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Sínodo 2015: El problema no es la homosexualidad o el divorcio, sino la Eucaristía.

domingo, 25 de octubre de 2015
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12108956_510659295777934_6883277195880141532_nEl problema no es la familia, aunque pueda haber discusiones sobre su estructura sacramental. Nadie rechaza en serio a los homosexuales, ni la posibilidad de que establezcan «un tipo de matrimonio», ni condena a los divorciados o separados.

A mi modo de ver, el problema del Sínodo es la Comunión: Si divorciados y homosexuales pueden compartir la eucaristía oficial de la Iglesia Católica.

Éste es el problema serio, pues afecta a la misma identidad de la Iglesia centrada más en la Eucaristía, con sus ministros canónicos («sacerdotes»), que en la Palabra (en línea protestante). Es aquí donde escucho, día a día, las protestas de los que quieren mantener la identidad «tradicional» (iba a decir post-trindentina) de la Iglesia.

Se trata, por un lado, de un problema banal, resuelto de hecho por la praxis ordinaria de los «fieles», pues en la inmensa mayoría de las iglesias y parroquias no te preguntan antes de comulgar si eres gay activo o divorciado vuelto a casar… pues los ministros no conocen a fieles, y si les conocen no hacen caso esos temas.

Pero es, en otro plano, el problema clave de la Iglesia: ¿Es ella capaz de crear verdaderas comunidades eucarísticas, en las que se comparta de verdad la palabra, y la experiencia de fe… y el camino cristiano? Ésta es la cuestión, en esto hay que insistir.

Éste es, finalmente, el problema real del Evangelio y de la Iglesia: La existencia de verdaderas comunidades, con ministros que broten de ella ¿qué pasa cuando un párroco tiene ocho y doce parroquias?, con verdadera identidad y autonomía. Ciertamente, el tema de las parejas gays es importante, lo que mismo que el divorcio, pero en línea eclesial viene en un segundo plano.

En la foto unos soldados argentinos comulgando antes de la batalla de las Malvinas donde, al parecer, algunos generales poco conscientes les mandaron a morir. No sé si Jesús hubiera dado la comunión a unos soldados «voluntarios» para el campo de batalla…A éstos quizá sí. ¡Ellos no tenían la culpa!

Ocho proposiciones.

images1. La eucaristía constituye la culminación de la experiencia cristiana. Pero, en sí misma, no es una experiencia solamente cristiana, sino que se encuentra vinculada a la experiencia universal de comer y comer juntos, dándose la vida unos a otros y comprometiéndose a compartirla. En ese sentido, lo que está en el fondo de la eucaristía es el sacramento de la comunicación universal y concreta de los hombres y mujeres. Por eso, en un plano, es importante vincular la eucaristía cristiana con otras experiencias religiosas y sociales de amor y vida compartida.

2. Históricamente, Jesús ha podido decir en la última cena las palabras centrales de la eucaristía, en la forma en que las ha conservado la tradición de la iglesia: Esto es mi Cuerpo… Ésta es mi sangre (la nueva alianza en mi sangre). Pero el dato histórico externo puede ser discutido, pues los estudiosos no están de acuerdo sobre la forma externa de la última cena. Sea como fuere, esas palabras centrales de la eucaristía condensan de forma admirable lo que ha sido la vida de Jesús, expresada como anuncio de Reino, amor que cura y pan compartido, vino de Reino.

Por eso, sin referencia al Jesús histórico, la eucaristía «cristiana» (confesional) pierde su sentido. Sólo aquellos que quieren ser seguidores de Jesús pueden asumir con sentido la eucaristía. No se les debe pedir otra cosa, sino si quieren estar en comunión con Jesús.

3. Tal como han sido recogidas, transmitidas y celebradas por la Iglesia, esas palabras eucarísticas han sido y siguen siendo pronunciadas por el Cristo Pascual. Ellas definen y actualizan su presencia: son la herencia que él ha dejado a sus discípulos, a todos los cristianos: Decid y Haced esto en memoria de mí. Pero esas palabras sólo son del Cristo en la medida en que las dicen con su propio “yo” los mismos cristianos, el conjunto de la iglesia.

Esas palabras son el “dogma” central, la vida de la Iglesia. En esa línea, podemos añadir que sólo son cristianos conscientes y maduros, en sentido activo, los que pueden ofrecer a los demás su cuerpo y su vida (como Cristo, con Cristo, en Cristo) diciendo: ¡tomad, esto es mi cuerpo…!

4. El Cuerpo de Cristo, es decir, la Eucaristía es ante todo la Iglesia, la comunidad de los creyentes reunidos, que recuerdan a Jesús y se comprometen a seguir realizado su obra. Ellos, los cristianos reunidos y en gesto de misión, son la “res”, la realidad del Sacramento. No son los hombres y mujeres para el pan eucarísico; es el pan para los hombres y mujeres. Por eso, el pan y vino son signo-sacramento real de la presencia de Cristo y de la comunicación entre los cristianos.

Esa presencia es “real”, siendo sacramental, una “presencia materializada”, no es puro encuentro de ideas o afectos intimistas… sino encuentro total de amor en unos signos económicos/alimenticios, que expresan el compromiso de dar y recibir, de compartir la vida. La realidad de la eucaristía es, por tanto, la comunión/comunicación de vida de todos los cristianos. La eucaristía no es algo que unos (los sacerdotes) hacen en nombre de todos, sino un gesto/don de amor que hacen y son todos los cristianos.

5. Una pequeña historia. A lo largo de los siglos, las Iglesias han organizado la eucaristía de Jesús conforme a los modelos sociales y sacrales de cada tiempo. Lo han hecho bien, han conservado la eucaristía. Lo han hecho bien: han precisado el sentido “dogmático” de la celebración y de la vida cristiana, dentro de su contexto cultural, tanto en los diversos documentos de la Edad Media latina como en el Concilio de Trento.

Esa historia sigue siendo normativa para los cristianos, pero no para encerrarse en ella, sino para seguir caminando desde ella, retomando el impulso eucarístico de Jesús, cuya primera eucaristía se celebró a campo abierto (multiplicaciones), sin preguntar a nadie si era judío o no judío, sin entrar en temas matrimoniales o de homosexualidad, sino sólo si quería bendecir a Dios y compartir el pan con los hermanos.

6. La celebración solemne de la eucaristía, de un modo oficial, seguirá estando presidida por un ministro debidamente «ordenado», que en el momento actual, en la iglesia católica, es un obispo o presbítero varón. Ese tipo de celebración seguirá siendo normativa para la Iglesia oficial, hasta que ella misma no cambie sus normas. En esa línea, es importante recordar y actualizar el pasado, un pasado definido por la organización y celebración jerárquica de una eucaristía donde los celebrantes principales sólo han sido varones y varones consagrados de un tipo especial.

Esa historia ha sido positiva, pero es necesario completarla y actualizarla, desde el evangelio, desde la experiencia actual de la vida y desde el encuentro con las restantes religiones y culturas sociales. Eso significa que puede y debe haber otras formas de celebración de la eucaristía, partiendo del evangelio y de la misma realidad de las comunidades, que nombran sus ministros, para que presidan la celebración realizada por todos, de manera que la Iglesia, siendo católica y apostólica, no está ya ligada necesariamente a obispos varones y a presbíteros célibes.

7. Volver al principio, abrir caminos. Lo que importa es la palabra-experiencia de Jesús y de la Iglesia, donde hombres y mujeres comparten el cuerpo y la sangre: la vida… Esa no es una experiencia de algunos cristianos especiales, sino de todos… Esa tiene que ser una experiencia integradora, en tres niveles.

(a) Nivel particular. Cada comunidad cristiana puede y debe organizar su eucaristía, sabiendo que todos los cristianos son ministros de ella, por el hecho de estar bautizados (ser cristianos). Todos los cristianos, varones y mujeres, pueden y deben decirse “esto es mi cuerpo… tomad…”; todos son sacerdotes por don de Cristo.

(b) Nivel de catolicidad. Las eucaristía cristianas han de estar vinculadas, formando un “cuerpo universal”, católico, mesiánico, de humanidad. En ese sentido, las eucaristías de las diversas iglesias han de estar conectadas entre sí. La función del Papa y de las autoridades centrales de la iglesia no está en imponer un tipo de eucaristía, sino en mostrar y potenciar la unidad de todas las eucaristías.

(c) La eucaristía es, finalmente, signo de apertura misionera: la Iglesia (el conjunto de iglesias) tienen que ofrecer al mundo la experiencia y realidad mesiánica del amor y del pan compartido; la misma eucaristía se expresa y traduce en forma de misión, tal como lo han puesto de relieve los textos evangélicos de las multiplicaciones de los panes y los peces.

8. La familia «normativa» de la Iglesia es la comunidad eucarística, de la que participan todos los que quieren seguir a Jesús y crear comunión en su nombre. Por eso, el problema no es que quien comparta la eucaristía pueda estar divorciado (y vuelto a casar) o sea gay activo… El problema es que se sienta vinculado a Jesús y quiera formar iglesia con los restantes hermanos, en camino de conversión y solidaridad.

Dicho esto quedan abiertos otros problemas… Problema es el divorcio: que una pareja de cristianos se rompa, por las razones que fuere; es un problema que debe tratarse con gran delicadeza, respeto y compromiso creyente… pero sin expulsar al divorciado de la eucaristía. Problema puede ser en ciertos lugares y circunstancias el matrimonio gay… pero no para expulsar a los gays de la eucaristía, sino para recorrer con ellos el camino de Jesús, que es ancho y largo.

APÉNDICE: EUCARISTÍA, AMOR MESIÁNICO

(Breve teología eucarística)

images1Conforme al evangelio de Marcos, los discípulos piden a Jesús que celebre la pascua Judía (cf. Mc 14, 12). Evidentemente, quieren sacrificar el cordero pascual, para formar con Jesús una comunidad limpia, de puros observantes, retomando así el amor del Dios del Éxodo, que liberó a los hebreos de su cautiverio. Jesús, en cambio, asumiendo su raíz israelita, quiere celebrar una cena distinta, una comida de Reino, expresando así, en su despedida, el sentido del amor que movido todo su camino y que ahora culmina, en un contexto de muerte cercana. De esa forma ha interpretado la Cena Jn 13-17, presentándola como diálogo de amor.

En este contexto han introducido los sinópticos y Pablo la experiencia del amor eucarístico de Jesús, que se despide de los suyos diciendo que beban en su honor la copa, pues “ya no beberé del fruto de la vida… hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios” (cf. Mc 14, 25 par). Jesús se despide sabiendo que el amor del Reino llega y así lo expresa, conforme al testimonio de la iglesia, en los signos del pan y del vino, como indican los relatos paralelos de Marcos y Pablo:

El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y dando gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo (dado) por vosotros. De igual modo la copa, después de cenar, diciendo: Esta Copa es la Nueva Alianza en mi Sangre (1 Cor 11, 24-25).
Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan, bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi Cuerpo. Tomó luego una copa y, dando gracias, se lo dio y bebieron todos de ella. Y les dijo: Ésta es la Sangre de mi Alianza, derramada por muchos (Mc 14, 22-24).

Ambos textos reflejan la autoridad mesiánica de Jesús, que anticipa en su vida y entrega personal la plenitud escatológica del Reino, identificándose con el pan y vino compartido en su nombre. Lógicamente, su gesto y palabra sobre el pan ha de verse en la línea de todo su mensaje, en especial de sus multiplicaciones (cf. Mc 6, 30-44; 8, 1-10): su autoridad más alta es y será el pan compartido, que ahora se vincula al vino del banquete final, y no a los peces de alimento diario de las multiplicaciones. Leer más…

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«Conversión del Papado», por José Mª Castillo

domingo, 25 de octubre de 2015
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papa-francisco1Leído en su blog Teología sin Censura:

El papa Francisco lo ha dicho sin rodeos: es necesaria y urgente la “conversión del papado”. No se trata, por supuesto de que el papa se convierta. Francisco no ha dicho esto refiriéndose a una persona, el papa; sino afirmando que es una institución, el papado, lo que tiene que cambiar, es decir, organizarse de otra manera y funcionar de forma distinta a como lo viene haciendo desde hace ya bastantes siglos.

El mismo Francisco explicó ayer, en el Sínodo de Obispos, en qué tiene que consistir este cambio. Lo que el papa ve que es urgente cambiar en la Iglesia es el ejercicio del poder. Concretamente el ejercicio del poder por parte del papado. Se trata de “descentralizar” el modo de gobernar. Para que la Iglesia vuelva a ser gobernada como lo fue durante casi mil años, hasta el s. X. Durante aquellos siglos, el gobierno ordinario de las Iglesias locales, regionales y nacionales lo ejercían los Sínodos de cada región o de cada país. Sólo en circunstancias extraordinarias, y para asuntos que no se podían resolver en el ámbito local, intervenía el obispo de Roma, que, durante siglos, se resistió a ser llamado “papa”, tema en el que insiste con palabras fuertes el papa Gregorio I, San Gregorio Magno (s. VI).

Sería atrevido y desacertado precisar ahora en qué va a quedar esto. Y cómo se van a organizar las cosas de la Iglesia en los próximos años. Sea como sea, una cosa es cierta: la Iglesia no puede seguir viviendo en la enorme contradicción, en que vive ahora, en este orden de cosas. ¿En qué cabeza cabe que la autoridad oficial, que hoy habla en el mundo, en nombre de Jesús y su Evangelio, sea el único monarca absoluto que queda en Europa? ¿Con qué autoridad puede este monarca ponerse a explicar el Evangelio, en el que “los primeros tienen que hacerse los últimos”? ¿Cómo puede decirle a la gente que los discípulos de Cristo no pueden ejercer el poder como lo ejercen los grandes y poderosos de este mundo? (Mc 10, 35-45; Mt 20, 20-28; Lc 22, 24-27). ¿Y va a seguir diciendo esto un jefe de Estado que acepta (según el Derecho Canónico) ser el único hombre en la tierra que posee una potestad “suprema, plena, inmediata y universal, que puede ejercer siempre libremente”? (can. 331, 2).

O sea, el papado se atribuye un poder que no es como el de los “jefes de los pueblos”, sino más fuerte que todos los demás poderes. ¿Qué sentido tiene entonces la prohibición tajante del Evangelio: “No ha de ser así entre vosotros” (Mc 10, 43; Mt 20, 26)?

Impresiona la lucidez y la honradez de Francisco. Como impresiona (quizá más) la ceguera y la hipocresía de quienes se empeñan en que Francisco será la ruina de la Iglesia. Difícil va a ser la conversión del papado. Pero más lo va a ser la conversión de los fariseos. Porque ellos son los que se sienten más seguros en la posesión de la verdad.

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Krzysztof Charamsa: «En el clero católico hay muchos homosexuales reprimidos que odian a los que son gays como ellos»

domingo, 25 de octubre de 2015
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1443906876059«Doctrina de la Fe es la agencia política de sabotaje contra el pontificado de Francisco»

«En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es uno de los lugares menos santos»

» En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando los gays son homófobos interiorizados «

(José M. Vidal).- El sacerdote y teólogo polaco, Krzysztof Charamsa, acaba de protagonizar una de las ‘salidas del armario’ más clamorosas de la historia del Vaticano. Afincado en Barcelona, realiza, en este entrevista exclusiva con RD, un durísimo alegato contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y su Prefecto, cardenal Müller, al que acusa de homofobia y de intentar «sabotear el pontificado de Francisco».

¿Fue feliz durante sus años de sacerdocio?

Sí, yo siempre he sido un cura feliz. Me siento feliz sirviendo a la gente, escuchando y aconsejando a las personas. Estoy feliz cuando comunico la palabra y la gracia de Dios. Pero, al mismo tiempo, no me sentía feliz por la negación impuesta por la Iglesia a mi natural orientación sexual. Estos dos sentimientos en el sacerdocio entraban en conflicto. Al final ha prevalecido la infelicidad causada por la homofobia de la Iglesia. He comprendido que para ser sacerdote feliz, debo decirle a mi Iglesia que está paralizada por la homofobia, y esto no hace feliz a nadie.

¿Es partidario del celibato opcional en la Iglesia católica? ¿Por qué?

Sí, a la luz de mis estudios sobre el celibato, hoy estoy convencido de que la única disciplina que se podría aceptar es la disciplina del celibato opcional, como la encontramos en las iglesias católicas orientales, donde los candidatos a curas pueden realmente decidir si quieren vivir como célibes o como casados. Hay, sin embargo, otro problema. Pienso que hoy en día se debe también discutir y revisar el valor humano del celibato. El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana. Debemos confrontar la disciplina del celibato con el estado de las ciencias modernas sobre el hombre y con la experiencia dramática de muchos curas. La Iglesia muchas veces esconde una doble vida en su corporación del clero.

¿Le han llamado ‘traidor’ por haber salido del armario y haber roto su compromiso celibatario?

Sería un traidor si continuara estando en el armario. Sólo así sería un traidor de Dios y de la humanidad. Sería un mentiroso. Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda, e incapaz de reflexionar porque está llena de un adoctrinamiento ideológico. Personalmente, veo que quien traiciona es la Iglesia, como comunidad de creyentes y como jerarquía, porque no es capaz de revisar una posición que ya no puede seguir defendiendo. Esta traición es muy patente en la Congregación para la doctrina de la fe y en el Vaticano en general. Traición es también la doble vida de una parte del clero. La doble vida para mí no significa solo tener una pareja, hombre o mujer, que es una realidad muy sana y recomendable para un cura. La doble vida es también masturbarse regularmente o ser dependiente de la masturbación como lo son muchos curas y al mismo tiempo luchar contra la masturbación, la cual forma parte de una sana vida sexual en pareja.

La Iglesia predica misericordia, pero ¿sigue persiguiendo a los homosexuales?

Sí, hay una verdadera persecución por parte de la iglesia católica tanto de las personas como de la comunidad LGBTI en general. Es la persecución de las minorías sexuales que no pertenecen y no pueden pertenecer a la mayoría heterosexual. Se trata de un proyecto ideológico de la Iglesia. Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad. Esta afirmación ha salido en boca del cardenal africano Sarah justo en medio del sínodo, que en su lugar debería pensar con misericordia sobre las familias. La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general.

Desgraciadamente, en este momento de la iglesia no hay personas capaces de abrir una discusión seria, libre de toda ideología dictatorial. El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto. Así, faltan interlocutores con los cuales se podría confrontar en la Iglesia. Esta es mi experiencia en la Congregación para la Doctrina de la Fe: un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible. ¿Con quién se podría discutir en la Iglesia las cuestiones humanas si la Iglesia permite las palabras de Sarah? El debería ser denunciado por difamación de un grupo social. La Congregación para la Doctrina de la Fe piensa como Sarah. Están obsesionados por la homosexualidad.

Hace unos días el cardenal Kasper decía que «el homosexual nace». Era la primera vez que yo se lo oía a un jerarca de la Iglesia. ¿Y usted?

Sí, es verdad, creo que es la primera vez. El cardenal Kasper es una de las pocas personas que piensa en la Iglesia. No comparto su posición sobre el juicio moral en relación a los actos homosexuales realizados por personas homosexuales siguiendo su propia natura. Me parece que él, por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar, posibilidad reservada solo a las criaturas heterosexuales. Es contradictorio. En otros términos, si es verdad que «se nace homosexual», como él dice, entonces los católicos tienen un problema con la cuestión homosexual. Deben reflexionar de nuevo sobre todo el tema de la orientación sexual y a continuación revisar la doctrina moral a la luz de esta reflexión.

No obstante esta frase, a mí me parece que el cardenal Kasper sigue la desafortunada teoría de la complementariedad hombre-mujer. Se trata de una verdadera construcción mental católica, que ya ha sido probada como teóricamente débil, por no decir falsa. Desgraciadamente, el término «complementariedad» se ha convertido en un slogan con el que la Iglesia quiere eliminar la discusión sobre personas homosexuales como criaturas Dios en vista del amor. Así, la Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar. Así promueve también el odio en la mentalidad de la gente contra las personas LGBTI, las cuales son presentadas como anormales. Se trata de una posición ideológica de una iglesia que tiene miedo de pensar. Estoy seguro de que esto pasará y en el futuro la Iglesia pedirá perdón por esto retraso. Este tipo de errores se repiten en la historia de la Iglesia continuamente.

Volviendo al cardenal Kasper: él es un creyente que piensa, con el cual se puede discutir. Hay también otros como él: como el card. Schönborn, el card. Marx, monseñor Forte o monseñor Bonny, por nombrar algunos, y sin olvidar al Papa Francisco. Son hombres de Dios y de la Iglesia, sensibles, creyentes, capaces de conocer la humanidad y de dialogar con ella. Pero la mayoría está obsesionada, incapaz de pensar y de amar, como el card. Sarah. La estigmatización promovida por la mayoría es un arma.

¿La espiritualidad y la sensibilidad atraen a los gays hacia el altar? ¿Hay más homosexuales en la Iglesia que en otras instancias sociales?

Personalmente estoy seguro que es así. Muchas veces en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente. Hoy, probablemente esa razón funciona solo en sociedades homofóbicas y retrógradas. Imagino que en mi patria, Polonia, todavía funciona así. Pienso que hoy en día es mucho más frecuente que un gay con su sensibilidad, y su apertura a lo transcendente y a lo divino, quiera ser cura.

¿Y en la Curia, hay muchos gays? ¿Es realidad el lobby gay vaticano del que suele hablarse?

En este campo también puedo hablar solo de mi experiencia. No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse. En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos curas, si no son homófobos, si no piensan solo en su carrera, si no se preocupan solo del dinero y del poder. El problema aparece cuando los gays son homófobos interiorizados. En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos.

Otro tema es el lobby gay, que yo no he conocido. He leído algo sobre ello en Italia, pero no he tenido ninguna experiencia. Puede ser que exista este lobby, come existe el lobby italiano o polaco en el Vaticano. El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero. Pienso también que el Vaticano es un lobby a nivel italiano e internacional que impone cosas que jamás ha estudiado seriamente.

¿Doctrina de la Fe es un dicasterio especialmente homófobo? ¿Y su jefe máximo en el dicasterio, el cardenal Müller?

Sí, la Congregación para la Doctrina de la Fe es el corazón de una homofobia paranoica e irracional. En ella no hay posibilidad de conocimiento ni de diálogo. Funciona por estereotipos. Yo tenía la impresión de que nosotros en la Congregación no promovemos la fe en Dios, no nos ocupamos de cristología o mariología, solo luchamos contra los gays y demás minorías sexuales. Es una obsesión. Esta es nuestra verdadera fe: la paranoia anti-gay. Nada más. Es nuestro tema preferido. Hay reuniones en las que de cada tres casos que tratamos, dos son contra gays. Nos hemos inventado un enemigo imaginario y luchamos con todas nuestras fuerzas contra él. Lo llamamos «nuestra guerra contra el gender». Allí no se puede discutir, pensamos que ese gender solo promueve cambios de sexo. Ese es el nivel de paranoia que reina en la Congregación.

El cardenal Müller ha promovido toda esta ignorancia, este extremismo, esta obsesión entre los oficiales, sin ningún tipo de razonamiento. En lugar de promover estudios, la Congregación es la agencia política de sabotaje contra el pontificado del Papa Francisco y su discusión sinodal. Es la agencia que lucha contra el gender, al que tampoco sabe definir. Lo realmente importante es usar la palabra gender de una forma que asuste a la gente, no importa que no se haya leído ni un solo libro sobre estudios de género. La homofobia y la misoginia (la verdadera feminofobia, un complejo u odio hacia la mujer) obsesivas son un drama para esta Congregación, cuyos miembros no todos son heterosexuales. Como en todas partes, hay homosexuales. La realidad es que la Congregación odia a los gays, aun habiendo dentro personas de las cuales se sabe que son homosexuales.

¿Doctrina de la Fe es una de las principales piezas de la resistencia en la Curia a la primavera de Francisco?

Sin ninguna duda. La Congregación vive su periodo más oscuro. Lo que más importa es mantener oculto nuestro tabú: la homosexualidad y la sexualidad en general. Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una «Francisco-fobia». El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme. Por las cosas que he oído sobre el Papa Francisco en la Congregación, ésta debería ser denunciada por ofender el primado de Pedro. En el pasado, nosotros hemos destruido carreras de teólogos que reflexionaban con respeto e inteligencia sobre nuevas formas de ejercicio del primado. Ahora la Congregación está contra el Papa y su primado de una manera irracional.

Varias personas que trabajan en la Congregación son simplemente fundamentalistas y su nivel intelectual no es tan alto como su presunción de ser «salvadores de este mundo delincuente». Dentro no hay ninguna posibilidad de discusión. Personalmente, no tengo ninguna duda de que el Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out. Para salvar la situación, la Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación en cuanto a métodos de promoción de la fe en la Iglesia. A día de hoy sigue siendo la Inquisición. Está vacía de argumentos racionales y llena de paranoicas emociones, como las expresadas abiertamente por el cardenal Sarah.

¿Por qué no habló con el Papa, antes de dar a conocer públicamente su situación?

He hablado con todas aquellas personas con las cuales se podía hablar. He hablado con todos aquellos que podrían entender la situación inhumana de hipocresía y falsedad de la Iglesia de Roma, que no son muchos. La situación actual es un escándalo institucionalizado. Más que dar a conocer públicamente mi situación, he dado a conocer la situación de la Iglesia en la que he vivido. Esto es muy diferente. Gracias a Dios ya no es más mi problema. Me he liberado del escándalo de esta Iglesia que he dado a conocer públicamente. Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano. Alguien debería decirlo claramente.

¿No le parece que el Vaticano reaccionó rápida y drásticamente con usted, mientras no hace lo mismo con los curas pederastas?

La reacción fue automática. El automatismo legalista y formalista es el alma de la Iglesia católica ante aquel que le dice la verdad, a pesar de que el Papa Francisco continuamente hable en contra de los formalismos legalistas.

Es cierto también que muchos casos de curas pedófilos fueron y son tratados de un modo distinto, no tan drástico. La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Está relacionada con la inmadurez sexual de sus miembros. No está influida por el mundo, tal como lo afirma obsesivamente la Iglesia. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida, no aceptada, rechazada.

También es verdad que en varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados. Le voy a dar un ejemplo. A finales del verano pasado en la prisión del Vaticano murió el nuncio polaco, el arzobispo Wesolowski, juzgado por la Congregación como pedófilo. Este hombre tuvo un entierro que duró diez días, entre el Vaticano y Polonia. 10 días de entierro de un prisionero que ya fue juzgado por un tribunal eclesiástico por abusos pedófilos. Este entierro empezó con una misa celebrada por los más cercanos colaboradores de Papa y terminó al cabo de diez días en Polonia con una lectura de una carta donde se decía que las acusaciones de su pedofilia eran solo invenciones de la mafia de la República Dominicana. El Vaticano permitió todo ese espectáculo, en lugar de pensar en cómo indemnizar inmediatamente a las víctimas de ese obispo pederasta. Viendo todo esto, se puede llegar a la conclusión de que existe un lobby pedófilo en el Vaticano. Sí, muchos curas y obispos pederastas tienen un tratamiento especial y muchos continúan estando libres de cualquier pena.

A esta luz la reacción del Vaticano a un cura gay que dice la verdad es un automatismo vergonzoso. Pero esta es la lógica de la Iglesia: todo debe permanecer escondido «por el bien de la Iglesia». Mientras esté escondido, no pasa nada. Para la Iglesia «el demonio» es el cura que dice la verdad, el que sale a la luz, el que sale del armario.

¿Va a seguir siendo sacerdote, va a pedir la secularización o se la van a imponer?

Soy y me siento sacerdote. Hoy soy mejor sacerdote que antes. Al revés, soy yo quien va a pedir a Iglesia que abra los ojos.

¿Tiene pensado escribir algún libro sobre sus vivencias en el Vaticano?

Sí, estoy convencido que es mi deber explicar más ampliamente mi experiencia en la Iglesia, y lo haré por el bien de la propia Iglesia, que debe convertirse y pedir disculpas por sus escándalos institucionales, por sus retrasos, por su paranoia irracional de la homofobia. Todo aquel que lo ve y lo experimenta tiene deber de despertar a la Iglesia, la cual ya ha superado todo límite soportable.

Si el Papa se lo pidiera personalmente, ¿dejaría a su pareja y volvería al Vaticano?

No, no dejaría a mi pareja porque la quiero y porque no hay razones doctrinales para hacerlo. Tener pareja, sea hombre o mujer, para un cura no va en contra de su fe, no va en contra de la doctrina de nuestra fe. Al revés, es la Iglesia y el Papa quienes deberían empezar a reflexionar seriamente sobre la inhumana disciplina del celibato obligatorio, y su obsesión por la homosexualidad y la sexualidad humana en general.

¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad. Yo no soy masoquista. El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida. Yo quiero vivir feliz, quiero ser santo, lo que significa ser feliz y, vivir a la luz de la voluntad de Dios y de la dignidad del hombre. En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios, aire que allí falta.

Otros titulares

Siempre he sido un cura feliz

El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana

Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda

Muchos curas son dependiente de la masturbación y al mismo tiempo luchan contra ella

Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad

La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general

El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto

En Doctrina de la Fe reina un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible

La Congregación para la Doctrina de la Fe está obsesionada con la homosexualidad

Kasper por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar

La Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar

En el futuro la Iglesia pedirá perdón por su condena de la homosexualidad

Muchas veces, en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente

No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse

En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando  los gays son homófobos interiorizados

En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos

El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero

Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una «Francisco-fobia»

El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme

El Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out

La Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación. A día de hoy sigue siendo la Inquisición.

Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano

La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida.

En varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados

¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad

El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida

En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios

Fuente Religión Digital

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El Decepcionante Sínodo de la Familia se cierra sin atender las expectativas de homosexuales ni divorciados a quienes da la espalda

domingo, 25 de octubre de 2015
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14457126264698Para quien todavía esperaba algo, el portazo ha sido mayúsculo. ¿Vencedores y vencidos? «Tendencia» en vez de «orientación» Homosexualidad  como pecado. «No existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia«… Duras afirmaciones que demuestran que, definitivamente, esta Iglesia no es casa de acogida…

Los divorciados deberán escoger si comulgan según su conciencia y el obispo será quien decida tras escuchar sus argumentos

Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su «pecado»

Las viejas compuertas de la Iglesia crujen y hasta amenazan fractura cada vez que el papa Francisco hace algún intento por abrirlas siquiera un poco. Después de tres semanas de discusiones, el Sínodo sobre la Familia se cerró sin responder a las expectativas creadas. Ni los divorciados vueltos a casar podrán recibir la comunión de forma generalizada –el texto solo pide más comprensión hacia ellos y que se analice cada caso “sin dar escándalo”— ni la jerarquía de la Iglesia parece asumir el mensaje de apertura de Jorge Mario Bergoglio. En su discurso final, el Papa acusó a cardenales y obispos de utilizar “métodos no del todo benévolos” para solventar sus diferencias y advirtió a los más conservadores: “Los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre”.

Aunque el documento final fue aprobado en su conjunto –cada uno de los 94 párrafos obtuvo los dos tercios de apoyos necesarios–, tanto el duro discurso del Papa como la ausencia de avances significativos en la postura de la Iglesia ante las que considera “situaciones difíciles” –divorciados, parejas de hecho, homosexuales— demuestran la fractura que sigue existiendo entre una buena parte de la jerarquía católica y Bergoglio y con la inmensa mayoría de la sociedad. No hay más que comparar los textos que el Vaticano distribuyó tras la clausura del Sínodo.

El documento final aprobado por los 270 padres sinodales parece un refrito del catecismo y de teorías que ya defendía Juan Pablo II. Tan es así que se considera un avance –en pleno siglo XXI—que el Sínodo pida que se eviten “injustas discriminaciones” hacia los homosexuales y que “es necesario acompañar a las familias con un miembro homosexual”, como si se tratara de una desgracia. Sobre si levantar o no el veto para que los católicos divorciados y vueltos a casar puedan comulgar, el Sínodo tampoco se moja. Dice que se analice caso por caso y “sin dar escándalo”. Una vez leída la ortodoxia absoluta del documento final, el discurso del Papa solo puede ser interpretado como una enmienda a la totalidad y, tal vez, una advertencia.

“El primer deber de la Iglesia”, recordó Jorge Mario Bergoglio, “no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios”. Y advirtió a los que pretenden una uniformidad sin fisuras: “Lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”.

Francisco también se refirió a los intentos por desestabilizar el Sínodo según las viejas costumbres vaticanas de difundir maldades, filtrar documentos o hacer saltar noticias bombas para distraer la atención. De todo ha habido desde que, hace tres semanas, se inauguró el Sínodo. Lo primero fue la confesión de homosexualidad de un prelado polaco de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Luego se distribuyó, debidamente falseada, una carta dirigida al Papa por un grupo de cardenales descontentos con la metodología del Sínodo. Lo último fue la difusión de una noticia –solo creíble para quien le interesara creérsela—de que el Papa había volado en helicóptero del Vaticano a la Toscana para que un médico japonés lo tratara de un tumor en el cerebro. A todos esos embrollos se refería Jorge Mario Bergoglio cuando reprochó a sus príncipes de la Iglesia utilizar “métodos no del todo benévolos” en sus luchas de poder.

Y leemos en Religión Digital:

(José M. Vidal).- No hay vencedores ni vencidos. Ni la tesis de los principios innegociables ni la antítesis de ‘hay que cambiarlo todo’, sino la síntesis entre ambas sensibilidades. La doctrina se puede y se debe ‘aggiornar’, para que la Iglesia pueda seguir siendo lo que quiso su fundador: casa de la misericordia y hospital de campaña. «Porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Lc. 5,31). Pero, paso a paso y gradualmente.

Por eso, los padre sinodales han entregado a Francisco un documento integrador, donde se sentirán reflejadas las diversas tendencias. Porque es un documento de consenso y sin rupturas. Un documento orientador para que el Papa, con él en la mano, vaya decidiendo poco a poco los pasos concretos a seguir dando.

De ahí que, tras meces de deliberaciones y debates duros entre moderados y conservadores, la Iglesia haya buscado, como hace siempre, la comunión. Y para eso, el documento no baja ni puede bajar a lo concreto. Se mantiene en criterios generales y en orientaciones genéricas. Criterios para discernir cada situación, no soluciones ni recetas generales. Eso sí, criterios con visión de futuro y cargados de esperanza.

No hay morbo en el documento. Los temas más polémicos, como el de la homosexualidad o el del acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, se tratan, pero no se zanjan. Sobre los gays, la Iglesia sigue remitiéndose al Catecismo: respeto y misericordia con el pecador, pero sin absolver su pecado.

Y, en el tema de la comunión de los divorciados, es la propuesta del cardenal Schonborn la que sale victoriosa del Sínodo. Una propuesta que, como buen dominico, el purpurado de Viena, buscó en Santo Tomás de Aquino. Se trata de la doctrina del «fuero interno», es decir que cada persona decida en función de su conciencia bien formada y que el obispo, tras escuchar a cada persona, tome las oportunas decisiones. Sin juicios, sin tener que recurrir a Roma y sin miedo a la misericordia.

Sigue igual la doctrina, pero cambian los acentos y se abren caminos de futuro. La mayoría moderada de los padres sinodales es consciente de que «lo mejor es enemigo de lo posible». En estos momentos, concretar la misericordia que quiere el Papa con los gays y con los divorciados podía romper la Iglesia y llevar al cisma. Por eso han optado por pacificar y poner las bases para que se puedan ir abriendo pequeñas grietas en el hormigón armado de la doctrina.

Saber esperar es un arte y la Iglesia, sabia de sus dos mil años de Historia, lo practica. Esperar para que la fruta madure, para que el consenso se amplíe y fragüe sin rupturas. La institución sólo dará pasos en los campos delicados de la moral sexual y familiar, cuando se lo permita el «sensus fidelium». Es decir, cuando sea la opinión muy mayoritaria entre sus fieles. Es la ley de la «salus animarum».

Resultados escasos, dirán muchos. Y es que los medios habían creado excesivas expectativas. El ‘Sínodo mediático‘ esperaba una revolución. Y el ‘Sínodo real‘ le ha servido las bases de una reforma que puede cuajar en el futuro. Las luces cortas de los medios contra las largas de la Iglesia, que se mueve en el tiempo teológico de la eternidad. La revolución eclesial es para mañana.

En todo caso, la misericordia actuante con gays y divorciados tendrá que esperar. A no ser que el Papa (que tiene la última palabra en esto y en todo lo demás) crea que la prudencia de sus sinodales es excesiva y que, para que la Iglesia sea realmente «un hospital de campaña«, hay que «hacer lío» y dar salida ya a estos «descartados» de la institución. Si la ley del descarte no vale en la sociedad civil, menos aún en la eclesial. Tras escuchar a su ‘Senado’, el Papa puede decidir. Tiene margen para ello. Y es, sin duda, capaz de hacerlo. Por algo es el Papa de la esperanza.

Pide evitar injustas discriminaciones a los homosexuales

El documento final del Sínodo sobre la familia, cuyos 94 puntos fueron aprobados hoy en su totalidad por una mayoría de dos tercios, pide evitar injustas discriminaciones a homosexuales.

El tema del acercamiento de la Iglesia a los homosexuales queda recogido en un punto, en el que se explica que «cada persona, independientemente de su propia tendencia sexual, tiene que ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, con el cuidado de evitar cualquier marca de injusta discriminación«. El resto de ese apartado pide atención de la Iglesia para «acompañar a las familias con un miembro homosexual«.

Esta es la única referencia a la acogida de homosexuales por parte de la Iglesia católica en este texto, en el que también se reitera que «no existe algún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia».

También en este punto, que recibió 221 votos a favor y 37 contrarios, se explica que se considera «inaceptable» que las Iglesias locales sufran «presiones en esta materia por parte de organismos internacionales que condicionan las ayudas financieras a países pobres a la introducción de leyes que incluyan el matrimonio entre personas del mismo sexo«.

Algunos de los 270 padres sinodales que participaron en el Sínodo ya habían anticipado que el tema de la acogida de los homosexuales no iba a ser ampliamente reflejado en el documento al considerar que no se podía incluir en la temática general de la familia.

Por ello, solo habría una cita a la no discriminación, pero sí a la atención a las familias con un miembro homosexual.

Las votaciones se han realizado separadamente por cada uno de los 94 párrafos, que se referían a cuestiones distintas. El de la readmisión de los divorciados católicos vueltos a casarse, por ejemplo, ha obtenido 178 votos positivos, pero 80 negativos, o sea un solo voto de margen. En cualquier caso, todos las 94 cuestiones han obtenido el ‘quorum’ necesario.

En el caso de los divorciados católicos los obispos y los curas decidirán sobre la readmisión «caso por caso«, ya que el sínodo considera necesario examinar la vida personal de quien se ha vuelto a casar, tal vez con hijos del primer matrimonio y otros del segundo a los que acude de manera distinta o no acuda por nada.

«La lógica de la integración es la clave para su cuidado pastoral, para que no solo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que también puedan tener una experiencia gozosa y fructífera«, detalla el texto en el párrafo 84.

En el punto 53 se especifica que «es esperable que en las diócesis se promuevan caminos de discernimiento y de implicación de estas personas, en ayuda y ánimo de la maduración de una elección coherente». «Las parejas deben ser informadas sobre la posibilidad de recorrer al proceso de declaración de nulidad del matrimonio», añade.

Por último en el punto número 85, los padres sinodales señalan que «es deber de los presbíteros el acompañar a las personas interesadas en la vía del discernimiento según las enseñanzas de la Iglesia». Además queda ilustrado que será necesario que estas personas hagan «un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y de arrepentimiento».

«Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal ha entrado en crisis; Si ha habido intentos de reconciliación; cómo es la situación de la pareja abandonada; qué consecuencias tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y sobre la comunidad de los fieles; qué ejemplo ofrece a los jóvenes que se preparan para el matrimonio. Una reflexión sincera puede fortalecer la confianza en la misericordia de Dios que no se le niega a nadie»

El jefe de la Oficina de prensa del Vaticano ha destacado que la Relatio Finalis «es un documento de consenso« al tiempo que ha precisado que «el mayor número de votos contrarios se refieren a la cercanía pastoral a las situaciones difíciles y no regulares».

«No hay que olvidar que entre un sínodo y el otro se instauró el Motu Propio del Papa sobre las nulidades matrimoniales», ha señalado Lombardi.

Para leer el texto completo del documento final del Sínodo en italiano, pinche aquí

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«¿Bendecirán las iglesias a parejas LGTB casadas civilmente?», por Juan Masiá Clavel

viernes, 23 de octubre de 2015
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GAY COUPLE EMBRACE DURING WEDDING CEREMONY IN TORONTO CHURCHLeído en su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Esta semana estarán hablando los sinodales en Roma sobre la acogida evangélica de todas las personas en las comunidades cristianas; y, concretamente, sobre la acogida comunitaria y bendición eclesial de las parejas LGTB que han formalizado civilmente su enlace matrimonial.

Una persona participante en el Sínodo, que habla con condición de confidencialidad, hace la siguiente pregunta: “Respetando lo prescrito en el Derecho Canónico sobre el matrimonio, y reconociendo que no puedo presidir y testificar como celebrante el matrimonio de dos contrayentes LGTB (discúlpeseme el recurso a las abreviaturas), pregunto: ¿Podría celebrarse litúrgicamente -aunque no canónicamente- la acogida eclesial de esa pareja que se ha casado ya civilmente? ¿Podría hacerse según un ritual de bendición (hay decenas de ejemplos en el benediccional ritual romano, desde la bendición del agua hasta la de las semillas, pasando por la bendición de la mujer embarazada y del feto, o la bendición de los hogares, o de la primera piedra de un edificio o de los altares,etc…); podría celebrarse con esta bendición el enlace de la pareja, incluso con un ritual semejante al de la liturgia matrimonial, aunque no se trate de una “boda canónica”?

La respuesta a su pregunta, estimado pastor, es sencillamente que sí.

Pero reconozco que le estoy respondiendo desde la moral evangélica y la reflexión teológica. Si le hace usted esta pregunta a quien identifique la moral teológica con el derecho canónico, es posible que no se atreva a darle esta respuesta.

Permítame sugererirle que, en vez de gastar tiempo y energías en argumentar en contra o a favor de la “ideología de la indisolubilidad” , empleasen tiempo y estudio para plantear cómo liberar la vida sacramental del control por el derecho canónico, y cómo reconocer que lo que necesitamos no es una mano de pintura pastoral a la fachada del “castillo de la iglesia”, sino cómo “salir del castillo” una iglesia “en salida” que peregrina hacia la Vida pernoctando en tienda de campaña.

Han reptido muchos de ustedes estos días que solo pretenden adaptaciones pastorales, sin tocar doctrinas. ni magisterios inmutables. Pero el problema es reconocer humildemente la evolución de las doctrinas y la falibilidad histórica de los magisterios, sin miedo a que se desmorone la fe por salir del castillo de las doctrinas y magisterios que la oprimen.

Y no tengan miedo a que esto provoque divisiones en la comunidad. Lo que nos une es la fe y no las teologías, nos une el Evangelio y no las ideologías. La fe permanece, las doctrinas cambian y evolucionan, y hasta los dogmas se reinterpretan…

Desde esta postura, monseñor, le respondo a su pregunta: Sí, podemos bendecir en la iglesia a esas parejas, aunque hoy por hoy no se permita formalmente su boda canónica.

Además, creo que podemos justificarlo con la reflexión siguiente, basada en la definición conciliar de matrimonio.

“Comunidad íntima de vida y amor” es la definición que resume el ideal de la unión esponsal propuesta por el Concilio Vaticano II en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (Gaudium et spes, 1965, n.48).

Las uniones civilmente reconocidas de personas gays, lesbianas, transexuales o bisexuales (LGTB), podrían reconocerse incluídas en el marco de esa definición conciliar; por tanto, sería justificable la bendición religiosa de estas uniones en la iglesia católica (aunque, por el momento, no se haya formalizado oficialmente su institucionalización como boda canónica). Debería ser posible acoger sacramentalmente a esas personas, e incluso celebrar pastoral y litúrgicamente una bendición de quienes ya están socialmente constituidos como familia con todos sus derechos civilmente reconocidos.

La definición conciliar del enlace como comunión de vida y amor es amplia y profunda, como para que tenga cabida en ella la relación conyugal de una pareja tanto heterosexual como no heterosexual.

Comunión de amor. No de amor como mero enamoramiento transitorio solamente. Se casaron no solo porque se querían, sino para quererse más y mejor.

Comunión de vida, porque se prometieron recorrer unidos el camino de su vida, no meramente “hasta que la muerte los separe”, sino “hasta que la vida entera recorrida al unísono los acabe de unir por completo”.

Comunión, que es un proceso que dura lo que dure la vida juntos, si la debilidad humana no separa la unión deseada por Dios para que la pareja la consume con el camino de su vida.

Por el momento, mientras la iglesia-institución no da el paso de cambiar o abolir determinaciones canónicas, las iglesias-comunidad de fe podrían y deberían dar pasos eficaces y positivos en la acogida de las personas.

Podría servir, como un ejemplo de referencia, la práctica, aprobada por Roma, de celebrar en la iglesia católica de Japón una ceremonia religiosa para el enlace de personas no bautizadas, que “se casan en la iglesia sin casarse por la iglesia”, si se permite la expresión popular para referirse a estas celebraciones religiosas sin “boda canónica”.

“El matrimonio entre personas no bautizadas y no creyentes, celebrado según el ritual católico, ha sido una de las actividades habituales de la Iglesia en Japón desde hace varias décadas, con la aprobación de la Santa Sede”. Así escribe (en la Respuesta al Secretariado del Sínodo extraordinario de los Obispos, n.2) el arzobispo Peter Takeo Okada, de la archidiócesis de Tokyo, Presidente de la Conferencia episcopal japonesa.

No es una “boda según el derecho canónico”, sino una celebración religiosa para bendecir el enlace que ya han contraido civilmente los cónyuges (mediante la inscripción en el registro civil según la ley del país). Por eso está justificada la expresión popular, que sería inapropiada si hablamos con precisión jurídico-doctrinal: se casan “en” la iglesia, pero no “por” la iglesia. Dicho sencillamente, se bendice en la iglesia el enlace de quienes han contraido matrimonio civilmente.

Esta práctica pastoral -que separa claramente el enlace civil y la celebración religiosa- proporcionaría un modelo para los dos casos siguientes que, según propuestas desde Japón al Sínodo, se deseaba que fuesen tratados por la asamblea episcopal:

1) Celebración religiosa (en este caso sacramental, aunque no sea boda canónica) de un nuevo matrimonio contraido civilmente por personas católicas divorciadas y vueltas a casar.

2) Celebración religiosa de la unión de parejas no heterosexuales, que han contraido enlace civilmente cuando, donde y según lo determinan las leyes del país respectivo.

Esta propuesta, que parecerá demasiado radical, es más bien insuficiente. La propuesta radical debería ser sacar los sacramentos por completo fuera del derecho canónico, separar canonicidad y sacramentalidad, no juridificar la vida de fe… Pero no es previsible, lamentablemente, que la Iglesia vaya a ser capaz de soltar ese lastre pesado de muchos siglos…

Cuando se anunció el resultdo del referendum irlandés, en el que prevaleció el apoyo al reconocimiento del enlace matrimonial igualitario, se suscitó preocupación y tristeza entre quienes creían identificar una derrota en la defensa de la institución matrimonial. Más bien habría que decir lo contrario: no es una derrota ni una amenaza para la institución matrimonial, sino un apoyo. Hay también quienes aceptan a regañadientes el reconocimiento civil de la unión homosexual, pero impondrían la condición de no llamarla matrimonio ni equipararla con la unión heterosexual. Hay también quienes fuerzan el argumento, jugando con las etimologías de “matrimonio”, “patrimonio” etc… No sé si les tranquilizaría, sin enredarse en pros y contras de género, hablar en ambos casos de “enlace esponsal”. En todo caso, a quienes insisten, con razón, en “hacer todo lo posible para defender, proteger y promover la institución matrimonial y la familia», habría que tranquilizarles, porque el enlace igualitario no amenaza, sino apoya precisamente la institución matrimonial, al insistir en la formalización social del enlace, en vez de reducirlo al ámbito privado de la convivencia de hecho más o menos estable.

Se ha diagnosticado, en el contexto de la llamada cultura de la provisionalidad, que aumenta el divorcio, así como la falta de interés por formalizar civilmente las uniones, sin reducirlas a convivencia de hecho con dudosa estabilidad. Precisamente en ese contexto resulta significativo el interés, deseo y reclamación, por parte de parejas LGBT, del reconocimiento social, jurídico y cultural (que podría y debería ser también religioso) de su unión matrimonial.

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Falleció John J. McNeill, pionero en el activismo LGTB dentro de la Iglesia católica

viernes, 23 de octubre de 2015
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26McNeill-Obit-master675Rev. John McNeill, segundo desde la derecha, en la marcha del orgullo gay de Nueva York en la década de 1980Crédito Carlos Chiarelli

El pasado 22 de septiembre, acompañado del que ha sido su pareja durante casi cincuenta años, falleció John J. McNeill poco antes de cumplir los noventa. Pionero del activismo LGTB cristiano, publicó en 1976, siendo sacerdote jesuita, The Church and the Homosexual. Era este el primer libro dedicado a defender un cambio en la doctrina católica sobre las parejas del mismo sexo.

El día que se escriba la historia del activismo LGTB cristiano, la figura de John J. McNeill tendrá un lugar destacado. Pocos años después de la revuelta de Stonewall, el entonces sacerdote jesuita publicaba un libro con un título entonces llamativo, The Church and the Homosexual (traducido al castellano como La Iglesia ante la homosexualidad), que por primera defendía, en el seno de la Iglesia católica, la necesidad de un cambio de postura en la enseñanza sobre homosexualidad.

McNeill nació en Buffalo (Nueva York) en 1925. En 1942 entró en el Ejército y participó en la Segunda Guerra Mundial. Fue hecho prisionero por los nazis. Durante su cautiverio vivió un acto de generosidad por parte de un extraño: un prisionero polaco le acercó una patata, y cuando McNeill le hizo un gesto de agradecimiento aquel le respondió con la señal de la cruz. Esta experiencia fue determinante para que ingresara en los jesuitas en 1948. Fue ordenado sacerdote en 1959, y cinco años después se doctoró en Filosofía en Lovaina.

Fue a lo largo de los años sesenta cuando McNeill aceptó su propia homosexualidad. Al poco de ordenarse, sufrió una profunda depresión con ideas de suicidio. Fue entonces cuando se enamoró de otro hombre, y lo vivido a su lado le convenció de la legitimidad una relación amorosa entre personas del mismo sexo. Algo más tarde, hacia 1970, empezó a atender pastoralmente a gais y lesbianas, y en 1972 cofundó la sede en Nueva York de Dignity (asociación católica de personas LGTB en Estados Unidos). Mientras, se formó como psicoterapeuta. Su creciente convicción de que las relaciones entre personas del mismo sexo podían ser buenas (incluso “santas” desde los parámetros cristianos) le llevó a visibilizarse cada vez más y hablar en público sobre catolicismo y homosexualidad.

Publicación de The Church and the Homosexual y activismo posterior

Esta creciente visibilidad desembocó en la publicación, en 1976, de The Church and the Homosexual, un libro que cuestionaba tanto los argumentos bíblicos como los más típicamente católicos acerca de la tradición y la ley natural sobre la homosexualidad. El texto concluía afirmando que las razones de la condena carecían realmente de base y que por tanto debía afirmarse la posibilidad de relaciones entre personas del mismo sexo moralmente buenas desde el punto de vista cristiano.

Hoy muchas de las tesis de McNeill son aceptadas. No ciertamente en la doctrina oficial, pero sí han influido en muchas personas dentro de la Iglesia católica y se han extendido más allá de la misma. Sin embargo, en su momento el libro causó un notable revuelo, a lo que contribuyó el hecho de contar con el imprimi potest, autorización oficial de la Iglesia para su publicación (ello había retrasado la publicación del libro tres años, mientras era analizado por una comisión de teólogos). Eran los años posteriores al Concilio Vaticano II, cuando por un tiempo pareció que en el seno de la Iglesia católica las cosas podían cambiar de forma rápida.

El fuerte impacto de este libro inquietó a no poca gente dentro de la Iglesia. McNeill era invitado a numerosas charlas y llegó a aparecer en programas de televisión de gran audiencia, como el Phil Donauhe Show o el Today con Tom Brokaw. En este último programa, el sacerdote declaró públicamente que era gay. Fue demasiado: poco después su libro vio retirado el imprimi potest y en 1977 se le prohibió hablar públicamente sobre catolicismo y homosexualidad.

McNeill obedeció la orden durante casi diez años, mientras continuaba su atención psicológica y pastoral a personas LGTB. Durante estos años tuvo lugar también la aparición del VIH/sida y su rápido avance, que le llevó a fundar un servicio para personas afectadas, atendiendo a personas sin hogar en Harlem. De esta época es también la fotografía con la que abrimos la entrada, y que muestra a McNeill, en compañía de otros sacerdotes, en una marcha del Orgullo. Sin embargo, la publicación en 1986 del documento vaticano Sobre la atención pastoral a las personas homosexuales le hizo cambiar de idea. Dicho documento calificaba la orientación homosexual de tendencia “objetivamente desordenada” y prohibía toda atención pastoral que aceptase las relaciones entre personas del mismo sexo. McNeill se rebeló y decidió pronunciarse públicamente en contra en una declaración enviada a The New York Times. Se le ordenó retractarse, y al no hacerlo, fue expulsado de los jesuitas a principios de 1987.

Esta expulsión significó una nueva etapa en el activismo de McNeill. Continuó ofreciendo sus servicios de pastoral y atención psicoterapéutica a personas LGTB. Publicó otros libros en los que iba más allá de su simple aceptación, buscando desarrollar una espiritualidad en positivo para las personas LGTB. De esta época son sus obras Taking a Chance on God y Freedom Glorious Freedom. En 1997 publicó su autobiografía Both Feet Firmly Planted in Midair.

En 2011 viajó a Roma y junto al Fórum Europeo de Grupos Cristianos LGTB le entregó a Benedicto XVI una carta invitando al diálogo y urgiendo a que el Vaticano condenara la violencia contra las personas LGTB. En 2012, se estrenó un documental sobre su vida, titulado igual que uno de sus libros: Taking a Chance on God, dirigido por Brendan Fay, que resumía su trayectoria. En sus últimos años, John McNeill vivió retirado en Fort Lauderdale junto a Charles Chiarelli, su pareja desde hacía casi cincuenta años. De hecho, como se supo después, The Church and the Homosexual se basaba en su formación académica, pero también en su experiencia personal.

Su fallecimiento ha traído consigo las habituales muestras de reconocimiento. “John McNeill fue un auténtico pionero y muchas hemos seguido sus pasos. Aprendí mucho de su investigación y de sus escritos. Pero aprendí todavía más de la interacción personal con él. Siendo testigo de la pasión y preocupación humana que tenía por toda persona LGTB con la que se encontraba”, expresaba Jeaninne Gramick, fundadora de New Ways Ministry, otra asociación que busca la inclusión plena de las personas LGTB en la Iglesia católica.

En la historia personal de quien escribe esta entrada, McNeill tiene un significado especial. Con apenas 20 años, me hice con un ejemplar de The Church and the Homosexual. En el proceso personal de aceptación como gay y cristiano, este libro fue determinante. Si alguna duda me quedaba de cuál era el camino que debía seguir en mi vida, el libro de McNeill sirvió para borrarlas. Por ello, esta breve nota sirve también de expresión de agradecimiento de quien se benefició de su libro años después de haberlo publicado. Su vida y su obra han ayudado a muchos, incluyendo a quien ha escrito este obituario.

Os dejamos con el tráiler del documental sobre su vida, Taking a Chance on God. (subtítulos en italiano)

Fuente Dosmanzanas

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«Mensaje del papa después del Sínodo», por José Arregi

jueves, 22 de octubre de 2015
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480x380p-noticias-19298-2014-4-22-153514Leído en su blog:

Prosigue en Roma el Sínodo sobre la familia, aunque haya decaído notablemente el interés mediático, siempre tan voluble. Lleva dos semanas, y aún queda la tercera. Luego corresponderá al papa elaborar y publicar su Exhortación Apostólica Postsinodal. Eso llegará dentro de unos meses, pero el otro día soñé que decía así:

“El papa Francisco a mis hermanas y hermanos católicos del mundo entero. Os deseo la paz de Jesús. Ella nos une en la diversidad del Espíritu como una familia.

No os oculto mi incomodidad al dirigirme a vosotros como papa, pues no me elegisteis ni directa ni indirectamente, ni tampoco elegisteis a quienes me eligieron. Son cosas de la historia, no del evangelio. ¡Ojalá esto cambie pronto y deje la Iglesia de ser jerárquica, piramidal, y sea un signo de la humanidad fraterna que Jesús soñó! Mientras tanto, os hablo como hermano, sin otra autoridad que la que queráis reconocerme.

Incómodo me sentí también con el Sínodo de la Familia, que yo mismo convoqué y que congregó en Roma a tantos obispos que no conocen los gozos y las angustias de las familias de hoy, familias de carne y hueso, familias reales, familias diversas. Tan diversas que no caben en los esquemas del Catecismo que seguimos enseñando, ni en los cánones de Derecho Canónico tan frío que seguimos imponiendo en nombre de Dios. Perdonadnos.

Comprendo muy bien vuestro asombro y protesta al ver que, mientras vuestras familias sufren tantas penurias, desde todos los rincones de la tierra se reunían aquí durante tres semanas 400 personas, cómodamente instaladas, entre ellas 270 cardenales, obispos y religiosos, solo ellos dotados de voz y voto. Perdonadnos. Tal vez tenía razón la viñeta que firmaba por aquellos días ‘El Roto’ en un periódico español: ‘Resucitar a los muertos es fácil. Lo difícil es resucitar a la Iglesia’. Lo diría, supongo, porque mira a la Iglesia como a un muerto que no quiere resucitar, que prefiere seguir siendo pieza de museo, fósil de la vida que un día inspiró formas vivas que ya no viven ni hacen vivir.

No sé si debí convocar este Sínodo. Os confieso mi decepción a la vista de sus propuestas finales. ¡Tanta pompa y tanto gasto, tanta palabra para eso! Pero no quiero mirar atrás. Quiero mirar adelante y dar un paso al futuro. Quiero arriesgarlo todo, y sobre todo el poder absoluto que el Derecho Canónico y los obispos me reconocen todavía. Lo hago justamente porque no me parece un poder evangélico y ya no creo en él. Creo en la vida. Amo a Jesús. Me siento libre, y no tengo miedo ni nada que perder.

He meditado mucho sobre los dos temas que más interés y debate suscitaron entre los padres sinodales y en los medios de comunicación. Me refiero a la unión de gais y lesbianas por un lado y a la comunión de los divorciados vueltos a casar por otro. Yo mismo promoví la discusión. Con la mejor voluntad, propuse que la Iglesia manifestara públicamente misericordia y respeto para con los homosexuales, pues no somos quién para juzgarles, y que los divorciados vueltos a casar pudieran comulgar en la mesa de Jesús siempre que cumplieran tres condiciones: arrepentimiento, confesión ante su obispo y propósito de no reincidir.

Hoy me arrepiento de haber hablado en esos términos ofensivos y humillantes para homosexuales y divorciados, pues equivale a tratarlos como culpables. Es injusto, y contrario al evangelio. Les pido perdón. No les debemos una palabra de conmiseración, ni solo de respeto, sino de pleno reconocimiento.

Por eso, en nombre de Jesús y de la Iglesia, declaro que el amor homosexual es tan santo y bendito como el heterosexual, y lo bendigo de todo corazón como sacramento del Amor o de Dios. Y declaro que el amor humano quisiera ser pleno y eterno, sí, pero es sin embargo frágil, y que cuando, por los motivos que fueren, un matrimonio se rompe por dentro sin remedio, deja de ser matrimonio, y que buscar entonces probar la nulidad canónica para salvar la indisolubilidad teórica es un artificio indigno, y que un nuevo matrimonio de divorciados, en la medida en que el amor les mueve, es igualmente santo, sacramento de Dios o del Amor, y yo lo bendigo.

Hermanas, hermanos, basta ya. Empecemos de nuevo. Os bendigo a todos y os pido vuestra bendición. Vivid en paz. Vuestro hermano Francisco, papa todavía”.

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Un documental muestra a centenares de religiosos practicando cibersexo en Brasil

jueves, 22 de octubre de 2015
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santos2«Amores santos», historias de relaciones virtuales con un actor

Para «mostrar la hipocresía de los discursos de religiones que condenan la homosexualidad»

El documental ‘Amores santos’, que incluirá escenas de cientos de religiosos practicando cibersexo con un actor, se propone denunciar la doble moral de las religiones que condenan la homosexualidad pero cuyos sacerdotes y pastores la practican a puerta cerrada, informó su director.

«Nuestra intención es mostrar la hipocresía de religiosos que, sin importar su credo, hacen a escondidas lo que condenan en público desde los púlpitos», afirmó en una entrevista el periodista brasileño, ambientalista y director de documentales Dener Giovanini, productor y director de ‘Amores santos’. El documental, que comenzó a ser producido en noviembre del año pasado y será lanzado a comienzos de 2016, tendrá formato de largometraje e imágenes de alta calidad pese a que provienen de las webcam de los religiosos que, sin saber que eran grabados, tenían «relaciones virtuales» con el actor contratado por los productores.

«Tenemos unas 500 horas de grabaciones de cientos de religiosos católicos, evangélicos, protestantes y anglicanos cuando practicaban sexo virtual frente a su webcam, así como los archivos de sus conversaciones con el actor en las redes sociales«, dijo Giovanini.

El director, especializado en documentales y series para televisión de temas ecológicos y que por primera vez aborda un asunto social y religioso, explicó que su intención inicial era denunciar la violencia que sufren los homosexuales por causa del discurso de «odio y homofobia» de la mayoría de las religiones.

«Pero la investigación que hicimos nos permitió percibir que muchos de los religiosos que pregonaban ese discurso también eran homosexuales. Entonces decidimos contratar a un actor y le inventamos un perfil en Facebook para atraer religiosos», afirmó. Pese a sus datos falsos, el actor llegó a tener tres perfiles en Facebook, con cerca de 5.000 amistades, con los que se aproximaba a los religiosos, a los que tan sólo sugería su homosexualidad. «Fueron seis meses de contactos y tres meses de grabaciones de las webcam. No imaginábamos la cantidad tan grande de religiosos que atraeríamos ni que tendríamos escenas tan fuertes de religiosos usando sus hábitos, algunos en las sacristías», aseguró.

Giovanini agregó que todos los perfiles de quienes le propusieron sexo virtual al actor fueron verificados minuciosamente para descartar los falsos y confirmar que realmente fuesen de religiosos, y que se dio prioridad a los que dejaban clara su condición con fotos en las que aparecían de hábitos, oficiando misas o con fieles. El productor, que usará técnicas para esconder el rostro de los religiosos, borró los perfiles en Facebook para que no puedan ser identificados y adoptó varios cuidados para no exponer a nadie.

«No queremos perjudicar a nadie. Tan sólo mostrar la hipocresía de los discursos de religiones que condenan la homosexualidad. No es una película contra las religiones sino para mostrar que existe algo equivocado y peligroso en su discurso», afirmó el director. El filme seleccionará imágenes de unos 150 religiosos de 30 países, sobre todo brasileños, y algunos del Vaticano. El director considera que el filme puede provocar gran impacto en la Iglesia católica porque incluye escenas chocantes con obispos, monseñores, religiosos del alto clero, sacerdotes y seminaristas.

«Tenemos a varios evangélicos y anglicanos pero principalmente católicos, tal vez porque los sacerdotes católicos, por lo general, viven solos en sus casas y pueden usar libremente internet, mientras que los evangélicos viven con sus esposas e hijos y tienen menos libertades para tener relaciones en internet», dijo. El documental también incluye testimonios de homosexuales víctimas de persecuciones o agresiones por motivos religiosos, de padres de familia que perdieron a sus hijos por esta persecución y de seminaristas preocupados por ser homosexuales o que fueron asediados en los seminarios.

Además testimonios de especialistas y conocedores del tema, como el teólogo alemán David Berguer, un vaticanista cuyo reconocimiento como homosexual provocó un gran controversia y quien asegura que gran parte del clero del Vaticano es homosexual y que muchos tienen apartamentos en Roma para sus encuentros con hombres. Giovanini dijo que su filme está en la etapa final de montaje y que aún necesita de tres meses para lanzarlo, pero que decidió abrir el juego y presentarlo públicamente para aprovechar el Sínodo sobre la familia que se celebra actualmente en el Vaticano y en el que los obispos discuten temas como la sexualidad. «Es una aportación que hacemos al Vaticano para que entienda que primero tiene que preocuparse por lo que ocurre detrás de los muros de la iglesia y con asuntos como el celibato», afirmó.

(RD/Agencias)

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13 propuestas para el Sínodo sobre la Familia 2015

miércoles, 21 de octubre de 2015
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:
Hoy se votan en el Sínodo de Roma las propuestas sobre la familia cristiana, y así conoceremos pronto su contenido, más allá de las filtraciones más o menos secretas e interesadas que se han venido publicando estos días.

Evidentemente, no puedo publicar en mi blog todavía esas propuestas, pero puedo y quiero ofrecer las mías, pues he venido siguiendo con interés de cristiano y “complicidad” de teólogo los avatares del sínodo desde el comienzo de su preparación, el 2013, hasta ahora. En ese contexto de avance y reflexión sobre el sínodo publiqué además un libro (La Familia en la Biblia, 2014), que ofrece una base de conocimiento sobre el tema.

Mientras aparecen, pues, las propuesta oficiales, presento yo las mías, elaboradas en un contexto de estudio de la Biblia, escucha de la voz de muchísimos cristianos (¡sensus fidei!), reflexión y valoración de algunas aportaciones del Sínodo, tomando como base las últimas páginas de mi libro sobre La familia en la Biblia. Buen día a todos.

13 propuestas para el Sínodo sobre la Familia 2015

1. La familia es un institución histórica, que se va expresando y realizando a través del tiempo. Ciertamente, tiene un elemento natural, vinculado a la historia de la naturaleza y de la vida, como muestra la dualidad sexual (varón y mujer) y el hecho de que el hombre es un ser natal que proviene de otros hombres, no sólo en un plano biológico, sino (y sobre todo) cultural, a través de la palabra que le ofrecen y en la que le inician otros seres humanos.

Lógicamente, a partir de esa esa “base natural”, las formas de la vida familia han cambiado, como sabemos por la historia, y conocemos por la misma Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. En ese sentido, podemos afirmar que la Biblia es un libro sobre las “transformaciones” de la familia, pues su sentido y valor no está dado de antemano, sino que se va configurando a lo largo de la historia. En esa misma línea podemos decir que, sobre la base de los principios de Jesús, las formas de familia han cambiado también a lo largo de la vida de la Iglesia.
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2. Tendencia al matrimonio monogámico. A pesar del predominio del patriarcalismo y de la existencia de la poligamia, la Biblia ha dado primacía al matrimonio monogámico, igualitario y duradero (para toda la vida) entre dos personas (normalmente un hombre y una mujer), como muestra el camino que va de Gen 1-2 hasta Mc 10, 1-9 (mensaje de Jesús) y el gran signo de Ap 21-22 (las Bodas del Cordero). En ese contexto resulta fundamental la vinculación entre monoteísmo profético (Dios ama a su pueblo como esposo fiel) y la monogamia (el amor y la fidelidad entre un hombre y una mujer es signo y presencia divina en la historia).

Pero la monogamia no se ha impuesto por ley, ni en la Biblia ni en la Iglesia, pues, más que una norma que obliga desde fuera, ha sido y es una experiencia de maduración humana, en línea de unión personal, para el amor de dos y para el engendramiento de la vida. La realidad modélica de la familia, vinculada al despliegue de la vida, está básicamente vinculada al matrimonio monogámico entre un hombre y una mujer.

3. Otras formas experiencias, la poligamia. El matrimonio monogámico y heterosexual ha de entenderse como punto de referencia, pero se han dado y pueden darse otras formas de matrimonio, entre las que empiezo indicando, desde la Biblia, el modelo de unión poligámica, que se ha dado en ciertos momentos de la Biblia y sigue dándose en algunas culturas religiosas y sociales, de manera que la iglesia, en principio, debe respetarlo e incluso admitirlo de hecho en algunas situaciones quizá marginales, pero significativas de África y Asía.

Pero ese tipo de matrimonio parece ir en contra de la igualdad y exclusividad en el amor de la pareja, tal como aparece no sólo en el camino del Antiguo Testamento, sino en la experiencia de Jesús. De todas formas, a fin de que el matrimonio monogámico sea efectivo, en contra de una poligamia conteporánea o sucesiva (con cambio frecuente de mujeres o maridos), tiene que cambiar la visión de la libertad personal (de la estructura social y de la economía) de cada uno de los casados, para un compromiso unitario y duradero, partiendo del valor y autonomía de cada una de las personas (en especial de las mujeres).

4. Otras formas de matrimonio. Parejas homosexuales. La realidad humana es compleja, y no responde a un único modelo de relación personal. Por eso, junto a un centro más extenso, formados por las parejas heterosexuales (con posibilidad de engendrar hijos propios) pueden darse y se dan, dentro del gran arco-iris de colores de la vida, otros tipos de afecto y vinculación personal, que se expresan sobre todo en las relaciones gays, y en las parejas homosexuales.

La Iglesia, por ahora, no se atreve a llamar matrimonio a las parejas estables de homosexuales, pero la reconoce y bendice, como expresión de la riqueza y variedad de la vida humana, deseando que ellas puedan ser relaciones duraderas y fieles, no sólo para bien de los que así se vinculan en amor, sino para enriquecimiento de la misma sociedad, y de un modo especial de la Iglesia. Los homosexuales, célibes o casados, que quieran ser fieles al evangelio (a los principios del Sermón de la Montaña) pueden y deber ser admitidos en la comunidad cristiana, participando no sólo de la comunión eucarística, sino de todos los derechos y deberes de los demás cristianos en un plano de confesión de la fe y de recepción y ejercicio de los diversos ministerios eclesiales.

5. Familia e hijos. El matrimonio no es sólo unión para engendrar, sino para vivir en comunión y fidelidad personal. Por eso, no es necesario que todas las parejas matrimoniales tengan como finalidad el surgimiento de nuevas vidas. Pero, dicho eso, debemos añadir que el hombre es un ser natal: Un ser engendrado a partir de la comunión de otras personas (un hombre, una mujer), no fabricado, de manera que en ese contexto es básica la institución del matrimonio. Las cosas se producen y fabrican, pero los hijos no son “obra” fabricada, sino que nacen por generación creadora de los padres, en la que interviene de un modo especial el mismo Dios.

Por eso, cada nacimiento es un signo de Dios, una expresión de su Palabra. Este carácter “natal” y comunitario del ser humano, que existe por obra/amor otros seres humanos (al menos dos), constituye un elemento clave de la experiencia cristiana. Así dice la Biblia que el hombre nace de Dios (de su Palabra: cf. Jn 1, 11-12) a través de la palabra que le ofrecen otros seres humanos, especialmente los padres. Por eso, el ser humano no es alguien que se limita a compartir la esencia humana (como han pensado falsamente algunos pensadores helenistas y después cristianos), sino que un individuo concreto que “nace” de individuos hombres concretos, en un contexto de genealogía/familiar.

6. Experiencia “sexual”, recuperación del placer. Quedando claro lo anterior (el hombre es ser natural, su esencia es la familia) puede darse un paso más, afirmando el valor prioritario de la experiencia sexual, como aparece no sólo el Cantar de los Cantares, sino en la primera palabra del hombre cuando despierta a la vida (Gen 2, 23-24). Una larga tradición helenista, defensora de la oposición entre materia y espíritu, que se ha introducido sobre todo en la gnosis y en algunos eclesiásticos antiguos (como San Agustín), ha minusvalorado (y casi demonizado) el placer, afirmando que el sexo sólo puede expresarse de un modo legítimo al servicio de la generación.

Pero esa oposición al sexo es no sólo antibíblica (contraria al Antiguo Testamento), sino también anticristiana, como muestra el mismo San Pablo cuando pide a los esposos que expresen su amor y cohabiten todos los días, privándose sólo durante algunos tiempos limitados, para orar en común, por decisión compartida (cf. 1 Cor 7, 3-5). Ciertamente, una parte de la Iglesia Católica ha sentido prevención ante el sexo, y de esa forma ha corrido el riesgo de entender mal el sentido de las relaciones humanas y de la familia, como fuente y espacio de encuentro creador entre personas

7. Libertad personal, una posible opción por el celibato. En esa línea, la familia cristiana es una experiencia concreta y muy fuerte de libertad, aunque en muchos momentos la Biblia y la misma Iglesia ha tendido a entender el matrimonio como algo que ha de hacerse por necesidad, no sólo al servicio de la procreación, sino también de la casa-hacienda. En esa línea, en muchos casos, no existía verdadera libertad para casarse o para quedar solteros, y eso se aplicaba en especial a las mujeres, que debían someterse al dictado de sus familiares, casándose por conveniencia económica y social, con un hombre buscado por otros.

Pero esa “imposición” matrimonial ha sido superada en la misma Biblia, y de un modo especial por Jesús, no sólo al recibir en su seguimiento a varones y mujeres que podían estar casados o solteros, sino también al valorar y acoger a personas que no podían o solían casarse (eunucos, prostitutas…). Por lo que sabemos, quien más ha desarrollado las implicaciones de esta novedad de Jesús ha sido Pablo, que ha puesto de relieve el valor de la Iglesia (comunidad cristiana), dejando a los hombres y mujeres concretos en libertad para el matrimonio o celibato, que no son, por tanto, imposición ni obligación, sino vocación. Hombres y mujeres tienen valor en sí mismos, dentro de una Iglesia que les acepta y aprecia como tales, de tal forma que no están obligados a casarse, sino que pueden vivir en celibato (virginidad), al servicio de los demás (es decir, del evangelio), con las dificultades que ello implica y los valores que ofrece.

En esa línea, conforme a la enseñanza de Pablo en 1 Cor 7, puede haber personas célibes (eunucos…: Mt 19, 12) por el Reino de los Cielos, tanto por condición antropológica, como por opción personal. El célibe o eunuco, así entendido, no es un hombre o mujer carente de amor, sino al contrario, un hombre o mujer que convive desde el mensaje del Reino con otros eunucos, expulsados sociales o necesitados y con el conjunto de la sociedad, pudiendo ofrecer un testimonio familiar distinto, no para oponerse a la familia matrimonial con hijos, sino para ofrecerle un complemente muy valioso. Pero puede y debe haber también matrimonios en perspectiva del Reino de los Cielos, como amor de pareja (comunión personal) que se expande no sólo al servicio de los hijos propios, sino también de otros excluidos y necesitados. Entendido así, ni el matrimonio es una ley, ni es una ley el celibato, sino que ambos aparecen como expresión de un amor abierto, de modos distintos, a la familia.

8. Un camino a favor de la igualdad real de la mujer. La Biblia es una “historia de la familia”, no un tratado teórico, y de esa forma va narrando acontecimientos y trazando caminos, sin imponer una determinada perspectiva. Por eso, en un nivel, ella acoge desde el principio a la mujer como persona (Gen 1-2), pero, en otro, tiende a convertirla en sierva del varón patriarca, destacando su función materna. Sólo en algunos momentos especiales, el Antiguo Testamento ha valorado a la mujer, en distinción e igualdad radical con el varón (así en el Cantar de los Cantares), sin necesidad de que ella sea madre en una familia al servicio del varón y de la casa (hacienda).

Esa nueva valoración aparece en el Nuevo Testamento, pero cierta tradición cristiana posterior ha tenido dificultad en aceptarla, volviendo a ratificar una visión patriarcalista de la vida y de los ministerios eclesiales (Cartas Pastorales). Volviendo a la raíz de Gen 1-2, con el Cantar de los Cantares y el mensaje de Jesús y Pablo, debemos reforzar la igualdad radical del varón y mujer, no en forma de identificación, sino de complementariedad, pues cuanto más se diferencia más iguales son, valorándolos como personas.

Así pasamos del plano de la naturaleza al de la dignidad personal, descubriendo que la diferencia sexual está al servicio de la mayor igualdad, y la igualdad al servicio de la diferencia, personal de manera que, siendo iguales y distintos, en comunión personal (pudiendo ser célibes), hombres y mujeres pueden crear parejas de relaciones estables (de diverso tipo), destacando entre ellas las parejas heterosexuales, capaces de engendrar nuevas vidas.

9. Amor es palabra, la esencia dialogal de toda familia. Crear familia es en el fondo dar y compartir palabra, abriendo así un espacio de comunión entre personas. La misma diferencia de sexo, al servicio del encuentro personal, se desarrolla en forma de trasmisión de conocimiento de vida. Ciertamente, los hijos nacen del semen masculino/femenino, en un plano biológico, y cada nuevo ser humano tiene un genoma distinto. Pero el verdadero nacimiento personal humano acontece en el nivel de la palabra que le ofrecen los padres (biológicos y/o personales) al acogerle y educarle. El germen humano sólo se personaliza a través de la palabra engendradora, de forma que sin ella no hay nacimiento personal, pues un hijo simplemente “biológico”, sin educación cultural (amor, palabra, comunidad) es inviable como persona.

La familia nace y se expande de esa forma en un espacio de palabra compartida que los padres y/o los educadores ofrecen al niño que así nace de un modo personal. Se podría pensar que en los primeros años el niño recibe sólo la palabra de los padres y/o de algunos pocos familiares y educadores, pero a través de ella le llega la voz y la cultura de todo un pueblo, que se expresa en el idioma. Por eso, lo que suscita y define a la familia es la hondura de palabra que cada uno de sus miembros ofrece, recibe y comparte. De un modo consiguiente, el matrimonio (y el engendramiento de hijos) constituye un compromiso de vida compartida que se establece y expresa en el nivel de la palabra. Sólo en la medida en que un hombre y una mujer se “conocen” en sentido bíblico, siendo sujetos de palabra, y la comparten en libertad, puede haber matrimonio (con hijos “humanos”).

10. Indisolubilidad, una más alta experiencia de comunión. El matrimonio sólo tiene sentido allí donde abre un espacio en el que cada esposo madure en humanidad, de forma que su amor mutuo (común), expresado en forma de palabra dialogada, sea forma de vida permanente, que nada ni nadie puede romper. En esa línea, el matrimonio es una promesa de vida compartida y regalada: Varones y mujeres son los únicos seres que pueden prometerse vida (com-prometerse) desde Dios, es decir, uno con el otro, creando una realidad más alta, algo que antes no había, y que no es la mera suma de dos, pues los casados no son ya lo que antes eran, sino que tienen una nueva realidad de tipo dual, una vida más alta, siendo principio común de vida.

Sin duda, puede haber otras uniones temporales o definitivas muy dignas, y también otras formas de vida, como sabe Jesús al hablar de los eunucos (Mt 19, 12): uniones de amigos o amigas, del mismo o diverso sexo, comunidades religiosa, parejas homo- y/o hétero-sexuales, y su valor dependerá de la “palabra” de comunión que susciten y desarrollen, y también de la vida que desplieguen en compromiso de amor (aunque no tengan hijos). La dignidad de esas uniones no dependerá de leyes estatales (aunque cierta regulación social puede ser importante), sino de la humanidad que ellas logren compartir y expresar.

11. Divorcio, nueva comunión. En principio, como digo, el matrimonio es indisoluble: compromiso de unión definitiva y creadora de dos personas, y en esa línea Jesús ha criticado y condena (Mt 10, Mt 19 etc.) el poder que en su tiempo tenían los varones de “expulsar” a sus mujeres, rompiendo así el compromiso matrimonial. El ideal y camino del matrimonio es por tanto la unidad indisoluble de dos personas. Pero, firme eso, el mismo, el NT y la Iglesia saben (como dicen Mt 19 y Pablo en 1 Cor 7) que hay casos en los que el matrimonio se rompe por dentro, volviéndose inválido o nulo, de manera que los antiguos esposos quedan en libertad de casarse de nuevo.

En los casos en que los esposos declaren su matrimonio inválido o roto (nulo), la Iglesia puede ratificar su ruptura, con el consenso de la comunidad que respeta y acoge su proceso de separación, como una forma de recuperación de auténtica libertad para vivir como célibes o para establecer un nuevo matrimonio, con la prudencia que exigen cada caso, buscando siempre el bien de los esposos, de sus posibles hijos y de la comunidad creyentes.

12. El valor de los niños. En este contexto sigue siendo fundamental la experiencia y tarea de engendramiento de la vida, pues cada familia empieza siendo “una” realidad de “dos” que se unen (se transfiguran), engendrando vida en común, de manera que ya no se aman solamente uno al otro, en línea horizontal, sino abriéndose juntos a un tercero. Su amor mutuo viene a presentarse así como principio de vida, y así cuanto más fuerte sea la intimidad de la unión de pareja o familia, más grande será (ha de ser) su apertura creadora (la de cada uno de sus miembros) hacia los hombres y mujeres de su entorno.

Mirado desde nuestra perspectiva, el Antiguo Testamento en su conjunto apenas ha logrado establecer uniones igualitarias de familias. Sólo el descubrimiento del valor radical de la mujer, y la experiencia más honda de fidelidad personal de ambos (varón y mujer), puede hacer que nazca la paternidad/maternidad compartida. Esta visión latía ya en el mismo libro del Génesis, donde Adán y Eva aparecen como iguales en humanidad, pero ella sólo ha logrado desarrollarse lentamente, sin haber culminado aún hasta el día de hoy, a pesar de la experiencia radical de comunión que implica el evangelio cristiano.

El matrimonio aparece así como proyecto de comunicación definitiva entre dos personas, como relación de crecimiento y generación de nuevos seres humanos, a quienes madre y padre ofrecen no sólo su ADN (herencia genética), sino algo mucho más importante, que podemos llamar ADN personal, en palabra y amor.

13. Fidelidad matrimonial y servicio a los pobres, es decir, al Reino de Dios. El amor matrimonial cristiano sólo es completo allí donde dos personas se vinculan (se entregan/conocen) mutuamente para amar juntos a un “tercero”, es decir, a los hijos o al conjunto de la sociedad, al servicio de la vida, y de un modo especial de aquellos que no tienen familia… En ese contexto se sitúa el proyecto de Jesús, que ha sido célibe, pero no por falta de amor, sino al contrario, por apertura de amor concreto hacia los marginados y expulsados familiares y sociales.

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Sínodo de la Familia y realidad LGTB: se consolida la tendencia a suavizar las formas sin cambios doctrinales de fondo

domingo, 18 de octubre de 2015
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beso-gay-vaticanoInteresante reflexión de Dosmanzanas:

Tras su comienzo el 4 de octubre bajo el impacto de la salida del armario del sacerdote Krysztof Charamsa, el Sínodo sobre la Familia que está teniendo lugar en Roma ha cumplido ya su primera semana. Aunque la información es ahora más escasa que cuando hace un año tuvo lugar un primer sínodo sobre el tema, es un secreto a voces que la forma de abordar la realidad LGTB es uno de los asuntos que está sobre la mesa. Predomina, y esa parece que será la línea que se imponga, la idea de que debe mantenerse a capa y espada la doctrina oficial pero “suavizando” las formas. Un equilibrio difícil que se muestra aún más complicado si se recuerdan algunos puntos hirientes de esa doctrina.

El actual Sínodo de la Familia, que se extenderá hasta el próximo 25 de octubre y tiene carácter ordinario, es continuación natural del Sínodo extraordinario sobre la Familia que tuvo lugar hace ahora un año. Como se recordará, los documentos surgidos de aquel encuentro tuvieron entonces una notable repercusión, especialmente el informe preliminar que introducía una referencia a los dones que las personas homosexuales aportaban a la Iglesia Una referencia que fue retirada del informe final, que se atuvo al discurso habitual. Tras la esperanza que despertó inicialmente, aquel encuentro se saldo con un resultado que cualquiera interesado en la realidad de las personas LGTB católicas no podía sino considerar decepcionante.

En esta ocasión, a diferencia de entonces, no se conocerá ningún documento durante la reunión, y de hecho es muy posible que ni siquiera se elabore un informe final. Ello no impide conocer que la discusión sobre la realidad LGTB sí está presente, con una repercusión probablemente mayor de la que se preveía tras la bomba lanzada por Charamsa un día antes del inicio del Sínodo. Como era de esperar, el resultado de las discusiones no se adivina precisamente satisfactorio desde el punto de vista LGTB –hay una negativa rotunda a cambiar la doctrina– pero ello no oculta las tensiones internas y las cada vez mayores dificultades para mantener el discurso oficial. En especial, crece la conciencia de que el lenguaje tradicionalmente empleado por la jerarquía es percibido como inadecuado y falto de respeto.

En este sentido han de entenderse las palabras de Thomas Rosica, uno de los portavoces del Vaticano para el Sínodo, y que han sido especialmente difundidas (como pasa últimamente con casi cualquier declaración que no sea puramente condenatoria). El pasado martes 6 de octubre, en una rueda de prensa, Rosica señaló queno nos compadecemos de las personas gais, sino que las reconocemos como lo que son. Son nuestros hijos e hijas, y hermanos y hermanas, y vecinos y colegas”. Por su parte, el cardenal italiano Edoardo Menichelli, arzobispo de de Ancona-Osimo, señalaba que si uno examina la misión y vocación de la familia, se da cuenta de que “un hermano gay” es parte de ella y que eso tiene repercusión en toda ella. También resultaban significativas las palabras de Charles Palmer-Buckle, arzobispo de Acra (Ghana) por provenir de una región con una potente LGTBfobia de base religiosa, que aseguró que el mundo debe tener paciencia con África para que esta aborde de una forma propia el tema de la homosexualidad. “Dadle a los países tiempo para tratar los asuntos desde nuestra propia perspectiva cultural”, afirmó, añadiendo que debe preservarse la “dignidad” de las personas.

Especial atención han llamado las palabras del cardenal Philippe Barbarin, primado de Francia y que destacó por su ferocísima oposición al matrimonio igualitario cuando era debatido en su país. Su intervención no se produjo en el Sínodo, sino en una conferencia que tuvo lugar en nuestro país, pero son sin duda indicativas del ánimo general. Barbarin señaló señala que la doctrina de la Iglesia “no es nueva” pero que el papa la explica “de una manera diferente” y añadió que “la Iglesia no puede rechazar a nadie por ser homosexual”, aunque dejó claro que se refería a un trato amable, no a un cambio doctrinal. Para Barbarin, “hay dos tipos de sacerdotes al recibir a los homosexuales, uno les dice que el reglamento de la Iglesia es una tontería y el otro solo se ciñe a él… mientras que el primero mata a Dios, el segundo mata a las personas”.

Los límites de “suavizar las formas”

En definitiva, el Sínodo se niega a modificar la doctrina, aunque parece consciente de que desde fuera esta es vista como discriminatoria. De ahí los esfuerzos por “suavizar las formas” y expresarse con un mayor respeto. Muy lejos estamos ni siquiera de los tímidos avances sugeridos por algunos obispos del norte de Europa, como aquel prelado alemán que hace poco llegó a hablar de bendiciones de parejas del mismo sexo (eso sí, en privado).

Es evidente, sin embargo, la poca coherencia de este enfoque de “suavidad en las formas y firmeza en el fondo”. No hace falta entrar en profundidades teológicas para ver que hay elementos de la doctrina oficial que difícilmente admiten “palabras amables”. Basta con ir a los propios documentos vaticanos. Así, por ejemplo, la Carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, de 1986, calificaba la “inclinación homosexual” de “objetivamente desordenada” por conducir a un “mal moral”. O puede recordarse también otro documento de 1992, Algunas Consideraciones acerca de la respuesta a propuestas legislativas sobre la no discriminación de las personas homosexuales. En este último documento se decía literalmente: “Existen ámbitos en los que no se da discriminación injusta cuando se tiene en cuenta la tendencia sexual: por ejemplo, en la adopción o custodia de niños, en la contratación de profesores o instructores de atletismo, y en el alistamiento militar”.

Decía este documento además que “las personas homosexuales, en cuanto personas humanas, tienen los mismos derechos que todas las demás personas, incluso el derecho a no ser tratados de una manera que ofenda su dignidad personal (cf. n. 10). Entre otros derechos, todas las personas tienen derecho al trabajo, a la casa, etc. Sin embargo, esos derechos no son absolutos. Pueden ser limitados legítimamente a causa de un comportamiento externo objetivamente desordenado. Esto, a veces, no sólo es lícito, sino también obligatorio; no sólo se impondrá a causa de un comportamiento culpable, sino también en el caso de personas enfermas física o mentalmente”.

Con textos así, “suavizar” la forma y tratar con respeto a las personas LGTB sin cambiar la doctrina se antoja muy difícil.

General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , , , , , , , , ,

«Deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales»

sábado, 17 de octubre de 2015
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obispos-bandera-gay_560x280Declaración internacional de teólogas y teólogos sobre el Sínodo

«Debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo»

No pertenece a la Fe de la Iglesia el hecho de mantener intacto un determinado modelo de familia, propio de un tiempo y de una cultura. Según los evangelios, Jesús de Nazaret fue profundamente crítico con el modelo de familia de su tiempo y de su cultura. Por ello, la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII considera necesario presentar al Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma las siguientes propuestas:

1. Creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos. En consecuencia, deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales. No debe excluirse a las personas cristianas homosexuales de ninguna tarea, actividad y responsabilidad eclesial como tampoco de la participación en los sacramentos.

No parece compaginarse el respeto a las personas no heterosexuales con su exclusión de determinadas funciones eclesiales, como por ejemplo el ejercer el padrinazgo en un bautizo o el ministerio sacerdotal y teológico. Exclusiones ambas que se han producido recientemente en la diócesis de Cádiz con un transexual y en la Congregación para la Doctrina de la Fe con un sacerdote homosexual, y que demuestran una clara discriminación en razón de la orientación sexual y desmienten la idea tan repetida en los documentos de magisterio eclesiástico de acogida hacia las personas no heterosexuales.

2. Creemos que debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del magisterio eclesiástico. Consideramos necesaria la derogación del canon 1398 del Código de Derecho Canon que decreta la excomunión para quien produce el aborto, si este se produce, y que es contraria a la absolución del pecado de aborto decretada por el papa Francisco con motivo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Asimismo debe respetarse el derecho de las mujeres a decidir en conciencia en esta materia.

3. No existen razones bíblicas, teológicas, históricas, pastorales, y menos todavía dogmáticas, para excluir a hombres casados ni a las mujeres de ninguno de los ministerios eclesiales, ordenados o no ordenados. La igualdad de los cristianos y cristianas por el bautismo tiene que traducirse en condiciones iguales para hombres y mujeres en el acceso al ámbito de lo sagrado, en la elaboración de la doctrina teológica y moral así como en la participación en las responsabilidades eclesiales y en los órganos directivos, sin discriminación alguna por razones de género, etnia o clase social. Por ello pedimos se eliminen los obstáculos ideológicos, culturales y disciplinares de carácter sexista y se lleve a cabo la plena incorporación de las mujeres en los ámbitos indicados, incluido el acceso al sacerdocio y al episcopado.

4. En relación con el divorcio, no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohiba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancia a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza. Además, carece de fundamento evangélico. Creemos por ello que el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición, actualmente vigente, y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna. Las personas creyentes somos sujetos morales con capacidad para decidir libremente en conciencia en este terreno. Dicha decisión debe ser respetada.

5. Es necesario reconocer los importantes avances llevados a cabo por el feminismo en la igualdad entre hombres y mujeres y en la liberación de éstas. A la luz de estos avances debe revisarse la estructura patriarcal de la doctrina y la práctica sobre el matrimonio cristiano.

6. El Sínodo no puede reducirse a las cuestiones relativas al matrimonio cristiano. Creemos prioritario que haga un análisis de la situación de pobreza y exclusión social en la que se encuentran millones de familias, la denuncie proféticamente, exprese su solidaridad con las familias más vulnerables y contribuya a la eliminación de las causas de dicha situación desde la opción ético-evangélica por las personas pobres y marginadas.

Firman esta Declaración:

Xavier Alegre. Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. España
José Arregi. Teólogo. España
Olga Lucía Álvarez. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan Barreto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Bermúdez, Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Leonardo Boff. Ecoteólogo, miembro del Comité de la Carta de la Tierra y escritor.
Ancizar Cadavid Restrepo. Teólogo. Colombia
José María Castillo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
José Centeno. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, España
Juan Antonio Estrada. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Máximo García. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Antonio Gil de Zúñiga. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Ivone Gebara. Teóloga y filósofa. Brasil
Hernández Fajardo Axel. Profesor Jubilado de la Escuela Ecuménica de las Ciencias de Religiones. Universidad Nacional. Costa Rica
Rosa María Hernández. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Mary Hunt. Teóloga. Women’s Alliance for Theology, Ethics and Ritual (WATER).
Gabriela Juárez Palacio. Teóloga. Socia Fundadora de Teólogas e Investigadoras.
Rosa Leiva. Federación Latinoamericana de Presbíteros Casados. Ecuador
Juan Masiá. Teólogo. Japón.
Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte. España
Cyprien Melibi. Teólogo Camerún.
Arnoldo Mora Rodríguez. Socio Fundador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI). Costa Rica.
Mario Mullo. Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados. Ecuador
Carmiña Navia. Teóloga. Colombia
Marisa Noriega. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Gladys Parentelli. Auditora en el Concilio Vaticano II. Venezuela
Federico Pastor. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.
Victorino Pérez Prieto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Suyapa Pérez Scapini. Teóloga. El Salvador
Margarita Mª Pintos. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Javier Omar Ruiz Arroyave. Activista. Masculinidades Liberadoras. Colombia.
José Sánchez Suárez. Teólogo. Comunidad Teológica de México
Santiago Sánchez Torrado. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Fernando Silva. Asociación de Teólogas y Teólogos de Juan XXIII. España
Aida Soto Bernal. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia
Juan José Tamayo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Elsa Tamez. Teóloga y biblista. México
Andrea Toca. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.
Fernando Torres Millán. Teólogo. Coordinador de Kairós Educativo. Colombia
Olga Vasquez. Teóloga. El Salvador
Evaristo Villar. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España
Juan Yzuel. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España

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El arzobispo de Guinea Conakri, Robert Sarah, advierte sobre la familia: «Está entre dos ‘bestias apocalípticas’: ‘la ideología de género’ y el ISIS»

sábado, 17 de octubre de 2015
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Cardinal-SarahEl próximo 25 de octubre finaliza la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y en la agenda, de nuevo, está el espinoso tema de la homosexualidad. Peter Erdö, relator de este encuentro lo ha dicho claramente: No existes analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia. Para echar más leña al fuego, el arzobispo de Guinea, el cardenal africano Robert Sarah, ha advertido de que la familia está entre «dos bestias apocalípticas» que son «la ideología de género e ISIS«, durante su intervención en el Sínodo de Obispos sobre la Familia.

Hemos escuchado declaraciones ofensivas hacia las personas LGTB por parte de obispos y cardenales, pero no por ello dejan de sorprendernos palabras como las del cardenal guineano, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y presidente del Pontificio Consejo Cor Unum. Fue durante una intervención que tuvo lugar la semana pasada, y que apenas ha trascendido a nivel general (sí que la han recogido webs ultracatólicas o el digital ultraconservador La Gaceta).

«Nos encontramos entre la ideología de género e ISIS», ha señalado durante su discurso el prelado africano, también prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Sarah ha calificado estas realidades como «dos bestias apocalípticas» y ha recalcado su origen demoníaco que, a su juicio, se demuestra en que tanto los defensores de la ideología de género como los terroristas islámicos exigen una «regla universal y totalitaria» y son «violentamente intolerantes, destructoras de familias, de la sociedad y de la Iglesia, así como abiertamente cristianófobos».

Sarah ha evidenciado ante lo más de 330 participantes, entre los que se encuentra más de 270 obispos de los cinco continentes, que la sociedad contemporánea se enfrenta por un lado a la «desintegración de la familia en el Occidente secularizado» a través del «divorcio rápido y fácil, el aborto, las uniones homosexuales y la eutanasia» y, por otro, a la «pseudo-familia del Islam ideologizado que legitima la poligamia o la subordinación femenina».

La literalidad de las palabras de Robert Sarah resulta más elocuente en sí misma que lo que podamos relatar nosotros:

“Un discernimiento teológico nos permite ver en nuestro tiempo dos amenazas inesperadas (casi como dos ‘bestias apocalípticas’) situadas en polos opuestos: por una parte, la idolatría de la libertad occidental; por otra, el fundamentalismo islámico. Es el ateísmo secularista versus el fanatismo religioso. Por usar un eslogan, nos encontramos entre ‘la ideología de género y el ISIS’. Las masacres islámicas y las demandas libertarias frecuentemente compiten por la primera página en los periódicos (¡Acordémonos de lo que pasó el 26 de junio!)*. De esas dos radicalizaciones surgen las dos mayores amenazas para la familia: su desintegración subjetivista en el occidente secularizado mediante un divorcio rápido y fácil, las uniones homosexuales, la eutanasia, etc. (cf. la teoría del género, las ‘Femen’, el lobby LGBT, IPPF**). Y por otra parte, la pseudo-familia del islam ideologizado, la sumisión de la mujer, la esclavitud sexual, el matrimonio infantil, etc. (cf. Al Qaeda, Isis, Boko Haram…)”

* El 26 de junio el Tribunal Supremo de los Estados Unidos fallaba que prohibir el matrimonio igualitario es inconstitucional y en Túnez un atentado islamista mataba a decenas de personas.

**International Planned Parenthood Federation, en castellano Federación Internacional de Planificación Familiar.

Robert Sarah aprovechó además para protestar por el Sínodo extraordinario de la Familia que tuvo lugar hace un año. El motivo principal de su enfado con lo ocurrido entonces fueron las opiniones relativamente aperturistas que otros prelados expresaron a propósito de los divorciados y de las personas LGTB. Para él, no eran más que opiniones marginales de grupos originarios de países ricos.

Robert Sarah aprovechó además para protestar por el Sínodo extraordinario de la Familia que tuvo lugar hace un año. El motivo principal de su enfado con lo ocurrido entonces fueron las opiniones relativamente aperturistas que otros prelados expresaron a propósito de los divorciados y de las personas LGTB. Para él, no eran más que opiniones marginales de grupos originarios de países ricos.

No es necesario insistir en el carácter profundamente insultante de este discurso. Las noticias de los brutales asesinatos de hombres acusados de ser homosexuales por parte del ISIS son desgraciadamente frecuentes. La dificilísima situación de la población LGTB en África también ha sido bien documentada en esta página. Que en este contexto un cardenal africano equipare al ISIS con la realidad LGTB y con todo lo relacionado con la “ideología de género” (expresión que el ámbito más conservador utiliza para denigrar tanto al feminismo como a buena parte de las reivindicaciones del colectivo LGTB, muy especialmente en los últimos tiempos la lucha en favor de los derechos trans) supone un despropósito de tal calibre que resulta difícil contenerse en los calificativos.

Menos mal que los miembros del Sínodo no tiene potestad para intervenir en las políticas de los países porque a estas alturas al colectivo LGBT nos metían en el mismo saco que los terroristas y pedían nuestra aniquilación como una de las ‘plagas del siglo XXI’. Nos son nada católicas, ni tolerantes, ni piadosas estas incendiarias declaraciones. Como siempre la Iglesia Católica defrauda a tantos fieles que ven como se les condena al ostracismo y la destrucción. Está claro que el arzobispo Sarah se ha cubierto de gloria. Así no nos extraña que cada vez haya menos vocaciones y pierdan continuamente adeptos.

Fuente Ragap y Dosmanzanas

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El tabú de los sacerdotes homosexuales en Latinoamérica

viernes, 16 de octubre de 2015
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gays-curas-720_560x280«La Iglesia es un cuartel para los misóginos y un clóset para los gays»

“Son muchos. Uno no puede imaginarse cuántos homosexuales hay en la Iglesia”

Entre fascinación y desesperación: en Latinoamérica cada vez más curas salen del armario y esperan que el Papa Francisco aborde por fin este tema tabú en la Iglesia. «Son muchos. Uno no puede imaginarse cuántos homosexuales hay en la Iglesia», dijo Roberto Francisco Daniel en una entrevista al diario brasileño Tribuna de Bahia: «Mi impresión es que una gran parte de ellos esconde su homosexualidad bajo la sotana

El «Padre Beto«, como se le conoce en la ciudad de Bauru, no quería esconderse más y fue excomulgado tras salir del armario en abril de 2013. Su dedicación a las parejas homosexuales dentro y fuera de la Iglesia supuso su ruina laboral.

Su colega polaco, Krzysztof Olaf Charamsa, también declaró antes del Sínodo para la Familia en Roma que el clero es «en su mayoría homosexual y desgraciadamente homófobo», por lo que fue suspendido de sus cargos eclesiásticos en la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano.

«La Iglesia es un cuartel para los misóginos y un clóset para los homosexuales», ha señalado el cura emérito Germán Robledo Ángel

«Verdades prohibidas»

Sin embargo, ambos se siguen sintiendo unidos a la Iglesia y desean cambiarla. Roberto Francisco Daniel, por su parte, explica por qué la Iglesia Católica tiene tanto poder de atracción para los religiosos homosexuales. En el libro «Verdades prohibidas», que escribió tras su despido, trata los temas tabúes dentro de la Iglesia.

«Como cura no hay presión para casarse o ser sexualmente activo, ya que existe el celibato sacerdotal», escribe. «Para la Iglesia es una situación horrible, porque forma también a curas sin vocación. Y los que sí lo son por vocación, no se atreven a abrir la boca por su propio interés

En noviembre de 2010 un peso pesado de la Iglesia Católica en Colombia, causó espectación con la publicación de su libro «Hacia un clero gay», donde el ex presidente del Tribunal Eclesiástico de Cali describe los escándalos sexuales del clero de la región.

En la archidiócesis de Cali, el 30% del clero tendría, según Robledo, inclinación homosexual. Lo que en 2010 cayó como una bomba hoy en día ya no causa tanto revuelo debido a la creciente equiparación del matrimonio homosexual en Latinoamérica, por lo que el tema homosexualidad también ha tocado a la puerta de la Iglesia.

 

Mientras tanto los homosexuales laicos y religiosos siguen a la espera de una señal del Vaticano. «¿Quién soy yo para juzgar a los gays?». Estas palabras revolucionarias pronunciadas por el Papa en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Brasil en 2013 todavía no han recibido respuesta.

El excura «Padro Beto» no quiere tirar la toalla y dice que «sería un soplo de aire fresco si la Iglesia reconociera a los homosexuales. El ambiente sería más sano

(RD/Agencias)

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Las Misioneras de la Caridad cierran sus orfanatos en India para evitar que personas LGTB puedan adoptar

viernes, 16 de octubre de 2015
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Misioneras y Fsco. (13)Terrible… Un mazazo contra el Evangelio y contra las personas más vulnerables… Repugna hasta la náusea.

La organización religiosa católica Misioneras de la Caridad, fundada por la madre Teresa de Calcuta, ha cerrado todos sus servicios de adopción en la India para impedir que los niños puedan ser adoptados por personas LGTB, a raíz de las nuevas directrices aprobadas por el gobierno del país. Y es que la nueva normativa, ratificada por el Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Infantil, facilita el que puedan adoptar niños personas solteras, separadas o divorciadas. ¿Y qué ocurre si el único padre que le damos a nuestro bebe resulta ser gay o lesbiana?, explica una monja de la orden. Las nuevas directrices del Gobierno indio son claras sobre el estatus matrimonial de los padres: «una mujer soltera puede adoptar a un menor de cualquier género», mientras que «un hombre soltero no puede adoptar una niña», pero sí un niño.

Las Misioneras de la Caridad, creadas en Calcuta en 1950, han solicitado tramitar la baja de los servicios de adopción de su congregación en el CARA, Autoridad Central de Adopción en India, que regula las adopciones en ese país, tanto nacionales como internacionales, debido a “diferencias ideológicas“. Hasta ahora, las Misioneras tenían libertad para aceptar o rechazar a los futuros padres adoptantes. La nueva normativa obliga ahora a los potenciales adoptantes a inscribirse en el CARA, con el fin de garantizar una mayor transparencia en el proceso de adopción.

Según el diario Times of India, recientemente han salido a la luz al menos dos casos de orfanatos de la Madre Teresa que negaron solicitudes de adopción a futuros padres solteros. Un alto funcionario del CARA aseguró a ese mismo diario que “hasta ahora, los padres se acercaban al orfanato y la institución tenía todo el derecho de dar o no al niño en adopción. Ahora, los futuros padres se registran a través de Internet y no hay posibilidad de que un padre sea rechazado. Hacemos un seguimiento online”.

Actualmente, se calcula que existen entre 20 y 31 millones de niños sin familia, muchos de los cuales viven en las calles. Pero las Misioneras de la Caridad, organización creada con el fin de ayudar a los más desfavorecidos y que cuenta ya con unas 4.500 religiosas que trabajan en más de 130 países, ha dejado claro que prefiere cerrar sus orfanatos y no prestar servicio de adopción alguno antes que permitir que un niño huérfano puedan ser adoptado por una persona LGTB. Por ello, han solicitado al gobierno el cierre 13 de los dieciséis orfanatos que tiene en el país.

En relación con la decisión de no ofrecer adopciones, y en declaraciones a un medio local, la Hermana Amala aseguró que las nuevas directrices del gobierno del país “hieren” su conciencia. “Desde luego, [esas directrices] no son para gente religiosa como nosotros. ¿Y qué ocurre si el único padre que le damos a nuestro bebe resulta ser gay o lesbiana? ¿Qué seguridad o educación moral podrán conseguir estos niños? Nuestras reglas solo permiten adoptar a las parejas casadas”, añadió.

«Cumplir con todos los requisitos hubiera sido muy difícil para nosotras», explicó la Orden, que anotó que su trabajo de adopción iniciado por la madre Teresa «ha cambiado la vida de miles de personas», pero «está claro que es el deseo de Dios suspenderlo».

Una portavoz de las Misioneras de la Caridad, Sunita Kumar, basó la decisión en que no pueden «arriesgarse cuando es algo que concierne a los niños. Cuando se trata de padres solteros, no podemos saber con seguridad si les importan realmente los niños. ¿Qué pasaría si nuestros niños son maltratados?», se preguntó Kumar.

Ante la controversia generada, el Ministerio de Desarrollo de la Mujer y el Niño de la India, del que dependen los procesos de adopción, indicó ayer en un comunicado que las nuevas normas deben ser seguidas por todas las instituciones sin excepción.

«El Ministerio reconoce el buen trabajo hecho por organizaciones como las Misioneras de la Caridad. Sin embargo, reiteramos que las nuevas directrices, elaboradas después de un intenso proceso de consulta, tienen que ser seguidas por todas las instituciones involucradas en el proceso de adopción», remarcó la nota.

Según datos del Gobierno indio, en el gigante asiático se adoptaron entre abril de 2014 y el pasado marzo 4.362 menores, 374 de ellos por padres extranjeros. Además, estimaciones no oficiales calculan que hay unos 50.000 niños en orfanatos indios.

La madre Teresa, de origen albanés, nacida en 1910, fundó en 1950 las Misioneras de la Caridad en la ciudad de Calcuta, con la que comenzó a ayudar a los enfermos de lepra. Quince años después, cuando el papa Pablo VI la autorizó a expandir su orden religiosa en otros países, se abrieron centros para atender leprosos, ancianos, ciegos y enfermos de sida, y se fundaron escuelas y orfanatos para los pobres y niños

La madre Teresa de Calcuta, fallecida en 1997 y beatificada en 2003, fue una católica acérrima que siempre se opuso tanto a la adopción como al uso de métodos anticonceptivos. En diciembre de 1985 abrió un hospicio para enfermos de sida en Manhattan (Nueva York), y para evitar usar la palabra “homosexual” recurrió al término “amigos de Jesús”. También les exhortó a vivir una vida de castidad.

Cabe recordar que la India, con el segundo mayor censo de población del mundo, es uno de los 79 países en los que las relaciones homosexuales son ilegales. De hecho, desde la recriminalización de las relaciones “contra natura”, no ha cesado el hostigamiento social y policial contra ciudadanos que manifiestan voluntaria o involuntariamente cualquier signo contrario a la heteronormatividad impuesta. El artículo 377 del Código Penal de la India castiga las relaciones sexuales “contra natura” hasta con 10 años de prisión. A finales de 2013, la Corte Suprema decidió recriminalizar la homosexualidad, dejando sin efecto la histórica sentencia sancionada por el Alto Tribunal de Delhi en 2009 (en la que declaraba “inconstitucional” la prohibición de las relaciones entre personas del mismo sexo). En los últimos años, dosmanzanas se ha hecho eco del aumento exponencial de la violencia contra personas LGTB en la India, a raíz de la ilegalización de las relaciones homosexuales.

Fuente Religión Digital y Dosmanzanas

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Teólogos de todo el mundo reclaman cambios sobre homosexualidad, aborto, celibato, sacerdocio femenino y divorciados

jueves, 15 de octubre de 2015
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la-iglesia-y-los-gays«La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico»

Aun antes del Sínodo dedicado a la Familia, se venían tratando por parte de biblistas, teólogos, juristas y pastoralistas diversos temas dentro de la Iglesia católica, que reclamaban un nuevo planteamiento. La involución posconciliar los consideró descartables de toda posible renovación.

Con el anuncio del Sínodo se acentuó la necesidad de abordarlos de una vez, de manera que se pudieran ajustar a una nueva comprensión y solución en el momento actual. Estamos ya metidos en el Sínodo y vemos cómo ha reaccionado un sector eclesial en contra de todo intento de apertura, como si la renovación cuestionara no sólo ciertos presupuestos de la enseñanza tradicional sino la fidelidad a la doctrina auténtica de la Iglesia y al mismo Evangelio.

En este sentido, con respeto y ponderación, el presente Documento pretende presentar fundadamente la legitimidad de un cambio. No es un tratado ni un mero extracto de conclusiones, sino una exposición suficientemente argumentada, para quienes sufren de cerca el problema y quienes están interesados en su desarrollo histórico hasta el momento actual..

Entendemos que el Documento es resultado de investigaciones, reflexiones y experiencias que vienen de muy atrás y muestran la necesidad de un cambio.

En la Iglesia y Sociedad de hoy, dentro de un marco ético y evangélico, pretendemos aportar fundamentación al replanteamiento y solución de problemas, que parecieran intocables, y sobre los que mucha gente espera urgente renovación:

– La Homosexualidad
– El Aborto
– El Celibato opcional: los curas casados
– El sacerdocio de la mujer
– Los divorciados en la Iglesia.

I -Dos premisas necesarias

1.Norma primera: el seguimiento de Jesús
La Iglesia católica siempre se ha ocupado de la familia por ser parte integrante de su misión. Como asegura el Instrumentum Laboris del Sínodo » El fundamento del anuncio de la iglesia acerca de la familia radica en la predicación y vida de Jesús». Procede, por tanto, volver a la norma fundamental del seguimiento de Jesús, que nos propone vivir como él y hacer nuestro su proyecto y que debe guiar la vida de todo matrimonio y familia.

El seguimiento de Jesús, norma simple y universal, conlleva unos valores propios, pero que hoy se nos han diluido en la marea ingobernable de un neoliberalismo consumista. «La moral cristiana, recalca el Papa Francisco, no es una moral estoica, es más que una ascesis , no es una mera filosofía , ni un catálogo de pecados y errores…Sin amor, el edificio moral de la Iglesia puede convertirse en un castillo de naipes» (GE, cfr, 25-39).

Este seguimiento supone abrazar el proyecto de Jesús, apostando por los valores que él luchó y vivió, y que resultan incompatibles con los de otros proyectos. Dichos valores, que nos harán entrar en conflicto por causa de este Hombre, están a la vista en las páginas del Evangelio: todos vosotros sois hermanos; el que aspire a ser el mayor, que sea servidor de todos; los últimos serán los primeros; hacer un bien a los más pequeños es como hacerlo a mí mismo, de modo que al final se os juzgará en base a cómo os habéis portado con los más pequeños.

2.Norma primera y ética universal

El seguimiento de Jesús incluye, como es natural, la ética humana asentada sobre la dignidad de la persona: » Los pueblos reafirman su fe en los derechos del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana y en la igualdad de hombres y mujeres» (Declaración universal de los Derechos Humanos, Preámbulo).

Por donde los que nos profesamos seguidores de Jesús, nos consideramos identificados en esa dignidad fundamental, que nos permite caminar unidos coincidiendo en valores, criterios y actitudes vinculantes para todos. Haciendo uso de nuestra razón y responsabilidad, asumimos la herencia histórica de unas y otras culturas ,de unas y otras religiones, que nos provee de ese hilo que sostiene, teje y entrega esa «dignidad y valor de la persona y de los derechos que de ella derivan».

Compartimos, por tanto, el hecho innegable de la unidad de la familia humana, que tiene como quicio el respeto total a la persona humana , con el imperativo de procurar a todos un trato humano, -obligatorio para individuos y Estados- y que queda esculpido en la llamada regla de oro: «No hagas a los demás, lo que no quieras para ti».
Esta unidad no niega las diferencias entre los pueblos, pero que no se sobreponen a lo que es sustantivo y esencial a todos: la dignidad de persona. Sobre esa base, surgen y se elaboran normas -hoy convertidas en Derechos- que posibilitan un consenso universal.

II – Norma evangélica y ética universal ante el reto de problemas de los matrimonios y familias actuales.

1.La enseñanza del Magisterio está condicionada por cada momento histórico, según la evolución de las diversas ciencias

A la norma primera del seguimiento, siguieron en el transcurso de los siglos, multitud de otras normas. Todas ellas se hicieron desde unas circunstancias y razones históricas concretas. Pero, muchas de ellas quedaron obsoletas y fueron impugnadas, porque se mantuvieron contra viento y marea, al margen de la ciencia, del sentir del pueblo, de las nuevas propuestas de numerosos teólogos y moralistas que ya las habían formulado antes, durante y después del concilio Vaticano II y al margen sobre todo del Evangelio.

La indiferencia y alejamiento provenían de estar elaboradas desde paradigmas culturales que no respondían al conocimiento actual – científico y bíblicoteológico- de esos temas . La formulación doctrinal hecha por la Patrística y la Edad Media pudo servir a muchas generaciones para vivir su fe, pero no todas son expresión adecuada y definitiva del Evangelio, siempre universal, sino de presupuestos científicos, antropológicos y cosmológicos evolutivos y perfeccionables.

Quiere esto decir, que la Iglesia debe compartir la verdad del Evangelio sobre la familia con la verdad de la ciencia respetando su autonomía y método propios , así como el significado de la propia investigación bíblico teológica. Esta colaboración no se ha dado como se debiera en el pasado y ha llevado a la Iglesia a deificar muchas veces su magisterio considerándose poseedora de toda verdad.

2.La tarea menospreciada de los teólogos

El concilio Vaticano II se celebró hace 50 años; en él tuvieron parte decisiva muchos teólogos, posteriormente represaliados; de él salieron orientaciones como éstas: «Las recientes adquisiciones científicas, históricas o filosóficas platean nuevos problemas que arrastran consecuencias para la vida y reclaman investigaciones nuevas por parte de los teólogos» (GS, 62), «En el cuidado pastoral deben conocerse suficientemente las conquistas de las ciencias profanas de modo que también los fieles sean conducidos a una vida de fe más genuina y más madura» (GS, 62) .

Sin duda, los obispos deben velar y exponer la doctrina cristiana, de acuerdo con la Revelación, pero » según lo requiere el cargo y la importancia del asunto, celosamente trabajan con los medios adecuados a fin de que se estudie como se debe esta Revelación y se la proponga apropiadamente » (LG, 25).

Gratamente reconocemos que el Papa Francisco asume y reafirma lo que durante el largo período posconciliar fue claramente desatendido provocando un desfase de su doctrina y normas con relación al mundo actual:

«El mensaje que anunciamos , siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador» (GE, 117). «La teología -no sólo la teología pastoral- en diálogo con otras ciencias y experiencias humanas, tiene gran importancia para pensar cómo hacer llegar las propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y destinatarios. La Iglesia, empeñada en la evangelización , aprecia y alienta el carisma de los teólogos y su esfuerzo por la investigación teológica, que promueve el diálogo con el mundo de las culturas y de las ciencias. Convoco a los teólogos a cumplir este servicio como parte de la misión salvífica de la Iglesia» ( GE, 131). «Más que el temor a equivocarnos , espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos dice: `¡ Dales vosotros de comer ¡`(Mc 6-37), ( G.E., 46-49).

Desde estas premisas, pensamos que se puede dar solución a problemas ( la homosexualidad, el aborto, el celibato opcional, la ordenación sacerdotal de la mujer, los divorciados en la Iglesia) que hasta el presente se los ha considerado como resueltos desde normas tradicionales inamovibles, sin reconocer las aportaciones de las ciencias ni el cambio y adaptaciones exigidas por la Exégesis y Teología en sus nuevos avances.

El Papa Francisco, si miramos a lo hecho y dicho hasta ahora, se mueve en esta actitud de respeto, colaboración e integración del saber. Muchos queremos las reformas, por ellas hemos luchado fieles al Evangelio y al espíritu del Vaticano II, pero las resistencias pertinaces a nadie como a él le va a tocar verlas, sufrirlas y resolverlas.

Sobre los temas citados, la Exégesis y Teología modernas aportan luces y principios que difícilmente puede ignorar un cristiano de hoy. El Papa Francisco, con la libertad y coherencia que le caracterizan, trata de abordarlos distinguiendo lo que es y pertenece al Evangelio y lo que es y pertenece al bagaje cultural relativo de la humanidad. Ambas cosas -Evangelio y Culturas- se han necesitado y relacionado siempre y en cada momento se han implicado para dar respuesta a la búsqueda y problemas del hombre. Hoy, sin desestimar la herencia del pasado, la cribamos y la enriquecemos con los nuevos conocimientos, que nos alumbran espacios o aspectos inéditos de la realidad.

1.El tema de la Homosexualidad

«Cuando uno se encuentra con una persona gay, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? (Papa Francisco, a los periodistas en el avión).

En Occidente la homosexualidad ha recibido una valoración muy variada. El Dr. John Boswell en su libro «Las bodas de la semejanza» ( 640 páginas) documenta cómo en la Iglesia católica del siglo VI al XII existía como normal la celebración litúrgica de parejas homosexuales, según ritos y oraciones propias, presididas por un sacerdote. Es, a partir del siglo XIII, que la homosexualidad va revistiendo un carácter de vicio horrible (pecado nefandum= innombrable), tan horrible que lo de innombrable no se aplica a otros hechos más graves: «Asesinato, matricidio, abuso de menores, incesto, canibalismo, genocidio e incluso deicidio son mencionables». ¿Por qué este horror que convierte la homosexualidad en el peor de los pecados?

Es también muy común la opinión de que se elaboró una construcción bíblico- teológica moral justificatoria de la gravedad de este pecado, hoy demostrada como precientífica y opuesta al contexto y sentido de los textos bíblicos y que la dejan desprovista de este tipo de argumentos para condenarla.

Son de consenso generalizado las conclusiones científicas de que: «Ni desde la medicina, la psicología, la pedagogía, ni con medidas sociales o legales, ha sido posible cambiar la orientación sexual, aunque intentos no han faltado» (Juan L. T. Herreros, Aproximación a la realidad homosexual» pp. 133-134). Los estudios más diversos confluyen en la tesis de no poder calificar la homosexualidad como enfermedad, desviación psicosopática o perversión sexual. La orientación homosexual no afecta a la sanidad mental ni al recto comportamiento en el grupo social.

En razón de ello, la OMS ha suprimido la homosexualidad de la relación de enfermedades. Y el Consejo de Europa insta a los gobiernos a suprimir cualquier tipo de discriminación en razón de la tendencia sexual.

No vale contraponer a estas indicaciones, la existencia de una ética cristiana que las contradice y calificaría la homosexualidad como desordenada e intrínsecamente perversa. Sobre este particular, escribe el superreconocido teólogo E. Schillebeeckx: «En lo que respecta a la homosexualidad no existe una ética cristiana. Es un problema humano, que debe ser resuelto de forma humana. No hay normas específicamente cristianas para juzgar la homosexualidad» (Soy un teólogo felíz, p. 109).

Y, desde la perspectiva teológica, es bien fundada la posición de quienes sostienen que la sexualidad humana no tiene como modelo natural exclusivo la heterosexualidad -ese es un presupuesto no probado- sino que se da también la homosexualidad como una variante natural legítima, minoritaria.

Ciertamente, es un progreso recomendar respeto a los homosexuales, con exclusión de todo lo que sea despectivo o vejatorio. Los homosexuales son personas y, como tales, merecen el mismo respeto que todos los demás.

Pero, la inculcación de ese respeto carece de base, es en cierto modo aparente, si luego se sigue manteniendo que la homosexualidad y la relación entre homosexuales es desviada, intrínsecamente perversa. Por más que se proclame, si yo mantengo que el homosexual es un desviado y un perverso, en el fondo seguiré abrigando distancia, temor y desconfianza.

2. El tema del aborto

El tema del aborto requiere una mirada atenta a todos sus aspectos. No obstante, consideramos posible un acuerdo común en puntos éticos de valor universal. El primero: considerar básico el derecho de todo ser humano a la vida.

Pero defender el derecho a la vida no se identifica con la defensa del proceso embrionario desde su comienzo ni siquiera en pasos posteriores de su ciclo intrauterino. Es una cuestión abierta, científicamente hablando, en el sentido de que unos ponen un ser humano constituido desde el comienzo y otros no lo ponen hasta las ocho semanas, justo cuando el embrión pasa a ser feto.

Muchos estamos convencidos de que, en este punto, puede haber un acuerdo racional, científico y ético prepolíticos, porque la puerta de que disponemos para entrar en esa «realidad» es común a todos, y no es otra que la de la ciencia, de la filosofía y de la ética.

Puerta que vale también para los que se profesan creyentes. La fe, del tipo que sea, no sirve aquí para aclarar el problema del aborto. «No está en el ámbito del Magisterio de la Iglesia el resolver el problema del momento preciso después del cual nos encontramos frente a un ser humano en el pleno sentido de la palabra» (Bernhard Häring, autor de la famosa obra «La ley de Cristo», y acaso el más reconocido moralista de la Iglesia católica).

«Todo individuo tiene derecho a la vida», proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 3). Y todo individuo tiene el deber de respetar ese derecho. Sin embargo, ¿se puede afirmar con seguridad que el proceso embrionario es desde el inicio un individuo humano? Resulta, por tanto, crucial averiguar si el proceso del embrión varía en su desarrollo, admite establecer dentro de él un antes y un después, un antes en que no es individuo y un después en que lo es. Teoría discutida y discutible, no dogma.

De hecho, siempre existieron en la tradición cristiana teorías diferentes (teoría de la animación sucesiva defendida por Sto. Tomás y teoría de la animación simultánea, defendida por San Alberto Magno) sobre el momento de constitución de la vida humana. Pero, la teología postridentina a la hora de resolver los problemas de la moral práctica ha partido siempre de la animación inmediata.

Las teorías más modernas afirman que el embrión no es propiamente individuo humano hasta después de algunas semanas.

Como escribe el catedrático Diego Gracia:»La mentalidad clásica , que sobrevalora el genoma como esencia del ser vivo, de tal manera que todo lo demás sería mero despliegue de las virtualidades allí contenidas, es la responsable de que la investigación biológica se haya concentrado de modo casi obsesivo en la genética, y haya postergado de modo característico el estudio del desarrollo, es decir, la embriología. Este estado de cosas no ha venido a resolverlo más que la biología molecular. La biología molecular ha llevado a su máximo esplendor el desarrollo de la genética, en forma de genética molecular. Pero, a la vez, ha permitido comprender que el desarrollo de las moléculas vivas no depende sólo de los genes». (Diego Gracia, Etica de los confines de la vida, III, p.106).

El aserto clásico de que «todo está en los genes» es verdad sólo en parte y se hizo en detrimento de los factores morfológicos y espaciales, tan importantes en el desarrollo del embrión. Sin estos factores, los genes quedarían sin efecto. Los genes tienen capacidad para formar determinados órganos pero no si no hay inducción, lo cual viene a demostrar que el embrión actúa como un gran campo de fuerzas, en el que cada parte es un momento que está codeterminado por otros y a la vez los codetermina.

Se entiende por tanto que, desde este enfoque, el embrión requiera tiempo y espacio para la maduración de su sistema neuroendocrino y que no se halle constituido desde el primer momento como realidad sustantiva. Los genes no son una miniatura de persona. La biología molecular deja bien claro que, para el desarrollo y la ética del embrión, la información extragenética es tan importante como la información genética, que ella es también constitutiva de la sustantividad humana y que la constitución de esa sustantividad no se da antes de la organización (organogénesis) primaria e incluso secundaria del embrión, es decir, hasta la octava semana.

Queda claro de esta manera que quien siga esta teoría puede sostener razonablemente que la interrupción del embrión antes de la octava semana no puede ser considerada como atentado contra la vida humana, ni pueden considerarse abortivos aquellos métodos anticonceptivos que impiden el desarrollo embrionario antes de esa fecha. Esto es lo que, por lo menos, defienden no pocos científicos de primer orden (Diego Gracia, A. García-Bellido, Alonso Bedate , J.M. Genis-Gálvez, etc).

Esta hipótesis, suficientemente demostrada permite, a quien se apoya en ella, defender como no atentatorias contra la vida y como respetuosas de la vida aquellas acciones que se producen en el proceso constituyente del embrión antes de constituirse en feto, es decir, en estructura clausurada.

La teoría expuesta modifica notablemente muchos puntos de vista y establece un punto de partida común para entendemos, para orientar la conciencia de los ciudadanos, para fijar el momento del derecho a la vida del prenacido y para legislar con un mínimo de inteligencia, consenso y obligatoriedad para todos ante el conflicto de situaciones concretas.

Y en un Estado democrático, ninguna instancia civil o religiosa puede atribuirse el poder legislativo, como si dimanase de sí misma al margen de la realidad personal de los ciudadanos. La ética debe determinarse en cada tiempo mediando la racional y responsable participación de los ciudadanos, pues la razón con todo el abanico de sus recursos investigativos es la que, por tratarse de la dignidad humana y de sus derechos, nos habilita para llegar a ellos, explorarlos, entenderlos, valorarlos y acordarlos democráticamente.

Por lo mismo, aunque en el tema del aborto intervengan instancias civiles y religiosas, en este caso desde instancias científico-éticas se recorre un camino común, compartible por todos. Sin negar validez a los credos religiosos, podemos de esta manera convivir acordando entre todos lo mejor y lo más ético para cualquiera de los problemas que se planteen a toda Comunidad civil.

4. El tema de la ordenación sacerdotal de la mujer

«Creo que aún no hemos hecho una teología profunda de la mujer en la Iglesia. En cuanto a la ordenación de las mujeres la Iglesia ha hablado ciertamente y dice no. Lo ha dicho Juan Pablo II, pero con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada. Pero quiero decirles algo: la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas. ¿Cómo? Esto es lo que debemos tratar de explicar mejor. Creo que falta una explicación teológica sobre esto». (En el encuentro con los periodistas en el avión).
¡Esa es una puerta cerrada! Ciertamente lo es desde hace más de 20 siglos y lo sigue siendo. Pero, en el hoy del siglo XXI, es momento de preguntarse por qué está cerrada y si hay motivos para que siga cerrada.

Todos entendemos que haya podido ser así por razones de una situación histórico-cultural muy distinta a la nuestra. Situación que ha perdurado hasta hoy, pero no porque fuera una tradición «divino-apostólica» sino por ser una praxis introducida desde el principio por motivos hoy bien conocidos y explicables, pero que en modo alguno permitan elevar esta praxis a categoría divina y deducir que la no ordenación de la mujer «forma parte de la constitución divina de la Iglesia». Las diferencias entre varón y mujer no son razón para someter la mujer al dominio del varón y excluirla de algunas tareas eclesiales.

La Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II (30 de mayo de 1994), no aporta nada nuevo, su enseñanza estaba incluida en documentos anteriores, sobre todo en la Declaración del Papa Pablo VI Inter insigniores de 1976. Ni cuestiona para nada las investigaciones históricas o bíblicas. Juan Pablo II tuvo, es cierto, la voluntad de zanjar definitivamente la cuestión entre los fieles de la Iglesia católica. Pero, de inmediato, muchos comentaristas católicos le replicaron que esta es una cuestión abierta, una doctrina ajena a la Escritura y una verdad no revelada.

Por todo ello, no ha podido ser propuesta como una verdad de fe, ni definida como una verdad de magisterio infalible o ex – cathedra.

Los argumentos aducidos por la Carta son más que débiles: el hecho de que Jesús eligiera entonces únicamente a varones, no quiere decir que lo hiciera exclusivamente y para siempre. Esa exclusión a perpetuidad no va incluida en la acción de Jesús. Muchos teólogos y teólogas han probado que no existen objeciones dogmáticas para la admisión de la mujer a la ordenación sacerdotal. Y los obispos alemanes advirtieron al Papa de la «no oportunidad» de la publicación de esa Carta.

No es objeto de esta declaración entrar a describir la enorme literatura teológica que siguió a la publicación de la Carta. Pero queremos destacar algunos aspectos fundamentales.

El sacerdocio más que un derecho personal es una vocación y un servicio a Dios y a la Iglesia. Y queda fuera de toda duda que excluir a la mujer por razón de su sexo del ministerio sacerdotal supone de hecho una grave discriminación dentro de la Iglesia. Cristo no excluyó a la mujer del sacerdocio. Dios no hace distinción de personas.

Como muy bien ha escrito el teólogo Domiciano Fernández: «En la Iglesia católica se ha decidido desde arriba, entre las Congregaciones romanas y el Papa. No se ha tenido suficientemente en cuenta las opiniones de las diferentes Conferencias Episcopales y de los sínodos de los obispos celebrados en Roma. Con los documentos pontificios por delante, se ha limitado la libertad de reflexión y de expresión de las Iglesias locales y de los teólogos» (Ministerios de la mujer en la Iglesia, Nueva Utopía, 2002, pg. 235).

Es precisamente este teólogo, que murió sin que le dejaran publicar su libro. En opinión de teólogos que lo han leído, es un libro espléndido para conocer a fondo esta cuestión, por su rigurosa documentación histórica y por su mesura e imparcialidad en valorar las razones de una y otra parte.

Citamos como conclusión estas sus palabras: «Mi actitud fue desde el principio la de estudiar e investigar estas cuestiones sin prejuicios y sin tomar partido de antemano por ninguna opción concreta, sobre todo en el problema de la posible o no posible ordenación de la mujer. Sin prisas y sin intereses personales de ninguna clase, comencé a estudiar la cuestión de la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, valiéndome las monografías y amplios estudios que han hecho otros autores sobre estos temas y confrontando las fuentes siempre que me fue posible.
Pronto me convencí de que no existía una dificultad dogmática seria que impida la ordenación sacerdotal de la mujer. No existen argumentos serios sacados de la Sagrada Escritura, donde no se plantea esta cuestión. Los argumentos teológicos deducidos de que el sacerdote representa a Cristo varón y el de alianza nupcial entre Cristo y su Iglesia (de los que me ocupo en el capítulo VII) no me parecen convincentes.

Los argumentos que con tanta frecuencia han dado los Santos Padres y los teólogos, fundados en la inferioridad, en la incapacidad y en la impureza de la mujer, son inadmisibles y nos debieran llenar de vergüenza y sonrojo a los crsitianos» (Idem, pp. 11 y 12).

» Muchos años de estudio no han podido convencer ni a los teólogos ni a los biblistas de que sea expresa voluntad de Cristo excluir a las mujeres del ministerio ordenado. Los ministerios los ha creado la Iglesia según las necesidades de los tiempos y según la cultura de la época. Han cambiado y siguen cambiando.

Lo que los biblistas y teólogos rechazan y no ven oportuno ni conveniente es que se quiera zanjar de un modo definitivo la cuestión de principio, cuando no hay argumentos válidos que fundamenten esta decisión. Una decisión del Papa no puede convertir en palabra revelada lo que realmente no lo es. Es un anacronismo invocar el ejemplo de Cristo o de los apóstoles para deducir que se trata de una verdad que pertenece al «depositum fidei». Y si no se trata de una verdad revelada, el Papa no tiene autoridad para proclamarla como infalible o como verdad de fe. Me parece esencial que haya más diálogo, más libertad, más espíritu de comunión. Que Roma no se limite a proclamar verdades y dar órdenes. Es necesario es cuchar lo que otros dicen. Escuchar para reflexionar y aprender , y no sólo para enseñar. Es importante descubrir lo que Dios nos habla a través de los signos de los tiempos» (Idem, pp. 271-272).

5. El tema de los divorciados en la Iglesia

«La misericordia es más grande para el caso de los divorciados. El cambio de época, unido a otros problemas de la Iglesia, ha dejado muchos heridos. Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos más elección que ésta.Y la Iglesia es madre , debe encontrar misericordia para todos. Los divorciados sí pueden hacer la comunión, esto hay que mirarlo en la totalidad de la pastoral matrimonial. Será uno de los temas a consultar con los ocho cardenales. Es además un tema antropológico y también lo es el problema judicial de la nulidad de los matrimonios. Todo esto habremos de revisar» (En el encuentro con los periodistas en el avión).

Viejo tema éste que debiera haber recibido ya solución, de haber atendido las enseñanzas de Jesús. El matrimonio, como realidad humana, existencial, puede presentar dificultades, crisis, incompatibilidades , hasta rupturas. Para estos casos, es donde Jesús habla de no ser crueles e hipócritas ensalzando hasta el absoluto una ley con detrimeto de otras leyes. El propone el proyecto del matrimonio indisoluble, como un proyecto ideal, una meta a conseguir, la mejor. Pero, sin perder de vista la condición humana que, por su debilidad e incorregibilidad, puede en ocasiones hacer imposible el logro de ese ideal.

En tal caso, no se puede seguir afirmando que la indisolubilidad es una norma siempre inderogable. La situación de millares y millares de católicos, divorciados y recasados civilmente, es un grito contra ciertas normas que los condena a vivir fuera de la Iglesia. La connatural libertad y riesgo que acompaña a todo matrimonio hace que no se lo pueda considerar como absolutamente indisoluble y que, llegado el caso de un fracaso serio, se lo pueda enmendar iniciando un nuevo camino. Es un derecho obvio, aunque relativo y condicionado. Y, en este caso, la Iglesia no puede limitarse a dar una solución excepcional para seres excepcionales.

«Todo católico tiene el derecho y la necesidad de recibir la Sagrada Comunión. Todos tienen necesidad de participar activamente en la celebración eucarística, el acto central de la Iglesia católica y a la vez el signo de unidad con Cristo. Tienen derecho a ser recibido con los brazos abiertos y sinceras muestras de bienvenida, en el seno de la comunidad católica y a tomar parte activa plenamente en las tarea s de la comunidad» (S. Keller, ¿Divorcio y nuevo matrimonio entre católicos?, Sal Tarrae, Santander, 1976, 7-8).

En el año 1980, nueve teólogos españoles (José Alonso Díaz, José María Díez Alegría, Casiano Floristan, Benjamín Forcano, Jos I.González Faus, Gregorio Ruiz, Fernando Urbina, Rufino Velasco, Marciano Vidal) hiceron público un documento «Preguntas de unos teólogos a sus obispos», con ocasión de su publicación «Instrucción » civil sobre el divorcio. Dichos teólogos destacaban que los obispos:

-No habían tenido en cuenta el sentir real de su comunidad católica,
-Haberse preocupado únicamente del divorcio como si se tratara de una ley meramente civil y política.
– Haber dado a entender que para los católicos no hay ninguna posibilidad de divorcio y ésta era doctrina que debía permancer inmutable.

Y decían los teólogos:
» Por supuesto que nosotros no ponemos en duda la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio tal como aparece en la revelación de Jesús. Está claro que el modelo de matrimonio que Jesús anuncia y exige, como conforme a la voluntad divina, es el matrimonio monogámico, indisoluble y que, fundado en un verdadero amor, tiende a hacerse realmente exclusivo, total e incondicional para toda la vida.
Pero esta doctrina de Jesús debe proponer como un ideal y una meta hacia la que debe aproximarse toda pareja, sin excluir riesgos, equivocaciones y fracasos y no como una ley absoluta, con la cual toda pareja, por el hecho mismo de casarse,se identifica automáticamente, sin posibilidad de conocer rupturas o incompatibilidades o, por lo menos, incompatibilidades que hagan inviable esa ley.

Como católicos deseamos que, en el interior der la Iglesia, se robustezca el derecho a proponer públicamente lo que se piensa, cuando tal pensamiento es no sólo sincero sino objetivamenete fundado., serio, y contribuye a esclarecer la verdacera doctrina de Cristo y a replantear ciertos presupuestos y normas de la Iglesia. ¿Vds. Creen personalmente, cada uno, que la actual disciplina de la Iglesia sobre este punto es la propia del Evangelio, la que responde a la vida y enseñanza de Jesús? No les parece que la Iglesia debería enfrentarse ahí, radicalmente consigo misma»? Tenemos que mirar a lo que pasa en nuestra propia Iglesia, con la realidad de tantos matrimonios fracasados, acaso sin esperanza de recuperación, y por eso ya prácticamente divorciados, pero canónicamente condenados».

. Nota sobre firmantes

Debido a la urgencia del tiempo, no se ha prendido contar con la respuesta de otros autores, que seguramente asumirían el Documento. ( Muy a pesar nuestro, el intento de comunicación directa con 8 mujeres Teólogas no ha podido realizarse a tiempo).

Acaso pudiera añadirse una segunda remesa con nuevos firmantes.
Para nuestro objetivo, el Documento aporta y refleja fidelidad al espíritu de la Tradición y cultura cristianas, enraizadas en el Evangelio y puede servir para dialogar y determinar soluciones más acordes con la investigación y estudios actuales.
Firman el Documento

Ariel ALVAREZ

Raul LUGO
Xabier ALEGRE

Juan MASIA
José ARREGI

Antonio MONCLUS
Fernando BERMUDEZ

Guillermo MUGICA
Frei BETTO

Jesús PELAEZ
Nicolás CASTELLANOS

Xabier PIKAZA
Benjamín FORCANO

Manuel REYES MATE
Manuel FRAIJO

Julián RUIZ DIAZ

Joan GODAYOL

Manuel SUANCES

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Diego Neria cuenta su encuentro con el Papa: «Se me disiparon todas las dudas»

miércoles, 14 de octubre de 2015
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Diego NeriaLo relata en un libro titulado ‘El despiste de Dios’

«Creo que el libro no va a dejar a nadie indiferente», dice el autor

Lo define como «un regalo que alguien me mandó desde el otro lado»

Diego Neria, el placentino que el pasado mes de enero se reunió con el Papa Francisco en la primera audiencia de la historia entre un Pontífice católico y un transexual, cuenta en su nuevo libro su historia y cómo, gracias al encuentro, «se le disiparon todas las dudas».

El volumen, titulado ‘El despiste de Dios’ (Tropo Editores) y que saldrá a la venta en marzo, no aporta detalles sobre la conversación que mantuvo con el sucesor de San Pedro, pero sí cómo esta experiencia –que define como «un regalo»— ha supuesto un punto de inflexión en su recorrido vital.

En el marco de la Feria Internacional del Libro ‘LIBER’ en Madrid, Neira ha explicado que, además de las burlas y discriminación del entorno, «le preocupaba mucho la discriminación de la Iglesia Católica». «Yo soy católico, apostólico y romano –asegura– pero ha habido unos años que he estado bastante enfadado con Dios y le decía: vale que te despistes, pero que encima los que tienes aquí debajo me estén machacando todo el día. Me dolía demasiado y me enfadé mucho».

Por eso, asegura que durante la entrevista con el Papa «se le disiparon todas esas dudas» y que «a partir de ahí le dolía no poder compartir todo aquello que vivió con más gente» por lo que ha tomado la decisión de escribir el libro con la ayuda de Tropo Editores.

«Yo soy un don nadie, soy una persona de Plasencia que es un pueblo de 40.000 habitantes que no me considero más ni menos que nadie y que tuve, no lo llamaría un golpe de suerte, sino un regalo que alguien me mandó desde el otro lado», ha explicado Neria en una presentación del volumen (que saldrá a la venta en marzo) durante la Feria Internacional del Libro ‘LIBER’, este miércoles en Madrid.

Neria escribió en otoño de 2014 al Papa animado por su párroco y el obispo de su diócesis y algunas semanas después, durante el puente de la Constitución, recibió una llamada de un argentino a quien confundió con un operador de Movistar, según explica. Era el Papa Francisco y quería concertar una reunión en la Residencia Santa Marta, el lugar donde vive el Papa en el Vaticano.

Mes y medio después, el 24 de enero de 2015, él y su pareja acudieron a Roma para entrevistarse con el Papa: «Lo que yo hablé con él no lo he hablado con nadie y no lo voy a hablar. Es una conversación privada que nunca va a salir, pero mi sensación sí, la sensación de paz, de felicidad, de encontrarme que soy un ser humano más y que da igual el envoltorio«, explica.

El protagonista de esta historia ha detallado que su intención al convertirla en un libro es transmitir a quienes pasan por una situación similar a la suya o han sufrido algún tipo de burla o discriminación que «no se pueden dormir ni tirar nunca la bandera». «Hay que seguir con ella en alto, porque cualquier día te cambia la vida y la esperanza está ahí. No la podemos perder», ha insistido.

Para ello, el libro incluye «muchas historias» de su vida, tanto de episodios de «dolor», de injusticia y de «frustración» como anécdotas que considera «más divertidas» (aunque sin abordar detalles morbosos, según ha asegurado el autor) y su objetivo, en palabras de Neria, es que «la persona a la que se le machaque hoy y llore esta noche tenga mañana la esperanza de que todo puede cambiar».

«Yo creo que el libro no va a dejar a nadie indiferente –se ha mostrado convencido–. Porque cada uno, lejos de ser transexual o no, creo que tiene una etapa de la vida en que se ha sentido discriminado por algún motivo. Habrá que entender uno por uno que las discriminaciones sociales y las burlas, son tan dañinas y que se puede hacer tantísimo daño a niños, a jóvenes, a mayores, en cualquier momento de la vida».

En este sentido, el editor de Tropo Editores Óscar Sipán ha asegurado que ‘El despiste de Dios‘ será un libro «que aguante el tiempo» y ha explicado que la intención del mismo es ser «algo más que un libro». «Hemos ido más allá de la noticia», ha asegurado.

Fuente Religión Digital

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Somos Iglesia: «La Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad»

martes, 13 de octubre de 2015
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media.media.8da8cf18-68f9-410e-b07f-7b26fff02711.normalizedEl portavoz de la organización de católicos laicos «Somos Iglesia», Christian Weisner, propone que el Sínodo replantee su actitud hacia las parejas de hecho, los curas casados y los homosexuales. En una entrevista con Deutsche Welle, Weisner subraya que «la Iglesia debe superar la brecha entre doctrina y realidad«.

Señor Weisner, ¿qué espera del Sínodo de la Familia con respecto a los temas del matrimonio y de la familia?

Christian Weisner: La verdadera meta del Sínodo es determinar cómo la gente de hoy puede vivir mejor el Evangelio. Las relaciones económicas, la globalización, los refugiados, la obligación de tener que adaptar la vida familiar a la vida laboral son los grandes retos. Actualmente son polémicos sobre todo los temas sexuales, por ejemplo, la pregunta sobre si personas divorciadas que han vuelto ha contraer matrimonio deberían recibir la comunión o no. Por un lado, queremos atraer de nuevo a las personas al cristianismo y a las iglesias, queremos darles la oportunidad de vivir su fe. Por otro, nuestra Iglesia tiene reglas sexuales tan estrictas que ahuyenta a las personas. Este dilema entre la doctrina tradicional y la realidad debe ser resuelto. Tengo la esperanza de que el Sínodo supere esta brecha.

DW: ¿Qué hay de las personas que atraviesan una crisis matrimonial, de los sacerdotes que se sienten desbordados por el celibato, de los homosexuales? ¿Se trata de pobres pecadores a los que la Iglesia puede dictar cómo tienen que vivir?

En primer lugar, debemos superar la fijación exagerada de la doctrina católica en el pecado. Si, tras una profunda crisis, una pareja casada se separa, emprende un nuevo comienzo con nuevas parejas y crea un nuevo hogar para los hijos, es decir una familia patchwork, entonces se debería ver lo positivo de esto. Si personas homosexuales mantienen una relación de pareja responsable, eso es algo bueno. La Iglesia no debería negarles la bendición.

Si bien el concepto del matrimonio ha cambiado, la indisolubilidad del matrimonio no está realmente a debate. ¿Está la Iglesia atrapada en su dogmatismo?

La indisolubilidad del matrimonio se tiene que entender en el contexto histórico. Jesús se opuso a que solo el hombre se pudiera separar de la mujer antes de que hubiera sido expedida el acta de divorcio. En cierto modo, Jesús quería alcanzar condiciones igualitarias para el hombre y la mujer. Ese es el mensaje principal de la indisolubilidad del matrimonio.

¿Cómo define usted la familia?

Se puede hablar de una familia cuando personas de diferentes generaciones conviven de forma responsable.

¿Es suficiente que la Iglesia trate a los homosexuales con misericordia, como dicta el catecismo?

Eso es lo mínimo que se le puede exigir. Sé que algunos curas -por ejemplo en África- ni siquiera cumplen esta demanda. En cerca de 80 países en el mundo la homosexualidad está penalizada, y en algunos casos incluso es castigada con la pena de muerte. Sería muy importante que la Iglesia católica intercediera en contra de la criminalización de la homosexualidad a nivel mundial. Probablemente el reconocimiento de parejas homosexuales será diferente dependiendo del trasfondo cultural. Sin embargo, sabemos que el papa Francisco aboga por la descentralización. Es decir que el desarrollo de la doctrina religiosa debe ser compatible con las diferentes culturas. Necesitamos diversidad dentro del cristianismo.

Fuente Religión Digital

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Acerca de Monseñor Krysztof Charamsa.

domingo, 11 de octubre de 2015
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Sacerdote.version-finalUna interesante reflexión que el hermano Miquel ha publicado en el Foro y que nos parece oportuno traer a la página principal:

El caso de Monseñor Krysztof Charamsa a mi me produce sentimientos y reflexiones contrastantes. Por un lado me ha gustado que ocurriera el caso: así se pone en evidencia, que lo que parece estar «atado y bien atado», en la Iglesia católica, se les escapa por todos los lados. Hace evidente delante de la sociedad que la Iglesia tiene un tema pendiente que es el de la obligatoriedad del celibato, el de la homosexualidad, y en general el tema de la sexualidad. Además cuando Monseñor habla delante de los medios de comunicación lo hace con un lenguaje nada crispado, lo que da credibilidad a su causa…, al menos en Cataluña parece que todos los medios de comunicación y la mayoría de la gente se ha puesto de su parte; y la Iglesia con todos sus obispos reunidos en el Sínodo de la familia parecen un grupo de carcas, alejados de los verdaderos problemas de la sociedad, que pocas novedades parece nos van a dar.

Por otra parte, algo no me huele del todo bien, cuando alguien alardea de no haber cumplido con sus compromisos. Como si llevar una doble vida durante mucho tiempo fuera algo completamente normal. Como si la honestidad no fuera también un tema a tratar y de capital importancia en el desarrollo de la propia personalidad. Como si para llegar a un puesto en la Congregación para la doctrina de la fe, no hubiera hecho nunca «carrera eclesial» con todo lo que esto supone de hipocresía, falta de discernimiento, y ofensa al Espíritu.

Es verdad que cuando uno no puede seguir con sus compromisos, mejor cambiar. La fidelidad al proyecto elegido con anterioridad no lo es todo, porque la vida da muchas vueltas, y al final la fidelidad a la propia conciencia es lo que vale, porque ser fiel a la Iglesia no siempre significa ser fieles al Reino de Dios. Pero algo de humildad tendría que haber en esta decisión. Un «me equivoqué», o «no nos hemos entendido», «ha sido imposible continuar, quizás también fue culpa mía…». Si no, «toda la culpa es de los otros». Y esto no me vale. Se ha hecho de Monseñor Krysztof Charamsa un héroe. Y quizás sí que es un héroe… pero también son héroes los que han elegido libremente ser fieles a su celibato por el Reino de Dios, y con penas y trabajos, han conseguido una cierta dignidad y equilibro afectivo, y sus frutos por el Reino son evidentes. Y de estos otros héroes los medios de comunicación no entienden, se les escapa. A la mayoría de la gente que no tienen sensibilidad espiritual se les escapa.

Conclusión: bien por Mon Charamsa, porque ha hecho de su necesidad virtud…porque nos ayuda a todos a luchar con la causa de que la homosexualidad sea reconocida en la iglesia, que vuelva a salir otra vez al debate público el tema del celibato obligatorio, que da mucho sufrimiento innecesario. Por otra mi reconocimiento más reverente a los que con el celibato por el Reino de los cielos, dan un testimonio también de que la sexualidad no lo es todo, que es un medio entre muchos otros, que lo que lo es todo es el amor.

Miquel
religioso, sacerdote

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El cura homosexual expulsado pide al Papa que «abra el corazón y la razón de los obispos»

domingo, 11 de octubre de 2015
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1443906876059El sacerdote polaco Krzysztof Charamsa, expulsado del Vaticano por haber revelado públicamente que es homosexual y que tiene pareja estable, ha afirmado hoy que se siente «liberado y en paz».

Krzysztof Charamsa ha enviado una carta al Papa, «esperanza de la Iglesia»

Asegura que, tra su outing, se «siente liberado y en paz; he dicho por fin quién soy»

Charamsa era funcionario en la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) y ha sido expulsado de ella tras revelar el pasado día 3, un día antes del inicio del Sínodo de Obispos sobre la familia, en una entrevista en el diario ‘Il Corriere della Sera’ que es gay, que tiene un compañero sentimental (catalán) y que se siente orgulloso de ello.

Krzysztof Charamsa, el sacerdote homosexual expulsado de la Congregación para la Doctrina de la Fe tras revelar su condición sexual, ha pedido al Papa Francisco en una carta que abra el «corazón de los obispos» en el Sínodo de la Familia y en la que le ha explicado «la razones de su decisión» de hacer pública su condición sexual.

«Le he pedido que recuerde a los obispos que delante del Sínodo están todas las familias, porque si la iglesia es universal debe pensar en todos, ninguna minoría puede estar fuera; debe ocuparse no solo de las familias heterosexuales, porque todas las familias tienen un deseo de comunicar amor a otros, y no pueden excluirse a las familias homosexuales, de lesbianas o transexuales«, ha indicado Charamsa en una entrevista Catalunya Ràdio.

En su opinión, «el Sinodo puede ser una gran revolución» de la Iglesia si el Papa «abre el corazón y la razón de los obispos como lo ha hecho en todo el mundo a la gente que está fascinada por Jesús, por el natural deseo de trascendencia de una Iglesia que no es mala«.

El sacerdote se ha reafirmado en su decisión de hacer pública su condición sexual y ha dicho sentirse «un cura mejor que dos o tres días antes» de hacerlo. «He liberado mi vida, he dicho por fin quién soy y éste debe ser un momento bueno para la Iglesia», ha indicado el religioso polaco.

Asimismo, ha asegurado que los homosexuales no son «pedófilos, enemigos de la familia, ni maníacos de placeres, sino personas que buscan amor». Por este motivo considera que «la Iglesia de Cristo debe saber y debe acoger seriamente la vida de homosexuales y lesbianas que son buena gente». Se ha ratificado asimismo en su «amor a la Iglesia«.

Krzysztof Charamsa se ha mostrado muy crítico con la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que formaba parte como secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional, por «haberse cerrado a cualquier discusión» y «no aceptar críticas sobre el Sínodo» y «hacer todo lo posible porque el tema de la homosexualidad sea algo cerrado, estigmatizado».

El religioso ha reconocido que recibe cada día correos de otros curas que le agradecen que haya hecho pública su homosexualidad

El prelado ha ensalzado la postura del Papa Francisco y su «discurso claro contra cualquier discriminación«. Para el sacerdote, el Pontífice representa una «una esperanza increible y profunda en la Iglesia» con un discurso claro contra cualquier discriminación.  Charamsa ha opinado que el papa Francisco lo tiene «difícil para hacer cambiar las posiciones de los obispos más cerrados». «El discurso del papa Francisco es de una esperanza profunda para esta Iglesia en este momento. Él ha permitido discutir, pero lo tenemos que decir claramente: la Congregación para la Doctrina de la Fe ha cerrado cualquier discusión», ha dicho el prelado.

Ha recordado, asimismo, que el Papa Francisco ha dicho que «existen muchos problemas porque hay personas que quieren Iglesia, y que quieren respuestas realistas por la propia vida», pero «no se ha hecho nada, solo una suerte de marginalización y estigmatización». Ha añadido que, además, de «una homofobia hay también una ‘franciscofobia’ hacia un Papa que ha sembrado la esperanza, el amor y que ha mostrado que la Iglesia es fantástica».

Krzysztof Charamsa ha reiterado que se siente «liberado» tras admitir que tiene una pareja del mismo sexo, y ha considerado que hubiera sido peor quedarse callado ante la posición dentro de la curia vaticana con respecto a los homosexuales, que califica de «homofobia paranoica irracional».

Ha destacado que «mi pecado de hoy no es tan grave, no es tan grande como mi pecado de silencio, de apoyo, por una situación que considero inhumana dentro del Vaticano. Para ellos, las relaciones homosexuales son inhumanas, son la expresión de una sexualidad no humana».

(RD/Ep)

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La Iglesia colombiana recibe su primera condena en firme por pederastia

domingo, 11 de octubre de 2015
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sacerpede_560x280Un sacerdote abusó de dos hermanos

El fallo del Supremo no admite recurso

La Iglesia colombiana ha recibido su primera condena civil en firme por pederastia en una sentencia de la Corte Suprema, que establece que la institución no puede desligarse de los abusos cometidos por un sacerdote ya que está sometido a su autoridad, informaron fuentes judiciales.

El fallo, sobre el que no cabe recurso, es el primero contra la institución eclesiástica, al encontrar responsable civil a una de sus diócesis.

La sentencia, que medios locales califican de «histórica», señala que la Diócesis de Líbano-Honda, en el departamento de Tolima (centro), tiene responsabilidad en el abuso de dos hermanos de 7 y 8 años por parte de un clérigo de una de sus iglesias dependientes, hechos que se produjeron en 2007.

La Corte sostiene que «no existen clérigos que se administren solos o estén por fuera de la autoridad de una iglesia particular, es decir de una diócesis u otra circunscripción eclesiástica que le sea asimilable», y en consecuencia obliga a pagar a la institución 800 millones de pesos (unos 245.000 euros).

Esta decisión pone fin a un litigio que comenzó en 2009, cuando los padres de los menores, desplazados por el conflicto armado, abrieron un proceso judicial.

Una sentencia de primera instancia emitida en 2010 encontró responsable civil al sacerdote, mientras que la Diócesis fue absuelta por no existir la prueba «que acredite la vinculación jurídica, contractual, legal o laboral entre la diócesis y el sacerdote demandado».

Ante esa decisión, los progenitores apelaron y, en una segunda instancia, se encontró responsable a la Diócesis al determinar que podía deducirse entre la Iglesia y el presbítero una «relación de autoridad y subordinación».

La sentencia del Supremo colombiano ratifica esta consideración al rechazar el recurso de casación presentado por la Diócesis, que ahora «está llamada a reparar el agravio que dicha Institución, por medio de uno de sus agentes, infligió a los demandantes».

Por ello, deberán abonar la multa a las víctimas, a quienes la Diócesis «hasta el último momento ha negado el derecho al resarcimiento de su dignidad e integridad personal y moral, muy a pesar de la contundencia y gravedad del perjuicio ocasionado, y contrario a las enseñanzas y valores que pregona esa organización religiosa», sostiene la sentencia.

(RD/Agencias)

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