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Dom 7. 9. 12. Reunidos en mi Nombre… Quién es Iglesia, quién «manda»…Quién y qué es Iglesia (Mt 18)

domingo, 7 de septiembre de 2014
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46ordinarioB17Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 22, tiempo ordinario, ciclo A: Mt 18, 15-20. Nos ha “sorprendido” estos días (en España) el cese de Rouco y el ascenso o “traspaso” de Osoro y Cañizares, en las listas de la jerarquía católica… como si fueran fichajes y bajas de un fútbol millonario.

Pero, bien mirados, esos cambios deberían pasar inadvertidos, pues lo que en importa en la Iglesia no son los monseñores y cardenales/obispos, sino las comunidades reunidas y organizadas en nombre de Jesús.

Así lo ratifica este evangelio sorprendente, por encima de todo Derecho legal y Jerarquía. Éstos son sus rasgos principales, que quiero desarrollar en lo que sigue:

a. Cada comunidad cristiana es Iglesia uniéndose en nombre de Cristo, orando a Dios Padre y resolviendo sus propios problemas, en diálogo en el que todos participan (sin duda, en comunión con otras iglesias). Hay posiblemente presbíteros y obispos (es decir, representantes y supervisores), pero los asuntos de la comunidad los resuelve toda la comunidad, de manera que obispos y presbíteros son de algún modo invisibles.

b. Todas las comunidades se vinculan, porque las une el mismo Cristo y porque en ellas se invoca al mismo Dios; pero cada una tiene su propia vida, su propia “marcha” de evangelio, apareciendo así como espacio mesiánico de amor mutuo y de esperanza mesiánica. Se trata (por todo lo que sabemos) de comunidades pequeñas (de unos cincuenta miembros cada una), donde todos se comunican entre sí.

c. Cada Iglesia es responsable de su propio camino de oración, comunión y decisión, con sus propias instituciones; ni el amor, ni la toma de conciencia de «estar en Cristo», ni la solución de los posibles problemas pueden delegarse en otra comunidad más alta (o en personas especiales, como son los obispos o papas), aunque todas las comunidades son solidarias y se unen entre sí por el mismo Cristo. El amor de Jesús y la comunión de los creyentes no se puede delegar, pues si hiciere dejaría de ser amor cristiano, comunión evangélica.

d. Esta forma de entender las iglesias concretas y la comunión de todas ha sido formulada por Mateo, pero responde igualmente a la teología y experiencia del conjunto de las comunidades del NT (las de Pablo y Marcos, las de Juan y Lucas, las de Santiago y Hebreos…). Las variantes entre las comunidades son muchas, pero todas concuerdan en lo esencial (la comunión en Cristo).

Buen día a todos, buen domingo.

Texto. Mt 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

1. Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

2. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

3. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Tres son, pues, los “problemas”. (a) El primero es “quién es iglesia”: los límites de la comunidad. (b) El segundo es la autoridad: Quién decide… (c) El tercero es la oración, es decir, la vinculación con Dios (lo que hoy llamaríamos dirección de la eucaristía y de los sacramentos)

1. MT 18, 15-17. ¿QUIÉN ES IGLESIA? LOS LÍMITES DE LA COMUNIDAD

Este pasaje refleja el comportamiento de la iglesia ante un miembro que peca y define en el fondo la pertenencia a la Iglesia:

Principios:

a. Ciertamente, hay otros signos de pertenencia eclesial: Fe en Dios, fe en Jesús, un tipo de posible liturgia grupal… Pero el texto sé fija en aquellos que “no pecan entre sí” (unos contra otros). Iglesia son según eso aquellos que viven en armonía mutua.

b. El evangelio de Mateo supone quizá que hay otros pecados…, pero aquí sólo se fije en el pecado contra el prójimo: el pecado “contra ti”, es decir, contra un hermano de la comunidad.

c. En este mismo cap. 18, Mateo hable de perdonar siempre (setenta veces siempre), pero el perdón eclesial (¡para formar parte de la Iglesia!) implica corrección fraterna y conversión. Quien no se “convierte”, quien sigue pecando contra un hermano, no forma parte de la Iglesia.

El tema y método de esta “praxis jurídica” seguido se parece al de otros grupos judíos del tiempo, por ejemplo el de Qumrán. Pero quien decide en Qumrán es una instancia jerárquica especial y bien organizada de sacerdotes, miembros elegidos. En Mt, en cambio, decide la comunidad reunida:

Texto:

1. Y si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele a solas;
si te escucha, has ganado a tu hermano.
2. Si no te escucha, toma contigo a uno o a dos, pues
todo problema se resuelva por dos o tres testigos (cf. Dt. 19, 19).
3. Y si no les escucha llama a la iglesia y si no la escucha, sea para ti como gentil y publicano (18, 15-17)

Explicación.

Formulación hipotética (no apodíctica) de perdón y exclusión comunitaria, con cita de Dt 19, 19. Cada iglesia o comunidad cristiana aparece con autonomía jurídica: independiente de la sinagoga (y de otras comunidades cristianas). Sólo forman parte de la Iglesia aquellos que viven en armonía fraterna (no pecan contra los hermanos). Los que rompen la armonía y no se corrigen quedan fuera de ella, y son como “el gentil y publicano” ((aquellos que en terminología judía no participan en la vida del pueblo de Dios)).

La comunidad reunida es instancia suprema, de manera que ella rechaza a quienes rompen la unidad fraterna. Así establece Mt el «derecho» de la Iglesia para instituirse como grupo autónomo y visible.

Dentro y fuera de la Iglesia. La primera ortodoxia práctica

Esta es la primera declaración de ortodoxia práctica de la iglesia: son comunidad quienes perdonan y se dejan perdonar; pero quienes niegan el perdón y pecan contra los hermanos no pueden formar parte de la Iglesia. Mt 16, 18-19 presentaba a Pedro como «roca y rabino primera» de la Iglesia (es decir, de todas las comunidades), pues había interpretado (atado-desatado) los principios de la Ley judía desde Jesús (comparar con 5, 19).

Pues bien, Mt 18, 15-20, aceptando esa “base petrina” del origen de la Iglesia en su conjunto (de las diversas iglesias), define a cada iglesia (formada por unos cincuenta miembros…) como grupo autónomo, capaz de organizar su vida interna desde los principios del perdón y de la corrección fraterna. Leer más…

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¡Qué fácil es criticar, qué difícil corregir! Domingo 23 Ciclo A.

domingo, 7 de septiembre de 2014
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abrazoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La formación de los discípulos

A partir del primer anuncio de la pasión-resurrección y de la confesión de Pedro, Jesús se centra en la formación de sus discípulos. No sólo mediante un discurso, como en el c.18, sino a través de las diversos acontecimientos que se van presentando. Los temas podemos agruparlos en tres apartados:

1. Los peligros del discípulo:

* ambición (18,1-5)
* escándalo (18,6-9)
* despreocupación por los pequeños (18,10-14)

2. Las obligaciones del discípulo:

* corrección fraterna (18,15-20)
* perdón (18,21-35)

3. El desconcierto del discípulo:

* ante el matrimonio (19,3-12)
* ante los niños (19,13-15)
* ante la riqueza (19,16-29)
* ante la recompensa (19,30-20,16)

De estos temas, la liturgia dominical ha seleccionado el 2, corrección fraterna y perdón, que leeremos en los dos próximos domingos (23 y 24 del Tiempo Ordinario) y el último punto del 3, desconcierto ante la recompensa (domingo 25).

La corrección fraterna

Como punto de partida es muy válida la primera lectura, tomada del profeta Ezequiel. Cuando alguien se porta de forma indebida, lo normal es criticarlo, procurando que la persona no se entere de nuestra crítica. Sin embargo, Dios advierte al profeta que no puede cometer ese error. Su misión no es criticar por la espalda, sino dirigirse al malvado y animarlo a cambiar de conducta.

Así dice el Señor: A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.

En la misma línea debemos entender el evangelio de hoy, que se dirige a los apóstoles y a los responsables posteriores de las comunidades. No pueden permanecer indiferentes, deben procurar el cambio de la persona. Pero es posible que ésta se muestre reacia y no acepte la corrección. Por eso se sugieren cuatro pasos: 1) tratar el tema entre los dos; 2) si no se atiene a razones, se llama a otro o a otros testigos; 3) si sigue sin hacer caso, se acude a toda la comunidad; 4) si ni siquie­ra entonces se atiene a razones, hay que considerarlo «como un gentil o un publicano».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
― Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Esta práctica recuerda en parte la costumbre de la comunidad de Qumrán. La Regla de la Congregación, sin expresarse de forma tan sistemática como Mateo, da por supuestos cuatro pasos: 1) corrección fraterna; 2) invocación de dos testi­gos; 3) recurso a «los grandes», los miembros más antiguos e importantes; 4) finalmente, si la persona no quiere corregirse, se le excluye de la comunidad.

La novedad del evangelio radica en que no se acude en tercera instancia a los «grandes», sino a toda la comunidad, subrayando el carácter democrático de la vivencia cristiana. Hay otra diferencia notable entre Qumrán y Jesús: en Qumrán se estipulan una serie de sanciones cuando se ofende a alguno, cosa que falta en el Nuevo Testamento. Copio algunas de ellas en el Apéndice.

Hay un punto de difícil interpretación: ¿qué signifi­ca la frase final, «considéralo como un gentil o un publicano»? Generalmente la interpretamos como un rechazo total de esa persona. Pero no es tan claro, si tenemos en cuenta que Jesús era el «amigo de publicanos» y que siempre mostró una actitud positiva ante los paganos. Por consiguiente, quizá la última frase debamos entenderla en sentido positivo: incluso cuando parece que esa persona es insalvable, sigue considerándola como alguien que en algún momento puede aceptar a Jesús y volver a él. Esta debe ser la actitud personal («considéralo»), aunque la comunidad haya debido tomar una actitud disciplinaria más dura.

¿Qué valor tiene la decisión tomada en estos casos? Un valor absoluto. Por eso, se añaden unas palabras muy parecidas a las dichas a Pedro poco antes, pero dirigidas ahora a todos los discípulos y a toda la comunidad:

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Relacionado con este tema están las frases finales.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Generalmente se los aplica a la oración y a la presencia de Cristo en general. Pero, dado lo anterior y lo que sigue, parece importante relacionar esta oración y esta presencia de Cristo con los temas de la corrección y del perdón.

El conjunto podríamos explicarlo del modo siguiente. La correc­ción fraterna y la decisión comunitaria sobre un individuo son algo muy delicado. Hace falta luz, hallar las palabras adecuadas, el momento justo, paciencia. Todo esto es imposible sin oración. Jesús da por supuesto -quizá supone mucho- que esta oración va a darse. Y anima a los discípulos asegurándoles la ayuda del Padre, ya que El estará presente. Esta interpretación no excluye la otra, más amplia, de la oración y la presencia de Cristo en general. Lo importante es no olvidar la oración y la presencia de Jesús en el difícil momento de la reconciliación.

Apéndice: la práctica de la comunidad de Qumrán

Nota: En el siglo II a.C., un grupo de judíos, descontentos del comportamiento del clero y de las autoridades de Jerusalén, se retiró al desierto de Judá y fundó junto al Mar Muerto una comunidad. Se ha discutido mucho sobre su influjo en Juan Bautista, en Jesús y en los primeros cristianos. El interesado puede leer J. L. Sicre, El cuadrante. Vol. II: La apuesta, cap. 15.

Los cuatro pasos en la Regla de la congregación

1) «Que se corrijan uno a otro con verdad, con tranquilidad y con amor lleno de buena voluntad y benevolencia para cada uno» (V, 23-24).

2 y 3) «Igualmente, que nadie acuse a otro en presencia de los «grandes» sin haberle avisado antes delante de dos testigos» (VI, 1).

4) «El que calumnia a los «grandes», que sea despedido y no vuelva más. Igualmente, que sea despedido y no vuelva nunca el que murmura contra la autoridad de la asamblea. (…)

Todo el que después de haber permanecido diez años en el consejo de la comunidad se vuelva atrás, traicionando a la comunidad… que no vuelva al consejo de la comunidad. Los miembros de la comunidad que estén en contacto con él en materia de purificación y de bienes sin haber informado de esto a la comunidad serán tratados de igual manera. No se deje de expulsarlos» (VII,16-25).

Algunos castigos en Qumrán

«Si alguien habla a su prójimo con arrogancia o se dirige a él groseramente, hiriendo la dignidad del hermano, o se opone a las órdenes dadas por un colega superior a él, será castigado durante un año…»

«Si alguno habló con cólera a uno de los sacerdotes inscri­tos en el libro, que sea castigado durante un año. Durante ese tiempo no participará del baño de purificación con el resto de los gran­des.»

«El que calumnia injustamente a su prójimo, que sea castiga­do durante un año y apartado de la comunidad.»

«Si únicamente hablo de su prójimo con amargura o lo engañó conscientemente, su castigo durará seis meses.

«El que se despereza, cabecea o duerme en la reunión de los «grandes» será castigado treinta días».

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«Jesús no haría la pastoral vocacional de la Iglesia», por Rufo González

martes, 26 de agosto de 2014

21c6d7de73fe003fccf425df1812c02d_620x412Leído en la página web de de Redes Cristianas

¿“Llamaría” hoy Jesús como “llama” la Iglesia?

Cuando se trata de reclutar vocaciones para el Clero, la propaganda eclesiástica también utiliza medias verdades: “le espera un sueldo fijo, un trabajo gratificante y un buen hogar”.
Si esto fuera la verdad completa, la colas del paro se trasladarían de las Oficinas de Empleo a los seminarios o a los palacios episcopales (¡si Cristo lo viera! Mt 11,8; Lc 7,25). Basta preguntar dónde está ese chollo, para desvanecer toda esperanza. Lo primero: olvídate del “hogar”. No puedes casarte, hacer una familia, engendrar hijos, combate toda tu vida los instintos primarios, etc. Leamos la reflexión del buen amigo de este Blog, de Pepe Mallo, que nos obsequia con este artículo veraniego. Gracias.

Escribe Pepe Mallo:

“MUCHOS SON LOS LLAMADOS…” (¿En busca de las vocaciones perdidas?)

Si no lo leo no lo creo

Hace unos días (17 de julio), la Redacción de Religión Digital se destapó con este titular: “En busca de las vocaciones perdidas” y comienza su reseña con este texto:

“El más pequeño del grupo del seminario menor de Sevilla tiene 13 años, si continúa estudiando, le espera un sueldo fijo, un trabajo gratificante y un buen hogar. El sacerdocio ofrece una vida “diferente”, que no quiere decir “rara”, como afirma el rector del Seminario Metropolitano de Sevilla, Antero Pascual. Cuando el pequeño alumno termine sus estudios obligatorios y el bachillerato, si su fe es fuerte y siente la vocación, se ordenará sacerdote tras seis cursos de estudios teológicos y filosóficos.”

Un ilusionado futuro

En tiempo de crisis, tanto económica como eclesial, viene bien este eco publicitario de la Institución como reclamo. Se ofrece generosamente un ilusionado futuro, con un trabajo gratificante (sin riesgo de paro), un sueldo fijo, y sobre todo, un buen hogar (sin hipoteca); o sea, el sacerdocio como “medio de vida”. Para lo cual, sabiamente, se saca a los adolescentes de su hogar familiar, de su entorno escolar, de su ambiente de amigos y amigas y se le interna en un seminario donde el contacto con la familia y la sociedad será escaso o nulo. Con esta expectativa, comienza una vida de incertidumbre para los muchachos “llamados” en plena pubertad. Si después de acabar los estudios secundarios y el bachillerato, tras otros seis años de cursos filosóficos y teológicos, “siente la vocación, será ordenado sacerdote”. ¡¡¡Cuán largo me lo fiáis, Comendador!!!

“Comerciales” deDios

Hace pocos años, al comienzo de la crisis económica, ya la Iglesia española lanzó esta misma campaña el día dedicado al Seminario, casi con las mismas palabras que ha empleado este rector de Sevilla. Y digo yo. ¿La vocación la tiene ya el “aspirante”- lógicamente infundida por Dios- o le va a germinar en el “seminario” (que ya la palabra indica su función)? Si la vocación es una “llamada de Dios”, ¿por qué no “llama más”? Da impresión que Dios tiene poco poder de convocatoria, a pesar de ser todopoderoso. Claro, resulta que es que Dios no llama directamente, sino a través de… O sea que Dios, como cualificado empresario del culto, tiene sus “comerciales” que le simplifican y facilitan la labor de reclutamiento. Y además, son ellos mismos quienes realizan el casting y resuelven infaliblemente quién es realmente llamado por Dios y quién no. Así interpretan la frase “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”.

¿Se intenta hacer futuro de un pasado frustrado?

Allá por los años cincuenta del siglo pasado, delegados de seminarios y congregaciones religiosas peinaban los pueblos en busca de vocaciones sacerdotales. (Me tocó vivir esa época). El sacerdote entonces gozaba de gran autoridad y prestigio. Muchos de aquellos chavales pueblerinos buscaban en el seminario una salida a su futuro, para muchos de ellos única alternativa para resolver su vida; comenzaba la crisis del campo y el éxodo rural. Y así se llenaron los seminarios, que llegaron a convertirse en “ciudades-convento”. Una década después, durante los años sesenta, aquellos muchachos estaban estudiando Teología, muchos de ellos sin una clara definición vocacional. En plena transición motivada por el Concilio Vaticano II, la figura del sacerdote va decayendo, los jóvenes se replantean su “proyecto de vida” y comienzan los abandonos. Y los seminarios fueron despareciendo, y sus espléndidas y magníficas construcciones se venden o cambian de cometido.

¿Se trata, pues, de volver hoy, quizás con rabiosa nostalgia, a aquellos añorados, prósperos y florecientes años ya desvanecidos? ¿Se intenta hacer futuro de un pasado frustrado? No lo quiera Dios.

Es evidente que, en este siglo XXI, la vocación sacerdotal no responde a las expectativas de éxito postuladas por la sociedad. La mentalidad y sensibilidad de las jóvenes generaciones crea un estilo juvenil, en general, muy ajeno a las in­quietudes vocacionales. Digámoslo claramente: ser cura no entra hoy como una posibilidad real dentro de las perspectivas vitales de la inmensa mayoría de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. No constituye ni siquiera una alternativa que se considere atenta­mente, aunque sea para descartarla. Es una propuesta que ni siquiera se plantea.

¿Qué convocatoria haría Jesús?

Por eso, a la hora de “convocar”, la respuesta a tal llamamiento dependerá de la diversidad de la oferta. Se habla de seminarios florecientes y de seminarios precarios. Yo creo que todo depende de la forma con que se presente esta convocatoria. Podríamos poner unos ejemplos sugerentes:

Propuesta de seminario: “Joven, Cristo te llama para ser “su elegido”, entre los más dignos de entre todos los cristianos. Serás “hombre de Dios”, instrumento en las manos de Dios. Vas a ser “consagrado” sacerdote, como Cristo, Sumo Sacerdote. Te llamarán padre y (mon)-señor; te harán reverencias y ocuparás los primeros puestos en las celebraciones. Cuando tus manos sean ungidas con el óleo sagrado, signo del Espíritu Santo, serán destinadas a servir al Señor como sus manos en el mundo de hoy. Y las palabras sagradas que pronunciarás serán capaces de transustanciar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, el gran sacramento de nuestra fe. El celibato será signo de tu entrega total absoluta y exclusiva a los demás sin sentirte atado por otros lazos que no sean los de Cristo. Tú, como elegido y pastor de almas, impondrás las leyes en tu “feudo”. Atarás y desatarás. Quien te alabe y te pelotee será bendito. Quien te critique y censure será arrojado a las tinieblas exteriores… Y serás dignísimo sacerdote “in aeternum”. ¿Qué respondes a esta oferta?”

Propuesta evangélica: “Joven, Cristo te llama para “servir a la comunidad”, no tanto para servir a Dios ni a los ritos, sino a las personas. El que quiera ser el más importante que sea el “esclavo de todos”. No te dejes llamar padre ni (mon)señor. Y en los acontecimientos solemnes ocupa siempre los últimos puestos. No busques ser alabado. Tampoco lo vas a conseguir dado como está la sociedad. Más bien estarás en boca de todos como objeto de murmuración. No desees prebendas ni privilegios. Eres llamado a ser pastor, a ir tras la oveja perdida… No impongas más cargas sobre las espaldas de las personas; al contrario, echa una mano para aliviar las que ya soportan. Acoge a todos aunque no piensen como tú. No especules tanto en salvaguardar los derechos divinos, como en promover los derechos humanos, porque ante Dios todas las personas son iguales y no establece distinción ni por la raza, ni por el sexo ni por la ideología… Más que “hacer teología” vive el evangelio… Más que hombre de Dios (que lo serás), sé hombre de hombres. ¿Esperamos tu respuesta?” Leer más…

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Oración de la cabra.

viernes, 25 de julio de 2014

cabra

Decididamente, Señor
no tenemos buena prensa las cabras.
Falla alguien en su cordura mental,
rápido dicen que está como una de nosotras.
A nuestros cabritos y machos cabríos
les endosaron siempre los peores papeles.
Tú mismo, recuerda tu Juicio Final,
nos colocas a tu izquierda
con pasaporte directo a los infiernos.
¿No te parece demasiado?

Tú sabes que no nos hiciste ni mejores
ni peores que al resto de tus criaturas.
Que ni quisiste, ni pudiste hacernos…”malas”;
que nos hiciste simplemente… “distintas”.

Por eso nos arriesgamos
por senderos y trochas que nadie ha pisado.
Por eso mordisqueamos hierbecillas que nadie olfateó.
Por eso sentimos esa especie de alergia a “ir en rebaño”.
Por eso gozamos y sufrimos esa fama de “locas”,
porque sabemos que el mundo y que tu Iglesia
también necesita locos… ¡divinos locos!

¿Qué nos falta entonces?
Pastores, nada más que pastores.
Pero, ojo, Señor: ¡Pastores de cabras!
Pastores de los otros,
pastores de ovejas normales y sumisas,
más o menos los hay… De éstos, en cambio,
es muy difícil encontrarlos.

Amén.

*

cabras locas 4

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«Orgullo LGTB en la iglesia», por Carlos Osma.

miércoles, 16 de julio de 2014
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IMG_0307Leído en Homoprotestantes:

Todavía está reciente la celebración ecuménica que el pasado viernes (27 de Junio) organizó la Comunidad Protestants Inclusius [1] y ACGIL en Barcelona. Creo que para muchas y muchos que estuvimos allí, esa celebración no se olvidará fácilmente, y la guardaremos como uno de esos tesoros que vamos almacenando a lo largo de la vida. Yo estuve allí, yo viví con muchas otras personas la experiencia de compartir el pan y el vino, de cogernos de las manos alrededor de la mesa del Señor y cantar dando un sentido nuevo al Padre Nuestro.

 Cada persona hará una lectura diferente, somos distintas y diversos, somos seres humanos. Seguro que muchos recordarán la homilía de la Pastora Marta López. Para quienes vienen de tradición católica ver a una mujer con toga, llevando sobre sus hombros el arcoíris, y predicando con esa libertad, profundidad y honestidad, siempre sorprende. Para quienes hemos formado parte de la comunidad que pastorea nos permitió volver a sentir esa calidez, apertura y voluntad de integración que tiene su iglesia. Ojala algún día, se den los pasos definitivos para que esa integración sea completamente real, y ojala muchas comunidades cristianas tomen como referencia la labor que esta iglesia ha hecho desde hace mucho tiempo en materia LGTB.

 IMG_0301Supongo también que la mayoría se llevará como recuerdo al Coro Barcelona Rainbow Singers emocionándonos cuando cantaban Imagine de John Lennon: “Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz. Ya puedes llamarme soñador si quieres, pero como yo hay mucha gente. Sólo hace falta que te unas y el mundo será muy diferente”. Y sí, nos lo imaginábamos, mientras cantaban nos imaginábamos un mundo donde los derechos LGTB son derechos humanos. Un mundo donde las personas no mueren por su identidad sexual o de género, donde amar no es un pecado, donde todas y todos somos libres para expresarnos tal y como somos. Nos lo imaginábamos, pero a la vez, volvíamos a afirmar con rotundidad que lo vamos a construir hoy, no nos esperaremos al futuro para hacer de nuestro mundo un lugar más humano. El evangelio, la labor por construir un mundo más justo, nos insta a hacerlo hoy.

 Pero si he de destacar un momento de la celebración, sería cuando seis entidades que trabajan por los derechos LGTB subieron al púlpito para explicarnos con brevedad en qué consistía su labor. Cuando les invitamos no sabíamos exactamente si querrían participar, para la mayoría de personas el cristianismo y las personas LGTB son enemigas. Y mucho más para los colectivos LGTB que saben el daño tan terrible que las iglesias están provocando para que los dos derechos humanos sean respetados en el mundo. Quizás el cristianismo es el poder que más se ha opuesto a que las personas LGTB puedan vivir seguras, en paz y felices. Si soy sincero no todas las entidades LGTB respondieron afirmativamente a nuestra invitación, pero también es cierto que la mayoría sí lo hicieron, y lo hicieron sin saber exactamente en que tipo de comunidad entraban. La realidad mostró una vez más como personas que han tenido que vivir el estigma que el cristianismo ha potenciado contra ellas, son capaces de entrar en una iglesia para explicar como trabajan todos los días por hacer más fácil la vida de cientos de miles de personas.

IMG-20140622-WA0004 (1) Y cuando una tras otras, las personas de estas entidades nos explicaban su labor, me sentí profundamente interpelado. Desde el Projecte Coratge nos explicaron que todavía hay que ayudar a gente que ha sufrido las terapias reparativas, La Associació de Families Lesbianes i Gais su labor por defender los derechos de niños y niñas que forman parte de famlias LGTB. Acathi nos ayudó a ver la necesidad de muchas personas LGTB que vienen a Barcelona huyendo de la pobreza y la homofobia de sus países, homofobia que en algunos casos pone en peligro sus vidas. El GAG nos explicó su trabajo con personas transexuales y transgénero, personas empujadas a la marginalidad en la mayoría de ocasiones. La Fundació Enllaçnos permitió ver la necesidad que tenemos las personas LGTB de ver respetada nuestra diversidad también cuando somos mayores. La necesidad de acompañar a personas mayores que debido a la homofobia tenemos un mayor índice de soledad en la vejez que otros colectivos.

 Todas estas asociaciones no ayudaron a ver las necesidades de un colectivo que ha tenido que crear sus propias estructuras para apoyarse y ayudarse. Un colectivo que ha entendido muy bien eso de que hay que ayudar al prójimo, que no se puede permitir que una persona pierda su dignidad o sea tratada de manera injusta. Que hay que construir un mundo nuevo donde todas y todos tengan los mismos derechos.

 Fue El Projecte del Noms la entidad que me hizo sentir más incómodo en mi banco. Nos explicaron que nacieron hace más de dos décadas cuando la epidemia del SIDA estaba en el punto más alto. Los hospitales de nuestra ciudad, como los de otras ciudades del mundo, estaban llenos de personas que morían y nadie podía hacer nada por evitarlo. Lo único que se podía hacer era acompañarlas y estar a su lado hasta el final. Evangelio, pensé yo, evangelio puesto en práctica por personas que mayoritariamente no son cristianas. Pero no me sentí bien, y lo digo con sinceridad y sin intentar tirar piedras contra nadie: ¿dónde estábamos las cristianas y cristianos entonces?  ¿cómo fue posible predicar el evangelio cada domingo y actuar como si aquella epidemia no tuviera nada que ver con nuestra fe? ¿Cómo es posible que desde el fundamentalismo menos evangélico se culpabilizara a personas enfermas que se enfrentaban a la muerte? Este fue el momento que me llevaré de la celebración, el momento en el que una persona se subió a un pulpito y me recordó que a veces los prejuicios no me permiten ser realmente cristiano. Que los prejuicios me alejan del prójimo, del seguimiento de Jesús.

 Vivimos ya en otro mundo, y las comunidades cristianas no se han dado cuenta. Todavía reducen la vida de millones de personas al discurso de siempre: “los más conservadores piensan así, no podemos crear un enfrentamiento, no podemos hacer esto o aquello”… pero eso no tiene nada que ver con la vida que tiene lugar fuera de la iglesia. Allí fuera hay personas LGTB que viven, aman, tienen hijos e hijas, sufren, envejecen, enferman… y tienen que buscar sus respuestas sin que el cristianismo les envíe una propuesta que les pueda dar también sentido a sus vidas. Con toda sinceridad creo que las iglesias deberían pedir perdón a las personas LGTB por el comportamiento que han tenido hacia ellas y por apropiarse de un evangelio que al final no están viviendo. Los colectivos LGTB tienen mucho que enseñar a las iglesias de lo que significa dignificar a quienes han sido humillados. En este momento creo que las personas LGTB tienen mucho que aportar a las iglesias, y cuando se les da una oportunidad, como en esta celebración ecuménica, dejan fuera el odio recibido y suben a un púlpito para explicar como trabajan por los derechos humanos.

 Quizás, como nos recordaron los colectivos que nos acompañaron, es eso lo que debemos hacer las personas cristianas LGTB: olvidarnos de lo que las comunidades no pueden, saben o quieren hacer, y centrarnos en ser sensibles a las necesidades de los que tenemos más cerca y viven una experiencia de exclusión.

 Termino mi visión particular de la celebración con un texto que leí yo mismo al comienzo de dicha celebración, un texto del pastor Enric Capó con el que nos invitaba a trabajar por la justicia: “Si tenemos clara cual es nuestra esperanza, cuales son las cosas que queremos y que Cristo nos quiere dar, no podemos dejar de luchar por ellas. Hemos de convertir la esperanza en una realidad presente, en cosas concretas, reales, tangibles. Si esperas la paz, la justicia y el amor, lucha por ello. No esperes al más allá, también aquí es posible conseguirlas, aunque sea en la pequeñez y la imperfección[2]”.

 Carlos Osma

 [1] Para ver imágenes de la celebración: http://protestantsinclusius.blogspot.com.es/2014/06/celebracio-ecumenica-pride-2014.html

[2] Capó, E. “Per què i per a què sóc cristià”. (Madrid: Ediciones Fliedner, 2011, p. 95).

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Espíritu santo nuestro consejero…

domingo, 13 de julio de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

Oremos todo el verano con el papa Juan XXIII

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 Espíritu Santo, nuestro consejero,
termina en nosotros la obra comenzada por Jesús.
Haz intensa y continua la oración que hacemos
en nombre del mundo entero.

Acelera en cada uno de nosotros el advenimiento
de una vida profunda y interior.
Impulsa nuestro esfuerzo para alcanzar a todos los hombres
y todos pueblos, totalmente rescatados por la sangre de Cristo,
todos asociados a su herencia.

Ahoga en nosotros la suficiencia natural y elévanos
hasta el nivel de la humildad,
del verdadero temor de Dios, del coraje generoso.

Qué ninguna atadura terrestre nos impida
hacer honor a nuestra vocación,
Qué ningún interés pueda; por dejadez de nuestra parte,
asfixiar las exigencias de la justicia.
Qué los cálculos no reduzcan a las estrecheces de nuestros egoísmos
los espacios inmensos de la caridad.

Qué todo sea grande en nosotros:
la búsqueda y el culto de la verdad, la prontitud
al sacrificio, hasta la cruz y hasta la muerte.

Que tu Espíritu de amor se difunda sobre la Iglesia,
sobre las instituciones,
sobre cada uno de nosotros
y sobre todos los pueblos.

*
Papa Juan XXIII (1881-1963

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La iglesia, ¿edificada sobre el Vaticano?», por José María Castillo.

miércoles, 9 de julio de 2014
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Vaticano.Basílica de San Pedro.Fachada.Estatua de Jesucristo.20110909Leído en su blog Teología sin Censura:

Pope Godoy, co-autor (con el catedrático de Filología Griega de la Universidad de Córdoba, Jesús Peláez, y su Grupo de Análisis Semántico) del “Diccionario Griego-Español del Nuevo Testamento” (DGENT), ha publicado en “Eclesalia” (27.VI. 14) un excelente comentario al texto evangélico de Mt 16, 19, en el que demuestra que el apóstol Pedro no es, ni puede ser, la “roca” sobre la que presuntamente Jesús edificó su Iglesia.

Pues bien, si es un error semántico (y teológico) afirmar que la Iglesia se fundamenta sobre la “roca”, que sería Pedro, mayor despropósito o equivocación es pretender – por más que esto no se diga explícitamente – que en realidad lo que Jesús instituyó en Pedro y sobre Pedro fue la primacía canónica del obispo de Roma. Y digo esto porque el especialista en eclesiología más reconocido en los últimos tiempos, el profesor Y. Congar, dejó escrito, en su “Diario de un Teólogo” (Madrid, Trotta, 2004, p. 404) lo siguiente:

“Veo cada vez con más claridad que el fondo de todo es una cuestión de eclesiología, y me doy cuenta de cuáles son las posiciones eclesiológicas que están en causa. Mi estudio de la historia de las doctrinas eclesiológicas me ayuda a ver las cosas con toda claridad. Todo parte de esto: en Mt 16, 19 los Padres han visto la institución del sacerdocio y del episcopado. Para ellos, lo que se funda en Pedro es la ecclesía; los poderes conferidos a Pedro pasan de él a la ecclesía. Dicho esto, los Padres, algunos de ellos al menos (¿los occidentales?), admiten, dentro de la ecclesía, la primacía canónica del obispo de Roma. Sin embargo, la propia Roma, y eso a partir, tal vez, del siglo II, monta las cosas de otra forma. Ella ve en Mt 16, 19 su propia institución. Para ella, los poderes no pasan de Pedro a la ecclesía, sino de Pedro a la sede romana. De suerte que la ecclesía no se forma solamente a partir de Cristo, vía Pedro, sino a partir del papa. Para la Iglesia, estar construida sobre Pedro significa, a ojos de los papas, recibir consistencia y vida del papa, en el cual, como en la cabeza, reside la plenitudo potestatis [potestad plena]”.

Esto supuesto, y en la medida en que todo esto es así para no pocos funcionarios del Vaticano, se comprende que el actual obispo de Roma, el papa Francisco, esté viviendo un “auténtico calvario”. Es un secreto a voces que el mismo papa, aclamado con entusiasmo por tantos miles y miles de personas de buena voluntad, al mismo tiempo está soportando la resistencia (incluso, a veces, el rechazo) de no pocos altos cargos de la Curia Vaticana. Son “hombres de Iglesia” que no toleran el nombramiento de ocho cardenales como los consejeros del papa en su proyecto de renovación de la Iglesia. Ocho cardenales que no pertenecen a la Curia y que, sin embargo, en asuntos de suma importancia, pueden tener – y seguramente tienen – más poder de consejo y decisión que la misma Curia. Por primera vez, en muchos siglos, los curiales se encuentran ante la posibilidad real de perder el poder que hasta ahora vienen disfrutando. Como ocurrió en el concilio Vaticano II, lo sola posibilidad de entrar en un proceso de auténtica descentralización de la “sacra potestas”, que, desde el siglo XI, se ha concentrado de forma creciente en la Curia Vaticana, pone demasiado nerviosos a los que ostentan los cargos más determinantes de las decisiones eclesiásticas que vienen de Roma.

Ahora bien, si esto efectivamente es así, la situación que acabo de describir sería la demostración más patente de que en realidad Congar tenía razón en la profunda constatación que he copiado de su diario personal. Es decir, estaríamos ante la prueba más clara de que, afectivamente, la Curia Vaticana se atribuye una historia y un poder que ciertamente no tiene su origen en Cristo, sino que solamente se puede explicar a partir de las lógicas apetencias de mando que son propias de los seres humanos, sobre todo de quienes somos demasiado humanos.

Y conste – para cerrar esta reflexión – que, si digo estas cosas, no es porque yo no quiera lo mejor para la Iglesia. Todo lo contrario. Porque la Iglesia me importa tanto, y la quiero tanto, por eso no me puedo callar ante una situación que tantísimo daño le está haciendo a esta Iglesia, que puede ser fuente y origen de tanto bien o de tanto mal para millones de seres humanos, que la queremos y la necesitamos. Si no consta que Jesús diera un poder tan decisivo a determinados cargos residentes en Roma, ¿con qué autoridad se lo apropian ellos? Mientras esta pregunta no tenga la debida respuesta, esta Iglesia que tenemos no tiene arreglo.

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Los guardianes aficionados de la ortodoxia

jueves, 3 de julio de 2014
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topic(Por Manuel Bru, en Aleteia).- Siempre me han dado un poco de miedo, por amor a la Iglesia, los guardianes aficionados de la ortodoxia. Y los hay de todo pelaje.

En realidad los únicos guardianes de la ortodoxia de la fe y de las costumbres, según la vieja denominación, son los obispos, sucesores de los apóstoles. Y lo son de toda la fe, y de todas las costumbres. Luego viene Paco con “las rebajas” y resulta que de la fe nos guardamos mucho de no errar en los dogmas, y caímos fácilmente en la tentación de relativizar las cosas más importantes, como que Dios es todo ternura y misericordia. Y en cuanto a las costumbres, porque por supuesto Dios también es justo y quiere que también seamos justos todos sus hijos, no se porque razón los guardianes aficionados de la ortodoxia se rasgan las vestiduras ante los pecados de debilidad y, en cambio, muestran una manga ancha como el Canal de Suez con respecto a los pecados del bolsillo (a saber: la cuentas en paraísos fiscales, los fraudes, los negocios turbios, las especulaciones financieras y los desprecios sociales).

14094531458_7fc0f0c856_zEntre los guardianes de la ortodoxia, aficionados porque no les corresponde en primera línea, pero entendidos por su formación académica, están algunos teólogos. Los hay que si les tiras de la lengua ven herejías en tantas partes que en realidad sólo se salvan ellos mismos, eso sí, cada un por separado, porque entre ellos mismos no se pasan ni una. La cosa merece un tal análisis entre lo frívolo y lo patológico, y nada que ver en realidad con la verdadera ciencia teológica, que esto va por modas, o como en la política, por legislaturas.

La ortodoxia así se va alternando entre el poder y la oposición. En una misma ciudad, pongamos el caso, un centro de estudios teológicos podía ser acusado de poco ortodoxo hace un año y, gracias a Dios, desde que está el Papa Francisco, se han evaporado todos los prejuicios.

En cambio, en la misma ciudad, otro centro que levantaba la bandera de la ortodoxia más exquisita, pasa a ser el gran tribunal donde todos los días se critica el magisterio del nuevo Papa. ¿Qué cosas, verdad?

Bueno, todo esto pasa, en el fondo, porque no nos terminamos de creer lo que el mismo Papa nos dice: que mejor es una Iglesia accidentada por comprometerse, que impoluta por no contaminarse. ¿Y no será que lo que nos hace falta es guardianes de la ortodoxia de la misión siempre arriesgada, de la gloria de Dios que es la vida del hombre? ¡Es sólo una pregunta!

Vía El Barón Rampante

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Amar es darlo todo y darse uno mismo.

domingo, 29 de junio de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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Ed Knippers, «El lavatorio de pies» (Cristo y sus discipulos)

Tan pronto como se olvida la  divina pobreza, tan pronto como se deja de ve en Dios el amor que se da, que no  puede sino darse, tan pronto como se deja de vivir este amor dándose, se acabó. Esta luz se desvanece, todo el dogma se convierteb en una fórmula y se materializa, todos los sacramentos se transforman en rito externo, toda la jerarquía se hace una tiranía, toda la Iglesia se convierte en una pérdida de tiempo y un absurdo, toda la Biblia, un tejido de mitos.

*
Maurice Zundel
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«Sólo Jesús edifica la Iglesia». 29 de junio de 2014 S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19

domingo, 29 de junio de 2014
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36-OrdinarioA13El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la llamada del Papa a la renovación de la Iglesia. Pásalo.

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«Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos». Domingo 29 de junio de 2014. 13ª semana de tiempo ordinario. Pedro y Pablo, apóstoles

domingo, 29 de junio de 2014
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ApostolesLeído en Koinonia:

Hechos 12,1-11: Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes
Salmo responsorial: 33:El Señor me libró de todas mis ansias.
2Timoteo 4,6-8.17-18:
Ahora me aguarda la corona merecida
Mateo 16,13-19:
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos

Hoy la Iglesia celebra en su liturgia la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, columnas y apóstoles de la Iglesia.

En la primera lectura nos encontramos con el relato de la liberación de Pedro de la cárcel por obra de un ángel enviado por Dios. Eran tiempos de una persecución devastadora contra aquéllos que habían decidido seguir a Jesús, el Hijo de Dios; tanto así que este tiempo será recordado como la era de oro de la Iglesia, pues incontables mártires, niños y niñas, jóvenes y adultos, dieron testimonio con su sangre de la verdad de Cristo, al no aceptar la religión del imperio romano ni apostatar de su fe en el Señor Jesús.

En la segunda lectura nos encontramos con un pasaje de la despedida del apóstol Pablo a su discípulo amado Timoteo, en el cual le exhorta a dar un buen combate en la fe tal como lo ha hecho él, sin importarle las consecuencias que traiga consigo semejante actitud. Reconoce el apóstol que su fe está puesta en Cristo, quien lo fortalece en los momentos en que se encuentra prisionero en Roma, a la expectativa de lo que vayan a hacer con su vida. Espera la corona merecida y seguirá confiando hasta el final en el Señor, pues él lo seguirá librando de todo mal.

La fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo ofrece la ocasión para reflexionar, a partir del texto evangélico propuesto, sobre la confesión de fe como forma de construcción de la Iglesia.

El relato consta de una doble pregunta de Jesús a sus discípulos con su correspondiente respuesta (vv. 13-16) y de la bienaventuranza de Simón (vv. 17-19).

Las preguntas y respuestas sirven para la separación de dos categorías de personas, según la evaluación que hagan sobre Jesús. De una parte tenemos a la «gente», de la otra a «los discípulos». La gente o «los seres humanos» no captan el sentido auténtico de la actividad de Jesús. Su opinión lo coloca en continuidad con personajes del pasado: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Como Herodes en Mt 14,2 esta valoración puede estar entremezclada de elementos desfavorables.

Por el contrario los discípulos, de quienes Pedro es portavoz, han captado el verdadero significado de la actuación de Jesús. No solamente confiesan que es el Mesías esperado sino también que su mesianismo se origina en su filiación divina, condición que le posibilita transmitir la Vida de Dios, a diferencia de los ídolos muertos. El «Hijo de Dios vivo» se ha hecho presente en la vida de la humanidad, en una comunidad que lo reconoce el «Dios con nosotros» (cf Mt 1,23; 28,20).

Este reconocimiento recibe, a su vez, la proclamación de felicidad y dicha que hace Jesús respecto a sus seguidores de los que Pedro, gracias a su fe, se ha convertido en prototipo e imagen. Frente a la opinión de la gente, Pedro ha aceptado la revelación del Padre a los sencillos y humildes.

La originalidad de su confesión hace de Pedro y de sus compañeros, mensajeros de la fe en medio de un mundo hostil. Más allá de la historicidad sobre el nombre de su padre (aquí, hijo de Jonás, en Juan 21,15 hijo de Juan), en él se pueden detectar los rasgos de Jonás, el profeta que debió llevar la Palabra de Dios a la ciudad hostil y que, en ese intento, corrió el riesgo de ser sumergido en el mar (cf 14,30) y fue liberado de ese peligro mortal (cf 14,31).

En la Asamblea del desierto, Moisés recibió de Dios el don de la Ley (Dt 9,10; 10,4 etc.). Aquí el discípulo recibe el don de la fe en Jesús que lo convierte en elemento apto para la edificación de una nueva Asamblea, el Israel mesiánico, constituida en torno a Jesús como la Asamblea del desierto se constituía en torno a Moisés.

Se realiza entonces para la comunidad lo que se realizaba en el individuo sensato que ha colocado su cimiento sobre la roca de las palabras de Jesús (Mt 7,24-25). Los discípulos que adhieren a Jesús construyen una ciudad inconmovible, a la que no pueden derrotar las fuerzas de la Muerte o del Abismo.

Se crea de esta forma un espacio inexpugnable frente a las potencias del mal, en el que los discípulos no son sólo cimiento sino también administradores: A ellos se les han consignado las llaves y a ellos se les consigna la función judicial de tomar la decisión de aceptar o no la entrada a aquella ciudad: «Atar o desatar». Esta fórmula quiere significar una participación de la comunidad en la autoridad de Jesús.

La proclamación de la fe en Jesús por parte de Pedro, prototipo de los creyentes, es el cimiento inconmovible capaz de superar los embates de las fuerzas del Mal actuantes en la historia humana. Los que la proclaman pueden ofrecer asilo acogedor a quienes están amenazadas por aquellas fuerzas. Pueden también negar ese asilo a los que rechazan el designio salvífico. Leer más…

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«Ejemplo para tiempos convulsos», por Gabriel Mª Otalora

miércoles, 25 de junio de 2014
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e must have of the season ECLESALIA, 03/06/14.-Hay personas que han venido a este mundo para hacer pensar a los demás, a todos los que prefieren que sean otros quienes reflexionen por ellos y a los que no están dispuestos a cuestionar a fondo las ideas que sustentan su existencia. Hay que ver lo remueven y mueven a la reflexión, buscando, todo el día dando vueltas en torno a las verdades de la vida con el mejor corazón y afán de encontrar sincero.

Años atrás, estos temperamentos valientes eran piezas predilectas de las diferentes inquisiciones religiosas y otras más prosaicas. No ha sido el caso de la incansable Simone Weil, buscadora desde una heterodoxia que no le impidió forjarse una vida ejemplar de compromiso con el hermano, arrebatada como estaba por el mensaje de amor de Cristo. No fue ajusticiada ni maltratada por su falta de alineamiento con la Iglesia Católica. Ella batallaba consigo misma para encontrar puntos de conexión entre su fe al amor de Dios en el hermano, a la caridad evangélica alejada de la filantropía, y unirlo todo con los dogmas y prácticas de la Iglesia institución. Se consideraba no marxista y anticapitalista en su lucha incesante del bien, poniendo su praxis por encima de sistemas cerrados que impiden nuevos cauces en los que desarrollar una existencia más solidaria y fraterna.

Fue una persona estudiosa que cuestionó la vida, preguntó, inquirió respuestas, buscó a Dios mientras participaba de su obra en el mundo desde una actitud admirable fruto del riesgo de la fe comprometida que se orienta a la vida de amor proclamado en el Evangelio. Simone Weil se sentía embargada de un sentimiento religioso movido en la inspiración cristiana que le hizo anhelar una comunidad universal y un sincretismo religioso.

Su paso por este mundo fue breve; murió un 24 de agosto de 1943 con apenas 34 años que han supuesto un aldabonazo de autenticidad que le hace seguir de actualidad. Murió de puro compromiso por los demás, sabiendo renunciarse a sí misma por solidaridad. Un año antes de su muerte, escribió una carta dirigida a un religioso en donde recoge todas sus preguntas (nada menos que 35) en medio de una gran tensión vital a caballo entre su apuesta radical por la causa evangélica y algunas cuestiones de la Iglesia Institución que ella necesitaba una explicación, una opinión de contraste desde dentro de la Iglesia que le diese respuestas para incorporarse a la institución eclesial y realizar su testimonio desde dentro. Son 35 preguntas profundas desde la lucidez del creyente y la inteligencia de quien filosofa con lucidez.

simone-weil2Simone Weil incomoda, pero no por los errores dogmáticos o sus lagunas teológicas, por otra parte expuestas con humildad y con el objetivo de buscar síntesis. La  incomodidad viene del ejemplo de vida que desarbola cualquier teoría filosófica, teológica o eclesial. Desde fuera de la Iglesia, hizo Iglesia e interpretó el Evangelio más genuino como lo han hecho tantos y tantas inspirados por el Espíritu Santo, aunque hayan vivido embarcados en otra fe o en otras experiencias miles de años antes o después de Jesucristo. No se pueden poner “peros” al que busca honradamente la Verdad y menos si vive su vida conforme a los valores del Reino. Al contrario (Concilio Vaticano II); si estamos abiertos a su autenticidad tenemos una oportunidad de centrar mejor nuestra fe mediante un diálogo abierto y sincero. ¿Cómo alguien de “fuera de la Iglesia” puede enseñarnos algo? Quien así sienta, mejor haría en reflexionar sobre su pendiente conversión… Weil incomoda porque puede ayudarnos a ser más auténticos sin que probablemente podamos oponer a su vivencia radical tantas sacas de amor divino como ella generó hacia sus congéneres.

Quizá porque el religioso que recibió sus preguntas sabía de sus hechos y su postura evangélica, no fue capaz de contestarle. Quien sabe lo que aquél hombre sentiría al leer su extensa reflexión. Supongo que sentiría un desconcierto que lamentablemente se convirtió en falta de valor para recoger el guante entre dos creyentes de camino hacia la razón de sus vidas. El gran Maritain hizo de intermediario, por tanto no fue una carta enviada arrebatadamente al primer dominico que se puso delante. ¿Qué pensaría ella ella de su silencio? No podemos olvidar el tiempo en el que la judía Weil, francesa y profesora de filosofía escribe sus reflexiones: está en medio de la Segunda Guerra Mundial colaborando con la Resistencia en labores burocráticas.

Y expresaba reflexiones como esta: “La caridad y la fe, aunque distintas, son inseparables. (…) Cualquiera que sea capaz de un movimiento de compasión pura hacia un desdichado posee, quizá implícitamente, pero siempre realmente, el amor a Dios y la fe”.

Así sentía esta buena e inquieta mujer, que no dejó de ser una persona que alimentaba su fe con el Nuevo Testamento, los místicos, la liturgia y la celebración de la misa, según su propia confesión. El Espíritu sopla como y donde quiere, sin encasillarse en ningún postulado. En ninguno. Necesitamos más humildad y apertura de miras para aprender del ejemplo, y no de las meras palabras, las apariencias o los prejuicios, dando gracias a Dios por la experiencia de fe que nos ha concedido sin hacer comparaciones con los supuestos voltajes de luz espiritual que ha otorgado a los demás.

Simone Weil me ha hecho reflexionar en oración más que algunos con su ortodoxia.

GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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«La fuerza del Espíritu», por Carlos Ayala Ramírez

martes, 24 de junio de 2014
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3129380-vidrieras-composici-n-que-muestra-una-paloma-blanca-volando-sobre-un-arco-iris-y-un-brillante-sol-ilLeído en Adital:

Puede parecer un sinsentido hablar del Espíritu en la cultura predominante, en la cual, como ha señalado el papa Francisco, lo que prima es lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo superficial, lo provisorio. En otras palabras, donde lo real cede el lugar a la apariencia. Pues bien, la liturgia de la Iglesia católica nos ha recordado recientemente —en la solemnidad de Pentecostés— la necesidad de capacitarnos en el Espíritu. Y esta necesidad se plantea no solo para los creyentes, sino para cada hombre y mujer que busca su plena humanización.

El teólogo José María Castillo cita al menos cuatro dificultades para hablar con cierta seriedad del don del Espíritu. La primera consiste en creer que el Espíritu de Dios está en el cielo, no en la tierra.Para muchos cristianos, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Eso y nada más. El peligro es que se termina separando al Espíritu Santo de la historia. La segunda dificultad consiste en pensar que el Espíritu secontrapone a lamateria (al cuerpo, a lo sensible, lo espiritual a lo material); de ahí que algunos asumen que para ser espirituales tienen que renunciar a lo material, a lo sensible, a lo humano. La tercera es imaginar que el Espíritu actúa en la tierra, pero solo en el ámbito eclesiástico-jerárquico, es decir, que solo está en la Iglesia y que solo actúa a través de ella. Y la cuarta, reducir la presencia y acción del Espíritu a lo contemplativo y a lo extraordinario, eludiendo los desafíos de la realidad.

Ahora bien, Pentecostés es un tiempo litúrgico que pretende que florezca en nosotros la plenitud de la vida. «Cincuenta” es el número de la consumación. Ese día se redondea en nosotros todo lo que era anguloso y abultado. «Cincuenta” es también el número de la libertad. Los judíos decretaban el año jubilar, el cual consistía en la recuperación de las tierras propias cada cincuenta años. De este modo, cada jubileo significaba empezar un nuevo ciclo de oportunidades. Pentecostés, por tanto, recuerda y celebra la promesa de que hemos sido liberados verdaderamente por el Espíritu de Dios.

En el Antiguo Testamento, el Espíritu es fuerza de vida, capaz de resucitar aun a los muertos. Durante el exilio (uno de los tiempos de crisis del pueblo israelita), el profeta Ezequiel proclama: «¡Huesos secos, escuchen la palabra de Yahvé! Esto dice Yahvé a estos huesos: haré que entre en ustedes un espíritu, y vivirán”. En el Nuevo Testamento, se entiende por Espíritu la donación y la entrega de Dios a los seres humanos y la acción constante de Dios,presente en todos nosotros. Por tanto, cuando los cristianos hablamos del Espíritu, nos referimos a la acción de Dios en la historia, en el mundo, en la sociedad. Acción que lleva a más amor, más libertad, más justicia, más y mejor humanidad. El Espíritu no tiene, ni puede tener, limitación alguna. El Nuevo Testamento enseña que existe una relación profunda entre el Espíritu de Dios y el espíritu del ser humano. Y la caridad es el primer fruto del Espíritu, el carisma más excelso de todos.

En Jesús de Nazaret, el poder del Espíritu se advierte muy pronto en la fuerza profética de su palabra, aplicándose a sí mismo lo que dijo Isaías: «El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí. ¡Sí, Yahvé me ha ungido! Me ha enviado con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos, para anunciar a los desterrados su liberación, y a los presos su vuelta a la luz. Para publicar el año de la gracia de Yahvé, y el día del desquite de nuestro Dios, para consolar a los que lloran y darles una corona en vez de ceniza, el aceite de los días alegres en lugar de ropa de luto, cantos de felicidad en vez de duelo”.

En suma, la palabra «Espíritu”, en la mentalidad hebrea, significa viento, hálito, soplo de vida, fuerza interior que nos transforma desde dentro. Para la mentalidad cristiana, el seguimiento de Jesús es considerado como una vida según el Espíritu, una vida que tiene como fundamento e inspiración el modo de ser y actuar de Jesús de Nazaret. Hoy, necesitamos esta fuerza del Espíritu en las personas, los pueblos, las instituciones y la historia.

Es fundamental, por ejemplo, si consideramos la realidad de la fe católica, cuya mayor amenaza, según el documento de Aparecida, «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”. Consideramos, por otra parte, la crítica que hace el teólogo José Antonio Pagola a la sociedad moderna, que, a su juicio, ha apostado por lo exterior. En este sentido, explica que «todo nos aprisiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie”, que «vivimos casi siempre en la corteza de la vida” y «se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro”. Para ser humana, dice, «a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad”.

Esta fuerza es también indispensable para trabajar con empeño en lo que Jon Sobrino ha denominado una buena «ecología del espíritu”, que define con estos rasgos: recuperar la utopía frente al desencanto, aunque esa utopía sea tan sencilla como el que la vida sea posible; promover el espíritu de comunidad frente al individualismo aislacionista, que fácilmente degenera en egoísmo; impulsar la celebración frente a la pura diversión; cultivar la apertura al otro frente al etnocentrismo cruel; apoyar la creatividad frente al mimetismo; impulsar el compromiso frente a la mera tolerancia; apoyar la justicia frente a la pura beneficencia, o al menos que las actividades de beneficencia que se hagan tengan un horizonte que favorezca a la justicia; fomentar la solidaridad frente al independentismo de quien no necesita de nadie, aunque termine en soledad; promover el espíritu de verdad frente a la mentira, el encubrimiento y la propaganda; mantener la memoria histórica y el recuerdo frente al olvido que degenera en impunidad e ingratitud hacia las víctimas; y, por último, inspirar la fe frente al pragmatismo, bien sea la fe religiosa o la fe antropológica, es decir, no eludir la pregunta por el sentido de la vida.

Todo esto sin olvidar, como la ha apuntado recientemente Leonardo Boff, que una vida espiritual que se vuelve insensible a la pasión de los pobres es falsa y se hace sorda a las apelaciones del Espíritu. Y añade que «por más que los fieles en los grandes espectáculos televisivos carismáticos, católicos y evangélicos recen, canten, dancen y celebren, sin una atención al Espíritu ‘Padre de los pobres’, como se canta en el himno de la misa de Pentecostés, su oración solo produce autosatisfacción, pero no llega a Dios. En ella no está el Espíritu con sus dones”.

Tres símbolos representan al Espíritu en la Biblia: el viento, el fuego y el agua. No obstante, estos son ambivalentes: el viento es brisa o es tempestad; el fuego ilumina y calienta, pero también consume; el agua purifica y fecunda, pero también devasta. Son las paradojas del Espíritu que, según se sabe, expresan las inevitables tensiones de toda vida cristiana, la dificultad para delimitar los desconcertantes caminos del Espíritu y la impotencia en que nos encontramos cuando queremos abarcar a Dios con nuestras palabras. En todo caso, la fuerza del Espíritu es una fuerza humanizadora, liberadora y salvadora.

Carlos Ayala Ramírez

Director de Radio YSUCA

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«Estancados». 22 de junio de 2014. Cuerpo y Sangre de Cristo. Juan 6, 51-58.

domingo, 22 de junio de 2014
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34-CorpuschristiAEl Papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia… pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación “La alegría del Evangelio” llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en “espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia”.

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros? ¿ Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas, o seguimos instalados en ese “estancamiento infecundo” del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del Concilio fue impulsar el paso desde la “misa”, entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, hacia la “eucaristía” vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo.

Sin duda, a lo largo de estos años, hemos dado pasos muy importantes. Quedan muy lejos aquellas misas celebradas en latín en las que el sacerdote “decía” la misa y el pueblo cristiano venía a “oír” la misa o “asistir” a la celebración. Pero, ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable. La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima, la palabra clara, el rito expresivo, la acogida estimulante que necesita para alimentar su fe débil y vacilante.

Sin duda, todos, pastores y creyentes, nos hemos de preguntar qué estamos haciendo para que la eucaristía sea, como quiere el Concilio, “centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”. Pero, ¿basta la buena voluntad de las parroquias o la creatividad aislada de algunos, sin más criterios de renovación?

La Cena del Señor es demasiado importante para que dejemos que se siga “perdiendo”, como “espectadores de un estancamiento infecundo” ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana”. ¿Cómo permanece tan callada e inmóvil la jerarquía? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación y nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave. ¿Hemos de seguir “estancados” en un modo de celebración eucarística, tan poco atractivo para los hombres y mujeres de hoy? ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella cena memorable de Jesús donde se concentra de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a impulsar la renovación de la Iglesia. Pásalo.

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«El problema no es el Papa, ni el papado», por José María Castillo.

domingo, 22 de junio de 2014
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pope1-870x1024Leído en su blog Teología sin Censura:

Hace tiempo no paro de darle vueltas a este asunto. Más de una vez he dicho que el problema no es el papa, sino el papado. Ahora caigo en la cuenta, después de estar unos días en Roma, de que estamos ante un problema mucho más grave. Un problema que – a mi modesto entender – muchísima gente no imagina. Lo digo ya. Y lo digo claramente. El problema no es ni el papa, ni el papado. El problema es la religión, que el papa y el papado representan.

Es verdad que el papa actual, el papa Francisco, es en este momento uno de los hombres más importantes del mundo. Es cierto también que este papa ha tenido (y tiene) tanta resonancia, en amplios sectores de la opinión pública mundial, porque la gente palpa en él una cercanía, una humanidad y una bondad que no es frecuente encontrar en los hombres importantes que gobiernan este mundo. Esto es así. Y nadie lo pone en duda.

Sin embargo, esto que está tan claro es precisamente lo que nos enfrenta al problema de fondo. Porque es evidente la preocupación del papa Francisco por los que sufren en el mundo. Pero, tan evidente como esa preocupación bondadosa del papa, está patente también la fidelidad religiosa del papa a la institución que representa, la Iglesia Católica Romana, regida y controlada por la Curia Vaticana.

El papa Francisco quiere, sin duda alguna, estar cerca de los que sufren. Pero quiere estar cerca de ellos desde la lejanía que representa para ellos la grandeza, la solemnidad, el enigma de la Ciudad del Vaticano, la ciudad sagrada, la ciudad por excelencia de la religión. La religión que seduce a la gente. Pero que, al mismo tiempo, es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles.

El papa Francisco sabe estas cosas. Y sufre con estas cosas. Porque en sus carnes soporta la contradicción que lleva en sí mismo el cargo que ocupa. La contradicción que implica recibir a los pobres en la plaza de san Pedro, y a continuación recibir a los que oprimen a los pobres en el palacio papal. Lo que, en última instancia, equivale a potenciar la estabilidad del sistema establecido. La estabilidad que encuentra su garantía última en la autoridad invisible del poder más alto. Y es evidente que, para muchos ciudadanos del mundo, el representante visible de ese poder invisible es el papa.

¿Puede un papa, este papa, darle un giro tan radical y tan fuerte al papado, que no sólo modifique el gobierno de la Iglesia, sino que, sobre todo, el mundo entero pueda ver la coherencia y la armonía entre lo que el papa dice y lo que el papa hace? Reconozcamos que eso no está al alcance de un solo hombre. Sobre todo, si sabemos que ese hombre – el jesuita Jorge M. Bergoglio – está teniendo resistencias muy fuertes dentro de su propia casa. Por eso yo no paro de preguntarme: ¿será posible desalojar del Vaticano los interminables y detallados rituales, que legitiman y justifican tantos cargos, tantas codicias, tantos puestos de mando, ocupados (no pocas veces) por gente mediocre, y poner en su lugar el Evangelio de Jesús, que es tanto como poner, en el centro mismo de la Iglesia, la bondad de Jesús como sistema de gobierno?

Yo sé que todo esto es una utopía. Pero, ¿no fue también una utopía el Sermón del Monte (Mt 5-7), el juicio final que anunció el evangelio de Mateo (Mt 25), la vida entera de Jesús? Es cierto. Aquello fue una asombrosa utopía. Y sin embargo, es aquella utopía la que (sea como sea) guía los pasos del papa Francisco, en este momento, tan dramático como decisivo para el futuro de la Iglesia. Y quizá del mundo.

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«Dios puede más en el mundo que al interior de la Iglesia», por Marco Antonio Velásquez Uribe

miércoles, 18 de junio de 2014
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Papa-Francisco-Abbas-Peres-Bartolomeo_CLAIMA20140608_0165_27Leído en Adital:

En el día del Espíritu Santo, ese gesto de grandeza humana tendrá los frutos de paz deseados en un abrazo inolvidable que, en la sede de Pedro…

 No hay duda que el Papa Francisco encuentra grandes dificultades al interior de la Iglesia para impulsar un programa de reformas que la conduzca al encuentro con un mundo anhelante de Dios. Él como insigne hijo de Iñigo de Loyola sabe que la impronta ignaciana contiene en sus sabios elementos decisivos para poner a la Iglesia en la senda del futuro. Por ello se le ve disponiendo «todo su haber y poseer” a un ritmo frenético e infatigable, porque bien sabe que hay poco tiempo para dotar a la Iglesia universal de ese rasgo esencial del cristianismo, aquel que le fuera dado como carisma al fundador de la Compañía de Jesús: «en todo amar y servir, para la mayor gloria de Dios”. Francisco sabe que sin ese sello de espiritualidad servidora la Iglesia corre el grave riesgo de convertirse en un gesto insignificante, sin repercusión social.

Como estricto «contemplativo en la acción”, es un pastor modelado en su estilo por esa Iglesia-Pueblo de Dios, donde le ha cabido conducirla por los caminos de la esperanza, primero en su querido Buenos Aires y ahora desde la silla de Pedro. En esa tarea se ha dejado impregnar por la vida de su Pueblo, donde ha descubierto que el primer servicio de la Iglesia se debe a los pobres y sencillos, a los explotados y a las víctimas de un modelo de sociedad esclavizante de multitudes.

Es ahí donde Francisco se estrella con los poderosos, que se constituyen en sus principales adversarios. Y claro, si los ha denunciado en público, dejándolos expuestos en sus vanidades y en sus pomposas ostentaciones. Sus lujosos palacios y sus majares han quedado a la vista de todos, mientras sus ocultas intensiones son reveladas. Como pastores son prestos para condenar y lentos para el perdón y la misericordia, gobiernan con severidad y cargan las espaldas de los débiles con pesos agobiantes, abren las puertas del cielo a sus amigos y las del infierno a sus enemigos, somenten a costa de miedo apagando el Espíritu; con su ejemplo ahuyentan a muchedumbres.

En este contexto, difícil es la tarea del insobornable Francisco con tantos trepas y carreristas en su cercanía, también con la de no pocos dispersos en la amplia geografía de las Iglesias locales que, indiferentes a los consejos del papa, pastorean a sus rebaños ajenos a los vientos que soplan en Roma. Para ellos, nada ha cambiado, sólo esperan con certeza y paciencia la llegada de un nuevo cónclave. Bien podría decirse que ya han jurado venganza por tanta ignominia revelada.

Así, es comprensible la indiferencia eclesial al magisterio del papa Francisco, la resistencia para volver al Concilio Vaticano II, la rebeldía para multiplicar entre los pobres y afligidos la «dulce y confortadora alegría del Evangelio”, en resumen, tanto silencio de la Evangelii Gaudium.

Ésta es la triste historia de la soledad que acompaña al papa Francisco, cuya voz profética y magisterial es despreciada por muchos de sus colaboradores y acogida con admiración por paganos, gobernantes y líderes religiosos. Sin embargo, esa misma historia ya registra en sus anales que, así como un día el papa Francisco denunció la globalización de la indiferencia desde Lampedusa, en el día de Pentecostés de 2014 el mismo papa tendió un puente de plata para construir la paz mundial, reuniendo en Roma a los líderes políticos y religiosos de los judíos, musulmanes y cristianos. En el día del Espíritu Santo, ese gesto de grandeza humana tendrá los frutos de paz deseados en un abrazo inolvidable que, en la sede de Pedro, unió a Simón Peres y Mahmoud Abbas; todo acompañado de la oración silente del patriarca ortodoxo Bartolomé.

Es evidente que Dios puede más en el mundo que al interior de la Iglesia.

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Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2014
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Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Iglesia sufriente

La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Iglesia creyente

El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. Sabe el miedo que puede embargarles a quedar solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos.

Aparece en este texto una de las mejores definiciones de Jesús, de las más adecuadas para presentar su persona: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Camino para llegar al Padre (el evangelio parece sugerir que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús).

Verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará poco más tarde Pilato preguntando: «¿Qué es la verdad?»

Vida que todos anhelamos que no termine nunca, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Como ocurre siempre en el cuarto evangelio, el texto supone también un reto para la fe. Nos invita a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

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Francisco: «¿Quiénes somos para cerrar puertas? ¿Quién soy yo para poner impedimentos a Dios?»

martes, 13 de mayo de 2014
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por-una-iglesia-de-puertas-abiertasMenos palabras y más hechos… Que empiece por dar las órdenes precisas a alguno, demasiados, de sus obispos… Pregunte, pregunte a algunos… ¿quiere que le nombre a alguno… ? No hace falta esperar a que vengan los marcianos… aquí estamos las personas LGTB… Mientras, seguimos esperando en el atrio a que nos abran la puerta de par en par…

Papa alerta de la tentación de quienes no dejan entrar al otro en la Iglesia

«El Espíritu Santo impulsa siempre a la Iglesia más allá de los límites», apunta

Francisco, a los seminaristas:«El pastor tiene que estar a disposición del pueblo»  «El Pueblo de Dios no perdona a los sacerdotes vanidosos»

Francisco a los nuevos curas: «Si cerráis las puertas a la gente, no seréis buenos pastores»

(RV).- ¿Quiénes somos nosotros para cerrarle las puertas al Espíritu Santo? fue la pregunta recurrente que el Papa Francisco repitió en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta, este lunes dedicada a la conversión de los primeros paganos al cristianismo.

El Espíritu Santo – reiteró – es el que hace que la Iglesia vaya «más allá de los límites, hacia adelante». El Espíritu sopla donde quiere, pero una de las tentaciones más recurrentes de quien tiene fe es la de ponerle trabas en el camino y de desviarlo hacia una dirección, en lugar que hacia otra.

Una tentación que no faltaba tampoco en los albores de la Iglesia, como muestra la experiencia que vive Simón Pedro, en el episodio de los Hechos de los Apóstoles, presente en la liturgia. Una comunidad de paganos acoge el anuncio del Evangelio y Pedro es testigo ocular de la bajada del Espíritu Santo sobre ellos, pero primero duda en tener contacto con lo que siempre había creído ‘impuro’. Y luego recibe duras críticas de parte de los cristianos de Jerusalén, escandalizados por el hecho de que su jefe había comido con unos ‘no circuncisos’ y hasta los había bautizado. Un momento de crisis interna, que el Papa recuerda con un matiz de ironía:

«Algo que no se podía ni pensar…. Si mañana llegara una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos vinieran donde nosotros, digo marcianos ¿no?… Verdes, con esa nariz larga y las orejas grandes, como los pintan los niños… Y uno dijera: «Pero, yo quiero el bautismo». ¿Qué pasaría?».

Pedro comprende su error cuando una visión le ilumina una verdad fundamental: nadie puede llamar ‘profano’ lo que ha sido purificado por Dios. Y al narrar estos hechos a la muchedumbre que lo critica, el Apóstol – recuerda también el Papa Francisco – tranquiliza a todos con esta afirmación: ¿Si por lo tanto Dios les ha dado el mismo don que nos dio a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, quién soy yo para poner impedimentos a Dios?:

«Cuando el Señor nos indica el camino ¿quiénes somos nosotros para decir: ‘¡No Señor, no es prudente! No, hagamos así…? Y Pedro en esa primera diócesis – la primera diócesis fue Antioquía – toma esa decisión: ¿Quién soy yo para poner impedimentos?’. Una bella palabra para los obispos, los sacerdotes y también para los cristianos. Pero ¿quiénes somos para cerrar puertas? En la Iglesia antigua, incluso hoy, está el ministerio del hostiario. Y ¿qué hacia el hostiario? Abría la puerta, recibía a la gente, la hacía pasar. Pero ¡nunca fue el ministerio del que cierra la puerta!

Aún hoy, recordó el Papa Francisco, Dios ha dejado la guía de la Iglesia «en manos del Espíritu Santo». Y «el Espíritu Santo es el que, como dice Jesús, nos enseñará todo» y «hará que nos acordemos de lo que Jesús nos ha enseñado»:

«El Espíritu Santo es la presencia viva de Dios en la Iglesia. Es el que hace que la Iglesia ande, el que hace que la Iglesia camine. Cada vez más, más allá de los límites, hacia adelante. El Espíritu Santo con sus dones guía a la Iglesia. No se puede comprender la Iglesia de Jesús sin este Paráclito, que el Señor nos envía para ello. Y cumple estas opciones impensables ¡pero impensables! Para usar una palabra de San Juan XXIII: es precisamente el Espíritu Santo el que actualiza la Iglesia: verdaderamente la actualiza y hace que vaya adelante. Y nosotros los cristianos debemos pedir al Señor la gracia de la docilidad al Espíritu Santo. La docilidad a este Espíritu, que nos habla en el corazón, nos habla en las circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial en las comunidades cristianas, nos habla siempre».

Y bien… dicho todo lo anterior, ¿qué le parece, papa Francisco, esto ? ¿Abre o cierra puertas? ¿Pastores o…?

Para el obispo de Ávila, Jesús García Burillo: Los divorciados, «moralmente irregulares»

José Ignacio Munilla: Homosexualidad y esperanza

Fuente Religión Digital

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J. I. González Faus: «Es obligatorio que la Iglesia piense cómo los objetos del culto pueden servir a los pobres» , por Javier Morán

domingo, 4 de mayo de 2014
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obligatorio-iglesiaImagen extraída de: La Nueva España

Voces. Javier Morán. [La Nueva España] El jesuita José Ignacio González Faus, uno de los dos o tres grandes teólogos españoles, advierte de las presiones en las que se mueve el Papa Francisco y defiende que la Iglesia se desprenda de sus bienes en favor de los pobres. González Faus dictó ayer, sábado, la conferencia “De Romero a Francisco, y los pobres de Cristo”, promovida por el Comité Óscar Romero de Asturias. Monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado el 24 de marzo de 1980, después de que denunciase con tenacidad las injusticias de su pueblo. Y aunque antes había sido un mitrado de corte clásico, fue otro asesinato, el del jesuita Rutilio Grande (12 de marzo de 1977), el que acentuó sus denuncias en nombre del Evangelio.

González Faus, nacido en Valencia en 1933, ingresó en la Compañía de Jesús en 1950. Culminó sus estudios teológicos con el doctorado en la Facultad de Innsbruck (Alemania). Ha sido profesor en el Instituto de Teología Fundamental de San Cugat del Vallés (Barcelona), así como en varias universidades latinoamericanas. También fue responsable académico del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia de Barcelona. Entre sus libros destacan “La humanidad nueva. Ensayo de cristología” (1974), “Acceso a Jesús” (1979), “Clamor del reino” (1982) y “Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre” (1989). Sus últimas obras publicadas han sido “El rostro humano de Dios”, “Otro mundo es posible… desde Jesús”, “Herejías del catolicismo actual” y “El amor en tiempos de cólera… económica”.

-¿Qué es lo que va de Romero a Francisco?

-Lo que tienen ambos en común es la sintonía evangélica con el mundo de hoy. Una mirada al mundo desde los ojos del Evangelio que en Romero supuso su asesinato en El Salvador, y en Francisco, con un magisterio más amplio, supone lo contrario a una mirada puramente ejercida desde el poder religioso, que es la que tiene muchas veces la Iglesia oficial, como si se creyera la voz de Dios y fuera mucho más la de un juez que de un hermano. Y en el tiempo que va entre ambos se ha dado lo que el teólogo Karl Rahner llamó un “invierno eclesial”, es decir, que después del Concilio Vaticano II, por miedo o por la imprudencia de un lado, vino la reacción de la curia, que se supone la tenía más o menos pensada. Yo digo a veces que habíamos metido el Concilio en el congelador y a ver si ahora lo sacamos y lo ponemos un poco al baño María para que vuelva. Quizá la gran promesa de Francisco sea que saquemos la mirada evangélica del congelador.

modelo-mendigo-e1351374118361-¿Usted acaba de pedir en una carta al Papa que la Iglesia enajene bienes de culto para dárselos a los pobres?

-En esa carta no hago nada más que citar unas frases de Juan Pablo II cuando dijo que en tiempos de crisis es quizás obligatorio que la Iglesia piense en cómo los objetos del culto divino pueden servir a los pobres. Lo único que digo es que, si se hace así, se dará más culto a Dios que teniéndolos metidos donde sea.

-Hay quienes califican esas propuestas de demagógicas, porque ¿a quién se le vendería, por ejemplo, la custodia del Corpus de Toledo?

-No hablo nunca de vender, sino de enajenar, que es una palabra suficientemente vaga, y digo incluso en esa carta que se nombre a un grupo de expertos en economía que estudie a ver si con eso se puede hacer algo. A lo mejor el ejemplo de la custodia de Toledo no está bien puesto, pero hay infinidad de otras cosas, como cálices de oro y otros objetos. Lo que me hubiera gustado es ver en la Iglesia esa preocupación y, como no la he visto, pienso que si Francisco moviera a nuestros obispos y les recordara lo que dijo Juan Pablo II la Iglesia daría un ejemplo y mejor culto a Dios que teniendo esos objetos guardados en una vitrina.

-Al igual que recuerda esa frase de Juan Pablo II, usted suele citar la tradición de la Iglesia y los errores que cometió, por ejemplo, en el libro “La autoridad de la verdad. Momentos oscuros del magisterio eclesiástico”.

-También es algo que le debo a Rahner, es decir, que no descuidemos la tradición de la Iglesia porque, además de tener algunos aspectos muy lamentables, tiene unas riquezas enormes. Me he metido en la tradición de la Iglesia y creo que su fuente original, el Evangelio, es la que debe motivar a la Iglesia, y no el progresismo actual ni cosas de ésas. También me da cierto miedo que las generaciones que nos siguen, por no saber latín o por ser de otra época, crean que el mundo empieza con ellos o que la tradición de la Iglesia se reduce al siglo XIX. Pero ésa no es la tradición y me gustaría abogar por volver a lo mejor del cristianismo original.

-Con la tradición en la mano, ¿se puede ser crítico respecto a la Iglesia del presente?

-Se debe ser porque es evidente que la Iglesia se equivocó muchas veces, lo que pasa es que tal vez esos errores se pueden contextualizar y decir que en su tiempo no fue un error tan grande. Pero lo terrible es que cuando una medida discutible se acepta luego se le quiera convertir en palabra de Dios. Pongo el ejemplo de los Estados Pontificios. No sé si entre Carlomagno y el Papa Adriano I estuvo bien o mal darle un poder político a la Iglesia. Lo veo oscuro, pero en aquella época era todo muy oscuro. Lo que no entiendo es que diez siglos después, cuando Italia se quiere unificar, Pío IX diga que los Estados Pontificios no son suyos, sino de Dios, y que por ello no puede cederlos. Eso no tuvo sentido. Puede que en el siglo IX fuera una medida de excepción, pero en el siglo XIX no tenía ningún sentido y hubo que quitarlo a la fuerza, por desgracia.

-En sus críticas a la Iglesia o en sus escritos ¿ha recibido alguna censura de la Santa Sede?

-Sí he tenido alguna, pero no ha llegado la sangre al río. Y en parte también porque mis superiores jesuitas se han portado muy bien conmigo, incluso en la curia general de la Compañía en Roma. Leer más…

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«Hacerse cristiano cuando muchos lo dejan», por Jaume Flaquer SJ.

miércoles, 30 de abril de 2014
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tumblr_mxs9yxP8Em1snds0co1_500Leído en Cristianismo y Justicia

Jaume Flaquer. [Catalunya Cristiana] No es fácil entrar en un vagón de metro cuando muchos de sus pasajeros quieren salir. La riada de gente te empuja hacia fuera. Si a pesar de esto sigues esforzándote por entrar sin esperar que se calme el andén (con el riesgo de perder el tren), es que tienes poderosas razones para querer subir.

Ésta es la situación de los jóvenes-adultos que llaman a la puerta de la Iglesia cuando muchos de sus compañeros la han abandonado. Experiencias personales de Dios y búsquedas de sentido suelen estar detrás de estos procesos. Yo he podido ser testimonio de tres de ellos porque el azar hizo que tres jóvenes me pidiesen casi a la vez un acompañamiento. Los reuní y constituí un grupo de reunión semanal. Ellos mismos pidieron que el proceso durara más de un año. Finalmente, después de casi dos años, ya recibirán el bautismo, la confirmación y la primera comunión en la Vigilia Pascual.

Para mí, como acompañante, ha sido una experiencia extraordinaria al estar tan cerca del huracán transformador que supone el descubrimiento de la fe. Los cristianos «viejos» damos demasiado la fe como «presupuesta» de manera que hemos ido redondeando la punta de su interpelación.

Hemos escuchado tantas veces el mandamiento del amor de Jesús que hemos perdido la capacidad de la sorpresa ante el tesoro de su vida, y hemos escuchado tantas veces sus críticas a los ricos y a los fariseos que hemos hecho de este discurso algo inofensivo situándolo en una pura utopía del Reino de Dios. Quien descubre el Evangelio es el verdadero niño que Jesús pone como modelo, porque abre los ojos como platos ante lo que le parece radical novedad.

A pesar de que cada camino de búsqueda es personal, el grupo al que acompaño es bastante representativo en algo, la gran diversidad de países de origen: un catalán, un cubano y una chica chilena. Alguien podría decir que los inmigrantes buscan en la religión un elemento de integración. Pero más bien es lo contrario. En una sociedad laica, la nueva pertenencia religiosa de estos nuevos catalanes supone un nuevo elemento de extranjeridad: extranjeros de origen y extranjeros de religión en la medida en que ésta va siendo cada vez más extraña en Cataluña.

Las familias de los catecúmenos reaccionan siempre con sorpresa y a veces con oposición. De hecho, lo pueden interpretar como una cierta crítica a la educación recibida. Los padres de uno de ellos le decían: «¿Qué hemos hecho mal para que ahora quieras bautizarte?». Paradójicamente muchos padres cristianos se preguntan lo mismo en sentido inverso cuando sus hijos toman otros caminos.

Karl Rahner tenía razón cuando decía que «el cristiano del futuro será místico o no será», es decir, fruto de una experiencia de encuentro con Dios. Estos continuarán el viaje en el vagón o subirán a él en alguna estación. Los demás bajarán para caminar solos o para coger otros trenes.

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Imagen extraída de: CPAL

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