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Soy cristiano y gay: Cómo reconciliar tu fe cristiana con tu vida gay

Lunes, 1 de abril de 2024

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Comencemos esta semana de Pascua con esta convicción:

Descubrir y aceptar la homosexualidad de una persona es un proceso largo que puede causar estrés, ansiedad, depresión así como otros trastornos transitorios o permanentes. Al sentirnos extraños dentro de una sociedad que promueve únicamente la heterosexualidad y los modelos normativos de familia, requerimos de tempo y de una búsqueda de paz interior para querernos tal y como somos.

Más complicado resulta, todavía, que una persona cristiana trate de vivir su orientación sexual. La Biblia muestra pasajes que han sido interpretados de formas muy denigrantes contra las personas homosexuales. Asimismo, para algunos el antiguo testamento muestra una condenación absoluta hacia el amor entre personas del mismo sexo.

Son estos los argumentos que utilizan los más conservadores para endemoniar la figura de la comunidad LGTB+ sin un motivo real más allá del rechazo que sienten hacia lo desconocido.

Sin embargo, otros párrafos de la Biblia sugieren historias de amor entre homosexuales que nos hacen pensar que el mensaje de amor de Dios se extiende a todas las personas sin importar la orientación o las relaciones consentidas que establezcan con otros. Preguntarnos qué quiere decir la Biblia fuera del contexto en el que fue redactada es hartamente complicado, ya que su escritura se produjo con una sociedad totalmente diferente.

Queremos poner el punto de mira el hecho de que la existencia de una supuesta incompatibilidad entre la orientación homosexual y el cristianismo es una construcción hecha por los seres humanos. Son las malas interpretaciones las que han hecho tanto daño a muchos gais o lesbianas católicos que, desgraciadamente, se han preguntado si estaban obrando mal. Desde aquí queremos enviar un sonoro: no, no sois peores a los ojos de dios por enamoraros.

No vamos a mentir diciendo que pertenecer al colectivo LGTB+ y mantener la fe cristiana puede resultar sencillo cuando, en muchas ocasiones, sentimos rechazo por parte de algunos sectores de la iglesia. No obstante, queremos centrarnos en este artículo en desarrollar el hecho de que la fe es algo personal e íntimo, un asunto sobre el que nadie tiene derecho a opinar y mucho menos a condenar.

Tu fe es tuya y de nadie más

Empecemos por lo más importante de todo este artículo: nadie tiene poder de decisión sobre tus creencias y tu fe. Por mucho que otros intenten pisarla, ese vínculo se produce únicamente entre Dios y tú. Muchas veces, de forma errónea, los seres humanos creen tener el derecho a decidir qué es lo que está bien o mal sobre la vida de otras personas.

Absolutamente nadie debe tener el poder para hacerte dejar de creer, tan siquiera para hacerte dudar. Apóyate en tus creencias y descúbrete a ti mismo, queriéndote y aceptándote tal y como eres. Si tenemos libertad para decidir, también la tenemos para amar y para descubrir que Jesucristo aceptó a todas las personas de su alrededor sin importarles su condición.

El camino que vas a recorrer durante toda tu vida te pertenece a ti. Solamente tú lo recorrerás, acompañado de quienes tú quieras mantener a tu lado, y lo harás con la cabeza alta y la conciencia limpia. Tus acciones en tu vida diaria –ayudar a los demás, entregarte a tu fe, vivir cada momento en armonía con uno mismo, etc.- son las que marcarán el rumbo y tu trayectoria personal, pero no tu orientación sexual.

Gay y cristiano: Los tiempos están cambiando

cruzLa opinión que tenía la iglesia hace 100 años sobre la homosexualidad no es la misma que la que se tiene hoy. El propio Papa Francisco hacía unas declaraciones para la BBC en las que comentaba que «la gente que decide rechazar a las personas por el adjetivo homosexual es gente que no tiene corazón humano». También hizo otro gran comentario en el que valoraba que «dar más importancia al adjetivo (homosexual) que al sustantivo (hombre) no es bueno». 

Los tiempos cambian y las ideas también. Hace unos meses redactamos en esta revista un artículo sobre el estudio «¿Qué es el hombre? Un itinerario de antropología bíblica» redactado por la Pontificia Comisión Bíblica bajo la petición del Papa Francisco. En entrevistas posteriores Monseñor Giacomo Morandi, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, comentaba que algunos miembros de la iglesia comenzaban a sentirse contrariados con el enfoque arcaico y condicionado históricamente de la Biblia.

Algunas partes de la Biblia han quedado plenamente obsoletas con el paso del tiempo, debiendo entenderse únicamente en su contexto pero sin extrapolarse a la época actual. Además, esta escritura debe considerarse como una guía y un apoyo, pero no está preparada para condicionar la vida de personas muchos siglos después de su redacción. Sería como tratar de guiarnos por las leyes de la sociedad romana, volviendo a tener coliseos donde mandar a luchar a condenados a muerte.

Asimismo, en el «Cuidado Pastoral de las personas homosexuales»redactado en 1986 se recogía que los derechos humanos de las personas homosexuales debían, de forma obligatoria, ser defendidos por cualquier persona, especialmente por la iglesia. Existe la necesidad de trabajar para erradicar cualquier acto injusto o violento que se realice contra cualquier persona.

A medida que han transcurrido los siglos, la iglesia ha tenido que adaptarse a la sociedad moderna para responder a problemas que antes nunca se habían puesto sobre la mesa. Nos gustaría quedarnos con la frase que dijo el papa Francisco cuando en 2013 le preguntaron por su opinión acerca de la homosexualidad. El hombre se limitó a responder con un « ¿Quién soy yo para juzgarlo? ». Así que si el sumo pontífice reconoce no tener autoridad para jugar a homosexuales, es que nadie tiene derecho a opinar sobre nuestra orientación ni nuestro estilo de vida.

Un gay cristiano debe saber que la salvación no depende de la orientación sexual

Probablemente a lo largo de nuestra vida pecaremos porque somos seres humanos, imperfectos y destinados a equivocarnos. El sacrificio de Cristo sirvió para salvar a las personas de sus pecados y para lograr que estas ascendieran cuando sus vidas acabasen. Arrepentirnos de las cosas que hemos hecho mal durante nuestra existencia es algo noble y que nos hace mejores personas. 

Es correcto pedir disculpas cuando hacemos a otras personas daño de una forma directa o indirecta, pero no cuando el motivo de su dolor es nuestra forma de amar. En ese caso, más bien, deberíamos invitarlos a acudir a un profesional para tratar su homofobia. Lo importante respecto a la vida cristiana y a la fe es obrar correctamente, aceptándose a uno mismo y realizando pequeñas acciones que nos hagan felices a nosotros y a quienes nos rodean.

Dios es amor y aceptación, por lo que amar no puede ser un pecado

IMG_3549Las personas con fe viven sabiendo que Dios ama de forma incondicional, aceptando a las personas tal y como son. Quienes mantienen la fe saben que Dios no se dedica a rechazar a las personas de buen corazón, y amar a una persona del mismo sexo no oscurece el alma ni te hace peor persona.

San Pablo consideraba que el amor era un don espiritual, una capacidad única y extraordinaria. Siempre pensó que el afecto era la forma inequívoca de saber que Dios está presente en las vidas de los seres humanos. Utilizó estas palabras que nos resultan gratamente inspiradoras y que nos aportan alegría y esperanza a aquellos que creemos:

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús nuestro Señor. (Rom 8:38-39)

Nosotros no somos Dios ni estamos cerca de comprender todo el amor que tiene guardado para cada uno de nosotros, pero sí debes estar seguro de que él no te quiere menos porque seas homosexual. No has cometido ningún crimen, no has hecho daño a nadie, no has vulnerado los derechos de otras personas. Amar implica libertad y Dios la ofreció desde el primer minuto de nuestra existencia.

Te recomendamos

Creo que lo más importante es que cada individuo se mantenga firme respecto a sus creencias. No prestes atención cuando otras personas se paren a decirte que no es correcto ser homosexual y cristiano. Recuerda que la fe es algo propio, privado y que acompaña durante toda la vida.

Intenta encontrar un lugar donde puedas compartir tu fe con otras personas. No todos los curas son iguales, ni todas las iglesias tienen la misma opinión sobre la homosexualidad. Ya hemos hablado del estudio realizado por la Pontificia Comisión Bíblica en el que se hace referencia a la unión de homosexuales como «una expresión legítima y digna del ser humano». Si los más conservadores intentan tumbar tu fe, piensa en todos los expertos que han debatido y han llegado a esta conclusión en conjunto.

También te recomendamos que investigues un poco y leas diferentes artículos que hablen sobre homosexualidad y religión, como por ejemplo «The gay faith: Chris, Scripture and sexuality» (La fe gay: Cristo, escritura y sexualidad). Leer te despejará muchas dudas y te ayudará a ver que existen diferentes profesionales que han analizado la Biblia desde otros puntos de vista menos arcaicos en los que se aprecia que no importa la orientación, sino la fe y devoción.

Además de esto, trata de pensar que incluso entre los propios cristianos existe multitud de disparidad de opiniones sobre temas variados como pueden ser el aborto o la pena de muerte. Difícilmente todo un sector tendrá el mismo pensamiento sobre un tema determinado, por lo que considera que tu camino es tan correcto como el de los demás. Nadie puede quitarte tu fe y quien lo intente probablemente no sea una persona realmente devota.

Por último, te invitaría a participar con tu iglesia y a debatir con los más allegados si formas parte de una comunidad. No podemos saber qué piensan otras personas sin haber dialogado con ellas antes: puede que muchos te sorprendan y respalden tu orientación. En caso contrario, busca un lugar donde estés más cómodo y donde realmente te sientas aceptado: vive tu fe sin que nadie te diga que estás pecando por amar de forma incondicional.

Otros aspectos a tener en cuenta

IMG_3550Considera que cualquier cambio requiere de tiempo y paciencia. Para algunas personas –sobre todo las de ideas conservadoras o de edad avanzada- el aceptar que una persona tiene orientación o un pensamiento diferente puede suponer un auténtico shock. No pretendas que los demás acepten y asimilen todo en cuestión de horas o días. 

Por otro lado, si has comentado en tu comunidad tu orientación y empiezas a sentirte desamparado o rechazado por tus compañeros, es mejor alejarse y encontrar otro lugar donde puedas recibir apoyo y refugio espiritual. El mundo es demasiado grande como para centrarte en quedarte anclado a un único sitio por costumbre o ante la idea de pensar que nadie más será capaz de aceptarte.

Me gustaría ayudarte a reflexionar sobre el hecho de que otros consideren pecado el enamorarse de alguien de su mismo sexo. Para estos creyentes lo mejor que puedes hacer es hablarles sobre el hecho de que los pecados en sí, en teoría, te alejarían de Jesús y de tu fe. Pero lo haría cualquier pecado incluido en los diez mandamientos o en cualquier fragmento recóndito de la Biblia. No debe existir una jerarquía de pecados donde unos sean peores que otros.

Aunque a veces puedas sentirte desanimado o rechazado por algunas personas, comprende que no todos están preparados para asimilar. Recuerda que «En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor. (1 Jn 4:18) ». Aférrate al amor que sientes por Dios, por tu familia, por tu pareja y por tus amigos para seguir siempre hacia delante sin perder tu fe.

Para concluir, creo que amar a otra persona adulta nunca debe ser visto como un pecado o algo incorrecto. Incluso si alguien tuviera ese pensamiento erróneo, al final Dios debe entenderse como amor y libertad, como un padre capaz de perdonarlo todo y aceptar a cada persona tal y como es. Si nosotros mismos somos resistentes como para mantener nuestra fe y nuestras emociones, no necesitaremos que nadie respalde nuestras creencias.

Fuente Stonewall

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