El pasado 16 de septiembre publiqué los tres últimos artículos, pensando que estaría claro lo que quería decir con “Estoy cansado… y digo adiós” y el artículo “Aprender a decir adiós», por Ianire Angulo Ordorika, ESSE”. A los pocos días, sólo tres personas se han dirigido por correo preguntando qué pasaba (gracias J., M. y A.) a los que he escrito explicando la situación. Pero parece que no han recibido el correo personal, por lo que paso a colocarlo actualizado en la página:
Buenas tardes, (nombre):
La verdad es que eres la única persona que parece haberse dado cuenta…
Con respecto a la página, desde hace varios años soy la única a persona que la alimenta y cubría los gastos hasta que hice un llamamiento y los dos últimos años hubo varias generosas donaciones. Este año he pagado el dominio y el servidor que ha permitido que no hayamos tenido ataques. Tuvimos dos hackeos, uno de ellos en 2014 que borró todo lo publicado hasta entonces y busqué este servidor que permite una gran capacidad y seguridad pero… que el año que viene costará entre 1200-1400 €…
Este año pagué el dominio y el servidor con la ayuda, en parte, de lo que sobró de la donación del año pasado. En agosto tuve que buscar un programador por problemas de actualizaciones al cambiar el servidor no sé qué líos que no cubría. Lo ha dejado “niquelado”… por si alguien toma el relevo y quiere hacerlo desde otro servidor
Pero ya no se trata sólo del dinero. Estoy muy cansado, el 19 de enero se cumplieron 16 años de este blog, pero ya antes estábamos en MSN durante cuatro más.
Tampoco entra ya tanta gente como antes. Hace años pasábamos de los 1500 diarios… ahora, como mucho, algunos días han entrado 400/500 pero normalmente algo menos.
Pero la respuesta es nula, el Foro está vacío de aportaciones… Y yo dedico horas y horas a mantenerlo. Yo creo que ya es hora de dar el paso… Tengo unos años y necesito dedicar más tiempo a mi vida espiritual y a mi familia a la que le he robado mucho tiempo del que teníamos libre.
Mi idea es dejarla activa pero sin nuevas publicaciones (la página permanecerá en línea) para que quien quiera pueda coger la información que necesite y, si alguien quiere tomar en relevo le cedo todos los bártulos… Ante las, hasta hora escasas respuestas al cese de publicaciones es por lo que escribo esta despedida menos “subliminal” (ironía).
De todas formas, las páginas web están desapareciendo. Hasta la icónica Dosmanzanas lleva más de un año sin renovar noticias. La gente ya está en otras Redes Sociales y yo ya no tengo ni ganas ni deseos de meterme en más historias.
Y ya es hora de cuidarme yo y cuidar a mi entorno.
Un saludo a los todavía algunos centenares que entran a diario en la página.
Comentarios desactivados en Estoy cansado… y digo adiós.
Estoy cansado, claro,
porque a estas alturas uno tiene que estar cansado.
De qué estoy cansado, no lo sé;
y de nada serviría saberlo,
porque el cansancio seguiría igual.
La herida duele porque duele,
no en función de la causa que la ha abierto.
Sí, estoy cansado
y un poco sonriente
de que el cansancio sea sólo esto:
ganas de dormir en el cuerpo,
deseo de no pensar en el alma
y por encima de todo una transparencia lúcida
del entendimiento retrospectivo…
¿Y la lujuria sin par de no tener ya esperanza?
Soy inteligente: esto es todo.
He visto mucho, y he entendido mucho de lo que he visto,
y hay un cierto placer, incluso, en el cansancio que eso da:
el de que, al fin, la cabeza siempre sirve para algo.
*
Fernando Pessoa
***
***
No, no es cansancio…
No, no es cansancio…
Es una cantidad de desilusión
Que se me entraña en la especie del pensar,
Es un domingo al revés
del sentimiento,
una vacación pasada en el abismo.
No, cansancio no es…
Es que yo esté existiendo
Y también el mundo,
Con todo lo que contiene,
Con todo lo que en él se desdobla
Y que es por fin lo mismo variado en copias iguales.
No. Cansancio, ¿por qué?
Es una sensación abstracta
De la vida concreta
– algo así como un grito
por dar,
algo así como una angustia
por sufrir,
por sufrir completamente o por sufrir como…
Sí: o por sufrir como…
Eso mismo: como…
¿Como qué?
Si lo supiera, no habría en mí este falso cansancio.
(Ay ciegos que cantáis en la calle,
¡qué formidable realejo
es la guitarra de uno, la bandurria de otro y la voz de ella!)
Porque oigo, veo.
Lo confieso: es cansancio.
*
Fernando Pessoa
***
Gustave Caillebotte – Jeune homme à sa fenêtre (1875)
Desde la ventana más alta de mi casa…
Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.
Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.
He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.
¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?
Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.
¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.
Los seres humanos somos animales de costumbres. Las rutinas y los hábitos nos estructuran por dentro y se nos convierten en compañeros de camino. Por eso, cuando perdemos algo con lo que nos hemos familiarizado o que nos acompaña durante cierto tiempo, no nos resulta sencillo… por más que no implique ningún drama. Durante mi reciente estancia en México murió del todo mi ordenador.
No perdí ni un ápice de información y, además, no es que me pillara totalmente de sorpresa, pues mi portátil no era especialmente bueno y me venía acompañando durante tantos años que había superado cualquier obsolescencia programada y cumplido con creces su vida útil. Con todo, siempre se hace difícil dejar a un lado lo conocido y lanzarse a hacerse con el funcionamiento de otro aparato.
Estaba yo en medio de este minúsculo reajuste personal, cuando alguien me propuso que escribiera algo sobre nuestras dificultades para despedirnos de las realidades importantes. Imaginad lo ridícula que se sintió una servidora ante la inquietud de una persona por aprender a acoger el límite y a despedirse de la salud, de las personas queridas o de las propias capacidades la que me sacó de la absurda incomodidad de reaprender cuatro destrezas técnicas.
Y es que, por más que sepamos en teoría que la ancianidad es imparable y que con ella llega el tiempo de despedirnos de fuerzas, de habilidades… y hasta de los propios dientes,nadie está exento de tener que hacer su propio camino en esto de aprender a despedir con agradecimiento aquello que fue y a abrazar en confianza las circunstancias que nos vienen.
La presencia de Dios
Es fácil que recordemos esa frase que, al comienzo del libro de Job, se pone en boca de su protagonista. Ante la pérdida de bienes y de personas queridas, él dice eso de “el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor” (Job 1,21). De lo que quizá no siempre caigamos en la cuenta es que, para que esas palabras iniciales adquieran verdadero sentido en Job, él va a tener que recorrer un proceso complejo y doloroso, lleno de quejas e intentos de explicación, que se prolonga a lo largo de más de cuarenta capítulos y que culmina con esa misteriosa confesión de que antes conocía a Dios solo de oídas y ahora le han visto sus ojos (Job 42,5).
Todo en la vida es regalo y no nos pertenece, pero saberlo no nos ahorra ni la dificultad de soltarlo ni el miedo que nos produce lo incierto. Poder llegar a experimentar de una manera distinta la presencia de Dios en cuanto nos sucede no se contradice con la queja y el lamento por la ausencia de aquello que fue y que nos va dejando. Aunque no sea tan aplicable a un ordenador como a cualquiera de todas esas “pequeñas grandes” cosas de nuestra existencia, quizá Job nos ofrezca una clave a la hora de aprender a decirles adiós.
***
Ianire Angulo Ordorika, ESSE
Profesora de la Facultad de Teología
de la Universidad Loyola.
Comentarios desactivados en Hermana Jeannine: ¿Seguirá el Papa León al Papa Francisco en cuestiones LGBTQ?
Un último apunte en el blog, válido no solo para nuestros hermanos católicos romanos…
El silencio de León XIV y su falta de gestos inclusivos nos hacen albergar un futuro próximo no muy halagüeño, no podemos compartir del todo la esperanzada convicción de la Hermana Jeannine. Sin embargo, nos quedamos con su certero llamamiento a seguir los dictados de la propia conciencia, última y auténtica instancia de referencia y actuación moral que, en palabras del mismo Benedicto XVI recuerda que: ‘Por encima del papa, como expresión de la autoridad eclesiástica, prevalece la propia conciencia, que debe ser obedecida ante todo, incluso si es necesario contra la exigencia de la autoridad eclesiástica’”.
***
En una reflexión para The National Catholic Reporter sobre el joven papado del Papa León XIV, la Hermana Jeannine Gramick, SL, observó que han surgido tanto temores como esperanzas con respecto a la inclusión LGBTQ+ en cuanto a cómo el pontífice abordará los temas LGBTQ+.
Por un lado, el hecho de que el Papa León se reuniera recientemente con el Padre James Martin, SJ, defensor católico de los derechos LGBTQ+ debería resultar en «un momento de alegría entre las personas LGBTQ+«, declaró la monja cofundadora del Ministerio New Ways.
Sin embargo, aún queda mucho por ver, señaló. «León ha declarado públicamente que continuará la senda de su predecesor en cuanto al ministerio LGBTQ+…«, escribe Gramick, refiriéndose al informe de Martin, según el cual Leo transmitió el mismo mensaje que el Papa Francisco al hablar de su ministerio LGBTQ+.
Pero, ¿cómo confirmarán las acciones del Papa León este mensaje?, pregunta Gramick, quien cuenta con más de 50 años de ministerio con la comunidad LGBTQ+:
«¿Se reunirá León con las personas LGBTQ+, afirmará su derecho a la vida en países donde pueden ser ejecutadas, comerá y beberá con personas transgénero, como hizo Francisco?», pregunta Gramcik. «¿Saludará a los más de 1000 peregrinos LGBTQ+ del Año Santo que rezarán en vigilia en la iglesia jesuita del Gesù en Roma el viernes 5 de septiembre y caminarán hasta la Basílica de San Pedro al día siguiente? Espero que sus acciones confirmen sus palabras hospitalarias«. [Nota del editor: El Papa León XIV no realizó ninguna de estas acciones.]
El Papa León XIV ofreció su homilía en la Misa de Inauguración.
Aunque el lenguaje doctrinal dañino que se refiere a las personas LGBTQ+ como «intrínsecamente desordenadas» no ha cambiado —un hecho que el entonces cardenal Robert Prevost afirmó en 2023—, Gramick mantiene la esperanza de que el espíritu de la sinodalidad pueda ofrecer una vía sanadora. Escribe:
“Creo firmemente que este lenguaje ofensivo será finalmente erradicado del catecismo católico mediante el proyecto de sinodalidad, emblemático de Francisco, que León XIV también ha respaldado incondicionalmente.
“La sinodalidad es un proceso de escucha respetuosa y de compartir, un proceso de intentar ponerse en el lugar del otro, sentir y empatizar con sus ideas… Nuestra iglesia, de hecho, nuestro mundo entero, necesita ser un lugar de discusión y diálogo donde todos puedan sentirse libres de compartir sus experiencias y su verdad. Este es el camino de un misionero en una iglesia inclusiva”.
El proceso de escuchar verdaderamente y el proceso de cambio suelen ser largos y dolorosos, señala Gramick, pero podemos estar seguros de que estos procesos no son fútiles. «Como todo ser vivo, las doctrinas de nuestra iglesia se desarrollan con el tiempo, revelando más verdad a medida que nos mantenemos fieles a la esencia de nuestra tradición«, escribe. Y ofrece algunos consejos mientras tanto:
«Pero, mis amigos LGBTQ+ me preguntan, ¿qué debo hacer mientras tanto? Les recuerdo que la enseñanza más importante de la Iglesia Católica es la primacía de la propia conciencia. Como escribió otro papa (Benedicto XVI): ‘Por encima del papa, como expresión de la autoridad eclesiástica, prevalece la propia conciencia, que debe ser obedecida ante todo, incluso si es necesario contra la exigencia de la autoridad eclesiástica’«.
Así pues, si bien el papa León trabajará en otros temas de gran preocupación, su compromiso de permitir que el espíritu del papa Francisco perdure es una señal positiva. Concluye:
“Así que, hasta que veamos ese cambio en la enseñanza sexual de la Iglesia, hemos tenido la suerte de contar con León XIV, cuyas prioridades para trabajar por la paz, especialmente en Ucrania, Gaza y Myanmar, como le dijo a Martin, incluyen el compromiso con una Iglesia para todos, todos, todos, en palabras de Francisco. Esto debería hacer que las personas LGBTQ+ y sus aliados se sientan seguros”.
—Phoebe Carstens, New Ways Ministry, 15 de septiembre de 2025
Comentarios desactivados en Con María junto a la Cruz.
En el día que los católicos celebran a nuestra Señora de los Dolores, recordamos a tantos hermanos y hermanas que están sufriendo…
La devoción a la Virgen de los Dolores se remonta a los primeros años del segundo milenio, como desarrollo de la «compasión» con María iuxta crucem Jesu. Esta devoción fue formulada litúrgicamente en tierras germanas, concretamente en Colonia, el año 1423. Sixto IV insertó en el misal romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad. La atención hacia María «dolorosa»se fue desarrollando gradualmente en la forma de los Siete Dolores, representados en las siete espadas que traspasan el corazón de la madre de Cristo. La extensión a la Iglesia latina en 1727 fue favorecida por los Siervos de María, que la celebraban desde 1668. La colocación en el 15 de septiembre se remonta a Pío X (1903-1914). En el calendario litúrgico de 1969 se la denomina memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.
***
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
+«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
*
Juan 19,25-27
***
ORACIÓN
Santa María, mujer del dolor, madre de los vivientes, salve. Nueva Eva, Virgen junto a la cruz, donde se consuma el amor y brota la vida.
Madre de los discípulos, sé tú la imagen conductora en nuestro compromiso de servicio; enséñanos a permanecer contigo junto a las infinitas cruces donde todavía sigue siendo crucificado tu Hijo; enséñanos a vivir y a atestiguar el amor cristiano, acogiendo en cada hombre a un hermano; enséñanos a renunciar al opaco egoísmo para seguir a Cristo, única luz del hombre. Virgen de la pascua, gloria del Espíritu, acoge la oración de tus siervos.
***
La meditación sobre los siete dolores de la bienaventurada Virgen podrá expresarse fácilmente en términos actuales, en cuanto los comparemos con los múltiples sufrimientos por los que está marcada la vida hoy…
Principalmente en virtud de nuestra identidad cristiana, aceptaremos ser nosotros mismos una existencia atravesada por la espada del dolor. Siguiendo a Jesús, tomaremos cada día nuestra cruz (Le 9,23; cf. Mc 8,34; Mt 16,24). Sensibles al drama de innumerables personas y grupos obligados a emigrar desde países pobres nada naciones más ricas, en busca de pan o de libertad, pondremos a salvo la vida de todo tipo de persecución y ofreceremos nuestra contribución activa a la acogida de los emigrantes […].
En presencia de cuantos, en medio de la incertidumbre del vivir, añoran el rostro del Señor o se encuentran angustiados por haberlo perdido, nuestras comunidades han de ser lugares que apoyen su trabajosa búsqueda. Han de convertirse en santuarios de consuelo para tantos padres y madres que, desolados, lloran la pérdida física o moral de sus hijos. Como copartícipes de un mismo itinerario de fe, acompañaremos a nuestros hermanos y hermanas por la vía de su calvario: con gestos de delicadeza, como Verónica, o llevando su peso, como el Cirineo.
*
H. M. Moons, Con María junto a la cruz,
Roma 1992, 19ss.
María como una inmigrante detenida por agentes de IC (Obra de Katie Jo Suddaby)
Las lecturas litúrgicas de hoy para la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz se pueden encontrar aquí.
Fue difícil crecer como persona queer y católica en Puerto Rico.
Cuando me di cuenta de que me atraían otros chicos, entré en una crisis espiritual. Debido a mi educación y a lo que me enseñaron en la iglesia, pensé que mi identidad queer era una cruz que debía cargar. Creía que mi deber era sufrir por mi identidad queer e intentar seguir a Jesús lo mejor que pudiera. Durante años, cargué con esa carga. Pero con el tiempo, aprendí que mi identidad queer no era la cruz. La cruz era algo completamente distinto.
A través de terapia, dirección espiritual y mucho baile en bares gay, me di cuenta de que mi identidad queer no era una cruz. Mi verdadera cruz era la intolerancia social que encontré en la sociedad y a lo largo de mi crianza. La cruz era la exclusión alimentada por una teología estrecha y una enseñanza rígida y obsoleta. La cruz también era el racismo que sentía, incluso en algunos espacios queer, como puertorriqueño moreno y queer. La cruz eran los intentos, sutiles y directos, de avergonzarme por ser quien era. Ese era el sufrimiento que cargaba. Esa es mi cruz.
También me di cuenta de que mi condición queer es un regalo de Jesús que me permitió cargar con las cruces de la intolerancia y la opresión. Mi condición queer me dio resiliencia, imaginación, creatividad, alegría y conexión con otras personas marginadas. Me brindó una manera de solidarizarme con quienes llevan cargas pesadas. Lejos de ser mi maldición, mi condición queer se convirtió en una fuente de vida, una lente a través de la cual pude ver a Jesús con mayor claridad.
La Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz de hoy trata sobre esta paradoja: el mismo instrumento de tortura y humillación —la cruz— se convierte en el signo de la victoria y el amor de Dios. Las lecturas litúrgicas de hoy nos invitan a reflexionar sobre ese misterio.
En la primera lectura del Libro de los Números, los israelitas se quejan en el desierto, y serpientes venenosas los abaten. Dios le ordena a Moisés que levante una serpiente de bronce para que quienes la miren vivan. Esa extraña y casi inquietante historia presagia la Cruz. En el pasaje de hoy del Evangelio de Juan, Jesús mismo explicita la conexión: «Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna». La misma causa de la muerte —la serpiente— se convierte, al ser levantada, en el medio de sanación. Y la misma causa de humillación de Jesús —la cruz— se convierte en la fuente de salvación.
Paradojas como estas no son ajenas a las personas queer. A muchos nos han dicho que nuestras identidades son una maldición, una vergüenza o un pecado, y muchos interiorizamos ese mensaje mortífero y lo creemos de todo corazón. Sin embargo, cuando aceptamos quienes somos como hijos amados de Dios, nuestras vidas se convierten en signos de gracia. Cuando nos aferramos a nuestra identidad queer y elevamos nuestra alegría queer, las mismas partes de nosotros mismos que otros rechazaron se convierten en los instrumentos de nuestra sanación y nuestro mayor regalo al mundo.
San Pablo capta este misterio maravillosamente en el pasaje de hoy de la Carta a los Filipenses: «Cristo Jesús, siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, humillándose hasta la muerte, y muerte de cruz». La vida de Jesús es un ejemplo de cómo debemos abrazar la plenitud de nuestra humanidad, regocijarnos en quienes somos y, cuando nos enfrentamos a la muerte, permanecer firmes en nuestro amor para resurgir victoriosos.
Por eso puedo decir: Jesús es queer. No necesariamente en el sentido de atracción o identidad sexual, aunque quizás lo era en ese sentido (¿quién sabe?). Jesús era queer en el sentido de que sabe lo que es vivir de forma diferente, ser incomprendido, ser marginado, ser excluido por las autoridades religiosas de su época, y aun así mantenerse firme en su identidad. Jesús quebró las normas de poder, pureza y pertenencia al desafiar las suposiciones opresivas de la época.Nos mostró que el amor de Dios no se ajusta a las categorías humanas de respetabilidad o decencia. Proclamar a Jesús como queer es proclamar que Él comprende profundamente lo que significa vivir al margen y, lo más importante, convertir esa marginalidad en gracia y salvación.
En esto reside la esperanza de la Cruz. La Cruz no glorifica el sufrimiento por sí mismo. Lo nombra por lo que es: injusto, cruel, impuesto por una injusticia directa y sistémica. La Cruz nos muestra que el sufrimiento no es la última palabra. La Resurrección lo es. La Vida lo es. El Amor lo es. Exaltar la Cruz no es decir: «Sufrir es bueno». Es decir: «A través de nuestras vidas, Dios transformará incluso esto».
Para mí, esto significa que mi condición queer no es la causa de mi sufrimiento; más bien, mi condición queer es el don del Espíritu que me ayuda a soportar e incluso a transformar el sufrimiento causado por la exclusión, el racismo y la vergüenza. Mi condición queer me conecta con el misterio de la Cruz, donde el amor de Dios se encuentra con el dolor humano y abre nuevas posibilidades.
—Ish Ruiz, Escuela de Religión del Pacífico, 14 de septiembre de 2025
Comentarios desactivados en Cómo un pastor evangélico se convirtió en un aliado improbable para su hija trans
Fotografía cortesía de Danny y Beatrice Cox. Diseño de ‘Gander Newsroom.
“Si alguien tiene un poco de curiosidad, hay esperanza de que el amor prevalezca.”
Emma Paidra
9 de septiembre de 2025, 12:00 p. m. EDT
Esta historia se publicó originalmente en Uncloseted Media, un medio de investigación centrado en la comunidad LGBTQ.
«¿Por qué no puedes hablarme, carajo?«, le gritó Beatrice Cox a su padre. «¿Por qué no puedes mirarme a los ojos? ¿Por qué no puedes llamarme por mi nombre?«.
Era 2021, y Danny Cox recuerda haber mirado a su hijo, que entonces tenía 22 años, y haber sentido una profunda confusión. Criado en la iglesia católica y finalmente convertido en pastor evangélico, recordaba lo que diferentes comunidades religiosas le habían inculcado sobre las personas transgénero: trastornos mentales, pecadores y no creados según el diseño de Dios.
Habían pasado seis meses desde que su hija, Beatrice, se declaró transgénero. Durante ese tiempo, Danny no había aceptado su identidad, negándose a llamarla por su nombre o a usar sus pronombres.
Como pastor principal de una iglesia evangélica en Troy, Michigan, durante mucho tiempo albergó dudas sobre el maltrato a las personas queer en los espacios evangélicos. Pero cuando Beatrice le reveló que era trans, no estaba listo para enfrentar la tensión entre su fe y su familia.
Aunque Danny, ahora de 58 años, recuerda haberle recordado a Beatrice que la amaba, se sintió desconcertado por su identidad trans. «Miré a mi esposa y pensé: ‘¿Qué hago? Porque no lo entiendo’«, dice.
Salir del clóset fue aterrador para Beatrice, ahora de 26 años, quien recuerda que en la escuela le decían que «los gays eran enemigos de Dios«. A Beatrice también le preocupaba el costo de salir del clóset en una comunidad religiosa. «Salir del clóset significaba perder el acceso a todo lo que me importaba«, declaró a Uncloseted Media y Gander Newsroom.
Pero Beatrice también temía por su padre. Sabía que, como pastor principal de una megaiglesia evangélica, las consecuencias de tener un hijo queer podían ser devastadoras. «Sabía que salir del clóset amenazaría toda su vida y estabilidad«, dice.
Antes de declararse trans, Beatrice se declaró gay. Aunque temía perder a su familia y su comunidad, su padre la recibió con una reacción positiva. «No pude hacer contacto visual. Lloré a mares«, recuerda Beatrice. «Reaccionó de la mejor manera posible a ese nivel de ternura y vulnerabilidad«.
En apariencia, Danny era una persona afirmativa. Pero por dentro, luchaba. Puede que dé vergüenza decirlo, pero la verdad es que recuerdo haber dicho: “Señor, no hay problema en tener un hijo gay, bisexual o lesbiana. Puedo ser LGB, pero por favor no me des la T. Por favor, no me des un hijo trans, porque nada de eso me parece lógico”.
Pero unos años después, los temores de Danny se hicieron realidad cuando Beatrice se declaró trans.
“Su respuesta fue pura confusión”, dice Beatrice. Recuerda que él le preguntaba repetidamente qué significaba su nueva identidad. El apoyo y la validación inmediatos que sintió la primera vez que se declaró habían desaparecido.
Durante el año siguiente, “fuimos en una confrontación activa”, dice Beatrice. “Para él, mi condición de trans era insuperable”.
Danny se negaba a reconocer la identidad femenina de Beatrice. Le preocupaba que fuera imposible aceptar a la comunidad LGBTQ sin violar los principios bíblicos. “Tenía dificultades teológicas”, dice.
Pero su falta de aceptación fue dolorosa para Beatrice. “Lo interpreté como ‘no estás conmigo’… No tenía ni idea de qué le pasaba”.
Aunque Beatrice y Danny nunca perdieron el contacto por completo durante este tiempo, su relación se estaba deteriorando. Danny describe un sentimiento de dolor al tener que despedirse de la versión de Beatrice que había conocido. “Hay un profundo duelo en la vida de los padres cuando sus hijos hacen la transición y tienen que adaptarse a una nueva versión de ellos”.
Pero poco más de un año después de que Beatrice saliera del armario, la tensión llegó a su punto álgido. “Le gritaba”, recuerda Beatrice.
Después de un intercambio de idas y venidas, Danny rompió a llorar. “‘Lo siento, Bea. Lo siento, Bea. Lo siento, Bea’”, recuerda Beatrice que su padre repetía una y otra vez.
“Fue la primera vez que dijo mi nombre”, dice, y añade que le costaba pronunciar las palabras entre sollozos y que hablaba casi en un susurro. Este momento dio un paso adelante, y Danny finalmente compartió con Beatrice las emociones que había estado reprimiendo durante el último año.
«Tengo mucho miedo por ti. Este mundo no es bueno«, le dijo Danny a Beatrice mientras se disculpaba por el dolor que le había causado. Le dijo a Beatrice que asociaba ser queer con una vida más difícil, algo que no quería para su hija. «Mi mayor temor era por su seguridad. Y luego tuve mis propios miedos: ¿Qué significa esto realmente?«, recuerda haber pensado. Aunque su disculpa no disipó de inmediato el dolor que le había causado a Beatrice tras rechazar su identidad, sentó las bases para comenzar a reparar la relación.
«Me di cuenta de que todo lo que hacía era por miedo y no por odio«, dijo Beatrice a Uncloseted Media y Gander Newsroom, entre lágrimas. «En ese momento, todos los delirios, todas las tonterías, simplemente se desvanecieron, y simplemente somos personas humanas, viéndose como personas humanas. Y eso vale mucho. No mucha gente tiene eso con sus padres«. “Cuando llegó ese momento, fue una sanación instantánea porque Beatrice también pudo bajar la guardia”, dice Danny. “En cuanto dije ‘Bea’, fue casi como si se levantara el velo”.
Desde ese día, Danny y Beatrice han trabajado para sanar su relación. Danny dejó su iglesia y ahora está siendo ordenado sacerdote en la Iglesia Episcopal, donde los feligreses homosexuales han tenido igualdad de derechos durante casi 50 años. Danny se refiere con orgullo a Beatrice como su hija, usa sus pronombres correctos y la llama cariñosamente por el apodo de «Bea«.
«No se me ocurre otra palabra que ‘feroz’ para describir lo que ha hecho«, dice Beatrice, refiriéndose a su alianza. «Es extraordinariamente valiente y extraordinariamente hermoso«, dice, y añade que ya no le guarda rencor a su padre. «Es un amigo, un padre y un cómplice«.
Aunque ambos han avanzado mucho, Danny aún carga con la culpa. «Me avergüenzo de haberme quedado tanto tiempo, y me he arrepentido«, dice. Desde que Beatrice salió del clóset, Danny fundó una organización llamada The Open Table Collective, que ofrece un espacio para que las personas aborden cuestiones de fe. A través del colectivo, él y Beatrice ahora comparten su historia en eventos públicos y en su propio podcast con la esperanza de demostrar que la religión no tiene por qué ser un obstáculo para aceptar las identidades queer.
Para Danny, los padres de hijos queer pueden hacer una de dos cosas: «Rechazan a la persona o dicen: ‘¡Vaya! Esta es la persona que amo, y tengo que empezar a reevaluar mi vida y mi forma de pensar’«.
Para él, lo más importante es no excluir a alguien solo por miedo o incomprensión. «Si alguien tiene un atisbo de curiosidad, hay esperanza de que el amor prevalezca y de que nuestra experiencia humana nos acerque más«.
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Esta historia se publicó originalmente en Uncloseted Media. Para disfrutar de todo su periodismo centrado en la comunidad LGBTQ+, considere suscribirse gratuita o de pago a UnclosetedMedia.com.
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Comentarios desactivados en Por primera vez un matrimonio homoparental adopta un niño en Valparaíso
Tras un proceso de dos años Javier Reyes y Alejandro Vascone, se convirtieron en la primera pareja de hombres en adoptar, tras la aprobación del matrimonio igualitario. “Cambió nuestras vidas”, señaló la pareja tras adoptar al niño de 11 meses.
El contador auditor Javier Reyes y el bancario administrativo Alejandro Vascone, quienes viven en la comuna de Valparaíso, se convirtieron en el primer matrimonio igualitario en adoptar legalmente a un niño en dicha región.
Tras un proceso de dos años; que incluyó charlas, entrevistas, evaluaciones psicológicas y visitas domiciliarias por parte del Servicio Mejor Niñez; fueron declarados idóneos para adoptar al niño, quien llegó a su familia cuando tenía 11 meses. Hoy, el niño tiene un año y tres meses de vida.
“Nos citaron a una reunión y nos dijeron: ‘hay un niño que es idóneo para ustedes, y ustedes para él’. No lo pensamos dos veces. En una semana nuestra casa se transformó, pasamos de no tener nada a preparar todo para recibirlo», dijeron.
«Nuestra historia de adopción no solo cambió nuestras vidas, también está inspirando a otras a dar el primer paso (…) el camino no es fácil ni corto, pero vale cada segundo cuando se trata del bienestar de niños y la construcción de nuevas familias», añadieron.
Junto con felicitar a la pareja y a su hijo, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, (Movilh) sostuvo que “este es paso que llena de esperanza y orgullo a la diversidad familiar, demostrando que el amor, la responsabilidad y el compromiso con la infancia no conocen de prejuicios ni de limitaciones arbitrarias”
“Valoramos especialmente que en Valparaíso ocurran estos avances, en tanto hace seis años es la región con más denuncias por discriminación basada en la orientación sexual o identidad de género. Este avance envía una señal de esperanza y positivo cambio para todas las personas LGBTIQ+ de Valparaíso, en especial para las familias”, puntualizó el Movilh
Comentarios desactivados en Obispo alemán se opone a usar la Biblia para condenar la homosexualidad
Obispo Peter Kohlgraf
El obispo de Maguncia, Alemania, se ha pronunciado en contra de usar pasajes bíblicos como excusa para oponerse a la homosexualidad.
El obispo Peter Kohlgraf hizo estas declaraciones durante una entrevista en el programa de televisión “SWR Democracy Forum in Hambach Castle”, transmitido por Südwestrundfunk (SWR), un canal de televisión del oeste de Alemania, según informó Katholisch.de.
Kohlgraf afirmó que “no se pueden simplemente extraer verdades eternas y atemporales” de pasajes bíblicos sobre la homosexualidad. El tema del programa fue “Tabúes en nuestra sociedad: entre la moral, el poder y los medios de comunicación”.
“No tomo una sola frase de la Biblia y digo: Esta es la frase que se aplica incuestionablemente a todos”, continuó el obispo. “Más bien, siempre deben tenerse en cuenta los hallazgos contemporáneos de las humanidades”.
[Nota del editor: Los pasajes más citados que supuestamente condenan a las personas lesbianas y gais son Levítico 18:22;Levítico 20:13;Génesis 19;Romanos 1:26-27;1 Corintios 6:9-10;1 Timoteo 1:8-11. El consenso académico contemporáneo rechaza la idea de que estos pasajes se refieran a la realidad lésbica y gay reconocida desde mediados del siglo XX.]
El obispo Kohlgraf afirmó que trata los textos bíblicos de una manera diferente a simplemente usarlos como cantera. También afirmó que la teología con base científica es considerablemente más avanzada hoy en día.
Las declaraciones del obispo son significativas porque no concuerdan con el documento del Vaticano de 1986 sobre la homosexualidad, que sostiene que existe una clara coherencia en las propias Escrituras sobre la cuestión moral de la conducta homosexual. Por lo tanto, la doctrina de la Iglesia sobre este tema se basa, no en frases aisladas para una argumentación teológica simplista, sino en el sólido fundamento de un testimonio bíblico constante.
El obispo Kohlgraf tiene una larga y notable trayectoria positiva en temas LGBTQ+. Puede obtener más información sobre sus declaraciones anteriores consultando publicaciones anteriores de Bondings 2.0 haciendo clic aquí.
Profesora Ilse Müllner
La literatura teológica que critica la idea de que la Biblia se opone a la homosexualidad es extensa y proviene de diversas metodologías. Un buen resumen de algunos de los argumentos se puede encontrar en una entrevista de 2018 de Katholisch.decon Ilse Müllner, profesora de Teología Bíblica en el Instituto de Teología Católica de la Universidad de Kassel, Alemania. Müllner afirma:
“… [L]a Biblia no ofrece ninguna perspectiva sobre cómo deberían posicionarse los cristianos hoy en día respecto al tema de la homosexualidad. En primer lugar, porque la Biblia no dice nada sobre la homosexualidad tal como la entendemos hoy. Y en segundo lugar, porque los actos sexuales que describe deben considerarse siempre en su respectivo contexto cultural y sociohistórico. El concepto de pareja homosexual aún no existía en aquel entonces. Solo se ha hablado de él desde principios del siglo XIX”.
El teólogo ofrece un ejemplo de cómo las interpretaciones de Levítico 18:22 y Romanos 1:26-27 que condenan la homosexualidad son erróneas:
“No se pueden usar estos pasajes contra la homosexualidad tal como se entiende hoy en día, porque no se refieren a una relación amorosa a largo plazo entre personas del mismo sexo. Es necesario saber esto antes de usar tales citas para argumentar. Levítico rechaza la idea de que un hombre se acueste con otro hombre como si estuviera con una mujer. Esto describe el sexo anal entre hombres. Pero no se trata de una relación homosexual. Se trata de un acto sexual que se condena porque no se considera beneficioso para la comunidad. Esto se desprende del contexto, donde, entre otras cosas, también se rechazan las relaciones sexuales con una mujer menstruante, es decir, infértil. La literatura narrativa a menudo hace referencia a Génesis 19. Aquí, los huéspedes que llegan a la ciudad de Sodoma —de ahí el término sodomía— deben ser humillados mediante relaciones sexuales. De nuevo, no se trata de relaciones homosexuales. En cambio, los hombres deben ser violados por un grupo de hombres. Por lo tanto, se trata de violencia xenófoba. Este pasaje bíblico ilustra claramente la conexión entre la sexualidad y el poder. Debemos abordar esta conexión, especialmente a la luz del escándalo de abuso.”
Comentarios desactivados en Es FALSO que los procesos de afirmación de género incrementen la ideación suicida
La desinformación en torno a las identidades de las infancias trans está teniendo un impacto a nivel global y una de las afirmaciones falsas es que tienen más indíces de ideaciones suicidas.
Fuente Agencia Presentes
12 de septiembre de 2024 Geo González Edición: Ana Fornaro
Las infancias trans y quienes les acompañan enfrentan un escrutinio social continuo que les obliga a justificar sus identidades de género. Esta situación se agrava debido a la desinformación y los mitos difundidos por grupos antiderechos. Desde allí han intentado manipular la percepción pública en contra de las reformas legales a favor de los derechos trans. En específico de aquellos que benefician también a las personas trans menores de edad. Entre ellos, el reconocimiento de su identidad y el acceso a la salud, incluyendo la salud de afirmación de género.
La desinformación en torno a las identidades de las infancias trans está teniendo un impacto a nivel global. Y en territorios como Estados Unidos, Reino Unido ya hay políticas y reformas de ley que limitan y niegan sus derechos humanos. Esto abarca desde el acceso a la salud al el reconocimiento de su identidad. Pero también el uso de baños y practicar deportes acorde a su identidad de género.
En América Latina estas narrativas desinformantes llegan y son promovidas por políticos de ultraderecha y grupos antiderechos. Usan las redes sociales y medios de comunicación para difundir ideas falsas, bulos y pánicos morales sobre lo que implica garantizar los derechos humanos a las infancias trans.
La legislación
A nivel mundial ninguna ley de identidad de género que garantiza este derecho a las infancias trans busca “mutilar”, “hormonar” u “operar” a las niñas, niños y niñes trans.
De acuerdo a la base de datos de ILGA World, a nivel regional México, Colombia, Ecuador, Argentina, Uruguay y Chile cuentan con directrices, leyes o antecedentes que garantizan el reconocimiento de la identidad de género a menores de edad. En algunos casos se garantiza de forma administrativa, en otros por la vía judicial. Y en ningún caso se exige una acreditación médica, quirúrgica o tratamiento hormonal.
La Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sostiene que el reconocimiento de identidad de género de las personas trans, menores y mayores de edad, debe ser garantizado sin que tengan que acreditar intervenciones médicas, quirúrgicas, tratamientos hormonales u otros procedimientos.
En México tres estados del país reconocen la identidad de género de infancias trans sin restricción de edad. Cinco a partir de los 12 años. En cada oportunidad donde una reforma de este tipo llega a los congresos de los estados, políticos y grupos antiderechos usan las plataformas legislativas, redes sociales y medios de comunicación para desinformar en relación a estas reformas.
Los argumentos falsos
Les diputades que impulsan leyes antiderechos usan argumentos falsos para intentar sustentar que las infancias corren el riesgo de cometer suicidio por ser trans. Esto es falso.
Cuando hablamos de afirmación de género no sólo hablamos de intervenciones médicas. También de aspectos sociales y legales que ayudan a las personas trans, menores y mayores de edad, a vivir de acuerdo a su identidad de género reduciendo niveles de estrés, crisis e ideación suicida.
En enero de 2020 la organización The Trevor Project que trabaja en la prevención de crisis y suicidios en Estados Unidos y otros países del mundo, realizó una investigación sobre los impactos a nivel social, médico y legal en las infancias y adolescentes trans respecto a la afirmación de género a través de distintos estudios.
En términos generales el análisis es determinante al señalar que “se ha demostrado que la atención de afirmación de género reduce la ideación y los intentos de suicidio en personas transgénero, junto con el apoyo social, el apoyo familiar y la reducción de la discriminación”, (Bauer et al., 2015, The Trevor Project, 2019).
Otros datos sostienen que:
Las infancias trans que han hecho una transición social demuestran niveles comparables de autoestima y depresión que los niños que no son trans. “El hecho de que los resultados de autoestima y depresión sean iguales es poderoso debido a los resultados de salud mental significativamente peores experimentados por los jóvenes trans sin apoyo”, (Durwood, et al., 2016; Olson et al., 2016).
El uso del nombre elegido dio como resultado una disminución del 29% en la ideación suicida y una disminución del 56% en el comportamiento suicida en cada contexto social donde se desenvuelven las infancias y jóvenes trans (Russell, et al., 2018).
Las personas trans que desearon y recibieron la supresión de la pubertad en la adolescencia tienen una ideación suicida de por vida significativamente menor en comparación con aquellos que la desearon pero no la recibieron (Turban et al., 2014).
¿Qué es la afirmación de género?
A nivel social, la afirmación de género tiene que ver con respetar la identidad de género de las personas trans al nombrarlas con su nombre elegido. También a usar el pronombre con el que se identifican y al no negarles su participación y acceso a deportes. O el baño con relación a su identidad de género.
A nivel médico, existen tratamientos de afirmación de género que posponen los cambios físicos. Éstos pueden ser:
La supresión de la pubertad, comúnmente conocida como «bloqueadores de la pubertad» que se usa para retrasar las características sexuales secundarias propias de la pubertad.
La terapia hormonal, la cual ayuda a promover los cambios físicos para afirmar la identidad de género de una persona.
Tanto la supresión de la pubertad como la terapia hormonal son dos componentes de la atención médica respaldados con evidencia por la Asociación de Endocrinogía (Endocrine Society, en inglés), la Asociación Mundial para la Salud Transgénero (WPATH, en inglés), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
A nivel regional, la CIDH establece: “cuando hablamos de intervenciones médicas de reafirmación del género, no debe pensarse solamente en cirugías, que de hecho no se practican a personas cuyos cuerpos están todavía en crecimiento, sino que nos referimos también a tratamientos de bloqueo y reemplazo hormonal. Los bloqueadores hormonales se suministran al momento de la pubertad, y por eso es fundamental garantizar el acceso de niñes trans a la atención médica adecuada para cuidar de su salud transicional”.
La Asociación de Endocrinología recomienda que un equipo multidisciplinario en endocrinología, salud física y mental acompañe a jóvenes peripuberales y adolescentes para que se determine si pueden acceder a bloqueadores hormonales.
En México las personas trans aún enfrentan obstáculos para acceder a procesos de afirmación de género a nivel social, médico y legal.
Falta de datos científicos orientados a personas trans
La investigación y análisis de The Trevor Project afirma que “los datos disponibles destacan sólidamente los beneficios psicosociales de la atención de afirmación de género para los jóvenes e infancias trans”.
Sin embargo, advierten en la necesidad de datos a gran escala que se orienten a personas trans con el fin de que haya más y mejor información sobre los riesgos y beneficios de las opciones de tratamiento para que las infancias y adolescencias trans y sus familias puedan tomar mejores decisiones.
Si bien la investigación de The Trevor Project está contextualizada en Estados Unidos, ésta puede arrojar luz a nuestros territorios en América Latina sobre cómo el acceso a procesos de afirmación de género (social, legal y médico) en infancias y jóvenes trans puede mejorar su salud mental y prevenir la ideación suicida.
Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.
Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo, cómplices?
Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.
*
Jean Vannier
***
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
1Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él.
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Juan 3,13-17
***
Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.
Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.
El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.
La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.
Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.
La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .
*
G. di S. M. Maddalena, Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss
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La Iglesia católica Romana, muchos grupos protestantes y ortodoxos celebran la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335 de la era actual, tras haber sido descubierta la cruz por Santa Elena. También se dice que ese día se conmemora la recuperación de la Cruz por Heraclio en el 628 de manos de los persas, quienes la habían llevado a Ctesifonte tras tomar Jerusalén en 614. En la liturgia se tiene constancia de esta celebración desde el siglo IV. En la liturgia romana celebra este día como «fiesta del Señor«, segunda categoría litúrgica entre las fiestas de los santos, celebrándose en todas las iglesias. Si cae en domingo, tiene preferencia ante la celebración dominical. El color litúrgico del día es el rojo. Tradicionalmente, en esta fiesta se exponen las reliquias de la Santa Cruz, si existen en el templo, u otras cruces.
Comentarios desactivados en “El otro hijo”, 24 Tiempo ordinario – C (Lucas 15,1-32)
Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del «padre bueno», mal llamada «parábola del hijo pródigo». Precisamente este «hijo menor» ha atraído casi siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.
Sin embargo, la parábola habla también del «hijo mayor», un hombre que permanece junto a su padre sin imitar la vida desordenada de su hermano lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «Se indigna y se niega a entrar» en la fiesta. Nunca se ha marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.
El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota, dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Solo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.
Esta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos, pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada de su hermano. Jesús concluye su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?
Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, practicantes y alejados, matrimonios bendecidos por la Iglesia y parejas en situación irregular… Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos e hijas, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad solo de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.
El «hijo mayor» nos interpela a quienes creemos vivir junto a él. ¿Qué estamos haciendo los que no hemos abandonado la Iglesia? ¿Asegurar nuestra supervivencia religiosa observando lo mejor posible lo prescrito o ser testigos del amor grande de Dios a todos sus hijos e hijas? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que saben comprender, acoger y acompañar a quienes buscan a Dios entre dudas e interrogantes? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? ¿Les ofrecemos amistad o los miramos con recelo?
Comentarios desactivados en “Tiene que ser elevado el Hijo del hombre”. Domingo 14 de septiembre de 2025. Exaltación de la Santa Cruz 24ª semana de tiempo ordinario
Números 21,4b-9: Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados. Salmo responsorial: 77: No olvidéis las acciones del Señor. Filipenses 2,6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo. Juan 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.
En el diálogo entre Jesús y Nicodemo, en el fragmento del evangelio de Juan que hoy leemos, encontramos una alusión al relato de la serpiente de bronce elevada por Moisés en el desierto (Núm 21,8s) y que el evangelista retoma para compararlo con la manera como el Hijo del Hombre fue levantado en la cruz. La palabra “levantar” es usada en dos sentidos: la elevación en la cruz y la elevación a la diestra del Padre. La tradición cristiana la ha traducido por «exaltación”. Juan, en su teología, ve en la crucifixión el momento culminante de la vida de Jesús, la «hora” de su glorificación. La “exaltación” sería el tránsito de Jesús del mundo al Padre, la Pascua salvadora en la que Jesús es glorificado. Éste sería el sentido en el que celebramos hoy la exaltación de Jesús, más que de la cruz. La cruz no la exaltamos. La cruz un signo del gran amor de Jesús para con la humanidad. Sólo en ese sentido podría exaltarse la cruz. Por eso, el evangelio insiste en que Jesús no vino a juzgar, condenar o acabar el mundo, por el contrario, vino a dar testimonio de que el amor es el camino seguro que conduce a la resurrección.
Jesús no amó la cruz, sino que quiso evitarla. Lo cual no fue una «debilidad humana», sino su deber lógico. Porque tampoco podemos ya decir que «el Padre lo envió a la muerte y una muerte de cruz… En Jesús no hay nada de una visión ni masoquista (que ame o valore la cruz por sí misma), ni que la incorpore «al plan de Dios» por voluntad divina, ni una visión expiadora: Jesús sufriendo, muriendo en la cruz para ofrecer a Dios Padre ese sufrimiento violento en nombre de la humanidad, para así «aplacar» al «airado» Eterno Padre, que habría cancelado sus relaciones con la humanidad por causa de un supuesto pecado original cometido por una supuesta «primera pareja» de primates humanos…
Lamentablemente –tenemos que reconocerlo– la cruz es también, no sólo ese signo del amor consecuente y de la coherencia de Jesús con su misión, sino sobre todo el signo central de todo este relato mitológico de pecado original, masa humana condenada, envío desde el cielo de un Mesías redentor, expiación en la cruz, recuperación de la humanidad. Se puede decir, sin temor a exagerar, que durante demasiado tiempo ha fungido como el relato esencial cristiano. Ha sido el mensaje concentrado en que las Iglesias cristianas han hecho coincidir su doctrina, su visión, y su misión. Y es la visión más ampliamente difundida… en nombre de Jesús, que nunca supo de ello ni nunca quiso morir para expiar un pecado original.
Afortunadamente, ello ha sido algo tan extendido masivamente en las Iglesias y tan ingenuamente (mitológicamente) aceptado, que ni siquiera ha sido declarado oficialmente dogma… se dio por supuesto simplemente. De forma que, sencillamente, no es dogma; es –aunque pueda sorprendernos este su status– una tradición, tan antigua y venerable como superable y prescindible. Esto alivia a muchos cristianos que ya no pueden vivir en el mundo mitólógico (ni siquiera siendo conscientes de que se las han con símbolos…: muchas personas de la sociedad de hoy ya no toleran símbolos de determinado tipos mitológicos, ni siquiera sabiendo conscientemente que son mitos; su cultura actual no tolera ya mitologías a la hora de manejar/expresar el sentido de su vida humana: se ha convertido incluso en una cuestión de dignidad, de honor).
Son demasiadas cosas las que están implicadas en esta mitología de la cruz, que no sólo ya no puede ser «exaltada», sino que debe ser «deconstruida». Ya los hemos insinuado, pero merecerían un abordaje detenido, detallado y a fondo: pecado original como pecado mitológico primordial que causa la desgracia de la humanidad (mito común en muchas religiones); la massa damnata o humanidad condenada por el pecado original, de la que san Agustín hablaba y que marcó a la teología por más de un milenio; la interpretación de todos los males como castigo de Dios por «nuestro» pecado original (pérdida de los supuestos dones preternaturales, de la ciencia infusa, de la inmortalidad, del equilibrio psíquico-espiritual, condena a ganar el pan con el sudor de nuestra frente, condena de la mujer a dar a luz con dolor y a estar sometida al varón…); la interpretación de la muerte de Jesús como expiación para aplacar al Padre Eterno; la interpretación esencial del bautismo como instrumento para el perdón del pecado original; el valor expiatorio del dolor asumido (incluso provocado, la mortificación) voluntariamente; el amor a la cruz…
El cristianismo tiene ahí una responsabilidad colectiva por tanto sufrimiento psíquico infligido a tantas generaciones humanas, durante tanto tiempo, aunque haya sido involuntariamente, por un espejismo cultural, no por mala voluntad. No basta dejar de hablar de aquello que ya da vergüenza hablar. Es una obligación de responsabilidad colectiva «agarrar el toro por los cuernos», de frente, reconocidamente, sin callar nada vergonzantemente, y negar explícitamente lo hoy reconocemos que fue un error, y tratar de liberar a tantas personas que aún arrastran en su conciencia, y con frecuencia en las capas subconscientes de su psiqué, la desconfianza ante el mundo, ante la materia, ante la sexualidad, ante el placer y la felicidad. O una visión espiritual masoquista (como aquella de la Imitación de Cristo, de Kempis: «Tanto más santo te harás, cuanta más violencia te hicieres»). Leer más…
Comentarios desactivados en 14.9.25. No son los hombres para Dios, sino Dios para los hombres. Santa Cruz (Flp 2, 6-11) Dom 24 TO
Del blog de Xabier Pikaza:
Este motivo c (=no es el hombre para el templo, sino el templo para el hombre, Mc 2, 27) está en el fondo de la epístola (Flp 2, 6-11) y del evangelio de este domingo (Jn 3, 3, 13-17), que corresponde a la fiesta litúrgica de la “exaltación” de la Santa Cruz (14.9.25), la Cruz de Septiembre.
Con este motivo ofrezco un comentario de Flp 2, 6-11, que es quizá el texto más importante de la liturgia y teología cristiana. Éste es el evangelio en estado puro, evangelio de cruces en Gaza, Ucrania y medio mundo, todas ellas Santa Cruz de Dios en Cristo y en los hombres.
| Xabier Pikaza
TEXTO: FLP 2, 5-11
a) (Jesucristo), siendo de condición de Dios, no quiso conseguir por fuerza el ser igual a Dios.
(a) Se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo. Hecho semejante a los hombres, y mostrándose en su forma de ser como los hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
(b) Por eso Dios lo exaltó en forma suprema concediéndole aquel Nombre que excede a todo nombre, de tal forma que al nombre de Jesús toda rodilla se doble (en cielo, tierra y el abimo)
y toda lengua confiese Jesús Cristo, es el Señor (para gloria de Dios Padre) (Flp 2, 6-11) [1].
LECTURA. JESUCRISTO, REVELACIÓN DE DIOS
El himno consta de una introducción (A) y dos estrofas (B y C ) ordenadas según la forma tradicional de los textos judíos del tiempo: hay una primera parte de humillación y sufrimiento (b), superada por la intervención de Dios que invierte el sufrimiento y glorifica al humillado c). Hasta aquí todo es normal en el contexto en que se mueve el primitivo cristianismo.
La novedad está en la forma de entender e interpretar los elementos dentro del esquema. A nuestro juicio, sus aspectos más salientes son: identidad del sujeto, carácter voluntario de su gesto, hondura de su humillación, sentido universal y salvador de su glorificación.
1) El principio de interpretación del texto consiste en identificar el sujeto. ¿Quién es ese Jesucristo que, teniendo condición de Dios, se humilla, despojado de su gloria, hasta morir crucificado? Hay dos interpretaciones principales, una encarnacionista, la otra pascual.
2) La interpretación encarnacionista es más tardía, aunque después haya tenido carácter casi dominante: empieza con los padres latinos, posteriores a las grandes controversias cristológicas, domina en la escolástica y llega a nuestros días con matices muy variados.
Ella supone que el sujeto del himno, como punto de partida del gran drama redentor, ha sido el mismo Jesús en su carácter de Hijo eterno: Estaba en Dios, tenía realidad originariamente divina, esencia preexistente. Podía haber permanecido en su nivel divino, disfrutando para siempre con el Padre y permitiendo que los hombres destruyeran su existencia mortal en el pecado. Pues bien, en gesto salvador que nos desborda, el Hijo se ha encarnado: abandona su primera condición, deja su gloria y comparte la existencia con los hombres, entregándose por ellos hasta el mismo extremo de la muerte.
Sin duda, esa postura responde a la experiencia de la Iglesia que deriva del conjunto del NT y se precisa en los concilios de Nicea y Calcedonia. El problema está en saber si corresponde a la palabra y al mensaje de Flp 2, 6-11, tal como fue asumido por Pablo. Significativamente, los mejores defensores de esta perspectiva son aquellos eruditos que interpretan el texto en línea gnostizante.
Ellos recuperan el valor de encarnación de Flp 2, 6-11, pero lo entienden de manera mítica y no como lo asume el dogma de la Iglesia. Piensan que no puede tratarse de una encarnación del Hijo eterno en línea trinitaria, pues aún no se encontraba desvelado ese misterio. El que se encarna es una especie de ser mítico, entendido con rasgos de carácter cosmológico: el hombre original divino o el Dios original humano de la gnosis desciende a nuestro mundo, se introduce en la miseria de la tierra y, penetrando hasta el abismo de la muerte, hace posible que los hombres queden liberados de la muerte; de esa forma ha roto las barreras del cosmos que cerraban a los hombres como en cárcel, para conducirles al ámbito de gloria.
Esta es la postura que han seguido muchos protestantes alemanes, sobre todo a partir de E. Kasemann. Llegando hasta el final, y por encima de la diferencia de representaciones (Hijo eterno o figura gnóstica), coinciden defendiendo una exégesis dogmática, que mira el texto desde las doctrinas posteriores de la Iglesia, utilizando para ellos categorías gnósticas. Esa misma coincidencia puede indicar que es conveniente interpretar de otra manera este pasaje.
Preferimos, según eso, la interpretación pascual, como expresión de la entrega de Jesús hombre en el gesto de su vida, muerte y resurrección. Esta línea no resulta nueva. Está representada por los más antiguos padres griegos que, menos influidos por motivos de dogmática, han visto en este pasaje la hondura de la ofrenda de Jesús, su entrega como siervo por los hombres.
Ésta es una perspectiva que, fundándose en razones diferentes, empiezan a seguir algunos de los representantes más significativos de la exégesis católica: el sujeto de Flp 2, 6-11 es el mismo Jesucristo de la historia que, pudiendo haber desplegado su realidad en una esfera de poder-dominio, ha preferido entregarse por los otros como siervo, llegando de esa forma hasta la muerte11•
Esto nos permite precisar el tema. Este himno no expone la “historia” ser divino en su esencia suprahistórica y eterna (el Cristo-Logos divino de Nicea-Calcedonia), ni la en un posible individuo celestial de rasgos míticos (hijo divino de la gnosis) que un día ha descendido a iluminar la vida de los hombres cautivos.
Este himno trata de Jesús, mesías concreto de la historia. La vivencia y confesión de los cristianos ya conoce su grandeza: es delegado de Dios, representante de su reino y de su vida sobre el mundo. Por eso ellos plantean el problema: ¿Cómo puede morir si es la presencia de Dios sobre la tierra? ¿cómo puede sufrir si es que no tiene ningún tipo de pecado?
Estas eran las preguntas que ocupaban a la Iglesia. Ella no se hallaba dominada por cuestiones de carácter ontológico. No le preocupaba la posible esencia premundana de Jesús. Su problema más urgente era entender la hondura, la amplitud y contenido de la entrega de Jesús hasta la muerte. Con esto se ilumina el punto de partida: las notas que definen a Jesús en su existencia sobre el mundo.
Ciertamente es hombre; pero no es hombre cualquiera, dominado por la lucha y la violencia de la tierra. Jesús es es hombre de manera originaria: nace nuevamente del principio de lohumano, desde aquella raíz de la que vino Adán en el principio, es decir, del mismo Dios.
Por eso, el himno le atribuye, con palabras rítmicas solemnes, los valores primigenios de la creación: aquella forma o semejanza de Dios (en mophe theou hyparkhon, Flp 2, 6) que le permiten realizarse en ámbito de gloria. Jesús tiene morphe de Dios en el sentido de grandeza o dignidad: es eikon en el sentido en que lo indican 2 Cor 4, 4; Col 1, 15.
Como hombre originario y nuevo principio de lo humano (nuevo Adán), Jesús es el reflejo de Dios sobre la tierra (cf. Gén 1, 27); por eso pudo haberse agarrado a la grandeza de su propia condición, buscando un tipo de existencia que viniera a reflejarse de manera externa como gloria, en forma de ventaja personal, como dominio por encima de los otros. En esta perspectiva se ha venido a situar el autor de nuestro himno.
Sólo desde aquí se puede entender el carácter voluntario y fundante de su gesto: «no quiso aferrarse a (no quiso conseguir con fuerza) un tipo de ser igual a Dios… Se despojó de sí mismo, se humilló… ».
Dos formas de existencia se han abierto ante Jesús: por un lado puede aprovecharse de su gloria y disfrutar de su grandeza, convirtiendo así su «condición divina» en fuente de egoísmo y de dominio por encima de los otros; por otro lado puede realizar su vida en forma de servicio, compartiendo la existencia con los más necesitados, renunciando a su grandeza y ofreciéndose en las manos de un Dios que es pura gracia.
Pues bien, el himno canta de manera simbólica y solemne el misterio de esta gran elección de Jesucristo: como fundamento de hombre nuevo Jesús toma un camino de solidaridad (se asemeja a los pequeños) y servicio (se entrega como esclavo). De esa forma invierte la elección antigua del pecado de Adán que, pretendiendo hacerse grande, ha destruido la vida de los hombres14.
El himno alude al nuevo surgimiento humano. Según la tradición judeo-apocalíptica, la historia de los hombres se encontraba dominada por dos grandes elecciones [2].
1) Situado ante la base de la opción de Jesús, Satán vino a elevarse frente a Dios y, pretendiendo convertirse en ser divino por un gesto de altivez y de dominio, destruyó su propia vida, haciéndose principio de violencia y pecado para todos, incluso los hu manos. En ese sentido, Flp 2 debe entenderse desde el trasfondo de las tentaciones de Jesús, tal como han sido formuladas por Mt 4 y Lc c (cf. Mc 1, 12-13).
2) De manera semejante, Adán, que era expresión de Dios e imagen de su propia realidad sobre la tierra, quiso hacer de su grandeza signo de poder y de esa forma vino a convertirse en portador de violencia, esclavo de la muerte sobre el mundo (eso significa que este himno plantea ya el esquema básico de Rom 5, con la oposición entre Adán (el hombre dominado por Satán y Cristo, el hombre libre en amor y diálogo, ante Dios)
Ese es el trasfondo en que nos pone nuestro texto. No habla de ninguna realidad imaginaria, no comienza por llevarnos al espacio de la pura eternidad ni tampoco hacia los mitos. El himno nos conduce al mismo principio de la historia, allí donde los hombres se descubren condicionados por un tipo de poder que lleva a la violencia y muerte. Por eso, cuando dice que Jesús, teniendo «condición divina», pudo haber optado por un modo de existencia diferente, en gesto de con quista, de egoísmo y de dominio por encima de los otros, el himno nos sitúa ante las fuentes del pecado originario.
No es que hubiera una opción normal (Jesús que quiere vivir «como Dios», en actitud dominadora) y otra opción más elevada, que se expresa como abaja miento y entrega por los otros. Las opciones resultan contrapuestas: una es mala y otra buena. En el caso, cristianamente imposible, de que el Cristo hubiera interpretado el mesianismo en clave de grandeza egoísta y de dominio, pretendiendo ser como Dios «por fuerza», se hubiera convertido en nueva fuente de pecado, como Adán y el Diablo del principio.
En el centro del himno se expresa la experiencia de las tentaciones: el mismo Diablo es quien indica a Jesús lo que supone ser «de condición divina», «hijo de Dios», en actitud de riqueza material, en gesto de dominio sobre los pueblos, en gloria externa y en milagros (cf. Mt 4, 1-11 par). Estamos en el centro de la paradoja cristiana, en el círculo más hondo del misterio:
(a) Los que intentan convertirse en Dios (Adán, Satán) destruyen su existencia; el que renuncia a dominar como divino (Jesús) funda la existencia verdadera ¿Por qué? Porque en el fondo el Dios que aquellos (Adán, Diablo) pretendían no era Dios sino espejismo o proyección de sus propias apetencias de dominio.
(b) Por eso, Jesús, no queriendo ser divino como ellos, ha venido a desvelarse como verdadero ser Divino: muestra el señorío por el gesto de la entrega gratuita de su vida. Desde ese fondo, debemos precisar el tema, concretando así mejor la hondura de la entrega y abajamiento de Jesucristo.
Adán y el Diablo fueron «creadores» de estirpe: suscitaron con su opción un tipo de existencia. No partieron de algo previo; su elección fue la primera y engendró muerte y violencia para sus descendientes (o subordinados). Pues bien, Jesús ha realizado su opción sobre una tierra previamente condenada: ha expresado su entrega sobre un mundo donde estaba dominando la violencia. No ha empezado a crear desde la nada un hombre sin raíces de pecado precedente, como un Adán distinto que quiere suscitar otro linaje, independiente del antiguo. Jesús tampoco aparece como hombre bueno, pero aislado, frente al campo de violencia de los otros. Jesús ha realizado algo más duro, radical y salvador: Introduce su camino de servicio y gracia donde estaba la violencia de los otros; por eso no ha creado nueva estirpe de la nada sino que ha recreado la que estaba antes caída; de esa forma salva y reconstruye lo que Satán y el Diablo habían destruido.
Jesús no ha renunciado a una existencia de dominio con el fin de realizarse humanamente, como siervo de Dios y hombre de entrega, sobre un mundo resguardado donde todos se mantienen en un gesto de obediencia y gracia. En contra de eso, Jesús ha comenzado su camino en una tierra dominada por la ley de la violencia. Para hacerse siervo de Dios tiene que hacerse esclavo de los hombres, en gesto que conduce hasta la entrega dura de la vida.
Así lo ha destacado el texto: «hecho a semejanza de los hombres y mostrándose en la forma de ser como los hombres», Jesús ha introducido (encarnado) su humanidad “obediente” a Dios (en diálogo con Dios) en el camino de la antigua humanidad de Adán, que estaba condenada a la violencia.
Jesús empieza a realizar una manera distinta de vida humana, pero no sobre el vacío previo sino en el mismo centro de un camino dominado por la angustia de la muerte y por la lucha más violenta entre los hombres. No habita en un espacio inmunizado; no se guarda de las fuerzas de lo malo cerrándose en un tipo de refugio, desligado, aislado del entorno. Jesús ha decidido suscitar su humanidad (su reino) desde el fondo de este mundo do minado por lo malo. La entrega de Jesús se puede precisar por eso en dos rasgos.
(1) El primero es más bien un presupuesto: Jesús toma una forma de existencia humana que ya existía; por eso empieza a vivir como los otros, en el modo y forma limitada de los hijos de Adán sobre la tierra.
(2) El segundo aparece destacado de manera más expresa: Jesús no es hombre en general; se hace humano en condición de «siervo», vaciándose, humillándose, entregando su vida hasta la muerte. Sobre un mundo en que los hombres quieren imponerse por la fuerza, Jesús vive como siervo, es decir, como un esclavo al que maltratan y condenan a la muerte infame de la cruz.
Vistos de esa forma, el vaciarse (ekenosen; 2, 7) y humillarse (etapeinosen; 2, 8) no presentan dos momentos sucesivos, como serían encarnación y muerte. Ambos aluden al mismo gesto de la entrega de Jesús que, en vez de haber optado por una humanidad dominadora, como la de Adán (comer del árbol) y la de Satán en Mt 4 y Lc 4 (vencer por dinero, tomar el poder, hacerse un ídolo para ser adorado) ha realizado su vida como ofrenda humilde y pobre en amor por los demás, hasta la muerte, asumiendo la suerte de los derrotados de la historia humana.
Por una extraña coincidencia, las tres lecturas de este domingo hablan del perdón a los pecadores y de la alegría que Dios experimenta ante su conversión.
Moisés: intercesión
Según el libro del Éxodo, Moisés pasó cuarenta días en la cumbre del monte Sinaí hablando con Dios. Demasiado tiempo para el pueblo, que termina pensando que ha muerto. En busca de algo que le ofrezca garantía y seguridad, convence al sacerdote Aarón para que fabrique un becerro de oro. En el Antiguo Oriente, el toro era un símbolo muy adecuado para representar la fuerza y vitalidad de un dios, y por eso los israelitas proclaman: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».
Sin embargo, construir imágenes de Dios es una forma de intentar manipularlo. A la imagen se la puede premiar o castigar; se la puede ungir con perfumes y ofrecer regalos si Dios me concede lo que quiero, o se la puede privar de todo si no me lo concede. Además, la imagen destruye el misterio de Dios reduciéndolo a un objeto visible.
¿Cómo reaccionará el Señor ante este pecado? El relato no carece de cierto humor. Dios se muestra indignado, pero no actúa. Al contrario, provoca a Moisés para que interceda por el pueblo. Como un padre que, indignado con su hijo, le dice a su esposa que piensa castigarlo para que ella interceda y le anime a perdonar.
Las palabras que dirige a Moisés: «se ha pervertidotu pueblo, el que tú sacaste de Egipto» recuerdan a las que tantas veces dice un marido a su mujer: «tu hijo…», como si no fuera también suyo. Como si Israel no fuera el pueblo de Dios y no hubiera sido él quien lo sacó de Egipto. El tono humorístico, dentro de la tragedia, alcanza su punto culminante cuando Dios le pide permiso a Moisés para terminar con el pueblo: «Déjame, mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
Pero Moisés no se deja tentar por la promesa de ese nuevo gran pueblo. “El que ahora guío ˗le responde a Dios˗ aunque sea pervertido y de dura cerviz, es tupueblo, el que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta. No me eches a mí la culpa y acuérdate de lo que prometiste a Abrahán, Isaac y Jacob”. Bastan estas pocas palabras para que el Señor se arrepienta de la amenaza.
Dos grandes enseñanzas en este breve relato: 1) lo fácil que es convencer a Dios para que perdone; 2) el responsable de la comunidad nunca debe rechazarla por más pervertida que pueda parecer; su postura debe ser la de Moisés, recordando lo bueno que hay en ella y defendiéndola.
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
– «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:
«Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.»»
Y el Señor añadió a Moisés:
– «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
– «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo, diciendo:
«Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.»»
Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
Los seglares piadosos y los teólogos: rechazo y crítica
«En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
La lección de Moisés, intercediendo por los pecadores, no la han aprendido los teólogos de la época (los escribas) ni los seglares piadosos (fariseos). Son partidarios de una separación radical de buenos y malos que excluya cualquier contacto entre ellos. Y, dentro de los malos, los peores son los publicanos, explotadores al servicio de Roma, y los pecadores, gente que no va a la sinagoga el sábado, no ayuna, no reza tres veces al día, no paga el tributo al templo ni los diezmos, no observa las leyes de pureza, etc.
Pero lo interesante es que escribas y fariseos no se indignan con los pecadores sino con Jesús, porque los acoge y come con ellos.
Jesús: alegría y acogida
A la murmuración y la crítica de sus adversarios Jesús no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida y los dos hermanos), que insisten las tres en la alegría de Dios por la conversión de un solo pecador. La liturgia permite una lectura breve, limitándose a las de la oveja y la moneda.
‒ Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
A pesar de las diferencias, las dos parábolas tienen una estructura y mensaje parecidos. Al protagonista masculino de la primera se añade el femenino de la segunda. Los dos pierden algo (una oveja, una moneda) y realizan un gran esfuerzo para encontrarla. Cuando lo consiguen, convocan a amigos/amigas y vecinos/vecinas para que les den la enhorabuena. Conclusión: la misma alegría habrá en el cielo o entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
Lo que une a las parábolas con la moraleja es el tema de la alegría. La alegría del pastor, de la mujer, de los amigos y vecinos, amigas y vecinas, asemeja a la que hay en el cielo o entre los ángeles de Dios. Oveja, moneda y pecador se parecen por haberse perdido y ser encontrados.
Pero ese éxito requiere mucho esfuerzo, amor e interés. Entonces, el punto de vista se desplaza de la oveja y la dracma al hombre y la mujer, que, con su actitud, justifican que Jesús busque a publicanos y pecadores y coma con ellos para que se conviertan. Lo que no está justificado es la murmuración de los escribas y fariseos, que contrasta con la alegría del cielo.
La moraleja es algo distinta en las dos parábolas: la segunda omite la comparación con los noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. De hecho, ¿hay noventa y nueve justos que no precisen convertirse? Si alguien presumiese de eso, Juan Bautista le respondería que era raza de víbora; Jesús, que si no se convertía, acabaría como los galileos asesinados por Pilato, o los dieciocho a los que mató la torre de Siloé. Por consiguiente, la contraposición entre el pecador que se convierte y los noventa y nueve justos que no necesitan convertirse debemos interpretarla en sentido irónico, con referencia a los escribas y fariseos que siempre presumen de justos.
Aunque la liturgia permite omitir la tercera parábola, es tan importante que recojo el texto con un breve comentario.
También les dijo:
‒ Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”
Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. » Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
La parábola de los dos hermanos (conocida con el título equivocado de “el hijo pródigo”) es la que más encaja con el problema inicial. El hermano menor representa a publicanos y pecadores, el mayor a escribas y fariseos. Quien lee la parábola sin prejuicios, se escandaliza de la conducta del padre, que malcría a su hijo menor mientras se muestra duro y exigente con el mayor. Este escándalo es el mismo que experimentaban los fariseos y escribas con Jesús. Y es el que él quiere que superen pensando en el amor y la alegría que siente Dios como padre que recupera un hijo perdido. El que no vea a Dios como padre, sino como legislador, obsesionado porque se cumplan sus leyes, nunca podrá comprender esta parábola ni la vida y el mensaje de Jesús.
La parábola nos ayuda al mismo tiempo a autoevaluarnos. A veces nos portamos con Dios como el hijo pequeño que se marcha de la casa y sólo vuelve cuando le interesa; otras, en circunstancias familiares difíciles, actuamos como el padre, perdonando y aceptando lo inaceptable; otras, como el hermano mayor, condenamos al que no se comportan adecuadamente y evitamos el contacto con él. Conviene repasar la propia historia desde estos tres puntos de vista y ver cuál predomina.
Dios: compasión
Los textos anteriores enseñan a través de relatos (Éxodo) y parábolas (evangelio), la segunda lectura cuenta la experiencia personal de Pablo. Él, fariseo de pura cepa, termina descubriéndose como «un blasfemo, un perseguidor y un violento». Ha maldecido a Jesús, ha metido en la cárcel a los cristianos, ha querido exterminarlos. «Pero Dios tuvo compasión de mí… Dios derrochó su gracia en mí… Jesús se compadeció de mí». La experiencia de Pablo, en mayor o menor grado, es la de cualquiera de nosotros. Y nuestra reacción debe ser también la suya de servicio y alabanza a Dios.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17
Querido hermano:
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mi: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Comentarios desactivados en 14 de septiembre – Exaltación de la Santa Cruz
“Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.”
(Jn 3,14-15).
Las pocas líneas del evangelio de hoy están llenas de un fuerte contenido teológico: se nos habla del Hijo del hombre levantado, del Hijo único de Dios enviado a salvar el mundo, de creer, de la vida eterna, de subir y bajar del cielo… Todo esto para comprender la cruz.
El recorrido que va desde la muerte por crucifixión de Jesús de Nazaret hasta celebrar hoy una fiesta llamada “exaltación de la Santa Cruz” es un largo camino de reflexión, experiencia e interpretación de los cristianos, sobre todo los primeros seguidores de Jesús.
El evangelio de hoy refleja la interpretación de la cruz que hicieron las comunidades joánicas. Según este texto, Jesús es el único que ha bajado del cielo al mundo enviado por Dios Padre, y ha vuelto a subir al cielo por un camino muy peculiar: por la cruz, que lo levanta de nuevo hacia el cielo, hacia el Padre.
El sentido de la cruz se entiende por la alusión a Moisés. El libro de los Números cuenta que Dios envió serpientes venenosas al pueblo de Israel como castigo por haber hablado contra él mismo y contra Moisés. Luego pidió a Moisés que hiciera una imagen de la serpiente y la colocara en alto. Quien era picado la miraba y así salvaba la vida.
El evangelio de Juan, por lo tanto, nos dice que mirar a Jesús crucificado es acoger la salvación que nos regala Dios. En otras palabras: creer que Jesús es el Hijo de Dios y que ha sido enviado para nuestro bien plenifica nuestra vida. Nos libera de nuestras desconfianzas, miedos y murmuraciones contra Dios y contra las demás.
Mirar a Jesús en la cruz es ver a Dios en el último lugar, el que nuestra existencia cristiana está llamada a atender y cuidar. Incluso a aceptar y hasta a buscar (para nosotras mismas, no para colocar en él a las demás, que es muy diferente). Es el lugar de quienes no son defendidas ni escuchadas, de quienes ven como el resto mira hacia otro lado, quienes acaban abandonadas porque nunca han dejado de buscar la coherencia.
Este lugar es el que elige Jesús para desde él llevarnos a la vida plena, porque es el lugar donde más se puede amar.
Oración
Jesús, ayúdanos a despojarnos como tú, a dejar pasar a las demás, a no aplastar con nuestro afán por ser atendidas. Llévanos al lugar donde se puede amar sin condiciones. Amén.
Comentarios desactivados en No debemos buscar a Dios, ni Él nos busca.
DOMINGO 24(C)
Lc 15
Hoy nos dice el evangelio que los “pecadores” se acercaban a Jesús, porque los aceptaba tal como eran. Los fariseos y letrados se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El Dios de Jesús está en contra del sentir excluyente de los fariseos.
Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación. El problema está en que entendemos a Dios como pastor de un rebaño, como dueño de unas monedas o como padre defraudado que espera que el hijo cambie de postura ante Él.
Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios. Dios no nos tiene que buscar porque para Él nadie está perdido. Está siempre identificado con cada uno de nosotros y no puede cambiar esa actitud. Nosotros olvidamos esta realidad y vivimos como si nada tuviéramos con Él.
Sé que tengo la batalla perdida, pero no dejaré de pelear. Llevamos veinte siglos sin aceptar al Dios de Jesús y adorando al dios del AT y de los fariseos. El dios que premia a los buenos y castiga a los malos no es el Dios de Jesús. El Dios que esta esperando a que nosotros nos portemos bien para amarnos, no es el Dios de Jesús. Dios es solo amor.
Olvidamos algunos detalles de las parábolas. La oveja no tiene que hacer nada para que el pastor la encuentre, mucho menos la moneda. Pero el caso del hijo es todavía peor. ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre! Lo que le empuja a volver a la casa del padre es un interés rastrero y egoísta.
Seguimos creyendo que nuestras actitudes condicionan la acción de Dios y eso es una barbaridad. En Dios el amor es su esencia (capacidad de identificarnos con Él) y no puede dejar de amar un instante a una de sus criaturas. Si dejara de amar dejaría de ser Dios.
Es ridículo querer comprender a Dios poniendo como ejemplo la bondad de los seres humanos. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido. Dios es don absoluto y total desde antes que empezara a existir.
Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de “buenos” y “malos”. La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno puede o no hacer. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es una aberración incompatible con el espíritu de Jesús.
Para nosotros la máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa que el otro me ha causado. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Es amor.
Pensar que si Dios me ama igual cuando soy bueno que cuando fallo, no merece la pena esforzarse, es ridículo. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, infinita y eterna, pero tengo que aceptarla. La actitud de Dios debe ser el motor de cambio en mí. Dios no va a cambiar porque yo cambie de actitud con Él.
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Lc 15, 1-32
«Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde»
El capítulo quince de Lucas expresa de forma sencilla, pero inequívoca, la esencia misma de la buena Noticia. A través de sus tres parábolas, Jesús nos dice que Dios no es el que nos juzga, el que nos aparta de sí por causa de los pecados y nos condena si hemos pecado. Dios es el que nos busca cuando estamos perdidos; el que sale cada tarde al camino a esperar nuestro regreso; el que nos restituye a nuestra condición de Hijos sin que medie ningún mérito para ello.
El protagonista indiscutible de la tercera parábola, la del “Hijo pródigo”, es el paterfamilias que da al traste con su dignidad y la mitad de su hacienda porque ha recuperado al sinvergüenza de su hijo que ha vuelto a casa lleno de miseria, pero hoy queremos extraer de este texto universal una enseñanza sobre la naturaleza del pecado.
En primer lugar, el pecado es error. El hijo pequeño se va porque piensa que va a estar mejor lejos de la casa de su padre, pero se equivoca y arruina su vida. Nuestra condición humana se ve atraída por lo que no le conviene y es propensa a engañarse acerca del bien y el mal. Nos apetece lo que no merece la pena; nos fascina lo que nos perjudica. Por eso, nuestra condición de pecadores significa, básicamente, que no sabemos distinguir; que nos sentimos atraídos por cosas que nos parecen buenas, pero que estropean nuestra vida y hacen daño a los demás. Una buena definición de pecado podía ser ésta: “Preferir el mal engañados por su apariencia de bien”.
Pero no cabe duda de que el pecado tiene también una componente de debilidad, de esclavitud, que, unida al error, nos arrastra a perder la dignidad e incluso la identidad; como le ocurre al hijo de la parábola. Pablo, en su carta a los romanos, se lamenta amargamente de ello: «Realmente, mi proceder no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, en realidad ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí» …
«Me esclaviza la ley del pecado», dice Pablo en esa misma carta. El evangelio no nos considera libres sin más, sino esclavos del pecado, y desde esa óptica, el papel de Dios no es el del juez que juzga a personas libres y responsables, sino el del padre que ayuda a sus hijos a que vean mejor y se liberen de sus cadenas.
Finalmente, también podemos concebir el pecado como una pesada carga de la que Dios nos quiere librar. Como decía Ruiz de Galarreta: «Habitualmente hablamos del pecado cometido, pero rara vez del pecado padecido». Jesús nos libera de esa carga proponiéndonos un modo de vida mucho más atractivo que el que nos ofrece el mundo; nos descubre un tesoro escondido que, cuando alguien lo encuentra (porque se ha fiado de él y lo ha buscado), renuncia a todo lo demás, porque todo lo demás deja de tener valor para él.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Trinidad del retablo de la Cartuja de Miraflores (Burgos)
El diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn 3,13-17) constituye una enseñanza cíclica que va adentrando al lector hacia un núcleo: creer en el Hijo del Hombre. Jesús le propone a Nicodemo ver el reino de Dios. Capta su atención (y la nuestra como lectores) al invitarlo a “nacer de nuevo”. La pregunta de Nicodemo “¿puede un hombre entrar en el seno materno de nuevo?” ha sido causa de muchas interpretaciones: desde la pregunta por la reencarnación hasta diferentes formas de continuidad de la vida. Jesús hace referencia a un nacer del agua y del Espíritu. Y abre con ello una serie de polaridades (humano/espíritu o lo alto y lo terreno, cielo y tierra…) que cuestionan acerca de cómo vincular estos polos aparentemente inconexos. ¿Cómo ser humano y vivir del Espíritu? ¿Cómo vivir en la tierra siendo ciudadanos del cielo? ¿Cómo entrar en el reino?… Además se habla en términos temporales y espaciales: el que nace del Espíritu no sabe de dónde viene ni a donde va” (v.8). El texto plantea muchas preguntas a un maestro fariseo importante entre los judíos y así va generando cada vez más inquietud.
Las polaridades encontraran una posible relación en los versículos siguientes: Jesús es quien bajó del cielo y puede subir al cielo porque ha venido de allí (v.13). Dios amó al mundo y le dio a su hijo (v.16). Este subir y bajar, este envío, tiene una clara misión que podríamos llamar de integrar a los que creen en este vínculo, en esta distancia entre lo alto y lo terreno, entre el cielo y la tierra. Los creyentes han de dejarse guiar por el Espíritu para ser introducidos en esta relación entre el amor de Dios y la salvación del Hijo.
Desde este texto, la fiesta de la exaltación de la cruz que hoy celebramos solo puede comprenderse como una fiesta de la Trinidad que introduce a quienes creen en sus vínculos recíprocos. Mirar la cruz es mirar la salvación de una manera nueva: trayendo al centro la humanidad que asume y acepta todo lo que la vida le presenta, con sus dolores, rechazos y muerte. Podemos decir que entrar en el reino tiene que ver con nacer y obrar según el Espíritu, percibir la sabiduría del presente y creer en el Hijo del hombre. Mirar la cruz es contemplar a la Trinidad que introduce a su creación en sus vínculos de amor.
Comentarios desactivados en ¿Cumplidores, seguidores, buscadores o reconocedores?
Comentario al evangelio del domingo 14 septiembre 2025
Lc 15, 1-32
El hermano mayor de esta parábola es el prototipo del “cumplidor”. No ha desobedecido ni una sola de las normas de su padre, pero su corazón sigue tan endurecido como el primer día. Por eso estalla de resentimiento cuando cree que no ha recibido el reconocimiento que su comportamiento exigente habría merecido. El cumplidor -que se halla en diferentes grupos, religiosos o no- termina con facilidad en el resentimiento y la amargura, resultando una figura trágica: su exigencia perfeccionista no le ha hecho mejor persona; simplemente, ha engordado y envenenado su ego.
Con frecuencia, la religión cristiana ha promovido personas cumplidoras, por más que, según el evangelio, los “cumplidores” fariseos -imagen también prototípica de la observancia religiosa- fueron objeto de las mayores denuncias por parte de Jesús.
Además de cumplidores, el cristianismo -como toda religión teísta- ha promovido “seguidores”. No es extraño que se les llame “fieles”, y que se insista en la primacía de las creencias como el valor supremo. El problema es que, en la práctica, no se potenciaba que fueran fieles a sí mismos, sino a la autoridad religiosa. Con lo cual, la supuesta fidelidad se transformaba en sometimiento.
Las personas más libres no se conforman con ser seguidoras. Se consideran a sí mismas como buscadoras. A fin de cuentas, vienen a decir, los seguidores se mantienen aferrados a creencias, que no dejan de ser respuestas heredadas y, en ese sentido, verdades prestadas y, en definitiva, conocimientos de segunda mano.
Pero los buscadores no han estado bien vistos en Occidente. Se los tachaba, despectivamente, de “librepensadores” y despertaban recelos entre los fieles y, particularmente, para la autoridad religiosa. Sin embargo, todos los sabios han sido buscadores. Lo cual resulta lógico: cuando alguien tiene un anhelo espiritual genuino, es muy difícil aceptar la prisión de la religión.
Con todo, los buscadores se hallan constantemente acechados por una trampa: percibirse a sí mismos en clave de carencia, pensando que el objeto de su anhelo es algo que se halla fuera o en el futuro. Eso explica que las personas sabias, que empezaron su camino como buscadoras, antes o después, se vieron en la necesidad de abandonarlo, justo en el momento en que comprendieron que, en su profundidad, ya eran aquello que andaban buscando.
En ese momento, los buscadores se convierten en reconocedores, es decir, en seres despiertos, que han comprendido -se les ha revelado- que no hay nada que buscar. Han visto con claridad que la propia búsqueda alimenta y fortalece la idea errónea de carencia, ya que solo busca quien se siente incompleto. En eso consiste el despertar: en ver que quien busca, en realidad se está alejando de lo anhelado; en ver que no se trata de buscar o alcanzar nada, sino, sencillamente, en caer en la cuenta, en reconocer que ya somos lo buscado.
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