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¿Se puede creer, Señor, desde el bienestar?

Lunes, 2 de agosto de 2021

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Señor,
¡cuántas veces,
consciente o inconscientemente,
idealizamos y anhelamos
el bienestar, el bien vivir!
Lo importante,
en nuestra escala de valores,
en nuestro proyecto de vida,
en nuestro programa,
en nuestro compromiso,
en nuestro horizonte…
es vivir cada vez mejor:
tener salud, dinero y amor,
trabajo y vivienda,
descanso y vacaciones,
protección y seguridad,
derechos adquiridos,
y una economía saneada
libre de preocupaciones…
Pues solo así logramos
el reconocimiento de los demás,
la autoafirmación personal
y, en definitiva, la felicidad.

Pero el bienestar
nos lleva, temprano o tarde,
a un modo de vivir superficial,
insensible,
y ciego
para las dimensiones más profundas
del ser humano;
y, entonces, nuestra fe se desvirtúa.
Desde él solo queda sitio
para un dios milagrero
y una religión centrada
en lo individual y privado,
donde la fe y la espiritualidad
se convierten, con frecuencia,
en mero alivio de frustraciones
y de problemas personales.
Y pronto, Señor,
te convertimos en un elemento más
de seguridad personal
al servicio de nuestro ideal de bienestar.

Señor,
hoy necesitamos escuchar nuevamente
tus palabras junto al lago de Tiberíades,
creérnoslas
y hacerlas alimento saludable
para no desfallecer en el camino
y tener la vida que nos prometiste.

Vosotros me buscáis
porque comisteis hasta saciaros.
Trabajad, no por el alimento que perece,
ni por los manás de moda,
sino por el pan que perdura
y da vida verdadera.

*

Florentino Ulibarri

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La población LGBT tiene un 10% menos de probabilidad de estar bien económicamente

Sábado, 6 de septiembre de 2014

noticias_file_foto_846931_1409060503¿Cómo se mide la felicidad? ¿Cómo se ponen números al bienestar de las personas? Sin duda entran en juego muchas consideraciones, ninguna realmente fácil de cuantificar. Pero en Estados Unidos, país muy dado a las estadísticas, a las mediciones y a poner cifras al éxito de las personas, la empresa Gallup lanza periódicamente una encuesta para medir el bienestar de la población. Y en esta última edición se ha centrado en comparar los datos de la población LGBT con los de la población en general. Los resultados ponen cifra al impacto que la desigualdad tiene sobre el nivel de vida. Las personas LGBT tienen en general un menor índice de bienestar, cuatro puntos menos. Donde más claramente se manifiesta este problema es en el ámbito económico: tienen un 10% menos de probabilidad de tener un nivel financiero óptimo.

Lo más preocupante de los datos es que mantienen esa diferencia independientemente de otros factores, como el sexo, la edad, la raza, el nivel educativo o el lugar de residencia. También destaca el hecho de que en la mayoría de los ámbitos del estudio, las mujeres lesbianas obtienen puntuaciones menores que los varones gays. La encuesta de Gallup se basa en cinco factores para medir el bienestar: el ámbito financiero, el físico, el social, el comunitario y tener un sentido fuerte de propósito en la vida.

En el ámbito económico los hombres tienen un 8% menos de probabilidad de encontrarse en una situación económica buena; una cifra que para las mujeres asciende al 12%. Esto no quiere decir que la población heterosexual esté en buena situación económica: un 39% de americanos heterosexuales está en una buena situación económica, cifra que baja al 29% para la población LGBT. En el ámbito físico las diferencias son todavía más acentuadas para las mujeres, que están doce puntos porcentuales por debajo de las heterosexuales. En el caso de los hombres solo un 2% lo está. Un tercio de la población heterosexual está en buena forma frente a una cuarta parte de los LGBT.

En el ámbito social, la encuesta mide el bienestar con respecto a la familia y los amigos, el grado de apoyo desde estos grupos y el tiempo que queda para dedicarse a uno mismo. Aquí no se encuentra diferencia por orientación sexual: gays y lesbianas tienen seis puntos menos en este ámbito, aunque las mujeres en general (y esto es cierto también para las lesbianas) obtienen mejores puntuaciones que los hombres: tres puntos por encima en ambos casos. En el apartado comunitario, la encuesta mide el grado de participación en la vida de la comunidad social en la que viven. Aquí vuelve a apreciarse una diferencia y las mujeres lesbianas están en general menos conectadas con el lugar en el que viven. La puntuación general para los LGBT es seis puntos inferior, aunque en el caso de las mujeres se eleva a nueve puntos. Este dato es significativo, porque las mujeres heterosexuales están en general más conectadas a la comunidad que los hombres heterosexuales.

Por último, en cuanto al sentido general de la vida, los hombres gays obtienen la misma puntuación que los hombres heterosexuales, pero las mujeres lesbianas se encuentran ocho puntos por debajo respecto a las heterosexuales. En este ámbito la encuesta mide la existencia de un líder inspirador en sus vidas, su actividad diaria, sus objetivos y sus fortalezas personales.

Fuente Ragap

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Paz interior.

Lunes, 14 de julio de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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El amor altruista es el sentimiento espontáneo de estar unido a todos los demás seres. Lo que tú sientes, yo lo sento. Lo que yo siento, tú lo sientes. No hay diferencia entre nosotros […] Cuando comencé a practicar la meditación de la compasión, observé que mi sensación de aislamiento comenzaba a atenuarse, mientras que sentía cada vez más una impresión de fuerza. Allí dónde, antes, veía sólo problemas, me dispuse a ver sólo soluciones. Mientras que consideraba mi felicidad como más importante que la de los demás, comenzaba a percibir el bienestar de los otros como el mismo fundamento de mi paz mental. “

*

Yongey Mingyour Rinpotché

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Recicle el armario de su sexualidad

Domingo, 6 de julio de 2014

1404482722_860282_1404482840_noticia_normalHistoria de la transformación de un falso mueble que durante años ha aislado a los homosexuales

Orgullo madrileño

La expresión “salir del armario” no aparece en la literatura homosexual hasta 1960, y lo hace como evolución de la palabra “salir” (de connotaciones muy diferentes). “La ‘salida’ de un hombre gay originalmente se refería a su presentación oficial en grandes manifestaciones colectivas, bailes de drag queens que se celebraban en Estados Unidos, a imagen y semejanza de los grandes bailes de máscaras que se organizaban en Nueva York, Chicago, Nueva Orleans o Baltimore en el periodo de preguerra”, escribe el profesor de Historia de la Universidad de Yale George Chauncey en su obra Gay New York. Por tanto, no había ‘armarios’ en estas ‘salidas’ iniciales, ni alusiones al secreto de la homosexualidad. El mueble vino después, como símbolo del aislamiento, ocultación y miedo al rechazo.

Si desaparecerán o no los armarios es una pregunta aún por contestar, pero lo que sí queda claro es que hemos entrado en una fase de reciclaje, donde los muebles que antes eran celdas ahora son procesos de autoafirmación. El siguiente nivel, por supuesto, reside en su eliminación.  “Es una lucha que se va a conseguir. Hay que educar en la diversidad, en la aceptación de uno mismo y de los demás. Se deberían trabajar los derechos humanos en el currículum escolar. Los profesionales de la enseñanza deben ser educadores, no transmisores del conocimiento”, opina al respecto Jesús Generelo, secretario general de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Armando Recio (nombre ficticio) lo dispuso todo al modo que aconsejan los especialistas: preparó previamente el terreno con sugerencias sutiles, eligió un momento relajado para todos y en el que él se sentía concienciado y contó con el apoyo de un aliado (en este caso, su hermano mayor). Pero cuando espetó a su familia que esa chica con la que siempre salía de copas no era su novia sino su mejor amiga y que ese chico al que todos daban por colega era, por el contrario, su pareja, el shock fue “monumental”. Los padres de Armando no habían hecho sus deberes: dejar de dar por hecho que los hijos son, casi por ley, heterosexuales. No habían reciclado el armario en el que su vástago se escondió durante años. Porque la normalización es siempre el punto de partida.

“Las familias deben crear un clima de protección y respeto, y nunca presuponer que sus hijos son heterosexuales, dejando siempre un espacio para la comunicación en el que el niño pueda sentirse libre de hablar. Si los padres sospechan que su hijo puede ser gay, deben ir dándoles pistas, de forma que el niño entienda que ese cariño no se va a ver mermado”, aclara Jesús Generelo. Un dato: los jóvenes definen su orientación sexual en la pubertad o adolescencia temprana (de los 10 a los 14 años).

La conciencia de lo natural

Para el médico psicoterapeuta José Ignacio Díaz, especialista en desarrollo psicosocial homosexual, es difícil aspirar a una sociedad sin armarios. Lo explica: “El armario no es solo consecuencia de la homofobia, que también. El armario significa autoaceptación. Y para cualquier joven es difícil aceptar que es diferente, porque los heteros siguen siendo predominantes. La mayoría de los padres son heterosexuales, y un crío siempre quiere imitar a sus padres. Aceptar la diferencia nunca es fácil para un chico o una chica: necesitarán tiempo para asimilar lo que son. Y ese armario estará ahí siempre. Pero podemos conseguir que sean estancias más breves y menos dolorosas”. De nuevo, el reciclaje, la transformación: convertir el dichoso mueble en una liviana experiencia de crecimiento, en consonancia con una nueva conciencia que naturaliza y no señala.

Manifestaciones como las de este sábado 5 de julio en Madrid (y en esto coindicen ambos especialistas) ayudan a la causa. Generelo rememora aquella vez en que un chaval muy jovencito, tras la manifestación del Orgullo Gay de 2013, se abrazó a la presidenta de FELGTB y, llorando, le dio las gracias por todo. “Después, llamó a su madre para decirle cómo era”, recuerda. Y José Ignacio Díaz incide en que es clave el papel de los progenitores: “Hay que hacer un esfuerzo por hablar a los hijos desde la diversidad. Porque no solo les estarás brindando protección en caso de que sean homosexuales, sino que también alimentarás su tolerancia”. Así suceden escenas como la de su propio hijo, de 11 años, que el otro día le decía a un amigo, en presencia de su padre: “Si el día de mañana me gustan los chicos…”.

Fuente El País

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