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Jesús Espeja: “En una sociedad laica la verdad sobre Dios se mide más desde los derechos del hombre que desde la autoridad religiosa”

Martes, 25 de febrero de 2020

Laicite“En una sociedad laica y postcristiana como la española para hablar de Dios como fundamento y afirmación de lo humano parece que hay sendas cerradas. Descartemos una presencia oficial y pública de la religión para que todos acepten al Dios que esa religión les imponga”

“Hablar de Dios como amor encarnado. Dios es amor no en abstracto sino presente activo en el corazón y en la conducta histórica de los seres humanos”

“También guardo silencio ante muchos que se dicen no creyentes en Dios, pero tienen fe en el ser humano, y hacen lo posible por defender su dignidad”

“La ideología con que está funcionando el neoliberalismo económico es diabólica”

¿Hablar de Dios en una sociedad laica?

1. Una sociedad laica

 Por laicidad – de “laos”,pueblo- entendemos aquí la doctrina y puesta en práctica de la misma que defiende la autonomía de las personas y de la sociedad- por tanto también del Estado u organización de la misma-respecto a cualquier imposición foránea, de la religión o de otras instancias. Tiene que ver mucho con la democracia : régimen en que las personas y la sociedad humana logran su mayoría de edad haciéndose sujeto de sus propias decisiones.

Por tanto a la laicidad se oponen igualmente, por distinto extremo, el confesionalismo del Estado y el laicismo. El confesionalismo del Estado que incluye también al Gobierno es la imposición oficial de una religión para todos como por ejemplo ocurría en el nacinalcatlicismo dentro de la sociedad española. Por el otro extremo el laicismo sería la imposición del ateísmo oficialmente para todos los ciudadanos, en todas las instituciones estatales incluido el Gobierno.

Los dos extremos se oponen a la libertad religiosa : el derecho que toda persona tiene practicar un religión, varias o ninguna. El Gobierno tiene obligación de salvaguardar ese derecho dentro del bien común; de ahí su carácter aconfesional. Se comprende que una sociedad laica debe ser plural pues cada ciudadano tiene sus puntos de vista, su comprensión de la existencia y su forma de organizarla.

2. ¿Hablar de Dios en situación de indiferencia masiva?

De Dios hablan las religiones. Y en una sociedad laica la presencia pública de la religión no debe ser de poder o consorcio con el poder, sino testimonial y en defensa siempre la dignidad humana.

Pero la sociedad laica, como hoy se va configurando la española, está integrada por ciudadanos con distinta posición respecto a Dios. Hay fervientes cristianos que viven su fe como experiencia de Dios revelado en Jesucristo, y hay otros que funcionan con imágenes de la divinidad fabricadas por ellos; aferrados a esas imágenes, no es infrecuente un fundamentalismo cerrado a la tolerancia y al diálogo con los diferentes. En el s. XIX los llamados “filósofos de la sospecha -.Feuerbach, Nietzsche,Marx y Freud- proclamaron la muerte de Dios como consecuencia de su humanismo; no podían aceptar una divinidad contraria o rival del ser humano. Así lo sugería Feuerbach, de algún modo inspirador de estos filósofos : “quien no sabe decir de mi sino que soy ateo, no sabe nada de mí…; yo niego a Dios; esto quiere decir en mi caso: yo niego la negación del hombre”. La muere de Dios formulada por Nietzsche tuvo su eco en ambientes universitarios del siglo pasado. En 1971 una Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes reconoció: “el mundo moderno ya está aquí, dentro de casa”.

Pero en los últimos años los postmodernos vienen a decir que Dios no hace falta para nada. En 1796, el científico Pierre-Simon Laplace publicó ‘Exposición del sistema del mundo’. Refiriéndose a esa obra, Napoleón comentó “Me cuentan que ha escrito usted este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”, y Laplace contestó: “Señor, nunca he necesitado esa hipótesis”. Esa respuesta que tiene su significado en la investigación científica, se ha plasmado en una indiferencia religiosa masiva : Dios es un tema carente de interés, irrelevante; no es ni problema; una especie de “increencia por apatía”. No importa la cuestión de Dios porque tampoco importa la condición del ser humano. Una cultura líquida mantiene a la mayoría en esa “ceguera blanca” y superficial que tan bien describió hace unos años el portugués nobel José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”: como si estuviéramos sumergidos en un mar de leche, la ceguera blanca impide a las personas, sin daño físico en sus ojos, ver la realidad que tienen delante.

Si el tema Dios carece de interés y de significado para tantos sumergidos en esa ceguera blanca que se manifiesta en la indiferencia religiosa ¿merece la pena seguir hablando de Dios? ¿no será mejor guardar silencio? . Parece comentable este silencio pues el misterio que llamamos Dios nos desborda; “si lo comprendes, ya no es Dios”, decía San Agustín. Pero este mismo santo escribió:”Dios mío, aunque bien poco dice de ti en realidad quien de ti habla ¡ay de aquellos que callan de ti, porque teniendo el don de la palabra se han vuelto mudos!”.

En 1956 el filósofo judío Martín Buber escribió un breve y substancioso libro titulado “Eclipse de Dios”. Mira el panorama :“¿Dios? Sí, dije, esta palabra es, de entre todas las palabras humanas, la que soporta la carga más pesada. Ninguna de ellas ha sido tan manoseada ni tan quebrantada…; las distintas generaciones humanas han depositado sobre ella todo el peso de sus vidas angustiadas, hasta aplastarla contra el suelo; allí está, llena de polvo y cargada con todo ese peso”¿Por qué no dejar que esa palabra muera en el olvido? Y el pensador Buber responde: “Es cierto que los hombres dibujan caricaturas y debajo escriben la palabra ´Dios´.

Por eso debemos estimar a los que no la admiten porque se rebelan contra la injusticia y el abuso que tan de buen grado se justifican con la palabra `Dios`. Pero “las diferentes generaciones humanas han destrozado esta palabra con sus divisiones religiosas; por ella han matado y han muerto; en ella están todas y cada una de las huellas de sus dedos ¿Dónde podría encontrar yo una palabra mejor para describir lo más alto?” Por eso “no podemos abandonar esa palabra…; no podemos limpiarla, no es posible lograrlo del todo; pero levantarla del suelo tan profanada y rota como está, y entronizarla después de una hora de gran aflicción, esto sí podemos hacerlo”. Frente a la indiferencia del postmoderno que considera el tema Dios como pasado de moda, tanto el ateísmo clásico que combatió a Dios para defender al ser humano como la fe cristiana que celebra la encarnación o presencia de Dios en lo humano, ven la necesidad de hablar hoy de Dios.

3. De qué Dios hablar

La cuestión primera hoy no es la existencia de Dios, sino el contenido que damos a esa palabra. Ahí se juegan también la verdad y el sentido del ser humano. En 1972 salió en español el libro de H. Zahrnt, “ A vueltas con Dios” donde ya se ve la actualidad del tema en el campo de la reflexión teológica.

En algún tiempo me tocó exponer como profesor de filosofía las cinco vías que siguiendo al filósofo Aristóteles, Tomás de Aquino desarrolló magistralmente. Aunque a veces se han interpretado estas vías como argumentos apodícticos, en realidad solo apuntan a lo que necesitan los seres humanos; el mismo Santo Tomas dice que a “Dios le conocemos com a un desconocido”. En el s. XVIII Manuel Kant, referencia más significativa de la Ilustración, dejó claro que a la existencia de Dios no se llega por la razón, pero al mismo tiempo admitió que también la razón pura o teórica tien sus límites, y la razón práctica postula esa existencia; “tuve que suspender el saber para dejar espacio a la fe” .

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En el siglo XIX los llamados “filósofos de la sospecha” afirmaron que Dios era una proyección del ser humano, una creación de su anhelo. Es indudable que en todo conocimiento humano hay una proyección del propio anhelo; pensemos por ejemplo en el conocimiento de la persona amada. También es verdad que nada existe porque yo lo desee. Pero ¿por qué de antemano negar que exista algo deseado? ¿Por qué no debe existir y ha de ser pura ilusión una realidad misteriosa llamada Dios que se experimenta, venera y adora desde hace miles de años en sinagogas, templos, mezquitas y pagodas? .Hace tiempo leí con gusto el libro de Manfred Lütz, “Dios. Una breve historia del Eterno”; deja claro que en la historia del pensamiento muchos han negado que Dios exista, pero ninguno ha demostrado la verdad de su tesis.

La cuestión primera hoy no es si existe o no existe Dios, sino de qué divinidad estamos hablando Porque ¿de dónde se saca que Dios representa un perjuicio para la humanización del ser humano?. ¿Qué fundamento hay para concluir que la fe en Dios es incompatible con la libertad, igualdad y fraternidad que proclama la Ilustración europea?.

Dos fenómenos ya son indicativos

En mi conversación con intelectuales agnósticos españoles y sobre todo colaborando con destacados pensadores cubanos ateos, he visto que niegan a Dios porque están en contra de la religión institucionalizada, en contra de la Iglesia percibida como opuesta a todo progreso científico y a la democracia política; en consorcio con el poder, con un espiritualidad evasiva de los problemas sociales, como factor narcotizante de los pobres, y justificando la posición privilegiada e injusta de los grupos dominantes. Identifican a Dios con lo que han percibido en un práctica religiosa que puede girar en torno a un ídolo, un falso absoluto.

Por otro lado estamos constatando el descalabro en funcionamiento de la sociedad laica. Está procediendo como si Dios no existiera; lo cual es positivo pues la divinidad no es tapagujeros y los seres humanos debemos asumir nuestra responsabilidad en el desarrollo de este mundo. Pero la legítima autonomía sin referencia del Creador, está generando un individualismo feroz y una ideología imperialista entre los pueblos que cada día sufren más la injusticia y la escandalosa pobreza. Parece que se hace triste realidad lo que a madiados del siglo pasado diagnosticaba H. de Lubac: “No es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo algunas veces, no pueda organizar la tierra sin Dios; lo cierto es que, sin Dios, no puede , en fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre”¿No estaremos también aquí cayendo en la idolatría?

Dios es amor.

Demos por supuesto que a Dios nadie le ha visto. Por tanto lo que digamos de él es siempre deficiente. Dejemos a Dios ser Dios y matemos nuestros dioses como sugiere el título de un libro de José Mª Mardones, un profeta de nuestro tiempo. Tres referencias desmontan falsas imágenes de la divinidad fabricadas por las mentes calenturientas de los mismos cristianos.

Jesús de Nazaret, a quien los cristianos confesamos Enviado, Palabra, Hijo, Presencia de Dios en condición humana, es condenado por blasfemo. Hay una visión de Dios según la cual Jesús es condenado como blasfemo, y hay otra visión de Dios que está dentro del Crucificado perdonando a los verdugos ¿Con cuál de los dos nos quedamos?

El Vaticano II sigue rechazando el ateísmo. Pero en vez de argüir directamente contra los ateos, se vuelve hacia los creyentes cristianos e interpela: “El ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en la génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”.

Finalmente la reflexión de Boris Pasternak , un agnóstico, premio nobel de literatura, 1958, en su genial novela “El Doctor Xivago” alude a la figura de Jesucristo y refiriéndose al mundo greco-romano lleno de dioses a los que debían someterse las personas, comenta: “ y he aquí que en aquella orgía de mal gusto, en oro y mármol, llegó él, ligero y vestido de luz, fundamentalmente humano voluntariamente provinciano, el Galileo, y desde este instante los pueblos y los dioses dejaron de existir, y comenzó el hombre”. Luego si Jesús de Nazaret en su conducta histórica es revelador de Dios, éste no es opresor sino liberador de la humanidad esclavizada bajo los ídolos falsos absolutos.

Estas tres referencias nos descolocan porque tiran por tierra imágenes de la divinidad fabricadas por nosotros ¿Dónde queda el poder del Crucificado? Ya no es de recibo una divinidad que, movida por las súplicas de sus devotos, les concede el cupón de la suerte mientras manda un rayo contra el que no reza. No se puede admitir una divinidad que anule, margine o aminore lo humano como es por ejemplo la libertad, la autonomía en las tareas seculares o la búsqueda de felicidad.

 Jesús de Nazaret no hizo teorías ni elaboró definiciones sobre Dios. Vivió la intimidad con Dios y manifestó su experiencia con el término “Abba”o ternura infinita, un Amor que continuamente se da sin esperar nada a cambio. Por ahí apuntan sus parábolas de la misericordia que rompen todos los esquemas de nuestra racionalidad. Es la experiencia que vivían los primeros cristianos: “Dios es amor”; “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”, “vivid en el amor” ¿ No será esta experiencia la clave para la humanización de la humanidad?

4. Cómo hablar de Dios en esta sociedad laica

Mis puntos de vista están determinados por mis muchos años como profesor de Cristología enseñando que “hemos visto la gloria de Dios en la carne”, por la experiencia en la situación de cristiandad, por la orientación del Vaticano II, por la transición a una sociedad laica, y por la evolución observada en la sociedad española durante los últimos diez años.

En una sociedad laica y postcristiana como la española para hablar de Dios como fundamento y afirmación de lo humano parece que hay sendas cerradas. Descartemos una presencia oficial y pública de la religión para que todos acepten al Dios que esa religión les imponga.

Tampoco valen ya manifestaciones masivas de fe y piedad. En una sociedad secularizada, para unos esas manifestaciones se quedan en lo foklórico; otros las ven como reminiscencias de una Iglesia que desea mantener una presencia pública de poder, y las rechazan.

Durante mucho tiempo las prédicas para llamar al arrepentimiento, acentuaron imágenes perversas de Dios super-policía que controla todo y juez implacable que tiene preparado un equipo de especializados en el infierno para torturar a los condenados. Aunque en buena parte la predicación va cambiando, la gente mayor que aún va a misa, sigue con esa visión de la divinidad que le introyectaron en su niñez, y las generaciones jóvenes en su mayoría no escucha prédicas.

Silencio y modestia. A Dios nadie le ha visto; según la experiencia bíblica más antigua, nadie puede ver a Dios sin morir. Corremos el peligro de identificar ese misterio inabarcable con nuestras representaciones. Gran numero de cristianos son deístas – creen en una divinidad que está en las alturas alejado de este mundo- pero no viven la novedad de Dios-amor revelado en la conducta histórica de Jesús. Es mucha la confusión pues ni siquiera han sido informados sobre la novedad que supuso el Vaticano II. Por eso al ver esa confusión. en vez de culpar a esos cristianos, es preferible guardar silencio y hacer lo posible por ofrecerles esa novedad . Por otro lado también guardo silencio ante muchos que se dicen no creyentes en Dios, pero tienen fe en el ser humano, y hacen lo posible por defender su dignidad.

Hablar de Dios desde lo humano. Según la fe cristiana, a Dios nadie le ha visto, pero s ha revelado en la conducta humana de Jesús. Luego no se debe hablar de Dios como de un ser extraterrestre definido en unas formulaciones que deben aceptar todos; lo cual sería reducir la fe a creencias. Si aceptamos que la presencia de Dios es constitutiva de todo ser humano, hay que partir de los anhelos y empeños del ser humano para, mediante el diálogo y el discernimiento, desde la experiencia de fe, ampliar el horizonte. La fe no se reduce creencias, sino que es apertura de la entera persona humana con libertad a la Presencia de amor que continuamente se da.

Se comprende que hablar hoy creíblemente de Dios solo es posible desde la fe como experiencia vivida y practicada. La misma experiencia de Jesús: Dios es “Abba”, apasionamiento por construir la fraternidad en esta tierra, y por ello compasión eficaz ante los exluidos.Esta experiencia supone primero que los creyentes no se hagan la ilusión de que solo ellos tienen a Dios en sus cabezas y son los únicos poseedores de la verdad. Segundo, que lean los signos de su tiempo donde asoman las llamadas del Espíritu. Me he encontrado con muchas personas honradas que se confiesan ateas, pero se comprometen con todas sus energías en defender la dignidad de todas las personas; sin embargo rechazan a la divinidad que han percibió en la religión: lo curioso es que, desde mi fe cristiana, tampoco creo en la divinidad que ellos niegan. Y como el atropello de es dignidad se constata en los pobres o excluidos, ahí está la clave para el diálogo y la búsqueda de caminos para, incluyendo los excluidos, ir hacia la humanización de todos.

En una sociedad laica la verdad sobre Dios se mide más desde los derechos del hombre que desde la autoridad religiosa. Esta perspectiva sugiere nuevo puno de partida y nuevo camino para hablar de Dios. En una situación de cristiandad la verdad sobre Dios era determinaba por la autoridad religiosa. En una sociedad laica ya no es de recibo, aunque lo diga el papa, una divinidad contraria o rival a la dignidad y derechos de la persona. El hombre y la mujer modernos han entendido que es mejor no creer en Dios que imaginárselo como un Dios inhumano que nos impide ser libres y felices.

¿Cómo hablar de Dios en esta cultura líquida donde se flota en la superficialidad, nada permanece y se generaliza la indiferencia religiosa? El postmoderno vive de pequeñas trascendencias, abierto a la satisfacción que le brinda la vida y dejando de lado una trascendencia del más allá que le impide gozar aquí. No vale hablar de Dios como aguafiestas lo cual por lo demás es falso. Habrá que partir de la experiencia que estas nuevas generaciones viven. En esa experiencia pueden constatar que se multiplican las ocasiones de placer, pero su anhelo de alegría y felicidad no quedan satisfechos. En el fondo la crisis de estas generaciones postmodernas puede ser de sentido, de no tener un horizonte donde proyectar la existencia, de vislumbrar un punto donde amarrar el barco. Quizás puedan descubrir esa presencia de amor que llamamos Dios como sentido de la persona humana que ya en la tierra encuentra momentos de felicidad parcial que desaparecen apenas llegan, pero todavía busca y espera una felicidad sin sombras.

Hablar de Dios como amor encarnado. Dios es amor no en abstracto sino presente activo en el corazón y en la conducta histórica de los seres humanos.

Esta sociedad laica se aparta de la divinidad como impositora desde fuera, paralizante de la humanidad y tapagujeros. Pero en sus latidos y anhelos más profundos hay un reclamo plenitud pues en el deslumbrante desarrollo técnico todavía los humanos experimentamos que el mayor bien es pequeño. De ahí su crisis de sentido que hoy sufrimos. En esta situación de crisis y desamparo se puede hablar de Dios como amor que se da gratuitamente: “quiero que vivas siempre” y da orientación a nuestras vida:, “amos unos a otros” Es el artículo central de la revelación bíblica y evangélica. Un Dios más que necesario, gratuito aunque responde a un anhelo de ternura infinita que todos llevamos dentro. Esta sociedad laica se puede y se debe hablar de Dios como amor.

El Vaticano II reconoció como signo de la modernidad: ”La orientación del hombre hacia el bien solo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo; y con toda razón…, pues la verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre”. Pero a la hora de ejercer la libertad en la convivencia, resulta ineludible la conjugación entre las personas y los pueblos. Por eso inventamos el eslogan:”mi libertad termina donde comienza la libertad del otro”. Pero según ese criterio, la libertad del otro sigue siendo un limitación un obstáculo para el ejercicio de mi libertad; lo más lógico es que, si puedo, lo elimine ¿no es la lógica de la comercialización cn la ideología d sacar el máximo beneficio con el mínimo costo? Pero si despertamos a esa presencia de Dios-amor que a todos nos constituye, se abre un horizonte nuevo: el ejercicio de mi libertad incluye y exige que también el otro pueda proceder con libertad.

La ideología con que está funcionando el neoliberalismo económico es diabólica: se busca el máximo beneficio con el mínimo costo y la persona humana ya no es fin en si misma sino que se la valora únicamente por su utilidad o rentabilidad económica. Esa ideolgía en el proceso de globalización está generando un pobreza a escandalosa y una irreverente depredación del entorno creacional que puede resultar catastrófico. La única salida es pasar de la lógica de la comercialización a la lógica de la compasión, reavivando la fraternidad. Y aquí cabe hablar de Dios amor en que habitamos, que a todos nos hace humanos y a todos nos habla en el sagrario de la conciencia conciencia: “amaos como yo os amo”.

Los seres humanos queremos ser autónomos en la gestión de las realidades seculares. Y ese reclamo es legítimo. Cada vez son más innecesarias las suplencias de dioses y religiones, y el recurso a esas instancias puede ser escapatoria para implicarnos de verdad en el desarrollo de la humanidad. Pero estamos viendo que la autonomía en la gestión está procediendo en injusticia y generando exclusión en una mayoría ¿por qué? Sencillamente porque algunos pretenden suplantar al Creador. Se consideran dueños absolutos de la creación funcionan con la nefasta ideología del imperialismo. Si los seres humanos volvemos a nuestra intimidad y somos honrados con nosotros mismos, no solo vemos nuestras limitaciones. También experimentamos una vocación de amor que debe hacerse realidad en el ejercicio del poder como servicio. La autonomía nos humaniza en la medida en que actuamos como co-creadores con el Creador en quien habitamos.

El postmoderno camina en experiencias efectivas, una cierta trascendencia corta que dan los momentos de placer. El instinto de placer ebrio e indisciplinado no es elevación, no es elevación sino caída, degradación del ser humano. Ese instinto de placer inmediato necesita disciplina y purificación para dar al hombre, no el goce de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro. La conducta del postmoderno está sugiriendo la urgencia de recuperar una moral de la felicidad.

Esta experiencia de Dios- que no es una definición-nada tiene que ver con una divinidad que se impone desde arriba y desde fuera mediante mandamientos y leyes que nos ahogan. Más bien es una Presencia de amor que desde dentro afirma, impulsa y promueve para que los seres crezcamos en humanidad y lleguemos a ser nosotros mismos dejándonos llevar más allá de nuestra limitación. Nuestra vocación es el amor. Por eso el Evangelio sobre Dios que nos está creando desde el amor gratuito y continuamente desde dentro nos impulsa a que nos amemos unos a otros en esa lógica de la gratuidad, puede que buena noticia para nuestro mundo.

Fuente Religión Digital

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