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Taizé grita junto al Papa por los descartados del coronavirus: “Más que nunca, nos necesitamos unos a otros”

Martes, 5 de enero de 2021

taize_poznan“Evitemos reducir a Dios a nuestros conceptos”, sostiene el hermano Alois

“Sí, en medio de las difíciles realidades del período actual, es posible percibir razones para la esperanza, e incluso a veces para esperar contra toda esperanza”

“Cuando nos acercamos a los más desprovistos: personas sin hogar, ancianas, enfermas, o solas, niños en dificultad, personas con discapacidades, migrantes… Las circunstancias de la vida pueden hacernos a todos vulnerables. Y la pandemia está exponiendo las fragilidades de nuestra humanidad”

“Ante la llegada de tantos migrantes y refugiados, acoger a una persona o a una familia exiliada puede dar un impulso a nuestras parroquias y comunidades”

Vivimos tiempos de muerte, miedos, encierros. El coronavirus ha puesto negro sobre blanco la desnudez del rey-ser humano, nuestra fragilidad. Y, sin embargo, “en medio de las difíciles realidades del período actual, es posible percibir razones para la esperanza, e incluso a veces para esperar contra toda esperanza”. Éste es el mensaje lanzado por la comunidad de Taizé a través de su prior, el hermano Alois, al término de la peregrinación de confianza que este año debía celebrarse en Turín y que la pandemia convirtió en un masivo acto de oración interreligiosa virtual, con un mensaje claro: Más que nunca, nos necesitamos unos a otros”.

En su mensaje, titulado Esperar a tiempo y a destiempo’, el prior de Taizé anima a “estar atentos a los signos de esperanza” frente a “estos tiempos de convulsiones e incertidumbres” en los que avanza la precariedad en todo el mundo.

“Son necesarias decisiones políticas valientes”, reclama el hermano Alois, quien reivindica “la solidaridad y la amistad social” para “salvaguardar nuestra casa común, que es la tierra, “un don que Dios nos confía para que cuidemos de ella”.

Artesanos de la paz

“Nos hemos vuelto más conscientes de las estructuras de injusticia, a menudo heredadas de la historia. Y desafortunadamente, no siempre se ha ejercido el poder para servir al bien de todos. Ante tales abusos, la frustración y la ira son comprensibles. ¿Quién tendrá la audacia de ser artesano de justicia y paz, más allá de las divisiones que socavan nuestras sociedades?”, se pregunta Alois en su mensaje, en el que apuesta por “la transición ecológica” como eje de trabajo en Taizé.

Sí, en medio de las difíciles realidades del período actual, es posible percibir razones para la esperanza, e incluso a veces para esperar contra toda esperanza”, constata el religioso, quien aboga, junto al Papa, a reunirse con “aquellos que han hecho opciones de vida diferentes, con cristianos de otras confesiones, con creyentes de otras religiones, con personas agnósticas o ateas que estén también comprometidas con la fraternidad y el compartir”.

Porque esta es otra de las palabras claves: fraternidad. “Cuando nos acercamos a los más desprovistos: personas sin hogar, ancianas, enfermas, o solas, niños en dificultad, personas con discapacidades, migrantes… Las circunstancias de la vida pueden hacernos a todos vulnerables. Y la pandemia está exponiendo las fragilidades de nuestra humanidad”.

“Más que nunca, nos necesitamos unos a otros, destacó Alois, volviendo a echar mano de ‘Fratelli  para reclamar que “hagamos todo lo posible para pasar de la competición a la cooperación”.

Avanzamos a ciegas

“Evitemos reducir a Dios a nuestros conceptos”, añade el prior de Taizé, que admite que “somos buscadores sedientos de amor y de verdad” pero que, a veces, “todos avanzamos a menudo a ciegas”. Una ceguera que se cura con la fe, “una confianza muy sencilla en Dios”, como solía decir el hermano Roger, fundador de la Comunidad.

Sencilla, pero que obliga a “cambiar la mirada” para “presentir que, secretamente, como por una atracción misteriosa, Cristo continúa hasta el fin de los tiempos reuniendo en el amor de Dios a toda la humanidad y al universo entero. Y nos asocia a su misión”.

Amar a nuestros enemigos

“Nos asocia a ella juntos, en Iglesia. Esto implica que estemos dispuestos a ensanchar nuestra amistad a todos. Cristo nos pide amar incluso a nuestros enemigos; su paz reconcilia incluso naciones enfrentadas”, insiste el religioso, quien ofrece tres sugerencias:

  •  Para humanizar nuestras sociedades, necesitamos una escucha mutua que vaya al encuentro de los antagonismos y nos enseñe a caminar juntos con nuestras diferencias. La Iglesia está llamada a buscar el diálogo, a salir al encuentro de todos. Quienes viven sin referencia a una comunidad cristiana, ¿estarán dispuestos, también ellos y ellas, a entrar en diálogo con la Iglesia?
  • Ante la llegada de tantos migrantes y refugiados, acoger a una persona o a una familia exiliada puede dar un impulso a nuestras parroquias y comunidades. A menudo, personas que no frecuentan la Iglesia están dispuestas a participar en esta acogida. Esta es la experiencia que hemos tenido en Taizé durante los últimos años, al acoger a migrantes de varios países, junto con los habitantes de nuestra región inmediata.
  • Ser un lugar de acogida implica estar a la escucha de las personas más vulnerables. Y en muchos sitios, las Iglesias deben hacer progresos para proteger la integridad de todos. En ocasiones se han desarrollado en su seno estructuras de poder que han causado sufrimientos físicos, psíquicos y espirituales. En Taizé también, continuamos en este tema con nuestro trabajo por la verdad (www.taize.fr/protection).

Dejemos que Cristo renueve nuestra mirada: por él reconocemos más claramente la dignidad de cada ser humano y la belleza de la creación; la esperanza, lejos de ser una confianza ingenua, nace y renace porque está enraizada en Cristo; una alegría serena nos llena y con ella el valor de asumir las responsabilidades que Dios nos confía sobre la tierra”, finaliza.

Fuente Religión Digital

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Hermano Alois: “Al oír a las víctimas, sentimos vergüenza y una tristeza profunda”

Viernes, 7 de junio de 2019

Ohermano-alois-11-g-200x300Tuvieron lugar entre los años 50 y 80 por parte de tres hermanos diferentes, dos de los cuales murieron hace más de quince años

Si hablo hoy es porque se lo debemos a las víctimas, a sus seres queridos y a quienes buscan en Taizé un espacio de confianza, seguridad y verdad”

La primera denuncia vino en 2010. Inmediatamente, se pusieron en contacto con la víctima quien, después de un proceso de acompañamiento, ha logrado regresar a orar a Taizé

Al principio, ninguna víctima quería denunciar, pero cuando les contamos lo que pretendíamos hacer, se sintieron aliviadas y nadie se opuso”

Toda la información en 7MARGENS

Proteger, escuchar, no esconder. Sobre estos tres puntos se basa la carta escrita del Hermano Alois, prior de la comunidad de Taizé que ha denunciado ayer a las autoridades competentes cinco casos de agresiones de caracter sexual, perpetradas a menores que tuvieron lugar entre los años 50 y 80 por parte de tres hermanos diferentes, dos de los cuales murieron hace más de quince años.

En poco más de una página, el Hermano Alois habla de vergüenza y profundo dolor” al escuchar “lo que las víctimas han experimentado y sufrido“. Las denuncias se escucharon inmediatamente “con absoluto respeto”, para acompañar lo mejor posible a quienes han padecido ese dramático sufrimiento. Asimismo, el prior destaca que la legislación francesa “exige la notificación de todos los casos, independientemente del momento en que se hayan cometido los hechos”.

En este momento en el que la sociedad y la Iglesia intentan arrojar luz sobre el abuso y las agresiones sexuales, especialmente contra los niños y las personas vulnerables,  Alois explica que “este informe forma parte de una labor de verdad ya iniciada por la escucha de las víctimas”, a las que sigue dirigiéndose con su pensamiento y su cercanía.

Es posible que nuestro hablar -añade- lleve a otras posibles víctimas a dar a conocer sus casos: las escucharemos y las acompañaremos en los pasos que quieran dar”. Asimismo, el Hermano Alois subraya la responsabilidad y el compromiso de la comunidad para con la seguridad y la integridad de todos, destacando la disposición a denunciar cualquier “violación de la integridad” tanto “a las autoridades judiciales competentes” como “eclesiásticas“. Otras medidas ya adoptadas al respecto son el sitio web dedicado a la protección de las personas y una dirección de correo electrónico (protection@taize.fr) para facilitar la presentación de informes.

“Si hablo hoy -concluye- es porque se lo debemos a las víctimas, a sus seres queridos y a quienes buscan en Taizé un espacio de confianza, seguridad y verdad”.

Cuando fui contactado, inmediatamente tomé en serio el testimonio de las víctimas”. El hermano Alois de Taizé se muestra compungido después de conocerse al menos cinco casos de abusos en la comunidad fundada por el hermano Roger, entre 1950 y 1980. Ha sido la propia comunidad la que ha puesto los hechos en conocimiento de la Justicia, después de hablar con las víctimas. Lo cuenta Antonio Marujo en 7MARGENS.

“Con varias de las víctimas, hemos mantenido el contacto a lo largo del tiempo. Fue a través de este seguimiento como comprendí la profunda necesidad de justicia que sentían, necesaria para que el camino de curación de sus heridas pudieran comenzar”.

 Las víctimas, informadas en todo momento

Las víctimas, asegura el prior de Taizé, han estado informadas en todo momento de los pasos que se iban a dar. “Al oír lo que vivieron y sufrieron, sentimos vergüenza y una tristeza profunda. Es posible que esta intervención incite a otras eventuales víctimas a hablar: en ese caso, las escucharemos y procuraremos acompañarlas en todas las acciones que vayan a desarrollar”.

“Sólo trayendo luz sobre estos actos podemos contribuir a proteger eficazmente a todos los que confían en Taizé”, subraya el hermano Alois.

Una tarea que la comunidad lleva realizando desde 2010: “Cualquier agresión, antigua o más reciente, cometida contra un menor o mayor de edad, ya sea por un hermano que ha abusado de su ascendiente moral o cualquier otra persona podrá ser comunicada a la dirección de protección@taize.fr o a una asociación de apoyo a la víctima”, se puede leer en el sitio web de Taizé.

Desde entonces, la comunidad encargó a algunos de los hermanos y otras personas la tarea de escuchar a cualquiera que tuviera “conocimiento de agresiones de carácter sexual u otras formas de violencia, en particular en lo que se refiere a menores de edad”.

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Primera denuncia, en 2010

Los primeros casos de quejas ahora reportados por las autoridades de Taizé se hizo en 2010, un mensaje de correo electrónico enviado a los hermanos, explica el 7MARGENS el hermano David, el único portugués integración de la comunidad.

Nuestro primer pensamiento va siempre a la víctima y sentimos una gran tristeza por que algunos hermanos hayan lastimado así a una persona”, afirma David. “Ha sido importante, entre todos los hermanos, hablar abiertamente de lo que las víctimas nos han dicho y de su sufrimiento. 

El proceso de diálogo con las víctimas

En esa perspectiva, los hermanos decidieron entregar a la justicia francesa los cinco casos de agresiones y, al mismo tiempo, hablar de ellos públicamente. “Fue necesario tiempo para madurar una decisión de éstas. La primera necesidad después fue hablar con las víctimas y hacerlo con ellas. Al principio, ninguna quería denunciar, pero cuando les contamos lo que pretendíamos hacer, se sintieron aliviadas y nadie se opuso”, afirma el hermano David.

Las diligencias, sin embargo, no se quedaron por ahí y los hermanos consideraron importante comunicar a responsables de diferentes iglesias cristianas lo sucedido. El hermano Alois estuvo en París y en Roma a comunicar de viva voz lo sucedido.

El último episodio de este proceso se dio este lunes, tras la comunicación del hermano Alois al procurador de la República: los hermanos reunieron a cerca de un centenar de jóvenes de todos los continentes que están en este momento en Taizé como voluntarios, explicando lo sucedido y las iniciativas tomadas.

Fuente Religión Digital

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La Comunidad de Taizé busca “encontrar un nuevo impulso de solidaridad en Europa”

Sábado, 30 de diciembre de 2017

taize-basilea_560x28040 Encuentro de jóvenes en Basilea, Lörrach y Saint-Louis

A la cita, que durará hasta el 1 de enero, asisten casi 20.000 personas de 45 países

(C. Doody/Aica).- “Apoyarse en la oración”, “ir a las fuentes de la fe y de la fraternidad” y “reunirse con personas que a través de su compromiso con el Evangelio afrontan los desafíos de hoy”. Son los grandes propósitos que se han fijado los organizadores del Encuentro de jóvenes de la Comunidad de Taizé que arranca este jueves y que busca “encontrar un nuevo impulso de solidaridad en Europa”.

Desde hoy y hasta el 1 de enero se celebra la 40 edición de este Encuentro que esta vez se lleva a cabo en forma simultánea en tres ciudades: Basilea (Suiza), Lörrach (Alemania) y Saint-Louis (Francia).

Los organizadores en los tres países destacaron que participan casi 20.000 personas procedentes de 45 países y que el objetivo será dar continuidad a la “Peregrinación de confianza sobre la Tierra”, que comenzó el hermano Roger a fines de la década del 60.

“La región de Basilea y la comunidad de Taizé han tenido durante mucho tiempo una estrecha relación. Las iglesias y las comunidades cristianas de la región de Basilea se identifican con el objetivo de Taizé de acompañar y apoyar a los jóvenes en su camino personal de fe”, subrayaron.

Comunidad de Taizé

La historia de la Comunidad de Taizé comenzó en 1940 cuando, a la edad de veinticinco años, el hermano Roger deja su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre.

Inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar, fue en el curso de esta enfermedad cuando maduró en él la llamada a crear una comunidad. En el momento en que comienza la Segunda Guerra Mundial, tuvo la certeza de que, al igual que su abuela había hecho durante la Primera Guerra Mundial, tenía que ir sin demora a ayudar a las personas que atravesaban esta dura prueba.

La aldea de Taizé donde se estableció se encontraba muy cerca de la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a refugiados que escapaban de la guerra.

Algunos amigos de Lyón comenzaron a dar la dirección de Taizé a aquellos que necesitaban refugio. En Taizé, gracias a un módico préstamo, el hermano Roger compró una casa abandonada desde hacía años y sus dependencias. Propuso a una de sus hermanas, Geneviève, que viniera a ayudarle en su trabajo de acogida.

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones. Por su existencia misma, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados.

Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.

Fuente Religión Digital

 

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Francisco pide a los jóvenes de Taizé que demuestren que el mal no tiene la última palabra

Miércoles, 28 de diciembre de 2016

encuentro-europeo-ede-taize-en-riga(José M. Vidal/RV).- Un año más, la Comunidad de Taizé reúne a miles de jóvenes, procedentes de todo el mundo en su 39º Encuentro Ecuménico, que este año se celebra en Riga, la capital de Letonia. Y Francisco, un enamorado del ecumenismo y de los jóvenes no podía faltar a la cita. En su mensaje, el Papa le sinvita a abrir “caminos de esperanza”

Es la primera vez que un Estado Báltico acoge este Encuentro Europeo. En efecto, la ciudad de Riga tiene una larga tradición luterana, mientras Letonia es también un país en el que existen relaciones profundas entre los cristianos de las diversas iglesias. Y, de hecho, los líderes de la Iglesia Católica, junto a la Ortodoxa, Luterana y las Iglesias Bautistas han firmado conjuntamente la carta de invitación a este nuevo Encuentro, en una ciudad en la que viven muchos creyentes ortodoxos.

“Manifestar con las palabras y con las acciones que el mal no tiene la última palabra de nuestra historia”. Es la invitación que el Papa Francisco dirige en un mensaje a los jóvenes de toda Europa que participarán en Riga, en este Encuentro organizado por la Comunidad ecuménica de Taizé. De este modo, miles de chicos y chicas transcurrirán el fin de año en la capital de Letonia rezando y meditando juntos “para abrir caminos de esperanza”.

“En nuestros días – escribe el Papa Bergoglio – muchas personas se sienten asoladas, desanimadas por la violencia, las injusticias, los sufrimientos y las divisiones. Tienen la impresión de que el mal es más fuerte que todo.

Sin embargo, el Santo Padre les repite a los jóvenes lo que él mismo escribió al término del Jubileo Extraordinario, en su Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, del 20 de noviembre pasado: “Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura”.

El Obispo de Roma manifiesta asimismo su especial cercanía a estos jóvenes que han elegido “dejar los divanes para vivir esta peregrinación de la confianza”. Y escribe textualmente: “Jóvenes cristianos, ortodoxos, protestantes y católicos, con estas jornadas vividas bajo el signo de una fraternidad real, ustedes expresan el deseo de ser protagonistas de la historia, de no dejar que sean los demás quienes decidan su futuro.

De aquí el deseo del Papa Francisco que les expresa con estas palabras: “Que estas jornadas los ayuden a no tener miedo de sus límites, sino a crecer en la confianza en Jesús, Cristo y Señor, que cree y espera en ustedes. Que en la sencillez que el hermano Roger ha sabido testimoniar, ustedes puedan construir puentes de fraternidad y hacer visible el amor con el que Dios nos ama.

Comunidad Taizé

La historia de la Comunidad de Taizé comenzó en 1940 cuando, a la edad de veinticinco años, el hermano Roger deja su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre.

Inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta enfermedad maduró en él la llamada a crear una comunidad. En el momento en que comienza la Segunda Guerra Mundial, tuvo la certeza de que, al igual que su abuela había hecho durante la Primera Guerra Mundial, tenía que ir sin demora a ayudar a las personas que atravesaban esta dura prueba.

La aldea de Taizé donde se estableció se encontraba muy cerca de la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a refugiados que escapaban de la guerra.

Algunos amigos de Lyón comenzaron a dar la dirección de Taizé a aquellos que necesitaban refugio. En Taizé, gracias a un módico préstamo, el hermano Roger compró una casa abandonada desde hacía años y sus dependencias. Propuso a una de sus hermanas, Geneviève, que viniera a ayudarle en su trabajo de acogida”.

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones. Por su existencia misma, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados. Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.

Fuente Religión Digital

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