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Archivo para martes, 9 de septiembre de 2025

Volver a la Fuente, cada día. Para ser de Dios, simplemente. Y nada más. Seré humilde. Nada más. Y nada menos

martes, 9 de septiembre de 2025
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

Volver a la Fuente, cada día. Para ser de Dios, simplemente. Y nada más.

Seré humilde. Nada más. Y nada menos

Hermano, hermana,
que ansías volar y no puedes:
¡Déjate llevar por Él!
Y volarás, finalmente.

A la Fuente volveré, a la Fuente,
como ese pájaro humilde que se dejó hacer.

A la Montaña subiré, a la Montaña,
como el águila que grita por su Creador.

Al Amor llegaré, al Amor,
¡Si acepto que me cortes las alas
para ser, al fin, ave libre de tu Reino!

Al mar de tu Revolución de Amor me arrojaré,
para que este ego mío, por fin, muera,
y Tú te lo lleves, para siempre, en la corriente.

¿Mi vida? ¡Nada!
¿Tu Vida? ¡Todo!
¿Qué me queda, Dios mío, si Tú no estás?

Necesitamos testigos. Sencillos. De barro.
Hombres. Indignados.
En Revolución.

Que su único Señor sea el Dios de los pobres,
y su única vida, una vida dada.

Urgencia tenemos.
Hombres y mujeres que se atrevan a encontrarte.
Gente valiente, para ser libre.
Libres de todo, para amar a todos.
Para amar con ese Corazón de Jesús,
que anduvo curando, riendo, llorando, con su gente,
y que se dejó llevar, sin más, por el sueño del Padre.

Señor,
haz de mí lo que Tú quieras.
Que yo sé, y confío, que es lo mejor.
Haz que mi vida, que es tuya, te muestre,
para que los pobres de esta tierra hagan, por fin, la experiencia de tu Amor.

Del Evangelio, a la vida.
A las casas, a las calles.
De la vida, al Evangelio. A la raíz, a la Fuente.

Amén. Que así sea.
Seré humilde. Nada más. Y nada menos

Seré estrella, una más en la constelación de mis hermanos.
Esos que son tuyos.
Recordaré que soy polvo de estrella
y me haré fraternidad en este suelo hambriento de cielo.

Seré como el Sol, ese hermano mayor: fuego gratuito que calienta al justo y al injusto.
Seré fuerza que abriga, luz que no hace sombra.

Seré agua. Agua simple de pozo para la sed del camino.
Agua que lava la herida y enjuga el rostro del cansado.

Seré bosque. Techo para el que no tiene techo.
Raíz fuerte y silencio acogedor frente al viento de la desposesión.

Seré lavanda silvestre, bálsamo pequeño para la angustia que ahoga.
Con estas manos que Tú me diste, curaré la herida del desamor.

Y entonces, tal vez entonces, seré verdad desnuda.
Y no habrá ya mentira que se esconda.
Todo será transparencia,será Gracia, y el Mal,que todo lo pierde,
retrocederá ante el fuego del Amor.

Y así, Tú, mi Verdad,
te harás en mí hombre, Estrella, Sol, Agua, Bosque y Lavanda.
Te harás todo en todos.
Para amar. Sin fin.
Sin fronteras. Amén.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Vivir sin culpa”, de Enrique Martínez Lozano.

martes, 9 de septiembre de 2025
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A Ana, inocencia transparente, generadora de confianza.

«¿Quién es ese yo que, en nuestro interior, es un crítico severo, que es capaz de aterrorizarnos e impulsarnos a una actividad fútil y que, al final, nos juzga todavía más severamente por los errores a los que sus reproches nos condujeron?» (Thomas S. Eliot).

«La confianza es la base de la vida. Hay que tener un suelo por el que andar porque a veces la tierra física, la tierra psíquica, la tierra material se hunde bajo los árboles. Hay un suelo debajo del suelo, y este subsuelo es la confianza….
La confianza está siempre aquí, incluso cuando la pierdo no está muy lejos de mí. Cuando la pierdo sé que está en la habitación de al lado y que, tarde o temprano, la encontraré. Tener confianza en la vida es tener la intuición de que no se dañará a lo más querido y a aquello que no conseguimos ni nombrar. Hay que comprender que en lo profundo no estamos en peligro
La confianza es la madre de todas las raíces: si la tienes, darás con todo el resto» (Christian Bobin).

«El pecado es necesario, pero todo acabará bien, y todo acabará bien, y cualquier cosa, sea cual sea, acabará bien» (Juliana de Norwich).

CONTRAPORTADA

La culpa es una creencia errónea de efectos devastadores. De manera oculta e insidiosa envenena la existencia y sumerge a la persona en un pozo de apatía y en una dinámica perversa en la que ve saboteados sus mejores propósitos y bloqueada su confianza. La culpa encierra a la persona en una espiral de miedo que fácilmente trunca la confianza y agosta la alegría: la culpa cercena de raíz la alegría de vivir. Y con la culpa, el castigo: otra creencia generalizada que contamina y envenena, bloqueando la capacidad de amar.

Liberarse de ellas requiere, a la vez, un trabajo psicológico que traduce la culpabilidad en responsabilidad, y un trabajo espiritual que desvela su error radical. El resultado es la liberación del miedo y la recuperación de la confianza: el regreso a la inocencia.

Desenmascarar la mentira de aquellas creencias amplía el horizonte, ensancha el corazón, hace saltar las barreras del laberinto mental que constriñe y nos permite reconocernos como vida que fluye y juega en libertad. El miedo y el egocentrismo, sostenidos antes por la culpa y el castigo, dan paso a la confianza y al amor. Y una vez más constatamos, por experiencia propia, que solo la comprensión libera.

Editorial Desclée De Brouwer.

ÍNDICE

Introducción: Bajo el peso de la culpa

  1. La génesis: ¿cómo nace la culpa?

En la especie humana
Una creencia culpabilizadora: la doctrina del “pecado original”
En el individuo particular

  1. Los efectos: desolación y hundimiento

Autorreproche, miedo y castigo
Hundimiento
Adictos a la culpa, adictos al castigo

  1. La trampa: la culpa es una creencia errónea

Una convención cultural basada en creencias erróneas
El punto decisivo: ¿un yo libre y hacedor?
El testimonio de los sabios
Salir de la creencia errónea

  1. La comprensión: de la culpabilidad a la responsabilidad y al reconocimiento de lo que somos

Desde la psicología: de la culpabilidad a la responsabilidad
Desde la espiritualidad: la culpa no existe
¿No hay nada que hacer?
La comprensión: donde todo encaja

  1. El camino sabio o espiritual: confiar siempre

Resistencias a confiar
Invitación a confiar
Confiar es amar lo que es
Confiar es vivir diciendo “sí”
Confianza, aceptación y responsabilidad

INTRODUCCIÓN
BAJO EL PESO DE LA CULPA

La culpa es una creencia errónea, de efectos devastadores.

Pocas cosas han hecho (hacen) tanto daño a la humanidad como la creencia generalizada en la culpa y en el castigo como medio de expiación de aquella. Pareciera como si, de forma premeditada, se hubieran conjugado factores de tipo psicológico, sociocultural y religioso para abonar, sostener y reforzar ambas creencias que, asumidas acríticamente, cumplen la función de sustentar y nutrir un sistema social radicalmente centrado en el ego.

Como resultado, la vida humana, tanto en su dimensión personal como en su dimensión social, queda envenenada de raíz, mientras las personas se ven introducidas en un laberinto de angustia, que se plasma y se proyecta en forma de juicio, condena, reproche, enfrentamiento…: castigo. Solo la liberación de aquella doble creencia hace posible reconocer nuestra inocencia original y vivir en confianza y en amor, hacia sí mismo y hacia todos y todo lo demás. La culpa y el castigo buscan sostener el sistema egoico en el que la humanidad se halla atrapada. Desenmascarar la mentira de esas creencias libera del miedo y de la angustia, amplía el horizonte, ensancha el corazón, recupera la confianza, hace saltar las barreras del laberinto mental que constriñe y nos permite reconocernos como vida que fluye y juega en libertad, como amor que encuentra plenitud y gozo en el hecho mismo de amar. Una vez más constatamos, por experiencia propia, que solo la comprensión libera.

Pocas cosas producen efectos tan devastadores en la vida de las personas como el mal llamado “sentimiento” de culpa. Digo mal llamado porque, hablando con rigor, la culpa no es un sentimiento sino una creencia mental que acusa constantemente con mensajes del tipo: “eres malo, en ti hay algo inadecuado o incorrecto, no estás a la altura, no mereces, has actuado mal y debes ser castigado, eres culpable”…

Como ha escrito Richard Schwartz, “la vergüenza [o culpa visual] es la carga más primitiva, aterradora, tóxica y motivadora de todas. ¿Por qué la vergüenza es tan poderosa? Porque cuando nos sentimos avergonzados [culpabilizados], creemos, en algún nivel, que no valemos nada[1].

Detrás de cualquier peso que lastra la existencia de las personas es fácil encontrar siempre esa creencia culpabilizadora, que se experimenta en forma de sentimientos de pesadumbre, hundimiento y apatía, y que requiere, de un modo u otro, expiación y, por tanto, castigo.

Aunque con frecuencia resulte inconsciente al propio sujeto, me parece claro que, en la base de la depresión y del sufrimiento mental, habita siempre, aunque oculta, alguna creencia culposa.

Partimos, pues, de esta primera constatación: la culpa es una creencia errónea que conduce inexorablemente a la paralización y al hundimiento, al tiempo que instala a la persona en el autorreproche y la introduce en un peligroso bucle de escrúpulos. Y, sin embargo, a pesar de los efectos funestos que produce, solemos vivir culpándonos y culpando a los otros, repitiendo un programa o patrón mental, tempranamente aprendido y poderosamente grabado en nuestro psiquismo.

Analizaremos la génesis de esta creencia, los factores –educacionales, culturales y religiosos, así como la ignorancia espiritual– que la refuerzan, los efectos que produce y la trampa en la que se asienta, desde la comprensión de lo que somos, como camino para transitar el camino de la sabiduría –de la liberación–, que no es otro que el de la confianza radical que es expresión de la inocencia que somos.

Siempre que trato el tema de la culpa, me viene el recuerdo de una niña –convengamos en llamarla Silvia– que, con apenas siete años, se sentía, sin saberlo aún expresar, culpable de existir. No se me ocurre otro motivo que pese y agobie más a una persona que el sentimiento de que su existencia ha sido y sigue siendo un error.

Mis papás serían más felices si yo no hubiera nacido”, me compartía aquella niña, presa del llanto y sin entender el motivo de su agobio y pesadumbre. En los niños ocurre así: al no entender las causas de su sufrimiento, leen su malestar en clave de culpa. Y las consecuencias aparecen de inmediato, envenenando su existencia. En el caso de Silvia se manifestaban en un marcado auto-rechazo y un exagerado perfeccionismo, que corrían a la par con un sentimiento sordo de tristeza, así como de enfado y hostilidad latentes, siempre a punto de estallar [2].

De hecho, son síntomas característicos que nos permiten descubrir la culpabilidad inconsciente: una actitud hostil hacia sí mismo y hacia los otros –hacia el mundo– y una sobre-exigencia desmedida que nunca alcanza –ni puede alcanzar– su objetivo. Por una parte, el auto-rechazo es el castigo que la culpa conlleva: en la medida en que me atribuyo la causa de mi sufrimiento me estoy convirtiendo en mi propio enemigo, por lo que viviré hostilidad hacia mí. Por otra, la sobre-exigencia o el perfeccionismo aparecen como la única salida posible para “reparar” la culpa y demostrar que me gano el derecho a existir, lo cual explica que culpa y perfeccionismo sean las dos caras de la misma moneda. Finalmente, el enfado o incluso la hostilidad hacia todo no es sino expresión automática del estado interior de frustración y del sufrimiento escondido.

Dado que, con frecuencia, el llamado sentimiento de culpa se inoculó en algún momento que ya escapa a nuestro recuerdo, no es extraño que la propia persona no sea consciente del mismo. Se sienten sus síntomas, en forma de pesadumbre y hundimiento, agobio y falta de ganas de vivir, perfeccionismo y sobreexigencia, escrúpulos y duda exagerada, pero la raíz permanece oculta. En ese caso, tal vez sea útil preguntarse cómo descubrir si se alberga algún sentimiento de culpa. Y, sin duda, la respuesta vendrá dada por el hecho de detectar –o no– los síntomas mencionados: cuando se prolonga el malestar interior acompañado de la falta de amor incondicional hacia sí, cuando se percibe enfado o reproche hacia uno mismo, cuando se mantiene una exigencia desproporcionada o un perfeccionismo que se manifiesta hasta en detalles insignificantes, así como cuando se vive una exigencia –en formas, a veces, sutiles– hacia los demás y una tendencia a culpabilizarlos siempre que –nos parece– no responden a lo que consideramos adecuado o correcto, cuando detectamos un movimiento interno a castigarnos o castigar a los otros, sin duda nos hallamos ante un sentimiento de culpabilidad no resuelto o incluso ni siquiera reconocido.

En un correo reciente, una mujer me comentaba su sorpresa al descubrir que, oculta de mil maneras, la culpa, sin embargo, se hallaba presente en prácticamente todo lo que vivía: “A veces -escribía- he sido consciente del trasfondo de culpa que yo añadía en algunas situaciones. Sin embargo, en este momento, me estoy haciendo consciente de que la culpa empaña prácticamente toda mi forma de actuar y vivir, lo cual para mí ha sido revelador: toda mi vida me he avergonzado de haber sentido que no fui una niña feliz y he ocultado esa vergüenza, sin ser consciente de que ahí estaba la culpa; me he sentido indigna y  poco querida en mi familia, sin darme cuenta de que eso era culpa; he experimentado miedo a mostrarme, sobre todo, a mostrarme sensible y vulnerable; he vivido exigiéndome al máximo en todo, creyendo que así estaba dando lo mejor de mí…, y ahora atisbo que eso también tiene que ver con la culpa; he mantenido una gran exigencia hacia los que me rodean, en concreto hacia mi marido y mis dos hijos, sin ser consciente de que también está empañado por la culpa…”.

En ocasiones el sujeto percibe la culpa como un peso que lo asfixia y paraliza, asociándola incluso a un hecho concreto y bien delimitado. En otras, sin embargo, la culpabilidad adopta unos matices más imprecisos e incluso nebulosos, si bien no por ello menos angustiantes, en forma de sensación difusa que permea toda la existencia, a la que tiñe de tonos oscuros. Y en otras, finalmente, ni siquiera se ha hecho consciente el habitualmente llamado sentimiento de culpa; sin embargo, resultan patentes los síntomas, mencionados anteriormente, que lo delatan. Se trata de una mezcla de tristeza y pesadumbre que con frecuencia desemboca en la apatía y la depresión.

El sentimiento de culpa, reconocido o no, supone un peso que fácilmente lastra toda la existencia, a la que colorea de tonos grises e incluso tenebrosos. La tristeza, el abatimiento y el autocastigo, cualquiera que sea la forma que adopten, muestran hasta dónde llega su poder destructor.

No es extraño que, ante el malestar experimentado, se activen mecanismos de defensa que intenten paliar aquellas sensaciones desagradables. Entre ellos, suelen ser habituales la sobre-exigencia, el perfeccionismo, el activismo –incluso en forma de compromiso social o político–, la compensación, el aturdimiento, la huida en forma de adicciones, la rigidez, la exigencia hacia los demás, la culpabilización de los otros…

A través de esos mecanismos se busca, consciente o inconscientemente, aliviar el peso de una culpa que llega a resultar insoportable. Eso explica que la persona se embarque en un perfeccionismo extenuante y pueda vivir una desmesurada exigencia como reparación inconsciente de no sabe bien qué. O que se lance a un activismo exagerado que, a la vez que la distrae del malestar interior, pareciera otorgarle “méritos” que le garantizarían el reconocimiento de su valor ante sí misma y ante los demás; en concreto, en este campo, la pasión por el compromiso puede constituir un terreno especialmente adecuado para obtener aquel doble objetivo: expiación y reconocimiento. Lo cual explicaría la presencia de la rigidez, tanto en el perfeccionismo como en el activismo y, en concreto, en la forma de vivir el compromiso. La rigidez, en efecto, es un síntoma que delata dolor e inseguridad, signos ambos de culpabilidad oculta.

En una dirección diferente, pero con la misma finalidad, tal vez la persona entre en un camino de búsqueda de compensaciones de todo tipo, como placebos que pretenden calmar la ansiedad, o de comportamientos que distraigan e incluso aturdan como si buscara que el “ruido”, de cualquier tipo que fuese, silenciara aquella insistente y perturbadora voz interior que origina y mantiene tanto sufrimiento.

Si bien los mecanismos nombrados se centran en el propio sujeto, con frecuencia se activan otros que ponen el foco en los demás, en forma de exigencia desmedida o de culpabilización. Tales actitudes se explican fácilmente si se tiene en cuenta que una persona no puede vivir un “peso” interior no resuelto –y mientras sea inconsciente le será imposible resolverlo– sin proyectarlo, de un modo u otro, a quienes encuentre a su lado. Así, la autoexigencia generará exigencia desmedida hacia los demás y la (oculta) culpabilidad se proyectará culpabilizando a otros, aun sin ser conscientes de lo que se busca con ello, que no es otra cosa que aliviar la carga o el peso que se mantiene en uno mismo por la creencia, tan escondida como errónea, de ser inadecuado.

Ahora bien, a pesar de lo que prometen, los diferentes mecanismos que pueden llegar a activarse terminan complicando la vivencia de la persona, al dar lugar a actitudes y comportamientos igualmente desajustados y, por tanto, generadores de más confusión y más sufrimiento. Pero no se hallará salida de semejante laberinto sino por el único camino que conduce a la liberación: el reconocimiento de la propia verdad. O, con más precisión, la comprensión de lo que se vive y de la trampa en que se permanece atrapado.

Me parece evidente que, dado que la culpabilidad es una creencia errónea, la liberación de la misma solo puede venir de la mano de la comprensión, al poner luz en el engaño. Ahora bien, afirmar el lugar decisivo de la comprensión no niega la necesidad de un trabajo psicológico o incluso terapéutico, según los casos, para sanar aquella herida antigua en la que germinó la creencia culpabilizadora o para desanudar los bloqueos donde pudimos quedar atrapados.

Todo ello forma parte de la comprensión que necesitamos para liberarnos de una de las peores losas que, lastrando con el miedo toda la existencia de la persona, impide vivir con libertad, confianza y gozo. Y a ello quiere contribuir este escrito, ofreciendo pistas que permitan comprender el fenómeno de la culpa, desde su génesis hasta sus efectos, para desenmascarar su engaño y poner luz en la oscuridad que le sirve de coartada. Deseo de corazón que el desenmascaramiento de la doble creencia -en la culpa y en el castigo- permita abrirnos a la inocencia que somos, para reconocernos y vivir en ella.

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[1] R. SCHWARTZ, en el Prólogo al libro de Martha SWEEZY, Internal Family Systems Therapy for Shame and Guilt, Guilford Press, New York 2023, p. IX. En ese libro, la autora distingue entre culpa (siempre referida a una acción: “he hecho algo malo”) y vergüenza (como estado de ser: “soy malo”). Tal vez, en la práctica, la diferencia no sea tan importante: culpa y vergüenza, que otros definen como “culpa visual”, se dan entrelazadas y requieren el mismo tratamiento.

[2] He relatado con detenimiento el caso de Silvia en Psicología transpersonal para la vida cotidiana. Claves y recursos, Desclée De Brouwer, Bilbao 2020, pp. 72-74.

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Peregrinación LGBTQ+ evoca una vida de gracias

martes, 9 de septiembre de 2025
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Traducción: «No hay temor en el amor«. 1 Juan 4:18

La publicación de hoy es la segunda entrega de los informes de Francis DeBernardo, director ejecutivo del Ministerio New Ways Ministry , sobre la Peregrinación LGBTQ+ para el Año Jubilar de la Esperanza, organizado por La Tenda di Gionata, una organización LGBTQ+ italiana. Las peregrinaciones tuvieron lugar el fin de semana pasado en Roma. La primera entrega está disponible aquí. Estén atentos para más información sobre este evento a finales de esta semana.

El día comenzó como cualquier día con un evento católico especial: con una misa matutina.

Pero este no era un evento católico cualquiera, y por lo tanto, esta no era una misa cualquiera.

La Iglesia del Gesù, en el centro de Roma, estaba abarrotada la mañana del sábado 6 de septiembre de 2025. La gente se arremolinaba hablando en diversos idiomas: francés, italiano, polaco, español, alemán, inglés y portugués. Había representantes de todas las edades, desde niños pequeños hasta personas mayores, y había monjas con hábitos tradicionales, franciscanos con sus hábitos, muchos cuellos romanos y una gran mayoría de personas con camisetas y polos con diversas insignias arcoíris.

Esta fue la misa organizada para los más de 1200 peregrinos católicos LGBTQ+ del Año Jubilar, quienes, poco después de la misa, se reunirían en la Piazza Pia, cerca del río Tíber, y caminarían aproximadamente un kilómetro y medio por la Via della Conciliazione hasta la Basílica de San Pedro para cruzar la Puerta Santa de la iglesia —abierta solo durante los Jubileos— como testimonio de fe y compromiso con la tradición católica.

Como participante en estos eventos, no podía creer lo que veía. La última vez que estuve en Roma para un Jubileo fue en el año 2000, cuando el Papa Juan Pablo II convocó la celebración de un año para conmemorar los dos milenios del cristianismo. Estuve en la Ciudad Eterna ese verano para participar en una conferencia sobre religión y temas lésbicos/gays, como parte de la primera celebración del Orgullo Mundial.

Misa de peregrinación LGBTQ+ en la Iglesia del Gesù.

Una de las cosas que más recuerdo de aquella época fue la indignación expresada por el Vaticano y el propio Papa porque el Orgullo Mundial se celebrara en Roma durante el Año Jubilar. El ambiente en la ciudad era increíblemente tenso. La retórica antigay del Vaticano había alimentado el odio más allá de la Iglesia Católica. Muchos grupos políticos italianos de derecha denunciaban el Orgullo Mundial, que culminaría con una marcha desde la Porta San Paolo hasta el Coliseo. Mensajes antigay estaban pegados por todos los edificios de la ciudad. Un mensaje en particular permanece muy presente en mi memoria: «‘Gay al Colosseo? Sì, con i leoni’ (traducción: “¿Gays en el Coliseo? Sí, con leones”). De hecho, el Vaticano intentó persuadir a la Ciudad de Roma para que no permitiera la celebración del Orgullo Mundial ni de su marcha. No lo consiguió.

Veinticinco años después, personas abiertamente LGBTQ+ estaban a punto de cruzar la Puerta Santa de San Pedro. El hecho de que el Vaticano acogiera esta vez una peregrinación así demuestra cuánto ha crecido la Iglesia en cuanto a la aceptación de las personas LGBTQ+: de la represión y la exclusión a la acogida y el acompañamiento.

¡La misa en la Iglesia del Gesù rebosaba de alegría! La emoción me recordó las marchas por la igualdad LGBTQ+ en Estados Unidos a finales del siglo XX. ¡Todos estaban tan felices de estar allí! Y, como correspondía al tema del Año Jubilar, todos los asistentes estaban llenos de esperanza.

El obispo Francesco Savino, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, presidió la misa. ¿Se ha oído hablar alguna vez de un funcionario de la Conferencia Episcopal celebrando una misa para un grupo de personas LGBTQ+? La liturgia multilingüe comenzó con un rito bautismal, un recordatorio de que todos los asistentes se habían convertido en miembros de pleno derecho de la Iglesia al ser bautizados.

El obispo Francesco Savino bendijo a la congregación durante el rito bautismal.

Durante su homilía, el obispo Savino dijo a la congregación que «un Jubileo era el momento de liberar a los oprimidos y restaurar la dignidad a quienes se la habían negado». Tras una pausa dramática, añadió: «Hermanos y hermanas, lo digo con emoción. Es hora de restaurar la dignidad a todos, especialmente a quienes se la han negado». Los peregrinos celebraron su hazaña con un estruendoso aplauso que duró casi un minuto y medio. Recibió una segunda ovación de pie al concluir.

Unas horas más tarde, los peregrinos LGBTQ+ llenaron la Piazza Pia, formando fila para emprender su viaje de oración por la calle hasta la basílica. Como era propio de cualquier peregrinación, la gente se ayudaba mutuamente a caminar sobre el empedrado romano y compartía agua para protegerse del abrasador sol romano. Y como en cualquier peregrinación, compartieron las historias de sus propios caminos espirituales. Estoy muy agradecido por mis compañeros, algunos viejos amigos y otros nuevos.

Una vez dentro de la Plaza de San Pedro, el viaje se volvió particularmente arduo con la multitud de otros grupos de peregrinos que venían por otras rutas. Cuando finalmente llegué a la Puerta Santa, me tranquilicé y recuperé el aliento. Mientras caminaba con dificultad los 30 minutos hasta la Puerta, recordaba constantemente a tantas personas católicas LGBTQ+, familias y amigos que me apoyaban, ministros pastorales, teólogos y obispos que conocí a través del New Ways Ministry. Pensé en las personas cuyo coraje y perseverancia me han enseñado sobre la fe en un Dios amoroso. Al llegar a la Puerta, me llené de gratitud y me di cuenta de que esos recuerdos agradecidos eran todas las gracias, más de lo que jamás hubiera soñado.

Francis DeBernardo, del New Ways Ministry, llega a la Plaza de San Pedro, a poca distancia de la Puerta Santa.

Una vez dentro de la Basílica, me di cuenta de que, si bien esta experiencia de peregrinación no habría sido posible sin la apertura de las puertas de toda la iglesia a las personas LGBTQ+ por parte del Papa Francisco, aún más importantes que su labor han sido las oraciones, la valentía y el esfuerzo de los católicos de base durante décadas, quienes insistieron con delicadeza en que las personas LGBTQ+ son personas de profunda fe que deben tener el mismo estatus en la Iglesia. La Basílica de San Pedro está llena de estatuas y otras imágenes de grandes santos. Pero me di cuenta de que tengo santos aún más grandes en mi vida: aquellos con quienes compartí los últimos dos días de renovación espiritual, y aún más, aquellos con quienes compartí mi peregrinación, aún más larga, en más de tres décadas de ministerio LGBTQ+.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 8 de septiembre de 2025

Fuente New Ways Ministry

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Belén, María Belén: Fotolibro sobre la fundadora del Archivo de la Memoria Trans

martes, 9 de septiembre de 2025
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Entrevista a María Belén Correa, una de las fundadoras de la Asociación de Travestis Argentinas, a propósito del libro que retrata su vida íntima y colectiva, publicado por el Archivo de la Memoria Trans.

Fuente Agencia Presentes:

3 de septiembre de 2025
Agustina Ramos
Archivo de la Memoria Trans
Edición: María Eugenia Ludueña

Cartas, textos, folletos, fotografías y recortes periodísticos reconstruyen un momento de la historia íntima de María Belén Correa: la formación de su identidad y militancia, sus amistades, una nota que lo cambió todo, el exilio y el personaje que la atravesó: Eva Duarte de Perón. Belén, María Belén es el nuevo fotolibro de la Editorial Archivo Trans, en colaboración con la editorial Cesura. Retrata la vida y el legado de esta activista trans emblemática y una de las impulsoras de la Asociación de Travestis Argentinas (hoy ATTTA) y Red Lactrans, y fundadora del Archivo de la Memoria Trans Argentina.

Hoy, unas 18 personas, incluidas mujeres trans mayores, se encargan de proteger, construir y reivindicar la memoria trans desde el Archivo. Su acervo supera ya los 15 mil documentos. Registros fotográficos, fílmicos, sonoros y periodísticos; piezas como DNIs, pasaportes, cartas, notas, legajos policiales, artículos de revistas y diarios personales, que datan desde principios del siglo XX hasta la década de 1990. Además de contar con el fondo documental de varias compañeras disponible de forma online, también desde la editorial publicaron varios libros.

Foto: Archivo de la Memoria Trans

A Belén la convencieron de que el nuevo fotolibro sea sobre su historia, pero asegura que en realidad se trata de una construcción colectiva. Quedó seleccionado para la beca Andy Rocchelli gestionada por Cesura y también obtuvo una mención en el Dummy Award 2025. Le resulta extraño hablar sobre sí misma, confiesa. Pero finalmente lo logra.

En Alemania, donde vive, Belén pasa sus días con la cabeza puesta en su país de origen. “Tengo el teléfono, la computadora, el trabajo y la televisión conectadas a Argentina. Estoy 100% dedicada al Archivo”, cuenta en una llamada, sentada en su casa ubicada en Hannover, donde vive con su esposo y sus dos perritos, sus hijos. Lleva un cotidiano monótono, sin mucha vida social. Lo opuesto a lo que vivió gran parte de su vida: shows, movilizaciones, persecuciones y amenazas policiales, trabajo sexual, mudanzas de país en país.

En 2015 y 2016 pasó por un cuadro de meningitis en el cerebelo seguido de tuberculosis. Casi muere. “Después de eso me pregunté cómo quiero pasar los últimos 10, 15 o 20 años de mi vida. Y quiero estar tranquila, sin sobresaltos, haciendo lo que me gusta que es en parte la recolección del Archivo”, dice.

En el cuello lleva un colgante que perteneció a su amiga, la activista Claudia Pía Baudracco. Durante las charlas que compartieron en su juventud imaginaron juntas un lugar donde guardar el recuerdo y las imágenes de sus compañeras, para que no se perdiera durante los allanamientos y las mudanzas constantes.

“En ese momento no me daba cuenta de su importancia. Lo hacía porque me gustaba. Queríamos documentar a nuestra familia, que en nuestro caso eran nuestras amistades. Pía era la que siempre estaba sacando fotos o le pedía sus fotos a las demás y las guardaba. Por las mudanzas mucho de eso se perdió: cajas enteras. Pero encontramos una parte que ella escondió en una casa de una amiga suya donde vivió. Hoy es la Biblioteca Claudia Pía Baudracco, en Quilmes”, comparte Correa.

En 2012, justo antes de la sanción de la Ley de Identidad de Género, Pía falleció. Dejó una marca en Belén, que ese mismo año decidió materializar sus fantasías y fundó el Archivo de la Memoria Trans desde el exilio.

La importancia de llamarse Belén

Nació el 25 de junio de 1973 en el partido de Luján, en la provincia de Buenos Aires (Argentina). Tiene 53 años: una sobreviviente del colectivo trans, cuyo promedio de vida es de 35 a 40 años. Lo sabe muy bien. Aunque está tranquila en su casa en Europa, donde quiere pasar la última etapa de su vida, entiende que las violencias hacia las trans trascienden fronteras. “Que esté encerrada en mi casa no quita que mañana me mate mi marido. Vos vivís con el enemigo. Nadie está exenta”, dice.

Tenía 5 o 6 años y jugaba debajo de la mesa cuando escuchó a su abuelo decir: ‘María Belén, qué lindo nombre’. Tiempo después pidió a su familia que le pusieran así a su hermanito que estaba por nacer. Pero nació varón: frustración de por vida, llanto. “Cuando nacen mis hermanas, que son mellizas, me dieron el gusto. A una le pusieron María Belén y a la otra, María Vanina”.

Iba en tren a la escuela primaria, en un pueblo vecino, Jáuregui, más grande y fabril. Vivía con sus padres, su hermano, con quien se lleva siete años, y sus hermanas mellizas.

Durante diez años, además de hija y alumna, fue enfermera, asistente y cuidaba de sus hermanos. Los días más largos fueron cuando su papá tuvo cáncer. En 1989, cuando falleció, tomó sus cosas y viajó en el tren Sarmiento hasta la Ciudad de Buenos Aires.

Llegué a Once y me puse a caminar por la avenida Pueyrredón, negocio por negocio. No tenía conocidas. Antes de llegar a la avenida Santa Fe entré a una de esas whiskerías que había antes, eran cabarets. Me preguntaron si sabía qué era. Le dije que no, que imaginaba que era un bar, que podía ir de lavacopas. Me dijeron que contrataban solo a mujeres. Dije que era gay. Me preguntaron por mi edad. Tenía 16 y no me podían contratar, pero me dieron la dirección de una nueva agencia que estaba buscando gente. Ahí me quedé”.

En esos primeros tiempos en Buenos Aires, fue por primera vez a una fiesta de cumpleaños, grandes eventos con show y presentación. “Yo había pensado en todo: vestido, zapatos, maquillaje, sombra de ojos. Todo menos en el nombre. Cuando llego, me saludan y me preguntan, ¿cómo te llamás? Me tomó por sorpresa. ‘Belén, María Belén…’, dije. Después, por más que me lo quise quitar, ya no podía porque para la vida travesti había quedado marcada como María Belén. Lo único que pude fue sacarme el María y que me dijeran Belén”.

“Sentía que me estaba educando al lado de Pía”

En la agencia conoció a muchas chicas travestis y trans. Esas identidades aún no se habían rozado con su imaginación. Tampoco sabía que existían mujeres que eran lesbianas. “Fui conociendo a las distintas chicas, las legendarias, las que se escapaban de Panamericana. La agencia para ellas era un lugar de descanso porque ahí no estaban corriendo de la policía. También había chicas que trabajan a la noche en la calle y de día en las agencias. Pasó a ser como un rotativo de chicas. Empecé a hacer amistades. Entre ellas cayeron Pía (Baudracco) y Brigitte (Gorosito)”.

Con la ayuda de su mamá, con quien mantiene hasta hoy un vínculo, a fines de 1992 alquiló un departamento sobre la calle Armenia, en el barrio de Palermo, y dejó la agencia. Al poco tiempo se reencontró en la calle con Pía y diez días después estaban viviendo juntas.

Con Pía terminamos siendo muy amigas. Como toda amistad tuvimos todas las etapas: desde vivir juntas a no poder vivir más juntas. Ella era muy sociable, demasiado. No tenías una casa sino un club siempre lleno de gente. Yo venía de trabajar toda la noche, llegaba y había gente durmiendo en mi cama con mi ropa. Así que terminábamos peleando por estas cuestiones. Ella estaba acostumbrada a vivir así, en comunidad”, cuenta Belén.

Tenían edades similares pero recorridos muy distintos. “Ella era tres años mayor, pero travesti desde los 13. Se venía peleando con la policía desde los 14, había pasado por un montón de calabozos, había ido a otro país. Tenía una vivencia que yo nunca había tenido. Yo sentía que me estaba educando al lado de Pía.

De amigas a fundadoras de la Asociación de Travestis Argentina

A Belén nunca le gustó celebrar su cumpleaños, pero unos meses después de estar conviviendo, el 25 de julio de 1993, Pía invitó a amigas para festejar. Cocinaron y se produjeron para recibirlas. Fueron llegando de a poco, entrada la noche faltaban todavía dos de las chicas. “Se las habían llevado detenidas. Ahí armamos lo que nosotras llamábamos ‘bagayo’, que es un bolso con frazada, cigarrillos, comida, como para que puedan pasar la noche. La misma comida del cumpleaños la pusimos en un taper. Esto cambió la conversación. De todas las que estábamos ese día, la única que conocía la libertad era Pía porque había viajado a Italia. Hablábamos de cuándo nos iba a llevar ella para allá. Y Pía dijo: ‘No. Hay que hacer los cambios acá para no estar siempre yéndonos’”. Ese día, junto a otras activistas, fundaron la Asociación de Travestis Argentinas (hoy ATTTA), la primera sobre el colectivo en el país. 

Organizadas, comenzaron a denunciar las coimas policiales. El departamento de Armenia se fue llenando de gente: entre 50 y 60 travestis asistían cada sábado para planear los siguientes pasos. Vivieron al menos dos allanamientos: cuanta más gente había, más en la mira estaban. “Mi foto estuvo pegada en el pizarrón del Departamento Central de Policías por 5 años”, compartió Belén en varias notas.

“Si no fuera activista, no sería travesti”

Para mí el mundo del activismo estaba ligado directamente con ser una travesti. No tuve una etapa en la que primero fui una mujer trans o travesti y después una militante: fue en paralelo. Yo lo entendía como lo mismo: vivir en comunidad, ser activista, pintarme los labios. Nunca tuve otra vida que no fuera esta. Si no fuera activista, no sería travesti”, explica hoy sobre cómo se gestó su identidad en aquel momento.

Eligió el apellido de su madre, Correa, y no Carlocchia, el de su papá. Dice que lo hizo por seguridad. “En los ‘90 para poder cuidarnos ninguna utilizaba los apellidos verdaderos para que no te identificaran tan rápido: Berkins no existe. Carlocchia, en Argentina, son los descendientes de mis bisabuelos: si usaba ese me ubicaban en el momento y caían a mi pueblo”.

Aquellas Marchas del Orgullo pioneras, desde la primera en 1992 hasta 1995, eran de protesta, sin shows ni baile. El nombre de Belén comenzó a aparecer en los diarios asociado a las denuncias contra la policía y su aparición en movilizaciones. Un día, recibió una propuesta particular. Le escribieron desde la revista Para Ti para hacer una nota distinta. Querían contar a la Belén persona, la que estaba detrás de esa lucha. Los recibió en su casa, les presentó a su madre y a su pueblo. Hablaron de su vida, sacaron fotos. Al poco tiempo de publicada la nota empezaron a caer las primeras amenazas a su casa.

Fue una de las peleas más grandes que tuve con mi mamá. Ella me echaba la culpa a mí de lo que estaba pasando. Ahí decido irme y le digo a mi mamá que empiece a negarme: a decir que ya no me quiere, que me echó, que no soy de la familia. Durante mucho tiempo llamaba por teléfono a la vecina para hablar con ella. Hoy no hablamos de eso. Ella prefiere que sea cosa del pasado”.

Desde que llegaron las amenazas, tuvo 15 días para tomar la decisión más importante de su vida. Hacía apenas un mes, el mundo se había paralizado frente a las pantallas de los televisores que mostraban las imágenes de primero uno y luego otro avión estrellándose contra las torres norte y sur del World Trade Center. Mientras muchos huían de Nueva York, atemorizados por el atentado, Belén desembarcaba en noviembre de 2001.

El exilio en Estados Unidos

La etapa de mi exilio fue la más fea de todas las que he pasado. Lo peor es irte sin querer hacerlo. Me fui en 2001 y no volví hasta el 2008. En 2005 pude empezar a viajar fuera de Estados Unidos. Iba a Uruguay para poder ver a mi familia. No podía cruzar a la Argentina por tener el asilo político. Para mucha gente yo estaba muerta. Reviví en el 2008 cuando me vieron en la Marcha del Orgullo en Argentina de vuelta”, cuenta.

Dice que le costó hacerse un lugar. Muchas veces creyó que la iban a ayudar, pero al final había un interés por detrás. Ejerció el trabajo sexual los primeros años y fue ganando visibilidad como activista en los Estados Unidos. Le gustó el término “trans” -que usa hasta hoy- porque “no evidenciaba si una estaba operada o no”. Tuvo que demostrar ante un juez que no era gay ni lesbiana, y explicar qué significaba ser trans en Argentina, cuando a pesar en democracia padecían la persecución de los edictos policiales.

Durante cuatro años se presentó ante Migraciones cada cuatro meses sin saber si la iban a detener, si la iban a deportar o si la dejaban libre unos meses más hasta la siguiente cita. “Tenías que prepararte psicológicamente y despedirte por si pasaba algo cada vez que ibas”, recuerda.

Belén y Evita

Una noche, en una actividad social para migrantes latinos, hizo un show. Lució su cabellera rubia con un rodete bajo, pendientes brillantes, un collar grande con piedras blancas traslúcidas y un corset blanco con apliques plateados. Cantó “No llores por mí Argentina”.

No había buenas experiencias con travestis o LGBT haciendo de Evita. Estaba la experiencia de Copi o la de Perlongher. A una le habían prendido fuego el teatro. Aparte, una pensaba que se iban a cagar de risa. El peronismo se te iba a las manos por cualquier cosa en ese tiempo si ‘insultabas’ a Eva. Era el momento de la Evitomanía”.

La primera vez que le puso el cuerpo a Eva Perón fue a pedido de su amiga Vanesa. En 1993 los cumpleaños travestis eran eventos sociales, cada una llevaba un show para mostrar. “¿Por qué no me hacés a Evita?”, le propuso su amiga. En la Marcha del Orgullo de 1995 lo llevó al escenario por primera vez. Ya en Estados Unidos, estuvo un año entero preparándose para el desfile del Pride en Manhattan, donde se presentó bajo el nombre de la Asociación de Travestis Argentinas. Ese contexto hostil, pero a la vez favorecedor de la Evitomanía, le permitió llevar el personaje a distintos países. A Alemania llegó, precisamente, “gracias a la Eva”.

Con los años, cada vez que la interpretaba le agregaba alguna cosita: una pulsera, un aplique. Hoy tiene 36 libros sobre la biografía que abordan la vida de Eva desde distintos aspectos. El caso Eva Perón, escrito por el embalsamador Pedro Ara, estaba lleno de fotografías de ella viva, que el hombre copió para hacer su trabajo. De ahí Belén tomó algunos gestos. También guarda con especial afecto Y ahora… hablo yo, de Lillian Lagomarsino de Guardo, quien acompañó a Eva los primeros años del peronismo y en el viaje que hizo a Europa.

En Europa le enseñan cómo saluda una reina: levemente, inclinando la cabeza y mueve la mano mostrando los anillos. Yo físicamente no puedo verme jamás como Eva: tetas grandes, alta. La otra pesaba 40 kilos y yo, 80. Pero siempre me quedó algo que me dijeron, que dentro del teatro, si vos mantenés la ilusión y te lo creés, el resto se lo cree. Así que copiaba todos sus gestos y movimientos”, cuenta Belén.

Su familia no tenía fotos de Perón ni de Eva en su casa, pero el peronismo había entrado de diferentes formas. Los familiares de parte de su padre eran ferroviarios y su abuelo integrante de La Fraternidad, un sindicato históricamente ligado al justicialismo. Su madre tenía cuatro años cuando le llegó la muñeca de la Fundación Eva Perón y a su abuela recibió la máquina de coser de la misma institución.

Belén fue, durante muchos años, “la Eva”. Comenzó a interpretarla a los 20 años y pronto se enteró de una maldición. Todas las travestis que hacían de Evita morían a los 33 años. “Cuando me fui acercando a esa edad, como a los 29, 30, me agarró la idea de que eran mis últimas fechas. Vivía vestida como una dama antigua, me atendía la gente en la cama, vivía con ropa de cama. Me había agarrado ese síndrome de Esther Goris que vivió con el personaje pegado no sé cuánto tiempo. Me había comido el personaje. Creía que ya me iba a morir”.

Comprobó que la maldición no era cierta cuando pasó esa edad, pero Eva continuó presente toda su vida. Ya con la Ley de Identidad de Género aprobada en Argentina, modificó su nombre legal a Belén Eva Carlocchia.

“Hay que estar unidas, porque si no, nos matan por separado”

Esa ley fue para ella y tantas trans un parteaguas. “Nos vino a meter dentro de la democracia en Argentina porque fue el momento en que el Estado nos reconoció como ciudadanos y ciudadanas y nos igualó al resto de la sociedad. Querer quitar esos derechos con modificaciones, o la eliminación de la ley sería volver a la clandestinidad”, dice, en relación a los distintos ataques que sufrió la normativa bajo el actual gobierno de Javier Milei.

El fotolibro sobre su historia culmina con los años de exilio. De esos años trágicos quizás lo que más recuerde es la sensación de soledad e indefensión. Algo que hoy por suerte queda lejos. Aunque está a miles de kilómetros de distancia física de sus amigas y compañeras del Archivo, comparte con ellas pensamientos, charlas y proyectos de vida en común.

Hay que estar unidas, porque si no nos matan por separado. Y alertas. En los tiempos que hemos pasado, en los que te detenían solo por salir a la calle, lo que hicimos para resistir fue vivir en comunidad para que en el momento en que nos pasara algo hubiera alguna asistiendo”, dice.

Eso, asegura, es lo que nos va a salvar. Esa vida en comunidad sobre la que tanto le enseñaron las travestis y amigas a lo largo de toda su vida. El libro se presenta el sábado 6 de septiembre a las 20 en el Parque de la Estación (Juan Domingo Perón 3326, CABA), en el marco de la Feria Migra.

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Arquidiócesis de Colonia critica a periodista defensor de los derechos LGBTQ+; laicos católicos lo elogian

martes, 9 de septiembre de 2025
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Joachim Frank

Kölner Stadt-Anzeiger, diario de Colonia, Alemania, y su corresponsal jefe, Joachim Frank, han recibido recientemente críticas de la Arquidiócesis de Colonia por temas relacionados con símbolos LGBTQ+. Sin embargo, el Zentralkomitees der deutschen KatholikenComité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), organización laica oficial de la Iglesia, apoya al periodista.

Según Katholisch.de, la disputa se desencadenó a raíz del informe de Frank sobre la inauguración ceremonial del nuevo Campus Educativo del Arzobispo en Colonia-Kalk. Frank informó que la arquidiócesis supuestamente pidió a los empleados que no usaran símbolos de arcoíris ni exhibieran banderas arcoíris en el evento. Esto ocurrió después de otro incidente, también cubierto por Frank en el periódico, en el que un profesor de otra escuela, el Kardinal-Frings-Gymnasium, se enfrentó a la reacción de la arquidiócesis tras usar un suéter con los colores del arcoíris en la celebración del aniversario de la escuela. Gran parte de las críticas surgieron a raíz de una carta abierta, redactada con enojo y publicada en el sitio web de la arquidiócesis por el director de administración, Frank Hüppelshäuser. Joachim Frank fue acusado de criticar injustamente y deshumanizar a los empleados de la arquidiócesis. Hüppelshäuser argumentó que Frank solo buscaba desacreditar a la arquidiócesis y distorsionar su imagen pública.

En respuesta, el Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK) también expresó su apoyo a Frank, presidente de la Sociedad de Periodistas Católicos, una rama del Comité. El ZdK argumentó que la crítica honesta a la arquidiócesis es un requisito fundamental para la confianza y la credibilidad, y no un ataque. «Recibimos con incomprensión las críticas públicas de la Arquidiócesis de Colonia contra nuestro miembro Joachim Frank«, explicó el secretario general del ZdK, Marc Frings. «Joachim Frank es un distinguido periodista que ha informado sobre temas eclesiásticos durante muchos años con gran competencia profesional e integridad personal«. La junta directiva de la Sociedad de Periodistas Católicos (GKP) emitió un comunicado aparte defendiendo a Frank y cuestionando la decisión de la arquidiócesis de responder a su informe con una «carta abierta difamatoria«.

Varios periodistas católicos más se han solidarizado con Frank. El editor jefe del periódico, Gerald Selch, rechazó las acusaciones contra Frank calificándolas de difamatorias. En su propia carta de respuesta, Selch argumentó que el trabajo de Frank desempeña un papel importante en el discurso público, especialmente para quienes se han visto afectados por las acciones de la arquidiócesis. «La prensa libre suele ser una (última) oportunidad para contrarrestar el comportamiento crítico de los líderes diocesanos«, escribió, y señaló que quienes se habían visto afectados por las acciones de la arquidiócesis habían expresado su gratitud por el informe de Frank.

Muchos padres y estudiantes expresaron su indignación por la prohibición de símbolos LGBTQ en el evento de Colonia-Kalk, uno de los temas del informe de Frank. En respuesta, el gobierno del estado de Renania del Norte-Westfalia emitió una declaración de reconocimiento, y el Ministerio de Educación afirmó su firme compromiso con la diversidad, la tolerancia y la lucha contra toda forma de discriminación. Además, la archidiócesis ha emitido posteriormente una declaración en la que declara que todos los jóvenes pueden sentirse seguros y valorados en las escuelas arquidiocesanas, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.

Si bien la archidiócesis reaccionó negativamente al revelarse su intento de suprimir las imágenes LGBTQ+, es positivo que periodistas católicos como Frank se comprometan a denunciar estas acciones y que otros periodistas católicos apoyen dicha integridad, garantizando que estas acciones no queden sin respuesta.

—Phoebe Carstens, Ministerio New Ways, 5 de septiembre de 2025

Fuente New Ways Ministry

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La Federación Estatal LGTBI+ condena las declaraciones tránsfobas del exmagistrado del Tribunal Supremo y exige un compromiso firme frente a los discursos de odio

martes, 9 de septiembre de 2025
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La Federación Estatal LGTBI+ condena con firmeza las declaraciones del exmagistrado del Tribunal Supremo y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Francisco Javier Borrego, realizadas en un acto organizado por la extrema derecha en dependencias del Congreso de los Diputados, en las que se burló del colectivo trans y cuestionó normativas para la protección de la dignidad, la integridad física y los derechos fundamentales tanto de las personas LGTBI+ como de las mujeres.

Estas declaraciones revisten una gravedad añadida por la concurrencia de dos circunstancias: por un lado, fueron vertidas en sede parlamentaria; por otro, quien las pronuncia representa a la Administración de Justicia. El Congreso de los Diputados es, junto al Senado, la sede de la soberanía española y, en tal medida, debe aunar la voz de toda la ciudadanía, respetando el principio democrático de igualdad y fomentando la convivencia pacífica de todas las personas. Por su parte, la Administración de Justicia es el órgano que garantiza el cumplimiento normativo. Cuando un magistrado pronuncia este tipo de discursos no solo contraviene su mandato de servicio público, sino que, además, erosiona la confianza de la ciudadanía en la Justicia.

Esta confianza se ve especialmente afectada en el colectivo LGTBI+, que enfrenta una elevada tasa de infradenuncia ante presuntos delitos de odio. Según el informe Estado del Odio: Estado LGTBI+ 2025, el 46,09 % de las víctimas no acude a las autoridades, solo el 26,82 % formaliza la denuncia y un 27,09 % recurre a entidades LGTBI+. Ya en su comparecencia ante la Comisión contra los Discursos de Odio en el Congreso de los Diputados, Miguel Ángel Aguilar, Fiscal de Delitos de Odio, señaló que los discursos de odio son una modalidad de delitos de odio y revisten una enorme gravedad porque socavan los pilares de nuestro modelo de convivencia democrática.

Las leyes LGTBI+ estatales y autonómicas son herramientas esenciales para garantizar la igualdad real y proteger a las personas frente a la discriminación. Sin embargo, hoy asistimos a un contexto en el que se pretende desmantelar estos avances. Durante su intervención hizo alusión a Canarias, donde la Ley Trans y LGTBI+ se encuentra actualmente amenazada por intentos de modificación que buscan recortar derechos ya conquistados y poner en riesgo la protección efectiva de las personas trans y del conjunto del colectivo LGTBI+.

Recordamos que el impacto de estos discursos no es simbólico, sino que se traduce en violencia real, convirtiéndose en la antesala a los delitos de odio. Según los datos recogidos en el citado informe, las agresiones físicas o verbales a la población LGTBI+ se han duplicado en un solo año, pasando del 6,8% en 2024 al 16,3% en 2025, lo que representa aproximadamente 812.000 personas agredidas en el último año. Estos datos confirman la enorme vulnerabilidad del colectivo frente a la violencia motivada por el odio y subrayan la necesidad de medidas efectivas para proteger la dignidad y los derechos de las personas LGTBI+.

Por todo ello, la Federación Estatal LGTBI+ anuncia que remitirá estas declaraciones a la Fiscalía para que valore la adopción de las medidas oportunas. Al mismo tiempo, reitera la urgencia de un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos vulnerables, actualmente en fase de conclusiones en el Congreso de los Diputados. Esta es una demanda que la Federación, junto a más de una docena de entidades de defensa de derechos humanos, viene sosteniendo de forma constante y que hoy resulta imprescindible para blindar los avances normativos, proteger la dignidad de todas las personas, revertir el aumento de agresiones físicas y verbales y garantizar que los derechos humanos no puedan ser cuestionados ni instrumentalizados.

Fuente FELGTBI+

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