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José Mª Castillo: “La mala ortodoxia falsifica la fe”

Martes, 3 de noviembre de 2020

PROUDDe su blog Teología sin censura:

“No es dogma de fe, por mucho que se empeñen, que la homosexualidad ofende a Dios”

“El Profesor sabía que los once primeros capítulos del Génesis no tienen valor histórico, pero también lo que dictaminó la “Comisión Bíblica” de la Santa Sede”

“Estos cardenales dicen que es rigurosamente histórico el principio moral según el cual Dios creó a los seres humanos, divididos en hombres y mujeres. Pero no solamente eso. Porque Dios no sólo creó a los humanos biológicamente distintos, sino que, además, Dios también estableció que lo biológico determina lo ético, la plenitud del amor y la felicidad”

“Por respeto a tantos seres humanos, por honestidad ante la realidad de la vida y por amor a la verdad, no ofendan al Papa, no falsifiquen la fe”

Cuando yo era un sencillo seminarista, que asistía a las clases del tercer curso de teología, en la Facultad que los jesuitas tienen en Granada, me sorprendió lo que dijo el P. Rafael Criado, Profesor de Antiguo Testamento, cuando, al empezar la doctísima explicación que nos hizo del Pentateuco, lo primero que dijo es que empezaba por el capítulo doce del libro del Génesis. O sea, se negaba a explicar los once primeros capítulos de ese libro de la Biblia. Y a los alumnos, en público, no nos dijo más.

¿Por qué esta extraña conducta de un Profesor de tanta categoría? Sencillamente, era un sabio y un jesuita obediente a la Santa Sede. Ahora bien, como sabio, estaba bien enterado de que los once primeros capítulos del Génesis no tienen valor histórico. Pero, como jesuita obediente a Roma, sabía lo que dictaminó la “Comisión Bíblica” de la Santa Sede sobre el “carácter histórico” de los diez primeros capítulos del Génesis (Denz.-Hün., n. 3512-3519). Ante tal situación, contradictoria en sí, el Profesor Criado optó por el silencio. Una opción discutible, pero, en aquellos tiempos, posiblemente su conciencia no le permitió otra cosa.

¿Por qué cuento esta historia, tan curiosa como extraña? Sencillamente, porque he leído lo que han dicho los cardenales Müller y Burke, entre otros, enfrentándose al Papa Francisco. Estos cardenales dicen que es rigurosamente histórico el principio moral según el cual Dios creó a los seres humanos, divididos en hombres y mujeres. Pero no solamente eso. Porque Dios no sólo creó a los humanos biológicamente distintos, sino que, además, Dios también estableció que lo biológico determina lo ético, la plenitud del amor y la felicidad, le realización plena de la condición humana.

Yo confieso que siento un profundo respeto por los cardenales Müller y Burke. Como lo siento hacia los clérigos y creyentes (o no creyentes) que piensan como los mencionados purpurados. Pero, por favor, yo les pido a quienes se empeñan en condenar la homosexualidad, que, precisamente por el respeto, la estima y la bondad que les debemos a nuestros semejantes, no echen mano de una presunta revelación divina, ni califiquen como degeneración humana, lo que sabemos que está analizado y demostrado: que ni los once primeros capítulos del Génesis son históricos, ni es dogma de fe que la homosexualidad ofende a Dios, ni esa tendencia es una degeneración moral. ¿Lo es también en las más de cien especies animales que, según estudios rigurosamente ciertos, se da el mismo fenómeno de la atracción entre seres del mismo género?

Termino reafirmando lo que he insinuado en el título de este breve escrito. Por respeto a tantos seres humanos, por honestidad ante la realidad de la vida y por amor a la verdad, no ofendan al Papa, no falsifiquen la fe, no falten al respeto que merecen tantos y tantos semejantes nuestros, y seamos siempre respetuosos con todas y todos, sean o no sean creyentes. Porque, a fin de cuentas, todas y todos somos hijos de Dios.

Biblia, Espiritualidad , , ,

Observar, callar, fluir (IV): Vivencia del silencio

Jueves, 28 de mayo de 2020

joven-guapo-bronceado-mirando-observando-manteniendo-ojo-objeto-frente-o-mirando_1194-13136Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 08/05/20.- La cuarta y necesaria pata de nuestra mesa es la vivencia y la experiencia del silencio. Este mismo silencio que será también central en el segundo momento del método teológico-pastoral: “callar”.

  • ¿De qué silencio hablamos?
  • ¿Por qué es tan importante?

La necesidad del silencio en teología es subrayada especialmente por las ramas místicas de las religiones. En el cristianismo por las corrientes teológicas apofáticas, las cuales insisten en afirmar que sobre el Misterio que llamamos “Dios” no podemos decir nada… o casi nada. Es un Misterio indecible, inefable y toda palabra humana corre el riesgo de estropearlo y manipularlo. Por eso lo mejor es el silencio del asombro, del amor, de la entrega.

El silencio del cual hablamos y que constituye parte esencial de mi visión teológica que sustenta el método pastoral, es el silencio radical que nos conecta al ser, a nuestra verdadera esencia. Esencia que precede al pensamientos y a las palabras y sigue cuando estos desvanecen.

No es un silencio como rechazo de la Palabra y las palabras. Este Silencio es el “Principio” del libro del Génesis y del prólogo del evangelio de Juan, “Principio” que precede a la Palabra y la hace ser.

Lenguaje y palabras también nos constituyen en la aventura humana y nos sirven para comunicar, crear, compartir. Es el silencio desde el cual y en el cual la Palabra y las palabras cobran su sentido auténtico, su belleza, su valor.

Sin esta vivencia radical del silencio quedaremos atrapados en nuestras opiniones y fanatismos. Sobre todo quedaremos atrapados en las ideologías que tanto daño hicieron y siguen haciendo a la convivencia humana. Y no hay peores ideologías que las religiosas. Cuando el cristianismo se transformó en ideología vivió su momento más oscuro y de más alejamiento del mensaje evangélico.

El peligro de caer y recaer en la ideología es siempre presente. El silencio, tal vez, es el mejor antídoto y vacuna.

El silencio nos enseña a dejar el deseo de control que tanto nos gusta y la tentación de creer que poseemos la verdad. El silencio nos hace más abiertos, humildes, tolerantes, disponibles. El silencio es pura apertura y pura posibilidad. Donde se vive el silencio todo puede ser, porque permitimos al Misterio manifestarse sin obstáculos.

El silencio, como afirma Javier Melloni, no es ausencia de ruido, sino ausencia de ego. Y donde no hay ego, solo queda el amor que somos y que podemos llegar a ser. Por eso el silencio es una dimensión esencial de mi visión teológica y parte esencial del método: “observar, callar, fluir”.

El silencio se aprende y se practica. No hay atajos. Requiere entrega, perseverancia, disciplina.

Después de haber puesto los cimientos de la visión teológica que sostiene el método “observar, callar, fluir” podemos entrar a profundizar el método mismo y a ofrecer unas pistas y pautas para su posterior desarrollo y puesta en práctica.

DEL “VER, JUZGAR, ACTUAR” AL “OBSERVAR, CALLAR, FLUIR” el 26/03/18
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR I el 04/05/20
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR II el 05/05/20
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR III el 07/05/20

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Observar, callar, fluir (III): Síntesis fecunda entre Occidente y Oriente

Lunes, 25 de mayo de 2020

joven-guapo-bronceado-mirando-observando-manteniendo-ojo-objeto-frente-o-mirando_1194-13136Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 07/05/20.- La tercera pata de nuestra mesa metodológica consiste en la síntesis entre occidente y oriente y especialmente sus cosmologías, su espiritualidad, su experiencia religiosa. Cuando hablo de “occidente” y “oriente” no me refiero simple y solamente a su dimensión geográfica. También porque hoy en día, con el fenómeno de la globalización y los movimientos masivos de personas, la distinción no es tan neta como antes. Hay mucho de “occidente” en “oriente” y mucho de “oriente” en “occidente”. Cuando me refiero a “occidente” y “oriente” me refiero esencialmente a dos posturas distintas de ver la vida y el fenómeno religioso, o sea, la relación con lo Trascendente y lo Absoluto.

También en este aspecto hay que reconocer que en la actualidad hay muchos más contactos e intercambios entre las dos posturas. Hay elementos occidentales en la visión oriental y hay elementos orientales en la visión occidental. Pero, sin duda, quedan los rasgos centrales y característicos de cada cosmovisión.

Nombramos brevemente estos rasgos esenciales.

Occidente: más racional, centralidad de la historia como proceso, concepción del tiempo lineal, religiones de la palabra y teístas: cristianismo, judaísmo, islamismo. Predomina la dimensión personal. Predomina el lenguaje y la palabra. Predomina lo masculino. Predomina el lado izquierdo del cerebro (análisis, control, orden, literatura, disciplina, numérico). Desde la visión taoísta: yang.

Oriente: más intuitivo, historia sujeta al momento presente, concepción del tiempo cíclica, religiones místicas y oceánicas: budismo, hinduismo, taoísmo. Predomina la dimensión oceánica (lo particular es expresión del Todo). Predomina la contemplación y el silencio. Predomina lo femenino. Predomina el lado derecho del cerebro (arte, emociones, holístico, intuitivo, creativo, música). Desde la visión taoísta yin.

Estamos llamados a una profunda y fecunda síntesis entre occidente y oriente. Ambas dimensiones expresan algo del misterio de la vida y del ser humano. Una experiencia integral y plena no puede prescindir de esta fecunda síntesis. Algunos teólogos ven en esta comunión un aspecto esencial en el futuro de la humanidad y yo comparto plenamente esta apreciación.

En este sentido, el funcionamiento del cerebro humano tiene una fuerza simbólica impresionante. Según parece los dos hemisferios desarrollan funciones particulares pero están unidos por el cuerpo calloso que da una profunda unidad al cerebro. Cuanto más los dos hemisferios interactúan más desarrollo y plenitud alcanza la persona.

La visión teológica que está a fundamento de mi propuesta ofrece una cierta síntesis de la experiencia, espiritualidad y cosmovisión de Oriente y Occidente. Se nutre de esta comunión e interrelación que es siempre nueva, en proceso y nunca algo alcanzado o definitivo. La síntesis es un fenómeno y un proceso siempre “in fieri” (haciéndose).

Esta comunión dinámica entre Oriente y Occidente alimenta y nutre la visión teológica y por ende el método pastoral.

Sobre el tema se escribió y se está escribiendo mucho. Es un tema interesantísimo y de una riqueza infinita. No puedo en esta instancia entrar detalladamente en un tema tan profundo, rico de vetas y aspectos a considerar.

Una última observación: las actitudes previas y necesarias para esta comunión y síntesis entre Occidente y Oriente son sin duda una gran apertura, disponibilidad y transparencia.

Sin estas actitudes no escaparemos del peligro de encerrarnos en nuestras creencias, apegos y fanatismo.

Es muy aconsejable que aquellos que quieran implementar este método pastoral dediquen un tiempo al estudio y a la práctica de una o más tradiciones orientales.

DEL “VER, JUZGAR, ACTUAR” AL “OBSERVAR, CALLAR, FLUIR” el 26/03/18
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR I el 04/05/20
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR II el 05/05/20

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Observar, callar, fluir (II): Prioridad de la experiencia sobre el concepto y la idea (ortopraxis/ortodoxia)

Viernes, 22 de mayo de 2020

joven-guapo-bronceado-mirando-observando-manteniendo-ojo-objeto-frente-o-mirando_1194-13136Stefano Cartabia
Uruguay

ECLESALIA, 05/05/20.- La segunda pata que sostiene nuestra mesa del “observar, callar, fluir” es la absoluta prioridad de la experiencia sobre el concepto. Cuando hablamos de experiencia, lo hemos visto, hablamos de vida, de la vida concreta y real de todos los días.

La vida, aunque incluye el pensar, lo precede, lo sostiene, lo trasciende. La vida es siempre mucho más que el pensar.

La visión teológica que sostiene mi propuesta hunde sus raíces en la vida. La vida es el substrato común donde todos nos encontramos, más allá de culturas, religiones, opciones políticas, económicas o nivel social. Todos estamos bebiendo a la Fuente de la Vida. Este también es el gran mensaje cristiano, especialmente expresado por el evangelio de Juan: Jesús es vida, vino a compartir su vida y a regalarnos la Vida plena (Jn 10, 10).

Desde esta percepción podemos comprender con cierta facilidad que toda experiencia real de Dios tiene que estar arraigada en la vida. Más aún: no hay un Dios “afuera” de la vida. Y la vida es lo que está ocurriendo aquí y ahora. Siempre la vida acontece en el momento presente y este momento es revelación del Misterio. Dios se esconde y revela en el momento presente, independientemente de si este momento presente nos gusta o no, responde a nuestras expectativas o no responde, haya dolor o alegría. A partir de este fidelidad a la vida podemos comprender la dialéctica ortopraxis/ortodoxia.

En la historia de la iglesia y del cristianismo –por razones teológicas e históricas que no vienen al caso en este momento dilucidar– se dio una contundente primacía de la ortodoxia sobre la ortopraxis, sobre todo a partir del siglo IV. En muchos casos el pensamiento se fue por su cuenta, desgajándose de la vida. La doctrina se volvió central y perdimos la primacía de la vida. Hoy en día, más allá de unos avances y cierto crecimiento en conciencia, la primacía del pensar y la doctrina por sobre la vida real, sigue vigente más que nunca.

En línea general, al magisterio, a los obispos, a muchos sacerdotes y laicos también les interesa más que nada “conservar” el deposito de la fe, esto es, la ortodoxia. Poco se preocupan si esta ortodoxia se convierta en ortopraxis o si la vida real queda relegada en segundo plano. Hay que reconocer que, gracias también al pontificado de Francisco, se está dando más importancia a la vida y a la ortopraxis que a muchas formalidades que tienen que ver con la ortodoxia y cierto protocolo eclesiástico.

Intento simplificar para ser más concreto y más claro, consciente también del riesgo que simplificar demasiado puede hacernos perder en profundidad y en una visión más integral de la vida.

Cuando hablamos de ortopraxis estamos hablando de la vivencia del amor, el mensaje central del evangelio.

Ortopraxis”: descubro que la raíz última de lo real –la vida como se manifiesta aquí y ahora– es el amor. A partir de ahí me vivo y vivo desde ese mismo amor. Este amor que se manifiesta en las actitudes que bien conocemos y nos hacen tanto bien: escucha, amabilidad, entrega, solidaridad, tolerancia, paciencia, ternura. Todo esto no quita obviamente que seguimos haciendo experiencia de nuestra humana fragilidad y de equivocarnos. Pero queda claro y contundente el eje central.

Cuando hablamos de ortodoxia estamos hablando de la correcta interpretación (según la visión cristiana) y aplicación de este amor. En sentido estricto, la ortodoxia es reflexión sobre el amor y reflexión sobre la vida.

Ortodoxia”: se utiliza la herramienta del pensamiento para establecer definiciones, reglas, dogmas, catecismos que reflejen el Misterio y ayuden a comprenderlo y a vivirlo. Todo esto obviamente no es negativo. Lo que ocurre es que a menudo, por la misma inercia del pensar, ese mismo pensamiento se vuelve independiente y se convierte en dueño de la vida, en lugar de estar a su servicio. Desde ahí al fanatismo y al dogmatismo el paso es terriblemente breve.

Espero que estas simples aclaraciones nos puedan hacer comprender el alcance e importancia de la cuestión.

  • ¿Qué nos sirve una correcta interpretación del amor si no nos lleva a amar más y mejor?
  • ¿De qué nos sirve ser fieles a catecismos, rubricas, reglas, documentos, credos varios si no somos amables con nosotros mismos y con los demás?
  • ¿De qué me sirve una doctrina si mi corazón no arde de amor?
  • Una fidelidad teórica que no sea reflejo de la vida y que no nos lleve a ser personas más pacificas y amables, se convierte fácilmente en hipocresía. Hipocresía que justamente fue una de las actitudes más condenadas por el maestro Jesús.

La tendencia racionalista occidental se manifiesta también en eso y seguimos dando más importancia al “correcto” pensar y sus formulaciones que al amor real y concreto.

Los ejemplos de estas desviaciones son innumerables y en el fondo se resumen en esta actitud: cuando damos más importancia a una supuesta fidelidad a la forma y al pensar por sobre la atención amorosa a uno mismo y a los demás.

Cuando está en juego el amor concreto hacia uno mismo y hacia los demás hay que pasar por encima de cualquier formulación, dogma, regla o rito que sea. La vida de Jesús es manifestación extraordinaria de este principio. ¿Cómo es posible haberlo olvidado?

La visión teológica que sostiene el método teológico-pastoral del “observar, callar, fluir” otorga una absoluta prioridad a la ortopraxis por sobre la ortodoxia.

Sin duda la ortopraxis incluye también el pensar sobre todo en cuanto al discernimiento: somos una unidad psicosomática-espiritual y nunca debemos olvidarlo. Pero este pensar no precede a la vida y al amor concreto, sino que los acompaña y se pone a su servicio.

Solo desde la vivencia concreta del amor puede surgir una reflexión y una formulación de la fe que ayude a crecer en este mismo amor y en su autocomprensión.

Resumiendo en estilo zen: el camino es la meta. La plenitud del Amor que es nuestra meta, la encontramos desde ya en el momento que estamos amando.

DEL “VER, JUZGAR, ACTUAR” AL “OBSERVAR, CALLAR, FLUIR” el 26/03/18
OBSERVAR, CALLAR, FLUIR I el 04/05/20

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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El arzobispo de San Francisco introduce cláusulas doctrinales para los profesores de sus escuelas

Martes, 10 de febrero de 2015

Bishop-CordileoneLos estertores de una Iglesia moribunda… Este es el mismo obispo, acérrimo enemigo del matrimonio igualitario, al que detuvieron por ir bebido al volante

Mons. Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco, ha enviado una carta a los profesores de los centros escolares católicos en la que les recuerda su obligación de enseñar a los alumnos la moral y la fe de la Iglesia, lo cual incluye calificar la masturbación, la pornografía, el sexo fuera del matrimonio y las relaciones homosexuales como actos pecaminosos. El prelado ha ordenado además que se introduzcan cláusulas obligatorias para el profesorado que garanticen a los alumnos que van a recibir una formación ortodoxa.

La reacción de los activistas LGTB no se ha hecho esperar: «Esto nos preocupa mucho porque sabemos que hay estudiantes y profesores que son homosexuales y transgénero en estas escuelas», dijo Roberto Ordeñana, del centro LGBT de San Francisco.

Por su parte, el portavoz de la archidiócesis dijo que no hay ninguna novedad en lo indicado por el arzobispo ya que la enseñanza de la Iglesia en esa materia es la misma desde hace dos mil años (miente y sabe que miente). Lo que ha pretendido el prelado es «recordar y aclarar la doctrina».

La elaboración de cláusulas doctrinales para el profesorado afectará a los High Schoolls Archbishop Riordan, Marin Catholic y Junipero Serra y al Sacred Heart Cathedral Preparatory. Las medidas se implementarán en el curso 2015-2016. Afectarán a 316 profesores.

Mons. Cordileone explica su decisión (inglés):

https://www.youtube.com/watch?v=66av8-uXC9Q

Fuente Agencias

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , , , ,

Los guardianes aficionados de la ortodoxia

Jueves, 3 de julio de 2014

topic(Por Manuel Bru, en Aleteia).- Siempre me han dado un poco de miedo, por amor a la Iglesia, los guardianes aficionados de la ortodoxia. Y los hay de todo pelaje.

En realidad los únicos guardianes de la ortodoxia de la fe y de las costumbres, según la vieja denominación, son los obispos, sucesores de los apóstoles. Y lo son de toda la fe, y de todas las costumbres. Luego viene Paco con “las rebajas” y resulta que de la fe nos guardamos mucho de no errar en los dogmas, y caímos fácilmente en la tentación de relativizar las cosas más importantes, como que Dios es todo ternura y misericordia. Y en cuanto a las costumbres, porque por supuesto Dios también es justo y quiere que también seamos justos todos sus hijos, no se porque razón los guardianes aficionados de la ortodoxia se rasgan las vestiduras ante los pecados de debilidad y, en cambio, muestran una manga ancha como el Canal de Suez con respecto a los pecados del bolsillo (a saber: la cuentas en paraísos fiscales, los fraudes, los negocios turbios, las especulaciones financieras y los desprecios sociales).

14094531458_7fc0f0c856_zEntre los guardianes de la ortodoxia, aficionados porque no les corresponde en primera línea, pero entendidos por su formación académica, están algunos teólogos. Los hay que si les tiras de la lengua ven herejías en tantas partes que en realidad sólo se salvan ellos mismos, eso sí, cada un por separado, porque entre ellos mismos no se pasan ni una. La cosa merece un tal análisis entre lo frívolo y lo patológico, y nada que ver en realidad con la verdadera ciencia teológica, que esto va por modas, o como en la política, por legislaturas.

La ortodoxia así se va alternando entre el poder y la oposición. En una misma ciudad, pongamos el caso, un centro de estudios teológicos podía ser acusado de poco ortodoxo hace un año y, gracias a Dios, desde que está el Papa Francisco, se han evaporado todos los prejuicios.

En cambio, en la misma ciudad, otro centro que levantaba la bandera de la ortodoxia más exquisita, pasa a ser el gran tribunal donde todos los días se critica el magisterio del nuevo Papa. ¿Qué cosas, verdad?

Bueno, todo esto pasa, en el fondo, porque no nos terminamos de creer lo que el mismo Papa nos dice: que mejor es una Iglesia accidentada por comprometerse, que impoluta por no contaminarse. ¿Y no será que lo que nos hace falta es guardianes de la ortodoxia de la misión siempre arriesgada, de la gloria de Dios que es la vida del hombre? ¡Es sólo una pregunta!

Vía El Barón Rampante

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