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«Pidamos por la reforma y conversión del Papado para ser una Iglesia sinodal», por Consuelo Vélez

domingo, 29 de junio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Fiesta de San Pedro y San Pablo, Apóstoles 29-05-2025

El evangelio de hoy expresa lo que Pedro será en la Iglesia católica: garante de unidad, de sucesión apostólica, de continuidad de la fe

A Pablo por su dedicación total a la predicación, su testimonio constante, se le considerara al mismo nivel que Pedro

Actualmente es urgente una reforma del Papado, como ya lo había señalado el papa Francisco y el Documento final del Sínodo de la Sinodalidad, para que ese ministerio sea testimonio de servicio e inclusión, con menos señales de Iglesia imperial y más de Iglesia de Jesucristo

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

+ «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».

Ellos le respondieron:

– «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

+ «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió:

– «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo:

– «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo»

(Mateo 16, 13-19)

Este domingo coincide con la fiesta de San Pedro y San Pablo a los que la Iglesia considera fundamentales en el despliegue de la Iglesia, cada uno con características propias. El evangelio de hoy se refiere a Pedro y su confesión de fe. Seguramente este texto es post pascual, es decir, Pedro confiesa a Jesús como Cristo después de la experiencia de la resurrección. Pero esto no significa que su protagonismo no se refleje en todos los evangelios desde el inicio de su seguimiento de Jesús, al ser, muchas veces, vocero de los Doce y ocupar el primer lugar en diversas circunstancias. Además, este evangelio expresa lo que Pedro será en la Iglesia católica: garante de unidad, de sucesión apostólica, es decir, de continuidad de la misma fe.

Por su parte Pablo no formó parte de los Doce, sino que tiene la experiencia de Jesús unos 3 o 4 años después de los acontecimientos pascuales. Pero su dedicación total a la predicación, su testimonio constante, hizo que con el tiempo se le considerara al mismo nivel que Pedro.

De hecho, el libro de los Hechos de los Apóstoles dedica la primera parte a Pedro y la segunda parte a Pablo, y relata hechos similares de los dos, mostrando su importancia en el desarrollo de la Iglesia. Según los datos de este libro, se encontraron dos veces en Jerusalén y una en Antioquía, donde mostraron diferencias.

Se cree que Pedro fue asesinado en Roma por el año 64. De Pablo se dice lo mismo, aunque los datos no son muy precisos. Los primeros cristianos que conmemoraban a sus compañeros mártires, juntaron a Pedro y Pablo en la fiesta del 29 de junio, en el que se celebraba la inauguración del templo de Quirino, considerado fundador de Roma; para decir que Roma estaba fundada con la sangre de Pedro y Pablo. Lo interesante es que ellos son ejemplo de la unidad en la diversidad y así debería ser nuestra iglesia para que en verdad quepan “todos, todos, todos”, como decía el Papa Francisco y ha repetido el Papa León XIV.

Precisamente con la elección del nuevo Papa y las celebraciones litúrgicas a las que asistimos el mes pasado del inicio de este pontificado, hemos podido ver cómo se organiza la Iglesia católica y de qué manera el Papa es continuador de estos Apóstoles, piedras vivas, de la Iglesia. De todas maneras, está por realizarse una reforma del Papado, como ya lo había señalado el papa Francisco y el Documento final del Sínodo de la Sinodalidad, para que ese ministerio fundamental sea testimonio de servicio e inclusión, con más descentralización, más sinodalidad, más austeridad, reflejando más el ardor misionero de los primeros apóstoles y menos el poder y organización de una iglesia con las mismas características del Imperio. Pidamos por la reforma del Papado y de la organización eclesial para ser verdaderamente una iglesia sinodal.

(Foto tomada de: https://corazoneucaristicodejesus.blogspot.com/2011/06/pedro-y-pablo.html)

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“Jesús se hace pregunta“, por Joseba Kamiruaga Meza CMF

domingo, 29 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

El episodio evangélico de la «confesión de Pedro» está situado por Mateo en los alrededores (literalmente «hacia las partes de») de Cesarea de Filipo, en el extremo norte de la tierra de Israel, en las laderas del monte Hermón, donde nace el Jordán, cerca de aquella ciudad que en su propio nombre lleva las huellas de sus orígenes romanos y de su nobleza imperial. Cesarea es la Imperial. Fue llamada Cesarea precisamente por Felipe, el tetrarca, en honor al emperador.

Y es precisamente allí donde tiene lugar la confesión que proclama a Jesús como Mesías. Es interesante observar que estamos muy lejos de Jerusalén, prácticamente en el vértice geográfico, pero también simbólico, opuesto al lugar donde se encuentra la «ciudad santa».

Es en esta zona excéntrica, periférica y paganizada donde resuena la confesión mesiánica de Pedro. De hecho, con esta statio en las cercanías de Cesarea de Filipo, el itinerario que llevó a Jesús a Genesaret (14,34), luego a las cercanías de Tiro y Sidón (15,21), luego a lo largo del mar de Galilea (15,29) y a la región de Magadán (15,39), llega a su última etapa. Inmediatamente después, el camino de Jesús tomará otra dirección, dirigiéndose hacia Jerusalén: «Desde entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén» (Mt 16,21).

En Cesarea de Filipo, Jesús interroga a sus discípulos. Y los interroga en dos ocasiones. Primero de manera indirecta, luego directa o, podríamos decir, sin escapatoria. Tras una primera pregunta genérica sobre quién dice la gente que es el Hijo del hombre, una pregunta que no interpela personalmente y no involucra demasiado a sus discípulos, les hace una pregunta de la que no pueden escapar: «¿Quién decís que soy yo?». Es más, el texto contiene un matiz adversativo: «Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Es decir, según Jesús, su condición de discípulos debería haberles llevado a un conocimiento diferente y más profundo de él, más allá de las habladurías y opiniones de la gente. No solo eso, en la primera pregunta, Jesús pregunta por la identidad del Hijo del hombre, quizás el título mesiánico más elevado (cf. Mt 9,6; 10,23; 16,27-28; 19,28; 24,27.30; 26,64; etc.), pero en la segunda pasa directamente al yo y la pregunta se vuelve personal, apremiante, incluso dolorosa.

Vosotros que habéis vivido conmigo, vosotros que habéis escuchado de cerca mis palabras, vosotros que habéis compartido conmigo un tramo de vida y de camino existencial, vosotros, ¿quién decís que soy yo? Jesús se hace pregunta por sus discípulos. Y Jesús nos alcanza como pregunta.

Él mismo es la pregunta que nos inquieta, que nos sacude, que no pide ser evadida con una respuesta ilusoriamente exhaustiva, sino que se repite cada día y en cada etapa de la vida. Incluso para el creyente, Jesús no es ante todo y únicamente una respuesta, o la respuesta, sino una pregunta, la pregunta.

Y precisamente este carácter interpelador de Jesús es vital, vivificante y dinamizador. Ciertamente, como una espina en la carne. Jesús es una pregunta a la que no es nada fácil responder. Como se desprende también de nuestro texto. Si a la primera pregunta de Jesús sigue una respuesta colectiva, de todos los discípulos: «Ellos dijeron» (Mt 16,14), a la segunda, que también está dirigida a todos ellos, responde solo uno, Pedro. Esta pregunta hace huir a muchos, deja mudos a muchos, opera una selección radical: esta pregunta pone a prueba a los discípulos que, antes de huir en el momento de la pasión, ya se desvanecen incapaces de decir nada. Excepto Pedro.

Pero antes de todo, los discípulos pasan revista a las identificaciones de Jesús que circulaban entonces entre la gente. El rasgo común de las diferentes identificaciones es el carácter profético atribuido a Jesús. En primer lugar, Juan el Bautista, a quien Jesús mismo reconocía como profeta, es más, como «más que un profeta» (Mt 11,9), como precursor del Mesías (Mt 11,10). Mateo señala que la multitud consideraba a Juan «un profeta» (Mt 14,5; 21,26). Ciertamente, al identificar a Jesús con el Bautista, se suponía que Juan había resucitado, ya que Herodes lo había condenado a muerte (Mt 14,3-12). Esta identificación era también la opinión de Herodes, que decía de Jesús: «Este es Juan el Bautista. Ha resucitado de entre los muertos y por eso tiene poder para hacer prodigios» (Mt 14,2).

En cuanto a Elías, la tradición bíblica lo consideraba precursor de la venida del Señor (Mal 3,23; Eclo 48,10) y Jesús lo identificó con el Bautista (Mt 11,14; 17,10-13). Solo en Mateo se encuentra la referencia a Jeremías. Este fue el profeta que vivió una verdadera pasión, sufriendo mucho a causa de la casta sacerdotal y padeciendo mucho en Jerusalén. Quizás, por tanto, en la referencia a Jeremías en relación con Jesús se esconde la alusión a la historia de contradicción y sufrimiento que esperará al Hijo del hombre en su camino, que encontrará en Jerusalén su etapa decisiva (cf. Mt 16,21).

Para otros, finalmente, Jesús es simplemente un profeta, un profeta como otro cualquiera. Pero todas estas palabras quedan en la superficie, y Jesús mismo no se conforma con ellas. Sobre todo, le interesa saber qué han comprendido de él sus discípulos.

A la segunda pregunta de Jesús, Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Pedro retoma la confesión de los discípulos que estaban en la barca: «Tú eres el Hijo de Dios» (Mt 14,33); antepone la confesión mesiánica: «Tú eres el Cristo», y añade el adjetivo «vivo». Pedro retoma del Primer Testamento la expresión que define al Dios de Israel como el «Dios vivo» (cf. Dt 5,26; Os 2,1) y, unificando la confesión mesiánica y el reconocimiento de la divinidad, compone un título único, típicamente cristiano, en el que emerge la centralidad de Jesús como manifestación de la plenitud de la vida que viene de Dios.

Pedro reconoce en Cristo a aquel que da vida a Dios en su existencia. Pedro, la piedra que se hundía en las aguas del mar de Galilea, agobiado por la poca fe y las dudas sobre quién era realmente Jesús («Si eres tú»: Mt 14,28), ahora se convierte en piedra viva (cf. 1 P 2,5) gracias a la fe, y a una fe que es por gracia, por revelación, como Jesús mismo le declarará (Mt 16,17). Del «Si eres tú» al «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» se produce un paso que no se debe a una evolución de la inteligencia, sino al don de Dios.

De hecho, Jesús responde a Pedro proclamando su bienaventuranza como depositario de una revelación desde lo alto. Jesús reconoce que Pedro se ha convertido en receptáculo de la revelación de Dios. La confesión de Pedro está bajo el signo de la gratuidad, no del mérito. Y el hecho de que Jesús llame a Pedro con la expresión aramea que contiene el patronímico, «Simón, hijo de Jonás» (Mt 16,17), y luego utilice la fórmula hebrea «carne y sangre», indica que esta revelación se ha depositado sobre la debilidad humana de Pedro, sobre su humanidad frágil y pobre.

Como destinatario de la revelación divina, Pedro es uno de los pequeños objetos de la benevolencia y la complacencia divinas. La bienaventuranza dirigida a Pedro se hace eco de la alabanza dirigida por Jesús al Padre «porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños» (cf. Mt 11,25).

Esta proclamación dirigida a Pedro está en la base de la afirmación sobre la Iglesia (Mt 16,18). La Iglesia nace de la gracia y del don de Dios. Una gracia y un don que Pedro ha experimentado en primera persona. La firmeza de Pedro va acompañada de la conciencia de su fragilidad y debilidad, que ciertamente no le son quitadas, como se verá en el resto del relato evangélico: la última mención de Pedro en el primer Evangelio nos lo muestra entre lágrimas después de su triple negación (Mt 26,75).

Pedro, aquí gratificado -en sentido etimológico- con una bienaventuranza dirigida nominalmente a él, no volverá a ser mencionado por Mateo en los relatos de las apariciones del Resucitado. La figura de Pedro permanece con toda su ambivalencia, que lleva a Jesús a declararlo roca y piedra de escándalo, destinatario de la revelación del Padre y de Satanás (Mt 16,23).

La afirmación de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia expresa el hecho de que la Iglesia, obra de Cristo mismo y fundada sobre su resurrección, prolonga la vida de Jesús que, resucitado de entre los muertos, da esperanza a todos los hombres. La apertura al don de Dios permite a la Iglesia contrarrestar la acción de las fuerzas del mal, dando espacio al poder de Cristo mediante la fe. La Iglesia vive de la promesa de Cristo.

Por último, Jesús habla de las llaves del Reino entregadas a Pedro y de su poder de atar y desatar (Mt 16,19). Estas palabras designan a Jesús como aquel que determina los criterios de la acción eclesial. Las «llaves» designan la autoridad (cf. Is 22,22). Jesús es el Señor y las posee y las entrega a quien lo reconoce, confiándole así la autoridad para enseñar de acuerdo con su palabra.

Si los fariseos se llevaron la llave del conocimiento impidiendo la entrada al Reino a quienes querían entrar (cf. Lc 11,52), las llaves del Reino que Jesús entrega son esenciales para que todos los pueblos entren en el Reino: «Id y haced discípulos a todos los pueblos […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19).

El poder de las llaves va acompañado del poder de atar y desatar, es decir, de prohibir o permitir, en el ámbito disciplinario y doctrinal. Y se convierte, en particular, en el ámbito eclesial, en el poder de perdonar los pecados, verdadero poder que narra la potencia de la resurrección.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de los Santos Pedro y Pablo, 29 de junio de 2025

1.- Jesús se hace pregunta.

2.- ¿Quién decís que soy yo?.

3.- El primado de la fe de Pedro.

4.- ¿Quién eres Señor?.

5.- La bienaventuranza de Pedro.

6.- Llaves que abren las hermosas puertas de Dios.

7.- Una pregunta que da vida.

8.- Confesión de fe.

 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“Aprended de mí, dice el Señor, a acoger y a incluir”, por Joseba Kamiruaga Meza.

sábado, 28 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Me gustaría proponer tres pasajes de la Biblia, de los Evangelios, que nos ayudan a arrojar luz sobre cómo la Iglesia puede trabajar con las personas LGBTQ+ porque entiendo que en todo esto, es necesario mirar a Jesús porque Jesús es el modelo para saber cómo tratar a todos en la Iglesia y cómo hacer cualquier cosa.

1.- En Cafarnaúm, Jesús es abordado por un centurión romano al mando de cien hombres.

Este soldado le dice que su siervo está enfermo. Jesús se ofrece a ir a su casa y el hombre le dice que no es necesario, porque basta con que Él lo diga y su siervo se curará. También le explica a Jesús que tiene muchas personas bajo su autoridad, que obedecen todas sus órdenes. Jesús se queda atónito y afirma que nunca ha visto una fe así en ningún lugar de Israel. Al final del pasaje, Jesús cura al siervo del hombre.

Para la mayoría de los cristianos, esta historia muestra el poder de Jesús, capaz de curar enfermedades con solo sus palabras. Pero hay otro significado que a veces se nos escapa…

El centurión romano es completamente ajeno a la sociedad judía. No es judío. No es monoteísta. No cree en un solo Dios. Probablemente es politeísta, cree en la religión de Roma. Sin embargo, Jesús no condena a este personaje, a pesar de que no es de cultura judía, ni le pide que se convierta antes de dirigirse a Él ni como condición para la concesión del favor que le solicita. Al contrario, le escucha y se encuentra con él. Le escucha atentamente y luego le hace un gran favor, curando a su siervo.

Esta es una primera indicación de cómo Jesús trata a las personas marginadas, y creo que es una gran lección para todos nosotros, en la Iglesia y en la sociedad, sobre cómo tratar a las personas que desean encontrar a Dios y que desean tener una relación con Dios. Es exactamente lo que quiere el centurión romano: al pedir su ayuda, declara que quiere una relación con Jesús. Y Jesús le ayuda, le trata con respeto, compasión y sensibilidad.

2.- La segunda historia es la de la mujer en el pozo, o la samaritana.

En la época de Jesús, los judíos y los samaritanos estaban enfrentados por motivos principalmente religiosos. Se tiende a interpretar la parábola del buen samaritano como una invitación a ser siempre buenas personas y a ayudar al prójimo, pero esa historia tiene un significado adicional para la gente de la época porque los samaritanos eran «los otros», el grupo odiado.

En el Evangelio de Juan, Jesús se encuentra en Samaria, la región donde viven los opositores al judaísmo, y al mediodía se encuentra con una mujer samaritana junto a un pozo. Más adelante en la historia, comprendemos por qué esa mujer estaba en el pozo al mediodía, a pesar del gran calor: se había casado varias veces y ahora vivía con un hombre que no era su marido. Probablemente, por lo tanto, había sido excluida por las otras mujeres y tal vez se sentía marginada. Jesús comienza a hablarle a pesar de ser una mujer samaritana. Y, en lugar de condenarla o criticarla, escucha su historia y los dos mantienen una de las conversaciones más largas de todos los Evangelios.

También en este caso, como en la historia anterior de Cafarnaúm, Jesús trata a una persona marginada —una mujer samaritana que vive con un hombre que no es su marido— con respeto, compasión y sensibilidad. La encuentra, la escucha, crea una intimidad revelándose a ella.

3.- La tercera historia, la última, es la historia de Zaqueo —invito a interpretar a este personaje como un ejemplo, un emblema de las personas LGBTQ+ en la Iglesia— y se encuentra en el Evangelio según Lucas.

Jesús está atravesando Jericó, una de las ciudades más grandes de la época. En Jericó vive un hombre llamado Zaqueo, que es el jefe de los publicanos, lo que en aquella época significaba ser el peor de los pecadores (ser jefe de los publicanos significaba estar confabulado con los romanos, y esto hace que Zaqueo se sienta extremadamente marginado). Zaqueo es descrito como un hombre de baja estatura y es descrito como incapaz de ver a Jesús debido a la multitud. En la historia, Jesús está pasando y Zaqueo se sube a un árbol para verlo. Ese era su deseo, y para intentar cumplirlo decide subirse a un árbol, porque entre la multitud no puede verlo. Y mientras Jesús atraviesa la multitud, no señala a un líder religioso, a un rabino o a uno de sus discípulos, sino que se dirige a Zaqueo y le pide que baje inmediatamente, porque quiere quedarse en su casa. Esta es una señal pública de acogida hacia alguien que está marginado. Zaqueo baja lleno de alegría. Zaqueo baja y le acoge en su casa.

Al ver la escena, todos murmuraban. Todos los que vieron a Jesús extender su gracia a una persona marginada se enfadaron, porque extender la gracia a los marginados siempre enfada a alguien. Pero Zaqueo permanece en su lugar y dice que dará la mitad de sus bienes a los pobres y que, si ha defraudado a alguien, le devolverá cuatro veces más. Por lo tanto, se convierte. Y con «conversión» no me refiero a una terapia de conversión, de la que algunos hablan en relación con las personas LGBTQ+, sino que hablo de conversión, en griego metanoeîn: un cambio en el corazón y en el pensamiento que el encuentro con Dios siempre produce. Zaqueo, después de haber sido acogido por Jesús, vive entonces una experiencia de conversión, y Jesús le dice que, ese día, la salvación ha entrado en su casa. Una vez más, Jesús no condena ni critica a una persona marginada, sino que le da una especie de bendición pública.

Para Jesús no existe un nosotros y un ellos. Solo existe un nosotros. Jesús quería desplazar y llevar a las personas del centro a los márgenes de las periferias y del exterior al interior. Este es el movimiento de Jesús, que quería crear un único nosotros. Un sentido cada vez más amplio y profundo del nosotros, de quiénes somos.

Y los cristianos católicos LGBTQ+ también forman parte de ese nosotros. Me parece, por tanto, que existen al menos dos posiciones posibles cuando pensamos en este ministerio en la Iglesia católica o en cualquier ministerio con personas LGBTQ+. Podemos estar con la multitud que murmura al ver que la gracia se extiende a los marginados, como en la historia de Zaqueo, o podemos estar con Jesús y dirigir amor, gracia y compasión tratando a los demás con respeto y sensibilidad.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Cuando Dios se hizo madre”: Santa María, Madre de la Iglesia. 9 de junio de 2025, por Joseba Kamiruaga Mieza

lunes, 9 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana:

Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos; somos objeto de un amor sin fin de parte de Dios. Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre, también cuando nos parece que es de noche. Dios es Padre, más aún, es madre. No quiere nuestro mal; sólo quiere hacernos bien, a todos. Y los hijos, si están enfermos, tienen más motivo para que la madre los ame. Igualmente nosotros, si acaso estamos enfermos de maldad o fuera de camino, tenemos un título más para ser amados por el Señor” (Juan Pablo I, Ángelus del 10 de septiembre de 1978).

Palabras, de hace casi 47 años, llenas de ternura para el mundo, desgarrado por matanzas inútiles entonces y ahora.

Sin embargo, fueron palabras que despertaron sospechas en algunos bienpensantes versados en teología, maestros del dogma, peritos del canon, que gritaron herejía, pero también en parte del Pueblo de Dios, acostumbrado a verlo como un Padre, un hombre, un ministro ordenado y no como una mujer o una madre.

¿Tenían razón? ¿Se puede o no se puede decir que Dios es también madre?

La Biblia está llena de referencias a un Dios con características maternales: su ternura, los verbos utilizados para predicar su amor, los miembros involucrados en su actuar (entre ellos las entrañas de la misericordia), revelan una naturaleza tradicionalmente considerada maternal: «Yo soy tranquilo y sereno, como un niño destetado en brazos de su madre, como un niño destetado es mi alma» (Salmo 131,2); si el abandono a Dios se vive con tanta confianza, típica del niño que hunde su rostro en la dulzura de los brazos maternos, entonces Dios debe ser como una madre.

¿Y qué decir de las palabras dirigidas por Dios mismo a su pueblo, hijo visceralmente amado: «Cuando Israel era joven, yo lo amé (…) yo era para ellos como quien sostiene a un niño en sus mejillas, me inclinaba sobre él para darle de comer…» (Oseas 11,1.4). ¿Quién no vería en estas imágenes el cuidado típico de una madre?

Si por maternidad entendemos también el misterio del origen, del seno de la vida, del nacer, no hay nada más divino que esto; de hecho, al crear al ser humano: «Dios dijo: hagamos al hombre» (Génesis 1,26). Hagamos y no: hago. Utilizó la primera persona del plural para revelarse a sí mismo como padre y madre de la criatura, única y sexuada al mismo tiempo.

Una metáfora, pero también una esencia divina que encarna y trasciende la distinción humana de los sexos. Trasciende la paternidad y la maternidad humanas, aunque es su origen y su imagen, por exceso de amor: «Mi padre y mi madre me han abandonado, pero el Señor me ha acogido» (Sal 27,10): es la comparación que todo creyente podría hacer entre sus padres y Dios.

Una relación confirmada, doctrinalmente, por el Catecismo de la Iglesia Católica (239): «conviene recordar que Dios (…) no es ni hombre ni mujer (…) trasciende, por tanto, la paternidad y la maternidad humanas». Una verdad reconocida desde los antiguos Concilios, como, por ejemplo, el de Toledo (XI, en el año 675), que, distanciándose tanto del monoteísmo patriarcal como del panteísmo matriarcal, estableció que el Hijo fue engendrado y puesto en el mundo de utero patris.

Si Dios no fuera madre, ¿dónde estaría Él en las raíces de nuestra memoria, perfumadas de leche?

Si Dios no fuera madre, ¿dónde estaría allí donde los hijos son negados, abandonados, desconocidos por sus padres?

Si Dios no fuera madre, ¿dónde estaría allí donde no hay nadie más que ella para salir temprano por la mañana a llevar comida a casa para todos?

Si Dios no fuera madre, ¿quién estaría para consolar las lágrimas de los hijos y de los pobres en los territorios del hambre, de la guerra, de la vergüenza?

Si Dios no fuera madre, ¿dónde estaría allí donde solo las manos de una mujer curan las heridas de los enfermos y moribundos, de todos y de cada uno de los santos inocentes?

Si Dios no fuera madre, ¿dónde estaría Él para Jesús, allí en Nazaret, cuando no había ningún padre carnal para una madre sola?

¿Dónde estaría para ese hijo solo en la cruz, que grita: «Padre mío, ¿por qué me has abandonado?», si Él no se reflejara en una madre tenaz y torturada por el dolor bajo el oprobio del mal que hace el hombre?

Dios también se hizo madre para cuidar de la humanidad.

 ***

1.- Cuando Dios se hace madre.

2.- María entona el Magníficat desde su Corazón.

3.- Mater Virgo et Virgo Mater.

 

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“El nuevo papa será anacrónico o no será”…

miércoles, 28 de mayo de 2025
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IMG_1209De su blog Umbrales de Luz:

Tras el entretenimiento mediático sin fin y sin sentido de los funerales del papa Francisco y del Cónclave de León XIV, ayer me encontré con este artículo de Nuria Labari en el diario EL PAÍS. Lo traslado aquí enteramente, pues lo que yo me proponía escribir lo dice ella mucho mejor que yo. León XIV seguirá la enseñanza socio-política de León XIII y de Francisco dentro de la vieja teología premoderna, y de acuerdo al modelo medieval de Iglesia y de papado. El mundo de hoy en busca de aliento vital se merecería otra cosa de parte de la Iglesia que dice seguir a Jesús, aquel profeta que se enfrentó no solo al imperio, sino también, y más directamente, al templo y a la vieja teología sacerdotal con toda su parafernalia (José Arregi).

Cómo me alegro de tener papa nuevo. Al fin los diarios vaticanos en que se han convertido todos los medios de comunicación de mi país dejarán de contarme todos los días lo mismo. No me quejo de que la información sobre el Estado de la Ciudad del Vaticano esté sobrerrepresentada frente a otros (que también), sino de que carezca del contexto ideológico e institucional en el que se desenvuelven sus actividades. Entiendo y comparto la importancia histórica de los hechos, pero creo que la avalancha acrítica de información ha creado un estado de opinión donde casi nos convencen de que la mayor preocupación contemporánea es quién o cómo será el nuevo papa. ¿Será progresista? ¿Será continuista? ¿Será conservador? Cuando todos (sobre todo todas) sabemos que da igual: será anacrónico.

Hoy en día, la Iglesia es una institución contracultural, por cuanto rechaza los valores y modelos de vida dominantes. Y sin embargo, creo que se informa, opina y piensa muy poco sobre este hecho crucial, incluso cuando el Vaticano monopoliza la información durante semanas. Entiendo que la fumata blanca es importante, pero a mí me parece que la fumata rosa que prendieron un grupo de mujeres en el Vaticano para reclamar la igualdad en la Iglesia debería serlo más. Porque, de otro modo, podría formarse un estado de opinión que justificara los anacronismos ultraconservadores de la Iglesia. Más allá de las figuras individuales, como Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Francisco o León XIV, la Iglesia es una institución política además de religiosa, tiene un Estado y una ideología que afecta a la convivencia política en democracia (dado el poder político de la institución) y no solo a la espiritualidad o conducta de sus fieles. Me sorprende lo poco que se habla sobre el hecho de que la ideología vaticana choca frontalmente con las constituciones democráticas, basadas en la igualdad, la diversidad, la protección a la infancia y donde, por supuesto, ninguna aceptaría que se proclame la infalibilidad del jefe.

Las últimas semanas hemos recibido un curso acelerado de teología. Todos sabemos cuánto dura un cónclave, donde vive el papa o por qué hay cardenales que no visten de rojo. Poco hemos reflexionado sobre cuánto tiempo más puede silenciarse y sostenerse el anacronismo y la impunidad que rodea a la Iglesia católica. Hablamos de una institución política con tantos casos de pederastia que no pueden considerarse hechos aislados, sino una pauta de comportamiento que debe erradicar de forma urgente. Una institución machista que sigue sin reconocer la igualdad de las mujeres dentro de la Iglesia (año 2025) y que se opone con toda su fuerza política al derecho de las mujeres a decidir sobre nuestro cuerpo fuera de ella (aborto, anticonceptivos, determinación de género). Una institución homófoba que no reconoce el matrimonio homosexual y condena la identidad de millones de fieles. Que cuestiona el derecho a morir dignamente, largamente defendido por quienes desean poner fin a un sufrimiento sostenido sin que la religiosidad o creencias de otros se interpongan en ello. Pues bien, con todo y con eso, llevo semanas leyendo sobre la suerte que tuvimos de que el papa Francisco tuviera conciencia climática o fuera pacifista, como si se pudiera ser otra cosa en el nombre de Dios. Lo que clama al cielo es lo poco que se habla sobre todo lo demás.

Nuria Labari, en EL PAÍS, 10 de mayo de 2025

 

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Gruta de Esperanza», por Koldo Aldai Agirretxe

viernes, 23 de mayo de 2025
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Son remansos de paz y espiritualidad que cada vez hay que buscar más lejos. Una estimulante primavera provenzal, un muy antiguo establecimiento religioso a los pies de una montaña sagrada, un inmenso verde de bosque y blanco de piedra gastada, una belleza original y pura, al igual que cuando ella hace dos mil años la habitaba. El tiempo no debiera pasar en balde ni siquiera allí, fuera del mundo. ¿El abundante granito circundante habrá acabado penetrando las estancias conventuales, las moradas de las almas residentes? ¿La gran pared cristalizada del macizo habrá frenado el imprescindible aire fresco y renovado?

He permanecido cuatro días junto a los dominicos en la hospedería de Sainte Baume, al pie de la gruta de María Magdalena, en el sur de Francia. He estado los mismos días pegado al móvil, explorando todo lo registrado con respecto al nuevo Papa. He respirado con gran alivio entre los robles de la santa, al saber de quien venía a presidir la Iglesia tras la fumata blanca. Tuve la suerte de comunicar con alegría el nombramiento de León XIV a la comunidad que regenta el lugar.

En los paseos solitarios bajo la gruta de la «bien amada» dos palabras, dos valores han vibrado con insistencia en el interior: esperanza y paciencia. La cristiandad avanza, más lento de lo que muchos quisiéramos, pero progresa renqueante y hemos de ser pacientes. Huelga pedir a la Iglesia lo que al día de hoy no puede ofrecer. He observado atento las fotos del nuevo pontífice «peruano». Por supuesto he sonreído cuando le he visto a caballo, me he alegrado al ver las botas de goma hasta la rodilla, me he congratulado cuando comparte humilde rancho con los últimos… He visto todas las galerías de imágenes y suspirado esperanzado.

baume1Algo en nuestro interior apela a la paciencia cuando contemplamos ahora a Robert Francis Prevost rodeado de tanta pompa y boato, al verle delante de tantas almas anhelantes de besarle la mano. Nadie negará cierta solemnidad que ha de rodear al sucesor de Pedro, pero esa devoción a otro hermano, por mayor que represente, semejara excesiva. Los detalles de sencillez y de falta de ostentación de Francisco ahora han brillado por su ausencia. La vuelta al Palacio papal, los desplazamientos en el potente SUV, el retomar alarde de vestiduras, son detalles menores, pero noticias que no terminamos de leer con agrado. De cualquier forma, el duro y gastado granito no ha retomado el Vaticano.

Paciencia también es la palabra que asalta al leer los carteles de los dominicos en la sagrada gruta prohibiendo todo acto y ceremonia que no se ajuste a la estricta ortodoxia católica. Percibo miedo a la pérdida de monopolio y una Iglesia no puede progresar y expandirse con tanta carga de temores. La figura de María Magdalena es reivindicada por la nueva espiritualidad femenina y la ancha comunión cristiana no debiera recelar por ello, más bien congratularse. Siento como si trataran de frenar de alguna manera lo incontenible que ya nos alcanza. Paciencia igualmente cuando observo una lectura poco comprometida con el «Laudato si» de Francisco, cuando he de abrir con dolor la colección de tarrinas de plástico para untar con un poco de mermelada el pan blanco del desayuno.

Paciencia cuando, por más que busco, no logro hallar la plena alegría divina, el gozo de la vida comunitaria al bajar a los oficios religiosos. Las paredes de la capilla gozan de murales llenos de luz y de color, pero miro a los frailes y trato de encontrar con dificultad en los rostros igualmente esa chispa contagiosa, ese color vivificante de una vida orante.

baume3No desatamos baterías reivindicativas, tan solo compartimos reflexión tras los pasos por el bosque, «cosecha» después de tanto deambuleo meditativo por el singular paraje. Sólo hemos venido a recoger las flores y plantas que eventualmente se le cayeron del cesto a la santa que allí moraba, a intentar dar con la receta de sus populares ungüentos, a escrutar la orientación de su larga mirada desde la altura.

Volveremos hasta estos bosques cargados de antiguos perfumes, impregnados aún del espíritu de la Santa de Magdala, quién como nadie supo aunar en sí ternura y firmeza. Lo haremos silentes, humildes, por supuesto rendidos a todas las pautas establecidas, incluso dispuestos a reabrir una tras otra las poco ecológicas tarrinas de plástico. En nuestro interior pujará empero por latir el espíritu en permanente evolución del Eterno, de la «bien amada» ahora resucitada, por supuesto de la esperanza, pese a todo, siempre renovada.

Koldo Aldai Agirretxe

Fuente Fe Adulta

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“Sobre la elección del nuevo Papa León XIV: Llevar a Jesús, pero no simplemente ‘sólo a Jesús’”, por Mariano Delgado.

miércoles, 21 de mayo de 2025
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«Este enfoque jesuánico sugiere que el nuevo Papa se centrará en lo esencial, a saber, la invitación universal que Jesús mismo hizo»

«En la Biblia encontramos dos formas de entender el reino de Dios y la relación del hombre con él: una más ontológico-cúltual y otra más mesiánico-profética»

«El cristianismo mesiánico-profético en la unidad de mística y política y la Iglesia «samaritana», tan queridos por el Papa Francisco, caracterizarán también –con acentos propios– el pontificado de León XIV»

Tras la elección del cardenal Robert Francis Prevost (Martínez), el portal de noticias Vatican News publicó una entrevista con él como cardenal  (https://www.vaticannews.va/de/papst/news/2025-05/interview-prevost-kardinal-papst-leo-xiv-bischof-kirche-vatikan.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=NewsletterVN-DE), realizada por el redactor jefe de los medios de comunicación vaticanos, Andrea Tornielli.

Contiene palabras que podrían entenderse como un programa para el nuevo pontificado: «A menudo estamos ocupados enseñando la doctrina, pero corremos el riesgo de olvidar que nuestra primera tarea es comunicar la belleza y la alegría de conocer a Jesús». Esto recuerda a la recuperación de la «alegría de evangelizar» de la que hablaba el Papa Francisco.

Este enfoque jesuánico sugiere que el nuevo Papa se centrará en lo esencial, a saber, la invitación universal que Jesús mismo hizo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». (Mt 11, 28-30) Extender repetidamente esta invitación y animar a los cristianos a utilizar el testimonio «capilar» de su propio ejemplo de vida para ayudar a que encuentre una resonancia duradera en el mundo y en la Iglesia es una tarea esencial del sucesor de Pedro.

Pero esta concentración en el mensaje jesuánico no significa «sólo Jesús» en el sentido de los carismáticos evangélicos o católicos con su «cristianismo aleluya». Tanto las demás declaraciones del cardenal Prevost en esta entrevista como sus primeras palabras como León XIV muestran que es muy consciente de que lo mesiánico-profético forma parte de Jesús. Su ministerio público comenzó con una llamada a la conversión o reorientación hacia el reino de Dios. En su «discurso inaugural» en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-21), entendió el reino de Dios en la tradición mesiánico-profética de Israel, al igual que su madre María (cf. Lc 1,46-55), cuando alabó la grandeza del Señor, que «enaltece a los humildes».

En la Biblia encontramos dos formas de entender el reino de Dios y la relación del hombre con él: una más ontológico-cúltual y otra más mesiánico-profética. La primera tiende hacia el ritualismo y el espiritualismo, la otra hacia una comprensión del reino de Dios como reino de verdad y libertad, de paz y justicia en este mundo, con un compromiso de solidaridad y fraternidad universales con especial consideración hacia los cansados y agobiados de la historia. El cristianismo mesiánico-profético en la unidad de mística y política y la Iglesia «samaritana», tan queridos por el Papa Francisco, caracterizarán también –con acentos propios– el pontificado de León XIV.

Pues una cristiandad que no siga claramente este camino tras el Concilio Vaticano II no ha sabido reconocer los signos de los tiempos. La reforma de la Iglesia (sinodalidad, el papel de la mujer, etc.) también es importante, por supuesto, pero como consecuencia del cristianismo mesiánico-profético, no como un fin en sí mismo. También forman parte de ello el fomento de la participación y el desarrollo teológico del sacerdocio general de todos los bautizados. El nuevo Papa también es consciente de estos signos de los tiempos.

A la pregunta «Maestro, ¿dónde vives?» (Juan 1:38), la tradición cristiana -aparte de la presencia sacramental en la Eucaristía- da básicamente dos respuestas. Una respuesta se basa en Juan 14,23: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Según esto, a Dios hay que buscarlo en nuestro interior, en el «fondo del alma», porque es ahí donde ha hecho su morada y desde aquí nos invita a la amistad, al diálogo de amor. El conocimiento de sí mismo y el conocimiento de Dios coinciden aquí, como decía san Agustín. El primer Papa de la Orden agustiniana nos recordará siempre esta tradición «mística».

Otra respuesta –siguiendo a Mt 25,40En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis»)– es buscar a Cristo fuera, en los pobres y en los que sufren. Es el cristianismo mesiánico y profético que parte del acto de amor. El Concilio Vaticano II puso de relieve esta tradición en la transición a la nueva era de la Iglesia cuando afirma en «Lumen Gentium» 8 que la Iglesia «reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo».

Algo parecido dice el Concilio en «Gaudium et Spes» 1: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón».

El nuevo Papa conoció de cerca esta tradición mesiánico-profética durante su trabajo como «misionero» en Perú. A través de su trabajo pastoral en una diócesis pobre y de su amistad con Gustavo Gutiérrez, padre de una bien entendida teología de la liberación, ha llegado a comprender el significado de Mateo 25 en el cristianismo contemporáneo, no sólo en el sentido de las llamadas «obras de misericordia», sino también en la combinación de mística y política con el compromiso por una vida en abundancia para todos (Juan 10,10). Pues, como caja de resonancia de la invitación universal de Jesús, la Iglesia debe defender también los valores mesiánicos de verdad y libertad, paz y justicia, y especial solidaridad con los cansados y agobiados.

León XIV, que en sus primeras palabras dirigió el saludo de paz de Cristo resucitado a «todas» las personas, se verá también, al igual que Francisco, como «guardián de la familia humana», haciendo uso de su voz profética a tiempo y a destiempo, aunque con la necesaria prudencia que recomendó el mismo Jesús: «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas». Tenemos ante nosotros un papado jesuánico, «místico-político», no doctrinario, profético, pero a la vez «prudente».

*Mariano Delgado es Catedrático de Historia de la Iglesia en la Universidad de Friburgo (Suiza) y Decano de la Clase VII (Religiones) en la Academia Europea de las Ciencias y ls Artes (Salzburgo).

Fuente Religión Digital

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Entrevista al teólogo Hugo Córdova Quero: “Es una mentira que la Biblia condene la homosexualidad”

jueves, 15 de mayo de 2025
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Interesante entrevista realizada  y publicada justo el mismo día 8 en que se produjo la elección del papa León XIV.

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Hugo Cordova Quero es teólogo queer y especialista en estudios religiosos. Analiza la relación de la Iglesia Católica Romana con la diversidad sexual y con el cristianismo. Los impactos en la elección de un nuevo Papa.

Fuente Agencia Presentes

8 de mayo de 2025
Maby Sosa

BUENOS AIRES, Argentina. El Cónclave para elegir el próximo líder del Vaticano comenzó el 7 de mayo y despierta gran expectativa en el mundo. Particularmente en la Argentina y en América latina, luego del paso de un referente de estas geografías. La elección puede llevar varios días. Son muchas las especulaciones respecto a quién puede tomar el lugar que dejó hace unas semanas el Papa Francisco, a quien se lo considera un funcionario que realizó cambios fundamentales dentro de la Iglesia.

En el mundo religioso hay una confusión, la gente piensa que el Papa es la cabeza de todo el cristianismo, cuando en realidad es solamente la cabeza de la Iglesia Católica romana. Así como Dalai Lama no es cabeza de todo el budismo sino simplemente del budismo Shingon”, explica el teólogo queer Hugo Córdova Quero.“El cristianismo es mucho más amplio”, agrega.

Hugo Córdova Quero el primer docente de teologías queer y enseña en la Facultad de Teología de California. Dirige el Instituto Sophia, en Saint Lois, Estados Unidos, además de ser doctor en Estudios Interdisciplinarios en Migración, Etnicidad y Religión. Profesa la fe cristiana y es cuarta generación de ministros protestantes dentro del amplio espectro del cristianismo.

El teólogo analiza el paso del Papa Francisco como máximo referente en el Vaticano, habla sobre la relación de la iglesia con las personas LGBT y plantea la necesidad urgente de que las personas que profesan la fe, estudien las escrituras para “desmantelar” algunas falsas interpretaciones sobre la religión y la diversidad sexogenérica.

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Francisco y el cristianismo

-¿Qué significó el paso del Papa Francisco por el Vaticano?

-Sin dudas ha sido un paso contundente dentro de la Iglesia Católica Romana, pero ha habido altibajos en la relación ecuménica con el Papa. Hay iglesias que son católicas, pero no romanas, es decir que no obedecen a Roma. También hay iglesias evangélicas, protestantes, anglicanas, episcopales o iglesias ortodoxas a quienes lo que el Papa diga y la Iglesia Católica Romana es anecdótico porque afecta en lo más mínimo institucionalmente. Ninguna de estas iglesias cristianas está bajo la tutela del Papa. Y creo que también hay una gran confusión a raíz de eso con la diversidad sexogenérica. Especialmente en América Latina que es muy religiosa.

Entiendo el pasado colonial de la Iglesia Católica romana, pero no todo el cristianismo sigue lo que el catolicismo romano dice. Poner a todas las personas en la misma bolsa es una debilidad muy grande en América Latina, que no sucede en otras partes del mundo donde la diversidad sexogenérica y los grupos progresistas dentro de las distintas iglesias trabajan de manera mancomunada. En América Latina es una guerra. Eso es algo que para mí es una debilidad.

-¿Cómo es esta relación en otras iglesias?

-En las iglesias evangélicas, protestantes hace décadas que la diversidad sexogenérica está presente. Tenemos más de 70 años de teologías queer y teología LGTB, teologías homosexuales que han estado creando espacio y conciencia para las personas de la diversidad sexogenérica dentro de las distintas iglesias. Que Roma se haya sumado a esto con este Papa es como montarles la fiesta teológica. La primera persona que fundó una iglesia inclusiva fue el pastor el reverendo Troy Perry, (fundador de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, en Los Ángeles en 1978); pero en 1971 la Iglesia Unida de Cristo de Estados Unidos nombró el primer pastor abiertamente gay. Roma todavía no puede ni siquiera reconocer a las personas de la diversidad sexual genérica en términos de igualdad. O sea que estamos muy lejos, muy detrás de lo que al resto del cristianismo ha logrado hacer.

-No hubo cambios estructurales

-¿Cuántos matrimonios del mismo sexo se han hecho en el catolicismo romano? El documento sobre las bendiciones es una burla, porque bendecimos a las personas del mismo sexo, pero no pueden hacer matrimonio, no puede ser liturgia, no se puede hacer en público, no puede haber el público presente, no puede haber testigos. Entonces ¿qué hacen? En muchas iglesias el matrimonio como sacramento es para todas las personas, independientemente de su orientación sexual o de su género. No fue hasta el Siglo XIV donde los heterosexuales empezaron a casarse dentro de la iglesia. Desde el V al siglo IX, los varones, sobre todo, se casaban en matrimonio. Entonces, si hay alguien que tiene derecho a casarse dentro del cristianismo son las personas del mismo sexo. Y Roma no ha logrado comprender esto.

El valor político de un papa católico, apostólico y romano

– ¿Por qué entonces las expectativas por quién pueda asumir como Papa?

-La Iglesia Católica Romana no sé si va a cambiar. Hay demasiadas luchas de poder internas que están anquilosadas. Pero el panorama ecuménico de todo este año no cambia, porque no es cabeza de toda la Iglesia cristiana. Ni siquiera es cabeza de la confesión católica, donde hay más de 600 o 700 fieles de católicas que no son romanas, como por ejemplo la Unión de Ultrech

-Y lo que plantean los Papas romanos ¿qué impacto tienen en otras iglesias cristianas?

-Afecta a los diálogos ecuménicos. Hay iglesias dentro del Consejo Mundial de Iglesias que ordenan personas de la diversidad, casan personas del mismo sexo. Entonces, cuando la Iglesia Católica Apostólica Romana se pone en una posición muy intransigente afecta el diálogo, a pesar de que tiene carácter solo de veedor, es la única que no está en el consejo. Precisamente porque quiere hacer ecumenismo a su manera. Es decir, Roma dicta cómo hacerlas, o sea, es una imposición. El resto de las iglesias dialogan. Cuando los papas hablan y dicen alguna de estas cosas, lo que hacen muchas veces es entorpecer el diálogo.

-¿Por qué sucede todo ese poder?

Roma es el único componente del cristianismo que tiene estatus de estado a nivel político, como el Vaticano. No sucede esto con otras episcopales cristianas ni sucede con otras religiones. En Argentina tenemos que también bajar los decibeles con esto. En el Censo de 2010 de 44 millones de argentinos, solamente 28 millones de confesaron católicos romanos. Lo cual no estamos hablando del 100% como Roma donde el 100% son católicos romanos y de ese 28% de los 18 millones, solamente 3 millones eran practicantes. Es decir que siguen los preceptos de Roma y van a misa. Estamos hablando de que en la realidad la adhesión del catolicismo romano es menos del 10% de la población.

Y hay un poder simbólico que se afirma en el artículo 2 de la Constitución Nacional, y que entonces les otorga un poder simbólico de regir temas en la sociedad que no debería. Porque el resto de las iglesias se nos juzga por cuántas personas tenemos. En Argentina no hay igualdad de culto, hay libertad de culto. Excepto la Iglesia Católica Romana el resto de las iglesias cristianas y de las religiones tienen que inscribirse en el Registro Nacional de Culto.

-¿Con qué tiene que ver en su momento la elección de un Papa como Jorge Bergoglio?

– La elección de Papa siempre es una elección política. Francisco no fue Papa en el momento en que se eligió a Ratzinger por una cuestión política pero el gran candidato ya en ese momento era Bergoglio. Dentro del catolicismo romano es una gran hazaña que el Papa ya no sea un italiano ni otro europeo como ha sido la tradición por más de 500 años. Pero al resto del cristianismo no le hace mucha diferencia, porque en la mayor parte de los países latinoamericanos ese poder simbólico sigue generando poder. Dentro del catolicismo romano, así como dentro de todas las iglesias hay muchísimos ministerios, pero pocos que trabajen con personas de la diversidad sexogenérica. El tema es que todos esos ministerios, por más bien intencionados, siempre quedan en un lugar de segunda.

Cristianismo y diversidad sexual

-¿Cómo impacta en las personas de la diversidad sexual?

A pesar de las declaraciones, no he visto ninguna persona abiertamente gay ser ordenada ni casarse, como sí veo en otras iglesias. En América Latina y en Argentina todas las religiones mayoritarias están representadas. Pero también las religiones ancestrales de los pueblos originarios se están recuperando. Entonces debemos empezar a dialogar y respetar. Quedarnos solo con el catolicismo es seguir participando de la invisibilización de otras iglesias cristianas que han hecho muchísimos procesos por respetar la diversidad.

-¿En qué se traducen esos procesos?

En agosto vamos a ordenar a dos diáconas transgénero. Es decir, el acceso a las órdenes sagradas no está condicionado por la orientación sexual o por el género. Eso en Roma todavía no ha llegado y se perdió la oportunidad de hacerlo. Las mujeres no son ordenadas, cosa que en la iglesia del Siglo I sí lo eran. Las personas de la diversidad no son ordenadas a sacerdocio cosa que por once siglos en el cristianismo sí lo fueron. Las personas de la diversidad sexogenérica no se casan dentro del catolicismo romano, cosa que en el cristianismo del siglo V sí sucedía. El catolicismo romano tiene muchas deudas pendientes que las iglesias del cristianismo hace décadas que ya resolvieron.

-¿Cuáles son los debates que existen hoy en esas iglesias?

– Hay iglesias que ya no debaten si dos personas del mismo sexo se van a casar. Eso está resuelto. Hoy hay iglesias que debaten cómo van a darle la bienvenida a las personas bisexuales y sus múltiples parejas, las personas poliamorales y sus múltiples parejas. Las discusiones en el cristianismo están a ese nivel ya. Y Roma todavía se sigue preguntando si podemos siquiera bendecir a las personas de la diversidad. El resto del cristianismo ha hecho procesos que Roma no ha hecho y que dada las condiciones no creo que se vean por los próximos 20 años.

Las personas que ejercen el ministerio ordenado tienen una vida. En Colombia uno de nuestros ministros hace drag. Pero esto no solamente es cristiano, también en el budismo pasa, hay un monje budista japonés (Kodo Mishimura) que es muy famoso porque es trans. En el mundo hay tanta variedad y hay tantas cosas pasando que acá desconocemos.

“Tenemos que conocer la historia para no aceptar lecturas reduccionistas”

Hugo Cordova Quero recuerda que la palabra homosexual ingresa en los textos bíblicos recién en 1945, en inglés; en 1970 en castellano y en 1980 en portugués.No existía como concepto. Existían actos del mismo sexo. Pero la medicalización y la criminalización de la homosexualidad surge con la utilización del término homosexual en el siglo XIX. Tenemos que conocer los textos sagrados, porque cuando se nos dice ‘la Biblia condena la homosexualidad’ es una mentira”, enfatiza.

También, el teólogo cuenta que en el episodio en el que Jesús cura al esclavo del centurión romano, el término que usa para describir esa relación es la palabra griega “amor” en el sentido de amor de pareja.

-¿En qué momento nace esa supuesta condena a las personas de la diversidad dentro del cristianismo?

-Fue en el siglo XI que el teólogo Pedro Damián escribió un libro, Liber Gomorrhianus (Libro de Gomorra) donde por primera vez interpretó el Génesis 19 como una condenación de las relaciones entre personas del mismo sexo. Ni los profetas de la Biblia hebrea, ni Jesús ni Pablo entendieron que la condenación de Sodoma y Gomorra eran relacionadas con esto. Es decir que esa interpretación en relaciones del mismo sexo pasó once siglos después de Jesús. Tenemos que conocer la historia para no aceptar esas lecturas reduccionistas como si fuera la verdad.

“La fe no nos deja afuera, la institucionalidad nos deja afuera”

-¿Cómo es posible entonces acercarse como persona de la diversidad sexual desde esa fe a la iglesia cristiana?

Tenemos que hacer tres cosas más que los heterosexuales. La primera es conocer los textos sagrados de la Biblia hebrea y la Biblia cristiana. Muchos argumentos que se esgrimen en contra de la diversidad sexogenérica son interpretaciones de los textos sagrados sacadas de contexto original.

Lo segundo es que tenemos que conocer los 2000 años de historia. En los primeros once siglos del cristianismo los santoriales de la Iglesia Católica Romana, de las iglesias ortodoxas, de las iglesias lutheranas, de las iglesias católicas independientes y de otras iglesias, están repletos de santas y santos que, en términos modernos, fueron gays, lesbianas, transgéneros. Y lo seguimos reconociendo en los altares, les prendemos velas, los recordamos en los santorales y en las festividades.Y son personas de la diversidad sexogenérica que existieron en el pasado del cristianismo. Desconocer eso es como que las personas gays y lesbianas caímos al cristianismo después de Stonewall lo cual es una lectura histórica no solamente reduccionista, es chiquitita.

Lo último es que tenemos que conocer los textos sagrados, la historia de nuestra religión y la historia de nuestras creencias.Se nos dice Jesús instituyó el matrimonio. Pero el sacramento del matrimonio para los heterosexuales es del siglo XIV. Si no conocemos la historia de nuestras creencias, también terminamos afirmando esta interpretación tendenciosa poniendo en boca de Jesús algo que está mal. Las personas de la diversidad sexual que profesamos, particularmente, la fe cristiana tenemos que hacer estos tres ejercicios para poder desmantelar esa narrativa cisheteropatriarcal que pretende dejarnos fuera de la fe. Cuando la fe no nos deja afuera, sino que la institucionalidad nos deja afuera.

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Siete deseos para una Pascua resucitada

sábado, 10 de mayo de 2025
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PredicarDe su blog Teselas:

Agradecidos al Papa Francisco por la misión realizada. 

Conozco a una amiga de Canarias que ha dejado de ver los noticiarios porque la dejan deprimida y escasa de esperanza. Y lo comprendo, cada boletín de noticias está abarrotado de tanta tristeza, sangre, bombardeos, violencia indiscriminada, corrupciones, amenazas… tenemos una necesidad imperiosa de Pascua que descosa esta tela humana de estameña y nos conduzca a una buena noticia deseada. En la sociedad y en la Iglesia porque ésta no es otra cosa que un reflejo de la sociedad en la que vive. Hemos tenido el corazón metido en un puño mientras estaba el Papa afectado por una neumonía en la clínica Agostino Gemelli porque ya se oían a su alrededor movimientos sospechosos de cardenales moviendo las sillas, unos más que otros, y nos temíamos, yo me temía, que pudiera colocarse en ventaja algún Sarah de turno que echara abajo la inmensa labor de renovación que Francisco ha llevado a cabo en sus trece años de servicio pontificio a la chita callando. El Papa ha estado muy limitado físicamente pero con la mente muy despejada de la fidelidad y servicio a la Iglesia peregrina en tiempo de esperanza jubilar. Lo pude comprobar personalmente hace unas semanas en mi encuentro personal con él. Un cuerpo débil en una mente ágil y prodigiosa. Estamos más necesitados de Pascua que nunca. Y se me antoja que el Espíritu de Jesús resucitado nos podía regalar otros siete dones, que no parece pedir mucho cuando regala tantos y a tantos. ¿No creéis? La marcha del Papa Francisco nos ha conmocionado a todos y nos ha convocado a la esperanza ahora más que nunca.

Podíamos comenzar pidiendo el don de la paz, no solo de la paz de aranceles sino, sobre todo, de la paz humana que tanto necesitamos en este infierno cruzado de misiles y drones que siegan tantas vidas humanas. Entre Putin y Trump nos están amargando bien la pascua. Cuando veo a Putin poner velas en las iglesias ortodoxas, tan devoto él, os juro que se me hiela la sangre.

Otro don que el Espíritu pascual podía regalarnos es una iglesia sinodal. ¿Ah pero no es ya sinodal? De momento solo en lo que a algunos les interesa, en los documentos, porque hay temas que no quieren abordarse porque aún nos dan miedo y nos producen traumas aunque el pueblo de Dios pide que se aborden y no se les escucha porque “son temas cerrados” ¿Ah pero no estaban abiertos todos los temas en la sonodalidad? ¿El Espíritu Santo no es abierto? Yo juraría que sí.

Que no se nos pase el don de la tolerancia porque este mundo nuestro, o, mejor de Dios, está cambiando con una fuerza inusitada y nos coge con el hocico torcido. Hay una diversidad que aún no hemos hecho nuestra porque en el fondo no somos tan diversos de mente como quisiéramos. Jesús era diverso y tolerante hasta extremos que escandalizaban a los bien pensantes de su pueblo. Nos queda mucho que aprender de él.

Si al Espíritu santo no le parece mal nos podía regalar también el don de la profecía. Esa radicalidad que llevó a los primeros cristianos a una coherencia tan grande que se convirtieron en denuncia incómoda y permanente hasta el derramamiento de su sangre, con un estilo de vida desde la sencillez que impresionaba: “Mirad cómo se aman”. Algo, ayer y hoy, revolucionario.

Podemos pedirle también una mirada alta – que no prepotente- y dirigida hacia adelante, allí hacia donde el mundo evoluciona. Las miradas nostálgicas y formalistas nos convierten en líquenes sobre las rocas del presente, escasas de vida y de esperanza. De éstas hay muchas y algunas con cierto éxito pero no dejan de ser pan para hoy y hambre para mañana. El inmovilismo será siempre eso, inmovilismo. Y el Evangelio de inmovilista tiene muy poco

Que no se nos olvide el don del servicio desinteresado que acabe con los clericalismos enraizados y eternos. Que él vino para servir y no para ser servido. Y esto nos cuesta mucho entenderlo desde nuestra autoridad y nuestras prestigiosas cátedras.

El último don que pedimos, que tenemos derecho a pedir siete, es el don del discipulado. Que lo damos por supuesto y no lo es tanto. No conseguimos quitarnos la casulla de doctores ni la capa pluvial de maestros y si algo merece la pena ser ante él, es discípulos dispuestos a aprender, a comer y a beber en su mesa y a repartir incluso fuera de los horarios oficiales.

Estos siete dones te pedimos, Espíritu Santo Pascual, dador de todo bien y fuego pascual inextinguible: Paz, espíritu sinodal, tolerancia, profecía, mirada alta, servicio y discipulado.

Si, además, nos concede un nuevo Papa cercano y sinodal, abierto a los desafíos del mundo y dispuesto a escuchar a las minorías marginadas, que haga una síntexis entre los tres últimos papas, sería el lote completo.

Estos dones pascuales se resumen en dos, diría san Agustín, “Ama y haz lo que quieras” y deja que los otros lo hagan también.

 

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Hacia una Iglesia de colores diversos en la que de verdad podamos caminar juntos

lunes, 24 de marzo de 2025
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Las ‘conversiones‘ de la Iglesia en esta Cuaresma (I): en busca de la diversidad

«Creo, sinceramente, que sí es necesaria esta conversión de la Iglesia en muchos ámbitos, y muy especialmente en materia LGTBIQ+. Porque el TODOS, TODOS, TODOS, de la Iglesia que ansía Francisco y el TODOS, TODOS, TODOS que algunos mitrados verbalizan con pomposidad no es aún, ni de lejos, una realidad»

«Una Iglesia que se empeña en señalarnos como pecadores, en cuestionar que podamos amar “de verdad” y formar una familia, en arrinconarnos y, en los casos más extremos, una Iglesia que aún cree que la homosexualidad es una enfermedad de la que nos pueden curar sometiéndonos a vergonzantes, indignas (e ilegales) terapias de conversión»

«Esas personas, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos han de ser, ya son, la levadura en la masa LGTBIfóbica de la Iglesia. Esa levadura que haga fermentar, desde dentro, un cambio real y efectivo de la Iglesia hacia nuestro colectivo»

“En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria”. Este fragmento deCaminemos juntos en la esperanza, el bello mensaje que ha compartido con nosotros Francisco para esta Cuaresma, es la mejor forma de iniciar esta reflexión sobre la necesidad de CONVERSIÓN de la Iglesia en materia LGTBIQ+.

Francisco nos invita a una CONVERSIÓN COMUNITARIA; una conversión de nuestras pequeñas comunidades cristianas locales, pero ¿también de la gran comunidad de hermanas y hermanos que es (o debiera ser) la Iglesia Universal?

Creo, sinceramente, que sí es necesaria esta conversión de la Iglesia en muchos ámbitos, y muy especialmente en materia LGTBIQ+. Porque el TODOS, TODOS, TODOS, de la Iglesia que ansía Francisco y el TODOS, TODOS, TODOS que algunos mitrados verbalizan con pomposidad no es aún, ni de lejos, una realidad.

Sigamos reflexionando con Francisco: Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios”. ¿De verdad en la Iglesia se nos trata con la dignidad que nos merecemos todos, también las personas LGTBIQ+, como hijos de Dios que somos? . Parece evidente que no siempre… porque si se nos tratara, de verdad, con dignidad, no sería necesario que Francisco nos recordara en ese mismo mensaje cuaresmal, la necesidad de caminar “sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido”.

Y somos muchos quienes nos sentimos excluidos, quienes no experimentamos con la fuerza que anhelamos el abrazo misericordioso de una Iglesia que no siempre actúa como madre, ni como padre. Una Iglesia que se empeña en señalarnos como pecadores, en cuestionar que podamos amar “de verdad” y formar una familia, en arrinconarnos y, en los casos más extremos, una Iglesia que aún cree que la homosexualidad es una enfermedad de la que nos pueden curar sometiéndonos a vergonzantes, indignas (e ilegales) terapias de conversión.

Claro, que siempre nos queda la opción de negarnos a nosotros mismos; de reprimir nuestros sentimientos; de ocultar nuestro verdadero yo; de volver a la oscuridad y el frío de los armarios; y entonces, con suerte, cual sepulcros blanqueados, se nos tolera.

 “Caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía…”, señala Francisco. ¡Ay, la hipocresía!

¿No es hipocresía apartar de los sacramentos y de la participación activa de nuestra comunidad cristiana de referencia a quienes no ocultamos cómo somos y a quién amamos, pero “aceptarnos” sin demasiados problemas en el caso de vivir ocultos y escondidos? ¿No es hipocresía que se nos hable de afectos desordenados que generan “escándalo” en nuestra comunidad, mientras se mira hacia otro lado cuando esos afectos desordenados son practicados de puertas adentro de sacristías, seminarios, conventos o casas parroquiales?

¡Cuánto camino nos queda por recorrer! Y mucho me temo que será largo, tortuoso y que en él encontraremos quienes, auto ungidos de una supuesta superioridad moral, pondrán todas las trabas posibles para que no avancemos. Pero, desde la esperanza a la que nos invita Francisco, alzo la mirada y oteo, al final de ese duro camino, un horizonte más acogedor, menos excluyente, más digno, menos hipócrita, más salvífico, menos inquisitorial…

Un horizonte que ya está prefigurado en personas y comunidades concretas que ya han realizado ese proceso de conversión que la Iglesia Universal no ha llevado a cabo todavía. Y esas personas, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos han de ser, ya son, la levadura en la masa LGTBIfóbica de la Iglesia. Esa levadura que haga fermentar, desde dentro, un cambio real y efectivo de la Iglesia hacia nuestro colectivo.

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La levadura existe, con nombres y apellidos. Ellas y ellos, desde su vocación concreta, son pequeñas lámparas que, contra y viento y marea, permanecen encendidas. Y su luz, aunque parezca tenue y vacilante, no se apaga. Y su luz, aunque parezca tenue y vacilante es un rayo de esperanza para quienes anhelamos sentirnos acogidos y no rechazados, comprendidos y no juzgados.

Y su luz, aunque parezca tenue y vacilante, alumbra desde dentro y deja en evidencia las vergüenzas de una Iglesia necesitada de conversión.

¡Gracias por ser levadura y ser lámpara! ¡Por favor, no dejéis de serlo! ¡Por favor, seguid sembrando a tiempo y a destiempo para que la Iglesia rectifique, avance, abra de verdad sus brazos, sea de verdaderamente Universal y se ensanche para que en ella quepamos TODOS, TODOS, TODOS, amemos a quien amemos!.

¡Por favor, seguid impulsando la conversión que la Iglesia necesita! ¡Por favor, seguid ayudándonos para que no caigamos en la tentación de alejarnos para siempre de un hogar común al que pertenecemos con la dignidad de hijos de Dios, con la unción bautismal que nos abrió las puertas de este hogar en el que algunos no quieren vernos! ¡Por favor, seguid trabajando por dejar atrás una Iglesia en blanco y negro, porque es mucho más bonita una Iglesia de colores diversos en la que podamos compartir el camino que nos lleve al encuentro definitivo con quien sabemos nos ama!

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), Iglesia Católica , , , , , , ,

Un intento de reformular el «credo» (suponiendo que se pueda hablar del misterio).

jueves, 20 de marzo de 2025
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HomelessJesusDe su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Los diversos enunciados doctrinales están constituidos por palabras de hombres, cuyo significado puede cambiar con la evolución de los tiempos y, sobre todo, de las diversas situaciones culturales.

Además de que los nuevos descubrimientos de la ciencia han abierto también nuevas perspectivas para la interpretación y la comprensión de los acontecimientos y de las tradiciones históricas…

En consecuencia, las doctrinas y los dogmas no pueden fijarse en fórmulas inmutables, sino que deben ser continuamente interpretados y reformulados.

Tal vez, incluso, el corazón de la crisis del cristianismo actual es ante todo doctrinal, teológico… No es del todo cierto que las masas deserten hoy sólo porque se escandalizan del comportamiento de los autodenominados creyentes.

En este sentido, también el Papa Francisco nos ha dirigió la siguiente exhortación: “Más que el miedo a hacer el mal, espero que nos mueva el miedo a encerrarnos en estructuras que nos dan una falsa protección, en fórmulas que nos convierten en jueces implacables, en hábitos en los que nos sentimos cómodos, mientras fuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cesar: Dadles vosotros de comer”.

A mi pequeña manera, me he prometido desde hace tiempo reescribir «el credo». Soy muy consciente de que se trata de un intento ambicioso, por no decir poco realista e incluso temerario, que considero como un primer borrador en el que hay que seguir profundizando cada día, meditando, rezando…

Pero me complace compartirlo, tanto para recibir sugerencias valiosas como quizá también para animar a algunos de vosotros a hacer lo mismo.

Aparte de que tal intento, lo estoy experimentando bien, puede ayudarnos a centrarnos en lo que creemos, quién sabe si no constituirá un pequeño aliento de corazón, procedente de una sinodalidad espontánea desde abajo, para que un día se nos dé la posibilidad de profesar un credo que, sin afectar al corazón de nuestra fe cristiana, pueda en su formulación seguir siendo comprensible y sobre todo creíble para nosotros, hombres y mujeres de hoy.

Quisiera añadir también que probablemente ni siquiera sería correcto llegar a una única reformulación del «Credo» para toda la Iglesia universal. Se podría dejar a las distintas Conferencias Episcopales la tarea de llegar a una formulación que tenga en cuenta su propia cultura y en la que puedan percibir «el olor de sus propias ovejas». El pluralismo vivido en diálogo y comunión es auténtica riqueza.

Creo en Dios, que es nuestro Padre y Madre, Misterio de Amor y Comunión, en quien subsiste todo el universo. En virtud de su perenne y amorosa acción creadora, que se realiza continuamente por la fuerza de su Espíritu, todos, seres humanos, animales, vegetales y minerales, somos, existimos, vivimos, nos relacionamos y nos realizamos en esta casa común del universo.

Creo en Jesús de Nazaret que, alimentado por el afecto y sostenido por el ejemplo de María y José, pudo desarrollar plenamente su humanidad, dejando florecer en él ese mismo Espíritu que día tras día lo hizo Hijo y hermano universal. Según el testimonio de sus discípulos, habiéndose mostrado acogedor con todos, y especialmente con los más pobres y marginados, murió crucificado pidiendo perdón, revelándonos así el rostro comunitario y misericordioso de Dios.

Creo en el Espíritu Santo, el aliento vivificante dado a Jesús y que Jesús resucitado regala a la comunidad creyente. Él alimenta continuamente en todos nosotros, creyentes y no creyentes, ese profundo deseo e impulso que nos impulsa día tras día a crecer en humanidad como hijos e hijas de Dios, y por tanto hermanos y hermanas entre todos, en el pleno respeto de la casa común que nos acoge como hogar.

Creo en la Iglesia católica universal, comunidad de comunidades, dialogante, ecuménica, interreligiosa, testigo humilde y gozoso de la presencia resucitada de Jesús que, por su propio Espíritu, sigue vivo en medio de nosotros y tiene el único poder de proclamar el Año de Gracia, su Buena Noticia, mediante obras de justicia, liberación, reconciliación y paz.

Creo en la Comunión universal y cósmica que constituye nuestra meta y en la que incluso ahora moramos todos, incluidos nuestros seres queridos fallecidos. Sostenida por la esperanza de que, a través de nuestra colaboración, y a pesar de nuestras fragilidades e infidelidades, alcanzará esa plenitud en la que ‘Dios será Todo en Todos‘.

En sentida comunión con el Concilio de Nicea cuyo 1700º aniversario celebramos en este año de 2025.

  1. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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En esta barca.

lunes, 10 de febrero de 2025
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m_4814_Pescadores

Muchos dicen que en esta barca
vamos, más que nunca, a la deriva;
que es muy antigua y nada atractiva,
que ha perdido seguridad y rumbo,
que hace aguas por todas las esquinas
a pesar de los arreglos y proclamas;
y que sus timoneles desconciertan
a quienes se acercan con fe y ganas.

Dicen que sólo ofrece palabras;
que coarta la libertad y la gracia;
que ata, en nombre de Dios, la esperanza
anunciándose servidora humana;
y que se cree tan verdadera y necesaria
que las personas honestas y sanas
acaban dejando que pase,
olvidándola o rechazándola.

Y aunque se pase las noches bregando
ya no pesca nada en las aguas que surca
ni puede compartir con otras barcas
las fatigas y gozos de las grandes redadas.
Antes de quedar varada en la orilla,
todavía puede, siguiendo tu palabra,
remar mar adentro y echar las redes,
pero se halla falta de pericia y confianza.

Y, sin embargo, esta barca,
tan llena de miserias, tan humana,
tan poco atractiva y desfasada,
a la que ya pocos miran
y es objeto de risas y chanzas,
es la que nos llevó por el mar de Galilea
y nos enseñó a no temer tormentas,
y a descubrirte, sereno, en la popa.

Esta barca a la que Tú te subiste,
para hacernos compañía y prometernos
ser pescadores y entrar en tu cuadrilla,
todavía recibe ráfagas de brisa y vida
y es, aunque no lo comprendamos,
nuestra casa, hogar y familia
para andar por los mares de la vida
a ritmo y sin hundirnos, con la esperanza florecida.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

barcao-jesus

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Buenos cristianos (y cristianas)

sábado, 8 de febrero de 2025
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IMG_8021Cristina Plaza
Madrid.

ECLESALIA, 11/10/24.- Cuando acompañaba de pequeña a mi madre a la misa de ocho de los sábados estaba deseando que acabara la homilía que el párroco llenaba de reflexiones sobre la presencia del maligno en el mundo y noticias sobre la actividad del papa. Cómo recuerdo esos momentos de angustia imaginando al demonio maligno y el aburrimiento que me producía la crónica papal. Mi madre me permitía llevarme un libro (de urbanidad) para que esos momentos se hicieran más llevaderos.

La homilía es un momento muy útil de la celebración para saber qué sacerdote tenemos delante. Después de haber escuchado tantas a lo largo de mi vida, valoro enormemente la sencillez, la pertinencia, el cariño y la brevedad. Sencillez en la expresión, que entendamos lo que se dice. Pertinencia al hablar de la Palabra y cómo se actualiza en nuestro tiempo y espacio. Cariño al dirigirse a la comunidad que celebra, acogiendo. Brevedad, que el tiempo de atención óptima ante una charla es limitado.

Este verano tuvimos ocasión de participar en una celebración dominical muy sencilla, en una parroquia situada en los bajos de un edificio en una ciudad norteña en la que el sacerdote, que sigue ejerciendo a la espera de que el obispo permita su jubilación «porque no hay relevo», habló con cariño, pertinencia, brevedad y sencillez. No solo en la homilía sino durante toda la celebración, saludando a quienes llegábamos de fuera, deseando buenas vacaciones a los que partían, invitando a los pequeños a subir al altar y a la asamblea a participar en los cantos, lecturas y oraciones… En definitiva, compartiendo Palabra y Vida con sus palabras y su propia vida. Me encantó su saludo final, deseando buena semana a toda la asamblea con un «que seamos buenos cristianos». Qué gusto de celebración. Y también qué pena que algo tan de sentido común, tan sencillo como una celebración atrayente y mínimamente participativa sea tan inusual…

Tengo un pensamiento recurrente que me lleva a desear que ojalá se pudiera abrir un turno de preguntas después de la homilía para dialogar sobre algunas osadas afirmaciones que no dejan de ser opiniones. Por ejemplo, hubiera levantado la mano para que me explicaran hace unas semanas por qué se habló de las vocaciones en la Iglesia refiriéndose solamente a varones ante una asamblea mayoritariamente femenina en la que había un buen número de religiosas. Oportunidad perdida de hablar sobre las distintas vocaciones…

Como lo de las homilías dialogadas o compartidas es minoritario, voy a quedarme con mis recuerdos de la infancia, con mi interés en analizar homilías (y saber a quién tengo delante) y con el deseo que había en el saludo final del párroco del que soy fan: seguiré tratando de ser buena cristiana.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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El bautismo de Jesús es su momento de “salir del armario”. También puede ser el nuestro.

lunes, 13 de enero de 2025
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IMG_9462El artículo de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland, una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Domingo del Bautismo del Señor, están disponibles aquí.

Durante las últimas semanas, hemos estado celebrando la llegada de Jesús a este mundo como uno de nosotros. Hoy, celebramos su bautismo, su “salida” al mundo como adulto.

Jesús tiene 30 años cuando va a ver a Juan, que está bautizando en el desierto. Juan está advirtiendo a todo el que quiera escuchar que el Reino de Dios está cerca. Está llamando a las personas a arrepentirse de su pecado y volverse a Dios. Cuando se le pregunta cómo hacerlo, Juan les dice que den a los pobres y compartan su comida con los hambrientos.

Tenga en cuenta que Juan no está en el templo mientras predica. La Buena Noticia es proclamada a todos para que “todos vean la salvación enviada por Dios”, como nos recuerda la primera lectura litúrgica de hoy. En la predicación de Juan, nadie es considerado privilegiado ni exento de tomar una decisión personal de volverse a Dios.

Jesús acepta el mensaje de Juan y decide ser bautizado. Cuando lo hace, su verdadera identidad se revela cuando el Espíritu Santo desciende sobre él y se escucha una voz: “Tú eres mi amado; en ti tengo mis complacencias”.

La vida de Jesús cambia drásticamente después de eso. Su verdadera identidad ahora es conocida. ¡Ya no puede volver atrás!

Solo puedo imaginar lo que sintió Jesús en ese momento. ¿Aceptó las palabras de Isaías? “Aquí está mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco, en quien he puesto mi espíritu”. ¿Se sintió amado? ¿O estaba confundido por el mensaje del Espíritu? ¿Tenía miedo? Jesús era completamente humano. Supongo que estaba sintiendo muchas emociones después de esta experiencia y por eso se fue al desierto durante 40 días.

Recuerdo mi propio proceso de salir del armario. Definitivamente no me sentí elegida ni amada. Más que nada, me sentí traicionada. Había internalizado mucha de la homofobia que me rodeaba: en mi familia y amigos, en la escuela católica a la que iba y en la iglesia. No quería ser parte de una identidad LGBTQ+ para mí. Luché por comprender mi orientación sexual e identidad de género.

Sin embargo, a medida que crecí en mi identidad, descubrí a los Juanes Bautistas en mi vida que me invitaron a la plenitud y a reconocer que es en el desierto dentro de mí donde escucharé y conoceré a Dios. Me llaman una y otra vez a ser bautizada, a rechazar la negatividad interior y a abrazar el Evangelio. Abrí mi corazón al Evangelio y escuché que Dios está complacido conmigo como soy y que el Espíritu de Dios habita dentro de mí. Mi verdadera salida del armario se produjo cuando finalmente pude escuchar la voz de Dios en mi interior: «¡Tú eres mi Amado, mi elegido! Estás hecho a mi imagen y semejanza”. ¡Mi vida nunca ha sido la misma!

¿Quiénes son los Juan Bautistas en tu vida? ¿Puedes escuchar su desafío y sus afirmaciones para reconocer que Dios vino a traerte libertad y amor? ¿Qué necesitas hacer para aquietarte y poder escuchar la voz del Espíritu en tu interior? La Voz del Espíritu te habla: “Tú eres mi amado, mi elegido, en quien tengo complacencia”. ¿Puedes escucharla?

–Sr. Donna McGartland, 12 de enero de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“No ahogar el amor solidario”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 12 de enero de 2025
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Bautismo_CEl amor es la energía que da verdadera vida a la sociedad. En toda civilización hay fuerzas que generan vida, verdad y justicia, y fuerzas que provocan muerte, mentira e indignidad. No siempre es fácil detectarlo, pero en la raíz de todo impulso de vida está siempre el amor.

Por eso, cuando en una sociedad se ahoga el amor, se está ahogando al mismo tiempo la dinámica que lleva al crecimiento humano y a la expansión de la vida. De ahí la importancia de cuidar socialmente el amor y de luchar contra todo aquello que puede destruirlo.

Una forma de matar de raíz el amor es la manipulación de las personas. En la sociedad actual se proclaman en voz alta los derechos de la persona, pero luego los individuos son sacrificados al rendimiento, la utilidad o el desarrollo del bienestar. Se produce entonces lo que el pensador norteamericano Herbet Marcuse llamaba «la eutanasia de la libertad». Cada vez hay más personas que viven una «no libertad confortable, cómoda, razonable, democrática». Se vive bien, pero sin conocer la verdadera libertad ni el amor.

Otro riesgo para el amor es el funcionalismo. En la sociedad de la eficacia lo importante no son las personas, sino la función que ejercen. El individuo queda fácilmente reducido a una pieza del engranaje: en el trabajo es un empleado; en el consumo, un cliente; en la política, un voto; en el hospital, un número de cama… En esta sociedad, las cosas funcionan; las relaciones entre las personas mueren.

Otro modo frecuente de ahogar el amor es la indiferencia. El funcionamiento de la sociedad moderna concentra a los individuos en sus propios intereses. Los demás son una «abstracción». Se publican estudios y estadísticas tras los cuales se oculta el sufrimiento de las personas concretas. No es fácil sentirnos responsables. Es la administración pública la que se ha de ocupar de esos problemas.

¿Qué podemos hacer cada uno? Frente a tantas formas de desamor, el Bautista sugiere una postura clara: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir más lo que tenemos con aquellos que viven en necesidad.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 12 de enero de 2025. Bautismo del Señor

domingo, 12 de enero de 2025
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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Pikaza

domingo, 12 de enero de 2025
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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

domingo, 12 de enero de 2025
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imagePerugino, Bautismo de Cristo (ca. 1482)

Del blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Hace seis días celebrábamos la visita de los Magos de Oriente, cuando Jesús tenía unos dos años de edad, según Mateo. Hoy celebramos su bautismo, cuando tenía unos treinta años, según Lucas. Si exceptuamos la visita al templo de Jerusalén con doce años, de la infancia, adolescencia y vida adulta, hasta el bautismo, no sabemos nada.

 El bautismo de Jesús (Lucas 3,15-16.21-22)

             Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:

«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajo el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo:

«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». 

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura.

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

“Pasó haciendo el bien”. Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

 

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12 de Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

domingo, 12 de enero de 2025
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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Hoy celebramos que Jesús nació del agua y del Espíritu.

domingo, 12 de enero de 2025
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2754-neonian-baptistery-ravenna-dome-mosaic-baptism-christ-detailDOMINGO 1º BAUTISMO DE JESÚS (C)

Lc 3,15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es, además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga teológica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió el sentido de su vida, lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión. A pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene grandes posibilidades de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado porque nos lanza más allá de lo sensible.

Lucas no da ninguna importancia al hecho físico. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta que punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos “espíritu” significa a lo mismo.

Marcos:      1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

                       1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:         3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:          3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

                        4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

                        4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea.

                        4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:            1,32Yo he visto que el Espíritu que bajaba del cielo y permanecía sobre él.

                      1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

                        3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

                        6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

 

Hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. El bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad.

En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, volveré. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación mucho más que personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en aquella época y aún en la nuestra.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su «Abba«, no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. En este caso, Lucas dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey, una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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