No aproximarte al que te necesita, es alejarte del verdadero Dios.
DOMINGO 15 (C)
Lc 10,25-37
Solo Lucas narra esta parábola del “buen samaritano”. Como todas, no necesita explicación. Lo único que exige es implicación. El oyente tiene que tomar partido después de oírla. Si no lo hace, la narración carece de sentido. Se nos invita a descubrir una manera nueva de ser religioso, siendo más humanos. La relación directa con Dios es imposible y engañosa.
La pregunta, ¿quién es mi prójimo?, presupone que puede haber alguien que no lo es y tendría que amar solo al que lo es. La pregunta presupone que el ser o no ser prójimo depende de alguna circunstancia externa. Esta es la trampa. Debo aproximarme a todo el que me necesita. Si no lo hago estoy fallando a Dios y a mi propio ser.
El relato es típico de la literatura oriental, pero los personajes implicados en él, lo convierten en provocador. Para el sacerdote y el levita, lo primero era Dios y la Ley. Para el samaritano, lo primero era el hombre. El hereje, el idólatra, el impuro, odiado precisamente por no ser religioso, no está sujeto a normas externas, lleva la ley en el corazón.
Desde que tenemos noticias, se ha entendido a Dios como un Ser separado con el que podemos relacionarnos directamente. Ese Dios impone su santa voluntad a las criaturas dando leyes y preceptos puntuales. La verdad es que Dios no tiene voluntad. Ese dios antropomórfico es solo una creación nuestra. El verdadero Dios no dio a nadie ley alguna.
Lo que llamamos voluntad de Dios es la misma realidad de las cosas que las constituye en tales. Desplegar esa esencia es lo que Dios espera de cada realidad. En el hombre se complica porque puede no desplegar su verdadero ser y en lugar de actuar como ser humano puede actuar como un ser inhumano y deteriorar su verdadera naturaleza.
La luz es impensable sin una materia sobre la que se reflejen los fotones. Los espacios intersiderales son inmensos vacíos en absoluta oscuridad, aunque los fotones los traviesan. Esto pasa con Dios, no se le puede ver más que reflejado en las criaturas. La conclusión es clara: No puedo pensar en un Dios al margen de la creación, porque sería un ídolo.
Solo descubriendo la luz que se refleja en mi propio ser, estaré capacitado para verla en los demás. El Dios que descubro en mí, es el mismo que debo descubrir en los demás. Si me doy cuenta de lo que soy en el Todo, veré al otro insertado en el Todo. Si creo que soy una mónada aislada, veré al otro como opuesto a mí y no encontraré motivos para amarlo.
Yo, separado del creador y de las demás criaturas, no soy nada. Lo que constituye mi ser y lo que constituye el ser de los demás, es la misma Realidad, Dios que está fundamentando mi propio ser y el de los demás. Por tanto, no puedo ir en contra de los demás sin ir en contra mía. El día que descubra lo que soy, habré dado un paso hacia el verdadero amor.
El prójimo está siempre ahí. Descubrirlo depende solo de ti. Cuando te aproximas a otro para ayudarle, lo conviertes en próximo. Al hacer a uno prójimo, te estás acercando a Dios. Cada vez que pones al otro en el centro, te acercas a la plenitud de humanidad.
Siempre que das un rodeo para pasar de largo ante el dolor ajeno, te estás alejando de ti mismo y de Dios. La religión que permite vivir ignorando a los demás será siempre falsa.
Fray Marcos
Fuente Fe Adulta
Lc 10, 25-37
Lc 10, 25-37
Comentario al evangelio del domingo 13 julio 2025
Del blog de Tomás Muro la Verdad es libre:
De su blog Fe y Vida:
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa cristiana):
En los veintisiete kilómetros que separan la capital de la ciudad de Jericó, con un desnivel de mil metros en el rocoso desierto de Judá, se viaja en caravana para no caer en manos de los salteadores.
No seamos hipócritas: nosotros habríamos hecho lo mismo. Nosotros también.
En cambio, un samaritano.
No puede resolver todos los problemas.

La publicación de hoy, segunda parte de una serie de dos partes sobre la peregrinación LGBTQ+ para el Año Jubilar, está a cargo de la colaboradora invitada 
Mary Trump | Captura de pantalla
Molly Sprayregen
En su cruzada tránsfoba, la Fachosfera ha vuelto a sacar bajo palio a pasear a esta señora que muestra, simplemente su opinión personal pero que sirve a la persecución Terfa contra las personas Trans…


De su blog
En el monasterio, la llegada de huéspedes es una bendición divina: el portero los acoge con las palabras «Deo gratias» o «Bénedic«, con mansedumbre y temor de Dios; con estas fórmulas, San Benito indica que es el forastero quien llama a la puerta para bendecir al monje. A continuación, se rodea al huésped con el abrazo del rito, mediante una verdadera liturgia de la hospitalidad: el superior y los hermanos se reúnen con el huésped, rezan juntos, se intercambia el signo de la paz con un beso; primero se parte el pan de la oración con el huésped, llevándole al oficio divino de la comunidad, después se sientan con él, escuchando juntos la lectura de las Sagradas Escrituras. A continuación se le lavan las manos y los pies, de lo que se encarga el abad de la comunidad. Después rompen el ayuno –los hijos del Esposo no pueden ayunar mientras el Esposo está con ellos (Marcos 2, 18-22)- y cantan juntos: «Hemos recibido, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo» (Salmo 47). Parece un juego de las partes, pero no es el pobre el que se beneficia de la hospitalidad, sino toda la comunidad implicada, porque recibe la misericordia del Señor. Como se puede imaginar, se trata de un verdadero compromiso que cuesta esfuerzo, en términos de tiempo y de medios materiales. San Benito era muy consciente de que siempre había que estar preparado: los forasteros y los huéspedes podían aparecer de improviso y, además, ser numerosos. Y no eran necesariamente buenos cristianos, bien vestidos y admiradores del canto gregoriano.
«Esto es precisamente lo que hizo San Benito» – decía el Papa Francisco a los participantes en la conferencia (Re)thinking Europe de 2017 – «No le importó ocupar los espacios de un mundo perdido y confuso. Sostenido por la fe, miró más allá y desde una pequeña cueva de Subiaco dio vida a un movimiento contagioso e imparable que rediseñó el rostro de Europa«. En esta obra fue verdaderamente un mensajero de la paz, un realizador de la unidad y un maestro de la civilización. En una carta escrita en recuerdo del 10º aniversario de su visita a Lampedusa, escribía: «en estos días en que asistimos a la repetición de graves tragedias en el Mediterráneo, nos estremecen las masacres silenciosas ante las que aún permanecemos impotentes y atónitos. La muerte de inocentes, principalmente niños, en busca de una existencia más serena, lejos de las guerras y la violencia, es un grito doloroso y ensordecedor que no puede dejarnos indiferentes. Es la vergüenza de una sociedad que ya no sabe llorar y compadecerse de los demás«.

La prisión de Evin fue atacada por un ataque aéreo israelí (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)
Vista exterior de un edificio de oficinas de la prisión de Evin, destruida durante los ataques israelíes en el norte de Teherán, Irán, el 1 de julio de 2025. (Foto de Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)
Vista interior de un hospital en la prisión de Evin, destruido durante los ataques israelíes en el norte de Teherán, Irán, el 1 de julio de 2025. (Foto de Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)
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