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África de La Cruz Tomé: Aún es tiempo. En búsqueda de caminos nuevos para la fe.

Miércoles, 3 de marzo de 2021

16_1-CUA_B_1434687En medio de tantas restricciones y confinamientos, la lectura de este libro de Fidel Aizpurúa, recientemente publicado por Feadulta, ha sido para mí aire puro y horizontes abiertos. He disfrutado mucho con el texto y quería resaltar algunas de sus valiosas aportaciones.

Uno de los rasgos esenciales se evidencia en el título. Aún es tiempo, no todo está perdido. Está escrito desde el optimismo como opción vital. El autor confía en la capacidad humana para el bien y el amor, la generosidad y la solidaridad. Cree en el talento creativo del ser humano. Y sobre todo tiene la esperanza de que “Aún es tiempo de recrear el mensaje y la vida de Jesús de Nazaret”. Puede que estemos lejos, pero el primer paso es reconocerlo. Es posible que no sepamos dónde vamos, pero nos anima a buscar. Escrito con mucha templanza y en un tono moderado, sin embargo es un libro provocador que hace pensar. Hay en él muchas preguntas y unas cuantas respuestas. La gran mayoría quedan interpelando para que las contestemos nosotros. Solo esa actitud nos ayudará a encontrar caminos nuevos para la fe.

El libro tiene doce capítulos en los que el verbo recrear se repite en cada uno de ellos. Recrear el sueño, la cena, el espíritu inclusivo o las palabras de Jesús, por poner tan solo unos ejemplos. Y en cada tema, magníficamente estructurado, hace referencia a tres aspectos: racionalizar, actualizar y socializar.

En primer lugar, el autor pretende ayudar a racionalizar nuestra fe. Su tesis: La fe necesita ser pensada si se quiere que sea viva. El evangelio es para personas que piensan, que profundizan, que ahondan. Pero, un pensamiento en libertad. El pensamiento genera horizonte, apertura, salida: “este libro pretende ser algo que sugiera, no tanto algo que sostenga la normativa que ya poseemos.” Habla de la espiritualidad del desplazamiento hacia lo nuevo, de un desplazamiento progresivo, mirando más hacia el futuro que al pasado; más hacia el Evangelio que a la religión. Pensando en una Iglesia en salida hacia los empobrecidos. Los creyentes de hoy necesitan que la experiencia de fe tenga racionalidad y que el diálogo con la cultura y la ciencia sea inexcusable. El autor aporta razones antropológicas, científicas, sociales, políticas y hasta poéticas para justificar la necesidad de esta racionalización de la fe.

En segundo lugar, este libro aspira a actualizar nuestra fe. El autor prefiere el término recrear al de renovar. En la renovación hay, según él, el peligro de cambiar para que nada cambie. Es el peligro del cambio superficial, el lavado de cara. Renovación para mantener y consagrar lo establecido. Al hablar de recrear, se está dejando de lado el recuperar. Recuperar es algo que se quiere hacer sin “soltar”, las amarras y los esquemas del paradigma vigente. La espiritualidad de la recreación tiene en su base la espiritualidad del “soltar”. Para soltarse hay que comenzar a desprenderse, a desapegarse, a dejar de absolutizar lo vivido, el pasado. Y hacerlo sin dialéctica destructiva, sin exclusión, sin condena, aunque no sin perplejidad y dolor. Exige afrontar el temblor de pisar el lugar por primera vez.

En tercer lugar, sus palabras quieren ser catalizador para socializar nuestra fe. Recrear la fe en el aquí y ahora; en una sociedad multicultural, intercultural, interreligiosa e interétnica. Estamos ante el fin del etnocentrismo y es necesario abrir paso al pluralismo cultural donde caben todos, donde la exclusión es una desviación. Por difícil que parezca, la recreación de la propuesta de Jesús se ha de hacer contando con esta Iglesia, incluso con estas Iglesias. No caer en lo que criticamos, y no excluir a nadie. Sin confundir Reino de Dios e Iglesia, es necesario reorientar, reinventar y renovar la teología; una Teología para la sociedad actual y sus problemas.

Y todo este despliegue de argumentos brillantemente expuestos tiene una finalidad muy clara y encomiable: poner al día nuestra fe en Jesús de Nazaret, para conocerle mejor y seguirle más fielmente.

Para los cristianos del siglo XXI recrear la fe es recuperar creativamente los orígenes e intentar ajustarlos a la cultura actual con su vocabulario, su imaginario, sus logros y sus alternativas prácticas. Sacar los relatos antiguos y envejecidos de su tierra original para colocarlos en un espacio y un tiempo nuevos. Un contexto cognitivo que está perfilado sobre las nuevas ciencias físicas y humanas, naturales y sociales. La física cuántica, la biotecnología, la biología molecular, la genética, la ecología, la psicología, las comunicaciones globalizadas, la interdependencia cósmica y humana, etc. El diálogo entre fe y ciencia no es solo es posible, sino necesario y enriquecedor para ambas.

La persona humana es un ser en evolución permanente. Somos herederos del pasado, aunque no deudores sempiternos. Somos hijos libres, no repetidores. Somos evolutivos, creativos y recreativos. Todavía podemos recrear los sueños de Jesús, sus búsquedas, su grupo, su Cena, su espíritu inclusivo, sus caminos, sus palabras, su silencio, sus propuestas, el canto en los tiempos oscuros, su conflicto y su triunfo. Aún es tiempo.

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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La última frase de Pedro Arrupe antes de morir. Palabras consoladoras para nuestro tiempo

Viernes, 23 de octubre de 2020

Arrupe-rosario-enfermo-700x963Leído en el blog de Pedro Miguel lamet:

Hoy, con la pandemia encima, las injusticias y locuras políticas que estamos viviendo, es toda una meditación: “Para el presente amén, para el futuro aleluya”.

El pasado no importa. Pasó, no hay que darle vueltas. Alimentar el sentimiento de culpa por algo que se hizo mal es masoquismo, no sirve para nada

Este instante, este presente mío es lo que tengo y lo que Dios quiere para mí, taladra hacia el infinito

Teilhard de Chardin, que concebía el cosmos como una flecha con sentido, decía: “Todo cuanto acontece es adorable”.

“Hay un plan”. Sí, hay un plan. Lo que pasa es que aquí vemos el tapiz por el lado de los cosidos y todavía no podemos captar el colorido y la maravilla del paisaje que puede verse del otro lado

En estos tiempos tan tumultuosos me gusta recordar algunas frases del padre Arrupe, porque sin duda era uno de esos hombres que, como a él le gustaba decir, tenía “el futuro en la médula”. Quizás mi preferida es la última que pronunció antes de morir. La oyó el padre Mariano Ballester, SJ, que le atendió mucho en los últimos días de su vida y que durante su enfermedad le ayudó en la logopedia con mucha dificultad a hablar y escribir después de la trombosis que sufrió de regreso de su viaje a Tailandia y Filipinas.

Hoy, con la pandemia encima, las injusticias y locuras políticas que estamos viviendo, es toda una meditación:

“Para el presente amén, para el futuro aleluya”.

Tiene más miga de lo que parece. El pasado no importa. Pasó, no hay que darle vueltas. Alimentar el sentimiento de culpa por algo que se hizo mal es masoquismo, no sirve para nada. Sobre todo, al saber que el amor de Dios lo quema, los perdona. Darle vueltas a lo negativo del pasado es una forma de protagonismo absurdo, una falta de fe y una tortura inútil.

Importa este momento, el presente, el ahora. Vivir en el ahora es el secreto de la verdadera felicidad. Pero para ello es necesario aceptarlo como parte de la providencia. Y este ahora siempre es perfecto porque para mí es la voluntad de Dios. La amargura brota de no aceptar este momento tal como es. Eso no indica que no queramos transformar y mejorar el mundo. Pero poco haremos si lo hacemos desde la frustración y la amargura. Si nos pasamos la vida violentados por lo que no conseguimos, protestando porque no tenemos esto o aquello, dando coces a la vida, nada haremos de provecho. Este instante, este presente mío es lo que tengo y lo que Dios quiere para mí, taladra hacia el infinito. Vivir en este instante es un modo de instalarse en la eternidad, porque en el fondo de mí mismo habito en el todo, aunque no me dé cuenta. Por tanto “para el presente amén”.

Y “para el futuro aleluya”. Acusaban al padre Arrupe de ser “un optimista patológico”. Él respondía: “¿Cómo no voy a ser optimista, si creo en Dios?” La gente hoy está muy preocupada con el futuro: “Qué va a ser de mí, de mi familia, del mundo. ¿A dónde nos va a llevar esta pandemia? ¿Cómo vamos a salir de esta enorme crisis sanitaria y económica?” Y en lo personal, el futuro de mi trabajo, la esposa, el marido, los hijos y un largo etcétera.

Teilhard de Chardin, que concebía el cosmos como una flecha con sentido, decía: “Todo cuanto acontece es adorable”. Importa este momento, el presente, el ahora. Vivir en el ahora es el secreto de la verdadera felicidad. Pero para ello es necesario aceptarlo como parte de la providencia. Y este ahora siempre es perfecto porque para mí es la voluntad de Dios

Y Arrupe con el rosario en la mano, durante la última entrevista que concedió para mi biografía en Roma, muy enfermo me decía: “En manos de Dios” forzando una sonrisa desde sus labios hemipléjicos.

La frase preferida de otro gran santo jesuita, el padre José María Rubio, lo formulaba de otra forma: “Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”. Y Bernanos, “todo es gracia”.

Recuerdo un film, de esos que un personaje vuelve desde del cielo, que afirmaba: Hay un plan”. Sí, hay un plan. Lo que pasa es que aquí vemos el tapiz por el lado de los cosidos y todavía no podemos captar el colorido y la maravilla del paisaje que puede verse del otro lado. Pero es el mismo tapiz.

Así que atrapemos este instante, cerremos los ojos para ver de otra manera y abrámoslos para disfrutar de lo que tenemos, aunque nos parezca solo una brizna de felicidad. No deja de ser un sacramento y no nos enredamos con un pasado que ya no existe y un futuro que ignoramos, y que para los creyentes siempre será un “happy end”

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Del optimismo a la esperanza

Martes, 10 de septiembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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“El optimismo y la esperanza son dos actitudes radicalmente diferentes. El optimismo es la expectativa de que las cosas mejorarán. La esperanza es confiar en que Dios cumplirá sus promesas para con nosotros y que, cumpliéndolas, nos llevará a la verdadera libertad. El optimismo se refiere a cambios concretos en el futuro. La persona con esperanza vive el momento con el conocimiento y la confianza de que todo en la vida está en buenas manos”.

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Henri Nouwen

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¡Cuidado con algunos optimismos!

Sábado, 21 de abril de 2018

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“… He aprendido, creo, a mirar al mundo con mayor compasión, viendo a cuantos viven en él no como alienados de mí mismo, no como extranjeros, extraños y engañados, sino como identificados conmigo mismo. Al romper con “su mundo”, extrañamente, no he roto con ellos. Al liberarme de engaños y preocupaciones, me he identificado, sin embargo, con sus luchas y con su ciega y desesperada esperanza de felicidad…..

Pero, precisamente, por haberme identificado con ellos, debo negarme de un modo más definitivo, si cabe, a hacer míos sus engaños ilusorios. Debo rechazar su ideología de lo material, el poder, la cantidad, el movimiento, el activismo y la fuerza. Rechazo todo eso porque veo en ello la fuente y la expresión del infierno espiritual que el hombre ha hecho de su mundo….

fb_img_1520531849138Si algún problema aqueja hoy al cristianismo es el de la identificación de la “cristiandad” con ciertas formas de cultura y de sociedad, ciertas estructuras políticas y sociales que durante mil quinientos años han dominado en Europa y en Occidente..(…).

Mil quinientos años de cristiandad europea, a pesar de ciertos logros definitivos, no han supuesto una gloria inequívoca para el cristianismo. Ha llegado la hora de someter a juicio a esta historia. Puedo complacerme en ello, en la creencia de que el juicio será una liberación de la fe cristiana de toda esclavitud y participación del mundo secular. Y por eso creo que ciertas formas de optimismo cristiano han de tomarse con reserva, por cuanto carecen de una genuina conciencia escatológica de la visión y se centran en la esperanza ingenua de alcanzar meros logros temporales tales como… ¡¡iglesias en la luna!!…

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Thomas Merton.

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querido-lector-mertonEl fragmento que acabamos de compartirles pertenece al prólogo escrito por Merton a la edición japonesa de La Montaña de los Siete Círculos publicada en 1963. Este prólogo y otros fueron incluidos en el libro “QUERIDO LECTOR. Reflexiones sobre mi obra” (primera edición en inglés, en 1981) y varias veces reeditada su traducción al español. Más recientemente,en 2015, lo ha publicado Sal Terrae con el título “ LA VOZ SECRETA“. Nos dice la reseña de ésta última edición:

“Al celebrar, con esta edición de los prefacios de Thomas Merton, su vida y su testimonio, «se nos recuerda, quizás con mayor importancia incluso, la parte que nos cabe desempeñar para asumir su legado: siendo contemplativos en un mundo de acción, consumismo y la-voz-secreta-thomas-merton-portadatecnificación; como constructores de paz en un mundo de guerra, violencia, racismo y discriminación; y tendiendo puentes entre fes, culturas y pueblos en un mundo de conflictos, barreras e intolerancia. Merton trae un mensaje universal de esperanza ante las dificultades de nuestras vidas, en nuestras comunidades y en nuestro mundo. En lugar de permanecer impasibles ante lo Indecible, nos exhorta a todos a ser humanos en esta época, la más inhumana de todas, y a guardar la imagen del hombre, pues es la imagen de Dios»

(Lo toman de la «Presentación de la edición española», por Paul M. Pearson, Director del Centro Thomas Merton)”

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¿Optimismo o esperanza?

Jueves, 28 de enero de 2016

Del blog de Henry Nouwen:

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“El optimismo y la esperanza son actitudes radicalmente distintas. El optimismo es la expectativa de que las cosas -el tiempo, las relaciones humanas, la economía, la situación política, etc.- mejorarán. La esperanza es confiar en que Dios cumplirá sus promesas para con nosotros y que, al hacerlo, nos llevará a la verdadera libertad. El optimismo nos habla de cambios concretos en el futuro. La persona con esperanza vive el momento con la conciencia y la confianza de que todo en la vida está en buenas manos.

Todos los grandes guías espirituales de la historia han sido personas con esperanza. Abraham, Moisés, Ruth, María, Rumi, Ghandi, Dorothy Day. Todos vivieron con una promesa en sus corazones que los guió hacia el futuro, sin necesidad de saber exactamente cómo sería. Vivamos nosotros también con esperanza”

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Henri Nouwen
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Falso optimismo

Viernes, 2 de octubre de 2015

Del blog de Henri Nouwen:

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“Son muchas las personas que viven con la expectativa consciente o inconsciente de que en algún momento las cosas mejorarán; que las guerras, el hambre, la pobreza, la opresión y la explotación desaparecerán, y todo el mundo vivirá en armonía. Sus vidas y trabajo están basados en esta expectativa. Cuando ésta no se ve cumplida en el curso de sus vidas, caen a menudo en el desencanto y se sienten fracasados.

Pero Jesús no sostiene esta visión optimista. No sólo prevé la destrucción de su amada Jerusalén, sino también un mundo lleno de crueldad, violencia y conflictos. Para Jesús, este mundo no puede tener un final feliz. El desafío de Jesús no consiste en resolver todos los problemas del mundo.., sino en permanecer fieles a cualquier precio.”

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Henri Nouwen

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Pasar el testigo.

Miércoles, 30 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

passation-de-serviceRecuerda …

Que si una pequeñez hace sufrir

Una pequeñez también da placer …

Que puedes ser sembrador de optimismo, de ánimo, de confianza …

Que tu buen humor puede alegrar la vida de los demás

Que puedes, en todo, decir una palabra amable …

Que tu sonrisa no sólo te adorna

Sino que embellece la existencia de los que te acercan …

Que tienes manos para dar

Y un corazón para perdonar …

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Thomas Merton

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