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«El empobrecimiento de la teología», por José Mª Castillo

martes, 30 de mayo de 2017
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peres-de-egliseDe su blog Teología sin censura:

Por ley de vida, la gran generación de teólogos, que hicieron posible la renovación teológica que llevó a cabo el concilio Vaticano II, está a punto de extinguirse del todo. Y en las décadas siguientes, por desgracia, no ha surgido una generación nueva que haya podido continuar la labor que los grandes teólogos del s. XX iniciaron.

Los estudios bíblicos, algunos trabajos históricos y algo también en lo que se refiere a la espiritualidad, son ámbitos del quehacer teológico que se han mantenido dignamente. Pero incluso movimientos importantes, como ha ocurrido con la teología de la liberación, dan la impresión de que se están viniendo abajo. Ojalá me equivoque.

¿Qué ha sucedido en la Iglesia? ¿Qué nos está pasando? Lo primero, que deberíamos tener en cuenta, es que es muy grave lo que estamos viviendo en este orden de cosas. Los demás ámbitos del saber no paran de crecer: las ciencias, los estudios históricos y sociales, las más diversas tecnologías sobre todo, nos sorprenden cada día con nuevos descubrimientos. Mientras que la teología (hablo en concreto de la católica) sigue firme, inasequible al desaliento, interesando cada día a menos gente, incapaz de dar respuesta a las preguntas que se hacen tantas personas y, sobre todo, empeñada en mantener, como intocables, presuntas “verdades” que yo no sé cómo se pueden seguir defendiendo a estas alturas.

Por poner algunos ejemplos: ¿Cómo podemos seguir hablando de Dios, con la seguridad con que decimos lo que piensa y lo que quiere, sabiendo que Dios es el Trascendente, que – por tanto – no está a nuestro alcance? ¿Cómo es posible hablar de Dios sin saber exactamente o que decimos? ¿Cómo se puede asegurar que “por un hombre entró el pecado en el mundo”? ¿Es que vamos a presentar como verdades centrales de nuestra fe lo que en realidad son mitos que tienen más de cuatro mil años de antigüedad? ¿Con qué argumentos se puede asegurar que el pecado de Adán y la redención de ese pecado son verdades centrales de nuestra fe? ¿Cómo es posible defender que la muerte de Cristo fue un “sacrificio ritual” que Dios necesitó para perdonarnos nuestras maldades y salvarnos para el cielo? ¿Cómo se le puede decir a la gente que el sufrimiento, la desgracia, el dolor y la muerte son “bendiciones” que Dios nos manda? ¿Por qué seguimos manteniendo rituales litúrgicos que tienen más de 1.500 años de antigüedad y que ya nadie entiende, ni sabe por qué se le siguen imponiendo a la gente? ¿De verdad nos creemos lo que se nos dice en algunos sermones sobre la muerte, el purgatorio y el infierno?

En fin, la lista de preguntas extrañas, increíbles, contradictorias, se nos haría interminable. Y mientras tanto, las iglesias vacías o con algunas personas mayores, que acuden a la misa por inercia o por costumbre. Al tiempo que nuestros obispos ponen el grito en el cielo por asuntos de sexo, mientras que se callan (o hacen afirmaciones tan genéricas que equivalen a silencios cómplices) ante la cantidad de abusos de menores cometidos por clérigos, abusos de poder que hacen quienes manejan ese poder para abusar de unos, robarles a otros y humillar a los que tienen a su alcance.

Insisto en que, a mi modesta manera de ver, el problema está en la pobre, pobrísima, teología que tenemos. Una teología que no toma en serio lo más importante de la teología cristiana, que es la “encarnación” de Dios en Jesús. El llamamiento de Jesús a “seguirle”. La ejemplaridad de la vida y del proyecto de vida de Jesús. Y la gran pregunta que los creyentes tendríamos que afrontar: ¿Cómo hacemos presente el Evangelio de Jesús en este tiempo y en esta sociedad que nos ha tocado vivir?

Termino insistiendo en que el control de Roma sobre la teología ha sido muy fuerte, desde el final del pontificado de Pablo VI hasta la renuncia al papado de Benedicto XVI. El resultado ha sido tremendo: en la Iglesia, en los seminarios, en los centros de estudios teológicos, hay miedo, mucho miedo. Y bien sabemos que el miedo bloquea el pensamiento y paraliza la creatividad.

La organización de la Iglesia, en este orden de cosas, no puede seguir como ha estado tantos años. El papa Francisco quiere una “Iglesia en salida”, abierta, tolerante, creativa. Pero, ¿seguiremos adelante con este proyecto? Por desgracia, en la Iglesia hay muchos hombres, con bastones de mando, que no están dispuestos a soltar el poder, tal como ellos lo ejercen. Pues, si es así, ¡adelante! Que pronto habremos liquidado lo poco que nos queda.

Espiritualidad, Iglesia Católica , ,

La gracia (o no) de ser mujer

domingo, 26 de marzo de 2017
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«‘Ordinatio sacerdotalis’, una puerta mal cerrada»

«El machismo tiene carta de ciudadanía en determinados sectores de la Iglesia» 

(Manuel Regal).- Hace pocos días Christina Moreira hizo pública a través de los medios de comunicación su condición de mujer ordenada como cura y de su práctica pastoral como tal en la comunidad «Home Novo» de A Coruña.

La primera mujer gallega, la primera también española que da este paso, dentro de las 240 existentes en todo el mundo, entre las que se encuentra una docena de mujeres obispas, eso sí, sin ninguna estructura de poder. Lo hacía siendo conocedora de que con todo eso ella y la comunidad que la acompaña rompían con las normas eclesiásticas vigentes, pero desde el convencimiento de que respondía así a una vocación personal muy discernida, asentada en la condición de igualdad que hombre y mujer tienen por naturaleza como miembros de la familia cristiana a través del bautismo.

Ya hemos transmitido en estas mismas páginas nuestro opinión sobre la cuestión de la ordenación de las mujeres como cuidadoras de la comunidad. Cuando después del Vaticano II el Papa Paulo VI hubo de dar respuesta a la demanda eclesial de un debate sobre la cuestión, solicitó el parecer al respecto de un equipo de expertos en temas bíblicos; estos manifestaron unánimemente que desde un punto de vista exegético no había ningún impedimento para que las mujeres pudiesen ser ordenadas como cuidadoras de la comunidad.

Aún así, por indicación de este Papa, la Comisión para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Seper, en el año 1976, publicó la declaración Inter insigniores, en la que se cerraba esta posibilidad echando mano básicamente de dos argumentos: Cristo, designando a los Doce apóstoles creó el servicio sacerdotal sólo para hombres, y la actuación sacramental in persona Christi demanda que sea hombre quien lo pueda representar.

Pensamos, con muchísimas personas creyentes, con muchísimos teólogos también, que esos dos argumentos son muy discutibles; el primero, porque no existe la seguridad de que la designación de los Doce hubiese tenido para Jesús el alcance de crear un cuerpo sacerdotal tal como después fue apareciendo en la Iglesia; y el segundo, por lo mismo y además porque condicionar con el sexo la capacidad representativa de Cristo, hoy parece simplemente aberrante. Quién mejor representará a Cristo será la persona, hombre o mujer, que más viva en la actitud de servir hasta el extremo de dar la vida.

Pero esos fueron también los argumentos de los que echó mano el Papa Juan Pablo II para cerrar el debate en su breve carta Ordinatio sacerdotalis del año 1994. Y así no tiene reparos en afirmar en ella que es «una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del Universo»(n. 3). Permítaseme la vulgaridad, pero es mucho decir de Dios poder afirmar tal cosa por muy Papa que uno sea, máximo cuando no existen evidencias que lo justifiquen y las consecuencias son tan graves para todo el conjunto eclesial y para la mujeres en concreto, en un momento histórico en el que el feminismo se presenta como un signo de los tiempos que demanda escucha fiel, discernimiento atento y prácticas cuidadosamente maduradas.

Sin dudar para nada de sus rectísimas intenciones, a muchísimas personas de la Iglesia esa declaración nos ha llegado como una manera de esquivar el debate de un tema ciertamente espinoso, pasándole al mismísimo Dios la patata caliente.

El arzobispado de Santiago, en su declaración esquemática y aséptica, no hace sino emplear estas mismas argumentaciones para declarar ilícita e inválida la ordenación como cura de Christina Moreira y, por lo tanto, también los sacramentos que ella y su comunidad realizan y viven.

Pero así están las cosas. El deseo del Papa Juan Pablo II de que el asunto quedase definitivamente cerrado no se ha cumplido, porque la sociedad está ahí apretando y porque una parte muy considerable de la Iglesia seguimos pensando que esa fue una puerta mal cerrada.

Corremos el riesgo de convertirnos en una institución anacrónica, quizás ya lo estamos siendo en buena medida, y no precisamente por apegarnos en cuerpo y alma al estilo de vida de Jesús, lo cual merecería la pena el aislamiento, sino por vincularnos artificialmente a unos modelos eclesiales que podrían cambiar precisamente buscando ser más fieles al espíritu de Cristo.

Algo que una vecina nuestra, mujer de aldea, sin conocimientos teológicos, pero con fina sensibilidad cristiana, resolvía a su manera con esta argumentación simple en un momento en que en pequeño grupo se hablaba de estas cosas: «A mí me da igual que el médico sea hombre o mujer, que el profesor de nuestros hijos sea hombre o mujer, que el veterinario sea hombre o mujer; yo lo que quiero es que sea buena persona y que cumpla bien su oficio». Lo más sencillo es casi siempre lo más verdadero.

La respuesta en los medios digitales ante la actuación de Christina Moreira demuestra hasta qué punto la desconsideración hacia la mujer, el machismo, tiene carta de ciudadanía en determinados sectores de la Iglesia, como la tiene también por desgracia en la sociedad de la que formamos parte.

Suponemos que Christina Moreira hace pública su condición y práctica de cura porque lo ve como algo normal, porque entiende que puede ser un signo profético en bien de la Iglesia y de las mujeres, porque piensa que puede ayudar a que el debate se mantenga vivo a pesar de todo. Suponemos que estará dispuesta a poner las espaldas bajo los golpes que le van a caer encima, como le caen a quien a tales cosas se arriesga. Deseamos que pueda vivir todo esto sin afán ninguno de méritos y prestigios cristianamente anacrónicos. De nuestra parte reciba respeto, cierta admiración y agradecimiento y oración: que los golpes no la hundan, que los aplausos no la confundan. Y Dios dirá.

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Fuente Religión Digital

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Lutero y el Vaticano

jueves, 12 de enero de 2017
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francisco-y-lutero-vaticano-03Tomás Maza Ruiz
Madrid.

ECLESALIA, 19/12/16.- La visita del obispo de Roma Francisco a Suecia para inaugurar, junto con la iglesia Luterana el   año de Lutero con ocasión del 500 aniversario de la reforma luterana y su reivindicación de la figura de Lutero como cristiano y teólogo es un hecho que marca un hito en las relaciones entre católicos y cristianos reformados.

Nadie entre los “papas” se había atrevido a tanto durante los quinientos años de separación de las iglesias cristianas, ni siquiera nuestro querido Juan XXIII. Es verdad que Francisco nos está deparando continuamente esta clase de agradables sorpresas. Nadie como él ha hablado tan claro criticando el criminal régimen económico y político que condena a la miseria a la mayor parte de la humanidad, nadie como él ha defendido el derecho de los refugiados a buscar una vida mejor huyendo de guerras provocadas por los poderosos que luego cierran sus fronteras y convierten el mar Mediterráneo en un inmenso cementerio marino, etc. etc…

Pero en el caso de Lutero hay algo que me llama la atención: Lutero se reveló, con toda la razón, contra la cúpula romana, representada en ese momento por León X, porque éste estaba recaudando dinero vendiendo indulgencias para la construcción de la Basílica de San Pedro. Esta magnífica basílica con sus incontables tesoros artísticos está construida en gran parte con el dinero de los cristianos a los que se les engañó diciéndoles que cada vez que sonaba una moneda en la hucha de las indulgencias un alma escapaba del Purgatorio y se elevaba hasta el cielo. Yo, cada vez que veo la Basílica y los palacios vaticanos, no puedo menos que pensar que en la base de esta gran obra hay un gran pecado de simonía, es decir la venta de supuestos bienes espirituales a cambio de dinero.

Por ello creo que Francisco podría, si lo dejan, abandonar esa sede de san Pedro y habitar en una casa normal, como cualquier vecino de Roma, renunciar al poder político del pequeño estado Vaticano (regalo del fascista Mussolini), a su servicio diplomático con sus nunciaturas y embajadas, a su corte papal de cardenales, reflejo de las cortes reales de la Edad Media y a su pretensión de ser el Vicario de Cristo, con autoridad en toda la Iglesia para nombrar y destituir obispos. Ya dijo en su tiempo Pablo VI que el mayor obstáculo para la unión de los cristianos era la institución del papado y su supuesta infalibilidad (añado yo).

Con estas acciones se conseguiría  una iglesia católica más democrática (en el mejor sentido de la palabra) con un representante oficial “primus inter pares”, con un colegio episcopal cuyos miembros serían elegidos por sus comunidades y éstas, a su vez, serían autónomas y relacionadas unas con otras mediante estructuras fraternas y entregadas a la lucha en favor de los pobres y de la justicia en el mundo. Esta iglesia estaría en condiciones de  establecer relaciones de colaboración con las iglesias reformadas y ortodoxas y emprender bajo nuevas bases un proceso de unidad de todas las iglesias cristianas.

Este es mi sueño que ahora parece imposible. Pero imposible nos parecía hasta hace poco tiempo que la iglesia católica reconociese su culpa en el origen de la reforma luterana y que reivindicara la persona de Lutero.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Se cumplen treinta años del documento que de una forma más negativa ha marcado la discriminación de las personas LGTB en la Iglesia católica

martes, 8 de noviembre de 2016
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beso-gay-vaticanoUn despropósito que Francisco no ha eliminado aún…

Se acaban de cumplir treinta años de la “Carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales”, sin duda el documento más importante emitido en materia expresamente LGTB por la Iglesia católica. Un texto que frenó en seco numerosas iniciativas entonces en marcha y que aún hoy parecen audaces. Hacemos memoria de esta carta, de sus circunstancias y su repercusión.

El 31 de octubre de 1986 el Vaticano publicaba la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales. Juan Pablo II era papa, y Joseph Ratzinger, luego papa Benedicto XVI, era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un documento que es conocido también como Homosexualitatis problema, sus dos primeras palabras en latín. En Estados Unidos algunos la llamaron también “la Carta de Halloween”, por la fecha en que fue publicada.

El documento pretendía salir al paso del debate en torno a la integración de gais y lesbianas en la Iglesia católica suscitado por la mínima apertura que había significado un documento anterior, la Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, de 1975, bajo el pontificado de Pablo VI. Un texto que había reconocido por primera vez que la inclinación homosexual en sí misma no era pecado. Esta mínima concesión fue suficiente para que en ciertos lugares se iniciara un acercamiento a la comunidad LGTB (al principio centrada casi exclusivamente en gais y lesbianas), lo que causó inquietud en el Vaticano y motivó la publicación de este segundo documento.

Como era de esperar, la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales supuso un cerrojazo a todas las esperanzas de cambio. Pero no solo eso: en ese documento se incluyeron además observaciones sobre las motivaciones de los activistas LGTB católicos y seculares notablemente duras, se marcó con el sello de la desconfianza el apoyo a leyes antidiscriminatorias y se hicieron unas anotaciones “sociológicas” que motivaron que incluso algunos miembros de la jerarquía se vieran posteriormente obligados a relativizarlas en su valor. Fue un cierre de filas doctrinal y una negativa a todo diálogo. En cualquier caso, aunque sea para mal, la Carta sigue siendo el documento doctrinal más importante sobre homosexualidad, y sus consecuencias siguen sintiéndose hoy. Por ello, merece la pena recordarla en algunas de sus tesis, así como el contexto en que se produjo.

El trasfondo: una década de debates e iniciativas audaces (1975-1985)

juan-pablo-ii-y-ratzinger2Entre los últimos años 70 y primeros 80 se habían adelantado propuestas teóricas e iniciativas muy interesantes sobre la inclusión de gais y lesbianas en la iglesia católica, sobre todo en los Estados Unidos. Desde el punto de vista teórico, destacan especialmente dos textos: el libro La sexualidad humana, de la Asociación Católica de América, y La iglesia ante la homosexualidad, del entonces jesuita padre John J. McNeill (a quien en su momento dedicamos un obituario en esta página). En ambos casos se defendía la posibilidad de relaciones físicas homosexuales moralmente buenas desde un punto de vista cristiano.

En cuanto a las iniciativas, algunas resultarían innovadoras y atrevidas incluso hoy (1). En 1981, la archidiócesis de Baltimore estableció uno de los primeros ministerios diocesanos para gais y lesbianas católicos. En 1983, la archidiócesis de San Francisco emitió el primer plan global de pastoral para personas homosexuales. También en 1983, la Conferencia Católica del Estado de Washington, formada por los obispos de tres diócesis del estado, publicó un documento titulado El prejuicio contra los homosexuales y el ministerio de la Iglesia, donde se llegaba a decir que la enseñanza sobre la homosexualidad requería “repensarse y desarrollarse”, y se urgía a la Iglesia a llevar a cabo una “investigación teológica sostenida respecto de su propia tradición teológica sobre la homosexualidad, de la cual nada es enseñanza infalible”. Por último, en 1985, los encargados del acercamiento pastoral a gais y lesbianas de la archidiócesis de Baltimore publicaron Homosexualidad: una perspectiva católica positiva. Aunque no cuestionaba el magisterio oficial, su enfoque positivo despertó recelos en algunos sectores de la iglesia.

Por otra parte, las asociaciones LGTB cristianas proliferaban, en Estados Unidos y fuera. Dignity era la organización más veterana, pero también estaba la Conferencia de Católicas Lesbianas. Había organizaciones dedicadas a religiosos y sacerdotes LGTB, como Communications Ministry, Christian Community Association, Rest, Renewal o Re-Creation. Por último otras organizaciones se dedicaban a la comunicación entre la comunidad LGTB y la iglesia, como New Ways Ministry (aún existente), SIGMA (Sisters in Gay Ministry Associated) y la Consultation on Homosexuality, Social Justice and Roman Catholic Theology.

Condena de toda relación sexual y descalificación de cualquier cambio doctrinal

imagen-9106720-2-pngTodas estas iniciativas preocuparon sin duda al Vaticano, que quiso emitir un comunicado a los obispos para “aclarar” en qué podía consistir y en qué no la pastoral con homosexuales. El resultado fue la Carta que comentamos. En primer lugar, prohibía toda pastoral que implicara aprobación de las relaciones homosexuales. Con ser esto ya un freno a las iniciativas que se estaban dando, la Carta fue más lejos, realizando afirmaciones recibidas por muchos como hirientes.

En primer lugar, estaba la calificación de la misma orientación sexual. Aunque mantenía que en sí misma la homosexualidad no era pecado, sí que le otorgaba un valor negativo en sí mismo:

En la discusión que siguió a la publicación de la Declaración [acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, de 1975], se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena. Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”.

Por ello, la atención pastoral debía realizarse “para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable”.

Pero el texto iba aún más allá, haciendo una serie de observaciones sobre los colectivos LGTB y sobre los activistas católicos a favor de las personas LGTB en la iglesia que muchos recibieron como hirientes. Así, las personas que trabajaban para un cambio en la iglesia eran descritas con tonos exclusivamente negativos:

Dentro de la Iglesia se ha formado también una tendencia, constituida por grupos de presión con diversos nombres y diversa amplitud, que intenta acreditarse como representante de todas las personas homosexuales que son católicas. Pero el hecho es que sus seguidores, generalmente, son personas que, o ignoran la enseñanza de la Iglesia, o buscan subvertirla de alguna manera”.

Por ello, el que estuvieran bajo el paraguas de la institución significaba: “mantener bajo el amparo del catolicismo a personas homosexuales que no tienen intención alguna de abandonar su comportamiento homosexual”. Igualmente, la Carta identificaba toda protesta con una “táctica”:

Una de las tácticas utilizadas es la de afirmar, en tono de protesta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas homosexuales, con su actividad y con su estilo de vida, constituye simplemente una forma de injusta discriminación”.

Contra el apoyo a políticas antidiscriminatorias y referencias muy cuestionables al sida y la violencia homófoba

No era lo único, Sin embargo. También se rechazaba que se buscara apoyo en los católicos a leyes antidiscriminatorias a favor de las personas LGTB, en asuntos laborales o para el alquiler de casas (recuérdese la urgencia de estos temas en los peores años de la la crisis del sida). En este sentido, la Carta consideraba que cuando se buscaba el apoyo a estas leyes, en realidad se estaba buscando la aceptación de la conducta homosexual:

En algunas naciones se realiza, por consiguiente, un verdadero y propio tentativo de manipular a la Iglesia conquistando el apoyo de sus pastores, frecuentemente de buena fe, en el esfuerzo de cambiar las normas de la legislación civil. El fin de tal acción consiste en conformar esta legislación con la concepción propia de estos grupos de presión, para quienes la homosexualidad es, si no totalmente buena, al menos una realidad perfectamente inocua”.

Más aún, para apoyar este rechazo a apoyar leyes discriminatorias porque significaba apoyar la homosexualidad, la Carta realizó una de sus afirmaciones peor recibidas. En ella, se insinuaba la relación entre homosexualidad y sida, con un texto que roza la culpabilización de los activistas LGTB por la difusión de la enfermedad:

Aunque la práctica de la homosexualidad amenace seriamente la vida y el bienestar de un gran número de personas, los partidarios de esta tendencia no desisten de sus acciones y se niegan a tomar en consideración las proporciones del riesgo allí implicado”.

La Carta contenía otro pasaje muy discutible sobre la violencia contra las personas LGTB, que por un lado rechazaba:

“Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen (…) La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones”.

Para a continuación decir lo siguiente:

Sin embargo, la justa reacción a las injusticias cometidas contra las personas homosexuales de ningún modo puede llevar a la afirmación de que la condición homosexual no sea desordenada. Cuando tal afirmación es acogida y, por consiguiente, la actividad homosexual es aceptada como buena, o también cuando se introduce una legislación civil para proteger un comportamiento al cual ninguno puede reivindicar derecho alguno, ni la Iglesia, ni la sociedad en su conjunto deberían luego sorprenderse si también ganan terreno otras opiniones y prácticas torcidas y si aumentan los comportamientos irracionales y violentos”.

Se entiende fácilmente que esta declaración causara estupor muchos activistas LGTB, personas de la sociedad civil y hasta no pocos católicos, incluidos clérigos. No en vano, el que entonces era arzobispo de San Francisco, John R. Quinn, en su comentario a la Carta, se vio en la necesidad de exhortar a distinguir entre sus afirmaciones “doctrinales” y sus “observaciones sociológicas”.

Un documento que ha marcado las tres décadas posteriores

Homofobia religiosaA pesar de estar dirigida en principio a los obispos, la Carta causó un fuerte impacto entre los católicos, al menos de Norteamérica y Europa occidental. En primer lugar, fue un golpe muy duro para los activistas LGTB católicos y sus aliados, acusados genéricamente de tener intereses espurios. Lo fue también para quienes manejaban una visión más abierta de la Iglesia católica, al ver cómo se cerraban filas en todos los aspectos doctrinales (el texto debe enmarcarse en un contexto de reafirmación de la doctrina en moral sexual y personal en todos los niveles: anticoncepción, técnicas de reproducción asistida, etc.). En un nivel más práctico, supuso que las asociaciones LGTB católicas que no aceptaron la doctrina que marcaba fueron expulsadas en casi todas las diócesis de los espacios propiedad de la Iglesia.

Es cierto que este cerrojazo no supuso el final del activismo LGTB católico y cristiano. En medio de muchas dificultades, agravadas por la crisis del sida (recuérdese que la Carta fue publicada en octubre de 1986), Dignity y otros colectivos mantuvieron su actividad. En este contexto, merece la pena recordar que la Carta permitió que el movimiento LGTB católico recuperara para el activismo a John J. McNeill, quien decidió romper su silencio impuesto para protestar contra este documento.

Igualmente, otros grupos fueron surgiendo en Estados Unidos y otros países. El movimiento LGTB católico y “revisionista” siguió vivo a pesar de la Carta. En un primer momento logró el mérito nada desdeñable de sobrevivir. Posteriormente ganó en peso y organización. Y lo ha hecho hasta el punto de que 30 años después, cuando parece haber signos de un mínimo deshielo, algunos en la Iglesia católica vuelven a pensar que va siendo hora de darles espacio.

El hecho de que la Carta siga en vigor como doctrina oficial de la iglesia (conviene recordarlo) impide todo optimismo fácil. Pero también es cierto que tres décadas de vigencia no han logrado acallar esas voces a favor de las personas LGTB, que tan duros calificativos recibieron entonces.

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(1) Las informaciones sobre el contexto previo, así como las declaraciones del arzobispo de San Francisco, están tomadas de un libro de Jeaninne Gramick y Pat Furey, The Vatican and Homosexuality. Reactions to the Letter to the Bishops of the Catholic Church on the Pastoral Care of Homosexual Persons, Nueva York, Crossroad, 1988.

Fuente Dosmanzanas

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Lutero no protestaría contra la indulgencia revisada por Francisco

martes, 1 de noviembre de 2016
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500-aniversario-de-lutero-y-su-reformaDe su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Estos días en que luteranos y católicos se abrazan en una reinterpretación histórica de la Reforma, es apropiado recordar la revisión que hizo Francisco sobre el tema de las indulgencias cuando proclamó el Año de la misericordia.

Hoy podemos afirmar que Lutero no protestaría contra la manera de entender la indulgencia por el actual obispo de Roma. Es un momento histórico oportuno para reiterar la explicación de la indulgencia según Francisco, tal como se publicó en este blog de RD al comienzo del Año de la Misericordia.

En el catecismo aprendimos de pequeños: «¿Qué creéis en la comunión de los santos? Que los unos fieles participamos de los bienes espirituales de los otros, como miembros de un mismo cuerpo». Nos enseñaron lo que significa la comunión de los santos, es decir, la comunicación y circulación de la gracia del Espíritu Santo entre todas las personas creyentes, vivas o difuntas: “Yo rezo por tí, tú rezas por mí, y también rezamos por las personas difuntas y con ellas, que también rezan por nosotros”. Como circula la sangre por todo el cuerpo, llevando oxígeno y vida a todas las células, así circula la gracia del Espíritu Santo por todos los miembros del cuerpo de la iglesia. Esta unión se llama Comunión de los santos, intercambio de méritos y oraciones entre quienes están unidos a Cristo y unidos entre sí por la acción del Espíritu Santo.Con una imagen actual, podríamos decir:Conexión por la Red de Gracia, Internet del Espíritu Santo

El Papa Pablo VI reformó la doctrina sobre las indulgencias (1967); quería evitar los abusos y exageraciones de la Edad Media, que luego criticó Lutero. Pero incluso después de esta reforma todavía se siguió hablando del perdón y la indulgencia con comparaciones jurídicas, penales o mercantiles, por ejemplo, pena, culpa, castigo, compensación, precio, cancelación,etc., adornado todo ello barrocamente con fuegos de purgatorios y almas separadas en una antesala de espera dantesca para el permiso de entrada al Paraíso…

El Papa Francisco, en la Bula de Proclamación del Jubileo de la Misericordia, redescubría «la” Indulgencia (en cursiva, y en singular), más allá de «las” indulgencias (en plural). La llamaba “Indulgencia misericordiosa” y reinterpretaba las indulgencias; en vez de tratarlas como rebajas penales o mercantiles, de pena o de precio, las veía como sanación y rehabilitación, intercambio de oraciones y comunicación de misericordia. Conservaba así lo principal de la enseñanza tradicional e insistía en la Comunión de los Santos, que había sido deformada a lo largo de los siglos. Hablaba así Francisco de perdón e indulgencia con comparaciones de: curación, rehabilitación, fortalecimiento e intercesión.

Acentuaba Francisco la circulación de la misericoridia divina por todos los miembros de la Iglesia, como la sangre por todo el cuerpo. «La Iglesia vive, decía Francisco en la Misericordiae vultus, en la comunión de los santos». La misericordia es fuente inagotable de agua reconstituyente, y rehabilitadora (metáforas terapéuticas) y se difunde por una red de comunicación que extiende sin fin sus conexiones (metáforas informáticas).

La indulgencia es terapia para la convalecencia del corazón, después de curarse por el perdón el pecado como enfermedad; es también extensión universal de las redes de comunicación de la gracia; es comunicación ilimitada y plenaria de la misericordia, gracia y paz que brotan de la actividad del Espíritu Santo en el cuerpo eclesial.

No recurría Francisco a ninguna de las manerase medievales exageradas de hablar de indulgencias con comparaciones penales de cancelación de años o días de castigo con fuegos de purgatorios o cancelación del pago de una multa, o las imágenes mercantiles de rebajas en precios de saldo.

En cambio, Franciso usaba, en aquel documento de proclamación del Año de la misericordia, otras comparaciones mejores y nmás apropiadas para reinterpretar y hacer evolucionar la doctrina sobre la indulgencia. Francisco usaba comparaciones medicinales, comunicativas y orantes; se comprende así mejor el sentido de la indulgencia como rehabilitación, capacitación, fortalecimiento o vitaminas reconstituyentes.

El Papa Francisco nos invitó a vivir el Jubileo con júbilo por la misericordia La imagen de las redes de comunicación vale para hablar de la difusión de la misericordia. «La Iglesia vive la comunión de los santos, es capaz con su oración de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza de que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente… » (id.)

«No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el Sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. La misericordia se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Iglesia, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado» (Misericordiae vultus, n. 22).

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Ministerio femenino

domingo, 23 de octubre de 2016
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mujeres-sacerdotes1Las mujeres, no solo las feministas, se preguntan por qué en la Iglesia católica las mujeres no forman parte de la jerarquía (diaconado, presbiterado, episcopado), cuando en la Iglesia Luterana y en la Iglesia Anglicana hay pastoras ordenadas y obispas.

El argumento que se suele dar en contra del ministerio femenino es que Jesús eligió 12 apóstoles varones. En este sentido tanto Pablo VI como Juan Pablo II cerraron la puerta al ministerio femenino en la Iglesia católica.

Pero estas decisiones papales no son infalibles y los argumentos que aducen son más sociológicos y anatómicos que teológicos. El patriarcalismo dominante en Israel impedía que Jesús hubiera nombrado a mujeres entre los 12 apóstoles que representaban a las 12 tribus de Israel. Por otra parte Jesús no quiso establecer una nueva sociedad religiosa sino inspirar un camino evangélico que con el tiempo se tenía que estructurar a la luz del Espíritu. Además, Jesús, en contra de la costumbre de su tiempo, habla con mujeres, las sana y perdona y las admite en su grupo de discípulos. Jesús resucitado se aparece a las mujeres antes que a los apóstoles y María Magdalena es considerada la apóstol de los apóstoles. En Pentecostés el Espíritu desciende sobre hombres y mujeres.

En las comunidades fundadas por Pablo aparecen mujeres en cargos importantes de gobierno: Febe, Junia, Prisca, María, Trifena, Trifonia, Pérside, etc. Teológicamente hablando tanto el varón como la mujer son imagen de Dios.

Lo que sucedió es que las estructuras patriarcales greco-romanas, los prejuicios acerca de  la inferioridad de las mujeres, el ansia de poder patriarcal… excluyeron a las mujeres de los ministerios. Las razones de tal exclusión son sociológicas, no teológicas y nacen de una lectura literalista y fundamentalista de la Escritura y del ansia de poder.

El 12 de mayo último, en una reunión del Papa Francisco con la Unión  de Superioras Generales, una de ellas preguntó qué impide que la Iglesia ordene diaconisas como sucedió en la Iglesia primitiva, puesto que las mujeres trabajan en la Iglesia, enseñan, acompañan a enfermos y pobres, presiden la liturgia en ausencia del sacerdote… El Papa ante este cuestionamiento ha nombrado una comisión de expertos y expertas para estudiar el diaconado femenino y su presencia en la Iglesia primitiva.

Se abre pues una puerta al ministerio femenino, una puerta que hasta ahora parecía definitivamente cerrada. Confiamos que esta apertura pueda conducir a los demás ministerios femeninos en la Iglesia. Esto nos daría una imagen de Iglesia jerárquica menos hierática y poderosa, más humana y tierna, más alegre y sencilla, más cercana al pueblo y a los pobres.

Víctor Codina

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Domingo XXIX del Tiempo Ordinario. 16 octubre, 2016

domingo, 16 de octubre de 2016
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“Para mostrar (a sus discípulos)  la necesidad de orar siempre, sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola. Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: `hazme justicia frente a mi enemigo`. El juez se dijo: ´aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, es tanto lo que esta viuda me importuna, que le haré justicia para que deje de molestarme de una vez´. Y el Señor añadió: ´cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará fe en la tierra?”.

LUCAS 18,1-18

¡Qué bella invitación nos hace Jesús! Nos llama a perseverar, a confiar en nuestro Dios.

La oración cristiana es una relación personal con Dios. Relación que nos descubre lo que en verdad somos: ¡Hijas e hijos de Dios! No hay mayor gozo para una persona buscadora de interioridad, de trascendencia que saber que Dios Padre está esperando nuestra súplica insistente, como la de la viuda.

Súplica que no es un movimiento de labios distraído, sino un balbuceo del corazón, una mirada confiada, un dejar que el corazón distendido descubra la ternura de Dios Padre-Madre, que no responde cansado y malhumorado como el juez, sino con amor tierno a nuestras miradas, a nuestras búsquedas a nuestras añoranzas de interioridad, de plenitud como dice Jeremías 31,1, “con amor eterno te amo, por eso te he atraído con misericordia”.

Este es el fin de nuestra oración: llegar a las entrañas de Dios, dejarnos tocar, dejarnos atraer por su Amor. Y esta experiencia tiene retorno, no queda en las nubes perdida,  sino que nos enseña: “aprended a hacer el bien, buscad el derecho, proteged al oprimido, socorred al huérfano, defended a la viuda” (Is. 1,17) todo lo contrario del juez.

 Abre tu corazón, levanta la mirada más allá de lo tangible y con corazón suplicante pon en manos de Dios Padre-Madre el dolor de nuestras hermanas y hermanos.

Bien puedes acabar esta reflexión poniendo tu fe en manos del Dios de Jesús, y acoger la frase que nuestro Dios pone en boca del profeta Oseas, 14,9b, “Yo escucho tu plegaria y velo por ti”.

ORACIÓN

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti.

Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema los múltiples problemas que llenan nuestra vida.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres.

Señor, haz que mi fe sea activa: sea verdadera amistad contigo y sea tuya, en los sufrimientos, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde, que se rinda al testimonio del Espíritu Santo. Amén.

Pablo VI

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Fuente: Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Madeleine Delbrel: El Evangelio en los barrios obreros de París

lunes, 25 de julio de 2016
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MadeleineDelbrel_AuAhora que estoy leyendo su libro «Nosotros gente común y corriente«, quiero compartir la biografía y espiritualidad de una gran mística moderna metida en el corazón de los barrios obreros de París, laica, asistente social, Sierva de Dios desde 1996 y que pronto podría ser beatificada: Madeleine Delbrêl

Madeleine Delbrêl nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan, pequeña ciudad de Francia. Fue hija única de una familia de la pequeña burguesía. Heredó de su padre el dinamismo, el sentido de la organización y el don de la comunicación; y de su madre, la sensibilidad, la firmeza y el encanto cautivador.

Su padre fue ferroviario. Por eso, la familia hubo de trasladarse de un lugar a otro; la educación de Madeleine iba siendo confiada a profesores particulares. Fue iniciada en el cristianismo en la adolescencia e influenciada por los ambientes literarios y filosóficos en los que su padre la introdujo. Se dejó seducir por el ateismo y el positivismo.

Las consecuencias desastrosas de la primera guerra mundial la llevaron a dudar de la existencia de Dios. A sus 17 años reflexionaba sobre cuestiones existenciales; escribió entonces: «Alguien dijo, Dios ha muerto. Y, si es una verdad, hemos de tener la honestidad de no vivir en adelane como si Dios estuviera vivo… Dios era eterno. Hoy lo único eterno es la muerte… Es más convincente agotar la propia inquietud en la secuencia de los placeres inmediatos….».

Madeleine, por ello, danzaba, saltaba, vivía con un intenso amor por la vida. Se sentía libre, apasionadamente libre. Asistió a cursos de Historia y Filosofía en la Sorbona, donde sobresalió por su profunda capacidad de análisis. A los 18 años conoció a un impetuoso, alegre y pensativo universitario, Jean Maydieu. Se enamoraron y proyectaron casarse. Pero, de impriviso él la abandonó para entrar en el noviciado de los Dominico. Este encuentro y ruptura con Maydieu le hicieron a Madeleine confrontar su ateismo con las certezas de fe de este hombre. En este tiempo su padre enfermó y se quedó ciego. Su madre trabajaba en exceso. Madeleine se preguntó: ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Cómo es que alguien puede preferir a Dios sobre cualquier otra cosa? Decidió entonces cambiar de perspectiva en su búsqueda de Dios.

«¿Y si Dios existiese?. Decidí rezar… Después, reflexionando , encontré a Dios; rezando sentí que Dios se encuentra conmigo y que Él es real y vivo, que puede ser amado como se ama a una persona».

Emprendió entonces Madeleine su camino de conversión:

“… El mundo entero me parecía pequeño e irracional y el destino de los hombres, estúpido y malo. Cuando supe que existías, te agradecí que me hubieras hecho vivir»

Madeleine descubrió su vocación de cristiana en la ciudad, de misionera sin barcos. El desierto urbano se convirtió en un espacio de contemplación, las calles de la ciudad en su campo de misión.

Con un grupo de amigas, Susana y elena, Madeleine inicia un proyecto innovador y profético: laicas consagradas, inserta en el mundo y libres de estructuras rígidas. Iniciaron un proyecto de vida comunitaria el 15 de octubre de 1933 en Ivry, polígono industrial al sur de París,ciudad declaradamente comunsta, llena de problemas como la tuberculosis, el alcoholismo, el desempleo. Ellas quería «testimoniar que la caridad de Jesús no tiene laintención de parar a nadie en el camino». Quiere la libertad de vivir junto a la gente, participando de las actividades pasorales de l parroquia, quieren estar junto a quienes sufren y están desesperados.

Ivry-sur-Seine es una barriada obrera en la periferia sur de París que en aquel tiempo pasaba por ser la «capital» del comunismo francés. Allí vivía Maurice Thoréz, el famoso jefe del comunismo francés. Allí se queda Madeleine Delbrel a lo largo de 30 años, hasta su muerte. Es una cristiana convertida a los veinte años, que llevada por su pasión misionera opta por salir a mar abierto; quiere evangelizar el mundo obrero. Madeleine, sin abandonar el estado laical, se consagra a Dios con el voto de castidad y va a vivir a Ivry con unas compañeras que también son asistentes sociales y viven de su trabajo. El alcalde comunista la pone al frente de los servicios sociales de la comuna. Durante la Segunda Guerra Mundial tiene a su cargo la dirección de todos los servicios sociales del departamento; una vez finalizada la guerra, el alcalde le pide que siga.

En el cinturón obrero de Ivry Madeleine queda impactada frente a la miseria de las clases sumergidas, a la injusticia social, a la desocupación, a las condiciones inhumanas de trabajo (12 horas por día en la fábrica y toda la semana, con excepción del domingo), a la falta total de previsión social.. Esto la obliga a orar de otra manera, partiendo de la realidad; a leer el Evangelio «desnudo, crudo, orado», como ella decía («no sé cuantas veces he leído los evangelios de arriba a abajo; al Evangelio hay que leerlo todos los días como se come el pan…«). Al comienzo encuentra hostilidad y pedradas. Pero poco a poco descubre en los comunistas «generosidad, desinterés, sacrificio». Ella afirma: «El marxismo es una doctrina sin corazón». Pero a la vez sabe que los comunistas son personas y tienen un corazón; por lo tanto hay que amarlos. Ella jamás «excomulgó» a los comunistas, sin por ello dejar de denunciar sus errores.

A Madeleine le preocupaba la ausencia y el silencio de la Iglesia; que los empresarios católicos dueños de las fábricas de Ivry y bienhechores de la parroquia, fueran los que peor trataban a los obreros; que las comunidades parroquiales vivieran encerradas en sí mismas. Ella observaba como en los ambientes cristianos tradicionales se había llegado a cambiar la Fe por una simple «creencia en Dios» y los valores cristianos por las que son las virtudes de las «personas honradas». Madeleine deseaba que los cristianos fueran «personas para las que Dios es suficiente, en un mundo en el que Dios parece no servir para nada»; personas capaces realmente de amar.

En la Iglesia de aquel tiempo había un enorme muro que separaba a la Iglesia del pueblo, a los creyentes de los ateos, a los católicos de los comunistas. Madeleine quiere derribar ese muro y por eso cruza la frontera pasando al otro lado. No lo hace con el afán de convertir a nadie; ella quiere dar testimonio del amor de Dios, hasta llegar a levantar las montañas de la desconfianza y voltear los muros del odio. «Lo que yo quería era poder vivir codo a codo con la gente del pueblo, con el mismo almanaque, con las mismas preocupaciones, los mismos relojes». Su gran preocupación era que la Iglesia «se presentara amable y cordial a los ojos de los que no la conocen. Y no con una supuesta caridad indescifrable». Fue pionera de ese fenómeno profético que en América Latina hoy se ha llamado «inserción en los medios populares» de parte de los religiosos y de la Iglesia en general.

Pero Madeleine no se conforma con un simple testimonio y le repite a sus compañeras una consigna de san Pablo: «No hay que avergonzarse del Evangelio». Ella se presenta como cristiana que colabora con los marxistas en objetivos comunes pero sin vínculos orgánicos y manifestando claramente sus convicciones; justamente esto hace que se gane mayormente el aprecio y la amistad de muchos militantes comunistas. El libro: «Ciudad marxista, tierra de misión», Madeleine lo dedicó al alcalde marxista de Ivry, Venise Gosnat, con el cual había hecho por muchos años un enorme trabajo social, sobre todo en los terribles días de la guerra bajo los bombardeos. «A Venise Gosnat, del cual soy una mala alumna en marxismo, pero también una amiga fiel, respetuosa de su bondad y de su generosidad concreta, ofrezco de corazón este libro, segura de que, aunque no lo apruebe, lo comprenderá». El amigo leyó y releyó el libro y le contestó agradecido: «A pesar de las diferencias ideológicas , como amigo le aseguro que la comprendo. La he visto luchar en situaciones dramáticas. Conozco su sinceridad y bondad y lo que más la caracteriza: un amor sin límites para con su prójimo. Somos entonces amigos y enemigos al mismo tiempo; realmente me ha puesto en un lío. El ‘profesor’ no olvidará de todas maneras la calidad de corazón y la delicadeza de su ‘mala alumna en marxismo’».

A quienes la acusaban de dialogar con los comunistas ella respondía:

Jesús nunca dijo: amarás a tu prójimo como a tí mismo, excepto a los comunistas…. mi prójimo inmediato son los comunistas»

«Jesus no nos dejó la obligación de convertir, de transmitir la fe. Ésta es una misión que Él se reserva para sí mismo. El único testimonio que Él exige de nuestra vida es que nos amemos entre nosotros. Sin este aor, los hombres no nos reconocerán como sus mensajeros. El apostolado que Jesús nos dejó fue el de anunciar la fe, repetir y proclamar aquello en lo que creemos y que Él nos enseñó. No somos responsables de la incredulidad de nuestro prójimo; pero sí somos responsablers de su ignorancia» (Madeleine Delbrêl, Conferencia a los Estudiantes, UNESCO, 1961)

Esta coexistencia, hasta fraternal, con los marxistas, tenía límites infranqueables: «Me he rehusado trabajar con ellos cuando había que ir en contra de mi conciencia; cuando ha habido necesidad, siempre he recurrido a las palabras de Cristo que rechaza el odio y la violencia«. Madeleine se había anticipado a las palabras famosas de Juan XXIII que invitaba a no confundir el error con el que erra y a «subrayar lo que une a los hombres para hacer junto a ellos, todo el camino posible«( de un discurso de 1961).

El drama de los Curas Obreros

En Ivry, Madeleine ayuda a todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, vengan de donde vengan. Se la encuentra respaldando a los exiliados antifranquistas españoles; es ella quien se presenta al presidente de la República, Vicent Auriol, liderando un comité popular de Ivry para pedir la excarcelación injusta de Juan Grant y la obtiene, y la que va con una delegación a ver al cardenal de París para defender a los exiliados. Eran los años de la «Misión de France«. Ésta había nacido en el corazón del cardenal Emmanuel Suhard de París que también había lanzado el mismo grito de Madeleine: «Hay un muro que separa a la Iglesia del pueblo» (cada vez más descristianizado). Suhard convence a los obispos de Francia para que envíen sacerdotes a un Seminario Nacional en Lisieux para la reevangelización del pueblo; la «Misión de France» nace en 1942. Al año siguiente, el abbé Godin lanza su famoso libro: «Francia:¿tierra de misión?«. A fines de ese mismo año (1943) empieza la experiencia de los «curas obreros». Madeleine acompaña con entusiasmo esta experiencia que ella vive desde hace tiempo. Es invitada a dar charlas y cursos. Tenía 40 años y un joven sacerdote recuerda el impacto de sus palabras, sobre todo porque salían de una mujer laica.

Es sabido cómo terminó la experiencia de los curas obreros. El 6 de setiembre de 1953 el Seminario Nacional de la «Misión de France» (con 244 seminaristas) debe cerrar sus puertas por orden del Vaticano y los curas obreros dejar su trabajo en las fábricas. Sólo la mitad de los curas obreros obedece. Madeleine invita a la obediencia, aun si «comprender esta lluvia de disposiciones negativas, resulta difícil». E invita a la autocrítica; para ella «no se supo tener en cuenta los peligros de esta experiencia» y finalmente llega a la conclusión de que «a los curas obreros les ha faltado la base fundamental de la oración. Han querido ser como un obrero más sin anunciar el Evangelio; y a la fe no hay que ostentarla, pero tampoco ocultarla». Aun así ella trata de hablar, salvar lo que es posible, relanzar la experiencia sobre nuevas bases; por eso recibe críticas y calumnias, hasta se le llega a negar la comunión. Ella no se desanima y , gracias a una donación, hace una peregrinación de oración a Roma en tren. Llega a la estación de Roma por la mañana y en seguida va a la basílica de San Pedro donde reza durante nueve horas «a corazón perdido»; la misma noche retoma el tren para París. Ella quiere ser fiel a la Iglesia y reza por ella desde el corazón de la misma, apoyada a una columna frente a la tumba de San Pedro y al altar del Papa.

Fue como una tormenta en la vida de Madeleine. Pero pasó. Y al poco tiempo tuvo la felicidad de tener una entrevista con el papa Pío XII y recibir un amplio y fraterno apoyo por parte del card. Veuillot y del card. Montini. Un gran amigo de Madeleine fue el p. Jacques Loew, un cura obrero que trabajaba de descargador en el puerto de Marsella y que había obedecido con prontitud al Papa. El p. Loew, que se transformó después en un gran maestro de espiritualidad, dijo de Madeleine que era una «mujer teologal» y la incluyó en su famoso libro: «En la escuela de los grandes orantes». Madeleine quería vivir «con las manos agarradas a la persona de Nuestro Señor y los pies bien plantados en medio de la muchedumbre de los que no creen«. Para ella «la oración es el bien más grande que se puede hacer al mundo; en nuestra sociedad se precisan hombres de adoración, que arranquen todos los días un tiempo para la oración». En su comunidad, además de la misa en la parroquia, había tres horas de meditación diaria y oración, desde las primeras luces del alba. En 30 años Madeleine no se tomó un día de vacaciones, pero encontraba todos los días un largo tiempo para orar.

Su pensamiento sobre el tema de la espiritualidad laical se refleja en cantidad de escritos que han tenido una enorme difusión en estos años, sobre todo en sus tres libros póstumos: «Nosotros, gente de la calle», «El gozo de creer», «Comunidades según el Evangelio». Para ella Dios se revela en la vida cotidiana, en donde Él nos ha puesto, en la calle. Ella es una maestra de la oración para la gente trabajadora, para los que no tienen tiempo para rezar. «Hay que aprender a estar solos con Dios cada vez que la vida o la jornada nos reserva una pausa, y no malgastarla: en el metro, en un café, en un comercio, esperando el bus, en la cocina…». Maravillosa es su oración: «Liturgia de los sin oficio», donde resalta el poder de la oración de intercesión del cristiano común. En el mismo sentido, toda ocasión también es buena para amar. Para ella «cada mañana Dios nos ofrece una jornada entera preparada por Él mismo; no hay nada de más ni nada de menos, nada inútil. Esta jornada es una obra maestra que Dios nos pide que vivamos. Cada minuto de la jornada permite a Cristo vivir a través de nosotros en medio de los hombres». Según ella, son «las paciencias» de todos los días, las que construyen la santidad; es haciendo nuestros «minúsculos deberes» que encontramos «las chispas de la voluntad de Dios». Ella invita al cristiano laico a «quitarse las sandalias porque la tierra que pisa todos los días es tierra santa y allí está Dios escondido detrás de la zarza«.

Madeleine muere el 13 de octubre de 1964 durante el Concilio. Aquel día en el aula conciliar, un laico, presidente de la JOC internacional, toma la palabra por primera vez frente a toda la Iglesia y lo hace en nombre de los trabajadores cristianos que viven y luchan en las fábricas y en los barrios obreros de las grandes ciudades.

Primo Corbelli

Para saber más puede visitarse la página de la Association des Amis de Madeleine Delbrêl

Madeleine

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Francisco podría conceder una Prelatura Personal o un Ordinariato a los lefebvrianos

miércoles, 4 de mayo de 2016
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fellay1_560x280El Papa impondría tres requisitos previos genéricos a la Fraternidad San Pío X

Fellay, que se reunió con Bergoglio hace semanas, dijo que «Amoris Laetitia nos hace llorar»

En una decisión que si se concreta causará desconcierto y críticas en el mundo católico, el Papa Francisco estaría por ofrecer a los ex cismáticos tradicionalistas del arzobispo francés Marcel Lefebvre, fallecido en 1991, un estatuto canónico regular dentro de la Iglesia.

Según información coincidente de fuentes periodísticas internacionales y de la misma Fraternidad San Pío X, con base en Econe, Suiza, que Lefebvre fundó en 1970, el pontífice argentino impondría tres requisitos previos genéricos, que a los ultramontanos no crean problemas doctrinarios, para acogerlos en «una estructura eclesiástica apropiada», como reclaman los tradicionalistas. Esa estructura sería una prelatura personal, como el Opus Dei, o un ordinariato, como el que rige para los anglicanos tradicionalistas que abandonaron la Iglesia de Inglaterra cuando ésta aceptó la ordenación sacerdotal de mujeres.

A diferencia de los papas anteriores (Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI), que exigieron a la comunidad lefebvriana como paso previo a cualquier negociación que aceptaran los documentos del Concilio Vaticano II, el magisterio de los últimos pontífices y la histórica reforma de la misa en el posconcilio, Jorge Bergoglio abandonaría esta posición y, afirmando su línea de una Iglesia inclusiva, aceptaría que estos temas fundamentales sean objeto «de discusión y aclaraciones» posteriores. Esto lo dijo monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, responsable de los coloquios doctrinales con la Fraternidad San Pío X.

Monseñor Pozzo en los últimos años ha proseguido los contactos con los ultraconservadores lefebvrianos y afirmó que «se ha llegado a una importante elucidación: el Concilio Vaticano II puede ser adecuadamente comprendido solo en el contexto de la plena tradición de la Iglesia y su contante magisterio». Una conclusión más bien abstracta.

Entre los lefebvrianos circula un documento desde el 19 de febrero que tras enumerar los avances logrados, la vocación de mantener bien altas las banderas de la tradición católica y las enseñanzas de monseñor Lefebvre, afirma que «ha llegado el tiempo para normalizar la situación de la sociedad» con Roma.

En el documento se señala que la iglesia «sigue sangrando por mil heridas», lo que representa un aviso de que «no nos callaremos«.

A principios de este mes, el sucesor de Marcel Lefebvre al frente de la comunidad de Econe, el también monseñor francés Bernard Fellay, se encontró en el Vaticano con Francisco. Unos días después Fellay dijo que el coloquio «sirvió para saldar las relaciones entre la fraternidad y la Sede Apostólica». «Fue una alegría», agregó el líder de los lefebvrianos.

En cuanto a la exhortación apostólica «Alegría del Amor«, que el papa firmó como la conclusión del doble sínodo de la familia, Fellay dijo que «nos hace llorar», un comentario tajante para poner distancia con las posiciones de Bergoglio.

El Papa argentino dio un paso importante para esta reconciliación, que muchos consideran prácticamente imposible, con una decisión espectacular: las confesiones que los fieles hagan ante un sacerdote lefebvriano son totalmente válidas. Jorge Bergoglio lo justificó en el ámbito del año jubilar de la misericordia, que concluirá el 8 de noviembre.

Según monseñor Fellay, el Papa Francisco es «inclasificable« y aunque para los lefebvrianos muchas decisiones del actual pontífice son «horribles», el sucesor de monseñor Lefebvre recordó que cuando Bergoglio era el cardenal de Buenos Aires ayudó a la comunidad, que tenía dificultades con los permisos de estadía. En la Argentina está una de las comunidades más importantes de los lefebvrianos y Bergoglio cree que la reconciliación es posible porque «todos somos católicos«.

Lefebvre fue suspendido «a divinis» por Pablo VI después que ordenó sacerdotes sin permiso de Roma. En 1988, tras duras y casi desesperadas negociaciones, Juan Pablo II fulminó con la excomunión a Lefebvre y otro obispo brasileño que consagraron a cuatro episcopales, también excomulgados, de la comunidad. Entre ellos estaban Fellay, el actual líder, y el londinense Richard Williamson.

En enero de 2009, el papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, que había luchado tanto para evitar el cisma lefebvriano, levantó la excomunión a los cuatro obispos consagrados por Lefebvre.

Esta decisión causó el estallido de un escándalo de tan vastas proporciones que puede considerárselo como una de las causas que llevaron a Ratzinger, en febrero de 2013, a una histórica renuncia como Papa Benedicto XVI, que cambió para siempre el perfil del pontificado.

Williamson era director del seminario lefebvriano de La Reja, un suburbio de Buenos Aires. El gobierno de Cristina Fernández lo expulsó del país después que Williamson reiteró ante la televisión pública sueca su convicción pronazi de que «ningún judío murió en las cámaras de gas» de los campos de exterminio de Hitler.

Extremista entre los extremistas, monseñor Williamson pasó de excomulgado a suspendido «a divinis» por la decisión de Benedicto XVI, pero entabló una dura controversia con la comunidad lefebvriana, oponiéndose a cualquier negociación para volver a la comunión con el Papa de Roma. Finalmente fue expulsado con gran alivio por la Fraternidad de San Pío X, quitando así un escollo formidable a las largas negociaciones con el Vaticano.

En marzo del año pasado, Williamson recuperó la condición de excomulgado, por segunda vez, cuando en un monasterio benedictino cerca de Río de Janeiro consagró obispo al padre Jean-Michel Faure, que como él se oponía a cualquier arreglo con el Vaticano. Faure, también excomulgado, se había alejado voluntariamente de la comunidad lefebvriana.

(Valores/Clarin)

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Desapropiarse

lunes, 15 de febrero de 2016
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Del blog de la Communion Béthanie:

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: «Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto «.

Os invitamos a seguir Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua en este Año jubilar de la Misericordia…

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En nosotros, es el yo posesivo el que obstaculiza a la grandeza

«Lo que obstaculiza la grandeza del hombre, no es su corporeidad, es el espíritu de posesión que le marca a si mismo, es este yo en el cual somos engullidos, este yo posesivo que se hace el centro de todo, que quiere acaparar todo, este yo que no es más que un resultante de nuestra prefabricación que no escogimos y que nos está adherido desde nuestra concepción, nuestro nacimiento y nuestra historia infantil.

Estamos dominados así por un yo que simplemente es la proyección y el resultado de todas las influencias cósmicas que han pesado sobre nosotros y nuestros antepasados.

Estamos constantemente sobre el camino de nuestra gravedad. La maravilla es que, de cuando en cuando, surge la luz de esta Presencia infinita, para que seamos sobrepasados de repente por ella, invadidos y transfigurados, que no expresemos más nuestros pequeños intereses, que no estemos más – por lo menos por un instante- que un impulso hacia este Otro que nos habita, y que es la Vida de nuestra vida.

Es esta la única esperanza de la existencia: este tesoro que es confiado a nuestra vida, esta posibilidad de alejarse de uno mismo, de perderse en el Otro y de ser, hasta el fin, la afirmación de Jesucristo. «

Señor, enséñame a désapropiarme. Dame la gracia del descentramiento con el fin de que pueda dejarme llevar en el movimiento del don. A abrirme a este impulso venido de Ti, que me lleve hacia lo desconocido …

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Maurice Zundel

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El encuentro entre el Papa y el Patriarca, primer paso para un viaje de Francisco a Moscú

domingo, 7 de febrero de 2016
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papa-kiril-720_560x280Para los obispos cubanos, el encuentro es trascendental

Es parte de los esfuerzos de Francisco por promover una «cultura del diálogo y la reconciliación»

El encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill de Moscú, que tendrá lugar el próximo 12 de febrero en La Habana (Cuba) podría convertirse en el primer paso para un viaje del Pontífice a Rusia, en el marco de un camino para romper la distancia que separa a las Iglesias de Oriente y Occidente desde que en el año 1054 se produjera el Gran Cisma, en el que se excomulgaron mutuamente.

El experto en ecumenismo de la Universidad de Navarra, José Ramón Villar, ha explicado a Europa Press que es un paso «importantísimo» dentro de un proceso a medio-largo plazo para reconciliar a ambas iglesias. Y aunque considera que sería aún más significativo si se produjese en tierra rusa, no descarta que el Papa viaje dentro de poco al país.

«Creo que sí es un primer paso para una posible visita futura del Papa a Rusia. Es preparar un poco los ánimos y la sensibilidad del mundo ortodoxo ruso que ante la Iglesia católica siempre ha tenido sus reservas, una cierta distancia«, precisa.

Sobre el escenario del encuentro, Cuba, el experto apunta que han elegido un lugar neutral para facilitar el diálogo. Además, recuerda que los cubanos están agradecidos con el Papa Francisco por su mediación para el acercamiento entre Cuba y EEUU. «Parece haber sido un plan muy bien pensado para encontrar un lugar neutral», subraya.

En cuanto al contenido de la declaración que firmarán ambos primados, Villar adelanta que, seguramente, se tratará de un escrito en el cual manifestarán «la armonía y la buena disposición para seguir caminando juntos en la búsqueda de la unidad» y mencionarán la persecución religiosa en Oriente Medio que afecta tanto a católicos como a ortodoxos.

En todo caso, el experto recuerda que las relaciones no cambiarán «de la noche a la mañana» pues, precisamente, los predecesores de Francisco, Juan Pablo II y Benedicto XVI ya intentaron un acercamiento a la Iglesia Ortodoxa Rusa. «Con el tiempo veremos los efectos», insiste.

Este encuentro también podría tener una repercusión en el Concilio Panortodoxo que por primera vez en mil años reunirá a los primados de las Iglesias Ortodoxas bizantinas el próximo mes de junio en Creta, y en el que el Patriarca Kirill podría transmitir algún mensaje del Papa Francisco, según prevé Villar.

LAS CAUSAS DEL CISMA

cisma-de-orienteNo obstante, el experto considera que se necesitará tiempo para avanzar en el acercamiento de dos iglesias que permanecen separadas formalmente desde 1054, cuando se produjo el gran Cisma al que subyacen no solo factores religiosos sino también políticos que dieron lugar a reticencias y sospechas por parte del cristianismo oriental bizantino.

«Es imposible entender la separación sin la comprensión del imperio romano. El imperio bizantino se entendía a sí mismo como heredero del imperio romano. El imperio bizantino en Constantinopla va cayendo en la decadencia, va siendo sustituido por el imperio occidental romano germánico, con Carlomagno, y los bizantinos se sienten sustituidos», detalla Villar.

Posteriormente, el distanciamiento se fue agudizando, por ejemplo, cuando los latinos entraron en Constantinopla e instalaron una jerarquía latina. «Hay heridas en la memoria histórica de los ortodoxos, especialmente en Constantinopla que han agudizado la ruptura», añade.

A estas causas hay que sumar otras cuestiones de mentalidad, de cultura, de tradición y de disciplina que marcan diferencias entre católicos y ortodoxos, pero que, según puntualiza el experto, son perfectamente legítimas y no deberían afectar a la unidad.

ACERCAMIENTO EN EL SIGLO XX

pablo-vi-y-atenagorasEl profesor de Derecho Canónico Oriental de la Universidad de Navarra, Emilio Forte, explica a Europa Press que el diálogo con las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina, siriaca y eslava se inició oficialmente en 1980 y que los primeros pasos importantes se dieron ya durante el Concilio, como la cancelación de la memoria de la Iglesia de las excomuniones recíprocas del año 1054, en el penúltimo día del Concilio.

Sobre esas bases fue posible reanudar algunas formas de comunión eclesial del primer milenio, según apunta el experto, como: el intercambio de visitas y mensajes entre el Papa y los Patriarcas, la cordial convivencia y colaboración en muchas Iglesias locales, o la concesión para uso litúrgico de edificios de culto por parte de la Iglesia católica a cristianos ortodoxos que viven en la diáspora, como signo de hospitalidad y de comunión.

Sin embargo, el cambio político de 1989-1990 vino a complicar las relaciones, pues la vuelta de las Iglesias católicas orientales a la vida pública, después de años de brutales persecuciones y de resistencia pagada incluso con la muerte, fue vista por las Iglesias ortodoxas como amenaza de un nuevo «uniatismo« –que se refiere a los católicos de rito oriental que han vuelto a la comunión con Roma, frente a la Iglesia ortodoxa que depende de Moscú–.

Así, en la década de 1990, a pesar de las importantes aclaraciones que se hicieron en los encuentros de Balamand (1993) y Baltimore (2000), el diálogo teológico se estancó y la situación de crisis se agudizó sobre todo en las relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa después de la erección canónica de cuatro diócesis en Rusia el año 2002.

En cualquier caso, después de muchos esfuerzos, en el año 2007 fue posible reanudar el diálogo y, desde entonces, se han mantenido numerosos encuentros a diferentes niveles, entre los que se encuentran la visita del entonces Patriarca de Moscú Alexis II a Estrasburgo y París en 2008 o la primera visita oficial a Rusia del presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, con el propio patriarca Kirill de Moscú.

En un comunicado publicado tras la reunión, el Patriarcado de Moscú afirmó que «a pesar de las diferencias teológicas, las dos Iglesias pueden acercarse en una cooperación más estrecha en aquellos ámbitos en los que sus posturas coinciden, es decir, en la defensa de los valores cristianos tradicionales en Europa, la defensa de la posición cristiana en el terreno socio-económico, en la ética de la investigación científica y en la bioética«.

Alegría de los obispos cubanos

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba afirmó hoy que el encuentro entre el papa y el Patriarca ruso Kiril la próxima semana en La Habana, tiene una «gran trascendencia histórica» y es parte de los esfuerzos de Francisco por promover una «cultura del encuentro, el diálogo y la reconciliación«.

«Más allá de la trascendencia histórica, después de siglos de distanciamiento, será un encuentro que va a significar mucho desde el punto de vista del diálogo entre religiones», afirmó en declaraciones a Efe el portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, José Félix Pérez.

El portavoz recordó que, desde el inicio de su pontificado, Francisco expresó su disposición a encontrarse «donde hiciera falta» con el patriarca Kiril, líder de la Iglesia Ortodoxa rusa, reunión que finalmente tendrá lugar la próxima semana en Cuba, país que el papa visitó el pasado septiembre.

Aunque aún no está confirmado, Pérez no descartó que el patriarca Kiril mantenga también encuentros con miembros de la jerarquía católica de la isla, durante los cuatro días que permanecerá en Cuba, primera parada de una gira por Latinoamérica.

El papa hará una escala en La Habana antes de su viaje oficial a México para reunirse durante un par de horas con Kiril en el aeropuerto, donde les recibirá el presidente Raúl Castro y firmarán una declaración conjunta.

Según el portavoz de los obispos, el papa sigue sumando éxitos en su intención de «romper barreras» y acercar pueblos, como ya hizo entre EE.UU. y Cuba, dos naciones que restablecieron sus relaciones diplomáticas hace un año tras décadas de enemistad, un proceso que contó con la mediación del Vaticano y de Francisco, personalmente.

Para Pérez, ese encuentro entre los líderes de la Iglesia católica y ortodoxa, separadas por un cisma en 1054, puede ser un primer paso para fomentar un mayor diálogo y acercamiento entre religiones.

En este sentido, recordó que Francisco viajará el próximo octubre a Suecia para participar en una ceremonia conjunta entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial, para conmemorar el 500 aniversario de la Reforma.

Religión Digital/Agencias

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Francisco y Kirill se encontrarán en el aeropuerto de Cuba el 12 de febrero

domingo, 7 de febrero de 2016
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sin-kir_560x280Será la primera reunión de los líderes de la Iglesia católica y la Ortodoxa Rusa desde el cisma de 1054

Roma y Moscú firmarán una histórica declaración común, con la presencia de Raúl Castro

(Jesús Bastante).- Sorpresa histórica. El Papa Francisco, líder de la Iglesia católica, y el patriarca ortodoxo de Moscú, Kirill, se encontrarán por primera vez en la historia, el próximo 12 de febrero en el aeropuerto de La Habana, según acaba de anunciar el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

Desde 1054, fecha de las excomuniones mutuas y el mayor cisma de la Cristiandad, ningún Papa o patriarca de Moscú -las dos iglesias cristianas más importantes del mundo- se habían encontrado. Aunque las excomuniones fueron revocadas hace medio siglo, el sueño de un encuentro entre los principales líderes cristianos parecía una quimera hasta hace muy poco.

La voluntad de Francisco y de Kirill, y la casualidad, han hecho el resto. Así, ambos coincidían en Centroamérica. Francisco camino de México, y Kirill, en Cuba. En un comunicado conjunto, ambas iglesias anuncian, «por gracia de Dios», que ambos pontífices «se encontrarán el próximo 12 de febrero en el aeropuerto José Martí«. El encuentro, según explica Lombardi, tendrá como mediador al presidente Raúl Castro, quien ejercerá de anfitrión.

«El Papa hará escala en Cuba antes de su viaje a México», añadió Lombardi, quien incidió que el encuentro «concluirá con la firma de una declaración común». El encuentro personal será privado. «Este encuentro de los primados ha sido preparado desde hace tiempo, y será el primero en la historia, y marcará una etapa importante en las relaciones» entre las dos iglesias.

«Se trata de una señal de esperanza«, por lo que el Vaticano y el Patriarcado de Moscú «invitan a los cristianos a rezar con fervor para que Dios bendiga este encuentro».

Si bien existían, y aún existen, leves diferencias teológicas entre católicos y ortodoxos, el origen del Gran Cisma que separó a las Iglesias de Oriente y Occidente fue más bien político y surgió de la división del Imperio Romano en dos polos de poder que competían entre sí por la primacía sobre el orbe cristiano: Roma, sede del Papado, y Constantinopla, capital del Imperio Bizantino. La ruptura se produjo en 1054 cuando los representantes del Papa y el Patriarcado de Constantinopla se excomulgaron mutuamente después de que este último se negara a ayudar a Roma en su lucha contra el avance normando en el sur de Italia.

Al cisma siguieron siglos de conflictos con episodios que ahondaron la división, como la masacre de católicos a manos ortodoxas en 1182 o la captura de territorios bizantinos por los cruzados y otras fuerzas católicas, por ejemplo la conquista y saqueo de Constantinopla en 1204. La opresión católica en los territorios ocupados dejó tal profunda huella en la psique colectiva que aún se puede rastrear en la desconfianza que profesan ciertas Iglesias ortodoxas nacionales -como la serbia, la rusa o la griega- hacia los países de Europa occidental. Muchos ortodoxos tampoco perdonan que los europeos occidentales se negasen a ayudar a los bizantinos contra los turcos musulmanes en 1453, año en que estos tomaron Constantinopla.

De ahí que, cuando en 1964, durante un encuentro entre el patriarca ortodoxo Atenágoras I y el Papa Pablo VI, ambas Iglesias acordaron declarar nulas las excomuniones de nueves siglos antes y comenzar a tender puentes, ciertos popes ortodoxos no pudieron soportar lo que consideraban una humillante sumisión ante los pérfidos católicos.

Comunicado de prensa conjunto de la Santa Sede y del Patriarcado de Moscú

La Santa Sede y el Patriarcado de Moscú tienen el placer de anunciar que, por gracia de Dios, Su Santidad el Papa Francisco y Su Santidad el Patriarca Kirill de Moscú y toda Rusia, se encontrarán el próximo 12 de febrero. El encuentro se realizará en Cuba, donde el Papa hará escala antes de su viaje a México, y donde el Patriarca estará en visita oficial. Comprenderá un coloquio personal en el aeropuerto internacional José Martí de la Habana y concluirá con la firma de una declaración común.
Este encuentro de los primados de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa Rusa, preparado desde hace tiempo, será el primero en la historia y marcará una etapa importante en las relaciones entre las dos iglesias. La Santa Sede y el Patriarcado de Moscú desean que sea una señal de esperanza para todos los hombres de buena voluntad. Invitando a todos los cristianos a rezar con fervor para que Dios bendiga este encuentro, que de buenos frutos.

Fuente Religión Digital

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«En la misma dirección». 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 24 de enero de 2016
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3-TO-C-290x300Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. Los cristianos han de saber en qué dirección empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.

Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús pues exponen la tarea a la que se siente enviado por Dios.

Sorprendentemente, el texto no habla de organizar una religión más perfecta o de implantar un culto más digno, sino de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Al terminar, les dice: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados. En esta dirección hemos de trabajar sus seguidores. Esta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. Los últimos han de ser los primeros en conocer esa vida más digna, liberada y dichosa que Dios quiere ya desde ahora para todos sus hijos e hijas.

No lo hemos de olvidar. La «opción por los pobres» no es un invento de unos teólogos del siglo veinte, ni una moda puesta en circulación después del Vaticano II. Es la opción del Espíritu de Dios que anima la vida entera de Jesús, y que sus seguidores hemos de introducir en la historia humana. Lo decía Pablo VI: es un deber de la Iglesia «ayudar a que nazca la liberación… y hacer que sea total».

No es posible vivir y anunciar a Jesucristo si no es desde la defensa de los últimos y la solidaridad con los excluidos. Si lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús no es captado como algo bueno y liberador por los que más sufren, ¿qué evangelio estamos predicando? ¿A qué Jesús estamos siguiendo? ¿Qué espiritualidad estamos promoviendo? Dicho de manera clara: ¿qué impresión tenemos en la iglesia actual? ¿Estamos caminando en la misma dirección que Jesús?

José Antonio Pagola

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El Comercio no publicará más artículos de Cipriani

domingo, 23 de agosto de 2015
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juan-luis-cipriani-thorneAdemás de intransigente, fundamentalista y homófobo… copión… Si es que «antes se le coge al mentiroso que al cojo«… dice el refrán.

«Son una estrategia para hacer daño»

El cardenal plagió a Pablo VI y Ratzinger

Tras revelarse el plagio que cometió el cardenal Juan Luis Cipriani en dos de sus columnas publicadas en El Comercio, el diario ha decidido no darle más espacio para la publicación de sus artículos.

En un comunicado publicado en la web del diario se informa que el diario retiró los artículos en base a su política de contenidor. «Los textos han sido retirados porque el diario no publica artículos donde aparecen como quien firma los textos que en realidad son de terceros», se lee en el comunicado.

Finalmente aclara que Cipriani «no tiene un lugar específico en el periódico» por lo que «no hay espacio que pueda cancelar». «Está claro que el diario no publicará más artículos del cardenal», cierra el comunicado.

El cardenal fue acusado de plagiar al papa Benedicto XVI en su columna de opinión titulada «Sentido primaveral de nuestra historia». Más tarde, el cardenal pidió perdón por no colocar la cita alegando «falta de espacio».

Por su parte, Cipriani aseguró que las acusaciones son «una estrategia para hacer daño». El cardenal indicó que «si ha habido una impresión de ellos de haber usado ideas o planteamientos sin citar fuentes, renueva sus disculpas al diario y a los lectores».

Sin embargo, pese a lo señalado, lamentó que el diario El Comercio haya anunciado que no le permitirá volver a escribir y señaló que «podía haberse conversado con un poco más de confianza pues hay una clara explicación«.

En otro momento señaló que, a su parecer, existiría una «pequeña revencha o un intento para que no hable» luego de que el diario no no aceptaran la carta de justificación por sus columnas.

Además sentenció que continuará expresando sus opiniones en los demás sitios donde se le permita. «Me queda RPP, así como la Catedral de Lima, donde siempre me pueden buscar», afirmó.

El tema es que el arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani, tuvo que admitir el miércoles que omitió las fuentes en dos artículos de opinión que publicó en uno de los principales diarios de Perú y en en los que usó frases textuales de dos pontífices.

«Lamento que la brevedad del espacio me llevó a omitir las fuentes y reconozco ese error«, afirma Cipriani en una carta dirigida al director de El Comercio, diario de referencia en Perú. El obispo peruano utilizó extractos del libro «Communio» del entonces cardenal Joseph Ratzinger y de la encícilica «Ecclesiam Suam» de Pablo VI.

El caso fue revelado el lunes por el portal de noticias utero.pe y despertó una oleada de comentarios en las redes sociales y en blogs acusando de plagio al cardenal, conocido por sus posiciones ultraconservadoras en política y moral.

El artículo que encendió la chispa fue «Sentido primaveral de la historia«, un texto donde aboga por «hacer valer en la vida pública el plano moral», y que fuera publicado el domingo pasado en El Comercio. En ese texto aparecen varias frases de «Communio», libro de Ratzinger publicado en 1995 antes de devenir el papa Benedicto XVI, según comprobó el portal peruano.

La omisión dio pie a rebuscar errores en otros textos, lo que ocurrió con el artículo «Tú tienes la palabra», publicado también en El Comercio el 23 de mayo de este año, donde se encontró párrafos de la encíclica de Pablo VI, «Ecclesiam Suam».

«He visto la reacción que ha suscitado en algunos blogs de redes sociales y siento la necesidad de responder a ellos«, acotó Cipriani en su carta. El cardenal peruano señala como atenuante que «las tesis que expone (en sus artículos) son parte del patrimonio de las enseñanzas de la iglesia católica«. Según Cipriani, «este patrimonio común de nuestra fe no tiene, por decirlo así, una propiedad intelectual, pero es habitual y correcto citarlos para una mejor comprensión y, en ocasiones, para reforzar la autoridad de la doctrina que se expone«.

El diario El Comercio señaló en una nota que «lamenta profundamente lo ocurrido con estos artículos de Cipriani» y recuerda que, «más allá de las que puedan ser las consideraciones internas de la iglesia católica«, se deben «hacer las menciones correspondientes para no dar una idea equivocada al lector sobre la autoría».

(Rd/Agencias)

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San Romero de América, en los altares y en los corazones

domingo, 24 de mayo de 2015
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beatificacion-de-monsenor-romero_560x280Multitudinaria beatificación de Oscar Arnulfo Romero en San Salvador

Monseñor Paglia dice que «Romero cargó sobre sus hombros todo el dolor de los pobres»

(José M. Vidal).- Fiesta de la fe y del amor para elevar a los altares oficialmente (en los corazones ya estaba) al obispo mártir de la justicia Oscar Arnulfo Romero. En la plaza de Cristo Salvador abarrotada de fieles. En una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, que aseguraba, en su homilía, que la opción proferencial por los pobres del nuevo beato no era ideológica, sino evangélica.

Acompañado de cientos de obispos, cardenales y sacerdotes. Con casullas rojas, como corresponde a la beatificación de un mártir.

«Que se digne inscribir en el número de los beatos a Oscar Arnulfo Romero», pide el arzobispo de San Salvador. A continuación, el postulador de su causa, Vincenzo Plagia lee la biografía del aspirante a beato. Y reslata que, en sus obras, escribió: «Los pobres son la encarnación de Cristo». O «deseo ser una hostia ofrecida al Señor sobre el altar». Y el Señor se lo concedió.

Y Paglia sigue contando su vida y sus palabras. Decía, por ejemplo, «el obispo no es sólo un profeta, sino un creador de comunidad». Y su relato se ve interrumpido por aplaudos. «Con Romero, Jesús caminaba de nuevo con su pueblo», dice monseñor Plagia. Y añade que «cargó sobre sus hombros con todo el dolor de los pobres«. «El pueblo sintió el olor de pastor de Romero y éste llegó a ser un ejemplo de pastor que defiende a los pobres».

«Lo acusaron de hacer política, pero Romero aclaraba: ‘lo que busco hacer no es política, sino Evangelio que tiene que iluminar las calles del país«

Paglia dice que Romero veneraba a Pablo VI, mientras a Juan Pablo II apenas tuvo tiempo de conocerlo. «El secreto de la verdad, para mí, es estar en comunión con el Papa» «Su voz se difundió por toda la tierra y el sensus fidelium lo veneró desde siempre como santo». «Hoy Romero sigue pidiendo nuestra conversión»

«Con esta celebración se lleva a cabo la misa interrumpida el día del martirio y la otra interrumpida la del día del funeral. Y, desde el cielo, Romero bendice a este país, a todo el mundo, a toda la Iglesia y al Papa Francisco que sentimos cerca de nosotros en estos momentos«.

A continuación se lee, precisamente, la carta del Papa Francisco en la que concede el permiso para beatificar a monseñor Romero. Y el pueblo aplaude y canta el Amén.

Y, entre una estruendosa ovación, llegan las reliquias de monseñor Romero. En una urna, la camisa ensangrentada que llevaba el dia de su asesinato. Mientras suena «Tu reino es justicia, tu reino es paz, venga a nosotros tu reino, Señor».

El pueblo de el Salvador, a través de su arzobispo, monseñor Alas, agradece la beatificación al Papa: «Expreso nuestro más profundo agradecimeinto al Papa Francisco por la beatificación del mçártior Oscar Romero, que derramó su sangre en defensa de la fe».

Tras las lecturas, la intencionada homilía de monseñor Amato.

Algunas frases de la homilía del cardenal Amato

«La beatificación de monseñor Romero es una fiesta de gozo y de fraternidad. Un don del Espíritu Santo a la Iglesia y a la noble nación salvadoreña»

«La del obispo es una dura tarea, como decía San Agustín»

«Romero amó a sus fieles y a sus sacerdotes con el afecto y con el martirio, dando la vida como ofrenda de reconciliación y de paz»

«Testigo heróico del Reino de Dios»

«Las almas de los justos están en las manos de Dios»

«La memoria de Romero sigue viva y da consuelo a los pobres y marginados de la tierra»

«Nada ni nadie separó a Romero de Cristo y de su Evangelio»

«Una bala traidora lo hirió de muerte y su sangre se mezcló con la sangre redentora de Cristo»

«¿Quién era Romero? ¿Cómo se preparó al martirio?»

«Era un sacerdote bueno, un obispo sabio, pero sobre todo un hombre virtuoso. Amaba a Jesús y lo adoraba en la eucaristía. Amaba a la Iglesia y al Papa y a su pueblo»

«El martirio no fue una improvisación, sino que tuvo una larga preparación»

«Hombre de fe profunda y de esperanza inquebrantable»

«Siempre decía: ‘Con tu todo y con mi nada haremos mucho»

«Un cambio en su vida de pastor casi tímido fue el asesinato de Rutililo Grande, jesuita salvadoreño»

«Este evento tocó el corazón de monseñor Romero»

«Los campesinos se quedaban huérfanos y Romero quiso tomar su puesto»

«La liberación que el padre Grande predicaba se inspira en la fe»

«Desde aquel día, su lenguaje se volvió más explícito en la defensa del pueblo oprimido, sin preocuparse de las amenazas que cotidianamente recibía»

«Sus palabras no eran una provocación al odio y a la venganzia, sino una invitación a la concordia de sus hijos divididos»

«Soñaba que un día, sobre las ruinas del mal, brillaría la gloria de Dios y su amor»

«Su opción por los pobres no era ideológica, sino evangélica. Su caridad se extendía también a los perseguidores»

«La caridad pastoral le infundía una fortaleza extraordinaria»

«Tengo que ir adelante. No guardo rencor a nadie, decía»

«Romero es otra estrella luminosa que se enciende en el firmamento espiritual de la Iglesia americana»

«Son muchos los santos de este maravilloso continente»

«Tierra de amor y fidelidad a la buena noticia del Evangelio»

«Su beatificación, fiesta de paz, de justicia y de perdón»

«Que su martirio sea una bendición para El Salvador para las familias, los pobres y los ricos. Para todos los que buscan la felicidad»

«Romero no es un símbolo de división, sino de paz, de concordia y de fraternidad»

«Romero es nuestro. Pertenece a la Iglesia y a la humanidad»

«Romero es nuestro, pero también de todos. Para todos es el profeta del amor de Dios y del amor al prójimo»

«Beato Oscar Romero, ruega por nosotros»

https://www.youtube.com/watch?v=zvNfFTk29Hk

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«Rutilio Grande, cristiano liberador», por Carlos Ayala

domingo, 22 de marzo de 2015
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Pbro-_Rutilio_Grande,_SJ_2014-02-26_09-49Leído en Adital:
Este 12 de marzo se cumplen 38 años de la muerte de quien ha sido considerado el primer mártir de la Iglesia salvadoreña y cuya causa de beatificación ha sido sugerida por el propio papa Francisco. Hablamos del padre Rutilio Grande, asesinado en 1977 junto a dos campesinos: Manuel Solórzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16. ¿Quién era Rutilio Grande? Veamos cómo lo describe monseñor Romero en la homilía que pronunció durante las exequias del padre Grande, el 14 de marzo de 1977.Monseñor Romero mostró gran pena por cada uno de sus sacerdotes asesinados; y en el caso de Rutilio, ese dolor caló más hondo por la amistad entrañable que había entre ellos. Las primeras palabras de su homilía son elocuentes en ese sentido: «Si fuera un funeral sencillo, hablaría aquí, queridos hermanos, de unas relaciones humanas y personales con el padre Rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos muy culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí y esos gestos jamás se olvidan; pero el momento no es para pensar en lo personal, sino para recoger de ese cadáver un mensaje para todos nosotros, que seguimos peregrinando”. Y en seguida el arzobispo explica cuál es ese mensaje, siguiendo las enseñanzas de la Exhortación apostólica de Pablo VI, Evangelii nuntiandi, un texto de suma importancia eclesial, porque en él se plantea cómo evangelizar considerando las problemáticas y desafíos del llamado mundo moderno.Pues bien, siguiendo el espíritu y letra de ese documento, Romero recuerda que ante la angustia de los pueblos en condiciones de hambre y miseria, la Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, el deber de ayudar a que nazca esa liberación, de dar testimonio de ella y de hacer que sea total. Así, la Iglesia trata de suscitar que cada vez más cristianos se dediquen a la liberación de los demás. A estos cristianos «liberadores” les da una inspiración de fe, una motivación de amor fraterno, una doctrina social a la que no solo deben prestar atención, sino ponerla como base de su prudencia y de su experiencia para traducirla concretamente en categorías de acción, de participación y de compromiso. Rutilio, según Romero, representa un testimonio ejemplar de quien ha unificado, desde la fe cristiana, evangelización y liberación. Este es el marco para comprender su vida y su muerte.En vida, enfatiza Romero, Rutilio fue «un sacerdote, un cristiano que en su bautismo y en su ordenación sacerdotal ha hecho una profesión de fe: creo en Dios Padre revelado por Cristo su Hijo, que nos ama y que nos invita al amor. Creo en una Iglesia que es signo de esa presencia del amor de Dios en el mundo, donde los hombres se dan la mano y se encuentran como hermanos”. En vida hizo realidad el mensaje de la Iglesia plasmado en su doctrina social, que dice a todo ser humano «que la religión cristiana no tiene un sentido solamente vertical, espiritualista, olvidándose de la miseria que lo rodea. Es un mirar a Dios, y desde Dios mirar al prójimo como hermano y sentir que todo lo que hicieran a uno de estos a mí lo hacen”.

Y en la muerte de Rutilio, continúa monseñor, se puso de manifiesto su generosa y total entrega. «Es significativo que mientras el padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. Y luego una paradoja. Monseñor Romero, en medio de la persecución y frente al cadáver de Rutilio, anuncia una esperanza: «Hermanos, salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la patria parece que no hay solución y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos: Bendito sea Dios que en la muerte del padre Grande, la Iglesia está diciendo: Sí hay solución, la solución es el amor, la solución es la fe”.

Monseñor Romero, pues, destaca el carácter liberador del modo de ser cristiano del padre Rutilio. Y lo hace para que, inspirados en ese amor y en esa fe del protomártir, podamos también ser cristianos liberadores. Esto es, creyentes proféticos, utópicos y comprometidos. Tres rasgos cuyos contenidos quedan planteados en una de las homilías más emblemáticas pronunciadas por el padre Grande en febrero de 1977. Terminamos recordando algunos fragmentos.

Profecía. «Mucho me temo, mis queridos hermanos y amigos, que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán entrar por nuestras fronteras. Nos llegarán las pastas nada más, porque todas sus páginas son subversivas. ¡Subversivas contra el pecado, naturalmente! (…) Es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro país. Porque el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva”.

Utopía. «Manteles largos, mesa común para todos, taburetes para todos. ¡Y Cristo en medio! Él, que no quitó la vida a nadie, sino que la ofreció por la más noble causa. Esto es lo que Él dijo: ¡Levanten la copa en el brindis del amor por mí! Recordando mi memoria, comprometiéndose en la construcción del Reino, que es la fraternidad de una mesa compartida, la eucaristía”.

Compromiso. «Hermanos míos, algunos quieren un dios de las nubes. No quieren a ese Jesús de Nazaret, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Quieren un dios que no les interrogue, que les deje tranquilos en su establecimiento y que no les diga estas tremendas palabras: ‘Caín, ¿qué has hecho de tu hermano Abel’?”. Este era el sentir del mártir Rutilio Grande. Que nuestro homenaje sea convertirnos en cristianos liberadores.

 Carlos Ayala Ramírez

Director de Radio YSUCA

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Cardenal Reinhard Marx: «No podemos estar diciendo cada día que alguien está viviendo el pecado». No es posible decir: «Todo lo que tú haces, porque tú eres homosexual, es negativo»

sábado, 14 de febrero de 2015
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el-cardenal-marxUna interesante  entrevista que ha puesto de los nervios a la Caverna y a su medio digital…

«La des-clericalización del poder es muy importante para la Curia Romana»

«No estamos creando una nueva Iglesia, pero hay un aire fresco, un paso hacia adelante»

«No podemos estar diciendo cada día que alguien está viviendo el pecado»

(Luke Hansen, sj., en América).- El Cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Freising, es presidente de la conferencia episcopal alemana, miembro del Consejo de Cardenales que aconseja al Papa Francisco en materias de gobernanza eclesial, coordinador del Consejo Vaticano para la Economía y autor de El Capital: Un clamor por el hombre (2008).

Su experiencia en el Consejo de Cardenales, ¿le ha dado alguna perspectiva diferente sobre la Iglesia?

Tengo una nueva responsabilidad. Cuando me entrevistan -como hoy- y me preguntan, «¿Qué está haciendo en el consejo?» y «¿Qué significa estar con el Papa?», siento una gran responsabilidad. Sin embargo, no veo a la Iglesia de una manera nueva. He sido obispo durante 18 años, cardenal por 5 años, y he sido parte de Sínodos. Veo, sí, mi nueva responsabilidad y sus nuevas oportunidades, y también el momento histórico como un paso hacia delante en la Iglesia y de ser parte de la historia de la Iglesia.

¿Cuáles son las nuevas oportunidades?

Todo este pontificado ha abierto nuevos derroteros. Pueden sentirse. Aquí en los Estados Unidos todos hablan sobre Francisco, incluso personas que no pertenecen a la Iglesia Católica. Tengo que decirlo: El papa no es la Iglesia. La Iglesia es más que el papa. Pero hay una nueva atmósfera. Un rabino me dijo, «Diga al papa que nos ayuda por fortalecer toda religión, no solo a la Iglesia Católica«. Entonces se trata de un nuevo movimiento.

En el Consejo de Cardenales tenemos la misión especial de crear una nueva constitución para la Curia Romana, reformar el Banco del Vaticano y discutir muchos otros temas con el papa. Pero no podemos estar presente todos los días en Roma. Este pontificado debe verse así, como un paso mayor y nuevo. Es mi impresión que estamos en camino. No estamos creando una nueva iglesia -sigue siendo la Católica- pero que hay un aire fresco, un paso hacia adelante.

¿Qué desafío plantea este nuevo tiempo a la Iglesia?

Lo mejor es leer Evangelii Gaudium. Algunas personas dicen, «No sabemos lo que el papa quiere realmente.» Yo digo, «Lean el texto.» No da respuestas mágicas a cuestiones complejas, pero sí muestra el rumbo del Espiritu, la manera de la evangelización, estando cerca de la gente, cerca de los pobres, cerca de quienes han fallado, cerca de los pecadores, no una iglesia narcisista, no una iglesia de temor. Hay un impulso nuevo, libre, a salir afuera. Algunos se preocupan de lo que va a suceder. Francisco usa la siguiente imagen: «Prefiero una iglesia herida, adolorida y sucia porque ha estado en las calles«, más que una iglesia que es muy limpia y que tiene la verdad y todo lo necesario. Esta última no ayuda a las personas. El Evangelio no es nuevo, pero Francisco lo expresa de una manera nueva que inspira a muchas personas en todo el mundo, y que dicen, «Sí, esa es la Iglesia.» Es un gran regalo para nosotros. Es muy importante. Veremos qué hace. Ha sido Papa por solo dos años, lo que no es mucho tiempo.

¿Qué nos puede decir acerca del Papa Francisco, la persona, sobre su trabajo muy cercano a él?

El es muy auténtico. Es relajado, calmado. A su edad no necesita lograr cosas o probar que es «alguien». Es muy claro y abierto, y sin ser orgulloso. Y fuerte. No es una persona débil, sino fuerte. Pienso que no es tan importante analizar el carácter del Papa, pero entiendo el interés.

Lo que sí es interesante es cómo, junto con él, podemos desarrollar un camino hacia adelante en la Iglesia. Por ejemplo, el escribe en Evangelii Gaudium acerca de las relaciones entre el centro que es Roma y las conferencias de obispos, y también acerca del trabajo pastoral en las parroquias, las iglesias locales y el carácter de los Sínodos. Estas son cosas muy importantes para el futuro de la Iglesia. Es tan importante como tener un Papa. Hoy en día todo el mundo está hablando acerca de la Iglesia Católica, no totalmente de manera positiva, pero sí en su mayoría.

Así, Cristo lo hizo muy bien al crear el oficio de San Pedro. Lo vemos. Pero esto no significa centralismo. Le dije al Papa, «Un institución centralizada no es una institución fuerte. Es una institución débil«. El Concilio Vaticano II comenzó a establecer un nuevo equilibrio entre la Iglesia central y las iglesias locales, porque se vio, hace 50 años, el comienzo de la iglesia universal. Esto sin embargo no está todavía logrado. Debemos hacer que ocurra por primera vez. Ahora, 50 años después, vemos lo que debe ser una iglesia en un mundo globalizado, una iglesia universal, globalizada. Aun no la hemos organizado de manera suficiente. Esta es la gran tarea para este siglo. La tentación es centralizar, pero esto no funcionará. El otro desafío es encontrar un camino para explicar la fe en las distintas regiones del mundo. ¿Qué es lo que los sínodos y las iglesias locales hacen en conjunto con Roma? ¿Cómo podemos hacer esto de una manera correcta?

Dos temas del Sínodo son los divorciados católicos vueltos a casar y los católicos gay, especialmente los que mantienen relaciones. ¿Tiene usted oportunidad de escuchar directamente a estos católicos en su actual ministerio?

He sido sacerdote por 35 años. Este problema no es nuevo. Tengo la impresión que tenemos mucho que hacer en el campo teológico, no solamente en relación a la cuestión del divorcio, sino también en cuanto a la teología del matrimonio. Me sorprendo cuando algunos dicen sobre este asunto, «todo está claro». Las cosas no están claras. No es una cuestión acerca de cómo la doctrina de la Iglesia está siendo determinada por los tiempos actuales. Es una cuestión de aggiornamento, de decir todo esto de manera que la gente pueda entenderlo, y de adaptar siempre nuestra doctrina al Evangelio, a la teología, en sentido de encontrar nuevos caminos para entender lo que Jesús dijo, el significado de la tradición de la Iglesia, la teología y así con las otras cosas. Hay mucho que hacer.

He hablado con muchos expertos -canonistas y teólogos- quienes reconocen muchas cuestiones relacionadas con la sacramentalidad y validez de los matrimonios. Una interrogante es: ¿Qué podemos hacer cuando una persona se casa, se divorcia y luego encuentra un nuevo compañero/a? Hay diversas posiciones. Algunos obispos en el Sínodo dijeron: «Están viviendo en pecado». Pero otros dijeron: «No podemos estar diciendo cada día que alguien está en pecado. Esto no es posible«. Como ve, hay cuestiones acerca de las cuales debemos conversar. Abrimos una discusión sobre estos temas en la Conferencia de los Obispos alemanes. Ahora el texto está publicado. Pienso que es un muy buen texto y una buena contribución para la discusión en el Sínodo.

Es muy importante que en el Sínodo no se tenga el espíritu del «todo o nada». No es un buen camino. El Sínodo no puede tener ganadores y perdedores. Este no es el espíritu del Sínodo. El espíritu del Sínodo está en encontrar un camino juntos, no decir, «¿Cómo puedo encontrar un camino para imponer mi postura, mi pensamiento?» Más bien: «¿Cómo puedo entender la otra postura, y cómo podemos encontrar juntos una nueva postura?» Este es el espíritu del Sínodo.

Por lo tanto, es importante señalar que estamos trabajando sobre estos temas. Espero que el Papa inspirará este Sínodo. El Sínodo no puede decidir. Solo es un concilio o un papa puede decidir. Estas cuestiones deben ser entendidas en un contexto más amplio. La tarea es ayudar a la gente a vivir. No se trata, de acuerdo con Evangelii Gaudium, acerca de cómo podemos defender la verdad. Se trata de ayudar a la gente a encontrar la verdad. Esto es lo importante.

La Eucaristía y la reconciliación son necesarias para la gente. Decimos a algunas personas, «Tú no te reconciliarás hasta tu muerte». Esto es imposible de creer cuando ves las situaciones. Puedo poner ejemplos. En el espíritu de Evangelii Gaudium debemos ver cómo la Eucaristía es medicina para la gente, para ayudar a la gente. Debemos encontrar caminos para que la gente pueda recibir la Eucaristía. ¡No se trata de encontrar caminos para mantenerlos afuera! Debemos encontrar caminos para acogerlos. Debemos utilizar nuestra creatividad para preguntarnos, «¿Podemos hacer algo?«. Quizás no es posible en algunas situaciones. Esa no es la cuestión. El objetivo es cómo podemos acoger a las personas.

En el Sínodo usted se refirió «al caso de dos homosexuales que han estado viviendo juntos por 35 años y cuidándose uno al otro, incluso en las últimas fases de sus vidas», y usted preguntó: «¿Cómo podemos decir que eso no tiene valor?» ¿Qué ha aprendido usted de estas relaciones y tienen alguna relación con la ética sexual actual?

Al hablar de ética sexual, quizás no tenemos que comenzar con el hecho de dormir juntos, sino con el amor, la fidelidad y la búsqueda de una relación que dure toda la vida. Yo estoy asombrado de como la mayoría de nuestros jóvenes, incluidos los católicos homosexuales activos, buscan una relación que dure para siempre. La doctrina de la Iglesia no es extraña para esta gente. Es verdad. Debemos comenzar desde los puntos centrales de la doctrina para ver el sueño: el sueño es que una persona diga, o un hombre y una mujer digan, «Usted y usted, para siempre.», «Usted y usted, para siempre». Y que nosotros como Iglesia digamos: «Sí, eso está Ok. ¡Su visión es la correcta!». Entonces, así encontramos un camino. Entonces, después quizás se da un fracaso. Ellos encuentran a la persona, y quizás no es un gran éxito. Pero la fidelidad de por vida está bien y es buena.

La Iglesia dice que una relación gay no está al mismo nivel que una relación entre un hombre y una mujer. Eso es claro. Pero cuando ellos son fieles, cuando están comprometidos con los pobres, cuando están trabajando, no es posible decir: «Todo lo que tú haces, porque tú eres homosexual, es negativo». Eso no debe ser dicho, y yo no he escuchado ninguna crítica al respecto. No es posible mirar a una persona solo desde un punto de vista, sin mirar la situación completa de la persona. Eso es muy importante en ética sexual.

Lo mismo pasa con las personas que están juntas pero se casan más tarde, o cuando son fieles el uno al otro pero están unidos sólo por el matrimonio civil. No es posible que digamos que esa relación fue totalmente negativa si es que en la pareja son fieles el uno al otro, y están esperando, o planificando su vida, y después de diez años encuentran el camino hacia el sacramento. Cuando es posible, tenemos que ayudar a la pareja a encontrar plenitud en el sacramento del matrimonio. Nosotros discutimos de estas cosas en el Sínodo, y muchos padres sinodales compartían esta opinión. Yo no estaba solo en este tema.

El mes pasado el obispo Johan Bonny de Amberes, Bélgica, dijo que la Iglesia debía reconocer una «diversidad de formas» y podría bendecir a algunas relaciones homosexuales basadas en los valores del amor, fidelidad y compromiso. ¿Es importante para la Iglesia discutir estas posibilidades?

Yo dije en el Sínodo que Pablo VI tuvo una gran visión en «Humanae Vitae». La relación entre un hombre y una mujer es muy importante. Las relaciones sexuales en una relación fiel están fundadas en la conexión entre la procreación, el darse amor, la sexualidad y la apertura a la vida. Pablo VI creía que esa conexión podía ser destruida. Él estaba en lo correcto; basta mirar todas las cuestiones abiertas por la medicina reproductiva. No podemos excluir este gran modelo de sexualidad, y decir, «tenemos diversidad» o «todos tienen el derecho a…«. El gran significado de la sexualidad es la relación entre un hombre y una mujer y la apertura a dar vida. Yo también he mencionado previamente que la cuestión de acompañar personas, para ver que están haciendo las personas con su vida y sus situaciones personales.

¿Cómo vivirán las Iglesias Católica y Protestantes el 500° Aniversario de la Reforma en 2017? ¿Cuáles son las posibilidades de una mayor cooperación entre nuestras Iglesias?

Nosotros estamos recorriendo un buen camino en Alemania al nivel de la Santa Sede, con la Federación Luterana Mundial, para reunirnos a hacer memoria sobre este acontecimiento. Nosotros, la Iglesia Católica, no podemos «celebrar» este aniversario, pues no es bueno que la Iglesia haya estado dividida durante estos siglos. Pero tenemos que sanar nuestras memorias – un importante paso adelante en nuestra relación. En Alemania, yo estuve muy contento de constatar que las cabezas de la Iglesia Protestante tienen muy claro que no quieren celebrar este aniversario sin los católicos. Hace cien años, o incluso hace 50 años, un obispo Protestante jamás habría dicho: «Yo sólo celebraré cuando los católicos estén presentes». Por lo tanto, estamos planificándolo juntos. «Sanar nuestras memorias» será una celebración en conjunto.

En Alemania, las cabezas de la Iglesia Protestante y la Iglesia Católica harán una peregrinación a Tierra Santa para volver a nuestras fuentes. Haremos una celebración mayor, no sobre Martín Lutero, sino sobre Cristo, una fiesta de Cristo, para mirar hacia adelante: ¿cuál es nuestro testimonio hoy? ¿qué podemos hacer hoy? ¿cuál es el futuro de la fe cristiana y qué podemos hacer juntos? Esos son nuestros planes para enmarcar el aniversario 500° de la Reforma.

El papa Francisco ha invitado a un rol más importante de las mujeres en la Iglesia. ¿Qué es lo que imagina como posible? ¿Qué ayudaría a la Iglesia a cumplir mejor su misión?

La des-clericalización del poder es muy importante para la Curia Romana y para la administración de las diócesis. Debemos mirar el derecho canónico y reflexionar teológicamente, para ver cuáles roles necesariamente requieren sacerdotes; y luego todos los demás roles, en el sentido más amplio posible, tienen que estar abiertos para los laicos, hombres y mujeres, pero especialmente mujeres. En la administración del Vaticano no es necesario que los sacerdotes guíen todas las congregaciones, consejos y departamentos. Es una pena que no haya mujeres entre los laicos del Consejo de Economía. Los especialistas fueron elegidos antes de que yo comenzara como coordinador, pero buscaré a mujeres para servir en ese rol.

Por primera vez en la historia del Vaticano, nuestro consejo tiene a laicos con las mismas responsabilidades y derechos que los cardenales. Eso no parece ser una gran cosa, pero las grandes cosas comienzan con pequeños pasos, ¿cierto?

Yo lo digo y lo repito también en mi diócesis: Por favor vean cómo podemos incorporar a los laicos, especialmente a las mujeres, en posiciones de responsabilidad en la administración diocesana. Nosotros hemos elaborado un plan para la Iglesia Católica en Alemania para tener a más mujeres en posiciones de liderazgo en las administraciones diocesanas. En tres años evaluaremos que es lo que se ha hecho al respecto.

En este asunto debemos hacer un gran esfuerzo por el futuro, no solamente para ser modernos e imitar al mundo, sino para darnos cuenta de que esta exclusión de las mujeres no está en el espíritu del Evangelio. A veces el desarrollo del mundo nos da pistas – vox temporis vox Dei («la voz de los tiempos es la voz de Dios»). El desarrollo en el mundo nos da signos, signos de los tiempos. Juan XXIII y el Concilio Vaticano II nos dijeron que debemos interpretar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio. Uno de esos signos son los derechos de la mujer, la liberación de la mujer. Juan XXIII lo dijo hace más de 50 años. Estamos siempre en camino para realizarlo.

El progreso no es aparente.

¡A veces ha sido peor!

¿Qué impedimentos necesitan superarse?

La mentalidad! La mentalidad! La mentalidad! Y las decisiones de los responsables. Está claro: Los obispos tienen que decidir. Los obispos y el Santo Padre tienen que comenzar a cambiar. He participado en seminarios y cursos para jefes de empresas, y siempre estuvo claro que los peldaños se limpian desde arriba, no desde abajo -de arriba hacia abajo, no de abajo hacia arriba. Entonces son los líderes quienes deben comenzar. Los jefes. La mentalidad debe cambiar. La Iglesia no es una empresa, pero los métodos no son demasiado diferentes. Debemos trabajar más en equipo, en proyectos. La pregunta es: ¿Quién tiene los recursos para llevar esas ideas adelante? No, ¿quién es clerical? Dios nos da a todas esas personas, y nosotros decimos, «No, no es un clérigo, no puede hacer este trabajo, o su idea no es tan imporante». Esto no es aceptable. No, no, no.

El Papa Francisco hará su primera visita a los Estados Unidos en septiembre. ¿Qué espera Ud. de ella?

Siempre me sorprendo de la capacidad del Papa de congregar a las personas e inspirarlas. Espero que la gente en los Estados Unidos pueda tener también esta experiencia. Una de las principales tareas y desafíos para un obispo, y para el Papa, es congregar a las personas y unir al mundo. La Iglesia es instrumentum unitatis, un instrumento y sacramento de unidad entre las personas, y entre Dios y las personas. Espero que cuando el Papa visite los Estados Unidos -y posiblemente las Naciones Unidas- que la Iglesia pueda mostrar al mundo que será un instrumento no para sí misma sino de unidad de las naciones y el mundo.

Vía Religión Digital

 

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Desaparece el «buen» Francisco y se muestra el verdadero Bergoglio : El Papa denomina en Filipinas al matrimonio igualitario como ideología colonizadora

viernes, 16 de enero de 2015
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30Menos ñoñerías y más justicia, igualdad y respeto

Parece que se va cayendo el buenismo de Francisco y se muestra el terrible Bergoglio que calificaba en Buenos Aires al matrimoniol igualitario como obra de Satanás… Con un par, después de las desafortunadas palabras y el gesto del «puñetazo» si insultan a tu madre, en clara referencia a las caricaturas de Charlie Hebdo,  se despacha ahora con esas insultantes e innecesarias referencias al matrimonio igualitario, la diversidad familiar y la «exclusiva» visión vaticana de lo que es una familia… Mal, muy mal… Sigue la condena, la exclusión, la homofobia por parte de esta jerarquía inmisericorde.

El Papa ha pedido hoy a los filipinos, en un acto ante decenas de miles de fieles, que no se dejen colonizar por los que quieren imponer un modelo diferente de familia: «Dijeron no a la colonización política. Como familia tenemos que ser muy sagaces, muy hábiles, muy fuertes, para decir que no a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia». Francisco ha asegurado que «la familia se ve amenazada por el creciente intento por parte de algunos de redefinir la institución misma del matrimonio, guiados por la cultura de lo efímero». Además ha elogiado al papa Pablo VI por su encílica Humanae Vitae que alejo a millones de cristianos de la Iglesia de Roma.

Francisco ha afirmado ante miles de fieles que muchas de las «dificultades en la vida del matrimonio se solucionan si nos tomamos un poco de tiempo  para reflexionar, si nos detenemos y pensamos en el otro, si soñamos con las cosas buenas que tienen».

El Papa ha explicado que «en la familia aprendemos a amar y perdonar, a ser generosos y abiertos« y a «encontrar a los demás y compartir nuestras vidas con ellos»

A los matrimonios con problemas, el Pontífice las ha pedido «recuperar el amor a través de la ilusión de todos los días. Nunca dejen de ser novios».

Ideologías colonizadoras

Y ha advertido: «Cuidado con las ideologías colonizadoras, que buscan destruir la familia… No nacen del sueño de la oración, del encuentro con Dios, de la misión que Dios nos da… Vienen de afuera. Por eso, son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión que Dios nos da, la misión de la familia».

Igualmente el Santo Padre ha exhortado a los fieles a encomendarse a la intercesión de San José, esposo de la Virgen.

El Papa ha tenido también palabras para el Beato Pablo VI y su encíclica Humanae Vitae

Pienso en el Beato Pablo VI. En un momento donde se le proponía el problema del crecimiento de la población tuvo la valentía de defender la apertura a la vida y la familia. El sabía las dificultades que había en cada familia, por eso en su carta encíclica (Humana Vitae) era tan misericordioso por sus casos particulares y pidió a los confesores que fueran muy misericordiosos con estos casos. Pero el vio más allá y vio a los pueblos de la tierra y vio esta amenaza de destrucción de la familia. Pablo VI era valiente, un buen pastor y alerto a sus ovejas de los lobos que venían, que desde el cielo nos bendiga esta tarde.

Familia homoparental

SOMOS FAMILIA. SOMOS FAMILIA. SOMOS FAMILIA

Fuente Religion Digital

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«¿Un Sínodo para eso?», por José Arregi

martes, 9 de diciembre de 2014
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presidenciaLeído en su blog:

Hace un mes finalizó en Roma la primera fase del Sínodo católico sobre la familia, que abrió un año de reflexión eclesial hasta octubre del 2015. Entonces tendrá lugar el Sínodo General propiamente dicho. Seguimos, pues, en sínodo, palabra griega que significa “camino en compañía”. Eso es ser Iglesia: ser compañeros de camino, seguir a Jesús juntos y libres. Eso es la vida: un viaje compartido.

“Que cada uno hable con libertad, y escuche con humildad”, dijo el papa Francisco en la víspera de la inauguración. Así sea. Así quiero hacer, pues lo que vale para los obispos ha de valer para todos los que somos Iglesia, compañeros de viaje.

Fueron 253 partícipes, la mayoría obispos, venidos de todo el mundo, alojados en Roma durante más de dos semanas. ¿Era necesario? ¿No bastaban el correo electrónico, la videoconferencia o las reuniones online? Tantos obispos célibes hablando de la familia, perorando sobre cuestiones que la inmensa mayoría de la gente, incluidos católicos y curas de siempre, resolvieron hace tiempo… ¿Merecía la pena?

De ningún modo diré que la familia sea un asunto menor. Ella nos engendra y moldea. Merecería la pena reunir en el Vaticano no solo a 200 obispos, sino a miles de hombres y mujeres de todos los pueblos y culturas, y gastar lo que fuera para poner remedio a las grandes heridas que la aquejan: el paro y la pobreza, la falta de vivienda, la violencia y la desigualdad de género, el miedo al futuro, el fracaso del amor…

Pero no fueron ésos los temas que más interesaron a los padres sinodales. Ni se oyeron apenas voces para reclamar una seria reflexión eclesial sobre los profundos cambios culturales que están afectando a las estructurales tradicionales de la familia. Ningún apunte crítico sobre la cuestión del “género”, es decir, la construcción social de roles del varón y de la mujer. Ninguna alusión a la desvinculación entre relación sexual y procreación, hecho nuevo y transcendental en la historia de la humanidad.

Ninguna referencia al gravísimo problema demográfico, y sí duros juicios condenatorios de la “mentalidad antinatalista”. Ningún atisbo de reconocimiento de la santidad y del valor sacramental del amor homosexual. Ninguna insinuación de un posible replanteamiento de la doctrina tradicional de la indisolubilidad del matrimonio. Ninguna sugerencia sobre la necesidad de revisar la doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI (1968), que prohíbe bajo pecado mortal toda medida o método anticonceptivo que no sea la continencia sexual (condenan todo lo que no sea “natural”, pero toman pastillas “no naturales” para la gripe o el colesterol). Y ni rastro de autocrítica en nada.

A pesar de todo, muchos han saludado esta primera fase sinodal y el documento emanado de ella como el preludio de una explosión primaveral, como el inicio imparable de una profunda transformación doctrinal. ¡Ojalá lo sea, y esté yo equivocado, y se me conceda la gracia de verlo! Pero hoy no lo veo.

Preveo, sí, que el papa Francisco, tras el Sínodo General del año próximo, dé tres tímidos pasos, a saber: 1) Invitación a acoger con misericordia a los homosexuales (como si fueran enfermos o pecadores); 2) Posibilidad de que algunos divorciados con nueva pareja puedan comulgar, a condición –humillante condición– de que se confiesen culpables de su fracaso matrimonial y se comprometan a no reincidir (Jesús no humilló a nadie de esta manera); 3) Agilización y abaratamiento del proceso de nulidad matrimonial (un artificio para no reconocer algo muy simple: que dondequiera que haya amor hay sacramento de Dios, y que solo hay sacramento mientras hay amor). Eso será todo. ¿Hacía falta tanta alforja para ese viaje? Ésos son problemas de obispos, no de la gente. La gente sufre por otros motivos. Escuchen a la gente, escuchen a la vida.

La Vida sigue pujando en el pequeño corazón latiente de los hombres y mujeres de hoy, creyentes o no. El Espíritu y el Amor habitan en los matrimonios que los obispos llaman “irregulares”, en los diferentes tipos de familias con sus alegrías y angustias de cada día, en las personas que fracasaron en su amor y rehacen su vida con otra pareja. Ellos no fueron ni serán llamados al Sínodo, pero la Vida los guía.

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Por unos Medios de Comunicación de la Iglesia honestos, participativos y veraces. COPE y 13tv no pueden seguir propagando una doctrina tan ideologizada, sesgada y partidista

domingo, 9 de noviembre de 2014
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imagesEditorial de Redes Cristianas:

Cada día que pasa se nos van imponiendo con mayor firmeza dos convicciones:  que en la era de la globalización de los mercados y la economía financiera la universalización de las comunicaciones representa uno de los mayores fenómenos de nuestro tiempo; y que, a pesar de los impresionantes logros de la tecnología, la sociedad posmoderna no ha logrado globalizar el derecho que asiste a la ciudadanía a expresar y difundir libremente su opinión y a recibir “sin limitación de fronteras” —como define la Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 19—, informaciones veraces y útiles para la colectividad. 

De hecho, un reducido número de agencias,  en conexión con 300  multinacionales,  controlan la información y la opinión pública mundial. Este oligopolio del poder mediático se impone sobre el mismo poder político a través de sus medios de comunicación de masas.

Salvando las distancias —y,  en el mejor de los supuestos, las intenciones— algo similar está pasando en la Iglesia católica y, más en concreto, en la Iglesia española donde la Conferencia Episcopal a través de la Comisión de Medios de Comunicación ejerce un control absoluto sobre la información y la opinión pública en la Iglesia.  

Contra la propia doctrina oficial de la Iglesia que, aunque tímidamente,  apuesta por la honestidad informativa en sus documentos oficiales — entre otros, la Constitución Lumen Gentium del Vaticano II, nº 119; Decreto Inter Mirifica para la comunicación, del mismo concilio; y las encíclicas Pacem in Terris de Juan XXIII y Evangelii Nuntiandi de Pablo VI— y defiende el derecho a una información que respete la verdad, la justicia y la caridad, la Conferencia Episcopal Española está manteniendo unos medios que, como la COPE y 13tv, van justamente en dirección contraria. A través de su línea editorial, de sus espacios y tertulias se difunden  unos  mensajes que frecuentemente nada tienen que ver con la verdad, que faltan a la justicia y quebrantan con  insultos el debido respeto y la caridad con las personas. Propagan, en último extremo, una doctrina tan ideologizada, sesgada y partidista que resulta muy difícil reconocer en ella la doctrina católica universal. Hoy día son más una empresa comercial que centros o focos de evangelización.

Desde Redes Cristianas ya en nuestro Manifiesto por la Laicidad de septiembre de 2008 “denunciamos a la Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho a la Libertad de Expresión que está haciendo la COPE (a la que hoy añadimos 13tv)… y le exigimos el cambio radical en su línea editorial”. Y ante los nuevos aires que están llegando desde Roma y con la llegada a Madrid del obispo Carlos Osoro, creemos que el cambio debe iniciarse ya desde el reconocimiento del pluralismo que reina en el cristianismo en España  y desde el derecho de la comunidad católica y civil a disponer de unos medios de comunicación abiertos a la diversidad de tendencias,  siendo honestos, participativos y veraces.

Entretanto, hay medios que -vinculados a congregaciones religiosas o con estructuras más independientes- apuestan por una comunicación alternativa, honesta y poniendo el foco en la denuncia de las injusticias y en las personas que sufren. Es el caso de revistas como Humanizar, Revista 21, Alandar, Tiempo de Hablar, Utopía, Éxodo, Encrucillada o Irimia; y de medios digitales como Eclesalia, Ciberiglesia y Atrio, que dan otra visión de cómo se puede comunicar desde una perspectiva creyente.

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