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Donald Trump sorprende defendiendo el derecho de las personas trans a usar el baño que consideren más apropiado a su identidad

Lunes, 25 de abril de 2016

BJC9anECLas cada vez más numerosas críticas a la ley anti-LGTB de Carolina del Norte han llegado este jueves de donde menos se esperaba. Donald Trump, el candidato que cuenta en estos momentos con más delegados en la lucha por la nominación republicana a la Casa Blanca, ha defendido que las personas transexuales puedan hacer uso de los baños que mejor se acomoden a su identidad de género. Trump se ha lamentado además del daño económico que generan este tipo de leyes, que considera innecesarias.

Como hemos venido informando en las últimas semanas, la absurda polémica sobre el uso de los cuartos de baño públicos por las personas transexuales y la transfobia incendiaria que genera están sirviendo de excusa para que en los estados más conservadores de los Estados Unidos prosperen normativas encaminadas a hacer posible la discriminación de las personas LGTB en muy diversos aspectos. Es lo que ha sucedido en Carolina del Norte, cuya ley anti-LGTB, aprobada con carácter de urgencia y casi sin discusión parlamentaria, está encontrando una fuerte contestación social y puede suponer la pérdida de importantes inversiones económicas.

Leyes, por cierto, que son aprobadas gracias al control republicano de las correspondientes legislaturas estatales. Es por eso que resultan especialmente significativas las declaraciones de Donald Trump, sorprendentemente revestidas de una sensatez que parece escasear entre los políticos del partido por el cual quiere ser elegido candidato a presidente. Ha sido en una intervención en el programa Today, de la NBC. A una pregunta que una usuaria de Twitter le hacía sobre la ley de Carolina del Norte, Trump respondía expresando abiertamente su desacuerdo, dado que el supuesto problema que supone el uso de baños acordes a su identidad de género por personas transexuales no es tal. “Ha habido muy pocas quejas tal y como ha sido hasta ahora”, argumentó. El candidato republicano insistió en que lo único que estaba consiguiendo esta ley era atraer un castigo económico sobre el estado. Para Trump, la mejor política en este caso es “dejar las cosas estar” y que las personas transexuales usen los baños que simplemente consideren más apropiados.

A continuación uno de los periodistas que conducían el acto preguntó a Trump si tenía en plantilla a alguna persona transexual, a lo que este contestó que no lo sabía, pero que posiblemente así fuese. Para que no quedase sombra de duda sobre el sentido de las palabras de Trump, el periodista insistió con un ejemplo. “Entonces, si Caitlyn Jenner visitase la Trump Tower y quisiera usar el baño, ¿vería usted bien que pudiese usar el baño que quisiese?”, le preguntaron. “Es correcto”, confirmó Trump:

Cuando el tuerto es el rey en el país de los ciegos…

Las declaraciones del magnate han sido inmediatamente criticadas por su principal rival en las primarias republicanas, el senador por Texas Ted Cruz, que en un mitin celebrado pocas horas después insistía abiertamente en que “no se debe permitir a hombres adultos que compartan baños con niñas pequeñas”, el actual mantra de los opositores a los derechos LGTB, y acusaba a Trump de compartir en este punto la misma posición que Barack Obama o Hillary Clinton:

Ted Cruz, conviene precisar, es el candidato republicano más estrechamente vinculado a la derecha religiosa, y es considerado unánimemente como un ultraconservador en materia moral. De hecho, la posición más “liberal” de Trump en esta materia no supone una especial sorpresa. A diferencia de Cruz, Trump nunca se ha caracterizado por una especial oposición a los derechos LGTB. Cuando se produjo el encarcelamiento de Kim Davis, la funcionaria de Kentucky que se negaba a permitir que en su condado se emitiesen licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo, Trump llegó a asegurar que el matrimonio igualitario era ya ley, y que por tanto si Davis no quería emitir estas licencias debería haber permitido que sus funcionarios lo hicieran. Un posicionamiento pragmático, que contrastaba con las manifestaciones de apoyo incondicional a Davis por parte de sus oponente republicanos, y muy especialmente de Ted Cruz.

Donald Trump también se ha manifestado en contra de que las empresas privadas puedan despedir a trabajadores por el mero hecho de ser homosexuales, aunque lo ha hecho de forma ambigua y por supuesto sin comprometer un apoyo formal a una posible ley antidiscriminatoria (la Ley de No Discriminación en el Empleo, también conocida como “ENDA” por sus siglas en inglés), que pese a llevar más de dos décadas en discusión aún no ha podido ser aprobada. Y en el pasado, antes de entrar abiertamente en política, Trump ya había demostrado una “cierta sensibilidad” ante la realidad trans, cuando como propietario de la marca Miss Universo aceptó en 2012 readmitir a Jenna Talackova después de haber sido excluida por ser una mujer transexual. Miss Universo, de hecho, modificó sus reglas para permitir a partir de ese momento la participación de mujeres transexuales en todas sus competiciones.

Una trayectoria sin duda menos hostil a los derechos LGTB que la de Cruz, que sin embargo se vio nublada hace varias semanas cuando Trump, en un guiño al sector más conservador de los republicanos, sugirió la posibilidad de revertir la decisión del Tribunal Supremo sobre el matrimonio igualitario… proponiendo en el futuro a nuevos jueces del Supremo dispuestos a valorar de nuevo la cuestión.

Sea como sea, resulta fuera de duda de que si se trata de elegir entre lo malo y lo peor, en materia LGTB desde luego Trump es preferible a Cruz. Dos políticos que libran una batalla cuyo resultado es muy posible que no se decida hasta la misma convención republicana, donde pese a su condición de favorito si Trump no ha sido capaz de reunir los 1.237 delegados que le aseguran la nominación en primera ronda todo puede suceder (el establishment republicano, no lo olvidemos, desprecia a Trump y cada vez son más las voces que se escuchan en el partido en favor de una alianza que evite su nominación, sea en favor de Cruz e incluso en favor de un “tapado” que no haya participado en las primarias).

Fuente Dosmanzanas

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Falleció John J. McNeill, pionero en el activismo LGTB dentro de la Iglesia católica

Viernes, 23 de octubre de 2015

26McNeill-Obit-master675Rev. John McNeill, segundo desde la derecha, en la marcha del orgullo gay de Nueva York en la década de 1980Crédito Carlos Chiarelli

El pasado 22 de septiembre, acompañado del que ha sido su pareja durante casi cincuenta años, falleció John J. McNeill poco antes de cumplir los noventa. Pionero del activismo LGTB cristiano, publicó en 1976, siendo sacerdote jesuita, The Church and the Homosexual. Era este el primer libro dedicado a defender un cambio en la doctrina católica sobre las parejas del mismo sexo.

El día que se escriba la historia del activismo LGTB cristiano, la figura de John J. McNeill tendrá un lugar destacado. Pocos años después de la revuelta de Stonewall, el entonces sacerdote jesuita publicaba un libro con un título entonces llamativo, The Church and the Homosexual (traducido al castellano como La Iglesia ante la homosexualidad), que por primera defendía, en el seno de la Iglesia católica, la necesidad de un cambio de postura en la enseñanza sobre homosexualidad.

McNeill nació en Buffalo (Nueva York) en 1925. En 1942 entró en el Ejército y participó en la Segunda Guerra Mundial. Fue hecho prisionero por los nazis. Durante su cautiverio vivió un acto de generosidad por parte de un extraño: un prisionero polaco le acercó una patata, y cuando McNeill le hizo un gesto de agradecimiento aquel le respondió con la señal de la cruz. Esta experiencia fue determinante para que ingresara en los jesuitas en 1948. Fue ordenado sacerdote en 1959, y cinco años después se doctoró en Filosofía en Lovaina.

Fue a lo largo de los años sesenta cuando McNeill aceptó su propia homosexualidad. Al poco de ordenarse, sufrió una profunda depresión con ideas de suicidio. Fue entonces cuando se enamoró de otro hombre, y lo vivido a su lado le convenció de la legitimidad una relación amorosa entre personas del mismo sexo. Algo más tarde, hacia 1970, empezó a atender pastoralmente a gais y lesbianas, y en 1972 cofundó la sede en Nueva York de Dignity (asociación católica de personas LGTB en Estados Unidos). Mientras, se formó como psicoterapeuta. Su creciente convicción de que las relaciones entre personas del mismo sexo podían ser buenas (incluso “santas” desde los parámetros cristianos) le llevó a visibilizarse cada vez más y hablar en público sobre catolicismo y homosexualidad.

Publicación de The Church and the Homosexual y activismo posterior

Esta creciente visibilidad desembocó en la publicación, en 1976, de The Church and the Homosexual, un libro que cuestionaba tanto los argumentos bíblicos como los más típicamente católicos acerca de la tradición y la ley natural sobre la homosexualidad. El texto concluía afirmando que las razones de la condena carecían realmente de base y que por tanto debía afirmarse la posibilidad de relaciones entre personas del mismo sexo moralmente buenas desde el punto de vista cristiano.

Hoy muchas de las tesis de McNeill son aceptadas. No ciertamente en la doctrina oficial, pero sí han influido en muchas personas dentro de la Iglesia católica y se han extendido más allá de la misma. Sin embargo, en su momento el libro causó un notable revuelo, a lo que contribuyó el hecho de contar con el imprimi potest, autorización oficial de la Iglesia para su publicación (ello había retrasado la publicación del libro tres años, mientras era analizado por una comisión de teólogos). Eran los años posteriores al Concilio Vaticano II, cuando por un tiempo pareció que en el seno de la Iglesia católica las cosas podían cambiar de forma rápida.

El fuerte impacto de este libro inquietó a no poca gente dentro de la Iglesia. McNeill era invitado a numerosas charlas y llegó a aparecer en programas de televisión de gran audiencia, como el Phil Donauhe Show o el Today con Tom Brokaw. En este último programa, el sacerdote declaró públicamente que era gay. Fue demasiado: poco después su libro vio retirado el imprimi potest y en 1977 se le prohibió hablar públicamente sobre catolicismo y homosexualidad.

McNeill obedeció la orden durante casi diez años, mientras continuaba su atención psicológica y pastoral a personas LGTB. Durante estos años tuvo lugar también la aparición del VIH/sida y su rápido avance, que le llevó a fundar un servicio para personas afectadas, atendiendo a personas sin hogar en Harlem. De esta época es también la fotografía con la que abrimos la entrada, y que muestra a McNeill, en compañía de otros sacerdotes, en una marcha del Orgullo. Sin embargo, la publicación en 1986 del documento vaticano Sobre la atención pastoral a las personas homosexuales le hizo cambiar de idea. Dicho documento calificaba la orientación homosexual de tendencia “objetivamente desordenada” y prohibía toda atención pastoral que aceptase las relaciones entre personas del mismo sexo. McNeill se rebeló y decidió pronunciarse públicamente en contra en una declaración enviada a The New York Times. Se le ordenó retractarse, y al no hacerlo, fue expulsado de los jesuitas a principios de 1987.

Esta expulsión significó una nueva etapa en el activismo de McNeill. Continuó ofreciendo sus servicios de pastoral y atención psicoterapéutica a personas LGTB. Publicó otros libros en los que iba más allá de su simple aceptación, buscando desarrollar una espiritualidad en positivo para las personas LGTB. De esta época son sus obras Taking a Chance on God y Freedom Glorious Freedom. En 1997 publicó su autobiografía Both Feet Firmly Planted in Midair.

En 2011 viajó a Roma y junto al Fórum Europeo de Grupos Cristianos LGTB le entregó a Benedicto XVI una carta invitando al diálogo y urgiendo a que el Vaticano condenara la violencia contra las personas LGTB. En 2012, se estrenó un documental sobre su vida, titulado igual que uno de sus libros: Taking a Chance on God, dirigido por Brendan Fay, que resumía su trayectoria. En sus últimos años, John McNeill vivió retirado en Fort Lauderdale junto a Charles Chiarelli, su pareja desde hacía casi cincuenta años. De hecho, como se supo después, The Church and the Homosexual se basaba en su formación académica, pero también en su experiencia personal.

Su fallecimiento ha traído consigo las habituales muestras de reconocimiento. “John McNeill fue un auténtico pionero y muchas hemos seguido sus pasos. Aprendí mucho de su investigación y de sus escritos. Pero aprendí todavía más de la interacción personal con él. Siendo testigo de la pasión y preocupación humana que tenía por toda persona LGTB con la que se encontraba”, expresaba Jeaninne Gramick, fundadora de New Ways Ministry, otra asociación que busca la inclusión plena de las personas LGTB en la Iglesia católica.

En la historia personal de quien escribe esta entrada, McNeill tiene un significado especial. Con apenas 20 años, me hice con un ejemplar de The Church and the Homosexual. En el proceso personal de aceptación como gay y cristiano, este libro fue determinante. Si alguna duda me quedaba de cuál era el camino que debía seguir en mi vida, el libro de McNeill sirvió para borrarlas. Por ello, esta breve nota sirve también de expresión de agradecimiento de quien se benefició de su libro años después de haberlo publicado. Su vida y su obra han ayudado a muchos, incluyendo a quien ha escrito este obituario.

Os dejamos con el tráiler del documental sobre su vida, Taking a Chance on God. (subtítulos en italiano)

Fuente Dosmanzanas

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