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La Iglesia episcopaliana, “castigada” por sus compañeros anglicanos por aprobar el matrimonio igualitario responde.

jueves, 21 de enero de 2016
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the_episcopal_church_welcomes_youLa Iglesia episcopaliana de Estados Unidos ha sido sancionada por los primados de la Comunión Anglicana, a la que no podrá representar en organismos internacionales. El motivo: su posición inclusiva en materia LGTB, especialmente en lo referido al matrimonio.

En la reciente reunión de primados de la Comunión Anglicana se ha producido una decisión que no por esperada deja de ser lamentable: la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos ha sido sancionada por su inclusividad con las personas LGTB. En particular, se le reprocha la reciente modificación de su su canon matrimonial para incluir a las parejas del mismo sexo. Aunque los episcopalianos ya admitían la bendición de estas parejas, quedaban todavía excluidas del matrimonio religioso propiamente dicho. La decisión fue la culminación natural de un proceso inclusivo iniciado años antes, pero sin duda la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos —que consideró inconstitucional la prohibición del matrimonio civil igualitario— actuó como catalizador. Los episcopalianos fueron así la segunda confesión cristiana mainstream en aprobar el matrimonio religioso igualitario en pocos meses: en marzo de 2015 había hecho lo propio la Iglesia presbiteriana.

Un paso que ha supuesto que a la Iglesia episcopaliana se le aplique una sanción, consistente en que sus miembros no podrán ser elegidos para representar a la comunión anglicana en organismos internacionales. En palabras del comunicado oficial que hace pública la decisión: “Los desarrollos recientes en la Iglesia episcopal en relación a su canon matrimonial representan un apartarse de la fe y enseñanza mantenidas por la mayoría de nuestras provincias sobre la doctrina del matrimonio (…) Es nuestro deseo unánime caminar juntos. Sin embargo, dada la seriedad de estos asuntos, reconocemos formalmente esta distancia requiriendo que, por un periodo de tres años, la Iglesia episcopal no siga representándonos en organismos ecuménicos e interreligiosos. No deberá ser designada para comisiones permanentes internas; además, mientras participe en los órganos internos de la Comunión Anglicana, no tomarán parte en la toma de decisiones o en cualquier asunto relativo a doctrina o políticas”.

La Iglesia episcopaliana ha reaccionado con extrema elegancia, manifestando su pesar y su esperanza en el futuro. Así lo ha declarado su primado, Michael Curry:

“No es este el resultado que esperábamos. Y siendo verdad que estamos decepcionados, es importante recordar que la Comunión Anglicana no es en realidad una cuestión de estructura y organización. La Comunión Anglicana es una red de relaciones construida en asociaciones para la misión. Son relaciones fundadas en una fe común. Relaciones entre diócesis, de parroquia a parroquia a través del mundo (…) Es este un tiempo decepcionante para muchos. Y habrá dolor en el corazón de muchos. Pero es importante recordar que seguimos siendo parte de la Comunión Anglicana (…) Y la verdad es que puede que sea parte de nuestra vocación el ayudar a la Comunión, y a muchos otros, a crecer en una dirección donde podamos darnos cuenta y vivir el amor que Dios tiene por nosotros; de tal manera que un día podamos ser una Iglesia y Comunión donde todos los hijos e hijas de Dios sean plenamente bienvenidos”.

Otra de las reacciones que tiene interés es la reflexión de Brandan Robertson, cristiano evangélico abiertamente gay. “Creo que los primados anglicanos que están pidiendo la separación de la Iglesia episcopal por su postura en las relaciones entre personas del mismo sexo están actuando por miedo e ignorancia porque nunca se han sentado de verdad en la misma mesa —ni tampoco han caminado a su lado— con ningún discípulo LGTBQ+ de Jesús. Es fácil demonizar desde la distancia. Es fácil declarar ‘herético’ cuando nunca has andando en los zapatos de tu ‘otro’ ni has hecho experiencia de Dios a través de sus zapatos. Esos Primados —y en realidad todos los que se oponen enérgicamente a los LGTBQ+ cristianos— deben seguir el imperativo bíblico y conocer algunos fieles seguidores de Jesús que son LGTBQ+. Necesitan hacer experiencia de vida a través de sus ojos. Necesitan ver cuánto puede honrar a Dios nuestro ‘estilo de vida’. Porque mientras no lo hagan, lo único que harán será aferrarse a una teología desencarnada; y nada es más peligroso, destructivo y letal”, ha escrito Robertson.

Un conflicto que viene de atrás

Esta decisión no es más que es el último capítulo de un largo enfrentamiento entre dos grandes grupos. Por un lado están las iglesias del “sur global” (Global South), sobre todo del África anglófona, en particular Nigeria y Uganda. Por el otro, las iglesias de Estados Unidos y, en menor medida, Canadá. Las segundas han dado pasos decisivos hacia la inclusión mientras que las otras participan de la LGTBfobia extendida en sus países.

El conflicto se retrotrae varios años atrás. La primera fecha significativa puede situarse en 1998. Fue en la Conferencia de Lambeth (reunión de obispos de la Comunión Anglicana que tiene lugar cada diez años). Entonces se aprobó una resolución de condena de las relaciones homosexuales por “contrarias a la Escritura“. Se enfrentaban ya a la Iglesia episcopaliana, que llevaba años avanzando en la inclusión. No en vano, en 1988 el conocido obispo John Shelby Spong, de la diócesis de Newark (Nueva Jersey) hizo publicar Living in Sin?, donde planteaba ya la bendición de parejas del mismo sexo (hay traducción al español a cargo de la Asociación Marcel Légaut, con el título ¿Vivir en pecado?).

Esta resolución de la Conferencia de Lambeth no frenó a la iglesia episcopaliana. Y en 2003 se llegó a un punto de inflexión. Fue con la elección como obispo de New Hampshire de Gene Robinson, abiertamente gay y entonces con pareja (se divorció años después). Se conminó entonces a la Iglesia episcopaliana a no seguir ordenando obispos LGTB. Esta orden la cumplió un tiempo hasta que decidió proseguir su camino de inclusividad, eligiendo a Mary D.Glaspoool como obispa auxiliar de Los Angeles.

Durante este tiempo, además, esta iglesia ha ido posicionándose cada vez más claramente a favor del matrimonio igualitario. Un signo elocuente fue hacer tañer las campanas de la Catedral Nacional de Washington cuando el Tribunal Supremo de los Estados Unidos derogó la sección tercera de la DOMA (Defense of Marriage Act), sentencia que está en la base de la que un tiempo después extendió el matrimonio igualitario a todo el país. El último paso ha sido la reforma del canon para aprobar el matrimonio religioso.

En cada uno de estos pasos, ha habido amenazas de cisma, nunca formalizadas. No en vano, numerosas iglesias opuestas a la inclusión han ido enfriando o rompiendo lazos con la iglesia episcopaliana. Ahora algunos ven el cisma más cercano. Sin embargo, conviene tener claro que, estrictamente, no hay cisma en esta sanción: como bien dice el primado de la Iglesia episcopaliana, esta sigue siendo parte de la Comunión Anglicana. No obstante, no deja de llamar la atención que el primado de toda la Comunión, el arzobispo de Canterbury Justin Welby (un cargo más bien honorífico, en modo alguno equivalente al papa de Roma) haya asegurado que un cisma “no sería un drama”, palabras que pueden ser muy reveladoras.

De momento, lo más significativo a nuestro juicio es que la Iglesia episcopaliana sigue firme en su camino hacia la plena inclusión. Afirman ciertamente el deseo de seguir en la Comunión, pero dejan clara su apuesta. Más aún, consideran que su misión incluye ayudar a otros a ver la necesidad de tal inclusión. De una manera análoga a la Iglesia Evangélica Española (amenazada también, en su caso de expulsión del Consejo Evangélico de Madrid), parece que las iglesias inclusivas están viendo claro que no deben echarse atrás por el rechazo de otras.

Fuente Dosmanzanas

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«El elemento que divide», por José Mª Castillo

martes, 19 de enero de 2016
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religion-dividesDe su blog Teología sin Censura:

El elemento extraño a la realidad tangible, visible, palpable, demostrable, que es el hecho religioso, es además un elemento que divide. Porque rompe la homogeneidad de lo real. En cuanto que fractura, divide y separa “lo sagrado” de “lo profano”. Por eso, hay espacios sagrados (los templos…) y espacios profanos (la calle, la casa, el campo…). Como también hay tiempos sagrados (tiempo de oración, tiempo de celebración, cuaresma, Pascua, Ramadán…) y tiempos profanos (tiempo de trabajo, de descanso, de diversión…). Hay, además, personas sagradas (sacerdotes…) y personas profanas (los laicos). Hay objetos sagrados (un crucifijo, una patena…). Y objetos profanos (un vaso, una silla…).

Pero ocurre que la religión no solamente divide, sino que además privilegia. Es decir, donde se hace presente el hecho religioso, por eso mismo se fractura la homogeneidad de lo real. Y además, la misma creencia que rompe la homogeneidad de la realidad, además de eso, carga la mano a favor de lo sagrado. Y establece una desigualdad insalvable. Porque, en la misma medida en que la creencia se intensifica, en esa misma medida la desigualdad se agranda. Por poner algunos ejemplos muy sencillos: cuando entramos en un templo, bajamos la voz o incluso nos quedamos en silencio; si estamos ante un difunto, ante una imagen sagrada…, callamos, agachamos la cabeza, nos componemos la vestimenta… En las personas que tienen fe, estos comportamientos son inevitables, son “lo que tiene que ser”.

La consecuencia, que todo esto entraña, es que, en los países en los que está fuertemente implantada la religión, por eso mismo en tales países se implantan también no pocas desigualdades. Y la religión reclama privilegios que no están al alcance de quienes se consideran y se declaran laicos. Lo que, en importantes ámbitos de la vida y de la convivencia, es origen de enfrentamientos, rivalidades, conflictos, problemas económicos, políticos, sociales, etc.

Lo más original del cristianismo está en que, según los evangelios, Jesús no quiso nunca privilegios. Ni soportó desigualdades. Y por eso se enfrentó a los “hombres de la religión”, que había en aquel tiempo y en aquel pueblo. Es más, Jesús se puso de parte de los samaritanos, de los extranjeros, de los pecadores, de los publicanos, de los más pequeños, de los últimos, de las mujeres y de los niños. No para darles la limosna que tranquiliza la conciencia, sino para que los menos apreciados por la religión tuvieran la igualdad en dignidad y derechos, que, en nombre de “lo sagrado”, se les había quitado. Cuando la religión divide, eso no es religión, sino “anti-religión”. Y si no hay otra manera de vivir una religión que nos una a todos, habrá que inventar otra manera de poner en práctica el Hecho Religioso.

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«El elemento extraño», por José Mª Castillo

lunes, 18 de enero de 2016
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joven-rosarioDe su blog Teología sin Censura:

El hecho religioso introduce un elemento extraño en la vida. Un elemento ajeno a la realidad constatable, demostrable, palpable. Es una realidad empíricamente ajena a lo real. Y prueba de ello es que no tenemos instrumentos comprobatorios, que demuestren de forma indiscutible e incuestionable, científicamente probatoria de que la religión es un componente esencial y propio de la vida. De la realidad de la vida. No existe ni semejante argumento, ni instrumento alguno que nos puede hacer patente la evidencia de lo que jamás ha sido evidente. Ni puede serlo.

Por eso, el hecho religioso no se basa en la evidencia, sino en la creencia. Y toda creencia es siempre un convencimiento o una convicción libremente asumida. De ahí que el factor libertad es decisivo en el ser y en la pervivencia del hecho religioso. Y esto es lo que explica por qué, a medida que la gente se siente más libre para pensar, para decir lo que piensa y para actuar en consecuencia, en esa misma medida el hecho religioso se debilita, se va quedado al margen de la vida y de la sociedad, de la convivencia. Y entonces, lo que pasa es que quedan manifestaciones del hecho religioso, pero la gente es cada día menos religiosa. La gente va a las iglesias, a las mezquitas, a las sinagogas o a las pagodas, pero la gente va a esos sitios, más por costumbre o por compromiso, que por convicción.

Entonces, ¿por qué sigue existiendo el hecho religioso? Porque la vida tiene unos límites y nos impone unas limitaciones, que no responden a nuestras aspiraciones. Por eso, como necesitamos comida, aire o cariño, también necesitamos religión. La que sea. Mucha gente se agarra a las religiones que ya existen. Y otros se las inventan, aunque los inventores no expliquen nunca en qué consiste su invento.

En cualquier caso, una advertencia capital: no confundamos la religión con Dios. La religión, sea la que sea, es un medio, un instrumento, para buscar y encontrar a Dios. Pero la religión no es Dios. En esa palabra, Dios, ponemos el logro de nuestras aspiraciones últimas y el sentido de nuestra vida. Si la religión nos sirve para sentirnos mejor y ser mejores, ¡bendita sea! Si lo que pasa es que la religión nos separa, nos divide, nos enfrenta, nos deshumaniza…, entonces, ¿para qué la queremos y por qué la costeamos?

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«La Religión, más que un Catecismo». por Félix Jiménes, Escolapio

viernes, 15 de enero de 2016
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news_mck07n63p22s7fdChristopher Hitchens en su libro “Dios no es grande. Cómo la religión envenena todo” afirma: “La religión procede del período de la prehistoria humana…cuando nadie tenía la menor idea de lo que estaba pasando. Hoy mi hijo menos educado sabe más acerca del orden natural que cualquiera de los fundadores de las religiones…y nadie está interesado en enviar a nadie al infierno”.

Pronunciar la palabra religión produce en algunos un bostezo de tiburón, mientras que otros segregan un odio mortal. Religión, tal vez seas la palabra más antipática que se pueda emitir en muchos ambientes y por esta razón la más silenciada. Religión, ni en las iglesias se te nombra.

A medida que la civilización y el progreso se hacen omnipresentes en las sociedades occidentales, el sentido del asombro, de lo sagrado, se desvanece.

De un pasado glorioso en el arte, en la arquitectura, en la literatura y hasta en la oratoria teológica hemos caído en un vacío que ahora es llenado por las imágenes y el ruido de los medios de comunicación. Todo es “sound and fury signifying nothing”. Ruido que sofoca las pequeñas y tímidas voces de lo divino.

Hoy nos contentamos con comprender el mundo, consumir los alimentos terrestres, usar y tirar los bienes que producimos. Hemos perdido el sentido de reverenciar, de asombrarnos.

La religión la hemos reducido a momentos puntuales, ocasiones especiales: nacimientos, bodas, funerales…Es el traje de fiesta, no el mono de trabajo de cada día que es mucho más precioso y necesario que el traje de fiesta.

La religión la hemos diluido en lo externo, en las grandiosas ceremonias, en los revivals que producen calambres cuasimísticos que, una vez consumidos, nada tienen que decir a la vida cotidiana y no alivian el tedio de la vida.

La religión, reducida al mínimo común denominador, se ha convertido en terminología, en catecismos, credos, códigos, dogmas…que corre el riesgo de transformarse en un elefante disecado para llenar un museo que visiten los turistas.

La religión, perdida el alma, es más un obstáculo que solución para el hombre de hoy.

La religión vivida sólo en los templos, en los que se reúnen los hombres, pero en los que Dios es el gran ausente es una abominación. Nosotros buscamos una utilidad inmediata cuando la verdadera religión apunta a la eternidad.

En la Biblia Hebrea no existe la palabra religión. La expresión yirat hashem -el asombro de Dios- o la expresión yirat shemayim -el asombro del cielo- sería un pobre equivalente de nuestra palabra religión. Tampoco existe la palabra creyente.

El hombre de hoy tiene las ventanas del alma, si aún la tiene, cerradas a la trascendencia, a la religión entendida como misterio, asombro ante lo inefable y lo santo.

Si Dios fuera una perla en el fondo del océano y el hombre fuera capaz de detectarla seguro que no se molestaría en buscarla.

La religión consiste en la pregunta de Dios al hombre: ¿Dónde estás? Genésis 2,9, en la pasión de Dios por el hombre, creado a su imagen, y buscado por Dios: «como un león me das caza», Job 10,16.

En el principio era Dios y responder a Dios, estar abierto al misterio, a lo inefable de la existencia es un estado de mente y de corazón. Ser insensible a este misterio es el mayor obstáculo para responder a Dios, para vivir la religión.

A la pregunta de Dios nadie puede responder por nosotros, la fe confianza, no un catecismo, responde por mí.

«La humanidad perece no por falta de información sino por falta de apreciación».

En este país la palabra religión, raquitismo intelectual, político y social, evoca una asignatura académica, religión con minúscula, religión proselitismo, religión adoctrinamiento superficial, que es lo único que la escuela puede hacer.

La religión con mayúscula, ventana que abre la mente y el corazón al asombro, al misterio de la vía y a la existencia de un horizonte más allá de todo horizonte nunca se puede convertir en asignatura.

No hay teología que pueda explicar a Dios, sólo las antenas de un corazón bien orientado puede captar su mensaje y su voz.

Todos, los premodernos, los modernos y los posmodernos, odiamos un poco eso que ahora llaman «la religión organizada» que vivimos más como esclavitud que como liberación.

El único consuelo consiste en que habrá un día en que «la religión organizada» y sus cloacas desaparecerán.

«Ven que te enseñe la novia, la esposa del Cordero. La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios». Apocalipsis 21.

P. Félix Jiménez Tutor, Escolapio
www.reflexionyliberacion.cl

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«Fundamentalismo y Espiritualidad sana», por Chema Muñoz

miércoles, 6 de enero de 2016
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HomofobiaDe su blog Cristiano Arco Iris:

He recibido críticas, insultos y amenazas de condenación eterna tras mi reciente apoyo a las comunidades de la IEE en Madrid, algunas incluso de predicadores latinoamericanos. Comprendo su intención de preservar “la doctrina” y salvar a las personas LGTB que nos atrevemos a vivir y disfrutar nuestra capacidad de amar en modo afectivo-sexual. Pero sus posturas me parecen ofensivas y hasta peligrosas, propias de una época anterior a la Declaración de los Derechos Humanos.

Los fundamentalismos “religiosos” son reacciones ideológicas frente al miedo que producen los cambios modernos en sociedades cada vez más laicas y libres. Suelen ir asociados a la intolerancia y el fanatismo. Rechazan toda adaptación del mensaje sagrado a la realidad socio-cultural como algo herético. Propician el rechazo y la agresividad contra quienes no compartimos su mentalidad y su forma de entender la fe y la espiritualidad.

Los fundamentalistas suelen apoyar sus posiciones doctrinales con textos fuera de contexto, citas de la Biblia o del Corán que usan como armas arrojadizas sin ningún tipo de rigor hermenéutico, y que se convierten en pretexto para justificar sus posturas dogmáticas o fanáticas. Exigen la absoluta uniformidad doctrinal, tratando de imponer normas morales muy rígidas, reglamentando todos los aspectos de la vida privada. Una mala formación teológica, una falsa y enfermiza experiencia espiritual, una escasa formación humana y una mentalidad cerrada y estrecha aumentan el peligro de radicalización de estas personas y colectivos.

Una espiritualidad sana acoge lo mejor de este mundo actual, no teme los cambios, acepta la laicidad, comprende a quienes no comparten sus creencias, valora los avances científicos y sociales como un bien por el que dar gracias, defiende los Derechos Humanos y la dignidad de todas las personas. No se cree en posesión de la Verdad sino que intenta descubrir la parte de verdad que tienen los demás. No trata de imponer sus ideas, sino de proponerlas y dialogar de modo constructivo y respetuoso.

Entre las personas católicas, protestantes y musulmanas, muchas compartimos esta espiritualidad abierta y positiva, que nos ayuda a ser más felices, generosos, solidarios, respetuosos y agradecidos. Poco tenemos que ver en la práctica con los fundamentalismos cristianos e islámicos, que tanto daño han hecho, hacen y harán si se lo permitimos. No son nuestros enemigos, pero integran grupos enfermos que pueden ser peligrosos. Y algunos lo son. Sus derechos llegan hasta donde empiezan los derechos de los demás. ¿No os parece?

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Multa de 144.000 dólares a los pasteleros de Oregón que se negaron a elaborar un pastel para una boda de dos mujeres

sábado, 2 de enero de 2016
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bnsweetcakesjpg-e85b55c6afa7dfdbRecogimos la historia hace ya casi tres años: una pareja de mujeres de Oregón denunció a una pastelería por negarse a elaborar su pastel de boda. Su dueño les dijo que sus creencias religiosas le impedían elaborar la tarta para una boda homosexual. La pastelería ha tenido que abonar ahora una multa de 144.000 dólares. Desde 2007 el estado de Oregón prohíbe a los establecimientos comerciales discriminar a los clientes por su orientación sexual o identidad de género.

Aaron Klein, dueño de la pastelería Sweet Cakes en Gresham (Oregón), negó haber insultado a la pareja, pero admitió que había rechazado elaborar el pastel por razones religiosas. “Les pedí disculpas por las molestias ocasionadas y les dije que no servimos a matrimonios del mismo sexo (…) No quise ofender a nadie, es simplemente algo en lo que creo profundamente“, declaró Klein, que se escudó en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos para defender su supuesto derecho a “practicar mi religión de la forma en la que yo la veo“.

Han pasado casi tres años, y ahora hemos conocido que el estado de Oregón ha obligado por fin a Aaron y Melissa Klein, dueños de la pastelería, a abonar una multa de 137.000 dólares a Laurel y Rachel Bowman-Cryer, la pareja que fue víctima del episodio discriminatorio. Una cifra que se suma a los 7.000 dólares que ya habían abonado a principios de este mes. El estado de Oregón prohíbe a los establecimientos comerciales discriminar a los clientes por su orientación sexual o identidad de género, y únicamente reconocer exenciones a esta norma a organizaciones religiosas.

La multa, en realidad, les había sido impuesta hace ya seis meses, pero los Klein se habían negado hasta ahora a pagar la multa alegando dificultades financieras, y ello a pesar de haber recaudado más de medio millón de dólares en varias cuentas abiertas para que quienes les quisiesen ayudar pudieran hacerlo. El dinero, no obstante, permanecerá en depósito y no será entregado al matrimonio Bowman-Cryer hasta que la sanción sea firme, dado que los Klein han recurrido la multa ante los tribunales.

Una negativa que desencadenó una gran polémica 

En su momento, la lamentable noticia desencadenó una gran polémica en los Estados Unidos, gracias sobre todo a que los grupos de la derecha cristiana se movilizaron a favor de los pasteleros (ahí está el más de medio millón de dólares recaudado) y desencadenaron una formidable campaña mediática construida en buena parte a base de falsedades para convertir a los pasteleros en una especie de “mártires de la causa cristiana” (un artículo publicado por The New Civil Rights Movement la analizaba con detalle hace unos meses).

También la pareja discriminada recibió innumerables muestras de apoyo. Una de las más celebradas fue el ofrecimiento de Duff Goldman, dueño de la pastelería Charm City Cakes de Baltimore, para elaborar gratuitamente el pastel de boda de la pareja y hacerse cargo de los gastos de su traslado. Goldman es un pastelero conocido en todo el país por haber sido el protagonista de Ace of Cakes, un reality en torno al mundo de la pastelería emitido con gran éxito entre 2006 y 2011 por Food Network, un canal de televisión especializado en alimentación y cocina.

Fuente Dosmanzanas

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Ellen Page habla de la toxicidad de estar en el armario y la religión

martes, 29 de diciembre de 2015
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ellen_page_1397_635x… Desde que Ellen Page salió del armario en febrero del año pasado, se ha prodigado mucho y muy bien sobre ser lesbiana, estar en el armario, sus relaciones y la importancia de fomentar las películas LGBT como profesional del cine. Hace unos días Ellen Page estuvo en el show de Stephen Colbert y volvió a hablar sin tapujos sobre su condición sexual, el proceso que ha atravesado estos años e incluso de religión. No os perdáis el vídeo con la entrevista.

Como la mayoría de personas armarizadas, Ellen se sentía triste, tóxica, asfixiada. Abrir las puertas y llenar sus pulmones de aire fresco le ha cambiado la vida y obviamente, no desea que nadie atraviese ese mal trago.

Pero Ellen, aparte de salir del armario, ha decidido mojarse y convertirse en activista LGBT. Esta vez ha hablado de religión y de cómo algunas personas se escudan en ésta para negar la igualdad de derechos:

La libertad religiosa es muy, muy importante. Pero es desafortunado que dicha libertad se emplee para justificar la discriminación. Si alguien está preocupado o sorprendido por la aceptación social de la comunidad LGBT es porque simplemente no están suficientemente expuestos a personas LGTB y no interaccionan con ellas

Page apareció en el programa de Colbert para promocionar Freeheld, la película basada en hechos reales en la que la pareja sentimental de una agente de policía lucha por conseguir la pensión de ésta. Por cierto, aunque Freeheld se estrenó mundialmente en octubre, en España podremos verla el próximo mes de enero.

Os dejamos con la entrevista de Ellen Page:

Fuente AmbienteG

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Matrimonio igualitario en España, primer semestre de 2015: las bodas entre mujeres son ya la mitad del total

martes, 8 de diciembre de 2015
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20091022-matrimonio-gay-iglesiaEl Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado el adelanto provisional del movimiento natural de población del primer semestre de 2015, en el cual se celebraron 1.803 bodas entre personas del mismo sexo, el 2,6% del total (69.671). De ellas, 908 fueron entre varones (el 50,4%) y 895 entre mujeres (el 49,6%).

Según estos datos provisionales, en el primer semestre de 2015 se habría producido un repunte relativo de bodas entre personas del mismo sexo, al ascender a un 2,6% del total de matrimonios (en años anteriores la cifra se había estabilizado ligeramente por encima del 2%). Habrá que esperar no obstante a los datos definitivos para confirmarlo.

El adelanto provisional del INE no ofrece los datos de bodas entre personas del mismo sexo desglosados por comunidades autónomas, pero no son de esperar, una vez se conozcan los datos definitivos, grandes cambios respecto a años previos. En 2014, el ejercicio inmediatamente anterior, Cataluña repitió una vez más como la comunidad con más matrimonios entre personas del mismo sexo en números absolutos (709), si bien en términos porcentuales es Canarias la que tradicionalmente más alto número de bodas entre personas del mismo sexo celebra (el 3,7% del total de bodas en 2014).

Sumando los datos provisionales del primer semestre de 2015 a los de 2005 (1.269), 2006 (4.313), 2007 (3.193), 2008 (3.194), 2009 (3.082), 2010 (3.193), 2011 (3.540), 2012 (3.455), 2013 (3.071) y 2014 (3.275) y teniendo en cuenta que prácticamente ya ha transcurrido todo 2015, más de 35.000 parejas del mismo sexo habrían contraído ya matrimonio en España.

Las bodas entre parejas de hombres y mujeres se igualan

Los datos provisionales del primer semestre de 2015 confirman, por otra parte, una tendencia que se veía con claridad en 2014: la equiparación ya casi total en el número de bodas entre hombres (1.679) y entre mujeres (1.596).

En los primeros años de matrimonio igualitario en España, las bodas entre hombres superaban con claridad las bodas entre mujeres. Una tendencia que sin embargo ha ido aminorándose con el paso del tiempo, hasta casi igualarse en 2014, cuando las bodas entre mujeres ascendieron al 48,7% del total de bodas del mismo sexo. Durante el primer semestre las cifras se igualaron aún más: 908 bodas entre varones (el 50,4%) frente a 895 entre mujeres (el 49,6%). Habrá que esperar a los datos de todo año para saber si por primera vez las bodas entre mujeres son más numerosas.

Tres de cada cuatro matrimonios son ya civiles

Por lo que se refiere a la forma de celebración, y refiriéndonos ya al total de matrimonios, parece que en el primer semestre de 2015 se acentúa la caída del matrimonio católico. De las 69.671 bodas celebradas, 51.670 (el 74,2%) fueron exclusivamente civiles, mientras que 16.788 (el 20,1%) se celebraron por el rito católico. 338 se celebraron por el rito de otra religión, no constando el dato en 875 casos.

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«Viernes de terror en París», por José I. Calleja

viernes, 20 de noviembre de 2015
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nino-con-una-flor-tras-loa-atentados-de-paris_560x280«La religión, blanco de todas las iras»

Tocamos los límites de nuestra repugnancia moral»

(José I. Calleja).- Al «estallar París en muertes, dolor y terror» -es la noche del viernes trece de noviembre-, la gente de bien no puede sino llevarse las manos a la boca y la cabeza, y es que tocamos los límites de nuestra repugnancia moral. Las ideas y las palabras se nos paralizan hasta conocer cuántas son las víctimas, quiénes las han masacrado y dónde están sus asesinos. Sabemos quiénes son, decía el presidente Hollande, y no podía decir, sabemos dónde están. Todavía.

Si yo fuera un especialista en la explicación estratégica de los conflictos internacionales, algo extraordinario podría decir, pero sólo soy un cultivador de ideas sobre la ética cotidiana, la que podría hacernos más personas. ¿Es posible acaso ser más personas unos que otros? Es posible comportarse de una forma más propia de personas unos que otros.

El ser es aquí el hacer y de aprender esto se trata. Y eso soy, un cultivador de la ética como concepto y en lo posible un compañero de viaje en la aventura de vivir con humanidad hacia todos y con todos. El viejo sueño de los ilustrados humanistas que lo han sido y serán siempre desde la inclusión, la gran aportación de occidente al mundo.

Y en ese movimiento humanitario, social y cultural, es imprescindible no confundir creencias y valores, pero es imposible separarlos. Las creencias se manifiestan democráticamente por quien quiera, tomando la fuente o inspiración de donde estime, con respeto de la dignidad humana de todos; sin este respeto, las religiones declinan como derecho de las personas; y los valores y normas morales, estos sí, han de ser democrática y argumentativamente expuestos por todos, sin parapetarse los creyentes en la revelación y los no creyentes, en una racionalidad sólo para los liberados de la fe.

Los valores, y su concreción en normas morales o éticas universales, y en leyes precisas, son tarea de todos, argumentando todos, y concretando todos sus mínimos de interpretación y su práctica social. Europa es una cultura notable en este camino; en su teorización mucho más que en su práctica, desde luego. Pero sólo logramos certezas éticas en la vida civil, a la medida de los humanos, no de los dioses; tampoco los creyentes somos dioses; en ningún lugar ni religión los creyentes somos dioses, ni hablamos y actuamos sustituyéndolos; ni cuando hacemos el bien, ni cuando hacemos el mal. Somos los humanos los que elegimos uno u otro proceder, y de ello nos responsabilizamos, sin disculpas ni encargos trascendentes. Tú has matado, tú has explotado, tú has torturado. Tú recurres al terror. Deja en paz a Dios.

La religión, la pobre religión, se vuelve a convertir en estos casos en el blanco de todas las iras; la política y la economía tienen mil razones para precederla en nuestro enfado, pero eso no está claro siempre. La religión, la pobre religión, aparece al fondo de todos los males, y yo me alegro de que una sospecha extrema hacia ella esté ahí, en tantas bocas y almas. Porque es una experiencia purificadora que las religiones necesitamos y el islamismo, más si cabe que ninguna otra.

Occidente, cuya política económica y geoestratégica es demencial por sesgada e injusta en tantos casos, ha logrado una ética civil humanista capaz de poner al ser humano en otras vías. No sólo ella, pues la ética sin poder social y político, no es nadie; pero ella es una oportunidad de hacer internacionalmente bien las cosas, a la medida siempre de las fuerzas humanas. Nosotros, hablo desde el País Vasco, pareciendo que este decir moral es vaporoso e idealista, tenemos una experiencia reducida pero cierta de cómo puede progresar un sociedad de la violencia indiscriminada a la política y el entendimiento. Es un pequeño prodigio que de tan liviano como se presenta en el escenario de la historia, pareciera que nadie lo busca y llega solo. Pero no es así, viene cuando le abrimos paso.

Bien lejos en cantidad y dureza está lo que representa la noche roja y negra del viernes trece en París, pero la confianza en que una ética política y social humanista, inclusiva y justa, nos ha de llevar a donde vamos, está ahí. Sabemos en qué creemos, sabemos lo que queremos, y exigimos su respeto; las religiones y las políticas, las sociedades y los ejércitos, las empresas y los voluntarios tenemos que respetar esa ética de lo humano imprescindible e irrenunciable.

Nosotros lo tenemos que creer y exigir siempre, y el terrorismo lo tiene que entender y, mientras subsista, con la ley penal y la fuerza justa tenemos que combatirlo. Es muy duro decir que esa fuerza, nuestra fuerza, es a menudo indiscriminada y contra víctimas totalmente inocentes. Daños colaterales que decimos. No puede ser. Hay cifras escalofriantes sobre esos daños colaterales con centenares y centenares de víctimas inocentes. Así, la espiral de violencia se multiplica incontrolada. Los que aprisionan la verdad de la justicia en la violencia indiscriminada con víctimas inocentes, no pueden apelar a dioses ni a leyes justas.

París es un drama sin cuento en la noche de este viernes y trece; el terrorismo no tiene ninguna justificación y legitimidad, ni política ni religiosa; el terrorismo es terror, la expresión máxima de la inmoralidad humana en cualquier situación. Pero este es un discurso que amamos y compartimos masivamente. Nosotros creemos además que nadie sobra en el camino, ni la distribución de responsabilidades es única. Que las religiones tengan una historia compleja en la generación de violencia fundamentalista, no nos permite simplificar los procesos de violencia social y rehusar una lectura más completa por abierta a más sujetos y causas. Es difícil hacer que un ciudadano entienda algo cuando su modo de vida depende de que no lo entienda. Nos debemos esta libertad.

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , , ,

«La religión puede hacer el bien mejor y también el mal peor», por Leonardo Boff

miércoles, 11 de noviembre de 2015
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9713576-principales-religiones-del-mundo--cristianismo-islam-el-judaismo-el-budismo-y-el-hinduismo_560x280 Leído en Koinonia:

Todo lo que está sano puede enfermar. También las religiones y las iglesias. Hoy particularmente asistimos a la enfermedad del fundamentalismo contaminando a sectores importantes de casi todas las religiones e iglesias, inclusive de la Iglesia Católica. A veces hay una verdadera guerra religiosa. Basta seguir algunos programas religiosos de televisión especialmente, de tendencia neopentecostal, pero también de algunos sectores conservadores de la Iglesia Católica, para oír que condenan a personas o de grupos de ciertas corrientes teológicas o satanizan a las religiones afrobrasileras.

La mayor expresión del fundamentalismo guerrero y exterminador es el representado por el Estado Islámico que hace de la violencia y del asesinato de los diferentes, expresión de su identidad.

Pero hay también otro vicio religioso, muy presente en los medios de comunicación de masas especialmente en la televisión y en la radio: el uso de la religión para reclutar gente, predicar el evangelio de la prosperidad material, sacar dinero a los feligreses y enriquecer a sus pastores y auto-proclamados obispos. Tenemos que ver con religiones de mercado que obedecen a la lógica del mercado que es la competencia y el reclutamiento del mayor número posible de personas con la máxima acumulación de dinero líquido posible.

Si nos fijamos bien, en la mayoría de estas iglesias mediáticas el Nuevo Testamento raramente es mencionado. Lo que predomina es el Antiguo Testamento. Se entiende el por qué. En el Antiguo Testamento, excepto los profetas y otros textos, se resalta especialmente el bienestar material como expresión del agrado divino. La riqueza gana centralidad. El Nuevo Testamento exalta a los pobres, predica la misericordia, el perdón, el amor al enemigo y la solidaridad ilimitada con los pobres y caídos en el camino. ¿Dónde se oye, hasta en los programas católicos, las palabras del Maestro: “Felices vosotros, pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”?

Se habla demasiado de Jesús y de Dios como si fuesen realidades disponibles en el mercado. Tales realidades sagradas, por su naturaleza, exigen reverencia y devoción, silencio respetuoso y unción devota. El pecado que más se da es contra el segundo mandamiento: “no usar el santo nombre de Dios en vano”. Ese nombre está pegado en los vidrios de los automóviles y en la propia cartera del dinero, como si Dios no estuviese en todos los lugares. Y Jesús para acá y Jesús para allá en una banalización desacralizadora irritante.

Lo que más duele y escandaliza verdaderamente es que se use el nombre de Dios y de Jesús para fines estrictamente comerciales. O peor, para encubrir desfalcos, robo de dineros públicos y blanqueo de dinero. Hay quien tiene una empresa cuyo título es “Jesús”. En nombre de “Jesús” se amasan millones en sobornos, escondidos en bancos extranjeros y otras corrupciones que atañen a los bienes públicos. Y esto se hace con el mayor descaro.

Si Jesús estuviera todavía entre nosotros, sin duda haría lo que hizo con los mercaderes del templo: tomó el látigo y los puso a correr además de derribar sus puestos de dinero.

Por estas desviaciones de una realidad sagrada, perdemos la herencia humanizadora de las Escrituras judeocristianas y especialmente el carácter liberador y humano del mensaje y la práctica de Jesús. La religión puede hacer el bien mejor pero también puede hacer el peor mal.

Sabemos que la intención original de Jesús no era crear una nueva religión. Había muchas en aquel tiempo. Tampoco pensaba reformar el judaísmo vigente. Quería enseñarnos a vivir guiados por los valores presentes en su mayor sueño, el reino de Dios, hecho de amor incondicional, misericordia, perdón y entrega confiada a un Dios, llamado “papá” (Abba en hebreo) con características de madre de bondad infinita. Él puso en marcha la gestación del hombre nuevo y de la mujer nueva, eterna búsqueda de la humanidad.

Como lo muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Cristianismo inicialmente era más movimiento que institución. Se llamaba el “camino de Jesús”, realidad abierta a los valores fundamentales que él predicó y vivió. Pero a medida que el movimiento fue creciendo, se convirtió inevitablemente en una institución con reglas, ritos y doctrinas. Y entonces el poder sagrado (sacra potestas) pasó a ser el eje organizador de toda la institución, ahora llamada Iglesia. El carácter del movimiento fue absorbido por ella. Por la historia sabemos que allí donde prevalece el poder, desaparece el amor y se desvanece la misericordia. Eso es lo que por desgracia pasó. Hobbes nos advirtió de que el poder sólo se asegura buscando más y más poder.

Y así surgieron iglesias poderosas en instituciones, monumentos, riquezas materiales e incluso bancos. Y con el poder la posibilidad de corrupción.

Estamos presenciando algo nuevo que hay que saludar: El Papa Francisco nos está recuperando el cristianismo más como movimiento que como institución, más como encuentro entre las personas y con el Cristo vivo y la misericordia sin límites que como disciplina y doctrina ortodoxa. Ha puesto a Jesús, a la persona en el centro, no el poder, ni el dogma, ni el marco moral. Con eso permite que todos, aun los que no se incorporan a la institución, puedan sentirse en el camino de Jesús en la medida en que optan por el amor y la justicia.

*Leonardo Boff, columnista del JB online y teólogo.

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Nuevo estudio muestra la disparidad entre los fieles católicos y las enseñanzas de su iglesia, también en materia LGTB

viernes, 18 de septiembre de 2015
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gays4Un reciente estudio del Pew Research Center confirma que los fieles católicos de Estados Unidos se distancian, en buena medida, de las enseñanzas de su propia iglesia, pese a su amplia voluntad de permanecer dentro de la misma. Esta disparidad se manifiesta también en materia LGTB, aunque aquí la opinión se encuentra más dividida que en otros asuntos.

El próximo 21 de septiembre comenzará en Filadelfia una nueva edición (la octava) del denominado “Encuentro Mundial de las Familias”, que incluirá una misa que se prevé multitudinaria. Se espera que, como ya ha sucedido en ocasiones anteriores, sirva para reafirmar las tesis más tradicionales y como escaparate de grupos ultraconservadores (de hecho, asistirán incluso grupos que siguen defendiendo las peligrosas “terapias” de conversión).

En este contexto, resultan interesantes los datos del último estudio del Pew Research Center sobre las posiciones de los católicos estadounidenses en diversos temas. Datos que muestran una población católica que está lejos de aceptar monolíticamente las enseñanzas de la iglesia, especialmente las referidas a moral familiar y sexual (incluido lo referido a la realidad LGTB). Así, preguntados por si consideran aceptables diversos modelos de familia, hay un amplio consenso (predecible) en valorar positivamente la “familia tradicional”: un 90% de los encuestados lo considera “aceptable y tan bueno como otros para educar hijos”. Lo interesante es que la misma valoración se da en porcentajes relativamente elevados respecto de otras formas de familia, incluidas las de padres del mismo sexo: 48% para parejas heterosexuales no casadas, 43% para parejas del mismo sexo (no especifica si casadas o no), 38% para padres y madres solteros y 31% para padres y madres divorciados.

En lo referido a las familias homoparentales, el porcentaje de “aprobación total” es más bajo que con el matrimonio “tradicional”, pero significativamente más alto que con padres y madres solteros o divorciados. Parecen preferir una pareja antes que una persona sola para la crianza… En cambio, para dar un retrato completo del estudio, hay que señalar que las parejas del mismo sexo tienen un porcentaje de “desaprobación total” (considerarlas inaceptables en cualquier caso) más alto que todas las demás, pues en las otras la consideración de “mal menor” (esto es, tenerlas por aceptables aunque por debajo del ideal) tiene mayores porcentajes. Parece que en lo referido a las personas LGTB, la opinión está más polarizada: o la aceptan plenamente, o la rechazan del todo.

Preguntados por formas de pareja (sin hijos), se repiten resultados similares: una pareja del mismo sexo sin hijos obtiene la aprobación del 46% mientras que una pareja heterosexual no casada y sin hijos recibe la aprobación del 55%; un matrimonio heterosexual que decide no tener hijos, por su parte, recibe la aprobación de un 70%.

Otra variable que hay que tener en cuenta es la diferencia entre los católicos que asisten a misa regularmente (al menos una vez por semana) y quienes no lo hacen. Entre los primeros, la adhesión a las enseñanzas de su iglesia es mayor que entre los segundos. En concreto, sobre las personas LGTB, encontramos que un 36% de los católicos que asisten regularmente a misa encuentran inaceptable una familia homoparental y un 25% la ve como “no tan buena” como una familia “tradicional”; en cambio, un 36% la ve tan buena como cualquier otra. La interpretación de este dato, obviamente, está sujeta a discusión. Unos podrán pensar que los católicos que van a misa son los más coherentes, otros en cambio podrán pensar que quienes no van quizá no lo hagan porque no se sienten a gusto con su iglesia tal y como está…

El caso del juez Kennedy, un ejemplo 

El estudio completo aporta muchos más datos interesantes. De entre ellos, podemos destacar uno que suele despertar polémica desde ambientes católicos y no católicos, aunque por razones distintas. Se trata de la paradójica “fidelidad” que manifiestan los católicos a su iglesia, incluso entre quienes no aceptan enseñanzas suyas y ni siquiera asisten a misa regularmente. Aquí el estudio ofrece un dato claro: entre quienes se declaran católicos, un 70% afirma no imaginarse dejar la iglesia en ningún caso (entre quienes sí han dejado la iglesia católica, un abrumador 89% señala que no tiene pensado volver: parece que resulta difícil irse de la iglesia católica, pero que quien lo hace también difícilmente volverá).

La disparidad entre lo que piensan muchos católicos y las enseñanzas de su iglesia cuenta con un ejemplo elocuente: la reciente sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos acerca del matrimonio igualitario. Su ponente, el juez Anthony Kennedy, es conocidamente católico, lo que en cambio no le impidió posicionarse a favor del matrimonio igualitario, ser además quien redactara la sentencia, y hacerlo en los términos elocuentes con los que habla del matrimonio. En este sentido, se refiere, por ejemplo, al carácter “trascendente” de la institución matrimonial. Asimismo, no hay constancia de que Kennedy haya abandonado la iglesia católica (a pesar de las furiosas críticas que ha recibido desde sectores ultraconservadores).

En definitiva, un ejemplo más que muestra que, al menos en algunas partes del mundo, muchos fieles no dudan en apartarse abiertamente de enseñanzas que de su iglesia sin que por ello dejen de considerarse católicos. Y la realidad LGTB —aunque en menor proporción que otras cuestiones— forma parte claramente los elementos de disenso.

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La homofobia del hermano de Madonna: Acusa a los gays de querer ‘destruir’ a la funcionaria que negó licencias para bodas

martes, 8 de septiembre de 2015
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SPL42094_010En 2014, Madonna desmontaba el sistema legal anti gay de Rusia y desvela que la amenazaron de muerte. Ese mismo año subía a su cuenta de Instagram una foto de un judío y un musulmán a punto de besarse y la liaba pero claro que todos los miembros de unas misma familia no son iguales, Christopher Ciccone, hermano de la cantante e icono gay, se haya pronunciado en Facebook en defensa de Kim Davis, la funcionaria de Kentucky que se negaba a conceder licencias para bodas gays alegando motivos religiosos. El hermano de Madonna ha etiquetado a la comunidad gay de «ganadores doloridos».

La secretaria del condado de Kentucky fue encarcelada recientemente después de que se negara a emitir licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo, a pesar de la reciente sentencia del Tribunal Supremo. Ciccone publicó un mensaje en Facebook en el que pedía que a Davis debe concedérsele el derecho a denegar las licencias como parte de su «libertad religiosa«.

El hermano de la galardonada superestrella comparó Davis con una musulmana, todas las mujeres musulmanas de hecho, en un intento intolerante para enfatizar su postura por parte de la prensa y la sociedad: «La secretaria del condado en Kentucky merece, sobre todo, el apoyo que le daría si fuera una mujer musulmana que insisten en su libertad de cubrir su rostro y sólo se negó a dar licencias a matrimonios gays«, escribió.

Christopher Ciccone también escribió: «Una vez más, la comunidad gay siente la necesidad de ser los sufridos ganadores. ¿Es tan difícil permitir que esta mujer siga los dictados de su religión?. ¿O debemos destruirla para que traicione su fe?. No importa cómo juzgamos su verdad. Los derechos de todos por los que hemos luchado, no significan nada si le negamos el suyo«.

Aunque Ciccone es el primero en mencionar la palabra «destruir» a la señora Davis, incluso atreviéndose a comparar su experiencia a la del pueblo judío durante el Holocausto, son muchos los ciudadanos que han pedido su destitución y encarcelamiento si persiste en desobedecer la ley federal y discriminar a las parejas del mismo sexo.

Sin embargo, a pesar de que todavía está entre rejas, Davis aún tiene peso, ya que su firma es necesaria para legalizar oficialmente las licencias emitidas a parejas del mismo sexo por la oficina del condado de Rowan Clerk.

No podemos olvidar que Ciccone comenzó su carrera como uno de los integrantes del cuerpo de bailarines de su hermana, Madonna, pero tras una disputa pública, escribió un libro contando los escabrosos detalles de su relación distanciada.

Fuente Ragap

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Una definición de homofobia

sábado, 22 de agosto de 2015
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homofobiaHomofobia es el término que se ha destinado para describir el rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres u hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales. De todas formas, el uso cotidiano del vocablo incluye a las otras personas contempladas en la diversidad sexual, como ocurre con los bisexuales y los transexuales. Incluso, a aquellos seres que mantienen hábitos o actitudes que suelen ser atribuidos al sexo opuesto, como los metrosexuales.

Cabe destacar que la homofobia carece de una definición precisa, ya que no se trata de un concepto de alcance estrictamente psiquiátrico. Hay quien considera homófoba a toda persona que no respalde o no se manifieste a favor de la homosexualidad. Sin embargo, la noción hace referencia a la discriminación, es decir, al rechazo o a la persecución.
Diversas estadísticas señalan que, en todo el mundo, cada dos días un gay es víctima de un crimen enmarcado en hechos de homofobia. Según Amnistía Internacional, más de setenta países persiguen a los homosexuales y ocho hasta los condenan a muerte.

La palabra homofobia fue utilizada por primera vez por el psicólogo estadounidense George Weinberg en 1971. Años atrás, Wainwright Churchill se había referido a la homoerotofobia.

Otro concepto relacionado es el heterosexismo o heterocentrismo, el cual permite darle nombre a la creencia de que los heterosexuales son, por naturaleza, organismos superiores en relación a los homo y a los bisexuales.

Muchas religiones mantienen una postura moral de rechazo a la homosexualidad, por lo que pueden ser consideradas como homofóbicas. La ortodoxia cristiana, judía e islámica, por ejemplo, no aceptan la homosexualidad como condición sexual natural de una persona, sino que consideran que se trata de una anomalía. Por lo tanto, la homosexualidad aparece como un pecado.

¿Por qué la homofobia no es una fobia?

Es necesario señalar que la homofobia no es precisamente una fobia, debido a las características que las diferencias. Mientras que en una fobia la emoción que la motiva es el miedo, la homofobia es motivada por el odio, que se manifiesta de forma moderada (a través de sensaciones corporales de repulsión, como incomodidad psicológica frente a personas homosexuales) o severa (mediante la alteración psicomotriz que lleva a un individuo a insultar de forma verbal o física a otro de condición homosexual, en algunos casos incluso puede llegar a matar a causa de ello).

Además, una característica propia de las fobias es que la reacción de los individuos que las padecen, es huir de aquello que les causa miedo, así, alguien que padece acrofobia tiende a no ponerse en situaciones de altura para evitar dicho temor; por el contrario, los homofóbicos buscan encuentros con personas homosexuales a fin de demostrarse a sí mismos que su postura es correcta, la forma en la que lo hacen es denigrando, humillando y destruyendo a todo aquel que reúna las características de un homosexual (ni siquiera tiene que ver con haber confirmado su homosexualidad, sino con que demuestre una actitud que para el homofóbico encaja dentro de la descripción de un homosexual).

Los fóbicos tienden a esconder su trastorno, no les gusta hablar de ello aún si saben que pueden estar necesitando ayuda, al contrario, los homofóbicos quieren hacer público su pensamiento, lo vuelven una batalla necesaria e intentan unirse a aquellos que piensen igual. Hace unos días leí que los homofóbicos eran como los vampiros, porque intentan contagiar a todo aquel que se cruce por su camino en el odio hacia los homosexuales, creo que sirve esta comparación para ejemplificar este punto.

Por último, mientras que las personas que padecen fobias tienen plena conciencia de su trastorno y pueden hablar de él para comprenderlo, los homofóbicos no piensan que haya un problema con ellos, más bien que el problema lo tienen los homosexuales. Buscan naturalizar ese odio brutal que los carcome e incluso, llegan a grados de incoherencia tales que son capaces de afirmar: “No soy una persona homofóbica…lo único que me pasa es que no puedo ver a dos mujeres (u hombres) juntos porque eso no es natural”.

¿Por qué las personas practican la homofobia?

Una de las cuestiones que llevan a alguien a volverse homofóbico, es el sospechar que él mismo posee un potencial homosexual, así lo explica el Dr. Miguel Urbina, quien asegura que la intensidad de ese repudio hacia lo que viene del mundo exterior, genera un cierto alivio a esos temores que provienen del mundo interior.

La hegemonía en las sociedades actuales, tanto de Occidente como de algunos países de Oriente, la tiene un modelo donde el varón es el que marca las condiciones en las que debe desarrollarse la vida en sociedad. La mujer y todo lo que se encuentre relacionado con lo femenino son sinónimos de flaqueza, y aquellos hombres que pasen el límite, abandonando su hombría en pos de una mayor sensibilidad o formas diversas de expresión que lo que se considera obligatorio en su género, son rechazados y maltratados, considerados inferiores al resto de sus congéneres (estudios afirman que esto puede ser movido por el sentimiento de inferioridad. En el fondo los machistas sienten que los homosexuales son superiores a ellos porque son libres de las estructuras sociales, ¡jamás lo admitirían!)

Historia de la homofobia

La homofobia no existió siempre, en civilizaciones antiguas, como las romanas, los mayas, los sumerios, la china de la dinastía y los griegos, las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo estaban permitidas e incluso se consideraban sagradas. Con la llegada de la moral cristiana, que ejerció una gran influencia en las sociedades de la Edad Media, la homosexualidad fue considerada pecaminosa, un delito y se comenzó a perseguir brutalmente a las personas que realizaran el sexo con alguno de sus congéneres. Algunos de los teólogos que promovieron esta ideología de persecución a los homosexuales fueron los aún alabados y endiosados Tomás de Aquino y San Agustín. A partir de entonces se inculcó un modo de pensamiento absolutamente hermético en lo que se refiere a las prácticas sexuales, se condenó la homosexualidad, la masturbación, el sexo oral y todas aquellas prácticas que esta institución, la iglesia consideraba como atentados contra la naturaleza. Desde ese momento la homosexualidad adoptó la descripción moralista de pecado de sodomía, el cual es defendido incluso al día de hoy por ortodoxos (y otros que no lo son tanto) de la religión cristiana.

Pese a lo que muchos creen y a que intentan hacernos pensar que el mundo realmente está cambiando, la homofobia es parte de todas nuestras sociedades. En Estados Unidos, miles de niños adolescentes se quitan la vida a causa del rechazo que sufren en la escuela por parte de sus compañeros tan sólo por mostrar una actitud considerada como poco varonil, otros tantos son golpeados y torturados de formas espantosos y en todo el mundo muchos adultos que han manifestado su homosexualidad también deben soportar afrentas de todo tipo, hasta la muerte en muchos casos (en manos de homofóbicos o en las propias a causa de la inestabilidad que les generan los maltratos psicológicos). Términos como marimacho, tortillera, puto, maricón, etc, deberían desaparecer para siempre de nuestro vocabulario porque a través de estos insultos, muchas veces utilizados en broma, es que alimentamos la homofobia.

En los últimos años la salida del armario de personas que se autoproclaman homosexuales, en series de TV o programas, podrían estar colaborando con la difusión de cualidades como la tolerancia y la aceptación del otro sin importar su condición sexual. En este punto cabe mencionar la labor de la norteamericana Ellen Degeneres , que posee uno de los programas más vistos de la televisión y que trabaja incansablemente por cambiar rotundamente esta realidad.

Pese a la labor que se realiza, desde estos sectores que proclaman la tolerancia (los cuales no son dirigidos únicamente por homosexuales, como se cree), al día de hoy los homosexuales (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) son víctimas de abusos por su condición sexual. Todavía en muchos países se les prohíbe contraer matrimonio, lo que impide que llegado el caso puedan ejercer sus derechos como pareja consolidada, y del mismo modo, tampoco se les permite adoptar niños. Además son discriminados laboralmente, y las relaciones sexuales entre dos personas del mismo género tampoco son aprobadas. Por ejemplo, existen muchas quejas cuando una pareja de homosexuales simplemente se está besando en un lugar público, cosa que no pasa ante parejas heterosexuales.

Lee todo en: Definición de homofobia – Qué es, Significado y Concepto http://definicion.de/homofobia/#ixzz3iWj9W1eV

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Amicitia

viernes, 21 de agosto de 2015
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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La religión no es sólo, ni principalmente, el culto; es, para empezar, amicitia, porque religión quiere decir vínculo; los vínculos de la amistad. Esos vínculos que crean la paz y que también liberan. El mundo tiene mucha necesidad de ello y no de mucho más”.

*

Thomas Merton

***

 

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Multitudinaria boda entre personas del mismo sexo en el Viejo San Juan de Puerto Rico

jueves, 20 de agosto de 2015
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20150816_rc_boda_gay_rtz_13677017_10Más de sesenta parejas del mismo sexo se casaron o renovaron votos nupciales este domingo en el Viejo San Juan, centro histórico de la capital de Puerto Rico. La multitudinaria boda, en la que participaron contrayentes de muy diferentes orígenes y que fue oficiada por ministros de varias confesiones religiosas, supone un hito de visibilidad LGTB en el país y un rayo de esperanza para el Caribe.

Ya en julio nos hacíamos eco de la celebración de las primeras bodas en Puerto Rico, menos de un mes después de la histórica sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que consideró inconstitucional prohibir el matrimonio igualitario. Pero la de este domingo ha sido sin duda hasta ahora la más significativa. Y es entre las más de sesenta parejas que contrajeron matrimonio (algunas de ellas renovaron votos, porque ya estaban casadas) hubo ciudadanos cubanos, chinos, dominicanos o haitianos. Cada pareja pudo escoger además un oficiante religioso, y de hecho hubo representantes de varias confesiones, incluidas la musulmana y la budista.

La boda tuvo lugar en el Paseo de la Princesa, uno de los rincones emblemáticos del Viejo San Juan, bajo una lluvia que nunca cesó y que de hecho fue saludada como un buen augurio por los asistentes, especialmente si se tiene en cuenta que Puerto Rico se enfrenta a un período de sequía. “¡Hoy el cielo llora de felicidad!”, comentó la abogada y presidenta de la Fundación de Derechos Humanos de Puerto Rico, Ada Conde, una de las organizadoras del evento. Conde formó parte del grupo de activistas que demandaron a Puerto Rico ante la justicia federal (en su caso, por negarse a reconocer su matrimonio con Ivonne Álvarez, celebrado en el estado de Massachussetts en 2004).

A continuación insertamos un emotivo vídeo realizado por el diario puertorriqueño El Nuevo Día, que muestra diversas imágenes del acto. La alegría que traslucen es indudable:

Una historia judicial complicada

No ha sido fácil llegar hasta aquí. Como en otros territorios vinculados a la jurisdicción del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, la historia del matrimonio igualitario en Puerto Rico no se puede desligar del ámbito judicial. En octubre del año pasado, y en sentido contrario a la de la inmensa mayoría de sus colegas de los Estados Unidos, el juez federal puertorriqueño Juan M. Pérez-Giménez dictaminaba que la ley que prohibía el matrimonio entre personas del mismo sexo en Puerto Rico era constitucional. Los demandantes recurrieron ante la Corte federal de Apelaciones del 1er. Circuito, bajo cuya jurisdicción se encuentra la isla (una de las que no había tenido oportunidad de dirimir sobre la cuestión, porque en el resto de los estados que comparten jurisdicción ya estaba vigente sin que se plantearan desafíos ante la justicia federal).

La Corte de Apelaciones denegó sin embargo en abril la solicitud para fijar la fecha de presentación de los argumentos orales, retrasando en la práctica la decisión hasta que el Supremo se pronunciase. Tras la sentencia del Supremo, un panel de tres jueces de la Corte confirmaba el 8 de julio por unanimidad que la prohibición del matrimonio igualitario en Puerto Rico atenta contra la Constitución de los Estados Unidos, y el gobernador Alejandro García Padilla ordenaba a la administración pública del estado hacer los trámites necesarios para poner a disposición de las parejas del mismo sexo licencias matrimoniales a partir del 13 de julio (aquí puedes ver el formulario, que simplemente habla de “contrayente A” y “contrayente B”).

Hubo una última escaramuza por parte de los sectores homófobos de la isla antes de aceptar su derrota. Cuatro representantes del Partido Nuevo Progresista (PNP), formación conservadora que curiosamente defiende la plena anexión de Puerto Rico a Estados Unidos, solicitaron al Tribunal Supremo de Puerto Rico que frenase la aplicación en la isla de la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos así como la orden ejecutiva emitida por el gobernador. El Supremo de Puerto Rico rechazó sin embargo la solicitud, y los legisladores del PNP decidían finalmente acatar la decisión y retirar la demanda que además habían interpuesto ante el Tribunal de Primera Instancia de San Juan, antes de que fuera el propio Departamento de Justicia de Puerto Rico el que solicitase su desestimación. El matrimonio igualitario ya era una realidad en el Caribe.

Fuente Dosmanzanas

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«La fuerza de los rituales (II)», por José Mª Castillo, teólogo

martes, 18 de agosto de 2015
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el-rostro-de-dios1De su blog Teología sin Censura:

Lo primero, lo más elemental, en el problema planteado a propósito de los rituales religiosos, es tener muy claro que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es el fin último que podemos buscar o anhelar los mortales. La religión es el medio por el que (y con el que) intentamos acercarnos a Dios o relacionarnos con él. Por tanto, Dios no es un elemento más, un componente más (entre otros) de la religión.

Por otra parte – si intentamos llegar al fondo del problema -, Dios y la religión no se pueden situar en el mismo plano. Ni pertenecen al mismo orden o ámbito de la realidad. Porque Dios es el Absoluto. Y el Absoluto es el Trascendente. Es decir, Dios se sitúa en el orden o ámbito de la “trascendencia”. Mientras que todo lo que no es Dios (incluida la religión) es siempre una realidad que se queda “aquí abajo, o sea en el ámbito de la “inmanencia”.

Todo esto quiere decir que “ser trascendente” significa “ser inabarcable” o “ser inconmensurable”. Es decir, Dios no está a nuestro alcance. Por tanto, Dios no es una realidad “cultural”. En tanto que la religión es siempre un producto de la cultura. Otra cosa es las “representaciones” que los humanos nos hacemos de Dios. Pero eso ya no es “Dios en Sí”, sino nuestra manera (culturalmente condicionada) de representarnos al Trascendente.

Hecha esta disquisición, que me parece indispensable, tocamos ya las cuestiones que nos interesan más directamente en esta reflexión. Ante todo, es importante saber que, en la larga historia y prehistoria de la religión, lo primero no fue el conocimiento y la experiencia de Dios, sino la práctica de rituales de sacrificio (así, por lo menos, desde E. O. Wilson, incluso ya antes Karl Meuli). De forma que abundan los paleontólogos que defienden que, desde el paleolítico superior, hay huellas claras de este tipo de prácticas rituales (W. Burkert, H. Kühn, P. W. Scmidt, A. Vorbichler).

Si bien hay quienes piensan que los rituales religiosos relacionados con la muerte se inician a partir del mesolítico (Ina Wunn). En todo caso, se acepta la convicción que ya propuso G. Van der Leeuw: “Dios es un producto tardío en la historia de la religión” (K. Lorenz, W. Burkert). Lo que es comprensible, si tenemos en cuenta que Dios nos trasciende y no está a nuestro alcance, como lo están los rituales religiosos.

Así las cosas, es un hecho que los rituales religiosos, en sus más variadas formas, están más presentes en cada ser humano, ya desde la infancia, que la claridad y la profundidad en la relación con Dios. Dicho más claramente, creo que no es ninguna exageración afirmar que, tanto en los individuos como en la sociedad, están más presentes los rituales y sus observancias que Dios y sus exigencias.

O sea, en la vida de muchos (muchísimos) creyentes, están muy presentes los rituales religiosos y la observancia de los mismos. Mientras que la firmeza, la cercanía y la fiel escucha de Dios es un asunto que son también muchos (muchísimos) los creyentes que no tienen eso resuelto debidamente. Lo que lleva consigo, entre otras cosas, una consecuencia de enorme importancia. Una consecuencia que consiste en que, con demasiada frecuencia, en la conducta de muchas personas se divorcian la observancia de los ritos sagrados, por una parte, y la fidelidad a la honestidad, la honradez y la bondad ética, por otra parte.

Y entonces, nos encontramos con un hecho que lamentamos muchas veces. Me refiero al hecho de tantas personas que son fielmente observantes y religiosas, pero al mismo tiempo son personas que dejan mucho que desear en su conducta ética.

¿Cómo se explica esto? El comportamiento religioso consiste en la fidelidad a la observancia de los rituales sagrados. Pero ocurre que los ritos son acciones que, debido al rigor de la observancia de las normas, se constituyen en un fin en sí (G. Theissen, B. Lang, W. Turner). Y, entonces, lo que ocurre es que el fiel observante del ritual se tranquiliza en su conciencia, se siente en paz consigo mismo, se libera de posibles sentimientos de culpa o de miedos que adentran sus raíces en el inconsciente, al tiempo que la conducta ética, con sus incómodas exigencias queda desplazada.

Y el sujeto se siente en paz con su conciencia, con sus semejantes y con Dios. En lo que he intentado explicar aquí, radica (según creo) la clave para comprender el conflicto de Jesús con los hombres más religiosos y observantes de su tiempo. Es notable que, por lo que narran los relatos evangélicos, Jesús no tuvo enfrentamientos ni con los romanos, ni con los pecadores, los samaritanos, los extranjeros, etc. Los conflictos de Jesús se produjeron precisamente con los más fieles cumplidores de la religión: sumos sacerdotes, maestros de la Ley y fariseos.

¿Por qué precisamente con estas personas y no con los alejados de la religión y sus rituales? Jesús fue un hombre profundamente religioso. Pero Jesús vio el peligro que entraña la fiel observancia de los ritos de la religión. ¿Qué quiere decir esto? Jesús no rechazó el culto religioso. Lo que Jesús hizo fue desplazar el centro de la religión. Ese centro no está ni en el templo y sus ceremonias, ni en lo sagrado y sus rituales.

El centro de la experiencia religiosa, para Jesús, está en hacer lo que hizo el mismo Dios, que se “encarnó” en Jesús. Es decir, Dios se humanizó en Jesús. Dios está presente en cada ser humano, sea quien sea, piense como piense, viva como viva. Sólo reconociendo esta realidad sorprendente y viviéndola, como la vivió el propio Jesús, sólo así estaremos en el camino que nos lleva al centro mismo de la religiosidad que vivió y enseñó Jesús.

¿En qué consiste, entonces, el culto a Dios? La carta a los hebreos lo dice con tanta claridad como firmeza: “No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que tales sacrificios son los que agradan a Dios” (Heb 13, 16). Que no es sino la fórmula tajante que plantea el autor de la carta de Santiago: “Religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es ésta: mirar por los huérfanos y las viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo (Heb 1, 27).

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ir a una iglesia, una mezquita o una sinagoga mantiene a raya la depresión

miércoles, 12 de agosto de 2015
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ciencia-y-religiosidad_560x280Investigadores de la London School of Economics (LSE) y el Centro Médico de la Universidad Erasmus en los Países Bajos han estudiado el impacto de diversas actividades sociales en los síntomas depresivos en personas mayores de Europa. Han encontrado que la participación en las organizaciones religiosas se asocia con una disminución de los síntomas depresivos, mientras que ser parte de un partido político o una organización, como una rama local de un partido, tiene un efecto perjudicial en la salud mental. La pertenencia a clubes deportivos y sociales tiene beneficios a corto plazo, pero no conduce a una disminución de los síntomas depresivos en el largo plazo.

El estudio, publicado en el «American Journal of Epidemiology», analizó a 9.000 europeos, de 50 años en adelante, durante un período de cuatro años. Mauricio Avendaño, un epidemiólogo de la LSE y autor principal del estudio, dice que la actividad religiosa, como ir a una iglesia, mezquita o sinagoga con regularidad, es la única medida fiable del bienestar mental sostenida entre los factores estudiados. «La iglesia parece desempeñar un papel social muy importante para mantener a raya la depresión y también como un mecanismo de supervivencia durante los períodos de la enfermedaden la edad adulta», ha explicado Avendaño en un comunicado que acompaña al estudio. Sin embargo, añade que el estudio no demuestra cuánto del beneficio se reduce a factores religiosos en la fe en un ser superior, y cuánto se debe al sentido de pertenencia de un grupo.

En declaraciones a la revista «Newsweek», Avendaño añade que las nuevas investigaciones sobre la pertenencia a una religión podría ofrecer ayuda a los profesionales médicos y psicólogos en el desarrollo de tratamientos de salud mental. «Puede haber cosas sobre la iglesia, algún tipo de terapia cognitiva que ayuda a hacer frente a los momentos de enfermedad que debería ser útil en el diseño de intervenciones para disminuir la depresión en las personas mayores», comenta. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 350 millones de personas en el mundo sufren depresión.

Un informe de 2006 de la Fundación de Salud Mental, uno de los principales centros de investigación de salud mental del Reino Unido, señala que la religión y la espiritualidad se han relacionado con niveles más bajos de depresión y que la creencia religiosa ha sido útil en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT), pero también informa que los niños con una estricta educación religiosa a menudo expresan un aumento de problemas de salud mental. Un estudio de 2011 por investigadores de la Universidad de Harvard ha descubierto que la meditación, una práctica originalmente-espiritual que surgió de las religiones, incluyendo el hinduismo y el budismo, mejora la memoria y reduce el estrés.

Nick Spencer, director de investigación de Theos, un think-tank pro-religión con sede en el Reino Unido, dice que la actividad religiosa añade una dimensión adicional a los beneficios para la salud a los que se añade a pertenecer a un grupo activo, como un club de lectura o un equipo de deportes. «Mi sensación es que la creencia religiosa proporciona a las personas un sentido de propósito, identidad segura y la seguridad con respecto a su destino final», dice Spencer.

Sin embargo, Terry Sanderson, presidente de la Sociedad Nacional Secular del Reino Unido, que hace campaña por la separación de la religión de la vida pública, no está de acuerdo y dice que evitar el aislamiento social es la clave para mantener una buena salud mental. «La religión no es el factor principal, sino la amistad y la interacción humana», explica Sanderson. «Todos los reclamos de que la religión puede tener beneficios para la salud son irrelevantes. Si usted no tiene una fe, no puede simplemente comenzar a creer en un ser superior como una especie de alternativa a la medicación». Sanderson añade que los hospitales psiquiátricos están llenos de gente «que piensa que están escuchando voces de Dios» y afirma que la religión no parece haber mejorado su salud mental.

Fuente: Religión Digital/Agencias

Budismo, Cristianismo (Iglesias), General, Islam, Judaísmo , , , , , , , , , , , ,

Soy gay y cristiano

sábado, 1 de agosto de 2015
El_cristo_de_san_juan_de_la_cruzUn hermano del Foro nos envía esta interesante reflexión que seguro nos ayudará en la meditación, oración y visibilidad…
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Publiqué esta reflexión personal con un único fin: que la persona que tenga la paciencia de leerla, si estuviese pasando por la situación que yo pasé, sepa que existe la esperanza. Que no se rinda, porque tarde o temprano siempre llega ese momento en que recibes respuestas, en que aprendes a amarte, y en que descubres que eres más fuerte de lo que te habían hecho creer. Quiero decirte, a ti que has leído esto, que el amor que tienes en tu corazón es más poderoso que tu miedo. Mantén la esperanza, porque ese es el camino que te llevará a donde te propongas. No te rindas jamás. Y créeme, por experiencia propia te aseguro que todo mejora.

Soy gay y soy cristiano. Desde que fui niño, me bautizaron y me educaron en la religión católica. Tuve la suerte de crecer en un entorno respetuoso y libre, donde las creencias religiosas nunca fueron una imposición, sino una elección. Cuando tuve uso de razón, al mismo tiempo que adquirí la capacidad para tomar mis propias decisiones, decidí mantener mis creencias religiosas. Me confirmé como cristiano y traté de vivir dentro de la Iglesia católica para acercarme a Dios desde ella. La fe siempre ha tenido un significado profundo para mí. Desde niño, admiraba las parábolas de Jesús. Me interesé profundamente en conocer su mensaje: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Este es un mandamiento que he tenido siempre muy presente en mi corazón. La fe me ha permitido entender el mundo que me rodea y saber valorarlo. Como cristiano, trato de seguir el camino que considero más adecuado respetando el mensaje de Jesús. Deseo encontrar a Dios, y pese a mis errores, que cometo naturalmente como cualquier persona, mantengo mi fe viva como el fuego. Dios me ha acompañado en mis momentos más difíciles, Él siempre ha estado a mi lado para ilusionarme de nuevo por la vida. Creo en Dios porque siento su amor infinito como un misterio fascinante, que se extiende más allá de nuestro entendimiento racional y cuadriculado. Creo en Dios, pero me pregunto muchas veces si creo en la Iglesia católica. Porque no tengo claro que la Iglesia católica me ofrezca realmente la posibilidad de vivir con alegría mi personalidad, mis sentimientos y mis sueños.

Hace años, en aquél tiempo amargo en que sostenía cada día una lucha contra mi mismo, estas preguntas me supusieron un problema serio. En esos días me miraba al espejo para rechazarme, con palabras de dolor y odio, porque era homosexual y yo estaba convencido de que todo aquello era un error. Rezaba a Dios para que me curase. Le pedía que me convirtiese en una persona normal y que me apartase de esa elección errónea. Leía en los libros que la Iglesia considera que la homosexualidad es un pecado, y yo actuaba en consecuencia, rechazándome a mi mismo por ser un pecador. Y ello me suponía una contradicción que me hacía enormemente infeliz. Esa etapa fue muy difícil para mi, porque sentía que yo era un error, que Dios se había equivocado conmigo, y que yo tenía la culpa de ser así.

La Iglesia católica juzgaba y condenaba la homosexualidad, y a día de hoy, en este siglo, lo sigue haciendo constantemente. Dice que la homosexualidad es un pecado, un desorden, o un problema. Como quiera llamarlo. En aquel tiempo entendí que la Iglesia me negaba el derecho a vivir mi fe en libertad, sintiéndome una persona valiosa y realizada. Me hacía sentir culpable, de manera permanente. La Iglesia me decía que no tenía derecho a recibir el amor de Dios, sino que merecía su condena por mi vida carente de arrepentimiento y corrección. Aquello me hacía sentir enfermo, y yo le pedía a Dios cambiar. Le rezaba y le preguntaba por qué motivo Él se había equivocado conmigo, por qué motivo me había hecho así, defectuoso. Yo quería ser normal.

Pero mi necesidad constante de descubrir, de conocer, de entender, me llevó a leer. Leí entonces muchos libros de todo género de opiniones, tanto a favor como en contra. Quise aprender, y mientras el tiempo pasaba, empecé a encontrar respuestas. Esas respuestas me llevaron a mi aceptación como gay. Y todavía más, me permitieron reconocerme como un hombre libre, digno, y luchador. Supe que había triunfado, cuando pronuncié las palabras “soy gay”, y acto seguido pude sonreír porque ello ya no era un motivo de culpa, sino un motivo de alegría. Ya nadie podría atacarme por ser homosexual, pues es inútil que te ofenda algo que no es motivo de ofensa. Leer me sirvió de mucha ayuda. Comprendí que la homosexualidad no es una elección, pues no existen alternativas, ni preferencias. Y aprendí que la Iglesia tiene mucho, mucho que aprender.

iEn7Fy2rXvxjzPorque un pecado es el robo, el egoísmo o la calumnia. Un pecado es un comportamiento humano que cada persona puede elegir entre realizar o evitar. Y sin embargo, ni yo elegí ser homosexual, ni pude evitarlo de ninguna manera posible. Supe que la homosexualidad no es un pecado, porque no tendría sentido que lo fuese. Porque Dios no me pudo crear en el pecado y con el pecado para mi vida entera. No decidí ser homosexual, como tampoco decidí mi nombre o el color de mi pelo. Nadie, ni si quiera la Iglesia católica, tiene derecho a juzgarnos por aquellas cosas que no elegimos ser. La esencia de nosotros mismos, lo que forma parte de nuestra personalidad, es lo que nos dignifica, y por tanto no puede ser motivo de rechazo, de culpa, y mucho menos de pecado.

Fue entonces cuando un amor infinito, el amor de Dios, me encendió el corazón y comprendí que Dios me quería y juzgaba mis actos, pero no la esencia de mi persona. Dios estaba a mi lado, porque Él no me abandonó nunca. Dios me manifiesta su amor en los momentos más hermosos de cada día, y a través de las personas más maravillosas que han coincidido en mi vida. Pero llegó un momento en que perdí la paciencia y abandoné la Iglesia. Me vi entre la espada y la pared. Mantuve mi fe en Dios, pero perdí mi fe en los hombres que dirigen la Iglesia.

Por tanto, soy creyente y siempre lo he sido. Rezo y leo la Biblia, y trato de aplicar el mensaje de Jesús a cada acto de mi vida. Me cuesta mucho, pero sé que es un mensaje de amor, de libertad y de respeto a la vida propia y a la del resto de personas y seres vivos, por lo que ésa es mi luz.

Pero sí es cierto que a día de hoy he perdido mi fe en la Iglesia de los hombres. He perdido el respeto a una institución que no aprende de sus errores, y que se cree con el derecho de juzgarme sin conocerme, sin molestarse en comprenderme. No creo en una Iglesia que me estigmatiza y me reprocha. No creo en una Iglesia que me condena amparándose en citas de la Biblia, escritos hace miles de años en un contexto social muy distinto al nuestro. También encontraron en la Biblia justificación para las mayores atrocidades y crueldades que ha cometido la Iglesia en su historia: las cruzadas a Tierra Santa, las hogueras de la Santa Inquisición, la teoría del teocentrismo, los ataques a la ciencia, la colonización de América, y la pasividad del Vaticano durante las dictaduras fascistas del siglo XX, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Y ahora justifican en la Biblia la condena a la homosexualidad, descontextualizando sus textos como hicieron en épocas pasadas. No creo en una Iglesia que repite normas arcaicas y que en lugar de extender sus manos a los débiles, a los necesitados, ostenta el derecho de decidir quién merece o no a Dios. No creo en una Iglesia que levanta templos lujosos, que viste con opulencia y despilfarro, cuando Jesús nació en un pesebre y andaba descalzo. Jesús no tenía reparos en arrodillarse para asistir a cualquier ser humano, hombre o mujer, mientras que la Iglesia me estigmatiza y me reprocha tratando de arreglar mi vida cuando no es capaz de solucionar sus propios problemas y escándalos recientes. Pienso en las vidas que la Iglesia católica ha destruido en el nombre de Dios. Pienso en esos hombres que ponen en la voz de Dios palabras que él nunca hubiese dicho. Palabras de odio, de rencor, de furia. ¿Dónde está el amor de Dios? Desde luego no lo encuentro en la Iglesia.

Jesús nunca habló de homosexualidad. Más incluso, en ningún Evangelio se pronuncia Jesús jamás acerca de esta cuestión. Al contrario, el mensaje de Jesús fue un claro llamamiento al amor, para que la fraternidad prevaleciese sobre las diferencias y la reconciliación sobre las luchas entre hermanos. Y no creo en la Iglesia porque ésta se atribuye la verdad como algo propio, como una de sus propiedades y riquezas. La jerarquía de la iglesia católica se cree con el derecho a decidir la voluntad de Dios, a decir que los homosexuales merecen compasión y caridad, que su conducta es desordenada y reprobable. Sus normas arcaicas les impiden ver el mensaje de amor de Jesús.

gay+hug+loveYo creo en Dios, quien me hizo homosexual. Como dice Andrés Goeni, “Dios me prefirió frente a la no existencia”. Él me dio la vida y me dio el don de la homosexualidad. Creo en Dios porque le rezo y me devuelve mi llamada. Alimenta mi fe y me permite vivir mi vida con plenitud. Yo creo en Dios y creo en su firme e infinito amor.

Las condenas de la Iglesia me han hecho muy fuerte desde que me acepté como gay. Cada discurso de un obispo en contra de las personas homosexuales, cada declaración de un cura justificando los reproches a la homosexualidad, me han vuelto una persona más valiente y decidida. Sus ataques me han hecho más seguro de mi mismo, de lo que soy y lo que quiero ser. En sus insultos encuentro mi coraje.Publiqué esta reflexión personal con un único fin: que la persona que tenga la paciencia de leerla, si estuviese pasando por la situación que yo pasé, sepa que existe la esperanza. Que no se rinda, porque tarde o temprano siempre llega ese momento en que recibes respuestas, en que aprendes a amarte, y en que descubres que eres más fuerte de lo que te habían hecho creer. Quiero decirte, a ti que has leído esto, que el amor que tienes en tu corazón es más poderoso que tu miedo. Mantén la esperanza, porque ese es el camino que te llevará a donde te propongas. No te rindas jamás. Y créeme, por experiencia propia te aseguro que todo mejora.

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Un actor iraní debe disculparse por elogiar la sentencia sobre el matrimonio igualitario del Tribunal Supremo de los Estados Unidos

miércoles, 8 de julio de 2015
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Bahram-Radan_1370241258Un popular actor iraní publicó en su cuenta de Twitter un encendido elogio a la reciente sentencia favorable al matrimonio igualitario del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Poco después se vio obligado a borrarlo tras el bombardeo de mensajes cargados de homofobia de que fue objeto. La presión de la influyente prensa en manos de los líderes religiosos forzó que el actor tuviera que retractarse y disculparse en sus páginas por “no reflejar la dignidad del pueblo iraní”.

Bahram Radan es uno de los actores más populares de Irán, con una larga carrera cinematográfica repleta de premios en el ámbito del cine asiático. Tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que declaraba inconstitucional la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo, Radan publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje:

El fallo del Tribunal Supremo de los Estados Unidos por el que el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal ha sido histórico, tal vez a la altura del fin de la esclavitud… de Lincoln a Obama.

La reacción fue inmediata y Radan vio cómo se repetían incesantemente los mensajes insultantes plagados de homofobia. Aunque procedió a eliminar el mensaje de manera inmediata, la noticia había saltado ya a los medios de comunicación. Entre ellos al influyente y ultraconservador Keyhan, un periódico cuyo director es nombrado directamente por el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Hoseini Jamenei. En sus páginas se publicó que el actor había sido incluido en la lista negra del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, que es el organismo que debe autorizar la emisión de todo el material cultural, incluido el cinematográfico.

Pocos días después, Keyhan publicaba una carta de Bahram Radam dirigida al director de la publicación, con la que pretendía “esclarecer su postura ante el matrimonio entre personas del mismo sexo”. Lo hacía en los siguientes términos:

Lo que se ha publicado en internet como mi opinión acerca de la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos sobre el matrimonio gay ha sido un error, y no refleja la dignidad del pueblo iraní, por lo que pido perdón.

Vivimos en un país que celebra el matrimonio como una tradición del profeta. Las leyes estadounidenses no tienen relación con la república islámica y el matrimonio gay es condenable bajo nuestras leyes sociales y religiosas, de acuerdo con nuestros valores sociales.

Una situación muy difícil

La situación de las personas homosexuales en Irán, cuya existencia el entonces presidente Mahmud Ahmadineyad empezó a reconocer solo en 2011, es terriblemente difícil, como ejemplifica el ahorcamiento en abril de 2012 de un joven por cometer “actos despreciables”, la ejecución en septiembre de 2011 de tres hombres acusados de mantener relaciones, o los casos anteriores de Ayun y Mosleh, Ebrahim Hamidi, Reza, Alireza, Hamid y Amir Hossein o Nemat Safavi, entre muchos otros de los que ni siquiera nos llega noticia.

En diciembre de 2010 nos hacíamos precisamente eco del informe que la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch presentó entonces al respecto: acoso policial, arrestos indiscriminados, malos tratos, tortura, condenas judiciales que llegan a la muerte, etc. En 2013, por ejemplo, informábamos de que la Guardia Revolucionaria, la encargada de velar por el mantenimiento del orden islámico, había procedido a la detención de una “red de homosexuales y satanistas”. El gobierno iraní ha defendido además las peligrosas “terapias reparadoras” de la homosexualidad.

Fuente Dosmanzanas

General, Homofobia/ Transfobia., Islam , , , , , ,

¡El regreso de Jesús!

viernes, 3 de julio de 2015
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Del blog À Corps… À Coeur:

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La humanidad esperaba el regreso del Nazareno

¡¡¡Es la Iglesia lo que ha llegado !!!

 

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(Loisy)

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grrrrr

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

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