14 de septiembre – Exaltación de la Santa Cruz

“Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.”
(Jn 3,14-15).
Las pocas líneas del evangelio de hoy están llenas de un fuerte contenido teológico: se nos habla del Hijo del hombre levantado, del Hijo único de Dios enviado a salvar el mundo, de creer, de la vida eterna, de subir y bajar del cielo… Todo esto para comprender la cruz.
El recorrido que va desde la muerte por crucifixión de Jesús de Nazaret hasta celebrar hoy una fiesta llamada “exaltación de la Santa Cruz” es un largo camino de reflexión, experiencia e interpretación de los cristianos, sobre todo los primeros seguidores de Jesús.
El evangelio de hoy refleja la interpretación de la cruz que hicieron las comunidades joánicas. Según este texto, Jesús es el único que ha bajado del cielo al mundo enviado por Dios Padre, y ha vuelto a subir al cielo por un camino muy peculiar: por la cruz, que lo levanta de nuevo hacia el cielo, hacia el Padre.
El sentido de la cruz se entiende por la alusión a Moisés. El libro de los Números cuenta que Dios envió serpientes venenosas al pueblo de Israel como castigo por haber hablado contra él mismo y contra Moisés. Luego pidió a Moisés que hiciera una imagen de la serpiente y la colocara en alto. Quien era picado la miraba y así salvaba la vida.
El evangelio de Juan, por lo tanto, nos dice que mirar a Jesús crucificado es acoger la salvación que nos regala Dios. En otras palabras: creer que Jesús es el Hijo de Dios y que ha sido enviado para nuestro bien plenifica nuestra vida. Nos libera de nuestras desconfianzas, miedos y murmuraciones contra Dios y contra las demás.
Mirar a Jesús en la cruz es ver a Dios en el último lugar, el que nuestra existencia cristiana está llamada a atender y cuidar. Incluso a aceptar y hasta a buscar (para nosotras mismas, no para colocar en él a las demás, que es muy diferente). Es el lugar de quienes no son defendidas ni escuchadas, de quienes ven como el resto mira hacia otro lado, quienes acaban abandonadas porque nunca han dejado de buscar la coherencia.
Este lugar es el que elige Jesús para desde él llevarnos a la vida plena, porque es el lugar donde más se puede amar.
Oración
Jesús, ayúdanos a despojarnos como tú, a dejar pasar a las demás, a no aplastar con nuestro afán por ser atendidas. Llévanos al lugar donde se puede amar sin condiciones. Amén.
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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa
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