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África de La Cruz Tomé: Aún es tiempo. En búsqueda de caminos nuevos para la fe.

Miércoles, 3 de marzo de 2021

16_1-CUA_B_1434687En medio de tantas restricciones y confinamientos, la lectura de este libro de Fidel Aizpurúa, recientemente publicado por Feadulta, ha sido para mí aire puro y horizontes abiertos. He disfrutado mucho con el texto y quería resaltar algunas de sus valiosas aportaciones.

Uno de los rasgos esenciales se evidencia en el título. Aún es tiempo, no todo está perdido. Está escrito desde el optimismo como opción vital. El autor confía en la capacidad humana para el bien y el amor, la generosidad y la solidaridad. Cree en el talento creativo del ser humano. Y sobre todo tiene la esperanza de que “Aún es tiempo de recrear el mensaje y la vida de Jesús de Nazaret”. Puede que estemos lejos, pero el primer paso es reconocerlo. Es posible que no sepamos dónde vamos, pero nos anima a buscar. Escrito con mucha templanza y en un tono moderado, sin embargo es un libro provocador que hace pensar. Hay en él muchas preguntas y unas cuantas respuestas. La gran mayoría quedan interpelando para que las contestemos nosotros. Solo esa actitud nos ayudará a encontrar caminos nuevos para la fe.

El libro tiene doce capítulos en los que el verbo recrear se repite en cada uno de ellos. Recrear el sueño, la cena, el espíritu inclusivo o las palabras de Jesús, por poner tan solo unos ejemplos. Y en cada tema, magníficamente estructurado, hace referencia a tres aspectos: racionalizar, actualizar y socializar.

En primer lugar, el autor pretende ayudar a racionalizar nuestra fe. Su tesis: La fe necesita ser pensada si se quiere que sea viva. El evangelio es para personas que piensan, que profundizan, que ahondan. Pero, un pensamiento en libertad. El pensamiento genera horizonte, apertura, salida: “este libro pretende ser algo que sugiera, no tanto algo que sostenga la normativa que ya poseemos.” Habla de la espiritualidad del desplazamiento hacia lo nuevo, de un desplazamiento progresivo, mirando más hacia el futuro que al pasado; más hacia el Evangelio que a la religión. Pensando en una Iglesia en salida hacia los empobrecidos. Los creyentes de hoy necesitan que la experiencia de fe tenga racionalidad y que el diálogo con la cultura y la ciencia sea inexcusable. El autor aporta razones antropológicas, científicas, sociales, políticas y hasta poéticas para justificar la necesidad de esta racionalización de la fe.

En segundo lugar, este libro aspira a actualizar nuestra fe. El autor prefiere el término recrear al de renovar. En la renovación hay, según él, el peligro de cambiar para que nada cambie. Es el peligro del cambio superficial, el lavado de cara. Renovación para mantener y consagrar lo establecido. Al hablar de recrear, se está dejando de lado el recuperar. Recuperar es algo que se quiere hacer sin “soltar”, las amarras y los esquemas del paradigma vigente. La espiritualidad de la recreación tiene en su base la espiritualidad del “soltar”. Para soltarse hay que comenzar a desprenderse, a desapegarse, a dejar de absolutizar lo vivido, el pasado. Y hacerlo sin dialéctica destructiva, sin exclusión, sin condena, aunque no sin perplejidad y dolor. Exige afrontar el temblor de pisar el lugar por primera vez.

En tercer lugar, sus palabras quieren ser catalizador para socializar nuestra fe. Recrear la fe en el aquí y ahora; en una sociedad multicultural, intercultural, interreligiosa e interétnica. Estamos ante el fin del etnocentrismo y es necesario abrir paso al pluralismo cultural donde caben todos, donde la exclusión es una desviación. Por difícil que parezca, la recreación de la propuesta de Jesús se ha de hacer contando con esta Iglesia, incluso con estas Iglesias. No caer en lo que criticamos, y no excluir a nadie. Sin confundir Reino de Dios e Iglesia, es necesario reorientar, reinventar y renovar la teología; una Teología para la sociedad actual y sus problemas.

Y todo este despliegue de argumentos brillantemente expuestos tiene una finalidad muy clara y encomiable: poner al día nuestra fe en Jesús de Nazaret, para conocerle mejor y seguirle más fielmente.

Para los cristianos del siglo XXI recrear la fe es recuperar creativamente los orígenes e intentar ajustarlos a la cultura actual con su vocabulario, su imaginario, sus logros y sus alternativas prácticas. Sacar los relatos antiguos y envejecidos de su tierra original para colocarlos en un espacio y un tiempo nuevos. Un contexto cognitivo que está perfilado sobre las nuevas ciencias físicas y humanas, naturales y sociales. La física cuántica, la biotecnología, la biología molecular, la genética, la ecología, la psicología, las comunicaciones globalizadas, la interdependencia cósmica y humana, etc. El diálogo entre fe y ciencia no es solo es posible, sino necesario y enriquecedor para ambas.

La persona humana es un ser en evolución permanente. Somos herederos del pasado, aunque no deudores sempiternos. Somos hijos libres, no repetidores. Somos evolutivos, creativos y recreativos. Todavía podemos recrear los sueños de Jesús, sus búsquedas, su grupo, su Cena, su espíritu inclusivo, sus caminos, sus palabras, su silencio, sus propuestas, el canto en los tiempos oscuros, su conflicto y su triunfo. Aún es tiempo.

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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Soñar

Martes, 2 de marzo de 2021

Del blog Nova Bella:

6af758d3302a81275acefaa5e708179a(The Blue Circus 1950.
Marc Chagall 1887-1985)

“Soñar es lo más necesario que existe: necesitamos buscadores de perlas, niños que hablen con animales, casas con siete tejados, cabezas que canten en un plato, ballenas blancas, lazarillos que nos devuelvan a los lugares de la abundancia y el deseo”

*

Gustavo Martín Garzo

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Aprender en la pandemia

Viernes, 26 de febrero de 2021

_114212396_gettyimages-1214557360Pedro Zabala
Logroño.

ECLESALIA, 15/02/21.- Estas reflexiones me han brotado después de participar en una tertulia virtual con un grupo de nuestra Comunidad de la Esperanza y de escuchar una videoconferencia del jesuíta Rodríguez Olaizola. No podemos evitarlo. Vivimos, oímos, vemos, hasta tocamos esta atmósfera provocada por ese bichito, procedente de China, que domina el planeta. Pandemias ha habido siempre, más o menos globales, que han asolado a la humanidad.

¿Qué ha ocurrido para que ésta alcance tal magnitud en nuestra conciencia? Primero: Está afectando a nuestro orgulloso Occidente. Segundo: La globalización económica, con el trasiego constante y rápido de mercancías y personas de unos países a otros. Y tercero: Las interconexiones mediáticas instantáneas, las tradicionales más las redes sociales, que han hecho del globo terráqueo una aldea global.

Frente a esta situación, se están dando dos respuestas opuestas, igualmente perniciosas en sus efectos. La primera, la de los negacionistas: la pandemia no existe, es un bulo creado por ciertos poderes ocultos para aumentar su dominio sobre nosotros. La segunda es la de quienes se han hundido en un pavor extremo, en el que piensan que no hay nada que hacer; por lo que o disfrutamos a lo loco cada minuto de la existencia que nos quede o nos encerramos en la depresión más amarga.

Claro que cabe un respuesta más humana y esperanzada. Ver la crisis como una oportunidad. Para ello, aprovechando el confinamiento de tantas horas en nuestras casas, hemos de empezar por frenar. Iniciar un proceso de pensamiento sobre nuestra propia existencia y el sentido de nuestra vida.

Hemos de reconocer que, a pesar de los avances tecnocientíficos, somos seres frágiles, extremadamente vulnerables. Y que la muerte, la mía y la de los míos, forma parte de la existencia humana. Tenemos fecha de caducidad, aunque ignoremos cuál sea.

Nuestra inmovilidad no ha de impedirnos ser peregrinos de nuestro interior. Ahondar dentro de nosotros con preguntas claves: ¿Somos personas líquidas, a merced de vaivenes exteriores o personas sólidas con anclajes firmes, pero flexibles? ¿Hemos desarrollado un pensamiento crítico, capaz de evolucionar, sin caer en gregarismos fáciles? ¿Estoy abierto a la escucha leal, aceptando que me lleven la contraria, para irme acercando a la verdad desde otras perspectivas?

Este análisis ¿me permite ver qué cambios debo realizar en mis actitudes vitales? ¿No debo empezarlos ya, en el hoy en que me encuentro? Sé que no parto de cero, mi vida tiene su historia, aunque seguro que debo cambiar el relato que hago de ella. Y desde ese ayer, con los pies anclados en el presente, es el momento de abrime a un mañana esperanzado.

Mi actitud debe ser de una humildad agradecida. A esos tús cuyos encuentros me han ído modelando. ¿No puedo resumir la lección de la pandemia en tres verbos: Buscar, Esperar, Agradecer?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Estás buscando una experiencia: Dios, la Belleza…

Martes, 23 de febrero de 2021

Del blog de José Arregi Umbrales de Luz:

kurt-markus

Estás buscando una experiencia: Dios, la Belleza… Esto significa que ves lo que estás buscando como un objeto. En este caso: explora simplemente quién ve.

Cuando explores realmente, comprenderás que buscas a quien ve. Es el camino más directo, si es que se puede hablar de camino.

Ten claro que lo que estás buscando nunca puede ser un objeto, porque tú eres lo que estás buscando, así que no podrás verlo ni comprenderlo nunca: solo podrás serlo. Serlo significa que no hay una interpretación, una idea acerca de ello. Estarás libre de conceptos.

Cuando la mente llega a esta situación, se aquieta. Hay una suspensión. Todas las ideas sobre ti, todos tus atributos deben suspenderse. Entonces te encontrarás en una suerte de desprendimiento.

Tú eres ese desprendimiento, esa presencia libre de atributos. De manera que sé eso, completamente en sintonía con ello.

*

Jean Klein
En Rafael Redondo,
El milagro de vivir despierto

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(Foto Kurt Markus)

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“¿A quién buscas?”

Miércoles, 22 de julio de 2020

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«¿A quién buscas?» La pregunta de Jesús resucitado a María de Magdala puede sorprendernos también a nosotros cada mañana y a cada hora de nuestra vida. ¿Eres capaz de decir a quién buscas de verdad? En efecto, no siempre está claro que buscamos a Jesús, al Señor. No siempre aquel a quien queremos encontrar es precisamente aquel que quiere entregarse a nosotros.

María buscaba al hombre Jesús, buscaba al Maestro crucificado, por eso no veía a Jesús el Viviente delante de ella. Si tenemos una idea de Jesús a la medida de nuestra pequeña mente humana, nuestra búsqueda acaba en un callejón sin salida. Jesús es siempre inmensamente más que lo que nosotros conseguimos pensar y desear. ¿Dónde, pues, y cómo buscar al Señor para salir del túnel de nuestros extravíos y de nuestros miedos, para no engañarnos dando vueltas alrededor de nosotros mismos en vez de correr derechos hacia él? Sólo sí antes tenemos una verdadera y justa valoración de nosotros mismos como criaturas pobres podremos descubrir la presencia de aquel que lo sostiene todo. Aquel a quien buscamos debe ser verdaderamente el todo al que anhela adherirse nuestra alma. Buscar a Cristo es signo de que, en cierto modo, ya le hemos encontrado, pero encontrar a Cristo es un estímulo para continuar buscándolo.

Esta actitud no se plantea sólo al comienzo del camino espiritual, sino que lo acompaña hasta la última meta, puesto que la búsqueda del rostro del Señor es su dato esencial. Conocer a aquel por quien somos conocidos: eso es lo indispensable. El itinerario del conocimiento de Cristo coincide con el mismo itinerario de la fe y del amor. El yo debe aprender a callar y a escuchar; el corazón debe aprender el camino del exilio para alejarse de todo cuanto lo mantiene apegado a sus viejos / tristes amores.

*

A. M. Cánopi,
Nel mistero della gratuita,
Milán 1998, p. 21 ss

eyJ0eXAiOiJKV1QiLCJhbGciOiJIUzI1NiJ9.eyJpbSI6WyJcL2FydHdvcmtcL2ltYWdlRmlsZVwvbWFnZGFsZW5hLWxhLXRvdXIuanBnIiwicmVzaXplLDUwMCJdfQ.-WNKyUAeud6QsTA-DLcNUg-xr-N5Rj1ZYlk2NpmOp0A

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Busca al Señor y él te escuchará

Sábado, 25 de enero de 2020

En el día en que celebramos la Conversión de San Pablo…

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No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: «Estoy aquí». ¿Qué significa «Estoy aquí»? Estoy presente. ¿Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo.

*

Agustín de Hipona,
Exposición sobre el salmo 33, 9ss

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“¿A quién buscas?”

Lunes, 22 de julio de 2019

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«¿A quién buscas?» La pregunta de Jesús resucitado a María de Magdala puede sorprendernos también a nosotros cada mañana y a cada hora de nuestra vida. ¿Eres capaz de decir a quién buscas de verdad? En efecto, no siempre está claro que buscamos a Jesús, al Señor. No siempre aquel a quien queremos encontrar es precisamente aquel que quiere entregarse a nosotros.

María buscaba al hombre Jesús, buscaba al Maestro crucificado, por eso no veía a Jesús el Viviente delante de ella. Si tenemos una idea de Jesús a la medida de nuestra pequeña mente humana, nuestra búsqueda acaba en un callejón sin salida. Jesús es siempre inmensamente más que lo que nosotros conseguimos pensar y desear. ¿Dónde, pues, y cómo buscar al Señor para salir del túnel de nuestros extravíos y de nuestros miedos, para no engañarnos dando vueltas alrededor de nosotros mismos en vez de correr derechos hacia él? Sólo sí antes tenemos una verdadera y justa valoración de nosotros mismos como criaturas pobres podremos descubrir la presencia de aquel que lo sostiene todo. Aquel a quien buscamos debe ser verdaderamente el todo al que anhela adherirse nuestra alma. Buscar a Cristo es signo de que, en cierto modo, ya le hemos encontrado, pero encontrar a Cristo es un estímulo para continuar buscándolo.

Esta actitud no se plantea sólo al comienzo del camino espiritual, sino que lo acompaña hasta la última meta, puesto que la búsqueda del rostro del Señor es su dato esencial. Conocer a aquel por quien somos conocidos: eso es lo indispensable. El itinerario del conocimiento de Cristo coincide con el mismo itinerario de la fe y del amor. El yo debe aprender a callar y a escuchar; el corazón debe aprender el camino del exilio para alejarse de todo cuanto lo mantiene apegado a sus viejos / tristes amores.

*

A. M. Cánopi,
Nel mistero della gratuita,
Milán 1998, p. 21 ss

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Buscando al Dios vivo (2)

Jueves, 13 de diciembre de 2018

921e56e3-2246-49aa-9188-9ac178e45a5eDel blog Amigos de Thomas Merton:

El cristianismo de nuestro tiempo está viviendo un nuevo capítulo de esta búsqueda del Dios vivo; hoy se descubre a Dios en el encuentro con la presencia y la ausencia divina en las experiencias cotidianas de lucha y esperanza, tanto ordinarias como extraordinarias. Han surgido nuevas experiencias de Dios, y estos son algunos ejemplos: el esfuerzo por luchar contra las tinieblas del Holocausto, en la lucha de los pobres y perseguidos por lograr la justicia social, los afanes de las mujeres por lograr igual dignidad humana, el encuentro del cristianismo con el bien y la verdad de otras tradiciones religiosas, o los esfuerzos de los ecologistas por proteger el planeta. Ninguna época carece de presencia divina, pero la nuestra florece de manera particular.

TRES NORMAS BÁSICAS PARA HABLAR DE DIOS: Para superar una visión excesivamente racionalista de Dios que hizo perder el norte a ciertos espirituales de la época de la ilustración (teísmos), compartamos unas líneas directrices que tienen su origen en el cristianismo primitivo y medieval, y que son recuperadas por la teología más actual:

1. La realidad del Dios vivo es un misterio inefable que está más allá del discurso.
2. Ninguna expresión acerca de Dios puede ser tomada de manera literal.
3. Vemos la necesidad de dar a Dios muchos nombres.

Vamos a explicar algo de cada una de ellas:

1. El Santo, infinitamente creador, redentor e inhabitador, está por encima y tan profundamente dentro del mundo como para ser literalmente incomprensible. La mente humana no puede clasificar lo divino con palabra o imagen, por verdadera, hermosa o excelsa que sea. Los cristianos creen que Dios se ha hecho cercano en Jesucristo, pero aun así el Dios vivo sigue siendo un misterio inefable y no puede ser circunscrito (como dijo Pablo: vemos como en un espejo, en enigma). La historia de Agustín (en la playa, diálogo con el niño que intenta meter el mar en un hoyo en la arena) y una expresión de RANHER: somos como una islita rodeada por un gran océano; hacemos incursiones en el agua, pero las profundidades marinas excederán siempre nuestra comprensión.

2. Nuestro lenguaje como un dedo que apunta a la luna, no la luna misma. Las palabras humanas acerca de Dios nunca han de ser tomadas literalmente, proceden por vía indirecta. En la teología católica esto se expresa mediante el concepto de analogía, y en la protestante mediante la metáfora; hoy también se usa mucho el símbolo, que abre nuevos niveles de comprensión de la realidad. Finalmente son los místicos de todas las tradiciones los que superan el pensamiento conceptual, y renuncian al deseo de dominar y definir, encontrando a Dios en lo más profundo de su ser.

3. Si los seres humanos fueran capaces de expresar la plenitud de Dios con un nombre “directo como una flecha”, la proliferación de nombres, imágenes y conceptos observables a lo largo de la historia de las religiones carecería por completo de sentido. Pero ese nombre no existe, sino que en muy disímiles situaciones, lo seres humanos nombran a Dios con una sinfonía de notas. Frente a toda la riqueza de nombres que aparecen en la Escritura para referirse a Dios prosigue sin embargo lo que llama Santo Tomás “la pobreza de nuestro vocabulario”; incluso tomando mil nombres, imágenes y perfecciones y sumándolos, no se trasmitiría una comprensión plenamente adecuada ( Si lo has entendido, no es Dios).

Estas normas para hablar acerca de lo divino están profundamente arraigadas en la verdad del Dios vivo, y aun así en nuestro mundo se derraman torrentes de palabras sin la consciencia previa necesaria. Esta reflexión pretende e invita a liberar nuestra imaginación de modelos culturales rígidos, a la vez que aseguran cierta modestia en el discurso cuando atisbamos nuevas fronteras para encontrar a Dios. Algunas personas se aferran a la antigua visión y no quieren cambiarla, temerosos de perder la esencia, pero la mayoría avanza buscando un sentido último coherente con su experiencia actual de la vida. Únicamente el Dios vivo que pasa por encima de todos los tiempos puede interrelacionarse con las nuevas circunstancias históricas que el futuro continuamente aporta. Una tradición que no cambia no puede ser preservada. Cuando las personas experimentan que Dios sigue teniendo algo que decir, las luces permanecen encendidas.

(Estas notas fueron tomadas a partir de: “La búsqueda del Dios vivo”, de Elizabeth A. Johnson, Sal Terrae 2008).

La imagen de las dos entradas con este título pertenecen a YAZMI PALENZUELA. Gracias.

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Buscando al Dios vivo (1)

Miércoles, 12 de diciembre de 2018

1229875_550858251645773_328160715_nDel blog Amigos de Thomas Merton:

INTRODUCCIÓN: En la Escritura aparece con frecuencia, de principio a fin, la expresión “el Dios vivo”; este modo de referirse a la FUENTE DE VIDA implica dinamismo, generosidad, novedad que asombra y despierta. Vivo significa lo contrario de muerto. Es un manantial que nunca se seca, que fluye siempre. Por tanto hablamos de un concepto de Dios que está lleno de energía y espíritu, vivo con designios de liberación y sanación, que nos aborda siempre desde el futuro para hacer algo nuevo. En Dios siempre hay mucho más de lo que el ser humano comprende y espera, por eso nos asombra.

La expresión “el Dios vivo” (Creador, Salvador y Amante) evoca el inefable misterio divino activo en la historia que pide la colaboración de nuestro esfuerzo al tiempo que cultiva una relación de amor en el centro de nuestro ser (Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo). Estas ideas pretender provocar el deseo de ir más allá de nuestros conceptos personales acerca de Dios, arraigados en nuestras tradiciones, para alcanzar nuevas tierras vivificantes y verdaderas, que renueven nuestra fe, adhiriéndose al Dios vivo manifestado incluso en las tinieblas (Los mapas medievales tenían, cuando representaban el mundo desconocido, tenían esta anotación: aquí hay dragones). El creyente debe atreverse a buscar a Dios en esas regiones ignotas, ir más allá de sus propias ideas para encontrar al Dios vivo que le lleve a comprometerse de modo apasionado y responsable con este mundo, a la vez bueno y terriblemente roto.

A principios del siglo XX, Rudolf Otto publicó un estudio clásico sobre cómo han experimentado los seres humanos esa presencia numinosa que llamamos Dios en el núcleo de la religión. Él le llamó a esa presencia LO SANTO, y exploró los tres elementos imbricados que caracterizan el encuentro humano con ello. Según Otto, nosotros experimentamos lo Santo como un MISTERIO a la vez SOBRECOGEDOR y ATRAYENTE (mysterium tremendum et fascinans).

  1. MISTERIO: hace referencia al carácter oculto de lo Santo, que supera lo imaginable, no solo por nuestras propias limitaciones intelectuales, sino por su misma naturaleza. Pero esto, lejos de ser una experiencia pesimista, este encuentro con lo Santo va unido a la promesa de plenitud: existe más plenitud de la que nosotros podemos percibir.
  2. SOBRECOGEDOR (tremendum), porque queda fuera de nuestro control, nosotros no podemos domesticar el poder de lo Santo. Esto suscita un sentimiento de reverencia rayano en el miedo, un temor sobrecogedor: somos tan pequeños ante esa majestad…
  3. FASCINANTE: expresa el carácter atrayente de este misterio, en la medida en que su dimensión de gracia resulta abrumadora. Se experimenta como amor, misericordia y consuelo; lo Santo nos llena de dicha. Las personas anhelan ansiosamente esta bondad, que da a lo Santo el poder de extasiar, seducir y atraer nuestro corazón.

Ahora bien: los miembros de una religión son iniciados en una determinada tradición viva de encuentro con lo Santo. Innumerables antepasados a lo largo de los siglos han experimentado en su vida ese misterio sobrecogedor y atrayente, y han recogido y guardado su experiencia en textos, ritos, y prácticas concretas que expresan lo que han conocido y sentido como verdadero. Al integrarse en una vida de comunidad, los creyentes descubren el sentido de lo Santo trasmitido por sus ancestros; a la vez, buscando, encontrando y practicando ese sobrecogedor y atrayente misterio en medio de su propio tiempo mantienen el proceso activo para las generaciones venideras.

Las religiones implican la búsqueda y exploración continua de lo último y pleno, y están por ello en constante movimiento. El siglo XX experimento la crítica demoledora de los ateísmos, que todavía persisten, y pudieron hacer creer que la búsqueda del Dios vivo llegaba a su final, sobre todo por el avance del progreso tecnológico. Pero la historia indica que la muerte de Dios se exageró en exceso. Evidentemente la religión no es un producto sin impurezas: con excesiva frecuencia ciertos grupos ceden a la tentación de hacer de su deidad el dios de su tribu, hostil a los extraños, instigando terribles brotes de violencia. El filósofo de la religión Martín Buber escribió mordazmente que la palabra “Dios” está cubierta de sangre y debería ser eliminada de nuestro vocabulario al menos hasta que se recobre de esa mala utilización. Hay que tener constantemente presente esta ambigua herencia como correctivo crítico de todo triunfalismo religioso. Pero al mismo tiempo, la inesperada vitalidad de la religión, para bien o para mal, en nuestro siglo XXI, junto con la emergencia de nuevas formas de espiritualidad al margen de la religión organizada, hacen patente que la conexión con lo sagrado sigue teniendo una importancia vital para un buen número de mujeres y hombres en nuestro tiempo. Podemos decir pues que: la búsqueda del Dios vivo ha sido y continúa siendo una actividad perenne del espíritu humano.

¿POR QUÉ BUSCAR? Dijo San Agustín que “a Dios se le busca para que sea más dulce el hallazgo, y se le encuentra para buscarle con más avidez”. La búsqueda de Dios, aun con lo revelado en las grandes tradiciones religiosas, es ilimitada, básicamente por tres razones:

  1. La naturaleza de lo que se busca es incomprensible, insondable, ilimitada e indescriptible. El Dios vivo no puede ser comparado con nada de este mundo. Hacerlo es reducir la realidad divina a un ídolo. Esta magnitud divina significa que, por mucho que sepamos, la mente humana nunca puede captar la totalidad del Dios vivo en una red de conceptos, imágenes o definiciones, ni abarcar la realidad de Dios ni siquiera en las más sublimes doctrinas. La frase de Agustín lo resume bien: Si lo entiendes, no es Dios (Sermón 117, 5). Si tienes una idea clara de quien es Dios, entonces no se trata de él, sino de alguna realidad inferior. Porque el Dios vivo no es meramente un objeto del mundo más grande y mejor, sino el Inefable.
  2. La búsqueda es continua porque el corazón humano es insaciable. La experiencia universal de inmenso anhelo impulsa la aventura humana en todos los campos, y en el terreno de la religión, como lo han testimoniado los buscadores de Dios de todos los tiempos, el espíritu humano no puede aquietarse con ningún encuentro, sino que fascinado al atisbar algo, sigue ansioso de más. Las personas están peregrinando hasta su último suspiro, a través de la belleza y del gozo, del deber y el compromiso, del silencio y el dolor, hacia un sentido más hondo y una unión más profunda con el Dios inefable.
  3. El tercer factor de la búsqueda perpetua es la historia de las culturas humanas, que está en constante cambio. La experiencia de Dios es siempre mediada, es decir, accesible a través de canales específicos de la historia. Cuando cambian las circunstancias, también la experiencia de lo divino experimenta cambios. Lo que vale y funciona en una época determinada (constructos intelectuales, imágenes o ritos que median la idea de Dios), no tienen sentido en otra época porque cambian las percepciones, los valores y modos de vivir. Para que las tradiciones religiosas permanezcan vivas y vibrantes, hay que reemprender la búsqueda una y otra vez.

EN RESUMEN: La profunda incomprensibilidad de Dios, asociada al profundo anhelo del corazón humano en el contexto de las cambiantes culturas históricas REQUIERE verdaderamente que haya una historia en la búsqueda del Dios vivo que nunca concluya.

(Estas notas fueron tomadas a partir de: “La búsqueda del Dios vivo”, de Elizabeth A. Johnson, Sal Terrae 2008).

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Verdad

Jueves, 6 de septiembre de 2018

Del blog Nova Bella:

verdad

Quien busca la verdad

busca a Dios

*

Edith Stein

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La casa del Amigo

Martes, 1 de agosto de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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“¿Dónde está la casa del Amigo?”
(Título en persa:Dirección نشانی)

Fue al alba cuando el jinete hizo la pregunta.
“¿Dónde queda la casa del Amigo?”

El cielo se detuvo,
el peregrino entregó a las tinieblas de arena
la rama de luz que tenía en los labios,
luego señaló con el dedo un álamo y dijo:

Antes de llegar al árbol hay una callejuela…
más verde que el sueño de Dios
donde el amor es tan azul como el plumaje de la sinceridad.
Vete hasta el final de esta callejuela que aparece pasada la adolescencia,
luego gira hacia la flor de la soledad.
A dos pasos de la flor,
párate al pie de la fuente eterna de los mitos de la tierra.
Allí te envolverá un miedo transparente,
en la intimidad fluida del espacio oirás cierto crujido,
verás a un niño encaramado en un pino alto
para coger un polluelo del nido de la luz
y le preguntarás:

“¿Dónde está la casa del Amigo?”

*

Sohrab Sepehri,
poeta persa (1920-1980),
¿Dónde está la casa del Amigo? Lettres Persanes, 2005

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***

Fuente 1ª Foto : Campesinos en Pendjab (www.terraeco.net). 2ª foto internet

*

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Tres

Miércoles, 3 de mayo de 2017

Del blog Nova Bella:

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Si buscas a Dios y no le encuentras

si te buscas a ti y no te hallas

ayuda a una sola persona

y os encontraréis los tres.

*

Gloria Fuertes

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***

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Un hombre

Lunes, 16 de enero de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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Busco un Hombre
Dijo Diógenes vagando por las calles de Atenas.

No una bestia, aunque sea e consumo,
No una imagen, una ilusión,
No una atadura, una esclavitud ,
No un animal,
Un hombre.

Yo quisiera ser este hombre
Y no lo soy.

Lo busco,
Yo también.

LLamo
Barro el lugar – es siempre esto –
Imagino que va a surgir
Del fondo de mí
El que yo soy
Ya.

Cuando, donde, cómo.
No lo he conseguido ahí.

¿Dónde está?

Busco a un hombre.

*

Z – 19/12/2016

Source photo : ericksonstock

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Buscar…

Martes, 24 de mayo de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

 

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“No creo en absoluto que pudiéramos corregir cualquier cosa que sea en el mundo exterior, que primero no la hayamos corregido en nosotros mismos. La única lección  de esta guerra es que hemos aprendido a buscar en nosotros mismos y no en otro lugar. “

*
Etty Hillesum
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***

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“El que se busca, se pierde”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 3 de julio de 2015

tumblr_msylx0wu8y1s3px5po1_1280De su blog Nihil Obstat:

Hay una palabra de Jesús que bien pudiera ser una de las más importantes claves de toda existencia humana: el que se busca a sí mismo, se pierde; pero el que entrega la vida, ese la gana. Para entender esta paradoja es bueno recordar que el ser humano no tiene su origen en sí mismo; la vida es un regalo, nos hemos encontrado con ella. ¿Quién nos la ha regalado? La naturaleza, dicen algunos; Dios, dicen los creyentes. Sea quién sea el dador, la vida es un don. La condición de posibilidad de vivir y de ser autónomo, la condición de ser, es dejar de pertenecer al dador, bien emergiendo de la naturaleza, bien saliendo de Dios. Si no salgo de Dios, si me quedo en el seno divino, no puedo ser autónomo, no puedo ser independiente. Ahora bien, dejar de estar en Dios, dejar la mente o el seno divino, tiene un precio: ser finito, limitado, precario. Dígase lo mismo si nos referimos a la naturaleza. Dejar de ser “natural” tiene un precio: la naturaleza puede acosarme, convertirse en mi oponente. Más aún, el ser libre e independiente tiene un precio: la posibilidad de utilizar mal la libertad y de renegar de mi finitud.

El hombre, desde que nace, muestra una tendencia a ordenarlo todo alrededor de sí mismo. Cree que todo le pertenece, que todo está a su servicio, empezando por su madre. El hombre comienza por pensar sólo en sí mismo, porque entiende que ahí está la felicidad. El hombre está curvado sobre sí mismo, no ve más que a sí mismo. Todo lo demás está en función de sí mismo. Y ahí es donde comienza a equivocarse. Ahí está también la permanente posibilidad del pecado. Porque cuando sólo nos vemos a nosotros mismos, nos perdemos. Cuando queremos ser únicos, nos desligamos de la fuente de la vida; olvidamos de que la vida viene de otros y se sostiene gracias a otros. Nos encontramos, cuando salimos de nosotros mismos. Solo cuando nos abrimos el otro, cuando amamos y acogemos, nos encontramos. Al abrirnos ensanchamos nuestro yo. Pero este ensanchamiento es una consecuencia de una realidad más profunda: al abrirnos nos unimos, y al unirnos vivimos.

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¿Dónde buscamos lo que somos?

Miércoles, 29 de abril de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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 “Nos calienta el fuego, no el humo. Nos transporta por mar un barco, no la estela que deja el barco. Del mismo modo, lo que somos hay que buscarlo en las profundidades invisibles de nuestro ser, no en el reflejo exterior de nuestro obrar..

El hecho de que nuestro ser exija necesariamente expresarse en actos no debía llevarnos a creer que tan pronto como dejemos de obrar dejaremos de existir. No se vive únicamente para “hacer algo”, sea lo que sea: la actividad no es sino una de las expresiones normales de la vida, y la vida que expresa es de la mayor perfección cuando se sostiene a sí misma con una economía ordenada de la actividad…

Primero tenemos que recobrar la posesión de nuestro ser, si es que queremos obrar sensatamente o gustar alguna experiencia en su realidad humana. Mientras no nos poseamos a nosotros mismos, toda nuestra actividad será fútil. Si dejamos que todo el vino salga del tonel y se derrame hasta la calle, ¿con qué apagaremos nuestra sed? ”

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Thomas Merton

“Los hombres no son islas”

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Recordatorio

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