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El arzobispo de París defiende la ‘marcha atrás’, que es “más ecológica” que el condón o la píldora

Sábado, 1 de febrero de 2020

Mgr-AUPETIT-alors-eveque-Nanterre-nomme-7-decembre-archeveque-Paris_0_729_486De verdad ¿De dónde los sacan? ¿Tenemos que seguir aguantando estas barrabasadas por muy monses mitradas que sean sus ilustrísimas?

Aupetit cree que el coitus interruptus “responsabiliza a los hombres” si hay embarazo

Publica “Humanae vitae. Una profecía”, cuyo título hace referencia a la encíclica en la que el Papa Montini, en 1968, se opuso a los anticonceptivos

La píldora, madre del “adulterio generalizado, del libertinaje y los vicios”

Antiguo médico y actual arzobispo de París, monseñor Michel Aupetit ha sembrado una interesante polémica en el país al afirmar que la conocida como ‘marcha atrás’ es un recurso preferible al uso del preservativo.

Definiéndola como “mal menor” frente al condón y, por supuesto, la píldora, ha publicado todo un libro, “Humanae vitae. Una profecía”, cuyo título hace referencia a la encíclica en la que el Papa Montini, en 1968, se opuso a los anticonceptivos.

Sin pelos en la lengua e interpelando directamente a los varones, el texto del arzobispo dice que el coitus interruptus (“esta práctica de retirarse”) “responsabiliza a los hombres” en el caso de que después se produzca un embarazo.

Demostrando un desconocimiento inaudito sobre los efectos del uso del preservativo, que no se reducen a evitar embarazos, Aupetit manifiesta en su libro que nuestros padres y especialmente nuestros bisabuelos practicaban el coitus interruptus, ciertamente más difícil pero más ecológico”.

Se sirve, de esta manera, de la defensa de la ecología como pretexto para volver a censurar los anticonceptivos más de cuatro décadas después de que lo hiciera Pablo VI. Afianzando una postura que se puede denominar de bioconservadurismo católico.

“Nuestros padres y especialmente nuestros bisabuelos practicaban el coitus interruptus, ciertamente más difícil pero más ecológico”, ha declarado el arzobispo

Por último, entre las páginas de su libro, que reabren un debate siempre peliagudo dentro de la Iglesia (empeñada durante siglos en intervenir en la sexualidad de la gente), el arzobispo ha declarado que la píldora anticonceptiva es la “madre del libertinaje y los vicios” que dan lugar a un “adulterio generalizado” en la sociedad de hoy. Que, en palabras del prelado y “bioeticista”, “se anuncia incluso en las estaciones de metro”.

Fuente Religión Digital

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250 curas de todo el mundo acusan al Papa de promover un “caos doctrinal”

Martes, 29 de mayo de 2018

hartley-closeupYa conocíamos a este cura por sus homófobas y agresivas declaraciones ante el Orgullo Gay:

“La actividad sexual fuera del matrimonio es un pecado mortal”, aseguran en su ‘Apelación Pastoral’

El español Christopher Hartley pide a los obispos “ejercer su autoridad apostólica” frente a Francisco.

(Jesús Bastante).- Son apenas 250, una minúscula parte de los más de 400.000 sacerdotes católicos del mundo, y 11 de ellos son españoles. Pero la dureza de sus críticas al Papa y a sus reformas revelan la existencia, ya indisimulada, de un cisma en toda regla provocado por clérigos y obispos ultraconservadores, que ven como un caos doctrinal” la situación que se está viviendo en la Iglesia con las aperturas promovidas por Francisco.

Uno de los sacerdotes más activos es el misionero español Christopher Hartley Sartorius, que trabaja con los más pobres en Etiopía pero, a la vez, empuña con mano de hierro la espada de la oposición más radical entre los eclesiásticos españoles.

Hartley está promoviendo, a través de la red, la ‘Apelación Pastoral a los obispos de todo el mundo para que hagan frente a la deriva teológica que, en su opinión, se está viviendo en el actual pontificado, y que se plasma en la apertura a los gays, a los divorciados vueltos a casar o el debate sobre el papel de los laicos, el sacerdocio femenino o los curas casados.

“Que la Santísima Virgen y San Miguel Arcángel protejan a la Iglesia Católica de las asechanzas del demonio, lobos con piel de oveja”, concluye el correo en el que el sacerdote español anima a todos los curas de su entorno a suscribir la iniciativa, que “existe para alentar a los sacerdotes a dar testimonio del Evangelio e invitar a los obispos a ejercer su autoridad apostólica.

En la “Apelación Pastoral a los Obispos para una Reafirmación Apostólica del Evangelio“, los firmantes denuncian “un enfoque equivocado de la vida moral cristiana que encontramos con frecuencia y que perjudica gravemente a quienes se dejan engañar por él”.

En la misma, reclaman a los obispos de todo el mundo -y como tal, al Obispo de Roma- que no permitan la comunión a los divorciados vueltos a casar, gays y demás personas que “cometen actos objetivamente malos” pero “se sienten subjetivamente libres de culpabilidad”.

La carta se publica a los 50 años de la polémica encíclica Humanae Vitae, que prohibió el uso de preservativos, el aborto, las uniones civiles o las relaciones homosexuales, y cuya vigencia reivindican estos sacerdotes frente a la nueva pastoral defendida por Francisco que, para los firmantes, resulta “contraria al Evangelio“.

Entre otras cosas, los firmantes resaltan cómo la actividad sexual fuera del matrimonio es en toda circunstancia gravemente malo”, un “grave mal” que “es un pecado mortal”. Para estos sacerdotes, la conciencia “puede juzgar erróneamente debido a la deformación que proviene de pecados anteriores”.

“Nos damos cuenta, como sacerdotes, de que muchos clérigos y laicos han sido tan afectados por las mentalidades seculares y la falsa teología moral de décadas pasadas que ahora ven el testimonio apostólico de la Iglesia como idealista, anticuado o incluso cruel”, resaltan estos curas, que admiten que la actual situación de la Iglesia de Francisco resulta “desalentadora para los sacerdotes y podría llevarnos a evitar ofrecer una presentación clara y auténtica del Evangelio”.

Fuente Religión Digital

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Javier Elzo: Los textos de la Iglesia son ininteligibles para la inmensa mayoría de creyentes. “

Lunes, 30 de abril de 2018

iglesiavacia-blog_imagen“¿Un Credo del siglo IV? ¿Salmos de hace treinta y más siglos?”

La gente sencilla, sin estudios, no se reconoce en la Iglesia post-conciliar”

¿Hora de cambiar el lenguaje de la Iglesia?

Guillaume Cuchet es profesor de historia contemporánea en la universidad de Paris-Est-Creteil. Este libro (“Comment notre monde a cessé d’être chrétien. Anatomie d’un effondrement“. Ed du Seuil, Paris, febrero de 2018) impacta por la erudición que muestra el autor, con conocimiento de casi todos, si no todos, los estudios socio-religiosos de Francia hasta el Concilio Vaticano II. Así como por los medios de los que dispuso para redactar su libro. Pura envidia, lo admito.

El libro se centra en Francia, pero muchas de sus realidades son aplicables entre nosotros.

Datos para Francia

Si hacia 1965 el 94 % de la población francesa estaba bautizada y el 25 % iban a misa todos los domingos, en la actualidad solamente el 2% va a misa (y la mayoría de edad avanzada) y no pasa del 30 % los menores de 7 años que están bautizados.

Una iglesia conservadora, de gente mayor, y de derechas. Los católicos de izquierda (“les cathos de gauche”, de hace dos o tres décadas) han desaparecido en la iglesia, o son una minoría muy minoritaria en medios urbanos e intelectuales, con casi nula capacidad de influencia social. Están ahora, secularizados, en las ONGs progresistas o en partidos claramente de izquierdas o verdes.

Su tesis de fondo: Más allá de mayo del 68 (fuera de la iglesia) y de Humanae Vitae (dentro de la Iglesia, el mismo año 1968, el 25 de julio), el Concilio Vaticano II, desencadena (más que impulsa o genera) el desplome del cristianismo en Francia. El año 1965 sería el año de inflexión.

Pero el tema viene de lejos. Desde la revolución francesa, dice Cuchet. Desde la Ilustración, digo yo. En mi opinión el tema de fondo es el derrumbe, no tanto del cristianismo, sino del Estado de cristiandad.

Chuchet apunta varias causas, razones o motivos de este derrumbe que yo completo con ideas propias.

En las páginas que siguen, en su mayor parte sigo el trabajo de Cuchet pero me permito, aquí y allá, insertar mis propias ideas o comentarios al texto y reflexiones de Cuchet. Distingo, por mi cuenta, argumentos extra-eclesiales e intra-eclesiales. A veces telegráficamente, a veces con cierta extensión, pero siempre breve. Habrá algunas, pocas, pero centrales, ideas repetidas.

1. Algunos factores socio culturales, más allá de la evolución interna de la Iglesia Católica

Las consecuencias de la Revolución Francesa. Marca la cartografía socio religiosa francesa todavía hoy en día.

La lectura de la ciencia como respuesta valida a determinadas prácticas religiosas (las rogativas) con efecto de arrastre a otras cuestiones.

Una sociedad que está terminando de salir del estado de cristiandad. Una sociedad que se dice secular (pero secular, añado yo, de lo religioso cristiano, pues aceptando otras sacralidades: políticas, deportivas, vestimentarias, alimenticias…).

En Francia al menos, (y creo que en España también) antes del Vaticano II se vivió el boom demográfico lo que hizo que, en los años del Concilio y hasta una década después en España, hubiera más niños y menores que hacía difícil percibir la caída de la práctica religiosa.

La transmisión en general, luego también la familiar en particular ha cambiado: se aplaude la moral autónoma sobre la heterónoma, incluso familiar (en el terreno religioso particularmente).

Transformaciones en las uniones familiares: del matrimonio canónico a las parejas de hecho.

Las relaciones sexuales más allá de la reproducción. Reivindicación del eros, por sí mismo.

Es capital tener en cuenta las diferencias socioculturales en general y socio-religiosas en particular a la hora de abordar la evolución de la religiosidad de la gente. Euskadi no es Andalucía, ni Oyarzun Irún.

Más allá de la infravaloración de la práctica religiosa por parte de determinadas corrientes en alza en la Iglesia católica dominante en los años del Concilio, también cambió la significación social y sociológica de la práctica religiosa. Básicamente, es mi hipótesis de fondo, porque se está dejando atrás el estado de cristiandad y se avanza, resueltamente hacia la era secular que diría Charles Taylor.

En ámbitos sociológicos, en muchos lugares de España y Francia, se hable del catolicismo sociológico, un catolicismo de herencia histórica, correspondiente a un momento en el que se era “naturalmente” católico.

En la sociología francesa, pensando en Europa Occidental en general y en Francia más en particular, suelen distinguir tres momentos en los cambios socioculturales después de la segunda guerra mundial (no quiero repentizar aquí, ahora, algo similar para España o Euskadi):

– 1945-1949, la reconstrucción en la inmediata postguerra

– 1950- 1960, modernización de los países

– De 1960 en adelante el gran cambio cultural con un punto álgido, en Francia, en mayo de 1968

2. Algunos factores socio culturales que contribuyeron, directamente, a la mutación socio-religiosa

El final de las reservas de la ruralidad religiosa por el éxodo hacia las ciudades. La religión católica, a diferencia de la protestante, es una religión de masas, comunitaria.

La caída de la natalidad, también, entre los católicos practicantes. En este aspecto me parece esencial recordar el papel clave, fundamental a mi juicio, que supuso la generalización de la píldora anticonceptiva que hacía, por primera vez en la historia de la humanidad, a la mujer dueña de la procreación. Que coincidiera, en el tiempo, con Humanae Vitae fue devastador para la Iglesia Católica.

Los efectos de la inmigración, aunque no suficientemente estudiados, han tenido consecuencias para los inmigrantes (a menudo con convicciones diferentes en la segunda generación y tercera generación de inmigrantes respecto de la primera) y en los países de acogida que, en principio, los recibían con recelo, pero no podían no preguntarse por el ardor religioso de algunos de los inmigrantes. El pluralismo religioso era más que una teoría: una realidad cotidiana, como insiste Peter Berger.

Estadísticamente se da una concomitancia entre el auge de la televisión en las familias y el desmoronamiento de la practica social de la religión. Algo similar cabe decir también del aumento del parque automovilístico y los desplazamientos de fin de semana y el desplome de la práctica religiosa. Pero de ahí no cabe concluir en una relación de causalidad pura. Veamos.

En el caso de la televisión, en Francia, ya desde los años 60, en un canal mayoritario (A2), las mañanas de los domingos estaban reservadas a las confesiones religiosas: judaísmo, iglesias de la reforma y la Iglesia católica con una misa mayor a las 11.00 que se podía presentar como “la primera parroquia de Francia” que logró “recuperar a una parte del público practicante desestabilizado por las transformaciones post-conciliares” a decir de Cuchet (p. 157), aunque no tengo el recuerdo de que esas celebraciones televisadas fueran pre-conciliares, en absoluto. Pero si es cierto que la misa era seguida, casi exclusivamente, por personas enfermas o de edad avanzada. Ya se había producido el desenganche de los más jóvenes.

La idea del derrumbe de la práctica dominical, en razón del auge del parque automovilístico y de los desplazamientos de fin de semana, fue sostenida durante un tiempo por el inmenso estudioso del fenómeno socio-religioso en Francia, el canónigo Boulard, heredero del pionero en estas lides, Gabriel Le Bras.

La influencia de estos dos estudiosos traspasó los límites de Francia. Recuerdo haberlos estudiado en Lovaina de la mano de Jean Remy, entre otros, que publicó un libro importante junto a Boulard. Pero la tesis de la correlación entre el auge de los desplazamientos de fin de semana con el derrumbe de la práctica religiosa dominical sufre un mentís rotundo al constatar que no son las clases pudientes, las que en mayor proporción pudieron comprarse un coche y utilizarlo para el recreo de los fines de semana, quienes en mayor proporción abandonaron la práctica religiosa dominical. (No continuo aquí en las correlaciones entre clase social y práctica religiosa, que me llevaría demasiado espacio. Baste decir que estas correlaciones varían en razón del lugar considerado y del transcurso del tiempo).

3. Algunos factores internos a la propia Iglesia (de forma telegráfica)

Una iglesia elitista cuando todavía era rural. Minusvaloración de la religiosidad popular. La gente sencilla, sin estudios, no se reconoce en la iglesia post-conciliar.

Un Iglesia marcadamente clerical y masculina, aun diciendo valorar al laico y a la mujer.

Infravaloración, por parte de la Iglesia, de las prácticas religiosas y de la dimensión cultual de lo religioso, tras el Vaticano II: la misa y la confesión, de entrada: no hace falta ir a misa para ser un buen cristiano, ni pasar por el confesonario. Después, de forma sorpresiva, no pensada ni querida, y sin solución de continuidad, caída del matrimonio religioso y del bautismo. Ahora ya los funerales: el último bastión.

Una teología y unos lenguajes de otros tiempos y contextos. Hoy obsoletos. Un Credo del siglo IV. Salmos de hace treinta y más siglos. Textos ininteligibles para la inmensa mayoría de creyentes.

Dificultad de la generación del Concilio Vaticano II en admitir que, al menos cronológicamente, haya coincidido con la caída espectacular de las prácticas religiosas. Además, admitirlo supondría dar la razón a la rama más conservadora y tradicional de la Iglesia que había quedado en minoría en el Vaticano II.

En algunos sectores y en algunos momentos en la Iglesia se vivía, como una necesidad, de ocultación o, al menos, de no excesiva visibilización de la matriz cristiana de determinadas obras, en cuya fuente u origen estaba la Iglesia. Lo viví el año 1986 en el Congreso Mundial Vasco, en la sección de drogodependencias, cuando un periodista nos preguntó por qué ocultábamos que “Proyecto Hombre” había venido a Gipuzkoa de la mano de la Iglesia, “Proyecto Hombre” donde, en su cuna en Italia, estaba la figura de un sacerdote. La argumentación era doble: la Iglesia no buscaba colgarse medallas, y, sobre todo, en las obras de la iglesia no se hacía acepción de personas. Además, visibilizar la marca iglesia en Proyecto Hombre podría retraer a posibles drogodependientes no creyentes.

Este rasgo de ocultación, de retraimiento se ha manifestado también en la dificultad para muchas personas de manifestar públicamente sus convicciones religiosas o, más simplemente, de ser tenido por católico. Todavía hoy en día, para muchos creyentes, es más fácil decirse cristiano que católico. Por muchas razones o motivos. Su connotación de retrogrado, en gran parte. Por considerar que se trata de algo íntimo y personal que no debe por qué tener visibilidad social, aunque habrá menos dificultad, o ninguna dificultad en decirse nacionalista (según donde), de izquierdas, progresista etc., etc. En otras palabras, ser católico no está en el aire del tiempo.

4. Primer avance de elementos para una hipótesis global

Durante los años del Concilio Vaticano II, los años anteriores y los inmediatos posteriores, en el interior de la Iglesia se impuso un modelo, digamos progresista, sobre otro minoritario, tradicional que se reflejó también en los propios documentos conciliares. La Iglesia estaba en ebullición, con planteamientos enfrentados. En pocos años se produce, en la cúspide de la Iglesia, un cambio radical: una serie de teólogos y pensadores católicos que habían tenido dificultades con el Santo Oficio, de pronto, se vieron reconocidos y aparecieron en Roma, durante el Concilio, como grandes asesores y redactores de algunos de los documentos que después refrendarían los obispos en el Aula Conciliar con sus votaciones.

En gran parte del catolicismo pensante de matriz progresista se vivieron aquellos años con auténtica efervescencia. Se miraba el futuro con esperanza. Se esperaba un renacer de la Iglesia y de su presencia en el mundo. Pero muy pronto, coincidiendo con la conclusión del Concilio, en 1965, se produce de forma brusca un cambio importante, una ruptura sobre lo de siempre que, sin embargo, cuesta ver, pues apunta a cambios imprevistos. Más todavía, a cambios en el sentido contrario a los previsto antes del inicio del Concilio. Algunas notas de esa ruptura serían las siguientes:

La caída en picado de las prácticas religiosas, particularmente de la eucaristía y de la confesión individual (aun me veo yendo de la escuela a la iglesia, todos a una, a confesarnos los primeros jueves de mes, de preferencia con D. Pedro, de avanzada edad, algo sordo, breve en sus prédicas y benévolo con la penitencia).

Cambios en la piedad: las novenas, las adoraciones al santísimo, los primeros viernes de mes (no puedo olvidar la iglesia llena de jóvenes en la misa de las 8.30 de la mañana en mi parroquia de Beasain), las imágenes de santos circulando de casa en casa, el rezo del rosario en familia y un largo etcétera, desaparecieron de la noche a la mañana quedando como residuos de tiempos pasados en algunos centros, como excepciones de otro modo de ver la piedad.

Cambios en las creencias religiosas empezando por la idea misma de Dios. Pasar del Jaungoikoa (El Señor de arriba) que todo lo ve, y todo lo juzga, al Dios de Jesus, amigo de los excluidos, azote de los poderosos, es un salto que no se da sin más ni más. Añádase el trastueque total que se ha vivido con el imaginario del más allá.

La reforma de la liturgia. La desaparición del latín en la misa, celebrada de cara al público, sin boato alguno (desaparecen las campanillas, no se eleva la casulla al sacerdote cuando se arrodilla en la consagración, el incensario prácticamente desaparece, la comunión se hace mayoritariamente en la mano, etc., etc.,) modifican la antropología y la psicología religiosa del creyente. Una cierta aura del más allá, de lo radicalmente otro, se difumina, quedando una celebración más pedestre, más terrenal.

La dimensión mistérica de lo religioso queda suplantada por encuentros dominicales en los que lo racional impera sobre lo emocional. Esto último fue particularmente llamativo en la suplantación de cánticos populares, ciertamente de teología del siglo XIX, con modernas composiciones que no llegaban al corazón de los fieles. Cabría también hacer un inciso al intento de misas con guitarras, flautines etc., en un intento de animar a los más jóvenes a participar en las celebraciones dominicales.
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Desaparece el “buen” Francisco y se muestra el verdadero Bergoglio : El Papa denomina en Filipinas al matrimonio igualitario como ideología colonizadora

Viernes, 16 de enero de 2015

30Menos ñoñerías y más justicia, igualdad y respeto

Parece que se va cayendo el buenismo de Francisco y se muestra el terrible Bergoglio que calificaba en Buenos Aires al matrimoniol igualitario como obra de Satanás… Con un par, después de las desafortunadas palabras y el gesto del “puñetazo” si insultan a tu madre, en clara referencia a las caricaturas de Charlie Hebdo,  se despacha ahora con esas insultantes e innecesarias referencias al matrimonio igualitario, la diversidad familiar y la “exclusiva” visión vaticana de lo que es una familia… Mal, muy mal… Sigue la condena, la exclusión, la homofobia por parte de esta jerarquía inmisericorde.

El Papa ha pedido hoy a los filipinos, en un acto ante decenas de miles de fieles, que no se dejen colonizar por los que quieren imponer un modelo diferente de familia: «Dijeron no a la colonización política. Como familia tenemos que ser muy sagaces, muy hábiles, muy fuertes, para decir que no a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia». Francisco ha asegurado que «la familia se ve amenazada por el creciente intento por parte de algunos de redefinir la institución misma del matrimonio, guiados por la cultura de lo efímero». Además ha elogiado al papa Pablo VI por su encílica Humanae Vitae que alejo a millones de cristianos de la Iglesia de Roma.

Francisco ha afirmado ante miles de fieles que muchas de las “dificultades en la vida del matrimonio se solucionan si nos tomamos un poco de tiempo  para reflexionar, si nos detenemos y pensamos en el otro, si soñamos con las cosas buenas que tienen”.

El Papa ha explicado que “en la familia aprendemos a amar y perdonar, a ser generosos y abiertos y a “encontrar a los demás y compartir nuestras vidas con ellos”

A los matrimonios con problemas, el Pontífice las ha pedido recuperar el amor a través de la ilusión de todos los días. Nunca dejen de ser novios”.

Ideologías colonizadoras

Y ha advertido: Cuidado con las ideologías colonizadoras, que buscan destruir la familia… No nacen del sueño de la oración, del encuentro con Dios, de la misión que Dios nos da… Vienen de afuera. Por eso, son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión que Dios nos da, la misión de la familia”.

Igualmente el Santo Padre ha exhortado a los fieles a encomendarse a la intercesión de San José, esposo de la Virgen.

El Papa ha tenido también palabras para el Beato Pablo VI y su encíclica Humanae Vitae

Pienso en el Beato Pablo VI. En un momento donde se le proponía el problema del crecimiento de la población tuvo la valentía de defender la apertura a la vida y la familia. El sabía las dificultades que había en cada familia, por eso en su carta encíclica (Humana Vitae) era tan misericordioso por sus casos particulares y pidió a los confesores que fueran muy misericordiosos con estos casos. Pero el vio más allá y vio a los pueblos de la tierra y vio esta amenaza de destrucción de la familia. Pablo VI era valiente, un buen pastor y alerto a sus ovejas de los lobos que venían, que desde el cielo nos bendiga esta tarde.

Familia homoparental

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“¿Un Sínodo para eso?”, por José Arregi

Martes, 9 de diciembre de 2014

presidenciaLeído en su blog:

Hace un mes finalizó en Roma la primera fase del Sínodo católico sobre la familia, que abrió un año de reflexión eclesial hasta octubre del 2015. Entonces tendrá lugar el Sínodo General propiamente dicho. Seguimos, pues, en sínodo, palabra griega que significa “camino en compañía”. Eso es ser Iglesia: ser compañeros de camino, seguir a Jesús juntos y libres. Eso es la vida: un viaje compartido.

“Que cada uno hable con libertad, y escuche con humildad”, dijo el papa Francisco en la víspera de la inauguración. Así sea. Así quiero hacer, pues lo que vale para los obispos ha de valer para todos los que somos Iglesia, compañeros de viaje.

Fueron 253 partícipes, la mayoría obispos, venidos de todo el mundo, alojados en Roma durante más de dos semanas. ¿Era necesario? ¿No bastaban el correo electrónico, la videoconferencia o las reuniones online? Tantos obispos célibes hablando de la familia, perorando sobre cuestiones que la inmensa mayoría de la gente, incluidos católicos y curas de siempre, resolvieron hace tiempo… ¿Merecía la pena?

De ningún modo diré que la familia sea un asunto menor. Ella nos engendra y moldea. Merecería la pena reunir en el Vaticano no solo a 200 obispos, sino a miles de hombres y mujeres de todos los pueblos y culturas, y gastar lo que fuera para poner remedio a las grandes heridas que la aquejan: el paro y la pobreza, la falta de vivienda, la violencia y la desigualdad de género, el miedo al futuro, el fracaso del amor…

Pero no fueron ésos los temas que más interesaron a los padres sinodales. Ni se oyeron apenas voces para reclamar una seria reflexión eclesial sobre los profundos cambios culturales que están afectando a las estructurales tradicionales de la familia. Ningún apunte crítico sobre la cuestión del “género”, es decir, la construcción social de roles del varón y de la mujer. Ninguna alusión a la desvinculación entre relación sexual y procreación, hecho nuevo y transcendental en la historia de la humanidad.

Ninguna referencia al gravísimo problema demográfico, y sí duros juicios condenatorios de la “mentalidad antinatalista”. Ningún atisbo de reconocimiento de la santidad y del valor sacramental del amor homosexual. Ninguna insinuación de un posible replanteamiento de la doctrina tradicional de la indisolubilidad del matrimonio. Ninguna sugerencia sobre la necesidad de revisar la doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI (1968), que prohíbe bajo pecado mortal toda medida o método anticonceptivo que no sea la continencia sexual (condenan todo lo que no sea “natural”, pero toman pastillas “no naturales” para la gripe o el colesterol). Y ni rastro de autocrítica en nada.

A pesar de todo, muchos han saludado esta primera fase sinodal y el documento emanado de ella como el preludio de una explosión primaveral, como el inicio imparable de una profunda transformación doctrinal. ¡Ojalá lo sea, y esté yo equivocado, y se me conceda la gracia de verlo! Pero hoy no lo veo.

Preveo, sí, que el papa Francisco, tras el Sínodo General del año próximo, dé tres tímidos pasos, a saber: 1) Invitación a acoger con misericordia a los homosexuales (como si fueran enfermos o pecadores); 2) Posibilidad de que algunos divorciados con nueva pareja puedan comulgar, a condición –humillante condición– de que se confiesen culpables de su fracaso matrimonial y se comprometan a no reincidir (Jesús no humilló a nadie de esta manera); 3) Agilización y abaratamiento del proceso de nulidad matrimonial (un artificio para no reconocer algo muy simple: que dondequiera que haya amor hay sacramento de Dios, y que solo hay sacramento mientras hay amor). Eso será todo. ¿Hacía falta tanta alforja para ese viaje? Ésos son problemas de obispos, no de la gente. La gente sufre por otros motivos. Escuchen a la gente, escuchen a la vida.

La Vida sigue pujando en el pequeño corazón latiente de los hombres y mujeres de hoy, creyentes o no. El Espíritu y el Amor habitan en los matrimonios que los obispos llaman “irregulares”, en los diferentes tipos de familias con sus alegrías y angustias de cada día, en las personas que fracasaron en su amor y rehacen su vida con otra pareja. Ellos no fueron ni serán llamados al Sínodo, pero la Vida los guía.

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