoom, algunos participantes expresaron ‘inquietud’ por el proceso del sínodo; otros dijeron que estaban ‘cautelosos’. Algunos dijeron que no estaban convencidos, incluso si la iglesia escucha a los católicos LGTBQ, hará una gran diferencia para aquellos que se han sentido marginados por la iglesia y el dolor que esto les ha causado. . .

“En sus comentarios, Becquart dijo que entiende bien la necesidad de reconocer las dificultades y el dolor de aquellos que se sienten separados de la iglesia, pero que cree que ‘con el Espíritu Santo, podemos encontrar caminos de reconciliación… si realmente creemos que es la iglesia de Cristo, somos el cuerpo de Cristo. … No puedo decirte más. Es una cuestión de fe’”.

The Washington Blade informó que Francis DeBernardo, director ejecutivo del New Ways Ministry, quien moderó un período de preguntas, planteó esta falta de confianza en nombre de la comunidad LGBTQ que ha sido maltratada por los líderes de la iglesia. Bécquart respondió:

“‘Podemos reconocer eso. . .Y como dije, sabes que la Sinodalidad es una forma de reconocer la realidad, las heridas. Y es un llamado a ser muy humilde. . .puede estar seguro de que intentaremos que contribuya y dé su voz para encontrar este diálogo’”.

DeBernardo señaló que más de 1000 personas de 37 países se habían registrado para el evento. Participaron aproximadamente 500.

Al presentar a Becquart al comienzo del programa, Robert Shine, el director asociado, le dijo:

“‘Parte del proceso sinodal es redescubrir la iglesia como comunidad en la que todos tenemos que ser protagonistas. Las familias LGBTQ buscan hacer precisamente eso. . .Su presencia aquí es una señal de que los líderes de nuestra iglesia están cada vez más listos para caminar con nosotros’”.

DeBernardo también habló con el National Catholic Reporter:

“‘Creemos que es una señal de que el Vaticano no solo se toma en serio llegar a todo tipo de personas para el sínodo, sino también una señal de que realmente están listos para escuchar a las personas LGBTQ y sus experiencias’, dijo DeBernardo. . .

“DeBernardo sugirió que ‘no fue un accidente’ que el primer funcionario del Vaticano en dirigirse a un evento patrocinado por New Ways Ministry fuera una mujer.

“‘Las mujeres, en particular las religiosas, están mucho más abiertas que los hombres a los temas LGBTQ’, dijo DeBernardo. ‘Creo que también es una señal de que el liderazgo entre las mujeres en la iglesia realmente puede afectar la forma en que la iglesia progresa y la forma en que la iglesia lidera’”.

DeBernardo le dijo a Blade que el evento no solo fue un momento para que los asistentes escucharan a Becquart, sino también para que ella, una de las mujeres de más alto rango en el Vaticano, escuchara a los católicos LGBTQ. Comentó sobre el intercambio:

“‘Mi sensación de sus respuestas es que ella realmente quiere llegar a todas las personas, incluidas las personas LGBTQ, para participar en las consultas del sínodo. Para ella, el sínodo es una forma de reconciliación, y fue muy sincera al alentar a las personas LGBTQ a participar’”.

Con suerte, el discurso de la Hna. Becquart fue solo un primer paso en más intercambios entre los líderes del Vaticano y las personas LGBTQ para ayudar a fomentar el entendimiento y la reconciliación a medida que la iglesia emprende el camino sinodal juntos. Una grabación de la conferencia del Sr. Becquart ahora está disponible en el sitio web del  New Ways Ministry, al que puede acceder haciendo clic aquí.

—Robert Shine (él/él), New Ways Ministry, 12 de abril de 2022

Fuente New Ways Ministry

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“¿Qué hacer hasta entonces? “, por Gabriel Mª Otalora

Sábado, 12 de marzo de 2022

medio-rostro-de-jesusDe su blog Punto de Encuentro:

Después de la oportunidad de expresarnos a petición del Papa sobre nuestra realidad eclesial y sobre cómo nos vemos en ella, queda un tiempo largo sinodal hasta que Francisco cierre este especialísimo sínodo en 2023 con nuevas propuestas.

Recordemos la singularidad de esta convocatoria universal a toda persona bautizada. La sinodalidad que propone Francisco se caracteriza por caminar juntos ¡de hecho y de derecho!, en la escucha y el cuidado de las relaciones personales. Es decir, por mejorar las actitudes como algo imprescindible en el vivir cristiano. Nos hemos olvidado que por el Bautismo y la Confirmación todos -y todas- somos corresponsables activos en la evangelización. El Papa lo resume en tres grandes vectores de actuación: la misión (vivir la Buena Noticia en todo), la común unión (compartir y celebrar desde el corazón) y la participación (todos somos sujetos activos de ella, en donde no caben actitudes como el clericalismo o la pasividad.

 ¿Qué hacer hasta entonces?

Hasta conformar un modelo de Iglesia sinodal con odres nuevos propios de la Iglesia del tercer milenio, hemos de mantener viva la llama sinodal que el Papa nos ofrece para vivir mejor nuestra fe hoy y aquí. El gran cambio comenzó con el Concilio Vaticano II al definir la Iglesia como Pueblo de Dios con el laicado ya como miembro pleno de la Iglesia por la dignidad que emana el bautismo. Pero el mensaje central se ha ido desvirtuando y Francisco ha vuelto a pedirnos que lo esencial es ahora caminar juntos, de verdad, rechazado las maneras de aquella estructura de poder teocrático judío que eliminó a Cristo… y que estructuras semejantes lo volverían a hacer sin ningún remordimiento.

En primer lugar, queda pendiente, hasta marzo de 2023, la reflexión de cada persona en oración, desde el discernimiento, de lo que supone vivir la sinodalidad como sinónimo de “caminar juntos”, que no es un mero sentimiento de estar todos reunidos. Es algo más profundo que afecta a las personas, las estructuras y los procesos. Y cuya consecuencia es la conversión en las actitudes, algo muy cuaresmal que ha perdido importancia entre los cristianos.

Ante el miedo que supone salir de la zona de confort -como se dice en el mundo empresarial- todo seguidor de Cristo tiene que practicar la oración, la actitud esperanzada y la humildad. (“sin mí no podéis hacer nada”) pues tenemos pendientes transformaciones personales por una vivencia asentada en seguridades poco evangélicas.

No somos Buena Noticia para demasiada gente, los templos se vacían y no nos gusta nada la autocrítica. Pero siempre es mejor cambiar por propia voluntad, “fijos los ojos en Jesús” (J. A. Pagola) a que nos marginen desde fuera con la indiferencia propia de quienes nos ven que no tenemos nada bueno que ofrecer, escondidos tras los pliegues de la endogamia. Un ejemplo lo tenemos en una liturgia centrada en los signos más que en lo que debiera ser vivido a la luz del Evangelio.

Necesitamos acoger la voz del Espíritu que clama por un cambio que saque nuestros corazones del anquilosamiento actual para transformarse en signo creíble de Buena Noticia.

En segundo lugar, esta reflexión individual en oración para discernir lo que supone vivir la sinodalidad de “caminar juntos” me lleva a una segunda tarea pendiente, tan importante como mi trabajo personal: a la reflexión en oración y humildad también comunitaria, precisamente por la esencia sinodal que quiere Francisco, quien dejó bien claro el papel de liderazgo tractor de los obispos en el tema sinodal para animar, guiar y acompañar a sus comunidades.

¿Dónde están las iniciativas episcopales en esta dirección? Las echo en falta con lo necesarias que son para sus comunidades de feligreses -incluidos tantos curas preocupados, desnortados y desanimados- si se quiere de verdad vivir ya la apuesta sinodal del Papa, o al menos a movernos en sus claves, desde su liderazgo de servicio, es decir, con ejemplo en forma de acciones.

Señores obispos, que también es para ustedes la llamada a la conversión y a la responsabilidad que supone la sinodalidad vivida desde ya en sus diócesis hasta la primavera del año que viene.

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Gonzalo Haya: “El Sínodo y el Concilio de Jerusalén.”

Miércoles, 23 de febrero de 2022

5-6El amigo Santiago Villamayor encabeza su artículo sobre los falsos supuestos (los errores subyacentes) en el Documento Preparatorio del Sínodo con una cita sobre el llamado concilio de Jerusalén tomada del nº 23 de este documento (Atrio 28.01.22).

Creo que es un acierto de este documento, y de Santiago, el comparar la situación actual de la Iglesia con la situación planteada por Pablo y la comunidad de Jerusalén, que consideraba una infidelidad el incumplimiento de la Ley dada por Dios a Moisés.

Recomiendo a los interesados que lean los capítulos 10 y 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles y que se centren en el mensaje que Lucas quiere transmitirnos, aunque lo haya fabulado al estilo de la época como fabuló la venida del Espíritu en Pentecostés (que el evangelio de Juan narra con toda sencillez en Jn 20,22). Lo que Lucas presenta como visiones de ángeles que hablan podemos interpretarlo como ideas o imágenes que surgen en nuestra conciencia. Me arriesgaré a explicar este episodio en términos más actuales.

Pablo había experimentado que el peso de la Ley era el mayor inconveniente para que los paganos acogieran el mensaje salvador de Jesús, porque comprendió que este mensaje no se basaba en el esfuerzo humano de cumplir unas normas sino en la oferta gratuita del amor de Dios (que él formuló teológicamente como la fe en Jesús).

La Iglesia de Jerusalén, fiel al judaísmo, sentía que prescindir de la Ley de Moisés significaba romper la Alianza a la que Yahvé había condicionado la salvación. Hay que reconocer que no constaba claramente, ni a unos ni a otros, que Jesús hubiera renunciado a la Ley.

Sí constaba lo que había dicho que “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Esto puede resultar demasiado abstracto, pero Jesús lo concretó curando en sábado (aunque podría haber retrasado la curación para el día siguiente) y declarando  que no hay alimentos impuros sino que la impureza sale del corazón del hombre (Mc 7,14-23; Mt 15,10-20).

Sin embargo parece que Pedro no había entendido esta enseñanza tan explícita hasta que le ocurrió la visión citada en Hechos c.10, que le decía que comiera de aquellos animales (entonces recordó y reelaboró esta idea en su conciencia).

Marcos, el evangelio más radical, simboliza el rechazo del Templo y de la Ley en la parábola de la maldición de la higuera, que sería totalmente absurda si se toma al pie de la letra que Jesús maldijo a una higuera porque no le daba higos fuera de su tiempo (es muy ilustrativo comparar las versiones de Mc 11,12-5; 18,19; con Mt 21,18-21; y Lc 13,6-9). Sin embargo tanto Pedro como el apóstol Juan seguían subiendo al Templo “para la oración de media tarde” (Hechos 3,1).

En este conflicto entre Pablo y Santiago, entre las comunidades paganocristianas y judeocristianas, Lucas sitúa a Pedro como mediador. Pedro se siente impulsado por el Espíritu (por su conciencia iluminada por el Espíritu) a aceptar la llamada del centurión Cornelio, superando la prohibición de entrar en casa de una pagano; y al escucharlo reconoce “Ahora comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, sino que acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hechos 10,34) y repite este testimonio en la asamblea de Jerusalén añadiendo “Pues ahora ¿por qué tentáis a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?” (Hechos 15,10).

Creo que estos textos, y otros que se podrían citar, nos muestran el difícil equilibrio en que se movió Jesús, y en el que se mueve hoy la Iglesia, entre la importancia del cumplimiento de unas normas tradicionales y la confianza en el amor gratuito e incondicional que Dios nos muestra, y que nos pide ejerzamos con nuestros hermanos.

Jesús no rechazó explícitamente la Ley de Moisés pero, prescindió de ella cuando le impedía actuar en beneficio de judíos o paganos y, según Marcos, murió repitiendo el salmo 22 (21) “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Para terminar esta comparación entre el Sínodo convocado por el Papa y el llamado concilio de Jerusalén, digamos que Santiago Villamayor se siente proféticamente movido como Pablo a reclamar una libertad ante las creencias y las leyes establecidas en la Iglesia; la curia clerical que acosa al Papa, interesadamente o de buena fe, ejerce el papel de Santiago que preside la comunidad de Jerusalén; y Francisco, como Pedro, trata de dar testimonio en favor de esta libertad proclamando una “Iglesia en salida” hacia toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro papel? El Papa aconseja el discernimiento que cada uno debe ejercer para escuchar en su conciencia lo que el Espíritu le inspira a su comunidad y a él mismo, ya sea el mantenimiento de unas normas tradicionales o la superación de esas normas para acoger a otros hermanos, que buscan otros modos de comprender y vivir la Trascendencia.

Para Dios no hay acepción de personas, y Jesús puso como ejemplo al buen samaritano; y en la fe (confianza) de la mujer cananea (Mc 7,25-30) comprendió que la salvación (fraternidad) del Reino de Dios se extendía también a los paganos.

La Iglesia no es el Reino, es un camino para extender el Proyecto de Jesús, el plan de Dios desde la creación, el Reino de la fraternidad universal.

Gonzalo Haya

Fuente Atrio

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Destacado cardenal europeo dice que “la Iglesia debe cambiar”

Jueves, 10 de febrero de 2022

images1Acabo de leer esta entrevista que comparto para todos en ATRIO. Es como si a Masiá, tras sus años en Japón, le hubieran hecho arzobispo y cardenal y hablara con la misma sinceridad con que le hemos oído tantes veces. Pues Jean-Claude tiene especial revelancia en la Iglesia de hoy, con Francisco. No sé si se conocen de antes, pero he traducido you por en esta conversación con el redactor de La Croix. AD. 

EXCLUSIVO: En una amplia entrevista con “La Croix”, el cardenal Jean-Claude Hollerich SJ habla con franqueza sobre temas candentes en la Iglesia católica

Por Loup Besmond de Senneville | Ciudad del Vaticano | La Croix International, 24-1-2022

La disminución del número de creyentes en Europa, la lucha de la Iglesia por seguir desempeñando un papel en la sociedad occidental, el debate sobre el celibato sacerdotal y las nuevas visiones sobre la sexualidad.

El cardenal Jean-Claude Hollerich , el jesuita de 63 años que dirige la Arquidiócesis de Luxemburgo y es presidente de COMECE (la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), habla con franqueza sobre estos y otros temas candentes en esta entrevista exclusiva con Loup Besmond de Senneville de La Croix .

La Croix : Has sido misionero en Japón, eres jesuita, arzobispo de Luxemburgo, cardenal. ¿Siempre has buscado a Dios de la misma manera?

Cardenal Jean-Claude Hollerich: Cuando llegué a Japón siendo un joven sacerdote, fue un gran impacto. En ese momento yo era un joven empapado del catolicismo popular de Luxemburgo.

Con otros jesuitas, cada uno con un origen católico diferente, llegamos a un modelo de catolicismo que todos vimos muy rápidamente que no correspondía a las expectativas de Japón. Para mí, esto representó una crisis. Tuve que dejar de lado toda la piedad que había sido la riqueza de mi fe hasta entonces y abandonar los caminos que amaba.

Me enfrenté a una elección: renunciar a mi fe porque no podía encontrar los caminos que conocía, o emprender un viaje interior. Elegí la segunda opción. Antes de poder proclamar a Dios, tenía que convertirme en un buscador de Dios. Dije con insistencia: “Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, tanto en la cultura tradicional como en el Japón posmoderno?” Cuando regresé a Europa hace diez años, tuve que empezar de nuevo.

Para ser honesto, pensé que encontraría el catolicismo que había dejado en mi juventud. Pero ese mundo ya no existía. Hoy, en esta Europa secularizada, tengo que hacer lo mismo: buscar a Dios.

¿Ha vuelto Europa hoy a ser tierra de misión?

Sí, lo ha sido durante mucho tiempo.

El Luxemburgo de mi juventud era un poco como Irlanda, con grandes procesiones, mucha piedad popular, etc. Cuando yo era niño, todos los niños iban a la iglesia. Mis padres no fueron, pero me enviaron, porque era normal hacerlo.

Recuerdo que en la escuela, una niña de mi clase no hizo su primera comunión y eso armó un escándalo. Ahora, lo que causa el escándalo es cuando un niño realmente la toma.

Pero al reflexionar, puedo ver que este pasado no fue tan glorioso. Obviamente no lo vi de niño, pero ahora me doy cuenta de que ya había muchas grietas e hipocresías en esa sociedad en ese entonces.

Básicamente, la gente no creía más de lo que cree hoy, incluso si iban a la iglesia. Tenían una especie de práctica dominical cultural, pero no estaba inspirada en la muerte y resurrección de Jesús.

¿Crees que este catolicismo cultural está acabado?

Todavía no. Varía en diferentes partes del mundo. Pero estoy convencido de que la Covid acelerará este proceso.

En Luxemburgo, tenemos un tercio menos de feligreses. Estoy seguro de que no volverán. Entre ellos hay personas de cierta edad a las que les resultará doloroso volver a la práctica religiosa, ir a una iglesia. Pero también están aquellos católicos para quienes la misa dominical era un ritual importante que brindaba estabilidad a sus vidas.

Para muchos, llamarse católico sigue siendo una especie de disfraz dotado de una moralidad general. Les ayuda a mantenerse al día con la sociedad, a ser “buenos cristianos”, pero sin definir realmente lo que eso significa.

Pero esta era debe terminar. Ahora debemos construir una Iglesia basada en la fe. Ahora sabemos que somos y seremos una minoría. Esto no debería sorprendernos ni entristecernos.

Tengo la dulce certeza de que mi Señor está presente en Europa hoy.

¿Y no tienes dudas al respecto?

Oh no. No hay dudas en absoluto. Ya no es una pregunta que me persiga.

Cuando era más joven, tenía miedo de no encontrarlo. Era como si estuviera obsesionado por este miedo. Tenía que averiguarlo o me hundiría. Ahora estoy mucho más tranquilo.

¿Es esa la sabiduría de la edad?

No sé si existe tal cosa como la sabiduría de la edad. (Risas). ¡Sería feliz si lo hubiera!

Pero en el fondo siempre hacemos las mismas estupideces y siempre nos topamos con la misma pared. Al menos sabemos que el muro está ahí y que dolerá.

También sé ahora que soy solo un instrumento del Señor. Hay muchos otros. Esta conciencia me hace siempre desconfiar un poco de todos aquellos que dicen tener la fórmula inmejorable para anunciar a Dios.

¿No hay una receta mágica?

No. Sólo existe la humildad del Evangelio.

Y cuando eras más joven, ¿creías en las recetas mágicas?

Sí, por supuesto, creía en ellos. Pero es una hermosa locura de juventud. También muestra el entusiasmo de los jóvenes.

¿Por qué el mensaje del cristianismo sigue siendo relevante hoy?

Porque la gente no ha cambiado en dos mil años. Seguimos buscando la felicidad y no la encontramos. Todavía tenemos sed de infinito y nos encontramos con nuestros propios límites.

Cometemos injusticias que tienen graves consecuencias para otras personas, lo que llamamos pecado. Pero ahora vivimos en una cultura que tiende a reprimir lo humano. Esta cultura de consumo promete satisfacer los deseos humanos, pero no lo hace.

Sin embargo, en momentos de crisis, de conmoción, la gente se da cuenta de que en su corazón hay un montón de preguntas latentes. El mensaje del Evangelio es excepcionalmente fresco al responder a esta búsqueda de sentido y felicidad.

El mensaje sigue siendo relevante, pero los mensajeros a veces aparecen con disfraces de tiempos pasados, lo que no es el mejor servicio hacia el mensaje en sí.

Por eso tenemos que adaptarnos. No para cambiar el mensaje en sí, por supuesto, sino para que se entienda, aunque seamos nosotros quienes lo anunciemos.

El mundo sigue buscando, pero ya no mira en nuestra dirección, y eso duele. Debemos presentar el mensaje del Evangelio de tal manera que las personas puedan orientarse hacia Cristo.

Precisamente por eso, el Papa Francisco inauguró en octubre pasado el Sínodo sobre la sinodalidad, del que eres relator general. ¿Dijiste recientemente que no sabes lo que escribirás en el informe?

Tengo que ser yo quien escuche. Si hago muchas propuestas, desanimaré a las personas que tienen una opinión diferente. Entonces son las personas las que tienen que llenar mi cabeza y las páginas.

Este es un sínodo. Debe estar abierto. Como dice el Papa, es el Espíritu Santo quien es el maestro de obras. Así que también debemos dejar espacio para el Espíritu Santo. Este método es importante hoy porque ya no podemos conformarnos con dar órdenes de arriba hacia abajo. En todas las sociedades, en la política, en los negocios, lo que cuenta ahora es la creación de redes.

Este cambio en la toma de decisiones va de la mano con un verdadero cambio de civilización, al que nos enfrentamos. Y la Iglesia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia, debe adaptarse a ella. La diferencia es que esta vez el cambio de civilización tiene una fuerza sin precedentes. Tenemos una teología que nadie entenderá en 20 o 30 años. Esta civilización habrá pasado.

Por eso necesitamos un nuevo lenguaje que debe basarse en el Evangelio. Y toda la Iglesia debe participar en el desarrollo de este nuevo lenguaje: este es el sentido del sínodo.

Como presidente de COMECE, participaste en una reunión en Roma a principios de octubre con los partidos europeos de derecha y centro-derecha. A la salida, el cardenal Pietro Parolin les animó a no considerar el cristianismo como un supermercado del que sólo se pueden elegir determinados valores. ¿Existe esta tentación entre los políticos?

Sí, claramente. A la derecha, retoman símbolos cristianos. Les gustan los rosarios y los crucifijos, pero esto no siempre está ligado al misterio de Cristo. Esto está relacionado con nuestra cultura europea pasada. Quieren referirse a una cultura para conservarla. Este es un mal uso de la religión.

En la izquierda también conozco a políticos que se dicen cristianos comprometidos, que luchan contra el cambio climático, pero que votan en el Parlamento Europeo para hacer del aborto un derecho fundamental y para limitar la libertad de conciencia de los médicos. Eso también es tomar la religión como un supermercado.

Uno puede ser demócrata cristiano, socialista, ecologista, etc. , y seguir siendo cristiano. Esta diversidad de formaciones políticas es de gran beneficio para la sociedad. Pero los políticos a menudo tienden a mantener en privado sus preferencias religiosas. En este caso, ya no se trata de una religión, sino de una convicción personal. La religión requiere un espacio público para expresarse.

Pero, ¿no es más difícil para los cristianos involucrarse en política?

En primer lugar, es cierto que hay menos cristianos. En segundo lugar, es cierto que cada vez se involucran menos en política. Vemos esto después de cada elección.

Por otro lado, es evidente que el mensaje de los obispos a la sociedad ya no llega. Usted ha experimentado esto en Francia durante varios años. Esta es la consecuencia de que estemos en minoría.

Para ayudar a la gente a entender lo que queremos, debemos entablar un largo diálogo con aquellos que ya no son cristianos, o que son sólo cristianos en la periferia. Si tenemos ciertas posiciones no es porque seamos conservadores, sino porque creemos que la vida y la persona humana deben estar en el centro.

Para poder decir esto, creo que necesitamos tener diálogos y amistades con tomadores de decisiones o políticos que piensan diferente. Aunque no sean cristianos, compartimos con ellos una sincera preocupación por colaborar por el bien de la sociedad. Si no queremos vivir en una sociedad compartimentada, debemos ser capaces de escuchar las historias de los demás.

¿Significa esto que la Iglesia debe renunciar a defender sus ideas?

No, no se trata de eso. Debemos intentar comprender al otro, construir puentes con la sociedad. Para hablar de antropología cristiana, debemos basarnos en la experiencia humana de nuestro interlocutor. Porque aunque la antropología cristiana es maravillosa, pronto dejará de ser comprendida si no cambiamos de método.

¿Y de qué nos sirve hablar si no somos oídos? ¿Hablamos por nosotros mismos, para asegurarnos de que estamos en el lado correcto? ¿Es para tranquilizar a nuestros propios seguidores? ¿O hablamos para ser escuchados?¿Cuáles son las condiciones para esta escucha?

En primer lugar, la humildad. Pienso que aunque no sea necesariamente consciente, la Iglesia tiene la imagen de una institución que sabe todo mejor que otras. Por lo tanto, necesita mucha humildad, de lo contrario no puede entrar en un diálogo.

Esto también significa que debemos demostrar que queremos aprender de los demás. He aquí un ejemplo: me opongo totalmente al aborto. Y como cristiano, no puedo tener una posición diferente. Pero también entiendo que hay preocupación por la dignidad de la mujer, y hoy ya no se escucha el discurso que teníamos en el pasado para oponernos a las leyes del aborto.

Entonces, ¿qué más podemos hacer para defender la vida?

Cuando un discurso ya no pesa, no hay que obstinarse en utilizarlo, sino buscar otros caminos.

En Francia, muchos creen que la Iglesia ha perdido gran parte de su credibilidad a causa de los delitos sexuales que se cometen en su seno. ¿Cómo te posicionas frente a esta crisis?

Antes que nada, quiero decir que estos abusos son un escándalo. Y cuando vemos los números en el Informe Sauvé, podemos ver que no es el desliz de unos pocos. Hay una falla sistémica en alguna parte, y debe abordarse.

No debemos temer las heridas que esto nos pueda causar, que no son absolutamente nada comparadas con las de las víctimas. Por lo tanto, debemos ser muy honestos y estar preparados para recibir algunos golpes.

Hace unas semanas estuve en Portugal, donde estaba celebrando la Misa. Había allí un niño pequeño que, mientras servía la Misa, me miraba como si yo fuera el buen Dios. Pude ver que me vio como un representante de Dios, lo cual era, de hecho, durante la liturgia.

Abusar de tales niños es un crimen real. Es una falta mucho más grave que si un profesor o un entrenador deportivo cometiera tales actos. El hecho de que esto haya sido tolerado para proteger a la Iglesia duele. ¡Hicimos la vista gorda! Es casi irreparable.

Ahora llego a tu pregunta. Algunas personas han perdido la confianza. Para recuperarla, cuando sea posible, hay que tener una gran humildad. Cuando se acompaña a una comunidad oa una persona, se debe tener siempre presente el principio de absoluto respeto por aquellos a quienes se acompaña. No puedo dejar de lado ni siquiera a una persona.

Me parece obvio que estas preguntas estarán en la mente y en el corazón de todos durante el proceso sinodal. Tenemos que aceptar el cambio.

Si hay un fallo sistémica, ¿crees que se necesitan cambios sistémicos?

Si. Obviamente, en mi diócesis, como en muchas otras, tenemos una carta de buena conducta que todos tienen que firmar, tanto los sacerdotes como los laicos que trabajan para la Iglesia.

Antes de la ordenación, también sometemos a los seminaristas a ocho sesiones psicológicas diseñadas para detectar la pedofilia. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero no es suficiente. Necesitamos una Iglesia que esté estructurada de tal manera que estas cosas ya no sean posibles.

¿Qué significa eso?

Si a las mujeres y los jóvenes se les hubiera dado más voz, estas cosas se habrían descubierto mucho antes. Debemos dejar de actuar como si las mujeres fueran un grupo marginal en la Iglesia. No están en la periferia de la Iglesia, están en el centro. Y si no damos voz a los que están en el centro de la Iglesia, tendremos un gran problema.

No quiero ser más específico: esta pregunta se hará inevitablemente en el Sínodo, en varias culturas, en diversos contextos. Pero las mujeres han sido ignoradas demasiado. Debemos escucharlos, como hacemos con el resto del pueblo de Dios.

Los obispos deben ser como pastores que escuchan a su pueblo. No es solo que digan: “Sí, escucho, pero eso no me interesa”. Necesitan estar en medio de su rebaño.

¿Qué otros cambios hay que hacer?

La formación del clero debe cambiar. No debe centrarse sólo en la liturgia, aunque entiendo que los seminaristas le dan gran importancia. Los laicos y las mujeres deben tener voz en la formación de los sacerdotes. Formar sacerdotes es un deber de toda la Iglesia, por lo que toda la Iglesia debe acompañar este paso, con hombres y mujeres casados y solteros.

En segundo lugar, necesitamos cambiar nuestra forma de ver la sexualidad. Hasta ahora hemos tenido una visión bastante reprimida de la sexualidad.

Obviamente, no se trata de decirle a la gente que puede hacer cualquier cosa o de abolir la moralidad, pero creo que debemos decir que la sexualidad es un regalo de Dios.

Lo sabemos, pero ¿lo decimos? No estoy seguro. Algunas personas atribuyen el aumento de los abusos a la revolución sexual. Pienso exactamente lo contrario: en mi opinión, los casos más horribles ocurrieron antes de la década de 1970.

En esta área, los sacerdotes también deben poder hablar sobre su propia sexualidad y ser escuchados si tienen problemas para vivir el celibato. Deben poder hablar de ello libremente, sin temor a ser reprendidos por su obispo.

En cuanto a los sacerdotes homosexuales, que son muchos, sería bueno que lo hablaran con su obispo sin que éste los condene.

En cuanto al celibato y la vida sacerdotal, preguntémonos con franqueza si un sacerdote debe ser necesariamente célibe.

Tengo una opinión muy alta del celibato, pero ¿es indispensable? En mi diócesis tengo diáconos casados que desempeñan su papel diaconal de una manera maravillosa, que dan homilías a través de las cuales tocan a las personas mucho más poderosamente que nosotros que somos célibes.

¿Por qué no tener sacerdotes casados también?

De la misma manera, si un sacerdote ya no puede vivir esta soledad, debemos ser capaces de comprenderlo, no de condenarlo. Soy ya viejo ahora, así que esto no me preocupa tanto.

¿Has sentido la dificultad de vivir esta soledad?

Sí, por supuesto.

En ciertos momentos de mi vida, fue muy claro. Y también es obvio que todo sacerdote se enamora de vez en cuando. La pregunta es cómo comportarse en este caso.

En primer lugar, uno debe tener la honestidad de reconocerlo a sí mismo, y luego actuar de tal manera que pueda continuar viviendo su sacerdocio.

Fuente Atrio

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Una encuesta innovadora detalla las experiencias de los católicos LGBTQ en América Latina

Lunes, 20 de diciembre de 2021

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Una nueva encuesta es la primera de su tipo en documentar las tendencias y los principales conocimientos de los católicos LGBTQ y sus familias y aliados en América Latina.

La “Encuesta sobre católicos latinos inclusivos LGBTIQ para el Sínodo” documenta las respuestas de más de 800 católicos. Según los organizadores, la encuesta busca “investigar la experiencia de su comunidad en el ámbito laical y eclesial e identificar posibles escenarios de transformación, mayor inclusión y visibilidad dentro del proceso sinodal y pastoral local”.

Las ideas clave de la encuesta se presentaron en una carta a la Asamblea Eclesial, sobre la que Bondings 2.0 informó ayer (es el artículo que viene a continuación-. Un resumen de los hallazgos presentados a la Asamblea Eclesial son los siguientes:

– “El 98% de los que respondieron la encuesta [son] parte de la comunidad LGBTIQ, aliados o les gustaría ver un enfoque más positivo para la comunidad católica arcoíris en la iglesia.-

– “El 33% describió que solo [a veces] se sienten parte de la Iglesia e incluso un 6% adicional argumentó que no se sienten parte de la Iglesia. Esto [plantea] muchas preguntas: ¿Dónde se pierde el mensaje de amor y abrazo? ¿Qué hace que esta comunidad en particular se sienta diferente del resto?

-“El 81% de los católicos que respondieron cree que presentar testimonios directos de personas LGBTIQ y sus familias es la mejor manera de reflexionar sobre el tema.

-“Solo el 4% considera que la comunidad LGBTIQ y sus familias cuentan con espacios adecuados y relevantes para el reconocimiento y vivencia de su fe dentro de la iglesia.

-“El 99% cree que un paso importante para la inclusión es el reconocimiento de la presencia de las personas LGBTIQ y sus familias en la Iglesia, estableciendo que la orientación sexual y la identidad de género no son una opción sino parte de la creación y diversidad humana”

En última instancia, los resultados de la encuesta muestran mucho espacio para el crecimiento en torno a la inclusión LGBTQ en la Iglesia Católica. Es sorprendente que más de cuatro de cada cinco encuestados dijeron que creen que la mejor manera de reflexionar sobre los problemas LGBTQ es a través de testimonios directos de personas queer y sus familias. Además, casi toda la muestra estuvo de acuerdo en que un paso importante en la iglesia durante este proceso sinodal debe ser reconocer la orientación sexual y la identidad de género como parte de la diversidad de la creación humana.

En una carta a la asamblea regional latinoamericana, los organizadores de la encuesta escribieron:

“Prestemos atención a lo que el Señor quiere de nosotros en esta Asamblea eclesial y tratemos de convertirnos en un solo cuerpo que aspire a estar Unidos en“ un solo Corazón y Espíritu ”, aportando nuestro amor, servicio, riqueza y sentido pastoral sin sentimiento. discriminados o relegados “.

Mientras nuestra iglesia global continúa escuchando y discerniendo el espíritu juntos, que estos innovadores resultados de la encuesta guíen nuestro espíritu unido y eleven los testimonios de la comunidad LGBTQ y sus aliados en América Latina.

—Barbara Anne Kozee (ella / ella), Ministerio New Ways, 15 de diciembre de 2021

Asamblea Latinoamericana busca mayor pastoral LGBTQ, denuncia de violencia

cq5dam.thumbnail.cropped.1500.844Una importante reunión de la iglesia latinoamericana ha pedido una mayor atención pastoral LGBTQ mientras condena la violencia contra esa comunidad.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe concluyó el 28 de noviembre después de un encuentro híbrido virtual y presencial en la Ciudad de México durante una semana. El documento de resultados de la asamblea incluyó cuestiones LGBTQ en varios puntos, que se abordaron de manera positiva.

Por ejemplo, el resultado 20 busca promover una iglesia en la que “se integre la diversidad cultural, étnica y sexual”. Para lograr este deseo, las actitudes pastorales incluyen:

“Fomentar en nuestras comunidades e Iglesias locales el reconocimiento y la valoración de la diversidad sexual, étnica y cultural a través de espacios para el avance humano y la formación laboral y educativa.

“Salir al encuentro con misericordia, acercándonos con gestos, actitudes e iniciativas de escucha y diálogo.

“Promover la espiritualidad de comunión y la cultura del encuentro que nos ayude a valorar al otro como don”.

En otra parte, en el resultado 27, la iglesia está llamada a denunciar la violencia estructural a través de movimientos sociales que prestan especial atención a las comunidades marginales, incluidas las personas “LGBTIQ +”.

El Resultado 24 trata sobre el ministerio familiar y dice que dicho ministerio “abarca nuevas expresiones, su complejidad y diversidad”. Las actitudes pastorales incluyen:

“Enriqueciendo nuestro mensaje con un lenguaje que incluya todas las formas de formación familiar en los procesos formativos y la celebración de la fe.

“Integrando misericordiosa y tiernamente a los distintos tipos de familias: monoparentales, uniones civiles y con diversidad de orientación sexual”.

Aproximadamente 1.000 participantes de la región se reunieron para practicar la sinodalidad y discutir la realidad actual de la iglesia. Más allá de una simple reunión episcopal, participaron cientos de clérigos y religiosos, así como 400 laicos. Estuvieron presentes tres delegados de la Global Network of Rainbow Catholics (GNRC)-Red Global de Católicos Arcoíris (GNRC).

Bajo el objetivo de “Todos somos discípulos misioneros”, el objetivo era “establecer prioridades para la iglesia en América Latina y el Caribe para los próximos 10 a 12 años”, según el  National Catholic Reporter. El Papa Francisco dijo en un video de bienvenida que la asamblea eclesial, la primera de su tipo, fue “un momento que nos abre nuevos horizontes de esperanza”.

Previo al encuentro de la Ciudad de México, unas 50.000 personas participaron en un proceso de escucha y diálogo ampliamente representativo. Como parte de esos preparativos, los miembros latinoamericanos de la Red Global de Católicos Arcoíris organizaron una encuesta de católicos, familias y aliados LGBTQ. Mañana, Bondings 2.0 informará sobre los resultados de esa encuesta y su impacto potencial (es el artículo precedente).

Como ha sucedido a menudo en el pasado, la iglesia latinoamericana está llevando a la iglesia global hacia una recepción más profunda del Vaticano II y las prácticas de la sinodalidad. La Asamblea eclesial de noviembre es un intento de encarnar los tipos de escucha, diálogo y acción pastoral que se han convertido en señas de identidad del primer ministerio del Papa latinoamericano. Si bien puede que no sea sorprendente que los problemas LGBTQ hayan surgido en las preocupaciones de los laicos, es notable que estas preocupaciones se escucharon y luego se reflejaron en el informe final de la asamblea, un paso que sigue siendo poco común en otros procesos eclesiales.

La iglesia mundial está profundamente en deuda con los católicos latinoamericanos por incorporar nuevas formas de ser iglesia en el tercer milenio. Con suerte, los problemas LGBTQ, una vez que surgieron durante el Sínodo sobre sinodalidad, se tratarán de la misma manera.

—Robert Shine (él / ella), New Ways Ministry, 14 de diciembre de 2021

Fuente New Ways Ministry

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Los obispos alemanes seguirán adelante con su ‘camino sinodal’ pese a las dudas de Roma

Viernes, 20 de septiembre de 2019

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El cardenal Marx rechaza las críticas lanzadas por Ouellet

Ouellet, en una carta, había advertido que el camino escogido por la Iglesia alemana era difícilmente compatible con el derecho canónico

En su respuesta, Marx dijo que hubiera sido deseable que Ouellet “hubiera buscado el diálogo antes de enviar la carta”

La moral sexual, las formas de vida sacerdotales, la división de poderes y el papel de las mujeres en la Iglesia, ejes del conflicto

La Iglesia católica alemana seguirá su proceso interno de reformas pese a las críticas recibidas del Vaticano al llamado “camino sinodal”, basado en un debate con los fieles y que surgió tras el descontento y los deseos de cambio que generaron los escándalos de abusos sexuales.

El presidente de la Conferencia Episcopal y cardenal de Münich, Reinhard Marx, que es el máximo exponente de ese proceso y asiste hoy en el Vaticano al consejo de cardenales creado por el Papa Francisco para ayudarle en sus reformas, ha rechazado las críticas del prefecto de la Congregación de Obispos, Marc Ouellet.

Ouellet, en una carta, había advertido que el camino escogido por la Iglesia alemana era difícilmente compatible con el derecho canónico. Asímismo, había pedido a Marx que no se atribuyera competencias sobre temas que debían tratarse por las autoridades vaticanas. Marx dijo en su respuesta, difundida por medios alemanes, que hubiera sido deseable que Ouellet hubiera buscado el diálogo antes de enviar la carta.

Cuatro documentos

Tras una reunión el fin de semana entre representantes de la Conferencia Episcopal y del Consejo Central de los Católicos Alemanes (ZdK) se publicaron cuatro documentos de trabajo sobre la moral sexual, las formas de vida sacerdotales, la división de poderes y el papel de las mujeres en la Iglesia. Esos papeles deberán ser la base de las deliberaciones de la asamblea de la Conferencia Episcopal que se celebrará en Fulda (centro) entre el 23 y el 26 de septiembre. Los documentos serán el punto de partida para los foros del llamado “camino sinodal”.

Un foro estará dedicado a debatir cómo se ejerce la autoridad en la Iglesia, teniendo en cuenta los principios de una sociedad plural y del estado democrático que, según el documento previo, los fieles quieren ver respetados también dentro de la instituciones eclesiásticas.

Otro foro estará centrado en las tensiones entre doctrina y práctica, lo que estará relacionado con la moral sexual.

El tema del papel de las mujeres en la Iglesia en considerado de gran prioridad y un punto en el que se pondrá a prueba la autenticidad de la voluntad reformista. El cuarto foro estará dedicado a las formas de vida sacerdotales en el que, sin embargo, no se abordará el tema del sacerdocio femenino.

Fuente Religión Digital

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El Sínodo católico de Tréveris (Alemania) pide una “oferta litúrgica” a las parejas del mismo sexo

Lunes, 9 de mayo de 2016

urn-newsml-dpa-com-20090101-160427-99-747887-large-4-3Obispo Stephan Ackermann

El reciente Sínodo de la diócesis católica de Tréveris (Alemania) se ha pronunciado a favor de una mayor inclusión de las personas LGTB. Una inclusión que hacen extensiva a las parejas y sus familias, para las que se llega a hablar de “ofertas litúrgicas” y pastorales.

En algunos lugares, los laicos católicos siguen atreviéndose a dar pasos a favor de la inclusión de las personas LGTB. Lo hacen a pesar de que los posicionamientos oficiales no incorporan avance doctrinal alguno y como mucho abren la puerta a una cierta flexibilidad pastoral, como ha ocurrido con la última exhortación La alegría del amor, que comentábamos hace poco en esta página.

En esta ocasión, ha sido en Alemania, un país en el que los católicos han mostrado reiteradamente su distancia del magisterio oficial, también en materia LGTB. Ha sido en el Sínodo de la diócesis de Tréveris (Trier, en alemán), bajo el gobierno del obispo Stephan Ackermann. El encuentro —de hecho, el primer Sínodo local convocado en Alemania desde 1990— se ha compuesto de sacerdotes, religiosos y laicos. En él se ha concluido que debe haber una mayor apertura a las parejas del mismo sexo e incluso que debe haber una “oferta litúrgica” para ellas y sus familias.

Así se afirma en el documento final (accesible íntegramente en PDF). Bien es cierto que hay diferencias entre lo que se plantea en el cuerpo del texto a modo de acta de lo discutido, por una parte, y las recomendaciones finales, por otra. En el primer caso, se afirma que: “la iglesia de Tréveris se comporta respetuosa y valorativamente con las personas que conviven en parejas estables del mismo sexo. Resulta evidente que ha de procurarse un diálogo continuado en todos los niveles, así como una colaboración con las personas con orientación homosexual y sus familiares”. Y se añade llamativamente que “ha de desarrollarse una oferta pastoral y litúrgica a las parejas estables del mismo sexo, establecida en diálogo con personas de orientación homosexual; esta oferta habrá de dirigirse también a sus hijos y el ambiente familiar en su conjunto”. Las recomendaciones finales, más limitadas, hablan del desarrollo de “una oferta de cura de almas, pastoral y litúrgica en diálogo con las personas de orientación homosexual”, eliminando la referencia explícita a las parejas.

Synode 10

El mero hecho de que el documento haya sido publicado —y que sea fruto de la reunión de todos los estamentos de la diócesis— resulta sintomático de lo especial del catolicismo en Alemania. Repetidas veces los católicos alemanes han marcado diferencias con la doctrina romana, unas distancias que también son visibles, y mucho, en materia LGTB. Esta ya “tradicional” distancia de los laicos alemanes permite entender también que algunos obispos hayan sido más audaces en sus declaraciones, como el aquí reseñado obispo de Osnabrück, Franz-Josef Bode, partidario de bendecir a las parejas del mismo sexo, aunque en el ámbito privado. Hace pocos meses destacamos también cómo la Alianza de Juventudes Católicas Alemanas en Colonia se pronunciaba a favor de una política inclusiva de las personas LGTB.

Cierto es que hay también obispos que siguen la línea más conservadora, como el obispo de Passau, Stefan Oster. Con todo, el que se presente esta diversidad es significativo, y más aún que cuando pueden hablar los laicos, como ha sido en este Sínodo local, la posición a favor de las personas LGTB es aún más clara.

Fuente Dosmanzanas

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“La doctrina cambia”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 13 de noviembre de 2015

catecismo 2º grado_1a.De su blog Nihil Obstat:

Con ocasión del Sínodo dedicado a la familia se ha repetido, desde distintos ámbitos, que “la doctrina no cambia”. A este respecto conviene hacer alguna precisión, pues la doctrina sí cambia. Lo que se mantiene es la fe. Hay que distinguir entre doctrina de la Iglesia y fe de la Iglesia. Durante mucho tiempo fue doctrina eclesial que quienes morían sin recibir el bautismo no podían conseguir la salvación, incluidos los niños que no habían podido cometer pecado alguno. A este respecto la Comisión Teológica Internacional ha declarado: “la afirmación según la cual los niños que mueren sin Bautismo sufren la privación de la visión beatífica ha sido durante mucho tiempo doctrina común de la Iglesia, que es algo distinto de la fe de la Iglesia”.

Ejemplo significativo de cambio doctrinal lo tenemos en estas dos diferentes y aparentemente contrapuestas afirmaciones de los Concilios de Florencia y del Vaticano II. Florencia sostiene que fuera de la Iglesia no hay salvación, añadiendo explícitamente que los judíos, herejes y cismáticos, y también los paganos, “irán al fuego eterno aparejado para el diablo y sus ángeles, a no ser que antes de su muerte se unieren con la Iglesia”. Sin embargo, Vaticano II deja claro que los que ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia “pueden conseguir la salvación eterna”. Más aún, que Dios “no niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios”.

¿Más ejemplos? A propósito del sacramento de la penitencia, la praxis de los primeros siglos se limitaba a una sola celebración durante toda la vida, pues se consideraba incomprensible que un bautizado se alejase de Cristo; o a lo sumo se permitía una segunda celebración de la penitencia, pero se dejaba para el final de la vida, porque ya una tercera era del todo inconcebible. Tras el Concilio de Trento la Iglesia recomienda la confesión frecuente. En los primeros siglos las segundas nupcias eran desaconsejadas y prácticamente hasta el Concilio Vaticano II se consideraba al matrimonio como un remedio para la concupiscencia y su finalidad era la procreación de los hijos. Hoy ya se dice claramente que el matrimonio encuentra su fin y su sentido en el amor.

Hay tres criterios que se refuerzan mutuamente y no solo explican, sino que promueven la renovación en la doctrina: uno, el mejor conocimiento de las Sagradas Escrituras y de la Tradición y, junto con ese conocimiento, una interpretación más adecuada de las mismas; dos, la escucha atenta de los signos de los tiempos y, junto a esta escucha, un mejor conocimiento de la naturaleza humana; y tres, el mismo Magisterio que, muchas veces gracias a la ayuda de la teología, va ofreciendo pautas de mejora y de adaptación a las nuevas necesidades pastorales.

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“Por una Iglesia sinodal”, por José Mª Castillo

Domingo, 15 de marzo de 2015

300px-Saint_10De su blog Teología sin Censura:

El profesor Alvaro Restrepo, jesuita colombiano, compañero mío en los años de estudio en la universidad Gregoriana de Roma, escribió esto en el Anuario de los jesuitas del año 2014: “El Vaticano es una isla. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen Papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que sea un hombre libre y decidido. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El Papa debe resultar desconcertante. El día en que el Vaticano sea el “punto de encuentro” de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen Papa que necesita” (José María Castillo antes de la elección del Papa Francisco)”.

Han transcurrido dos años desde el día en que el jesuita Jorge Mario Bergoglio fue elegido para suceder al dimitido Benedicto XVI. Y todo el mundo está viendo que el nuevo papa no se ajusta al modelo convencional y tradicional de ejercer el papado que se había impuesto en la Iglesia desde tiempo inmemorial. Como es lógico, cuando se produce un cambio tan importante, en una institución tan enorme como la Iglesia, hay gente que está de acuerdo con el cambio. De la misma manera que hay también muchísimas personas que no están de acuerdo con ese cambio. En cualquier caso, hay algo que resulta incuestionable. Me refiero a que, si el papa Francisco dura unos años más, y si logra configurar el número de cardenales electores de forma que el futuro papa prolongue las incipientes reformas, que Francisco está poniendo en marcha, lo más seguro es que la Iglesia que tenemos, dentro de una o dos décadas, será muy distinta de como es ahora mismo.

No se trata de que, ni este papa ni los que vengan después, vayan a cambiar lo que ningún papa puede cambiar. Un papa no puede modificar a su antojo los dogmas de fe, las verdades de “fe divina y católica”, sobre las que descansa la estabilidad y el ser mismo de la Iglesia. Eso no va a suceder. Pero lo que sí sucede es que en la Iglesia hay mucha gente que, por ignorancia o por fanatismo, piensa que son dogmas de fe muchas cosas que no lo son. Y si se trata de cosas que no son dogmas de fe, un papa las puede cambiar. Todo lo que son costumbres, tradiciones (no la “Tradición”), normas, cuestiones jurídicas y legales, etc, etc, un papa puede modificarlas. Y algunas (o bastantes) de ellas, no sólo “puede”, sino que “debe” hacer lo que esté a su alcance, en los asuntos que van a redundar en bien para la Iglesia y para muchas gentes en el mundo.

Por poner un ejemplo. Puede ocurrir que un papa sea menos “teológico-especulativo” que sus antecesores. Pero, si ese déficit se suple con el hecho de que el papa es más “pastoral-cercano” a la gente, sobre todo a la gente sencilla (enfermos, ancianos, niños, pobres…), ¿por qué vamos a hacer un problema de semejante cambio en la forma de ejercer el papado? Es más, ¿no se podría pensar que un papa cercano a los más sencillos y gente humilde es, por eso mismo, un hombre evangélico? ¿Y nos vamos a escandalizar de eso? Es más, ¿se puede asegurar tranquilamente que Jesús – el Jesús que presentan los evangelios – no hizo teología? Lo que pasa es que en el Nuevo Testamento nos encontramos con dos modos (o modelos) de hacer teología. Una cosa es la “teología especulativa” de Pablo. Y otra cosa es la “teología narrativa” de los evangelios.

Esto supuesto, lo que está ocurriendo ahora mismo en la Iglesia es que el papa Francisco está recuperando, con su sencilla espontaneidad y su forma de vivir, la fuerza enorme que tiene el relato (la teología narrativa). Sobre todo cuando ese relato responde a los anhelos, carencias, necesidades y búsquedas de la gente más sencilla, la que no sabe de teologías ni alcanza a seguir las especulaciones de los grandes maestros del pensamiento.

Pues bien, como es lógico, lo que acabo de apuntar tiene tantas y tantas aplicaciones a lo que viene ocurriendo en la Iglesia y en el mundo, que resulta imposible abarcar todas las consecuencias que de lo dicho se siguen. Por eso, yo me voy a limitar a una de esas posibles consecuencias. Porque me parece que así tocamos uno de los temas más importantes (y más urgentes) en el empeño por renovar la Iglesia. Me refiero al tema de la “sinodalidad de la Iglesia”.

Y es que, en los ambientes cercanos a la Curia Vaticana, se habla ahora con frecuencia de un proyecto capital que está resultando determinante en el gobierno de la Iglesia, tal como lo entiende el papa Francisco. Se trata de la “reforma del papado” o, para decirlo con más precisión, de la llamada “conversión del papado” (Marco Politi, Francesco tra i lupi. Il segreto di una rivoluzione, Bari, Laterza, 2014, 146). Esta reforma tendrá, como componente esencial, el proyecto de recuperar para el gobierno de la Iglesia, la “sinodalidád”. Así lo había ya indicado el mismo Francisco en la entrevista que concedió al director de “la Civiltà Cattolica” (19. 09. 2013).

¿Qué es una Iglesia sinodal? Como es bien sabido, esta expresión no se refiere al hecho de que, cada dos años, el papa convoque un sínodo en Roma para debatir un tema teológico más o menos importante. “Iglesia sinodal” fue la Iglesia de los siglos III al IX, que estuvo gobernada de tal manera que las Iglesias locales (o nacionales) se auto-gobernaban por sí mismas mediante los sínodos o concilios locales o nacionales. Sínodos que eran presididos por los obispos de cada región o de cada país. La teología de esta forma de gobierno de la Iglesia fue sabiamente formulada por san Isidoro de Sevilla en el Ordo de celebrando concilio, redactado por el mismo Isidoro, para el IV concilio de Toledo (a. 633), un texto que tuvo una amplia difusión en Occidente (Y. Congar, L’ecclésiologie du Haut Moyen-Age, Paris, Cerf, 1968, 131-138). Es más, sabemos que hubo obispos y teólogos, ampliamente reconocidos en la Iglesia de aquellos siglos, como es el caso de Hinkmaro, Benedictus Levita o el autor de las Seudo-Decretales, para quienes el papa incluso estaba obligado a observar los cánones de los sínodos y a ejercer su autoridad de acuerdo con las decisiones de dichos sínodos (K. F. Morrison, The two Kingdoms. Ecclesiology in Carolingian political thought, Princeton, 1964, 71-98).

Lo que acabo de indicar puede parecer extraño o incluso escandaloso a no pocos católicos, que sólo conocen de la Iglesia y del papado lo que se ve y se oye en los últimos tiempos. Pero las cosas no fueron siempre así. Voy a poner un solo ejemplo que es elocuente por sí mismo. En el otoño del año 254, el gran obispo de Cartago, que fue san Cipriano, tuvo que resolver, en un sínodo, reunido en el mismo Cartago, el problema que habían planteado los fieles de tres diócesis españolas. Se trataba de las diócesis de León, Astorga y Mérida. En estas diócesis, los obispos había flaqueado en la persecución de Diocleciano. Los tres prelados no habían confesado su fe y, ante tal cobardía, las comunidades los habían depuesto de sus cargos. Uno de estos obispos, un tan Basílides, acudió a Roma, al papa Esteban, seguramente con una información no del todo objetiva. El papa lo repuso en su cargo. Lo que indignó a los fieles, que acudieron a Cipriano. Éste reunió un concilio local para resolver el asunto. La resolución está perfectamente documentada y nos ha llegado en la carta 67 de Cipriano, que además está firmada por los 37 obispos que asistieron al concilio. Parece, por tanto, esta forma de gobierno de la Iglesia estaba ya bastante extendida y aceptada en el s. III.

Así las cosas, lo que aquí interesa es saber que la carta sinodal de aquel concilio de Cartago afirma tres cosas: 1) El pueblo tiene poder para elegir a sus ministros, concretamente al obispo (Cipriano, Epist. 67, IV, 1-2). 2) El pueblo tiene poder para quitar al obispo cuando éste se comporta de manera indigna (Cipriano, Epist. 67, III, 2). 3) El recurso a Roma no debe cambiar la situación, porque ese recurso se ha hecho sin atenerse a la verdad y sinceridad que requieren estas decisiones (Cipriano, Epist. 67, V, 3) (cf. José M. Castillo, La alternativa cristiana, Salamanca, Sígueme, 1978, 192-193).

Es evidente que todo esto indica una mentalidad según la cual la Iglesia tenía su centro, más en la comunidad del pueblo creyente, que en el clero y en la jerarquía. Es importante saber que, en el tiempo de los Padres y en toda la alta Edad Media, los sínodos repetían frecuentemente el criterio que formuló el papa Celestino I: “nullus invitis detur episcopus”: “ningún obispo se les imponga a quienes no lo aceptan”. Para nombrar a un obispo se requería la aceptación y el deseo del clero y del pueblo: “Cleri, plebis et ordinis, consensus ac desiderium requiratur” (Celestino I, Epist. IV, 5. PL 50, 434 B). Y conste que este criterio estuvo en vigor hasta el s. XI, como consta en el Decreto de Graciano (c. 13, D. LXI. Friedberg, 231. Cf. J. A. Estrada, La identidad de los laicos, Madrid, Cristiandad, 1990, 128).

Por supuesto, la Iglesia nunca perdió la idea y el sentimiento del primado papal. De forma que el obispo de Roma intervenía en la solución de los asuntos más graves o que no podían decidirse a nivel local. Además, siempre se tuvo el convencimiento según el cual “el papa tiene la autoridad de Pedro si tiene la fe, la justicia y las costumbres de Pedro”. Una convicción mantenida y difundida por los papas, obispos y teólogos del Alto Medievo (Y. Congar, o. c., 162-163.

A partir de estos criterios, y mediante eta forma de gobierno, la Iglesia de aquellos siglos se mantuvo fiel a la fe en Jesús el Señor, fiel al Evangelio y fiel a su misión en el mundo. Y mientras se mantuvo así, pudo influir decisivamente en la cultura, en las costumbres y en la vida de los pueblos y las gentes de aquellos tiempos. Fue una Iglesia que tuvo una presencia y una fuerza que hoy ya no tiene. Una presencia y una fuerza que el papa Francisco quiere, a toda costa, recuperar. No para ganar poder y prestigio, sino para ayudar a humanizar el “mundo desbocado” (A. Giddens) que tenemos en este momento.

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General , , , , , , , ,

“El papa, el sínodo y los maricones”, por Bruno Bimbi

Lunes, 20 de octubre de 2014

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Seamos sinceros, por favor. ¿Ustedes realmente se creyeron que la reunión de tías solteronas del Vaticano iba a terminar con papá Francisco cantando “I Will Survive”?

Me mata tanta ingenuidad.

Una semana entera nos tuvieron a la espera, bombardeados por titulares de diarios e informes en los noticieros que contaban, orgullosos por ese argentino que consiguió sentarse en el trono de la última monarquía absolutista de Europa, que ahora la Iglesia católica, apostólica y romana iba a reconciliarse con los maricones. Que habría una “apertura” y una “acogida” (¡ay, señor traductor!) y no dirían más que somos sodomitas, pervertidos, desviados, antinaturales, pecadores, en fin, una manga de tragasables que irán al infierno por putos.

Dijeron que era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. No esperaron siquiera a ver el documento final, porque las ganas de confirmar que Francisco no es más Bergoglio y la Iglesia católica no es más apostólica ni romana tienen obnubilada a la prensa de casi todo el mundo, sobre todo a la argentina. Tienen una ganas bárbaras de creerle.

La primera versión del documento que pretendía resumir lo discutido en el “sínodo” por los obispos, vestidos con sus largas polleras negras y sus solideos y cinturones rosados, se titulaba Relatio post disceptationem —en latín clásico, esa lengua que solo ellas siguen hablando— y, para alegría de los más papistas que el papa, traía tres párrafos hablando de los omosessuali —en italiano, porque no había en latín una palabra para eso— y, curiosamente, el término no venía acompañado por las ofensas de siempre. ¡Extra, extra!

Los admiradores de Francisco estaban eufóricos, contándonos lo innovador y super-recontra-moderno que era ese texto que no nos insultaba más. Decía, presten atención, que los omosessuali tenemos “dones y talentos” y que podemos ofrecérselos a ellos, la comunità cristiana — y sólo a ellos, claro. Y se preguntaba —sí, se preguntaba, no afirmaba— si ellos serían capaces de “acogernos” y “evaluar” nuestra orientación sexual, pero siempre senza compromettere la dottrina cattolica su famiglia e matrimonio, por supuesto. No vaya a ser cosa que, de tanto evaluarnos y acogernos, alguien pueda pensar que la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio se movió medio milímetro del lugar donde Dios la puso, representado en el acto de ponerla por otras tías solteronas que se reunieron en el siglo XVI, con las mismas polleras negras, pero —según muestran las pinturas de la época del Concilio de Trento— sin nada rosado, salvo las de mayor jerarquía. Divas, ellas.

El texto también recordaba, por si quedaban dudas, que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden equipararse con el matrimonio entre el hombre y la mujer” y reclamaba al mundo que “tampoco es aceptable que se quiera ejercer presión sobre la actitud de los pastores o que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a la introducción de una legislación inspirada en la ideología de género” (la Iglesia le dice “ideología de género” a los estudios de género).

Benedicto manda saludos.

Por último, en el tercer párrafo, los obispos recordaban que la Iglesia tiene “problemas morales” con las parejas del mismo sexo, pero “reconoce” que “en algunos casos”, el apoyo mútuo “para el sacrificio” (WTF?) puede ser valioso, y hacían una confusa referencia a los niños con dos papás o dos mamás (aunque, obviamente, no usaban esas palabras), sin que quedase claro qué querían decir.

Y eso es todo.

Tenemos algunos dones y talentos. Pueden acogernos. Deven evaluarnos. Nuestras parejas siguen siendo un problema moral. La doctrina no se toca. Re-que-te-con-tra-mo-der-no. Pero apenas eso, para buena parte de los medios de comunicación de todo el mundo, era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. ¡Imaginate! La iglesia reconoce que tenemos algunos dones y talentos. ¡Guau!

Hagamos de cuenta, por un instante, que el sínodo hubiese terminado ahí y que ese texto fuese el documento final. Y hagamos de cuenta, por un instante, que no fuese un documento sobre los homosexuales, sino sobre los judíos. O sobre los negros. Y que dijese, con palabras parecidas, que tienen algunas cosas buenas, una que otra virtud, por lo cual estaría bueno acogerlos y evaluarlos, sin que eso comprometa la doctrina de la Iglesia sobre la judeidad y la negritud, que, como sabemos, es bien clarita. Me imagino que los negros y los judíos estarían contentísimos con semejante demostración de cariño y admiración.

Pero vos sos un denso, querés demasiado, no reconocés que es un gran avance.

—¿Cuál es el avance? A ver, explicame…

—Dicen que tienen dones, talentos. Antes decían que eran unos putos de mierda que se iban a ir al infierno. Es un avance, che, no seas tan exigente…

Pero no. Ni siquiera eso.

Después de una semana de discusiones, intrigas, trascendidos, aclaraciones, desmentidas, enojos y una incomprensible expectativa de casi todos los diarios del mundo, la reunión de tías solteronas decidió que no tenemos dones ni virtudes. O sea, para que quede claro: estuvieron una semana discutiendo sobre ese documento, porque no se ponían de acuerdo; votaron y decidieron, por mayoría, que no tenemos ningún don y ninguna virtud.

Ni una solita.

Ni siquiera eso fueron capaces de decir, aunque no fuese tan sincero, para disimular un poco.

El documento final, titulado en latín Relatio Synodi y divulgado este sábado, ya no trae más el subtítulo que hablaba de “acoger” a los omosessuali: ahora dice que hay que dar atención pastoral a sus familias. No dice más, repito, que los gays tengamos dones, ni virtudes, ni nada bueno. Dice, en cambio, que algunas familias viven la “experiencia” de tener dentro una persona con orientamento omosessuale. A esas familias, la Iglesia católica —que, por si quedaban dudas, sigue siendo apostólica y romana— debe darles atención pastoral para que entiendan que “no hay fundamento alguno para asimilar o establecer la más remota analogía entre las uniones del mismo sexo y el plan de Dios para el matrimonio y la familia”. Ni-la-más-re-mo-ta. Lo dicen estos señores de edad avanzada, desempleados y económicamente inactivos, que hablan en latín, usan polleras negras y solideos y cinturones rosados y son expertos internacionales en familia y matrimonio, pese a ser oficialmente castos, vírgenes, solteros y sin hijos. El plan de Dios, al que ellos tuvieron acceso através de la Wikileaks divina, no incluye a los omosessuali.

¿Entendieron, manga de putos?

Sin embargo, continúa el documento, los hombres y mujeres con orientamento omosessuale deben ser acogidos (y vuelve esa palabrita) “con respeto y sensibilidad”, evitándose todo tipo de “discriminación injusta”.

El respeto se nota mucho y se agradece inmensamente.

Lo más gracioso (por decirlo de alguna forma) es que la parte que habla de no discriminarnos injustamente es una cita, entre comillas, de un viejo documento escrito por Joseph Ratzinger en 2003, antes de ser papa (durante el reinado de Wojtila), titulado “Considerazioni circa i progetti di riconoscimento legale delle unioni tra persone omosessuali”. El objetivo del documento era, justamente, exigir a los gobiernos del mundo que discriminaran injustamente a las parejas homosexuales, negándoles el derecho al matrimonio civil. El documento de Ratzinger afirmaba, entre otras cosas, que “los actos homosexuales contrastan con la ley natural” y “cierran el acto sexual al don de la vida”, por lo que “no son el resultado de una verdadera complementariedad afectiva y sexual” y “en ningún caso pueden recibir aprobación”. Las muestras de respeto, sensibilidad y no discriminación continúan: “los actos homosexuales están condenados como graves depravaciones” y aunque no pueda decirse que los que “padecen esta anomalía” sean personalmente responsables por ella, cometen actos “intrínsecamente desordenados”. Para ser precisos, la parte citada por los obispos, que dice que los omosessuali deben ser acogidos con “respeto, compasión y delicadeza” y no sufrir “discriminación injusta” (ahí está: la que ellos nos imponen es justa, obvio), ordena que vivamos castos (como supuestamente ellos viven) y dice que “la inclinación homosexual es objetivamente desordenada y las prácticas homosexuales son pecados gravemente contrarios a la castidad”.

Todo muy bonito.

El texto de Ratzinger, resucitado desde las catacumbas de la Inquisición por el sínodo franciscano y agregado a último momento en el documento (también agregaron, al final, una condena más explícita a los países que aprueban el matrimonio igualitario), era tan repulsivo que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura, escribió una durísima crítica en la que afirmaba que

“con argumentos así, aderezados con la presencia sulfúrica del demonio, la Iglesia mandó a millares de católicos y de infieles a la hoguera en la Edad Media y contribuyó decisivamente a que, hasta nuestros días, el alto porcentaje de seres humanos de vocación homosexual viviera en la catacumba de la vergüenza y el oprobio, fuera discriminado y ridiculizado y se impusiera en la sociedad y en la cultura el machismo, con sus degenerantes consecuencias: la postergación y humillación sistemática de la mujer, la entronización de la viril brutalidad como valor supremo y las peores distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad representada por el heterosexualismo. Parece increíble que después de Freud y de todo lo que la ciencia ha ido revelando al mundo en materia de sexualidad en el último siglo la Iglesia Católica —casi al mismo tiempo que la Iglesia Anglicana elegía al primer obispo abiertamente gay de su historia— se empecine en una doctrina homofóbica tan anacrónica como la expuesta en las doce páginas redactadas por el cardenal Joseph Ratzinger”.

Once años después, la Iglesia católica, que sigue siendo apostólica y romana, bajo el reinado de Francisco, que sigue siendo Bergoglio, continúa empecinada en la misma doctrina homofóbica anacrónica, aunque su departamento de marketing y relaciones públicas ahora funcione mucho mejor y algunos crean que ha cambiado algo.

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Fuente BlogsTodoNoticias

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