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Entradas Etiquetadas ‘Solemnidad de Santiago’

“El camino de la vida”: Santiago, apóstol (Mateo 20,20-28)

viernes, 25 de julio de 2025
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Solemnidad de Santiago, apóstol, patrono de España

En pocos años ha crecido de manera insospechada el número de gentes, sobre todo jóvenes, que recorren «el camino de Santiago». No es fácil saber a qué se debe exactamente tal atracción. Peregrinar es mucho más que hacer deporte o vivir una aventura. Mucho más que emprender un viaje turístico o recorrer una ruta cultural. ¿Qué buscan quienes se ponen en camino hacia Santiago?

El camino ha sido desde muy antiguo un símbolo empleado para significar la vida humana. Vivir es caminar, dar pasos, marchar hacia el futuro. Lo dijo de forma bella Jorge Manrique en sus famosas Coplas: «Partimos cuando nacemos andamos mientras vivimos y llegamos al tiempo que fenecemos así que cuando morimos descansamos». Quien peregrina largas horas fácilmente comienza a repensar su vida de peregrino por esta tierra.

El camino es siempre marcha hacia adelante: ¿hacia dónde? El peregrino se pone en camino por algo: ¿qué le anima a emprender la marcha? Sin meta no hay camino sino un ir de una parte a otra vagando sin sentido. Solo la meta convierte el recorrido en camino. Solo la meta da sentido a los esfuerzos de cada día. La pregunta es inevitable: ¿Cuál es la meta de la vida?, ¿hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos?

Siempre se emprende el camino con esperanza y cierto temor, con confianza y con incertidumbre. Es necesario andar el camino acertado, no extraviarse, no seguir caminos equivocados. Así sucede también en la vida. Hemos de encontrar nuestro propio camino: ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿a qué quiero dedicarla? La grandeza de una persona se mide por la meta a que aspira y por el ideal que moviliza sus esfuerzos. Solo cuando sigue su vocación personal, sale el joven de la indefinición y del gregarismo.

Con el paso de los días, la peregrinación se va convirtiendo en escuela que permite ahondar en lo esencial de la vida. El cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo, van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón. Es entonces cuando pueden brotar las preguntas esenciales: ¿No es Dios la meta última del ser humano? ¿No es la vida un peregrinar hacia nuestra patria verdadera? ¿No es Cristo el camino que hemos de seguir para encontrarnos con el Padre?

La llegada a Santiago, el encuentro con el apóstol testigo del Señor, la acción de gracias a Dios, la súplica callada, la reconciliación sacramental y la participación en la eucaristía puede culminar una experiencia religiosa renovadora como pocas.

José Antonio Pagola

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25.7.25 Fiesta de Santiago (y Juan) Zebedeo. Evangelio y política de poder, una contradicción

viernes, 25 de julio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Santiago (=Jacob, Jacobo) Zebedeo, al que suelen llamar Mayor (para distinguirle de Santiago Menor, hermano de Jesús, que sería más bajo de estatura. Este Santiago el Grande o Mayor era  hermano de Juan Zebedeo. Ambos forman la rama política privilegiada del movimiento de Jesús.

Debían ser de familia importante, tenían un negocio de barcos y pescado, Eran del grupo de los zebedeos, bien conocidos en la zona.

Quisieron enseñar a Jesús, darle una lección de política a Jesús, de política total, de izquierda y de derecha,  y así se lo dijeron. Jesús les escuchó, no les echó de su lado, les diño la lección de política más honda de todos los tiempos, como seguiré indicando.

Dicen algunos que Santiago llegó hasta España para enseñar política (como quiso venir también San Pablo, cf. Rom 14-15). 

Desde ese fondo, al trasluz del «peligroso» paradigma zebedeo, quiero presentar el proyecto de evangelio que Jesús propone  a Juan y Santiago. Si la iglesia rechaza ese proyecto se destruye a sí misma

| Xabier Pikaza

Introducción. Los zebedeos, Santiago

Este Santiago, a quien la tradición llamará el Mayor, para contraponer a al otro Santiago, llamado el Menor, tiene que haber sido un miembro importante de  la iglesia, uno de los dirigentes de la comunidad primitiva de Jerusalén, pues Hech 12, 2 afirma que el rey Agripa (41-44 d. C.) le hizo matar, como supone de un modo indirecto Mc 10, 39, donde Jesús le asegura que será capaz de beber su cáliz, lo mismo que su hermano Juan.

Una tradición posterior, fundada en las teorías apocalítpticas deBeato de Liébana, le ha vinculado con la ciudad hispana de Santiago de Compostela, donde estaría enterrado, al occidente del mundo antiguo, lugar que se ha convertido en uno de los santuarios preferidos de la cristiandad.

Según la tradición de los sinópticos (no del evangelio Juan), los «zebedeos, Santiago (=Jacob) y Juan forman parte del núcleo  de los primeros llamados (Mc 1, 19) y aparecen como miembro del grupo de los tres o cuatro discípulos preferidos de Jesús (cf. Mc 1, 29; 5, 37; 9, 2; 13, 3; 14, 33 par), cuya historia he precisado en otro lugar (comentarios a Marcos y Mateo).

Jesús (o la primera tradición de la iglesia) les ha dado el nombre de Boanerges, hijos del trueno (Mc 3, 17), quizá por su ardor mesiánico (vinculado al fuego de Dios), aunque es posible que la palabra «trueno» se utilice en sentido apocalíptico(cf. Ap 10, 3-4; 11, 19; 16, 18). Ellos serían testigos apasionados de la obra de Jesús, preparando en Jerusalén la llegada del Reino de Dios.

También les encontramos entre aquellos que quieren ocupar los primeros puestos en el Reino (cf. Mc 10, 35.41) y quieren que el fuego de Dios destruya a los que no reciben a Jesús, en especial a los samaritanos (Lc 9, 54. En esa línea, Santiago y Juan han sido fuertemente criticados por Jesús (según Marcos y Lucas).

— Santiago representa en esa línea una iglesia de poder, una iglesia que espera a Jesús, que llegará muy pronto, en Jerusalén, para instaurar un Reino Universal, de tipo socio-político y religioso. Así aparece varias veces en los sinópticos, especialmente en el evangelio de Marcos.

— Santiago y Juan (con Pedro) han sido testigos de algunos gestos de Jesús («resurrección» de la Hija de Jairo…: Mc 5) y ha recibido en el Tabor la promesa y garantía de la resurrección de Jesús (Mc 9), aunque ha corrido el riesgo de entenderla en línea de toma de poder.

Santiago Mártir. Le condenó Agripa, el mejor político de entonces

 Era ambicioso, quería poder… pero era generoso y arriesgado,  dejándose matar por el Reino de Cristo, aceptando paradójicamente la muerte… v

 Fue como digo Santiago ha sido  no de los dirigentes de la comunidad primitiva de Jerusalén, pues Hech 12, 2 afirma que el rey Agripa (41-44 d. C.) le hizo matar porque le pareció un hombre peligroso para el orden del reino.

Recordemos que Agripa era uno de los políticos más importantes de Roma, un hombre ilustrado, amigo íntimo del emperador Claudio, quizá el mejor emperador  de Roma.  Murió muy pronto, el año 44/45… y desde entonces la vida se hizo irrespirable e Israel-Palestina,  hasta que estalló la más dura guerra de oriente 867-70 d.C)

Así lo cuenta Lucas

 En aquel mismo tiempo el rey Herodes Agripa echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.2 Y mató a espada a Santiago hermano de Juan.3 Y viendo que esto agradaba a los judíos, procedió a prender también a Pedro (Hech 12, 2).

Este Santiago actuó en la iglesia de Jerusalén como miembro del «lobby más político/social de Jesús»… Y así lo vio el rey Agripa, a quien el emperador Claudio había hecho  rey de 41 d. C., con el intento fracasado de “pacificar” todo el territorio de Israel/Palestina… Y para dar “ejemplo” contentar a otros «lobbis» judíos le mando ejecutar, queriendo matar también a Pedro.

(Claudio era el Trump de entonces y Agripa era Netanyahu, pero infinitamente más inteligentes que los actuales.

Agripa mandó matar y mataron a Santiago,,, Pedro se escapó, como cuenta de un modo novelado Lucas…, Pablo andaba lejos.... Agripa murió pronto, repentinamente, Claudio también, llegó Nerón, llegaron otros peores,  empezó una especie de guerra mundial entre romanos y judíos. Pero volvamos a la lección política de Jesús a Santiago y su hermanó Juan  que eran entonces los polis-milis de la Iglesia.

Pedro logró escaparse, con la ayuda de un «ángel», es decir, de buenos amigos en la administración judía, como indica con toda precisión Hechos 12. 

Conforme a la indicación de Mc 10, dirigida a Santiago y a su hermano Juan…. (mi cáliz beberéis…) da la impresión de  también Juan fue ejecutado por cristiano peligroso… y pudo ser, pero mucho más tarde, según la tradición, pues en en concilio de Jerusalén (año 49, Hch 15 y Gal 2),

Juan participa junto a Pedro en el grupo “pro-judío”  del Concilio de Jerusalén, el año 49 d.C., como dice con toda precisión san Pablo en Gal 2, cuando presenta al triunvirato cristiano de Jerusalén, formado por  Santiago el pequeño, hermano de Jesús (a Santiago Mayor le habían matado 15 años atrás, el 44/45), Pedo y Juan Zebedeo..

¿Santiago en Compostela?

Es prácticamente imposible que este Santiago saliera de Jerusalén para venir en cuerpo mortal a Zaragoza (donde la visitó la Virgen del Pilar) y para llegar hasta Compostela, de donde volvió a Jerusalén .

Durante 10 años (del 30 al 40 d.C.), Santiago Zebedeo fue con Pedro y con su hermano Juan dirigente máximo de la Iglesia de Jerusalén (siendo condenado a muerte precisamente por ello; que los discípulos pudieran trae más tarde su cadáver a Compostela es difícil, pero no imposible).

 Durante esos años (30-40 d.C), la Iglesia de Jerusalén no mandó misioneros por el mundo, cosa que empezará a hacer sólo tras el Concilio del 49/50…. Cuando al fin de la carta a los Romanos Pablo dice que quiere llegar a España está suponiendo (=afirmando) que ningún cristiano ha llegado antes allí como misionero.

Pero la tradición posterior ha hecho bien (simbólicamente) al llevar a Santiago Zebedeo por Zaragoza (revelación de la Madre de Jesús como pilar de la iglesia hispana) hasta a Compostela… para volverle a llevar de muerto a Compostela,conservando allí su cuerpo (su memoria) como signo de la misión occidental del evangelio, hasta los límites de Finis-terrae, fin de la tierra.  donde está enterrado en sentido simbólico muy profundo, en un campo de estrellas.

Esa ha sido para la iglesia de occidente la primera peregrinación «espiritual», simbólica… respondiendo al ardor de Santiago Zebedeo, el primer apóstol que muere por defender a Cristo (siendo como era ardoroso, incluso en sentido político/militar, como le verá más tarde la tradición de Compostela).

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Santiago Apóstol

viernes, 25 de julio de 2025
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Del Blog de José Luis Sicre El Evangelio del Domingo:

En el Nuevo Testamento hay tres Santiago: el Mayor, hermano de Juan, cuya fiesta celebramos hoy; el Menor, hijo de Alfeo; y Santiago, «el hermano del Señor», que desempeña un papel muy importante en los Hechos de los Apóstoles; Eusebio de Cesarea lo presenta como el primer obispo de Jerusalén.

 Lo fundamental de la 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, es la última frase, sobre la decapitación de Santiago por orden de Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande. Como esto se cuenta en menos de un versículo (12,1b), la liturgia ha antepuesto un fragmento sobre el testimonio de los apóstoles a partir del c.4, utilizando varios versículos, suprimiendo otros, y cambiando su orden (4,33.5.12.27b-33). La muerte de Santiago queda enmarcada en el valor de los apóstoles, que se consideran obligados a «obedecer a Dios antes que a los hombres», aunque les cueste la vida.

 La 2ª lectura (2 Corintios 4,7-15) habla también de las persecuciones y dificultades del apóstol, pero Pablo está seguro de que «quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará a nosotros».

 Evangelio (Mateo 20,20-28)

 Conviene situarlo en su contexto. Jesús acaba de anunciar su muerte y resurrección. ¿Cómo reaccionarán los doce? Al primer anuncio reaccionó Pedro protestando. Al segundo siguió un silencio cargado de tristeza. Al tercero reaccionan todos de la manera más imprevisible, como si no se hubieran enterado de nada.

Entonces la madre de Santiago y Juan, que no estaba presente durante el anuncio anterior, pide para sus hijos algo totalmente contrario a lo que Jesús ha venido enseñando.

 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacer una petición.

Él le preguntó:

-¿Qué deseas?

Ella le contestó:

-Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús contestó:

-No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber la copa que yo voy a beber?

Le contestan:

-Podemos.

Les dice:

-Mi copa la beberéis, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; será para los que mi Padre tiene destinados.

Cuando los otros diez lo oyeron, se indignaron con los dos hermanos.

Pero Jesús los llamó y les dijo:

-Sabéis que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros; antes bien, quien quiera ser grande entre vosotros que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero, que se haga vuestro esclavo. Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos.

El relato de Mateo se basa en el de Marcos, pero introduce un cambio curioso. En Marcos son los dos hermanos quienes hacen la petición; en Mateo es la madre. No creo que responda a la tendencia habitual de Mateo de exculpar a los discípulos, porque Santiago y Juan se hallan presentes. Incluso quedan peor que en Marcos, porque buscan una recomendación.

La petición la interpretamos mal si la aplicamos a lo que ocurrirá «en el cielo». Los dos hermanos y su madre están pensando en lo que ocurrirá «en la tierra», cuando Jesús triunfe y se convierta en rey de Israel en Jerusalén. Quieren un puesto a la derecha y otro a la izquierda: Presidente de Gobierno y Primer Ministro. Para ellos, lo importante es subir. No aceptan el sufri­miento, ni ser como niños, ni han caído en la cuenta del escándalo que provocan con su actitud.

La respuesta de Jesús, menos dura de lo que cabría esperar, procede en dos pasos. En primer lugar, les recuerda que para triunfar hay que pasar antes por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión que él beberá. No queda claro si Juan y Santiago entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

Los otros diez también reaccionan en contra de la enseñanza de Jesús. No hay corrección fraterna individual sino indignación comunitaria.

Jesús aprovecha para enseñarles cómo deben ser las relacio­nes dentro de la comunidad. En la postura de los dos hermanos detecta una actitud muy humana, de simple búsqueda del poder. Para que los discípulos no caigan en ella, Jesús les presenta dos ejemplos opuestos: 1) El que no deben imitar: el de los reyes y monarcas helenísticos, famosos por su abuso del poder. 2) El que deben imitar: el del mismo Jesús, que ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

En medio de estos dos ejemplos queda la enseñanza capital: «el que quiera subir, sea servidor vuestro y el que quiera ser primero sea esclavo vuestro». En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto. Pero esto es lo que debe ocurrir «entre vosotros», dentro de la comunidad. Jesús no dice nada a propósito de lo que debe ocurrir en la sociedad, aunque critica indirectamente el abuso de poder. Es impor­tante tener presente que este texto no puede usarse hipócritamen­te contra los políticos, sin aplicarnos a nosotros la segunda parte.

Reflexión final

Las tres lecturas nos sugieren que la fiesta de Santiago no debemos utilizarla para lanzar las campanas al vuelo en plan nacionalista y superficial. Su ejemplo, y el de los demás apóstoles, fue la entrega plena a la proclamación del evangelio, aunque implicase persecuciones y muerte. Santiago nos anima a ser fieles a Jesús y al evangelio.

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25 de julio de 2025. Solemnidad de Santiago

viernes, 25 de julio de 2025
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Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo

(Mt 20, 20-28)

Esta fiesta de Santiago que se nos cuela en pleno domingo viene a recordamos algo muy importante: somos peregrinas, peregrinos. Necesitamos que nos lo recuerden porque nos pasa como a los discípulos, que se nos olvida, y en lugar de querer caminar tras las huellas de Jesús andamos buscado lugares de privilegio. Asientos de mando. Puestos importantes.

Sea como sea, los puestos importantes junto a Jesús no son como los imaginamos. El trono de Jesús es una cruz, es decir, el último y más inhóspito lugar. Si queremos estar a su derecha o a su izquierda nos espera una cruz, un lugar marginal. Esta es su manera de ser grande. Así no los manifiesta Él mismo a lo largo de toda su vida. Y así nos lo han ransmitido las primeras comunidades de creyentes que consignaron por escrito la vida y la enseñanza de Jesús, pero cuando leemos el evangelio, además de descubrir la grandeza de la Buena Noticia, se pone de manifiesto también la torpeza humana.

Aquellos primeros seguidores no entendían a Jesús. Lo habían dejado todo y andaban por Galilea detrás del Maestro, pero a cada paso se ponía de manifiesto que ni siquiera la convivencia estrecha con Jesús es suficiente para entrar en su Reino.

Y no es que el Reino sea difícil de encontrar, somos nosotras las que nos perdemos con soberana facilidad. Queremos ser discípulas, nos ponemos en camino, pero nos cuesta abandonarnos a un amor tan gratuito, a una verdad tan profunda y a una confianza tan extrema. Nos empeñamos en adoquinar el camino e incluso nos hemos atrevido a poner peajes. Sin embargo el Reino de Jesús es insobornable. El camino único para cada persona y solo se llega cuando acogemos a las demás como hermanas. Metiendo cualquier título que nos separe en la maleta del olvido y sirviendo, que es el segundo nombre del amor.

Oración 

A tu derecha o a tu izquierda, con las manos prontas para el servicio y los pies ligeros para el camino, compartiendo tu misma suerte, tu mismo destino. Amén

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Servir sin esperar nada a cambio

viernes, 25 de julio de 2025
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Mt 20, 20-28

No es fácil hacer una reflexión coherente en esta fiesta de Santiago. Sabemos que se trata de una fiesta más sociológica que religiosa; la prueba está en que la celebramos como fiesta o no, dependiendo de los intereses del político de turno. Desde el punto de vista religioso no tiene mayor relevancia, pero aun así debemos aprovecharla para recordar nuestros orígenes y tomar conciencia de los primeros pasos del cristianismo en nuestra España. Aunque la relación de Santiago con nuestra patria no sobrepasa el ámbito de la leyenda, puede ser una ocasión para experimentar la pertenencia.

También puede ser una buena ocasión para expresar juntos nuestro agradecimiento. Acción de gracias a todos aquellos primeros seguidores de Jesús que nos han ayudado a ser lo que somos. Y no cabe duda que la vivencia de los apóstoles fue vital para todo el que, más tarde, ha querido acercarse a él. No olvidemos que la eucaristía es siempre “acción de gracias”. En la figura de Santiago, agradecemos a todos los que nos han ayudado a iniciarnos y progresar en la fe. Conscientes de que es una riqueza que no hemos merecido, pero que tenemos que descubrir y desplegar.

La fiesta de cualquier apóstol nos recuerda que lo que nosotros pretendemos vivir hoy, ya lo han vivido hace dos mil años, otros que eran tan humanos y tan limitados como nosotros. El evangelio que acabamos de escuchar, no tiene desperdicio; pero curiosamente no es ningún alegato a favor de Santiago y Juan, y tampoco de los otros diez. El recordar esas pretensiones tan “humanas” nos lleva a los fundamentos de la primera comunidad y nos recuerda como se fue desarrollando y extendiendo desde un insignificante grupo de discípulos muy duros de mollera.

El evangelio nos recuerda una de la claves del mensaje de Jesús. No es fácil entrar en la dinámica del servicio total a los demás sin esperar nada a cambio, como actitud básica en la vida de un seguidor de Jesús. Es uno de los puntos del evangelio que están sin estrenar. Poquísimos cristianos, a través de los dos mil años de cristianismo, han sido capaces de vivir esa simple enseñanza. Hoy sigue siendo para nosotros, la piedra donde tropezamos en nuestro intento de vivir el evangelio. Descubrir que el centro es siempre el otro nos llevaría a una auténtica actitud evangélica.

Se ha utilizado la religión para escalar puestos y vivir mejor. Cuentan de un monaguillo que tocaba las campanas con todo entusiasmo a la muerte de un Papa. Cuando le preguntaron qué le ponía tan eufórico, contestó: El escalafón es el escalafón. Seguimos intentando por todos los medios, estar por encima de los demás. Ni clérigos ni laicos dejan de buscar el ser más que los demás, el mandar y disponer según su voluntad. Esa voluntad se da por supuesto que es la voluntad de Dios.

El ser humano es social en todos los aspectos de la vida, también en el religioso. El seguimiento del evangelio no se puede hacer individualmente y desentendiéndose de de los demás, pero esa interdependencia tiene que vivirse con sentido de comunidad. En ningún caso debemos refugiarnos en guetos cerrados o peor aún, defensivos contra todo lo que no somos capaces de integrar. El grupo nos tiene que ayudar a comprender mejor y a vivir el evangelio.

El evangelio propone una alternativa al poder, como dominio y opresión. Para Jesús, todo poder que no se ejerce como servicio a todos es una usurpación del evangelio. Santiago y Juan pretendían aprovechar su cercanía a Jesús como un medio para alcanzar el poder. Jesús les ofrece una alternativa a ese mismo poder. Esta propuesta desbarata nuestra instintiva tendencia al domino de otro y a la opresión. Los primeros seguidores de Jesús aprendieron la lección, aunque les costó Dios y ayuda.

La necesidad de estar por encima de los demás es signo de que estamos anclados en nuestro falso yo. Nadie podrá superar esa exigencia del ego si no deja de identificarse con la parte de sí mismo que no es más que apariencia. El evangelio de hoy nos pone en guardia sobre esa tentación de emplear la religión para estar por encima de los demás. Recordemos que la diatriba de Jesús no va dirigida solo contra los dos hermanos sino también contra los diez que demuestran tener las mismas aspiraciones.

Vamos a aprovechar esta fiesta para pensar en nuestra pertenencia a una nación. Sin duda tenemos mucho que rectificar en la forma que hemos tenido de vivir la fe en comunidad. Hemos dejado atrás el nacionalcatolicismo, pero dudo que hayamos superado el afán de vencer al opositor en lugar de convencer desde la vivencia religiosa. No podemos evocar esta fiesta para seguir defendiendo nuestros instintos patrioteros, oponiéndonos con uñas y dientes a todo el que no es de los nuestros.

La campaña de desprestigio y acoso que está sufriendo hoy el cristianismo en España no debe asustarnos y debe servir de acicate para superar actitudes trasnochadas. En vez de quejarnos, lo que tenemos que hacer es ser más fuertes, pero desde la postura de Jesús, abandonando todo privilegio y poniéndonos a nivel de los más bajos para elevar a todos desde ahí. Los apóstoles no lo entendieron todo de repente, pero supieron aprender de sus mismos errores. Los fallos tienen que hacernos más firmes.

También tiene sentido celebrar con los no creyentes una fiesta sociológica. Cada pueblo, y el conjunto de todos los pueblos de España, tenemos que vivir en comunidad para poder solucionar los problemas que afectan a todos. El primer requisito para que nos comprometamos en la búsqueda del bien común, será potenciar el sentido de pertenencia. El pertenecer a una familia no impide, sino que potencia la pertenencia a un pueblo o ciudad, sea grande o pequeña. La pertenencia a un municipio no tiene que impedir para nada la integración en la región. Si la pertenencia a una comunidad no me hace sentirme más seguro y más libre es que están mal planteados.

Jesús nos dijo: No será así entre vosotros. Pero la historia y los oprimidos nos dicen:Ha sido y sigue siendo así entre nosotros. Seguimos con la misma dinámica de los dos hermanos. Debemos comparar lo que vivimos con la propuesta de Jesús. No vale la excusa: primero hay que servir a Dios y luego a los hombres. Esta idea es sencillamente diabólica, porque bajo el pretexto de servir a Dios, estamos preparados para servirnos de todo dios, y dispensarnos de servir a los demás.

Ni poder ni riqueza ni honores tienen valor para Jesús, porque no ayudan a ser más humanos. Lo único que nos hace más humano es el servicio a los demás. El único valor absoluto es el hombre, cualquier hombre; a él tiene que estar orientado todo lo demás. Esta actitud, que es la clave del mensaje de Jesús, la hemos cambiado por otra que no se le parece en nada. Para la Iglesia, lo importante es la institución no la persona. En nombre de la institución se puede machacar impunemente a la persona concreta, poniendo como excusa que hay que sacrificarse por la comunidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Poder o Servicio

viernes, 25 de julio de 2025
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Fiesta de Santiago 

25 julio 2025

Mt 20, 20-28

Parece que la búsqueda de poder, en todos los niveles, es tan antigua como la humanidad. También en el reducido grupo de Jesús, que siempre lo denunció con fuerza, afloró la lucha interna por ese motivo. El evangelista Mateo, tratando de “suavizar” la situación, pone la petición en boca de la madre de los Zebedeos, aunque sabemos por Marcos (10,35) que no fue ella, sino los propios hermanos, quienes reclamaban de Jesús los lugares de privilegio.

  ¿Qué tiene el poder que lo convierte en objeto prioritario de deseo? Fundamentalmente, promesa de autoafirmación, de bienestar y de seguridad. Veamos cada una de ellas.

  El yo se afirma en la comparación, confrontándose con los otros -si dejara de confrontarse, saldría de la consciencia de separatividad y terminaría diluyéndose- y marcando su (imaginada) superioridad. El poder le promete una posición de superioridad e incluso de dominio, sumamente golosa para él.

  El yo trata de eludir constantemente la frustración. Desde su pretensión de que la realidad responda a sus deseos, cree encontrar en el poder la posición privilegiada para conseguir todo lo que se propone.

  El yo, como vacío que es, hambrea seguridad. Ahí nace su necesidad compulsiva de aferrarse a todo aquello que puede sostenerlo: posesiones, bienes, títulos, imagen, relaciones… Pues bien, el poder promete otorgarle una aureola de fuerza y de superioridad, haciéndole creer que se encuentra a salvo de los miedos.

  Eso es lo que el poder promete. Pero la realidad es bien distinta: lo que realmente produce es división y enfrentamiento. Y es aquí donde se hace patente la sabiduría de Jesús, constatando cómo funciona el ejercicio del poder, previniendo de su trampa (no será así entre vosotros) y compartiendo su propio camino de servicio.

 La sabiduría -el acierto en la existencia- no pasa por acumular poder, sino por servir hasta dar la vida. La búsqueda de poder es el programa del ego, que terminará en frustración; el servicio nace de la comprensión de lo que somos.

¿Qué hay en mí de búsqueda de poder, aunque solo sea en mis relaciones más cercanas, y qué hay de servicio?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Santiago: ¿España católica? ¿Euskaldun fededun?

viernes, 25 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Las raíces de nuestra fe y de nuestra Fe y de nuestra Traditio.

Celebramos hoy la fiesta de Santiago Apóstol hermano de Juan, hijos del Zebedeo y apodados, hijos del trueno.

Santiago, aunque evangelizó fuera de Jerusalén probablemente muere en Jerusalén, al poco tiempo de la muerte y resurrección de Xto, el año 44.

Estas celebraciones de las fiestas de los apóstoles: Pedro y Pablo, Andrés, Bartolomé, Santiago., etc. nos invitan a pensar en las raíces de nuestra fe, así como de nuestra tradición cultural, que viene a ser lo mismo.

02. Vivir es recordar y proyectar.

RECORDAR

Tradición significa “lo que se nos entrega” (tradere: entregar). Un pueblo, una Iglesia vive de lo que ha recibido, de lo que “recuerda”.

Nuestra “gran tradición”, lo que nos ha llegado a nosotros en gran parte es cultura y fe judías, no poco de Grecia. Al mismo tiempo hemos recibido la gran tradición cristiana, JesuCristo, que insertado en nuestro “hábitat” vasco: idioma, cultura, tradiciones, etc. nos ha configurado como pueblo y como Iglesia.

Nos comprendemos a nosotros mismos y vivimos de y en un recuerdo: hemos nacido en una época determinada, en una familia, , en un pueblo. Recordamos y vivimos en nuestros idiomas, en nuestras fiestas, en nuestro modo de entender la afectividad, la ciudad – convivencia, la vida, el trabajo, la muerte. Vivimos de y en nuestro recuerdo histórico, en la memoria de nuestro pueblo, de nuestra cultura, de nuestra Iglesia.

Es imposible, es insensata una vida humana sin memoria. No sería humana. Una persona sin familia, sin idioma, sin modos de vida recibidos es absolutamente impensable. Sin memoria, no somos. Quien no recuerda, no vive humanamente.

Vivir es, pues, recordar.

Demos un paso más, hoy en día ¿Podemos decir hoy en día que el País Vasco y España siguen en la tradición cristiana? ¿Es cierto hoy aquello de la “España católica” y “euskaldun fededun?”

Mucho me temo que no

Todos somos conscientes de la honda descristianización -desreligiosización- que se ha producido y sigue ganando terreno en nuestro pueblo.

El problema no es tanto de tipo moral, aunque la ética y lo moral tienen gran importancia en la vida. Creo que hemos llegado a la época del vacío, de la nada, a vivir errantes en una noche inmensa

Ya Nietzsche nos condenó a vivir en la noche de la nada: no existe Dios, ni valores, no hay nada “más allá”, los grandes valores y los “grandes relatos”: Dios, el Éxodo: la libertad, la justicia, la transcendencia son un “cuento de hadas”, y mejor dejarlos en el “trastero” de la historia, pero ·no os preocupéis, no pasa nada. Tenéis que aprender en la nada, en el vacío, en la noche espesa, errantes por la vida.

Y en esas estamos…

PROYECTAR

El ser humano, los pueblos, las iglesias y religiones vivimos entre el recuerdo y el futuro, entre recordar y mirar hacia adelante. Vivir es también proyectar.

Y con el panorama que tenemos delante, ¿qué podemos proyectar?

Nosotros los europeos tenemos instalado en “nuestro Windows ilustrado” (la Ilustración) el programa que dice que la razón tecnológica nos va a solucionar los grandes problemas de la vida. Proyectamos una sociedad tecnológica, científica, pero no nos damos cuenta de que la salida no está ahí.

Bien están los proyectos y progresos tecnológicos, el superdordenador cuántico IBM en Ibaeta, etc. Pero el progreso tiene que ser humano, de y para el ser humano.

Despreciamos la traditio por ser una antigüalla, el Concilio de Trento es para “carcamales”, etc…

Pero la humanidad siempre ha pensado: los filósofos griegos, árabes, S Agustín, S Tomás, la Escuela de Salamanca, determinadas reflexiones de un concilio, etc. han pensado mucho y bien.

¡Ya quisiéramos hoy tener curas y obispos tridentinos!

El pensamiento y el cristianismo (o el mundo religioso) no pueden estar ausentes de los proyectos de los pueblos.

El proyecto de los pueblos o es humanista, para todo el ser humano y para todos los seres humanos o, si no, se convierte en un progreso meramente tecnológico.

Vivir es recordar y proyectar.

03. La Fiesta de Santiago.

El recuerdo de los primeros creyentes, los apóstoles, nos hace bien.

No es mal programa de vida recordar desde JesuCristo y proyectar hacia JesuCristo.

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“ ‘Poneos en camino’ – la espiritualidad del camino del peregrino – ”, por Joseba Kamiruaga Mieza, CMF

viernes, 25 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¿Quién te llama, peregrino?

¿Qué fuerza misteriosa te atrae?

Así reza un poema sobre el Camino de Santiago. 

Una vez tomada la decisión de peregrinar, ya has partido interiormente.

Partir significa dejar todas las seguridades para entrar en la precariedad sin saber lo que encontrarás en el camino.

Dejar todo lo superfluo que abarrota nuestra vida para reencontrar lo esencial: todo lo que necesitas está en tu mochila y la mochila debe ser ligera.

Partir sin medir el tiempo y, tras apenas tres o cuatro días de camino, te invade una sensación de calma y paz. Todo lo que ocupaba mis días parece ya muy lejano. Lo único que hay que hacer es ir, caminar.

El poeta español, Antonio Machado, escribió un poema ‘místico’ sobre el camino que dice:

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

El camino se descubre al recorrerlo.

Es una experiencia vital, personal, difícil de narrar. No sé por qué, pero en camino y en el siempre he sido feliz. Fui feliz y se regresa feliz, dicho y lleno con todo.

Lo que hace que el Camino sea diferente a ir por senderos es la meta y la sensación de que en Santiago hay alguien esperándonos. La meta no es Santiago, sino el que nos precede, el que camina delante de nosotros, el que nos espera en la casa y el que ya ha preparado el banquete.

Partir hacia otro lugar no es lo mismo que partir hacia Santiago. El destino da sentido a la marcha. Si la vida no lleva a ninguna parte, no somos peregrinos, somos vagabundos.

La magia del Camino está en el entusiasmo con el que cada mañana se vuelve a partir, sea cual sea el tiempo, el cansancio, las ampollas y sea cual sea el idioma, siempre se saluda con un «buen camino».

La magia está en sentir que formamos parte de un flujo secular. Ponemos nuestros pasos en los pasos de los millones que han pasado antes que nosotros por un Camino milenario.

En una alternancia de dudas y certezas, hay que buscar y saber ver las señales, metáfora de la vida, para encontrar el camino a seguir y el sentido de lo que estamos haciendo.

No hay vuelta atrás. Quien se ve obligado a renunciar no tiene paz hasta que vuelve a completar el Camino.

Es un movimiento exterior e interior que exige el respeto de los propios ritmos y del propio cuerpo.

En un mundo que se mueve rápidamente, hay una especie de profecía en este moverse al ritmo de nuestro cuerpo sin prisas, en busca de una armonía perdida. Nos dejamos llevar por el Camino, dejándonos enseñar por nuestro cuerpo, dejándonos guiar por el espíritu.

Encontramos la paz en la naturaleza, en el ritmo natural, en reducir a pocas cosas las necesidades diarias.

El cuerpo, ocupado durante horas en la repetición de los pasos, deja libre al espíritu para vagar, y en la mente fluyen imágenes, palabras, sin un orden preciso, como si el cerebro recuperara la libertad de imaginar, pensar, soñar…

Resuenan en la mente muchos pasajes del Evangelio que hablan del camino: «Seguidme», «Yo soy el camino, la verdad y la vida» y, finalmente, la pregunta «¿Quién decís que soy yo?».

En un mundo de ruidos y estruendos, aquí el silencio es el único murmullo que te acompaña y te rodea.

Se experimenta lo que yo llamo un ermitaño itinerante.

Especialmente cuando estás en la meseta o durante kilómetros y kilómetros, intentas vaciar la mente para hacer espacio a Dios, como en la meditación, pero mil preguntas surgen en la mente para las que no encuentras respuesta y, en ese momento, Dios te parece realmente un Dios oculto, su misterioso silencio.

Sin embargo, ante una repentina explosión de colores en un prado o una extensión de trigo mecida por el viento, te quedas embelesado contemplando las bellezas de la creación y entonces sientes que Dios se revela siempre elocuente y majestuoso en sus obras.

Y así, sin darte cuenta, te encuentras alabando y dando gracias.

A menudo, el mantra Maranatha! acompaña a lo largo del día marcando el ritmo de los pasos, bajo el sol, bajo la lluvia, contra el viento. Si te dejas llevar, incluso caminar bajo la lluvia es hermoso y, mientras te encoges sobre ti mismo, obligado al silencio, te escondes bajo el poncho y bajas la cabeza para protegerte de la lluvia, sientes que puedes resistir y que puedes lograrlo. En ese momento sientes que Dios camina contigo.

Incluso el barro o un río crecido te ponen a prueba, te obligan a prestar atención para superar dificultades imprevistas que, en otras circunstancias, te habrían hecho rendirte.

Encontrarte cada día con tus propias debilidades, con tus propios límites, te hace más humilde y te hace ver tu realidad, te hace consciente de tu insignificancia frente al universo, pero reanudar el Camino y seguir adelante te da la conciencia de que dentro de ti hay una fuerza a la que puedes recurrir en los momentos de desánimo y soledad.

En el Camino se producen encuentros sorprendentes cuando menos te lo esperas y es increíble la facilidad con la que, tras solo unas horas de marcha, se puede entablar una relación de amistad con personas nunca vistas, procedentes de todas partes del mundo.

Cuánta gente, cuánta diversidad. Cada uno lleva consigo el secreto de su camino y de su relación con lo sagrado y lo divino, todos con creencias diferentes, todos en busca de algo. Pero al final creo que todos se encuentran con Dios o, al menos, descubren lo sagrado del misterio que nos precede y nos acompaña.

De los encuentros se aprende la gratuidad, porque hay que aprender a apreciarlos sin apegarse, a apreciar el don del encuentro en sí mismo. Una vez más, nos liberamos de nuestro deseo de poseer.

Estos momentos son regalos para la alegría. Querer retenerlos es desnaturalizarlos, pero los mil rostros quedan grabados en nuestra memoria, tejiendo un hilo que nos une a todos los rincones del mundo.

Hay una regla no escrita según la cual por la noche se puede cenar juntos, pero por la mañana cada uno se marcha sin molestar al otro ni esperar compañía.

Estar solo en el Camino facilita los encuentros. Siempre me han impresionado las muchas y diferentes personas solas que he conocido. Las considero muy valientes porque se enfrentan a la soledad, a los miedos y a todo lo positivo y negativo que puede suceder. Tienen que saber valerse por sí mismas, algo que para mí sigue siendo un obstáculo por superar.

En el Camino se encuentran los que yo llamo ángeles de la guarda y nosotros mismos podemos convertirnos en ángeles de la guarda de otra persona con una palabra de ánimo, una indicación, una sonrisa, un momento de escucha, compartiendo emociones con quien está solo.

Se encuentran comunidades de oración que te acogen con una bendición de bienvenida en mil gestos y con una oración en muchos idiomas diferentes.

Se encuentran ermitas solitarias donde podemos detenernos en el silencio pleno de la presencia de Dios y rezar por nuestros seres queridos, por la paz, por el mundo.

Este tipo de vida y de relaciones tiene algo de la sencillez monástica, crea comunidad.

No se es peregrino solo, se es con los demás, en medio de los demás. No importa lo que uno haga en la vida cotidiana, todos los peregrinos son iguales, no hay ricos ni pobres, ni débiles ni fuertes. No es que se anulen las diferencias sociales pero el Camino nos iguala a todos como peregrinos en camino, de paso.

Por la noche es bonito reunirse en los refugios. Si alguna vez dormimos en otro sitio, tenemos la desagradable sensación de haber salido del coro, de ser falsos peregrinos.

Se aprende a convivir. Se comparten cosas materiales de forma espontánea y natural: agua, comida, medicinas, cuidados, incluso molestias, como los ronquidos o el ruido de las bolsas de plástico a las 5 de la mañana…

Se aprende la humildad, a necesitar a los demás, una palabra, un consejo, una indicación, una sonrisa.

Todo se hace con ligereza, de la manera más sencilla del mundo.

Se crea una comunicación profunda, a menudo no se habla de trivialidades.

Al hablar, se acoge y se es acogido. Se puede decir una palabra, compartirla entre peregrinos porque se comparte la misma vida.

En los últimos días, cuanto más te acercas a Santiago, te asalta a veces la sensación de que no quieres llegar, de que no quieres que todo esto termine. No quieres abandonar este ambiente, esta forma de vida.

El día de la llegada se experimentan sentimientos diferentes: alegría, sorpresa, tristeza, extrañeza, nostalgia…

Alegría porque se ha alcanzado la meta. Sorpresa de estar allí, tanto que muchos se quedan mucho tiempo tumbados en la plaza mirando la catedral con incredulidad.

Sorpresa de haber conseguido lo que no creías posible y de una manera totalmente natural. En casa a menudo te preguntan cómo es posible caminar tanto. Sin embargo, es posible y sin ser héroes.

Se siente tristeza porque el sueño ha terminado, la sencillez está a punto de perderse, hay que volver a la vida cotidiana, porque los amigos conocidos en el Camino se van y es casi seguro que no volverán a verse. El Camino es duro también por esto, no tanto por el caminar como por la separación. 

Sentimos una sensación de extrañamiento. Aún no estamos preparados para el ritmo de la ciudad, por lo que sentimos aún más la necesidad de recuperar la calma y el silencio que nos han acompañado durante tantos días. Así que nos refugiamos en la Catedral, donde la paz nos envuelve en un todo de corazón, mente y cuerpo donde dar gracias a Dios sale espontáneamente de nuestros labios.

Todos, creyentes o no, entran en la Catedral y salen con el alma en paz y el corazón alegre.

Fuera, en la plaza, mil fotos de recuerdo y una sucesión continua de gritos de alegría por el placer y la sorpresa de volver a abrazar a alguien que se creía perdido para siempre… Abrazos de alegría para los que llegan, abrazos velados de tristeza para los que se despiden quizá o seguramente para siempre.

En dos días, se busca en vano algún rostro conocido y se comprende que ha llegado el momento de partir, para no dejarse abrumar por la nostalgia.

La paradoja es que el Camino de Santiago comienza al volver.

La ida y la vuelta son dos viajes diferentes, al volver hay un cambio de perspectiva.

Se vuelve con el corazón y el espíritu ligeros. Se es más esencial, más tolerante, más en paz con uno mismo.

Se vuelve diferente porque, parafraseando a Etty Hillesum, hemos experimentado que se puede vivir incluso sin nada, porque siempre hay un pedacito de cielo que se puede mirar.

Se descubre, en palabras del Hermano Roger, que «Dios ilumina nuestras almas con una luz inesperada y descubrimos que en nosotros, más allá de una parte de oscuridad, hay sobre todo el misterio de Su presencia».

«Cuando encuentro a alguien, no le pregunto de dónde viene. No me interesa. Le pregunto adónde va. Le pregunto si puedo acompañarle un trecho» (San Juan XXIII).

«Esperar no es desear. Es obedecer el camino de Dios, reconocer las etapas marcadas por las promesas y permanecer abiertos y disponibles a la siguiente etapa, hasta el paso final» (José Comblin, teólogo brasileño).

«Que el camino venga a nuestro encuentro. Que el viento sople siempre a nuestra espalda. Que el sol brille cálido sobre nuestros rostros. «Que la lluvia caiga suavemente sobre nuestros campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar que Dios nos tenga en la palma de su mano» (Antigua bendición celta).

La salvación ocurre tantas veces

mientras se va de camino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Tres reflexiones a propósito del Apóstol Santiago… el Camino de Santiago y el camino/la peregrinación como clave cristiana.

 

1.- «Poneos en camino» – la espiritualidad del camino del peregrino –.

2.- Apóstol Santiago, elogio del peregrino de la fe.

3.- A paso de discípulo: esbozo de una espiritualidad peregrina.

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“El camino de la vida”: Santiago, apóstol – B (Mateo 20,20-28)

jueves, 25 de julio de 2024
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IMG_6184Solemnidad de Santiago, apóstol, patrono de España

En pocos años ha crecido de manera insospechada el número de gentes, sobre todo jóvenes, que recorren «el camino de Santiago». No es fácil saber a qué se debe exactamente tal atracción. Peregrinar es mucho más que hacer deporte o vivir una aventura. Mucho más que emprender un viaje turístico o recorrer una ruta cultural. ¿Qué buscan quienes se ponen en camino hacia Santiago?

El camino ha sido desde muy antiguo un símbolo empleado para significar la vida humana. Vivir es caminar, dar pasos, marchar hacia el futuro. Lo dijo de forma bella Jorge Manrique en sus famosas Coplas: «Partimos cuando nacemos andamos mientras vivimos y llegamos al tiempo que fenecemos así que cuando morimos descansamos». Quien peregrina largas horas fácilmente comienza a repensar su vida de peregrino por esta tierra.

El camino es siempre marcha hacia adelante: ¿hacia dónde? El peregrino se pone en camino por algo: ¿qué le anima a emprender la marcha? Sin meta no hay camino sino un ir de una parte a otra vagando sin sentido. Solo la meta convierte el recorrido en camino. Solo la meta da sentido a los esfuerzos de cada día. La pregunta es inevitable: ¿Cuál es la meta de la vida?, ¿hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos?

Siempre se emprende el camino con esperanza y cierto temor, con confianza y con incertidumbre. Es necesario andar el camino acertado, no extraviarse, no seguir caminos equivocados. Así sucede también en la vida. Hemos de encontrar nuestro propio camino: ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿a qué quiero dedicarla? La grandeza de una persona se mide por la meta a que aspira y por el ideal que moviliza sus esfuerzos. Solo cuando sigue su vocación personal, sale el joven de la indefinición y del gregarismo.

Con el paso de los días, la peregrinación se va convirtiendo en escuela que permite ahondar en lo esencial de la vida. El cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo, van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón. Es entonces cuando pueden brotar las preguntas esenciales: ¿No es Dios la meta última del ser humano? ¿No es la vida un peregrinar hacia nuestra patria verdadera? ¿No es Cristo el camino que hemos de seguir para encontrarnos con el Padre?

La llegada a Santiago, el encuentro con el apóstol testigo del Señor, la acción de gracias a Dios, la súplica callada, la reconciliación sacramental y la participación en la eucaristía puede culminar una experiencia religiosa renovadora como pocas.

José Antonio Pagola

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25.7.24. Santiago, hermano de Juan ¿Un lobby zebedeo?

jueves, 25 de julio de 2024
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IMG_6399Del blog de Xabier Pikaza:

La figura de Santiago, a quien Hech 12, 2 llama «hermano de Juan»  ha sido desde el siglo XI d.C.  una figura importante del cristianismo occidental (jacobino o jacobeo), como indicaré a continuación:  

1.Introducción sobre los “santiagos” del NT y de la tradición cristiana.

Mc 10, 35-45: Contra un riesgo Zebedeo de Santiago: Jesús no ha venido a dominar sobre iglesias y pueblos, sino a dar su vida, como Hijo el del hombre, a favor todos

Lc 9, 55: Jesús reprime a Santiago (y a su hermano) porque quieren mandar fuego del cielo contra sus enemigos, diciéndoles “no sabéis de qué espíritu sois”.

INTRODUCCIÓN.

Hubo al principio de la Iglesia diversos «santiagos» (=jacobos), entre los que destacan dos:

— Santiago el Menor o Pequeño , hermano del Señor Jesús , a quien se suele llamar «el menor» o pequeño, dirigente máximo de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén, que participa en el «concilio» del año 49/50 y que mantiene una polémica apasionada y leal con Pedro y Pablo.

— Santiago el Zebedeo, hermano de Juan (Hech 12,2), llamado el “Mayor” o “grande por su estatura o porque que tuvo un papel importante en la historia de Jesús y en la primera iglesia de Jerusalén.  Éste es el Santiago  a quien la tradición posterior ha vinculado a Compostela, cuya fiesta hoy celebramos y cuya historia bíblica quiero recoger brevemente.

Historia de Santiago Zebedeo.

Según la tradición de los sinópticos (no del evangelio Juan), los «zebedeos, Santiago (=Jacob) y Juan forman parte del grupo de los primeros llamados (Mc 1, 19) y aparecen como miembro del grupo de los tres o cuatro discípulos preferidos de Jesús (cf. Mc 1, 29; 5, 37; 9, 2; 13, 3; 14, 33 par), cuya historia he precisado en otro lugar (comentarios a Marcos y Mateo).

Jesús (o la primera tradición de la iglesia) les ha dado el nombre de Boanerges, hijos del trueno (Mc 3, 17), quizá por su ardor mesiánico (vinculado al fuego de Dios), aunque es posible que la palabra «trueno» se utilice en sentido apocalíptico(cf. Ap 10, 3-4; 11, 19; 16, 18). Ellos serían testigos apasionados de la obra de Jesús, preparando en Jerusalén la llegada del Reino de Dios.

También les encontramos entre aquellos que quieren ocupar los primeros puestos en el Reino (cf. Mc 10, 35.41) y quieren que el fuego de Dios destruya a los que no reciben a Jesús, en especial a los samaritanos (Lc 9, 54. En esa línea, Santiago y Juan han sido fuertemente criticados por Jesús (según Marcos y Lucas).

— Santiago representa en esa línea una iglesia de poder, una iglesia que espera a Jesús, que llegará muy pronto, en Jerusalén, para instaurar un Reino Universal, de tipo socio-político y religioso. Así aparece varias veces en los sinópticos, especialmente en el evangelio de Marcos.

— Santiago y Juan (con Pedro) han sido testigos de algunos milagros de Jesús («resurrección» de la Hija de Jairo…: Mc 5) y ha recibido en el Tabor la promesa y garantía de la resurrección de Jesús (Mc 9), aunque ha corrido el riesgo de entenderla en línea de toma de poder.

Santiago Mártir

A pesar de teso, Santiago el Mayor o Compostelano, hermano de Juan, ha sido un testigo fiel de Jesús, dejándose matar por el Reino de Cristo, aceptando paradójicamente la muerte… Éste es su cambio, esta es su conversión… Quería «reinar», pero aprendió a morir:

Así se lo dice Jesús según la tradición de Mc 10: «mi cáliz beberéis…». Santiago y Juan, los partidarios de un reino «político» (casi militar) de Jesús aparecen en el evangelio como llamados al martirio… Reinar significa estar dispuesto a morir por los demás. Ha debido ser un hombre “fogoso” (de fuego, como indica la tradición.

 — Este Santiago ha sido un miembro importante de la iglesia, uno de los dirigentes de la comunidad primitiva de Jerusalén, pues Hech 12, 2 afirma que el rey Agripa (41-44 d. C.) hizo matar a Santiago, el hermano de Juan, como supone de un modo indirecto Mc 10, 39, donde Jesús le asegura que será capaz de beber su cáliz, lo mismo que su hermano Juan.

 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.2 Y mató a espada a Saniado hermano de Juan.3 Y viendo que esto agradaba a los judíos, procedió a prender también a Pedro (Hech 12, 2).

Este Santiago actuó en la iglesia de Jerusalén como miembro del «lobby más político/social de Jesús«… Y así lo vio el rey Agripa, a quien el emperador Claudio hizo rey de 41 d. C., con el intento fracasado de “pacificar” todo el territorio de Israel/Palestina… Y para dar “ejemplo” contentar a otros «lobbis» judíos le mando ejecutar, queriendo matar también a Pedro.

Pedro logró escaparse, con la ayuda de un «ángel», es decir, de buenos amigos en la administración judía, como indica con toda precisión Hechos 12. Conforme a la indicación de Mc 10, dirigida a Santiago y a su hermano Juan…. (mi cáliz beberéis…) da la impresión de  también Juan fue ejecutado por cristiano peligroso… y pudo ser, pero mucho más tarde, según la tradición, pues en en concilio de Jerusalén (año 49, Hch 15 y Gal 2),  Juan participa junto a Pedro en el grupo “pro-judío” (de la diarquía pro-judía) del Concilio, pero pactando con los otros dos grupos, el de Pablo/Bernabé y el de Jacobo, hermano del Señor.

Tradición posterior, Santiago en Compostela

Es prácticamente imposible que este Santiago saliera de Jerusalén para venir en cuerpo mortal a Zaragoza (donde la visitó la Virgen del Pilar) y para llegar hasta Compostela, de donde volvió a Jerusalén — Durante 10 años (del 30 al 40 d.C.), Santiago Zebedeo fue con Pedro y Juan dirigente máximo de la Iglesia de Jerusalén (condenado a muerte precisamente por ello).

 Durante esos años, la Iglesia de Jerusalén no mandó misioneros por el mundo, cosa que empezará a hacer sólo tras el Concilio del 49/50…. Cuando al fin de la carta a los Romanos Pablo dice que quiere llegar a España está suponiendo (=afirmando) que ningún cristiano ha llegado antes allí como misionero.

Pero la tradición posterior ha hecho bien (simbólicamente) al llevar a Santiago Zebedeo por Zaragoza (revelación de la Madre de Jesús como pilar de la iglesia hispana) hasta a Compostela… para volverle a llevar de muerto a Compostela, conservando allí su cuerpo (su memoria) como signo de la misión occidental del evangelio, hasta los límites de Finis-terrae, fin de la tierra.  donde está enterrado en sentido simbólico muy profundo, en un campo de estrellas.

Esa ha sido para la iglesia de occidente la primera peregrinación «espiritual», simbólica… respondiendo al ardor de Santiago Zebedeo, el primer apóstol que muere por defender a Cristo (siendo como era ardoroso, incluso en sentido político/militar, como le verá más tarde la tradición de Compostela).

Esa tradición posterior, que aparecen en los escritos apocalípticos de San Beato de Liébana, le ha vinculado desde el siglo X/XI con la ciudad hispana de Santiago de Compostela, donde estaría enterrado, al occidente del mundo antiguo, lugar que se ha convertido en uno de los santuarios preferidos de la cristiandad. Santiago aparece así como otro Pablo… Apóstol de Jesús que llegó con el evangelio militante al extremo de la tierra conocida. Ciertamente llegó «en espíritu», y sigue estando en Compostela, recibiendo a todos los que van…

El tema real no es si Santiago llegó físicamente a Compostela o si está enterrado allí (que lo está, en espíritu). El problema es «qué santiago llegó…» y sigue estando en Compostela:

Si el primer Santiago Boanerges, hijo de trueno, que quería imponerse políticamente sobre el mundo, haciendo que Dios mandara  fuego del cielo para matar a los enemigos…

O si el Santiago Santiago que fue ajusticiado por el rey Herodes Agripa hacia el año 41 d.C. porque causaba conflictos en su Reino político-militar (donde quiso actuar como un Netanyahu antiguo).

De la identidad de Santiago Zebedeo y de su conversión depende el futuro de la Iglesia, no sólo de la iglesia compostelana (donde se conserva su memoria), sino de la Iglesia universal… pues a partir de la muerte de Juan Zabedeo, convertido al fin a Jesús, comenzó la gran salida de Pedro y Pablo, que ha llegado y sigue llevando el evangelio a todos los pueblos de la tierra

PETICIÓN Y PROFECÍA DE LOS ZEBEDEOS (Mc 10, 35-45)

(a. Petición) 35 Y se le acercaron Santiago  y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.36 Jesús les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros? 37 Ellos le contestaron: Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

(b. Respuesta. Profecía) 38 Jesús les replicó: No sabéis lo que pedís. )Podéis beber el cáliz que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que seré bautizado?39 Ellos le respondieron: Sí, podemos. Jesús entonces les dijo: Beberéis el cáliz que yo he de beber y seréis bautizados con el bautismo con que yo seré bautizado. 40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado.

(c. Confirmación) 41 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Jacobo y Juan. 42 Jesús los llamó y les dijo: Sabéis que los que parecen mandar a las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. 43 No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. 45 Pues tampoco el Hijo del humano ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por mucho (1)

Como representantes de la lógica del mando ha presentado Marcos a Jacobo y Juan, los primeros conspiradores de la iglesia, que utilizan a Jesús para saciar su sed de jerarquía. No buscan algo nuevo, insisten en la línea anterior de búsqueda de “poder”, de Roca (es decir Pedro) o de los Doce (9, 33-34; cf. 8, 33).

Juan es sin duda un reincidente, pues ya quiso controlar el Nombre de Jesús, impidiendo que un exorcista no comunitario pudiera valerse del nombre de Jesús (9, 38-41). Ambos son “hijos del trueno” (Mc 3, 17), en línea de fuego y violencia, pues quisieron que el fuego del cielo destruyera a lo samaritanos, un día que no quisieron recibirles (cf. Lc 9, 54). Habían sido llamados al principio para la pesca final (1, 16-29); unidos a Pedro, acompañaron a Jesús en la “resurrección” de la hija del Archisinagogo (5, 37) y en la transfiguración (9, 2).

Por eso, al pedirle ahora un puesto a la derecha e izquierda de su gloria, parecen responder con confianza a su confianza. Es lógico y bueno lo que piden (estar siempre al lado de Jesús), pero lo piden con lógica de mando, elevándose sobre el resto de los discípulos, y sobre todos los que forman el reino de Jesús, ocupando los puestos fundamentales “en su gloria” (en tê doxê sou), compartiendo su poder o su realeza. Es evidente que, siguiendo el orden en que aparecen siempre, Jacobo (¡quizá el mayor!) ocuparía el trono o asiento a la derecha de Jesús y Juan a su izquierda. Así formarían con Jesús el triunvirato del Reino. Pueden pensar en un reino político, que se instaurará en Jerusalén, tan pronto como lleguen (a pesar de los anuncios de derrota y muerte de Jesús). Leer más…

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Santiago Apóstol

jueves, 25 de julio de 2024
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santiago-apostol-21Del Blog de José Luis Sicre El Evangelio del Domingo:

En el Nuevo Testamento hay tres Santiago: el Mayor, hermano de Juan, cuya fiesta celebramos hoy; el Menor, hijo de Alfeo; y Santiago, «el hermano del Señor», que desempeña un papel muy importante en los Hechos de los Apóstoles; Eusebio de Cesarea lo presenta como el primer obispo de Jerusalén.

 Lo fundamental de la 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, es la última frase, sobre la decapitación de Santiago por orden de Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande. Como esto se cuenta en menos de un versículo (12,1b), la liturgia ha antepuesto un fragmento sobre el testimonio de los apóstoles a partir del c.4, utilizando varios versículos, suprimiendo otros, y cambiando su orden (4,33.5.12.27b-33). La muerte de Santiago queda enmarcada en el valor de los apóstoles, que se consideran obligados a «obedecer a Dios antes que a los hombres», aunque les cueste la vida.

 La 2ª lectura (2 Corintios 4,7-15) habla también de las persecuciones y dificultades del apóstol, pero Pablo está seguro de que «quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará a nosotros».

 Evangelio (Mateo 20,20-28)

 Conviene situarlo en su contexto. Jesús acaba de anunciar su muerte y resurrección. ¿Cómo reaccionarán los doce? Al primer anuncio reaccionó Pedro protestando. Al segundo siguió un silencio cargado de tristeza. Al tercero reaccionan todos de la manera más imprevisible, como si no se hubieran enterado de nada.

Entonces la madre de Santiago y Juan, que no estaba presente durante el anuncio anterior, pide para sus hijos algo totalmente contrario a lo que Jesús ha venido enseñando.

 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacer una petición.

Él le preguntó:

-¿Qué deseas?

Ella le contestó:

-Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús contestó:

-No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber la copa que yo voy a beber?

Le contestan:

-Podemos.

Les dice:

-Mi copa la beberéis, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; será para los que mi Padre tiene destinados.

Cuando los otros diez lo oyeron, se indignaron con los dos hermanos.

Pero Jesús los llamó y les dijo:

-Sabéis que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros; antes bien, quien quiera ser grande entre vosotros que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero, que se haga vuestro esclavo. Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos.

El relato de Mateo se basa en el de Marcos, pero introduce un cambio curioso. En Marcos son los dos hermanos quienes hacen la petición; en Mateo es la madre. No creo que responda a la tendencia habitual de Mateo de exculpar a los discípulos, porque Santiago y Juan se hallan presentes. Incluso quedan peor que en Marcos, porque buscan una recomendación.

La petición la interpretamos mal si la aplicamos a lo que ocurrirá «en el cielo». Los dos hermanos y su madre están pensando en lo que ocurrirá «en la tierra», cuando Jesús triunfe y se convierta en rey de Israel en Jerusalén. Quieren un puesto a la derecha y otro a la izquierda: Presidente de Gobierno y Primer Ministro. Para ellos, lo importante es subir. No aceptan el sufri­miento, ni ser como niños, ni han caído en la cuenta del escándalo que provocan con su actitud.

La respuesta de Jesús, menos dura de lo que cabría esperar, procede en dos pasos. En primer lugar, les recuerda que para triunfar hay que pasar antes por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión que él beberá. No queda claro si Juan y Santiago entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

Los otros diez también reaccionan en contra de la enseñanza de Jesús. No hay corrección fraterna individual sino indignación comunitaria.

Jesús aprovecha para enseñarles cómo deben ser las relacio­nes dentro de la comunidad. En la postura de los dos hermanos detecta una actitud muy humana, de simple búsqueda del poder. Para que los discípulos no caigan en ella, Jesús les presenta dos ejemplos opuestos: 1) El que no deben imitar: el de los reyes y monarcas helenísticos, famosos por su abuso del poder. 2) El que deben imitar: el del mismo Jesús, que ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

En medio de estos dos ejemplos queda la enseñanza capital: «el que quiera subir, sea servidor vuestro y el que quiera ser primero sea esclavo vuestro». En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto. Pero esto es lo que debe ocurrir «entre vosotros», dentro de la comunidad. Jesús no dice nada a propósito de lo que debe ocurrir en la sociedad, aunque critica indirectamente el abuso de poder. Es impor­tante tener presente que este texto no puede usarse hipócritamen­te contra los políticos, sin aplicarnos a nosotros la segunda parte.

Reflexión final

Las tres lecturas nos sugieren que la fiesta de Santiago no debemos utilizarla para lanzar las campanas al vuelo en plan nacionalista y superficial. Su ejemplo, y el de los demás apóstoles, fue la entrega plena a la proclamación del evangelio, aunque implicase persecuciones y muerte. Santiago nos anima a ser fieles a Jesús y al evangelio.

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25 de julio de 2024. Solemnidad de Santiago

jueves, 25 de julio de 2024
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Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo

(Mt 20, 20-28)

Esta fiesta de Santiago que se nos cuela en pleno domingo viene a recordamos algo muy importante: somos peregrinas, peregrinos. Necesitamos que nos lo recuerden porque nos pasa como a los discípulos, que se nos olvida, y en lugar de querer caminar tras las huellas de Jesús andamos buscado lugares de privilegio. Asientos de mando. Puestos importantes.

Sea como sea, los puestos importantes junto a Jesús no son como los imaginamos. El trono de Jesús es una cruz, es decir, el último y más inhóspito lugar. Si queremos estar a su derecha o a su izquierda nos espera una cruz, un lugar marginal. Esta es su manera de ser grande. Así no los manifiesta Él mismo a lo largo de toda su vida. Y así nos lo han ransmitido las primeras comunidades de creyentes que consignaron por escrito la vida y la enseñanza de Jesús, pero cuando leemos el evangelio, además de descubrir la grandeza de la Buena Noticia, se pone de manifiesto también la torpeza humana.

Aquellos primeros seguidores no entendían a Jesús. Lo habían dejado todo y andaban por Galilea detrás del Maestro, pero a cada paso se ponía de manifiesto que ni siquiera la convivencia estrecha con Jesús es suficiente para entrar en su Reino.

Y no es que el Reino sea difícil de encontrar, somos nosotras las que nos perdemos con soberana facilidad. Queremos ser discípulas, nos ponemos en camino, pero nos cuesta abandonarnos a un amor tan gratuito, a una verdad tan profunda y a una confianza tan extrema. Nos empeñamos en adoquinar el camino e incluso nos hemos atrevido a poner peajes. Sin embargo el Reino de Jesús es insobornable. El camino único para cada persona y solo se llega cuando acogemos a las demás como hermanas. Metiendo cualquier título que nos separe en la maleta del olvido y sirviendo, que es el segundo nombre del amor.

Oración 

A tu derecha o a tu izquierda, con las manos prontas para el servicio y los pies ligeros para el camino, compartiendo tu misma suerte, tu mismo destino. Amén

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Servir sin esperar nada a cambio

jueves, 25 de julio de 2024
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6d61dddd32fa4e7706fff4ee75eccb24_XLMt 20, 20-28

No es fácil hacer una reflexión coherente en esta fiesta de Santiago. Sabemos que se trata de una fiesta más sociológica que religiosa; la prueba está en que la celebramos como fiesta o no, dependiendo de los intereses del político de turno. Desde el punto de vista religioso no tiene mayor relevancia, pero aun así debemos aprovecharla para recordar nuestros orígenes y tomar conciencia de los primeros pasos del cristianismo en nuestra España. Aunque la relación de Santiago con nuestra patria no sobrepasa el ámbito de la leyenda, puede ser una ocasión para experimentar la pertenencia.

También puede ser una buena ocasión para expresar juntos nuestro agradecimiento. Acción de gracias a todos aquellos primeros seguidores de Jesús que nos han ayudado a ser lo que somos. Y no cabe duda que la vivencia de los apóstoles fue vital para todo el que, más tarde, ha querido acercarse a él. No olvidemos que la eucaristía es siempre “acción de gracias”. En la figura de Santiago, agradecemos a todos los que nos han ayudado a iniciarnos y progresar en la fe. Conscientes de que es una riqueza que no hemos merecido, pero que tenemos que descubrir y desplegar.

La fiesta de cualquier apóstol nos recuerda que lo que nosotros pretendemos vivir hoy, ya lo han vivido hace dos mil años, otros que eran tan humanos y tan limitados como nosotros. El evangelio que acabamos de escuchar, no tiene desperdicio; pero curiosamente no es ningún alegato a favor de Santiago y Juan, y tampoco de los otros diez. El recordar esas pretensiones tan “humanas” nos lleva a los fundamentos de la primera comunidad y nos recuerda como se fue desarrollando y extendiendo desde un insignificante grupo de discípulos muy duros de mollera.

El evangelio nos recuerda una de la claves del mensaje de Jesús. No es fácil entrar en la dinámica del servicio total a los demás sin esperar nada a cambio, como actitud básica en la vida de un seguidor de Jesús. Es uno de los puntos del evangelio que están sin estrenar. Poquísimos cristianos, a través de los dos mil años de cristianismo, han sido capaces de vivir esa simple enseñanza. Hoy sigue siendo para nosotros, la piedra donde tropezamos en nuestro intento de vivir el evangelio. Descubrir que el centro es siempre el otro nos llevaría a una auténtica actitud evangélica.

Se ha utilizado la religión para escalar puestos y vivir mejor. Cuentan de un monaguillo que tocaba las campanas con todo entusiasmo a la muerte de un Papa. Cuando le preguntaron qué le ponía tan eufórico, contestó: El escalafón es el escalafón. Seguimos intentando por todos los medios, estar por encima de los demás. Ni clérigos ni laicos dejan de buscar el ser más que los demás, el mandar y disponer según su voluntad. Esa voluntad se da por supuesto que es la voluntad de Dios.

El ser humano es social en todos los aspectos de la vida, también en el religioso. El seguimiento del evangelio no se puede hacer individualmente y desentendiéndose de de los demás, pero esa interdependencia tiene que vivirse con sentido de comunidad. En ningún caso debemos refugiarnos en guetos cerrados o peor aún, defensivos contra todo lo que no somos capaces de integrar. El grupo nos tiene que ayudar a comprender mejor y a vivir el evangelio.

El evangelio propone una alternativa al poder, como dominio y opresión. Para Jesús, todo poder que no se ejerce como servicio a todos es una usurpación del evangelio. Santiago y Juan pretendían aprovechar su cercanía a Jesús como un medio para alcanzar el poder. Jesús les ofrece una alternativa a ese mismo poder. Esta propuesta desbarata nuestra instintiva tendencia al domino de otro y a la opresión. Los primeros seguidores de Jesús aprendieron la lección, aunque les costó Dios y ayuda.

La necesidad de estar por encima de los demás es signo de que estamos anclados en nuestro falso yo. Nadie podrá superar esa exigencia del ego si no deja de identificarse con la parte de sí mismo que no es más que apariencia. El evangelio de hoy nos pone en guardia sobre esa tentación de emplear la religión para estar por encima de los demás. Recordemos que la diatriba de Jesús no va dirigida solo contra los dos hermanos sino también contra los diez que demuestran tener las mismas aspiraciones.

Vamos a aprovechar esta fiesta para pensar en nuestra pertenencia a una nación. Sin duda tenemos mucho que rectificar en la forma que hemos tenido de vivir la fe en comunidad. Hemos dejado atrás el nacionalcatolicismo, pero dudo que hayamos superado el afán de vencer al opositor en lugar de convencer desde la vivencia religiosa. No podemos evocar esta fiesta para seguir defendiendo nuestros instintos patrioteros, oponiéndonos con uñas y dientes a todo el que no es de los nuestros.

La campaña de desprestigio y acoso que está sufriendo hoy el cristianismo en España no debe asustarnos y debe servir de acicate para superar actitudes trasnochadas. En vez de quejarnos, lo que tenemos que hacer es ser más fuertes, pero desde la postura de Jesús, abandonando todo privilegio y poniéndonos a nivel de los más bajos para elevar a todos desde ahí. Los apóstoles no lo entendieron todo de repente, pero supieron aprender de sus mismos errores. Los fallos tienen que hacernos más firmes.

También tiene sentido celebrar con los no creyentes una fiesta sociológica. Cada pueblo, y el conjunto de todos los pueblos de España, tenemos que vivir en comunidad para poder solucionar los problemas que afectan a todos. El primer requisito para que nos comprometamos en la búsqueda del bien común, será potenciar el sentido de pertenencia. El pertenecer a una familia no impide, sino que potencia la pertenencia a un pueblo o ciudad, sea grande o pequeña. La pertenencia a un municipio no tiene que impedir para nada la integración en la región. Si la pertenencia a una comunidad no me hace sentirme más seguro y más libre es que están mal planteados.

Jesús nos dijo: No será así entre vosotros. Pero la historia y los oprimidos nos dicen: “Ha sido y sigue siendo así entre nosotros”. Seguimos con la misma dinámica de los dos hermanos. Debemos comparar lo que vivimos con la propuesta de Jesús. No vale la excusa: “primero hay que servir a Dios y luego a los hombres”. Esta idea es sencillamente diabólica, porque bajo el pretexto de servir a Dios, estamos preparados para servirnos de todo dios, y dispensarnos de servir a los demás.

Ni poder ni riqueza ni honores tienen valor para Jesús, porque no ayudan a ser más humanos. Lo único que nos hace más humano es el servicio a los demás. El único valor absoluto es el hombre, cualquier hombre; a él tiene que estar orientado todo lo demás. Esta actitud, que es la clave del mensaje de Jesús, la hemos cambiado por otra que no se le parece en nada. Para la Iglesia, lo importante es la institución no la persona. En nombre de la institución se puede machacar impunemente a la persona concreta, poniendo como excusa que hay que sacrificarse por la comunidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Poder o Servicio

jueves, 25 de julio de 2024
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IMG_6185Fiesta de Santiago 

25 julio 2024

Mt 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:

-“¿Qué deseas?”.

Ella contestó:

– “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

Pero Jesús replicó:

– “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”.

Contestaron:

-“Lo somos”.

Él les dijo:

– “Mi cáliz lo beberéis, pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”.

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:

– “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.

 

  Parece que la búsqueda de poder, en todos los niveles, es tan antigua como la humanidad. También en el reducido grupo de Jesús, que siempre lo denunció con fuerza, afloró la lucha interna por ese motivo. El evangelista Mateo, tratando de “suavizar” la situación, pone la petición en boca de la madre de los Zebedeos, aunque sabemos por Marcos (10,35) que no fue ella, sino los propios hermanos, quienes reclamaban de Jesús los lugares de privilegio.

  ¿Qué tiene el poder que lo convierte en objeto prioritario de deseo? Fundamentalmente, promesa de autoafirmación, de bienestar y de seguridad. Veamos cada una de ellas.

  El yo se afirma en la comparación, confrontándose con los otros -si dejara de confrontarse, saldría de la consciencia de separatividad y terminaría diluyéndose- y marcando su (imaginada) superioridad. El poder le promete una posición de superioridad e incluso de dominio, sumamente golosa para él.

  El yo trata de eludir constantemente la frustración. Desde su pretensión de que la realidad responda a sus deseos, cree encontrar en el poder la posición privilegiada para conseguir todo lo que se propone.

  El yo, como vacío que es, hambrea seguridad. Ahí nace su necesidad compulsiva de aferrarse a todo aquello que puede sostenerlo: posesiones, bienes, títulos, imagen, relaciones… Pues bien, el poder promete otorgarle una aureola de fuerza y de superioridad, haciéndole creer que se encuentra a salvo de los miedos.

  Eso es lo que el poder promete. Pero la realidad es bien distinta: lo que realmente produce es división y enfrentamiento. Y es aquí donde se hace patente la sabiduría de Jesús, constatando cómo funciona el ejercicio del poder, previniendo de su trampa (“no será así entre vosotros”) y compartiendo su propio camino de servicio.

 La sabiduría -el acierto en la existencia- no pasa por acumular poder, sino por servir hasta dar la vida. La búsqueda de poder es el programa del ego, que terminará en frustración; el servicio nace de la comprensión de lo que somos.

¿Qué hay en mí de búsqueda de poder, aunque solo sea en mis relaciones más cercanas, y qué hay de servicio?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El poder es como el nogal, que no deja crecer nada a su sombra.

jueves, 25 de julio de 2024
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IMG_6333Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Las raíces de nuestra fe y de nuestra traditio

Celebramos hoy la fiesta de Santiago Apóstol hermano de Juan, hijos del Zebedeo y apodados, “hijos del trueno” posiblemente por su violencia cercana al zelotismo.

Aunque evangelizó fuera de Jerusalén probablemente muere en Jerusalén, al poco tiempo de la muerte y resurrección de Jesús, hacia el año 41-44.

Estas celebraciones de las fiestas de los apóstoles: Pedro y Pablo, Andrés, Bartolomé, Santiago, etc. constituyen una llamada a pensar y a agradecer las raíces de nuestra fe, así como de nuestra tradición cultural.

Ellos nos transmitieron y hasta nosotros ha llegado la fe en el Señor Jesús.

02.- Resurrección de Cristo

        En la primera lectura del libro de los Hechos hemos escuchado el cómo Santiago y los primeros cristianos vivían y predicaban el núcleo original de la fe cristiana: predicaban a Cristo resucitado: daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús.

        La resurrección es el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza. Sin embargo la resurrección del Señor, y la nuestra, ha quedado muy difuminada en la vida de la Iglesia. De la resurrección no pensamos ni hablamos ya ni en los funerales.

        Y sin embargo la resurrección es la piedra angular de nuestra fe, porque como “aquello” (la resurrección), no; “esto” del “más acá”, tampoco…

        Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe y nuestra palabra es inútil, (1Cor 15,14).

        La resurrección es la meta de nuestra esperanza y la esperanza que aguardamos es la alegría y serenidad del presente.

        No nos dispersemos y perdamos el tiempo y el humor en cuestiones secundarias o terciarias.

Miremos y esperemos (esperanza) la resurrección y la vida a la que estamos llamados.

03.- Aires de Grandeza

        No sé qué tiene el poder que tanto atrae.

        Entre los discípulos y personas cercanas a Jesús había ansias de poder. Un grupo de discípulos esperaban un mesías poderoso; la suegra (la familia) de Pedro vivía en una fiebre de poder…, que Cristo hubo de curar. En el pasaje del evangelio de hoy encontramos la petición de la madre de los Zebedeos a Jesús de dos puestos (¿dos carteras?) en su futuro Reino (gobierno)  para sus hijos.

Lo de Jesús es otra historia. Para Jesús grande es quien sirve. El poder tiraniza: los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor.

El poder tiraniza. O dicho de otra manera, el poder es como el nogal, que no deja crecer nada a su sombra.

Contrasta mucho el liderazgo de Jesús y de los cristianos con el poder mundano. La autoridad de Jesús se basa en la misericordia y el servicio. El mayor entre ellos debe ser el servidor de todos, y el primero debe ser el último. Jesús mismo es el ejemplo, ya que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida.

El modo de entender Jesús estas cosas es una llamada a reconsiderar nuestras ideas sobre el poder y el liderazgo.

En un mundo y en una Iglesia donde la grandeza a menudo se mide por el estatus, la riqueza, el apellido, los cargos, el poder, Jesús nos llama a un modelo radicalmente diferente. Nos invita a buscar la grandeza a través del servicio y la humildad, poniendo las necesidades de los demás por encima de las nuestras.

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor

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Santiago, apóstol – B (Mateo 20,20-28)

domingo, 25 de julio de 2021
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santiago-apostol-ft-imgSolemnidad de Santiago, apóstol, patrono de España

En pocos años ha crecido de manera insospechada el número de gentes, sobre todo jóvenes, que recorren «el camino de Santiago». No es fácil saber a qué se debe exactamente tal atracción. Peregrinar es mucho más que hacer deporte o vivir una aventura. Mucho más que emprender un viaje turístico o recorrer una ruta cultural. ¿Qué buscan quienes se ponen en camino hacia Santiago?

El camino ha sido desde muy antiguo un símbolo empleado para significar la vida humana. Vivir es caminar, dar pasos, marchar hacia el futuro. Lo dijo de forma bella Jorge Manrique en sus famosas Coplas: «Partimos cuando nacemos andamos mientras vivimos y llegamos al tiempo que fenecemos así que cuando morimos descansamos». Quien peregrina largas horas fácilmente comienza a repensar su vida de peregrino por esta tierra.

El camino es siempre marcha hacia adelante: ¿hacia dónde? El peregrino se pone en camino por algo: ¿qué le anima a emprender la marcha? Sin meta no hay camino sino un ir de una parte a otra vagando sin sentido. Solo la meta convierte el recorrido en camino. Solo la meta da sentido a los esfuerzos de cada día. La pregunta es inevitable: ¿Cuál es la meta de la vida?, ¿hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos?

Siempre se emprende el camino con esperanza y cierto temor, con confianza y con incertidumbre. Es necesario andar el camino acertado, no extraviarse, no seguir caminos equivocados. Así sucede también en la vida. Hemos de encontrar nuestro propio camino: ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿a qué quiero dedicarla? La grandeza de una persona se mide por la meta a que aspira y por el ideal que moviliza sus d40dd86f9dc1b43a81230e9e535c6630esfuerzos. Solo cuando sigue su vocación personal, sale el joven de la indefinición y del gregarismo.

Con el paso de los días, la peregrinación se va convirtiendo en escuela que permite ahondar en lo esencial de la vida. El cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo, van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón. Es entonces cuando pueden brotar las preguntas esenciales: ¿No es Dios la meta última del ser humano? ¿No es la vida un peregrinar hacia nuestra patria verdadera? ¿No es Cristo el camino que hemos de seguir para encontrarnos con el Padre?

La llegada a Santiago, el encuentro con el apóstol testigo del Señor, la acción de gracias a Dios, la súplica callada, la reconciliación sacramental y la participación en la eucaristía puede culminar una experiencia religiosa renovadora como pocas.

José Antonio Pagola

 

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Servir sin esperar nada a cambio.

domingo, 25 de julio de 2021
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santiagoMt 20, 20-28

No es fácil hacer una reflexión coherente en esta fiesta de Santiago. Sabemos que se trata de una fiesta más sociológica que religiosa; la prueba está en que la celebramos como fiesta o no, dependiendo de los intereses del político de turno. Desde el punto de vista religioso no tiene mayor relevancia, pero aun así debemos aprovecharla para recordar nuestros orígenes y tomar conciencia de los primeros pasos del cristianismo en nuestra España. Aunque la relación de Santiago con nuestra patria no sobrepasa el ámbito de la leyenda, puede ser una ocasión para experimentar la pertenencia.

También puede ser una buena ocasión para expresar juntos nuestro agradecimiento. Acción de gracias a todos aquellos primeros seguidores de Jesús que nos han ayudado a ser lo que somos. Y no cabe duda que la vivencia de los apóstoles fue vital para todo el que, más tarde, ha querido acercarse a él. No olvidemos que la eucaristía es siempre “acción de gracias”. En la figura de Santiago, agradecemos a todos los que nos han ayudado a iniciarnos y progresar en la fe. Conscientes de que es una riqueza que no hemos merecido, pero que tenemos que descubrir y desplegar.

La fiesta de cualquier apóstol nos recuerda que lo que nosotros pretendemos vivir hoy, ya lo han vivido hace dos mil años, otros que eran tan humanos y tan limitados como nosotros. El evangelio que acabamos de escuchar, no tiene desperdicio; pero curiosamente no es ningún alegato a favor de Santiago y Juan, y tampoco de los otros diez. El recordar esas pretensiones tan “humanas” nos lleva a los fundamentos de la primera comunidad y nos recuerda como se fue desarrollando y extendiendo desde un insignificante grupo de discípulos muy duros de mollera.

El evangelio nos recuerda una de la claves del mensaje de Jesús. No es fácil entrar en la dinámica del servicio total a los demás sin esperar nada a cambio, como actitud básica en la vida de un seguidor de Jesús. Es uno de los puntos del evangelio que están sin estrenar. Poquísimos cristianos, a través de los dos mil años de cristianismo, han sido capaces de vivir esa simple enseñanza. Hoy sigue siendo para nosotros, la piedra donde tropezamos en nuestro intento de vivir el evangelio. Descubrir que el centro es siempre el otro nos llevaría a una auténtica actitud evangélica.

Se ha utilizado la religión para escalar puestos y vivir mejor. Cuentan de un monaguillo que tocaba las campanas con todo entusiasmo a la muerte de un Papa. Cuando le preguntaron qué le ponía tan eufórico, contestó: El escalafón es el escalafón. Seguimos intentando por todos los medios, estar por encima de los demás. Ni clérigos ni laicos dejan de buscar el ser más que los demás, el mandar y disponer según su voluntad. Esa voluntad se da por supuesto que es la voluntad de Dios.

El ser humano es social en todos los aspectos de la vida, también en el religioso. El seguimiento del evangelio no se puede hacer individualmente y desentendiéndose de de los demás, pero esa interdependencia tiene que vivirse con sentido de comunidad. En ningún caso debemos refugiarnos en guetos cerrados o peor aún, defensivos contra todo lo que no somos capaces de integrar. El grupo nos tiene que ayudar a comprender mejor y a vivir el evangelio.

El evangelio propone una alternativa al poder, como dominio y opresión. Para Jesús, todo poder que no se ejerce como servicio a todos es una usurpación del evangelio. Santiago y Juan pretendían aprovechar su cercanía a Jesús como un medio para alcanzar el poder. Jesús les ofrece una alternativa a ese mismo poder. Esta propuesta desbarata nuestra instintiva tendencia al domino de otro y a la opresión. Los primeros seguidores de Jesús aprendieron la lección, aunque les costó Dios y ayuda.

La necesidad de estar por encima de los demás es signo de que estamos anclados en nuestro falso yo. Nadie podrá superar esa exigencia del ego si no deja de identificarse con la parte de sí mismo que no es más que apariencia. El evangelio de hoy nos pone en guardia sobre esa tentación de emplear la religión para estar por encima de los demás. Recordemos que la diatriba de Jesús no va dirigida solo contra los dos hermanos sino también contra los diez que demuestran tener las mismas aspiraciones.

Vamos a aprovechar esta fiesta para pensar en nuestra pertenencia a una nación. Sin duda tenemos mucho que rectificar en la forma que hemos tenido de vivir la fe en comunidad. Hemos dejado atrás el nacionalcatolicismo, pero dudo que hayamos superado el afán de vencer al opositor en lugar de convencer desde la vivencia religiosa. No podemos evocar esta fiesta para seguir defendiendo nuestros instintos patrioteros, oponiéndonos con uñas y dientes a todo el que no es de los nuestros.

La campaña de desprestigio y acoso que está sufriendo hoy el cristianismo en España no debe asustarnos y debe servir de acicate para superar actitudes trasnochadas. En vez de quejarnos, lo que tenemos que hacer es ser más fuertes, pero desde la postura de Jesús, abandonando todo privilegio y poniéndonos a nivel de los más bajos para elevar a todos desde ahí. Los apóstoles no lo entendieron todo de repente, pero supieron aprender de sus mismos errores. Los fallos tienen que hacernos más firmes.

También tiene sentido celebrar con los no creyentes una fiesta sociológica. Cada pueblo, y el conjunto de todos los pueblos de España, tenemos que vivir en comunidad para poder solucionar los problemas que afectan a todos. El primer requisito para que nos comprometamos en la búsqueda del bien común, será potenciar el sentido de pertenencia. El pertenecer a una familia no impide, sino que potencia la pertenencia a un pueblo o ciudad, sea grande o pequeña. La pertenencia a un municipio no tiene que impedir para nada la integración en la región. Si la pertenencia a una comunidad no me hace sentirme más seguro y más libre es que están mal planteados.

Jesús nos dijo: No será así entre vosotros. Pero la historia y los oprimidos nos dicen: “Ha sido y sigue siendo así entre nosotros”. Seguimos con la misma dinámica de los dos hermanos. Debemos comparar lo que vivimos con la propuesta de Jesús. No vale la excusa: “primero hay que servir a Dios y luego a los hombres”. Esta idea es sencillamente diabólica, porque bajo el pretexto de servir a Dios, estamos preparados para servirnos de todo dios, y dispensarnos de servir a los demás.

Ni poder ni riqueza ni honores tienen valor para Jesús, porque no ayudan a ser más humanos. Lo único que nos hace más humano es el servicio a los demás. El único valor absoluto es el hombre, cualquier hombre; a él tiene que estar orientado todo lo demás. Esta actitud, que es la clave del mensaje de Jesús, la hemos cambiado por otra que no se le parece en nada. Para la Iglesia, lo importante es la institución no la persona. En nombre de la institución se puede machacar impunemente a la persona concreta, poniendo como excusa que hay que sacrificarse por la comunidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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