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Belén, María Belén: Fotolibro sobre la fundadora del Archivo de la Memoria Trans

martes, 9 de septiembre de 2025
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Entrevista a María Belén Correa, una de las fundadoras de la Asociación de Travestis Argentinas, a propósito del libro que retrata su vida íntima y colectiva, publicado por el Archivo de la Memoria Trans.

Fuente Agencia Presentes:

3 de septiembre de 2025
Agustina Ramos
Archivo de la Memoria Trans
Edición: María Eugenia Ludueña

Cartas, textos, folletos, fotografías y recortes periodísticos reconstruyen un momento de la historia íntima de María Belén Correa: la formación de su identidad y militancia, sus amistades, una nota que lo cambió todo, el exilio y el personaje que la atravesó: Eva Duarte de Perón. Belén, María Belén es el nuevo fotolibro de la Editorial Archivo Trans, en colaboración con la editorial Cesura. Retrata la vida y el legado de esta activista trans emblemática y una de las impulsoras de la Asociación de Travestis Argentinas (hoy ATTTA) y Red Lactrans, y fundadora del Archivo de la Memoria Trans Argentina.

Hoy, unas 18 personas, incluidas mujeres trans mayores, se encargan de proteger, construir y reivindicar la memoria trans desde el Archivo. Su acervo supera ya los 15 mil documentos. Registros fotográficos, fílmicos, sonoros y periodísticos; piezas como DNIs, pasaportes, cartas, notas, legajos policiales, artículos de revistas y diarios personales, que datan desde principios del siglo XX hasta la década de 1990. Además de contar con el fondo documental de varias compañeras disponible de forma online, también desde la editorial publicaron varios libros.

Foto: Archivo de la Memoria Trans

A Belén la convencieron de que el nuevo fotolibro sea sobre su historia, pero asegura que en realidad se trata de una construcción colectiva. Quedó seleccionado para la beca Andy Rocchelli gestionada por Cesura y también obtuvo una mención en el Dummy Award 2025. Le resulta extraño hablar sobre sí misma, confiesa. Pero finalmente lo logra.

En Alemania, donde vive, Belén pasa sus días con la cabeza puesta en su país de origen. “Tengo el teléfono, la computadora, el trabajo y la televisión conectadas a Argentina. Estoy 100% dedicada al Archivo”, cuenta en una llamada, sentada en su casa ubicada en Hannover, donde vive con su esposo y sus dos perritos, sus hijos. Lleva un cotidiano monótono, sin mucha vida social. Lo opuesto a lo que vivió gran parte de su vida: shows, movilizaciones, persecuciones y amenazas policiales, trabajo sexual, mudanzas de país en país.

En 2015 y 2016 pasó por un cuadro de meningitis en el cerebelo seguido de tuberculosis. Casi muere. “Después de eso me pregunté cómo quiero pasar los últimos 10, 15 o 20 años de mi vida. Y quiero estar tranquila, sin sobresaltos, haciendo lo que me gusta que es en parte la recolección del Archivo”, dice.

En el cuello lleva un colgante que perteneció a su amiga, la activista Claudia Pía Baudracco. Durante las charlas que compartieron en su juventud imaginaron juntas un lugar donde guardar el recuerdo y las imágenes de sus compañeras, para que no se perdiera durante los allanamientos y las mudanzas constantes.

“En ese momento no me daba cuenta de su importancia. Lo hacía porque me gustaba. Queríamos documentar a nuestra familia, que en nuestro caso eran nuestras amistades. Pía era la que siempre estaba sacando fotos o le pedía sus fotos a las demás y las guardaba. Por las mudanzas mucho de eso se perdió: cajas enteras. Pero encontramos una parte que ella escondió en una casa de una amiga suya donde vivió. Hoy es la Biblioteca Claudia Pía Baudracco, en Quilmes”, comparte Correa.

En 2012, justo antes de la sanción de la Ley de Identidad de Género, Pía falleció. Dejó una marca en Belén, que ese mismo año decidió materializar sus fantasías y fundó el Archivo de la Memoria Trans desde el exilio.

La importancia de llamarse Belén

Nació el 25 de junio de 1973 en el partido de Luján, en la provincia de Buenos Aires (Argentina). Tiene 53 años: una sobreviviente del colectivo trans, cuyo promedio de vida es de 35 a 40 años. Lo sabe muy bien. Aunque está tranquila en su casa en Europa, donde quiere pasar la última etapa de su vida, entiende que las violencias hacia las trans trascienden fronteras. “Que esté encerrada en mi casa no quita que mañana me mate mi marido. Vos vivís con el enemigo. Nadie está exenta”, dice.

Tenía 5 o 6 años y jugaba debajo de la mesa cuando escuchó a su abuelo decir: ‘María Belén, qué lindo nombre’. Tiempo después pidió a su familia que le pusieran así a su hermanito que estaba por nacer. Pero nació varón: frustración de por vida, llanto. “Cuando nacen mis hermanas, que son mellizas, me dieron el gusto. A una le pusieron María Belén y a la otra, María Vanina”.

Iba en tren a la escuela primaria, en un pueblo vecino, Jáuregui, más grande y fabril. Vivía con sus padres, su hermano, con quien se lleva siete años, y sus hermanas mellizas.

Durante diez años, además de hija y alumna, fue enfermera, asistente y cuidaba de sus hermanos. Los días más largos fueron cuando su papá tuvo cáncer. En 1989, cuando falleció, tomó sus cosas y viajó en el tren Sarmiento hasta la Ciudad de Buenos Aires.

Llegué a Once y me puse a caminar por la avenida Pueyrredón, negocio por negocio. No tenía conocidas. Antes de llegar a la avenida Santa Fe entré a una de esas whiskerías que había antes, eran cabarets. Me preguntaron si sabía qué era. Le dije que no, que imaginaba que era un bar, que podía ir de lavacopas. Me dijeron que contrataban solo a mujeres. Dije que era gay. Me preguntaron por mi edad. Tenía 16 y no me podían contratar, pero me dieron la dirección de una nueva agencia que estaba buscando gente. Ahí me quedé”.

En esos primeros tiempos en Buenos Aires, fue por primera vez a una fiesta de cumpleaños, grandes eventos con show y presentación. “Yo había pensado en todo: vestido, zapatos, maquillaje, sombra de ojos. Todo menos en el nombre. Cuando llego, me saludan y me preguntan, ¿cómo te llamás? Me tomó por sorpresa. ‘Belén, María Belén…’, dije. Después, por más que me lo quise quitar, ya no podía porque para la vida travesti había quedado marcada como María Belén. Lo único que pude fue sacarme el María y que me dijeran Belén”.

“Sentía que me estaba educando al lado de Pía”

En la agencia conoció a muchas chicas travestis y trans. Esas identidades aún no se habían rozado con su imaginación. Tampoco sabía que existían mujeres que eran lesbianas. “Fui conociendo a las distintas chicas, las legendarias, las que se escapaban de Panamericana. La agencia para ellas era un lugar de descanso porque ahí no estaban corriendo de la policía. También había chicas que trabajan a la noche en la calle y de día en las agencias. Pasó a ser como un rotativo de chicas. Empecé a hacer amistades. Entre ellas cayeron Pía (Baudracco) y Brigitte (Gorosito)”.

Con la ayuda de su mamá, con quien mantiene hasta hoy un vínculo, a fines de 1992 alquiló un departamento sobre la calle Armenia, en el barrio de Palermo, y dejó la agencia. Al poco tiempo se reencontró en la calle con Pía y diez días después estaban viviendo juntas.

Con Pía terminamos siendo muy amigas. Como toda amistad tuvimos todas las etapas: desde vivir juntas a no poder vivir más juntas. Ella era muy sociable, demasiado. No tenías una casa sino un club siempre lleno de gente. Yo venía de trabajar toda la noche, llegaba y había gente durmiendo en mi cama con mi ropa. Así que terminábamos peleando por estas cuestiones. Ella estaba acostumbrada a vivir así, en comunidad”, cuenta Belén.

Tenían edades similares pero recorridos muy distintos. “Ella era tres años mayor, pero travesti desde los 13. Se venía peleando con la policía desde los 14, había pasado por un montón de calabozos, había ido a otro país. Tenía una vivencia que yo nunca había tenido. Yo sentía que me estaba educando al lado de Pía.

De amigas a fundadoras de la Asociación de Travestis Argentina

A Belén nunca le gustó celebrar su cumpleaños, pero unos meses después de estar conviviendo, el 25 de julio de 1993, Pía invitó a amigas para festejar. Cocinaron y se produjeron para recibirlas. Fueron llegando de a poco, entrada la noche faltaban todavía dos de las chicas. “Se las habían llevado detenidas. Ahí armamos lo que nosotras llamábamos ‘bagayo’, que es un bolso con frazada, cigarrillos, comida, como para que puedan pasar la noche. La misma comida del cumpleaños la pusimos en un taper. Esto cambió la conversación. De todas las que estábamos ese día, la única que conocía la libertad era Pía porque había viajado a Italia. Hablábamos de cuándo nos iba a llevar ella para allá. Y Pía dijo: ‘No. Hay que hacer los cambios acá para no estar siempre yéndonos’”. Ese día, junto a otras activistas, fundaron la Asociación de Travestis Argentinas (hoy ATTTA), la primera sobre el colectivo en el país. 

Organizadas, comenzaron a denunciar las coimas policiales. El departamento de Armenia se fue llenando de gente: entre 50 y 60 travestis asistían cada sábado para planear los siguientes pasos. Vivieron al menos dos allanamientos: cuanta más gente había, más en la mira estaban. “Mi foto estuvo pegada en el pizarrón del Departamento Central de Policías por 5 años”, compartió Belén en varias notas.

“Si no fuera activista, no sería travesti”

Para mí el mundo del activismo estaba ligado directamente con ser una travesti. No tuve una etapa en la que primero fui una mujer trans o travesti y después una militante: fue en paralelo. Yo lo entendía como lo mismo: vivir en comunidad, ser activista, pintarme los labios. Nunca tuve otra vida que no fuera esta. Si no fuera activista, no sería travesti”, explica hoy sobre cómo se gestó su identidad en aquel momento.

Eligió el apellido de su madre, Correa, y no Carlocchia, el de su papá. Dice que lo hizo por seguridad. “En los ‘90 para poder cuidarnos ninguna utilizaba los apellidos verdaderos para que no te identificaran tan rápido: Berkins no existe. Carlocchia, en Argentina, son los descendientes de mis bisabuelos: si usaba ese me ubicaban en el momento y caían a mi pueblo”.

Aquellas Marchas del Orgullo pioneras, desde la primera en 1992 hasta 1995, eran de protesta, sin shows ni baile. El nombre de Belén comenzó a aparecer en los diarios asociado a las denuncias contra la policía y su aparición en movilizaciones. Un día, recibió una propuesta particular. Le escribieron desde la revista Para Ti para hacer una nota distinta. Querían contar a la Belén persona, la que estaba detrás de esa lucha. Los recibió en su casa, les presentó a su madre y a su pueblo. Hablaron de su vida, sacaron fotos. Al poco tiempo de publicada la nota empezaron a caer las primeras amenazas a su casa.

Fue una de las peleas más grandes que tuve con mi mamá. Ella me echaba la culpa a mí de lo que estaba pasando. Ahí decido irme y le digo a mi mamá que empiece a negarme: a decir que ya no me quiere, que me echó, que no soy de la familia. Durante mucho tiempo llamaba por teléfono a la vecina para hablar con ella. Hoy no hablamos de eso. Ella prefiere que sea cosa del pasado”.

Desde que llegaron las amenazas, tuvo 15 días para tomar la decisión más importante de su vida. Hacía apenas un mes, el mundo se había paralizado frente a las pantallas de los televisores que mostraban las imágenes de primero uno y luego otro avión estrellándose contra las torres norte y sur del World Trade Center. Mientras muchos huían de Nueva York, atemorizados por el atentado, Belén desembarcaba en noviembre de 2001.

El exilio en Estados Unidos

La etapa de mi exilio fue la más fea de todas las que he pasado. Lo peor es irte sin querer hacerlo. Me fui en 2001 y no volví hasta el 2008. En 2005 pude empezar a viajar fuera de Estados Unidos. Iba a Uruguay para poder ver a mi familia. No podía cruzar a la Argentina por tener el asilo político. Para mucha gente yo estaba muerta. Reviví en el 2008 cuando me vieron en la Marcha del Orgullo en Argentina de vuelta”, cuenta.

Dice que le costó hacerse un lugar. Muchas veces creyó que la iban a ayudar, pero al final había un interés por detrás. Ejerció el trabajo sexual los primeros años y fue ganando visibilidad como activista en los Estados Unidos. Le gustó el término “trans” -que usa hasta hoy- porque “no evidenciaba si una estaba operada o no”. Tuvo que demostrar ante un juez que no era gay ni lesbiana, y explicar qué significaba ser trans en Argentina, cuando a pesar en democracia padecían la persecución de los edictos policiales.

Durante cuatro años se presentó ante Migraciones cada cuatro meses sin saber si la iban a detener, si la iban a deportar o si la dejaban libre unos meses más hasta la siguiente cita. “Tenías que prepararte psicológicamente y despedirte por si pasaba algo cada vez que ibas”, recuerda.

Belén y Evita

Una noche, en una actividad social para migrantes latinos, hizo un show. Lució su cabellera rubia con un rodete bajo, pendientes brillantes, un collar grande con piedras blancas traslúcidas y un corset blanco con apliques plateados. Cantó “No llores por mí Argentina”.

No había buenas experiencias con travestis o LGBT haciendo de Evita. Estaba la experiencia de Copi o la de Perlongher. A una le habían prendido fuego el teatro. Aparte, una pensaba que se iban a cagar de risa. El peronismo se te iba a las manos por cualquier cosa en ese tiempo si ‘insultabas’ a Eva. Era el momento de la Evitomanía”.

La primera vez que le puso el cuerpo a Eva Perón fue a pedido de su amiga Vanesa. En 1993 los cumpleaños travestis eran eventos sociales, cada una llevaba un show para mostrar. “¿Por qué no me hacés a Evita?”, le propuso su amiga. En la Marcha del Orgullo de 1995 lo llevó al escenario por primera vez. Ya en Estados Unidos, estuvo un año entero preparándose para el desfile del Pride en Manhattan, donde se presentó bajo el nombre de la Asociación de Travestis Argentinas. Ese contexto hostil, pero a la vez favorecedor de la Evitomanía, le permitió llevar el personaje a distintos países. A Alemania llegó, precisamente, “gracias a la Eva”.

Con los años, cada vez que la interpretaba le agregaba alguna cosita: una pulsera, un aplique. Hoy tiene 36 libros sobre la biografía que abordan la vida de Eva desde distintos aspectos. El caso Eva Perón, escrito por el embalsamador Pedro Ara, estaba lleno de fotografías de ella viva, que el hombre copió para hacer su trabajo. De ahí Belén tomó algunos gestos. También guarda con especial afecto Y ahora… hablo yo, de Lillian Lagomarsino de Guardo, quien acompañó a Eva los primeros años del peronismo y en el viaje que hizo a Europa.

En Europa le enseñan cómo saluda una reina: levemente, inclinando la cabeza y mueve la mano mostrando los anillos. Yo físicamente no puedo verme jamás como Eva: tetas grandes, alta. La otra pesaba 40 kilos y yo, 80. Pero siempre me quedó algo que me dijeron, que dentro del teatro, si vos mantenés la ilusión y te lo creés, el resto se lo cree. Así que copiaba todos sus gestos y movimientos”, cuenta Belén.

Su familia no tenía fotos de Perón ni de Eva en su casa, pero el peronismo había entrado de diferentes formas. Los familiares de parte de su padre eran ferroviarios y su abuelo integrante de La Fraternidad, un sindicato históricamente ligado al justicialismo. Su madre tenía cuatro años cuando le llegó la muñeca de la Fundación Eva Perón y a su abuela recibió la máquina de coser de la misma institución.

Belén fue, durante muchos años, “la Eva”. Comenzó a interpretarla a los 20 años y pronto se enteró de una maldición. Todas las travestis que hacían de Evita morían a los 33 años. “Cuando me fui acercando a esa edad, como a los 29, 30, me agarró la idea de que eran mis últimas fechas. Vivía vestida como una dama antigua, me atendía la gente en la cama, vivía con ropa de cama. Me había agarrado ese síndrome de Esther Goris que vivió con el personaje pegado no sé cuánto tiempo. Me había comido el personaje. Creía que ya me iba a morir”.

Comprobó que la maldición no era cierta cuando pasó esa edad, pero Eva continuó presente toda su vida. Ya con la Ley de Identidad de Género aprobada en Argentina, modificó su nombre legal a Belén Eva Carlocchia.

“Hay que estar unidas, porque si no, nos matan por separado”

Esa ley fue para ella y tantas trans un parteaguas. “Nos vino a meter dentro de la democracia en Argentina porque fue el momento en que el Estado nos reconoció como ciudadanos y ciudadanas y nos igualó al resto de la sociedad. Querer quitar esos derechos con modificaciones, o la eliminación de la ley sería volver a la clandestinidad”, dice, en relación a los distintos ataques que sufrió la normativa bajo el actual gobierno de Javier Milei.

El fotolibro sobre su historia culmina con los años de exilio. De esos años trágicos quizás lo que más recuerde es la sensación de soledad e indefensión. Algo que hoy por suerte queda lejos. Aunque está a miles de kilómetros de distancia física de sus amigas y compañeras del Archivo, comparte con ellas pensamientos, charlas y proyectos de vida en común.

Hay que estar unidas, porque si no nos matan por separado. Y alertas. En los tiempos que hemos pasado, en los que te detenían solo por salir a la calle, lo que hicimos para resistir fue vivir en comunidad para que en el momento en que nos pasara algo hubiera alguna asistiendo”, dice.

Eso, asegura, es lo que nos va a salvar. Esa vida en comunidad sobre la que tanto le enseñaron las travestis y amigas a lo largo de toda su vida. El libro se presenta el sábado 6 de septiembre a las 20 en el Parque de la Estación (Juan Domingo Perón 3326, CABA), en el marco de la Feria Migra.

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Las tías: mujeres trans mayores en Argentina luchan por derechos y tejen memoria

viernes, 21 de febrero de 2025
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Para las personas trans en América Latina tener más de 40 años es ser una sobreviviente. Desde hace una décadas, adultas mayores travestis y trans de Argentina se organizaron para reclamar por una ley de reparación histórica que contemple las violencias estatales que han sufrido a lo largo de los años, además de tejer redes en las que construyen memoria y resistencias cotidianas.

Fuente Agencia Presentes
17 de febrero de 2025<
Lucas Gutiérrez
Muriel BruschiEuge AzarAriel Gutraich
Alejo Sol
Edición: Ana Fornaro

Ustedes nos pegaron, violaron y asesinaron, ¿qué más quieren?– le grita Patricia Rivas a unos cien policías acorazados detrás de cascos y escudos.

Es 24 de mayo de 2024, la tarde está helada y la Plaza de Mayo, donde está la Casa de Gobierno, está rodeada de uniformados para impedir que la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti circule por la calle hasta el Congreso de la Nación, donde espera un escenario. El Ministerio de Seguridad del gobierno de Javier Milei publicó un protocolo que sólo permite manifestarse por la vereda, sin cortar el tránsito, además de habilitar varios mecanismos para criminalizar la protesta.

Patricia tiene el pelo rubio platinado vaporoso y avanza con tacos plateados, cubierta de un saco negro por el que asoma un gran escote. Tiene 58 años, es alta y robusta, parece fuerte pero guarda en el cuerpo  y la memoria las cicatrices del odio y la violencia de las fuerzas de seguridad. Ella forma parte de Históricas Argentinas, una organización de trans adultas mayores que se reconocen como víctimas del terrorismo de Estado y de múltiples violencias institucionales en democracia. Son sobrevivientes y exigen ser oídas.

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Patricia enfrenta a policías acorazados en la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

A las trans mayores las acompañan activistas de derechos humanos y de la diversidad. Hay infancias y adolescencias trans, personas no binarias, lesbianas, maricas y mucha familia elegida. Frente al despliegue policial desproporcionado con armas largas y motos que rugen, el grito fue uno solo:

¡No tenemos miedo!

La violencia institucional es una herida histórica en los colectivos travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983), las personas de la diversidad sexual, y con especial saña las travestis y trans, fueron perseguidas y encarceladas por su identidad. Pero para ellas los calabozos continuaron bien entrada la democracia, por la criminalización presente en los edictos policiales de varias provincias que habilitaba la caza de “los travestidos” en las calles. Estos edictos estuvieron vigentes hasta 1998 en Ciudad de Buenos Aires y hasta una década después en Provincia de Buenos Aires y otras provincias. Las personas trans y travestis suelen decir que para ellas la democracia comenzó recién 2012, con la aprobación de la Ley de Identidad de Género. 

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Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

Hace una década comenzó la militancia por una ley de reparación histórica para las trans y travestis sobrevivientes y también el pedido de una pensión graciable. 

Para eso se formaron distintos grupos: Además de Las Históricas Argentinas, existe el el Archivo de la Memoria Trans Argentina, un proyecto artístico y político de recuperación histórica que dio la vuelta al mundo y ha sido replicado en varios países. 

Además de la reparación históricas, estos colectivos exigen que se cumpla el derecho a recibir salud integral para una vejez digna. Pero los proyectos de ley siguen durmiendo en los cajones del Congreso mientras van perdiendo estado parlamentario.

Marlene Wayar es activista, escritora, psicóloga social, egresada de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo y comunicadora. En un programa de radio, ella explica:

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Marlene Wayar y Patricia Rivas enfrentan a policias que reprimen la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti

Lo que queremos es que esta sociedad se sienta a discutir y reconozca que tenemos un promedio de vida de 32 años mientras, el de las personas cis es de 76 y subiendo y que esto constituye un genocidio. Después podemos ver los puntos de la ley, pero esto es mucho más complejo que una una mísera jubilación. Como dice Wanda, el Estado en algún momento tiene que reconocer todo lo que nos ha sacado, nos ha sacado la vida.

Actualmente en Argentina solo la provincia de Santa Fe tiene una Ley de Reparación. Es un logro y un antecedente, pero las voluntades políticas actuales no abren diálogos nuevos. Este 1 de noviembre organizaciones como Futuro Trans y el Archivo, en compañía del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentaron un amparo para que el Estado les reconozca su derecho a la seguridad social. “Buscamos también que se reconozca y repare la violencia institucional que sufrió la población travesti y trans desde la recuperación de la democracia hasta el presente”, explica Marlene.

Las marcas de la dictadura

La reparación histórica consta de dos pasos: uno es que el Gobierno salga el balcón y reconozca todo el maltrato que hubo hacia las personas trans, y lo segundo es un resarcimiento económico que no sea una jubilación mínima, a nosotras nos tienen que resarcir por la vida que nos hicieron pasar”, dice Patricia un domingo por tarde, meses después de aquella Marcha por la Reparación donde la policía amenazó y reprimió.

Estamos en la terraza de su amiga Eugenia, en el partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, cerca de su casa. Su voz es el relato que entre carcajadas y angustias recompone esa memoria histórica que desde hace un tiempo decidió recuperar para seguir reclamando.

pato2-1536x1066Patricia en su casa. Foto: Euge Azar

En un tiempo me puse en pareja, fui peluquera y todo ese pasado lo sepulté. Al volver a hacer activismo volví a padecer y a tener las pesadillas de las persecuciones, de cuando corría con mis amigas escapando de la policía y que una caiga muerta atropellada por los autos. Es horrible vivir todo eso de vuelta.

Patricia también recuerda los ruidos, las voces, y estar detenida y vendada en la Comisaría de Tigre, provincia de Buenos Aires. “Esa que ahora tiene una placa conmemorativa que dice que ahí hubo un centro de detención durante la dictadura”, agrega.

En 1981, cuando tenía 14 años, estuvo secuestrada allí.

Fueron cinco días pero para mí fue una eternidad. Estuve vendada y lo que se escuchaba eran las puertas, los ruidos de una puerta pesada que abrían y te agarraban. Me llevaban a otro lugar y me hacían la tortura en la que me metían la cabeza bajo el agua. A veces te apuntaban y gatillaban. Otras veces era violarte mientras me decían: ‘¿te gusta ser puto?’. Siempre eran dos y cuando el primero terminaba de violarme yo caía desvanecida al piso, y ahí me daba el otro.

En abril de 2023, por primera vez en la historia, un juicio de lesa humanidad tuvo como voces fundamentales a un grupo de mujeres trans víctimas de la dictadura.

Carla Fabiana Gutiérrez, Paola Leonor Alagastino, Julieta Alejandra González, Analia Velázquez y Marcela contaron lo que vivieron en el Pozo de Banfield, uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que funcionaron durante el terrorismo de Estado.

Marcela Viegas declaró con un collar de cadenas gruesas, pulseras y una boina. Frente a ella la mesa estaba cubierta por la bandera del Archivo de la Memoria Travesti Trans Argentina. Allí contó que cuando estaba por cumplir 15 años fue secuestrada en Camino de Cintura, provincia de Buenos Aires y torturada sistemáticamente.

Me ponían una capucha. No sé adónde iba. Teníamos una venda y yo podía espiar por abajo. Me tiraban en una cama. Me ataban. Y me ponían 220 (volts de electricidad)” contó en su declaración.

Y agregó: “Es una hijaputez que nos pongan prostitución y vagancia. Yo iba a trabajar todas las noches porque por ser travesti no me iba a dar trabajo nadie” .

En marzo de 2024 los jueces condenaron a los represores a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad en el marco de genocidio. Por primera vez en la historia argentina personal militar fue condenado por los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos, abuso sexual y reducción a la servidumbre a personas del colectivo travesti trans.

De las sobrevivientes no todas pudieron tener acceso a los documentos que registran esas detenciones. A veces ni siquiera las anotaban, o las ponían con nombres distintos. Para ellas también era muy difícil acercarse a una comisaría a preguntar por alguna compañera, primero porque podían quedar detenidas ellas y después porque, ¿por quién preguntaban? La astucia travesti y el humor como músculo que ayuda a sobrevivir hicieron que en “la zona” estén todas con sus nombres elegidos, los de fantasía y los apodos que eran mezcla de amor y picanteada.

Pero nada de eso las detenía, si una estaba presa, las demás encontraban la manera de hacerle llegar “el bagayo”, así le decían al envío de cosas fundamentales para los días que faltasen.

Patricia sabía que al ser detenida no tenía que firmar lo que le daban sino que debía encontrar las maneras de negociar. A la hora de firmar, tenía que poner: “apelo señor juez”. “Me das asco, me haces perder el tiempo, no quiero verte más acá o nunca más vas a ver la sol“, le dijo el juez en esos años.

Memoria trans

Pasaron cuatro meses de la Segunda Marcha por la Reparación y sobre Avenida de Mayo la puerta de un edificio de estilo francés conduce al Archivo de la Memoria Trans. En este lugar, además del trabajo de archivo y edición hay un espacio de serigrafía, una librería con títulos LGBT+ y una sala de estar dónde las chicas tienen reuniones, hacen terapia y ahora entre facturas, café y mates dan entrevistas. A veces acá o en otros espacios invitan a más sobrevivientes adultas para compartir recuerdos, charlas y ver las necesidades de cada una.

En el Archivo, unas 20 adultas mayores buscan y reúnen fotos, cartas y artículos de prensa que arman la memoria travesti trans de un país que las quiso y quiere invisibilizar. Con todo esto arman muestras, souvenirs, libros y crónicas que luego venden para vivir y hacer sobrevivir esa memoria travesti colectiva. Ellas espantan las miradas de condescendencia y traen a la luz las vidas trans con todos sus matices, colores, injusticias, amores, celebraciones y vínculos.

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Michelle, Carola, Sonia, Marcela y Teté, del Archivo Argentino de la Memoria Trans Foto: Muriel Bruschi

Sus vidas y biografías recorren muchos espacios contando lo que han vivido.

A sus 59 años, Wanda Sánchez comparte las violencias estructurales de muchas personas travestis y trans de su generación.

Vi morir a tantas compañeras, recordar el montón que éramos. Yo sobreviví a todas ellas, a todo lo que nos pasó. Me tuve que ir de mi casa a los 13 años para empezar a ser yo, ahí no podía.

Wanda02AMT-1024x1536Wanda Sánchez Foto: Muriel Bruschi

En ese deambular comenzó a ser detenida por la policía y un periplo por juzgados de menores, institutos y hasta una clínica psiquiátrica. “Allí una mujer santa, una médica me dijo que no estaba mal ser homosexual, que quien necesitaba cambiar era mi madre”. Allí se tendió un puente entre ella y su madre, aunque duró poco porque a los meses su mamá falleció.

En la clínica cumplió 18 y cuando salió ya era democracia en Argentina pero su calvario no se terminó.

Me han llevado presa por existir. Me han ido a buscar a mi casa para llevarme detenida. A vece terminaba en la comisaría con las bolsas del mercado porque recién había salido de comprar y me detenían.

Es su voz pero es la historia de muchas, de tantas.

En una mesa, bolsas de tela y remeras con imágenes sacadas de fotos, frases que alguna compañera gritó en una marcha o en una persecución y ahora se convirtieron en proclama conviven con libros de editoriales amigas y los de producción propia. El primer libro editado por el Archivo de la Memoria Trans está agotado pero otros siguen disponibles y se pueden comprar en su página web: Nuestros Códigos’; “Si te viera tu madre”, sobre la vida de la activista trans y una de las fundadoras del espacio, Claudia Pía Baudracco; y el más reciente: ‘Kumas’, una palabra que significa “amigas, compañeras, hermanas” proveniente del carrilche, ese lenguaje travesti que en la década del ‘40 nació para permitirles comunicarse entre ellas y sobrevivir a la policía y los ataques.

Mónica001AMY-1024x1536Mónica tiene 71 años Foto: Muriel Bruschi

Mónica, de 71 años, cuenta que a ella la ayuda mucho tener casa propia. La construyó con el dinero que le daba la prostitución. “Yo no derrochaba nada”, dice.  A diferencia de la mayoría, tiene una familia que la apoya, pero este lugar compartido es el que la “saca del pozo de depresión, por estar con todas y no pensar tanto”.

A ella también le decían “la gringa”. Su relato en el libro “Kumas” está atravesado por historias familiares, de amistades pero también de detención y tortura. Pero además de los relatos de violencias sobreviven las noches de brillos y diversión: los carnavales, los shows en bares.

Conocer a estas mujeres permite hilvanar la historia argentina completa.

Teté tiene 60 años, luce su delantal blanco impecable con el que cumple tareas de archivista. Tiene el pelo corto y canoso y una voz firme que no oculta la tristeza. No se quiebra, transmite la seguridad de saber quién es y fue.

– Era una situación fea, porque a mí con 13, 14 años me gustaba salir porque siempre fue muy independiente, y que te llevaran presa, que te sienten en un patrullero y te paseen para que todo el pueblo te vea, que vos era maricón.

Teté lee un fragmento del libro Kumas:

Nació en un pueblo del norte de la provincia de Santa Fe y en sus palabras se difuminan los límites entre la dictadura y la democracia. En ese momento ella se juntaba con amigos más grandes, pero a ellos también los perseguía la justicia.

Un juez llamó al tribunal a ese chico gay y le dijo que si se seguía juntando conmigo lo iban a detener porque por corrupción de menores. Así perdí amistades.

Todo ese contexto de discriminación hizo que tampoco pudiera terminar sus estudios: “Fue muy difícil terminar el colegio primario. El último año fue séptimo grado y fue una cuestión de supervivencia”.

Teté01AMT-1024x1536Teté Foto: Muriel Bruschi

Recién en 2013 pudo retomar sus estudios secundarios para culminarlos en 2016. Y siguió. Logró hacer dos años de la carrera de Psicología Social en la escuela de Psicología Social de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). Luché mucho para conseguir trabajo”, explica.

En el año 2000 se acercó a militar en la organización política Movimiento Evita y desde 2008 trabaja en el Hospital Público Provincial Magdalena V. de Martínez, en Pacheco. Comenzó haciendo limpiezas y ahora se desempeña en el área administrativa.

Desde 1992 está en pareja y desde 2018 trabaja en el Archivo.

– Este es mi espacio, es mi lugar, el que elegiría siempre. Más allá de que yo tengo a mi familia que me acompaña y a mi pareja, esto es otra cosa. Acá estamos entre pares. Podemos tener diferencias, nos divertimos, la pasamos bien, levanta el ánimo. A mí me llena el alma, la verdad es un espacio que yo elegiría siempre para estar es este lugar.

Lo dice en voz alta pero también lo cuenta con cada gesto de complicidad y cada risa. Están en la mesa y las reúne el contar anécdotas, alegrías, carnavales y un adn travesti trans infinito. Una cadena de palabras, herramientas, referentes, conceptos y orgullos que trascienden las décadas y geografías.


“Nunca pensé que a la edad que tengo algún día iba a poder contar mi historia”, dice Carola.

El 29 de septiembre Carolina “Carola” Figueredo cumplió 62 años, casi el doble del promedio de edad que vive una persona trans. Ahora ella está sentada junto a su compañera del Archivo de la Memoria Trans, Marcela Navarro, en la biblioteca de la Alianza Francesa de Buenos Aires. El espacio es inmenso, está lleno de libros, es la biblioteca francófona más grande de Latinoamérica pero lo que no está ahí es lo que ellas van a presentar en este encuentro: los libros del Archivo con sus historias, contadas por ellas mismas, con sus vidas y las de quienes ya no están.

Carola02AMT-1024x1536Carola Figueredo Foto: Muriel Bruschi

“Yo lo único que escuchaba eran siempre reproches. Nos juzgaba todo el mundo, nos condenaban, pero nunca nos daban la oportunidad de expresar quiénes realmente éramos. Nunca se nos entendió”, explica Carola, y en sus palabras la curva deriva en orgullo al explicar cómo el Archivo se instaló como ese proyecto de redención dónde pudieron tomar la palabra y visibilizarse.

Este espacio fue una segunda oportunidad. Acá nos volvimos a encontrar todas pero en un momento y una situación diferente, ahora éramos libres porque a partir del 2012 obtuvimos la Ley de Identidad de Género. Nunca pensé que iba a tener esa libertad de poder contar mi historia, que todo el mundo te escuche, que te presten atención, y eso te hace sentir importante”, va decir frente a una audiencia que escucha, pregunta, lagrimea y sonríe. Su cuerpo parece frágil, a veces parece tímida, y en un momento, de repente, se le suelta la biografía y empieza a tejer en el aire relatos que deberían estar en todos los libros de educación nacional, su historia también es la historia de un colectivo.

A su lado Marcela irradia la presencia de una directora de escuela. Su pelo negro hacia con una cola hacia arriba parece coronarla como el casquete de una vedette. Ella hablará de todos los procesos que se realizan en el Archivo, le va pedir más testimonios a Carola y trata de manera maternal.

Marcela02AMT-1024x1536Marcela Foto: Muriel Bruschi

‘Ésta se fue, a ésta la mataron, ésta murió’ se llamó la primera muestra del Archivo realizada en 2017 que se pudo ver en el Centro Cultural Haroldo Conti de Buenos Aires, dentro del predio de la Ex Esma. En este ex centro de detención clandestina ellas lograron hacer de sus recuerdos un manifiesto. Esa vez no entraron forzadas sino siendo ellas la fuerza y resistencia. Tiene una voz pausada y muy presente, con ella explica: “recibo el material y lo voy separando: vida cotidiana, trabajo sexual, carnavales”, y cuenta cómo va uniendo las conversaciones y reconstruyendo las historias. Además de fotos hay cartas, documentos, tarjetas, volantes y “muchos tickets de avión y viajes”, y no es que ellas se daban la gran vida, esos vuelos se traducen en exilios, escapar para sobrevivir.

Completo las planillas y anoto el año y nombre de las compañeras de las fotos. Si está fallecida tratamos de buscar a otra que pueda ayudarnos a armar su historia; después de eso me encargo yo misma de escribir su propia biografía. Cuando la compañera aún vive trato de ubicarla para que nos cuente su propia historia”, sigue Marcela. Del otro lado de la gente hay una mesa con algunos de los libros y objetos que producen.

Necesitamos traVajo

“Tenemos vida para tirar, pero necesitamos un trabajo. Necesitamos algo para poder vivir, para poder seguirla”, explican las integrantes del Archivo. Sonia Torrese comparte su historia y explica que estuvo “rodando por todos lados, donde pude, como una golondrina”.  Ella también es una de esas hijas expulsadas del hogar familiar por ser trans. Hoy a sus 64 años volvió a esa casa pero para cuidar a sus padres. “Mi hermana y mi hermano no me aceptaban. Tenían mucha vergüenza de mí”.

Los rulos rubios de Sonia le enmarcan las palabras que con timidez aparecen para retratarla. Cuando dice que antes era “muy cerrada, muy burra”, las compañeras la frenan y le recuerdan que ella es la que mejor memoria tiene. Si alguien ve un rostro en una foto y no se acuerda quién es la respuesta seguro la tiene Sonia.

Sonia02AMT-1024x1536Sonia es enfermera Foto: Muriel Bruschi

Como es enfermera explica que un vecino le pidió que fuera al geriátrico dónde estaba su madre para hacerle curaciones. Las primeras veces no hubo problema, pero luego las enfermeras le contaron al dueño del lugar que ella era una persona trans: “Automáticamente me cerraron las puertas, me echaron”. Esto pasó hace aproximadamente siete años, en un país con Ley de Identidad de Género y sin edictos policiales.

Actualmente algunas cobran una jubilación o pensión, muy pocas. Y como eso tampoco alcanza tienen otros trabajos y buscan ayuda en los espacios disponibles. Wanda cuenta que tiene una pensión, a eso le suma el Archivo, los sábados trabaja en la Biblioteca Claudia Pía Baudracco y retira mercadería donde le den. La mayoría comenta situaciones similares. En ese momento todas se largan a hablar al mismo tiempo pero todas dicen lo mismo, nombran alguna compañera y cuentan su desesperación por no tener ingresos.

Sandra tiene casi 70 años y sigue ejerciendo la prostitución. Es una pena que a su edad tenga que estar parada en una esquina”, dicen sobre otra compañera que tampoco tiene ningún tipo de reconocimiento del Estado.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INDEC), el 80% de las personas travestis y trans está vinculada a la prostitución. Y sólo el 32% terminó estudios secundarios, según una investigación de las organización ATTTA y Fundación Huesped.

Para paliar esta brecha, en Argentina se aprobó en 2021 la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans Lohana Berkis – Diana Sacayán. Esta norma establece la contratación de personas trans en el Estado Nacional a través de un cupo mínimo del 1 %, además de medidas de acción positiva orientadas a lograr la efectiva inclusión laboral tanto en el sector público como en el privado. Pero la llegada del nuevo gobierno frenó los avances de esta ley incluso sumando personas trans a las cifras del desempleo.

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Manifestación frente al Congreso argentino por una ley de Cupo Laboral Travesti Trans Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

La Ley de Cupo Laboral Travesti Trans lleva el nombre de las dos activistas históricas que la impulsaron y es sólo un primer paso. Hoy no se aplica, además de que corre peligro la ley.

 El cupo laboral trans lamentablemente no es para las compañeras de cincuenta años”, explica Teté. “Con esta edad no te quieren para nada, y menos a nosotras”, dice haciendo intersección entre ser adulta mayor y trans.

El cielo bonaerense de la tarde tiene de estrella a Patricia. Toma mate y comparte un bizcochuelo con amigas.

Tengo una pensión por discapacidad, que actualmente es mi única entrada porque yo tengo problemas con la silicona que me aplique hace años. Me debilitó los huesos, la cadera, por ejemplo, me comió el cartílago que une el fémur con la cabeza de la cadera y ahí se metió la silicona, también en la columna. Siento un ardor constante en la espalda y en la altura de los riñones”, cuenta.

La aplicación de silicona industrial es una práctica bastante frecuente entre las personas trans que no pueden recurrir a implantes. Esta no es una cuestión de vanidad sino una construcción identitaria, es parecerse más a quien una es. Pero al estar excluidas de los ámbitos laborales y de salud terminan recurriendo a estas opciones nada seguras y con grandes consecuencias a largo plazo.

 En Argentina, el informe “Condiciones Sociosanitarias de Personas Trans publicado en 2019 por Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, el 83% de las feminidades trans modificó su cuerpo para adecuarlo a su identidad de género autopercibida. La mitad de ellas se inyectaron materiales en el cuerpo: 66% silicona líquida y 17%, de aceite de avión.

“Hace poquito este año murió una amiga mía, como Silvina Luna, porque la silicona te estropea los riñones”, continúa Patricia, citando el caso de la modelo y conductora que trajo a los medios el debate del metacrilato y la silicona líquida.  La diferencia es que a las compañeras travestis y trans no las debate ni recuerdan de esta manera, solo entre ellas lo hacen.

Madres, Abuelas y Tías

En las marchas muchas veces hay un cartel que dice: “Madres de la Plaza, las travas las abrazan”. Esa frase también es grito cuando marchan las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, esas mujeres que aún hoy con sus más de 80 y hasta 90 años, siguen activando por los Derechos Humanos reclamando por sus hijos desaparecidos y nietos apropiados de la última dictadura militar. Las personas travestis y trans saben lo que es marchar para exigir que se cumplan estos y por el derecho a la identidad.

Memoria, verdad y justicia”, es la frase que reclama por las violaciones de derechos humanos en la dictadura argentina.  Las travestis arman memoria al encontrarse, buscar las fotos y vidas de compañeras, y hacerlas circular. Pero también verdad al poner las historias en su propia voz. Entonces, ¿qué pasa con la justicia? El tiempo en que la justicia, el Estado y la sociedad se demoran en responder y accionar no alcanza para cuidar a las personas trans adultas mayores que han sobrevivido. Ellas recorren programas de radio, televisión, podcast, libros, revistas y encuentros. Lo hacen para encontrarse, mantener viva esta voz, pero también para que toda la sociedad acompañe su reclamo.

Michelle01AMT-1024x1536Michelle es de Rosario, Santa Fe Foto: Muriel Bruschi

Michelle se vino a Buenos Aires desde Rosario, provincia de Santa Fe, porque en su casa de allá estaba sola, acá encontró una familia. “Yo pensaba que iba a morirme a los 52”, dice y todas la preguntan por qué, “porque a esa edad murió mi mamá”. Y al hablar sus uñas largas parecen dirigir la batuta de sus palabras. Cuesta imaginarla triste, porque ahora sonríe y es parte de esta mesa de compañeras travestis y trans.

En la quiniela el 52 es la madre”, dice una de las chicas, y todo tiene un aire de revelación y charla de café. La de los 52 años era la madre de nacimiento de Michelle, porque en la vida LGBT+ cuando dicen que hay una familia elegida los títulos ganados son reales. Marcela tiene mucho aire de madre. “Le digo vení a casa y trae las fotos que tengas, después vino al archivo, empezó a trabajar y se ganó su lugar”, explica con orgullo. Ahora viven juntas pero separadas, ¿cómo es eso? y “es que vive en la casa de un amigo gay que esta enfrente de mi casa, pero también en la mía”, y el tema del orden y hacer la cama y todos esos cotidianos que crean la vida en familia.

Las tías”, como muches les dicen, son muy queridas. Sea en un evento o juntada, si una de ellas se pone a contar algo, las juventudes se calman y se dejan llevar por sus voces. “A mí en lo personal lo que me llama es el afecto, el respeto, que te brindan. Es lo que menos teníamos antes. Hay respeto y amor, yo soy muy sensible. A mí me mostrás, cariño y yo te voy a dar cariño, me mostrás agresión y es lo que viví toda mi vida”, cuenta Carola con los ojos siempre emocionados y agradecidos. Pero al amor que las rodea lo debe acompañar un Estado presente.

Mucho más que un nombre

Esa segunda marcha por el pedido de reparación, la de mayo, luego de recorrer toda la Avenida de Mayo, terminó con un festival de música y discursos frente al Congreso Nacional. Al look escotado de taco plateado quebrado por los empujones policiales Patricia ahora le sumó unas antiparras de natación por si en la represión decidían arrojar gases. Las juventudes LGBTNBQ+ que están ahí también se llevan una lección de lucha y resistencia, de lo que ellas gritan: ¡Furia travesti!. En organizaciones, archivos, familias elegidas y más espacios de adultas siempre hay juventudes de la diversidad trabajando en temas urgentes que van desde la logística y el registro, hasta acompañar a algunas de las “tías”. A veces es escucharlas, otras ayudarla a hacer un trámite, pero el entretejido generacional confecciona una red amorosa que de nuevo desafía todo terror. Antes que termine la marcha Patricia les va dejar una postal de lucha, mira a le fotógrafe Valen Iricibar y le muestra las tremendas tetas cargadas de historia. Lo hace con el cordón policial detrás suyo.

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Activistas leen discursos frente al Congreso al final de la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich Agencia Presentes

Un par de meses después, cuando la entrevista parece haber terminado y en esa terraza de San Fernando mientras todo se está acomodando para cerrar el día Patricia, Pato, la tía Pato increpa:

–  ¿No me preguntas el nombre completo?

En ese momento todas las maneras de llamarla dan paso a lo que hoy, 12 años después de aprobada la Ley de Identidad de Género: “Patricia Alexandra Rivas”. El pecho se le infla de orgullo, los ojos le brillan más fuerte, y el dije de corazón que tiene alrededor del cuello le parece latir. No es solo un nombre, es parte fundamental de la biografía de un colectivo.

Para las personas trans en América Latina tener más de 40 años es ser una sobreviviente. Desde hace una décadas, adultas mayores travestis y trans de Argentina se organizaron para reclamar por una ley de reparación histórica que contemple las violencias estatales que han sufrido a lo largo de los años, además de tejer redes en las que construyen memoria y resistencias cotidianas.

*Este trabajo periodístico se realizó y publicó originalmente en la tercera edición de #CambiaLaHistoria, proyecto colaborativo de DW Akademie y Alharaca, promovido por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania. El periodista Cristhian Matamoros del staff de Criterio.hn formó parte de este proyecto.

Conoce el proyecto y más historias en https://cambialahistoria.com

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Argentina: El Archivo de la memoria trans llega al Museo del Bicentenario con una muestra inédita

jueves, 17 de noviembre de 2022
Comentarios desactivados en Argentina: El Archivo de la memoria trans llega al Museo del Bicentenario con una muestra inédita

64227C8B-767C-4DEF-A4C9-D136D7B7E999La muestra permanecerá abierta al público con entrada libre y gratuita hasta el 15 de enero de 2023.

BUENOS AIRES, Argentina. Un encuentro entre amigas. Una fiesta de cumpleaños. Erotismos y romances. Todo aquello que conforma la cotidianidad de tantas personas es, en el marco de esta muestra, verdaderamente revolucionario. Y es que la muestra “Nuestra Memoria”, curada por el Archivo de la Memoria Trans y el Museo Nacional del Bicentenario, pone en escena aquello que tan pocas veces ha tenido protagonismo: la voz de la comunidad trans para contar su propia historia.

Nuestra Historia” hace un recorrido tanto por aquellas representaciones mediáticas y populares que se han impregnado en el imaginario popular como por el modo en el que las propias personas trans deciden mostrarse al mundo, y revelará así matices y complejidades de la comunidad que no suelen ser explorados.

El texto de la Archivo de la Memoria Trans que acompaña la muestra subraya que las representaciones de las personas trans pueden clasificarse en dos grandes grupos: como víctimas, pasivas e indefensas o como victimarias; desviadas, asociadas al trabajo sexual y al narcotráfico, criminales, enfermas y peligrosas. Nunca en un encuentro entre amigas, una fiesta de cumpleaños o viviendo un romance.

EAD37CFF-41B2-4F39-8726-91CF5D48BD45La exposición comienza con fotos de archivo del Diario Crónica durante los años 80, donde las escenas que protagonizan las personas trans son siempre policiales o trágicas, morbosas y dramáticas. También incluye fotos de las primeras protestas de la comunidad trans en Plaza de Mayo, incluso antes de estar organizadas políticamente. Finalmente, la muestra cierra con las imágenes del propio Archivo de la Memoria Trans, aquel que hace un recorrido sobre la intimidad de la comunidad, con su activismo, sus exilios y sus fiestas, entre muchos otros momentos cotidianos.

«Una conversación entre el archivo general de la Nación y el Archivo de la Memoria Trans»

AFDBDB63-B994-4DAD-AAA4-2A698E6C4EBE“Esta muestra es una perspectiva, una conversación entre el archivo general de la Nación y el Archivo de la Memoria Trans” explicó María Belén Correa, directora y fundadora del Archivo, a Presentes. “Esto va a hacer que las fotografías empiecen a conversar entre ellas sobre una época de persecución, de distintas faltas de derechos que había con un estado complaciente.”

En este sentido, es especialmente interesante que la muestra transcurra en el Museo del Bicentenario, un espacio de corte histórico y presidencialista donde el foco suele estar puesto en los próceres y los procesos democráticos institucionales. Esta vez, el eje estará levemente corrido. A pesar de seguir enfocándose en recorridos históricos, la propuesta muestra, como destacó Mariela Beker del equipo curatorial del Museo del Bicentenario a Presentes, “de qué manera la organización popular y la lucha son el camino para la conquista de derechos. Cuando hablamos del proceso democrático, pensamos solo en el derecho del voto y no lo vinculamos con esto de ejercer ciudadanía con reclamos y organización”. La línea del tiempo al final del recorrido también colabora con esta idea, ya que muestra cómo las leyes no son más que el resultado final de un camino muy arduo que empieza en las calles y mediante la organización popular.

56D53A21-7E47-43D7-AA90-E9FFA8141B14María Belén Correa, por su parte, dijo a Presentes que llevarla hoy al Museo del Bicentenario es bastante simbólico sobre todo por el hecho de las personas mayores de 50 años que, hasta el día de hoy, no tienen los derechos de una reparación histórica.” Es por eso que es especialmente importante que exista una muestra donde se pueda escuchar a las personas trans en su propia voz y verlas por su propia lente; es decir, como ellas quieren ser escuchadas y vistas. Para que, como dice el texto que acompaña la muestra, “el día de mañana cuando alguien se pregunte cuál es su primer recuerdo de una persona trans, nos recuerden tal y como somos.”

El Archivo de la Memoria Trans

4F481849-672B-4243-8CA3-FC874DFCCD66El Archivo de la Memoria Trans, creado en 2014 por María Belén Correa y Claudia Pía Baudracco, está compuesto por más de 15.000 documentos desde principios del siglo XX hasta los años 90 e incluye fotos, testimonios, notas periodísticas, DNIs, pasaportes, diarios personales y cartas, entre otras. Su objetivo es la protección, construcción y reivindicación de la memoria trans.

En otras palabras, el Archivo busca exponer todas aquellas vidas que por mucho tiempo fueron borradas en la Argentina, y poner a aquellas identidades que hasta hace tan solo unos años no tenían leyes que las nombraran ni escenarios sociales que las aceptaran.

Actualmente el equipo del AMT está conformado por María Belén Correa, Ceci Estalles, Car Ibarra, Cecilia Saurí, Magalí Muñiz, Carola Figueredo, Ornela Vega, Luis Juarez, Carolina Nastri,  Sonia Torrese, Guade Bongiovanni, Julieta González, Marina Cisneros, Katiana Villagra y Paola Guerrero.

10 de noviembre de 2022
Verónica Stewart
Edición: Ana Fornaro

Fuente Agencia Presentes

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Sector público de Argentina abrió registro de cupo laboral travesti trans

martes, 2 de febrero de 2021
Comentarios desactivados en Sector público de Argentina abrió registro de cupo laboral travesti trans

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Fotos: Ministerio de Mujeres y Diversidad de la Nación/

Argentina abrió ayer el Registro de Anotación Voluntaria de Personas Travestis, Transexuales y Transgénero aspirantes a ingresar al Sector Público Nacional. En septiembre de 2020, el presidente de Argentina Alberto Fernández en una decisión histórica había firmado el decreto 721 para destinar un cupo de al menos 1% en los cargos del personal Sector Público Nacional “para personas travestis, transexuales y transgénero“.

La normativa estableció que “dicho porcentaje deberá ser asignado a las mencionadas personas en cualquiera de las modalidades de contratación vigentes”. El decreto 721/2020 facultó al Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad para que junto con la Secretaría de Gestión y Empleo Público de la Jefatura De Gabinete De Ministros, dictaran las normas reglamentarias y complementarias del mismo.

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La presentación oficial del registro -herramienta crucial para la inclusión integral- se hizo en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada. Del acto participaron activistas y referentxs del movimiento travesti trans, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación (MMGyD), Elizabeth Gómez Alcorta, y funcionarixs, entre ellxs dos de las personas trans que ocupan lugares claves en el ámbito público: Alba Rueda, subsecretaria de Políticas de Diversidad del MMGyD, y Ornella Infante, directora nacional de Políticas contra la Discriminación del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).

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Cupo laboral travesti trans: que sea ley

Este lanzamiento es un paso fundamental en la implementación del cupo laboral trans, promoviendo el ingreso y la permanencia en el empleo para todas las personas trans en igualdad de oportunidades”, expresó Rueda. Y agradeció el enorme trabajo que vienen haciendo las organizaciones travestis-trans “que cotidianamente luchan y arman esta agenda de reivindicación política.

Esas organizaciones siguen luchando por una ley nacional de cupo laboral y de inserción integral travesti-trans. Y esperan que el Congreso la trate y sancione en 2021. “Nos falta que sea ley, y vamos a ir por ella”, dijo también la ministra Gómez Alcorta en el acto de ayer.

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Esta resolución aporta transparencia institucional y mecanismos claros de responsabilidad de las áreas de recursos humanos para la selección de los puestos de trabajo y el ingreso de las personas adecuadas”, expresó Alba Rueda. La funcionaria se comprometió a trabajar para que el registro “funcione como una verdadera y auténtica política transfeminista de nuestro Estado”.

Desde el INADI, Ornella Infante recordó el enorme y poderoso rol que tuvo el movimiento travesti trans para llegar a esta política pública. Y destacó “la lucha de diversas referentes como Claudia Pía Baudracco, Lohana Berkins, Diana Sacayán y tantas otras compañeras que lograron instalar un debate serio y visibilizar esta limitación que históricamente tuvimos las personas trans de ser putas, modistas y peluqueras, y que hoy tenemos la posibilidad de tener un gran abanico de posibilidades laborales”.

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Cómo funciona el Registro

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Según la información difundida por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad:

  • Las personas travestis y trans que deseen inscribirse podrán hacerlo sin importar si realizaron o no el cambio de DNI.
  • Las entidades u organismos deberán enviar a la Subsecretaría de Políticas de Diversidad del MMGyD los puestos de trabajo disponibles y sus características, para poder adecuar la búsqueda y entrecruzar la información de los perfiles laborales en función de las características del puesto de trabajo ofrecido y en base al lugar donde vive.
  • Se tendrán en cuenta variables para dar prioridad a situaciones de vulnerabilidad, como la falta de ingresos, nivel educativo, cobertura de salud y si recibe o no prestaciones estatales.
  •  La selección de los perfiles se realizará de manera automática e inmodificable, a través de un procedimiento aleatorio simple en el sistema informático de gestión de información del Registro.

La Subsecretaría de Políticas de Diversidad solicitará a las entidades y jurisdicciones del SPN informes periódicos sobre el total de cargos cubiertos por personas travestis, transexuales y transgéneros.

Cómo anotarse en el registro

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Para inscribirse hay que ingresar a este formulario y completar los datos requeridos: identificación, contacto, educación, ocupación, capacidades y aptitudes, experiencia laboral, saberes y cursos tomados.

También es posible adjuntar un cv al formulario.

Los datos que se completan están resguardados por la Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales y el art. 43 tercer párrafo de la Constitución Nacional, quedando garantizado de este modo el derecho al honor y a la intimidad de quienes se anoten.

  • La inscripción al registro no garantiza el ingreso a un puesto disponible en el sector público nacional. Ni se considerará requisito, en ningún caso, para el ingreso.

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Fuente Agencia Presentes

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Argentina: “Hemos avanzado en materia de derechos trans, pero queda mucho por hacer”

lunes, 23 de marzo de 2015
Comentarios desactivados en Argentina: “Hemos avanzado en materia de derechos trans, pero queda mucho por hacer”

la-fede-a-pleno2-660x496En el Día por los Derechos de las Personas Trans, la FALGBT y ATTTA reclaman por salud, empleo e inclusión para las personas transgéneros y transexuales.

Fuente: Prensa FALGBT, vía SentidoG:

En recuerdo a la fecha del fallecimiento de la activista trans Claudia Pía Baudracco, cada 18 de marzo la FALGBT y ATTTA conmemoran el Día por los Derechos de las Personas Trans. La Jornada sirve para reflexionar sobre todo lo alcanzado en estos años, pero sobre todo para reclamar por todo lo que falta aún para la igualdad real del colectivo trans. Se realizarán actividades durante la semana en todo el país.

Como cada 18 de marzo desde 2012, una vez más la FALGBT y su organización fundadora, ATTTA, conmemoran el Día por los Derechos de las Personas Trans en todo el país.

Claudia Pía fue fundadora de ATTTA y la FALGBT, y una de las principales voces en el debate por la ley de Identidad de Género. Su temprana partida le impidió ver concretado el gran anhelo de su vida: ser reconocida legalmente con su nombre y género. En su homenaje, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó una ley promovida en 2013 por la legisladora María Rachid, junto a ATTTA y la FALGBT, que instituye este día como una jornada de promoción de los derechos de las personas trans.

Hoy, a casi tres años de aprobada la ley de Identidad de Género, la más avanzada en su tipo en todo el mundo, más de 7000 mujeres y varones trans han accedido al derecho a la identidad en todo el país, por medio de un trámite administrativo sencillo y rápido. Sin embargo aún queda mucho por hacer para que el acceso a un DNI con nuestro nombre y género se transforme en igualdad real de oportunidades en el acceso a la salud, la educación y el trabajo. Y esa igualdad real debemos construirla con políticas públicas nacionales, provinciales y locales, pensadas junto a nuestra comunidad y en un esfuerzo conjunto.

Al respecto Esteban Paulón, presidente de la FALGBT, expresó que “hemos avanzado mucho en estos años en materia de derechos trans. Sin embargo queda mucho por hacer. Sin dudas las mayores deudas con el colectivo trans son la inclusión y aplicación plena y en todo el país de los aspectos de atención integral de la salud de la ley de Identidad, camino que estamos recorriendo junto al nuevo ministro de Salud, Daniel Gollán, y autoridades provinciales y locales de todo el país”.

En un mismo sentido la secretaria general de la FALGBT y presidenta de ATTTA, Marcela Romero, agregó que “a casi tres años de sancionada la ley, queremos avanzar cuanto antes con la reglamentación de la salud trans, tal cual lo prometió el ministro Gollán el pasado diciembre a nuestras organizaciones. Demandamos urgentemente la creación de un Programa Nacional de Acceso a la Salud Trans para terminar con las dificultades y desigualdades en el acceso a este derecho fundamental para nosotras y nosotros”.

Asimismo, Romero agregó que hemos avanzado también en materia de educación y empleo pero aún falta más. Por eso reclamamos una beca para acompañar a mujeres y varones trans que no han podido finalizar sus estudios, y un programa específico de inclusión en el empleo que, además de promover el trabajo para mujeres y varones trans, contemple una asignación para aquellas personas trans mayores de 40 años que, por la baja expectativa de vida y la fuerte exclusión social de nuestro colectivo, precisan una urgente asistencia por parte del Estado.”

Para conmemorar este día, la FALGBT y ATTTA realizaron  actividades en todo el país durante la semana. Y además, la FALGTB ha presentado un

Proyecto de Ordenanza Integral para las personas trans

En el marco del “Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans”, Ordenanza aprobada por unanimidad, gran gesto de reconocimiento al trabajo que desarrolló nuestra compañera Eliana Alcaraz, fallecida recientemente. En este marco hoy 18 de Marzo la Mesa de la Diversidad de Río Cuarto, miembro de la FALGBT, presentó un Proyecto de Ordenanza Integral para las Personas Trans, que abarca diferentes temáticas tales como educación, salud, vivienda, inclusión laboral .

Este Proyecto es una propuesta de la Mesa de la Diversidad, que como organización de la sociedad civil (OSC) viene trabajando desde el año 2009 en la Ciudad de Río Cuarto con el objetivo de promover la igualdad de derechos y oportunidades para todas/os, concientizar sobre el respeto a ser diferente y luchar contra todo tipo de discriminaciones, la visibilización del colectivo LGBT, reducir el estigma social y posicionar una agenda política.

Creemos que es necesario pasar de la IGUALDAD JURIDICA A LA IGUALDAD REAL, es por esto que presentamos este proyecto de Ordenanza que tiene por objetivo asegurar a las personas trans el ejercicio pleno y en condiciones de igualdad de sus derechos y libertades, promoviendo el respeto de su dignidad, buscando lograr la integración social a nivel cultural, económico-laboral, en el ámbito de la salud y la educación, así como en cualesquiera otros ámbitos de la vida ciudadana.

Esta ordenanza busca lograr el respeto de la dignidad inherente y la autonomía personal, incluida la libertad de decidir sobre el propio cuerpo y el propio proyecto de vida. Y el principio de igualdad ante la ley y de no discriminación, buscando en particular la igualdad de oportunidades. Algunos puntos de este proyecto de Ordenanza son:

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