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“La Resurrección como una revolución en la evolución”, por Leonardo Boff.

Lunes, 21 de mayo de 2018

Resurrección2En la siguiente entrevista del 27 de marzo de 2018 Boff explica que “la Resurrección es la concreción de la utopía predicada por Jesús, el Reino de Dios que implica la superación de morir y de la muerte”. Pero ¿cómo comprenderlo dejando de lado pruebas (científicas) concretas? Es ahí donde, según el teólogo, se inscribe como alternativa la narrativa mítica. “El mejor camino es elaborar narrativas y proyectar mitos que, en el sentido moderno del término, son un medio de expresar lo indecible. El mito no inventa el hecho, le da una forma para que podamos comprenderlo”, explica.

Lea la entrevista completa.

IHU On-Line – ¿En qué medida la Modernidad perturba el entendimiento pleno del concepto de Resurrección?

Leonardo Boff – No veo que la Modernidad tenga interés en el tema de la Resurrección, no los autores que conozco. Sí se preocupan por el tema de la muerte. Por otro lado, si tenemos un concepto más profundo del ser humano, ahí sí apunta el tema de la Resurrección. Si aceptamos que el ser humano es un proyecto infinito y está devorado por un deseo que no conoce límites, como Aristóteles y Freud reconocieron, ahí se plantea la pregunta: ¿cuál es el objeto adecuado a su impulso infinito y al oscuro objeto de su deseo infinito?

Sólo un infinito sacia nuestra sed de infinito, sólo una vida que es eterna hace descansar el deseo. Es la famosa experiencia agustiniana del “cor inquietum” que sólo descansa cuando encuentra a Dios. El sentido de la vida es más vida, es la plenitud de la vida. Es lo que los cristianos llamamos Resurrección.

IHU On-Line – ¿En qué consiste el “resucitar” según la Teología y la Antropología?

Leonardo Boff – La Resurrección no puede ser identificada con la reanimación de un cadáver como el de Lázaro que, finalmente, acabó muriendo. La resurrección es la irrupción del “novissimus Adam” de San Pablo (1Cor 15,45). Es decir, es la completa realización de todas las incontables virtualidades presentes en el ser humano. Si es un proyecto infinito, la Resurrección representa el momento en que estas virtualidades llegan a su plena floración.

IHU On-Line – ¿Cuáles son los límites de buscar la Resurrección como un dato histórico? ¿Y de qué forma la lectura mítica puede ampliar el entendimiento acerca de la Resurrección?

Leonardo Boff – Nadie vio la resurrección de Jesús. Tenemos sólo testimonios de personas a las que se dejó ver y algunas señales como el sepulcro vacío y sus vestiduras. Por lo tanto, no es un hecho histórico susceptible de ser detectado por una cámara o por la televisión. Es un hecho que sucedió en Jesús, accesible por la fe en los testimonios.

Este evento no pertenece al mundo del bios, de la vida biológica que siempre termina en la muerte. Por eso los textos juiciosamente hablan de Zoé, que significa una vida eterna. Tampoco dicen: hemos visto al Señor, sino: Él se dejó ver (óphte en griego, aoristo pasivo de oráo ver). La iniciativa parte de Jesús y no de los apóstoles, a los que les permite verlo. Podríamos decir que la Resurrección es la concreción de la utopía predicada por Jesús, el Reino de Dios, que implica la superación de la muerte y el morir. No sin razón Orígenes, uno de los más geniales teólogos cristianos del norte de Egipto en el siglo III, denomina la resurrección como la autobasilea tou Christou: la autorrealización del Reino en Cristo.

Cuando las realidades son demasiado grandes, nos faltan conceptos y palabras. El mejor camino es elaborar narrativas y proyectar mitos que en el sentido moderno del término (en C.G. Jung y en los antropólogos) son un medio de expresar lo indecible. El mito no inventa el hecho, le da una forma que podamos comprender. En esa línea se debería pensar la resurrección de Jesús. Antropológicamente es fecunda, pues se encuentra con lo que de utópico e infinito discernimos en el ser humano.

IHU On-Line – Muchos estudiosos sostienen que la Resurrección de Cristo es la victoria de la vida sobre la muerte. ¿Cómo podemos comprender tal perspectiva?

Leonardo Boff – La vida está llamada a la vida y no a la muerte, aun cuando sabemos que un día vamos a morir. Este es el anhelo fundamental del ser humano, no sólo vivir mucho, sino, como señalaba Nietzsche, vivir eternamente. En ese sentido, la Resurrección representa un tipo de vida tan plena que en ella no penetra la muerte. Pero para eso, ella necesita transfigurarse, es decir, realizar totalmente al ser humano en sus infinitas posibilidades. No vivimos para morir, como dirían los existencialistas. Morimos para resucitar. Don Pedro Casaldáliga lo formuló bien: la alternativa cristiana es o vida o resurrección.

IHU On-Line – ¿Es posible afirmar que el Dios vivo en el Cristo sólo se revela plenamente en la Resurrección? ¿Por qué?

Leonardo Boff – Mientras estaba entre nosotros, Jesús participaba de todo tipo de limitaciones e incluso achaques de la existencia humana. Es lo que está implícito en la encarnación. El autor de la Epístola a los Hebreos es muy concreto: “entre súplicas, clamores y lágrimas se dirigió a aquel que lo podía salvar de la muerte… y aprendió a obedecer por medio de los sufrimientos” (Hb 5,7-8). Más adelante dice que él “es el general de la fe” (12,2). La Resurrección es la superación de esta situación carnal y el paso a la situación “espiritual” (del Espíritu de vida). Aquí Dios se revela como el Dios que hace de un muerto, un vivo y de un vivo el “novísimo Adán”. Se da la plena revelación del Dios vivo que quiere la vida y que en el libro de la Sabiduría se revela como “el apasionado amante de la vida” (Sb 11,24).

IHU On-Line – ¿En qué consiste la idea de “resurrección de la carne” y de qué forma se articula con la perspectiva del sepulcro vacío, tan detalladamente descrito en la narrativa de Marcos?

Leonardo Boff – “Carne”, bíblicamente, significa la situación humana frágil, enfermiza, mortal. Esta situación fue totalmente transmutada por la Resurrección. Pablo lo dice claramente: “se siembra un cuerpo vital y se resucita un cuerpo espiritual” (1Cor 15,44). Yo sostengo la tesis, aceptada por muchos, de que las apariciones al final del evangelio de Marcos serían un añadido posterior, un pequeño resumen de las apariciones. El Marcos original no tendría nada de eso. Jesús termina diciendo “a los discípulos y a Pedro que Él (Jesús) los precederá en Galilea. Allí me veréis como os dije” (Mc 16,7).

Con eso quiero decir que Jesús no se ha manifestado aún de forma plena. Todos estamos en camino a Galilea (el término de la historia) para verlo entonces cara a cara. Me parece que  así se entiende mejor la historia humana, porque a pesar de la Resurrección de Cristo en  verdad nada ha cambiado, pues campa la muerte y la violencia en el mundo. En la esperanza caminamos hacia la Galilea de la resurrección. El mismo Jesús está en proceso de resurrección, pues sus hermanos y hermanas, que somos nosotros, aún no han resucitado ni el universo que le pertenece ha alcanzado su plenitud. Está todavía en fase de cosmogénesis. Cuando todo se complete, entonces, Jesús y su comunidad habrán finalmente resucitado. Aquí caben las palabras de Ernst Bloch: “el génesis está al final y no al principio”.

IHU Online – Usted dice que la Resurrección representa “una revolución en la evolución”. Me gustaría que detallara esa perspectiva.

Leonardo Boff – La moderna cosmología afirma unánimemente que el estado del universo no es la estabilidad, sino la movilidad. Todo se está expandiendo, completándose y autocreando. La evolución permite que las virtualidades latentes dentro del universo conozcan emergencias, puedan irrumpir bajo las formas más diferentes. En este sentido, el universo no está todavía listo. En vez de hablar de cosmología, deberíamos hablar de cosmogénesis, la lenta y progresiva génesis de todas las cosas.

Cuando digo, siguiendo a Jürgen Moltmann, que la Resurrección es una revolución en la evolución, quiero decir que la Resurrección es una pequeña anticipación del fin bueno de la creación, como si el término de la evolución se anticipase y nos mostrara en pequeño lo que nos está preparado. Eso es una revolución dentro de la evolución que aún continúa y sigue su curso.

IHU On-Line – ¿De qué forma el panenteísmo puede contribuir al entendimiento de la Resurrección en nuestro tiempo?

Leonardo Boff – La expresión panenteísmo fue creada en el siglo XIX por un teólogo protestante de nombre Krause. Y no tiene nada que ver con el panteísmo. Él quiere decir lo que la teología antigua y clásica enseñaba y todavía enseña con la expresión “pericóresis” (la intro y retro relación de todo con todo) o “circumincesión”. Primero se aplicaba a la relación de la creación con el Creador: ambos están de tal manera imbricados que uno no puede ser entendido sin el otro. Después se aplicó a la cristología y a la doctrina trinitaria. Las tres divinas Personas están tan íntimamente relacionadas que una siempre implica a la otra y así eternamente.

Panenteísmo significa, entonces, que Dios está en todo y todo está en Dios, guardadas las diferencias entre criatura y Creador. No se trata de panteísmo según el cual todo es indistintamente Dios. El propio Voltaire mostró el absurdo filosófico que tal afirmación comporta. El panenteísmo guarda las diferencias, pero revela cómo ambos están presentes el uno en el otro y no pueden ser pensados separadamente. Esta comprensión puede generar una mística como la de Pierre Teilhard de Chardin o la de San Francisco de Asís, que conseguían ver a Dios en todas y en cualquiera de las realidades.

El Cristo cósmico de las epístolas de San Pablo y de la introducción del evangelio de San Juan nos da la perspectiva del “pléroma”, es decir, de la universalidad de la presencia del Resucitado en todas las cosas. Es célebre el dicho 33 del evangelio apócrifo de Santo Tomás, al que grandes nombres de la exégesis como Joaquim Jeremías y otros confieren gran autoridad, pues parece haber salido de la boca del Resucitado: “Yo soy la Luz del mundo. Todo salió de mí y todo vuelve a mí. Raja la leña y estoy dentro de ella, levanta la piedra y estoy debajo de ella, porque estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos. Levantar una piedra cuesta y rajar la leña es duro. Incluso estos quehaceres comunes contienen la presencia del Resucitado.

IHU On-Line – ¿Cómo puede la vuelta a la experiencia de la Resurrección de Cristo inspirar a la humanidad de nuestro tiempo a superar sus dilemas?

Leonardo Boff – Tal vez este pequeño cuento del área de la ecología que se encuentra en mi libro Ecología: grito de la Tierra – grito de los pobres (307) pueda responder a esta pregunta:

«En cierta ocasión un anciano y santo monje fue visitado en sueños por el Resucitado. Este, el Resucitado, lo invitó a pasear por el jardín. El monje accedió con entusiasmo y lleno de curiosidad. Después de caminar largo tiempo dando vueltas por el sendero del jardín como hacen aún hoy los monjes después del almuerzo, el santo y anciano religioso se atrevió a preguntar:

-“Señor, cuando andabas por los caminos de Palestina, una vez dijiste que un día volverías con toda tu pompa y gloria, ¡pero esa vuelta se está demorando mucho!”.

Tras unos momentos de silencio que parecían una eternidad, el Resucitado respondió:

-“Mi querido hermanito: cuando mi presencia en el universo y en la naturaleza sea evidente; cuando mi presencia en tu piel y en tu corazón sea tan real como mi presencia aquí y ahora; cuando esta conciencia se vuelva cuerpo y sangre en ti hasta el punto de no pensar más en ello; cuando estés tan lleno de esta verdad que ya no necesites preguntar con curiosidad, entonces mi querido hermano habré regresado con toda mi pompa y gloria”».

Más no se necesita decir: el Resucitado está entre nosotros sólo en las fimbrias del misterio; quien crea y sea sensible percibirá su presencia.

Leonardo Boff

Equipo Atrio

Traducción de Mª José Gavito Milano

Tema: Jesús de Nazaret, Resurrección

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“Revolucionar los cuidados”, por Pepa Torres.

Jueves, 16 de noviembre de 2017

untitled-1Inicio el nuevo curso con la lectura de un libro que me ha revolucionado “por dentro” y me urge a “revolucionar por fuera”: Trincheras Permanentes. Intersecciones entre política y cuidados[1]Su autora, Carolina León investiga, desde su lugar de enunciación como activista y madre sola, prácticas de cuidado en la vida ciudadana y política que están haciendo posible la vida en los tiempos tan duros que transitamos, por más que el gobierno declare con rotundidad que la crisis ya pasó y “estamos mejor que nunca”. Por eso inicio el nuevo curso haciéndome algunas preguntas para las que es urgente encontrar alternativas y no seguir aplazándolas. Preguntas para desordenar el mundo y alumbrarlo más allá de los roles asignados y los mandatos de género, cuestiones que nos desafían a encontrar respuestas que nos satisfagan a más de la mitad de la humanidad y todavía invisible, que seguimos siendo las mujeres y para poner la vida en el centro y sacar los cuidados a la plaza pública, porque los trabajos de reproducción son los que sostienen la maquinaria de la vida.

Preguntas como las siguientes: ¿Quién hace política, teología, economía, filosofía y para qué y para quiénes? ¿Quién cuida? ¿Por qué se ve una cosa y no la otra? ¿Por qué unos sujetos son tan visibles y otros tan poco? ¿Es la política únicamente lo que se ve?¿Qué sucede con lo que no se muestra?¿Por qué se siguen manteniendo tan separados el campo léxico de palabras como revolución, política organización, activismo, militancia, frente al de cuidados, reproducción, vida, afectos, sostenimiento? Si la historia todavía está demasiado identificada con la historia de las guerras y los relatos de los vencedores y las vanguardias. Los cuidados son sin duda la retaguardia, donde se expone y amalgama el sostenimiento de la vida.

Los cuidados son las trincheras permanentes, donde se llevan a cabo las tareas que el sistema mantiene invisibles y ocultas, vinculadas a lo cotidiano y a la materialidad y que nos hacen estar dispuestas y dispuestos al mundo. Los cuidados comprenden todas aquellas actividades que desarrollamos para atender o apoyar a otras personas de manera tanto física o emocional para sobrevivir cada día. Tienen una dimensión material directa, pero también emocional y relacional. Sin cuidados no hay vida, sin embargo cuidar, no llena un curriculum, no otorga prestigio. Lo político en nuestro mundo sigue la lógica de la aparición y la materialidad de la vida permanece escondida. Por otro lado cuidar baja a los individuos a su propia fragilidad y nos hace salir de la fantasía capitalista de la suficiencia.

Por ello necesitamos radicalizar y revolucionar los cuidados. El ecofeminismo y la economía feminista han sacado los cuidados del espacio de lo íntimo para ubicarlos en la plaza pública urgiéndonos a revolucionarlos y a pasar de la ciudadanía a la cuidadanía. Es decir, un sistema de relaciones y reorganización social que pone en el centro de la sostenibilidad de la vida y el cuidado como una categoría relacional y política sin la cual la vida no es posible.

Pero ¿Qué entendemos por sostenibilidad de la vida desde la economía feminista? Nos referimos a condiciones de posibilidad de vidas que merezcan la pena ser vividas, ya que la propia noción hegemónica (patriarcal y capitalista) de esta aspiración nos resulta perversa[2]. Perversa porque la vida que se nos ofrece como ideal escinde vida y naturaleza, porque identifica los valores asociados a la masculinidad con lo propiamente humano e impone una fantasía de autosuficiencia; perversa porque identifica bienestar con consumo en permanente crecimiento y progreso; perversa porque es una noción de vida no universalizable e irrespetuosa con la diferencia, perversa porque se sustenta en una noción de vida en la que se aceptan que una vidas valgan más que otras y porque la diversidad sexual y de género es constreñida en aras de garantizar sujetos invisibilizados que asumen la responsabilidad de sostener la vida en un sistema que la ataca.

La reivindicación de la cuidadanía supone reconocer el cuidado como esencia de lo humano, des-feminizándolo y redescubriéndolo como un valor universal. Cuidado y ternura constituye un orden alternativo al de la explotación y la dominación y están vinculados a la razón y la justicia cordial más que a la razón instrumental, su lógica y su justicia. La creación, las personas somos posibilidad y carencia, vulnerabilidad y potencia, por eso necesitamos del cuidado para ser, para existir y superar la ley de la entropía, que es la fuerza del desgaste natural de las cosas. Por eso des-cuidardes-cuidarnos nos embrutece y termina convirtiéndonos en generadores y generadoras de depredación y violencia, como nos recuerda también el papa Francisco en LS 69.

Para ello inicio este curso con una tarea urgente: revisar críticamente la concepción de la ciudadanía que parte de un modelo que es blanco, varón burgués y propietario y de una división sexual del trabajo y mandatos de género que asigna quien cuida y quien debe ser cuidado. Un mandato de género que ubica los cuidados en los ámbitos privados y los naturaliza como una cuestión de mujeres, que lo hacen todo por amor y que genera subjetividades cómplices difíciles de desmontar. Es urgente desmontar este orden y el imaginario patriarcal y capitalista que lo sostiene: el de un sujeto autónomo, independiente y suficiente que niega su interdependencia, que niega la vulnerabilidad que nos constituye como humanos y nos hace seres con necesidad de recibir y ofrecer cuidados

Este verano con los compañeros y compañeras de cristianismo y justicia en Barcelona[3] nos hacíamos conscientes hombres y mujeres de la gran prueba que constituyen la incorporación del 021feminismo y los cuidados en el pensamiento social y teológico y de la apuesta por la cultura de la ciudadanía y la revolución de los cuidados. Una apuesta por pasa por concebirlos desde la mutualidad, y no desde la complementariedad. No de forma jerárquica, sino circular, sin privilegios y que incluye el cuidado de la tierra y la comunidad cósmica. Una revolución que pasa por politizar la vulnerabilidad y recolectivizar los procesos de reproducción, porque mientras los cuidados se realicen en el terreno de lo privado estarán instalados en el género y en la clase. Por ello es fundamental llevar la lucha de los cuidados fuera de la cocina y el dormitorio, trasladarla a las calles[4]. Por eso como nos recuerdan los colectivos feministas, ningún movimiento se pueden mantener si no hace de la reproducción de aquellos que en él participan su eje central, por eso hay que romper la frontera entre políticas y cuidados y poner en práctica una política con cuidados, que asuma la responsabilidad de todas las personas en la reproducción y la cooperación colectiva del cuidado de la materialidad y la vulnerabilidad. Si ambas no se hacen un asunto compartido, un asunto público se seguirán reproduciendo dinámicas sociales en las que terminen siendo las mujeres las que asuman el peso mayor en la provisión del cuidado, no de forma elegida,sino impuesta.

¿Cómo meter en la agenda de nuestro inicio de curso, nuestros proyectos y planes para este año la urgente revolución de los cuidados? ¿Qué tenemos que hacer o que dejar de hacer, para que la cultura de la ciudadanía sea posible en nuestros barrios, para que todas y todas, empezando por las últimas, podamos vivir vidas sostenibles, vidas que tengan el cuidado en el centro y no el dinero y la explotación de un género sobre otro, de una clase sobre otra, de una parte del mundo sobre otra?, en definitiva vidas que merezcan la pena ser vividas?.

Pepa Torres

[1] Carolina LEÓN, Trincheras Permanentes. Intersecciones entre política y cuidados, Pepitas de calabaza, Logroño, 2017.

[2] Sigo aquí a Amaia PÉREZ OROZCO, Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital y vida; Traficantes de sueños, Madrid, 2014.

[3] https://www.cristianismeijusticia.net/es/jorge-riechmann-defiende-un-humanismo-descentrado-en-las-jornadas-de-cristianisme-i-justicia

[4] Silvia FEDERICI, Revolución en punto cero Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, Traficantes de sueños, Madrid , 2012.

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La belleza

Miércoles, 14 de junio de 2017

Del blog Nova Bella y El Idiota de Dostoyevski:

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La belleza salvará al mundo

*

Fiodor Dostoyevski
El idiota

***

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La belleza no hace revoluciones:

pero llega un día en que las revoluciones

necesitan de la belleza.”

*

Albert Camus,
Carnets

***

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La revolución del servicio

Miércoles, 13 de enero de 2016

imdosocs-700x382A quince años del inicio del siglo XXI podemos mirar el principio del milenio con cierta perspectiva. Dirijamos los ojos a la situación del mundo actual, global, doliente y sufriente. Adentrémonos e intentemos comprender el camino que ha tomado la humanidad aplastada y manipulada por el peso de poderes que se mueven ajenos a principios éticos básicos.

Ya no se puede hablar país a país, navegamos todos en el mismo barco amenazados por la misma tempestad. Política e ingeniería financiera constituyen, en lo que nos vendieron poéticamente como aldea global, un gran fiasco que está llevando a la pérdida de derechos (repasemos paso a paso la Declaración de los Derechos Humanos, uno de los principales logros del siglo pasado) y de gran parte de la humanidad que queda arrojada a los márgenes como residuos. Decía Rousseau: «El verdadero fin de la política es hacer cómoda la existencia y felices a los pueblos». Nada más alejado de la realidad. La percepción de Nelson Mandela sobre lo que sería un buen político nos deja perplejos: «Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo». Si la corrupción sustituye a la ética; si los Estados están sometidos a los vaivenes del mundo financiero; si el planeta está expuesto a la inmediatez del beneficio económico; si masas de seres humanos son excluidas de las fronteras del Estado del bienestar como daños colaterales; si el beneficio económico prevalece sobre la dignidad humana; si el rey Midas campa a sus anchas y su influencia, manipulación y violencia se hacen notar en cada rincón donde hay injusticia, engaño, guerra, represión, discriminación y mucho sufrimiento… estamos en peligro.

Ya es tiempo de una revolución. Ha de ser una revolución peculiar y no violenta. Una revolución de gente buena, sencilla, inteligente, sabia, culta, que practica la empatía, la ética y el sentido común; que le gusta el silencio y la palabra, que no le importa si tú eres blanco y yo negro, si eres mujer u hombre. Tampoco si eres sacerdote, religioso, monje o laico. Gente con autoestima y sin complejos, que sabe decir “no” a la injusticia, cree en la solidaridad, detesta la manipulación, rechaza las armas, los paraísos fiscales, cuida la naturaleza y ama a su prójimo.

Hablamos de la revolución del servicio. Cambiar poder por servicio es la clave. Desde el servicio, la hipocresía y la corrupción del poder se estrellan contra el suelo; el servicio nos pone a todos al mismo nivel, el horizontal: ya nadie es más que nadie. Aclarando que servicio no es servilismo, que es de lo que se vale cualquier poder.

En el Evangelio (Mc 10, 35-45), Santiago y Juan piden a Jesús privilegios, y los otros diez se indignan contra ellos. Muy propio del ser humano el gusto por sobresalir y ser privilegiado. Ellos esperaban espacio político y Jesús le dio la vuelta a la tortilla: «Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen». Hoy diríamos: «sabéis que nos llaman a las urnas cada cierto tiempo pero no cumplen lo que prometen en sus campañas electorales; bancos, multinacionales y lobbies manejan los hilos para hacerse con los medios de producción, de comunicación, de energía, etc. anteponiendo los beneficios a la vida de las personas y sus derechos». Siguió Jesús diciendo que «el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor». Propone el servicio como una verdadera revolución y es Él quien da el primer paso rompiendo esquemas, indicando que el camino no es el poder sino el servicio.

El Papa Francisco, en la exhortación apostólica La alegría del Evangelio (58), apoya la causa diciendo: «¡El dinero debe servir y no gobernar (…) Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano». S. Benito, en su Regla a los monjes, desde el inicio expresa claramente su intención de instituir una escuela del servicio del Señor, indicando que «el servicio que los hermanos tienen que ofrecerse mutuamente ha de ser con caridad (…) Es aquí en el terreno del servicio de los hermanos donde se reconocerá al verdadero servidor del Señor».

A la revolución del servicio estamos llamados todos, creyentes y no creyentes, de todas las religiones y culturas. No nos perdamos en disquisiciones. Pongamos al servicio de los demás los dones particulares, las habilidades, la profesión, los estudios, la sabiduría heredada de nuestros antepasados, la capacidad de denuncia ante los abusos, la lucha contra la corrupción y la hipocresía, etc. Así estaremos ayudando a construir un mundo mejor, donde la unidad y la paz sean una realidad por encima de la globalización económica excluyente.

Rabindranath Tagore decía: «Quien no vive para servir, no sirve para vivir». No nos dejemos quitar la vida por los que ni sirven, ni viven, ni dejan vivir. Pongámoselo difícil y animémosles a que se unan a la pacífica revolución del servicio.

*Pintora, escritora y laica de espiritualidad cisterciense. St

Mari Paz López Santos*en la revista “Signo de los tiempos“.

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“Una revolución en la evolución”, por Leonardo Boff

Jueves, 9 de abril de 2015

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Existe una percepción generalizada de que el ser humano de hoy es alguien que debe ser superado. Todavía no ha terminado de nacer, pero está latente dentro de los dinamismos del proceso evolutivo. Esta búsqueda del hombre y mujer nuevos tal vez sea uno de esos anhelos que jamás lograron progresar en la historia.

Demos dos ejemplos. El pensamiento mesopotámico produjo la epopeya de Gilgamesh (siglo VII a.C) que está muy cerca del relato bíblico de la creación y del diluvio. El héroe Gilgamesh, angustiado por el drama de la muerte, busca el árbol de la vida. Quiere encontrar a Utnapishtim que había escapado del diluvio, había sido inmortalizado, y vivía en una isla maravillosa donde no reinaba la muerte. En su camino, el dios Sol (Shamash) le apostrofa: «Gilgamesh, la vida que buscas nunca la vas a encontrar». La divina ninfa Siduri le advierte: «cuando los dioses crearon la humanidad le dieron como destino la muerte; ellos retuvieron para sí la vida eterna. Gilgamesh, harías mejor llenando el vientre y gozando la vida de día y de noche; alégrate con lo poco que tienes en tus manos».

Gilgamesh no desiste. Llega a la isla de la inmortalidad. Consigue le árbol de la vida y regresa. Al volver, la serpiente sopla con su aliento fétido el árbol de la vida y lo roba. El héroe de la epopeya muere desilusionado y va «al país donde no hay retorno, donde la comida es polvo y barro y los reyes son despojados de sus coronas». La inmortalidad sigue siendo una búsqueda perenne.

Nuestros tupi-guaraní y apopocuva-guaraní crearon la utopía de la “tierra sin males” y la “patria de la inmortalidad”. Vivían en movilidad constante. De la costa de Pernambuco de repente se desplazaban hacia el interior de la selva, junto a las cabeceras del río Madeira. De allí, otro grupo se ponía en marcha hasta llegar a Perú. De la frontera de Paraguay, otro grupo se dirigía a la costa atlántica y así sucesivamente. El estudio de los mitos por los antropólogos desveló su significado. El mito de la “tierra sin males” ponía en marcha a toda la tribu. El chamán profetizaba: “va a aparecer en el mar”. Para allí marchaban esperanzados. Mediante ritos, danzas y ayunos creían volver el cuerpo ligero e ir al encuentro en las nubes de la “patria de la inmortalidad.” Desilusionados, regresaba a la selva hasta oír otro mensaje e ir en busca de la ansiada “tierra sin males”, anhelo de una esperanza imperecedera.

Los dos relatos expresan en forma mítica lo mismo que expresan los modernos en el dialecto de las ciencias. Estos no esperan el ser nuevo del cielo, quieren gestarlo con los medios que les ofrece la manipulación genética. Seguimos buscando y no obstante, muriendo siempre, jóvenes o mayores.

El cristianismo se inscribe también dentro de esta utopía. Con la diferencia de que ya no es una utopía sino una topía, es decir, un acontecimiento bienaventurado e inaudito que irrumpió dentro de la historia. El testimonio más antiguo del paleocristianismo es este: “Christus ressurrexit vere et aparuit Simoni” (Lc 24,34): “Cristo resucitó verdaderamente y apareció a Simón”.

Entendieron la resurrección no como la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro, que después acabó muriendo nuevamente, sino como la emergencia del ser humano nuevo, el “novíssimus Adam” (1Cor 15,45), el “novísimo Adán”, como realización plena de todas las virtualidades presentes en lo humano.

No encuentran palabras para expresar ese fenómeno inaudito. Lo denominan “cuerpo espiritual” (1Cor 15,44). Eso parece contradictorio para la filosofía dominante en la época: si es cuerpo no puede ser espíritu; si es espíritu no puede ser cuerpo. Solo uniendo los dos conceptos, según los primeros cristianos, hacían justicia al hecho nuevo: es cuerpo pero transfigurado; es espíritu pero liberado de los límites materiales y con dimensiones cósmicas.

Dicen más: la resurrección no es simplemente un acontecimiento personal, realizado en la vida de Jesús. Es algo para todos e incluso cósmico, como aparece en las epístolas de san Pablo a los Colosenses y a los Efesios. Por eso san Pablo reafirma: “él es la anticipación de los que han muerto… Así como por Adán todos murieron, así por Cristo todos volverán a vivir” (1Cor 15,22).

Este es un discurso de fe y religioso, pero no deja de tener su importancia antropológica. Representa una entre tantas respuestas al enigma de la muerte, tal vez la más prometedora.

Si es así, estamos ante una revolución dentro de la evolución, como si la evolución anticipase su fin bueno en el auge de la realización de sus potencialidades escondidas. Sería una miniatura que nos muestra a qué gloria y a qué destino sumamente feliz estamos llamados.

Así vale la pena vivir y morir. En realidad, no vivimos para morir. Morimos para resucitar. Para vivir más y mejor.

A todos los que creen y a aquellos que dejan en suspenso su juicio, buenas fiestas de Pascua.

*Leonardo Boff escribió La resurrección de Cristo, nuestra resurrección en la muerte, 5ª ed., Sal Terrae 2007.

Traducción Mª José Gavito Milano

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“Una pascua llena de revolución”, por Carmen Almansa.

Domingo, 4 de mayo de 2014

MinoMuralSaoFelix

ECLESALIA, 24/04/14.-Esta Semana Santa, he tenido la suerte de poder estar en Ceuta celebrando la Pascua con un grupo de gente maravillosa, la Pascua la organizaban dos monjas Paula y Cande, guerrilleras y mejores personas que con la Asociación Elín hacen allí una labor fantástica. Compartimos experiencia con hermanos y hermanas inmigrantes que están en el CETI (Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes) de Ceuta.

Una vez más, poner rostro y corazón, nombres y apellidos a situaciones y a acontecimientos dramáticos de desigualdad e injusticia, duele más, me genera rabia y mucha tristeza.

Duele saber cómo se oculta la situación (de desamparo y sufrimiento) de personas que tratan de llegar a nuestro país.

Duele saber que hay que personas que viven situaciones de violencia, discriminación y violación, por su nacionalidad, su color de piel y por su condición social (porque es alucinante como de pronto se levantan las fronteras para grandes futbolistas o grandes mandatarios).

Me duele escuchar a Kevin de Camerún contar como vivió la tragedia del pasado 6 de febrero en el Tarajal y como perdió a sus compañeros.

Me duele, me pincha en el corazón ver a una mujer del CETI que fue violada en el camino de llegada a España y por causa de la violación llegó a Ceuta embarazada de gemelos en una barca zodiac sin motor (¡un milagro!).

VallasMe horroriza ver la valla que hiere con solo mirarla.

Me duele que no se haga justicia, que mientras unos se llenan los bolsillos de dinero con planes corruptos, otros paguen con su vida sus acuerdos y decisiones.

Pero ante este dolor, rabia y la vergüenza que me produce que esto ocurra, esta Semana Santa he sentido consuelo y alegría…

Consuelo de ver que son muchas las personas que creen en la justicia y luchan por ella.

Alegría de que existan oasis en medio del camino como es la Asociación Elin.

Me alegra saber que somos iguales, que podemos comer, jugar, bailar juntos reír y llorar a pesar de venir de lugares distintos. Me consuela saber que para muchos y muchas las diferencias no son malas sino todo lo contrario una fuente de riqueza.

Me alegra saber que aún siendo de religiones y creencias distintas El Manantial del que bebemos es el mismo.

Me consuelan los sueños que son más fuertes que las vallas y las fronteras.

Me consuela y alienta el abrazaros y sentir que seguimos en la lucha.

Pero quizás, lo que más hoy me consuela en sentirme hija de Dios resucitado, un Dios vivo que no mira raza, sexo o religión, un Dios que no oprime, sino que libera. Un Dios de vivos que nos pide salir a la calle e ir al encuentro del que sufre, del que llora, y también al encuentro del que se cree en posesión de toda la verdad, del que se lucra a costa del mal ajeno…porque ahí también nos pide que estemos, para gritar, reclamar y exigir!

Hoy y más que nunca siento que Dios me llama para hacer la Revolución, la del amor, pero siempre ¡REVOLUCIÓN!, Denunciando y dando voz a su legado más grande: “Amaros los unos a los otros”.

Gracias a Silla, Boubu, Marian, Omar, Kevin, Happy… y a todas las hermanas y hermanos con los que pudimos compartir estos días porque han sido ejemplo de vida, lucha, esperanza y resurrección.

CARMEN ALMANSA, carmen_almansa86@hotmail.com
MADRID.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Juan XXIII: El Papa de la primera primavera de la Iglesia.

Domingo, 27 de abril de 2014

recuerdos-de-juan-xxiiiLeemos en Religión Digital:

Juan XXIII fue un ‘revolucionario’ a través del Concilio Vaticano II

Su bonhomía le convirtió en uno de los pontífices más queridos

J. L. Glez-Balado: De Juan XXIII se dijo que… “Papa de Transición

Francisco: “Sé cuánto quieren al Papa Juan, y cuanto él quería a su tierra”

Xabier Pikaza: Juan XXIII, hombre de Dios (para desatar el nudo de la Iglesia)

José María Castillo: El misterio Juan XXIII

(José Manuel Vidal, Roma).- Santo por aclamación popular y por decisión papal. Está tan clara la extraordinaria bondad y santidad de Juan XXIII que nadie ha puesto el más mínimo pero a su canonización. Ni el pueblo fiel, que lo adora como el ‘Papa Bueno’, ni la jerarquía eclesiástica. El propio Francisco utilizó sus poderes especiales para elevarlo a los altares sin el requisito de un segundo milagro.

Porque el milagro es su propia persona. Roncalli fue siempre un santo en vida. Transparentaba a Dios. Un cardenal de la Curia llego a decir que “sudaba espiritualidad por todos los poros de su cuerpo”. Y no estaba precisamente delgado: llegó a pesar más de 100 kilos y medía sólo 1, 50.

Bondadoso desde la infancia

Desde pequeño fue un niño bueno. Sus padres, labradores en Sotto il Monte, quisieron que escapase del arado y, en aquella época, el seminario era una de las pocas vías de movilidad social para los pobres. Desde entonces, su talante natural bondadoso encontró su camino de perfección en la espiritualidad sacerdotal.

Aplicado, como no podía ser menos en un hijo de campesinos, se ordenó sacerdote y fue subiendo paulatinamente, sin buscarlo, en el escalafón clerical, a través de la carrera diplomática, rampa de lanzamiento y decantación de las grandes personalidades eclesiásticas. De 1925 a 1953 fue visitador o nuncio apostólico en destinos tan diversos como Bulgaria, Grecia, Turquía o París.

En todos sus destinos conquistaba a la gente por su cercanía y sencillez sin complejos y por su personalidad directa y franca, sin artificios y poco dada al protocolo.

En París tuvo que hacer encaje de bolillos con De Gaulle quien, después de la guerra, quería que el Vaticano licenciase a una decena de obispos galos que se habían alineado con el régimen de Vichy. Al final, consiguió que el presidente francés se conformase con la renuncia de cuatro prelados. Y de París pasó nada menos que a Patriarca de Venecia.

Sucesor de Pío XII

Tras la muerte de Pío XII, parecía imposible elegir un sucesor del Papa angélico que con su hieratismo había llenado toda una época eclesial. Dividido el partido curial, el cónclave optó, como suele suceder a menudo, por la vía media de un cardenal centrista y centrado y de edad avanzada, poco rupturista y sobre todo conciliador. Pocos cardenales encajaban en este perfil que, en cambio, le venía como añilo al dedo al cardenal veneciano.

Y a los 76 años, fue elegido Angelo Giuseppe Roncalli como un papa de transición. La bonhomía y sobre todo la neutralidad respecto a las facciones curiales de este cardenal gordo y bueno parecía garantizar un pontificado tranquilo, sin complicaciones ni sobresaltos.

Pero desde que salió por vez primera al balcón de las bendiciones, aquel 28 de octubre de 1958 el nuevo Papa comenzó a sorprender. Por su figura abultada y campesina, tan alejada del hieratismo de su predecesor. Por el nombre elegido, que rompía la cadena de los Píos. Y, sobre todo, por su voz cálida, amable y de amigo, que se alejaba de los sonidos metalizados que por aquel entonces tanto utilizaba el poder civil y eclesiástico.

Ademas, Roncalli se convertía en el primer ‘Papa-pastor’. No le gustaba la oficina ni los papeles. Era un párroco. El primer Papa que, con sus salidas, comenzó a ejercer realmente de obispo de Roma. Con visitas a escuelas, universidades, seminarios, residencias, hospitales y cárceles, como la de Regina Coeli.

Un pontífice de carne y hueso, que rompía moldes con el nombramiento por vez primera en la historia de un cardenal negro y otro asiático. O con la publicación de dos encíclicas destinadas a permanecer en el tiempo y a convertirse en una especie de ‘Biblia católica’ para cimentar y marcar la hoja de ruta de las nuevas relaciones de la Iglesia con el mundo moderno. La ‘Mater et Magistra’ de 1961 y la ‘Pacem in Terris’ de 1963 renovaron la doctrina social y política de la Iglesia.

Revolución en la Iglesia

Pero la gran obra del Papa Bueno, la que le consagra y le hace pasar a la historia de la Iglesia y de la humanidad fue la convocatoria del Concilio Vaticano II. Una decisión que nadie esperaba. El Papa era demasiado viejo, decían en Roma, para poner e marcha esta iniciativa. La Curia, siempre reacia a cualquier innovación, se oponía frontalmente, pero Roncalli, con su astucia heredada de varias generaciones campesinas, lo convocó por sorpresa el 25 de enero de 1959 y empezó a rodar el verano de 1960.

Y el 11 de octubre de 1962, 2.500 padres conciliares escuchaban sorprendidos el discurso inaugural del Concilio más universal y más abierto de la historia de la Iglesia. La institución entraba en fase de ‘aggiornamento’. Era la primera primavera eclesial. Juan XXIII, en contra de los “profetas de calamidades” de su propia Curia, abría de par en par las ventanas de la Iglesia, para sacudir el polvo de siglos acumulado y refrescar el aire en su interior con el soplo del Espíritu.

El Papa marcaba tendencia, recentraba el timón eclesial, ponía rumbo hacia una Iglesia de los pobres, más madre que madrastra, e inauguraba un ciclo eclesial progresista, que se prolongaría hasta el comienzo del pontificado del Papa Wojtyla, el pontífice que le va a acompañar en la subida a los altares.

Y eso que Roncalli murió el 3 de junio de 1963, antes de que dieran comienzo los trabajos de la segunda sesión conciliar. Pero en su corto papado de menos de cuatro años había iniciado una revolución. La iglesia dejaba de considerar al mundo como uno de los enemigos del alma y asumía las realidades temporales, con sus errores y posibilidades, como obra de Dios.

La Iglesia pasaba, en pocos años, de Trento a la Edad moderna, del latín a las lenguas vernáculas, de la prohibición de leer la Biblia a colocarla como libro de cabecera de los creyentes. De una iglesia piramidal a otra circular o Pueblo de Dios. De una jerarquía principesca con mantos de seda de seis metros a cardenales y obispos servidores de la comunidad. De un Papa-rey absoluto a pontífices pastores y servidores. Un cambio copernicano. Porque el Vaticano II fue, en esencia, una declaración de paz entre Dios y el hombre, entre el mundo y la Iglesia.

Sin el Concilio del Papa Juan, el catolicismo sería hoy una religión parecida al islam, sin cintura, sin flexibilidad, rigorista, integrista y anclada en una interpretación literal y, por tanto, errónea de la Biblia. Una religión sin futuro.
Impresionante muestra de duelo mundial

Esos fueron los principales méritos para la santidad del ‘Papa bueno’. Tantos y tan evidentes que los propios padres conciliares pidieron a su sucesor, Pablo VI que lo hiciese santo por aclamación, pero Montini no se atrevió. Y eso que su muerte se convirtió en un plebiscito sobre su santidad, que pedía a gritos el pueblo en una impresionante muestra de duelo mundial. Un fenómeno político-social inimaginable unos años antes. Y es que, en sus manos, la Iglesia había ganado el corazón del mundo.

El mundo se rinde ante el Papa que prefiere la misericordia a ” las armas de la severidad”. El Papa que resiste ante el poder de una Curia que no lo quiere; que inaugura el espíritu sinodal; que reivindica su papel de obispo y párroco de Roma; que deja de entrometerse en la política italiana; que visita a enfermos y presos; que siembra la paz e intercambia mensajes con un presidente ruso como Nikita Kruchev; que quiere “una Iglesia de todos, pero especialmente de los pobres”. Se llamaba Juan XXIII y Francisco parece su calco. No en vano son los dos papas de la primavera.

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