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Francisco y Mohamed VI piden conservar Jerusalén como “lugar de encuentro y símbolo de convivencia pacífica”

Martes, 2 de abril de 2019

33347_tolerancia-jerusalenFirman el llamado de Al-Quds /Jerusalén,

Instan a “preservar y promover el carácter multirreligioso específico, su dimensión espiritual y la peculiar identidad cultural de Jerusalén”

Esperan, además, que “en la Ciudad Santa se garantice la plena libertad de acceso a los fieles de las tres religiones monoteístas y el derecho de cada una a ejercer allí su culto”

El papa Francisco y el rey Mohamed VI firmaron hoy un llamamiento para preservar Jerusalén como “símbolo de convivencia”, patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro y de culto para las tres religiones monoteístas.

La firma tuvo lugar en el inicio de la primera jornada de la visita del papa a Marruecos, después de la reunión que el papa y Mohamed VI mantuvieron en el palacio real y posteriormente, ambos sentados ante un escritorio, firmaron el documento.

“Creemos que es importante preservar la Ciudad Santa de Jerusalén como patrimonio común de la humanidad y, sobre todo, para los fieles de las tres religiones monoteístas, como lugar de encuentro y símbolo de convivencia pacífica, en el que se cultivan el respeto mutuo y el diálogo”, se leía en el texto.

En este llamamiento, Francisco y Mohamed VI instan además a “preservar y promover el carácter multirreligioso específico, su dimensión espiritual y la peculiar identidad cultural de Jerusalén”.

Con este llamamiento, esperaban además que “en la Ciudad Santa se garantice la plena libertad de acceso a los fieles de las tres religiones monoteístas y el derecho de cada una a ejercer allí su culto”.

En varias ocasiones, Francisco ha pedido que se respete el estatus actual de esta ciudad, conforme a las pertinentes resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, destacando que Jerusalén “es una ciudad única, sagrada para los hebreos, cristianos y musulmanes, que venera los lugares santos de las respectivas religiones y tiene una vocación especial para la paz”.

Fuente Religión Digital

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Hans Küng, 91 años en camino: “Libertad conquistada”

Jueves, 28 de marzo de 2019

HansKung01El teólogo suizo y sus relaciones con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco

“La etapa del cardenal Ratzinger al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe fue una de las de mayor rigidez doctrinal y moral, de más dura persecución a las teólogas y los teólogos del Concilio Vaticano II, de la teología de la liberación, de la teología feminista, de la teología del pluralismo religiosos y de la teología moral”

No quiero dejar pasar el 91 cumpleaños de mi maestro, amigo y colega Hans Küng sin expresarle mi felicitación y mi reconocimiento por la “libertad conquistada” durante su larga y fecunda existencia. Y lo hago ofreciendo algunas imágenes de su vida que reflejan su coherencia, honestidad e integridad. Hans Küng tenía 34 años cuando fue nombrado por Juan XXIII perito del Concilio Vaticano II, junto con otros prestigiosos teólogos como Karl Rahner, Yves M. Congar, Bernhard Häring, Henri de Lubac, Gérald Philips, Joseph Ratzinger, etc.

Todo cambió diecisiete años después con el Papa Juan Pablo II, quien le retiró la licencia eclesiástica para enseñar por haber cuestionado la infalibilidad papal. Lo cuenta el propio Küng refiriéndose abiertamente a la Inquisición:

“En 1979 años experimenté personalmente la Inquisición bajo otro papa. La Iglesia me retiró el permiso para la enseñanza, pero aun así mantuve mi cátedra y mi Instituto (que quedó segregado de la Facultad Católica)”

(La iglesia católica, Mondadori, Barcelona, 2002, 14). El teólogo suizo considera dicha condena “jurídicamente impugnable, teológicamente infundada y políticamente contraproducente”.

Sin embargo, la condena no consiguió destruir su reputación ni dentro de la Iglesia católica entre el pueblo creyente y los colegas teólogos y teólogas, ni en el mundo intelectual del pensamiento crítico, y menos aún en el diálogo ecuménico entre las iglesias cristianas, donde el reconocimiento teológico de Küng era muy elevado. Sucedió todo lo contrario: la condena contribuyó a abrir el debate sobre la infalibilidad, generó una corriente cálida de sintonía expresada a través de numerosas declaraciones de solidaridad con el teólogo sancionado y de denuncia de los comportamientos inquisitoriales del Vaticano.

Lo que la condena evidenciaba no era otra cosa que el retroceso producido en el Vaticano del pontificado de Juan XXIII al de Juan Pablo II en apenas tres lustros, que pasaba del anatema al diálogo, de la reforma a la restauración, de la evolución a la involución, del respeto al pluralismo teológico a la uniformidad, del cristianismo a la cristiandad, de la libertad de investigación y expresión a la represión, del pensamiento crítico al pensamiento cautivo, del lenguaje simbólico al lenguaje dogmático.

Con todo, Küng no identifica el sistema romano con la Iglesia católica, sino que establece una clara y lúcida distinción entre ambos: “A pesar de mis experiencias sobre cuán flexible puede resultar el sistema romano, la Iglesia católica, esa hermandad de creyentes, ha seguido siendo mi hogar espiritual hasta el presente” (La Iglesia católica, p. 13).

Francisco llama a Hans Küng “Querido Hermano”

La relación del Vaticano con Hans Küng cambió en 2016. El teólogo suizo publicó UnLlamamiento al papa Francisco en varios diarios de diferentes países pidiéndole que abriera un debate “imparcial y libre de prejuicios” sobre el dogma de la infalibilidad, en la consideración de que “sin una re-visión constructiva del dogma de la infalibilidad apenas sería posible una verdadera renovación [de la Iglesia católica]” (El País, 9 de marzo de 2016). Unos días después Francisco le respondió. El clima eclesial había sufrido una importante mutación: se dejaba atrás el lenguaje del anatema y se volvía a transitar por la senda del diálogo, que nunca debiera haberse interrumpido.

La carta estaba firmada por el propio Papa, que se dirigía a Küng en cursiva y en alemán con un “lieber Mitbruder” (“querido Hermano”). En ella demostraba haber leído atentamente su Llamamiento y valoraba positivamente las reflexiones que le habían llevado a la publicación del quinto volumen de sus obras completas, precisamente el dedicado a la infalibilidad.

Agradecimiento a Ratzinger y sinceros deseos de felicidad

En el prólogo a su libro La Iglesia Küng expresa un agradecimiento cordial a Joseph Ratzinger por la valiosa ayuda prestada siendo colegas en la Facultad de Teología de la Universidad de Tubinga. Con el paso de los años, la colaboración se tornó distanciamiento, sobre todo a partir del momento en que Ratzinger accedió al episcopado, se convirtió en hombre de confianza de Juan Pablo II y asumió la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Hubo un fugaz intento de acercamiento entre ambos por iniciativa de Hans Küng. Fue en Castelgandolfo durante el verano de 2005 siendo ya Papa Jospeh Ratzinger, que le recibió a petición del teólogo suizo. Pero todo quedó en un encuentro puntual sin continuidad. En su ejercicio del ministerio papal Ratzinger fue escorándose hacia posiciones integristas que Küng y los teólogos fieles al concilio Vaticano II no podíamos compartir.

La etapa del cardenal Ratzinger al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe fue una de las de mayor rigidez doctrinal y moral, de más dura persecución a las teólogas y los teólogos del Concilio Vaticano II, de la teología de la liberación, de la teología feminista, de la teología del pluralismo religiosos y de la teología moral.

En la última de las lecciones dictadas en el semestre de invierno de 1995-1996 en la Universidad de Tubinga cuenta Hans Küng que un colega católico le preguntó, tras las primeras clases, si no hubiera podido hacer mucho bien también dentro del sistema romano, escribiendo, por así decir, una teología primero para el Papa y desde ahí también para la Iglesia y el mundo. Es una pregunta que también él se planteó, si bien afirma que no creció como antagonista del sistema romano. Tras más de medio siglo de itinerario teológico creativo e innovador, su respuesta fue la siguiente:

“No podía ir por otro camino, no sólo en honor a la libertad, que siempre tuve en gran aprecio, sino en honor a la verdad, que para mí está por encima incluso de la libertad. Si hubiera seguido ese otro camino, así lo veo ahora y así lo vi entonces, hubiera vendido mi alma por el poder de la Iglesia. Quisiera en este momento confiar (y lo digo sin el menor asomo de ironía) en que mi compañero en edad y en gran parte del camino, Joseph Ratzinger, que escogió otro camino y que también será nombrado profesor emérito este año, al mirar hacia atrás y a pesar de lo sufrido, esté tan contento y feliz como yo”.

¡Qué elegancia! ¿Podrá decir lo mismo Ratzinger, hoy Papa emérito?

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es: De la Iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant, València, 2019)

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Francisco pide a los jóvenes de Taizé que demuestren que el mal no tiene la última palabra

Miércoles, 28 de diciembre de 2016

encuentro-europeo-ede-taize-en-riga(José M. Vidal/RV).- Un año más, la Comunidad de Taizé reúne a miles de jóvenes, procedentes de todo el mundo en su 39º Encuentro Ecuménico, que este año se celebra en Riga, la capital de Letonia. Y Francisco, un enamorado del ecumenismo y de los jóvenes no podía faltar a la cita. En su mensaje, el Papa le sinvita a abrir “caminos de esperanza”

Es la primera vez que un Estado Báltico acoge este Encuentro Europeo. En efecto, la ciudad de Riga tiene una larga tradición luterana, mientras Letonia es también un país en el que existen relaciones profundas entre los cristianos de las diversas iglesias. Y, de hecho, los líderes de la Iglesia Católica, junto a la Ortodoxa, Luterana y las Iglesias Bautistas han firmado conjuntamente la carta de invitación a este nuevo Encuentro, en una ciudad en la que viven muchos creyentes ortodoxos.

“Manifestar con las palabras y con las acciones que el mal no tiene la última palabra de nuestra historia”. Es la invitación que el Papa Francisco dirige en un mensaje a los jóvenes de toda Europa que participarán en Riga, en este Encuentro organizado por la Comunidad ecuménica de Taizé. De este modo, miles de chicos y chicas transcurrirán el fin de año en la capital de Letonia rezando y meditando juntos “para abrir caminos de esperanza”.

“En nuestros días – escribe el Papa Bergoglio – muchas personas se sienten asoladas, desanimadas por la violencia, las injusticias, los sufrimientos y las divisiones. Tienen la impresión de que el mal es más fuerte que todo.

Sin embargo, el Santo Padre les repite a los jóvenes lo que él mismo escribió al término del Jubileo Extraordinario, en su Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, del 20 de noviembre pasado: “Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura”.

El Obispo de Roma manifiesta asimismo su especial cercanía a estos jóvenes que han elegido “dejar los divanes para vivir esta peregrinación de la confianza”. Y escribe textualmente: “Jóvenes cristianos, ortodoxos, protestantes y católicos, con estas jornadas vividas bajo el signo de una fraternidad real, ustedes expresan el deseo de ser protagonistas de la historia, de no dejar que sean los demás quienes decidan su futuro.

De aquí el deseo del Papa Francisco que les expresa con estas palabras: “Que estas jornadas los ayuden a no tener miedo de sus límites, sino a crecer en la confianza en Jesús, Cristo y Señor, que cree y espera en ustedes. Que en la sencillez que el hermano Roger ha sabido testimoniar, ustedes puedan construir puentes de fraternidad y hacer visible el amor con el que Dios nos ama.

Comunidad Taizé

La historia de la Comunidad de Taizé comenzó en 1940 cuando, a la edad de veinticinco años, el hermano Roger deja su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre.

Inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta enfermedad maduró en él la llamada a crear una comunidad. En el momento en que comienza la Segunda Guerra Mundial, tuvo la certeza de que, al igual que su abuela había hecho durante la Primera Guerra Mundial, tenía que ir sin demora a ayudar a las personas que atravesaban esta dura prueba.

La aldea de Taizé donde se estableció se encontraba muy cerca de la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a refugiados que escapaban de la guerra.

Algunos amigos de Lyón comenzaron a dar la dirección de Taizé a aquellos que necesitaban refugio. En Taizé, gracias a un módico préstamo, el hermano Roger compró una casa abandonada desde hacía años y sus dependencias. Propuso a una de sus hermanas, Geneviève, que viniera a ayudarle en su trabajo de acogida”.

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones. Por su existencia misma, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados. Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.

Fuente Religión Digital

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Francisco denuncia a las “castas” eclesiásticas que “ están continuamente reprendiendo al pueblo de Dios”

Domingo, 12 de julio de 2015

munilla_y_reig_plaPues nos parece muy bien, pero que le aplique estas palabras a obispos omo Munilla o Réig Plá…

“Hay un profundo desprecio al pueblo santo de Dios. Ya no son pastores, sino capataces”

El Papa advierte a los religiosos contra la “espiritualidad del zapping” que no se pone al lado del prójimo

(Jesús Bastante).- “Te queremos, te queremos. Esta es la juventud del Papa”. Miles de gargantas, de jóvenes, seminaristas, religiosos, religiosas y sacerdotes se dieron cita esta tarde (noche española) en la escuela Don Bosco de Santa Cruz. Y que hicieron gala de una efusividad y un amor a su pastor, quien en contrapartida les ofreció una profunda e intensa catequesis sobre su misión en el mundo, arremetiendo contra los religiosos que “nos hacemos casta”, con “el corazón blindado” y que frente al pueblo de Dios, están continuamente reprendiendo, rezongando, mandándoles callar.

Francisco les puso el ejemplo del ciego Bartimeo, un ciego, excluido, que “cuando vio al Señor se hizo sentir”. ¿Cuál fue la reacción de los discípulos, de los que acompañaban a Jesús? “Si traducimos esto forzando el lenguaje, en torno a Jesús iban los obispos, las monjas, los curas, los seminaristas, loa laicos comprometidos y el pueblo fiel de Dios”

“¿Cómo reaccionamos frente al dolor de aquel que está al borde del camino, al que nadie hace caso, aquel que está sentado sobre su dolor, que no entra en ese círculo de los que siguen al Señor?” Son tres respuestas ante los gritos del ciego, “que hoy también tienen actualidad: Pasar, “cállate” y “ánimo, levántate””.

En prime lugar. Pasar de largo, porque ya no escuchan. Estaban con Jesús, miraban a Jesús, querían oír a Jesús, no escuchaban. Pasar es el eco de la indiferencia, que los problemas no nos toquen”, denunció el Papa. Son los obispos, los religiosos, los sacerdotes que piensan que “es natural que haya pobres y gente que sufre. Tan natural que no me llama la atención un pedido de auxilio. El peligro de acostumbrarse, decimos que es normal, siempre fue así“.

Es “el eco que nace en un corazón blindado, cerrado, que ha perdido la capacidad de asombro, y por lo tanto la posibilidad de cambio”, señaló el Papa, incidiendo en “cuánto seguidores de Jesús corremos el peligro de perder esa capacidad de asombro, ese estupor del primer encuentro que se va degradando. Eso le puede pasar a cualquiera, le pasó al primer Papa”.

Son los que tienen “el corazón blindado”, un corazón “que se ha acostumbrado a pasar sin dejarse tocar. Una existencia que pasando de aquí para allá no logra enraizarse en la vida de su pueblo, simplemente porque está en esa elite que sigue al Señor”.

“Podríamos llamarlo la espiritualidad del ‘zapping’, pasa y pasa, pero nada queda. Son quienes van tras la última novedad, el último best seller, pero no logran tener contacto y relacionarse, involucrarse, incluso con el Señor al que está siguiendo” subrayó Bergoglio, quien alertó de la tentación de “dividir esta unidad entre escuchar a Dios y escuchar al hermano”, y “tenemos que ser conscientes de ello. De la misma forma que escuchamos a nuestro padre, es como escuchamos al pueblo fiel de Dios. Si no lo hacemos con los mismos oídos, con al misma capacidad de escuchar, con el mismo corazón, algo se quebró”.

Pasar sin escuchar el dolor de nuestra gente, sin enraizarnos en su vida, es como escuchar la palabra de Dios sin dejar que eche raíces. Una historia sin raíces es una vida seca“, concluyó.

La segunda actitud, la de “no molesten, no escuchen”. La de aquellos que “toman contacto con la realidad, pero reaccionan reprendiendo. Son los obispos, los curas, los papas… del “dedo así (dijo, agitándolo con fuerza)”. Es la actitud de quienes, “frente al pueblo de Dios, están continuamente reprendiendo, rezongando, mandándoles callar”. “Dale una caricia, por favor, escúchalo, dile que Jesús lo quiere” señaló el Papa, denunciando a los que sacan a los niños de la iglesia porque lloran, “como si el llanto de un chico no fuera una sublime predicación“.

“Es el drama de la conciencia aislada, los que piensan que sólo ellos son aptos. Hay un profundo desprecio al pueblo santo de Dios. Han hecho de la identidad, superioridad. Ya no son pastores, sino capataces”, dijo, con dureza, Francisco. “Escuchan, pero no oyen. Ven, pero no miran. La necesidad de diferenciarse les ha bloqueado el corazón, la necesidad de decir que no es como ellos, les ha apartado del grito de su gente, sino de los motivos de la alegría”. Y es que, entre los religiosos, a veces hay castas, que con nuestra actitud vamos haciendo. Nos separamos”.

“Te sacaron de detrás del rebaño, no te olvides nunca, no te la creas. No niegues tus raíces“, reclamó el Papa.

La tercera palabra, la de quien se detiene y da ánimos. “Un eco que no nace directamente del grito de Bartimeo, sino de la reacción de la gente que mira cómo Jesús actuó ante el clamor del mendicante. Aquellos que no le daban paso o le hacían callar, al ver a Jesús cambian. Es un grito que se transforma en palabra, en invitación, en cambio, en propuestas de novedad frente a nuestras formas de reaccionar”.

“A diferencia de los que pasaban”, señaló el Papa, “Jesús se detuvo y preguntó qué pasa. Se detiene frente al clamor de una persona. Sale del anonimato de una muchedumbre para identificarlo y de esa forma se compromete con él. Y lejos de mandarle callar, le pregunta qué puede hacer por él. No necesita diferenciarse, no le echa un sermón, no le clasifica ni le pregunta si está autorizado para hablar. Sólo le pregunta y quiere ser parte de la vida de ese hombre, queriendo asumir su misma suerte. Así le restituye paulatinamente de la dignidad que tenía perdida, al borde del camino y ciego. Lo incluye. Y lejos de verlo desde fuera, se identifica con los problemas”.

Porque, “no existe una compasión que no se detenga, no existe una compasión que no escuche, que no se solidarice con el otro. La compasión no es “zapping”, no es silenciar el dolor. Es la lógica propia del amor, el padecer-con. No se centra en el miedo, sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro sobre todas las cosas. Es la lógica que nace de no tener miedo de acercarse al dolor de nuestra gente. Aunque muchas veces no sea más que estar al lado y hacer de ese momento una oportunidad de oración

No somos testigos de una ideología, de una receta o de una manera de hacer teología, concluyó Bergoglio. “Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús. Somos testigos de su actuar en la vida de nuestras comunidades. Y esta es la pedagogía del maestro, de Dios con su pueblo:pasar de la indiferencia del zapping, al ánimo, levanta. No porque seamos los mejores o funcionarios de Dios, sino porque somos testigos agradecidos de la misericordia que nos transforma”. Leer más…

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Oración por nuestra tierra

Sábado, 11 de julio de 2015

a_3wDios omnipotente,

que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.

Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

*

Francisco

Oración por nuestra tierra.
Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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Francisco recibirá a Putin por segunda vez

Sábado, 6 de junio de 2015

Francisco-Vladimir-Putin-Vaticano-AFP_LNCIMA20131126_0001_80Una buena ocasión, que se desperdiciará, para que Francisco defienda a las personas LGTBI acosadas, perseguidas, torturadas y aesinadas en Rusia gracias a las leyes homófobas aprobadas por Putin.

El 10 de junio en el Vaticano

Abordarán, entre otras cosas, los conflictos de Siria y Ucrania

Francisco ha tratado de incorporar a la jerarquía ortodoxa a su campaña para condenar los ataques cristianos en el Medio Oriente

El presidente ruso Vladimir Putin se reunirá con el papa Francisco el 10 de junio en el Vaticano, y es probable que la Santa Sede coloque los conflictos en Siria y Ucrania entre los primeros del temario. Putin y Francisco se vieron anteriormente el 25 de noviembre de 2013.

El vocero del Vaticano, reverendo Federico Lombardi, dijo el jueves que el encuentro tendrá lugar el 10 de junio por la tarde; se prevé que Putin visitará el pabellón ruso en la Expo de Milán, donde el 10 de junio será el día de Rusia.

Tras medio siglo de hostilidad entre el Vaticano y el Kremlin durante la Guerra Fría, el líder soviético Mijail Gorbachov se reunió con el papa polaco Juan Pablo II en 1989, poco después de la caída del Muro de Berlín.

El presidente Dmitry Medvedev visitó el Vaticano en 2009 y poco después Rusia y la Santa Sede establecieron relaciones diplomáticas plenas.

Las tensiones en Rusia entre las iglesias Católica y Ortodoxa impidieron que Juan Pablo y su sucesor Benedicto XVI concretaran sus sueños de una peregrinación a Rusia y un encuentro con el patriarca ortodoxo.

Francisco ha tratado de incorporar a la jerarquía ortodoxa a su campaña para condenar los ataques cristianos en el Medio Oriente. Pero en cuanto a Ucrania, si bien ha denunciado las muertes y exhortado a respetar el cese de fuego, no ha culpado a Moscú.

(RD/Agencias)

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“Contra la pederastia”, por José M. Castillo, teólogo

Domingo, 7 de diciembre de 2014

pederastia-en-la-iglesia_560x280Leído en su blog Teología sin Censura:

Es evidente que la Iglesia ha dado pasos de gigante, durante el pontificado de los dos últimos papas (Benedicto XVI y Francisco), en la defensa de las víctimas de los delitos de pederastia. Y sabemos que estos pasos han sido decisivos cuando los delincuentes son clérigos. Reconocer la gravedad de los hechos, pedir perdón públicamente por semejantes delitos y, lo que es más fuerte, denunciar a los responsables ante la justicia, todo eso era sencillamente inimaginable hace pocos años.

Pero, aun reconociendo la transparencia y la valentía de los dos últimos pontífices en este orden de cosas, todavía hay que preguntarse: al tratarse de casos de tanta gravedad, ¿se ha hecho todo lo que se tendría que hacer? Planteo esta pregunta por dos razones:

1) Porque un menor de edad, que sufre una agresión así, tan humillante y tan honda, es una criatura que queda destrozada en su intimidad secreta para mucho tiempo, quizá para siempre, porque arrastra una herida que seguramente nunca va a cicatrizar en él.

2) Porque pederastas no son sólo los curas. Pederastas hay por todas partes y son muchos más de los que imaginamos. Son individuos que destrozan vidas. Unas vidas que quizá nunca más se recuperan. Y es evidente que, si la Iglesia se muestra de verdad intransigente en este asunto, con ello beneficia sobre todo a quienes sufren las agresiones, vengan de donde vengan. Y es urgente que las autoridades competentes en el tema, tomen conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo.

Quienes roban niños para venderlos a la prostitución infantil organizada, quienes mantienen redes de pederastia en la red, quienes viajan a países lejanos para poder disfrutar de forma repugnante abusando de criaturas inocentes, tendrían que pagarlo muy caro. Lo que pasa es que, como las víctimas son seres inocentes, débiles e indefensos, eso, aunque sabemos que se toman medidas para impedirlo, tampoco parece que sea demasiado preocupante para los poderes públicos que podrían y tendrían que castigarlo con mayor severidad.

Por todo esto, vuelve mi pregunta: sólo con pedir perdón a las víctimas y a sus familias, sólo con denunciar los casos en el juzgado de guardia, ¿solamente con eso hace la Iglesia lo que tendría que hacer?

Respondo a esta pregunta recordando lo que fue la práctica de la Iglesia, que sepamos con seguridad, desde el s. III hasta comienzos del s. XIII, es decir, durante más nueve siglos. Y, por cierto, una práctica que se refería en concreto (entre otras cosas) a los pecados y delitos que los eclesiásticos pudieran cometer en materia de sexo. Me refiero a la práctica que consistía en que los clérigos, incluidos los obispos, que cometían determinadas faltas, eran castigados con la expulsión del clero o del ministerio que ejercían. Este asunto ha sido ampliamente analizado por estudiosos del tema, tanto en el caso de la Iglesia latina como de las Iglesias orientales (C. Vogel, P. M. Seriki, E. Herman, P. Hinschius, F. Kober, K, Hofmann, J. M. Castillo).

Las conclusiones seguras a las que se ha llegado en el estudio de este problema son las siguientes:

1. En la Iglesia latina antigua, hasta finales del s. XII, existía la secularización de obispos y sacerdotes. Esta secularización llevaba consigo, en numerosos casos, la pérdida del orden recibido, de tal manera que el sujeto en cuestión volvía a la condición de laico. Es decir, dejaba de ser obispo, presbítero, diácono…. Los términos que utilizaban los abundantes documentos de papas, concilios y sínodos no admiten otra lectura, sino la supresión y la anulación del orden, los poderes y dignidades, que el sujeto había recibido mediante la ordenación. La fórmula, que solían utilizar los cánones, es conocida: “laica communione contentus”. El sujeto quedaba reducido a vivir la comunión en la Iglesia como laico.

2. De lo dicho se desprende obviamente que, hasta finales del s. XII, no existió en la Iglesia una doctrina sobre el “carácter indeleble”, como realidad ontológica que configura, de una vez para siempre, al sujeto que ha recibido la ordenación. Se sabe con seguridad que fue, precisamente a partir de la segunda mitad del s. XII, cuando los teólogos elaboraron las primeras teorías sobre el “carácter sacramental”. Teorías que siempre han sido objeto de discusión y sobre cuya autoridad como “dogmas de fe” nunca la Iglesia se ha impuesto. Ni siquiera en la Ses. VII del concilio de Trento, en el que el “anathema” del concilio no tiene valor dogmático, cosa que queda patente analizando las Actas de Trento. Por tanto, hay tres sacramentos (bautismo, confirmación, orden) que imprimen carácter. Pero nunca se ha definido, como dogma de fe, en qué consiste eso. Por lo demás, en este asunto no cabe echar mano del texto de la carta a los Hebreos (5, 5-6) en el que se habla del “sacerdocio eterno según el orden de Melquisedeq”. Ese texto (Gen 14, 18-20; Heb 7, 1-3) es simplemente una prefiguración del Cristo glorioso. Pero no se refiere para nada al ministerio eclesiástico (cf. A. Vanhoye).

3. Una diferencia, sin embargo, se establecía, por lo general, entre el clérigo secularizado y el laico: si el clérigo era readmitido alguna vez al ministerio, no necesitaba ser ordenado de nuevo. Aunque había casos en que se le volvía a ordenar. Probablemente a partir de esta praxis evolucionó, más tarde, la doctrina sobre el “carácter” y sus consecuencias.

4. La pérdida de la cualidad de clérigo era siempre consecuencia de una sanción. Lo cual quiere decir lógicamente que había determinados comportamientos que se consideraban incompatibles con el ministerio eclesial. Pero, más en el fondo, todo esto significa que el ministerio ordenado era visto como una realidad funcional, es decir, existía en función del bien a la comunidad de los fieles. De tal manera que si este bien se veía seriamente amenazado, el ministerio dejaba de existir, en los casos establecidos en la legislación de los sínodos y concilios.

5. El centro de la vida de la Iglesia no estaba en los obispos y los sacerdotes, en sus poderes, sus privilegios y sus intereses. El centro de la vida de la Iglesia estaba en la comunidad que había aceptado el sujeto y para la que el sujeto era ordenado. Por eso, las llamadas “ordenaciones absolutas” eran inválidas (Calcedonia, can. 6) (año 451). Tales ordenaciones eran las que recibía un sujeto que no era ordenado “para una comunidad concreta”. Y aceptado por dicha comunidad (E. Schillebeeckx). Por eso, si un obispo o un sacerdote escandalizaba o dañaba a la comunidad, era expulsado del clero y perdía el ministerio recibido en la ordenación.

¿Se puede decir que esta forma de proceder dañaba el “principio misericordia” (J. Sobrino) que debe ser determinante en la vida de los cristianos y de la Iglesia? Por supuesto, la misericordia se debe tener con los obispos y con los sacerdotes. Pero, si somos fieles al Evangelio, ¿no debe prevalecer la misericordia con los pequeños, con los niños y los menores, con los débiles y los indefensos? Por lo demás, si en una institución (sea del tipo que sea) ve que uno de sus funcionarios daña gravemente los fines para los que la institución fue creada, ¿no es lógico, justo y necesario que a ese funcionario se le expulse de la institución y así se impida que siga haciendo daño? Esto es lo que se hace en las empresas y en los organismos públicos. ¿Y por qué no se va a hacer igualmente en la Iglesia? Si un sujeto “ordenado” (de lo que sea) hace daño a la Iglesia, a la fe y a la buena convivencia en la sociedad, ¿por qué no se le expulsa, como se hace en todas partes, y que se busque la vida como pueda, cosa que le ocurre a tanta gente? A mí me parece que la “seguridad” en las ordenaciones y los cargos eclesiásticos es un principio determinante de la “corrupción” o, al menos, de la “frivolidad” con que, a veces, se procede en los ambientes clericales. El día que seamos más valientes y más libres en este orden de cosas, ese día empezaremos a ser consecuentes con el Evangelio y con la misma Iglesia.

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“El problema no es el Papa, ni el papado”, por José María Castillo.

Domingo, 22 de junio de 2014

pope1-870x1024Leído en su blog Teología sin Censura:

Hace tiempo no paro de darle vueltas a este asunto. Más de una vez he dicho que el problema no es el papa, sino el papado. Ahora caigo en la cuenta, después de estar unos días en Roma, de que estamos ante un problema mucho más grave. Un problema que – a mi modesto entender – muchísima gente no imagina. Lo digo ya. Y lo digo claramente. El problema no es ni el papa, ni el papado. El problema es la religión, que el papa y el papado representan.

Es verdad que el papa actual, el papa Francisco, es en este momento uno de los hombres más importantes del mundo. Es cierto también que este papa ha tenido (y tiene) tanta resonancia, en amplios sectores de la opinión pública mundial, porque la gente palpa en él una cercanía, una humanidad y una bondad que no es frecuente encontrar en los hombres importantes que gobiernan este mundo. Esto es así. Y nadie lo pone en duda.

Sin embargo, esto que está tan claro es precisamente lo que nos enfrenta al problema de fondo. Porque es evidente la preocupación del papa Francisco por los que sufren en el mundo. Pero, tan evidente como esa preocupación bondadosa del papa, está patente también la fidelidad religiosa del papa a la institución que representa, la Iglesia Católica Romana, regida y controlada por la Curia Vaticana.

El papa Francisco quiere, sin duda alguna, estar cerca de los que sufren. Pero quiere estar cerca de ellos desde la lejanía que representa para ellos la grandeza, la solemnidad, el enigma de la Ciudad del Vaticano, la ciudad sagrada, la ciudad por excelencia de la religión. La religión que seduce a la gente. Pero que, al mismo tiempo, es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles.

El papa Francisco sabe estas cosas. Y sufre con estas cosas. Porque en sus carnes soporta la contradicción que lleva en sí mismo el cargo que ocupa. La contradicción que implica recibir a los pobres en la plaza de san Pedro, y a continuación recibir a los que oprimen a los pobres en el palacio papal. Lo que, en última instancia, equivale a potenciar la estabilidad del sistema establecido. La estabilidad que encuentra su garantía última en la autoridad invisible del poder más alto. Y es evidente que, para muchos ciudadanos del mundo, el representante visible de ese poder invisible es el papa.

¿Puede un papa, este papa, darle un giro tan radical y tan fuerte al papado, que no sólo modifique el gobierno de la Iglesia, sino que, sobre todo, el mundo entero pueda ver la coherencia y la armonía entre lo que el papa dice y lo que el papa hace? Reconozcamos que eso no está al alcance de un solo hombre. Sobre todo, si sabemos que ese hombre – el jesuita Jorge M. Bergoglio – está teniendo resistencias muy fuertes dentro de su propia casa. Por eso yo no paro de preguntarme: ¿será posible desalojar del Vaticano los interminables y detallados rituales, que legitiman y justifican tantos cargos, tantas codicias, tantos puestos de mando, ocupados (no pocas veces) por gente mediocre, y poner en su lugar el Evangelio de Jesús, que es tanto como poner, en el centro mismo de la Iglesia, la bondad de Jesús como sistema de gobierno?

Yo sé que todo esto es una utopía. Pero, ¿no fue también una utopía el Sermón del Monte (Mt 5-7), el juicio final que anunció el evangelio de Mateo (Mt 25), la vida entera de Jesús? Es cierto. Aquello fue una asombrosa utopía. Y sin embargo, es aquella utopía la que (sea como sea) guía los pasos del papa Francisco, en este momento, tan dramático como decisivo para el futuro de la Iglesia. Y quizá del mundo.

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