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Dom 30.3.14. «El ciego de la piscina. Un texto de rebeldía»

domingo, 30 de marzo de 2014
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01Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 4º Cuaresma. Ciclo A. Jn 9, 1-41. Los domingos de cuaresma van ofreciendo una preciosa catequesis.

— El anterior fue del agua (Samaritana),
— el siguiente será de la vida (Lázaro);
— hoy toca la luz (ciego de nacimiento: Jn 9).

A partir de la catequesis de fondo del evangelio de hoy pueden distinguirse dos actitudes fundamentales ante la vida:

— La de aquellos que alumbran a los otros
(como Jesús, “curando” al ciego), la de aquellos que les ayudan a ver, les acompañan y se alegran de que vean.
y la de aquellos parásitos que controlan e impiden que los otros vean (como los fariseos del pasaje); quieren controlar la luz, para su servicio, impidiendo a los demás que vean.

En ese contexto se puede hablar también de dos tipos de religión:

‒ Una religión que crea y alumbra, que da luz a los ciegos, que ensancha la ida y libera como la de Jesús y otros muchos judíos, cristianos, budistas, musulmanes…;

‒ y una religión explotadora que vive de controlar e impedir que los otros vean por sí mismos, como los fariseos de este pasaje de Juan, y como muchos otros cristianos, judíos, no judíos, no cristiano… etc etc.

Hoy es el día de la buena religión, hoy es el día de la luz, como indica este pasaje prodigioso de catequesis del evangelio de Juan.

Texto. Juan 9,1-41

(Es un texto largo, una larga catequesis. Léase con calma, responda cada uno a su «palabra»):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.»

[Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No sé.»]

Llevaron ante LOS FARISEOS al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los FARISEOS comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.»

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.

Replicó el ciego: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»]
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús les dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, señor.» Y se postró ante él.

[JESÚS añadió: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.»
LOS FARISEOS que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?»
JESÚS les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»]

Texto encuadrado en la liturgia
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Fue desde el principio un texto de “liturgia”, una catequesis que la Iglesia vuelve a presentar en la cuaresma, entre el pasaje del agua (3ª Semana, Samaritana: Jn 4, 5-42) y el de la vida (5ª semana, de Lázaro: Jn 11,1-45).

Este “milagro” no tiene equivalente en los sinópticos. Eso no quiere decir que el evangelista Juan lo haya inventada. Posiblemente ha tomado una historia que corría en la tradición, una historia parecida a otros milagros de ciegos (cf. Mc 8, 22-26 y 10, 46-52: ciego de Betsaida, ciego de Jericó), y la ha adaptado y recreado, en el escenario más solemne de Jerusalén, con la aguas de Siloé (bajo el templo), con Jesús como luz, en el contexto de las disputas de algunos cristianos con otros grupos de judíos sobre la luz verdadera (en el trasfondo del sábado judío y de la obra de Dios).

Quiero ofrecer un recuerdo

El curso 1967/1968, el prof. Ignace de la Potterie nos ofreció todo un semestre (cuatro lecciones por semana) sobre este pasaje de Jn, en el Bíblico de Roma. No dijo todo lo que se puede decir, ni yo recuerdo ahora todo lo que dijo, pero nos ayudó a descubrir la luz y la verdad y la libertad, en el mismo entorno de Jerusalén, en el camino que va de la ciudad alta y del templo a la baja, con el agua… en el camino que va de la ley a la libertad, en con contexto más solemne de la transformación mesiánica. En otros temas no era tan luminoso el prof. De la Potterie, hubo cosas que no nos enseñó a ver; pero el curso sobre el ciego fue bueno).

Volvamos a los tres domingo de este ciclo de cuaresma

La Samaritana era el signo de la mujer/pueblo que busca la vida del agua, la vida en libertad, sin estar esclavizada por maridos y maridos que pasan sin quedar, junto al pozo de Jacob, sin Sicar/Samaría. Se supone que es “pecadora”, pero no ella como persona, sino por toda la historia que lleva detrás y que le arrastra. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

«Una historia en siete escenas y quince preguntas». Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A.

domingo, 30 de marzo de 2014
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ciego_03Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

  1ª escena: Los discípulos y Jesús. 1ª pregunta

(La escena tiene lugar al comienzo de las escaleras que conducen al templo de Jerusalén. Un hombre de unos veinte años, ciego, está sentado pidiendo limosna. Jesús y sus discípulos se aproximan a él entrando por la izquierda. Felipe mira al ciego con detenimiento y comienza a discutir con Bartolomé. Luego se acercan a Jesús.)

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

2ª escena: Jesús y el ciego

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista.

3ª escena: Los vecinos y el ciego. 2ª – 4ª preguntas

(Una calle de Jerusalén. Un grupo de personas rodea al ciego. Otros comentan entre ellos a corta distancia.)

Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
-«Soy yo.»
Y le preguntaban:
¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
«¿Dónde está él?»
Contestó:
-«No sé.»

4ª escena: Los fariseos y el ciego. 5ª y 6ª preguntas

(Amplia sala de reunión, con asientos en semicírculo. Al fondo, una ventana ilumina la escena, sin restarle cierto aire tétrico a la sala. A la derecha, una puerta. Los fariseos están sentados y el ciego de pie en el centro. Dos guardias también de pie junto a la puerta.)

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban:
¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos.
Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»

5ª escena: Los fariseos y los padres. 7ª y 8ª preguntas

(A una señal del presidente, los guardias se llevan al ciego por la puerta de la derecha. Vuelven poco después con un matrimonio de entre cuarenta y cincuenta años. Se les nota nerviosos y con miedo).

Los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

6ª escena: Los fariseos y el ciego. 9ª-12ª preguntas

(Los guardias sacan fuera al matrimonio. Tras una acalorada discusión, el tribunal decide llamar por segunda vez al ciego. Entra escoltado por los dos guardias.)

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »
Contestó él:
-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.»
Le preguntan de nuevo:
¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.

7ª escena: Jesús, el ciego y los fariseos. 13ª-15ª preguntas

(La escena tiene lugar en la escalera de acceso al templo, como la escena primera.)

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
¿También nosotros estamos ciegos?»
Jesús les contestó:
-«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

COMENTARIO

«A mi hijo lo citaron como testigo, lo estuvieron interrogando más de dos horas y al final lo condenaron como culpable.» De esto podrían haberse quejado los padres del ciego de nacimiento, en voz baja, por miedo a los fariseos. Pero sería erróneo limitarse a la queja de los padres, porque el ciego terminó muy contento.

Una discusión absurda

Todo empezó por una discusión absurda entre los discípulos cuando se cruzaron con el ciego: ¿quién tenía la culpa de su ceguera?, ¿él o sus padres? Si hubieran leído al profeta Ezequiel, sabrían que nadie paga por la culpa de sus padres. Y si supieran que el ciego lo era de nacimiento, no podrían haberlo culpado a él. Jesús zanja rápido el problema: ni él ni sus padres. Su ceguera servirá para poner de manifiesto la acción de Dios y que Jesús es la luz del mundo.

Una forma extraña de curar

En el evangelio de Juan, igual que en los Sinópticos, la palabra de Jesús es poderosa. Lo demostrará poco más tarde resucitando a Lázaro con la simple orden: «sal fuera». Sin embargo, para curar al ciego adopta un método muy distinto y complicado. Forma barro con la saliva, le unta los ojos y lo envía a la piscina de Siloé. Un volteriano podría decir que no cabe más mala idea: le tapa los ojos con barro para que vea menos todavía, y lo manda cuesta abajo; más que curarse podría matarse.

¿Qué pretende enseñarnos el evangelista? No es fácil saberlo. San Ireneo, en el siglo II, fijándose en la primera parte, relacionaba el barro con la creación de Adán: Dios crea al primer hombre y Jesús crea a un cristiano; pero esto no explica el uso de la saliva ni el envío a la piscina de Siloé. San Agustín, fijándose en el final, relacionaba el lavarse en la piscina con el bautismo; tampoco esto explica todos los detalles.

Una cosa al menos queda clara: la obediencia del ciego. No entiende lo que hace Jesús, pero cumple de inmediato la orden que le da. No se comporta como el sirio Naamán, que se rebeló contra la orden de Eliseo de lavarse siete veces en el río Jordán. Como Abrahán, por la fe sale de su mundo conocido para marchar hacia un mundo nuevo.

Un anacronismo intencionado

La antítesis del ciego la representan los fariseos. El evangelista deforma la realidad histórica para acomodarla a la situación de su tiempo. En la época de Jesús los fariseos no podían expulsar de la sinagoga; ese poder lo consiguieron después de la caída de Jerusalén en manos de los romanos (año 70), cuando el sacerdocio perdió fuerza y ellos se hicieron con la autoridad religiosa. A finales del siglo I, bastante después de la muerte de Jesús, es cuando comenzaron a enfrentarse decididamente a los cristianos, acusándolos de herejes y expulsándolos de la sinagoga.

El miedo y la osadía

El relato de Juan refleja muy bien, a través de los padres del ciego, el pánico que sentían muchos judíos piadosos a ser declarados herejes, impidiéndoles hacerse cristianos.

El hijo, en cambio, se muestra cada vez más osado. Tras la curación se forma de Jesús la misma idea que la samaritana: «es un profeta»; porque el profeta no es sólo el que sabe cosas ocultas, sino también el que realiza prodigios sorprendentes. Ante la acusación de que es un pecador, no lo defiende con argumentos teológicos sino de orden práctico: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Luego no teme recurrir a la ironía, cuando pregunta a los fariseos si también ellos quieren hacerse discípulos de Jesús. Y termina haciendo una apasionada defensa de Jesús: «si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

La verdadera visión y la verdadera luz

Hasta ahora, el ciego sólo sabe que la persona que lo ha curado se llama Jesús. Lo considera un profeta, está convencido de que no es un pecador y de que debe venir de Dios. El ciego ha empezado a ver. Pero la verdadera visión la adquiere en la última escena, cuando se encuentra de nuevo con Jesús, cree en él y se postra a sus pies. Lo importante no es ver personas, árboles, nubes, muros, casas, el sol y la luna… La verdadera visión consiste en descubrir a Jesús y creer en él. Y para ello es preciso que Jesús, luz del mundo, ilumine al ciego poniéndose delante, proyectando una luz intensa, que deslumbra y oculta los demás objetos, para que toda la atención se centre en ella, en Jesús.

No hay peor ciego que quien no quiere ver

Los fariseos representan el polo opuesto. Para ellos, el único enviado de Dios es Moisés. Con respecto a Jesús, a lo sumo podrían considerarlo un israelita piadoso, incluso un buen maestro, si observa estrictamente la Ley de Moisés. Pero está claro que a él no le importa la Ley, ni siquiera un precepto tan santo como el del sábado. Además, nadie sabe de dónde viene. Resuena aquí un tema típico del cuarto evangelio: ¿de dónde viene Jesús? Pregunta ambigua, porque no se refiere a un lugar físico (Nazaret, de donde no puede salir nada bueno, según Natanael; Belén, de donde algunos esperan al Mesías) sino a Dios. Jesús es el enviado de Dios, el que ha salido de Dios. Y esto los fariseos no pueden aceptarlo. Por eso lo consideran un pecador, aunque realice un signo sorprendente. Dios no puede salirse de los estrictos cánones que ellos le imponen. Ellos tienen la luz, están convencidos de que ven lo correcto. Y este convencimiento, como les dice Jesús al final, hace que permanezcan en su pecado.

La samaritana y el ciego

Hay un gran parecido entre estas dos historias tan distintas del evangelio de Juan. En ambas, el protagonista va descubriendo cada vez más la persona de Jesús. Y en ambos casos el descubrimiento les lleva a la acción. La samaritana difunde la noticia en su pueblo. El ciego, entre sus conocidos y, sobre todo, ante los fariseos. En este caso, no se trata de una propagación serena y alegre de la fe sino de una defensa apasionada frente a quienes acusan a Jesús de pecador por no observar el sábado.

* * *

En el evangelio dice Jesús a los discípulos: « Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado». La primera lectura de este domingo concreta algunos aspectos de estas obras de la luz.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.
Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

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«Tiempo de la travesía del desierto», por Oscar Fortín, Quebec- Canadá.

domingo, 30 de marzo de 2014
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148746_10150960948513489_335581523488_9994318_1916648739_nLeído en la página web de Redes Cristianas

En la tradición cristiana, la cuaresma recuerda este momento de la travesía del desierto del pueblo hebreo, así como los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto después de su bautismo. En el primer caso, la marcha conducía a una “tierra prometida”. En el segundo caso, esta marcha conducía a las tres grandes tentaciones (Lc. 4,1-13) que amenazan a la humanidad en su marcha hacia la tierra prometida: el tener como ídolo, el parecer como fuerza de encubrimiento y engaño, el poder como potencia de dominación absoluta.

Según este simbolismo, no podría existir una tierra prometida sin sustraerse al predominio de estas tres fuerzas destructivas de la humanidad. Este fue el reto que asumió Jesús de Nazaret al decir un NO sin ambigüedades a cada una de estas tres tentaciones. El reino de su Padre que venía inaugurar tenía otros fundamentos incompatibles con ellas. Así tuvo que pagar de su vida esta elección a favor de los fundamentos del Reino de su Padre, la única permitiendo la abertura del camino hacia la tierra prometida.

Como creyente, pero también y sobre todo, como ser humano, experimento esta travesía del desierto mirando al mundo en el cual estoy. Los países más desarrollados, en términos de riquezas y poder militar, se unen en una coalición para luchar contra muchos pueblos con el fin de esclavizarlos y tomar sus riquezas. Dicen que es para salvar a vidas civiles, para hacer respetar los derechos humanos, restaurar la democracia, etc. Sin embargo, muchas vidas civiles están en riesgo en Palestina, en Yemen, en Bahréin, así como en muchas otras partes del mundo y allí no hay ninguna coalición para proteger esas vidas humanas. Por otro lado, atacan a menudo a las democracias vivas, mientras se acomodan fácilmente con los dictadores y regímenes autoritarios que los sirven muy bien.

Hace unos años, la red francesa de Radio-Canadá presentó dos informes sobre los efectos colaterales, en Irak, de los bombardeos portadores de uranio enriquecido. Podemos ver imágenes de niños nacidos totalmente deformados, caras con un sólo ojo, cuerpos con dos cabezas, etc. Sin embargo, esta guerra anunciada con gran despliegue por los medios occidentales, pretendía ser una lucha contra las armas de destrucción masiva que se juraba estar en la posesión de Saddam Hussein. La historia nos ha revelado que no había nada de eso y, además, que esa mentira había sido un total montaje cinematográfico. ¡Qué cosa no se ha dicho acerca de Saddam Hussein! Suficientemente para que la gente ordinaria que se alimenta de los medios de comunicación dominantes tenga el gusto de matarlo para liberar a su pueblo de un tal monstruo.

¿Quién, en efecto, puede permanecer insensible frente a estas imágenes donde se derrama la sangre y donde las madres lloran a sus hijos? En efecto y en varias veces, estas noticias con tales imágenes sensacionales fueron inventadas para crear estas emociones y para ganar el apoyo de estas buenas personas. Ahora los casos de Libia, Siria, Ucrania y Venezuela están llenos de estas mentiras de los medios de comunicación oficiales.

En esta marcha del desierto, he descubierto que las tres tentaciones, arriba mencionadas, atraen a muchas personas interesadas ante todo por el Tener, el Poder y el Parecer. Les apasiona la conquista de todas las riquezas que los pueblos puedan tener en su suelo y en sus tierras. Se trata del petróleo para algunos, de las minas para otros, del control del agua de unos y otros, etc. El Tener, convertido en “interés nacional”, justifica la corrupción, la violencia, el engaño, la tortura bajo todas sus formas.

Asimismo, debajo el manto del Parecer muy humano, del protector de la viuda, del huérfano, del defensor de las vidas civiles, como lo afirman, se dedican a guerras de conquista, de dominación que revelan la hipocresía en todo su esplendor. Tanto el mensaje, preparado por los especialistas de la desinformación, alimenta el odio en el espíritu y en el corazón de la gente contra los adversarios, convertidos, bajo su pluma, en verdaderos monstruos a hacer desaparecer de la faz de la tierra, al igual este mismo mensaje transforma al mismo tiempo todas las iniciativas guerreras en reales cruzadas al servicio de la humanidad y a los asesinos de estos opositores en auténticos misioneros.Todo ello es posible mediante un Poder central controlador de todas las fuerzas políticas, económicas, mediáticas y religiosas para convertirse en el “imperio del mundo”. Esta ahí la tercera gran tentación que acecha al futuro de la humanidad: la total dominación de los pueblos y naciones por minorías ricas y bien protegidas.

Presos de tantas mentiras y secretos, usted, yo y otros de buena voluntad nos convertimos, por nuestro silencio, en cómplices de todos estos crímenes, de todos estos engaños, de todas estas conquistas, ignorando los derechos más fundamentales de los pueblos. Obviamente, hay brechas que comienzan a hacer estremecer la broma de estos conquistadores, llegados maestros en el arte de la manipulación y del engaño.

Julian Assange con WikiLeaks, Edward Snowden con sus revelaciones sobre estas prácticas secretas violando la intimidad de las personas, son buenos ejemplos y no es por nada que aquellos y aquellas que están apuntados buscan por todos los medios a silenciarlos y a desacreditar sus acciones. Se añade también a esta ofensiva contra la desinformación todos estos sitios Web que se otorgan la misión de decodificar la información errónea que se transmite por estos maestros cantores, para dar una versión más cerca de la realidad y por el mismo hecho de la verdad.

Este vasto movimiento de información alternativa hace daño a los periodistas cómplices “de los intereses” del imperio. Según algunas fuentes, periodistas asqueados por las directrices impuestas por los patrones, serviles de las directrices editoriales de los propietarios que exigen la distorsión de la verdad, se hubieran transformado en colaboradores anónimos para obrar con esta red de información alternativa.

Esta situación dio lugar a la emergencia de una información alternativa, llevada por profesionales de la información, pero también por muchas personas interesadas por la verdad, cuyo objetivo es contrarrestar esta desinformación sistemática, utilizada desde el momento que se trata de justificar una guerra ignorando el derecho internacional y los derechos humanos. En suma, lo que Greenpeace es por el medio ambiente, la información alternativa lo es por el derecho a la verdad.

Existen sitios en el Internet, en distintos idiomas, cuya reputación no está más por hacer. En la red española no les conozco todos. Me permito unas sugerencias como la de la Red Voltaire que edita en varios idiomas, igual con el sitio Mondialisation. Muchos conocen el sitio Rebelión así que Redes cristianas, Cristianismos i Justicia. Yo invito a los lectores a proponer en sus comentarios a otros sitios de información alternativa a la que nos transmiten los medios oficiales de información.

Estas redes de información alternativa encuentran aún más su sentido desde que la Organización de las Naciones Unidas ha decretado , en diciembre de 2010, que el 24 de Marzo será consagrado Día internacional por el derecho a la verdad . La primera inspiración de esta iniciativa proviene del testimonio de este obispo del Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980, por haber continuado, contra viento y marea, a denunciar los crímenes cometidos por los gobiernos hipócritas, imponiendo sus leyes por la fuerza de las armas, asesinando, torturando, encarcelando a inocentes víctimas.

Un despertar de la conciencia se convierte cada vez más contagioso en todos los ambientes, disipando el humo de las mentiras como lo hace el sol naciente con la niebla de la mañana. Así minan las acciones engañosas de estos poderes de conquista y dominación. ¿Estaría ahí la verdadera vía hacia la tierra prometida: personas cuya conciencia no tiene otro premio que la verdad, la transparencia y la honestidad?

Como creyente, me permito recordar a los líderes de varias iglesias, reclamándose de Jesús de Nazaret, que los tiempos han llegado para ellos de romper los lazos de complicidad y complacencia que tienen con estos imperios que desde Constantino se alimentan del Tener, del Poder y del Parecer para esclavizar a los pueblos de la tierra. El papa Francisco, al acercarse a los pobres indica que quiere tomar sus distancias de los potentes. En las actuales circunstancias, todo gesto de su parte no puede ser otra cosa que ser radical y sin retorno. No hay más espacio para las medias medidas. Eso fue el gesto de Jesús de Nazaret ante el Emperador Supremo, simbolizado por el “Tentador”.

Ojalá que esta travesía del desierto nos permita superar esas tentaciones para llegar a este Reino de Dios de que nos habla el Evangelista San Juan en el Apocalipsis, capitulo 21.

19 de marzo de 2014

http://Humanisme.blogspot.com

traductor: Marius Morin

Espiritualidad , , , , , , ,

El amor no es un pecado.

miércoles, 26 de marzo de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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La espiritualidad debe ser sexual

si quiere ser una espiritualidad humana.

  Amamos a Dios como esencias  dotadas de sexualidad y de cuerpo

o no lo amamos.

*

En » El amor no es un pecado «, Ediciones Bayard, p. 95

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***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , , , ,

¡Deja entrar la luz del sol!

domingo, 23 de marzo de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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«Deja venir al Señor; Él es quien esclarecerá los secretos de las tinieblas y  manifiestará las intenciones de los corazones « (1Co 4,5. La verdad en nuestras vidas se hace poniéndonos ante los ojos de Dios, para dejar que la luz venga.(…)

La luz puede venir como un flash que de repente envuelve mis sombras y recovecos. Pero a menudo va ganando poco a poco el lado oscuro, alcanzando zonas cada vez más profundas de mi ser. Instantánea o progresivamente, es una luz que no abruma, pero llega al alma en una paz que es un signo de Dios. La verdadera contrición no es el  amargo remordimiento, sino «el gozoso reconocimiento, jubiloso de nuestra pobreza total y definitiva en la riqueza inagotable del Ser «, en palabras de Pierre Emmanuel . Todas nuestros «confesiones » deberían ser confesiones de alabanza.

Sin duda no somos nunca más verdaderos que cuando nos damos cuenta de repente de una inapercibida violencia interior, de un movimiento derechazo hacia un hermano, de una palabra que hiere, de unfalso pretexto que distorsiona nuestra mirada y nuestra relación, y que es injustificable. Ver esta luz como un gracia. Abandonarla en el corazón de Dios, y «pasar«, sin entrar en los discursos interiore con todos los mecanismos de autodefensa, de acusación de los hermanos, o de culpabilización que conocemos bien. Nuestro rumiar sobre nosotros mismos nos impide acoger puramente la luz y dejarle hacer su obra en nosotros. Es lo que supieron hacer los santos. La santidad no es  la impecabilidad sino este movimiento en nosotros, este tropismo instintivo y vital, que nos  vuelve sin cesar hacia un Otro, como el heliotropo se vuelve hacia el sol para recibir de él la luz y el calor indispensable  para su crecimiento.

*

Marie-Thérèse Abgrall, «Descubrir la verdad en su vida«,

en Christus n°204, oct. 2004, p. 415

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Tengo sed.

domingo, 16 de marzo de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

 

« El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).

«Al que tenga sed le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida.» (Ap 21, 6)

 image

Mientras que los teólogos discuten sobre el origen del agua,

los místicos la beben.

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«Escuchar a Jesús». 16 de marzo de 2014. 2. Cuaresma (A). Mateo 17, 1-9.

domingo, 16 de marzo de 2014
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15-CuaresmaA2El centro de ese relato complejo, llamado tradicionalmente “La transfiguración de Jesús”, lo ocupa una Voz que viene de una extraña “nube luminosa”, símbolo que se emplea en la Biblia para hablar de la presencia siempre misteriosa de Dios que se nos manifiesta y, al mismo tiempo, se nos oculta.

La Voz dice estas palabras: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Los discípulos no han de confundir a Jesús con nadie, ni siquiera con Moisés y Elías, representantes y testigos del Antiguo Testamento. Solo Jesús es el Hijo querido de Dios, el que tiene su rostro “resplandeciente como el sol”.

Pero la Voz añade algo más: “Escuchadlo”. En otros tiempos, Dios había revelado su voluntad por medio de los “diez mandatos” de la Ley. Ahora la voluntad de Dios se resume y concreta en un solo mandato: escuchad a Jesús. La escucha establece la verdadera relación entre los seguidores y Jesús.

Al oír esto, los discípulos caen por los suelos “llenos de espanto”. Están sobrecogidos por aquella experiencia tan cercana de Dios, pero también asustados por lo que han oído: ¿podrán vivir escuchando solo a Jesús, reconociendo solo en él la presencia misteriosa de Dios?

Entonces, Jesús “se acerca y, tocándolos, les dice: Levantaos. No tengáis miedo”. Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: Levántate, no tengas miedo.

Muchas personas solo conocen a Jesús de oídas. Su nombre les resulta, tal vez, familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y, sin esa experiencia, no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.

Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia, escucha siempre algo como esto: “No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios. Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto, tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón”.

En el libro del Apocalipsis se puede leer así: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa”. Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Anuncia Jesús. Pásalo.

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» Su rostro resplandecía como el sol». Domingo 16 de marzo de 2014. Domingo 2º de Cuaresma.

domingo, 16 de marzo de 2014
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je2Leído en Koinonia:

Gn 12,1-4ª: Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
2Ti 1, 8b-10: Dios nos llama y nos ilumina
Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

Abraham y Sara pertenecían a un clan de pastores seminómadas, de los muchos que buscaban pastos para sus rebaños lejos de las ciudades-estado que, por los años 1800 a.C. se estaban organizando en Mesopotamia y a lo largo de las costas del Mediterráneo. Abraham fue uno de los muchos grupos que emigraban, lo mismo que hoy, «buscando la vida». En ese andar luchando por la vida descubrieron el llamado de Dios a dejarlo todo y fiarse de su promesa de vida. Dios promete a Abraham que será padre de un pueblo numeroso y que tendrá una tierra, la “tierra prometida”. Es lo que anhelan sus corazones, lo que necesitan para vivir una vida humana y digna. Hoy son muchas las “minorías abrahámicas” que siguen escuchando el llamado de Dios, que les invita a buscar nuevas formas de “vida prometida” para todos los hijos de Dios. Hoy también hay muchísimos desplazados por el sistema neoliberal globalizado, que crea marginación y expulsa a los más débiles de sus tierras. Y millones de desplazados por efecto de las guerras y los problemas políticos. Son los nuevos Abrahán y Sara, que se ven forzados a dejarlo todo en busca de la vida digna que la realidad les niega en su lugar de origen.

La Biblia pone el origen de Israel en esta mitológica «migración» desde Oriente Próximo, «justificándolo» en la voluntad de Dios de elegirse un pueblo… Así, en unos textos que son «Palabra de Dios» y que hablan de Dios… en realidad es el pueblo judío el que habla de sí mismo, y se da una identidad a sí mismo, que consiste en la voluntad del Dios altísimo de crearse un pueblo eligiendo a la persona de cuyas entrañas lo haría nacer. Además de padre «biológico» de Israel, a Abraham la Biblia le atribuye el ser «padre en la fe» de Israel, y por tanto de las tres religiones en que derivó la fe de Israel: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Como el problema de la historicidad de los «mitos» bíblicos de la creación, de la primera pareja humana, y del pecado original que abordábamos en el domingo pasado, También los Patriarcas y los orígenes de Israel hoy están sometidos a un nuevo abordaje. Es algo muy nuevo. Hoy en Biblia se habla de un «nuevo paradigma arqueológico», una generación de arqueólogos desprendida de las adherencias y condicionamientos teológicos clásicos, que cree hallar en el subsuelo israelita un nuevo libro que nos habla fehacientemente de los demás libros que componen la Biblia. Israel Finkelstein es el nombre abanderado de este nuevo paradigma bíblico. «La Biblia desenterrada» (editorial Siglo XXI, Madrid 2003, original: The Bible Unearthed. Archeology’s New Vision of Ancient and the Origin of its Sacred Texts). Han aparecido también investigaciones importantes sobre el papel que la creación de la Biblia tuvo respecto a la construcción de la identidad de Israel; así por ejemplo, el libro de Shlomon SAND, Comment le peuple juïf fut inventé (Fayard, Paris 2008, original en hebreo). La visión que actualmente se está imponiendo desde un plano científico respecto al mundo de los patriarcas bíblicos significa una verdadera revolución, un conjunto de descubrimientos muy importantes que transforman el contexto en el que deben ser interpretados. No se trata de una intuición vaga o una primer anticipo, sino de una corriente fundamentada que merece más respecto incluso que las simples «hipótesis» sobre las que hasta ahora estaba basada la ciencia bíblica. Es urgente para los biblistas, los predicadores y todos los agentes de pastoral asomarse cuanto antes a este nuevo panorama, para no ser sorprendidos cualquier día proponiendo interpretaciones que hoy, a estas alturas del desarrollo de las ciencias, no tienen razón de ser.

La segunda carta de Timoteo nos asegura que la Palabra de Dios no está encadenada. Ella hace su propio camino en medio de los muchos caminos del pueblo. Aunque hagamos muchas lecturas interesadas de ella, el Espíritu siempre encontrará las formas de echarla a volar, sobre todo en manos de los que buscan mejores situaciones de vida en dignidad y justicia, como Abrahán y Sara, o como los desplazados de hoy. Todos ellos, minorías abrahámicas o mayorías desplazadas, están pronunciando con su vida el rechazo a este sistema excluyente que ha perdido la brújula, y que podría encontrarla con la Buena Noticia de Jesucristo.

La escena de la transfiguración que nos relatan los evangelios es, obviamente, otro símbolo. No tiene sentido hablar de ella con un «realismo ingenuo», como si la entendiéramos literalmente y a juzgáramos rigurosamente histórica. Escribieron el relato con mucha libertad –o a partir de un relato oral recontado y reelaborado en su transmisión– y hoy nosotros lo podemos interpretar también «de un modo puramente simbólico». En efecto: esa transfiguración de Jesús que el evangelio de Mateo nos cuenta es un símbolo de esas otras muchas «experiencias de transfiguración» que todos experimentamos. La vida diaria tiende a hacerse gris, monótona, cansada, y a dejarnos desanimados, sin fuerzas para caminar. Pero he aquí que hay momentos especiales, con frecuencia inesperados, en que una luz prende en nuestro corazón, y los ojos mismos del corazón nos permiten ver mucho más lejos y mucho más hondo de lo que estábamos mirando hasta ese momento. La realidad es la misma, pero nos aparece transfigurada, con otra figura, mostrando su dimensión interior, esa en la que habíamos creído, pero que con el cansancio del caminar habíamos olvidado. Esas experiencias, verdaderamente místicas, nos permiten renovar nuestras energías, e incluso entusiasmarnos para continuar marchando luego, ya sin visiones, pero «como si viéramos al Invisible».

Todos necesitamos esas experiencias, como los discípulos de Jesús la necesitaron. Nosotros no podemos encontrarnos con Jesús en el Tabor de Galilea. Necesitamos buscar nuestro Tabor particular, las fuentes que nos dan fuerzas, las formas con las que nos arreglamos para lograr renovar nuestro compromiso primero, siendo la oración, sin duda, el más importante Leer más…

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Gay men rule.

sábado, 15 de marzo de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

gay-men-rules

Todos los hombres aprenden a odiar:

Muchos hombres no pueden esperar

para tener entre sus manos a otro

Mara matarse entre ellos.

Algunos hombres aprenden a amar:

Algunos hombres están luchando para

tener entre sus manos a otro

Para amarse entre ellos.

Dios Bendice la Hermandad gay.

*

Gay Men Rule, Sharon Lampert

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«Al papa Francisco, sobre la familia», por José Arregi.

miércoles, 12 de marzo de 2014
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lavement_piedsTras haber perdido los posts, intentaremos ir recuperando algunos de ellos. Hoy traigo este artículo sobre la familia ante el Sínodo de la Familia que publicaba  en su blog y que ilustramos con imágenes del blog À Corps… À Coeur:

Querido papa Francisco: Como hoy todo corre tan rápido, ya ha llegado a nuestras manos el cuestionario sobre la familia que Ud. acaba de dirigir a los obispos de todo el mundo: 38 preguntas bien concretas, organizadas en 8 bloques temáticos. Entendemos que no somos solamente el objeto, sino también el destinatario de esas preguntas que nos afectan –y duelen– incluso más que a los obispos. Por eso nos permitimos responderlas directamente, por el cariño que le tenemos y la confianza que nos inspira. ¡Gracias, papa Francisco, por preguntarnos sobre tantas cuestiones incómodas que han sido y siguen siendo tabú! ¡Y gracias por escucharnos, por acoger nuestras voces salidas del alma, con sus certezas y sus dudas.

1. Si la enseñanza de la Sagrada Escritura y del Magisterio jerárquico acerca de la sexualidad, el matrimonio y la familia es conocida y aceptada entre los creyentes.

Tal vez no sea bien conocida, pero ciertamente es mal aceptada o simplemente ignorada. Constatamos que en las últimas décadas ha ido creciendo hasta un grado crítico la brecha, más aun, la ruptura entre la doctrina oficial y el sentir ampliamente mayoritario de los/las creyentes. Es grave y nos duele. Pero creemos sinceramente que la razón de la quiebra creciente no es la ignorancia y menos aun la irresponsabilidad de los creyentes, sino más bien el encerramiento de la jerarquía en esquemas del pasado.

Los tiempos han cambiado mucho en poco tiempo en todo lo que tiene que ver con la familia, el matrimonio y la procreación, y con la sexualidad en general. Sabemos que son temas delicados, que lo más sagrado está en juego, que es necesario el máximo cuidado. Pero no se puede cuidar la vida repitiendo el pasado. Creemos profundamente que el Espíritu de la vida sigue hablándonos desde el corazón de la vida, con sus gozos y dolores. Creemos que la Ruah viviente no puede ser encerrada en ninguna doctrina ni texto ni letra del pasado, y que sigue inspirando el sentir de todos los creyentes y de todos los hombres y mujeres de hoy. Nunca nada debe quedar cerrado.

Papa Francisco, le felicitamos por su voluntad de volver a escuchar la voz del Espíritu en los hombres y las mujeres de hoy, y nos atrevemos a pedirle: siga pronunciando palabras de misericordia y de aliento, no vuelva a “verdades” y “normas” obsoletas que no tienen sentido. ¡En el nombre de la Vida!

2. Sobre el lugar que ocupa entre los creyentes el concepto de “ley natural” en relación al matrimonio.

Se lo diremos con toda sencillez y franqueza: para la inmensa mayoría de los pensadores, científicos y creyentes de nuestra sociedad, el concepto de “ley natural” ya no ocupa ningún lugar. Sí, la naturaleza que somos tiene un orden maravilloso, unas leyes maravillosas, y gracias a ellas la ciencia es posible. Pero la ley suprema de la naturaleza es su capacidad de transformación y novedad. La naturaleza es creadora, inventiva. De esa capacidad creadora e inventiva, de esa creatividad sagrada, son fruto todos los átomos y moléculas, todos los astros y galaxias. De ellas somos fruto todos los vivientes, todas las lenguas y culturas, todas las religiones. De ella serán fruto, durante miles de millones de años todavía, infinitas nuevas formas que aún desconocemos.

La naturaleza está habitada por el Espíritu, por la santa Ruah que aleteaba sobre las aguas del Génesis, que sigue vibrando en el corazón de todos los seres, en el corazón de cada átomo y de cada partícula. Todo vive, todo alienta, todo se mueve. Todo cambia. También la familia ha ido cambiando sin cesar, desde los clanes primeros hasta la familia nuclear, pasando por la familia patricarcal que hemos conocido hasta hace bien poco.

Ante nuestros propios ojos, el modelo familiar sigue cambiando: familias sin hijos, familias monoparentales, familias de hijos/as de diversos padres… Y seguirá cambiando, no sabemos cómo. Todo es muy delicado. Hay mucho dolor. Pedimos a la Iglesia que no hable mal de las nuevas formas de familia, pues bastante tienen con vivir cada día y salir adelante, en medio de las mayores amenazas que nos vienen de un sistema económico cruel, inhumano. A la Iglesia no le toca dictar, sino ante todo acompañar, aliviar, alentar, como Ud. mismo ha afirmado.

3. Sobre cómo se vive y cómo se transmite en las familias la fe, la espiritualidad, el Evangelio.

Decisiva cuestión. Sí, constatamos con dolor que las familias están dejando de ser “iglesias domésticas” donde se ora, se cultiva, se respira, se transmite la buena noticia de Jesús. Pero no creemos que sea justo culpar de ello a las familias. La crisis de la religión y de la transmisión de la fe en la familia tiene que ver en primer lugar con la profunda transformación cultural que estamos viviendo. Y constituye un gran desafío no solo ni tal vez en primer lugar para las propias familias, sino para la propia institución eclesial: asumir las nuevas claves espirituales y formas religiosas que el Espíritu está inspirando en los hombres y en las mujeres de hoy.

4. Sobre cómo ha de afrontar la Iglesia algunas “situaciones matrimoniales difíciles” (novios que conviven sin casarse, “uniones libres”, divorciados vueltos a casar …).

¡Gracias de nuevo, papa Francisco, solo por querer replantear estas cuestiones! ¡Gracias por querer escucharnos y por nombrar la misericordia en sus preguntas! Ud. conoce bien la compleja y cambiante historia del “sacramento del matrimonio” desde el comienzo de la Iglesia. La historia ha sido muy variable, y lo seguirá siendo. Mire, por ejemplo, lo que pasa entre nosotros, en esta Europa ultramoderna. Nuestros jóvenes no disponen ni de casa ni de medios económicos para casarse y vivir con su pareja hasta los 30 años en el mejor de los casos: ¿cómo puede la Iglesia pedirles que se abstengan de relaciones sexuales hasta esa edad?

Las formas cambian, pero creemos que el criterio es muy sencillo y que Jesús estaría de acuerdo: “Donde hay amor hay sacramento, se casen los novios o no, y donde no hay amor no hay sacramento, por canónicamente casados que estén”. Todo lo demás es añadidura. Y si la pareja está en dificultades, como sucede tantas veces, solo será de Dios aquello que les ayude a resolver sus dificultades y a volver a quererse, si pueden; y solo será de Dios aquello que les ayude a separarse en paz, si no pueden resolver sus dificultades ni volver a quererse.

Elimine, pues, se lo rogamos, las trabas canónicas para que quienes fracasaron en su matrimonio puedan rehacer su vida con otro amor. Que no siga la Iglesia añadiendo más dolor a su dolor. Y que de ningún modo les impida compartir el pan que reconforta en la mesa de Jesús, pues Jesús a nadie se lo impidió.

5. Sobre las uniones con personas del mismo sexo.

El daño causado por la Iglesia a los homosexuales es inmenso, y algún día deberá pedirles perdón. ¡Ojalá el papa Francisco, en nombre de la Iglesia, les pida perdón por tanta vergüenza, desprecio y sentimiento de culpa cargado sobre ellos durante siglos y siglos!

La inmensa mayoría de los hombres y mujeres de nuestra sociedad no pueden hoy comprender esa obsesión, esa hostilidad. ¿Cómo pueden seguir sosteniendo que el amor homosexual no es natural, siendo así que es tan común y natural, por motivos biológicos y psicológicos, entre tantos hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los continentes, y en tantas otras especies animales?

En esta causa, como en tantas otras, la Iglesia debiera preceder, pero la sociedad nos precede. Celebramos que sean cada vez más numerosos los países que reconocen los mismos derechos a la unión de personas del mismo sexo que a la de personas de distinto sexo. ¿Y qué impide que se llame “matrimonio”? ¿Acaso no se llaman así también aquellas uniones heterosexuales que, por lo que fuere, no van a tener hijos? Cambien, pues, los diccionarios y el Derecho Canónico, amoldándose a los tiempos, atendiendo a las personas.

¿Y qué impide que llamemos sacramento a un matrimonio homosexual? Es el amor lo que nos hace humanos y lo que nos hace divinos. Es el amor lo que hace el sacramento. Y todo lo demás son glosas y tradiciones humanas.

6. Sobre la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares.

Creemos que este lenguaje –regular, irregular– es desacertado, más aun dañino. Hace daño a un niño oír que ha nacido o que vive en el seno de un matrimonio o de una familia “irregular”. Y hace daño a sus padres, los que fueren. Lo que hace daño no es ser excepción, sino ser censurado por ser excepción. Por lo demás, todos sabemos que basta que se multipliquen los casos para que la excepción se convierta en norma. En cualquier caso, la Iglesia no está para definir lo que es regular y lo que es irregular, sino para acompañar, animar, sostener a cada persona tal como es allí donde está.

7. Sobre la apertura de los esposos a la vida.

Afortunadamente, son muy contados entre nosotros los creyentes por debajo de los 60 años que han oído hablar de la Humanae Vitae, aquella encíclica de Pablo VI (1968) que declaró pecado mortal el uso de todo método anticonceptivo “no natural”, todo método que no fuera la abstinencia o la adecuación al ciclo femenino de la fertilidad. Pero hizo sufrir demasiado a casi todos nuestros padres. Esa doctrina, adoptada contra el parecer de buena parte del episcopado, fue lamentable en su tiempo y no es menos lamentable que haya sido mantenida hasta hoy.

Hoy nadie la comprende y casi nadie la cumple entre los mismos católicos. Y pocos sacerdotes y obispos se atreven a exponerla todavía. Ya no tiene sentido afirmar que la relación sexual haya de estar necesariamente abierta a la reproducción. Ya no tiene sentido seguir distinguiendo entre métodos naturales y artificiales, y menos todavía condenar un método porque sea “artificial”, pues por la misma razón habría que condenar una vacuna o una inyección cualquiera.

En nuestros días asistimos a un cambio transcendental en todo lo que tiene que ver con la sexualidad y la reproducción: por primera vez después de muchos milenios, la relación sexual ha dejado de ser necesaria para la reproducción. Es un cambio tecnológico que trae consigo un cambio antropológico y requiere un nuevo paradigma moral. La sexualidad y la vida siguen siendo tan sagradas como siempre y es preciso cuidarlas con suma delicadeza. Pero el criterio y las normas de la Humanae Vitae no ayudan en ello, sino más bien dificultan. Que la palabra de la Iglesia sea luz y consuelo, como el Espíritu de Dios, como lo fue la palabra de Jesús en su tiempo y sería también en el nuestro.

8. Sobre la relación entre la familia, la persona y el encuentro con Jesús

Creemos que Jesús sale a nuestro encuentro en todos los caminos, en todas las situaciones. En cualquier modelo de familia, en cualquier situación familiar. Creemos que Jesús no distingue familias regulares e irregulares, sino atiende a cada situación, con su gracia y su herida. Creemos que encerrarnos en nosotros mismos (nuestras ideas y normas, nuestros miedos y sombras) es lo único que nos aleja del otro y de Dios. Y creemos que la humildad, la claridad, la confianza nos acercan cada día al otro, y cada día nos abren a la Presencia del Viviente, estando donde estamos y siendo como somos. Y creemos que una Iglesia que anunciara esto, como Jesús, sería una bendición para la humanidad en todas sus situaciones.

José Arregi

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Para orar

Bendito seas mi Dios, mi aire,
que estás ahí, tan cierto como el aire que respiro.
Bendito seas, mi Dios, mi viento,
que me animas, me empujas, me diriges.
Bendito seas, mi Dios, mi agua,
esencia de mi cuerpo y de mi espíritu,
que haces mi vida más limpia, más fresca, más fecunda.
Bendito seas, mi Dios, mi médico,
siempre cerca de mí,
más cerca cuanto me siento más enfermo.
Bendito seas, mi Dios, mi pastor,
que me buscas buenos y frescos pastos,
que me guías por las cañadas oscuras,
que vienes a por mí
cuando estoy perdido en la oscuridad.
Bendito seas, mi Dios, mi madre,
que me quieres como soy
que por mí eres capaz de dar la vida,
mi refugio, mi seguridad, mi confianza.
Bendito seas, Dios, bendito seas

(José Enrique Ruiz de Galarreta)

josc3a9-arregiJosé Arregi

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«¿Existe ‘Dios’? ¿Qué ‘Dios’?», por José Arregi.

martes, 11 de marzo de 2014
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dios-existe_thumbLeído en su blog:

¿Tiene sentido hablar de Dios a la vista de tanto dolor, de tanto drama en la Tierra, del Congo a Mali, de Sudán a Ceuta y Melilla, de Siria a Afganistán y Pakistán, de Venezuela a Méjico, de la especulación al hambre, de la corrupción al paro, de la angustia al suicidio? Todo depende de lo que entendamos por “Dios”.

Me asombra que, hoy todavía, sesudos teólogos, filósofos y científicos sigan discutiendo acaloradamente sobre si existe o no existe “Dios” –unos lo defienden, otros lo refutan– sin antes decirnos qué entienden por “Dios”. Pero, a decir verdad, comprendo mejor a los ateos que niegan al “dios” que imaginan que a muchos teólogos que parecen sostener al “dios” que niegan los ateos.

Los ateos niegan la existencia de un dios separado del universo y necesario para explicarlo, un dios que existiría “desde antes” del universo y “fuera” de él, un dios que poseyera o que fuera la explicación –misteriosa, incognoscible– de que el mundo sea como es, con sus enigmas y dolores, un dios causa y motor primero de la realidad existente, fundamento y garante exterior del orden físico y del orden ético, un dios sin el que la bondad y la justicia carecerían de sentido, un dios omnipotente que pudiendo intervenir no interviene o que no interviene porque no puede, que actúa en el mundo cuando quiere o que no actúa para “respetar la autonomía del mundo”, un dios que habla cuando lo desea o que calla por alguna razón que ignoramos, un dios que no pudo crear sino este mundo tal como es con su inmenso dolor o bien porque no pudo crear sino un mundo finito y por lo tanto sufriente o bien porque quiso respetar la libertad humana, capaz de hacer tanto bien pero también tanto daño… Un dios ente, el Ente Supremo, Algo o Alguien anterior y exterior al mundo.

Tal es el dios que niegan los ateos. Y hacen bien en negarlo, pues no existe. Tiene razón R. Dawkins al negar a un dios diseñador y creador que habría determinado de antemano toda la evolución del cosmos y de la vida, con el ser humano como centro y cima; efectivamente, un dios así es un constructo humano, un “espejismo”. Tiene razón D. Dennet al negar a un dios causa necesaria del espíritu o de la conciencia o de la “libertad” humana, un dios causa distinta y separable de la realidad que llamamos materia; Dios y la realidad infinitamente abierta e infinitamente fecunda que es la materia-energía no son dos realidades que se puedan contraponer o añadir la una a la otra; la “materia” es siempre (¿“eternamente”?) más que lo que entendemos por “solo materia”, y Dios no puede ser concebido como algo o alguien separable de ella.

Tiene C. Hitchens al negar a un dios fundamento externo del mundo, necesario para explicar su existencia, o al negar a un dios que interviniera en el mundo desde fuera de él. Tiene razón S. Harris al negar a un dios garantía o justificación de la ética o del humanismo, como si para ser buenos necesitáramos una razón, un por qué; no hay atrocidad que no se haya cometido en nombre de dios; es decir, la fe en dios nunca ha sido garantía de bondad; todo depende, pues, de lo que se entienda por fe y de lo que se entienda por “dios”.

Sin embargo, ¿no es demasiado burda la crítica de Dios de los autores mencionados? Ciertamente lo es. Pero debemos preguntarnos por qué gente tan inteligente sigue teniendo una imagen tan burda de Dios. Ciertamente, los ateos no dicen todo lo que se puede decir acerca del misterio indecible que llamamos Dios, pero los creyentes y los teólogos no deben empeñarse en afirmar al dios que niegan los ateos, sino al Dios del que no hablan. La afirmación de Dios ha de empezar allí donde termina la negación de los ateos.

Así lo han hecho los místicos de todas las religiones. También ellos, en virtud de su propia fe, se han visto conducidos a negar, desde dentro de la fe, al dios que niegan los ateos. Harían bien los teólogos en hacer como los místicos. Harían bien en partir del punto al que llegan los ateos y tratar de ir más allá, buscando y arriesgando nuevas palabras, imágines y horizontes. Más allá del ateísmo que niega al dios que no existe, pero más allá también del teísmo que afirma a un dios Ente Supremo, un ser consciente y libre otro o distinto del mundo.

Aventuremos palabras. “Dios” ni existe ni no-existe: es la Existencia. No está cerca ni lejos, ni presente ni ausente, ni está ni no-esta: es la Presencia. No es ni uno ni muchos. No es ni lo mismo ni distinto del mundo. No es menos que algo (nada), ni menos que persona (impersonal), pero no es Alguien, no es “otro” de nada y de nadie. Es el no otro de todos los seres. Es el Corazón latiente del mundo, de cada ser, de cada átomo, partícula y partículas de partícula si las hay.

Dios es el fondo de la realidad (Tillich), el poder de lo real (Zubiri), el silencio revelado como tal (Panikkar). Es Nada de cuanto es y decimos, es el Todo en todas las cosas, es el Vacío Pleno en todo lo que se manifiesta, más allá de inmanencia y trascendencia. Es la Presencia eterna en el instante.

Hoy se echan de menos teólogos a la altura de Nietzsche, antiteísta místico, profeta de los nuevos tiempos religiosos. Teólogos que aúnen la mirada mística con la visión científica de un universo o de un multiverso interrelacionado y dinámico, inacabado y evolutivo. Creyentes y teólogos que, más allá de creencia e increencia, pronuncien a Dios con su palabra y su vida como el misterio más hondo y real, como el Espíritu divino, como el aliento vital en el corazón de cuanto es. Que, al pronunciar a Dios lo hagan ser y recreen el mundo: “Hágase”. Dios es el Aliento que nos habita y nos hace ser y que hacemos ser cuando somos.

En este mundo con tantos enigmas, con tantos dolores, no es inútil tratar de decir palabras creadoras sobre la Compasión que nos habita y nos une, sobre la Gracia que nos mueve en lo más profundo a cambiar las lágrimas en consuelo, a poner paz donde hay odio, a llenar de pan las mesas vacías, a seguir a creando este mundo inacabado.

José Arregi

Para orar

El indescriptible Corazón es el espejo en el que el universo entero aparece.
Solo la Consciencia Única, el Espacio del mero Ser,
es lo Primordial y Supremo, el Silente pleno.
El Corazón, la Fuente, es el comienzo, el medio y el fin de todo.
El Corazón, el Supremo vacío, no es nunca una forma.
Él es la Luz de la Verdad.
La muerte de la mente sumergida en el Océano de la Auto-conciencia
es el eterno Silencio.
El “Yo” real es el Supremo Espacio del Corazón
que es el gran Océano de Felicidad.
Tu mente no puede conocer al Ser,
que es la perfecta experiencia indivisa y el Uno sin segundo.
Solo el Corazón, libre del pensamiento y que es el Ser mismo.
El que conoce ese Corazón nunca será arruinado;
Habiendo perdido el sentido de la esclavitud, Él devine lo Supremo.
Es libre de los pensamientos de dualidad
Y solo Él goza, sin engaño, de la Felicidad.

(Ramana Maharshi).

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«Nuestra gran tentación». 9 de marzo de 2014. 1 Cuaresma (A). Mateo 4, 1-11.

domingo, 9 de marzo de 2014
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14-CuaresmaA1La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.

La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.

Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.

Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.

Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?

¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?

La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
No solo de bienestar vive el hombre. Pásalo.

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«La raíz última de la crisis ecológica: la ruptura de la re-ligación universal», por Leonardo Boff, teólogo

domingo, 9 de marzo de 2014
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411933_10151063957139414_1996840363_oLeído en Koinonía

Las causas que han llevado a la crisis ecológica son muchas. Pero tenemos que llegar a la última: la ruptura permanente de la re-ligación básica, que el ser humano ha introducido, alimentado y perpetuado con el conjunto del universo y con su Creador.

Tocamos aquí una dimensión profundamente misteriosa y trágica de la historia humana y universal. La tradición judeocristiana llama a esa frustración fundamental pecado del mundo y la teología, siguiendo a san Agustín que inventó esta expresión, pecado original o caída original.

Lo original aquí no tiene nada que ver con los orígenes históricos de este anti-fenómeno, por lo tanto, con el ayer. Sino con lo que es originario en el ser humano, que afecta a su fundamento y sentido radical de ser, por lo tanto, con el ahora de su condición humana.

Este pecado tampoco puede ser reducido a una mera dimensión moral o a un acto fallido del ser humano. Se refiere a una actitud globalizadora, por lo tanto, a una subversión de todas sus relaciones. Se trata de una dimensión ontológica que concierne al ser humano, entendido como un nudo de relaciones. Ese nudo se encuentra distorsionado y viciado, perjudicando todos los tipos de relación.

Es importante enfatizar que el pecado original es una interpretación de una experiencia fundamental, una respuesta a un enigma desafiante. Por ejemplo, existe el esplendor de un cerezo en flor en Japón y simultáneamente un tsunami en Fukushima que arrasa todo. Existe una Madre Teresa de Calcuta que salva moribundos de las calles y un Hitler que envía seis millones de judíos a las cámaras de gas. ¿Por qué esta contradicción? Los filósofos y los teólogos han venido esforzándose para encontrar una respuesta. Y hasta hoy no la han encontrado.

Sin entrar en las muchas interpretaciones posibles, asumimos una que va ganado cada vez más el consenso de los pensadores religiosos: la imperfección como momento del proceso evolutivo. Dios no creó el universo terminado de una vez, un acontecimiento pasado, rotundamente perfecto. Desencadenó un proceso en abierto y perfectible que hará su camino hacia formas cada vez más complejas, sutiles y perfectas. Esperamos que un día llegará a su punto Omega.

La imperfección no es un defecto sino una marca de la evolución. No traduce el designio último de Dios sobre su creación, sino un momento dentro de un inmenso proceso. El paraíso terrestre no significa saudade de una edad de oro perdida, sino la promesa de un futuro que está por venir. La primera página de las Escrituras es, en verdad, la última. Viene al comienzo como una especie de maqueta del futuro, para que los lectores y lectoras se llenen de esperanza acerca del fin bueno de toda la creación.

San Pablo veía la condición decaída de la creación como un sometimiento “a la vanidad” (mataiótes), no por causa del ser humano, sino por causa de Dios mismo. El sentido exegético de “vanidad” apunta al proceso de maduración. La naturaleza aún no ha alcanzado su madurez. Por eso en la fase actual se encuentra lejos todavía de la meta a ser alcanzada. De ahí que “toda la creación hasta el presente gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22). El ser humano participa de este proceso de maduración gimiendo también (Rm 8,23). La creación entera espera ansiosa la plena maduración de los hijos e hijas de Dios. Pues entre ellos y el resto de la creación existe una profunda interdependencia y re-ligación. Cuando eso ocurra, la creación llegará también a su madurez, pues, como dice Pablo, “participará de la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (cf Rm 8,20).

Entonces se realizará el designio terminal de Dios. Solamente entonces Dios podrá proferir la esperada palabra: “y vio que todo era bueno”. Ahora, estas palabras son profecías y promesas para el futuro, porque no todo es bueno. Bien dijo el filósofo Ernst Bloch, el del principio esperanza: «el génesis está al final y no al comienzo». El retraso del ser humano en madurar implica un atraso de la creación. Su avance implica un avance de la totalidad. Él puede ser un instrumento de liberación o una traba del proceso evolutivo.

Y aquí reside el drama: la evolución cuando llega al nivel humano alcanza el estadio de la conciencia y de la libertad. El ser humano fue creado creador. Puede intervenir en la naturaleza para el bien, cuidando de ella, o para el mal, devastándola. Comenzó, quien sabe si desde el surgimiento del homo habilis hace 2,7 millones de años, cuando creó los instrumentos con los cuales intervenía en la naturaleza sin respetar sus ritmos. Al principio podía ser solamente un acto. Pero la repetición creó una actitud de falta de cuidado. En vez de estar junto con las cosas, conviviendo, se puso por encima de ellas, dominando. Y ha ido en crescendo hasta nuestros días.

Con esto rompió con la solidaridad natural entre todos los seres. Contradijo el designio del Creador que quiso al ser humano como con-creador y que mediante su genio completase la creación imperfecta. Pero éste se puso en el lugar de Dios. Por la fuerza de la inteligencia y de la voluntad se sintió un pequeño “dios” y se comportó como si fuera de verdad Dios.

Esta es la gran ruptura con la naturaleza y con el Creador que subyace a la crisis ecológica. El problema está en el tipo de ser humano que se forjó en la historia, más una «fuerza geofísica de destrucción» (E. Wilson) que un factor de cuidado y preservación.

La cura reside en la re-ligación con todas las cosas. No necesariamente ha de ser más religioso, sino más humilde, sintiéndose parte de la naturaleza, más responsable de su sostenibilidad y más cuidadoso con todo lo que hace. Necesita volver a la Tierra de la cual se ha exiliado y sentirse su guardián y cuidador. Entonces el contrato natural será rehecho. Y si además se abre al Creador, saciará su sed infinita y obtendrá como fruto la paz.

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Sed transeúntes (peregrinos).

miércoles, 5 de marzo de 2014
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Hoy comienza la Cuaresma. Del blog À Corps… À Coeur:

soyez-passant

 El Evangelio de Tomás es uno de los textos redescubiertos en Nag Hammadi, en el Alto Egipto en 1945.

No es una narración histórica o relato de milagros, ni un compendio de hechos y acciones que Jesús hubiera realizado, sino una colección de palabras breves . Entre los investigadores, algunos creen que estas palabras son anteriores a la redacción de los otros evangelios . Pertenecerían a la tradición de las «dichos de los padres» en el judaísmo antiguo.

En el logion 42 Yeshua dijo : «Sed transeúntes».

Es una palabra importante no sólo para los cristianos sino para toda la humanidad.

La palabra «Pascua», Pesaj en hebreo, en griego Pasqua, significa «paso», es pasar.

Pasar de la oscuridad a la luz,
de este mundo espacio-tiempo al mundo increado, como dijo Yeshua «de este mundo al Padre»,
 de este mundo espacio -temporal al Origen que nos lleva; hacia el Aliento que nos inspira y expira …

«Sed transeúntes» es también un recordatorio de que somos seres de paso.

¿Qué es lo que no sucede en nuestras vidas? ¿Qué es lo que no pasará?

Todo pasa.

Es una verdad que no es triste. Al contrario, nos enseña a disfrutar mejor cada momento …
Es precisamente porque todo ocurre, que lo importantes apreciarlo mientras que está ahí, mientras florece .

No te alejes de la rosa cuando da su fragancia.

Estar presente, muy presente en lo que se nos da a cada momento .

El transeúnte no es indiferente . Él es el que ve las cosas por primera y última vez. Así las ve las ve con una atención e intensidad extremas.

Porque conoce esta otra palabra: Panta rei , literalmente «todo pasa, todo fluye « . Esto no nos debe llevar a un estado de indiferencia, de desprecio .Bien al contrario, podemos aprender a escoger cada cosa en el momento en el que se da, enlol que se nos ofrece en este momento.

Ir hacia … no quiere decir que no veamos lo que florece en el borde del camino, la meta no debe hacernos olvidar lo esencial de la búsqueda… tierra prometida que ya está ahí, en el polvo de los senderos que nos conducen…

«¡Sed transeúntes !»

Somos peregrinos sobre la tierra, estamos en marcha .Evolucionamos al filo de los días… en el filo del 
tiempo.

Para permanecer transeúnte, se trata de no apesadumbrarse, no ser ligeros, no esclerotizarse, no asentarse en el conformismo… cimentarse en las posesiones, logros, formas de hacer o pensar
… Esto quebraría en nosotros la esencia del hombre, su movimiento, su futuro.

El hombre no es un ser, sino un quizás…

De hecho puede surgir en nosotros el conflicto entre lo necesario y lo esencial, ya que es difícil discernir entre los dos.

A veces incluso se nos pide abandonar lo necesario sin perder lo Esencial, es decir, el Deseo, la apertura a lo Real, a lo infinito que nos habita ya que somos el templo y el lugar de paso …

Esta es la sabiduría de todos los días, pero es bueno recordar en su cama de hospital , recordar que «esto también pasará».
No hay dolor eterno . Los males, incluso los más grande y terribles terminan por pasar …

También debemos recordar igualmente estas pocas palabras en el momento del placer, del abrazo, de la felicidad. Saber que «esto también pasará», de lo contrario se aferrará, apegará. Así que este apego a la felicidad del momento causará sufrimiento.

Si uno es capaz de oír este discurso, vivirlo y «verificarlo», toca algo en nosotros que está más allá de lo que se llama felicidad y lo que se llama desgracia ,
más allá de lo que agrada y lo que no agrada,
más allá de lo que se llama placer o dolor.

Toca a lo que en nosotros es libre, «incondicionado».

Es necesario hacer un pacto con el paso del tiempo : Polvo eres, y al polvo volverás ;

La forma que la vida toma en mí va a cesar, va a pasar, sin embargo, el flujo de la vida continúa.

Conviene saber discernir el umbral del gran paso, nuestra verdadera Pascua, qué va a pasar y que está pasando, observar este espacio en el que nos viene nuestro aliento y al que regresa.

¿Qué es lo que hay entre nuestro inspirar y exhalar? ¿De dónde viene nuestro inspirar y a dónde vuelve nuestro exhalar?

Hay un silencio, un «yo-no-sé-qué, un, casi nada», este que – ya en esta vida – llegará a ella, la muerte no le enseña nada. Llegará entre su inspiración y su expiración una realidad que, en algunas tradiciones, se llama la «vida eterna».

Las palabras a veces son usadas, gastadas. Decir «vida eterna» hace pensar en algo que no termina nunca: es tan largo, tan aburrido…
Mientras que la «vida eterna» significa el «no-tiempo» más allá de lo que llamamos «espacio-tiempo

Por lo tanto, si esto es eterno, no es después de la muerte, es antes, durante y después.

La vida eterna es la dimensión de la eternidad que habita en el corazón mismo de esta vida, de ahí la importancia de conocer, en esta vida, en este momento: Kairos, el momento favorable, el instante eterno, en oposición a Cronos, que devora el tiempo.

Al caminar, se respira el polvo de la carretera, que se adhiere a la cara, a la piel, en la ropa… Pero en el corazón mismo de este polvo, también ocurre que vemos la luz .

He aquí que de repente después de una buena marcha el flujo de pensamientos se para. La marcha se para. Entonces percibimos que el sentido de la marcha – si realmente se ha marchado- se ha parado allí para llegar a este momento de descanso que la tradición judía llamada «Shabat».

«Nosotros, existimos en el mundo para recordar al mundo que los hombres no están hechos para trabajar, sino para descansar. «

Quien ha caminado bien sabe esto, ha caminado para conocer la felicidad de este momento en el que el cuerpo yel pensamiento, la voluntad y el deseo quedan en reposo y esto es shalom, una palabra que no significa sólo «paz», sino también la totalidad y la plenitud .

La marcha nos vacía y nos llena al mismo tiempo, nos vacía de nuestro pequeño yo, lo agota para hacer sitio a otro yo, que purificado por el camino puede entonces posarse y reposar.

Literalmente, shabat en hebreo significa » detener « dejar de hacer , dejar de producir , actuar,
 pero dejar de pensar en lo que ha de ser con lo que es .

La tradición nos dice que el sábado todos los hombres son iguales. Ya no es un comerciante, profesor, trabajador, somos hijos de Dios , hijo del Soplo , los niños  jijos de Este que inspira y de Este que expira a través de nosotros . » Eso» es la propiedad de la persona , como el amor no es propiedad de los cristianos , la luz no es la propiedad de los budistas. La vida pertenece a aquellos que se atreven a vivirla hasta el final , hasta la muerte …

En el Evangelio de Tomás otro dicho de Jesús dice: «Si te preguntan
: ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que está en vosotros? Decidles:
 Es un movimiento y es un descanso … »

Hay en nosotros un movimiento, un deseo. Nuestro deseo jamás se colma … De hecho se ahueca sin cesar y nos mantiene en lo abierto, lo abierto que no permite cerrarse sobre una presa, de «cosificar» los seres y la Realidad misma cuando hacemos «que soy» entonces que es » el Abierto «, esta Luz que no se puede coger, ni tomar, ni comprender …

Y, sin embargo, sin esta luz no podemos ver nada, ni hacer nada, ni pensar nada .

Caminar , ir por delante , quedarse «a la búsqueda» nos mantiene al aire libre, que es un movimiento y es un descanso …

*

Fuente: Hermano Francisco , ermitaño

soyezpassant

***

 

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Piensa en Mí…

martes, 4 de marzo de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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» Piensa en mí.

Contémplame a menudo.

Entonces, inconscientemente,

 crecerás a mi imagen. «

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3 de marzo, Dios llama.

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«No a la idolatría del dinero». 2 de marzo de 2014. 8 Tiempo ordinario (A). Mateo 6, 24-34.

domingo, 2 de marzo de 2014
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26b5521bc215a50598dcadfca7fb04057a0f70427facbb0e6e8d9296141e3cbfEl Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo de ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la Humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

La lógica de Jesús es aplastante: “No podéis servir a Dios y al Dinero”. Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos, sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso, no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: “No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”.

Sin embargo, Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario, o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.

“No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad”.

Vivimos “en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”. Como consecuencia, “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”.

“La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esa vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

Como ha dicho él mismo: “este mensaje no es marxismo sino Evangelio puro”. Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el Papa: “Nos estamos volviendo incapaces de compadeernos de los clamores de los otrsos, ya no lloramos ante el drama de los demás»

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

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«No se agobien por el mañana». Domingo 2 de marzo de 2014. 8º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 2 de marzo de 2014
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mark-boyle-960x623Leído en Koinonia:

Is 49,14-15: Yo no te olvidaré
Salmo responsorial 61: Descansa sólo en Dios, alma mía
1Cor 4,1-5: El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón
Mt 6,24-34: No se agobien por el mañana

 Uno de los elementos que caracterizan al Dios cristiano es su infinita generosidad para con sus hijos, que se expresa plenamente en la vida y misión de Jesús de Nazaret, quien con sus actitudes y comportamiento hacen presente el Reino de Dios, es decir, el amor y la solidaridad incondicional de Dios que sale al encuentro del ser humano, con el fin de darle vida en abundancia. Éste es el tema central de hoy.

 El texto que leemos del profeta Isaías se enmarca en la época de la deportación en Babilonia, en donde la mayoría del pueblo de Israel pierde su confianza y esperanza en Yahvé a causa de la fuerte y violenta influencia religiosa, política y social de Babilonia y por la poca capacidad de espera y resistencia del mismo pueblo desterrado; Israel se siente abandonado y olvidado por Dios, siente que las promesas de liberación nunca se cumplirán, y se resigna y doblega por entero al dominio babilónico. La tarea del profeta es entonces animar la esperanza del pueblo resignado, por medio de la Palabra, haciéndole ver que Dios no le ha abandonado, que está ahí junto a él sufriendo y luchando por la liberación, que no lo ha olvidado y que lo ama entrañablemente como una madre ama a sus hijos. Con este texto, Isaías manifiesta la ternura de Dios, su preocupación de madre por el bienestar de sus hijos, distinta a la experiencia de sufrimiento en Babilonia. Dios actúa desde la ternura, desde la misericordia con quien sufre. Ésta es la manera como Yahvé anima y salva a su pueblo.

 Pablo, en esta sección de su primera carta a los corintios, responde a las críticas de quienes, después de tomar partido por un anunciador del evangelio en particular y por una manera concreta de proclamarlo, juzgan el modo de actuar del mismo Pablo, juicio que es apresurado, poco fundamentado e inmaduro. Pablo les recuerda que lo importante para él es que lo consideren servidor y administrador fiel de los misterios de Dios, pues los creyentes sólo pueden ser eso y nada más. Por lo tanto, el juicio sobre la forma de servir y administrar de las personas le corresponde únicamente a Dios. Lo importante es el servicio fiel al misterio y la correcta administración de los carismas dados por Dios a los apóstoles. Lo que verdaderamente juzga Dios es la capacidad de servicio y entrega de los anunciadores del Evangelio; lo que a Dios le importa es qué misericordiosos y justos somos con nuestros hermanos, pues en esto se distingue a un legítimo apóstol de Cristo.

 La exhortación que Mateo pone en boca de Jesús se dirige particularmente a la gente pobre que sigue al Maestro, a la gente que siempre está en riesgo, que está preocupada por el presente y el futuro, preocupada por su subsistencia y por su vida. Jesús los invita a ponerse en las manos de Dios, quien es tierno y compasivo para con todos, que mira por las necesidades de todas sus creaturas. Con la mente y el corazón puestos en la generosidad de Dios, lo realmente importante o prioritario entonces es buscar el Reino de Dios y su justicia. Ésa debe ser la preocupación fundamental del seguidor de Jesús. Es un llamado a ser como el mismo Dios es, justo, tierno, compasivo, solidario, amante de los pobres y débiles; por eso, es tarea de todos expresar al mundo, por medio del testimonio y la fraternidad, la ternura de nuestro Dios Padre-Madre de la Vida.

 La primera lectura pone ante nosotros uno de los poquísimos textos en que la Biblia compara a Dios con una madre. Es muy importante pues destacar esta peculiaridad. Porque aunque, a nivel teológico, la afirmación de que Dios es tanto Padre como Madre no tiene ninguna dificultad y es ya algo pacíficamente poseído en el cristianismo actual, no deja de haber sectores que se resisten, y manifiestan su rechazo a la utilización de atribuciones femeninas a Dios. Hay que insistir en que el tema no queda resuelto con la simple admisión de que Dios no tiene sexo; el problema es más profundo; porque aunque teóricamente nadie afirme que Dios «sea» masculino, lo cierto es que durante mucho tiempo la imagen que de él nos hemos hecho ha sido claramente masculina, y en la sociedad y en la Iglesia se ha deducido de ello, durante siglos, que sólo el varón podría representar funciones de mediación con lo sagrado, haciendo de la mujer una realización humana de segundo orden. Esto no es una «crítica feminista», sino una realidad penosa y lacerante que debemos reconocer y remediar. No deben los varones sentirse incómodos ante la reivindicación de las mujeres. Aunque la situación que se genera sea, a veces, un tanto incómoda, mucho más lo ha sido la situación de marginación a la que tantísimas mujeres se han visto sometidas históricamente. Las incomodidades que experimentemos son un pequeño tributo que debemos pagar para seguir avanzando hacia una sociedad y hacia una Iglesia igualitarias. No hace falta ser mujer para asumir como propia la Causa de la Mujer, tanto en la Sociedad como en la Iglesia. Todos debemos hacer nuestra esta Causa, conscientes de que nuestra pequeña aportación no dejará de ser significativa. (Para una breve recopilación histórica de posiciones antifeministas en la historia del judeocristianismo, véase DALY, Mary, El cristianismo y la mujer: una historia de contradicciones [http://servicioskoinonia.org/relat/426.htm]).

 El evangelio de Mateo que hoy leemos nos estaría presentando ese carácter materno de Dios a través de lo que tradicionalmente hemos llamado la divina Providencia, una dimensión del amor de Dios a la que la tradición espiritual popular le ha dado mucha relevancia en la vida diaria. Ha sido una forma de ejercicio de la fe que nos hacía descubrir la mano materna de Dios cuidando nuestros pasos, para evitarnos problemas, para atender siempre nuestras necesidades. No ha sido considerada nunca una verdad teológica fundamental, ha cumplido una función muy importante en el ejercicio de la vida espiritual, en cuanto confianza a ultranza en la bondad «providente» de un Padre celestial que cuida de sus criaturas. Hay congregaciones religiosas cuyo carisma está estructurado en torno al tema espiritual de la «Divina Providencia». El «ángel de la guarda» fue una pieza clave instrumental de tal Providencia.

 Antiguamente fue fácil la fe en la Providencia de Dios, la confianza en que él (causa primera) intervenía en las condiciones externas (causas segundas) para cuidarnos «maternalmente». Hoy día, después que la modernidad ha dejado claro que Dios no interviene ni puede intervenir en las leyes de la naturaleza para hacer que nos vaya bien, la fe en la Providencia debe reformularse radicalmente. No sólo no tenemos por qué creer en la intervención de Dios sobre las causas segundas, sino que podemos creer en forma adulta, como personas que se consideran enteramente responsables de su destino (a veces un simple ciego destino natural), sin consolarnos creyendo que Dios mismo está pendiente de nosotros trabajando para facilitarnos o para asegurarnos la vida. No. Hoy, este «deísmo intervencionista» resulta difícil de aceptar y de creer. Hoy sabemos que en este mundo moderno «estamos solos», sin un dios-tapaagujeros que nos proteja, bajo nuestra única responsabilidad, y en manos de un sin fin de imponderables que debemos asumir adultamente, con coraje y valentía. Es ese sentido de responsabilidad y nuestro coraje el que nos permite superar la angustia existencial y la inseguridad que siempre rodea y acecha nuestra vida, como vida de seres naturales, limitados, contingentes y sometidos a toda clase de amenazas. No obstante, bien sabemos que una cosa es decir que debemos asumir nuestra vida con total responsabilidad, y otra muy distinta es ser coherentes con esta soledad existencial en los momentos duros de nuestra vida. Es cierto. ahí probaremos la coherencia de nuestra inteligencia con nuestro coraje de creer de un modo adulto.

 Andrés Torres Queiruga ha abordado varias veces el tema de la Providencia. Muy recientemente lo ha hecho en la revista Iglesia Viva, en junio pasado, en su número 284 (pp. 28-48). Leer más…

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Dom 2.3.14 bis. Entre cuervos y lirios nos pone el Señor.

domingo, 2 de marzo de 2014
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6484880-un-hombre-examinando-las-plantas-en-un-invernadero-rodeado-por-interminables-filas-de-liriosEl evangelio de ayer oponía dos señores (Mt 6, 24 Dios y el dinero). Según Mateo, ese mismo evangelio continúa con la enseñanza de los cuervos (pájaros del cielo) y los lirios del campo, que son signo de la vida de Dios en un mundo complejo y lleno de enseñanzas 6, 25-34).

Pasamos así de la realidad más artificial (y al fin diabólica) del dinero/capital al orden duro y bueno de la naturalezas, representada por cuervos y lirios. Es un texto que parece sentimental, pura poesía separada de la vida, pero bien leído y entendido es poesía creadora. Sabiamente nos sitúa Jesús ante la vida, con su encanto, su dureza y su exigencia.

Éste es un tema clave del llamado Documento Q, que ha recogido algunas enseñanzas principales de Jesús sobre la vida y los bienes, el trabajo y la solidaridad, en línea de Reino de Dios. Mateo y Lucas lo han matizado y situado en contextos distintos, como podrá ver quien siga leyendo. Además han interpretado algunos símbolos, especialmente el de las aves: Lucas pone “cuervos” (tema que parece más propio de Jesús); Mateo, en cambio, alude a los pájaros del cielo (en una línea más franciscana).

imagesYo pondré de relieve ambos motivos, aunque insistiendo más en los “cuervos” de Lucas que en los pájaros del cielo de Mateo, para así destacar la paradoja de un mundo que el Señor de los Lirios y los Cuervos ha hecho con su providencia.

No os agobiéis, éste es el mensaje del texto: Dios se preocupa incluso de los “cuervos”, algo significan en la vida de los hombres… Todo está en el fondo al servicio del Reino de Dios. Difícil sería haber encontrado un pasaje más hondo y paradójico, más realista y animoso. Buen domingo a todos.

Texto:

No os agobiéis por la vida, qué comeréis, ni por el cuerpo, cómo os vestiréis. Pues la vida es más que la comida y el cuerpo más que el vestido.

‒ Mirad a los cuervos (Mt: pájaros del cielo): no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero; y sin embargo Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vo¬sotros que esas aves! ¿Quién de vosotros podrá alargar una hora al tiempo de su vida a fuerza de agobiarse? Si no podéis hacer lo que es más simple ¿cómo os preocupáis por otras cosas?

‒ Mirad a los lirios: cómo crecen. No hilan ni tejen y os digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba que hoy florece y mañana se quema ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe!

Y vosotros no preocupéis buscando qué comeréis o qué beberéis; por todas estas cosas se preocupan los gentiles, pero vuestro Padre sabe lo que necesitáis; buscad, pues, su reino y todo esto se os dará por añadidura (Lc 12, 22-31; cf. Mt 6, 25-32).

Jesús nos lleva al principio de la Biblia (Gen 1), para mostrarnos que este mundo es bueno y campo de riqueza para todos los seres humanos, que así pueden vestirse (como los lirios) y comer (como los cuervos). Dios ha creado y sigue sustentando amorosamente la vida de los hombres y mujeres, especialmente la de aquellos que parecen más amenazados, de manera que el mundo sigue siendo espacio de su amor, tesoro abierto para todos los vivientes.

La providencia de Dios

se manifiesta en los elementos inmediatos de la vida, para aquellos que sepan mirarlos. No hacen falta unos signos religiosos especiales, pues todas las cosas son señal de su presencia: los cuervos que buscan comida (¡carroña!) y los lirios que despliegan su hermosura, aunque sólo florezcan por un día. La hermosura de los lirios se marchita en unas horas (cf. Is 40, 8), los cuervos se alimentan de muerte… Sin embargo, unos y otros son signo de gracia. Éste es el fundamento de la vida y la riqueza humana.

‒ Dios se preocupa de todos, el mundo tiene un sentido y dentro del mundo la vida de los hombres; quien separa mirar a los cuervos y a los lirios sabe que la vida es objeto de un cuidado amoroso.

‒ Los hombres deben apoyarse en el amor de Dios: no están perdidos o arrojados, no están abandonados en las cosas, sino que Dios mismo les acoge en su preocupación y cuidado, de manera que así pueden confiar y buscar el reino (Lc 12, 28. 31).

La naturaleza, incluso allí donde es más frágil (lirios) y más ambigua (cuervos), aparece así como signo de Dios. Por eso, la primera actitud del hombre ante la vida (incluso ante la que parece más ambigua) ha de expresarse en forma de confianza, como dice el libro de la Sabiduría: «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa no las habrías creado» (cf. Sab 12, 16-18).

Cinco enseñanzas

1. Dos signos complementarios: pájaro y planta. El cuervo es la voracidad, el canto desagradable, el mal agüero, la falta de agradecimiento («cría cuervos y te sacarán los ojos», dice el refrán). El lirio es hermosura, pureza de intenciones, pero es también fragilidad, porque se consume en unos días. Pues bien, Jesús ha sabido vincular estos dos signos como expresión inquietante y gozosa de gracia. Entre cuervos y lirios vivimos, en fragilidad, en riesgo, pero en el fondo quien sepa ver sabe que existe providencia.

2. Leído en un nivel racionalista, este pasaje no resuelve nada. ¿Qué sentido tiene la belleza de un lirio, un hombre, que mañana morirá? ¿No sería mejor no haber nacido para terminar de esa manera? Y en el caso del cuervo: ¿Merece la pena vivir de carroña, alimentándose de muerte? Además, indirectamente, este pasaje sirve para destacar las dos preocupaciones que agobian a los hombres: la ansiedad por la comida (supervivencia) y la ambición por el vestido (apariencia), que convierten la existencia de muchos en angustia y guerra.

3. De la despreocupación a la tarea de la vida. En un primer momento, este pasaje nos lleva a superar el nivel de las preocupaciones. En ese plano más hondo, la vida no es tarea, sino gozo de vivir: Antes de hacer nada somos, y así hemos de vivir, como experiencia de Reino. Pero, en un segundo momento, ese ser ha de volverse ocupación, como veladamente dice el mismo Jesús. Los cuervos no siembran ni siegan y los lirios no hilan ni tejen, pero los hombres, en cambio, deben sembrar y segar, hilar y tejer si quieren comer y vestirse (cf. Gen 2).

3. Oposición, reconciliación. Eso significa que los hombres deben “trabajar”, pues han superado el nivel del contacto inmediato con la naturaleza (en el que se mueven, cada uno en su nivel el lirio y el cuervo), pero han de hacerlo sin el agobio que les vuelve esclavos de la producción y del consumo, impidiéndoles vivir desde la gracia. La angustia por la producción y posesión de bienes hace a los hombres enemigos, pues las cosas que producen y quieren atesorar son limitadas. En contra de eso, la búsqueda del Reino les vincula en amor, pues las cosas de Dios no se pierden al darse, sino que sólo se tienen y gozan cuando se comparten. De esa forma se distinguen el plano de la ley y el de la gracia.

5. Del cuidado por la vida a la experiencia de gratuidad. Lirio y cuervo viven inmersos en la naturaleza, no saben que viven. El hombre, en cambio, ha salido de la tierra madre, y sólo puede vivir si se preocupa por su pan y su vestido, pero sin dejar que esa preocupación le angustie o le lleve a un enfrentamiento de muerte con los otros. Jesús nos dice que el camino del hombre entre las cosas no le lleva a la muerte, sino a la fraternidad y al Reino, que ilumina su presente y llena de sentido su existencia. El Dios de Jesús no es un ídolo duro que nos entrega a la angustia y a la lucha sin remedio, sino un Padre que sabe lo que necesitamos y nos abre con un amor más grande y un cuidado superior hacia el futuro ya presente de su Reino.

Confianza en Dios, trabajo, comunión al servicio del Reino

Ciertamente, Jesús sabe que este mundo es espacio de riesgo y que, si no buscamos el Reino de Dios, podemos convertirlo en campo de batalla angustiosa de todos contra todos («Se levantará nación contra nación y reino contra reino»: Mc 13, 8). Pero, en sí mismo, como lugar donde se expresa el cuidado de Dios y puede buscarse su Reino, este mundo es bueno. No es lugar donde tenemos que morar como extranjeros, sino lugar y casa de Dios donde podemos amar y trabajar, en un gesto en el que pueden distinguirse estos niveles.

Ciertamente, los hombres deben trabajar para vivir: siembran y siegan (a diferencia de las aves), hilan y tejen (a diferencia de las flores); pero su trabajo no ha de ser esclavitud y agobio, sino como expresión y signo de una gracia más alta. La certeza de que hay Dios nos impulsa no sólo a contemplar el mundo, en gesto de gozosa admiración, sino que nos lleva también al compromiso de la búsqueda del Reino, que se expresa sobre todo en el amor hacia los otros.

La confianza en la naturaleza, creada por Dios, está en el fondo del mensaje de Jesús y es componente radical de su evangelio, en contra de todas las posibles tentaciones de evasión, misticismo o gnosis negadora de la vida. Por eso debemos trabajar para vivir sobre la tierra, pero el trabajo ha de encontrarse abierto al Reino. La inmersión en la naturaleza no basta. El equilibrio del mundo resulta insuficiente, como suponen y añaden de formas complementarias los dos evangelistas, expandiendo el mensaje de Jesús.

Contexto evangélico

‒ Lucas 12, 22-31 pone de relieve la experiencia de la confianza radical: «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino» (12, 32). Pero luego, de manera paradójica, traduce esa confianza como entrega a favor de los demás: Aquellos que confían en el Reino se liberan del agobio inmediato por los bienes (12, 30-31), pero no para vivir desentendidos, sino para darlos en limosna, como don para los otros (12, 33-34).

La presencia del Reino, simbolizada en los lirios del campo, aparece así como principio de trasformación económica, de manera que las mismas posesiones (que podían ser signo de egoísmo) vienen a mostrarse como principio real de gratuidad entre los hombres.

‒ Mateo 6, 25-32 sitúa este pasaje en un contexto marcado por el riesgo de la idolatría económica y por la exigencia de superación de una vida hecha de oposiciones. Ciertamente, incluye un dicho de sabiduría popular («No os preocupéis por el mañana, pues el mañana traerá su propia preocupación…»; 6, 34), pero lo define a través de la sentencia anterior (no podéis servir a Dios y a la mamona: 6, 24) y de la siguiente (no juzguéis y no seréis juzgados: 7, 1. De esa forma, los lirios y los cuervos vienen a mostrarse como signo de un compromiso de vida a favor de los demás.

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Evangelio para tiempo de crisis: del agobio a la confianza. Domingo 8 TO. Ciclo A.

domingo, 2 de marzo de 2014
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confiarDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de exponer la diferencia entre la actitud cristiana y la actitud legalista de los escribas (los dos domingos anteriores), el Sermón del Monte pasa a indicar la diferencia entre el cristiano y el fariseo con respecto a las obras de piedad (oración, limosna y ayuno). La liturgia ha omitido esta parte. Y también omite el comienzo de la tercera sección del discurso, donde se trata la diferencia entre el cristiano y el pagano con respecto a los bienes materiales.

La doble experiencia de que Jesús fue traicionado por dinero (Mt 26,14-16) y de que «la seducción de la riqueza ahoga la palabra de Dios y queda sin fruto» (Mt 13,22) hace que el primer evangelio trate con gran energía el tema de los bienes materiales, aunque sus expresiones resultan a veces demasiado concisas e incluso oscuras.
Siguiendo el hilo del discurso encontramos los siguientes temas: una exhortación inicial a poner el corazón en Dios, no en el dinero (Mt 6,19-21); una segunda exhortación a la generosidad (6,22-23); imposibilidad de compaginar el culto a Dios con el culto al dinero (6,24); exhortación a no agobiarse y a tener fe en la providencia (6,25-34).

La liturgia de este domingo se limita a los dos temas finales.

La gran alternativa

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
‒ Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

«No tendrás otros dioses frente a mí», ordena el primer mandamiento. «No podéis servir a Yahvé y a Baal», dice el profeta Elías a los israelitas en el monte Carmelo. La formulación tan parecida del evangelio demuestra que las palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Los profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.

Naturalmente, ninguno de nosotros va a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según la Biblia, al dinero se le da culto de tres formas:

1) Mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato). El dinero se convierte en el bien absoluto, un dios por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo.

2) Mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no daña directamente al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de él (recordar la parábola del rico y Lázaro: Lc 16,19-31).

3) Mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hace perder la fe en la Providencia. A este tema, fundamental para la mayoría de los cristianos, dedica san Mateo el apartado más extenso de esta sección del discurso.

Del agobio a la fe en la Providencia

Por eso os digo:

No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?

No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.

Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Seis veces aparece en este breve párrafo el verbo «agobiarse». No habla Jesús de cualquier tipo de agobio, sino del provocado por las necesidades materiales de la comida y el vestido. En ambos casos hace referencia a imágenes cotidianas (Dios alimenta a los pájaros y viste espléndidamente a los lirios) para infundir fe en la Providencia. Pero en medio y al final incluye unas reflexiones más bien irónicas: «por más que te agobies no vas a vivir un año más», y «no te agobies, que ya se encargará la vida de agobiarte».

Algunos consideran este pasaje es el más utópico y alienante del evangelio, contrario a toda experiencia y al sentido común. Pero hay que ponerse en el punto de vista de Jesús, que se mueve en dos coordenadas muy distintas a las nuestras: una profunda fe en Dios y un despego absoluto con respecto a los bienes de este mundo. Al ponernos como modelos a los pájaros y a los lirios nos está hablando de seres que simplemente subsisten, no acumulan casas, fincas, joyas, tesoros. Para Jesús, basta con subsistir, con tener «el pan nuestro de cada día». Y está convencido de que Dios lo dará. (Los pobres, o las personas que han pasado en algunos momentos de su vida grandes necesida­des, entienden esto mucho mejor que los que se limitan a discutir el problema).

Por otra parte, este texto sobre la Providencia se puede entender muy bien aplicando la teoría marxista de los objetivos a corto y largo plazo. Según el marxismo, el objetivo importante es a largo plazo (la dictadura del proletariado); los objetivos a corto plazo (reivindicaciones salariales, aumento del nivel de vida, etc.) pueden convertirse en una trampa para la clase obrera, que terminaría aburguesada y le haría renunciar al objetivo primordial.

Jesús, con una perspectiva humana y religiosa, adopta la misma postura. Lo importante es «el reino de Dios y su justicia», esa sociedad perfecta que debemos anticipar los cristianos en la medida de lo posible. Dentro de ella no tienen cabida las desigualdades hirientes ni la injusticia, el que hermanos nuestros mueran de hambre o pasen terribles necesidades mientras a otros nos sobran cantidad de bienes. Pero, si nos preocupamos sólo de la comida y del vestido, de las necesidades primarias, renunciaremos a buscar el Reinado de Dios. En cambio, si nos esforzamos ante todo por el Reinado de Dios, «todo eso (la comida, el vestido) se os dará por añadidura».

Para evitar una concepción alienante de la Providencia es útil recordar cómo la entendió la Iglesia primiti­va:

1) En primer lugar, no excluye el trabajo. A los cristianos de Tesalónica les dice Pablo claramente: «El que no trabaja, que no coma» (2 Tes 3,10).

2) Cuando alguien pasa necesidad, los demás no piden a Dios que le ayuden; lo ayudan ellos. Es lo que hicieron los cristianos de Grecia con los de Jerusalén (2 Cor 8-9).

La Providencia de los demás somos nosotros. Lo malo es cuando nuestro egoísmo impide a muchas personas creer en la Providencia. En ese caso deberíamos aplicarnos las palabras de san Pablo: «Por vuestra culpa blasfeman de Dios».

En resumen, todo el mensaje de Jesús se sintetiza en dos princi­pios básicos: a) el valor relativo de los bienes terrenos en comparación con el valor supremo de Dios y de su reinado; b) el valor absoluto de la persona necesitada, que exige de nosotros una postura de generosidad.

La preocupación maternal de Dios

Sión decía:

«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.»

¿Es que puede una madre olvidarse, de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

El evangelio, para inculcar la fe en la Providencia habla de Dios como un padre que se preocupa de sus criaturas. La brevísima primera lectura usa una imagen más expresiva aún: Dios como madre, incapaz de olvidarse del hijo de sus entrañas.

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La llamada a los vivientes.

viernes, 28 de febrero de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

lappel-aux-vivants

La experiencia fundamental y la revelación en nosotros de lo divino, es el acto creativo.

Abrir esta brecha de trascendencia en nosotros exige que nos coloquemos en este lugar único en el que brota y donde el acto de fe, la creación poética y la acción revolucionaria no son más que uno.

El gran arte nos ofrece el modelo más evidente de esta trascendencia. Llamo gran arte (refiriéndome, en lo esencial, a las artes no occidentales o al arte occidental antes del Renacimiento) a lo contrario del arte individualista que busca la singularidad cueste lo que cueste, debido tanto a que tiene como objetivo la integración en el mercado y la competencia, y porque es sólo reflejo de un mundo destrozado en migajas y sin esperanza.

El gran arte no es reflejo sino proyecto, exploración y experimentación de mundos posibles. Más allá de su creador, la obra suscita no espectadores o consumidores pasivos, sino celebrantes de esta vida que está naciendo, co-creadores de la creación. Ni siquiera de la creación artística, sino de la creación simplemente

Esta imaginación tiene valor profético y subversivo, porque hace entrever posibilidades cuyas condiciones no están contenidas en lo que ya existe. Nos sugiere que el mundo no es una realidad ya hecha, sino una obra que hay que crear.

Desde esta perspectiva, la educación consiste no en preparar al niño para adaptarse a la orden existente o a sus exigencias técnicas o políticas, para cebarlo de saberes y de respetos, sino en mostrarle los caminos para acceder a la trascendencia, es decir a la invención del futuro. A hacer emerger la trascendencia más allá de todos los acondicionamientos.

La verdadera educación no es dogmática sino profética. Es subversiva porque enseña a vivir de manera creativa, incluso en medio del caos, a no basar nuestra esperanza en las derivas de la naturaleza o de la historia, sino a tomar conciencia de que es posible vivir de otro modo.

Las consecuencias prácticas y concretas, de esta afirmación intransigente de la trascendencia son esencialmente revolucionarias.

Las únicas revoluciones posibles son las revoluciones que no ignoran esta dimensión transcendente del hombre, que no hacen caso omiso de lo divino, las que se fundan sobre esta certeza de la fe: el fondo último de la realidad es un acto de esta libertad creadora que llamamos Dios.
Ser revolucionario, es ser un creador de esta realidad, es participar en la vida divina.

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Roger Garaudy, en La llamada a los vivientes

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