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Guido Pozzo: la Fraternidad de San Pío X “ha aceptado” la proposición de una Prelatura Personal

Lunes, 15 de agosto de 2016

lefebvrianos

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La puntilla definitiva al Concilio Vaticano II… Si estos fanáticos integristas vuelven a la Iglesia Católica, está claro que otros tendrán que irse…

A costa de la relativización de algunos documentos del Vaticano II

La oferta de esta estructura canónica “es un gran voto de confianza hacia la FSSPX”

(Cameron Doody).- El superior de la cismática y ultraconservadora Fraternidad de San Pío X (FSSPX), Bernard Fellay, “ha aceptado” la oferta del Vaticano de que este grupo se reconcilie con la Iglesia de Roma bajo la figura de una Prelatura Personal, si bien, para que dicha proposición se haga efectiva, “hay todavía detalles que aclarar”.

Esto es lo que ha revelado esta semana el encargado del Vaticano de las negociaciones con los lefebvrianos -el secretario de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo-, quien además ha explicado que “el núcleo de la discusión” que aún está pendiente “es la cuestión de en qué medida los textos del Vaticano II están en continuidad con el Magisterio constante de la Iglesia”.

Como explicó el arzobispo Pozzo al periódico alemán Die Zeit, el grupo ultra aún tiene “dificultades” con la declaración Nostra Aetate, el decreto Unitatis Redintegratio y la declaración Dignitatis Humanae -documentos todos del Vaticano II- además de “cuestiones respecto a las relaciones del cristianismo con la modernidad”.

Con sus declaraciones, el prelado no revelaba ninguna novedad que no se supiera ya. Lo que sí causa cierto asombro, no obstante, es su afirmación de que los documentos con los que la Iglesia ha concretado su aggiornamento o “actualización” a las realidades del mundo moderno no contienen “dogmas o declaraciones definitivas”.

Al contrario. Según sostiene el arzobispo, la postura que los padres del Vaticano II adoptaron respecto a las relaciones de la Iglesia católica con las otras Iglesias, las otras religiones y el Estado son discutibles, y clarificables, respecto al “reconocimiento canónico” o “grado de aceptación” que requieren, tanto por parte de los miembros de la FSSPX como por la de los católicos que ya están en comunión con Roma.

Como muestra de este proyecto de relativización de la importancia del Concilio Vaticano II -que, en la versión del arzobispo Pozzo, habrá formado parte de las negociaciones de Roma con el grupo ultratradicionalista de la FSSPX- el prelado ha rechazado la interpretación que otorgue a la declaración Nostra Aetate cualquier importancia más allá de la de una colección de “normas prácticas y pastorales”.

Dicha declaración “no tiene ninguna autoridad dogmática, y como tal nadie puede exigir que uno la reconozca como dogmática”. Es más, “esta declaración solo puede entenderse a la luz de la tradición y del Magisterio continuo”, lo cual viene a decir que cualquier lectura de dicha declaración que sostenga que “hay un camino salvífico independiente de Cristo y su Iglesia … es totalmente infundada y tiene que ser rechazada“.

En la opinión del secretario de Ecclesia Dei, tal renuncia, en la Iglesia de hoy, a la doctrina de extra ecclesiam nulla salus“fuera de la Iglesia no hay salvación”– es fruto de un efímero “Espíritu del Concilio” que, además de haber causado mucha “confusión e inseguridad”, sería el culpable directo de que aún no haya unidad entre la Iglesia de Roma y la Fraternidad de San Pío X.

Este “espíritu” de apertura -al cual, cabe señalar, se deben las reformas de la Iglesia católica durante los últimos cincuenta años- no es, para el arzobispo Pozzo, nada más que un zeitgeist“el espíritu de la época”– que, además de haber instrumentalizado, deformado o recortado los mensajes del Concilio y de los papas, “no tiene nada que ver con la Tradición de la Iglesia”.

Y es en este sentido -en el giro necesario hacia que el Vaticano II se deje de interpretar como “un súper dogma pastoral, sino parte de la totalidad de la Tradición y el magisterio constante”- que las discusiones con los lefebvrianos, para Pozzo, están siendo especialmente fructíferas.

La otra faceta del diseño del arzobispo Pozzo para la posible reconciliación de la FSSPX con la Iglesia de Roma es, si cabe, aún más preocupante. El acercamiento a los lefebvrianos habrá pasado, por lo que el prelado ha revelado esta semana a Die Zeit, por una redefinición de los que son “realmente los requisitos esenciales para ser católico”, y eso desde una hermenéutica del “fondo decisivo de la Tradición continua”.

“Nosotros estamos de acuerdo con la Fraternidad”, dice el monseñor Pozzo, “en el principio de que el concilio [Vaticano II] sólo puede ser comprendido con exactitud en el contexto de la totalidad de la Tradición y del Magisterio perenne”. Pero es discutible que las reformas del Vaticano II hacia el diálogo con, y aprecio de, las otras religiones, las otras Iglesias y las sociedades ideológicamente plurales deban ser consideradas como “innovaciones” a la “fe auténtica”, o como “adaptaciones” al espíritu de los tiempos -y por tanto, y según el arzobispo Pozzo, inadmisibles bajo la “hermenéutica de continuidad”- o como un desarrollo natural del depositum fidei.

Pozzo cita al Secretario del Concilio, el cardenal Pericle Felici, y al entonces Secretario del Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el arzobispo Johannes Willebrands, en el intento de rebajar la importancia de Nostra Aetate y los otros documentos “pastorales”y no dogmáticos“- del Concilio.

“Cuando el Papa [Francisco] me nombró de nuevo como Secretario de la Comisión Ecclesia Dei”, también revela Pozzo al semanario alemán, “me instó a dialogar con paciencia, determinación y sin prisa”. De ahí los criterios impuestos por el pontífice -junto con las “relaciones personales” necesarias “para crear un clima de confianza”, y la involucración “en la evangelización y el trabajo caritativo”– por los que habrá que evaluar cualquier futuro acuerdo definitivo con la FSSPX.

“El estilo y la disposición concreta de Francisco ayudan a lograr la unidad entre las personas no sólo para pensar, sino también para aprender”, afirma el arzobispo Pozzo. Es esta insistencia del Papa Bergoglio en la pastoral, la misericordia y la transformación a través del encuentro el que será el único criterio para juzgar hasta qué punto la discusión con los lefebvrianos ha sido “enriquecedora para toda la Iglesia”, como Pozzo pretende que sea.

Fuente Religión Digital

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