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Al final del Sínodo. Más desafíos y propuestas

lunes, 2 de noviembre de 2015
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sinodoDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté el otro día 13 proposiciones. Pero quedaron en el tintero algunas, y hoy quiero recogerlas, mientras se están votando en el aula las proposiciones oficiales del Sínodo 2015 (sábado 24. 10. 15 por la tarde).

Lo hago con la ingenuidad del que cree que la vida empieza cada día, y con la serenidad del que ha visto caer muchas hojas en el otoño de la vida (y ahora mismo ve cómo las lleva el viento de la meseta), con esa imagen tan judía, tan cristiana, que pongo en la portada.

Ciertamente, existen otros desafíos, pero aquí quiero evocar sólo siete, de un modo condensado, desde la perspectiva de conjunto de mi libro sobre la familia, partiendo de las inquietudes y preguntas del Documento Pontificio del 2013 que nos ha venido ocupando estos dos años.

He dicho ya en este blog casi todo lo importante. Sólo me quedan algunas consideraciones finales, de tipo general, sobre el sentido de una pastoral cristiana de la familia:

1. Más que una pastoral “sobre” ha de existir una pastoral “de” familia,
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no con palabras, sino con la vida, de manera que la misma Iglesia sea escuela de familia. Ciertamente, ella debe seguir elaborando su doctrina, pero no puede contentarse con redactar documentos y escribir directrices redactadas por pastores célibes, desde fuera y por arriba, como si el tema tratara de otros, de los matrimonios laicos, y no de ellos, de los “pastores sacerdotales”.

La única pastoral realista de la familia es la misma familia: Que los cristianos, empezando por sus “pastores”, pero centrándose de un modo especial en las familias concretas (laicales) ofrezcan un testimonio y camino alternativo y fuerte (evangélicamente profundo y rompedor) de familia. No se trata ya de hablar sobre ella, dictando lecciones magisteriales, sino de hacerse y ser familia mesiánica, según el evangelio, en un mundo amenazado por una profundísima crisis de familia.

2. En principio no tenía que haber habido un Sínodo sobre la Familia

Ella tenia que haber sido incluida en el cuidado por la comunidad entera, es decir por todos los creyentes. Pero las circunstancias así lo han exigido, porque el tema de la familia había sido cerrado en falso, tanto en Humanae Vitae (Pablo VI, 1968) como en Familiaris Consortio (Juan Pablo II, 1981). No es que esos documentos fueran falsos; al contrario, ellos contienen sabias consideraciones y doctrinas en parte admirables. Pero no respondían a la dinámica esencial de nuestro tiempo, según el evangelio.

El tema no es rebajar la exigencia del matrimonio y la familia, con el cuidado de los hijos, sino todo lo contrario: Es elevarlo. No se trata de prohibir, sino de abrir caminos para un despliegue más hondo de la dinámica familiar según el evangelio, no por ley, sino por gracia; no por imposición, sino por empuje más fuerte de Reino. La “Iglesia del Sínodo” no puede tratar de la familia como si tratara de algo que concierne a otros, sino a ellos mismos, en unión con Cristo.

Como dijo Jesús tratando de esto, “quien pueda oír que oiga”. Entendida desde Cristo, la familia es objeto y tema de una revelación, como la revelación de la Santísima Trinidad. Ocuparse sólo de la ex-comunión de los divorciados y de la ex-clusión de los homosexuales es como ocuparse de las piedras de contención de un dique imaginario, y no del agua viva, que es lo que conviene.

3. El tema de todos, pero en la actualidad, por circunstancias históricas, resulta fundamental el testimonio de los “ministros”.

Ellos han ocupado un lugar preferente en la vida y misión (oficial) de la Iglesia, pero eso es preciso que empiecen siendo ejemplo central de familia, desde su celibato y/o matrimonio. En ese contexto debemos vincular el ideal mesiánico de Pablo (que quisiera que todos fueran célibes como él) y el realismo comunitario de las Pastorales (1 Tim, Tito), donde se afirma que sólo podrán ser ministros de la Iglesia los bien casados, “animadores” de familia, aquellos hombres y mujeres que sean capaces de promover espacios de comunión vinculando la intimidad familiar (esponsal, paterna) con la vida de la comunidad (entendida como gran casa patriarcal).

Mucha tinta y sangre ha corrido desde que Pablo formuló su llamada universal al celibato (¡porque el tiempo acaba!), mucha experiencia se ha dado en la Iglesia desde la propuesta de las Cartas Pastorales, con su visión patriarcalista de los ministerios. Posiblemente no se deba absolutizar una postura ni otra (ni celibato universal, ni casamiento obligado), sino una experiencia radical de familia: Sólo quien es hombre o mujer de comunión/comunidad (de un modo o de otro, en celibato o matrimonio) puede ser testimonio y estímulo en la Iglesia. Mientras ella en su conjunto no pueda presentar a sus “pastores” como ejemplo y modelo de familia no podrá hablarse en realidad de una pastoral de familia.

4. Ministerio para casados y mujeres.
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Siguiendo en esa línea, a partir de todo lo anterior, me parece que la exclusión de los casados y de las mujeres para los ministerios (para todos, desde el de asistente pastoral hasta el obispo) va en contra de la experiencia bíblica. En un contexto antiguo pudo tener un sentido la “reducción” de los ministerios, de manera que ellos que sólo podían ser ejercidos por varones célibes. Actualmente, esa reducción carece de base evangélica, fundamento social y finalidad pastoral.

Lo único que puede y debe pedirse a los ministros cristianos es que sean hombres y/o mujeres de comunión, personalmente maduros, capaces de establecer una conexión positiva con el mensaje de Jesús y de la Iglesia, en las circunstancias, actuales del mundo. No se trata de resolver el tema de la escasez de “clero ordenado” (tema del que ha de tratarse en otro espacio), sino de centrarse en el valor y exigencia de los ministerios de Jesús, según el evangelio.

No se trata de seguir diciendo que varones y mujeres son distintos (¡eso es una obviedad!), ni de seguir afirmando que son distintas las condiciones de solteros y casados (¡otra obviedad!), sino de volver a la raíz de los ministerios mesiánicos según la experiencia de Jesús y de la Iglesia primitiva. Un tipo de exégesis realizada al servicio de un sistema clerical ha sido clarividente, pero con “orejeras”, lo que le ha hecho escuchar y ver sólo algunas cosas. Quitemos las orejeras y las falsas gafas, aprendamos a oír y a ver sin atduras.

5. Un caso concreto y difícil, un tipo de pederastia clerical.

En este momento de vida de la Iglesia (2015) siguen resonando los gritos de niños que han sido violados por “pastores” pederastas célibes dentro de la Iglesia. Es evidente que el tema no se puede universalizar, pues han existido y existen cientos de miles de buenos pastores, pero en algunos casos no han sido claros los motivos de su opción por el celibato, ni fuertes los controles contra el riesgo de pederastia.

Es posible que se haya dado un “celibato demasiado fácil”, como recurso para un tipo de misión clerical, sin verdadera vocación, ni madurez humana. Sea como fuere, esa situación debe aclararse, pues como he dicho, sólo pueden ser buenos pastores de iglesia aquellos que tienen “sosegada” y resuelta, en principio, su opción afectiva, en clave de familia (de un tipo o de otro), de manera que no exista en ellos ningún riesgo apreciable de tendencia a la pederastia.

Matrimonio y celibato son opciones “secundarias”, no es una mejor que la otra, ambas pueden ser y son muy apropiadas para cumplir una misión eclesial. Lo que no puede hacerse es imponer un tipo de camino, ni aceptar en los ministerios de la iglesia, en contacto muy particular con niños, a personas que no son afectivamente maduras. Sólo allí donde se supera de raíz el riesgo de la pederastia puede hablarse de una buena familia cristiana (cf. tema 9), pues los niños son un momento esencial de la familia cristiana.

6. El tema de los homosexuales.

Pienso que la Iglesia no ha planteado tampoco todavía, en todo su rigor antropológico y cristiano, el tema de aquellas personas que tienen un tipo de sexualidad y tendencia afectiva “distinta” de la que se ha tomado como normativa. Éste es un caso que puede parecer secundario, dentro de la agenda general de las preocupaciones cristianas, pero está muy vinculado al proyecto y a la praxis de Jesús que ha estado cerca de personas de diversas orientaciones sexuales y antropológicas.

Por circunstancias diversas (de celibato y de orientación “espiritual”) parece que en la “familia eclesial” han sido y son bastante numerosos los casos de clérigos homosexuales, lo que no es un bien ni un mal, sino un hecho y una oportunidad, mientras el clero deba ser siendo celibatario, como hasta ahora. El tema no es que los haya, sino que deban mantenerse en situación de semi-clandestinidad, con un riesgo añadido por su propia condición y por el hecho de que, en conjunto, un tipo de Iglesia ministerial parece que no les acepta como tales (a pesar de que son bastante numerosos en el clero).

Lo mismo sucede con los homosexuales declarados, que acuden al matrimonio civil para legitimar de alguna forma su situación, siendo mal vistos en general por muchos miembros de la Iglesia. Éste es un tema que debe ser revisado y replanteado con urgencia, para que la Iglesia pueda presentarse y ser casa en la que puede decirse la verdad, hogar para los sin casa y familia. Y, por fin, con toda rapidez, se debe declarar que no ha sido adecuada, en línea antropológica, cristiana y pastoral, aquella norma del 2005 que prohibía el acceso de los homosexuales a los ministerios. (a) Porque es una norma “mentirosa”, pues hay muchos homosexuales en los ministerios, con todo honor, mientras no salgan del armario y no digan lo que son. (b) Porque es una norma anticristiana, pues discrimina de un modo “infantil” (maniqueo y antievangélico) a un tipo de personas.

Publiqué por entonces (año 2005) una fuerte protesta contra esa prohibición que decía (con mentira) que los homosexuales no pueden ser ministros de la Iglesia (porque lo eran de hecho). Debe andar por ahí, es fácil encontrarla con los buscadores de google. A lo mejor vuelto a publicarla uno de estos días.

7. La Iglesia está llamada a ofrecer un espacio de familia para muchos hombres y mujeres sin familia,

superando un tipo de oposición moderna entre lo privado (casa, familia) y lo público (sociedad…). Ciertamente, hay diferencias, se trata de espacios en parte distintos. Pero en sentido estricto (como en el principio de su historia) la Iglesia tiene que presentarse como “tercer género de sociedad”, entre el mundo privado de la pequeña familia (con sus principios de gratuidad personal) y el mundo público del sistema (donde domina un tipo de ley implacable de tipo capitalista). La Iglesia no es un agregado de pequeñas familias aisladas, que se reúnen para cultivar sólo su intimidad espiritual, mientras el mundo externo sigue dominado por “mamón”. Pero no es tampoco una justificación sacral del sistema capitalista, como algunos quieren.

En la línea de todo lo que he venido mostrando en este libro, la Iglesia ha de ser una comunidad que e es, al mismo tiemplo, íntima (de gratuidad) y abierta al espacio de la convivencia social, pero sin perder por ello sus principios básicos de solidaridad y de justicia. Como vengo diciendo, estamos en un momento clave de gran transición creadora. Pienso que la gran revolución social del futuro ha de ser una revolución social y personal de la familia. Con ese fin he querido escribir este libro sobre La Familia en la Biblia, en el contexto de la celebración de los Sínodos de la Familia (año 2014 y 2015).

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Los lefebvrianos, contra el Sínodo y el Papa: La homosexualidad contradice el derecho divino natural y por lo tanto constituye un pecado»

lunes, 2 de noviembre de 2015
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lundi09Sólo les falta decir que nos apedreen… De todas formas, tampoco se alejan tanto de las conclusiones del documento final del Sínodo de la Familia en el que, tras un refrito del Catecismo, califican la Homosexualidad de pecado, “Tendencia” en vez de “orientación”, afirman que “No existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia“… eso sí, respetándonos mucho, mucho, pero que mucho… ¡Cuánto fariseísmo!

Como decíamos al dar noticia de las conclusiones: Duras afirmaciones que demuestran que, definitivamente, esta Iglesia no es casa de acogida…

«Lamentables ambigüedades y omisiones»

«Rezamos por el Papa, y estaremos vigilantes»

«La homosexualidad contradice el derecho divino natural.

Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado.

No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.»

(Bernard Fellay, superior de la Fraternidad San Pío X).- La Relación final de la segunda sesión del Sínodo de la familia, publicada el 24 de octubre de 2015, lejos de manifestar un consenso de los padres sinodales, constituye la expresión de un compromiso entre posturas profundamente divergentes.

En ella se puede ver que se recuerdan ciertos puntos doctrinales sobre el matrimonio y la familia católica, pero también se notan lamentables ambigüedades y omisiones, y sobre todo brechas abiertas en la disciplina en nombre de una misericordia pastoral relativista. La impresión general que se desprende de este texto es la de una confusión que no dejará de ser explotada en un sentido contrario a la enseñanza constante de la Iglesia.

Por esta razón, nos parece necesario reafirmar la verdad recibida de Cristo sobre la función del Papa y de los obispos (1) y sobre la familia y el matrimonio (2), cosa que hacemos en el mismo espíritu que nos llevó a dirigir al Papa Francisco una súplica antes de la segunda sesión de este Sínodo.

1 – La función del Papa y de los obispos[1]

Como hijos de la Iglesia Católica, creemos que el obispo de Roma, sucesor de San Pedro, es el Vicario de Cristo, al mismo tiempo que es la cabeza visible de toda la Iglesia. Su poder es en sentido propio una jurisdicción a la que, tanto los pastores como los fieles de las Iglesias particulares, cada uno de ellos por separado o todos ellos reunidos, incluso en concilio, en sínodo o en conferencias episcopales, quedan obligados por un deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia.

Dios ha dispuesto así las cosas para que, manteniendo con el obispo de Roma la comunión y la profesión de una misma fe, la Iglesia de Cristo no sea sino un solo rebaño bajo un solo pastor. La Santa Iglesia de Dios ha sido divinamente constituida como una sociedad jerárquica en la que la autoridad que gobierna a los fieles viene de Dios, a través del Papa y de los obispos que le están sometidos. [2]

Cuando el Magisterio pontificio supremo ha dado la expresión auténtica de la verdad revelada, tanto en materia dogmática como en materia disciplinar, no les corresponde a los organismos eclesiásticos con autoridad de rango inferior -como las conferencias episcopales- introducir modificaciones en él.

El sentido de los sagrados dogmas que ha de conservarse a perpetuidad es el que el magisterio del Papa y los obispos han enseñado de una vez por todas y del que nadie puede jamás separarse. Por consiguiente, la pastoral de la Iglesia cuando ejerce la misericordia ha de comenzar remediando la miseria de la ignorancia al dar a las almas la verdad que las salva.

En la jerarquía instituida así por Dios, en materia de fe y de magisterio, las verdades reveladas han sido confiadas como un depósito divino a los Apóstoles y a sus sucesores, el Papa y los obispos, para que lo guarden fielmente y lo enseñen con autoridad. Este depósito está contenido, como en sus fuentes, en los libros de la Sagrada Escritura y en las tradiciones no escritas que, recibidas por los Apóstoles de boca del propio Cristo o transmitidas como de mano en mano por los Apóstoles por dictado del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros.

Cuando la Iglesia docente declara el sentido de estas verdades contenidas en la Escritura y la Tradición, lo impone con autoridad a los fieles para que lo crean como revelado por Dios. Es erróneo decir que al Papa y a los obispos corresponde ratificar lo que les sugiere el sensus fidei o la experiencia común del Pueblo de Dios.

Como ya habíamos escrito en nuestra Súplica al Santo Padre: «Nuestra inquietud brota de la condenación que San Pío X hizo, en su encíclica Pascendi, de la acomodación del dogma a pretendidas exigencias contemporáneas. Pío X y vos, habéis recibido la plenitud del poder de enseñar, de santificar y de gobernar en la obediencia a Cristo, que es el Jefe y el Pastor del rebaño en todo tiempo y en todo lugar, y de quien el Papa debe ser el fiel vicario sobre esta tierra. Lo que ha sido objeto de una condenación dogmática no puede convertirse, con el tiempo, en una práctica pastoral autorizada».

Esto es lo que llevó a Mons. Marcel Lefebvre a escribir en su Declaración del 21 de noviembre de 1974: «Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. «Si ocurriese -dice san Pablo- que yo mismo o un Ángel bajado del cielo os enseñase otra cosa distinta a lo que yo os he enseñado, sea anatema». [3]

2 – El matrimonio y la familia católica

Acerca del matrimonio, Dios ha provisto al crecimiento del género humano instituyendo el matrimonio, que es la unión estable y perpetua de un hombre y de una mujer [4]. El matrimonio de los bautizados es un sacramento, ya que Cristo lo elevó a esta dignidad; por lo tanto, el matrimonio y la familia son de institución divina y natural.

El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos. El fin secundario del matrimonio es la ayuda mutua que se dan los cónyuges, así como el remedio de la concupiscencia.

Cristo estableció que la unidad del matrimonio sería definitiva, tanto para los cristianos como para todos los hombres. Esta unidad goza de tal indisolubilidad que no puede romperse nunca, ni por la voluntad de ambas partes ni por ninguna autoridad humana: «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».[5] En el caso del matrimonio sacramental entre bautizados, la unidad e indisolubilidad se explican, además, por el hecho de ser el signo de la unión de Cristo con su esposa.

Todo lo que los hombres puedan decretar o hacer contra la unidad e indisolubilidad del matrimonio no corresponde ni a lo que exige la naturaleza ni al bien de la sociedad humana. Además, los fieles católicos tienen el deber grave de no unirse únicamente por el vínculo del matrimonio civil, sin tener en cuenta el matrimonio religioso prescrito por la Iglesia.

La recepción de la eucaristía (o comunión sacramental) requiere el estado de gracia santificante y la unión con Cristo mediante la caridad; la comunión aumenta esta caridad y significa al propio tiempo el amor de Cristo por la Iglesia, que le está unida como Esposa única. Por consiguiente, las personas que deliberadamente viven juntas en una unión de concubinato o incluso adúltera van contra las leyes de Dios y de la Iglesia, porque dan el mal ejemplo de una falta de justicia y de caridad, no pueden ser admitidas a la comunión eucarística y son consideradas como pecadores públicos: «El que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio». [6]

Para recibir la absolución de los pecados en el ámbito del sacramento de la penitencia, se requiere tener el firme propósito de no pecar más y, consiguientemente, los que se niegan a poner término a su situación irregular no pueden recibir una absolución válida.[7]

En conformidad con la ley natural, el hombre no tiene derecho a usar su sexualidad sino en el matrimonio legítimo y respetando las leyes fijadas por la moral. Por lo tanto, la homosexualidad contradice el derecho divino natural. Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado. No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.

Ante los errores actuales y las legislaciones civiles contra la santidad del matrimonio y la pureza de las costumbres, la ley natural no admite excepciones, pues Dios, en su sabiduría infinita, al darnos su ley ha previsto todos los casos y circunstancias, a diferencia de los legisladores humanos. Por ello no puede admitirse una moral denominada de situación, que se propone adaptar las reglas de conducta dictadas por la ley natural a las diferentes culturas. La solución de los problemas de orden moral no ha de someterse tan sólo a la conciencia de los esposos o de los pastores, y la ley natural se impone a la conciencia como regla del obrar.

La solicitud del Buen Samaritano con el pecador se manifiesta por medio de la misericordia que no transige con su pecado, lo mismo que el médico que quiere ayudar eficazmente a un enfermo a recuperar la salud no transige con su enfermedad, sino que le ayuda a deshacerse de ella. Es imposible liberarse de la ley evangélica en nombre de una pastoral subjetiva que, aunque recordara universalmente tal ley, la aboliría caso por caso. Nadie puede conceder a los obispos la facultad de suspender la ley de la indisolubilidad del matrimonio ad casum sin exponerse a que se vuelva sosa la doctrina del Evangelio y quede troceada la autoridad de la Iglesia. Pues, en esta perspectiva errónea, lo que se afirma doctrinalmente podría negarse pastoralmente, y lo que está prohibido de jure podría estar autorizado de facto.

En esta confusión extrema, le corresponde en adelante al Papa -conforme a su cargo y en los límites que le ha fijado Cristo- volver a expresar con claridad y firmeza la verdad católica quod semper, quod ubique, quod ab omnibus [8], e impedir que esta verdad universal sea práctica y localmente contradicha.

Siguiendo el consejo de Cristo: orate et vigilate, rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco, y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos. Suplicamos a María, Madre de Iglesia, que le conceda las gracias que le permitan ser el fiel intendente de los tesoros de su divino Hijo.

Menzingen, 27 de octubre de 2015
+ Bernard FELLAY
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

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Organizaciones religiosas se manifiestan en Paraguay a favor de la discriminación

lunes, 2 de noviembre de 2015
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cartel_papa_paraguayLos manifestantes rechazaron que Paraguay deba adaptarse a las normativas internacionales a favor de los Derechos Humanos porque «Europa moralmente está acabada y Estados Unidos es una dictadura ideológica».

Un grupo de asociaciones religiosas se manifestaron este sábado en el centro de Asunción «por la vida y la familia» y contra «la grosera intromisión» en Paraguay de «recetas extranjeras basadas en la ideología gay» de la ONU, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la ONG Amnistía Internacional.

Un centenar de familias acompañadas de banderas del Vaticano y de Paraguay, organizadas por la Federación de Asociaciones por la Vida y la Familia, se congregaron en una céntrica plaza de la capital para mostrar su rechazo a los tratados internacionales suscritos por Paraguay sobre salud y Derechos Humanos.

La ONU ha pedido a Paraguay en reiteradas ocasiones que promueva la aprobación de una ley contra toda forma de discriminación garantice la seguridad de los distintios colectivos y minorías sociales.

«Los organismos internacionales presionan y exigen imponer una ideología gay o de género», dijo a Juan Vera, un portavoz de la Federación, que dice representar «al 88 % del pueblo católico». «No protestamos contra ningún ciudadano ni contra sus prácticas sexuales, es para defender la vida y la familia y para denunciar la grosera intromisión de las Naciones Unidas, la OMS, y Amnistía Internacional«, destacó Vera.

«Paraguay es uno de los pocos países de la región que no cuenta con dicha ley y esto representa una deuda histórica con la sociedad paraguaya», expresó el relator de la ONU del derecho a la salud, Dainius Puras, en una rueda de prensa en Asunción a principios de mes, y agregó que las personas LGTB son víctimas en Paraguay de «estigma, violencia y abuso».

Paraguay ha ratificado todos los tratados y convenciones del sistema de derechos humanos regional, excepto la Convención Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia, y la Convención Interamericana contra la discriminación racial.

Los manifestantes aseguraron, en un comunicado, que el objetivo de la ONU es «la imposición de una educación inhumana, consumista, para pervertir masivamente la conducta de nuestros jóvenes y niños desde los cinco años».

Vera rechazó que Paraguay deba adaptarse a las normativas aprobadas en otros países porque «Europa moralmente está acabada y Estados Unidos es una dictadura ideológica».

Fuente Agencias

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Argentina abre la causa de beatificación de Enrique Angelelli

domingo, 1 de noviembre de 2015
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angelelli25El martirio del obispo asesinado durante la dictadura podría demostrarse en dos años

«El Papa Francisco conoció a monseñor Angelelli«, afirma monseñor Colombo

(Alver Metalli, en Terres d’America).- El obispo de La Rioja (Argentina), Marcelo Colombo, abrió ayer la causa de beatificación de Enrique Angelelli, asesinado durante y por la dictadura en agosto de 1976. En la ceremonia participó el obispo emérito, Robert Rodríguez, y varios sacerdotes que se constituyeron como comisión Histórica y el Tribunal Diocesano.

Colombo hizo todo lo posible para que comenzara cuanto antes. «Desde que asumí esta responsabilidad pastoral he querido dar toda mi colaboración y siempre encontré en la máxima conducción de la Conferencia Episcopal Argentina una gran sensibilidad e interés por la causa Angelelli», declara el prelado.

Ya en 1983, siete años después del asesinato de Angelelli, varios obispos argentinos pidieron que se aclararan las circunstancias de su muerte, que desde el principio había despertado sospechas. «Me refiero a cuatro obispos muy reconocidos por su compromiso con los derechos humanos», aclara monseñor Colombo, dando los nombres y la diócesis a la que pertenecen: De Nevares (Neuquén), Novak (Quilmes), Hesayne (Viedma) y Mendiharat (Salto, Uruguay).

«Ellos expresaron, pero no fueron los únicos, lo que muchos pensaban y decían en La Rioja desde el primer momento: «¡A Angelelli lo mataron!« Sobre todo, si se tiene en cuenta que su muerte fue la última de una serie de muertes ocurridas en los días inmediatos anteriores, me refiero a los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera«.

Monseñor Colombo será quien interrogue a los testigos en la instrucción diocesana que acaba de comenzar y documentará la fama de santidad y las condiciones en que se produjo el homicidio de Angelelli en agosto de 1976. Colombo también designó formalmente la Comisión histórica del Tribunal diocesano, de la que formarán parte, entre otros, el obispo emérito Roberto Rodríguez, otra figura importante para la puesta en marcha de la causa, y varios sacerdotes. Estos últimos deberán reunir los escritos de Angelelli -se sabe que el trabajo de compilación se encuentra bastante avanzado-, las grabaciones y filmaciones que de él existen, que no son muchos, analizarlos y clasificarlos, elaborar a partir de ellos las respuestas que se exigen para un procedimiento de este tipo, antes de enviar todo a Roma.

https://www.youtube.com/watch?v=hBQSJaivKFo

Se sabe que el Papa Francisco en varias oportunidades pidió información sobre el estado de la causa penal que abrió la justicia argentina para dar un rostro a los mandantes y ejecutores del asesinato. «El Papa conoció a monseñor Angelelli», explica Colombo. «Como provincial jesuita durante esos años visitó la diócesis donde trabajaban algunos sacerdotes de su orden, algunos de los cuales incluso habían sufrido la persecución y la cárcel en esos días». Monseñor Colombo recuerda que «en 2006, en ocasión del 30° aniversario del asesinato de Angelelli, Bergoglio encabezó las celebraciones con la participación de numerosos obispos y sacerdotes. Fue elocuente su homilía de entonces. Todos la recuerdan con emoción. Como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina dispuso la creación de la comisión investigadora ad hoc, presidida por monseñor Giaquinta».

Los juicios que se realizaron en Argentina sobre la muerte de Angelelli aportaron importantes certezas. Quedó comprobada la mecánica de un falso accidente automovilístico premeditado y provocado cuando el auto en el que viajaba Angelelli circulaba por la ruta nacional 38 -que hoy lleva el nombre de «Ruta Monseñor Enrique Angelelli»- a la altura de la localidad de Punta de los Llanos. La responsabilidad del atentado se atribuye al Tercer Cuerpo de Ejército y en julio de 2014 fueron condenados a cadena perpetua el ex general Luciano Benjamín Menéndez, Luis Fernando Estrella y otros militares.

la-causa-de-angelelli.jpgLa causa que acaba de abrirse en la diócesis de La Rioja no tiene fecha de vencimiento establecida sino que la intención de los promotores es proceder sin perder tiempo. Uno de los miembros de la Comisión histórica recién constituida, Pedro Goyochea, declaró: «lo que se va a comprobar es su martirio, es decir, sufrir una muerte violenta a causa del Evangelio, a causa de la pastoral de conjunto, que como lo definió el obispo Colombo, fue una decisión de monseñor Angelelli de aplicar las condiciones del Concilio Vaticano Segundo, en nuestra provincia«.

Otro sacerdote que integra el Tribunal Diocesano instituido en el diócesis, Roberto Queirolo, anticipó al diario local Chilecito que «en dos años podría estar terminada la instrucción para enviar la causa a la Santa Sede«, como ya se hizo con los curas de Chamical, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, cuya fase diocesana concluyó el 15 de mayo pasado y el mismo Colombo llevó todo el material a Roma después de asistir a la beatificación de monseñor Romero en El Salvador. El padre Roberto Queirolo recordó que después del homicidio de Murias y Longueville y del laico Wenceslao Pedernera, ocurridos con pocos días de diferencia en julio de 1976, «todos los sacerdotes le pidieron a Angelelli que se proteja, pero él decidió quedarse con su pueblo y no dejar solas a sus ovejas«.

El Papa Francisco sigue con atención el proceso de beatificación y «quiere darle celeridad«, admitió el perito de La Rioja, quien recordó también que en 2006, cuando se cumplieron 30 años del asesinato, Bergoglio manifestó en una homilía en la catedral de La Rioja que el fallecido obispo «recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello«.

Por otra parte, copias de las dos cartas que Angelelli llevaba consigo en el momento de ser asesinado habían sido enviadas al Vaticano pocos días antes y son las mismas que el Papa devolvió al obispo de La Rioja. «En la causa de monseñor Angelelli fue decisiva la inclusión de dos documentos que el Papa nos envió para presentar ante los tribunales argentinos», reconoce monseñor Marcelo Colombo.

Fuente Religión Digital

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«Cómo reformar la Iglesia», por Carlos Osma

sábado, 31 de octubre de 2015
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ReformaiglesiaMonumento a la Reforma, Ginebra

En el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo[1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe[2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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El Sínodo de la Familia, agitado dentro y fuera, concluye sin resultados concretos

jueves, 29 de octubre de 2015
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14457126264698Ampliamos la noticia del Sínodo del que de manera urgente dimos noticia el pasado domingo:

Mucho ruido y pocas nueces: el Sínodo de la Familia ha concluido finalmente sin ninguna resolución concreta, tampoco en materia LGTB. Sus discusiones, sin embargo, han servido para poner de manifiesto el nerviosismo que la mera posibilidad de un cambio en el enfoque pastoral (sin que ello implique cambio doctrinal de fondo) genera dentro de la jerarquía católica. El Sínodo ha despertado además un inusitado interés por la agitación externa causada por la salida del armario de Krzystof Charamsa y por el anuncio de un documental que deja al descubierto la doble vida de numerosos sacerdotes y religiosos.

Con la conclusión, este domingo 25 de octubre, del Sínodo de la Familia, termina el proceso sinodal que dio comienzo en 2014 y que ha conocido un primer encuentro extraordinario celebrado hace un año y un segundo ordinario ahora. En materia LGTB, no ha habido ningún resultado concreto. Algo que, como ya adelantamos, era de esperar. Sin embargo, sí que hay razones para considerar interesante lo sucedido. Por una parte, en el interior de la Iglesia, se advierte una clara división entre quienes defienden una mayor apertura pastoral y quienes persiguen una reafirmación doctrinal. Eso sí, más que de dos extremos realmente enfrentados, como presentan algunos, más bien hay que hablar de moderados y extremistas dentro de una misma posición de no cambiar la doctrina. Aún así, la presencia de un campo que habla de la realidad LGTB en términos no puramente condenatorios es una novedad (siempre, claro está, dentro de los parámetros de la jerarquía católica).

En el bando de la reafirmación doctrinal ha destacado el discurso inicial del cardenal Péter Erdő, arzobispo de Budapest y relator del Sínodo al comienzo del mismo, y que citando un documento vaticano de 2003 afirmó que no hay base para comparar o hacer analogías, siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el plan de Dios para el matrimonio y la familia. Con todo, la mayor estridencia en el lado rigorista la protagonizó sin duda el cardenal Robert Sarah, cuyas palabras ya reflejamos en esta página, y que llegó a poner al mismo nivel la “ideología de género” y el Estado Islámico.

Del lado de quienes defienden una apertura pastoral, destacamos en primer lugar el arzobispo de Bombay, el cardenal Oswald Gracias. En su momento, Gracias fue el único líder religioso de la India en oponerse a la recriminalización de la homosexualidad. Por otro lado, ya en la edición del año pasado había afirmado en una rueda de prensa que debía mejorarse la pastoral hacia las personas LGTB. En esta ocasión, Gracias ha concedido una entrevista a la asociación católica pro-LGTB New Ways Ministry donde, entre otras cosas, habla de los dones que ha visto en las personas LGTB. Además, señaló que hubiera sido positivo que hubiera habido parejas del mismo sexo en el Sínodo hablando de su realidad: “Personalmente, creo que habría sido enriquecedor. Me habría encantado escucharlos y creo que ayudaría a todos los padres sinodales a comprender. Creo que la mayoría nunca ha tenido un contacto directo o una conversación. Así me lo parece. Para ellos, es sólo una opinión teórica pero no desciendes hacia la persona. Cuando realmente ves a la persona, hablas con la persona y entiendes su angustia. Frecuentemente me pregunto cuál sería el acercamiento de nuestro Señor en estas circunstancias: sería compasivo, comprensivo”.

También ha destacado la posición del arzobispo de Chicago, Blase J. Cupich, que en rueda de prensa afirmó que debía escucharse a las personas LGTB: “De hecho, conté con sus voces como parte de mis consultas. Pero creo que nos podríamos beneficiar de las voces reales de personas que se sienten marginadas antes que recibirlas filtradas a través de las voces de otros representantes o de los obispos. Si realmente vamos a acompañar a la gente, tenemos primero que involucrarnos con ellos. En Chicago, me reúno regularmente con gente que se siente marginada, ya sean personas mayores, divorciados y vueltos a casar, gais y lesbianas como personas individuales y también parejas”.

Un Sínodo “accidentado” dentro y fuera…

El Sínodo, por lo demás, ha sido accidentado. Por un lado, parece que el sector inmovilista quiso frenar la reflexión del Sínodo mediante una carta de varios cardenales protestando por el método seguido en el encuentro. La propia historia de la carta resultó confusa, pues primero se habló de trece cardenales firmantes pero luego se retiraron (o desmintieron) seis. Más extraña aún fue la noticia que hablaba de un supuesto tumor cerebral del papa Francisco, que poco después fue desmentida y que reforzó la impresión de que algunos querían boicotear el Sínodo.

No fue con todo la única “conmoción” que sacudió al Sínodo. Directamente relacionadas con la realidad LGTB, dos noticias tenían un gran impacto en los medios de comunicación. Una fue, sin duda, la salida del armario de Krzystof Charamsa, protagonista de diversas entrevistas en medios de comunicación durante las tres semanas que ha durado el Sínodo. En ellas Charamsa ha hablado de la cerrazón en el interior de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero sobre todo de la presencia de gais en el clero, especialmente en el Vaticano. En una de ellas llega a afirmar claramente que “en el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos”.

… y un documental sobre religiosos homosexuales como guinda

Una segunda noticia ponía aún más de relieve la presencia notable de personas LGTB en una institución que rechaza su realidad. Se trata del documental Amores Santos, que se ha dado a conocer deliberadamente a la vez que el Sínodo y que se estrenará en enero de 2016. Inicialmente estaba pensado como un documental de denuncia de la LGTBfobia eclesiástica. Sin embargo, al encontrar sus autores que numerosos religiosos eran ellos mismos homosexuales decidieron cambiar el enfoque. A través de un actor que se hizo un perfil falso, contactó con numerosos religiosos de treinta países con los que tenía sesiones de cibersexo. El resultado es un documental que recoge parte de este material (editado para no revelar la identidad de los afectados) y que, según el tráiler, promete ser impactante. Si algo deja claro es que la realidad LGTB no es en modo alguno exterior a la misma jerarquía de la iglesia católica: su clero y sus religiosos.

Fuente Dosmanzanas

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Munilla, el rostro de la Iglesia «Misericordiosa»: «La Iglesia sabe que (los homosexuales) tienen dentro una cruz»… Sí, donde nos crucifican algunos…

miércoles, 28 de octubre de 2015
Comentarios desactivados en Munilla, el rostro de la Iglesia «Misericordiosa»: «La Iglesia sabe que (los homosexuales) tienen dentro una cruz»… Sí, donde nos crucifican algunos…

munilla_560x280Definitivamente este hombre es la cara más amarga y homófoba de una iglesia que dice ser misericordiosa. Oírle hablar es recordar las actitudes intransigentes de los dirigentes religiosos que criticaban a Jesús de Nazaret. Cualquier parecido con esa realidad no es mera coincidencia:

«¿Nosotros quiénes somos para rectificar la Palabra de Jesucristo?»

«La Iglesia sabe que (los homosexuales) tienen dentro una cruz»
.
«Si usted está a favor de la anticoncepción, ha asumido la ideología de género, el homosexualismo, usted no va a conjugar la verdad moral con la caridad»

Cree que el Sínodo sólo se refiere a si pueden ser profesores o padrinos

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha asegurado que el Sínodo de los Obispos sobre la Familia, que se clausuró el pasado sábado, no abre la puerta a que los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil puedan comulgar porque esto es «imposible».

«Algunos pensaban que iba a venir el Sínodo e iba a decir que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar. Eso no ha sido y es imposible porque es contradecir la fe de la Iglesia. Si para comulgar hay que estar en gracia de Dios y el divorcio y las nuevas nupcias es adulterio, ¿nosotros quienes somos para rectificar la palabra de Jesucristo?. Es imposible que el Sínodo puediera decirlo y que el Papa pueda decirlo porque no tenemos autoridad sobre la palabra de Dios«, ha subrayado.

Durante su programa ‘Sexto continente’ en Radio María, al que ha tenido acceso Europa Press, Munilla ha criticado este lunes que ha habido «manipulaciones mediáticas» del Sínodo y ha negado que esta Asamblea General haya abierto la comunión a los divorciados. «Es absolutamente falso», ha subrayado.

El obispo ha precisado que «en todo el documento ni se menta el tema de la comunión a los divorciados» sino que se habla del acompañamiento de los sacerdotes a estas personas para que estén más intregradas en las comunidades cristianas «evitando toda ocasión de escándalo«.

En todo caso, según indica, la novedad que se introduce es una llamada a discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en los ámbitos litúrgico, educativo, pastoral e institucional pueden ser superadas y, a su juicio, no se refiere en ningún caso a comulgar sino a otras cuestiones «disciplinares» como «si un profesor de Religión divorciado y vuelto a casar puede seguir siéndolo» o «si una persona en esta situación puede ser padrino de bautizo».

El único caso en el que los divorciados que se han vuelto a casar podrían ser absueltos por la Iglesia y podrían comulgar durante la Eucaristía, según ha matizado citando la Exhortación Apostólica del Papa Juan Pablo II Familiaris Consortio, sería aquel en el se constata que es «humanamente imposible» que los cónyuges separados vuelvan a juntarse y siempre que estos «asuman el compromiso de vivir en continencia absteniéndose de los actos propios de los esposos».

Munilla también se refiere al tema de las personas homosexuales y dice que el Sínodo ha puesto una especial atención en la no discriminación y en el acompañamiento a las familias de estas personas. «La Iglesia sabe que tienen dentro una cruz», señala Munilla. Además, pide que «por favor no se compare una unión homosexual con una unión entre hombre y mujer» y pone de relieve la denuncia que hace el Sínodo a las «presiones de organismos internacionales que condicionan ayudas financieras a la inclusión en las leyes del matrimonio entre personas del mismo sexo».

Por otro lado, el obispo de San Sebastián recuerda que los padres sinodales denuncian en el documento la ideología de género y rechazan «con todas sus fuerzas» las acciones en favor de la anticoncepción, la esterilización y el aborto.

Para Munilla, un problema básico es que hay personas que «no creen en la verdad moral» pero que, al mismo tiempo, piden a la Iglesia «misericordia» y ha pedido no hacer «trampas». «Si usted está a favor de la anticoncepción, ha asumido la ideología de género, el homosexualismo, usted no va a conjugar la verdad moral con la caridad, sino que va a manipular la misericordia y la caridad para negar la verdad moral», ha advertido.

(Rd/Ep)

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Francisco: «Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente»

lunes, 26 de octubre de 2015
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a_20Pues eso…

El Papa anima a «evaluar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo firmes en el Evangelio»

«Somos libres. Somos libres por el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo»

(RV).- «Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente«, con libertad y en la verdad de la fe. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Pontífice reflexionó sobre el discernimiento que la Iglesia debe hacer viendo los «signos de los tiempos», sin ceder a la comodidad del conformismo, sino dejándose inspirar por la oración.

Los tiempos hacen lo que deben: cambian. Y los cristianos deben hacer lo que quiere Cristo, a saber: evaluar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo «firmes en la verdad del Evangelio«. Lo que no se admite es el tranquilo conformismo que, de hecho, hace que permanezcamos inmóviles.

Inspirándose en un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Santo Padre explicó que el Apóstol predica con «mucha fuerza la libertad que nos ha salvado del pecado». Mientras el Evangelio relata que Jesús habla de los «signos de los tiempos» definiendo hipócritas a quienes saben comprenderlos pero no hacen lo mismo con el tiempo del Hijo del Hombre. Dios nos ha creado libres y «para tener esta libertad – afirmó el Papa – debemos abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué cosa sucede dentro y fuera de nosotros», usando el «discernimiento»:

«Tenemos esta libertad para juzgar lo que sucede fuera de nosotros. Pero para juzgar debemos conocer bien lo que sucede fuera de nosotros. ¿Y cómo se puede hacer esto? ¿Cómo se puede hacer esto, que la Iglesia llama ‘discernir los signos de los tiempos’? Los tiempos cambian. Es precisamente de la sabiduría cristiana conocer estos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos. Lo que significa una cosa y lo que significa otra cosa. Y hacer esto sin miedo, con libertad».

El Papa Bergoglio reconoció que no es una cosa «fácil», porque son demasiados los condicionamientos externos que también afectan a los cristianos induciendo a muchos a un más cómodo «no hacer»:

«Este es un trabajo que nosotros no solemos hacer: nos conformamos, nos tranquilizamos con ‘me han dicho, he oído, la gente dice, he leído…’. Así estamos tranquilos… ¿Pero cuál es la verdad? ¿Cuál es el mensaje que el Señor quiere darme con aquel signo de los tiempos? Para entender los signos de los tiempos, ante todo es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. Un ejemplo: ¿por qué hay tantas guerras ahora? ¿Por qué ha sucedido algo? Y rezar… Silencio, reflexión y oración. Sólo así podremos comprender los signos de los tiempos, y qué cosa quiere decirnos Jesús».

 

Y comprender los signos de los tiempos no es un trabajo exclusivo de una élite cultural. Jesús – recordó Francisco – no dice «miren cómo hacen los universitarios, miren cómo hacen los doctores, miren cómo hacen los intelectuales…». Y subrayó que Jesús habla a los campesinos que, «en su sencillez» saben «distinguir el trigo de la cizaña»:

«Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente. Debemos cambiar firmes en la fe en Jesucristo, firmes en la verdad del Evangelio, pero nuestra actitud debe moverse continuamente según los signos de los tiempos. Somos libres. Somos libres por el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo. Pero nuestro trabajo es mirar qué cosa sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos; y ver qué cosa sucede fuera de nosotros y discernir los signos de los tiempos. Con el silencio, con la reflexión y con la oración «.

Fuente Religión Digital

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«Conversión del Papado», por José Mª Castillo

domingo, 25 de octubre de 2015
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papa-francisco1Leído en su blog Teología sin Censura:

El papa Francisco lo ha dicho sin rodeos: es necesaria y urgente la “conversión del papado”. No se trata, por supuesto de que el papa se convierta. Francisco no ha dicho esto refiriéndose a una persona, el papa; sino afirmando que es una institución, el papado, lo que tiene que cambiar, es decir, organizarse de otra manera y funcionar de forma distinta a como lo viene haciendo desde hace ya bastantes siglos.

El mismo Francisco explicó ayer, en el Sínodo de Obispos, en qué tiene que consistir este cambio. Lo que el papa ve que es urgente cambiar en la Iglesia es el ejercicio del poder. Concretamente el ejercicio del poder por parte del papado. Se trata de “descentralizar” el modo de gobernar. Para que la Iglesia vuelva a ser gobernada como lo fue durante casi mil años, hasta el s. X. Durante aquellos siglos, el gobierno ordinario de las Iglesias locales, regionales y nacionales lo ejercían los Sínodos de cada región o de cada país. Sólo en circunstancias extraordinarias, y para asuntos que no se podían resolver en el ámbito local, intervenía el obispo de Roma, que, durante siglos, se resistió a ser llamado “papa”, tema en el que insiste con palabras fuertes el papa Gregorio I, San Gregorio Magno (s. VI).

Sería atrevido y desacertado precisar ahora en qué va a quedar esto. Y cómo se van a organizar las cosas de la Iglesia en los próximos años. Sea como sea, una cosa es cierta: la Iglesia no puede seguir viviendo en la enorme contradicción, en que vive ahora, en este orden de cosas. ¿En qué cabeza cabe que la autoridad oficial, que hoy habla en el mundo, en nombre de Jesús y su Evangelio, sea el único monarca absoluto que queda en Europa? ¿Con qué autoridad puede este monarca ponerse a explicar el Evangelio, en el que “los primeros tienen que hacerse los últimos”? ¿Cómo puede decirle a la gente que los discípulos de Cristo no pueden ejercer el poder como lo ejercen los grandes y poderosos de este mundo? (Mc 10, 35-45; Mt 20, 20-28; Lc 22, 24-27). ¿Y va a seguir diciendo esto un jefe de Estado que acepta (según el Derecho Canónico) ser el único hombre en la tierra que posee una potestad “suprema, plena, inmediata y universal, que puede ejercer siempre libremente”? (can. 331, 2).

O sea, el papado se atribuye un poder que no es como el de los “jefes de los pueblos”, sino más fuerte que todos los demás poderes. ¿Qué sentido tiene entonces la prohibición tajante del Evangelio: “No ha de ser así entre vosotros” (Mc 10, 43; Mt 20, 26)?

Impresiona la lucidez y la honradez de Francisco. Como impresiona (quizá más) la ceguera y la hipocresía de quienes se empeñan en que Francisco será la ruina de la Iglesia. Difícil va a ser la conversión del papado. Pero más lo va a ser la conversión de los fariseos. Porque ellos son los que se sienten más seguros en la posesión de la verdad.

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Krzysztof Charamsa: «En el clero católico hay muchos homosexuales reprimidos que odian a los que son gays como ellos»

domingo, 25 de octubre de 2015
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1443906876059«Doctrina de la Fe es la agencia política de sabotaje contra el pontificado de Francisco»

«En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es uno de los lugares menos santos»

» En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando los gays son homófobos interiorizados «

(José M. Vidal).- El sacerdote y teólogo polaco, Krzysztof Charamsa, acaba de protagonizar una de las ‘salidas del armario’ más clamorosas de la historia del Vaticano. Afincado en Barcelona, realiza, en este entrevista exclusiva con RD, un durísimo alegato contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y su Prefecto, cardenal Müller, al que acusa de homofobia y de intentar «sabotear el pontificado de Francisco».

¿Fue feliz durante sus años de sacerdocio?

Sí, yo siempre he sido un cura feliz. Me siento feliz sirviendo a la gente, escuchando y aconsejando a las personas. Estoy feliz cuando comunico la palabra y la gracia de Dios. Pero, al mismo tiempo, no me sentía feliz por la negación impuesta por la Iglesia a mi natural orientación sexual. Estos dos sentimientos en el sacerdocio entraban en conflicto. Al final ha prevalecido la infelicidad causada por la homofobia de la Iglesia. He comprendido que para ser sacerdote feliz, debo decirle a mi Iglesia que está paralizada por la homofobia, y esto no hace feliz a nadie.

¿Es partidario del celibato opcional en la Iglesia católica? ¿Por qué?

Sí, a la luz de mis estudios sobre el celibato, hoy estoy convencido de que la única disciplina que se podría aceptar es la disciplina del celibato opcional, como la encontramos en las iglesias católicas orientales, donde los candidatos a curas pueden realmente decidir si quieren vivir como célibes o como casados. Hay, sin embargo, otro problema. Pienso que hoy en día se debe también discutir y revisar el valor humano del celibato. El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana. Debemos confrontar la disciplina del celibato con el estado de las ciencias modernas sobre el hombre y con la experiencia dramática de muchos curas. La Iglesia muchas veces esconde una doble vida en su corporación del clero.

¿Le han llamado ‘traidor’ por haber salido del armario y haber roto su compromiso celibatario?

Sería un traidor si continuara estando en el armario. Sólo así sería un traidor de Dios y de la humanidad. Sería un mentiroso. Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda, e incapaz de reflexionar porque está llena de un adoctrinamiento ideológico. Personalmente, veo que quien traiciona es la Iglesia, como comunidad de creyentes y como jerarquía, porque no es capaz de revisar una posición que ya no puede seguir defendiendo. Esta traición es muy patente en la Congregación para la doctrina de la fe y en el Vaticano en general. Traición es también la doble vida de una parte del clero. La doble vida para mí no significa solo tener una pareja, hombre o mujer, que es una realidad muy sana y recomendable para un cura. La doble vida es también masturbarse regularmente o ser dependiente de la masturbación como lo son muchos curas y al mismo tiempo luchar contra la masturbación, la cual forma parte de una sana vida sexual en pareja.

La Iglesia predica misericordia, pero ¿sigue persiguiendo a los homosexuales?

Sí, hay una verdadera persecución por parte de la iglesia católica tanto de las personas como de la comunidad LGBTI en general. Es la persecución de las minorías sexuales que no pertenecen y no pueden pertenecer a la mayoría heterosexual. Se trata de un proyecto ideológico de la Iglesia. Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad. Esta afirmación ha salido en boca del cardenal africano Sarah justo en medio del sínodo, que en su lugar debería pensar con misericordia sobre las familias. La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general.

Desgraciadamente, en este momento de la iglesia no hay personas capaces de abrir una discusión seria, libre de toda ideología dictatorial. El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto. Así, faltan interlocutores con los cuales se podría confrontar en la Iglesia. Esta es mi experiencia en la Congregación para la Doctrina de la Fe: un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible. ¿Con quién se podría discutir en la Iglesia las cuestiones humanas si la Iglesia permite las palabras de Sarah? El debería ser denunciado por difamación de un grupo social. La Congregación para la Doctrina de la Fe piensa como Sarah. Están obsesionados por la homosexualidad.

Hace unos días el cardenal Kasper decía que «el homosexual nace». Era la primera vez que yo se lo oía a un jerarca de la Iglesia. ¿Y usted?

Sí, es verdad, creo que es la primera vez. El cardenal Kasper es una de las pocas personas que piensa en la Iglesia. No comparto su posición sobre el juicio moral en relación a los actos homosexuales realizados por personas homosexuales siguiendo su propia natura. Me parece que él, por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar, posibilidad reservada solo a las criaturas heterosexuales. Es contradictorio. En otros términos, si es verdad que «se nace homosexual», como él dice, entonces los católicos tienen un problema con la cuestión homosexual. Deben reflexionar de nuevo sobre todo el tema de la orientación sexual y a continuación revisar la doctrina moral a la luz de esta reflexión.

No obstante esta frase, a mí me parece que el cardenal Kasper sigue la desafortunada teoría de la complementariedad hombre-mujer. Se trata de una verdadera construcción mental católica, que ya ha sido probada como teóricamente débil, por no decir falsa. Desgraciadamente, el término «complementariedad» se ha convertido en un slogan con el que la Iglesia quiere eliminar la discusión sobre personas homosexuales como criaturas Dios en vista del amor. Así, la Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar. Así promueve también el odio en la mentalidad de la gente contra las personas LGBTI, las cuales son presentadas como anormales. Se trata de una posición ideológica de una iglesia que tiene miedo de pensar. Estoy seguro de que esto pasará y en el futuro la Iglesia pedirá perdón por esto retraso. Este tipo de errores se repiten en la historia de la Iglesia continuamente.

Volviendo al cardenal Kasper: él es un creyente que piensa, con el cual se puede discutir. Hay también otros como él: como el card. Schönborn, el card. Marx, monseñor Forte o monseñor Bonny, por nombrar algunos, y sin olvidar al Papa Francisco. Son hombres de Dios y de la Iglesia, sensibles, creyentes, capaces de conocer la humanidad y de dialogar con ella. Pero la mayoría está obsesionada, incapaz de pensar y de amar, como el card. Sarah. La estigmatización promovida por la mayoría es un arma.

¿La espiritualidad y la sensibilidad atraen a los gays hacia el altar? ¿Hay más homosexuales en la Iglesia que en otras instancias sociales?

Personalmente estoy seguro que es así. Muchas veces en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente. Hoy, probablemente esa razón funciona solo en sociedades homofóbicas y retrógradas. Imagino que en mi patria, Polonia, todavía funciona así. Pienso que hoy en día es mucho más frecuente que un gay con su sensibilidad, y su apertura a lo transcendente y a lo divino, quiera ser cura.

¿Y en la Curia, hay muchos gays? ¿Es realidad el lobby gay vaticano del que suele hablarse?

En este campo también puedo hablar solo de mi experiencia. No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse. En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos curas, si no son homófobos, si no piensan solo en su carrera, si no se preocupan solo del dinero y del poder. El problema aparece cuando los gays son homófobos interiorizados. En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos.

Otro tema es el lobby gay, que yo no he conocido. He leído algo sobre ello en Italia, pero no he tenido ninguna experiencia. Puede ser que exista este lobby, come existe el lobby italiano o polaco en el Vaticano. El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero. Pienso también que el Vaticano es un lobby a nivel italiano e internacional que impone cosas que jamás ha estudiado seriamente.

¿Doctrina de la Fe es un dicasterio especialmente homófobo? ¿Y su jefe máximo en el dicasterio, el cardenal Müller?

Sí, la Congregación para la Doctrina de la Fe es el corazón de una homofobia paranoica e irracional. En ella no hay posibilidad de conocimiento ni de diálogo. Funciona por estereotipos. Yo tenía la impresión de que nosotros en la Congregación no promovemos la fe en Dios, no nos ocupamos de cristología o mariología, solo luchamos contra los gays y demás minorías sexuales. Es una obsesión. Esta es nuestra verdadera fe: la paranoia anti-gay. Nada más. Es nuestro tema preferido. Hay reuniones en las que de cada tres casos que tratamos, dos son contra gays. Nos hemos inventado un enemigo imaginario y luchamos con todas nuestras fuerzas contra él. Lo llamamos «nuestra guerra contra el gender». Allí no se puede discutir, pensamos que ese gender solo promueve cambios de sexo. Ese es el nivel de paranoia que reina en la Congregación.

El cardenal Müller ha promovido toda esta ignorancia, este extremismo, esta obsesión entre los oficiales, sin ningún tipo de razonamiento. En lugar de promover estudios, la Congregación es la agencia política de sabotaje contra el pontificado del Papa Francisco y su discusión sinodal. Es la agencia que lucha contra el gender, al que tampoco sabe definir. Lo realmente importante es usar la palabra gender de una forma que asuste a la gente, no importa que no se haya leído ni un solo libro sobre estudios de género. La homofobia y la misoginia (la verdadera feminofobia, un complejo u odio hacia la mujer) obsesivas son un drama para esta Congregación, cuyos miembros no todos son heterosexuales. Como en todas partes, hay homosexuales. La realidad es que la Congregación odia a los gays, aun habiendo dentro personas de las cuales se sabe que son homosexuales.

¿Doctrina de la Fe es una de las principales piezas de la resistencia en la Curia a la primavera de Francisco?

Sin ninguna duda. La Congregación vive su periodo más oscuro. Lo que más importa es mantener oculto nuestro tabú: la homosexualidad y la sexualidad en general. Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una «Francisco-fobia». El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme. Por las cosas que he oído sobre el Papa Francisco en la Congregación, ésta debería ser denunciada por ofender el primado de Pedro. En el pasado, nosotros hemos destruido carreras de teólogos que reflexionaban con respeto e inteligencia sobre nuevas formas de ejercicio del primado. Ahora la Congregación está contra el Papa y su primado de una manera irracional.

Varias personas que trabajan en la Congregación son simplemente fundamentalistas y su nivel intelectual no es tan alto como su presunción de ser «salvadores de este mundo delincuente». Dentro no hay ninguna posibilidad de discusión. Personalmente, no tengo ninguna duda de que el Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out. Para salvar la situación, la Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación en cuanto a métodos de promoción de la fe en la Iglesia. A día de hoy sigue siendo la Inquisición. Está vacía de argumentos racionales y llena de paranoicas emociones, como las expresadas abiertamente por el cardenal Sarah.

¿Por qué no habló con el Papa, antes de dar a conocer públicamente su situación?

He hablado con todas aquellas personas con las cuales se podía hablar. He hablado con todos aquellos que podrían entender la situación inhumana de hipocresía y falsedad de la Iglesia de Roma, que no son muchos. La situación actual es un escándalo institucionalizado. Más que dar a conocer públicamente mi situación, he dado a conocer la situación de la Iglesia en la que he vivido. Esto es muy diferente. Gracias a Dios ya no es más mi problema. Me he liberado del escándalo de esta Iglesia que he dado a conocer públicamente. Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano. Alguien debería decirlo claramente.

¿No le parece que el Vaticano reaccionó rápida y drásticamente con usted, mientras no hace lo mismo con los curas pederastas?

La reacción fue automática. El automatismo legalista y formalista es el alma de la Iglesia católica ante aquel que le dice la verdad, a pesar de que el Papa Francisco continuamente hable en contra de los formalismos legalistas.

Es cierto también que muchos casos de curas pedófilos fueron y son tratados de un modo distinto, no tan drástico. La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Está relacionada con la inmadurez sexual de sus miembros. No está influida por el mundo, tal como lo afirma obsesivamente la Iglesia. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida, no aceptada, rechazada.

También es verdad que en varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados. Le voy a dar un ejemplo. A finales del verano pasado en la prisión del Vaticano murió el nuncio polaco, el arzobispo Wesolowski, juzgado por la Congregación como pedófilo. Este hombre tuvo un entierro que duró diez días, entre el Vaticano y Polonia. 10 días de entierro de un prisionero que ya fue juzgado por un tribunal eclesiástico por abusos pedófilos. Este entierro empezó con una misa celebrada por los más cercanos colaboradores de Papa y terminó al cabo de diez días en Polonia con una lectura de una carta donde se decía que las acusaciones de su pedofilia eran solo invenciones de la mafia de la República Dominicana. El Vaticano permitió todo ese espectáculo, en lugar de pensar en cómo indemnizar inmediatamente a las víctimas de ese obispo pederasta. Viendo todo esto, se puede llegar a la conclusión de que existe un lobby pedófilo en el Vaticano. Sí, muchos curas y obispos pederastas tienen un tratamiento especial y muchos continúan estando libres de cualquier pena.

A esta luz la reacción del Vaticano a un cura gay que dice la verdad es un automatismo vergonzoso. Pero esta es la lógica de la Iglesia: todo debe permanecer escondido «por el bien de la Iglesia». Mientras esté escondido, no pasa nada. Para la Iglesia «el demonio» es el cura que dice la verdad, el que sale a la luz, el que sale del armario.

¿Va a seguir siendo sacerdote, va a pedir la secularización o se la van a imponer?

Soy y me siento sacerdote. Hoy soy mejor sacerdote que antes. Al revés, soy yo quien va a pedir a Iglesia que abra los ojos.

¿Tiene pensado escribir algún libro sobre sus vivencias en el Vaticano?

Sí, estoy convencido que es mi deber explicar más ampliamente mi experiencia en la Iglesia, y lo haré por el bien de la propia Iglesia, que debe convertirse y pedir disculpas por sus escándalos institucionales, por sus retrasos, por su paranoia irracional de la homofobia. Todo aquel que lo ve y lo experimenta tiene deber de despertar a la Iglesia, la cual ya ha superado todo límite soportable.

Si el Papa se lo pidiera personalmente, ¿dejaría a su pareja y volvería al Vaticano?

No, no dejaría a mi pareja porque la quiero y porque no hay razones doctrinales para hacerlo. Tener pareja, sea hombre o mujer, para un cura no va en contra de su fe, no va en contra de la doctrina de nuestra fe. Al revés, es la Iglesia y el Papa quienes deberían empezar a reflexionar seriamente sobre la inhumana disciplina del celibato obligatorio, y su obsesión por la homosexualidad y la sexualidad humana en general.

¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad. Yo no soy masoquista. El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida. Yo quiero vivir feliz, quiero ser santo, lo que significa ser feliz y, vivir a la luz de la voluntad de Dios y de la dignidad del hombre. En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios, aire que allí falta.

Otros titulares

Siempre he sido un cura feliz

El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana

Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda

Muchos curas son dependiente de la masturbación y al mismo tiempo luchan contra ella

Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad

La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general

El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto

En Doctrina de la Fe reina un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible

La Congregación para la Doctrina de la Fe está obsesionada con la homosexualidad

Kasper por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar

La Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar

En el futuro la Iglesia pedirá perdón por su condena de la homosexualidad

Muchas veces, en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente

No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse

En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando  los gays son homófobos interiorizados

En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos

El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero

Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una «Francisco-fobia»

El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme

El Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out

La Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación. A día de hoy sigue siendo la Inquisición.

Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano

La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida.

En varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados

¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad

El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida

En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios

Fuente Religión Digital

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A Don Antonio Cañizares «Nada de lo que Vd. dijo lo habría dicho Jesús»

domingo, 25 de octubre de 2015
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1153173603_740215_0000000000_noticia_normal(María Victoria Gómez Morales).- Estimado D. Antonio: Le recuerdo todavía de cuándo iba a darnos clase de Teología, siendo coadjutor de una parroquia de Aluche. He leído atentamente la intervención que le ha llevado a pedir perdón por las críticas que está recibiendo. Le agradezco su arrepentimiento, pero hay que insistir en que este lenguaje no se puede admitir. Desde el Evangelio, por supuesto.

Nada de lo que ha dicho Vd. lo habría dicho Jesús, cuyas enseñanzas – puro Evangelio – dicen todo lo contrario. Él pide acogida al forastero, mientras Vd. predica el miedo a todos esos inmigrantes, tan cruelmente tratados. Y dice más, porque habla de una eventual ‘invasión’ de personas de otras religiones en una Europa que, por ello, podría dejar de ser cristiana. No me extiendo más, porque bien claro se lo han dicho.

Dijo Vd., además, que «no hay pobres en nuestras calles». Pero ¿con quién se trata Vd., que ni siquiera ve que existan los «empobrecidos», los que viven en nuestras calles o en las afueras de la ciudad? ¿Tan poco se relaciona con ellos como que, al menos, sepa que exiten y en abundancia?

Parece que algunos de Vds., nuestros obispos, viven muy lejos de la vida real, de entrar en sus chabolas o tiendas de latas y cartones. Pobres empobrecidos, en muchos casis víctimas de las decisiones políticas que, como dice el Papa, los descartan, los dejan en las cunetas de la vida. Hablen, pues, de la corrupción en que vivimos, de los políticos que nos gobiernan, de las injusticias que cada día y en cadena se cometen…

Que Dios le dé un poco más de valentía para denunciar lo que hay que denunciar y callar lo que no existe más que en su cabeza. Diga palabras de verdad.

Siento que al cabo de tantos años lo que nos una sea la falta de entendimiento, no la amistad que brota del amor cristiano.

Con todos mis respetos, le envío mi amor en Cristo Jesús y mi deseo de que me perdone por tomarme una atribución que no me corresponde.

Con todo afecto

Fuente Religión Digital

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El Decepcionante Sínodo de la Familia se cierra sin atender las expectativas de homosexuales ni divorciados a quienes da la espalda

domingo, 25 de octubre de 2015
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14457126264698Para quien todavía esperaba algo, el portazo ha sido mayúsculo. ¿Vencedores y vencidos? «Tendencia» en vez de «orientación» Homosexualidad  como pecado. «No existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia«… Duras afirmaciones que demuestran que, definitivamente, esta Iglesia no es casa de acogida…

Los divorciados deberán escoger si comulgan según su conciencia y el obispo será quien decida tras escuchar sus argumentos

Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su «pecado»

Las viejas compuertas de la Iglesia crujen y hasta amenazan fractura cada vez que el papa Francisco hace algún intento por abrirlas siquiera un poco. Después de tres semanas de discusiones, el Sínodo sobre la Familia se cerró sin responder a las expectativas creadas. Ni los divorciados vueltos a casar podrán recibir la comunión de forma generalizada –el texto solo pide más comprensión hacia ellos y que se analice cada caso “sin dar escándalo”— ni la jerarquía de la Iglesia parece asumir el mensaje de apertura de Jorge Mario Bergoglio. En su discurso final, el Papa acusó a cardenales y obispos de utilizar “métodos no del todo benévolos” para solventar sus diferencias y advirtió a los más conservadores: “Los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre”.

Aunque el documento final fue aprobado en su conjunto –cada uno de los 94 párrafos obtuvo los dos tercios de apoyos necesarios–, tanto el duro discurso del Papa como la ausencia de avances significativos en la postura de la Iglesia ante las que considera “situaciones difíciles” –divorciados, parejas de hecho, homosexuales— demuestran la fractura que sigue existiendo entre una buena parte de la jerarquía católica y Bergoglio y con la inmensa mayoría de la sociedad. No hay más que comparar los textos que el Vaticano distribuyó tras la clausura del Sínodo.

El documento final aprobado por los 270 padres sinodales parece un refrito del catecismo y de teorías que ya defendía Juan Pablo II. Tan es así que se considera un avance –en pleno siglo XXI—que el Sínodo pida que se eviten “injustas discriminaciones” hacia los homosexuales y que “es necesario acompañar a las familias con un miembro homosexual”, como si se tratara de una desgracia. Sobre si levantar o no el veto para que los católicos divorciados y vueltos a casar puedan comulgar, el Sínodo tampoco se moja. Dice que se analice caso por caso y “sin dar escándalo”. Una vez leída la ortodoxia absoluta del documento final, el discurso del Papa solo puede ser interpretado como una enmienda a la totalidad y, tal vez, una advertencia.

“El primer deber de la Iglesia”, recordó Jorge Mario Bergoglio, “no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios”. Y advirtió a los que pretenden una uniformidad sin fisuras: “Lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”.

Francisco también se refirió a los intentos por desestabilizar el Sínodo según las viejas costumbres vaticanas de difundir maldades, filtrar documentos o hacer saltar noticias bombas para distraer la atención. De todo ha habido desde que, hace tres semanas, se inauguró el Sínodo. Lo primero fue la confesión de homosexualidad de un prelado polaco de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Luego se distribuyó, debidamente falseada, una carta dirigida al Papa por un grupo de cardenales descontentos con la metodología del Sínodo. Lo último fue la difusión de una noticia –solo creíble para quien le interesara creérsela—de que el Papa había volado en helicóptero del Vaticano a la Toscana para que un médico japonés lo tratara de un tumor en el cerebro. A todos esos embrollos se refería Jorge Mario Bergoglio cuando reprochó a sus príncipes de la Iglesia utilizar “métodos no del todo benévolos” en sus luchas de poder.

Y leemos en Religión Digital:

(José M. Vidal).- No hay vencedores ni vencidos. Ni la tesis de los principios innegociables ni la antítesis de ‘hay que cambiarlo todo’, sino la síntesis entre ambas sensibilidades. La doctrina se puede y se debe ‘aggiornar’, para que la Iglesia pueda seguir siendo lo que quiso su fundador: casa de la misericordia y hospital de campaña. «Porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Lc. 5,31). Pero, paso a paso y gradualmente.

Por eso, los padre sinodales han entregado a Francisco un documento integrador, donde se sentirán reflejadas las diversas tendencias. Porque es un documento de consenso y sin rupturas. Un documento orientador para que el Papa, con él en la mano, vaya decidiendo poco a poco los pasos concretos a seguir dando.

De ahí que, tras meces de deliberaciones y debates duros entre moderados y conservadores, la Iglesia haya buscado, como hace siempre, la comunión. Y para eso, el documento no baja ni puede bajar a lo concreto. Se mantiene en criterios generales y en orientaciones genéricas. Criterios para discernir cada situación, no soluciones ni recetas generales. Eso sí, criterios con visión de futuro y cargados de esperanza.

No hay morbo en el documento. Los temas más polémicos, como el de la homosexualidad o el del acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, se tratan, pero no se zanjan. Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su pecado.

Y, en el tema de la comunión de los divorciados, es la propuesta del cardenal Schonborn la que sale victoriosa del Sínodo. Una propuesta que, como buen dominico, el purpurado de Viena, buscó en Santo Tomás de Aquino. Se trata de la doctrina del «fuero interno», es decir que cada persona decida en función de su conciencia bien formada y que el obispo, tras escuchar a cada persona, tome las oportunas decisiones. Sin juicios, sin tener que recurrir a Roma y sin miedo a la misericordia.

Sigue igual la doctrina, pero cambian los acentos y se abren caminos de futuro. La mayoría moderada de los padres sinodales es consciente de que «lo mejor es enemigo de lo posible». En estos momentos, concretar la misericordia que quiere el Papa con los gays y con los divorciados podía romper la Iglesia y llevar al cisma. Por eso han optado por pacificar y poner las bases para que se puedan ir abriendo pequeñas grietas en el hormigón armado de la doctrina.

Saber esperar es un arte y la Iglesia, sabia de sus dos mil años de Historia, lo practica. Esperar para que la fruta madure, para que el consenso se amplíe y fragüe sin rupturas. La institución sólo dará pasos en los campos delicados de la moral sexual y familiar, cuando se lo permita el «sensus fidelium». Es decir, cuando sea la opinión muy mayoritaria entre sus fieles. Es la ley de la «salus animarum».

Resultados escasos, dirán muchos. Y es que los medios habían creado excesivas expectativas. El ‘Sínodo mediático‘ esperaba una revolución. Y el ‘Sínodo real‘ le ha servido las bases de una reforma que puede cuajar en el futuro. Las luces cortas de los medios contra las largas de la Iglesia, que se mueve en el tiempo teológico de la eternidad. La revolución eclesial es para mañana.

En todo caso, la misericordia actuante con gays y divorciados tendrá que esperar. A no ser que el Papa (que tiene la última palabra en esto y en todo lo demás) crea que la prudencia de sus sinodales es excesiva y que, para que la Iglesia sea realmente «un hospital de campaña«, hay que «hacer lío» y dar salida ya a estos «descartados» de la institución. Si la ley del descarte no vale en la sociedad civil, menos aún en la eclesial. Tras escuchar a su ‘Senado’, el Papa puede decidir. Tiene margen para ello. Y es, sin duda, capaz de hacerlo. Por algo es el Papa de la esperanza.

Pide evitar injustas discriminaciones a los homosexuales

El documento final del Sínodo sobre la familia, cuyos 94 puntos fueron aprobados hoy en su totalidad por una mayoría de dos tercios, pide evitar injustas discriminaciones a homosexuales.

El tema del acercamiento de la Iglesia a los homosexuales queda recogido en un punto, en el que se explica que «cada persona, independientemente de su propia tendencia sexual, tiene que ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, con el cuidado de evitar cualquier marca de injusta discriminación«. El resto de ese apartado pide atención de la Iglesia para «acompañar a las familias con un miembro homosexual«.

Esta es la única referencia a la acogida de homosexuales por parte de la Iglesia católica en este texto, en el que también se reitera que «no existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia».

También en este punto, que recibió 221 votos a favor y 37 contrarios, se explica que se considera «inaceptable» que las Iglesias locales sufran «presiones en esta materia por parte de organismos internacionales que condicionan las ayudas financieras a países pobres a la introducción de leyes que incluyan el matrimonio entre personas del mismo sexo«.

Algunos de los 270 padres sinodales que participaron en el Sínodo ya habían anticipado que el tema de la acogida de los homosexuales no iba a ser ampliamente reflejado en el documento al considerar que no se podía incluir en la temática general de la familia.

Por ello, solo habría una cita a la no discriminación, pero sí a la atención a las familias con un miembro homosexual.

Las votaciones se han realizado separadamente por cada uno de los 94 párrafos, que se referían a cuestiones distintas. El de la readmisión de los divorciados católicos vueltos a casarse, por ejemplo, ha obtenido 178 votos positivos, pero 80 negativos, o sea un solo voto de margen. En cualquier caso, todos las 94 cuestiones han obtenido el ‘quorum’ necesario.

En el caso de los divorciados católicos los obispos y los curas decidirán sobre la readmisión «caso por caso«, ya que el sínodo considera necesario examinar la vida personal de quien se ha vuelto a casar, tal vez con hijos del primer matrimonio y otros del segundo a los que acude de manera distinta o no acuda por nada.

«La lógica de la integración es la clave para su cuidado pastoral, para que no solo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que también puedan tener una experiencia gozosa y fructífera«, detalla el texto en el párrafo 84.

En el punto 53 se especifica que «es esperable que en las diócesis se promuevan caminos de discernimiento y de implicación de estas personas, en ayuda y ánimo de la maduración de una elección coherente». «Las parejas deben ser informadas sobre la posibilidad de recorrer al proceso de declaración de nulidad del matrimonio», añade.

Por último en el punto número 85, los padres sinodales señalan que «es deber de los presbíteros el acompañar a las personas interesadas en la vía del discernimiento según las enseñanzas de la Iglesia». Además queda ilustrado que será necesario que estas personas hagan «un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y de arrepentimiento».

«Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal ha entrado en crisis; Si ha habido intentos de reconciliación; cómo es la situación de la pareja abandonada; qué consecuencias tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y sobre la comunidad de los fieles; qué ejemplo ofrece a los jóvenes que se preparan para el matrimonio. Una reflexión sincera puede fortalecer la confianza en la misericordia de Dios que no se le niega a nadie»

El jefe de la Oficina de prensa del Vaticano ha destacado que la Relatio Finalis «es un documento de consenso« al tiempo que ha precisado que «el mayor número de votos contrarios se refieren a la cercanía pastoral a las situaciones difíciles y no regulares».

«No hay que olvidar que entre un sínodo y el otro se instauró el Motu Propio del Papa sobre las nulidades matrimoniales», ha señalado Lombardi.

Para leer el texto completo del documento final del Sínodo en italiano, pinche aquí

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Los obispos y cardenales no se ponen de acuerdo sobre la familia homosexual y proponen hacer un Sínodo específico

sábado, 24 de octubre de 2015
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Dios es Familia¡Toma ya!… Según los resúmenes publicados, todo parece indicar que los obispos han dejado de lado el tema de la acogida de la Iglesia a los homosexuales al considerar que no guarda relación con las cuestiones de la familia que aborda el Sínodo.

Müller, hasta ahora en contra, defiende la comunión «en casos específicos»

Los círculos hispanoablantes, italianos y alemanes, a favor de «un movimiento generos

El Sínodo se aproxima a su fin dividido aún sobre si se debe seguir negando sacramentos a divorciados y parece prevalecer la idea de que sea el papa quien decida finalmente o que incluso se deje el tema para futuras reuniones. Según el tercero de los resúmenes de los diferentes grupos lingüísticos de los participantes del Sínodo en el que se afronta esta cuestión, todo parece indicar que los padres sinodales evitarán tomar decisiones.

La condición de las personas homosexuales se enfocó sobre todo desde la perspectiva del contexto familiar. El grupo inglés C insistió en que es un tema que se debe abordar como pastores que buscan comprender la realidad de la vida de las personas y no las cuestiones abstractas. También sus miembros pidieron que el documento final del Sínodo incluyese una afirmación clara de la enseñanza de la Iglesia de que las uniones del mismo sexo no son en modo alguno equivalentes al matrimonio.

Sobre el mismo tema el círculo inglés A reitera que »la Iglesia como esposa de Cristo sigue las huellas de su Señor Jesús, cuyo amor universal se ofrece a todas las personas sin excepción. Los padres y hermanos de los miembros de la familia con tendencias homosexuales están llamados a amar y aceptar a estos miembros de su familia con un corazón indiviso y con comprensión».

Algunos Padres Sinodales propusieron que el argumento se eliminase de la discusión del Sínodo sobre la Familia porque dada su importancia merecería un sínodo específico en materia. Peter Erdö, relator de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de la Familia lo decía hace unos días: ‘No existes analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia’. La cuestión levanta tantas ampollas en el sector más conservador de la Iglesia que algunos padres sinodales han propuesto reservar el tema del acompañamiento a las personas homosexuales para un sínodo específico sobre esta materia, al tiempo que otros han pedido que se aclare en el documento final que para la Iglesia las uniones entre personas del mismo sexo no son equivalentes al matrimonio.

Concretamente, algunos participantes de la Asamblea del Sínodo de la Familia han propuesto durante sus reuniones del pasado lunes y del martes que el argumento sobre la condición de las personas homosexuales «se eliminase de la discusión del Sínodo sobre la Familia porque dada su importancia merecería un sínodo específico en materia», según informa el Vaticano. Por su parte, los miembros de uno de los grupos de habla inglesa pidieron que el documento final del Sínodo incluyese «una afirmación clara de la enseñanza de la Iglesia de que las uniones del mismo sexo no son en modo alguno equivalentes al matrimonio».

Respecto a los divorciados y vueltos a casar civilmente, el Vaticano constata un acuerdo general sobre la necesidad de un acompañamiento pastoral más eficaz para estas parejas y sus hijos. Además, en algunos círculos, como el grupo de hispanohablantes cuyo relator es el arzobispo venezolano Baltazar Enrique Porras Cardozo, ha suscitado «perplejidad» lo que el Instrumentum Laboris llama «camino penitencial» y sugieren cambiar este término por «itinerarios de reconciliación».

Sobre el acceso a los sacramentos, algunos participantes del Sínodo han planteado «quitar muchas trabas» para que los divorciados vueltos a casar puedan participar en la vida de la Iglesia, como las que les impiden ser padrinos, catequistas o dar clases de Religión.

«¿Qué pasa cuando se plantea el acceso a los sacramentos?
–dicen en el círculo hispanohablante cuyo relator es el cardenal de Panamá José Luis Lacunza Maestrojuan–. Sin duda, tenemos que plantear un movimiento generoso quitando del camino muchas trabas para que los divorciados vueltos a casar puedan participar más ampliamente en la vida de la Iglesia: no pueden ser padrinos, no pueden ser catequistas, no pueden dar clases de religión».

Por otra parte, algunos círculos menores, como el encabezado por el arzobispo australiano Mark Benedict Coleridge, han tratado el tema de las parejas que conviven sin casarse y aunque han subrayado que la convivencia «no puede ser considerada como un bien en sí misma», reconocen que «puede existir un bien entre los que conviven».

Mientras, el círculo francés cuyo relator es el obispo Laurent Ulrich, ha abordado la situación de aquellas familias divididas, mixtas, monoparentales y sin matrimonio civil. «No podemos descartarlas. Creemos que en ellas vive el Espíritu del Señor que inspira muchos comportamientos de sus vidas», han subrayado.

Finalmente, algunos obispos como el canadiense Paul-André Durocher, se han hecho algunas preguntas sobre la eficacia de la metodología del Sínodo: «¿Está bien ajustado a su propósito? Derrochamos una enorme cantidad de energía, desde todos los puntos de vista. Las personas se han agotado a fuerza de trabajo. ¿El resultado valdrá la pena?«. Leer más…

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Charamsa, suspendido del ejercicio del sacerdocio por su obispo «por defender postulados contrarios a la fe»

sábado, 24 de octubre de 2015
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1443906876059El enfoque correcto de todo este caso es, en palabras del propio Krzysztof Charamsa,«En la Iglesia es evidente que un sacerdote no puede salir del armario y declarar públicamente que es gay. No importa si tiene pareja o no. Para la Iglesia declarar la propia homosexualidad significa promocionar la homosexualidad». Este es el auténtico problema de una Iglesia que se resiste a rechazar, como gato panza arriba,  sus actitudes homófobas…

El decreto impide al teólogo polaco vestir hábito religioso o indumentaria eclesial

«En Polonia, los obispos promueven el lenguaje de odio contra las minorías sexuales», contesta

El obispo de Pelplin (Polonia), Ryszard Kasyna, suspendió del ejercicio del sacerdocio al cura y teólogo Krzysztof Charamsa, tras hacer pública su homosexualidad y confesar que tenía una pareja. Charamsa pertenecía canónicamente a esta diócesis.

El obispo de Pelplin envió por correo electrónico una carta a Charamsa, quien también era profesor de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en la que le comunica su suspensión por defender postulados contrarios a la doctrina de la Iglesia.

El teólogo había sido expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano en donde trabajaba. Charamsa ha declarado que en la práctica de la Iglesia no hay ninguna esperanza real de poder presentar recurso ni pedir explicaciones sobre una pena considerada injusta, especialmente cuando no se especifican las razones concretas ni se precisan las causas de dicha pena«.

Charamsa había sido expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano donde trabajaba y también era profesor de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

El prelado ha prohibido igualmente al sacerdote poder vestir hábito religioso o indumentaria eclesial.

 El sacerdote, que se ha trasladado a vivir a Barcelona, la localidad donde reside su pareja, señaló que «en Polonia los obispos desde hace mucho tiempo promueven, o simplemente no reaccionan, ante el lenguaje católico de odio contra las minorías sexuales«.

El obispo de Polonia ya había anunciado a Charamsa el pasado día 10 que estaba «cometiendo errores doctrinales contrarios a la Sagrada Escritura y a la enseñanza de la Iglesia» y le pidió al sacerdote que recuperara «la correcta enseñanza de la Iglesia».

Charamsa, al considerar que era una acusación muy genérica, pidió a su obispo que especificara «qué verdades de la Escritura y de la enseñanza de la Iglesia no estaba respetando« para poder preparar sus alegaciones, al tiempo que solicitaba a los prelados polacos que «dejaran la promoción del lenguaje del odio y violencia propio de la homofobia, que es contrario a la Sagrada Escritura».

El sacerdote recibió el pasado lunes la respuesta en forma de un decreto de suspensión del ejercicio de sus funciones sacerdotales, lo que, según Charamsa, «confirma la falta de discusión en la Iglesia sobre la natural y sana orientación sexual, la cuestión de las minorías sexuales y sus derechos, tanto en la sociedad como en la Iglesia, y el respeto de la dignidad de las personas que no son heterosexuales».

«En la Iglesia es evidente que un sacerdote no puede salir del armario y declarar públicamente que es gay. No importa si tiene pareja o no. Para la Iglesia declarar la propia homosexualidad significa promocionar la homosexualidad», dijo Charamsa, que ha recordado que la Congregación de la Doctrina de la Fe ya redactó en 2005 una instrucción que prohíbe a las personas homosexuales acceder al sacerdocio católico.

«En la situación actual no importa si presenté a mi pareja o no. Yo no podía salir del armario de ningún modo sin ser castigado», afirmó el cura, que, sin embargo, no entiende «cuál es la acusación» por la que ha sido suspendido como sacerdote.

En los diversos escritos que Charamsa ha cruzado con su obispo desde que el pasado 3 de octubre revelara su homosexualidad, monseñor Kasyna pidió al cura el pasado día 12 que se presentara en Polonia, a lo que el sacerdote respondió que no podía hacerlo por falta de recursos económicos.

(RD/Agencias)

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«¿Bendecirán las iglesias a parejas LGTB casadas civilmente?», por Juan Masiá Clavel

viernes, 23 de octubre de 2015
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GAY COUPLE EMBRACE DURING WEDDING CEREMONY IN TORONTO CHURCHLeído en su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Esta semana estarán hablando los sinodales en Roma sobre la acogida evangélica de todas las personas en las comunidades cristianas; y, concretamente, sobre la acogida comunitaria y bendición eclesial de las parejas LGTB que han formalizado civilmente su enlace matrimonial.

Una persona participante en el Sínodo, que habla con condición de confidencialidad, hace la siguiente pregunta: “Respetando lo prescrito en el Derecho Canónico sobre el matrimonio, y reconociendo que no puedo presidir y testificar como celebrante el matrimonio de dos contrayentes LGTB (discúlpeseme el recurso a las abreviaturas), pregunto: ¿Podría celebrarse litúrgicamente -aunque no canónicamente- la acogida eclesial de esa pareja que se ha casado ya civilmente? ¿Podría hacerse según un ritual de bendición (hay decenas de ejemplos en el benediccional ritual romano, desde la bendición del agua hasta la de las semillas, pasando por la bendición de la mujer embarazada y del feto, o la bendición de los hogares, o de la primera piedra de un edificio o de los altares,etc…); podría celebrarse con esta bendición el enlace de la pareja, incluso con un ritual semejante al de la liturgia matrimonial, aunque no se trate de una “boda canónica”?

La respuesta a su pregunta, estimado pastor, es sencillamente que sí.

Pero reconozco que le estoy respondiendo desde la moral evangélica y la reflexión teológica. Si le hace usted esta pregunta a quien identifique la moral teológica con el derecho canónico, es posible que no se atreva a darle esta respuesta.

Permítame sugererirle que, en vez de gastar tiempo y energías en argumentar en contra o a favor de la “ideología de la indisolubilidad” , empleasen tiempo y estudio para plantear cómo liberar la vida sacramental del control por el derecho canónico, y cómo reconocer que lo que necesitamos no es una mano de pintura pastoral a la fachada del “castillo de la iglesia”, sino cómo “salir del castillo” una iglesia “en salida” que peregrina hacia la Vida pernoctando en tienda de campaña.

Han reptido muchos de ustedes estos días que solo pretenden adaptaciones pastorales, sin tocar doctrinas. ni magisterios inmutables. Pero el problema es reconocer humildemente la evolución de las doctrinas y la falibilidad histórica de los magisterios, sin miedo a que se desmorone la fe por salir del castillo de las doctrinas y magisterios que la oprimen.

Y no tengan miedo a que esto provoque divisiones en la comunidad. Lo que nos une es la fe y no las teologías, nos une el Evangelio y no las ideologías. La fe permanece, las doctrinas cambian y evolucionan, y hasta los dogmas se reinterpretan…

Desde esta postura, monseñor, le respondo a su pregunta: Sí, podemos bendecir en la iglesia a esas parejas, aunque hoy por hoy no se permita formalmente su boda canónica.

Además, creo que podemos justificarlo con la reflexión siguiente, basada en la definición conciliar de matrimonio.

“Comunidad íntima de vida y amor” es la definición que resume el ideal de la unión esponsal propuesta por el Concilio Vaticano II en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (Gaudium et spes, 1965, n.48).

Las uniones civilmente reconocidas de personas gays, lesbianas, transexuales o bisexuales (LGTB), podrían reconocerse incluídas en el marco de esa definición conciliar; por tanto, sería justificable la bendición religiosa de estas uniones en la iglesia católica (aunque, por el momento, no se haya formalizado oficialmente su institucionalización como boda canónica). Debería ser posible acoger sacramentalmente a esas personas, e incluso celebrar pastoral y litúrgicamente una bendición de quienes ya están socialmente constituidos como familia con todos sus derechos civilmente reconocidos.

La definición conciliar del enlace como comunión de vida y amor es amplia y profunda, como para que tenga cabida en ella la relación conyugal de una pareja tanto heterosexual como no heterosexual.

Comunión de amor. No de amor como mero enamoramiento transitorio solamente. Se casaron no solo porque se querían, sino para quererse más y mejor.

Comunión de vida, porque se prometieron recorrer unidos el camino de su vida, no meramente “hasta que la muerte los separe”, sino “hasta que la vida entera recorrida al unísono los acabe de unir por completo”.

Comunión, que es un proceso que dura lo que dure la vida juntos, si la debilidad humana no separa la unión deseada por Dios para que la pareja la consume con el camino de su vida.

Por el momento, mientras la iglesia-institución no da el paso de cambiar o abolir determinaciones canónicas, las iglesias-comunidad de fe podrían y deberían dar pasos eficaces y positivos en la acogida de las personas.

Podría servir, como un ejemplo de referencia, la práctica, aprobada por Roma, de celebrar en la iglesia católica de Japón una ceremonia religiosa para el enlace de personas no bautizadas, que “se casan en la iglesia sin casarse por la iglesia”, si se permite la expresión popular para referirse a estas celebraciones religiosas sin “boda canónica”.

“El matrimonio entre personas no bautizadas y no creyentes, celebrado según el ritual católico, ha sido una de las actividades habituales de la Iglesia en Japón desde hace varias décadas, con la aprobación de la Santa Sede”. Así escribe (en la Respuesta al Secretariado del Sínodo extraordinario de los Obispos, n.2) el arzobispo Peter Takeo Okada, de la archidiócesis de Tokyo, Presidente de la Conferencia episcopal japonesa.

No es una “boda según el derecho canónico”, sino una celebración religiosa para bendecir el enlace que ya han contraido civilmente los cónyuges (mediante la inscripción en el registro civil según la ley del país). Por eso está justificada la expresión popular, que sería inapropiada si hablamos con precisión jurídico-doctrinal: se casan “en” la iglesia, pero no “por” la iglesia. Dicho sencillamente, se bendice en la iglesia el enlace de quienes han contraido matrimonio civilmente.

Esta práctica pastoral -que separa claramente el enlace civil y la celebración religiosa- proporcionaría un modelo para los dos casos siguientes que, según propuestas desde Japón al Sínodo, se deseaba que fuesen tratados por la asamblea episcopal:

1) Celebración religiosa (en este caso sacramental, aunque no sea boda canónica) de un nuevo matrimonio contraido civilmente por personas católicas divorciadas y vueltas a casar.

2) Celebración religiosa de la unión de parejas no heterosexuales, que han contraido enlace civilmente cuando, donde y según lo determinan las leyes del país respectivo.

Esta propuesta, que parecerá demasiado radical, es más bien insuficiente. La propuesta radical debería ser sacar los sacramentos por completo fuera del derecho canónico, separar canonicidad y sacramentalidad, no juridificar la vida de fe… Pero no es previsible, lamentablemente, que la Iglesia vaya a ser capaz de soltar ese lastre pesado de muchos siglos…

Cuando se anunció el resultdo del referendum irlandés, en el que prevaleció el apoyo al reconocimiento del enlace matrimonial igualitario, se suscitó preocupación y tristeza entre quienes creían identificar una derrota en la defensa de la institución matrimonial. Más bien habría que decir lo contrario: no es una derrota ni una amenaza para la institución matrimonial, sino un apoyo. Hay también quienes aceptan a regañadientes el reconocimiento civil de la unión homosexual, pero impondrían la condición de no llamarla matrimonio ni equipararla con la unión heterosexual. Hay también quienes fuerzan el argumento, jugando con las etimologías de “matrimonio”, “patrimonio” etc… No sé si les tranquilizaría, sin enredarse en pros y contras de género, hablar en ambos casos de “enlace esponsal”. En todo caso, a quienes insisten, con razón, en “hacer todo lo posible para defender, proteger y promover la institución matrimonial y la familia», habría que tranquilizarles, porque el enlace igualitario no amenaza, sino apoya precisamente la institución matrimonial, al insistir en la formalización social del enlace, en vez de reducirlo al ámbito privado de la convivencia de hecho más o menos estable.

Se ha diagnosticado, en el contexto de la llamada cultura de la provisionalidad, que aumenta el divorcio, así como la falta de interés por formalizar civilmente las uniones, sin reducirlas a convivencia de hecho con dudosa estabilidad. Precisamente en ese contexto resulta significativo el interés, deseo y reclamación, por parte de parejas LGBT, del reconocimiento social, jurídico y cultural (que podría y debería ser también religioso) de su unión matrimonial.

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Falleció John J. McNeill, pionero en el activismo LGTB dentro de la Iglesia católica

viernes, 23 de octubre de 2015
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26McNeill-Obit-master675Rev. John McNeill, segundo desde la derecha, en la marcha del orgullo gay de Nueva York en la década de 1980Crédito Carlos Chiarelli

El pasado 22 de septiembre, acompañado del que ha sido su pareja durante casi cincuenta años, falleció John J. McNeill poco antes de cumplir los noventa. Pionero del activismo LGTB cristiano, publicó en 1976, siendo sacerdote jesuita, The Church and the Homosexual. Era este el primer libro dedicado a defender un cambio en la doctrina católica sobre las parejas del mismo sexo.

El día que se escriba la historia del activismo LGTB cristiano, la figura de John J. McNeill tendrá un lugar destacado. Pocos años después de la revuelta de Stonewall, el entonces sacerdote jesuita publicaba un libro con un título entonces llamativo, The Church and the Homosexual (traducido al castellano como La Iglesia ante la homosexualidad), que por primera defendía, en el seno de la Iglesia católica, la necesidad de un cambio de postura en la enseñanza sobre homosexualidad.

McNeill nació en Buffalo (Nueva York) en 1925. En 1942 entró en el Ejército y participó en la Segunda Guerra Mundial. Fue hecho prisionero por los nazis. Durante su cautiverio vivió un acto de generosidad por parte de un extraño: un prisionero polaco le acercó una patata, y cuando McNeill le hizo un gesto de agradecimiento aquel le respondió con la señal de la cruz. Esta experiencia fue determinante para que ingresara en los jesuitas en 1948. Fue ordenado sacerdote en 1959, y cinco años después se doctoró en Filosofía en Lovaina.

Fue a lo largo de los años sesenta cuando McNeill aceptó su propia homosexualidad. Al poco de ordenarse, sufrió una profunda depresión con ideas de suicidio. Fue entonces cuando se enamoró de otro hombre, y lo vivido a su lado le convenció de la legitimidad una relación amorosa entre personas del mismo sexo. Algo más tarde, hacia 1970, empezó a atender pastoralmente a gais y lesbianas, y en 1972 cofundó la sede en Nueva York de Dignity (asociación católica de personas LGTB en Estados Unidos). Mientras, se formó como psicoterapeuta. Su creciente convicción de que las relaciones entre personas del mismo sexo podían ser buenas (incluso “santas” desde los parámetros cristianos) le llevó a visibilizarse cada vez más y hablar en público sobre catolicismo y homosexualidad.

Publicación de The Church and the Homosexual y activismo posterior

Esta creciente visibilidad desembocó en la publicación, en 1976, de The Church and the Homosexual, un libro que cuestionaba tanto los argumentos bíblicos como los más típicamente católicos acerca de la tradición y la ley natural sobre la homosexualidad. El texto concluía afirmando que las razones de la condena carecían realmente de base y que por tanto debía afirmarse la posibilidad de relaciones entre personas del mismo sexo moralmente buenas desde el punto de vista cristiano.

Hoy muchas de las tesis de McNeill son aceptadas. No ciertamente en la doctrina oficial, pero sí han influido en muchas personas dentro de la Iglesia católica y se han extendido más allá de la misma. Sin embargo, en su momento el libro causó un notable revuelo, a lo que contribuyó el hecho de contar con el imprimi potest, autorización oficial de la Iglesia para su publicación (ello había retrasado la publicación del libro tres años, mientras era analizado por una comisión de teólogos). Eran los años posteriores al Concilio Vaticano II, cuando por un tiempo pareció que en el seno de la Iglesia católica las cosas podían cambiar de forma rápida.

El fuerte impacto de este libro inquietó a no poca gente dentro de la Iglesia. McNeill era invitado a numerosas charlas y llegó a aparecer en programas de televisión de gran audiencia, como el Phil Donauhe Show o el Today con Tom Brokaw. En este último programa, el sacerdote declaró públicamente que era gay. Fue demasiado: poco después su libro vio retirado el imprimi potest y en 1977 se le prohibió hablar públicamente sobre catolicismo y homosexualidad.

McNeill obedeció la orden durante casi diez años, mientras continuaba su atención psicológica y pastoral a personas LGTB. Durante estos años tuvo lugar también la aparición del VIH/sida y su rápido avance, que le llevó a fundar un servicio para personas afectadas, atendiendo a personas sin hogar en Harlem. De esta época es también la fotografía con la que abrimos la entrada, y que muestra a McNeill, en compañía de otros sacerdotes, en una marcha del Orgullo. Sin embargo, la publicación en 1986 del documento vaticano Sobre la atención pastoral a las personas homosexuales le hizo cambiar de idea. Dicho documento calificaba la orientación homosexual de tendencia “objetivamente desordenada” y prohibía toda atención pastoral que aceptase las relaciones entre personas del mismo sexo. McNeill se rebeló y decidió pronunciarse públicamente en contra en una declaración enviada a The New York Times. Se le ordenó retractarse, y al no hacerlo, fue expulsado de los jesuitas a principios de 1987.

Esta expulsión significó una nueva etapa en el activismo de McNeill. Continuó ofreciendo sus servicios de pastoral y atención psicoterapéutica a personas LGTB. Publicó otros libros en los que iba más allá de su simple aceptación, buscando desarrollar una espiritualidad en positivo para las personas LGTB. De esta época son sus obras Taking a Chance on God y Freedom Glorious Freedom. En 1997 publicó su autobiografía Both Feet Firmly Planted in Midair.

En 2011 viajó a Roma y junto al Fórum Europeo de Grupos Cristianos LGTB le entregó a Benedicto XVI una carta invitando al diálogo y urgiendo a que el Vaticano condenara la violencia contra las personas LGTB. En 2012, se estrenó un documental sobre su vida, titulado igual que uno de sus libros: Taking a Chance on God, dirigido por Brendan Fay, que resumía su trayectoria. En sus últimos años, John McNeill vivió retirado en Fort Lauderdale junto a Charles Chiarelli, su pareja desde hacía casi cincuenta años. De hecho, como se supo después, The Church and the Homosexual se basaba en su formación académica, pero también en su experiencia personal.

Su fallecimiento ha traído consigo las habituales muestras de reconocimiento. “John McNeill fue un auténtico pionero y muchas hemos seguido sus pasos. Aprendí mucho de su investigación y de sus escritos. Pero aprendí todavía más de la interacción personal con él. Siendo testigo de la pasión y preocupación humana que tenía por toda persona LGTB con la que se encontraba”, expresaba Jeaninne Gramick, fundadora de New Ways Ministry, otra asociación que busca la inclusión plena de las personas LGTB en la Iglesia católica.

En la historia personal de quien escribe esta entrada, McNeill tiene un significado especial. Con apenas 20 años, me hice con un ejemplar de The Church and the Homosexual. En el proceso personal de aceptación como gay y cristiano, este libro fue determinante. Si alguna duda me quedaba de cuál era el camino que debía seguir en mi vida, el libro de McNeill sirvió para borrarlas. Por ello, esta breve nota sirve también de expresión de agradecimiento de quien se benefició de su libro años después de haberlo publicado. Su vida y su obra han ayudado a muchos, incluyendo a quien ha escrito este obituario.

Os dejamos con el tráiler del documental sobre su vida, Taking a Chance on God. (subtítulos en italiano)

Fuente Dosmanzanas

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Curas en unas sociedades adultas

domingo, 18 de octubre de 2015
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celibato_560x280Encuentro Internacional de Curas Casados

Del 29 de octubre al 1 de noviembre, en Guadarrama

(Tere Cortés, Moceop).- «Curas en unas comunidades adultas»: lema del Encuentro Internacional de Curas Casados, que tendrá lugar los días 29 de octubre al 1 de noviembre, cerca de Madrid (Guadarrama): organizado por la Federación Europea de Curas Católicos Casados y coordinado por MOCEOP, colectivo español surgido hacia 1977 en torno al fenómeno de los curas casados e impulsado por los aires frescos del Concilio Vaticano II.

La realidad social del abandono del ejercicio ministerial por parte de un gran número del clero español, en los años 70 sobre todo, fue motivo de reflexión para comunidades y sacerdotes. De esa reflexión y preocupación por el hecho de las secularizaciones aparece MOCEOP como movimiento cristiano de ayuda y autoayuda, en un principio, para todos aquellos curas que dejaban su vida de curas, teniéndose que reubicar en la sociedad civil, tratando de conservar su dignidad y su fe. La reivindicación de la opcionalidad del celibato frente a la ley impuesta a los sacerdotes de rito latino fue uno de los aglutinantes iniciales, reflejada en las siglas MOCEOP (Movimiento pro Celibato Opcional).

La evolución posterior amplió nuevas perspectivas poniendo entre las coordenadas del movimiento la lucha por los derechos y las grandes causas humanas: libertad, solidaridad, igualdad, ecología, sentido de la vida, esperanza. Y, a la vez, se apostó por una nueva iglesia, en la que la pequeña comunidad se veía como el entorno en el que vivir la fe en Jesús desde el servicio, la vivencia de la fraternidad, la creatividad y otras formas alternativas de vivir en iglesia sin pretender romper con la comunión eclesial.

La vivencia común y compartida con otros colectivos de distintos países de objetivos parecidos hizo que se aunaran fuerzas, lo que dio lugar a un movimiento internacional de curas casados. Y ahora, aprovechando la coincidencia en 2015 de los 50 años del Vaticano II, los 30 del primer congreso de ese movimiento en Ariccia (Italia) y los 10 de la puesta en marcha de la Confederación Internacional, ha parecido oportuno convocar este Encuentro Internacional, para hacer una lectura de lo vivido como movimiento internacional. Para ello, pretendemos, una vez más, compartir nuestras experiencias, desde la fraternidad y la sencillez; realizar un análisis y evaluación de nuestros recorridos personales y como movimientos, así como formular ciertas conclusiones globales; y decidir cuáles son los caminos de futuro para nuestras apuestas y reivindicaciones.

Todo ello se hará en este encuentro, que se pretende sea experiencial y no de debate ideológico, con la participación de otros grupos y comunidades cristianas que tienen recorridos similares de vivencias de una fe, una comunidad y una iglesia renovadas y comprometidas con los retos sociales y eclesiales actuales: compartir esos recorridos siempre nos enriquece y nos ayuda a mejorar la calidad de la sociedad y de la iglesia.

No queremos dejar de ser utópicos: queremos seguir en la lucha leal y aguerrida en la que llevamos tantos años y hemos gastado tantas fuerzas: la felicidad del ser humano a través de nuestros medios y mediaciones, con nuestra impronta cristiana y nuestro compromiso solidario. Queremos seguir sirviendo de referente para quienes viven la fe desde la frontera, desde unas vivencias cristianas y alternativas, en muchas ocasiones, a las oficiales, eclesiásticas, vaticanas. Es el camino que hemos seguido y así lo demuestran los lemas y mensajes de los encuentros que hemos tenido, tanto a nivel local, nacional o internacional: compatibilidad de sacerdocio y matrimonio, el ministerio presbiteral al servicio de la Iglesia de Jesús en el momento actual, nuevos ministerios al servicio de la comunidad, derechos humanos en la Iglesia, la mujer también es iglesia, otra iglesia es posible y real, una nueva espiritualidad centrada en el evangelio, nuevos caminos eclesiales, sueños de quijote para un mundo materializado, la comunidad que sigue a Jesús, fronteras y horizontes…

Toda esta carga experiencial es la que vamos a compartir comunitariamente: una experiencia que nos ha conducido a descubrir cada vez con mayor nitidez que la comunidad es el eje, el centro, el punto de referencia clave: esa comunidad en la que muchas y muchos hemos vivido y seguimos, y que a través de los años «ha ido confirmando la convicción inicial de seguir formando parte de la iglesia, en iglesias locales, domésticas, en las que la comunidad cobra el protagonismo y las diferentes tareas -incluso la de presidencia- se van asumiendo según la disponibilidad o capacidad de cada creyente. Comunidades no impositivas sino acogedoras, no jerarquizadas sino igualitarias; no volcadas en el culto sino en la celebración festiva; comunidades de búsqueda y compromiso, con apuestas por vivir en positivo de cara al mundo actual. Una realidad pequeña; pero nada despreciable y -al parecer- con grandes posibilidades de cara al futuro». Así lo decíamos en nuestro libro, publicado en 2010, Curas Casados. Historias de fe y ternura.

A ello nos ayudarán distintos actos: presentación de experiencias de comunidades concretas de distintos entornos y países, talleres sobre distintos servicios en la comunidad; y dos ponencias: una de Silvia R. de Lima Silva, teóloga latinoamericana conocedora de las comunidades de base, y otra del teólogo español J. Antonio Estrada, que pondrán en clave teológica toda esta riqueza vivencial. Una mesa redonda en torno a los retos para los creyentes en el mundo presente nos situará para concretar nuestros compromisos personales y grupales.

Completa nuestra convivencia la presentación del libro «Curas en unas comunidades adultas», preparado y editado por la Federación Europea, en la que se nos ofrece un recorrido por la historia del movimiento internacional de curas casados con los momentos más ricos y la síntesis de las más destacables líneas de actuación y compromisos, tanto colectivos como personales; y como el otro elemento fundamental, una serie de experiencias comunitarias de muy diversa procedencia, que nos hablan de ese camino hacia la mayoría de edad real que tantas comunidades han recorrido y siguen recorriendo.

Y en medio, al lado y a la vez, la convivencia, la tertulia personalizada, la fiesta sencilla y distendida, en las que los sentimientos, los recuerdos, las luchas y esperanzas afloran espontáneamente y sin artificio. Como siempre, y como cristianos que somos, la oración de la mañana y la Eucaristía final lubricarán todas nuestras vivencias.

Estaríamos muy agradecidos de contar con vuestra presencia, que facilitará la difusión de nuestras vivencias y conclusiones. Si necesitáis más información detallada la podéis encontrar en la web moceop.net.

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Sínodo de la Familia y realidad LGTB: se consolida la tendencia a suavizar las formas sin cambios doctrinales de fondo

domingo, 18 de octubre de 2015
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beso-gay-vaticanoInteresante reflexión de Dosmanzanas:

Tras su comienzo el 4 de octubre bajo el impacto de la salida del armario del sacerdote Krysztof Charamsa, el Sínodo sobre la Familia que está teniendo lugar en Roma ha cumplido ya su primera semana. Aunque la información es ahora más escasa que cuando hace un año tuvo lugar un primer sínodo sobre el tema, es un secreto a voces que la forma de abordar la realidad LGTB es uno de los asuntos que está sobre la mesa. Predomina, y esa parece que será la línea que se imponga, la idea de que debe mantenerse a capa y espada la doctrina oficial pero “suavizando” las formas. Un equilibrio difícil que se muestra aún más complicado si se recuerdan algunos puntos hirientes de esa doctrina.

El actual Sínodo de la Familia, que se extenderá hasta el próximo 25 de octubre y tiene carácter ordinario, es continuación natural del Sínodo extraordinario sobre la Familia que tuvo lugar hace ahora un año. Como se recordará, los documentos surgidos de aquel encuentro tuvieron entonces una notable repercusión, especialmente el informe preliminar que introducía una referencia a los dones que las personas homosexuales aportaban a la Iglesia Una referencia que fue retirada del informe final, que se atuvo al discurso habitual. Tras la esperanza que despertó inicialmente, aquel encuentro se saldo con un resultado que cualquiera interesado en la realidad de las personas LGTB católicas no podía sino considerar decepcionante.

En esta ocasión, a diferencia de entonces, no se conocerá ningún documento durante la reunión, y de hecho es muy posible que ni siquiera se elabore un informe final. Ello no impide conocer que la discusión sobre la realidad LGTB sí está presente, con una repercusión probablemente mayor de la que se preveía tras la bomba lanzada por Charamsa un día antes del inicio del Sínodo. Como era de esperar, el resultado de las discusiones no se adivina precisamente satisfactorio desde el punto de vista LGTB –hay una negativa rotunda a cambiar la doctrina– pero ello no oculta las tensiones internas y las cada vez mayores dificultades para mantener el discurso oficial. En especial, crece la conciencia de que el lenguaje tradicionalmente empleado por la jerarquía es percibido como inadecuado y falto de respeto.

En este sentido han de entenderse las palabras de Thomas Rosica, uno de los portavoces del Vaticano para el Sínodo, y que han sido especialmente difundidas (como pasa últimamente con casi cualquier declaración que no sea puramente condenatoria). El pasado martes 6 de octubre, en una rueda de prensa, Rosica señaló queno nos compadecemos de las personas gais, sino que las reconocemos como lo que son. Son nuestros hijos e hijas, y hermanos y hermanas, y vecinos y colegas”. Por su parte, el cardenal italiano Edoardo Menichelli, arzobispo de de Ancona-Osimo, señalaba que si uno examina la misión y vocación de la familia, se da cuenta de que “un hermano gay” es parte de ella y que eso tiene repercusión en toda ella. También resultaban significativas las palabras de Charles Palmer-Buckle, arzobispo de Acra (Ghana) por provenir de una región con una potente LGTBfobia de base religiosa, que aseguró que el mundo debe tener paciencia con África para que esta aborde de una forma propia el tema de la homosexualidad. “Dadle a los países tiempo para tratar los asuntos desde nuestra propia perspectiva cultural”, afirmó, añadiendo que debe preservarse la “dignidad” de las personas.

Especial atención han llamado las palabras del cardenal Philippe Barbarin, primado de Francia y que destacó por su ferocísima oposición al matrimonio igualitario cuando era debatido en su país. Su intervención no se produjo en el Sínodo, sino en una conferencia que tuvo lugar en nuestro país, pero son sin duda indicativas del ánimo general. Barbarin señaló señala que la doctrina de la Iglesia “no es nueva” pero que el papa la explica “de una manera diferente” y añadió que “la Iglesia no puede rechazar a nadie por ser homosexual”, aunque dejó claro que se refería a un trato amable, no a un cambio doctrinal. Para Barbarin, “hay dos tipos de sacerdotes al recibir a los homosexuales, uno les dice que el reglamento de la Iglesia es una tontería y el otro solo se ciñe a él… mientras que el primero mata a Dios, el segundo mata a las personas”.

Los límites de “suavizar las formas”

En definitiva, el Sínodo se niega a modificar la doctrina, aunque parece consciente de que desde fuera esta es vista como discriminatoria. De ahí los esfuerzos por “suavizar las formas” y expresarse con un mayor respeto. Muy lejos estamos ni siquiera de los tímidos avances sugeridos por algunos obispos del norte de Europa, como aquel prelado alemán que hace poco llegó a hablar de bendiciones de parejas del mismo sexo (eso sí, en privado).

Es evidente, sin embargo, la poca coherencia de este enfoque de “suavidad en las formas y firmeza en el fondo”. No hace falta entrar en profundidades teológicas para ver que hay elementos de la doctrina oficial que difícilmente admiten “palabras amables”. Basta con ir a los propios documentos vaticanos. Así, por ejemplo, la Carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, de 1986, calificaba la “inclinación homosexual” de “objetivamente desordenada” por conducir a un “mal moral”. O puede recordarse también otro documento de 1992, Algunas Consideraciones acerca de la respuesta a propuestas legislativas sobre la no discriminación de las personas homosexuales. En este último documento se decía literalmente: “Existen ámbitos en los que no se da discriminación injusta cuando se tiene en cuenta la tendencia sexual: por ejemplo, en la adopción o custodia de niños, en la contratación de profesores o instructores de atletismo, y en el alistamiento militar”.

Decía este documento además que “las personas homosexuales, en cuanto personas humanas, tienen los mismos derechos que todas las demás personas, incluso el derecho a no ser tratados de una manera que ofenda su dignidad personal (cf. n. 10). Entre otros derechos, todas las personas tienen derecho al trabajo, a la casa, etc. Sin embargo, esos derechos no son absolutos. Pueden ser limitados legítimamente a causa de un comportamiento externo objetivamente desordenado. Esto, a veces, no sólo es lícito, sino también obligatorio; no sólo se impondrá a causa de un comportamiento culpable, sino también en el caso de personas enfermas física o mentalmente”.

Con textos así, “suavizar” la forma y tratar con respeto a las personas LGTB sin cambiar la doctrina se antoja muy difícil.

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«Deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales»

sábado, 17 de octubre de 2015
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obispos-bandera-gay_560x280Declaración internacional de teólogas y teólogos sobre el Sínodo

«Debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo»

No pertenece a la Fe de la Iglesia el hecho de mantener intacto un determinado modelo de familia, propio de un tiempo y de una cultura. Según los evangelios, Jesús de Nazaret fue profundamente crítico con el modelo de familia de su tiempo y de su cultura. Por ello, la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII considera necesario presentar al Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma las siguientes propuestas:

1. Creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos. En consecuencia, deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales. No debe excluirse a las personas cristianas homosexuales de ninguna tarea, actividad y responsabilidad eclesial como tampoco de la participación en los sacramentos.

No parece compaginarse el respeto a las personas no heterosexuales con su exclusión de determinadas funciones eclesiales, como por ejemplo el ejercer el padrinazgo en un bautizo o el ministerio sacerdotal y teológico. Exclusiones ambas que se han producido recientemente en la diócesis de Cádiz con un transexual y en la Congregación para la Doctrina de la Fe con un sacerdote homosexual, y que demuestran una clara discriminación en razón de la orientación sexual y desmienten la idea tan repetida en los documentos de magisterio eclesiástico de acogida hacia las personas no heterosexuales.

2. Creemos que debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del magisterio eclesiástico. Consideramos necesaria la derogación del canon 1398 del Código de Derecho Canon que decreta la excomunión para quien produce el aborto, si este se produce, y que es contraria a la absolución del pecado de aborto decretada por el papa Francisco con motivo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Asimismo debe respetarse el derecho de las mujeres a decidir en conciencia en esta materia.

3. No existen razones bíblicas, teológicas, históricas, pastorales, y menos todavía dogmáticas, para excluir a hombres casados ni a las mujeres de ninguno de los ministerios eclesiales, ordenados o no ordenados. La igualdad de los cristianos y cristianas por el bautismo tiene que traducirse en condiciones iguales para hombres y mujeres en el acceso al ámbito de lo sagrado, en la elaboración de la doctrina teológica y moral así como en la participación en las responsabilidades eclesiales y en los órganos directivos, sin discriminación alguna por razones de género, etnia o clase social. Por ello pedimos se eliminen los obstáculos ideológicos, culturales y disciplinares de carácter sexista y se lleve a cabo la plena incorporación de las mujeres en los ámbitos indicados, incluido el acceso al sacerdocio y al episcopado.

4. En relación con el divorcio, no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohiba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancia a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza. Además, carece de fundamento evangélico. Creemos por ello que el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición, actualmente vigente, y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna. Las personas creyentes somos sujetos morales con capacidad para decidir libremente en conciencia en este terreno. Dicha decisión debe ser respetada.

5. Es necesario reconocer los importantes avances llevados a cabo por el feminismo en la igualdad entre hombres y mujeres y en la liberación de éstas. A la luz de estos avances debe revisarse la estructura patriarcal de la doctrina y la práctica sobre el matrimonio cristiano.

6. El Sínodo no puede reducirse a las cuestiones relativas al matrimonio cristiano. Creemos prioritario que haga un análisis de la situación de pobreza y exclusión social en la que se encuentran millones de familias, la denuncie proféticamente, exprese su solidaridad con las familias más vulnerables y contribuya a la eliminación de las causas de dicha situación desde la opción ético-evangélica por las personas pobres y marginadas.

Firman esta Declaración:

Xavier Alegre. Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. España
José Arregi. Teólogo. España
Olga Lucía Álvarez. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan Barreto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Bermúdez, Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Leonardo Boff. Ecoteólogo, miembro del Comité de la Carta de la Tierra y escritor.
Ancizar Cadavid Restrepo. Teólogo. Colombia
José María Castillo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
José Centeno. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, España
Juan Antonio Estrada. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Máximo García. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Antonio Gil de Zúñiga. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Ivone Gebara. Teóloga y filósofa. Brasil
Hernández Fajardo Axel. Profesor Jubilado de la Escuela Ecuménica de las Ciencias de Religiones. Universidad Nacional. Costa Rica
Rosa María Hernández. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Mary Hunt. Teóloga. Women’s Alliance for Theology, Ethics and Ritual (WATER).
Gabriela Juárez Palacio. Teóloga. Socia Fundadora de Teólogas e Investigadoras.
Rosa Leiva. Federación Latinoamericana de Presbíteros Casados. Ecuador
Juan Masiá. Teólogo. Japón.
Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte. España
Cyprien Melibi. Teólogo Camerún.
Arnoldo Mora Rodríguez. Socio Fundador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI). Costa Rica.
Mario Mullo. Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados. Ecuador
Carmiña Navia. Teóloga. Colombia
Marisa Noriega. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Gladys Parentelli. Auditora en el Concilio Vaticano II. Venezuela
Federico Pastor. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Victorino Pérez Prieto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Suyapa Pérez Scapini. Teóloga. El Salvador
Margarita Mª Pintos. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Javier Omar Ruiz Arroyave. Activista. Masculinidades Liberadoras. Colombia.
José Sánchez Suárez. Teólogo. Comunidad Teológica de México
Santiago Sánchez Torrado. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Silva. Asociación de Teólogas y Teólogos de Juan XXIII. España
Aida Soto Bernal. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan José Tamayo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Elsa Tamez. Teóloga y biblista. México
Andrea Toca. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Fernando Torres Millán. Teólogo. Coordinador de Kairós Educativo. Colombia
Olga Vasquez. Teóloga. El Salvador
Evaristo Villar. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Juan Yzuel. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España

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El arzobispo de Guinea Conakri, Robert Sarah, advierte sobre la familia: «Está entre dos ‘bestias apocalípticas’: ‘la ideología de género’ y el ISIS»

sábado, 17 de octubre de 2015
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Cardinal-SarahEl próximo 25 de octubre finaliza la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y en la agenda, de nuevo, está el espinoso tema de la homosexualidad. Peter Erdö, relator de este encuentro lo ha dicho claramente: No existes analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia. Para echar más leña al fuego, el arzobispo de Guinea, el cardenal africano Robert Sarah, ha advertido de que la familia está entre «dos bestias apocalípticas» que son «la ideología de género e ISIS«, durante su intervención en el Sínodo de Obispos sobre la Familia.

Hemos escuchado declaraciones ofensivas hacia las personas LGTB por parte de obispos y cardenales, pero no por ello dejan de sorprendernos palabras como las del cardenal guineano, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y presidente del Pontificio Consejo Cor Unum. Fue durante una intervención que tuvo lugar la semana pasada, y que apenas ha trascendido a nivel general (sí que la han recogido webs ultracatólicas o el digital ultraconservador La Gaceta).

«Nos encontramos entre la ideología de género e ISIS», ha señalado durante su discurso el prelado africano, también prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Sarah ha calificado estas realidades como «dos bestias apocalípticas» y ha recalcado su origen demoníaco que, a su juicio, se demuestra en que tanto los defensores de la ideología de género como los terroristas islámicos exigen una «regla universal y totalitaria» y son «violentamente intolerantes, destructoras de familias, de la sociedad y de la Iglesia, así como abiertamente cristianófobos».

Sarah ha evidenciado ante lo más de 330 participantes, entre los que se encuentra más de 270 obispos de los cinco continentes, que la sociedad contemporánea se enfrenta por un lado a la «desintegración de la familia en el Occidente secularizado» a través del «divorcio rápido y fácil, el aborto, las uniones homosexuales y la eutanasia» y, por otro, a la «pseudo-familia del Islam ideologizado que legitima la poligamia o la subordinación femenina».

La literalidad de las palabras de Robert Sarah resulta más elocuente en sí misma que lo que podamos relatar nosotros:

“Un discernimiento teológico nos permite ver en nuestro tiempo dos amenazas inesperadas (casi como dos ‘bestias apocalípticas’) situadas en polos opuestos: por una parte, la idolatría de la libertad occidental; por otra, el fundamentalismo islámico. Es el ateísmo secularista versus el fanatismo religioso. Por usar un eslogan, nos encontramos entre ‘la ideología de género y el ISIS’. Las masacres islámicas y las demandas libertarias frecuentemente compiten por la primera página en los periódicos (¡Acordémonos de lo que pasó el 26 de junio!)*. De esas dos radicalizaciones surgen las dos mayores amenazas para la familia: su desintegración subjetivista en el occidente secularizado mediante un divorcio rápido y fácil, las uniones homosexuales, la eutanasia, etc. (cf. la teoría del género, las ‘Femen’, el lobby LGBT, IPPF**). Y por otra parte, la pseudo-familia del islam ideologizado, la sumisión de la mujer, la esclavitud sexual, el matrimonio infantil, etc. (cf. Al Qaeda, Isis, Boko Haram…)”

* El 26 de junio el Tribunal Supremo de los Estados Unidos fallaba que prohibir el matrimonio igualitario es inconstitucional y en Túnez un atentado islamista mataba a decenas de personas.

**International Planned Parenthood Federation, en castellano Federación Internacional de Planificación Familiar.

Robert Sarah aprovechó además para protestar por el Sínodo extraordinario de la Familia que tuvo lugar hace un año. El motivo principal de su enfado con lo ocurrido entonces fueron las opiniones relativamente aperturistas que otros prelados expresaron a propósito de los divorciados y de las personas LGTB. Para él, no eran más que opiniones marginales de grupos originarios de países ricos.

Robert Sarah aprovechó además para protestar por el Sínodo extraordinario de la Familia que tuvo lugar hace un año. El motivo principal de su enfado con lo ocurrido entonces fueron las opiniones relativamente aperturistas que otros prelados expresaron a propósito de los divorciados y de las personas LGTB. Para él, no eran más que opiniones marginales de grupos originarios de países ricos.

No es necesario insistir en el carácter profundamente insultante de este discurso. Las noticias de los brutales asesinatos de hombres acusados de ser homosexuales por parte del ISIS son desgraciadamente frecuentes. La dificilísima situación de la población LGTB en África también ha sido bien documentada en esta página. Que en este contexto un cardenal africano equipare al ISIS con la realidad LGTB y con todo lo relacionado con la “ideología de género” (expresión que el ámbito más conservador utiliza para denigrar tanto al feminismo como a buena parte de las reivindicaciones del colectivo LGTB, muy especialmente en los últimos tiempos la lucha en favor de los derechos trans) supone un despropósito de tal calibre que resulta difícil contenerse en los calificativos.

Menos mal que los miembros del Sínodo no tiene potestad para intervenir en las políticas de los países porque a estas alturas al colectivo LGBT nos metían en el mismo saco que los terroristas y pedían nuestra aniquilación como una de las ‘plagas del siglo XXI’. Nos son nada católicas, ni tolerantes, ni piadosas estas incendiarias declaraciones. Como siempre la Iglesia Católica defrauda a tantos fieles que ven como se les condena al ostracismo y la destrucción. Está claro que el arzobispo Sarah se ha cubierto de gloria. Así no nos extraña que cada vez haya menos vocaciones y pierdan continuamente adeptos.

Fuente Ragap y Dosmanzanas

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