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“Por una ética de la subversión. ¿Qué queda de la opción por los pobres?, por José María García-Mauriño

Miércoles, 29 de marzo de 2017

justicia-socialLa opción por los pobres fue uno de los pilares de las primeras comunidades de base. Luego, con el paso del tiempo ha ido decayendo. Y ahora, parece ya un disco rayado que no se le hace caso, incluso que molesta que nos lo recuerden. Pero, creemos que es necesario insistir en ello porque es la quinta esencia del evangelio de Jesús y de la ética. Se trata sobre todo de una opción por la justicia indeclinable de cada ciudadano o ciudadana. No podemos mirar para otro lado, es preciso abordar el tema no solo de la pobreza, sino de los pobres. Esta puede ser una ocasión para reavivar la olvidada opción.

1- Qué entendemos por Subversión:

Subvertir significa mover el ánimo de la gente para inducirle a adoptar una actitud rebelde u hostil en orden a cambiar el orden público y moral, dice el Diccionario de Lengua.

Se trata de tener una versión distinta, una interpretación del mundo desde la cultura de la pobreza, ver la Vida desde los de abajo, desde el mundo de las personas empobrecidas, no desde el “orden establecido” por esta sociedad capitalista, no desde las instituciones, no desde cómo presenta la sociedad esta TV y la prensa. Subvertir es ver, analizar, el mundo desde los “sub”, desde el suburbio, desde los subalternos, desde los que están por debajo. Es decir, desde los pobres, de los que no tienen, no saben o no pueden. La subversión que propugnamos no es nada violenta.

Subvertir el orden establecido significa no ser inmovilistas, no dejar que las cosas sigan como están, no ser cómplices con este sistema, es decir, tratar de ver el mundo con otra escala de valores. Valorar positivamente, a los de abajo, los que nada tienen, los desahuciados, los inmigrantes, los refugiados, todas las personas empobrecidas que el mundo y el sistema desprecian y explotan. Ver a todos estos colectivos desde la ética, desde los derechos humanos. Y en primer lugar, valoramos la Vida de las personas y los pueblos, en contra de todo lo que es muerte lenta, destrozo y guerras. Valoramos los derechos y las libertades que les niega el sistema. Valoramos el amor, la fraternidad, la solidaridad, por encima de todo. Esa es la subversión: mirar el mundo desde una óptica completamente distinta Es caminar a contra-corriente. Lo normal, lo corriente, no es pensar así. Lo corriente es la mirada del conformismo. Nuestra mirada es la mirada de la rebeldía, de la subversión, la que mira al pobre desde la vida y desde la dignidad. Desde su barrera, no desde arriba. Es sentir la nostalgia por los excluidos de esta sociedad, es decir, por todas las personas empobrecidas del mundo. Los pobres son los que no tienen, no saben y no pueden.

A.- Los que no tienen… techo, comida, dinero, agua, tierras, trabajo, escuelas, hospitales, “papeles”,… No tienen casi nada.

B.- Los que no saben… cuáles son sus derechos. Los que no están informados de lo que pasa en el mundo, en su país, en su familia. Los que a veces no tienen ni idea de qué se les acusa cuando les detienen. Muchos no saben leer ni escribir, ni hacer cuentas, porque no han ido a la escuela.

C.- Los que no pueden… No tienen recursos para salir de su pobreza y miseria. No tienen oportunidad de salir fuera de su país y conocer otros mundos. No tienen medios para curarse de sus enfermedades.

D.- Los que viven… con enfermedades curables y sin medicinas porque son muy caras. Viven con mucho miedo. Sin abrigo. Huyendo del hambre de su tierra en pateras y cayucos. O de las guerras que promueven los poderosos. Esperando encontrar otro país en el que puedan vivir. Arriesgando su vida y muriendo por sus familias en una salida obligada de su país. A veces meses y meses en campos de desplazados y de refugiados. En campos enormes de concentración, años y años, siempre en tiendas de campaña, sin conocer lo que es una casa, ni el calor de un hogar. Sin defensa posible, sin protección social ni jurídica. Olvidados y abandonados de las autoridades, de sus jefes de gobierno.

Porque no es posible ver, mirar, analizar, este mundo de los de abajo sin sentir vergüenza, indignación, rabia e impotencia, y clamar por la justicia, y al mismo tiempo dejar de tomar partido y comprometerse.

En esta reflexión sobre las personas empobrecidas, víctimas del capitalismo imperialista, afirmamos una radical subversión, es decir, que lo hacemos tomando partido. Lo hacemos desde una postura de radical indignación ética y desde una insobornable solidaridad con todas las víctimas de la injusticia, la agresión y el despojo.

Nos situamos obstinadamente del lado de las víctimas para hacer frente a una dinámica histórica de indignas estrategias belicistas y de políticas -económicas, sociales y culturales-, que sacrifican en el altar del lucro a millones de seres humanos.

Entendemos que las víctimas deben ser el criterio de verdad de cualquier visión del mundo y de cualquier análisis de las relaciones internacionales. Porque el sufrimiento humano, sean cuales fueren sus causas, es siempre una gran interpelación para todo ser humano, especialmente para los cristianos. Y ante él no caben justificaciones o indolencias y, mucho menos, discursos que propugnan la cómplice resignación. La resignación no es ética.

2.- Por qué es Ética la subversión:

Porque no somos conformistas con este régimen de muerte y de mentira, no queremos ser cómplices de esta sociedad que margina a los más necesitados. Frente a esta decadencia ética y política que padecemos, ofrecemos una alternativa ética. Se trata de tener una mirada nueva, una versión ética, claramente comprometida, con los valores básicos de la ética, es decir, con la vida, la justicia, la libertad, la verdad, la paz. Se trata de sacudir las conciencias para instalarnos en la óptica de la Vida, de los derechos humanos, de la dignidad, para desmontar el poder de los de arriba y reconstruir los auténticos valores de los de abajo, del pueblo sufriente. Se trata de hacerles justicia y que gocen de verdad de las auténticas libertades. Repetimos, no sólo una mirada, una versión, sino sobre todo un compromiso ético.

Para Aristóteles (siglo IV a.c.), por ejemplo, política y pobreza van tan unidas que la segunda llega a ser la razón de ser de la primera. Dice en su Política que en toda sociedad hay dos partes, la de los pobres y la de los ricos. El noble arte de la política consiste en hacerlos convivir, asunto nada fácil, señala, porque los ricos quieren imponer sus reglas y los pobres, los únicos interesados en reglas comunes, no tienen fuerza para hacerlas valer. El Filósofo, que no era un revolucionario precisamente, entendió, sin embargo, que solo desde el margen, es decir, desde la pobreza podrían pensarse reglas justas de convivencia porque el secreto de los que viven al margen es saberse marginados y eso, la marginación, no podía ser el precio de la convivencia. Aristóteles pensaba que quien haya experimentado una vez la dureza de la marginación, no podía aceptar que el precio de la vida en común fuera la exclusión de algunos.

El paso de la indignación y la rabia, a la organización, sólida y persistente, es la clave de cualquier proceso de cambios profundos y radicales. Rabia nos sobra en estos momentos, falta organizarla.

3.- Una pequeña mirada a la subversión

Hay varios aspectos de la subversión, -ver, analizar el mundo desde abajo- y que conviene tenerlos en cuenta a la hora de analizar la realidad y comprometerse.

La subversión política: Se trata de ver el mundo de la política desde abajo. Es decir, ver cómo sus justas reivindicaciones se debaten en el parlamento, ver las distintas disputas entre los partidos. Y sentir rabia e indignación al comprobar que no atacan los verdaderos problemas de la mayoría sufriente. Y saber que las decisiones importantes las toman siempre los de arriba, la Troika, sin contar con la gente. Una democracia que al no ser de verdad representativa, tampoco es participativa.

La subversión económica: ver cómo sigue estancado el número de parados de larga duración. De que en muchos hogares no entra ningún ingreso, que los que tienen algo apenas pueden llegar a fin de mes, que muchos malviven con la pensión de los abuelos, que tienen que ir a comedores sociales para poder comer, o buscar cada día la comida en los contenedores. La angustia de no poder pagar la hipoteca o el alquiler de la casa, de no poder pagar la factura del gas, de la electricidad, del teléfono, del colegio de los niños, etc. Y pasar mucha vergüenza con todo esto. Algunos datos: 12,5 % de los trabajadores de la Unión Europea son pobres, en España es el 15% y en EEUU es el 25% y no ha parado de subir en los últimos años (Europa Press). Hay 8 personas que son más ricas que 3.600 millones de pobres, más de la mitad de la humanidad. [Oxfam].

La subversión cultural: para muchos el no saber leer o escribir les supone una dificultad muy seria en la vida social, no conocer el significado de muchas leyes y ordenanzas, no haber podido ir a la escuela o a la universidad, pasan miedo, vergüenza, impotencia, ir casi siempre con la misma ropa, no conocer otros mundos…Y con frecuencia, casi sin esperanza de que esto cambie o haya alguna mejora.

Para todas estas personas reclamamos la vida y la dignidad que les niegan los poderes de este mundo. Esta es la subversión, una alternativa a la opresión política, económica y cultural que sufren estos colectivos empobrecidos:

Donde hay procesos de muerte lenta, tratamos de poner vida

Donde hay mentira u ocultación de la verdad, ofrecemos análisis de la realidad.

Donde hay acumulación de bienes, invitamos a compartir bienes y servicios.

Donde hay incultura, proponemos una educación pública y laica de todos y para todos.

Donde no hay derecho, insistimos en la denuncia de los DH que no se realizan en las clases populares y sí en las clases pudientes.

Al ver este panorama, nuestra indignación va dirigida contra esa violencia estructural del sistema, es decir, contra esa acumulación incesante de beneficios que no reparte ni comparte, contra esa democracia cuyas decisiones las toma la economía de mercado, la troika, y no el parlamento. Estamos en contra de la des-información constante que nos ofrecen la mayoría de los medios de in-comunicación que nos trasmiten una forma especial de entender la vida, lejos de una mirada humanizadora desde abajo.

Desde la experiencia acumulada de muchos años, los cristianos y cristianas de base de Madrid, podemos hacer un examen de nuestra experiencia y comprobar que no hemos sido suficientemente coherentes con nuestras opciones y nuestros compromisos, con nuestra práctica social y con la solidaridad económica y política en favor de las personas empobrecidas. Nos queda todavía un largo camino a recorrer. La opción por los pobres sigue golpeándonos, no se ha terminado.

Pero, a pesar de todo, mantenemos la esperanza utópica, porque la esperanza es una virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos, no conocen la esperanza; no saben qué es. Son ellos, los pequeños, los que luchan, las personas empobrecidas, las que transforman el desierto en exilio. Se trata de tener y mantener un horizonte de esperanza, de que se vaya realizando ese ideal de vida digna para todos los Seres Humanos. La esperanza hace cambiar la soledad desesperada, el sufrimiento humano, en un camino llano sobre el cual caminar para ir al encuentro de la vida digna. Y llegamos a la conclusión: dejémonos que nos enseñen qué es la esperanza. ¡Dejémonos enseñar la esperanza!

Esperemos, comprometidos y confiados, la llegada de la Utopía, y cualquiera que sea el desierto de nuestras vidas (cada uno sabe en qué desierto camina, con qué silencio vive) se convertirá en un jardín florido y en una sinfonía armoniosa. ¡La esperanza no defrauda a nadie! Lo decimos otra vez: “¡La esperanza no defrauda!” Está en lo más hondo de la persona, forma parte de la metafísica de la naturaleza humana. El Ser Humano, siempre espera algo, ¡¡nunca deja de esperar!!

Nos gustaría establecer con todos vosotros y vosotras un diálogo sobre estos temas, siempre que sea posible. Estamos abiertos a mantener un debate horizontal y reflexionar juntos en grupo o personalmente, cuando sea oportuno. ¡¡¡Os esperamos!!!

José María García-Mauriño

Fuente Atrio

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“Ser puto es subversivo”, opina el escritor Luis Negrón

Miércoles, 27 de enero de 2016

negron1abreEl escritor portorriqueño Luis Negrón estuvo en Buenos Aires presentando la flamante edición de Mundo cruel (Páprika Editorial) con un caluroso recibimiento y reconocimiento al autor, ganador del Lambda Literary Award 2014 for Gay Fiction. El libro de cuentos recorre el mundo gay desde una mirada no gay y a la vez bien intransigente, cruda y marginal, que deja una sensación seca, angustiante, produciendo placer por el entramado de las historias y la prosa al mejor estilo Carver o Dani Umpi.

En esta entrevista con Facundo R. Soto, para Boquitas pintadas, Negrón habla de su libro, que ya está recorriendo el mundo. Dice: “Yo creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea”. Y agrega: “Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero cómo se ríen, cómo lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias”.

-¿Te sentís parte del movimiento gay-queer, después de haber ganado este premio?

-Lo que me molesta es la forma en que la mercadean, tapas de libros con chicos lindos, musculosos, desnudos. En Guadalajara, una editorial gay, acaba de publicar una novela brasilera del siglo XVIII y ponen un chico en calzoncillo.

-¿Y por qué pensás que pasa eso? Yo tengo una hipótesis…

-Dicen que si no hay un hombre desnudo en la tapa, la gente gay no lo compra… Es lo mismo que los que piensan que, para vender una motocicleta hay que poner a una chica en traje de baño. Identificar un libro para que se vea que es de temática gay no me molesta, incluso estoy muy pendiente de buscar esa familia extensa que uno tiene. Es buscar, un poquito, reafirmar, que somos similares y que vivimos las mismas situaciones. No hablo por un grupo pero obviamente pertenezco. No soy la voz de una comunidad…

-Marco Berger decía que ahora no quería hacer una película gay para no quedar pegado a ser un director de cine gay: ¿Cómo es en tu caso?

-Pues, que te etiqueten está bien. ¿Cómo no te van a poner una etiqueta de portorriqueño o caribeño? Que te etiqueten está bien. Que digan que sos lumpen, o lo que sea; una más está bien… Y si me invitan a un Congreso gay y me pagan, mejor. Mira esta tapa, bien creativo. El que está buscando algo gay, ahí lo encuentra… (Hace referencia a la edición de Páprika con ilustración de María Luque).

-Es más abarcativa…

-Claro, lo pone en un universo más grande, que pertenece a un todo. Esa dualidad que logran acá me gusta…

-¿Cómo trabajaste los cuentos que tienen, a mi criterio, una estructura firme?

-Cada historia la pienso mucho. Algunos son más espontáneos como el de Por Guayama, que tenía una idea poco clara pero… Tú te sientas a la mesa con pocas cosas pero a la hora de escribir se van multiplicando… Es como sentarte a tomar un café pero terminas cenando. Uno también es el primer lector y editor. Cada cuento manda, exige una trayectoria, cuan vicioso puede ser o cuan ambicioso puede ser. No diría que tengo una técnica, pero sí que sean honestos y evitar la trampa. Lo que sobra lo saco.

-¿Qué es lo que pensás? ¿La historia u otra cosa, la forma por ejemplo?

-Oye, pienso mucho lo que escribo. La atmósfera y el sonido, que es lo más importante para mí. Cómo suena un cuento. Cuando tengo el tono me siento con toda la confianza para escribir, porque es lo que necesito. El tono para mí es todo, ya estoy a salvo. Lo demás es disciplina y oficio. Muchas veces me senté a escribir y fracasé, porque todavía no sabía cómo sonaba esa voz. Cuando tenés una idea de una canción, tú tienes algo, pero es la música la que te ayuda a formar la letra. Después le pones la coreografía, la ropa, la música, pero para hacer la letra necesitas la música; para mí. Yo soy un escritor muy de sonido, me gustan las palabras por cómo suenan.

-¿Escribís poesía?

-No, no, pero leo mucho. Acá conseguí un libro de Jaime Gil de Biedma, que andaba buscando desde hace tiempo… Es un poeta esencial, que cuando lo leas vas a saber porque. Es alguien que te habla muy de cerca…

-El libro tiene más o menos la misma atmósfera, que en parte tiene que ver con el tono, o van por la misma línea, de lo crudo, descarnado… ¿Lo pensas así?

– Bueno, hay coincidencias como el escenario, el barrio donde se da que no importa donde es pero es reconocible. Es algo que yo tengo muy presente cuando escribo, es muy orgánico. No lo describo con detalles porque pienso que no hace falta. La esperanza es que eso se traduzca de otra forma, no directamente como lo haces. Sí, si es un barrio grande o pequeño. En el cuento Botella todo transcurre muy rápido, porque pasa en el barrio de San Juan, donde todo es muy veloz. San Juan es una ciudad que tu recorres bien rápido, porque en tres horas cruzas la isla completa, sábelo, de este a oeste; no nos podemos perder. La frontera del barrio es una imagen importante que yo quería que se permeara en el cuento; yo no sé si esto se transluce… Escribir es pensar mucho, ¿no? No es una cosa así, azarosa…

-A pesar de haber ganado el premio tenés que seguir trabajando, ¿no? Y trabajas de librero en Puerto Rico, ¿no? Bueno, cuando elegís un libro para leer, ¿en qué te fijas? ¿Qué buscas, qué esperas de un libro, como lector?

-Bueno, estoy muy pendiente de los títulos. El primer párrafo. A la gente que tiene dudas, para llevarse un libro, le digo que se siente por ahí y que empiece a leerlo; y si lo agarra que se lo lleve. El primer párrafo tiene que convencerte, la oferta. La entrada a una novela o a un libro de relato es como el lobby, tú sabes que ahí está la información que te lleva, a veces directamente a la habitación.

– Que te lleve a algún lugar…

-Un libro es un compromiso. A veces a largo plazo. Y tenemos cada vez menos tiempo… Hoy, con Maxi [Papandrea], hemos hablado mucho de libros y me mencionó uno, de César Aira, Un episodio en la vida del pintor viajero, y me fascinó…

-Además veníamos para acá y por Salguero vemos caminando a Aira con una bolsita del MALBA. Volvamos a lo que te atrapa de un libro: los títulos

-Los títulos y el primer párrafo son los que me atrapan. Es una buena pregunta que no se contesta de una sola forma. Es como que te digan, qué te gusta de un hombre. Si dices alto, rubio, es mentira, porque siempre hay algo más. Es algo instintivo cuando lo agarro y me lo llevo. Yo soy librero, pero también tengo mi librero. Es como los médicos, ellos no se atienden a sí mismos, tienen su médico… Como librero uno sueña con leer algo primero…

-Como un editor…

-Claro… Es chévere descubrir un libro que va a dejar marcado a la gente, que no lo va a olvidar fácil, eso es lo lindo. Me gusta Luis Chávez, un poeta que ahora acaban de publicar la novela Salvapantalla. Me fascina, él como poeta.

-¿Si tuvieras que recomendarme un libro, a mí y a la gente que lee Boquitas pintadas, qué nos recomendarías?

-¿Leíste a la chilena Nona Fernández? Tiene un libro que te lleva, que te hace… Vas siguiendo, feliz, a un carnaval, y te está llevando a un lugar que… vas a salir igual.

-Ya me lo vendiste…

-Eso se agradece. O Federico Falco, que estoy fascinado… Cómo escribe con esas abundancias… El cagón es cagón, la lluvia es un diluvio… Con pocos elementos te transforma todo. Su forma de escribir es exótica. Que me lleven a otros lugares, que no sabes y la honestidad.

-¿Cómo se desarrolla en tu país la movida de las marchas LGBITQ?

-Pasa de todo. El Festival de Cine Queer de San Juan es el más exitoso de todo el mundo, es donde hacen más plata. Es que lo ve todo el mundo. Y dan películas buenas. Para mucha gente son porno. Judicialmente hay matrimonio igualitario. Adopción de niños. Está a punto de resolverse los estudiantes de escuela pública para que usen el uniforme con el que se sientan más cómodo, con el género con el cual se identifiquen. Un niño que nació varón puede ir con falda; eso ya no lo pueden prohibir porque la ley lo protege. Pero eso no quiere decir que pase. Una cosa es la ley y otra es San Juan, que es la Capital y otra cosa es el resto del país. Todavía está el Medio Evo y la Capital, como pasa también en Estados Unidos. Mirá Francia que todo el mundo pensaba que era pro gay y cuando estaban con el asunto del matrimonio igualitario salieron millones de personas en contra…

-Es que todavía hay mucha gente cristiana, o sea dogmática, que no se cuestiona nada…

-Sí, sí. Siempre hay que convivir porque, por más que estén los espacios hay que conquistarlos permanentemente, porque están las dos cosas; siempre. Hay cierta comodidad. Tú ves una parejita de la mano, en algunas áreas, pero eso no asegura nada. Están estudiando los crímenes de sodomía, en Puerto Rico, en el siglo XVIII, y encontró una historia de una loquita, negro él, que una vecina lo acusa de sodomía con un soldado español. Le preguntan si es verdad y él dice, después de Dios a quién más amo es a él. Tú empiezas a mirar y dices, lo que faltaba es escribir sobre eso, pero eso siempre ha estado ahí. La fuerza de eso se siente, aunque haya sido tres siglos atrás. Yo no sé si con tanta legislación nos atrevemos a decir eso, si tiene esa importancia o no hacía falta… Ser puto es subversivo… ¿Tu eres gay? Yo no, porque no tengo ropa para serlo. Soy puto de barrio. Ser puto es subversivo…

-¿Aportó algo Mundo cruel a tu país, en tu comunidad?

-Yo creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea. Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero como se ríen, como lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias…

-Es una puerta de entrada…

No presento al gay que todo el mundo quiere ver, el de los escaparates, o al viejo bondadoso, buey. Esto resulta incómodo porque es honesto. Por eso estoy contento.

-Bueno, acá hay muchos consumidores de Osos y otras prácticas que rompen con heternormativo impregnado en la cultura gay…

-Bien. Hace poco que estoy aquí y ya me enamoré de esta ciudad que es preciosa.

-¿A qué publico te dirigís o cuál es tu ideal de lectores? Dani Umpi me decía que son las mujeres solteras, viejas y gordas…

-La esperanza es que encuentres un lector que quiera participar, porque Mundo cruel no te lo da todo. Tiene que ser un lector que pueda llenar los espacios en blanco, que no se detenga en las palabras que tendría que tener y no tiene. Que me acompañe.

-¿Qué sea gay?

-No, no, no necesariamente… ¿Tú como escritor piensas en eso?

-Bueno, a veces, algunos libros, sí. Porque me di cuenta que faltaba contar algunos temas o situaciones que vivimos y que está bueno leerlo o verlo en una peli, para identificarse

-Hace poco un muchacho de Perú me dijo que lo describí a él. Y otro de San Juan que él ha sido todos los personajes del libro a lo largo de su vida. Una maestra de un pueblito que tiene un muchacho autista en su salón les asignó el libro, y uno que casi no puede comunicarse conectó con Mundo cruel. Son cositas con las que uno dice Woow. Me gustan las historias, me gusta contar historias… Me encanta sentarme en una barra y hablar con gente desconocida. En la guagua, el colectivo, me entero de un montón de cosas; mi mamá me regañaba porque decía que para mí todo el mundo es bueno y que era amigo de todo el mundo. Yo soy así, le abro mi casa para todo el mundo.

-Aunque el mundo sea cruel…

-Aunque el mundo sea cruel…

Fuente: Boquitas Pintadas, vía SentidoG

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“La seducción de Jesús: el mensaje subversivo”, por José Arregi, teólogo

Domingo, 26 de octubre de 2014

MESIASEnviado a la página web de Redes Cristianas

Queridos amigos y amigas: como ya sabéis el pasado fin de semana celebramos en Madrid las Jornadas de Cristianos por el Socialismo.

Este año nos hemos centrado en la figura de Jesús. Os adjunto las ponencias de Xosé Arregui y José María García Mauriño. También un documento que nos ha hecho llegar Benigno sobre el empobrecimiento de la clase trabajadora en nuestro país. Espero que los documentos sean de vuestro interés.

Aprovecho para comunicaros la triste noticia del fallecimiento de nuestro compañero y amigo de las Jornadas de C.P.S., Alfredo Tamayo S.J. de San Sebastián. Su recuerdo permanecerá entre nosotros

El título que se me ha propuesto habla a la vez de seducción y subversión. A primera vista, podrían parecer conceptos alejados entre sí. Seducir es cautivar el ánimo, y cautivar el ánimo parece más propio de un bello galán agraciado de palabra y de modales que de un subversivo provocador.

Jesús fue un subversivo y un provocador. No sabemos nada de su físico ni tenemos informe psicológico alguno de su personalidad, pero no fue ciertamente un galán seductor. No le interesaban las apariencias, ni le importaba la opinión ajena, ni cuidaba los modales. Eso sí, estaba dotado, como observa el evangelio de Marcos, de “autoridad”: esa fuerza de atracción, que emanaba de una persona y que puede ser irresistible.

De Jesús emanaba esa fuerza en todos sus gestos. Y en su palabra. Era un genio de la palabra, lleno de imaginación creadora y de recursos retóricos: el aforismo y la máxima, la paradoja y la antítesis, la comparación y la parábola, que es una comparación desarrollada en forma de cuento. El mensaje y el estilo se fundían. Poseía el don de adecuar el estilo al contenido. Era incisivo sin ser mordaz, polémico sin ser agresivo. Sabía combinar a la perfección aspereza y dulzura, denuncia y evangelio. Su buena noticia provocaba conflicto, pero el conflicto se transformaba en gracia transformadora para quien estuviera dispuesto a cambiar de corazón, a dejarse seducir desde lo mejor para lo mejor.

Si alguna vez la muchedumbre del pueblo prendada de él, pronto se desengañó. Su propuesta no respondía a las expectativas de la masa. El poder religioso fue el primero en alarmarse: Jesús trastocaba demasiadas cosas, y era un peligro para el sistema religioso y para el equilibrio político. Es verdad que el poder imperial romano no se sentía demasiado amenazado por un profeta marginal no violento, pero más valía intervenir a tiempo y cortar por lo sano: tuvieron muy pocos reparos para dar por buena la acusación del Sanedrín judío: crucificaron, pues, a Jesús, dejando libres a sus discípulas y discípulos. Pero la llama de Jesús que había prendido en ellas, en ellos, no se apagó.

Aquí estamos hoy. La llama de la esperanza subversiva sigue viva, a pesar de todo. Queremos cuidar ese fuego de indignación y de paz, de bienaventuranza y rebeldía, para hacer frente a la codicia insaciable del Mercado –el peor de los terrorismos, la peor de las epidemias, mucho peor que el ébola–, para cuidar lo mejor de nosotros, para cuidar a las hermanas y hermanos que perecen, para cuidar la tierra y la vida amenazada de todos los vivientes, para curar y salvar la Vida.

Jesús nos inspira y nos impulsa. Inspirar e impulsar, impulsar desde la inspiración: eso es seducir en el mejor sentido de la palabra. Y para eso estamos aquí.

1. ¿Nos seduce Jesús porque su subversión fuera acabada?

¿Imagináis a Jesús como un hombre perfecto? ¿Y qué es un hombre perfecto? Un cuerpo perfecto no existe, aunque en otro sentido se podría decir que todo cuanto existe –una flor, una abeja, y no digamos un niño con síndrome de Down– es maravilloso y perfecto dentro de su limitación. Todos somos limitados, y Jesús también lo fue. Por ejemplo, un Jesús físicamente perfecto, sin limitación ni dolencia, no sería humano.

¿Lo sería un Jesús de inteligencia perfecta, que no sabemos ni en qué consiste? Por grande que fuera, aunque fuera muy superior a la de Sócrates, Leonardo da Vinci, Newton o Einstein, la inteligencia de Jesús sería la de un individuo de la especie humana Homo Sapiens, con una determinada capacidad cerebral y un determinado grado en el ejercicio de la misma. Si dentro de miles o de millones de años –por mutación natural o por tecnología genética o neuronal– aparece alguna especie (tal vez exista ya en el universo) con una capacidad cerebral muy superior al Homo Sapiens actual, esa especie podrá ser más inteligente que Jesús, Homo Sapiens judío de hace dos mil años, con 1.400 cm3 de cerebro, como nosotros.

Y así con todo. ¿O necesitamos pensar que Jesús estaba dotado de una psicología perfectamente equilibrada, y que nunca sintió angustia ni tuvo sentimiento negativo alguno para consigo o los demás, como nos pasa a todos? Ya nos gustaría tener el equilibrio y la espontaneidad, la firmeza y la ternura, la fortaleza y la sensibilidad de Jesús. Pero alguna vez aparecerá o haremos que aparezca un cerebro más logrado que el de esta especie que somos (y que fue Jesús), esta especie que sigue funcionando todavía en buena parte según los mecanismos “primitivos” del cerebro reptil, y que sigue sintiendo todavía los miedos, las rabias y las tristezas propias del viejo cerebro mamífero. También Jesús lo sintió. Espero que algún día pueblen nuestro querido planeta unos seres –humanos o no– que posean en un grado infinitamente mayor esas cualidades que llamamos “personales”: que sean más conscientes de su verdadero ser, más libres para hacer el bien, más felices siendo solidarios y más solidarios cuanto más felices.

¿Y pensáis que la espiritualidad de Jesús fue perfecta, es decir, que alcanzó la Conciencia plena, o que vivió en plenitud de paz y de armonía consigo mismo, con todos los seres, con el Todo o con Dios? También la espiritualidad depende y emerge del conjunto de todas las condiciones constitutivas del ser viviente en su relación.

Pues bien, ¿nos seduce menos Jesús porque no fuera perfecto? ¿Y necesitamos que fuera un revolucionario perfecto para dejarnos inspirar y animar, impulsar por él? No, no nos seduce menos porque muchos días sintiera miedo y desaliento, o duda y angustia, ni porque otros muchos días sintiera rivalidad o incluso resentimiento u otros sentimientos negativos, ligados todos ellos a nuestras conexiones neuronales… Y tampoco nos seduce menos porque no hubiera curado todas las enfermedades ni denunciado todas las injusticias sin desfallecer jamás. No nos seduce menos porque no hubiera llevado a cabo la subversión o la revolución acabada.

No nos seduce porque fuera un ser divino del cielo, enviado por Dios. Nos seduce porque fue un hombre de carne y hueso como nosotros, y porque alcanzó un grado de humanidad, de compasión y libertad, de sensibilidad y compromiso, que está en nuestras manos alcanzar. Jesús fue y sigue siendo profeta, sacramento, símbolo o encarnación de la Compasión liberadora y creadora. Por haber sido tan humano le confesamos divino, y en él reconocemos nuestro ser más verdadero y nuestra vocación más alta, con todas nuestras limitaciones, que fueron también las suyas en un grado o en otro.

2. Lo que vieron sus ojos. Una subversión de la mirada

La subversión de Jesús empezó en su manera de ver la realidad y de dejarse afectar por ella. La subversión de la vida comienza por la subversión de la mirada, y a la inversa. El corazón siente de acuerdo a lo que ven los ojos, pero los ojos ven de acuerdo a lo que siente el corazón. La realidad subvierte la mirada, y la mirada subvierte la realidad. Ojos que no ven corazón que no siente. Pero los ojos no ven cuando el corazón no siente.

Los ojos de Jesús vieron mucho dolor, y sus entrañas se conmovieron. Vio a su pueblo despojado de la tierra y del mar; la tierra sagrada de los padres pisoteada por la bota del imperio romano, y el mar de Galilea en “mar de Tiberíades”, una ciudad construida y habitada por romanos.

Vio la cultura secular de su pueblo amenazada por el helenismo global imperante; la identidad de las raíces ahogada por el frío universalismo del poder romano.

Vio a Herodes Antipas, rey vasallo de Roma, doblar los impuestos para sufragar sus obras monumentales y hacer méritos ante el poder imperial; y a las familias ahogadas por las deudas y el hambre. Vio a campesinos vender sus parcelitas de tierra y convertirse en arrendatarios, y a arrendatarios que no podían pagar las rentas vio convertirse en asalariados o esclavos.

Vio cómo la explotación, el desempleo, los impuestos excesivos y las deudas impagables enfermaban a la gente. Vio los caminos llenos de enfermos, abandonados a la caridad de los transeúntes. Leer más…

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La llamada a los vivientes.

Viernes, 28 de febrero de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

lappel-aux-vivants

La experiencia fundamental y la revelación en nosotros de lo divino, es el acto creativo.

Abrir esta brecha de trascendencia en nosotros exige que nos coloquemos en este lugar único en el que brota y donde el acto de fe, la creación poética y la acción revolucionaria no son más que uno.

El gran arte nos ofrece el modelo más evidente de esta trascendencia. Llamo gran arte (refiriéndome, en lo esencial, a las artes no occidentales o al arte occidental antes del Renacimiento) a lo contrario del arte individualista que busca la singularidad cueste lo que cueste, debido tanto a que tiene como objetivo la integración en el mercado y la competencia, y porque es sólo reflejo de un mundo destrozado en migajas y sin esperanza.

El gran arte no es reflejo sino proyecto, exploración y experimentación de mundos posibles. Más allá de su creador, la obra suscita no espectadores o consumidores pasivos, sino celebrantes de esta vida que está naciendo, co-creadores de la creación. Ni siquiera de la creación artística, sino de la creación simplemente

Esta imaginación tiene valor profético y subversivo, porque hace entrever posibilidades cuyas condiciones no están contenidas en lo que ya existe. Nos sugiere que el mundo no es una realidad ya hecha, sino una obra que hay que crear.

Desde esta perspectiva, la educación consiste no en preparar al niño para adaptarse a la orden existente o a sus exigencias técnicas o políticas, para cebarlo de saberes y de respetos, sino en mostrarle los caminos para acceder a la trascendencia, es decir a la invención del futuro. A hacer emerger la trascendencia más allá de todos los acondicionamientos.

La verdadera educación no es dogmática sino profética. Es subversiva porque enseña a vivir de manera creativa, incluso en medio del caos, a no basar nuestra esperanza en las derivas de la naturaleza o de la historia, sino a tomar conciencia de que es posible vivir de otro modo.

Las consecuencias prácticas y concretas, de esta afirmación intransigente de la trascendencia son esencialmente revolucionarias.

Las únicas revoluciones posibles son las revoluciones que no ignoran esta dimensión transcendente del hombre, que no hacen caso omiso de lo divino, las que se fundan sobre esta certeza de la fe: el fondo último de la realidad es un acto de esta libertad creadora que llamamos Dios.
Ser revolucionario, es ser un creador de esta realidad, es participar en la vida divina.

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Roger Garaudy, en La llamada a los vivientes

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