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«La preocupante teología intemporal de nuestros obispos», por José Mª Castillo

jueves, 21 de julio de 2016
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relojes-blandosHace unos días, se ha hecho público un documento de la Comisión de la Doctrina de la Fe, de la Conferencia Episcopal Española, que presenta lo que piensan (y quieren enseñar) los obispos españoles sobre “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”. Según parece, no todos nuestros obispos están de acuerdo con el contenido de ese texto. Pero el hecho es que el documento se ha dado a conocer “oficialmente”. Lo que ha provocado las lógicas e inevitables reacciones que se suelen producir en estos casos. Desde quienes han elogiado el escrito de la Conferencia Episcopal, hasta los que han lamentado la falta (o debilidad) de una más clara y fuerte dimensión profética o la ausencia de la debida sensibilidad ante el sufrimiento de los pobres.

Por supuesto, en un documento que no es, ni puede ser, una “definición dogmática”, los cristianos podemos (y debemos) sentirnos libres para expresar nuestro punto de vista, e incluso nuestro desacuerdo, en aquellas cuestiones que no lesionen la fe de la Iglesia, sino que, por el contrario, veamos que se trata de cuestiones importantes que pueden fortalecer la fe y la vida cristiana.

Pues bien, supuesto lo dicho, es comprensible que haya quienes echan de menos, en este documento episcopal, el hecho de no destacar la misión profética de Jesús, que tan ampliamente explican y repiten los evangelios. Y quizá más chocante resulta, que, en un país y en una situación en la que el sufrimiento de los pobres se palpa escandalosamente, nuestros obispos no hayan aprovechado la oportunidad que les proporciona ahora mismo hablar y actualizar la misión de Jesús como “salvador” y como “esperanza” precisamente para los que más sufren entre nosotros.

Pero siendo muy cierto lo que – a mi limitado y corto entender – acabo de indicar, me parece que, en este documento episcopal, se advierte algo que resulta mucho más preocupante, por más que, a primera vista, mucha gente quizá no lo advierta. Me refiero a lo siguiente: este escrito sobre Jesucristo, como Dios y como Salvador del mundo, se podría haber escrito hace más de cincuenta o sesenta años, y (menos las indicaciones a ciertos teólogos o papas de los últimos años) tendría la misma actualidad entonces que ahora. Concretamente, en cuanto se refiere a los temas centrales de la “Salvación” y de la “Esperanza”, que son los pilares del documento, en él se repite, una vez más, lo que ya oía yo en mis lejanos tiempos de estudiante de teología, allá por los años 40 y 50 del siglo pasado. Estamos, pues, donde estábamos. El tiempo corre, todo cambia. Todo, menos la teología. Y si la teología, en temas tan fundamentales, sigue estancada, eso nos viene a decir que es la Iglesia jerárquica y docente la que se quedó atascada en un tiempo, unos problemas y unas soluciones que ya no interesan a casi nadie. ¿Y nos extraña que haya gente que se aleja de la Iglesia?

El fondo del asunto, me parece a mí, está en que la cristología (el tratado de la teología que estudia a Cristo) no ha tenido debidamente en cuenta una cuestión capital y, por tanto, indispensable. El “saber cristológico no se constituye ni se transmite primariamente” en determinados conceptos, ideas o especulaciones, sino en los relatos de “seguimiento de Jesús” (J. B. Metz). Es decir, los primeros discípulos y apóstoles, de los que nos hablan los evangelios, no aprendieron cristología oyendo conferencias y estudiando libros, sino “viviendo con Jesús y como vivió Jesús”. Según el Evangelio, quienes no renunciaron a todo, cargaron con su cruz y se fueron con Jesús, pasando miedo y carencias, mucha escasez, y afrontando la conflictividad que afrontó Jesús, quienes no fueron capaces de eso, no se enteraron de quién era Jesús, ni tuvieron idea de lo que Jesús quería, ni – por tanto – pudieron ser cristianos, al menos de forma incipiente.

Y es que Jesús no fue primordialmente un “dogma”, sino un “ciudadano” galileo, un ser humano, que vivió entre las gentes de su pueblo, con los problemas que tenían aquellas gentes. Y así, en la cercanía y la convivencia, enseñó quién es Dios y cómo es Dios. Más aún, en su vida y en sus obras, pudimos descubrir a Dios, ver a Dios, palpar la presencia del Dios que puede dar sentido a nuestras vidas. Y así, nos aporta “salvación” y “esperanza”. Dicho de la forma más clara y sencilla posible: Dios no se nos dio a conocer primordialmente en un “dogma”, sino en su Hijo, despojado de toda dignidad, incluso la divina, y viviendo como un “esclavo” (Fil 2, 7). Jesús, despojándose de toda dignidad, nos pudo dar a conocer a Dios. O sea, desde lo humano, “lo ínfimamente humano”, nos dio a conocer lo que los humanos podemos conocer de Dios.

Cuando la teología resulta ser una “teología intemporal”, que puede ser igualmente válida parta cualquier tiempo y situación, semejante teología se incapacita para presentarse como la revelación de Jesús, el Hijo de Dios, que nos reveló y nos sigue enseñando dónde y cómo podemos y debemos encontrar al Dios y Padre de la misericordia, de la justicia y de la bondad. Es el Jesús que nos dice cómo ahora, en el momento que vivimos, podemos y debemos encontrar la Buena Noticia, el Evangelio que nos hace más humanos y más creyentes.

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El Papa decreta la expulsión de los obispos que oculten casos de abusos sexuales

domingo, 5 de junio de 2016
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abusos-cruz_560x280El motu proprio ‘Como una madre amorosa’ reforma el Código canónico

La Santa Sede echará a los eclesiásticos que omitan actos que hayan provocado daños a otros

Entre las denominadas ‘causas graves’ se incluye la negligencia de los obispos

El papa Francisco ha decretado la expulsión de aquellos obispos que muestren un comportamiento negligente u oculten información en relación con los casos de abusos sexuales hacia menores o adultos vulnerables. La Santa Sede publicó hoy el motu proprio (documento papal) «Como una madre amorosa» con el que se refuerzan los artículos del Código de Derecho Canónico en los que se estipula la posibilidad de expulsar a un eclesiástico por «causas graves».

«Con el presente documento pretendo precisar que entre las denominadas ‘causas graves’ se incluye la negligencia de los obispos en el ejercicio de sus funciones, particularmente en relación con los casos de abusos sexuales a menores y adultos vulnerables», señala el pontífice.

El Código de Derecho Canónico establece en su artículo 193 que «nadie puede ser removido de un oficio conferido por tiempo indefinido, a no ser por causas graves». El documento presentado este sábado por el papa Francisco consta de cinco artículos y en el primero de ellos se señala que aquellos con responsabilidad en la Iglesia «pueden ser legítimamente retirados de su cargo si, por negligencia, haya omitido actos que hayan provocado daños a otros».

Estos daños pueden referirse a personas físicas o a la propia comunidad y el perjuicio podrá ser «físico, moral, espiritual o patrimonial». El obispo puede ser retirado solamente si haya fallado objetivamente de manera muy grave a sus responsabilidades pero, en el caso de que se trate de abuso a menores, «es suficiente que el fallo sea ‘grave». En el segundo y el tercer artículo de esta reforma, el papa aborda el proceso mediante el cual un obispo podrá ser suspendido de su cargo.

En los casos en los que se den «serios indicios» de un comportamiento negligente, las congregaciones competentes de la Curia Romana podrán dar inicio a una investigación, avisando previamente al sujeto estudiado, a quien se le concederá la posibilidad de defenderse. Una vez se alcance una sentencia y se considere oportuna la suspensión del obispo, la Congregación podrá optar, «en base a las circunstancias del caso», si publicar «en el tiempo más breve posible» el decreto de suspensión o invitar al obispo a presentar su renuncia.

El obispo contará con un plazo de 15 días para presentar su renuncia y, si no se pronuncia en dicho plazo, la Congregación emitirá entonces el decreto de suspensión. En cualquier caso, la decisión de la Congregación deberá ser sometida a la aprobación del pontífice quien, antes de asumir una decisión definitiva, convocará un Colegio de juristas.

En el documento Francisco señala que la Iglesia ama a todos sus hijos pero «cura y protege con un afecto muy particular a los pequeños e indefensos», como los niños o los adultos vulnerables. Esta reforma entrará en vigor a partir de mañana, una vez sea publicada en la gaceta oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano.

Nota del P. Lombardi sobre la Carta Apostólica «Como una madre amorosa»

La Carta Apostólica insiste en la importancia de la atención vigilante a la protección de los niños y adultos vulnerables, que requieren «una particular diligencia».

Por eso precisa que entre las «causas graves» que justifiquen la remoción de los cargos eclesiásticos, también de los obispos, se encuentra la negligencia en relación con los casos de abuso sexual de menores de edad o adultos vulnerables.

Se trata de una ley que establece un procedimiento que debe seguirse para la aplicación de un artículo que se encuentra ya en el CIC y el CCOO (CIC 193§1, CCOO 975§1)

No se trata de un proceso penal, porque no se trata de un «delito» llevado a cabo, sino de casos de «negligencia» por parte de los obispos o superiores religiosos.
La «investigación» en casos de negligencia corresponde a las congregaciones competentes, que son cuatro:

Obispos
Evangelización de los Pueblos
Iglesias orientales
Institutos de vida consagrada y Sociedades de Vida Apostólica

No está llamada en causa la Congregación para la Doctrina de la Fe, porque no se trata de los delitos de abuso, sino de negligencia en el cargo.

En las congregaciones ya se encuentran oficinas disciplinarias o similares.

Hay que tener en cuenta dos puntos:

– La falta de diligencia también puede exisitr «sin grave culpa moral» del Obispo (art 1§2.).

– Para la remoción, en el caso de abuso de menores «, es suficiente que la falta de diligencia sea grave» (art.1§3), mientras que en otros casos se requiere una falta de diligencia «muy grave» (art.1§2) .

Por tratarse de decisiones importantes sobre los obispos, la aprobación específica depende del Santo Padre. (Esto no es nuevo).

Nuevo sin embargo, es el establecimiento de un «colegio de juristas» que asistirá al Santo Padre antes de tomar una decisión definitivas. Se puede prever que dicho colegio esté formado por cardenales y obispos.

Nota: Tratándose de una normativa sobre procedimientos no se plantea la cuestión de retroactividad o menos porque existía ya la ley sobre la posibilidad de remoción «por causas graves». A partir de ahora el procedimiento para la aplicación del art. 193§1 es el establecido.

Fuente Religión Digital

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«Cuando los obispos se convierten en un problema», por José Luis Ferrando

viernes, 15 de abril de 2016
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los-obispos-espanoles-con-el-papaLeído en su blog Asomado a la ventana:

«Nadie pide obispos perfectos, pero tampoco que se crean que lo son por defecto»

«Demasiado despacho y poca calle alejan al Pastor de sus ovejas. Demasiado calle y poco despacho pueden convertirle en un populista sin fundamento. Demasiado despacho y poca capilla hacen de ese obispo un funcionario de lo sagrado»

(José Luis Ferrando).- Uno de los procesos más opacos en nuestra Iglesia Católica es la elección de obispos. La nominación episcopal significa entrar en una terna. Una vez que el nombre se encuentra en la misma, a continuación vienen los informes secretos.

Aunque a veces la gente «canta» y pasa de las terribles condenas anunciadas por revelar el secreto pontificio. Las anticipaciones de los nombramientos son clamorosas. Después un dedo señala al candidato y, finalmente, previa aceptación por parte del mismo, la proclamación pública. No obstante, durante el proceso pueden tener lugar interferencias de todo tipo. Por eso nunca se sabe…Los hombres de Iglesia, a pesar de las espinilleras, no están exentos de zancadillas. La discreta llamada de Nunciatura marca el final del proceso antes de la aceptación. En cualquier caso, esta elección es para siempre. Y esto, algunas veces puede convertirse en un problema.

En cada país, corresponde al Nuncio Apostólico realizar esas tareas electivas, «pastorear» y gestionar los problemas que puedan plantear los obispos. No es una tarea fácil. Acertar en la elección, a pesar de los filtros, es una lotería, y el error puede ser nefasto. ¡Demasiadas horas extras para el Espíritu Santo!.

Y, en cuanto al «pastoreo» de los obispos, en la España actual estamos asistiendo a una lista, más o menos amplia, dependiendo de los observadores, de obispos problemáticos. Unos por razones ideológicas, otros por comportamientos imprudentes de todo tipo o fallidos, y algunos por ser incompatibles con las tendencias eclesiales actuales. Sin olvidar a algunos que baculizan con tanta voracidad que parecen que se han tragado alguna «paloma» con plumas incluidas. Alguno se «enroca» en su palacio.

Evidentemente los hay muy buenos: pastores e inteligentes servidores de la Santa Madre Iglesia, que han estado marginados en estas últimas décadas. Conozco personalmente la calidad y la valía de alguno de ellos sin grandes títulos, pero muy ovejero; mientras que otros con «titulitis crónica» parecen grandes señores venidos a menos, con unas formas y discursos absolutamente rancios. Me precio de haber compartido, en tiempos jóvenes, campamentos de verano con un par de obispos actuales. Y alguna que otra reunión y charla con alguno más. No quiero citar nombres de problemáticos, porque no me gusta tocar de oído, pero en la mente de los lectores seguro que tienen algunos ejemplares. De todos modos, resulta cada vez más difícil aplicar el método patentado clericalmente que se define con el latinajo «promoveatur ut removeatur», a saber: que alguien sea promovido a un puesto más elevado para ser removido de su actual puesto. En los casos episcopales es muy complicado actualmente por razones obvias: todo se sabe.

De todos modos, si se acierta en la elección, el «para siempre» es saludable. Pero lo contrario puede convertirse en una eternidad para el Pueblo de Dios, que se preguntará: ¿qué hemos hecho para merecer este castigo? Por eso, hoy más que nunca, los analistas de la documentación de los candidatos aspirantes a la mitra hacen las valoraciones con temor y temblor. Muchos informes pueden estar cargados de amistad interesada o por haber cerrado los ojos ante realidades cuestionables. No dudamos de la sinceridad y buena voluntad de los informantes, que pueden estar consciente o inconscientemente condicionados. No les arriendo la ganancia ante esta responsabilidad eclesial. Tampoco estaría mal que, por medio de los Consejos Parroquiales, el pueblo de Dios llano, pudiera emitir alguna opinión para hacer creíble aquello: «consultado el pueblo de Dios«. Al menos en la Parroquia o lugares donde haya ejercido su ministerio. Ni olvidemos el «sensus fidei». Hoy, tenemos medios para que esto pueda hacerse con garantías.

En estos momentos, sin embargo, la tarea no sería tanto tapar los agujeros episcopales que existen en nuestras diócesis, sino ahondar en el «perfil» del obispo, pero sobre todo en el contenido de su ministerio. Vivimos tiempos de cambio. Demasiado despacho y poca calle alejan al Pastor de sus ovejas. Demasiado calle y poco despacho pueden convertirle en un populista sin fundamento. Demasiado despacho y poca capilla hacen de ese obispo un funcionario de lo sagrado. Demasiada capilla y poca calle le sitúan fuera de la realidad. Una buena y equilibrada dosis de estas tres dimensiones (Capilla, Despacho, Calle) pueden dar con el perfil adecuado. Añadiendo a esto, presencias y talantes fraternos y cercanos. La cruz en el pecho no debería alejar, sino acercar. Y mucho sentido común. No desearía que fuera verdad, aquello que decía un profesor mío: «Meno la testa pensa, più presto arriva l´excellenza» (cuanto menos piensa la cabeza, antes llega el Excelencia).

Nadie pide obispos perfectos, pero tampoco que se crean que lo son por defecto. Ni tampoco que el pueblo de Dios les pidamos lo que son incapaces de darnos, pero sí lo que el Señor les pide para servir con su carisma propio a la Iglesia. En estos momentos se está, sin duda, preparando un cambio generacional de prelados ovejeros. De ahí la prudencia de la Roma actual en los nombramientos.

Fuente Religión Digital

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Cristo, de nuevo crucificado: «Las pastorales de la transfobia de los obispos de Alcalá y Getafe», por Carla Antonelli

jueves, 24 de marzo de 2016
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tresbisbesJuan Antonio Reig Plá, Joaquín María López de Andújar y su auxiliar José Rico Pavés

«Aquel mismo día Herodes y Pilato se hicieron amigos…»
Lucas 23, 12

No he podido más que acordarme de este hecho que cita Lucas al narrar la Pasión de Jesús. Es ya intolerable que esta gente despiadada se permita el lujo de pisotear derechos, incitar al odio y profanar la Semana Santa con sus palabras que rezuman el desprecio hacia las personas LGTBI más vulnerables. ¿De qué sirve que Francisco module el gesto y sus palabras hacia las personas LGTBI si dos de sus obispos escupen de esta forma sobre el rostro de Cristo en estos días de Pasión y llaman a desobedecer las leyes civiles?. Estos señores no pueden permanecer ni un minuto más en sus puestos, de lo contrario, Francisco, serás cómplice de su Homofobia… de nada servirá que te arrodilles a lavar los pies de nadie…

La Iglesia vuelve a atacar. Los obispos de Getafe y Alcalá de Henares, Joaquín María López de Andújar y Juan Antonio Reig, respectivamente, han tachado de un «hecho grave» la aprobación de la ley madrileña para la plena integración de los transexuales, legislación que ven «en esencia», «injusta«, por lo que «a nadie obliga en conciencia«. Ambos obispos, junto con el obispo auxiliar de Getafe, José Rico, han hecho este pronunciamiento a través de unas reflexiones pastorales remitidas a los medios de comunicación después de que el pleno de la Asamblea de Madrid aprobase con la abstención del PP y los votos a favor de PSOE-M, Podemos y Ciudadanos la pasada semana una ley que busca la «plena integración social de las personas transexuales».

antonelli_carla«Las pastorales de la transfobia de los obispos de Alcalá y Getafe»,
por Carla Antonelli

Que dos obispos hablen de esta ley como -pensamiento ideologico y totalitario- tal como se ha escrito la historia de la humanidad los últimos dos mil años, no deja de ser paradójico y artero.

Una vez más, ha sido en Semana Santa. Todos recordamos cómo un viernes santo el obispo Reig Pla, de Alcalá de Henares, en directo por TVE, ante una primera fila de niños que no entendían lo que decía, afirmó que los homosexuales «se corrompían y prostituían en club de hombres nocturnos».

Ante la perplejidad y asombro leo una carta de los obispos de Getafe y Alcalá de Henares de Madrid, contra la Ley Integral de Transexualidad aprobada por la Asamblea el pasado 17 de marzo, que solo rezuma odio, intolerancia y desprecio social hacia las personas transexuales y sus derechos fundamentales. Colectivo que históricamente ha sido y es discriminado en todos los ámbitos sociales, habiendo aumentado alarmantemente las tasas de ataques violentos por razón de su identidad de género.

Cuestión que, en un primer momento, da lugar a pensar que quienes dicen defender el amor y respeto al prójimo habrían celebrado con satisfacción que esta normativa entrará en vigor al día siguiente de que sea publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid. Hecho que provoca estupor después de leer la misiva del obispo de Alcalá de Henares y el de Getafe, ya que parece que el arzobispo de Madrid se ha negado a rubricarla. Aunque de la consternación pasas a la conclusión de que no son dignos representantes de la doctrina de su magisterio.

Pero entrando en materia en cuanto al texto legislativo se refiere, ya sean los firmantes de «las reflexiones pastorales» genuinos o falsarios, habría que recordarles que en la Tierra están sometidos al Imperio de la Ley del hombre y no de lo divino, por lo que hacer un seudo-llamamiento al incumplimiento de la normativa ya en sí es un hecho delictivo, donde dicen que es una «ley injusta y que, por tanto, a nadie obliga en conciencia». Por otro lado, decirles igualmente que vivimos en un estado aconfesional y que sus pretensiones son una gravísima injerencia de la Iglesia en las cuestiones legislativas del Gobierno Autonómico de la Comunidad de Madrid.

Tampoco ahorran en calificativos, desde «marxistas liberales, ecología idolátrica y fragmentada, pornificación de las relaciones personales y de la cultura, sexualidad sin verdad, usurpación deliberada de la filiación natural de los niños, manipulación hormonal, amputación y extirpación de órganos sanos, reasignación de la identidad personal, realidad virtual sustitutiva», hasta su sorprendente conclusión de que las personas transexuales no podemos afirmar nuestra identidad sobre el que llaman «sexo biológico». Hecho llamativo, ya que en otra parte piden para sí mismos espacios de «justicia y libertad», una más de las paradojas conceptuales de la Iglesia, el arte de la afirmación y negación en un mismo principio para producir el desconcierto.

Hay varias cosas llamativas en el texto. Una es la cantidad de improperios y rienda suelta a un odio desmedido con el que trufan la carta de principio a final, y lo burlesco que es que digan hacerlo desde el «respeto». La otra es su profundo distanciamiento de los problemas y de la realidad cotidiana de las personas, su falta de empatía y desconexión total de los rasgos inherentes del ser humano, como es la solidaridad con quienes sufren y lo están pasando mal.

Ya lo ha dicho el papa Francisco, en varios ocasiones, invitando a la curia a que salgan de sus palacios, riquezas y boatos, aunque parece que todavía muchos se aferran a su jaula de oro inconexa de la realidad.

Aunque lo realmente alarmante en toda su proclama es la retórica de la incitación al odio hacia las personas transexuales, en su punto número doce hace un llamamiento y apelan a la «emergencia cívica de los católicos» a no mirar hacia otro lado con esta ley porque si no estarían «pecando de omisión». Con lo que la Fiscalía tendría que actuar de oficio, ya que una vez más nos han marcado con la estrella de David, y ahora solo hace falta que vengan a por nosotras y nosotros.

Por último, destacar que hacen especial hincapié que esta norma es fruto de «un pensamiento ideológico y totalitario». Contestarles que no, que esta Ley es fruto del trabajo y consenso de los colectivos transexuales de la Comunidad de Madrid, de sus demandas y problemas de discriminación añadida diaria al resto del tejido social. Pero que dos obispos hablen de esta ley como -pensamiento ideologico y totalitario- tal como se ha escrito la historia de la humanidad los últimos dos mil años, no deja de ser paradójico y artero.

Carla Antonelli
Diputada del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid y Activista transexual

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El Observatorio contra la LGBTFOBIA condena la infame Carta de los obispos de Getafe y Alcalá de Henares y la pone en conocimiento de la Fiscalía especializada en Delitos de Odio.

hqdefaultEl Observatorio Español contra la LGBTFOBIA (STOPLGBTFOBIA) hace una dura condena sin paliativos de la Carta destinada a sus feligreses difundida por los obispos de Getafe (Joaquín María López de Andújar y su auxiliar José Rico Pavés) y el obispo de Alcalá de Henares (Juan Antonio Reig Plá), donde arrementen contra la recientemente aprobada Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación” el pasado 17 de Marzo en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, y la consideran “injusta y no obliga en consecuencia”.

“Desde el Observatorio Español contra la LGBTFOBIA estamos consternados, insultados y humillados con esta grave injerencia y acusación por parte de la Jerarquía Católica en la Comunidad de Madrid. Consideramos que se trata de un infame discurso del odio, que fomenta la exclusión, la discriminación y la injusticia contra las personas LGBT. Por ello, hemos puesto en conocimiento de la Fiscalía Especializada en Delitos de Odio la Carta de estos obispos, al mismo tiempo que estamos estudiando interponer una querella contra los autores, puesto que creemos que fomenta el odio y la discriminación contra un grupo poblacional específico tal como recoge el Código Penal en su Artículo 510. Además están fomentando la insumisión ante la ley, lo cual también es considerado delito según nuestra Legislación de Justicia”, declara Paco Ramírez, presidente del Observatorio.

“En la polémica carta aducen que se trata de una ley que además de fomentar la desigualdad (inicua) y la injusticia, la consideran una ley antinatural que va contra el orden natural de Dios y la naturaleza, que promueve el pensamiento totalitario y una dictadura del relativismo cultural y social, entre otras barbaridades y absurdidades metafilosóficas”, afirma Paco Ramírez.

“Literalmente afirman: ‘Difícilmente se podrá defender el derecho de personas que se consideran discriminadas cuando esa defensa se funda en una comprensión equivocada del ser humano’. Se trata de infames declaraciones que promueven el odio, la desigualdad y la injusticia de la sociedad en la que vivimos, donde llegan incluso a afirmar que los cristianos podrían negarse a defender discriminaciones y derechos de estas personas por estar ‘equivocadas’”, afirma Paco Ramírez.

“Para estos obispos la diferencia sexual entre varón y mujer es un don divino que no se puede alterar, y que sirve para una reciprocidad y complementariedad mútua, y sobre todo para la procreación, los fines últimos del matrimonio hombre-mujer. Además el cuerpo biológico es un regalo de Dios, y consideran insana cualquier actitud que pretenda ‘cancelar la diferencia sexual’. Llevando al absurdo esta lógica, no estarían moralmente mal vistas cualquier tipo de cirugía, aunque sea para curar un accidente, operar un cáncer o reparar alguna anomalía física con la que se ha nacido”, continúa Ramírez.

“Continúan los ínclitos obispos afirmando que la ley de matrimonio igualitario aprobada en España, es una ‘redefinición del matrimonio’, que ‘abrió la puerta a cualquier combinación afectiva’. Ya no se atreven a afirmarlo directamente, pero todos son conocidas las continuas comparaciones entre el matrimonio entre personas del mismo sexo como entre un hombre y un animal, o el de anciano o un bebé, como declaraban otrora algún jerarca católico”, explica el presidente de STOPLGBTFOBIA.

“En un intento de proscribir hechos contrarios a la naturaleza divina meten en el mismo saco la anticoncepción, el divorcio, la anticoncepción, la esterilización, las técnicas de reproducción asistida,… con la manipulación hormonal, la amputación/extirpación de órganos, el suicidio, la eutanasia… hasta incluso el “amor romántico”, el “amor libre”, el “poliamor”, una sexualidad sin verdad (considerada como procreación) o la usurpación de la filiación natural de los niños (refiriéndose a la maternidad subrogada o a las técnicas de reproducción asistida”, enfatiza Ramírez.

“Continúan acusando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de difundir una maligna ‘teología de género’ entre los niños en los centros escolares sin el permiso de los padres, lo que para ellos trastoca los derechos del niño que no son nada sin la voluntad de sus padres que deben agredecerles ‘haberles dado la vida’”, continúa Paco Ramírez.

“Finalizan afirmando que este tipo de leyes van contra la libertad de conciencia y religiosa, y llegan al extremo de concluir que la citada ley constituye un grave atentado contra el Quinto Mandamiento (‘No cometerás actos impuros’) y facilita el Sexto Mandamiento (‘No robarás’) y Noveno Mandamiento (‘No codiciarás los bienes ajenos’)”, aclara Ramírez. “Desde el Observatorio pedimos a la sociedad civil y a los partidos políticos a que condenen y denuncien este discurso del odio, que tanto daño sigue haciendo a nuestra sociedad, fomentando la discriminación, la injusticia y hasta incluso la violencia. De forma particular pediremos a los Plenos de los Ayuntamientos de Getafe y de Alcalá de Henares que reprueben esta carta”, finaliza Paco Ramírez.

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El PSOE rechaza enérgicamente las palabras de los obispos

angeles-alvarez-CONGRESO13El PSOE rechaza enérgicamente las críticas de los obispos Juan Antonio Reig Pla, de Alcalá de Henares; Joaquín Mª López de Andújar y Cánovas del Castillo, de Getafe, y José Rico Pavés, prelado de Mentesa y auxiliar de Getafe a la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma. «Que dejen de radicalizarse y sean más cristianos», les ha contestado la secretaria de Igualdad y Diversidad del PSOE-M, Ángeles Álvarez.

Álvarez ha salido al paso de las Reflexiones pastorales a la norma que han hecho los religiosos donde describen lo que Álvarez ha descrito como «posiciones encolerizadas contra la Ley Trans» y documento «que instiga al odio«. A su juicio, el texto «es producto de la obsesión de un sector de la jerarquía católica más cerca de los ultramontanos del siglo XIX que de ciudadanos del siglo XXI respetuosos con los Derechos Humanos».

Álvarez ha recordado que «la Ley de Transexualidad pretende hacer realidad que los y las transexuales gocen de los mismos derechos que tiene cualquier persona». Además, ha animado a los obispos «a conocer de cerca la realidad de la transexualidad» y, finalmente, ha recordado que «no es bueno ni cristiano, exhortar al odio, al rechazo y al desprecio de las personas transexuales».

Fuente Agencias

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Los obispos españoles denuncian la «inhumanidad» del acuerdo UE-Turquía para expulsar refugiados

domingo, 13 de marzo de 2016
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el-drama-de-los-refugiados«Estas personas desvalidas reclaman con justicia nuestra solidaridad», subrayan

La CEE clama por un «discurso común» de Europa para «la integración de estos hermanos»

(Jesús Bastante).- Ante el «rapto de Europa», la defensa de los valores que nos han conformado como civilización. Horas después de que las entidades católicas que trabajan con los refugiados -Confer, Cáritas, Justicia y Paz o los jesuitas- mostraran su «más absoluto rechazo» ante el preacuerdo entre la UE y Turquía para expulsar de Europa a los refugiados, los obispos españoles se sumaron a la crítica y subrayaron «su inmenso dolor» ante esta medida.

«No olvidemos -subraya en una nota la Comisión Episcopal de Migraciones- que detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad», o «la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre«.

«Estas personas desvalidas reclaman con justicia nuestra solidaridad», insisten los obispos españoles, que reclaman «un discurso común» en la UE para «sensibilizar a nuestras comunidades en la defensa de los derechos de refugiados e inmigrantes y a avanzar en el cultivo de la cultura de la acogida e integración de estos hermanos».

Finalmente, los obispos hacen suya las palabras del Papa el pasado domingo, invitando a «ayudar a personas que huyen de la guerra y de la violencia, como los cien de refugiados ya trasladados en Italia, entre los cuales niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos y ancianos».

Nota de la Comisión Episcopal de Migraciones ante los últimos acontecimientos en Europa

Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones ante el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a todos los refugiados que últimamente han llegado a Europa desde las costas del Egeo, manifiesta su inmenso dolor ante esta y todas las ultimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados.

Nos olvidamos que «detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; O la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre«. Tal y como manifestamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de Enero de 2016

«Queremos unir nuestra voz de pastores de la Iglesia a la de las organizaciones eclesiales que trabajan con inmigrantes y refugiados, que han hecho oir su voz en defensa de los derechos de estas personas desvalidas que reclaman con justicia nuestra solidaridad…»

Celebramos asimismo como también escribíamos entonces que » el trabajo, la reflexión y la toma de posturas en común, que se viene realizando entre las diversas organizaciones eclesiales que trabajan con especial preferencia en el campo socio-caritativo, ha sido un signo elocuente de fraternidad y de comunión eclesial».

Y tal y como los obispos señalábamos en el citado mensaje, «mantener un discurso común contribuirá más eficazmente a haceros oír, a sensibilizar a nuestra comunidades en la defensa de los derechos de refugiados e inmigrantes y a avanzar en el cultivo de la cultura de la acogida e integración de estos hermanos«.

Y en este mismo sentido desearíamos para toda Europa proyectos como los que alabó el Santo Padre en el ángelus del pasado 5 de marzo: «Como signo concreto de compromiso por la paz y la vida quisiera citar y expresar admiración por la iniciativa de los pasillos humanitarios para los refugiados, iniciada recientemente en Italia. Este proyecto piloto, que une la solidaridad y la seguridad, consiente ayudar a personas que huyen de la guerra y de la violencia, como los cien de refugiados ya trasladados en Italia, entre los cuales niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos y ancianos. Me alegro también porque esta iniciativa es ecuménica, siendo sostenida por la Comunidad de San Egidio, Federaciones de las Iglesias Evangélicas Italianas, Iglesias Valdenses y Metodistas».

Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones
Madrid 8 de marzo de 2016

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Ningún obispo impuesto… Tampoco en 2016

domingo, 13 de marzo de 2016
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iceta-perez-asurmendi-y-munilla«Imponen los obispos que quiere el grupo de presión que controla los oportunos resortes»

«¿Se va a cerrar el círculo diseñado hace algún tiempo por el cardenal Rouco para ‘normalizar’ la Iglesia vasca?»

(Jesús Martinez Gordo).- Nuevamente, malestar y perplejidad en la Iglesia católica vasca. Y también, incertidumbre. Malestar, en primer lugar, y mucho, en la diócesis de S. Sebastián por la gestión de Mons. J. I. Munilla a lo largo de los seis años que lleva al frente de la misma. Es lo que se concluye del último balance dado a conocer por «Eutsi Berrituz», un importante, y numeroso, colectivo de sacerdotes, religiosos, religiosas, laicas y laicos guipuzcoanos, y del que se ha tenido conocimiento a través de diferentes medios de comunicación social.

Perplejidad, en segundo lugar, por el silencio público de Mons. M. Iceta, obispo de Bilbao, ante las reiteradas denuncias por no haber recibido ni escuchado a la familia de un ex-alumno del colegio Gaztelueta, presuntamente víctima de abusos por parte de su profesor-tutor. Y perplejidad también por el procedimiento empleado en la nominación, del nuevo obispo de Vitoria, el sacerdote navarro J. C. Elizalde, continuando, por desgracia, la línea imperante estos dos últimos siglos.

E, igualmente, incertidumbre por el rumbo que pueda marcar el nuevo equipo de prelados a partir del próximo 12 de marzo (fecha de ordenación y entrada del obispo de Vitoria).

¿Se va a «cerrar el círculo», al parecer, diseñado hace algún tiempo por el cardenal, ahora arzobispo emérito de Madrid, A. M. Rouco, con el propósito de «normalizar» y «desnacionalizar» estas iglesias? En consecuencia con ello ¿se seguirá aparcando toda participación corresponsable (democrática) en la elección, por ejemplo, de los vicarios generales de Bilbao? Los mismos vicarios generales, prolongados en su tarea, sin consulta de ninguna clase al pueblo de Dios, ¿van a seguir jugando al posibilismo en nombre de una supuesta paz y tranquilidad diocesanas que acaba dañando la corresponsabilidad eclesial y su credibilidad personal?

Más aún. Una vez jubilado Mons. M. Asurmendi, ¿se concentrarán todos los seminaristas en Pamplona o regresarán, más bien, los de S. Sebastián a Vitoria, sumándose a ellos los de Bilbao? ¿Se erigirá, por fin, un seminario interdiocesano?

El nuevo equipo de obispos ¿apostará por sumar (y optimizar) los escasos recursos humanos y económicos existentes en cada una de las tres diócesis y pondrá en marcha una facultad de teología interdiocesana que sea referencial para la Iglesia y para el País Vasco?

Y, sin ánimo de agotar los muchos asuntos en juego, Don J. C. Elizalde ¿será capaz de quebrar semejantes diagnóstico y estrategia y traer a nuestras diócesis -a pesar de las limitaciones que presenta su nombramiento- un poco del aire fresco y primaveral que está insuflando el papa Francisco a la Iglesia?

¡Ojalá fuera así!

En todo caso, son demasiadas preguntas y casi ninguna respuesta.

Bueno, sí. Sí que ha habido algún que otro esclarecedor movimiento (o estancamiento) en estos últimos años: el «traslado» («manu militari«) a Pamplona de los seminaristas de S. Sebastián y el «mutis por el foro» del obispo de Bilbao ante la posibilidad de erigir una facultad interdiocesana de teología.

Queda por ver si, a partir de ahora, vamos a asistir a la culminación de esta estrategia supuestamente «normalizadora» y «desnacionalizadora» o si, más bien, se va a producir un cambio de ciclo, esta vez sí, sin trampa ni cartón.

A la espera de lo que nos depare el nuevo equipo de obispos, quizá no esté de más recordar que muchos de tales malestares, perplejidades e incertidumbres son consecuencia de la manera de nombrarlos que, lamentablemente, perdura en la actualidad y que se caracteriza por no tener en cuenta la voluntad de los directamente concernidos (imponiendo los obispos que quiere el grupo de presión que controla los oportunos resortes) y, lo que es más triste y escandaloso, por favorecer que algunos de los nombramientos realizados puedan ser interpretados como nepóticos ¿Qué otra exegesis es posible -se preguntan algunos- para que se haya nominado a Mons. A. Carrasco Rouco, sobrino carnal del cardenal A. M. Rouco, para presidir la diócesis de Lugo?

¡Qué cosas!

Urge recuperar, cuanto antes, la praxis que ha sido tradicional durante los dieciocho primeros siglos de la Iglesia: la elección de los obispos resultaba de un acuerdo entre la voluntad de los directamente concernidos y la responsabilidad de velar y garantizar la unidad de fe y la comunión eclesial que era (y sigue siendo) propia del sucesor de Pedro. Así se imposibilitaba, con palabras del papa S. Celestino I (422-432), que el obispo fuera impuesto.

Este principio ha estado operativo hasta que una insoportable injerencia de los poderes civiles (el llamado galicanismo) llevó a que el sucesor de Pedro se reservara el derecho de nominación, movido por la necesidad de defender la libertad de los prelados y, con la de ellos, la de la Iglesia.

El concilio Vaticano II reivindicó la libertad de la comunidad cristiana para elegir sus obispos. Y, a su luz, ha reaparecido la exigencia de que el pueblo de Dios recobre su protagonismo.

Sin embargo, es una demanda que solo ha quedado recogida de manera colateral en el actual Código de Derecho Canónico. Según el artículo 377 & 1, el papa «nombra libremente a los obispos». Es el procedimiento habitual. Pero, seguidamente, señala (recogiendo la praxis de unas treinta diócesis alemanas, austriacas y suizas) que «confirma a los que han sido legítimamente elegidos». Estas iglesias locales intervienen en la elección de sus respectivos obispos, bien sea presentando una terna a la Santa Sede o eligiendo a uno de los tres propuestos por el Vaticano.

Es un procedimiento que no ha gustado a la curia vaticana; sobre todo, en el pontificado de Juan Pablo II. Por eso, siempre que ha sido posible, ha emitido el mensaje de que se trataba de un «privilegio» que había que erradicar cuanto antes. En el fondo, una falacia que ha buscado (y busca) acallar a las diócesis que quieren acogerse al mismo. Y es posible que también se trate de una estrategia para ocultar (o, al menos, despistar) algunos de los problemas que presenta su defensa, más formal que real, de la libertad del papa: nepotismo, floración de «lobbys» eclesiásticos y desmedido poder de la misma curia. Como muestra, basta un botón.

En su día fue muy comentado el diálogo sostenido entre el obispo Felipe Fernández y el papa Juan Pablo II en la audiencia concedida a un grupo de prelados españoles con ocasión de una de las visitas que, preceptivamente, han de realizar todos los obispos del mundo a la Sede Primada cada cinco años (llamadas «ad limina»).

En el origen de este diálogo que, ahora reconstruyo, se encuentra el interés del papa Wojtyla por visitar Ávila y Alba de Tormes en el primero de sus viajes a España; un interés fundado en sus trabajos -siendo un joven estudiante- sobre S. Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. El papa visitó las citadas ciudades el 1 de noviembre de 1982. Tuvo en ellas sendos encuentros con los monjes y monjas de clausura y quedó impresionado de aquella jornada. Tanto, que retuvo el nombre del entonces obispo abulense: Mons. Felipe Fernández.

Años después, el episcopado español realizó una de las referidas visitas «ad limina». Una vez pulsada la situación de las diferentes diócesis en los dicasterios vaticanos, los prelados se reunieron con Juan Pablo II.

Como es de suponer, son muy pocos los obispos a quienes el papa conoce por su nombre. Sin embargo, había uno en el grupo del que se acordaba perfectamente: de Mons. Felipe Fernández, obispo de Ávila. Y así lo identificó y saludó Juan Pablo II. La reacción de D. Felipe fue inmediata: «Santidad -respondió- soy, efectivamente, Felipe Fernández, pero no soy el obispo de Ávila. La sorpresa del papa fue casi mayor que la del obispo tan inusualmente identificado: «¿Cómo? ¿Que no eres el obispo de Ávila?» «Efectivamente, Santidad, soy el obispo de Tenerife. Y lo soy desde el año 1991». La posterior pregunta de Juan Pablo II fue directa y asombrosa para los no iniciados en los procedimientos curiales: «Pero ¿y quién te ha mandado allí?». «Vd. Santidad«, respondió D. Felipe. Y la reacción final del papa (a medio camino entre el desconcierto y la incredulidad) fue bien elocuente del peso de la curia vaticana: «¿Yooooo?».

La conclusión es difícilmente cuestionable: es preciso cambiar en el artículo 377 & 1 del Código de Derecho Canónico la frase principal por la subordinada: «el papa confirma a los obispos que han sido legítimamente elegidos y, en circunstancias excepcionales, los nombra libremente«. Una propuesta para que, lo que ha sido extraño en la inmensa mayoría de las diócesis durante estos dos últimos siglos (la intervención del pueblo de Dios), pase a ser lo habitual. Y para que lo que, hasta el presente, ha sido rutinario (el nepotismo, los «lobbys», la curia y, finalmente, la imposición), acabe desterrado.

Y si semejante cambio se antoja una petición imposible, siempre queda poner en marcha una campaña para que, a las diócesis que así lo deseen, se les aplique el mismo (o parecido) procedimiento que el empleado para las alemanas, austriacas y suizas. No es previsible que sean legión los obispos que avalen semejante petición ante la Santa Sede, pero tampoco un disparate o una alucinación. Algunos milagros todavía son razonablemente posibles…

He aquí, cómo evitar muchos de los malestares, perplejidades e incertidumbres que hoy se enseñorean no solo de la diócesis de Vitoria, sino también de las de S. Sebastian y Bilbao. Y tengo el pálpito de que no solo de ellas.

Fuente Religión Digital

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«El silencio de nuestros obispos», por José Mª Castillo

domingo, 21 de febrero de 2016
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visitaadlimina14gran2De su blog Teología sin Censura:

«¿Por qué se callan nuestros obispos ante tantas cosas que claman al cielo?»

«Tienen la lengua suelta contra mujeres u homosexuales»

En la situación tan decisiva y difícil, como la que estamos viviendo en España, llaman la atención, sorprenden y escandalizan muchas cosas, que no es el caso (ni pretendo) enumerar aquí. Pero hay una, en concreto, que no me puedo callar. Cuando se está decidiendo el futuro de nuestro país, lo que es tanto como hablar de la felicidad o la desgracia de tantas familias y de tantos ciudadanos, los obispos españoles dan la impresión de que no tienen prácticamente nada que decir.

Por supuesto, en determinados momentos, sabemos que la Conferencia Episcopal (o quizá algún que otro obispo) han dicho que quieren el bien de España, la paz entre los ciudadanos, la justicia social, la rectitud ética o quizá otros tópicos y lugres comunes por el estilo. Pero afrontar directamente y con claridad los problemas que más nos preocupan ahora mismo a los españoles, de eso ni media palabra. O por lo menos, decir algo que haya sido importante y útil, de eso – que sepamos – nada de nada.

¿En qué país viven nuestros obispos? ¿Es que no se enteran de lo que está ocurriendo? ¿No se han dado cuenta todavía de la descomposición ética que está viviendo España? ¿No tienen ni idea del sufrimiento, de la humillación, de la desesperación en que viven tantas familias, tantos enfermos, tantos niños, tantas personas sin trabajo ni esperanza de tenerlo, tantos trabajadores mal pagados, tantas personas que tienen que huir de España porque aquí no se puede vivir, tantos políticos que se han enriquecido escandalosamente, tanta desigualdad entre unos pocos multimillonarios y millones de criaturas que no tienen fuerzas para seguir callando y aguantando, etc, etc?

Ya sé que habría que recordar otras cosas de las que los jerarcas eclesiásticos, por lo visto, no tienen nada que decir. No pretendo (ni puedo) ser exhaustivo. En cualquier caso, lo que yo me pregunto es por qué se callan en estos asuntos tan graves, cuando sabemos que algunos de nuestros prelados tienen la lengua tan suelta para decir cosas muy desagradables (y hasta injustas) contra las mujeres, contra los homosexuales, contra las personas que tienen una mentalidad secular, laica o atea.

¿Por qué se callan nuestros obispos ante tantas cosas que claman al cielo? Me sospecho que, en muchos casos, callan porque tienen miedo. Miedo a perder privilegios legales, económicos y fiscales. Miedo a que les echen en cara con qué autoridad o credibilidad se ponen a decir lo que se tiene que hacer en la “ciudad secular” cuando ellos son los primeros que no ponen en práctica esas mismas cosas en la “Ciudad de Dios”? ¿Cómo va a exigir la Iglesia que se pongan en práctica los derechos humanos cuando la Iglesia no los reconoce ni los pone en práctica dentro de ella misma?

Es triste y duro tener que reconocerlo. La Iglesia se ha quedado atrás en la historia. Su mentalidad, su teología, sus leyes, sus rituales, su moralidad, todo eso y tantas otras cosas, dan la impresión que son cosas de tiempos pasados, muy pasados. Tan pasados y atrasados, que cuando de pronto aparece un papa – tal es el caso de Francisco – que se ha empeñado en ponerse al día, es precisamente dentro de la misma Iglesia donde este obispo de Roma encuentra una oposición más fuerte e intolerante. ¿Y así queremos los cristianos poder decirle a nuestra sociedad y a nuestro país alguna palabra que le sea útil?

Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia. , , ,

Obispos enfermos

lunes, 4 de enero de 2016
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obispo-munilla_560x280El diagnóstico de monseñor Munilla

«Se detectan graves dolencias dentro de la propia Iglesia»

(Antonio Aradillas).- Mi opinión personal es la de que una buena parte del episcopado español se tomó al pie de la letra aquello de que «doctores tiene la Iglesia», confundiendo el término «doctor», con el popular de «médico«, y tal y como recientemente se hizo noticia en la diócesis vasca de San Sebastián, cuando su obispo decidió diagnosticar por su cuenta y riesgo «que la sociedad está enferma» aduciendo como prueba la proliferación de partidos políticos y su proporcionalidad nacida, y celebrada, el día de las pasadas elecciones..

Si tal convencimiento hubiera correspondido al evangélico «¡médice, cura te ipsum ¡»– es decir, «médico, comienza por curarte a ti mismo«-, estas reflexiones resultarán más congruentes, siempre comprensivas y misericordiosas.

Pretender ejercer de esculapio o galeno de los demás precisamente cuando tantas y tan graves dolencias se detectan en la propia casa de la Iglesia, tan sagrada por naturaleza, no parece lógico ni consecuente. Aún más, a muchos les resultaría improcedente, lesivo y como una invención más hipócrita y detestable para exculparse a sí mismos, diluyendo la responsabilidad entre propios y extraños.

Exculpas de este calado no han lugar en diagnósticos que comprometen a la salud espiritual y ético-moral de individuos y de colectivos, con escalofriante mención para los inspirados y reconocidos como piadosos, y aún religiosos.

Ah, ¿pero la pluralidad pregonada y definida por la voz del pueblo expresada democráticamente, y con plena garantías, en las urnas, es una enfermedad? ¿No lo habrá sido, y lo seguirá siendo, según pretenden muchos, como el referido obispo, una enfermedad grave, con pre-acta de defunción ya redactada, el «ordeno y mando» dictatorial vigente en instituciones, también eclesiásticas, con inclusión de las diocesanas, inspiradas e indulgenciadas con mitras, báculos, píxide, acetres y navetas para albergar generosas dosis de incienso?

¡Es acaso la pluralidad una enfermedad en la Iglesia, o es signo- sacramento de religión y de vida cabalmente cristiana? ¿Acaso la pluralidad es sistema de gobierno-servicio-ministerio a la colectividad, o lo es de autoritario desgobierno, dado que controla e impide que la voluntad de los «mitrados» sea presentada y ejercida además «en el nombre de Dios», paganizada con todas sus detestables consecuencias, de algunas de las cuales, por fin, y gracias sean dadas al papa Francisco, se hacen públicas sin ningún otro fin que el de su corrección y arrepentimiento penitencial de sus fautores y cómplices?

Por cierto que, mentando al papa Francisco, exactamente a propósito de enfermedades tan graves como las diagnosticadas hoy en la Iglesia, hasta en sus eminentísimas cumbres curiales, como «anillo al dedo» -no episcopal, sino pastoral-pastoral-, se hacen presentes palabras tan elocuentes y doloridas como estas: «Se precisan grandes dosis de antibióticos para limpiar las cloacas y barrer el polvo del poder en la Iglesia». «Su corte,- la pontificia y con mención personificada para su Curia-, está exageradamente centralizada y es prepotente, inquisitorial y autoritaria. Sus miembros son mayoritariamente funcionarios, sedientos de poder y de dinero…».

(Por extrañas e irreverentes que a algunos les parezcan estas citas pontificias, les refiero que están literalmente copiadas, que de su traducción nadie ha dudado -algunas escritas y pronunciadas en castellano argentinizado-, y que son tantas y tan repetidas, que su sola referencia alargaría desproporcionada e imprudentemente nuestro texto).

Es ya hora de que, iniciando la tarea-ministerio por los propios obispos, y más por los que hacen méritos diarios para ser y aparecer como noticias, siempre en idénticas dirección conservadora y procaz, se presten y apresten a ser examinados por otros «doctores» médicos, teólogos, pastoralistas y confesores- , para ajustar sus palabras, doctrinas y comportamientos a los proclamados y vividos ejemplarmente por el papa Francisco.

Con obispos mayoritariamente «enfermos» como los que siguen al frente de las diócesis, sean o no ya jubilables, la reforma-refundación de la Iglesia está todavía distante de ser reforma y además franciscana, es decir, evangélica. Los medios de comunicación se encargan de testificarlo todos los días, sin que sensatamente a nadie, a estas alturas, se le ocurra dudar de la veracidad e imprudencia de las informaciones.

Además de «rezar por los enfermos», hay que sugerirles, impulsarles e instarles a acceder a las correspondientes intervenciones quirúrgicas o, en su caso, al retiro y a la jubilación, aunque espantara y escandalizara a espíritus quebradizos e infantiles, con olvido de que «en última instancia es preferible pecar por exceso, que hacerlo por defecto», como también acaba de diagnosticar el papa Francisco.

Fuente Religión Digital

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Los obispos se meten en política para que gobierne Rajoy

miércoles, 30 de diciembre de 2015
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blazquez-con-rajoy_560x280«¿Es ésa la postura que debe tener la Iglesia?»

«Debe ser neutral en política partidaria»

«Parece que la Iglesia mueve sus fichas para seguir queriendo mantener unos privilegios que con otros partidos en el gobierno se les acabarían»

(Juan Cejudo).- El presidente de la Conferencia episcopal se mete en política (de derechas, claro). Aconseja al PSOE que se abstenga para facilitar la investidura de Rajoy. Es decir, quiere influir para que sea Rajoy el presidente.

Me parece muy poco elegante, muy poco propio de un pastor, que además es presidente de la Conferencia episcopal, meterse en el fango de la política de esa manera tan descarada.

¿Cómo lo van a tomar aquellos partidos que de ninguna manera quieren que Rajoy sea el presidente?

¿Es ésa la postura que debe tener la Iglesia? Se echan de menos los tiempos del cardenal Tarancón, que mantuvo en tiempos difíciles la neutralidad de la Iglesia en temas políticos y partidarios.

¿No hubiera sido mejor no pronunciarse y dejar que sean los mismos partidos los que busquen la mejor solución para España?

Parece que la Iglesia mueve sus fichas para seguir queriendo mantener unos privilegios que con otros partidos en el gobierno se les acabarían. Temas como el concordato, la financiación de la Iglesia, las clases de religión y otras muchas podrían peligrar si el PP no gobierna. Por éso quieren que siga gobernando el P.P.

Por éso no le importa enfangarse en los temas partidarios y proponer la solución que a ellos más les interesa.

No me gusta para nada esa postura. Me suena mucho mejor aquella frase de Jesús: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

La Iglesia debe preocuparse de otros asuntos mucho más importantes: denunciar la corrupción, denunciar a los grandes capitales y al poder financiero que provoca un sistema injusto y desigual, donde aumentan las diferencias entre ricos y pobres, donde la lacra del paro no desaparece, ni la infravivienda ni los desahucios. Donde persisten los recortes en temas educacionales, sanitarios y en atención social…

De todo ésto sí que debería preocuparse nuestro presidente de los obispos y no de facilitar la investidura de un determinado partido político, aunque haya ganado las elecciones. Son los mismos partidos los que deben trabajar por encontrar una solución.

Pero no es ésa la tarea de la Iglesia que debe ser neutral en política partidaria y sí acogedora y cercana con todos, sean del color político que sean.

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La Iglesia y el Episcopado español

domingo, 22 de noviembre de 2015
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cardenal-Rouco-Varela-manifestacion-matrimonio_EDIIMA20130311_0230_4«Rouco no es la Iglesia»

«Nuestro Episcopado, causa de hastío y mucha irritación en ambientes eclesiales»

(Ignacio Villota Elejalde).- Comienzo este artículo con una anécdota personal. Hace unos años, leyendo un diario de ámbito nacional, me encontré con una de esas noticias tan típicas de cierta prensa: «La Iglesia dice….». Entré en su lectura y se trataba de que el cardenal Rouco Varela había emitido una de aquellas ocurrencias perversas que tantas desafecciones provocaron en la Iglesia.

Siguiendo mi constitutivo compulsivo, tomé el teléfono y llamé a un amigo del diario citado, perteneciente a la cúpula de la redacción. Le dije lo obvio: Rouco no es la Iglesia.En concreto, este Cardenal no representa en gran parte más que la cara agria, fundamentalista y, a veces, cruel de la Institución.

Le intenté explicar que la Iglesia es una realidad compleja e infinitamente más rica teológicamente y en la vida real que lo que puede representar un personaje como este Cardenal. Que la Iglesia es una parte de la realidad humanizadora que funciona en África, América Latina y en las calles de nuestros pueblos y ciudades. Que Cáritas, soporte importante del cariño y la compasión en nuestros tiempos, es Iglesia, reconocida esta realidad por tirios y troyanos, enormemente respetada.

Le decía también que la Iglesia claro que ha tenido, como institución contaminada por un agobiante juridicismo, múltiples facetas antipáticas e, incluso, crueles y nefastas hasta nuestro días.

Pienso en su actitud prepotente que le impulsa a pasar de ser perseguida a perseguidora desde el siglo IV: Inquisición, persecución de herejes, autos de fe, imposiciones político-religiosas en la vida civil, amenazas y condenas hasta ayer a teólogos llamados «disidentes».

Que la Institución eclesial, a imitación del Bajo Imperio Romano, se apropió de unos poderes espirituales y políticos que, muchos creemos, no provienen de Jesús. Se inmiscuyó en las conciencias y en las intimidades de las personas con gran arrogancia y despotismo.

Es verdad que muchas veces esta cáscara de la Iglesia ha hecho mucho daño y ha forzado grandes desafecciones a la causa de Jesús, que simplemente, como nos lo reitera el Papa Francisco, es la de la compasión, el cariño y la ternura con todos, pero preferentemente con los excluidos.

También es verdad que la Institución, ya desde la herejía arriana, ha hecho más hincapié en los dogmas y las verdades definitivas que en el amor, la esencia del Evangelio. Que durante muchos siglos ha desarrollado todo su poder en la defensa de «sus verdades» que, luego, la Historia ha demostrado en demasiadas ocasiones que no eran las verdades del Evangelio.

Le decía a mi amigo del diario que la gran labor de la Iglesia ahora es eliminar toda la escoria que siglos de aquel juridicismo agobiante ha contaminado la sacramentología y la eclesiología, palideciendo la imagen de Jesús y, obviamente, del Cristianismo.

Pero, al mismo tiempo, en la Iglesia Pueblo de Dios, se ha asistido, durante todos los siglos, a la emergencia de personas e instituciones que han hecho de la ternura y la compasión el lema de su predicación y actuación, según su conciencia, a veces, al margen de la Jerarquía. Hoy no se podría hablar de labor humanizadora en América, tras las tropelías de la conquista, olvidando al Padre Montesinos, a Bartolomé de las Casas, a los jesuitas de la Reducciones del Paraguay, Bolivia, Argentina y Brasil y a tantos hombres y mujeres cristianos que intentaron edulcorar la vida de los nativos y de los negros esclavizados. Eran Iglesia.

Hoy la Iglesia no son los Nuevos Movimientos, tan enaltecidos en estas pasadas décadas, con sus luces y gravísimas sombras, son Iglesia no la Iglesia. Son Iglesia, sobre todo, por poner un ejemplo, los Hermanos de San Juan de Dios, los salesianos, los combonianos y otros muchos, muchísimos más que trabajan por los pobres en los cinco continentes por hacer de sus vidas algo que merezca la pena.

Son Iglesia, pero no la Iglesia, desde luego, ciertos delincuentes variopintos del Vaticano, los que sean, pero son Iglesia, muchos más, infinitamente más los hombres y mujeres que en Roma y en todas las partes del mundo sostienen con su trabajo el buen hacer de las parroquias, escuelas y obras asistenciales de raíz cristiana o no.

Aquí es donde nos encontramos con nuestro Episcopado, causa de hastío y mucha irritación en ambientes eclesiales conciliares del país y muchas, demasiadas desafecciones en las filas de los creyentes cristianos, que ha hecho confundir, a los no muy letrados, la Iglesia con ciertas personas sus dichos y sus hechos.

Me refiero, sobre todo, a aquellos obispos de la Iglesia española, los que se han hecho oír y ver a partir de sus ocurrencias, sus obsesiones, sus tics psicológicos y su mediocridad humana, social y teológica, siempre al calor de lo que se fraguaba y se indicaba desde Roma en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

En el último número del semanal Vida Nueva, se habla de una posible renovación del Episcopado español. El título del artículo es significativo; «Obispos para salir del Búnker». Es sabido que los últimos años de Pablo VI fueron los de los inicios del restauracionismo teológico y los de la involución en la vida pastoral. Se entendió en los foros vaticanos y en ciertos movimientos eclesiales, reticentes con el Vaticano II, que era el momento de la ortodoxia.

Tras la muerte de Juan Pablo I, se tenía diseñado un perfil de Papa que, con gran fortaleza y si era necesario, con dureza debía llevar a la Iglesia al lugar de donde la arrancaron y donde debía estar: Trento y Vaticano I. Eligieron a un hombre bien conocido por ellos: una persona luchadora en la Polonia sufriente que se defendió contra el marxismo imperante y profundamente intransigente moral y dogmáticamente.

Era el Cardenal de Cracovia, Wojtila, Juan Pablo II. Hombre de más certezas que creencias, ya se significó desde inicios de los ochenta. Nunca perdonó los «grandes errores» del Cardenal Tarancón durante la Transición política y, antes, en la marcha de la Iglesia española, al hacer su transición teológica y pastoral a la luz de Vaticano II.

De ahí su decisión de un cambio copernicano en el Episcopado español. Contó, principalmente con un Nuncio, Tagliaferri, y con dos peones básicos, los cardenales Suquía y, sobre todo, Rouco Varela. Inició el cambio del Episcopado para lo que el Nuncio tenía una gran experiencia de su paso por Perú en donde derechizó el Episcopado. Era la hora de un conjunto de hombres, en su gran mayoría muy piadosos, dóciles, obedientes y, bastantes, muy mediocres. Eran los hombres del momento. Hoy quedan 45 obispos de Juan Pablo II y 24 de Benedicto XVI.

Para teólogos abiertos, pastores en la línea conciliar, laicos que se habían subido al tren del Concilio u obispos de la época anterior fueron estos dos pontificados unos años tórridos y plúmbeos. Varios de los grandes teólogos españoles, que los había y hay, fueron denunciados, a veces anónimamente, a la Congregación de la Fe como otros muchos más de la Iglesia universal. Se habla en unos sitios de doscientos y en otros de trescientos. Al frente de tal Congregación puso Juan Pablo II a un hombre de su total confianza, el Cardenal Ratzinger, futuro Benedicto XVI.

Encomendado el «cuidado» del dogma y la moral a Ratzinger, inició Juan Pablo II, su «nueva Evangelización». Dotado de grandes cualidades de comunicación y firmeza, firmeza arrolladora y, seguramente, de santidad, comenzó el desmontaje del Vaticano II, desde un punto de vista teológico, jurídico y pastoral. Para ello contó con los llamados «nuevos movimientos» de los que, al menos un par de ellos se pasaron varios pueblos en su tomadura de pelo a Juan Pablo II, aunque donaron al Vaticano pingües fortunas que taparon agujeros y compraron voluntades.

Desde Roma, y contando con el Nuncio y los cardenales de Madrid, se acabó con los obispos proclives a la apertura de la Iglesia. Se eligieron obispos no dotados humanamente, pero sí pertrechados de un gran bagaje de ideas restauracionistas. Se prohibieron intervenciones públicas de teólogos sospechosos, se denunció y persiguió de todas las maneras posibles ideas revisionistas acerca de una teología anquilosada y apolillada, que no daba respuestas a las preguntas del mundo. La intransigencia ante los problemas sexuales llevó a intervenciones auténticamente tristes y pobres, que llevaron a muchos sufrimientos…. y a mucha risa.

Muchos de estos obispos, con su aceptación del Episcopado, arribaron en sus vidas al cumplimiento del «Principio de Peter»: «Como individuos, tendemos a trepar hacia nuestro nivel de incompetencia. Nos comportamos como si lo mejor fuese trepar cada vez más arriba, y el resultado lo tenemos a nuestro alrededor: las trágicas víctimas de una irreflexiva escalada».

De «trepas» y «carreristas» ha hablado ya mucho el Papa Francisco. ¿Victimas? Muchas. De ellas hablo en mi «carta de apoyo» al Obispo de Córdoba (DEIA, 1-ix-2015).

Ahora me quedo sólo con los ominosos silencios individuales y colectivos ante los grandes delitos sociales, económicos y políticos en nuestro país. Han configurado una renuncia explícita a la misión profética del cristiano. No quiero dejar de lado el fraude y la inmoralidad en la utilización de nuestros medios de comunicación, pagados por todos: la COPE y 13Tv.

Conclusión. Me quedo con el título del artículo de Vida Nueva (Nº 2.963) «Obispos para salir del búnker».

Fuente Religión Digital

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«Ideología de género», por José Arregi

lunes, 9 de noviembre de 2015
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la_ideologia_de_genero_bigDel blog de José Arregi:

La ideología de género se ha convertido en objeto preferente de denuncia por parte de algunos obispos. Entre ellos destaca Mons. Munilla, obispo de San Sebastián, que no duda en presentarla como “metástasis del marxismo”, para igual asombro de marxistas y no marxistas que saben algo del asunto. Ha sido diseñada, sostiene, para destruir la familia y arruinar el alma de Occidente. Y, citando a Santa Teresa que calificó de “tiempos recios” la época que le tocó vivir, llama a los cristianos a afrontar con ánimo martirial los tiempos actuales en los que son perseguidos el bien y la verdad y quienes los defienden.

Clarifiquemos los términos. Según la Organización Mundial de la Salud –lo puedes encontrar en Wikipedia–, el término “género” significa algo tan simple como “los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres”. ¿Será que también la OMS está afectada por esa perniciosa metástasis del marxismo? Seamos razonables.

Con el sexo se nace: soy hombre o mujer (aunque hay veces en que ni eso es tan claro); el género se construye, y depende en buena parte de lo que en una cultura determinada significa “ser hombre”, “ser mujer”. En cuanto a la “identidad de género” (me siento varón o mujer), depende tanto del sexo como del género, así como también de ese mundo insondable de nuestra psicología personal, maravillosa y frágil. El sexo es naturaleza y el género es cultura, pero existe una infinita red de interrelaciones entre ellas. No existen ni la pura naturaleza ni la pura cultura. Nada está cerrado. Todo está infinitamente abierto, y todo necesita cuidado, y un infinito respeto. Y siempre debemos empezar por acoger, más aun, por reconocer lo que es cada ser, cada persona, con su historia, su gracia, sus heridas. ¿Quién soy yo para dictar a nadie lo que debe ser, cómo debe sentirse o cómo debe amar, en nombre de una naturaleza cerrada que no existe, o en nombre de un “Dios” legislador exterior y patriarcal que tampoco existe?

El género –el papel culturalmente asignado al varón o a la mujer– se convierte en ideología perniciosa cuando establece relaciones de sumisión, y las religiones cargan con una grave responsabilidad histórica por ello. La ideología de género, como todas las ideologías, se halla siempre, consciente o inconscientemente, al servicio de una trama de intereses, y no pocas veces recurre a la religión para legitimarlos y legitimarse, para perpetuarse en el poder.

Basta, para ilustrarlo, con mencionar algunos textos bíblicos sobre la mujer. En el libro del Génesis, dice Dios a la mujer: Tendrás ansia de tu marido y él te dominará. No es Dios quien habla, sino quien lo escribió y la cultura patriarcal de la que depende: ideología de género. Contra lo que piensan quienes tanto la fustigan, la ideología de género no es un engendro de nuestros tiempos, matriz de todos los males de una sociedad hedonista, materialista y relativista, etc. Viene de muy lejos, y predomina en la Biblia. En el libro del Levítico se dice: “La mujer que conciba y dé a luz un varón quedará impura durante siete días, y si diera a luz una niña, quedará impura durante dos semanas, como cuando tiene la menstruación”. En el libro de Qohelet o Eclesiastés leemos estas terribles frases que me duele transcribir: La mujer es más amarga que la muerte, porque es una trampa; su corazón es un lazo y sus brazos cadenas”. “Entre mil se puede encontrar un hombre cabal, pero mujer cabal, ni una entre todas”.

San Pablo, que escribió en la Carta a los Gálatas aquello tan innovador de que “en Cristo ya no hay distinción entre varón y mujer”, en la primera Carta a los Corintios escribe, sin embargo, que “la cabeza de la mujer es el varón” y que “no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón, ni fue creado el varón por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”, que, en consecuencia, “la mujer debe llevar sobre su cabeza una señal de sujeción” y que “no es decoroso que la mujer tome la palabra en la iglesia”. Y en la Carta a los Efesios, que no es de Pablo, se dice: Mujeres, someteos a vuestros maridos”.

La mujer impura, la mujer tentadora, la mujer sometida. ¿Palabra de Dios? No. Pura y dura ideología de género, humillante para la mujer tratada como inferior, degradante para el varón convertido en déspota. Liberar al Espíritu de la prisión de esa letra bíblica es la única manera de ser fieles a la Biblia. Seguir aferrados a “lo que está escrito” hace miles de años es seguir ahogando la vida. Es lo que hizo, por ejemplo, San Pío XI cuando, en 1930, condenó a quienes ponían en tela de juicio la “obediencia de la mujer al marido” o defendían que las mujeres pudiesen “tener libremente sus propios negocios”. Ideología de género con argumentos “teológicos”. El daño que ha hecho y sigue haciendo a la mujer, al homosexual, al transexual, al bisexual…, tratados como pervertidos cuando no como perversos en nombre de la “naturaleza” o de “Dios”, es espantoso.

Hoy condenarían –sin saber lo que hacen– por ideología de género a Santa Teresa, que hace 500 años, y refiriéndose a los inquisidores, escribió en su Camino de Perfección (aunque luego, por precaución, lo borró hasta hacerlo ilegible, pero hoy se puede leer): “Como son hijos de Adán y, en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa”. Lo que hacía justamente era denunciar su ideología de género. Y, por cierto, cuando Santa Teresa hablaba de “tiempos recios”, no hablaba de los enemigos de la fe y de la Iglesia, sino de los eclesiásticos inquisidores. La historia se repite.

No repitamos la historia. Seamos naturaleza viviente y creadora. Seamos Iglesia compañera, Iglesia liberadora, Iglesia sanadora. Iglesia de Jesús.

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El cura homosexual expulsado pide al Papa que «abra el corazón y la razón de los obispos»

domingo, 11 de octubre de 2015
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1443906876059El sacerdote polaco Krzysztof Charamsa, expulsado del Vaticano por haber revelado públicamente que es homosexual y que tiene pareja estable, ha afirmado hoy que se siente «liberado y en paz».

Krzysztof Charamsa ha enviado una carta al Papa, «esperanza de la Iglesia»

Asegura que, tra su outing, se «siente liberado y en paz; he dicho por fin quién soy»

Charamsa era funcionario en la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) y ha sido expulsado de ella tras revelar el pasado día 3, un día antes del inicio del Sínodo de Obispos sobre la familia, en una entrevista en el diario ‘Il Corriere della Sera’ que es gay, que tiene un compañero sentimental (catalán) y que se siente orgulloso de ello.

Krzysztof Charamsa, el sacerdote homosexual expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe tras revelar su condición sexual, ha pedido al Papa Francisco en una carta que abra el «corazón de los obispos» en el Sínodo de la Familia y en la que le ha explicado «la razones de su decisión» de hacer pública su condición sexual.

«Le he pedido que recuerde a los obispos que delante del Sínodo están todas las familias, porque si la iglesia es universal debe pensar en todos, ninguna minoría puede estar fuera; debe ocuparse no solo de las familias heterosexuales, porque todas las familias tienen un deseo de comunicar amor a otros, y no pueden excluirse a las familias homosexuales, de lesbianas o transexuales«, ha indicado Charamsa en una entrevista Catalunya Ràdio.

En su opinión, «el Sinodo puede ser una gran revolución» de la Iglesia si el Papa «abre el corazón y la razón de los obispos como lo ha hecho en todo el mundo a la gente que está fascinada por Jesús, por el natural deseo de trascendencia de una Iglesia que no es mala«.

El sacerdote se ha reafirmado en su decisión de hacer pública su condición sexual y ha dicho sentirse «un cura mejor que dos o tres días antes» de hacerlo. «He liberado mi vida, he dicho por fin quién soy y éste debe ser un momento bueno para la Iglesia», ha indicado el religioso polaco.

Asimismo, ha asegurado que los homosexuales no son «pedófilos, enemigos de la familia, ni maníacos de placeres, sino personas que buscan amor». Por este motivo considera que «la Iglesia de Cristo debe saber y debe acoger seriamente la vida de homosexuales y lesbianas que son buena gente». Se ha ratificado asimismo en su «amor a la Iglesia«.

Krzysztof Charamsa se ha mostrado muy crítico con la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que formaba parte como secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional, por «haberse cerrado a cualquier discusión» y «no aceptar críticas sobre el Sínodo» y «hacer todo lo posible porque el tema de la homosexualidad sea algo cerrado, estigmatizado».

El religioso ha reconocido que recibe cada día correos de otros curas que le agradecen que haya hecho pública su homosexualidad

El prelado ha ensalzado la postura del Papa Francisco y su «discurso claro contra cualquier discriminación«. Para el sacerdote, el Pontífice representa una «una esperanza increible y profunda en la Iglesia» con un discurso claro contra cualquier discriminación.  Charamsa ha opinado que el papa Francisco lo tiene «difícil para hacer cambiar las posiciones de los obispos más cerrados». «El discurso del papa Francisco es de una esperanza profunda para esta Iglesia en este momento. Él ha permitido discutir, pero lo tenemos que decir claramente: la Congregación para la Doctrina de la Fe ha cerrado cualquier discusión», ha dicho el prelado.

Ha recordado, asimismo, que el Papa Francisco ha dicho que «existen muchos problemas porque hay personas que quieren Iglesia, y que quieren respuestas realistas por la propia vida», pero «no se ha hecho nada, solo una suerte de marginalización y estigmatización». Ha añadido que, además, de «una homofobia hay también una ‘franciscofobia’ hacia un Papa que ha sembrado la esperanza, el amor y que ha mostrado que la Iglesia es fantástica».

Krzysztof Charamsa ha reiterado que se siente «liberado» tras admitir que tiene una pareja del mismo sexo, y ha considerado que hubiera sido peor quedarse callado ante la posición dentro de la curia vaticana con respecto a los homosexuales, que califica de «homofobia paranoica irracional».

Ha destacado que «mi pecado de hoy no es tan grave, no es tan grande como mi pecado de silencio, de apoyo, por una situación que considero inhumana dentro del Vaticano. Para ellos, las relaciones homosexuales son inhumanas, son la expresión de una sexualidad no humana».

(RD/Ep)

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Primer matrimonio de obispos en la Iglesia anglicana

domingo, 29 de marzo de 2015
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el-matrimonio-white-obispos_270x250Alison White, segunda obispa

Su esposo, Frank White, es obispo adjunto en Newcastle

La Iglesia de Inglaterra, anglicana, tendrá su primer marido y mujer obispos después de nombrar a Alison White como obispa de Hull (noreste) este miércoles. White será la segunda obispa de la Iglesia de Inglaterra y será investida el 3 de julio en York, la diócesis que la que depende Hull.

«Es una aventura que nunca había imaginado emprender», dijo White en un comunicado. «Estoy casada con un obispo. ¡Puede parecer excesivo! Podría pensarse que con uno en la familia es más que suficiente«, agregó.

Su esposo, Frank White, es obispo adjunto en Newcastle, en el norte de Inglaterra. El arzobispo de York John Sentamu, quien hizo el anuncio, dijo que era «un día de júbilo».

«Alison es una persona de bondad y sabiduría verdaderas, es fantástico que haya aceptado el llamado de Dios«, dijo.

La Iglesia de Inglaterra consagró a su primera mujer obispo, Libby Lane, en enero. El sínodo general de la Iglesia de Inglaterra dio el año pasado la aprobación final a una reforma histórica que permitió el nombramiento de obispas. Las mujeres pueden ser sacerdotes en en la Iglesia de Inglaterra desde 1992 y ahora representan un tercio del clero.

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«Artículo sobre el caso de obsesión episcopal homosexual», por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

martes, 24 de marzo de 2015
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Leído en la página web de Redes Cristianas

(Como éste es un tema reciente, y lo escribí el mismo día que se comentó, os lomando por si es más efectivo que varios toquemos el ismo tema, a ver si el señor obispo se entera y cambia. Disculpad la grafía, porque no he podido editarlo como yo quería; y no sé por qué).

Los nuevos fariseos, (o eso parecen, ¡con perdón!)

Este es el Evangelio de la misa de hoy, Sábado, de la 3ª semana de Cuaresma:

“En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

“Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

– “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:

“¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”

(Lc, 18, 9-14)

He escrito varias veces, la última por partida doble, en las dos entregas del artículo ¿A quien tenemos que obedecer? (I y II), de los días 19 y 20 de Febrero, sobre la irregular intromisión de la jerarquía eclesiástica en el campo de la moral y la ética. Y recuerdo resumidamente el argumento: se trata de un bagaje común a toda la humanidad, a todo ser humano, sí, porque así lo ha querido el Señor creador de la naturaleza, y así lo admitimos los creyentes. Y ese tesoro tiene en nuestra psiqué un instrumento para regular su uso, y para gestionar las decisiones necesarias en la vida para que nuestro comportamiento sea, o no, el adecuado: la conciencia. Y ese santuario es lo más profundo, interior, íntimo, privado e intocable de la esencia humana. Nadie puede hollar esa íntima morada del nuestro ser. Pues bien, algunos jerarcas, Francisco desde luego no, insisten en querer administrar y gerenciar, contra todo el orden establecido, ese tesoro. Y en esta ingrata y desordenada tarea (in)moral se destaca el ínclito, y cada vez más peligroso, obispo de Alcalá de Henares, quien con frecuencia quiere marcar al mundo mundial sus puntos de vista morales.

Hay que recordar a este puntilloso obispo que los seguidores de Jesús no pautamos nuestra vida por principios morales de una determinada tendencia o ideología, sino por las palabra de Jesús. Y las de la parábola del fariseo y el publicano en el templo a se las podría aplicar cualquier espectador más o menos neutral de nuestra comunidad política nacional medianamente frecuente en las lecturas de los periódicos, o en la escucha de la tele, de la siguiente manera: “Te damos gracias, Señor, porque los católicos de la diócesis de Alcalá de Henares no somos como los demás hombres: homosexuales, prostitutos, sarasas, chaperos, varones casados entre ellos, o mujeres del mismo modo, o travestis. Celebramos la misa con frecuencia, rezamos las novenas de San Antonio, la Virgen del Carmen, Santa Gema, el septenario de la Virgen de los Dolores, y ofrecemos el 0,7 de nuestro IRPF al mantenimiento de la Iglesia”.

Tal vez el mismo Señor que justificó al pecador que no se atrevía ni a levantar la vista a lo alto decida también quién es el que sale justificado de este simulacro de enfrentamiento dialéctico, y quien se queda como estaba. Monseñor Reig Plá está, desde luego, cargando las tintas contra sus hermanos, tan prójimos como los católicos bien casados de misa diaria, en un ejercicio que no nace ningún bien ni a la iglesia de Alcalá, ni a la provincia eclesiástica de Madrid, ni al conjunto de la Iglesia en España, en esta época de información global. No puede más este señor obispo airear frases como “Personas que no acaban de orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan, ya desde niños, que tienen atracción hacia parejas del mismo sexo”. O esta otra: [Los gais] se corrompen y se prostituyen. O van a clubes de hombres. Os aseguro que se encuentran en el infierno”.

Y pienso que es de la responsabilidad de la propia Conferencia Episcopal Española (CEE) el llamar la atención de un pastor que, en vez de buscar y alentar a las ovejas perdidas, las desanima, y les hace llegar su voz de desamparo y de condena. ¡qué diferencia con la lectura del Evangelio de la misa de mañana, Domingo, de Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. ¿Alguna vez entenderá el señor Reig Plá este lenguaje?

(Pido disculpa porque no he conseguido editar este artículo como yo quería)

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Papa: «No hay nada más importante que proteger a los niños, ni siquiera el deseo de evitar el escándalo»

domingo, 8 de febrero de 2015
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papa-preocupadoCarta del Papa a los obispos: La Iglesia debe ser «casa segura»

«No hay absolutamente lugar en el ministerio para quienes abusan de los menores»

(RV/Agencias).- El papa Francisco ha instado a los obispos a garantizar la seguridad de los menores en las parroquias, que deben ser «casas seguras» para las familias, y les ha recordado que «no hay absolutamente lugar en el ministerio para quienes abusan de los menores».

La petición del papa Francisco está recogida en una carta difundida hoy por la Santa Sede pero enviada el pasado lunes a los presidentes de las Conferencias Episcopales, a los superiores de Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica.

«Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables«, apunta.

Asimismo, el pontífice argentino llama a las diócesis a establecer programas de atención pastoral para las víctimas de pederastia, «que podrán contar con la aportación de servicios psicológicos y espirituales».

Impulsar reconciliación y curación, justicia y misericordia. Tutelar con responsabilidad a los menores, reconocer con humildad y reparar las injusticias pasadas. En la víspera de la primera reunión en Roma – del 6 al 8 de febrero – de todos los miembros de la Pontificia Comisión para la tutela de menores, se ha hecho pública una Carta del Papa Francisco a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Renovando su cercanía a las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, con su convicción de que se debe proseguir haciendo todo lo posible para erradicar de la Iglesia el flagelo de los abusos de menores y adultos vulnerables, el Obispo de Roma escribe que la Comisión será un nuevo, válido y eficaz instrumento para ayudarlo «a animar y promover el compromiso de toda la Iglesia en sus diversos ámbitos – Conferencias Episcopales, diócesis, Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, etc. – para poner en práctica las actuaciones necesarias para garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables, y dar respuestas de justicia y misericordia».

Y hace hincapié en que «las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores».

El Santo Padre recomienda que también «se debe vigilar atentamente que se cumpla plenamente la circular emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de mayo de 2011, para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de las líneas maestras para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Es importante que las Conferencias Episcopales adopten un instrumento para revisar periódicamente las normas y comprobar su cumplimiento».

Instando a establecer programas de atención pastoral, con la aportación de servicios psicológicos y espirituales, el Papa recuerda también la importancia de programas de educación, formación e instrucción.

«Que el Señor Jesús infunda en cada uno de nosotros, ministros de la Iglesia, ese amor y esa predilección por los pequeños que ha caracterizado su presencia entre los hombres, y que se traduce en una responsabilidad especial respecto al bien de los menores y adultos vulnerables» – escribe el Papa al terminar su misiva, con el anhelo de «que María Santísima, Madre de la ternura, nos ayude a cumplir, con generosidad y rigor, nuestro deber de reconocer humildemente y reparar las injusticias del pasado, y a ser siempre fieles a la tarea de proteger a quienes son los predilectos de Jesús.

Texto completo de la Carta del Papa Francisco:

A los Presidentes de las Conferencias Episcopales

y los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada

y las Sociedades de Vida Apostólica

En marzo del año pasado instituí la Pontificia Comisión para la tutela de menores, anunciada ya en diciembre de 2013, con el fin de ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos para la protección de todos los menores y adultos vulnerables, y he llamado a formar parte de dicha Comisión a personas altamente cualificadas y notorias por sus esfuerzos en este campo.

El siguiente mes de julio, en la reunión que tuve con algunas personas que han sido objeto de abusos sexuales por parte de sacerdotes, me sentí conmovido e impresionado por la intensidad de su sufrimiento y la firmeza de su fe. Esto confirmó una vez más mi convicción de que se debe continuar haciendo todo lo posible para erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores y adultos vulnerables, y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos.

Por estas razones, he añadido el pasado mes de diciembre nuevos miembros a la Comisión, en representación de las Iglesias particulares de todo el mundo. Y dentro de pocos días, todos estos miembros se reunirán en Roma por primera vez.

En este contexto, considero que la Comisión será un nuevo, válido y eficaz instrumento para ayudarme a animar y promover el compromiso de toda la Iglesia en sus diversos ámbitos – Conferencias Episcopales, diócesis, Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, etc. – para poner en práctica las actuaciones necesarias para garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables, y dar respuestas de justicia y misericordia.

Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores.

También se debe vigilar atentamente que se cumpla plenamente la circular emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de mayo de 2011, para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de las líneas maestras para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Es importante que las Conferencias Episcopales adopten un instrumento para revisar periódicamente las normas y comprobar su cumplimiento.

Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. Como expresión del deber de la Iglesia de manifestar la compasión de Jesús a los que han sufrido abuso sexual, y a sus familias, se insta a las diócesis y los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a establecer programas de atención pastoral, que podrán contar con la aportación de servicios psicológicos y espirituales.

Por todos estos motivos, pido vuestra colaboración plena y atenta con la Comisión para la tutela de los menores. La tarea que le he encomendado incluye la asistencia a vosotros y a vuestras Conferencias, mediante un intercambio mutuo de «praxis virtuosas» y de programas de educación, formación e instrucción por lo que se refiere a la respuesta que se ha de dar a los abusos sexuales.

Que el Señor Jesús infunda en cada uno de nosotros, ministros de la Iglesia, ese amor y esa predilección por los pequeños que ha caracterizado su presencia entre los hombres, y que se traduce en una responsabilidad especial respecto al bien de los menores y adultos vulnerables. Que María Santísima, Madre de la ternura, nos ayude a cumplir, con generosidad y rigor, nuestro deber de reconocer humildemente y reparar las injusticias del pasado, y a ser siempre fieles a la tarea de proteger a quienes son los predilectos de Jesús.

Vaticano, 2 de febrero de 2015

Fiesta de la Presentación del Señor


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«El papa, el sínodo y los maricones», por Bruno Bimbi

lunes, 20 de octubre de 2014
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***

Seamos sinceros, por favor. ¿Ustedes realmente se creyeron que la reunión de tías solteronas del Vaticano iba a terminar con papá Francisco cantando “I Will Survive”?

Me mata tanta ingenuidad.

Una semana entera nos tuvieron a la espera, bombardeados por titulares de diarios e informes en los noticieros que contaban, orgullosos por ese argentino que consiguió sentarse en el trono de la última monarquía absolutista de Europa, que ahora la Iglesia católica, apostólica y romana iba a reconciliarse con los maricones. Que habría una “apertura” y una “acogida” (¡ay, señor traductor!) y no dirían más que somos sodomitas, pervertidos, desviados, antinaturales, pecadores, en fin, una manga de tragasables que irán al infierno por putos.

Dijeron que era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. No esperaron siquiera a ver el documento final, porque las ganas de confirmar que Francisco no es más Bergoglio y la Iglesia católica no es más apostólica ni romana tienen obnubilada a la prensa de casi todo el mundo, sobre todo a la argentina. Tienen una ganas bárbaras de creerle.

La primera versión del documento que pretendía resumir lo discutido en el “sínodo” por los obispos, vestidos con sus largas polleras negras y sus solideos y cinturones rosados, se titulaba Relatio post disceptationem —en latín clásico, esa lengua que solo ellas siguen hablando— y, para alegría de los más papistas que el papa, traía tres párrafos hablando de los omosessuali —en italiano, porque no había en latín una palabra para eso— y, curiosamente, el término no venía acompañado por las ofensas de siempre. ¡Extra, extra!

Los admiradores de Francisco estaban eufóricos, contándonos lo innovador y super-recontra-moderno que era ese texto que no nos insultaba más. Decía, presten atención, que los omosessuali tenemos “dones y talentos” y que podemos ofrecérselos a ellos, la comunità cristiana — y sólo a ellos, claro. Y se preguntaba —sí, se preguntaba, no afirmaba— si ellos serían capaces de “acogernos” y “evaluar” nuestra orientación sexual, pero siempre senza compromettere la dottrina cattolica su famiglia e matrimonio, por supuesto. No vaya a ser cosa que, de tanto evaluarnos y acogernos, alguien pueda pensar que la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio se movió medio milímetro del lugar donde Dios la puso, representado en el acto de ponerla por otras tías solteronas que se reunieron en el siglo XVI, con las mismas polleras negras, pero —según muestran las pinturas de la época del Concilio de Trento— sin nada rosado, salvo las de mayor jerarquía. Divas, ellas.

El texto también recordaba, por si quedaban dudas, que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden equipararse con el matrimonio entre el hombre y la mujer” y reclamaba al mundo que “tampoco es aceptable que se quiera ejercer presión sobre la actitud de los pastores o que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a la introducción de una legislación inspirada en la ideología de género” (la Iglesia le dice “ideología de género” a los estudios de género).

Benedicto manda saludos.

Por último, en el tercer párrafo, los obispos recordaban que la Iglesia tiene “problemas morales” con las parejas del mismo sexo, pero “reconoce” que “en algunos casos”, el apoyo mútuo “para el sacrificio” (WTF?) puede ser valioso, y hacían una confusa referencia a los niños con dos papás o dos mamás (aunque, obviamente, no usaban esas palabras), sin que quedase claro qué querían decir.

Y eso es todo.

Tenemos algunos dones y talentos. Pueden acogernos. Deven evaluarnos. Nuestras parejas siguen siendo un problema moral. La doctrina no se toca. Re-que-te-con-tra-mo-der-no. Pero apenas eso, para buena parte de los medios de comunicación de todo el mundo, era histórico. Revolucionario. Una tormenta. Un cambio de época. ¡Imaginate! La iglesia reconoce que tenemos algunos dones y talentos. ¡Guau!

Hagamos de cuenta, por un instante, que el sínodo hubiese terminado ahí y que ese texto fuese el documento final. Y hagamos de cuenta, por un instante, que no fuese un documento sobre los homosexuales, sino sobre los judíos. O sobre los negros. Y que dijese, con palabras parecidas, que tienen algunas cosas buenas, una que otra virtud, por lo cual estaría bueno acogerlos y evaluarlos, sin que eso comprometa la doctrina de la Iglesia sobre la judeidad y la negritud, que, como sabemos, es bien clarita. Me imagino que los negros y los judíos estarían contentísimos con semejante demostración de cariño y admiración.

Pero vos sos un denso, querés demasiado, no reconocés que es un gran avance.

—¿Cuál es el avance? A ver, explicame…

—Dicen que tienen dones, talentos. Antes decían que eran unos putos de mierda que se iban a ir al infierno. Es un avance, che, no seas tan exigente…

Pero no. Ni siquiera eso.

Después de una semana de discusiones, intrigas, trascendidos, aclaraciones, desmentidas, enojos y una incomprensible expectativa de casi todos los diarios del mundo, la reunión de tías solteronas decidió que no tenemos dones ni virtudes. O sea, para que quede claro: estuvieron una semana discutiendo sobre ese documento, porque no se ponían de acuerdo; votaron y decidieron, por mayoría, que no tenemos ningún don y ninguna virtud.

Ni una solita.

Ni siquiera eso fueron capaces de decir, aunque no fuese tan sincero, para disimular un poco.

El documento final, titulado en latín Relatio Synodi y divulgado este sábado, ya no trae más el subtítulo que hablaba de “acoger” a los omosessuali: ahora dice que hay que dar atención pastoral a sus familias. No dice más, repito, que los gays tengamos dones, ni virtudes, ni nada bueno. Dice, en cambio, que algunas familias viven la “experiencia” de tener dentro una persona con orientamento omosessuale. A esas familias, la Iglesia católica —que, por si quedaban dudas, sigue siendo apostólica y romana— debe darles atención pastoral para que entiendan que “no hay fundamento alguno para asimilar o establecer la más remota analogía entre las uniones del mismo sexo y el plan de Dios para el matrimonio y la familia”. Ni-la-más-re-mo-ta. Lo dicen estos señores de edad avanzada, desempleados y económicamente inactivos, que hablan en latín, usan polleras negras y solideos y cinturones rosados y son expertos internacionales en familia y matrimonio, pese a ser oficialmente castos, vírgenes, solteros y sin hijos. El plan de Dios, al que ellos tuvieron acceso através de la Wikileaks divina, no incluye a los omosessuali.

¿Entendieron, manga de putos?

Sin embargo, continúa el documento, los hombres y mujeres con orientamento omosessuale deben ser acogidos (y vuelve esa palabrita) “con respeto y sensibilidad”, evitándose todo tipo de “discriminación injusta”.

El respeto se nota mucho y se agradece inmensamente.

Lo más gracioso (por decirlo de alguna forma) es que la parte que habla de no discriminarnos injustamente es una cita, entre comillas, de un viejo documento escrito por Joseph Ratzinger en 2003, antes de ser papa (durante el reinado de Wojtila), titulado “Considerazioni circa i progetti di riconoscimento legale delle unioni tra persone omosessuali”. El objetivo del documento era, justamente, exigir a los gobiernos del mundo que discriminaran injustamente a las parejas homosexuales, negándoles el derecho al matrimonio civil. El documento de Ratzinger afirmaba, entre otras cosas, que “los actos homosexuales contrastan con la ley natural” y “cierran el acto sexual al don de la vida”, por lo que “no son el resultado de una verdadera complementariedad afectiva y sexual” y “en ningún caso pueden recibir aprobación”. Las muestras de respeto, sensibilidad y no discriminación continúan: “los actos homosexuales están condenados como graves depravaciones” y aunque no pueda decirse que los que “padecen esta anomalía” sean personalmente responsables por ella, cometen actos “intrínsecamente desordenados”. Para ser precisos, la parte citada por los obispos, que dice que los omosessuali deben ser acogidos con “respeto, compasión y delicadeza” y no sufrir “discriminación injusta” (ahí está: la que ellos nos imponen es justa, obvio), ordena que vivamos castos (como supuestamente ellos viven) y dice que “la inclinación homosexual es objetivamente desordenada y las prácticas homosexuales son pecados gravemente contrarios a la castidad”.

Todo muy bonito.

El texto de Ratzinger, resucitado desde las catacumbas de la Inquisición por el sínodo franciscano y agregado a último momento en el documento (también agregaron, al final, una condena más explícita a los países que aprueban el matrimonio igualitario), era tan repulsivo que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura, escribió una durísima crítica en la que afirmaba que

“con argumentos así, aderezados con la presencia sulfúrica del demonio, la Iglesia mandó a millares de católicos y de infieles a la hoguera en la Edad Media y contribuyó decisivamente a que, hasta nuestros días, el alto porcentaje de seres humanos de vocación homosexual viviera en la catacumba de la vergüenza y el oprobio, fuera discriminado y ridiculizado y se impusiera en la sociedad y en la cultura el machismo, con sus degenerantes consecuencias: la postergación y humillación sistemática de la mujer, la entronización de la viril brutalidad como valor supremo y las peores distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad representada por el heterosexualismo. Parece increíble que después de Freud y de todo lo que la ciencia ha ido revelando al mundo en materia de sexualidad en el último siglo la Iglesia Católica —casi al mismo tiempo que la Iglesia Anglicana elegía al primer obispo abiertamente gay de su historia— se empecine en una doctrina homofóbica tan anacrónica como la expuesta en las doce páginas redactadas por el cardenal Joseph Ratzinger”.

Once años después, la Iglesia católica, que sigue siendo apostólica y romana, bajo el reinado de Francisco, que sigue siendo Bergoglio, continúa empecinada en la misma doctrina homofóbica anacrónica, aunque su departamento de marketing y relaciones públicas ahora funcione mucho mejor y algunos crean que ha cambiado algo.

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Fuente BlogsTodoNoticias

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«Uno de cada diez obispos son gays», según Alan Wilson, obispo de Buckingham.

lunes, 29 de septiembre de 2014
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el-libro-de-wilsonAlan-WilsonDenuncia de un prelado anglicano

No nombra a ninguno de sus colegas en el episcopado

» Son sacerdotes destacados que han logrado navegar las complejidades de una institución homofóbica suficientemente bien como para ser sus representantes emblemáticos«

El reverendo Alan Wilson, obispo de Buckingham, que ya había animado a los obispos gays a salir del armario, publica esta semana un libro para hablar de la homosexualidad en la Iglesia británica. En el no solo denuncia públicamente la «hipocresía» de esta institución con respecto al colectivo LGTB, sino que afirma que uno de cada 10 de sus compañeros obispos podría ser gay en secreto y no quiere hablar públicamente.

En el libro señala lo que él ve como «el caso teológico para una importante reevaluación de la postura de la Iglesia sobre la sexualidad«, según publica la versión digital de Telegraph.

Wilson también rechaza una orden reciente que prohíbe al clero anglicano casar a una pareja del mismo sexo y se escuda en que la idea de que sea la Biblia quien lo prohíbe es una ida de la tradicionalistas, ya que los fundamentos de la Iglesia «se basan en los dictados culturales de nuestros abuelos más que en las enseñanzas de Jesús».

El libro, titulado ‘More Perfect Union?’ (¿La unión más perfecta?), promete crear una gran polémica y destapar las relaciones homosexuales secretas que hay entre obispos. Sin nombrar a ninguno de sus colegas, añade: «En 2014 se decía que había una docena de obispos gays. Por definición, estos hombres son sacerdotes destacados que han logrado navegar las complejidades de una institución homofóbica suficientemente bien como para ser sus representantes emblemáticos«.

El pasado abril, en pleno debate sobre el matrimonio igualitario y su aceptacion o no por la Iglesia de Inglaterra afirmó que “La mayoría de las personas homosexuales serían más felices si ocurriera esto, incluyendo a los obispos”, ya que está convencido de que ha llegado el momento de que los obispos homosexuales se den a conocer. Criticó la postura de la iglesia de no reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo por “pura crueldad” y lo tachó de “moralmente escandaloso”. “Yo no tengo un archivo médico de todos mis colegas, pero se ha afirmado que hay 13 obispos homosexuales en la Iglesia de Inglaterra”, subrayó.

Wilson, que está casado y tiene cinco hijos, se refirió a un blog escrito por el reverendo Colin Coward, director de una comunidad gay dentro de la iglesia anglicana: “Puedo asegurar con confianza que hay 13 obispos (en la Iglesia de Inglaterra) que son gays, es decir, el 10 por ciento de los obispos en Inglaterra son homosexuales. No me puedo imaginar como viven cualquiera de esos 13 su mundo interior”.

Wilson insistió en que tiene “simpatía” por los obispos gays de su país y aseguró que entiende que muchos de ellos tuvieron que ocultar su condición sexual para ser obispos y que haberlo revelado antes hubiera sido “muy costoso” para ellos, pero que ahora, cuando ya están en el cargo, es una “cobardía moral” no hacerlo.

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Cierto… cierto…

lunes, 22 de septiembre de 2014
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Muy bueno… fina ironía la del Hermano Cortés.

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Tampoco… tampoco… que se pondrían histéricos

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 Son más de leer cosas como esto… Y es que se empieza así… y llega lo que llega

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 Por eso, se pasaron la Verdad por

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Pero no se pueden poner puertas al campo

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 Y es que ya lo decía Erasmo

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«A la espera de una conversión», por Juan José Tamayo

domingo, 7 de septiembre de 2014
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francisco-con-los-obisposLeído en la página web de Redes Cristianas

20 años ha que aterrizaba en Madrid procedente de Santiago de Compostela Antonio María Rouco Varela para hacerse cargo de la archidiócesis de Madrid tras la jubilación del cardenal Ángel Suquía, a quien había sustituido diez años antes al frente de la archidiócesis de Santiago. Unos años después asumía las riendas de la Conferencia Episcopal Española (CEE) acumulando en su persona todo el poder de la Iglesia católica en nuestro país con el apoyo y la legitimación del Vaticano –que no de la ciudadanía cristiana, cada vez más alejada de su ideología y de su forma de gobernar- bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que le premiaron con cargos muy influyentes en los dicasterios romanos.

Durante cuatro lustros fue configurando un modelo de cristianismo a su imagen y semejanza de espaldas al concilio Vaticano II, a los aires de la modernidad y a la opción por los pobres. Un modelo que extendió a toda la Iglesia católica española con la colaboración del actual arzobispo de Valladolid monseñor Ricardo Blázquez y el recién nombrado arzobispo de Valencia el cardenal Cañizares, y sin voces discrepantes –al menos no audibles- dentro del episcopado. Hablaba y actuaba por todos y nadie le replicaba, se estuviera de acuerdo o no. Era el silencio de los corderos

Así fue instaurando una Iglesia conforme al paradigma restauracionista de los pontificados reinantes, como sucursal y clon del Vaticano; un cristianismo de cristiandad, de grandes concentraciones en espacios públicos, combativo y beligerante contra la secularización, el socialismo y el laicismo; con conciencia de Iglesia perseguida, cuando gozaba de todos los privilegios espirituales y materiales; con pretensiones de confesionalizar la sociedad y de imponer a esta la moral católica; un cristianismo excluyente, homófobo y misógino; insensible al incremento de la desigualdad por mor de la crisis y en alianza con los sectores política y religiosamente más conservadores. Este modelo de Iglesia ha provocado una gran desafección hacia la Iglesia católica traducida en abandono masivo de la práctica religiosa, el incremento del número de apostasías o el alejamiento de facto.

Cumplida la edad de jubilación y ampliado su mandato tres años más por Benedicto XVI, ha tenido que abandonar primero la presidencia de la CEE y ahora el arzobispado de Madrid, al frente del cual Francisco ha nombrado a monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia, a quien sustituye el cardenal Cañizares, antes arzobispo de Toledo y primado de España y durante los últimos seis años Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, nombrado por Benedicto XVI con cuyo proyecto teológico y eclesiástico estaba identificado. Ambos tuvieron importantes responsabilidades en la CEE durante las cuatro presidencias del cardenal Rouco y, por tanto, fueron cómplices del modelo de Iglesia del arzobispo gallego.

¿Qué significan estos nombramientos? De entrada, están hechos desde arriba, sin consulta ni participación de las comunidades cristianas implicadas, de espaldas al principio electivo de las sociedades democráticas modernas: “un ciudadano, una ciudadana, un voto”. Se aleja asimismo de la participación popular en la elección de obispos de los primeros siglos del cristianismo. “Ordénese como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo”, dice la Tradición Apostólica, del s. III. “No se imponga al pueblo un obispo que el pueblo no desea”, decía Cipriano, obispo de Cartago, del mismo siglo. “Quien debe presidir a todos, debe ser elegido por todos”, afirmaba el papa León Magno en el siglo V

En segundo lugar, se mantiene la estructura patriarcal y misógina. Francisco sigue la misma práctica de sus predecesores de marginar a las mujeres y de excluirlas del ministerio ordenado, de los espacios sagrados, de las responsabilidades directivas y de los órganos de poder, apelando infundadamente a la voluntad de Cristo. En tercer lugar, tengo mis dudas de que estos nombramientos contribuyan a la necesaria reforma y a la deseada primavera de la Iglesia en la dirección que pretende el propio Francisco, salvo que se produzca una conversión. Osoro es un eclesiástico vinculado los nuevos movimientos eclesiales neoconservadores de orientación espiritualista, razón por la cual fue nombrado obispo primero y arzobispo después por Juan Pablo II.

Siendo arzobispo de Toledo y vicepresidente de la CEE, el cardenal Cañizares destacó por sus montaraces condenas de las reformas legales durante los gobiernos socialistas de Rodríguez Zapatero y por pedir a las madres y los padres católicos y a los colegios de confesionalidad cristiana que presentaran objeción de conciencia contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, aprobada democráticamente. En sus ataques furibundos fue incluso más allá que Rouco Varela, con quien formó el tandem quizá más conservador del episcopado español.

Pero no seamos escépticos. Siempre es posible la conversión.

Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona 2013)

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«De Rouco a Osoro», por José María Castillo

sábado, 6 de septiembre de 2014
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rouco-osoro-arzobispo-madrid--644x362De su blog Teología sin Censura:

Mucho está dando que hablar el cambio de arzobispo en la archidiócesis de Madrid. Como suele ocurrir en estos casos, el cambio está dando pie a toda clase de comentarios. No pretendo, por supuesto, decir aquí si este cambio será para bien o para mal. Sólo quiero indicar algo que me parece importante y que, por lo que voy sabiendo, no se suele tener en cuenta. Al escribir esto, no es que yo intente ingenuamente aportar la solución definitiva a tantos devaneos mentales como – según creo – van y vienen por los mentideros eclesiásticos y los murmullos de sacristía. Mi pretensión, ahora mismo, no pasa de ser una modesta sugerencia. Por si viene a cuento. Nada más que eso.

Mi propuesta se limita (y se reduce) a recordar una cosa evidente. El cambio de un obispo por otro obispo no pasa de ser un cambio administrativo en la gestión y gobierno de una diócesis. Por más que se pondere lo mucho que vale el que se va o el que viene, a fin de cuentas, eso por sí solo, ni va a modificar la fe de los que tienen creencias religiosas, ni va a conseguir que sean buenas personas quienes ya son buena gente, ni tampoco hará que aumente el ateísmo y otros males que en los ambientes de Iglesia se detestan cordialmente. En principio – me sospecho -, lo más probable es que todo seguirá igual (o de forma muy parecida) a como han estado, en los últimos años, las cosas de la religión católica en Madrid y sus cercanías.

Entonces, ¿qué decir del cambio de Rouco por Osoro? A mí me parece que lo primero, que se debería tener en cuenta, es que estos dos hombres no son simplemente dos jerarcas religiosos. Lo son, por supuesto. Pero con decir eso, nos quedamos en la superficie, es decir, en la consideración más superficial del asunto. Porque, si es que la teología y, sobre todo el Evangelio, pintan algo en este cambio, a mí se me ocurre que lo primero, que se debería tener muy presente, es que, al tratarse de dos obispos, estamos hablando de dos “sucesores de los Apóstoles” de Jesús.

Ahora bien, según consta repetidamente en los evangelios, el primer requisito, que Jesús les exigía (y supongo que les debe seguir exigiendo) a sus “apóstoles”, es el “seguimiento” del propio Jesús y su Evangelio. Esto está tan claro en los evangelios, que el que no lo tenga claro, ni merece ser “apóstol”, ni por tanto “obispo”. Además, sabemos (también por los evangelios) que “seguir a Jesús” es renunciar a toda clase de dignidades, categorías, propiedades, seguridades… Es “dejarlo todo y seguirle” (Mt 19, 27 par; Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62). Para ir por la vida, como dijo el mismo Jesús, sin “oro, ni plata, ni calderilla, ni alforja…” (Mt 10, 9-10 par).

Y aquí me permito hacer una aclaración importante. La ordenación episcopal no es un “acto mágico”, que automáticamente convierte a un sacerdote en sucesor de los apóstoles. Es verdad que Lutero se pasó de la raya al admitir que la autoridad apostólica dependería totalmente de la fidelidad del obispo a la Palabra de Dios (Comentario a la carta a los Gálatas [1535], ed. Weimar, 40, 1, p. 181). Pero tan cierto como eso es que, desde San Agustín y San Gregorio Magno, hasta los más autorizados teólogos de la Edad Media, defendieron la doctrina que formuló atrevidamente San Anselmo: “Los obispos conservan su autoridad en cuanto concuerdan con Cristo; y lo mismo, la pierden si está en desacuerdo con él” (“Sicut enim episcopi servant sibi auctoritatem quandiu concordant Christo, ita ipsi sibi eam adimunt, cum discordant a Christo”. Epist. II, 162). Como acertadamente resume Y. Congar: “Hay que introducir – en el cargo episcopal – estos elementos éticos en la ontología misma del cargo recibido”.

Por otra parte, esto es tan determinante, que, si nos limitamos a ponderar la ideología del que se va o del que viene, la simpatía del primero o del segundo, los títulos que cada cual ostenta, las lenguas que domina, etc, etc., entonces lo que queda patente es que nos importa más el “jerarca” religioso que el “discípulo” de Jesús. O sea, nos interesa más la “Religión” que el “Evangelio.

Y en tal caso, si es eso lo que sucede, lo que queda en pie es que hemos organizado una Iglesia que tendrá mucho que ver con las jerarquías y organizaciones de este mundo, pero tiene poco que ver con el Evangelio de Jesús. Y si esto efectivamente es así, ¿a dónde vamos? Por muy buenos arzobispos que nos manden, no pasaremos de ser una antigualla del pasado que sólo puede interesar a gente que piensa poco y, desde luego, será siempre una buena pista de lanzamiento para los trepas más mediocres que se pasean entre oropeles de antaño. Y me temo que este tipo de individuos, si no producen indiferencia, lo que producen es risa, mucha risa.

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