“La verdad nos hace libres, el credo súbditos”, por Beto Vargas.
De su blog Dios en minúscula:
La memoria de Jesús no es dogmática
Quien se acerca al nuevo testamento como un manual religioso para el catolicismo del siglo XXI difícilmente puede captar la ironía de tantas de sus expresiones respecto a las autoridades de la época, o la carga de resistencia frente al poder político, religioso y económico del momento en que surge el cristianismo y se expande por el imperio romano. Los evangelios, las cartas de Pablo, el sermón a los hebreos o el Apocalipsis, tienen en muchas de sus páginas expresiones que proponen una contracultura, valores distintos y distantes de los propuestos por Roma, por las élites Judías o por las alucinantes religiones griegas. El más pertinente ejemplo es que en el primer evangelio escrito, por un autor al que llamamos Marcos, en la ejecución de Jesús tenemos a un centurión romano que al verlo morir declara que verdaderamente ese hombre era hijo de dios. Siendo un militar romano debía por mandato practicar la religión imperial y declarar que el César era hijo de dios.
Hoy en día, el catolicismo como religión que se arroga el derecho de considerar suyos aquellos textos y cuyas facciones más conservadoras se deliran opuestas al orden establecido por proferir juicios a diestra y siniestra en todo lo relacionado con la reproducción humana, en realidad es una religión inofensiva para quienes manejan los hilos del poder, irrelevante para quienes crean y usan a su favor las reglas del mercado, e inconsecuente para quienes hacen algún intento de oponerse a la crueldad de «los jefes de las naciones». Si bien el Papa Francisco ha sido uno de los pontífices de los últimos siglos que con mayor vehemencia ha señalado las estructuras que oprimen y despojan de derechos y dignidad a tantos seres humanos en el planeta, hacer ese tipo de declaraciones lo ha convertido en el objeto de odio de una parte de sus hermanos en el episcopado, en el clero y en la feligresía; con lo cual se refuerza el que seamos percibidos como una religión inofensiva, irrelevante, inconsecuente. Y se lo debemos, al menos en parte, a Nicea.
Esa presencia del cristianismo como una fuerza de resistencia a la cultura imperial y de propuesta de valores contrarios o al menos distintos a los proclamados desde Roma venía precisamente de esas formas de predicación y testimonio de las primeras generaciones cristianas, para las que afirmar el mesianismo de Jesús, su condición de hijo de dios, o su entrega salvífica en la cruz, no tenía implicaciones metafísicas ni ontológicas porque aquellas palabras estaban muy lejos de ser parte de su jerga o de sus preocupaciones, sino que tenía implicaciones directas sobre su cotidianidad, su forma de ser parte de la sociedad, y su forma de acercarse a los otros y vincularse con ellos.La memoria de Jesús no es dogmática, mucho menos filosófica, es comunitaria y sacramental. Al señor resucitado lo vemos en las hermanas y hermanos con quienes compartimos la vida y partimos el pan.
Llegado el tiempo en el que se convoca el concilio de Nicea – un concilio organizado desde las élites imperiales – ya el cristianismo había salido de las catacumbas y se había convertido en una especie de sociedad paralela con incidencia en esas élites. Fue entonces cuando disminuyó el ímpetu evangelizador y aumentó el afán político y el complejo intelectual. En estas clases dominantes había una fascinación por las escuelas y corrientes filosóficas, por las discusiones y debates argumentativos, por las doctrinas de aquella «religión altamente intelectualizada» como llamaba Jaeger a la filosofía griega. Y el cristianismo, que había surgido contando historias de semillas y de lámparas, de ovejas y tesoros, de un mesías esclavo, que lavaba los pies de sus discípulas y discípulos, no tenía credenciales para aspirar a convertirse en una corriente realmente relevante en el imperio, a menos que todo su discurso tuviera las características que fascinaban a las gente importantes del imperio. Y así lo hicieron.
Décadas de discusiones filosóficas sobre los títulos de Jesús, su naturaleza, su origen/no origen, o la lógica de su obra salvífica fueron mutilando paulatinamente la fuerza transformadora de la buena nueva en un articulado que distrajo la atención de los recién inventados teólogos católicos por los próximos 17 siglos. Las palabras del Centurión romano ya no implicaban ninguna amenaza para el poder imperial porque habían sido elevadas a un plano en el que no se contradecían con la realidad política.Pero además, desde allí la validaban y la canonizaban. Aunque con un par de reveses, a la vuelta de unos años el imperio ya no perseguía cristianos, sino que los fabricaba por la fuerza y con ello legitimaba su poder como algo dado desde el cielo. De modo que entre la predicación cristiana y el credo no solamente no hay un avance en la profundización del misterio, aunque les guste decir eso a los teólogos del dogma, sino que en efecto hay una desactivación de todo aquello que en el evangelio pudiera ser percibido como una forma de resistencia, como una propuesta de transformación, como un intento de dios por hacerlo todo nuevo.
Poco importaba entonces lo que Jesús habría dicho sobre lo que hacen los «Jefes de las naciones» porque pronto cristo sería convertido en rey (ya no crucificado sino entronizado), pantocrátor, engendrado y de la misma naturaleza que el padre. Y poco importaba ya que Jesús hubiera llamado «hipócritas» a los jefes religiosos, porque ahora lo crucial es que los jefes religiosos afirmen la «hipóstasis». El evangelio fue proclamado como una fuerza de liberación, que ponía a los cristianos en una actitud distinta frente a la ley religiosa de la religión madre, frente a las formas de relación y valores de la cultura del imperio, frente a las concepciones de ser humano de las mitologías. El Credo, por su parte, los devolvía a la obediencia, desplazando hacia la metafísica todo lo transgresor de Jesús, y elevando hacia los cielos todo lo que había sido predicado para transformar la tierra. Si la verdad nos hace libres, el credo de Nicea nos hizo súbditos de nuevo.Hoy, que son tiempos de tiranos, de jefes de las naciones que están exterminando, segregando y oprimiendo, y que a la vez el catolicismo se reviste de nostalgia para celebrar 17 siglos ya de aquellos primeros momentos en los que se hizo relevante como religión mayoritaria para el mismo poder contra el que hablaron los profetas y los apóstoles, no habría mejor celebración que hacer lo necesario para volver a ser una fe peligrosa desde la paz y la alegría: ofensiva desde la bendición de los simples y los pequeños, relevante desde la transformación de las formas de convivir y practicar la solidaridad y consecuente en que se disuelvan todas las estructuras que hacen que nos parezcamos tanto a eso que Jesús nos pidió nunca ser.
Leído en su blog:
«Me alegra que ahora nadie pueda cuestionar el hecho de que nuestro hijo es nuestro hijo«, dijo una de las madres.
Una organización estudiantil judía de una universidad católica se vio obligada a cancelar su evento LGBTQ+ tras recibir mensajes de odio, según informa
Melissa Calhoun ejerció la docencia en el distrito durante 11 años. LinkedIn
Entiendo que podemos considerar la eutanasia como un autocidio, pero ni un suicidio ni un homicidio. El poder del Estado tiene el derecho y el deber de liberar el sufrimiento del Pueblo enviando a la juventud a una muerte segura. Muerte, o por suicidio (por fracaso emocional o desesperación), o por homicidio legal (matar al enemigo). Tal vez ambos con decoraciones. La guerra Rusia-Ucrania ya se ha cobrado a fecha del 23 de febrero de 2025, entre 167.194 y 234.669 hombres, según el bando. Unos 30 mil civiles (homicidios, ciertamente; suicidios también, pero ningún autocidio puesto que nadie quería la muerte propia ni la ajena). Dejemos a un lado la cantidad exacta, pero la edad se encuentra entre los 18 y 30 años. Una generación. Y, no ocurre nada. ¡¡¡Todo por la paz!!! Y pienso que ocurren muchísimas cosas: El suicidio como fracaso y el homicidio como venganza son dos actos inhumanos: No humanizan ni mucho menos. Y más cuando se sabe que las guerras son “negocio”… a pesar de que la Constitución del Estado Español, específicamente en el artículo 30, expone que “los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”, esto plantea la cuestión ¿qué ciudadanos serán recluidos en caso de un conflicto armado que debiera participar? Y sin olvidar nunca que en las guerras actuales se matan a las generaciones del futuro. Y no se les consulta, sino todo lo contrario. Un derecho del poder del Estado a enviar a una muerte segura.
De su blog Umbrales de Luz:
Giuseppe Notarstefano
Cardenal Matteo Zuppi





En Francia, como en el resto del mundo, los cristianos escudriñan con incredulidad los vuelcos surrealistas de la coyuntura mundial: ¿Ante las derivas actuales, qué resistencia esperar?

Dillon como monje [Colección privada de Liz Hodgkinson]
Roberta Cowell [Independent.co.uk]
“

John Kammrad, de 19 años, (en la foto) fue acusado de agresión con agravantes, lesiones corporales graves, agresión con agravantes en un lugar público, disturbios y otros, según 
La publicación de hoy es de Terry Gonda (ella), católica de toda la vida y directora espiritual. Ella y su esposa, Kirsti Reeve, son ministras de música en su parroquia jesuita en Detroit. Anteriormente, Gonda sirvió durante 36 años como directora musical en una parroquia universitaria antes de ser despedida por la Arquidiócesis por casarse legalmente con Kirsti. Con raíces en la espiritualidad ignaciana y la sabiduría de los místicos, ahora codirige una comunidad católica laica —formada a partir de los restos de su antigua parroquia—, basada en la sinodalidad, la acogida radical y el acompañamiento espiritual. Su historia aparece en
Concilio de Jerusalén
“Belonging Beloved” by Jamal Adams
Pastora Serena Rice
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