Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Credo’

Propuesta de un Credo cristiano

Jueves, 14 de febrero de 2019

credo-logo-ogJuan Alemany
Mallorca.

ECLESALIA, 01/02/19.- Creemos en Dios, Misterio profundo que nos constituye sin separación alguna.

Vivimos confiados en Él, sabiendo que habita en cada uno de nosotros.

Reconocemos a Jesús, como el hombre que captó su filiación divina y la nuestra.

Que desveló el rostro amoroso de Dios.

Que proclamó su mensaje de Amor, practicando el bien y la compasión.

Nos adherimos a la Comunidad cristiana, la Iglesia, para compartir, celebrar y practicar las enseñanzas de Jesús.

Damos gracias por nuestra existencia, que nos permite conocer, vivir y experimentar la Presencia que todo lo abraza.

Humildemente esperamos el perdón de los pecados y entendemos la resurrección, como el retorno al Misterio infinito que nos constituye, origen nuestro y de todo cuanto existe.

Amén.

Justificación
1963
(Continuación de “Creencia en Dios”, ECLESALIA.- 25/01/2019)

Al crear en un acto de amor, Dios sólo puede darse a sí mismo, puesto que fuera de Dios no hay nada y todo está comprendido en Él. Por eso al esbozar el credo, decimos que estamos constituidos por Él sin separación alguna y que sabemos que habita en cada uno de nosotros de forma tal, que respetando nuestra libertad, quiere compartir nuestra experiencia vital. Se puede decir que somos consustanciales con Él.

La Buena Noticia se produce con la aparición de Jesús de Nazaret, el hombre que toma conciencia de que Aquello que le constituye en el fondo de su ser, en ese rincón secreto en el que no entra más que uno mismo y Dios, es Dios.

A partir de ese momento, la revelación es definitiva y la clave la da Jesús: el hombre es lugar donde Dios dice quien es. El hombre es la imagen del Dios viviente y la gloria de Dios. No hay kénosis ni abajamiento, Dios se gloría con la humanidad.

Ahora ya sabemos dónde está Dios: en el hombre, en el hermano, en el que sufre, en el enfermo, en el marginado y también en el que es feliz y trabaja, alegrándose de sus triunfos y sufriendo con sus fracasos. Igual está en el pecador, al que ve como al hijo que va por mal camino y al que no deja de amar. Así podemos decir que Dios habita en cada uno de los seres humanos, porque respetando siempre su libertad, desea compartir su infancia, juventud, madurez, su profesión, su matrimonio, etc., acompañándoles siempre con su amor.

Al reconocer a Jesús como revelación completa de Dios, decimos que captó su filiación divina, en una experiencia íntima, profunda y espiritual, fruto de su interiorización que le llevó a ese rincón oculto, secreto , bodega o cogollo que todos tenemos y en el que no entra, como ya se ha dicho, más que un mismo y Dios.

Ahí fue donde esa percepción tan intensa y fuerte le condujo a pronunciar la palabra Abba, Padre. Pero esta palabra Padre no es preciso entenderla como la entendemos en el sentido biológico. Cuando atribuimos a Cervantes la paternidad del Quijote o decimos que Descartes es el padre de la Filosofía moderna, expresamos una relación de dependencia, pero no en el sentido estricto de paternidad biológica, sino como expresión analógica, cosa que referida a Dios es aún más difícil, ya que no es comparable con nada.

Esa revelación era algo que Dios hacía desde el primer momento de la Creación, a todos los hombres, mujeres y pueblos y que no acababan de captar. Pero como en todos los descubrimientos, siempre hay uno que es el primero que capta algo que estaba al alcance de todos, pero que nadie era capaz de ver, Es el ejemplo de Newton y la ley de la gravedad, Galileo y la rotación de la Tierra, Einstein y la teoría de la relatividad, etc.

Captada su filiación divina y sabiéndose habitado por Dios, Jesús no se reservó el descubrimiento y lo comunicó a los demás diciéndoles:” cuando oréis al Padre decid: Padre nuestro” no dijo a mí Padre sino nuestro Padre, primera persona del plural, lo que significa nuestra filiación divina, igual que la de Jesús. Hemos sido creados por Dios, ex-amore, desde el amor y engendrados por nuestros padres como Jesús, por lo que podemos decir que somos suspiros de amor de Dios.

Seguimos diciendo que descubrió el rostro amoroso de Dios y lo hizo mediante la parábola de Hijo Pródigo, en la que el Padre no espera la llegada de hijo, sino que sale al encuentro y perdona, dando por no hecho el mal producido.

El resto de sus aportaciones las hace también por medio de sus parábolas y predicación. Pautas de comportamiento. El buen samaritano que ayuda al atracado frente a la indiferencia del sacerdote y del levita, expresa el deseo de Dios de ayudar al necesitado al quería atender desde el primer momento, pero no podía hacerlo porque necesitaba las manos de alguien. Y es que Dios actúa el mundo, pero no actúa en el mundo (Karl Rhaner), porque nos ha hecho co-creadores y con la libertad somos responsables de nuestros actos.

El Sermón de la Montaña, la preocupación por los enfermos, hambrientos o sedientos, la parábola del perdón, de los trabajadores de la viña, etc., son ejemplos de una actitud humana querida por Dios y una invitación a seguirla.

Entendemos la adhesión a la Comunidad cristiana o Iglesia, como la forma fraternal de compartir y practicar las enseñanzas de Jesús y difundir su mensaje colaborando responsablemente y entendiéndola como un camino y no como sujeto y fin en sí misma.

Vivimos con agradecimiento nuestra existencia terrenal, experimentándola como un don que nos permite percibir el Amor infinito que nos constituye y al que estamos destinados a volver.

Conscientes de nuestra limitación y finitud, como todo lo creado, pero también de nuestra libertad, capacidad de decisión y responsabilidad, pedimos perdón por nuestros errores culpables durante la vida y tenemos la esperanza de la resurrección como retorno a nuestro origen, igual que las olas lo hacen a la profundidad del océano del que proceden.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , ,

Creo en las estrellas de Navidad.

Martes, 25 de diciembre de 2018

Meditar-en-el-universo-yoga-indaloCreo en la paz del corazón y en el esfuerzo por llevar esa paz al mundo en que vivimos.

Creo que Belén es la Casa del Pan, un pan partido, repartido, compartido, para que no haya más hambre en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro mundo.

Creo en los pastores que escuchan la buena noticia y dónde se encuentra el «Dios con nosotros», que salen a su encuentro y, por lo tanto, comparten lo que son y tienen con los marginados y excluidos de nuestra sociedad.

Creo en las estrellas que ya murieron, pero que nos han dado vida y conducido a donde nos encontramos hoy, a lo que somos, a lo que anhelamos ser.

Creo en las estrellas que continúan naciendo y nos siguen abriendo nuevos caminos, inéditas sendas a recorrer, ilusiones que prender en nuestro ojal, destellos llenos de fulgor para nuestros ojos apagados.

Creo en la buena noticia de Jesús de Nazaret, la más profunda humanización del misterio del amor de Dios, en la alegría y la esperanza que nos infunde y, a través de nosotros, en los demás.

Creo en ese otro mundo posible que nos animó a construir, por la dignidad y la felicidad de los seres humanos, para eliminar la injusticia, el odio, el llanto, la desilusión.

Creo que la Navidad acontece cada día del año, cuando trabajamos por la paz y la justicia, por el amor encarnado, por una nueva humanidad más fraterna, libre, en paz. Junto a la naturaleza y el universo que nos rodean, nuestro verdadero hogar, en el que nacimos y al que volveremos, para ser de nuevo polvo de estrellas luminosas, ardientes.

Miguel Ángel Mesa Bouzas

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , ,

El príncipe de Liechtenstein se pronuncia contra la homoparentalidad y sugiere desoír una posible sentencia europea en ese sentido

Miércoles, 13 de enero de 2016

hans AdamEl pequeño principado de Liechtenstein vuelve a destacar como uno de los países más conservadores de Europa, más por sus gobernantes que por sus pobladores. Su jefe de estado, el príncipe Hans-Adam, se ha declarado contrario a la homoparentalidad, llegando a señalar que el país podría ignorar una eventual sentencia europea que obligara al reconocimiento de las familias con progenitores del mismo sexo.

Recientemente, por mandato de su Tribunal Constitucional, Austria ha aprobado la equiparación de parejas del mismo y distinto sexo en lo referido a la adopción. Esto no ha pasado desapercibido en su pequeño vecino, el principado de Liechtenstein, situado en un valle de los Alpes entre Austria y Suiza. En una entrevista radiofónica con Martin Frommelt, el príncipe Hans-Adam, de 70 años, fue preguntado si tras la reforma austriaca Liechtenstein podía seguir manteniendo la prohibición de adoptar que pesa sobre las parejas del mismo sexo. Respondió afirmativamente: “Creo que debemos mantenerla. Nosotros comprobamos con toda precisión si una adopción es en interés del niño; y si yo me imagino que dos hombres homosexuales adoptan un muchacho —quizás incluso de países en vías de desarrollo—, entonces hay que decir efectivamente que si lo permitimos sería una irresponsabilidad”. El niño tiene derecho, afirma, a crecer en una “familia normal”. Eso sí, ve menos problema cuando es criado por una pareja de mujeres y una de ellas es la madre biológica, aunque ahí también que “hay que poner ciertos límites”.

Más grave, si cabe, fueron sus declaraciones acerca de lo que debería hacer su país si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos les obligase a reconocer la homoparentalidad. Señala, sencillamente, que podrían ignorar la sentencia: “Creo que siempre podemos ignorar ese Tribunal. Si no cumplimos una sentencia judicial, ¿qué harían?”, y es que el Tribunal “no tiene tropas que pudieran invadirnos”.

Como era de esperar, estas declaraciones han traído polémica. Lucas Oehry, líder del colectivo LGTB Flay del principado alpino, afirmó no estar sorprendido con las declaraciones del príncipe pero sí “algo impactado y descolocado“. Por su parte, la diputada Helen Konzett-Bargetze ha afirmado en radio Liechtenstein que “no debe quedar sin respuesta lo que ha dicho el príncipe“.

Liechtenstein: un lento camino hacia la igualdad

liechtensteinEstas declaraciones deben entenderse en el contexto de un país donde el príncipe goza de poderes efectivos y no meramente representativos (actualmente los poderes los ejerce su hijo desde que los delegó en 2004). Además, las decisiones parlamentarias suelen basarse en el acuerdo entre los dos grandes partidos, ambos de carácter conservador. Esto sin duda influyó en que hasta 1989 las relaciones homosexuales estuvieran prohibidas, y que sólo en 2001 fueran equiparadas las edades de consentimiento para relaciones homo y heterosexuales.

No obstante, los cambios sociales han ido llegando también este país. En 2011, hubo un apoyo masivo en referéndum a las uniones civiles entre parejas del mismo sexo. Dicha ley había sido aprobada en marzo de ese año por unanimidad de las fuerzas políticas representadas en el Landtag (Parlamento) del Principado de Liechtenstein, y concedía a las parejas del mismo sexo derechos similares a los de los matrimonios heterosexuales en terrenos como la herencia, seguridad social y pensiones de jubilación, normativa de inmigración y naturalización, así como en el terreno fiscal. Quedaban fuera de la regulación tanto la adopción como el acceso a los procedimientos de reproducción asistida.

Esta ley fue desafiada en referéndum por Vox Populi, una organización constituida al efecto. La convocatoria fue recibida con alegría por Credo, organización católica que había encarnado la oposición a la ley pero que se había mostrado reacia a la idea de promover por sí misma un referéndum. Recordemos que apenas cuatro años atrás, en 2007, el arzobispo de Vaduz, Wolfgang Haas, había declarado que “la homosexualidad es un pecado grave” y que “el reconocimiento de un pecado es un escándalo”. Sin embargo, el referéndum fracasó, y el principado de Liechtenstein adoptó así una regulación equivalente a la de sus dos países vecinos, Suiza y Austria (el Parlamento de Austria había aprobado su ley de uniones en diciembre de 2009, mientras que Suiza lo había hecho, también en referéndum, en junio de 2005).

Precisamente, esta equiparación se ha roto ahora en el caso de Austria, con la reforma mencionada antes, y parcialmente en Suiza, que abrió en 2012 la adopción a los hijos de la pareja. Esto ayuda a entender las declaraciones del príncipe: sus dos referencias más importantes dan pasos adelante, lo que inmediatamente deja al pequeño país en una situación, como mínimo, de desequilibrio.

Fuente Dosmanzanas

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , , ,

Creo

Jueves, 8 de octubre de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

 

tumblr_n2krh6Jzwy1rb1477o1_500

Creo

Creo en Dios. Por él el universo y nuestra existencia.
son creados siempre de nuevo.
En la construcción del mundo, su Espíritu nos anima y nos lleva.
Él da cada día a nuestra vida un sentido positivo,
una dignidad fundamental, una vocación creadora.
Dios es el futuro de la humanidad.
Su presencia eterna sobrepasa los espacios y los tiempos.
Creo que Jesús, profeta, nos hace entender Su palabra.
Es al que escuchamos y al que miramos
para saber quién es Dios y quién es el hombre:
un Dios de amor, según la Biblia; un Dios para el cual el ser humano
y la tierra entera son una esperanza invencible.
En Jesús, el hombre y Dios están reunidos para siempre e inseparables.
Él es un ejemplo para nosotros y para el mundo.
Reconocemos una sola Iglesia, universal
y que sólo Dios conoce.
Existe más allá de las instituciones cristianas
y las fronteras religiosas.
Creo en el amor más fuerte que la muerte.

*

Laurent Gagnebin

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , ,

Nicea 325. Y en un solo Señor Jesucristo

Miércoles, 29 de julio de 2015

300px-Council_of_Nicea_-_Nuremberg_chronicles_f_130v_3Del blog de Xabier Pikaza:

Hoy (25.7.2015) se cumplen los 1690 años de la clausura del Concilio I de Nicea, de cuya doctrina he tratado de manera más extensa hace cuatro días (21.7.15). Vuelvo al tema porque resulta esencial en un tiempo en que la Iglesia vuelve a plantear la posibilidad y la forma de un nuevo Concilio fundamente, para recrear su identidad. Retomo para ello elementos de mi libro sobre la Trinidad.

Durante casi trescientos años, la iglesia había vivido en condiciones de marginación o clandestinidad, de manera que sus obispos no pudieron (ni necesitaron) celebrar concilios universales, pues la “reunión” del año 49 en Jerusalén (cf. Gal 2; Hch 15) había tenido otro sentido, lo mismo que los muchos sínodos parciales que se fueron celebrando en muchas zonas (como en Cartago: años 220, 251, 252 etc.).

Sólo tras la paz de Constantino (313 dC), y con ocasión de las disensiones sobre el carácter humano y divino de Jesús (arrianismo), fueron necesarios y posibles los concilios, que se celebraron con el apoyo de la autoridad imperial. El primero de ellos fue el de Nicea (bajo el emperador Constantino), el segundo el de Constantinopla (Bajo Teodosio).

imagesCon esta ocasión quiero evocar aquí los siete primeros concilios de la iglesia universal, para fijarme después (tras una breve semblanza de Arrio) en el que hoy recordamos de un modo especial (Nicea 325) y evocar después el otro gran concilio, complementario al de Nicea, que fue (Constantinopla I, 381), para retomar de esa manera los principios de la historia y actualidad de la Iglesia.

Los siete primeros concilios, una iglesia conciliar

Tuvieron carácter imperial, pues fueron convocados por el “basileus” romano de oriente (Bizancio), aunque hayan sido ratificados y aceptados por el conjunto de las iglesias (a excepción de las monofisitas y nestorianas, no calcedonenses). Ellos siguen siendo base y fuente de unidad de las grandes iglesias (católica, ortodoxa, protestante):

1. Nicea: 325. Divinidad de Jesús. Convocado por Constantino, condenó la “herejía” de Arrio, definiendo la divinidad de Jesucristo. Sentó las bases del credo posterior de la Iglesia (símbolo niceno-constantinopolitano), y en su parte cristológica confiesa: «Creemos en un solo Dios Padre omnipotente… y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre» (Den-H. 125).

2. Constantinopla I: 381. Divinidad del Espíritu Santo. Bajo presidencia de Teodosio, definió la divinidad del Espíritu Santo y puede considerarse una continuación de Nicea, cuyo credo acepta, añadiendo las palabras básicas: «Y en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede el Padre…y que con el Padre y el Hijo es adorado…» (Denz-H. 150). Este credo ha fijado la confesión cristiana en categorías ontológicas (griegas), con los valores (y posibles riesgos) que ello implica.

3. Éfeso: 431. María, Madre de Dios. Convocado por el emperador Teodosio II, contra Nestorio, que parecía distinguir y dividir en Jesús lo humano y lo divino. Puso de relieve la unidad personal de Jesús, y presentó a María su Madre como theotokos, “Madre de Dios” (Denz-H. 25-273). Fue más discutido que los anteriores y su propuesta y chocó y sigue chocando con resistencias, pues no se formuló a través del diálogo entre las diversas partes, sino por imposición de una de ellas (el partido de Alejandría).

4. Calcedonia: 451. Humanidad y divinidad de Jesús. Convocado por el emperador Marciano, fue el último de los grandes concilios “dogmáticos” y fijó definitivamente (y de un modo especial para las iglesias ortodoxas de Roma y Bizancio) el dogma cristológico, distinguiendo las dos naturalezas de Jesús (Dios y hombre verdadero), poniendo de relieve su unidad personal. Su formulación puede parecer demasiado racional (lógica), de forma que debe completarse a partir de la experiencia de los evangelios. No lo aceptaron nestorianos y monofisitas.

5. Constantinopla II: 553. Humanidad de Jesús. Fue el concilio de Justiniano, y se desarrolló de un modo programático, para dictar la condena de “todas las herejías”. Reafirmó la doctrina de los concilios anteriores, fijando la teología trinitaria (distinguiendo y vinculando las “personas” de Dios) y la doctrina cristológica (divinidad y humanidad de Jesús). Condenó de nuevo el monofisismo o doctrina de los que suponen que la naturaleza humana de Jesús ha quedado absorbida en la divina y se opuso, de forma quizá apresurada, al pensamiento de Orígenes, al que acusa de helenismo.

6. Constantinopla III: 680-681. Contra monoteletas y monoenergetas (sólo hay una voluntad de Jesús, sólo una acción, que es la divina), defiende la voluntad y acción humana de Jesús. Convocado y presidido por Constantino IV, insiste en la integridad de Jesús, contra aquellos que le toman como teofanía superior, sin verdadera interioridad, sin autonomía y creatividad humana. De esa forma lleva a sus últimas consecuencias el dogma de Calcedonia condenando de manera radical el riesgo de un monofisismo, esto es, la visión de un Jesús Dios sin verdadera humanidad. Quizá debe añadirse que, a pesar de su “ortodoxia” teórica, parte de la Iglesia posterior ha sido y sigue siendo contraria a este concilio, pues no acaba de asumir y entender las implicaciones de la humanidad histórica de Jesús.

7. Nicea II: 787.Contra los iconoclastas. Convocado por la emperatriz Irene, rechazó la doctrina de aquellos que condenaban el culto a las imágenes de Jesús, de la Virgen y de los santos. En el fondo de esa actitud latía el riesgo de negar la humanidad de Jesús, para centrarse sólo en la absoluta trascendencia de Dios, sin encarnación (en una línea más concorde con el judaísmo y el Islam). Es el último de los concilios ecuménicos, admitidos por todas las iglesias, y ha sido esencial para la piedad de los cristianos orientales y occidentales (aunque algunos grupos protestantes han vuelto a rechazar el culto a las imágenes).

Éstos son los siete concilios de la iglesia universal, pues los posteriores serán propios de la Iglesia Occidental y estarán determinados básicamente por la autoridad del Papa. En estos siete primeros concilios, convocados y, en algún sentido, presididos por el emperador, las Iglesias se organizaron en línea de comunión de comunidades, dando la última palabra a los obispos, de manera que ellos pudieron definir por consenso la propia identidad cristiana en temas de fe y de convivencia creyente.

Esta constitución conciliar de la Iglesia se sigue manteniendo básicamente, al menos de forma ideal, hasta la actualidad (2015), aunque en línea católica el Papa se ha puesto de hecho por encima del Concilio. En esta línea convergen dos elementos fundamentales de la identidad y de la historia cristiana:

‒ Comunión eclesial, una experiencia compartida. Los concilios desarrollan el carácter colegiado de la autoridad (identidad) cristiana, tal como había aparecido en la reunión apostólica de Jerusalén (Hch 15; Gal 2). Según eso, las comunidades cristianas, representadas ya por sus obispos (o por otros delegados suyos), deciden por consenso los temas básicos de la iglesia, pues la fe en Dios resulta inseparable de la comunión humana.

‒ Episcopalidad. Por su parte, los concilios confirmaron de hecho la autoridad de los obispos,
que aparecen como representantes de sus comunidades, de manera que ellos tienden a presentarse como los únicos que se reúnen y deciden los temas eclesiales, por consejo y sentencia común, partiendo de la experiencia original de las Escrituras (aunque bajo supervisión del emperador).

2. Arrio (256-336), la gran disputa sobre Dios y Cristo. Ocasión del primer concilio

En los siglos anteriores, los problemas básicos se habían resuelto por consenso indirecto, esto es, por convergencia práctica entre las iglesias principales (Antioquía, Alejandría, Éfeso, Roma…), de manera que antes (y después) de la paz (edicto de Milán, 313) las comunidades compartían una fe y se reconocían entre sí, superando los posibles riesgos de ruptura. Pero, de hecho, tras la paz, las cosas se volvieron diferentes, no sólo por los nuevos riesgos que surgieron, sino también, y sobre todo, por la situación de las iglesias, que aparecían dotadas de poder público.

El conflicto comenzó con Arrio (256-336), presbítero y teólogo de Alejandría, de origen probablemente libio, a quien se recuerda como promotor de un cisma (herejía) que dividió la iglesia en el siglo IV y V. La discusión comenzó en torno al 319 cuando Arrio acusó a su obispo Alejandro de seguir la doctrina de un tal Sabelio (que tendía a identificar al Hijo con el Padre). Condenado por su obispo Alejandro, Arrio buscó la protección y ayuda de otros obispos, iniciando una larga disputa que se extendió a casi todas las Iglesias de oriente.

Hasta aquel momento, los cristianos afirmaban sin gran dificultad que Jesús era Hijo de Dios, vinculado al Padre, pero sin precisar mejor sus relaciones. Pues bien, retomando y formulando de modo riguroso una visión latente en tiempos anteriores, y elaborando, de manera lógica, unos principios platónicos, Arrio forjó tres afirmaciones que marcaron desde entonces (por contraste) la forma en que la Iglesia entendió a Jesús:

‒ Arrio decía que Jesús es una creatura excelsa, Hijo de Dios, sido creado por el Padre, partiendo de la nada, de manera que no forma parte de su divinidad, es decir, de su ousia o sustancia, sino que posee una realidad inferior aunque muy excelsa (perteneciendo según eso al mundo y no a Dios), de manera que puede presentarse de hecho como intermediario entre el mundo y Dios. Esta tesis responde al “genio” del platonismo, que entiende la realidad como un proceso descendente, desde lo más alto a lo más bajo.

‒ Ha surgido en el tiempo. Arrio afirmaba, según eso, que hubo un tiempo o, quizá mejor, una “eternidad” en la que el Hijo no existía, pues él no forma parte de la eternidad de Dios, esto es, de su identidad divina, sino del transcurso de la historia de los hombres. Cristo, Hijo de Dios, forma parte del despliegue temporal de la realidad. Este carácter temporal de Cristo parece ir en contra de la nueva visión del Dios cristiano.

‒ Inferior a Dios, segunda divinidad. En un sentido extenso, los seguidores de Arrio podían afirmar Jesús era divino, como ser excelente o elevado, primera de todas las creatura, pero añadiendo que su divinidad era diferente a la del Padre, de manera no convenía llamarle Dios verdadero. El problema de fondo es el sentido que la palabra “divinidad” tiene al aplicarse a Dios y a Cristo. Un tipo de divinidad ontológica, platónica, podía resultar inconciliable con el cristianismo.

Los libros en los que Arrio formuló su pensamiento (en especial uno llamado Talia) fueron destruidos, de manera que resulta difícil precisar lo que él decía. A pesar de ello, por las acusaciones de sus críticos, conocemos básicamente su doctrina, que aparece como una elaboración judeo-helenista coherente del cristianismo, a partir de dos presupuestos: uno racional (de especulación filosófica) y de otro religioso (de carácter piadoso):

‒ Presupuesto racional: jerarquía de los seres. Arrio concibe la realidad de forma escalonada, como despliegue jerárquico de una divinidad que desciende desde lo más perfecto (Dios trascendente) a lo imperfecto (mundo inferior). Pues bien, en el intermedio entre Dios y el mundo (sobre nuestra humanidad, pero bajo de Dios) se encuentra el Logos. Los hombres formamos parte del mundo inferior, lejos de Dios, y necesitamos que alguien superior a nosotros pero inferior a Dios, nos revele su misterio (ese será el Logos/Cristo). Lógicamente, ese Cristo intermedio es más que humano, pero menos que divino.

‒ Presupuesto religioso: subordinación piadosa. Este presupuesto resultaba (y resulta) muy atractivo para muchos fieles que identificaban la religión con el sometimiento. Los arrianos confesaban que Jesús había sido siempre un individuo humilde, y obediente a Dios, de gran piedad y obediencia religiosa. La nota esencial de su vida era la sumisión, un ejemplo para sus seguidores. A su juicio, era osadía llamarle divino, es soberbia hacerle igual a Dios. La grandeza de Jesús estaría en su sometimiento. Por eso debemos concebirle y venerarle como inferior a Dios, siervo suyo, un inter-mediario que sufre, por un lado, con nosotros y que, por otro, nos vincula a lo divino.

El arrianismo constituye una forma lógica y piadosa de entender el evangelio: Dios seguiría alejado (más alto), de manera que nada ni nadie le puede alcanzar, sino Jesús que ocupa el lugar intermedio de la escala teo/cósmica (entre Dios y el mundo), tocando por un lado a Dios y por otro a los hombres, siendo de esa forma ejemplo de plena dependencia (de obediencia suma), en una línea que podría aceptar el judaísmo (y que ha desarrollado más tarde el Islam).

Pues bien, en contra de eso, la iglesia de Nicea señaló que la actitud más propia de los cristianos no es la sumisión/sometimiento, sino el amor mutuo entre iguales, la identidad de naturaleza entre al Padre y el Hijo.

3. Nicea (325), primer concilio: Jesús, de la ousía o esencia de Dios Padre

Los arrianos parecían más religiosos, pues afirmaban que la respuesta lógica del hombre (y de Cristo) ante Dios era el sometimiento, conforme a una visión posterior muy extendida entre los católicos, para quienes la religión aparece como expresión de “absoluta dependencia”, es decir, de una jerarquía sagrado, que concibe la realidad como pirámide de seres que descienden desde al Alto Dios por Cristo hasta los seres inferiores.

En contra de eso, los Padres de Nicea defendieron la igualdad total (no el sometimiento) entre el Hijo Jesús y Dios Padre. La razón y la piedad (y un tipo de oportunismo político) se ajustaban mejor al arrianismo, que ponía de relieve la sumisión más que la igualdad (al decir que Jesús era inferior al Padre, no de su misma naturaleza).

Pues bien, los 318 obispos reunidos en el palacio imperial de Nicea, bajo presidencia del emperador, rechazaron la postura arriana, y afirmaron que Jesús no es dependiente de Dios, sino divino, con-substancial (=homo-ousios) al Padre. Eso significa que Jesús y Dios están vinculados como iguales, en comunión, sin superioridad de uno, ni sumisión de otro. Nicea supera así una interpretación jerárquica del cristianismo:

‒ Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles.
‒ Y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
‒ Y en el Espíritu Santo.
‒ Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que no fue y que antes de ser engendrado no fue, y que fue hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica (Denz-H. 125-126, p. 91-93).

Esta fórmula contiene tres implicaciones o consecuencias, que paradójicamente se vinculan. (1) Define a Dios (implícitamente) como diálogo de Vida entre el Padre y Jesús. (2) Define al hombre (implícitamente) como aquel en quien el mismo Dios (no un delegado suyo) puede revelarse y se revela de hecho, de manera que Jesús es Dios (Hijo de Dios), no un ser intermedio entre Dios y los hombres. (3) Vincula a los hombres con Dios en Cristo. Así responde a los presupuestos teológicos de Arrio:

‒ Perspectiva religiosa. La religión no es sometimiento de inferior a mayor, sino comunión de iguales. En esa línea, la consubstancialidad entre el Padre y el Hijo constituye el principio y salvaguardia de todo pensamiento y comunión cristiana. Frente a la falsa virtud pagana (arriana) del sometimiento, Nicea ha destacado la comunión personal: no somos súbditos unos de otros (ni siquiera de Dios), sino hermanos y amigos, compartiendo la misma “esencia”.

‒ Perspectiva filosófica. Nicea ha rechazado una visión jerárquica de Dios, una ontología descendente y gradual, que divide y separa en el Todo sagrado lo más alto (Dios arriba) y lo más bajo (humanidad mundana). Sabe que hay distinción (Dios es divino, el hombre es criatura), pero esa distinción no conduce a la jerarquía (uno sobre otro, uno mandando y el otro obedeciendo), sino a la vinculación personal en un diálogo maduro, de tipo personal.

‒ Perspectiva social:
Las iglesias son comunidades de iguales, y en ellas la comunión (no el poder) es signo y presencia de Dios. Por eso, se puede afirmar que Jesús es hombre tiene la misma ousia de Dios. Esa ousía o identidad divina se expresa y despliega a través de la comunión en igualdad entre los hombres.

La formulación de Nicea (a pesar de los riesgos que implica el término ousia o sustancia al hablar del Hijo y del Padre) sigue siendo esencial para superar la pretensión de aquellos que defienden el sometimiento eclesial o teológico, e insisten en la obediencia religiosa. Dios no es obediencia del Hijo al Padre, sino consubstancialidad personal, la igualdad en el diálogo.

4. Complimiento: Constantinopla I (381), el concilio del Espíritu Santo

A pesar de la “definición” de Nicea (325), donde se afirmó que el Hijo es homoousios, consustancial al Padre, los presupuestos de Arrio siguieron influyendo a lo largo del siglo IV, expresándose en varias disputas sobre la divinidad de Jesús y del Espíritu Santo, a lo largo de 56 años cruciales (hasta el concilio de Constantinopla: 381), mezclándose aspectos doctrinales y políticos, religiosos y sociales, vinculados en parte a la nueva situación y al poder social de la Iglesia en el imperio. En el siglo III la Iglesia se había mantenido en situación de tranquilidad básica, a pesar de (o quizá por) las persecuciones, y en esa línea ella había superado la crisis mayor del gnosticismo, que podía haberle convertido en un tipo de secta intimista. Pero, alcanzada la “paz” y conseguido el “poder” social, ella entró en una larga de crisis, motivada por temas dogmáticos y sociales, que siguieron marcando su historia hasta el Concilio de Constantinopla (381).

Resulta imposible resumir (e incluso evocar) las disputas de esos años (del 325 al 381), entre arrianos, medio arrianos, y ortodoxos de diverso tipo, bajo la dirección cambiante de unos emperadores que se inclinaban, según conveniencia, de un lado o del otro. Hubo condenas mutuas, con movimientos estratégicos de diversos grupos y concilios particulares.

En ese momento destacó la aportación teológica extremada de Atanasio de Alejandría, con la de otros más moderados como Basilio de Cesárea, que llegaron a la conclusión de que debía defenderse no sólo la “consubstancialidad” del Hijo, sino también la del Espíritu Santo, en contra de semi-arrianos como Eunomio o Macedonio, que tendían a pensar que el Espíritu Santo no puede ser radicalmente divino.

La formulación que triunfa en el Concilio de Constantinopla (381), convocado por el Emperador Teodosio, en un momento clave de su reinado (tras declarar el cristianismo como religión oficial del Imperio, en Tesalónica 380), parece apoyarse en la formulación de Basilio de Cesárea, cuando alude a la unidad de esencia divina (mia ousia) y a la trinidad de personas (tres hypostaseis), que está implícita en el credo de Constantinopla, que asume y completa el de Nicea, expandiendo su doctrina al Espíritu Santo:

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén. (Diversas formas del texto Denz-H. 150, pag. 109-111).

Éste credo, aceptado desde entonces como expresión de fe católica, para responder a los arrianos y a los que negaban la divinidad del Espíritu Santo, retoma las afirmaciones de Nicea (325), añadiendo algunas precisiones sobre el Espíritu Santo.

Es un verdadero símbolo o profesión de fe, suele llamarse Niceno-constantinopolitano y es utilizado en la liturgia de Oriente y Occidente desde el siglo VI. Es el único credo oficial de las iglesias, en línea trinitaria (confiesa la divinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) y también cristológica (asume el carácter divino de Jesús) y pneumatológica (vincula al Espíritu Santo con el Padre y el Hijo). No aplica al Espíritu Santo la palabra conflictiva (homoousios, consubstancial a Dios), que Nicea había atribuido a Jesucristo, por evitar discusiones de palabras, pero supone y afirma lo que esa palabra implica:

‒ A nivel de historia de salvación, el credo afirma que el Espíritu Santo habló por los profetas. En contra de una posible tendencia gnostizante, que interpreta al Dios de la historia de Israel como perverso, los cristianos declaran que ese mismo Dios es bueno y añaden que su Espíritu “habló por los profetas”. Eso significa que actuó y sigue actuando no sólo en Israel, sino en todo el despliegue de la historia humana, en la cultura social y religiosa de los pueblos.

‒ A nivel intradivino, el credo añade que el Espíritu Santo es Señor y Vivificador. Le llama Kyrios/Señor (2 Cor 3, 17), y de esa forma asegura que es divino, que pertenece a Dios y sustenta, de manera poderosa, todo lo que existe. Dice también que es Vivificador (dsoopoion), como supone Pablo en 2 Cor 3, 5, cuando afirma que la letra mata, el Espíritu vivifica, y como sigue diciendo Jn 6, 63, al afirmar que el Espíritu vivifica, la carne en cambio no aprovecha para nada. Éste es el Espíritu que da vida, es decir, que crea y resucita (cf. Jn 5, 21; Rom 4, 17; 1 Cor 15, 22.36.45; 1 Ped 3, 18), como ha resucitado a Jesús y resucitará a los que mueren en (con) él (cf. Rom 8, 11), ofreciéndoles su Vida (que es la vida eterna).

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , ,

El cardenal Sandoval rechaza que Iglesia reconozca a los gays y afirma que las uniones homosexuales son contranatura e inaceptables para la Iglesia

Sábado, 18 de octubre de 2014

F1¿Predicando?

Cuando nos agreden, nos persiguen, nos insultan… hay alguien que antes ha preparado el terreno. Que este  personaje cuya vida ostentosa de gustos suntuosos y oscuros intereses, le alejan del Evangelio se atreva a decir lo que dice tiene bemoles… y muy poca vergüenza.

Por cierto, Francisco…. Callar es ser cómplice: Ni has condenado la homofobia que nos asesina en África, ni haces callar a obispos homófobos como este personaje  o el obispo de Alcalá, por poner dos ejemplos del inmenso lobby mitrado homófobo… Tu silencio va a alejar definitivamente de la Iglesia a miles y miles de personas LGTB.

El cardenal mexicano Juan Sandoval Íñiguez aseguró en conferencia de prensa, durante la presentación de su libro “Credo” en la Universidad Anáhuac del Sur, que los matrimonios de personas del mismo sexo van “contra la naturaleza y contra la obra de Dios que creó al hombre varón y mujer”. Respecto al sínodo que se celebra en Roma ha dicho que pese a las opiniones de algunos prelados católicos, favorables a reconocer cierto valor en las uniones homosexuales, en el marco del Sínodo de Obispos, sus posturas no determinan el rumbo que adoptará la Iglesia Católica: “en un sínodo no se lleva línea, eso que quede muy claro, no se lleva línea. Cada uno de los sinodales habla con libertad, dice lo que le pegue la gana y por eso unos han dicho cosas que no van”.

aCardenal-albercaSu austera piscina particular

El cardenal fue tajante:ni hablar del matrimonio de personas del mismo sexo; que se les respeten sus gustos, su dignidad, que se tenga compasión o misericordia, está bien, pero que no invadan la institución del matrimonio (…) el matrimonio es un yugo de Dios para la transmisión de la vida con la obligación de educar” y remarcó que se debe respetar siempre la “santidad del matrimonio” que tiene que ser “de hombre y mujer“.

En caso de aceptar uniones de parejas del mismo sexo el siguiente paso serían las relaciones de tipo zoofílicas, advirtió hoy el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, quien llamó a la sociedad a respetar el modelo de la familia cristiana con base en la fe y no en el concepto de evolución.

“Si no hay fe en un Dios creador no hay remedio, porque si no hay un Dios creador todo resulta por casualidad; entra de lleno la teoría de la evolución y en la evolución si hasta ahora fue hombre y mujer después será hombre con hombre, mujer con mujer, hombre con gato, gato con perro, perro con mujer, porque es evolución ¿verdad?”, comentó el prelado.

acardenal-golfo¿Impartiendo catequesis?

Luego de darse a conocer que la Iglesia Católica Universal reconoció esta semana que los homosexuales tienen “dones y atributos para ofrecer”, el arzobispo emérito de Guadalajara se manifestó en rechazo al reconocimiento del matrimonio homosexual.

Durante la presentación de su libro “Credo”, en la Universidad Anáhuac del Sur, el religioso explicó que pese a las declaraciones de jerarcas católicos que han generado diversas interpretaciones en pro de la comunidad homosexual, en el marco del Sínodo de Obispos, las mismas posturas no determinan el rumbo que adoptará la Iglesia Católica.

“En un Sínodo no se lleva línea, eso que quede muy claro, no se lleva línea. Cada uno de los sinodales habla con libertad, dice lo que le pegue la gana y por eso unos han dicho cosas que no van”, explicó.

Sandoval Iñiguez sostuvo que en el matrimonio cristiano la unión hombre-mujer es muy clara, ya que entre sus principios existe la enmienda de que la pareja se vuelvan “prolíficos”.

Fuente SDP Noticias

Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , ,

Credo

Domingo, 12 de octubre de 2014

je-crois

Creo

Creo en el hombre creador del hombre.

Creo en la trinidad humana, Padre, Madre e hijo.

Creo en la virginidad de la paternidad

y de la maternidad auténticas.

Creo en la virginidad del amor.

Creo en la comunión de la luz

en la que las personas se engendran

y se reconocen recíprocamente.

Creo en el valor infinito del cuerpo humano y en su eternidad.

Creo que Dios es la Vida

y el secreto del cuerpo tal como él se revela en él.

Creo que Dios se hace cuerpo en tanto que se hace hombre.

Creo que el cuerpo no llega a ser él mismo

  más que desarrollando su dimensión mística que lo personifica

y que escapa a toda posesión,

Creo que el amor es un sacramento

que hay que recibir de rodillas.

Dios es ciertamente el dios de los cuerpos, tal como nuestros cuerpos son

llamados a  convertirse en el cuerpo de Dios para dar las lágrimas

en su dolor y más todavía hacernos sensible:

la sonrisa de su amor.

*

Maurice Zundel

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , , , , ,

“Creación y resurrección”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 4 de mayo de 2014

Hombre_de_Barro (1)De su blog Nihil Obstat:

El primer artículo del Credo, que confiesa a Dios como Creador, está estrechamente relacionado con el último, que habla de resurrección de los muertos. Ambos artículos se refieren a la vida: Dios, como Creador, está en el origen de la vida; él hace surgir el ser del no ser, llama a la existencia a lo que no es. Y el Dios que resucita a los muertos es también un Dios amante de la vida, que quiere seguir amando por toda la eternidad a aquellos a los que ha amado desde el comienzo. El Credo se abre y se cierra con la vida. Todo él está al servicio de la vida. Nuestro Dios es un Dios de salvación.

Entre creación y resurrección hay una relación estrecha, profunda e indisociable. En efecto, la resurrección presupone la creación (sin vida previa no hay resurrección), y la resurrección encuentra su mejor fundamento en la creación: si Dios puede dar vida una vez, ¿por qué no va a poder darla de nuevo? Mejor aún: si Dios puede dar vida, ¿por qué no va a poder mantenerla? ¿Para que se necesita más poder, para sacar vida de la nada o para mantener la vida en el ser? La mejor “prueba” de la resurrección (de la capacidad que Dios tiene de dar vida) es la creación. De este modo, la creación aparece como una verdad llena de esperanza.

Se crea o no se crea en Dios, la pregunta por el poder que ha dado origen a la vida, sea cual sea, aunque sea la casualidad, es también la pregunta por la posibilidad de que la vida aparezca de nuevo o permanezca: ¿por qué lo que ha ocurrido una vez no puede repetirse? ¿Por qué la buena suerte no va a poder tocar dos veces? Si además, Dios existe, entonces la fe en la resurrección resulta sumamente creíble, sobre todo si la fundamentamos en el poder y en el amor de Dios. El poder de Dios, que en la creación se ha manifestado con capacidad absoluta para dar vida, puede en la resurrección seguir ejerciéndose con la misma facilidad. Y si la creación tiene su origen en el amor de Dios hacia la criatura, entonces la resurrección resulta una consecuencia de este amor, pues el amante quiere siempre estar con el amado

Espiritualidad , , , ,

Recordatorio

Las imágenes y fotografías presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.