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Gruta de Esperanza», por Koldo Aldai Agirretxe

viernes, 23 de mayo de 2025
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Son remansos de paz y espiritualidad que cada vez hay que buscar más lejos. Una estimulante primavera provenzal, un muy antiguo establecimiento religioso a los pies de una montaña sagrada, un inmenso verde de bosque y blanco de piedra gastada, una belleza original y pura, al igual que cuando ella hace dos mil años la habitaba. El tiempo no debiera pasar en balde ni siquiera allí, fuera del mundo. ¿El abundante granito circundante habrá acabado penetrando las estancias conventuales, las moradas de las almas residentes? ¿La gran pared cristalizada del macizo habrá frenado el imprescindible aire fresco y renovado?

He permanecido cuatro días junto a los dominicos en la hospedería de Sainte Baume, al pie de la gruta de María Magdalena, en el sur de Francia. He estado los mismos días pegado al móvil, explorando todo lo registrado con respecto al nuevo Papa. He respirado con gran alivio entre los robles de la santa, al saber de quien venía a presidir la Iglesia tras la fumata blanca. Tuve la suerte de comunicar con alegría el nombramiento de León XIV a la comunidad que regenta el lugar.

En los paseos solitarios bajo la gruta de la «bien amada» dos palabras, dos valores han vibrado con insistencia en el interior: esperanza y paciencia. La cristiandad avanza, más lento de lo que muchos quisiéramos, pero progresa renqueante y hemos de ser pacientes. Huelga pedir a la Iglesia lo que al día de hoy no puede ofrecer. He observado atento las fotos del nuevo pontífice «peruano». Por supuesto he sonreído cuando le he visto a caballo, me he alegrado al ver las botas de goma hasta la rodilla, me he congratulado cuando comparte humilde rancho con los últimos… He visto todas las galerías de imágenes y suspirado esperanzado.

baume1Algo en nuestro interior apela a la paciencia cuando contemplamos ahora a Robert Francis Prevost rodeado de tanta pompa y boato, al verle delante de tantas almas anhelantes de besarle la mano. Nadie negará cierta solemnidad que ha de rodear al sucesor de Pedro, pero esa devoción a otro hermano, por mayor que represente, semejara excesiva. Los detalles de sencillez y de falta de ostentación de Francisco ahora han brillado por su ausencia. La vuelta al Palacio papal, los desplazamientos en el potente SUV, el retomar alarde de vestiduras, son detalles menores, pero noticias que no terminamos de leer con agrado. De cualquier forma, el duro y gastado granito no ha retomado el Vaticano.

Paciencia también es la palabra que asalta al leer los carteles de los dominicos en la sagrada gruta prohibiendo todo acto y ceremonia que no se ajuste a la estricta ortodoxia católica. Percibo miedo a la pérdida de monopolio y una Iglesia no puede progresar y expandirse con tanta carga de temores. La figura de María Magdalena es reivindicada por la nueva espiritualidad femenina y la ancha comunión cristiana no debiera recelar por ello, más bien congratularse. Siento como si trataran de frenar de alguna manera lo incontenible que ya nos alcanza. Paciencia igualmente cuando observo una lectura poco comprometida con el «Laudato si» de Francisco, cuando he de abrir con dolor la colección de tarrinas de plástico para untar con un poco de mermelada el pan blanco del desayuno.

Paciencia cuando, por más que busco, no logro hallar la plena alegría divina, el gozo de la vida comunitaria al bajar a los oficios religiosos. Las paredes de la capilla gozan de murales llenos de luz y de color, pero miro a los frailes y trato de encontrar con dificultad en los rostros igualmente esa chispa contagiosa, ese color vivificante de una vida orante.

baume3No desatamos baterías reivindicativas, tan solo compartimos reflexión tras los pasos por el bosque, «cosecha» después de tanto deambuleo meditativo por el singular paraje. Sólo hemos venido a recoger las flores y plantas que eventualmente se le cayeron del cesto a la santa que allí moraba, a intentar dar con la receta de sus populares ungüentos, a escrutar la orientación de su larga mirada desde la altura.

Volveremos hasta estos bosques cargados de antiguos perfumes, impregnados aún del espíritu de la Santa de Magdala, quién como nadie supo aunar en sí ternura y firmeza. Lo haremos silentes, humildes, por supuesto rendidos a todas las pautas establecidas, incluso dispuestos a reabrir una tras otra las poco ecológicas tarrinas de plástico. En nuestro interior pujará empero por latir el espíritu en permanente evolución del Eterno, de la «bien amada» ahora resucitada, por supuesto de la esperanza, pese a todo, siempre renovada.

Koldo Aldai Agirretxe

Fuente Fe Adulta

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“Jubileo: tiempo de paciencia”, por Gabriel María Otalora

miércoles, 5 de marzo de 2025
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De su blog Punto de Encuentro:

Ante el torbellino de noticias y acontecimientos que cada día nos sobresaltan e inquietan, los cristianos atesoramos una actitud que vivimos como si la hubiéramos arrinconado, y es la hora de desempolvar: la paciencia. Pero como buena virtud que es, no tiene que ver con la parsimonia del pánfilo, de quien ve pasar la vida como la vaca mirando al tren. Es hora de rearmarnos contra el frenesí que desasosiega lo cotidiano mientras encubre falta de esperanza.

Nos hemos contaminado de la sociología de las prisas que aportan muy poco fundamento en esta sociedad que impulsa constantemente a desearlo todo y obtenerlo de manera instantánea logrando así una profunda insatisfacción a medio plazo. Ante esta realidad, se torna fundamental revalorizar la mejor versión de la paciencia, es decir, la que nos enseña a vivir con esperanza. Esperar para un cristiano es saber, y el que sabe, espera. Ahora que estamos metidos en medio del  Jubileo, es tiempo de valorar la profunda conexión entre paciencia y esperanza. El Jubileo es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás. En la espera activa y esperanzada en donde encontramos la fortaleza para vivir en medio de la incertidumbre actual, tratando de construir un presente que dé sentido al futuro.

Tener un sentido en la vida es cosa grande, algo que anhelan muchos seres humanos desnortados en medio de esta cultura de la prisas. Tengo la impresión de que nos ven a los cristianos, desde fuera, derrochando nuestra fe, pasivos e inactivos ante el infortunio que trasladan las noticias. La paciencia en estos tiempos es un buen camino espiritual capaz de activar una paz profunda mientras transitamos por las estrecheces de lo cotidiano, confiados y atentos a la acción de Dios que se manifiesta en el susurro, como a Elías, tras el estrépito de volcanes y vendavales. Y en la frágil llamada a Samuel, quien no es capaz al principio de reconocer la llamada de Dios. De ahí lo de paciencia “activa”. Es lo que Jacqueline Kellen llama “la grandeza de la espera que teje toda la existencia y eleva a los humanos hacia lo alto”. Es la actitud necesaria hoy para descubrir la gratuidad de los bienes más preciados a nuestra disposición frente al activismo y a la avidez.

La paciencia entendida como una “una floración de la espera”, representa dejar de lado lo inconsistente y lo efímero, asegura J. Kellen. Es más, dicha actitud requiere firmeza, pues requiere el esfuerzo a contracorriente, tantas veces, para resistir sin aceptar resignadamente la foto social de que todo es inconsistente o materialista. Así, la invitación del Papa a vivir un año de gracia, de misericordia, viene muy bien para recordarnos lo que es el amor por excelencia. Y cuando hay amor de por medio, la esperanza revive pronto. Y los demás lo notan, es una forma de testimonio, de evangelizar.

En este año jubilar en curso, conjuguemos paciencia, espera, esperanza; trabajo interior que acoge ahora la Cuaresma como un impulso especial de vivencia teologal entre quienes viven de otra manera: fe, esperanza, amor. Este tiempo jubilar es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás, profundizando en la vida de oración y de amor hacia los demás. Cuántas personas ansían experimentar la fe que tenemos mientras ven adormecidos de nuesytros talentos espirituales que tenemos cuando comentamos qué aburrida es la Cuaresma.

Seamos, pues, testigos de vida esperanzada y comprometida especialmente con los más necesitados. Es el objetivo de toda Cuaresma y de este Jubileo 2025, que puede parecer algo anacrónico, pero como invitación papal es bien actual y necesaria. Somos sembradores, tengamos paciencia.

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La paciencia

jueves, 2 de septiembre de 2021
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Es difícil ser paciente. No sólo significa esperar hasta que pase algo sobre lo cual no tenemos control: la llegada del autobús, el fin de la lluvia, el regreso de un amigo, la resolución de un conflicto. La paciencia no significa esperar pasivamente hasta que otra persona haga algo. La paciencia nos pide vivir el momento plenamente, estar completamente presentes en el momento, saborear el aquí y ahora, estar donde estamos. Cuando estamos impacientes, tratamos de escapar del lugar donde estamos. Nos comportamos como si lo importante sucederá mañana, luego, y en otro lugar. Sé paciente y confía que el tesoro que buscas está escondido en la tierra que pisas«.
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Henri Nouwen
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«La paciencia desde Job», por Gabriel Mª Otalora

jueves, 2 de septiembre de 2021
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mas-paciencia-que-el-santo-jobDe su blog Punto de encuentro

La semana pasada me refería a la paciencia en este Punto de encuentro. Entonces recordaba que la Escritura está llena de exhortaciones a la perseverancia con 16 menciones directas al término «paciencia». Ser paciente es vivir el presente con confianza, como Jesús, en estado de espera que nos mantiene firmes en nuestra fe, en la vida, en los prójimos y en Dios. Pero faltaba alguna referencia al texto por excelencia: el libro de Job y su protagonista.

En estos tiempos marcados por las prisas, los creyentes tenemos una lección para recordar y sobre todo que vivir con la paciencia -como virtud activa– ante la experiencia del sufrimiento: ¿Dios mío, dónde estás?, se pregunta el inocente que sufre. Deberíamos leer y releer el libro de Job. Yo apunto aquí algunas claves que pueden ayudar a vivir en sana y santa paciencia.

  1. Es importante destacar que el sufrimiento narrado es extremo para que nadie se sienta ajeno a la realidad dolorosísima que puede ocurrirnos en la vida y en varias modalidades: muertes de seres queridos, graves pérdidas materiales e incluso el grave deterioro de la salud. Y por si fuera poco, la permanente tentación que llega desde sus amigos con razones teológicas para que reniegue y maldiga a Dios.
  2. La historia de Job es desconcertante porque, en justicia, él no merecía nada de lo que le estaba pasando; muy al contrario, lo que merecía según su religión era la bendición y prosperidad que vienen de la mano de Dios: a los buenos les va bien, a los malos, mal tal y como se entendía.
  3. El relato plantea una cuestión crucial: si el ser humano puede creer en Dios de forma desinteresada frente a la concepción mercantil (do ut des) de la religión que defienden los amigo de Job, pero que es utilitaria sin que se produzca un verdadero encuentro con Dios. Está en juego la retribución y la gratuidad con Dios en medio de la realidad sufriente. Job no requiere del bienestar para confiar en Dios, a quien no enjuicia.
  4. Job espera en Dios desde su honradez sin relacionar su fe con su mala suerte. Llega a maldecir el día en que nació: “Que Dios acabe de una vez”, tal era su sufrimiento. Pero no habla mal de Dios y no se desespera aunque no comprende su calamidad que le ha convertido en un apestado social hasta el punto de que es recriminado ¡incluso por sus amigos que fueron a consolarle! por su actitud de fe verdadera.
  5. Protestar contra el dolor que Job entiende de buena fe como injusto, puede ser un testimonio de fe mayor que el de quienes se acostumbran sin esperanza a la injusticia e incluso la justifican para que no lleguen males mayores.
  6. Ninguno, cuando sea probado, diga que es Dios quien me prueba porque Dios no prueba a nadie (Santiago 1, 13). En todo caso, Dios permite que pasen cosas en el devenir de nuestra vida, en aras a la libertad, para mostrarnos cosas mejores y hacernos mejores: Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman.
  7. Todo no tiene explicación en este mundo, mas todo tiene un propósito. Hay dos preguntas que son recurrentes en el sufrimiento: ¿por qué? y ¿para qué? Pero este tipo de preguntas no suelen tener respuesta. Si acaso, a posteriori desde la experiencia de fe como les pasó a los discípulos, que no entendieron nada de lo que le venía encima a Jesús y se acobardaron llenos de angustia. Si Job finalmente logra su restauración y es colmado de explicaciones es para que no olvidemos que Dios es más fuerte que el mal y que u lógica, desconocida para nosotros, es mucho más justa que la nuestra.
  8. Confiar en el amor de Dios.La historia de Job termina en que Dios restaura y mejora la vida que había tenido antes de sobrevenirle las desgracias. Job forma una nueva familia, mucho más fecunda que la primera, prospera económicamente más que antes y su fama como hombre bendecido se extiende por todas partes lleno de salud. El autor bíblico quiere expresar que todo es gracia y a Dios nadie le gana en amor misericordioso.
  9. En la Biblia, la queja y la esperanza van de la mano. Lo vemos sobre todo en Job y en muchos salmos. No es posible encontrar una explicación racional del sufrimiento. Pero la fe nos saca de la resignación para lograr una actitud de humildad esperanzada, de aceptación ante el sufrimiento injusto o inevitable y de lucha por mejorar aquello que todavía es posible.
  10. Con Dios es necesaria la confianza que necesita de la paciencia, ya que sus tiempos no son nuestros tiempos. Pero sus promesas se cumplen y son mucho más generosas que nuestros deseos. La respuesta de Dios a Job me confronta a mí también, sabiendo que su propósito es más elevado que mi entendimiento. Y que lo mejor es confiar en Él. Hoy no es siempre. En definitiva, liberación y acción de gracias acaban siendo lenguaje divino.

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Paciencia

miércoles, 21 de julio de 2021
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La paciencia preserva al hombre del peligro

de que su espíritu sea quebrantado por la tristeza

y pierda su grandeza”

*

Tomás de Aquino

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“Tiempo de paciencia”, por Gabriel Mª Otalora

miércoles, 21 de julio de 2021
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2FC92B0A-0266-4466-901F-17292D3DDD98De su blog Punto de Encuentro:

Conozco los escritos de Alessandro Pronzatto desde los tiempos de la universidad, cuando nos reuníamos a estudiar varios amigos y acabábamos compartiendo lecturas entre cafés, buena música y cigarrillos ¡Qué tiempos! Ahora le releo con gusto y me fijo en la sabiduría de la paciencia, que no tenemos: «El entusiasmo inicial no basta. Hay que luchar contra el mayor peligro: el desaliento, contra el que la paciencia constituye el antídoto indispensable» sin perder la calma interior. Pero no es virtud de este tiempo la paciencia, que ahora llaman autocontrol; tampoco luce entre los cristianos.

En la sociedad de las prisas, manejamos medios muy eficaces para acortar los tiempos (mejores comunicaciones y tecnologías, que no paran de innovar) mientras la premura injustificada nos devora sin tregua. Si en la vida hay que tener paciencia -signo evidente de madurez- qué no decir de la actitud ante Dios y sus promesas, que se cumplen siempre aunque no sepamos cuándo ni de qué manera. En los temas de Dios tampoco somos ajenos a las prisas, desvirtuando a la paciencia, que es la gran palanca de la confianza. Y cada vez que vence la impaciencia, se pone en riesgo la fe.

Queremos las soluciones inmediatamente, logros, victorias, sin acordarnos que ni siquiera Jesús logró el éxito ante sus coetáneos, de tejas para abajo por incomprendido, calumniado y colgado de un madero frcasando aparentemente como el que más. Y de seguido, sus asesinos continuaron matando a sus discípulos sin mayores problemas. Sin la paciencia confiada en el Padre hubiera sido imposible semejante revolución del amor con el ejemplo radical de su vida y de su muerte que sigue en pie entre nosotros.

El valor de la paciencia ha desaparecido, seguramente porque nuestro estilo de vida desconoce el valor que atesora su virtud, tan necesitada en estos tiempos turbulentos de pandemia. Paciencia no es debilidad, ninguna virtud lo es. Nada tiene que ver ser paciente con la resignación que deja morir los sueños. Primero, la paciencia para seguir con la esperanza puesta en que lo mejor está por venir; esta es nuestra fe. Como dice Pronzatto, hay que poner la paciencia al comienzo de toda empresa, cuando todo está por hacer, por ser ella la fortaleza que nos va a ayudar ante cada contrariedad, en la desilusión o el fracaso. La expresión «Fortaleced vuestros corazones» no es un canto a la pasividad, sino a la acción que busca echar raíces para no quedarnos por las ramas.

Si la genialidad se compone de dos por ciento de talento y noventa y ocho por ciento de perseverancia (Beethoven), para un cristiano la paciencia no es una cruz menos árida en lo que supone la aceptación de la espera, la aparente falta de resultados, la no respuesta, la falta de soluciones, el silencio de Dios…

La Escritura está llena de exhortaciones a la constancia y a la perseverancia. En el Nuevo Testamento, el término «paciencia» aparece 16 veces. Ser paciente es vivir el presente con confianza. Como Jesús, en estado de espera que nos mantiene firmes en nuestra fe, en la vida, en los prójimos y en Dios. De ahí las segundas oportunidades que la paciencia ofrece, el perdonar setenta veces siete (siempre), que no es más que un ejercicio de paciencia esperanzado, de fe, de que existe salida y tenemos futuro. Todos merecemos un voto de paciencia porque es la puerta para alcanzar los sueños más audaces. No nos engañemos: solo la paciencia es capaz de consolidar el amor, que nunca es posible lograrlo en la agitación desordenada de la impaciencia. Y quien ha aprendido a esperar en Dios, lo ha aprendido todo.

En tiempos de desaliento, paciencia bien entendida. ¡Feliz verano!

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Paciencia

martes, 24 de septiembre de 2019
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Paciencia

Hoy no está muy de moda el elogio de la paciencia, pero de la escasa estima cíe esta virtud y de su reducida práctica proviene la disgregación de los grupos, incluso de los más sólidos, como son la familia y las comunidades religiosas. Cuando no estamos dispuestos a tener paciencia, nos vemos obligados a asistir al declive de la solidaridad y de la cohesión de la fraternidad.

Tener paciencia no es, ciertamente, fácil, sobre todo para quienes creen firmemente en el mito de la eficacia o se sienten más positivamente preocupados por la buena marcha de las cosas y de la misión. A estas personas la paciencia puede parecerles una pérdida de tiempo que fomenta la pereza del prójimo o, también, que significa renunciar a dar lecciones de pedagogía a personas que «deben crecer».

San Gregorio Magno, que conocía perfectamente los entresijos del corazón humano, afirmaba: «También nosotros podemos ser mártires si conocemos verdaderamente la paciencia del corazón. La victoria sobre nosotros mismos, por amor a los hermanos, nos vale la gloria del martirio».

Aludía, por cierto, a las pruebas de la vida cotidiana, que en ocasiones guardan un gran parecido con el martirio: en esa vida hay que soportar a veces a personas extravagantes o sencillamente insensatas, personas que parecen disfrutar haciéndonos sufrir; soportar, en otras ocasiones, actitudes humillantes de prepotencia, afrentas mordaces, complicaciones que parecen confabularse todas ellas para fastidiarnos; o injusticias manifiestas, calumnias humillantes o, más simple y frecuentemente, la tan conocida rutina de cada día, monótona, gris, uniforme y descolorida.

La paciencia brota también cuando nos damos cuenta de las dificultades por las que atraviesa el que está junto a nosotros, el que está tentado, probado y acosado quizás por heridas antiguas, por estados de ansiedad, por frustraciones que surgen de vez en cuando y hacen difícil la vida, primero a él y después a nosotros.

Quien está movido por la fortaleza cristiana intuye, comprende, tiene paciencia y no se maravilla, sino que aporta, con el garbo de un hermano afectuoso, la ayuda que le es posible ofrecer en ese momento.

*

P. G. Cabra,
Para una vida fraterna. Breve guia práctica,
Sal Terrae, Santander 2000, pp. 60-61

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Sé paciente y confía…

miércoles, 21 de agosto de 2019
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Es difícil ser paciente. No sólo significa esperar hasta que pase algo sobre lo cual no tenemos control: la llegada del autobús, el fin de la lluvia, el regreso de un amigo, la resolución de un conflicto. La paciencia no significa esperar pasivamente hasta que otra persona haga algo. La paciencia nos pide vivir el momento plenamente, estar completamente presentes en el momento, saborear el aquí y ahora, estar donde estamos. Cuando estamos impacientes, tratamos de escapar del lugar donde estamos. Nos comportamos como si lo importante sucederá mañana, luego, y en otro lugar. Sé paciente y confía que el tesoro que buscas está escondido en la tierra que pisas«.

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Henri Nouwen
Pan para el viaje

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Vivir en comunidad: Saber aceptar el tiempo y amarlo como a un amigo…

lunes, 27 de agosto de 2018
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La cualidad esencial para vivir en comunidad es la paciencia: reconocer que nosotros mismos, los otros y toda la comunidad necesitamos tiempo para crecer. Nada se hace en un solo día.

Para vivir en comunidad es preciso saber aceptar el tiempo y amarlo como a un amigo. Es terrible ver a algunos jóvenes, entusiastas, que tenían como un gran ideal compartir con los otros y llevar una vida comunitaria, perder en unos cuantos años las ilusiones, sentirse heridos, volverse irónicos, después de perder todo el gusto por entregarse, y quedar encerrados en movimientos políticos o en las ilusiones del psicoanálisis. Eso no quiere decir que la política o el psicoanálisis carezcan de importancia.

Ahora bien, resulta triste que algunas personas se cierren porque se han sentido desilusionadas o porque no han podido aceptar sus límites. Hay falsos profetas entre los que viven en comunidad. Esos tales atraen y estimulan los entusiasmos, pero por falta de sensatez o por orgullo llevan a los jóvenes a la desilusión. El mundo comunitario está lleno de ilusiones, y no siempre resulta fácil distinguir lo verdadero de lo falso, sentir si crecerá el buen grano o si vencerán las malas hierbas.

Si pensáis fundar comunidades, rodeaos de mujeres y de hombres sensatos, que sepan discernir. Pido perdón a todos aquellos que han venido a mi comunidad o a nuestras comunidades del Arca llenos de entusiasmo y se han sentido desilusionados por nuestra falta de apertura, por nuestros bloqueos, por nuestra falta de verdad y por nuestro orgullo.

*

Jean Vanier,
La comunidad, lugar del perdón y de la fiesta,
Promoción Popular Cristiana, Madrid 1998.

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El aquí y ahora… otra vez

sábado, 22 de julio de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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«La paciencia es una dura disciplina. No solo es esperar hasta que acontezca algo sobre lo que no tenemos ningún control: la llegada del autobús, que deje de llover, el retorno de un amigo, la solución de un problema. La paciencia no es esperar pasivamente hasta que otro haga algo sino que nos pide vivir el momento presente en su plenitud, estar completamente presentes para el momento, disfrutar del aquí y del ahora, estar donde estamos. Nos comportamos como si la cosa fuera a ocurrir mañana, más tarde o en otro lugar.

Seamos pacientes y confiemos en que el tesoro que buscamos se halla escondido bajo el suelo que pisamos

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Henri Nouwen

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Submarinista de tí.

viernes, 13 de enero de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Sé paciente y confía. Tienes que moverte poco a poco y cada vez con más profundidad hacia adentro de tu corazón. Allí hay un lugar muy hondo que es como un río turbulento y ese lugar te asusta.

Pero no tengas miedo. Llegará el día en que ese lugar estará en calma y en paz.»

*

Henri Nouwen

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«La paciencia llega lejos», por Gabriel Mª Otalora

lunes, 18 de julio de 2016
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“La paciencia lo es todo”, dice el Panchatandra, esa gran recopilación de fábulas e historias moralizadoras sobre la realidad hindú que nos transporta de lo real a lo fantástico continuamente. Cuando leí esta aseveración tan rotunda, no le di mucha importancia. Pero con el tiempo, voy descubriendo la gran verdad que atesora. Ahora suelo unirla al estribillo teresiano “Sólo Dios basta”: La paciencia lo es todo, solo Dios basta, que procuro interiorizarlo con fe en los pliegues más impacientes de mi persona.

Es fácil quedarnos con que la paciencia es una virtud que lleva a aguantar cualquier adversidad de manera pasiva, sin apenas decir nada, cuando en realidad constituye un atributo que exige poner en acción nuestros mejores recursos emocionales. Pero tampoco se queda solo en el logro de la serenidad frente a la actitud impulsiva. Si bien la paciencia implica mantener la serenidad durante los malos tiempos, o ante las ofensas, para un cristiano es mucho más que esto, aunque sea importante. La vida que dediquemos a cultivar la paciencia, es tiempo de siembra interior para ser en lo posible dueño de uno mismo; al fin y al cabo, mucho de lo que nos ocurra dependerá de la forma como actuemos ante los acontecimientos.

Pero hay algo más, como decía, que esa actitud de sana paciencia que nos ayuda ante cualquier problema para lograr que los sinsabores sean más manejables, duren menos y sus consecuencias sean más controlables. Ese plus es lo que me ha hecho reflexionar el sacerdote Tomás Halík, en el prólogo de su estupendo libro Paciencia con Dios (Herder). El se refiere a las tres formas de paciencia, profundamente interconectadas, frente a la sensación de ausencia de Dios: se llaman fe, esperanza y caridad. Y llega a señalar que la paciencia es la principal diferencia entre la fe y el ateísmo, en los momentos en que Dios parece estar lejos u oculto. Y lo mismo dice de la esperanza, como otra expresión de la maduración de la paciencia; y del amor, porque un amor sin paciencia no es auténtico amor.

El nexo de todo ello está en la confianza y la fidelidad, los dos potentes motores cuyo combustible es la paciencia. Por tanto, para Halík, las tres virtudes teologales son tres formas de asumir el ocultamiento de Dios, que a la postre es un camino muy diferente al del ateísmo y la credulidad superficial. Lo que les pasa a los ateos es que no tienen paciencia ante su verdad incompleta. Pero de igual forma, la fe de los creyentes inmaduros, es de algún modo también incompleta por no asumir la propia naturaleza de nuestra condición de peregrinos hacia la Tierra Prometida; algo que lejos de decepcionarnos con impaciencia frustrante, nos debe servir como reflexión para la maduración de las virtudes teologales y como antídoto a la soberbia excluyente, acusadora y nada paciente tampoco con las debilidades del prójimo.

Paciencia como sanación del equilibrio interior pero también como el alimento que nos ayude a experimentar las gracias recibidas en forma de virtudes teologales. Paciencia con Dios, con el hermano siempre, y sobre todo empezando con ejercitar la paciencia con uno mismo: La paciencia activa lo es todo, solo Dios basta.

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No te equivoques…

martes, 7 de abril de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Haz de la vida un todo que te obligue.

Qué cada etapa de la vida sea aceptada

hasta que haya logrado plenamente su fin,

es decir para que te haya enseñado

la paciencia, la armonía interior y la paz.»

*
El 11 de marzo, Vivir por el Espíritu.

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