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El soplo…

jueves, 27 de febrero de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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A la vez soplo vivificante y puesta en retirada, inspirar y expirar, la espiritualidad toca el misterio de toda existencia. Comienza posiblemente con una doble intuición: la intuición de que somos perfectibles, y la de la que carecemos: el acceso a una «Realidad» absolutamente otra, más allá de la inteligencia, más allá de las distinciones de la razón razonante. «Dios es el Lugar del mundo, pero el mundo no es su lugar « (adagio talmúdico). La búsqueda interior, en términos de «sed» (de Dios) – expresión recurrente en los místicos, comenzando por David – es un deseo ardiente por hacer la voluntad divina. Lo que el orante llama mejorar todavía y todavía, para llegar un día a amar a Dios «con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tus fuerzas». Esto puede ir hasta una supresión del yo, para escuchar por fin de Dios no lo que queremos escuchar, sino un murmullo que viene más allá de nosotros mismos (as) – tal, como posiblemente lo percibió el profeta Elías, en la cueva del monte Horeb. (1Reyes 19,12).

Dios no tiene rostro. Sin embargo el ser humano se hace – si no imágenes, lo que el judaísmo proscribe – por lo menos una idea. Pero lo divino no se deja restringir ni velar por ninguna representación que nos hagamos. El hombre de espiritualidad puede «ver» únicamente que Dios es a la vez la meta hacia la cual tiende con todo su fervor y el origen de su nostalgia: ¿No somos exiliados del Lugar que jamás habríamos debido dejar – y cuyo jardín del Edén es una metáfora?!

Paradójicamente, si tantos místicos – comenzando por los profetas – tienen visiones, es posiblemente porque supieron renunciar tanto a las imágenes creadas como a las imágenes mentales por otros tipos de representaciones: aquellas que Dios mismo coloca, en el corazón purificado por un trabajo sobre sí que está en el orden de la ascesis. Existe en el judaísmo, desde Abraham Aboulafia (siglo XIII), ejercicios espirituales, entre los que uno en particular merece nuestra atención: La hazkara. Por la enunciación repetitiva e intencional del Nombre de Dios, Aboulafia piensa que el hombre puede estar en condición de recibir la efusion divina. Entonces este kabbalista escogió un ejercicio que viene del Islam: La espiritualidad sufí enseña que el corazón del hombre está rodeado de una ganga dura, sobre la que la invocación del Nombre obra como un martillo: la invocación repetida, a ejemplo de los golpes repetidos sobre un caparazón, golpea hasta hacerlo estallar, para que broten las chispas espirituales. La invocación va en cierto modo a pulir el corazón y a hacerlo semejante a un espejo sobre el cual puede reflejarse la luz divina. Lo que no está tan alejado de lo que meditamos en la oración de la mañana: «Porque es en Tu luz que veremos la luz «.

( La proximidad de estas dos prácticas – hazkara en la tradición judía, dhikr en la tradición mística musulmana – es un ejemplo del interés de un diálogo entre judaísmo e Islam.)

El hombre ha sido creado sin duda «deseando a Dios», y el deseo amoroso es una expresión constante del amor místico cantado en el Cántar de los Cantares. Por eso, el cara a cara con Dios generalmente no es, para el Judaísmo, el deseo de fusionarse con lo divino, presumiblemente porque el hombre debe siempre tener presente en su conciencia la humanidad de otro. El Uno está contenido en cada rostro de hombre o de mujer tanto como en cada una de las vías espirituales de la humanidad. Es decir, los hombres y las mujeres en busca de interioridad son capaces de alteridad. «Si no encuentro al otro como el Otro, me tomo por el otro… y ahí el germen la violencia.»

*
Gran rabino M.R. GUEDJ

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Mi amor sufí.

miércoles, 26 de febrero de 2014
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soufi-mon-amourDel blog À Corps… À Coeur:

Tomada de la excelente novela «Mi amor Sufí» de Elif Shafak, he aquí la lista de las cuarenta reglas de Shams de Tabriz, Sufí giróvago errante y Maestro espiritual del Gran Jalal ad Din Rumî cuya educación espiritual se encargó. Educación basada en un conjunto de 40 reglas de la religión y del amor, 40 reglas que se se han convertido en las reglas básicas del sufismo.

1- «La forma en que percibimos a Dios, es un reflejo de la forma en que nos percibimos a nosotros mismos. Si la palabra «Dios» nos trae a la mente sentimientos de miedo y culpa, ello significa que hay demasiado miedo y culpa muy dentro de nosotros. Por el contrario, si percibimos a Dios como un ser lleno de amor y compasión, así también, somos nosotros.

2- La vía de la verdad es un trabajo del corazón, no de la cabeza. ¡ Haz de tu corazón tu principal guía! No tu espíritu. Enfréntate, desafía y sobrepasa tus reglas con tu corazón Conocer tu yo te conducirá al conocimiento de Dios.

3- Cada lector comprende el Santo Corán a un nivel diferente, paralelo a la profundidad de su comprensión. Hay cuatro niveles de discernimiento. El primero es el significado aparente, y es aquel con el que la mayoría de la gente se contenta. Luego, es el batin el nivel interior. El tercer nivel es el interior del interior. El cuarto es tan profundo que no podemos ponerlo en palabras. Es pues condenado a quedar indescriptible.

soufimonamur4- Se puede conocer a Dios a través de todo y de todos en el universo, porque Dios no está confinado en una mezquita, sinagoga o iglesia. Pero si aún así necesitas saber en donde exactamente se encuentra, hay un solo lugar para buscarlo: en el corazón de los que aman de verdad.»

5- El intelecto y el amor están hechos de materiales distintos; el intelecto ata a la gente con nudos y no arriesga nada; en cambio, el amor disuelve todos los conflictos y arriesga todo. El intelecto es siempre precavido y aconseja: Hey, cuidado, no te involucres mucho, en tanto que el amor te dice: no lo pienses, arriésgate. El intelecto no se parte en pedacitos fácilmente, mientras que el amor se reduce a polvo. Sin embargo, muchos tesoros se esconden entre las ruinas; un corazón destrozado esconde muchos tesoros».

6- La mayoría de los problemas en el mundo, tienen su raíz en malentendidos lingüísticos. Nunca hay que tomar las palabras literalmente. Cuando se entra en la zona del amor el lenguaje, como lo conocemos, se vuelve obsoleto. Lo que no puede ser expresado en palabras, solo puede ser comprendido en el silencio.

7- No es lo mismo «sentirse solo», a «estar en soledad». Cuando uno está solo es fácil saber que se está en el buen camino. Estar en soledad es mejor, ya que ello implica que estamos solos sin sentirnos solos. Sin embargo, en algún momento es mejor aún encontrar a una persona, ésa persona que será tu espejo. Recuerda, solo en el corazón de otra persona, puedes verte verdaderamente a ti mismo y sentir la presencia de Dios dentro de ti.

1370504903_18- Ante cualquier cosa que suceda en tu vida, sin importar qué complicada pudiera parecer, no caigas en el reino de la desesperación. Aún cuando todas las puertas estén cerradas, Dios abrirá una solo para ti. Sé agradecido; es fácil ser agradecido cuando las cosas van bien. Un verdadero Sufí es agradecido no solo por lo que le es concedido, sino también por lo que le es negado.

9- La paciencia, no es aguantar pasivamente. Es ver lo bastante lejos como para tener confianza en el resultado de un proceso. La impaciencia significa una vista corta, que no permite contemplar la salida. Los que aman a Dios jamás agotan su paciencia, porque saben que hace falta tiempo para que la media luna llegue a ser una luna llena.

10 – Este, Oeste, Sur, o Norte, no hay diferencia. Poco importa tu destino asegúrate de hacer de cada viaje un viaje interior. Si viajas interiormente, recorrerás el mundo entero y más allá.

11 – Las comadronas saben que cuando no hay dolor, la vía no puede ser abierta para el bebé y la madre no puede dar a luz. Lo mismo para que un nuevo Sí nazca, las dificultades son necesarias. Así como la arcilla debe sufrir un calor intenso para endurecerse, el amor puede ser perfeccionado sólo en el dolor.

12 – La búsqueda del Amor nos cambia. Todos los que han partido a la búsqueda del Amor han madurado en el camino. Desde el momento en que comienzas a buscar el Amor, comienzas a cambiar interior y exteriormente.

13 – Hay más gurus falsos y falsos maestros en este mundo que estrellas en el universo. No confundas a las personas animadas por un deseo de poder y egocentristas con los verdaderos mentores. Un maestro espiritual auténtico no llamará la atención sobre él o ella, y no esperará de ti obediencia absoluta ni admiración incondicional, sino que te ayudará a apreciar y a admirar tu yo interior. Los verdaderos mentores son tan transparentes como el vidrio. Dejan atravesarlos la Luz de Dios.

14 – No intentes resistir a los cambios que se te imponen. Al contrario, déjà a la vida continuar en ti. Y no te inquietes porque tu vida esté en desorden. ¿Cómo sabes que el sentido al que estás acostumbrado es mejor que el que viene?

15 – Dios se ocupa de terminar tu trabajo, interior y exteriormente. Está totalmente absorbido por ti. Cada ser humano es una obraen desarrollo que, lenta pero inexorablemente, progresa hacia la perfección. Cada uno de nosotros es una obra de arte incompleta que se esfuerza en acabarse. Leer más…

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Paso a paso.

martes, 25 de febrero de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«El camino está abierto.

No pidas ver lejos delante de tí.

Conténtate con un paso cada  vez Conmigo.»

*

21 de febrero, Dios llama.

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Cada hombre es un sol.

lunes, 24 de febrero de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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Mi posición es muy simple. Parto del principio de que cada hombre es un sol. Evidentemente, existen diferentes formas  de sol … Hay algunos en los que se ha encogido … Pero queda siempre una luz, siempre, cualquiera que sea el hombre … El  peor teniente de alcalde, el peor, damos por sentado que tiene a pesar de todo algo allí, una pequeña luz … Por lo tanto, lo importante, es encontrar el diálogo, crear el puente de las palabras para entrar en contacto con él … Todas las experiencias, las comienzo diciendo: «En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios. ¿ Quiere ser Dios conmigo durante un año? « Un periodista me preguntó un día: «¿Se tiene por Dios?» Sin embargo: «En el principio era el Verbo «: es muy claro. ¿ Quieres ser el Verbo? Esto significa: ¿ Quieres tomar conciencia de que eres una creación, una luz? ¿ Y de que  eres capaz? Esto es todo. Es la única cosa que pido …  Quieres ser Dios conmigo, sobre todo porque es dicho por un anarquista, hay mucha gente que esto le parece divertido. Pues, hay esta especie de encuentro con el Verbo  del que es desposeído.

¿Cómo?

En primer lugar hay que darle un sentido. Explicar, volver a explicar, y sobre todo, en un momento dado, tratar de poner en práctica esta palabra que no es siempre evidente al principio. Como resultado de la actuación, simplemente no hay nada escrito. Todavía existe el ser humano que está ahí, y no hay escapatoria. Hubo que buscar una escritura de los cuerpos. Hay muy poco. Algunos lenguajes que hay allí son degenerados la mayoría de las veces … Hicimos investigaciones y finalmente caímos, y se cae siempre allí, en China. Esto es muy importante en China. La base, es el verdadero Kung Fu. Hay una idea del combate entre la serpiente y el ave. La serpiente no tiene dientes para morder, ni patas para correr, ni alas para volar, ni pico para picar …Está allí, trata de pelearse y finalmente cansa al ave que se va. Es un combate que se gana por un no combate. Pues es ése el que se ha tomado como base de cultura.

Armand Gatti,

Extracto de una entrevista realizada por Chloé Hunzinger

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La Ley del Corazón.

domingo, 23 de febrero de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor enséñame la ley,
la ley del corazón,
la que respeta al otro.
Una ley de amor que despierta
y no una ley que vigila.
Concédememe el ver el sufrimiento de mi hermano
sin negarme a mirarlo.
Concédeme el escuchar la llamada de mi hermano
sin negarme a responder.
Concédeme el tomar la mano de mi hermano
sin negarme a apretarla.
Señor enséñame tu ley.
Tu ley del corazón.
Tu ley de amor.

Perdón Señor por las faltas a tu ley.
Y sobre todo por la ley aplicada al pie de la letra.
Perdón por todas las leyes
que han puesto al hombre de rodillas,
las que lo han humillado,
las que le arrancaron a su padre, a su madre,
a su mujer y a sus niños.

Perdón por todas estas leyes inicuas,
por estas caricaturas de la ley
que todavía hoy dictan la ley.
Las que permiten castigar injustamente
a causa del color de la piel,
a causa de la extrañeza del nombre.
A causa de su orientación sexual.

Perdón por todas estas leyes infames
que todavía hoy
por toda la tierra,
en todas las naciones,
civilizadas o no,
crucifican al hombre.

Concédeme, Señor,
el vivir alrededor de mí
una ley que en tu nombre
libere al hombre,
una ley que ponga en pie al hombre.

*
Según Robert Riber

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«De la venganza al amor». Domingo 7 Tiempo Ordinario. Ciclo A.

domingo, 23 de febrero de 2014
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que-es-perdonar-L-CpfDiRDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado vimos dos recursos de Jesús para combatir el legalismo de los escribas: llevar la ley a sus últimas consecuencias (asesinato, adulterio) y anular la ley en vigor (divorcio, juramento). El evangelio de este domingo termina de tratar el tema añadiendo un nuevo recurso: cambiar la norma por otra nueva. Lo hace hablando de la venganza y de la relación con el prójimo.

Generosidad frente a venganza

Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

El quinto caso toma como punto de partida la Ley del Talión («ojo por ojo, diente por diente»). Esta ley no es tan cruel como a veces se piensa. Intenta poner freno a la crueldad de Lamec, que anuncia: «Por un cardenal mataré a un hombre, a un joven por una cicatriz» (Génesis 4,23). Frente a la idea de la venganza incontrolada (muerte por cicatriz) la ley del Talión pretende que la venganza no vaya más allá de la ofensa (ojo por ojo). De todos modos, sigue dominando la idea de que es lícito vengarse.

En Las Coéforas de Esquilo se advierte el valor universal de esta idea. Después del asesinato de su padre, Electra pregunta al Coro qué debe pedir, y éste le responde:

− Que un dios o un mortal venga sobre ellos…
− ¿Cómo juez o como vengador?
− Di simplemente, “alguien que devuelva muerte por muerte”.
− Pero, ¿crees tú que los dioses encontrarán santo y justo mi ruego?
− ¿Acaso no es santo y justo devolver a un enemigo mal por mal?

Jesús no acepta esta actitud en sus discípulos. No sólo no deben enfrentarse al que lo ofende, sino que deben adoptar siempre una postura de entrega y generosidad. Para expresarlo, recu­rre a cinco casos concretos. ¿Cómo debes comportarte con quien te abofetea, te pone pleito para quitarte la túnica, te fuerza a caminar una milla (quizá se refiera a los soldados romanos, que podían obligar a los judíos a llevarles su impedimenta esa distancia), te pide, o te pide prestado? Basta hacerse cada una de estas preguntas, pensando cómo responderíamos nosotros, para advertir la enorme diferencia con las respuestas de Jesús.

De todos modos, lo que dice no debemos interpretarlo al pie de letra, porque terminaría amargándonos la existencia. El mismo Jesús, cuando lo abofetearon, no puso la otra mejilla; preguntó por qué lo hacían. Lo importante es analizar nuestra actitud global ante el prójimo, si nos movemos en un espíritu de venganza, de rencor, de regatear al máximo nuestra ayuda, o si actuamos con generosidad y entrega.

Amor al enemigo

Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

El último caso parte de una ley escrita («amarás a tu prójimo»: Levítico 19,18) y de una norma no escrita, pero muy practicada («odiarás a tu enemigo»).

Es ciertos que el libro del Éxodo contiene dos leyes que hablan de portarse bien con el enemigo: «Cuando encuentres extraviados el toro o el asno de tu enemigo, se los llevarás a su dueño. Cuando veas al asno de tu adversario caído bajo la carga, no pases de largo; préstale ayuda» (Ex 23,4-5). Pero es curioso cómo se cambia esta ley en una etapa posterior: «Si ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te desentiendas: se los devolverás a tu hermano. Si ves el asno o el buey de tu hermano caídos en el camino, no te desentiendas, ayúdalos a levantarse» (Dt 22,1.4). La obligación no es ahora con el enemigo y el adversario, sino con el hermano (en sentido amplio). Alguno dirá que, para el Deuteronomio no hay enemigos, todos son hermanos. Pero es una interpretación demasiado benévola.

El evangelio es muy realista: los seguidores de Jesús tienen enemigos. Sus palabras hacen pensar en las persecuciones que sufrían las primeras comunidades cristianas, odiadas y calumniadas por haberse separado del pueblo de Israel; y en la que sufren tantas comunidades actuales en África y Asia. Frente a la rabia y el odio que se puede experimentar en esas ocasiones, Jesús exhorta a no guardar rencor; más aún, a perdonar y rezar por los perseguidores.

Lo que pide es tan duro que debe justificarlo. Lo hace contraponiendo dos ejemplos: el de Dios Padre, el ser más querido para un israelita, y el de los recaudadores de impuestos y paganos, dos de los grupos más odiados. ¿A quién de ellos deseamos parecernos? ¿Al Padre que concede sus bienes (el sol y la lluvia) a todos los seres humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos, de que se porten bien o mal con él? ¿O preferimos parecernos a quienes sólo aman a los que los aman?

No se trata de elegir lo que uno prefiera. El cristiano está obligado a «ser bueno del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo».

Primera lectura (Levítico 19, 1-2.17-18)

El Señor habló a Moisés:

Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. «

La idea de imitar al Dios bueno y santo portándonos bien con el prójimo es el tema de la primera lectura. La formulación es muy interesante, alternando prohibiciones y mandatos. Prohíbe odiar, manda reprender, prohíbe vengarse, manda amar. De ese modo, prohibiciones y mandatos se complementan y comentan. No odiar de corazón significa, en la práctica, no vengarse ni guardar rencor. Reprender es una forma de amar; de hecho, lo más cómodo y fácil ante los fallos ajenos es callarse y criticarlos por la espalda; para reprender cristianamente hace falta mucho amor y mucha humildad.

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«Extraños familiares «, por Gema Juan OCD.

jueves, 20 de febrero de 2014
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12052519854_e393a1a6e1_zDe su blog Juntos Andemos:

«Para los cristianos –decía Edith Stein– no existen los “extraños”. Nuestro “Prójimo” es todo aquel que en cada momento está delante de nosotros y nos necesita». Y añadía que no hay excepciones, ni por ausencia de lazos, ni por gustos, ni por dignidades. Porque «el amor de Cristo no conoce fronteras, no se acaba nunca y no se echa atrás frente a la fealdad y suciedad».

Bajo sus palabras se encuentra el único mandamiento de Cristo: amar a Dios con todo el ser y al prójimo como a uno mismo.

Wessely, un antiguo poeta hebreo, traducía el mandamiento del amor al prójimo diciendo: «Ama a tu prójimo, él es como tú». Es decir, los seres humanos, en cuanto seres humanos, son iguales entre sí, y ahí radica la posibilidad de la obligación de amar al prójimo. —Así lo recoge Hermann Cohen, hablando de este mandamiento*.

A día de hoy, en este mundo tan desajustadamente globalizado y desde una sociedad –similar en esto a la de Edith–en la que el acceso a la miseria se ha convertido en una especie de puerta giratoria, es importante reconsiderar que no existen los extraños. Que no hay motivo para dejar a nadie fuera, para echarle del suelo compartido. Que hay sitio para todos.

Sin necesidad de contraponer cristianismo y mundo increyente, como hacía el escritor H. Böll, puede ser bueno recordar sus ideas, refiriéndose al mundo que pueden crear los cristianos: un mundo en el que hay lugar para quienes no tienen lugar, los mutilados, los enfermos, los ancianos y los débiles. Y en el que hay algo más que lugar: hay amor para aquellos que resultan inútiles. Un mundo donde nadie es extraño.

Comprender que el prójimo «es como tú» –otro como yo– lleva la intuición de que en el descubrimiento del prójimo, la humanidad se va haciendo consciente de sí misma. Porque, como también decía Edith, el ser humano aislado no es; pertenece a su estructura profunda el ser en un mundo común, en una vida compartida.

Desde aquí se entienden mejor sus palabras: «El individuo… tiene que llegar a hacerse. Este hacerse dura plenamente toda su existencia… individuo y comunidad no son algo acabado, están siempre haciéndose, en vía de desarrollo».

Parece claro que, para «llegar a hacerse» persona, es de capital importancia el reconocimiento del otro. De todo otro. Y la resistencia a aceptar al diferente o inesperado no hace otra cosa que ralentizar el proceso de desarrollo de las personas y las sociedades.

Decidir que no hay extraños, tomar en serio el significado de que el prójimo es un igual y no un intruso, abre a una universalidad real y ensancha los límites naturales de la acogida. Reconocer que los otros forman parte de uno mismo, los convierte en familiares, no porque se produzca una intimidad imposible, sino porque se les acepta como lo que son: parte del propio ser.

Son ideas radicales, como la medida que propone Edith: «Si Dios es Amor y vive en cada uno de nosotros, no puede ser de otra manera, sino que nos amemos los hermanos. Por eso precisamente es nuestro prójimo la medida de nuestro amor a Dios». Pero, más radical es la propuesta de Dios que se hace carne, de tal modo que para Él nadie es ajeno y nadie queda fuera de su ámbito.

La radicalidad amorosa de Dios hace posible «medirse» de esta manera. Por ello, sin ingenuidad y contando con las herramientas que presta el conocimiento social, Edith propone una «toma de posición» que puede influir realmente en la marcha de la vida del mundo y en la forma que adoptan las sociedades, marcadas por las continuas elecciones de los individuos.

El egoísmo personal o institucional tiende a dejar fuera a muchos, a impedir entrar a otros y a anular a no pocos. Pero hay alternativa, se puede elegir ir creando un mundo sin extraños y arriesgarse a creer que el prójimo «es como tú», determinarse a no poner barreras en ningún contexto.

Edith dirá: «El amor hace del que ama una fuerza estimulante que alimenta su fuerza más de lo que se desgasta amando, y el odio consume todavía más la fuerza del que odia. El amor es la toma de posición que con mayor fuerza nutre a la vida comunitaria».

Una posición que se puede tomar con fe y sin ella. Porque la fe cristiana confiesa que Dios es justo y bueno, pero también que «todo el que practica la justicia ha nacido de Él». Sin más etiquetas.

Es posible vivir reconociendo al prójimo como ese extraño familiar, y tomar la posición del amor, de modo que la comunidad humana, a través de gestos, acciones, grupos, leyes… haga todo lo necesario para que nadie quede fuera. Y todo ello es buscar a Dios, seguir a Jesús y vivir en el Espíritu. Es comprender que, por lo general, el Dios que llega, «el esposo esperado es el prójimo inesperado»*.

* Hermann Cohen, El prójimo. Ed. Anthropos, 12; XVII

 

Imagen de Los Diversículos del Hermano Cortés (José Luis).

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Presencia interior.

miércoles, 19 de febrero de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Vivir, en el fondo,

es ser consciente

de mi Presencia interior. «

*

12 de Febrero, Dios llama.

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El último mensaje de Dios.

martes, 18 de febrero de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

message

Cristo no tiene manos

tiene solo nuestras manos

para realizar hoy su trabajo.

Cristo no tiene pies

tiene solo nuestros pies

para guiar a los hombres en sus caminos.

Cristo no tiene labios

tiene solo nuestros labios

para hablar de Él a los hombres de hoy.

Cristo no tiene medios

tiene solo nuestra ayuda

para conducir a los hombres hacia Él.

Somos la única Biblia

que los hombres leen hoy

somos el último mensaje de Dios

escrito en obras y palabras.

*

Anónimo del siglo XV

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Camino en la esperanza.

domingo, 16 de febrero de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Mañana no será como ayer.
Pero contigo Señor,
miro hacia adelante con confianza.
Sé que el mundo que conozco
va a tener que cambiar.
Acabar el despilfarro, la contaminación, la explotación
significa menos opulencia
y menos exotismo.
Sé también que cambiar de vida,
cambiar de corazón,
es ir hacia más felicidad.

Tú me invitas a no ver el cambio
como una renuncia,
sino como una llamada a más vida,
una llamada a inventar un nuevo mundo,
un mundo compartido,
lejos de la esclavitud del haber y del poder.
Vuelto hacia el otro y la belleza del mundo.
Vuelto hacia Ti.
Señor, contigo,
camino en la Esperanza.

*

Élise Bancon revue Prier 11/2011

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«No a la guerra entre nosotros». 16 de febrero de 2014. 6 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 17-37.

domingo, 16 de febrero de 2014
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ninos-judio-y-palestinoLos judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una
vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.

Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la llamada de Jesús a construir una vida más humana. Pásalo.

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«Se dijo a los antiguos, pero yo les digo». Domingo 16 de febrero de 2014. 6º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 16 de febrero de 2014
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lectio divinaLeído en Koinonia:

Eclo 15,16-20: No mandó pecar al hombre
Salmo responsorial 118: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
1Cor 2,6-10: Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria
Mt 5,17-37: Se dijo a los antiguos, pero yo les digo

Las lecturas de este domingo tienen como fin hacernos ver cómo Dios actúa en medio de la humanidad, nos permiten comprender la lógica de Dios, nos revelan la manera en que Dios salva al ser humano del pecado, entendiendo el pecado como esa tendencia presente en el interior de la persona que la lleva a encerrarse en sí misma, en sus propios límites humanos, sin poder abrirse a la experiencia infinita de salvación traída por el mismo Dios.

La primera lectura, del libro del Eclesiástico, desarrolla el tema de la libertad que posee el ser humano para elegir lo bueno o lo malo, la vida o la muerte. Somos libres, y «condenados a ser libres» de alguna manera. No podemos abdicar de nuestra responsabilidad. Ante nosotros tenemos las grandes opciones, las grandes Causas, esperando que nos decidamos. «Muerte y vida» están ante nosotros, al alcance de nuestra mano, por la vía de una opción ineludible.

Si en nuestra vida dominan el mal y la muerte, y con ellos el sinsentido y la desesperación, hemos sido advertidos: podemos hacer de nuestra vida una cosa u otra, gracias al poder de la libertad que se nos ha dado, la capacidad de elegir la muerte o la vida, y con ello, la capacidad de convertirnos en vida o en muerte. La capacidad de hacernos a nosotros mismos. Es uno de los misterios más grandes de nuestra existencia, el misterio de la libertad.

En el fragmento de la carta a los Corintios que hoy leemos, Pablo habla, de pasada, de «una sabiduría que no es de este mundo», que procede de otro mundo, que está en otro mundo, el mundo de Dios, que es un mundo «superior», situado literalmente encima del nuestro. Es el mundo superior que los filósofos y sabios del mundo cultural helenista han «imaginado» (no deja de ser una «imagen») para explicar la realidad, y que ha resultado ser una imagen genial, que parece expresar una explicación natural y obvia del mundo, que será acogida por casi todas las culturas subsiguientes (hasta la época moderna).

Y es un conocimiento escondido, inalcanzable, que nada tiene que ver con los saberes de este mundo, y que pertenece sólo a Dios y a quienes Él quiera revelarlo… Es la visión «gnóstica», de la «gnosis» o «conocimiento», un conocimiento divino que pasa a fungir como símbolo del principal bien salvífico: participar de ese conocimiento que salva es el objetivo de la vida humana, porque ese conocimiento es el que salva a la persona al hacerle tomar las decisiones adecuadas en su vida, las decisiones que le hacen caminar el camino de Dios. Es la misma tradición de «la Sabiduría», ya presente en el Primer Testamento, por influjo también helenista. Pablo se mueve en ese mismo ámbito de pensamiento y en esa misma cosmovisión griega de los dos mundos, o dos pisos, uno arriba (el de Dios y los suyos, o el de las Ideas, según Platón) y otro abajo (el de los humanos, o el de la materia corruptible según Platón).

Hoy continuamos leyendo el evangelio de Mateo, en secuencia consecutiva con los fragmentos proclamados en los domingos anteriores. Es el sermón de la Montaña, que comenzó con las Bienaventuranzas, y que continúa con la exposición de las exigencias de la Ley de Moisés (Torá), explicadas por Mateo, que está escribiendo para una comunidad de judíos que se han hecho cristianos, obviamente sin dejar de ser judíos, como ocurrió por lo demás con todos los cristianos. Tenemos pues que caer en la cuenta de que esta re-presentación de la Ley en el evangelio de Mateo está escrita para esa comunidad concreta, que difiere no poco de las nuestras. Obviamente, tiene también un valor universal, pero debe saberse la peculiaridad de esta comunidad, para no hacernos «judaizar» innecesariamente a todos los demás.

Pero, además de esa peculiaridad del evangelio de Mateo, todo el evangelio tiene otra peculiaridad significativa en este campo de lo moral, de la Ley, y es semejante a la que hacíamos notar respecto a la lectura anterior, la de Pablo sobre el conocimiento salvífico o gnosis. La moral vendría a ser también una especie de conocimiento gnóstico: es una voluntad, divina, superior, venida de fuera, desde arriba, desde «el segundo piso», que tenemos que tratar de escuchar en esa dirección. Es una moral «heteró-noma», una norma ajena, venida de fuera, y de arriba, a la que nos tenemos que someter. Someterse a esa ley es el sentido de la vida humana.

La moral, los preceptos, los mandamientos… con su constricción sobre la vida humana, y la consiguiente amenaza de pecado y de condenación, han sido uno de los frentes clásicos de fricción de la religión con el mundo moderno. Durante todo el mundo antiguo, configurado con los patrones del autoritarismo, los imperios, el feudalismo, las monarquías absolutas… el ser humano aceptaba «como lo más natural del mundo» que el «mundo de arriba» era estructuralmente como el de aquí abajo, es decir, un mundo donde está Dios sentado en su trono (como el emperador o el rey o el señor feudal aquí abajo), con su séquito de cortesanos y servidores de la «Corte celestial» (como en la Corte de cualquier rey humano), vigilando el mundo para que se cumplan las órdenes que desde allí se dictan.

San Ignacio de Loyola, como hombre todavía del medievo en su cosmovisión, lo refleja ejemplarmente en su explicación global del sentido de la vida humana, en su meditación central, la del Principio y fundamento (con su castellano medieval): «el hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados» (Ejercicios espirituales, 23).

No inventó nada nuevo ahí san Ignacio. Expresaba -antológicamente, eso sí- la visión medieval y premoderna de una cosmovisión salvífica estructurada en dos pisos, uno superior (no sólo porque está encima, sino porque es absolutamente superior en su naturaleza), y otro inferior (temporal, pasajero, corruptible, peligroso…). Del piso de arriba viene todo: el Ser, el Amor, la Verdad, la Belleza… y la moral. Una moral pues absolutamente heterónoma, indiscutible, abrumadoramente inapelable, y en ese sentido fácilmente perceptible como constringente y ciegamente obligatoria, ajena a toda explicación justificativa, y en ese sentido opresiva.

El mundo moderno cambió radicalmente. El Ancien Regime del autoritarismo, imperialismo, de la obediencia ciega, del sometimiento omnímodo y a-racional se acabó. Los imperios, reinos y monarquías se acabaron, y aparecieron las repúblicas y las democracias, y los derechos de los ciudadanos (que ya no súbditos). Una moral exterior, pre-establecida, superior, sin justificación, inapelable… es sentida ahora como sofocadoramente opresora.

Con el advenimiento de la modernidad, en todos los campos, el mundo de arriba -el segundo piso que genialmente configuraron los helenistas, con Platón a la cabeza- desaparece, como que se evapora. No hace falta que sea negado, sino que la ciencia, con sus avances, cada día lo desplaza hacia atrás, replegándose en favor del descubrimiento de que todo funciona «etsi Deus non daretur», como si Dios no existiese. El cristiano moderno -el que no sigue viviendo con su cabeza en el mundo premoderno medieval- no puede aceptar aquella visión escindida en dos mundos, por muy espiritual que se presente, sino que pasa a vivir en un mundo nuevo, un mundo único, en la única realidad, sin dos pisos superpuestos.

Esta transformación ya es una realidad en la cultura moderna -por más que muchos cristianos y no pocas religiones sigan viviendo escindidamente entre la vida real de la calle y la vida espiritual dualista de sus representaciones religiosas-. Por eso, muchos cristianos se sienten retrotraídos al mundo de sus abuelos cuando escuchan este tipo de discursos morales «heterónomos», como si continuaran existiendo unos preceptos caídos de lo alto, revelados, y por eso mismo indiscutibles, incuestionables, a los que sólo cabría someterse acríticamente como súbditos del Rey del cielo (de un segundo piso). Leer más…

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Dom 16 2 2014. Un Dios que se exige mucho (y mucho nos pide en amor).

domingo, 16 de febrero de 2014
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1653783_254809184696281_946588030_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 6 tiempo ordinario, ciclo A. Mateo 5,17-37. El evangelio de Mateo, que ha crecido en diálogo interior con el judaísmo, ha presentado en seis antítesis (habéis oído que… pero yo os digo…) la novedad del evangelio, en contra de aquellos (judíos, cristianos, agnósticos…) que entienden la fe en Dios como pura estrategia de supervivencia propia (a costa de los otros).

En este contexto se plantean algunos de los elementos básicos de la vida cristiana, que empezaré exponiendo este domingo (de las dos últimas antítesis trata el evangelio del domingo que viene). El querido titular este post diciendo que “aquel que está peleado contra el prójimo ya le ha matado”.

Hay varias maneras de matar. Una de las más eficaces es oprimir al prójimo.

Para situar el tema (y adelantar los motivos del próximo domingo) he querido presentar a Dios ofreciendo su amor al mismo diablo. Parece evidente que este Dios del Sermón de la Montaña no está peleado con el Diablo, sino todo lo contrario… Es un Dios que se exige mucho a sí mismo, y que mucho nos pide a nosotros. Quien quiera ver más que siga leyendo. Buen domingo a todos.

a. Punto de partida, formulación general:

«No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque en verdad os que el cielo y la tierra pasarán antes de que deje de cumplirse ni una «yota» o una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así se lo enseñe a los hombres será muy pequeño llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Por tanto, os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5, 17-20)

Se trata por tanto de una antítesis (o de una oposición) en el cumplimiento de la ley. Hay un cumplimiento legal de la ley, que para Mateo no es radical, ni responde a la voluntad de Dios; y hay un cumplimiento evangélico de esa misma ley, que Jesús ha radicalizado. Este pasaje recoge una extensa y dura polémica. Muchos cristianos (especialmente Pablo) no estarían de acuerdo con el planteamiento exterior de Mateo, diciendo que la ley ha cumplido ya su función y ha terminado (cf. Rom 10, 4).

Mateo piensa que la ley antigua (habéis oido…) ha cumplido su función, pero debe superarse; sólo subiendo de nivel, superando el plano de la pura ley, la verdadera ley encuentra su sentido.

— Jesús no ha venido a abolir y abrogar, como algunos judíos y judeo-cristianos afirman, sino para cumplirla, es decir, para llevar a plenitud lo que está latente en la ley.

— Cumplir la ley significa superarla. La interpretación de Jesús no destruye la Ley, sino que le da una consistencia mayor que la que tienen cielo y tierra. Por medio de esa nueva interpretación de la Ley, los cristianos que están en el fondo de Mateo se fueron separando de los fariseos, no para abandonar el judaísmo, sino para fundar una nueva y más honda interpretación de sus leyes básicas.

Las seis antítesis concretas.

En este contexto se entienden las seis antítesis que desarrollan la formulación anterior, antítesis que son para Mateo una aportación específica de Jesús al judaísmo (y al despliegue de la verdad del hombre. Quizá más que antítesis se podrían llamar síntesis, porque en general no niegan la ley anterior, sino que la profundizan.

(a) Mt 5, 21-26. No matar.

Texto base. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado.
Añadido eclesial. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.]

Lo que se dijo a los antiguos (¡no matar!) es para Jesús insuficiente. No basta con evitar el asesinato externo, sino que es necesario que los hombres superen todo tipo de ira y violencia contra el prójimo. El Papa Francisco ha interpretado esta antítesis en su Exhortación Evagelii Gaudium diciendo que el mundo capitalista “está peleado con los pobres”, condenado a muerte a millones de personas.

(b) Mt 5, 27-30. No adulterar.

Texto base. Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
Añadido eclesial. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.

Evidentemente, la ley condena el adulterio desde la perspectiva del esposo (porque a la mujer se le considera propiedad del varón), no por la posible maldad del placer erótico, sino para que sea posible un amor personal, permanente, entre el esposo y la esposa. Pues bien, Jesús no sólo se opone a un tipo de adulterio externo, sino que quiere que los esposos (varón y mujer) se quieran y deseen en plenitud, descubriendo y gozando en su deseo-amor la más honda riqueza de la vida. En amor en este plano es un compromiso de entrega total, de persona a persona, como Dios que se entrega en amor a los hombres

(c) Mt 5, 31-32. Ley de divorcio.

Texto base. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]
Añadido eclesial: Excepto en caso de impureza (porneia, infidelidad o prostitución).

Va en la misma línea de la anterior. La ley en cuanto tal sirve para restringir el derecho absoluto del varón, al que se le pide ofrecer un documento legal a la mujer a la que despide. Pues bien, Jesús va en contra de esa ley, para situar el matrimonio en el plano del compromiso definitivo de amor de un hombre y de una mujer. Amor del todo y para todo tiempo, eso quiere Jesús que sea el matrimonio. En este contexto introduce Mateo la cláusula restrictiva «a no ser en caso de fornicación [porneia]», que puede entenderse de diversas formas, pero que sirve para destacar el valor de la unión matrimonial por encima de una norma legal; el matrimonio en sí es indisoluble, pero en el caso de que esté roto irremisiblemente por porneia no tiene sentido mantenerlo.

(d) Mt 5, 33-37. No perjurarás.

Texto base. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto
Añadido eclesial: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

La ley exige mantener el juramento, como acto religioso (pues Dios mismo es quien avala los juramentos). La prohibición de Jesús (¡no jurarás!), matizada por el mismo Mt en otro contexto (Mt 23, 16-22), tiene un sentido básicamente religioso: Dios no está ahí para avalar los juramentos, sino que tiene valor en sí mismo, por encima de ese tipo de palabras sagradas. La verdad religiosa del hombre se sitúa en el plano de la vida profana, sin necesidad de introducir una palabra religiosa (de juramento) para ratificar por ella las relaciones humana.

Las dos siguientes antítesis aparecen el próximo domingo. Leer más…

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La letra mata, el espíritu da vida. Domingo 6 TO. Ciclo A. 16 de febrero 2014.

domingo, 16 de febrero de 2014
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864596401f1da4bf230bff26ae9f542563304aa674750873ffb5d084e9ea0958Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las bienaventuranzas y las parábolas de la sal y la luz, leídas en los domingos anteriores, forman la Introducción al Sermón del Monte. Hablan de quiénes pueden entender el mensaje del Reino de Dios y de dos peligros que les acechan. A partir de este momento es cuando Mateo entra propiamente en materia. Va a presentar la oferta religiosa de Jesús, contraponiéndola a la de los escribas, los fariseos y los paganos. Y esto puede suscitar en el público o el lector la sospecha de una doctrina revolucionaria, en desa­cuerdo con la tradición de Israel.

Mateo lo tranquiliza. No ocurre nada de eso.

No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

La Ley y los Profetas representan para un judío el mensaje de Dios, sus promesas, la alianza con él, la salvación. Jesús no viene a suprimir nada de esto, sino a darle plenitud. No hay que tener miedo a su doctrina.

Más aún. Su enseñanza es tan importante que quien se salte uno de sus preceptos mínimos será mínimo en el Reino de Dios; quien los cumpla será grande en ese Reino.

Estas palabras desconciertan a muchos lectores y comentaristas porque Jesús parece defender hasta las normas más pequeñas del AT, en contra de lo que ocurre a lo largo del Evangelio. Creo que esto se debe a un error de interpretación. Cuando Jesús condena «al que se salte uno de estos preceptos mínimos» no se refiere a los preceptos del AT sino a los que el va a indicar a continuación. Jesús no está defendiendo la letra del AT, sino su espíritu.

Ese espíritu del AT también intentaban vivirlo otros grupos de la época, como los escribas y fariseos. Pero Jesús está en desacuerdo con ellos y lo advierte claramente desde el principio:

Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Es un desafío durísimo, que exige aclaración. A eso dedica el evangelista las secciones siguientes, donde habla de la actitud cristiana ante la ley (contra los escribas) y de la actitud cristiana ante las obras de piedad (contra los fariseos). En la liturgia de este domingo y del siguiente sólo se recoge el tema de la ley.

1. Los escribas

Sociológicamente, los escribas constituyen un grupo muy heterogé­neo, al que pertenecen sacerdotes de elevado rango, simples sacerdotes, miembros del clero bajo, de familias importantes y de todos los estratos del pueblo (comerciantes, carpinteros, constructores de tiendas, jornaleros). Incluso encontramos gente que no eran de ascendencia israelita pura, sino hijos de madre o padre convertidos al judaísmo. El poder de los escribas radica en exclusivamente en su ciencia. Quien deseaba ser admitido en la corporación debía hacer un ciclo de estudios de varios años. Generalmente, desde los 14 años de edad dominaba la exégesis de la Ley (Pentateuco). Pero la edad canónica para la ordenación eran los 40 años. A partir de entonces estaba capacitado para zanjar por sí mismo las cuestiones de legislación religiosa y ritual, para ser juez en procesos criminales y tomar decisiones en los civiles, bien como miembro de una corte de justicia, bien indivi­dualmente. Tenía derecho a ser llamado rabí. Y se les abrían los puestos claves del derecho, de la administración y de la enseñan­za.

2. El peligro del legalismo

A pesar de la gran estima de que gozan entre la gente, a Jesús no le resultan simpáticos. No quiere que sus seguidores se parezcan a los escribas, ni que los puedan confundir con ellos. Porque en su postura existe un peligro gravísimo de legalismo, es decir, de exaltación de la ley y de la norma por encima de todas las cosas. Al legalismo, se puede llegar por dos caminos muy parecidos:

a) Buscando seguridad humana. Una persona inmadura, con miedo a correr riesgos, prefiere que le indiquen en cada momento lo que debe hacer. Cuantas más normas, mejor, porque así no se siente insegura.

b) Buscando seguridad religiosa. Estas personas conciben la salvación como algo que se gana a pulso, a base de esfuerzo, cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios no la conciben como una actitud global en la vida, sino concretada en una serie de actos. Cuantas más normas me dicten, mejor conoceré lo que Dios quiere y me resultará más fácil salvarme.

En lo anterior hay cosas buenas y malas. Pero lo más grave es que la persona amante de las normas corre el peligro de quedarse en la letra de la ley, sin profundizar en su espíritu, que es más exigente. Por ejemplo, la ley manda no comer carne los viernes de cuaresma. Y se queda tranquila con cumplir la letra de la ley, pero no le preocupa comer langosta o gambas. La ley manda ir a misa los domingos y días de fiesta, y la cumple a rajatabla; pero quizá no dedica ni un minuto a Dios durante el resto de la semana.

Otro grave riesgo de la mentalidad legalista es que, con la ley en la mano, se puede machacar al prójimo y amargarle la existen­cia. Se critica al que no vive como uno considera conveniente, se lo condena, incluso se lo persigue.

3. La crítica de Jesús al legalismo

Para combatir esta postura legalista y enseñar a sus discípulos a actuar cristianamente, Mateo pone en labios de Jesús seis casos concretos, referentes al asesinato, adulterio, divorcio, juramen­to, venganza y amor al prójimo (Mateo 5,21‑48). Este domingo se leen los cuatro primeros; los dos últimos, el domingo próximo.

En el primer caso, asesinato, Jesús lleva la ley a sus consecuencias más radicales.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil’, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

El quinto mandamiento prohíbe matar. La mentalidad legalista, ateniéndose a la letra, se contenta con no hincarle un puñal al prójimo. Jesús dice que el espíritu del mandamiento va mucho más lejos. Lo importante no es sólo respetar la vida física del prójimo, sino también toda su persona. El mandamiento hay que interpretarlo en un sentido muy amplio, que prohíbe también el trato airado, el insulto y la calumnia. Este tema es para Jesús tan importante, que añade una consecuencia práctica: «Si yendo a presentar tu ofrenda al altar…»

En el segundo caso, adulterio, Jesús también interpreta el mandamiento de forma radical.

Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.

La letra de la ley sólo se fija en el hecho físico. Pero Jesús va a su espíritu profundo, teniendo en cuenta incluso el peligro remoto de caer. Por eso añade una de las frases más duras del evangelio: «Si tu ojo derecho te pone en peligro…» Estas palabras no hay que entenderlas literalmente, pero reflejan la importancia que tiene el tema para Jesús.

En el tercer caso, divorcio, Jesús anula la ley en vigor.

Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. «
Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

El texto exigiría un comentario muy detenido y técnico. Conviene recordar que, en tiempos de Jesús, el divorcio era algo reservado casi exclusivamente al hombre. Por otra parte, la cuestión se había convertido en tema de disputa entre distintas escuelas rabínicas, unas de mentalidad muy amplia; otras, muy estricta. Para Jesús, el matrimonio es demasiado sagrado, y la situación de la mujer repudiada demasiado trágica, para que se convierta en tema de discusión. Y suprime de un plumazo la ley del divorcio, excep­tuando el caso de porneia (término que se presta a diversas traducciones: «impureza», «unión ilegal», «adulterio»).

En el cuarto caso, juramento, también anula la ley.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir «sí» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Jesús se mueve en una sociedad que usa y abusa del juramento. Continuamente, en la plaza, en la calle, en la casa, se jura invocando el nombre de Dios, el cielo, la tierra, Jerusalén… Jesús considera esto una falta de respeto y una estupidez. Porque el hombre, al jurar, está invocando algo que no le pertenece, de lo que no puede disponer.

Y, al mismo tiempo, puede encubrir con el juramento una mentira. El discípulo de Jesús tiene que moverse en una honradez y sinceridad tan absolutas que le baste decir sí y no. (Es curioso que, actualmente, los que se presentan como cristianos juran; y los que se presentan como laicos, prometen).

En resumen, Jesús combate la postura legalista llevando el mandamiento a sus últimas conse­cuencias o anulando la ley en vigor. El próximo domingo veremos otro recurso: cambiar la ley por una norma más exigente.

* * *

La primera lectura, del Eclesiástico, corrobora lo que dice el comienzo del evangelio sobre la alternativa de cumplir o no cumplir la voluntad de Dios.

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

Todos tenemos la posibilidad de elegir entre el fuego y el agua, la muerte y la vida, ser pequeño o grande en el Reino de Dios. La última frase, Dios «no deja impunes a los mentirosos» puede aplicarse muy bien a lo que dice Jesús de los legalistas.

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«Meditar», por José Arregi.

miércoles, 12 de febrero de 2014
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462331Leído en su blog:

Amiga, amigo: quiero invitarte a meditar. Tal vez te suene a orientalismo barato o a moda superficial o a fraude espiritual cuando no económico. De todo hay, y no poco, pero la meditación es otra cosa, y es algo vital. Te invito a practicarla cada día, pues todos los días necesitamos vivir y respirar. Para vivir y respirar, nada mejor que estar plenamente allí donde estamos, justo en el medio, en el centro mismo de lo que somos, y medirlo todo en su justa medida. Eso es meditar, ni más ni menos, y sería la mejor medicina para nuestros peores males.

La misma palabra nos guía, como sucede casi siempre. “Meditar” viene de la antigua raíz indoeuropea med-, del que provienen el sánscrito madha (“sabiduría”) y el griego médomai (“conocer, pensar, meditar”, pero también “cuidar, curar, poner remedio”), y el latín medium (centro, medio) y médicus, medicina, remedium, y el castellano medir. Meditar es sumergirnos en el centro profundo de nuestro ser, que es el Corazón de todos los seres. Meditar es centrarnos más allá de nuestro ser separado, descentrarnos en el misterioso Medio y Fondo en el que todo es, en el que todos los seres vivimos, nos movemos y somos, y allí volver a hallarnos en paz. Y hallar así la medicina de mi ser, el remedio de las heridas abiertas por todas mis cerrazones. Eso es meditar. Y no importa la forma.

Meditar no es pensar, reflexionar, cavilar. Por cierto, no nos vendría nada mal dedicar cada día un rato a pensar y tener un criterio razonado sobre las imágenes, slogans y discursos que nos inundan, engañan y asfixian. Pero el pensamiento o la mente, que es uno de nuestros recursos más útiles, puede convertirse fácilmente en la trampa más peligrosa. Pues fácilmente sucede que la mente con sus pensamientos nos separa de nuestro medio, nuestro centro, nuestro ser profundo indemne, bueno y feliz. Y nos convence de que somos los recuerdos que nos hieren, los miedos que albergamos y los proyectos que concebimos y que acaban por agotarnos. Es bueno y necesario pensar, pero meditar no es eso. Los pensamientos pueden ayudarte a meditar, pero solo a condición de que te lleven más allá, a SER.

Meditar no es rezar, aunque una oración bella y sentida puede ayudarte a meditar, a entrar en la secreta y universal bienaventuranza de tu ser. ¿Qué otra cosa han hecho muchas gentes sencillas rezando el rosario u “oyendo” la misa, simplemente dejándose llevar más allá de las oraciones que recitaban o los sermones que escuchaban? La oración más devota, el sermón más brillante o la idea más sublime acerca de “Dios” pueden alejarte de Dios, impedirte ser en Dios o ser Dios, bondad indemne, feliz y creadora, que ES lo que ERES. Puedes ser Lo que Eres. Eso es meditar.

Meditar es entrar en el silencio, que es mucho más que callar. Entrar en el silencio que es la vibración universal, el Espíritu creador, la quietud activa, la paz profunda que todo lo habita y mueve. Meditar es adentrarse, como Elías en el Horeb, en la brisa suave que es la Presencia de Dios en todas las cosas.

Meditar es calmar y acallar la mente. Es mucho más que sentarse, quedar quietos y callar, pero es muy bueno sentarse, quedarse quieto y callar. Y liberarte de las ideas que te torturan, de tus angustias, miedos y rencores. Y, libre de tus pensamientos, desapegado de tu ego, simplemente atender, recoger toda tu atención en la misteriosa Presencia Buena, el Presente que te envuelve y eres. Y mirarlo todo en su simplicidad primera, con mirada compasiva.
Para ejercitar la simple y pura atención, puedes fijarla en tu respiración, o en tu cuerpo, o en un mantra o una jaculatoria cualquiera, o en una imagen que te inspira.

Meditar así cada día es la mejor medicina, y tú mismo lo podrás comprobar, pero solo a condición de que no busques ningún resultado, ningún remedio. A condición de que te recojas humildemente, simplemente, como un niño en brazos de su madre.

José Arregi

Para orar.

“LA CEGUERA”

“Mirar no es sólo asunto de los ojos.
Primero, ciérralos unos instantes
y dentro de ti busca -en tu sosiego-
la facultad de ver.
Y ahora ábrelos, y mira”

(Eloy Sánchez Rosillo)

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Ser amado…

martes, 11 de febrero de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

«La necesidad que siente el corazón humano de ser amado por sí mismo

es como un eco de lo que  siente el Gran Corazón Divino .»

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El 6 de Febrero, Dios llama.

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«Salir a las periferias». 9 de febrero de 2014. 5 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 13-16

domingo, 9 de febrero de 2014
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Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.

“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.

Vosotros sois la luz del mundo. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.

Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.

El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.

El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.

La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelios nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a construir una Iglesia más fiel a Jesús. Pásalo.

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«Vosotros sois la luz del mundo». Domingo 9 de febrero de 2014. 5º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 9 de febrero de 2014

Leído en Koinonia:

Is 58,7–10: Romperá tu luz como la aurora
Salmo responsorial 111: El justo brilla en las tinieblas como una luz
1Cor 2,1–5: Les anuncié el misterio de Cristo crucificado
Mt 5,13–16: Sois la luz del mundo

Las lecturas de hoy tienen como tema central la justicia de Dios, expresada plenamente en el amor misericordioso para con el prójimo. El relato que leemos del profeta Isaías se enmarca en el contexto del ayuno, en donde se realiza una fuerte crítica al pueblo de Israel por sus prácticas religiosas desarticuladas de la fe y la justicia con los pobres. El profeta llama a realizar el verdadero culto a Yahvé, ligado íntimamente con la justicia y la misericordia. Las diferentes prácticas religiosas deben salir del corazón y deben dar el fruto de una verdadera justicia social, concretizada en el compartir del pan con el hambriento, en la solidaridad con los que sufren, en preocuparse visceralmente por los hermanos pobres, pues en ellos, en los abatidos, en los mal vistos, es donde el mismo Dios se revela; es en ellos donde la luz de Dios se hace presente; es donde el Dios de Israel verdaderamente habita.

En relación con lo anterior, Pablo expresa a los corintios que el misterio de Dios anunciado por él no se fundamenta en la sabiduría humana, sino en el mismo Señor crucificado, lo cual significa que es Dios quien ha actuado en Pablo y en la comunidad. Es relevante que Pablo se refiera a la cruz de Cristo como el elemento esencial de su predicación. Con ello quiere hacer presente el verdadero rostro de Dios que se revela no a los sabios ni a los poderosos, sino a los más vulnerables de la sociedad. De ahí que el anuncio de la Palabra transformadora de Dios no pertenezca al mundo de la sabiduría humana, sino a la fuerza salvífica del Espíritu de Dios; es decir, que la fe y su debido comportamiento moral, sintetizado en la justicia y en la misericordia, sea una iniciativa exclusiva de Dios, una acción liberadora que penetra en el corazón del ser humano y que lo empuja a actuar de una manera coherente con la Palabra escuchada. Por tanto, el anuncio del misterio de Dios realizado por Pablo a la comunidad griega de Corinto es su propia experiencia de Cristo; lo que realmente anuncia es la vivencia de ese mensaje.

El evangelio de hoy, de Mateo, expresa cuál es la misión de los creyentes de todos los tiempos: ser sal y luz para el mundo. Tanto la sal como la luz son elementos necesarios en la vida cotidiana de las familias. La sal da sabor a las comidas, conserva los alimentos, purifica; en la antigua Palestina servía para encender y mantener el fuego de los hornos de tierra. Por su parte, como es sabido, la luz disipa las tinieblas, ilumina y orienta a las personas; es la metáfora perfecta que emplea el AT para hacer referencia a Dios; y es la tarea de los profetas y en especial la del Mesías: ser luz de las naciones (Is 42,6). Sal y luz, entonces, hablan de la tarea del seguidor fiel de Jesús: Expresar la fe, su integración con el proyecto de Dios a través del testimonio de vida, a través de las buenas obras, de los buenos frutos; tiene la misión de mantener el sabor y la luminosidad de la Palabra de Dios en todo tiempo y lugar del mundo –empresa que únicamente se logra por medio de una conciencia plena de la necesidad de fomentar en la comunidad mundial la justicia y la solidaridad entre los hermanos. Leer más…

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«La sal y la luz.» Domingo 5º TO. Ciclo A. 9 de febrero 2014

domingo, 9 de febrero de 2014
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El evangelio de este domingo consta de dos breves parábolas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Diseccionando el texto

Aunque empiezan de forma muy parecida, el desarrollo de las dos parábolas es distinto.

La primera consta dos elementos: afirmación (vosotros sois la sal) y advertencia sobre el peligro de perder el sabor.

La segunda es más compleja, consta de cuatro elementos: entre la afirmación (vosotros sois la luz) y la advertencia sobre el peligro de meter la lámpara en el armario, encontramos una nueva imagen sobre la ciudad en lo alto del monte, y termina con una exhortación a hacer brillar nuestra luz.

Pido perdón por destripar el texto, pero lo hago para dejar claro la difícil tarea de los evangelistas, que reunieron palabras pronunciadas por Jesús en diversos momentos, y no tenían la posibilidad moderna de marcar bloque y trasladar o borrar sin enorme gasto de tiempo y de dinero.

El contexto: las parábolas y las bienaventuranzas

El evangelio de Mateo sitúa estas dos parábolas inmediatamente después de las bienaventuranzas (que se habrían leído el domingo pasado si no hubiera coincidido con la fiesta de la Presentación). Las bienaventuranzas hablan de las personas que pueden interesarse por el mensaje de Jesús y entenderlo; de las que pueden entrar a formar parte de la comunidad cristiana (el reinado inicial de Dios) por los motivos más diversos en su actitud ante Dios y el prójimo. Proclamando los valores más inauditos, son un canto de esperanza para todos los que se sienten marginados por la sociedad y el estamento religioso: Dios Rey los acoge como súbditos.

Pero Mateo, siempre tan realista, no quiere que los cristianos lancemos las campanas al vuelo, que nos sintamos maravillosos y al seguro. Por eso, antes de entrar en el cuerpo central del Sermón del Monte, nos da un doble toque de atención con estas dos parábolas.

Los dos peligros

Leídas juntas, las dos parábolas pretende ilusionar a los oyentes recordándoles que Dios les ha concedido la capacidad de dar sabor, y energía para iluminar a todos los hombres, redundando en gloria de Dios.

Pero caben dos peligros: el prime­ro, perder la energía (parábola de la sal); el segundo, ocultarla (parábola de la luz del mundo).

¿Cómo se puede perder la energía? Más adelante, en la parábola del sembrador, Mateo ofrece unas pistas cuando habla de la semilla sembrada entre cardos: las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza lo ahogan, y no da fruto (Mt 13,22).

¿Cómo conservar la energía? Si tomamos como modelo a Jesús, sus dos fuentes de energía fueron la oración (tema que subrayan los cuatro evangelios) y el contacto directo con el prójimo, especialmente con los más necesitados (enfermos, marginados).

¿Cómo ocultar la luz? Dejándonos arrastrar por lo cómodo y fácil. Jesús fue luz del mundo porque no se recluyó cómodamente en su mundo, prefirió el esfuerzo, el riesgo, el cansancio, la adversidad y la muerte.

¿Cómo hacer que brille nuestra luz?

La primera lectura, tomada del c.58 de Isaías, encaja perfectamente con la parábola de la luz.

Así dice el Señor:
Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
viste al que ves desnudo,
y no te cierres a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora,
en seguida te brotará la carne sana;
te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor, y te responderá;
gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia,
cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente,
brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

Tras la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia (año 586 a.C.), la situación del pueblo judío fue trágica, incluso después de la vuelta del destierro (año 538 a.C.). La capital siguió prácticamente despoblada hasta mediados o finales del siglo V (época de Nehemías) y la situación económica era de absoluta penuria. El pueblo se sentía como un cuerpo enfermo y sumergido en tinieblas.

En esas circunstancias de desánimo, busca la solución en una serie de ceremonias religiosas, especialmente el ayuno (que implicaba no sólo abstenerse de alimentos sino también realizar otros ritos, como cubrirse de saco y ceniza, etc.), para ganarse el favor de Dios. Pero Dios no hace nada. Y el pueblo se queja y protesta. «¿Para qué ayunar si no haces caso?» Dios responde por medio del profeta: si quieres que tu situación mejore, que brille tu luz en las tinieblas, que rompa tu luz como la aurora, comprométete con el que pasa hambre, tiene sed, está desnudo y sin techo (las famosas obras de misericordia, que se conocían ya en el antiguo Egipto); destierra la opresión y la maledicencia.

Hay una idea capital en esta lectura. Cuando habla de los necesitados termina diciendo: «y no te cierres a tu propia carne». El hambriento, desnudo o sin techo no es un ser extraño, ajeno a mí, al que hago un favor si me apetece. Es mi propia carne, que reclama cuidado y atención, como un miembro cualquiera de nuestro cuerpo.

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Dom 9. 2. 14. Ciudad sobre el Monte, Sal-Lux .

domingo, 9 de febrero de 2014
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Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 5, tiempo ordinario. Ciclo A. «Como una ciudad elevada sobre el monte, que no puede ocultarse… Vosotros sois sal de la tierra, sois la luz del mundo». Así describe Jesús a la Ciudad-Testimonio que debe ser la Iglesia verdadera

La Iglesia ha de ser Ciudad de la Sal que sirve para conservar y sazonar los alimentos. De sal viene “salario”, una de las formas primeras de dinero, un saquito de sal para los “voluntarios” de la vida, que no se les pudra la carne, que no pierda su gusto el cocido. Así han de ser los cristianos, sal del mundo, no sal que lo destruye todo cuando se vuelve insípida, convirtiendo la tierra en salares, llanuras inhóspitas de muerte, como en el Mar de la Sal, a unas leguas de Jerusalén.

‒ Ha de ser Ciudad de la Luz, faro y guía para los hombres y los pueblos, como quiso ser Jerusalén desde antiguo (cf. Is 60)
. Conservar el mundo con la Sal, alumbrarlo con la Luz de la esperanza, de la vida, esa es la tarea de la Iglesia. Luz necesita este mundo, pues hay muchos que se empeñan en cerrar los ojos y en cegar a los demás, haciéndoles esclavos, en contra de Jesús que vino a ofrece luz…

Mi encuentro con el tema de esta ciudad Sal y Luz fue muy antiguo. Recuerdo que era niño cuando los estudiantes mercedarios de Poio crearon, bajo auspicios de mi tío A. Ibarrondo, una revista titulada Sal-Lux, Sal y Luz… (allí hacia el año 1950).

Más tarde tuve el honor de ser por algún algún tiempo (1962-1964) director de esa revista. Nuestro lema era entonces el evangelio de este domingo: La Iglesia es Sal y Luz, ciudad elevada sobre el monte.

Queríamos ser Sal-Lux, buena Sal que conserva lo antiguo y lo mantiene, firme luz que sirve de guía a las naves y a las gentes, como aquella luz del faro que peinaba el agua de la ría. Muchos conservamos renovadas aquellas convicciones. Buen domingo a todos.

Texto. Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

1. Ésta es la Iglesia del Monte, de la que habla Jesús

Una ciudad que es Monte, Monte de Piedad (¡eso eran los bancos antiguos!), Monte de Sal, altura de Luz, para los pueblos. Evidentemente, esta imagen no se entiende a la primera en las inmensas llanuras, tierras bajas infinitas…, sino entre pueblos y gentes que viven en torno a montañas, donde las ciudades se construyeron sobre las colinas, como en la tierra de Jesús, como en Jerusalén, ciudad del monte, altura hermosa, lugar donde deberían alumbrarse todas las naciones (cf. 2, 2-4; 60, 1 ss; Ap 21-22)

En contra de la ciudad-banco que se cierra en sí misma, como un cofre. El sistema quiere cerrarlo todo bajo llave, en el gran armario del Dios-Capital, considerado como fundamento o sustancia (cf. Lc 15, 13) de todo lo que existe, ‘mamona’ antigua (Mt 6, 24; Lc 16, 13), ídolo supremo de la modernidad. Ésta es la ciudad perverso y fuerte, porque engaña o enmascara todas las relaciones humanas, en clave de producción, al servicio del mercado donde el capital culmina su despliegue, para volver hacia sí mismo, en términos de efectividad y progreso, en compra-venta pura, encerrando a todos en su cárcel.

El evangelio se expresa y brilla como ciudad alta,montaña que se eleva, que emociona, que vincula con Dios (contemplación) y que reúne en amor a todos los hermanos. Éste es el monte de la piedad y del amor, de la concordia y de la vida, un tema querido para Jesús y para San Juan de la Cruz. Ésta es la ciudad del “buen capital” (cabeza, cabezo, altura), que no es moneda para tener, producir y vender (y capitalizar), sino don para dar y compartir. El hombre moderno siente vacío y por eso quiere asegurar la vida en lo que tiene, es decir, en el capital y así se pervierte (vierte mal) y construye formas de vinculación humano o globalización que destruyen a los pobres. Pues bien, en contra de eso, la Iglesia no tiene otra respuesta que el amor gratuito, desde su propia pobreza, en entendida en forma de comunión gratuita de la vida.

En ese monte donde sólo habita el amor de Dios, que es Sal que todo lo conserva, que es Luz que todo alumbra, ha situado Jesús su ciudad, elevada en amor, que atrae y vincula a todos los hombres… Desde esa ciudad del monte ha querido Jesús que bajen sus enviados (cf. Mt 28, 16-20) para anunciar a todos los hombres las buena nueva de la concordia…

2. Las dos ciudades

‒ La Ciudad de la pura Ley asegura a cada uno en lo que tiene, afirmando en su grandeza a los grandes
, de manera que ella afirma que la realidad es jerárquica, conforme a una fortuna que a unos habría hecho dioses y a otros mortales. Pues bien, por encima de la Ley está el Amor generoso, que supera toda jerarquía, pues da gratuitamente lo que tiene. De esa forma, la misma riqueza se vuelve pobreza, regalo completo, pues busca una forma más honda y generosa de riqueza, que no es tener para sí, frente a los otros, sino dar de sí, para que los otros sean y puedan también darme y gocemos juntos, en comunión de vida regalada.

El que interpretar la vida como Capital debe defenderlo y defenderse, para así mantener lo que tiene, producir más y venderlo, para asegurar la propia vida en lo tenido, es decir, en algo externo. Esta idolatría del Capital (no el capital como lenguaje de relación económica) nace de la envidia mimética que nos enfrenta a unos con otros: para ser lo que soy y tenerme a mí mismo debo dominar al otro o competir con él, pues de lo contrario él me dominaría. Esta idolatría es la máxima miseria, pues me impide saber lo que es amor en gratuidad y recibir gratuitamente el amor de los demás, sin miedo ni afán de supremacía. Frente a esa idolatría se eleva el ministerio cristiano del amor, como gesto de pobreza que enriquece y lleva a compartir la vida.

‒ La ciudad del monte del amor es lugar donde la vida se comparte y se conserva (Sal), es lugar donde la vida alumbra, ilumina, abre caminos de vida. Quien ama es rico al dar, esto es, dándose a sí mismo, regalando su propia realidad de un modo gratuito, sin cálculos de rentabilidad. Así decimos que Dios ha creado por amor todas las cosas, por pura generosidad, sin pedir nada a cambio, dándose a sí mismo. Es más, así podemos añadir que en su plenitud la creación se vuelve encarnación: Dios se ha dado de tal forma que ha venido a introducirse en nuestra carne, a ser carne en nosotros, quedando de esa forma en manos de aquellos a quienes suscita con su don, de aquellos que reciben su regalo y le reciben.

El capital busca seguridades, para mantenerse por encima y conseguir su provecho. El que ama, en cambio, se regala y da de tal manera que renuncia a su propia seguridad, poniéndose a merced de sus amados.

Así hace Dios al encarnarse en Cristo (y en cada uno de los hombres). En la raíz del amor se descubre siempre su poderosa fragilidad, tanto en el encuentro de dos enamorados, como en el nacimiento de un niño y en el misterio de la muerte, entendida de un modo pascual. En ese fondo de amor se asientan todos los ministerios, como hemos visto en la primera parte de este libro, al ocuparnos de Pablo, que interpreta el amor (1 Cor 13) como centro y sentido de todos los servicios cristianos (1 Co 12-14).

3. Iglesia, el testimonio de la vida

La iglesia es la comunión de aquellos que creen en el Dios que es Vida-Amor, revelado por Jesús como principio de apertura universal. Ciertamente, ella asume ese mensaje de Jesús como guía y signo de santidad para sus fieles, y así lo muestran sus manuales de moral y de piedad. Pero normalmente, en cuanto institución, ella se ha sentido dispensada de cumplir el evangelio (¡el sermón de la montaña!), de manera que ella (con su jerarquía) ha ocupado desde el siglo IV-V d.C. (y de un modo más intenso desde el XI-XII) espacios de poder social, y ha tomado riquezas que dice tener para los pobres, pero que acaban valiendo por sí mismas, para bien de la propia iglesia . Leer más…

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