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Archivo para agosto, 2016

Lunes 15 de Agosto de 2016. La Asunción

lunes, 15 de agosto de 2016
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De Koinonia:

SSCC DelegacioPlata7

1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.”

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

 SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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«Seguidora fiel de Jesús». Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

lunes, 15 de agosto de 2016
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20-Asunción-385x1024Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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15.8.16. Muerte y resurrección: La Asunción de María

lunes, 15 de agosto de 2016
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180px-4972-20080122-0741UTC--jerusalem-mary-sarcophagusLa Iglesia católica celebra este día el «dogma» de la Asunción de María, que se inscribe dentro del misterio de la Resurrección de Jesús, en una línea que está abierta a todos los creyentes, es decir, a todos aquellos que reconocen el carácter ejemplar de su camino creyente.

En la conciencia de la Iglesia Católica, María, la madre de Jesús, ha sido la primera que ha muerto y resucitado con él, no en un sentido cronológico, sino de experiencia y comunión creyente. Eso significa que María no ha muerto sola, ni ha «resucitado» tampoco de una forma aislada, sino que lo ha hecho con Jesús, su Hijo, abriendo un camino de comunión y esperanza para todos los cryentes.

En esa línea, pienso debemos hablar de la muerte y resurrección (elevación o plenificación) de María, como signo y promesa de resurrección para todos los que confesamos el misterio de Jesús (para todos los hombres y mujeres). Hay otras figuras importantes en la Cristiandad, empezando por Pedro y Pablo, por Juan Bautista y los profetas de Israel, pero entre todos loa iglesia destacado el camino creyente de María, por connaturalidad, por respeto a la historia de Jesús, por agradecimiento creyente.

230px-Mary's_tomb_PA180052Por eso quiero elaborar hoy algunas reflexiones en torno a la Muerte y Resurrección (Asunción) de la Madre de Jesús, en una línea más bien antropológica, sin detenerme en datos bíblicos, ni en dogmas de la iglesia.

Históricamente, tras la muerte de Jesús, María formó parte de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, donde fue venerada como Gebyra (Madre del Señor). Allí debió morir, siendo enterrada, posiblemente, en el lugar que ahora se llama Basílica de la Asunción (junto al torrente Cedrón, cerca del Huerto de los Olivos).

La imagen 1 recuerda el lugar donde ella fue enterrada, conforme a una tradición que parece fiable. Los creyentes de su comunidad (los judeo-cristianos de Santiago) buscaron para ella un sepulcro honroso, en la zona baja de la ciudad de Jerusalén, fuera de las murallas.

Allí se mantuvo la tradición de la vida y muerte de la Madre de Jesús, en el contexto de una iglesia judeo-cristiana, que mantuvo cierta independencia respecto a las Iglesias helenistas.

La imagen 2 , la fachada de la actual Basílica de la Asunción, con el lugar de la tumba de María, que está en manos de Cristianos ortodoxos orientales. Es una Iglesia humilde, de origen antiguo, con fachada románica «occidental», del siglo XII, construida en tiempo de las cruzadas. Sigue siendo la Iglesia mMriana más importantes de la Cristiandad, aunque los cristianos católicos no la tengamos muy en cuenta y «prefiramos» a veces los modernos santuarios Marianos, desde Santa María la Mayor de Roma, hasta las basílicas de Guadalupe (España y Méxido) Lourdes y Fátima.

icono_la_dormicionLa iglesia helenista posterior, partiendo de los evangelios de Lucas y de Juan, puso de relieve el valor simbólico de la Madre de Jesús, por su decisión al servicio de la fe (de la encarnación del Hijo de Dios), de manera que ella vino a convertirse pronto en signo y testimonio de vida cristiana, tanto en Oriente (en la Iglesia ortodoxa actual), como en Occidente.

En esa línea, la Iglesia «descubrirá» y confesará más tarde que María murió con Jesús (vinculada a su misterio) y que resucitó con él (de un modo radical, no puramente físico)… De esa forma, sobre esa base, la Iglesia estableció la fiesta de su Asunción de María a los cielos.

Desde ese fondo (como heredero de las iglesias helenistas y queriendo recuperar la vida histórica de María, una mujer judía, madre querida de Jesús) quiero ofrecer en esta fiesta una simples reflexiones sobre el signo de la Asunción de María

En esa línea ofreceré una reflexión que puede inspirarse en la Imagen 3, que es el icono» tradicional de la fiesta de la Muerte y Asunción de María.

Conforme a una tradición antigua, Maria murió rodeada por los apóstoles, que fueron a despedirla. El mismo Jesús «bajó» para recoger su «alma» (su identidad personal, su vida entera, su cuerpo y alma en sentido actual) e introducirla en el misterio de la humanidad que culmina de Dios.

En el principio está la muerte.
Sólo el hombre nace, sólo el hombre muere
Así murió la Virgen María.

Las restantes plantas y animales ni nacen ni mueren, sino que forman parte de un continuo biológico, sin identidad personal.

Sólo el hombre nace, sólo el hombre muere… Así lo han destacado sobre todo los judíos, el pueblo de María; ellos no han querido evadirse de la muerte, como han hecho otras culturas. De esa forma, mirando cara a cara hacia la muerte, han aprendido y han sabido que la muerte nos reduce a la suma soledad, pudiendo, al mismo tiempo, abrirnos a la vida de los otros (por quienes morimos, con quienes morimos).

Si no muriéramos no dejaríamos sitio en el mundo para los que vienen. Si no muriéramos haríamos imposible la vida de nuestros sucesores. Tenemos que morir para que otros vivan, abriendo con nuestra vida y muerto un cuerpo en el que ellos pueden encarnarse y seguir el camino de Dios.

La muerte nos da miedo, el miedo supremo

Pero sólo por la muerte podemos gozar de verdad y dar la vida a los demás.

«Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo… Todo lo mortal vive en la angustia de la muerte; cada nuevo nacimiento aumenta en una las razones de la angustia, porque aumenta lo mortal».

Así comenzaba Rosenzweig su libro más inquietante y luminoso de antropología judía (La Estrella de la Redención, Sígueme, Salamanca 1997 43-44).

En un sentido, ese saber sobre la muerte es maldición, como ha visto el relato del “pecado ejemplar” de Adán/Eva, en Gen 2-3: “el día en que comas morirás…”. Pero, en otro sentido, este morir (saber que se muere) puede y debe convertirse en bendición, en el momento culminante del sí a la vida, a la vida de Dios, a la vida de los otros. Sólo los hombres pueden morir por los demás; sólo los hombres pueden dar de verdad su vida, abrir su cuerpo, para que otros vivan de su mismo cuerpo (como Jesús, como María).

Sólo porque sabemos que vamos a morir podemos vivir, arriesgarnos y amar de verdad a los otros. Un hombre de este mundo, condenado a no morir, sería el mayor de los monstruos, un ser angustioso y angustiante.

Morir es muy duro. Pero mucho más duro sería no morir

Una vida para siempre sólo tiene sentido cuando cambien las condiciones de este mundo, como ha querido Jesús, como han querido y quieren millones de personas, que esperan y desean una resurrección. Sólo por la muerte (cuando damos la vida a los otros, como Jesús en la cruz) puede haber resurrección (ascensión al cielo).
Así lo han descubierto los cristianos en la Pascua de Jesús, sabiendo que Jesús ha muerto porque vivía, ha muerto para vivir (para que llegue el Reino), ha muerto para que otros vivan. Así lo visto la iglesia, descubriendo que todos los creyentes (¡todos los pobres!) mueren y resucitan y suben al cielo con Jesús, a un cielo de carne, de cuerpo y alma. Por eso han podido aplicar esta experiencia a María, madre y hermana de todos, en Jesús.

Sólo aquel que acepta la muerte puede vivir en plenitud

Sólo aquel que acepta la muerte (y que es capaz de morir en amor y por amor) puede vivir en plenitud, vive por siempre (como vemos en María).

El autor judío ya citado, Rosenzweig, supone que muchos filósofos y pensadores religiosos han querido engañar a los hombres con una mentira piadosa, diciendo que son inmortales y añadiendo que la muerte no es más que una apariencia. Pues bien, ese consuelo es mentiroso y se sitúa en la línea de la evasión gnóstica o espiritualista.

Ninguna respuesta compasiva puede aquietar a los hombres, que nacen y mueren, ninguna teoría teórica puede convencerles. Los hombres mueren ese el destino; mueren y no son felices… pero todavía serían más infelices si no pudieran morir. Los hombres mueren, pero pueden descubrir en la muerte la mano de Dios y ofrecer su mano de amor a todos, como ha hecho Jesús, como ha hecho María.

Morir en cristiano es dar la vida

En ese contexto se sitúa la respuesta de la fe, cuando afirma que el sentido de la vida está en vivir para los demás… y que de esa forma la misma muerte, sin perder su bravura y dureza y enigma (¡Dios mío, Dios míos! ¿por qué me has abandonado?), se convierte en signo de solidaridad, en vida que se abre (como ha visto de un modo impresionante el evangelio de Juan, al descubrir que del costado muerto de Jesús brota la vida, de manera que la misma muerte es ya resurrección).

Pues bien, la Iglesia ha creído que María ha muerto como Jesús, dando la vida. Por eso la venera en la muerte, como signo de Resurrección y de Ascensión (Asunción). Éste es el contenido de la fe, de la fe en la carne resucitado y compartida.

Asunción de María

Morimos solos, pero morimos, al mismo tiempo, para todos y con todos. Morimos en Dios, de manera que nuestra vida (nuestra carne) pueda hacerse vida y carne (cuerpo) para los demás. Leer más…

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La evolución es posible gracias a una involución

lunes, 15 de agosto de 2016
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virgen-embarazadaLc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios, sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María, se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos mezclarlas.

De María real, con garantías de historici­dad no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los once o doce primeros años de su vida. El padre en la sociedad judía del aquel tiempo, se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres; hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios, que solo a través de las categorías femeninas podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús, ni María, ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubieran entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

En la más clásica filosofía occidental encontramos tres conceptos que se han calificado como trascendentales: “unum”, “verum”, “bonum” (unidad, verdad y bondad). Pero la más simple lógica nos dice que, si esos conceptos se pueden aplicar a todos los seres, no hay lugar para sus contrarios: multiplicidad, falsedad y maldad. Esta contundente conclusión nos lleva a desestimar estas cualidades contrarias y negativas, como realidades realmente existentes. Este aparente callejón sin salida nos obliga a considerar estas tres últimas realidades como apariencias sin consistencia verdadera.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir la hondura de todo ser: la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todos y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende, es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice también la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también Dios.

Lo que queremos expresar en la celebración de una fiesta de la Asunción de María, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Todas las apariencias han sido superadas. Esa meta es la misma para todos. En lenguaje bíblico, “cielos” significa el ámbito de lo divino, por tanto María está ya en “los cielos”.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá, como si fuera continuación del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se encuentran muy a gusto en él. Del más allá no podemos saber nada. Lo único que podemos descartar es que sea prolongación de la vida de aquí.

 

Meditación-contemplación

El Magníficat es un excelente cántico de alabanza,
resumen de las aspiraciones de todo un pueblo,
que confía plenamente en Dios
y en la salvación que había prometido a los antepasados.
……………………

Este poema pone en boca de María estos sentimientos
y nos invita a desarrollarlos interiormente,
teniendo en cuenta que las obras de Dios
nunca se manifiestan en fenómenos espectaculares.
……………………

La obra la desplegó Dios en María.
Fue posible porque fue capaz de decir “Fiat”.
La seguirá desplegando en cada uno de nosotros,
en la medida en que sepamos estar, como ella, disponibles.
…………………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Fiestas de nuestros pueblos. 15 agosto, 2016

lunes, 15 de agosto de 2016
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iglesia-de-galizano

Esta fiesta de la Asunción de María en mitad del mes de agosto pone en jaque a muchos pueblos que sacan sus mejores galas e ingenios para festejar y atraer a nativos y turistas. Desde nuestro monasterio esuchamos cohetes de los pueblos vecinos en diferentes días del verano. Dentro del programa de fiestas en torno al santo de turno o, en este caso, a María de Nazaret, aún encontramos un espacio para la celebración de la fe por medio de la eucaristía. No es fácil, no, encontrar un presbítero que tenga tiempo y ganas de añadir una celebración más a su apretada agenda litúrgico-sacramental, pero haberlos “haylos” y, casi siempre, se encuentran.

En esta fiesta de María, mujer sencilla de Nazaret, hacemos un homenaje a las mujeres y hombres de nuestros pueblos que preservan en su corazón un momento sincero y hondo de oración en el día de la fiesta. Los carteles con el programa del día están llenos de activiades y ofertas, para grandes y chicos, para activos, tranquilos, nocturnos, deportistas,… para todos sirve también un momento para dar gracias por la fiesta, por la vida, por lo que se tiene, por los sueños, por los logros, por los amigos, por los que ya no están como querríamos que estuvieran, por… Cada cual que haga su lista, que para dar gracias no hay listas cerradas.

Gracias a nuestras vecinas y vecinos de Ribamontán al Mar que van celebrando a sus patrones. Nos unimos a cada una de las celebraciones y colocamos en las manos tiernas de Dios Trinidad vuestras vidas, aunque a muchos y muchas no os conozcamos, aunque no nos veamos con demasiada frecuencia. Gracias porque a fin de cuentas, consciente o inconscientemente, lo que celebramos es que la fe es fuente y espacio de comunión y que Dios nos regala vida en abundancia.

Gracias, María de Nazaret, por tu testimonio humilde de fe y entrega.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

(Fotografía de la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción en Galizano, tomada de https://pruebaiglesias.files.wordpress.com)

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Los obispo alemanes dicen que Lutero fue «un pionero religioso, testigo del Evangelio y maestro de la fe»

lunes, 15 de agosto de 2016
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500-jahre-reformation-luther-2017La Conferencia Episcopal germana publica «La Reforma en perspectiva ecuménica»

Admitir nuestra culpa y arrepentirnos en ambos lados por los últimos 500 años

«Sostienen que el «desafío teológico y espiritual» del reformador tiene «consecuencias eclesiales y políticas» para el catolicismo de hoy «

El Papa anuncia que luteranos y católicos conmemorarán juntos, en 2017, el V Centenario de la Reforma

Cardenal Marx pide «leer con respeto los textos de Lutero y sacar provecho de sus ideas»

Protestantes alemanes piden que se retire la excomunión a Lutero

Merkel agradece a Lutero el logro de una sociedad «madura y responsable»

(Cameron Doody).- Como parte de los preparativos para el 500 aniversario de la Reforma que se celebrará el año que viene, los obispos católicos de Alemania han publicado esta semana un informe –«La Reforma en perspectiva ecuménica»-, en el que describen a Martín Lutero como «un pionero religioso, testigo del Evangelio y maestro de la fe», además de invitar a que las diferencias doctrinales que aún persisten entre la Iglesia católica y la luterana no tengan ya «un efecto de división» visible.

El presidente de la Comisión Ecuménica de la Conferencia Episcopal alemana, el obispo Gerhard Feige de Magdeburgo, sostiene en este informe sobre el diálogo católico-luterano que Lutero (autor de las 95 Tesis colgadas en 1517 en la puerta de la Iglesia de Todos Los Santos en Wittenburg que condenaban, entre otras cosas, la venta de indulgencias o la fundación poco bíblica de la autoridad papal) se preocupaba solo por renovar la fuerza teológica del arrepentimiento y de la conversión.

Pero no solo no recibió el reformador, de la Iglesia de aquel entonces, la audiencia y acogida que sus ideas merecían -en opinión de la comisión ecuménica- sino que el «desafío teológico y espiritual» que planteó en su momento tiene «consecuencias eclesiales y políticas para la comprensión de la Iglesia y del Magisterio».

Como ejemplo de la vigencia continuada de la teología luterana para la Iglesia católica de hoy, los obispos alemanes citan la convicción protestante de que «la Sagrada Escritura es el centro y estándar para toda la vida cristiana», y, a su vez, la creencia de que «Jesucristo es el centro de la Escritura y el único mediador».

Tal énfasis en la Biblia y la mediación de un único Salvador más allá de las interferencias de la Iglesia sería perfectamente asumible por la Iglesia católica, según afirma el informe. Es más: la reevaluación de los puntos comunes entre católicos y luteranos ayudarían a ambas Iglesias a «afrontar el reto de hablar con una sola voz como cristianos cuando todos nos vemos desafiados» por los retos del mundo actual, como el ateísmo, laicismo o el islam.

«Mientras que las heridas» de la Reforma protestante «se dejan sentir hasta nuestros días», afirma el documento de los obispos alemanes, «es gratificante que la teología católica haya tenido éxito, durante este tiempo, en reexaminar con seriedad los acontecimientos del siglo XVI». Ya no prevalece, a juicio de los prelados germanos, la «luz negativa y despectiva» con la que se valoró tradicionalmente el cisma, y que ha contribuido, en los últimos 500 años, a tensiones familiares, políticas y socioculturales, tanto en Alemania como en el mundo entero.

La nueva declaración de la Conferencia Episcopal alemana viene a ser, por consiguiente, una llamada a que el aniversario de la Reforma en 2017 (aprovechando la «implicación intensiva» que ambas Iglesia han demostrado hasta el momento en la causa del acercamiento) sea ocasión no solo de «la sanación del recuerdo» sino de la «unidad visible», más allá de una mera «diversidad reconciliada».

En una entrevista al Catholic News Service esta semana el vicepresidente de la comisión ecuménica germana, el obispo Heinz Algermissen de Fulda, dio voz a tal sentimiento cuando dijo que las conmemoraciones que se acercan no pueden tomarse como una mera efeméride. «También hay que admitir nuestra culpa por los errores del pasado y arrepentirnos en ambos lados por los últimos 500 años», señaló el prelado al CNS.

Fuente Religión Digital

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Amenazan a la monja carmelita Mónica Astorga que ayuda a mujeres trans en Argentina

lunes, 15 de agosto de 2016
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la-hermana-monica-con-romina-la-primera-mujer-transexual-que-se-acerco-a-la-iglesia_560x280La hermana Mónica con Romina, la primera transexual en contactar con ella.

Ya en su momento dedicamos un post al trabajo de esta mujer infatigable, comprometida con la Diversidad, fiel seguidora del Evangelio… Ahora, los fundamentalistas agresivos lanzan sus amenazas… Pero alguien apunta antes con el dedo con sus soflamas homófobas y tránsfobas… y para muestra los posts anteriores…

Asegura que el Papa Francisco conoce la situación y que recibió el apoyo de su comunidad

Reconocida a nivel nacional e internacional por rescatar en Neuquén a mujeres transexuales de las adicciones y la prostitución, comenzó a recibir amenazas en su cuenta de Facebook

La hermana Mónica Astorga, reconocida a nivel nacional e internacional por rescatar en Neuquén a mujeres transexuales de las adicciones y la prostitución, comenzó a recibir amenazas en su cuenta de Facebook desde que asistió a una entrevista televisiva en la que contó su experiencia con este grupo.

Mónica Astorga pertenece al Monasterio de Carmelitas Descalzas de Centenario, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Neuquén, donde desde hace 10 años se dedica ayudar a quienes acuden a ella para encontrar apoyo a causa de las situaciones de marginación y violencia.

En diálogo con Télam, el titular de la Dirección de Diversidad de la provincia de Neuquén, Adrián Urrutia, explicó que «lo que le sucedió a la hermana Mónica habla a las claras de que dentro de instituciones como la Iglesia Católica se generan tensiones ante determinados temas como la diversidad sexual».

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El funcionario señaló que «hay sectores fundamentalistas minoritarios que ante la avanzada cada vez más contundente de la igualdad en la Argentina y en el mundo están dando sus últimos manotazos de ahogado desde estos sectores reaccionarios».

«El mundo sería un lugar mucho más justo si existieran más religiosas como la hermana Mónica Astorga, quien desde hace tiempo viene siendo objeto de denuncias anónimas, críticas en Facebook y amenazas por ayudar a las personas transexuales, a quienes cierto sector de la sociedad y de la Iglesia dejan ubicadas en las periferias existenciales», indicó Urrutia.

Antes de cerrar su cuenta de Facebook, la religiosa convocó a quienes la amenazaron a dialogar personalmente: «Estoy tranquila, sé que no está fuera de lugar recibir a estas mujeres, juntarme a rezar con ellas, atenderlas y buscarles una salida laboral».

Además, en declaraciones a La Mañana de Neuquén, la monja señaló que el Papa Francisco conoce la situación y que recibió el apoyo de su comunidad.

Hna. Mónica Astorga Cremona, ingresó al Carmelo el 2 de Febrero de 1985, hizo su primera profesión el 31 de mayo de 1987. Ingresó habiendo acabado su escuela secundaria. Es de Buenos Aires Capital, pero siendo niña se trasladaron a Rauch (Provincia de Buenos Aires) donde descubrió su llamado vocacional. Su vida pasa entre la oración, la contemplación, el servicio a su comunidad de hermanas. Le gusta todo tipo de manualidades. Hace trabajos en cuero, lociones, costura fina. Mucho tiempo dedicó sus habilidades a bordar ornamentos (las hermanas hacen buenos ornamentos en telar tipo mapuche), dulces, los tradicionales alfajores, encuadernación y siempre está por ahí aprendiendo. Pertenece a una comunidad de clausura muy viva.

https://www.youtube.com/watch?v=x3i6rr5b7Vg

Fuente Religión Digital/Agencias

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Guido Pozzo: la Fraternidad de San Pío X «ha aceptado» la proposición de una Prelatura Personal

lunes, 15 de agosto de 2016
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La puntilla definitiva al Concilio Vaticano II… Si estos fanáticos integristas vuelven a la Iglesia Católica, está claro que otros tendrán que irse…

A costa de la relativización de algunos documentos del Vaticano II

La oferta de esta estructura canónica «es un gran voto de confianza hacia la FSSPX»

(Cameron Doody).- El superior de la cismática y ultraconservadora Fraternidad de San Pío X (FSSPX), Bernard Fellay, «ha aceptado» la oferta del Vaticano de que este grupo se reconcilie con la Iglesia de Roma bajo la figura de una Prelatura Personal, si bien, para que dicha proposición se haga efectiva, «hay todavía detalles que aclarar».

Esto es lo que ha revelado esta semana el encargado del Vaticano de las negociaciones con los lefebvrianos -el secretario de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo-, quien además ha explicado que «el núcleo de la discusión» que aún está pendiente «es la cuestión de en qué medida los textos del Vaticano II están en continuidad con el Magisterio constante de la Iglesia».

Como explicó el arzobispo Pozzo al periódico alemán Die Zeit, el grupo ultra aún tiene «dificultades» con la declaración Nostra Aetate, el decreto Unitatis Redintegratio y la declaración Dignitatis Humanae -documentos todos del Vaticano II- además de «cuestiones respecto a las relaciones del cristianismo con la modernidad».

Con sus declaraciones, el prelado no revelaba ninguna novedad que no se supiera ya. Lo que sí causa cierto asombro, no obstante, es su afirmación de que los documentos con los que la Iglesia ha concretado su aggiornamento o «actualización» a las realidades del mundo moderno no contienen «dogmas o declaraciones definitivas».

Al contrario. Según sostiene el arzobispo, la postura que los padres del Vaticano II adoptaron respecto a las relaciones de la Iglesia católica con las otras Iglesias, las otras religiones y el Estado son discutibles, y clarificables, respecto al «reconocimiento canónico» o «grado de aceptación» que requieren, tanto por parte de los miembros de la FSSPX como por la de los católicos que ya están en comunión con Roma.

Como muestra de este proyecto de relativización de la importancia del Concilio Vaticano II -que, en la versión del arzobispo Pozzo, habrá formado parte de las negociaciones de Roma con el grupo ultratradicionalista de la FSSPX- el prelado ha rechazado la interpretación que otorgue a la declaración Nostra Aetate cualquier importancia más allá de la de una colección de «normas prácticas y pastorales».

Dicha declaración «no tiene ninguna autoridad dogmática, y como tal nadie puede exigir que uno la reconozca como dogmática». Es más, «esta declaración solo puede entenderse a la luz de la tradición y del Magisterio continuo», lo cual viene a decir que cualquier lectura de dicha declaración que sostenga que «hay un camino salvífico independiente de Cristo y su Iglesia … es totalmente infundada y tiene que ser rechazada«.

En la opinión del secretario de Ecclesia Dei, tal renuncia, en la Iglesia de hoy, a la doctrina de extra ecclesiam nulla salus«fuera de la Iglesia no hay salvación»– es fruto de un efímero «Espíritu del Concilio» que, además de haber causado mucha «confusión e inseguridad», sería el culpable directo de que aún no haya unidad entre la Iglesia de Roma y la Fraternidad de San Pío X.

Este «espíritu» de apertura -al cual, cabe señalar, se deben las reformas de la Iglesia católica durante los últimos cincuenta años- no es, para el arzobispo Pozzo, nada más que un zeitgeist«el espíritu de la época»– que, además de haber instrumentalizado, deformado o recortado los mensajes del Concilio y de los papas, «no tiene nada que ver con la Tradición de la Iglesia».

Y es en este sentido -en el giro necesario hacia que el Vaticano II se deje de interpretar como «un súper dogma pastoral, sino parte de la totalidad de la Tradición y el magisterio constante»- que las discusiones con los lefebvrianos, para Pozzo, están siendo especialmente fructíferas.

La otra faceta del diseño del arzobispo Pozzo para la posible reconciliación de la FSSPX con la Iglesia de Roma es, si cabe, aún más preocupante. El acercamiento a los lefebvrianos habrá pasado, por lo que el prelado ha revelado esta semana a Die Zeit, por una redefinición de los que son «realmente los requisitos esenciales para ser católico», y eso desde una hermenéutica del «fondo decisivo de la Tradición continua».

«Nosotros estamos de acuerdo con la Fraternidad», dice el monseñor Pozzo, «en el principio de que el concilio [Vaticano II] sólo puede ser comprendido con exactitud en el contexto de la totalidad de la Tradición y del Magisterio perenne». Pero es discutible que las reformas del Vaticano II hacia el diálogo con, y aprecio de, las otras religiones, las otras Iglesias y las sociedades ideológicamente plurales deban ser consideradas como «innovaciones» a la «fe auténtica», o como «adaptaciones» al espíritu de los tiempos -y por tanto, y según el arzobispo Pozzo, inadmisibles bajo la «hermenéutica de continuidad»- o como un desarrollo natural del depositum fidei.

Pozzo cita al Secretario del Concilio, el cardenal Pericle Felici, y al entonces Secretario del Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el arzobispo Johannes Willebrands, en el intento de rebajar la importancia de Nostra Aetate y los otros documentos «pastorales»y no dogmáticos«- del Concilio.

«Cuando el Papa [Francisco] me nombró de nuevo como Secretario de la Comisión Ecclesia Dei», también revela Pozzo al semanario alemán, «me instó a dialogar con paciencia, determinación y sin prisa». De ahí los criterios impuestos por el pontífice -junto con las «relaciones personales» necesarias «para crear un clima de confianza», y la involucración «en la evangelización y el trabajo caritativo»– por los que habrá que evaluar cualquier futuro acuerdo definitivo con la FSSPX.

«El estilo y la disposición concreta de Francisco ayudan a lograr la unidad entre las personas no sólo para pensar, sino también para aprender», afirma el arzobispo Pozzo. Es esta insistencia del Papa Bergoglio en la pastoral, la misericordia y la transformación a través del encuentro el que será el único criterio para juzgar hasta qué punto la discusión con los lefebvrianos ha sido «enriquecedora para toda la Iglesia», como Pozzo pretende que sea.

Fuente Religión Digital

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El episcopado colombiano agradece la participación en la ‘Marcha por la Familia’

lunes, 15 de agosto de 2016
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28823485032-09269b13b7-b_560x280Y tienen el valor de decir que fue espontánea, cuando fue convocada por la Conferencia Episcopal colombiana basada en desinformaciones y mentiras… Ha sido encender la mecha por parte de Francisco y extenderse el fuego por todas partes…

«No vamos a implementar la ideología de género», afirma el presidente Santos

«Fue una respuesta espontánea, generosa y muy consciente de las familias»

Los obispos de Colombia agradecieron al pueblo por su masiva participación en las marchas que expresaron la defensa de la familia y el rechazo a la imposición de la ideología de género en los colegios. Desde su cuenta en Twitter el cardenal Rubén Salazar Gómez felicitó la participación de los feligreses, mientras que el arzobispo de Bucaramanga, monseñor Ismael Rueda Sierra, calificó de extraordinaria y apoteósica la marcha que se realizó en su ciudad. «Fue una respuesta espontánea, generosa y muy consciente de las familias», aseguró el prelado.

Por su parte el obispo electo de Soacha, monseñor José Daniel Falla Robles-también a través de su cuenta en Twitter- calificó de valiente la actitud de la población.

El obispo de Valledupar, monseñor Óscar José Vélez Isaza, aseguró que con las propuestas del Ministerio de Educación y el querer imponer la ideología de género en los colegios se ha tocado una fibra muy sensible de la población, por ello esto se expresó en estas manifestaciones multitudinarias.

Por su parte el obispo auxiliar de Barranquilla, monseñor Víctor Tamayo Betancourt, aseguró que la participación de la población fue espontánea. «El pueblo escucha la voz de Dios, y su voz hoy es que uniéramos mente y corazón para dar testimonio de unidad y una petición para que cambien de orientación quienes nos están dirigiendo», dijo el prelado.

«No vamos a implementar la ideología de género», afirma Santos

el-presidente-santos-ayer-en-rueda-de-prensaMientras tanto, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo ayer que su Gobierno no autorizará un manual sobre ambientes escolares publicado por las Naciones Unidas y que ha causado una polémica en el país por su contenido sexual.

Según el mandatario, ni el Ministerio de Educación ni el Gobierno «han implementado ni han promovido ni promoverán la llamada ideología de género» que, según sectores conservadores, se busca implantar en los colegios desde los primeros años de la enseñanza primaria.

«El documento del Fondo de Población de Naciones Unidas sobre ambientes escolares fue publicado en las páginas web de las Naciones Unidas para su discusión, sin la autorización del Ministerio, como lo ha reconocido en comunicado público dicha organización. Ese documento no será autorizado», afirmó Santos en una declaración en Bogotá.

La polémica comenzó esta semana por la difusión de unas cartillas con educación sexual para niños, supuestamente del Ministerio de Educación que, según padres de familia, tergiversan la sexualidad al afirmar por ejemplo que no se nace con un sexo determinado sino que eso se decide a lo largo de la vida.

Las cartillas llevaron el miércoles a miles de padres de familia, profesores y representantes de diversas confesiones religiosas a manifestarse ayer en al menos 14 ciudades del país pidiendo respeto por las familias, e incluso pidieron la renuncia de la ministra de Educación, Gina Parody.

Santos dijo que hoy se reunió con los jerarcas de la Iglesia católica, encabezados por el cardenal Rubén Salazar, y el nuncio apostólico, Ettore Balestrero, para explicarles que el Gobierno no promueve la «ideología de género».

El jefe de Estado dijo sin embargo, que «el respeto por la diferencia, la protección de los derechos de todos los colombianos, la convivencia y la búsqueda de la paz, son valores fundamentales de nuestra Constitución y son guía y norte en todas las actuaciones y decisiones del gobierno nacional».

Agregó que la violencia, física o verbal, el matoneo y la discriminación «son comportamientos que, como sociedad, debemos rechazar y condenar, como bien lo discutimos hoy con los prelados».

Santos dijo también que el Gobierno está obligado a acatar los fallos de la Corte Constitucional, y a cumplir con su deber de combatir la violencia, la discriminación de cualquier tipo y el matoneo en las escuelas.

A comienzos de semana la ministra Parody dijo que el material impreso que ha circulado en algunos colegios del país con contenido homosexual explícito no fue elaborado por esa cartera y que todo no pasa de una «manipulación».

La discusión comenzó por un fallo de la Corte Constitucional que ordenó al Ministerio revisar los manuales de convivencia de los colegios, para que sean «respetuosos de la orientación sexual y la identidad de género», después de que el estudiante Sergio Urrego se suicidara en 2014 por presunta discriminación en su colegio debido a su orientación sexual.

Religión Digital/Conferencia Episcopal Colombiana/Efe

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Obispos sufragáneos de Getafe y Alcalá rompen la comunión afectiva y efectiva con el metropolitano Carlos Osoro

lunes, 15 de agosto de 2016
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tresbisbes-1024x576El trío lalala… Reig Plà/López de Andújar y Rico Pavés

Las terminales digitales de los rigoristas se ceban con el arzobispo de Madrid

Forman parte del grupito de prelados ‘resistentes’ a las reformas de Francisco

José Manuel Vidal).- Por intereses espurios o ideológicos los ‘tirapiedras’ católicos, es decir los rigoristas que confunden la fe con la ideología neocon, han colocado al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en su diana. Y ejercen el tiro al blanco con sus tirachinas digitales contra él con ocasión o sin ella. Esta vez, la causa de las pedradas es que el prelado madrileño no se sumó al vituperio firmado por los obispos de Getafe y Alcalá contra la Ley LGTBI de la Comunidad de Madrid.

En las ‘chinitas’ lanzadas contra monseñor Osoro, siempre recubiertas de falacias religiosas, le acusan de mirar para otro lado, de hacer de Don Tancredo, cuando la fe está en peligro, atacada por el PP, enemigo de la Iglesia. Y, sobre todo, le afean el hecho de no sumarse a la cruzada antigay, abanderada por los obispos de Getafe (monseñor López de Andújar y su auxiliar, monseñor Rico Pavés) y de Alcalá (monseñor Reig Pla).

Simplificando un poco y para que se nos entienda, estos tres prelados, que ya en la anterior etapa eclesial formaban parte del círculo más conservador del episcopado español, se sitúan ahora abierta y descaradamente en el frente anti Francisco. Forman parte del grupito de prelados ‘resistentes’ a las reformas del Papa, integrado por unos 15 mitrados y encabezados por su líder en la sombra, el cardenal jubilado Rouco Varela. Son los obispos del «antiguo régimen», los que se quedaron anclados en la Iglesia roca fuerte e institución de poder, que impone su moral a toda la sociedad.

Frente a ellos, la mayoría de los prelados españoles tratan de acompasar su paso con el de Roma y plegarse a las directrices que desde allí llegan. Y eso es algo que tampoco le perdonan al arzobispo de Madrid, que, sin estridencias, quiere sacar a la Iglesia de la arena política partidista, hacerla pasar de aduana a hospital de campaña y poner su reloj a la hora del del Papa Francisco.

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Carl Schmitt

Según el teorema del experto alemán en teología política, Carl Schmitt, «no hay teología política, si no hay enemigo«. Seguidores, quizás sin saberlo, del teórico filonazi, los rigoristas que atacan a Osoro necesitan un enemigo exterior, para poder subsistir y dar razón y sentido a sus existencia. Un enemigo que antes era «el mundo, el demonio y la carne» y que hoy es incluso el PP, el partido del ministro del Opus, Fernández Díaz.

Quieren una iglesia que plante cara y, constituida en un poder más, imponga (diciendo que no impone, que sólo propone) su moral y su doctrina a los cuerpos y a las almas. Una vuelta a la Iglesia de cristiandad, que añoran. La Iglesia levadura en la masa del Evangelio les suena a buenismo. Desconocen que ya el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, teólogo y científico, escribía, hace años, que «la Iglesia seguirá en decadencia hasta que no rompa con el mundo ficticio de la teología verbal, del sacramentalismo cuantitativo y de las devociones etéreas».

Los obispos y laicos rigoristas quieren cultivar de nuevo ambiciones de primacía, cuando lo que Francisco busca es todo lo contrario: regenerar el catolicismo en busca de sus orígenes, para que pueda curar las heridas de la condición humana, sin otros intereses confesados o inconfesables. Se trata de abandonar la lógica del poder, que pretende controlar las mentes y los cuerpos de las personas, diciéndoles qué deben pensar y cómo deben comportarse.

Se trata de asumir la lógica del servicio hacia la vida concreta y la experiencia espiritual de cada persona. Se trata de pasar el principio de la verdad por el principio de la realidad evangélica. Se trata de pasar de una religión que se concibe como la única verdad a la que ama el diálogo, porque sabe que la verdad es Dios. Se trata de optar por el mundo ficticio de la teología del catecismo (como hacen los rigoristas) o por el universo real de las preguntas vitales y de sentido (como hace el Papa).

En el caso de los obispos rigoristas de Getafe y Alcalá se juega otra cuestión interna, pero no de menor calado: la ruptura de la comunión afectiva y efectiva. Ambos obispos al frente de sus respectivas diócesis forman parte de una entidad que las aglutina, llamada Provincia eclesiástica madrileña. Un organismo de coordinación pastoral, que se nuclea en torno a la archidiócesis de Madrid y que tiene en su arzobispo al primus inter pares entre los obispos de la citada circunscripción eclesiástica. Por eso, Carlos Osoro figura como arzobispo metropolitano y las diócesis de Getafe y Alcalá son sufragáneas de la de Madrid.

Como es obvio, los obispos sufragáneos Reig y López de Andújar no le deben obediencia al metropolitano Osoro. Cada obispo en su diócesis es dueño, amo y señor, como se decía antes. O mejor dicho, servidor, como se dice en tiempos de Francisco.

carlos-osoro-papa-franciscoCarlos Osoro con Francisco

Es decir, si los citados obispos actuasen por separado, no habría nada que objetar. Pero, al unirse y firmar dos documentos seguidos sobre el mismo tema (el anterior, hace unos meses) en comandita, rompen la comunión afectiva y efectiva con el metropolitano.

¿Por qué actúan los dos obispados sufragáneos juntos y no por separado? ¿Quién está detrás de esta dinámica perversa? ¿Quién mueve los hilos de Reig y de López de Andújar y su auxiliar, Rico Pavés? La pretensión de estos obispos parece ser el convertirse, de cara a la galería, en adalides de la recta doctrina. Con lo cual, indirectamente, colocan en el disparadero de los tirapiedras a su metropolitano, monseñor Osoro.

Los sufragáneos (que dependen de la jurisdicción y autoridad de otro, según el diccionario de la RAE) señalan a Osoro y consiguen que, a los ojos de los rigoristas (pocos, pero maquiavélicos y fundamentalistas), pase por ser un tibio y acomodaticio Don Tancredo. Eso sí, también consiguen, por efecto rebote, que a los ojos de la mayoría de la gente (eclesiásticos incluidos) se agigante la figura del prelado madrileño como el hombre del Papa en España.

Los obispos de Getafe y Alcalá dan munición a los rigoristas, pero se desacreditan. Hacia afuera, por fundamentalistas y aduaneros doctrinarios sin corazón, fariseos que imponen fardos pesados en las espaldas de los demás. Y hacia adentro, porque rompen el sacrosanto principio de la comunión. Ése que invocaban, en otros tiempos, para imponer su particular visión doctrinaria a toda la Iglesia.

En definitiva, el tradicionalismo de los rigoristas (obispos y sus terminales digitales) es como un pájaro asustado que vuela hacia atrás, hacia el pasado, y quiere mantener a la Iglesia en el largo invierno de la involución. Les fastidia asumir que nadie puede parar la primavera en primavera.

Fuente Religión Digital

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He venido a traer fuego a la tierra

domingo, 14 de agosto de 2016
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«Creo que la vida no es una aventura que debamos vivir según las modas que corren, sino con un compromiso encaminado a realizar el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros: un proyecto de amor que transforma nuestra existencia.

Creo que la mayor alegría de un hombre es encontrar a Jesucristo, Dios hecho carne. En él, todo -miserias, pecados, historia, esperanza- asume una nueva dimensión y un nuevo significado.

Creo que cada hombre puede renacer a una vida genuina y digna en cualquier momento de su existencia. Cumpliendo hasta el final la voluntad de Dios no sólo puede hacerse libre, sino también derrotar al mal.»

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Thomas Merton

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra

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Lucas 12, 49-53

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«Prender fuego». 20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-53)

domingo, 14 de agosto de 2016
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20-TO-300x232Son bastantes los cristianos que, profundamente arraigados en una situación de bienestar, tienden a considerar el cristianismo como una religión que, invariablemente, debe preocuparse de mantener la ley y el orden establecido.

Por eso, resulta tan extraño escuchar en boca de Jesús dichos que invitan, no al inmovilismo y conservadurismo, sino a la transformación profunda y radical de la sociedad: «He venido a prender fuego en el mundo y ojalá estuviera ya ardiendo… ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división».

No nos resulta fácil ver a Jesús como alguien que trae un fuego destinado a destruir tanta mentira, violencia e injusticia. Un Espíritu capaz de transformar el mundo, de manera radical, aun a costa de enfrentar y dividir a las personas.

El creyente en Jesús no es una persona fatalista que se resigna ante la situación, buscando, por encima de todo, tranquilidad y falsa paz. No es un inmovilista que justifica el actual orden de cosas, sin trabajar con ánimo creador y solidario por un mundo mejor. Tampoco es un rebelde que, movido por el resentimiento, echa abajo todo para asumir él mismo el lugar de aquellos a los que ha derribado.

El que ha entendido a Jesús actúa movido por la pasión y aspiración de colaborar en un cambio total. El verdadero cristiano lleva la «revolución» en su corazón. Una revolución que no es «golpe de estado», cambio cualquiera de gobierno, insurrección o relevo político, sino búsqueda de una sociedad más justa.

El orden que, con frecuencia, defendemos, es todavía un desorden. Porque no hemos logrado dar de comer a todos los hambrientos, ni garantizar sus derechos a toda persona, ni siquiera eliminar las guerras o destruir las armas nucleares.

Necesitamos una revolución más profunda que las revoluciones económicas. Una revolución que transforme las conciencias de los hombres y de los pueblos. H. Marcuse escribía que necesitamos un mundo «en el que la competencia, la lucha de los individuos unos contra otros, el engaño, la crueldad y la masacre ya no tengan razón de ser».

Quien sigue a Jesús, vive buscando ardientemente que el fuego encendido por él arda cada vez más en este mundo. Pero, antes que nada, se exige a sí mismo una transformación radical: «solo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esta es verdaderamente la revolución» (E. Mounier).

José Antonio Pagola

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Domingo 14 de agosto de 2016. 20º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 14 de agosto de 2016
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45-ordinarioC20 cerezoLeído en Koinonia:

Jeremías 38, 4-6. 8-10: Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.
Salmo responsorial: 39:Señor, date prisa en socorrerme.
Hebreos 12, 1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Lucas 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división.

Estamos en camino con Jesús y sus discípulos en su último viaje a Jerusalén, donde sabe que va a morir, y así se lo va diciendo. Esta subida a Jerusalén se alarga en el evangelio de Lucas como en ningún otro, pues aprovecha para situar ahí la mayor parte del material peculiar, sobre todo los discursos, las parábolas y los relatos que conoce por otro lado distinto a Marcos. Las frases que leemos en este domingo aparecen también en el evangelio de Mateo, pero en distinto orden y contexto. Esto hace que el sentido sea algo diverso, pues el contexto forma parte del significado de las frases; pero indica a la vez que muchos dichos de Jesús, como los de cualquier persona, son polivalentes; tienen alcances diversos y aplicaciones distintas según las circunstancias de los lectores u oyentes de los mismos. Así se nos abre también a nosotros el camino y la posibilidad de leerlos, con la libertad de los hijos de Dios, desde nuestra propia situación y para nuestro propósito. No es una traición, sino una fidelidad al Espíritu que inspiró a Jesús y a los evangelistas; pues ellos también se tomaron su libertad para situarlos diversamente y sacar sentidos distintos.

La liturgia, a su vez, nos pone estas frases en otro contexto diverso, al anteponer un episodio de la vida del profeta Jeremías, que suele llamarse “la pasión de Jeremías”; porque le toca sufrir golpes, burlas, acusaciones y prisión en una cisterna llena de fango por causa de la palabra de Dios que tiene que anunciar. El salmo que se nos propone es una súplica y acción de gracias a Dios, porque libra al pobre de la fosa; y parece así reforzar la situación del profeta, y anticipar una situación semejante para las frases del evangelio. Con ello se da un sentido de anuncio de la pasión, que ciertamente parece tener, sobre todo si lo leemos junto con la frase semejante de Marcos 10, 38; pero que no está muy resaltado en Lucas; apenas en la frase del “bautismo” por el que ha de pasar. El resto apunta a las diversas posturas que los hombres toman ante el mensaje de Jesús, como ya le acontecía a Jeremías y a otros profetas. Pero la segunda lectura, que nos presenta a Jesús como modelo germinal y definitivo de nuestra fe, vuelve a insistir en su pasión y cruz, y en la posibilidad de que también los cristianos nos veamos envueltos en la persecución y muerte; y, en todo caso, en la dura lucha contra el pecado, tanto personal como social.

Parece que Jesús cambia aquí radicalmente su mensaje. La Buena Nueva nos parece tan hermosa, tan atenta a los débiles y pequeños, tan llena de amor y solicitud hasta por los pecadores y enemigos, que su mensaje no puede ser otro que el de una gran paz y armonía entre todos los hombres. Eso es lo que proclamaban ya los ángeles en el momento del Nacimiento (Lc 2, 24) y lo que vuelve a proclamar el Resucitado apenas se deja ver por los discípulos atemorizados (Lc 24,20-21). Aquí, sin embargo, Jesús parece decir todo lo contrario. Su mensaje no viene a producir paz y concordia entre todos, sino que lleva a la división incluso entre los miembros más allegados de la familia, padres e hijos, nueras y suegras. Pero no se trata de cualquier mensaje, de cualquier propuesta, sino de la presencia misma del Reino de Dios en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus actuaciones. No cabe oír esa Buena Nueva del Reino y permanecer neutral o indiferente; no cabe entusiasmarse con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Por eso hay que optar con pasión, hay que tomar decisiones y actuaciones que implican cambios muy radicales en la vida. Por eso nos van a afectar a todos profundamente, más allá incluso de los vínculos familiares, por muy respetables que estos sean. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su discípulo (Lc 14, 26).

El episodio de Jeremías nos pone un triste ejemplo de este sufrimiento que acarrea al profeta su fidelidad a la palabra de Dios, cuando el pueblo y sus líderes no la quieren escuchar. Él tenía que anunciar la destrucción del templo, de la dinastía davídica y de la ciudad de Jerusalén, por no querer someterse a Babilonia en ese momento. Era como poner punto final a las solemnes promesas hechas por Natán y otros profetas a David y a su ciudad capital, Jerusalén. Además, este descendiente de sacerdotes, debe predecir la ruina del templo salomónico. No le gustaban para nada esas desgracias que le tocaba anunciar, y sufrió enormemente por causa de esa misma palabra dura que debía predicar; pero lo que pretendía era precisamente que eso no ocurriera, porque le hacían caso, se convertían y se evitaban esas catástrofes. No logró esa conversión del pueblo, y menos aún de los líderes religiosos y políticos. Más bien logró esa división entre unos y otros, pues hasta entre el alto liderazgo político encuentra opositores y ayudantes, mientras el rey se deja llevar del viento político que sopla en cada momento. Pero la palabra de Dios y su profeta no es un viento cambiante, sino una palabra firme y segura, que exige darle fe y cambiar de mente y de conducta; que pide una opción radical de parte de los oyentes.

Esto mismo y en grado supremo le acontece al oyente de la Palabra que es Jesús. Por eso, el radicalismo con que se expresa en esta ocasión, pues se trata de la urgencia misma del Reino presente. Mateo dice en el pasaje paralelo: “¿cómo es que no son capaces ustedes de interpretar los signos de los tiempos?” (Mt 16, 3). Ver los signos de la gracia de Dios, de la presencia del Reino en las palabras y gestos humanos, en las acciones y hasta maravillas que acontecen en la vida. También en nuestro duro y doloroso presente, pues no existen tiempos sin gracia de Dios, sin presencia y fuerza de su Espíritu en medio de la historia, por oscura que sea. Ciertamente son los santos los que más perciben esto y donde mejor podemos ver los demás esa presencia, misteriosa pero eficaz, de la gracia de Dios en medio de esta empecatada historia humana; pero no faltan mil pequeños gestos, incluso o tal vez precisamente, en pobres y pequeños, en prostitutas y pecadores, en publicanos y hasta en ricos zaqueos y centuriones extranjeros. Hay gestos de solidaridad y simpatía con los pobres y pequeños, con los marginados y despreciados, que nos muestran esa fuerza del Espíritu de Dios y de Jesús actuando ya ese fuego en la tierra. Leer más…

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Dom 21.8.16. He venido a prender fuego. Muerte y resurrección de la familia

domingo, 14 de agosto de 2016
Comentarios desactivados en Dom 21.8.16. He venido a prender fuego. Muerte y resurrección de la familia

imagesDom 20 C. Lc 12, 49-53. Éstas son para muchos las palabras más fuertes del Evangelio:

— He venido a prender fuego… a dividir las familias: Tres contra dos y dos contra tres…
— el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre…

Jesús ha venido a prender fuego y quemar (superar) un tipo de «leyes naturales» de familia, para crear otras que se funden en la libertad y la gratuidad del evangelio.

Éste es un principio que algunos no entienden o no quieren entender, pensando que Jesús ha venido a ratificar sin más un tipo de familia natural que ya existía. Pues bien, él podía haberlo dicho quizá más alto,pero no más claro: Él ha venido a destruir un tipo de familia, para crear otra más alta:

Hay un amor más grande que el de padre-hijo o de madre-hija en la línea de la ley natural, hay un amor de libertad, de persona a persona, en gratuidad, un amor que no niega lo anterior, pero lo transfigura y suprema. Por eso, en un sentido muy hondo, Jesús dice que ha venido a prender fuego, a destruir un tipo de amor de padre-hijo y de madre hija.

la-familia-en-la-bibliaEstas palabras forman parte de la novedad del evangelio, son la buena nueva de Dios, que capacita a los hombres y mujeres para amarse de un modo gratuito, superando unos principios de familia, género y raza que parecían divinos, inmutables.

En esa línea dice Jesús que ha venido a prender fuego al mundo… para empiece el gran incendio de Dios, desde la familia, que ha de ser recreada sobre otras bases de amor en libertad.

–Jesús no fue un mesías militar, eso seria fácil, siguiendo en la línea de viejos y nuevos caudillos militares, de Ciro el Grande y Alejandro Magno hasta Napoleón. Ganando la guerra no se logra prácticamente nada.

— Jesús tampoco fue un mesías político, un creador de Estado, como Augusto…Éso sería relativamente fácil. Él ha venido a proclamar e iniciar la revolución más grande, que es la de la familia . Ésa fue su tarea y sigue siendo la tarea de su Iglesia.

Utilizo para desarrollar este programa del evangelio del domingo unos temas de dos libror:strong>Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013) La familia en la Biblia (Verbo Divino, Estella 2014)…

Evangelio del domingo: Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Un movimiento mesiánico

Jesús inició un movimiento de paz, desde los más pobres, superando la lógica de enfrentamiento que regulaba la vida de familias y grupos de su tiempo, en Galilea. Fue una revolución desde abajo, desde aquellos que vivían en el margen de la sociedad establecida, un movimiento de seguidores y amigos, integrado básicamente por personas que habían sido expulsadas del nuevo (des-)orden social que se estaba imponiendo en Galilea, a causa de la trasformación económica y política vinculada al Imperio Romano.

Apoyándose en antiguas tradiciones (como la ley del jubileo: Lev 25) e invirtiendo el modelo dominante de política y economía importada de Roma, partiendo de su fe en Dios/Abba, Jesús no quiso formar grupos de dominio (para así imponer su proyecto en Galilea), sino de creatividad religiosa y de comunicación humana desde los más pobres.

Por eso empezó “curando” a los enfermos y haciéndose prójimo de los posesos e impuros a quienes invitaba a formar parte de su nueva familia social (eclesial), entendida a modo de comunión de personas unidas desde el mensaje y camino de Reino. Por eso invitó de un modo especial a los pobres, haciéndoles iniciadores de su proyecto de familia pacificada de hermanos (hijos) de Dios.

Una guerra de familia.

El movimiento de paz de Jesús no empezó con grandes reformas económicas y/o políticas, en sentido global, sino con la creación de grupos familiares pacificados, abiertos desde los pobres (itinerantes) hacia todos los hombres y mujeres, intensificando la comunicación personal. No anunció una paz sólo futura, ni quiso que sus pobres arrebataran la hacienda de los ricos, sino que ellos mismos (los pobres) empezaran a superar el sistema de propiedad particular (violenta), pero no matando o despojando de sus bienes a los ricos, sino ofreciéndoles salud y curación (paz), precisamente a partir de los mismos pobres a quienes ellos habían expulsado y arrebatado los biens.

Lógicamente, por querer y buscar esa paz (y por hacerlo como lo hacía) tuvo que enfrentarse a los violentos del sistema dominante.

El imperio romano, que dominaba en Galilea, se había formado como un “asunto de familia”, una jerarquía descendente, a partir de los niveles superiores, de manera que el gran orden de la sociedad reproducía un modelo de buena familia patronal (¡cosa nostra!), donde los más altos “beneficiaban” a los bajos (y los bajos se apoyaban a los altos, como clientes de un sistema patronal). El Imperio era un sistema de violencia controlada, de manera que su paz era el resultado de la imposición de unos sobre otros. Lógicamente, Dios era el Orden, el Valor de los valiosos, el sistema.

En contra de eso, Jesús quiso crear unas agrupaciones de familias no patriarcalistas, donde hubiera espacio para todos, desde los más pobres. Para eso tuvo que oponerse a los esquemas de familia tradicional, pues era una familia impositiva, centrada en el valor superior de los “patriarcas” (padres de familia, varones), dejando a los demás miembros de la familia en un lugar inferior y expulsando a los huérfanos-viudas-extranjeros (cf. Ex 22, 20-23; Dt 16, 9-15; 24, 17-22), víctimas de un tipo de vida y economía mercantil.

Para superar la violencia de la familia establecida (que, por otra parte, era incapaz de mantenerse en la nueva situación), Jesús tuvo que crear un nuevo tipo de familia más extensa, no patriarcalista, donde cupieran todos, no sólo los de dentro, sino los del entorno social, desde los más pobres. Ésta fue su revolución, esta su “guerra”, más difícil y dura que las guerras de Julio César o Augusto.

Lógicamente, al buscar lo que buscaba, una familia abierta a todos, para crear lo que él quería crear (grupos de Reino), no pudo empezar reforzando las instituciones existentes (¡más familia patriarcal, más orden, más ley, más templo!), sino que comenzó “creando familia” desde los huérfanos-viudas-extranjeros, es decir, desde aquellos que estaban siendo rechazados por la buena sociedad establecida.

No tuvo más remedio que oponerse a un tipo de familia dominante, de carácter jerárquico-impositivo, porque ella iba en contra de su opción de Reino y porque funcionaba con modelos de imposición jerárquica, expulsando a los más pobres (cf. Mt 10, 35-37; Lc 12, 53; 14, 26). Lógicamente, tuvo que decir a sus discípulos que “aborrecieran” a padre-padre, hermanos-hermanas… (Lc 14, 26 Q; cf. EvTom 55, 1-2; 101, 1-3).

¿Aborrecer a los padres?
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Con su duro lenguaje, Jesús dijo a sus seguidores que debían “aborrecer” a sus familiares (Lc 14, 26). Al decir eso, él no negar o criticar unos “lazos de sangre”, de tipo biológico y social, para impulsar un tipo de comunión espiritualista, sin vínculos de tipo “carnal” (como parece querer ya el Evangelio apócrifo de Tomás), sino que rechazó un modelo de familia exclusivista, para crear otro modelo de familia muy concreta (muy de carne y sangre, de amistad y comunión), pero no exclusivista; una familia donde importan los hombres y mujeres, cada uno de ellos y todos en relación concreta, sin imposiciones ni exclusiones, una familia donde cupieran los expulsados de las otras “tribus” y malas familias de su tiempo. Fue una revolución como nunca se ha dado.

La terapia de Jesús, resurrección de la familia: Fuego, bautismo, espada

Para explicar esa transformación de la de familia, el Evangelio de Lucas pone en boca de Jesús tres palabras simbólicas de una importancia enorme. Cada una de ellas marca una ruptura, las tres juntas evocan “la ruptura” esencial de Jesús, que así puede presentarse como impulsor de un nuevo Adán/Eva donde caben todos. Para ello recoge explosivas, que pueden aparecer separadas en otro contexto de la tradición evangélica, pero que aquí se unen para indicar la importancia de la “lucha” de familia: fuego, agua, división (espada). Más fuerte no podía haberse dicho.

1. Fuego. «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». El tema del fuego mesiánico (del Dios/Fuego) ha sido ya aplicado a Jesús por Juan Bautista, cuando anuncia la llegada de uno más fuerte, que no bautiza en agua, sino con Espíritu Santo y Fuego (cf. Lc 3, 16; Mt 3, 10). El fuego es el poder del juicio de Dios, que purifica o destruye (para recrear).

Estamos ante el tema Jesús/Fuego, elaborado en especial por la tradición casi gnóstica del Evangelio de Tomas, que recoge este pasaje de Lucas, vinculando fuego y bautismo (EvTh 16), pero que añade otros impresionantes: «He arrojado fuego sobre el mundo y he aquí que lo estoy vigilando hasta que arda en llamas» (Ev Th 10) «Jesús ha dicho: Quien está cerca de mí está cerca del fuego, y quien está lejos de mí está lejos del Reino» (Ev Th 82).
Jesús es un fuego espiritual, sin duda, como indica el Evangelio de Tomas (apócrifo). Pero Tomás corre el riesgo de entender ese fuego en línea sólo intimista, como una llama que arde en el corazón de cada hombre o mujer que hace el camino de la santidad. Pues bien, conforme al evangelio de Lucas, ese fuego arde en familia, cambia las relaciones familias.

2. Bautismo.

«Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!». El bautismo no es ya un rito exterior de purificación, sino gesto de inmersión en el “agua de la vida”, gesto de entrega total, para crear la nueva humanidad. Está vinculado también la promesa del Bautista que decía que Jesús “bautizará (agua) con Espíritu y fuego”. Pues bien, el agua de Jesús lleva a crear nuevas relaciones, como las que él dice a los zebedeos cuando les invita a participar en su bautista de servicio para todos, sin jerarquías no poderes impositivos (cf. Mc 10, 38-39)

3. Espada.

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. Lucas pone división (diamerismón). Mateo conserva quizá el término primitivo de “espada” Majaira (Mt 10, 34). Ésta es la espada de una guerra no militar, que penetra y divide y recrea, como un bisturí de doble filo (Hebr 4, 12), que corta, quita y cura; como espada de la palabra del Jinete del Logos, del logos de Dios (Ap 19, 15), que destruye a los poderes perversos, para crear la familia de los hijos de Dios, las bodas del Cordero. Leer más…

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«Fuego, vida y división». Domingo 20 ciclo C

domingo, 14 de agosto de 2016
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bautismo_cruz_agua_fuegoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Después de las enseñanzas de los domingos anteriores sobre la oración, la riqueza, la vigilancia, centradas en lo que nosotros debemos hacer, en el evangelio del próximo domingo Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.

            Presupuesto para entender este evangelio es la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.

            Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.

 La misión: prender fuego

            He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

            Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo,

El destino: la muerte

            Tengo que pasar por un bautismo.

            También esta imagen es enigmática, porque “bautizar” significa normalmente “lavar”; por ejemplo, los platos se “bautizan”, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan (y otros muchos judíos desde el profeta Ezequiel) al pecado: en el bautismo, cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva.         El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.

La misión: dividir

            ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

            Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño “será una bandera discutida”.

            Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide a enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.

            Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.

La unión de las tres frases

            ¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.

¿Tiene sentido todo esto para nosotros?

            Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días que “venga a nosotros tu reino”; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.

* * *

            Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida ya la uso Pablo, y es especialmente actual en estos días de Olimpiada: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.

            Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.

            Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo.

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4

Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

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Domingo XX del Tiempo Ordinario. 14 agosto, 2016

domingo, 14 de agosto de 2016
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TO-D-XX

“He venido a traer fuego a la tierra,

¡y cuánto deseo ya que arda!”  (Lc 12, 49)

Lc 12, 49-53

Ponte en situación. Cierra los ojos e intenta visualizar el texto, al menos esta frase de Jesús con la que comienza el evangelio de hoy. Céntrate, visualiza… ¿qué ves?, ¿algo que no pega mucho con el evangelio?, ¿algo que no le pega a Dios?

Sinceramente, la escena que veo yo va por ahí: Jesús caminando a hurtadillas, cual ladrón en la noche, cerilla encendida en mano… y de repente todo se convierte en una gran bola de fuego. ¡¡¡A ver si va a resultar que Jesús es pirómano!!!

En efecto, esto no le pega a Dios. Pirómano no, pero se me ocurre “choquémano” por no decir “terapiadechoquémano”. Nos pensamos que eso de la terapia de choque es novedad, que es algo de nuestro tiempo. En una ocasión leí algo sobre una medicación para tratar algunas alergias y consistía en unas pastillas con cierta cantidad de ese componente a lo que se tuviera alergia. Por ejemplo, ¿alergia a la lactosa?, pues pastillas con lactosa tratada, pero lactosa. Parece ser que funcionaban. La terapia de choque, empiezo a pensar que es tan antigua como Dios. Si nos fijamos en la biblia, podemos comprobar que Dios elige a los “torpes” para misiones importantes, que no se fija en los fuertes y poderosos; se queda con Jeremías y sus quejas, su salirle todo al revés, se queda con Moisés y la torpeza de su lengua.

¿Y contigo?, ¿qué hace contigo? Si te mueves como pez en el agua con un cuestionario tipo test, Dios va, y te pone uno de preguntas largas, a desarrollar, y con esa frase temible después de cada enunciado: razona tu respuesta. Y sudas, te agotas solo con pensarlo, tus pobres neuronas enloquecen, no sabes ni por dónde empezar… Y ahí, aparece Jesús caminando a hurtadillas para no asustarte más de lo que estás, cerilla encendida en mano para avivar el fuego de tu corazón, para alentarte, sostenerte, re-animarte y te dice “¡cuánto deseo ya que arda y te pongas en camino!

Trinidad Santa, reaviva tú nuestro fuego cada vez que intentemos sofocarlo. Abre nuestra escucha como a los discípulos de Emaús: ¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?

Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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No puede haber verdadera vida sin lucha

domingo, 14 de agosto de 2016
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Como colofón a la larga instrucción sobre la confianza y la vigilancia, Jesús habla brevemente de sí mismo de una manera un tanto enigmática. ¿Qué clase de fuego trae al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases enigmáticas que no es fácil colocar en un contexto que las hagan significativas para nosotros.

No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista. Se trata del fuego que purifica y da vida. El AT está plagado de imágenes en este sentido y ahí se apoya Jesús para transmitir la idea de renovación. Jesús viene a traer fuego, pero no contó con la capacidad que tenemos nosotros de abrir cortafuegos y usar extintores. Nos defendemos con uñas y dientes contra todo lo que pueda socavar nuestro yo. El bautismo (ser sumergido por las aguas) era signo de pruebas terribles, las aguas caudalosas del AT que destruyen todo lo que encuentran a su paso. Está haciendo clara alusión a su muerte, la gran prueba que demostrará la autenticidad de su ser.

Una vez más nos encontramos con una tajante contradicción. ¿Cómo podremos armonizar estas palabras: “no he venido ha traer paz, sino división”, con aquellas otras: «La paz os doy, mi paz os dejo?» A veces, la mejor manera de comunicar una idea difícil, es la paradoja, que obliga a salir de los caminos trillados. La primera lectura nos habla de la guerra que le hicieron a Jeremías por ser auténtico. Pablo nos habla de otra guerra, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Vamos a intentar salir de toda esta maraña de guerras y paces, examinando distinta realidades a las que llamamos guerra y paz. Ni todas las guerras son malas, ni toda paz puede ser bendecida sin más.

1.- Tenemos en primer lugar la paz romana, que se consigue con violencia. La paz que conseguían los romanos cuando conquistaban un país. Ponían allí sus tropas, y nadie se movía, había paz. Es una paz que nace de la injusticia, nunca puede ser auténtica ni duradera. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Por ejemplo la paz que existe en muchos matrimonios, porque uno de los miembros está anulado, y ya no tiene posibilidad de rechistar.

2.- Existe otra clase de paz que podíamos llamar la paz justa: Es la que se da entre personas o países que dialogan, que defienden posturas distintas, pero que saben atender y respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de fuerzas o de intereses. Es una paz positiva, aunque no se trata de la verdadera paz, porque no es suficiente.

3.- La paz que equivaldría a la ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es una paz que todos de alguna manera buscamos; incluso vamos a la religión o a Dios en busca de esta paz. Que no nos compli­quen la vida, que se solucionen los problemas. Es una paz que anula la vida, porque la vida es, por naturaleza lucha, superación de obstáculos. Si llegáramos a conseguir esa paz y en la medida que la consigamos, dejamos de vivir, estamos ya muertos.

4.- La paz que Jesús propone es la armonía interna; es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser, cuando todo su ser está de acuerdo con las exigencias de su ser profundo. Esta es la autentica paz. Esta es la paz (Shalom) que los judíos se deseaban al saludarse y al despedirse. Esta es la base de toda paz verdadera. Esa armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con los demás y con Dios. Esta paz es la consecuencia de un descubrimiento de lo trascendente como fundamento de nuestro ser.

Tenemos paralelamente cuatro clases de guerra que debemos analizar con cuidado:

1.- La guerra que se hace para someter al otro, para subyugarlos y utilizarlo, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona libre. Es la ley de la selva. Es el fruto del egoísmo más refinado. Surge siempre que utilizamos la superioridad biológica, mental o psicológica para machacar al otro. Es la guerra más frecuente y más dañina.

2.- La guerra que hace el que está sometido, para salir de su situación. Es una guerra que se ha llamado «justa». A primera vista, parece lo más natural del mundo, pero hay que tener mucho cuidado de no caer en la trampa de la misma violencia contra la que se lucha. Todo ser humano tiene la obligación de luchar por su libertad, pero si lo hace utilizando los mismos medios que el opresor, no tiene nada de cristiano. La Iglesia ha bendecido a través de la historia cañones y bombardas. Y sin embargo, no cualquier clase de guerra es evangélica. En el evangelio se dice. Todo el evangelio es un canto a la no-violencia. Esta vivencia surge cuando el sometido supera la opresión sin entrar en su misma dinámica.

3.- La guerra que se hace a otro por ser auténtico, porque su manera de ser denuncia nuestra maldad. Es la guerra que le hicieron a Jeremías por ser fiel a sí mismo por no querer halagarles el oído a aquellos jefes, que por su mal comportamiento estaban llevando a su pueblo al desastre. Esta guerra no hay que temerla. Esto no es fácil, porque, la mayoría de las veces, actuamos pensando más en el que dirán que en nuestras convicciones y lo que determina que obremos de una o de otra manera, es la respuesta que vamos a obtener de los demás. Si tratamos de no molestar a los demás para que no se vuelvan contra nosotros, antes o después caeremos en la trampa y dejaremos de ser auténticos.

4.- La guerra de la que habla Pablo, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Dentro del ser humanos existen fuerzas y tendencias que le obligan a estar en tensión. Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar un objetivo humano. El objetivo del ser humano es el amor. Pero el amor cristiano es una posibilidad que no está en el ADN. Los instintos, los apetitos, las pasiones están ordenadas a la supervivencia y bienestar del ser biológico, no están orientadas a la plenitud específicamente humana. Al decir esto, la mayoría de los mortales caemos en al trampa de creer que los instintos son malos. Para nada. Todos los logros de la evolución son buenos. Solo el ser humano es capaz de tergiversar los instintos y hacerlos malos. Para conseguir el objetivo de su existen­cia, el ser humano tiene que esforzarse para desarrollar lo verdadero de su ser.

Con todos estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar a toda costa, y qué “guerra” debemos aceptar como la cosa más natural del mundo. Pero debemos estar muy atentos, porque la diferencia es a veces muy sutil. El falso yo que creemos ser nos puede jugar una mala pasada porque puede hacernos creer que estamos luchando por nuestro bien y solo estamos potenciando ese falso ser. Si no tomamos conciencia de la diferencia, la guerra está perdida.

Jesús se presenta no solo como objeto de conflicto, sino como la misma causa del conflicto.

La actitud de Jesús no es la causa de la división, sino la aceptación o no de esa actitud vital que él exige a los que le escuchan. Jesús no viene a garantizar una paz exterior como esperaban lo judíos de su mesías. La paz o la guerra exterior no afectarán para nada a la interioridad de los que le sigan. Mi paz os doy, pero yo no la doy como la da el mundo.

En resumen podíamos decir que en estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo de ser humano que tienen que imitar los que le siguen. Debemos afrontar el bautismo como una inmersión en aguas abismales que son el signo de lucha y sufrimiento. Pero ese fuego y ese bautismo son deseados porque de ellos surgirá la verdadera paz. Las tensiones e incluso las rupturas violentas no las origina Jesús, sino los que deciden rechazarle.

Meditación-contemplación

Una acertada guerra, me conducirá a la verdadera paz.
Miles de años de experiencia humana, nos dicen que no es fácil acertar.
Jesús nos da unas orientaciones valiosísimas.
Con esas claves podemos intentar la travesía sin miedo.
…………………..

No son las fuerzas externas las que me impiden alcanzar la armonía.
La primera y más importante guerra la tengo que librar dentro de mí.
Sólo cuando dentro haya conseguido la paz,
estaré preparado para ganar otras batallas.
……………………

No te quedes en la superficialidad del ego.
Baja más al fondo de ti mismo y descubrirás la armonía.
Tu verdadero ser es paz, es armonía y es felicidad.
Vete más allá de tu falso ser.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Guerra y Paz

domingo, 14 de agosto de 2016
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fuego-300x240“La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido” (Nietzsche)

14 de agosto, domingo XX del TO

Lc 12, 49-53

¿Pensáis que vine a traer paz a la tierra? No paz, os digo, sino guerra

Jesús ha venido al mundo para renovarlo y purificarlo. Su misión es salvadora y, a la vez, dramática. Como la de Jeremías que, igualmente fiel a la misión encomendada, fueron ambos perseguidos e incomprendidos por su pueblo. Jueces de Paz entre los suyos –La paz sea entre vosotros”– lucharon convirtiendo las armas en herramientas, como vaticinó Isaías en el AT: “De las espadas forjarán arados / de las lanzas, podaderas. / No alzará la espada pueblo contra pueblo, / ya no se adiestrarán para el combate” (Is 2, 4). Y como en los Juegos Olímpicos de Río 2016 donde los atletas y deportistas participan, no para vencer a nadie sino para batir records y superarse a sí mismos.

Las aves rapaces vuelan bajo este gélido invierno y “Las zorras tienen madriguera (…) pero este hombre no tiene donde recostar la cabeza (Mc 8, 20). Los terratenientes, ávidos de bienes materiales y espirituales olvidaron el deseo de Isaías y combaten perennemente sin piedad por ellos. Arados y podaderas de los labradores sueñan de brazos cruzados en los campos. Aunque no son tan ingenuos que crean que algún día “el lobo y el cordero pastarán juntos, el león como el buey comerá paja”  (Is 65, 25).

Los hombres honestos no disponen de corazas, de cascos, ni de escudos. Están desamparados y reciben golpes que dejan muy maltrecho su cuerpo. ¿Están perdiendo la batalla y la vida en este empeño? ¿O la perdió Dios solamente, con ellos o sin ellos? En la película Guerra y Paz, dirigida por King Vidor en 1956, se mantiene este diálogo ilustrativo entre Natacha y el príncipe Andrei:

“Cuando hubiese un caso complicado o cualquier arbitrariedad, vos juzgaríais y vuestra palabra sería ley.

¿Por qué yo?

Porque vuestro corazón es puro y sois bueno”.

Posiblemente fuera oportuno recordar aquí también las palabras de Vitelia, protagonista de La Clemenza di Tito -ópera de Mozart- “Antes que se oculte el sol / quiero muerto al indigno. / Sabes que usurpa un reino / que me dio por destino el cielo”. La obra concluye con todos los personajes alabando la extrema generosidad de Tito, mientras éste ruega a los dioses que acaben con su vida el día en que su prioridad no sea el bienestar del pueblo romano. ¿Sería oportuno reenviarlo por WhatsApp a Roma? Y tampoco estaría demás autoenviarlo a nuestro personal domicilio.

“La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”, dijo Nietzsche. Quizás porque él, como sabio, no ignoraba que tener paz conlleva mantener la calma y el amor en el corazón. Como lo tenía Carolina, la española casada con el compositor ruso Serguéi Prokófiev. Estando condenada en el gulag siberiano puso especial énfasis en que sus hijos le mandaran “El deseo”, de Chopin. Quería representarla en el campo de concentración, pues le gustaba esa historia de amor que hablaba de libertad y de amor incondicional. La sociedad repulsa a quienes desprecian a los demás y no colaboran.

ASAMBLEA EN LA CAPINTERÍA
1. Desavenencias

Cuentan que en la carpintería
hubo una vez una extraña asamblea.
Las herramientas querían arreglar
sus diferencias.

El tonante martillo
pidió ejercer la presidencia.
Mas como hacía demasiado ruido
y se pasaba el tiempo golpeando,
la Asamblea
propuso su renuncia.
Aceptó su culpa y pidió sin reservas
la expulsión del tornillo:
había que darle muchas vueltas
para que al fin sirviera de algo.

Aceptó el tornillo la oferta,
pero pidió también que se expulsara
a la lija, que era
muy áspera de trato,
y andaba con todos a la gresca.
Aceptó la lija dicho acuerdo
a condición de que el metro fuera
expulsado, pues se pasaba el día
midiendo a los demás con su medida
como si fuera el único perfecto.

Todos gimieron juntos: -“¡Ay qué pena!”

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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He venido a prender fuego en el mundo

domingo, 14 de agosto de 2016
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no he venidoLc 12,49-53

En estos momentos en los que las noticias nos bombardean con múltiples informaciones sobre rupturas, faltas de acuerdo y divisiones; sobre fronteras y diferencias, impacta leer el evangelio de este XX Domingo del Tiempo Ordinario. “¡No!” podemos pensar… lo que justamente necesitamos es lo contrario, ¿cómo va a venir Jesús a crear más división? ¿Cómo va a prender fuego en un mundo tan necesitado de paz y encuentro?

Este texto evangélico requiere, pues, una lectura más sosegada y profunda. ¿Qué puede significar? ¿Cómo puede iluminar hoy nuestra vida?

La imagen del fuego aparece en numerosas ocasiones a lo largo de toda la Biblia. En algunas ocasiones es símbolo de castigo y destrucción (Gn 19,24); otras veces es imagen de purificación (Is 1,25; Zac 13,9). El mismo Lucas nos ha dicho que Juan bautizaba con agua, pero que Jesús bautizaría con fuego (Lc 3,16), como símbolo de una nueva vida en el Espíritu.

A lo largo de la historia, muchas mujeres y varones de Dios, han utilizado también el fuego como símbolo. Teresa de Jesús expresa su experiencia mística utilizando este término: “Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. […] Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios(Libro de la Vida, cap. XXIX). Santos como Ignacio de Loyola o Antonio Mª Claret son considerados “hombres de fuego”. Este último animaba a cada uno de sus hijos a ser “un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor” (Autobiografía, 494) y Joaquina de Vedruna, mujer apasionada por Jesús y su causa, decía a sus hijas: “Si sois fieles a la gracia, el mismo Señor os iluminará, porque en la intimidad de la oración, os manifestará su gran amor. Y si tenéis deseos de corresponderle, suplicaréis sin cesar que os encienda en el fuego de su mismo amor (Epistolario, 98).

Todos ellos entendieron y utilizaron el simbolismo del fuego para explicar metafóricamente la pasión irrefrenable que nace del amor de Dios. Todos ellos, siguiendo los pasos de Jesús, dedicaron su vida a propagar ese “fuego” que ardía en su corazón, que motivaba sus acciones y que les hacía desear que cada ser humano quedara contagiado por el mismo ardor.

Ese fuego, que arde en el corazón de Jesús y en todos los que le han seguido y le siguen con radicalidad, es la pasión por Dios y por su Reino. Es por tanto, la pasión por vivir como Jesús, compadeciéndose ante quienes han caído por el camino; ofreciendo ternura a quienes necesitan una palabra de ánimo; abriendo las puertas a quienes huyen de un peligro mortal; alargando los brazos para abrazar todas las necesidades y avivando la conciencia de que, al llamar a Dios “Abbá”, “Padre”, quedamos comprometidos a vivir como verdaderos hermanos.

Ese fuego es la llama del Espíritu, de la Ruah Santa, que aviva los corazones de todas las personas que se abren a su Presencia y se dejan transformar por ella.

Nos puede sorprender las palabras de Jesús: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división”. Pero el mismo Lucas, en el capítulo 2, ya había anunciado que Jesús sería fuente de división, “señal de contradicción” (Lc 2,34); y vemos, en muchos de los relatos vocacionales, en los que Jesús invita a su seguimiento, que hacerlo lleva intrínseco romper con la familia y el entorno (5,1-11; 18,18-30), algo extremadamente convulso en la cultura mediterránea del siglo I, en la que el “grupo familiar” y el “yo” no eran dos entidades separadas, sino dos aspectos de la misma condición[1]. Jesús invita a crear un nuevo grupo familiar, una nueva familia humana en torno a su Padre, y eso conlleva dificultades indiscutibles, propias de toda salida de nuestro círculo de confort, de lo conocido, de lo acostumbrado. En el fondo es lo que ya sabemos… si leer el Evangelio no nos deja inquietos tendríamos que preguntarnos qué lectura estamos haciendo del mismo.

Acojamos, por tanto, la invitación a dejarnos quemar por el fuego de Jesús, aquel que puede transformar nuestras propias vidas y nuestro mundo. ¿Qué fuego arde en tu corazón? ¿Qué pasión te embarga? ¿El encuentro con Jesús hace arder tu corazón, como les pasó a los discípulos de Emaús (Lc 24,32)? ¿Hacia dónde te moviliza? Que su fuego arda en nuestras entrañas: https://open.spotify.com/track/6pux1DvWRsVN9VqsfOND2r.

Inma Eibe


[1] MOXNES, Halvor, Poner a Jesús en su lugar. Una visión radical del grupo familiar y el Reino de Dios, EVD, Navarra 2005, 119

Fuente Fe Adulta

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«El silencio es la matriz de la palabra, también para los obispos», por Ramón Baltar

domingo, 14 de agosto de 2016
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tresbisbes-1024x576«Nota de los obispos mal hilada y harto faltona»

«El escrito del escándalo se quedó en un zurcido de frases que enunciadas en modo pontifical resultan más cluecas»

(Ramón Baltar).- Mejor pintarían las cosas no sólo para la ICAR si observaran esta máxima los vocados a anunciar la de Jesús. Por no hacerlo, los dos obispos de Getafe y el de Alcalá acaban de liarla parda atacando la Ley de Protección Integral de la LGTBIFOBIA aprobada por la Asamblea de la Comunidad de Madrid en una nota mal hilada y harto faltona.

Como sus autores no fueron entrenados en el saludable deporte de estirar un poco las neuronas antes de menear la pluma o pulsar el ratón, el escrito del escándalo se quedó en un zurcido de frases que enunciadas en modo pontifical resultan más cluecas. No es cosa ni caso de ponerse en plan exquisito y demandar obispos que sean unos dechados de letras humanas y divinas; pero sí cabe esperar que demuestren dominar el mínimo de las necesarias para evitar ser notados de ilustrisimas mediocridades.

Que andan horros de las humanas lo prueba por ejemplo su acusación de que dicha norma legal contradice la moral natural, ya que como saben hasta los que estudiaron en colegios de pago la moral es creación humana. La llamada ley moral natural por la que supuestamente debemos regir nuestros actos, no es otra cosa que el haz de convergencias éticas gracias a las cuales el género humano adelanta en su intento de convertirse en especie. Así lo declaró el papa emérito, pensador nada heterodoxo.

Y que también de las divinas lo corrobora la descalificación de la ley por entenderla inspirada en una antropología que niega «la unidad de la persona cuerpo-espíritu». Lo cual significa desconocer que la ciencia actual entiende el hombre como unidad psicomática, mientras que la concepción cristiana convencional es dualista al poner el alma por encima del cuerpo. (De aquí toma origen el pensamiento reaccionario.)

Denunciar a la Justicia estos desahogos rinde poco: son malos de tipificar como delitos y permiten a los denunciados presentarse como víctimas del pensamiento único. A cierta tipo de iluminados les pone figurarse mártires.

Fuente Religión Digital

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