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Cristianos de base editan un Nuevo Testamento canario e inclusivo

Lunes, 19 de abril de 2021

Portada_2330176972_15469835_667x967“Una fe personal, comunitaria, crítica, comprometida y festiva”

Los militantes de Acción Católica realizan un proyecto del Centro Teológico de Las Palmas de hace 40 años

Antonio Quintana, coordinador de la obra:“La idea surgió en junio de 2020 cuando la HOAC seguía usando el evangelio del día en peninsular y vimos necesario adaptarlo a nuestro lenguaje. La buena acogida que tuvo la propuesta nos animó a realizarla”

Publicada por Mercurio Editorial, que ha sido un éxito, ya está comprometida la segunda edición

(Mercurio Editorial).- Siete personas, vinculadas a la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), a la Frater y a la comunidad Redes Cristianas de Tacoronte, han realizado el primer Nuevo Testamento canario e inclusivo, que acaba de publicar Mercurio Editorial.

“La idea de realizar este proyecto surgió en junio de 2020 cuando la HOAC seguía usando el evangelio del día en peninsular y vimos necesario adaptarlo a nuestro lenguaje. La buena acogida que tuvo la propuesta nos animó a realizarla”, expresa Antonio Quintana, coordinador de la obra, licenciado en Teología y periodista.

En esta adaptación han participado Juan Barreto, doctor en Filología Bíblica Trilingüe, Felipe Bermúdez, doctor en Teología, María del Carmen Peñate, Licenciada en Pedagogía, Juani Sosa, profesora de Formación Permanente, Roberto Perdomo, licenciado en Teología, y Águeda Vilavert, diplomada en Trabajo Social. “Nuevo Testamento. Una adaptación al lenguaje inclusivo y canario nace con el propósito de ayudarnos a vivir una fe personal, comunitaria, crítica, comprometida y festiva, que nos anime a ser personas nuevas y contribuya a la construcción de esa sociedad nueva que Padre Madre Dios quiere para nuestro mundo”, apuntan los autores en el prólogo.

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En 1981 el Departamento de Teología de las Realidades Canarias del Centro Teológico de Las Palmas (TERECA) editó Jesús, el hombre nuevo, una selección de textos evangélicos basado en una Biblia Latinoamericana. TERECA decía entonces que “a falta de una versión de los Evangelios realizada desde Canarias, y para nuestra gente -labor interesante y necesaria que algunas personas estamos intentando- nos ha parecido que esta es la más sencilla y accesible, además de seria y científica”.

Cuarenta años después se ha realizado aquel sueño. Tal publicación, que “es mejorable” según los autores, tiene como base el Nuevo Testamento de la Nueva Biblia Española, una traducción dirigida hace ya 34 años por los biblistas Juan Mateos y Alonso Schökel, en cuyo grupo estaba también Juan Barrero.

El equipo expresa que está en sintonía con lo dicho por el papa Francisco en su carta apostólica de 2020 Amor a la Sagrada Escritura: “la Biblia necesita ser traducida constantemente a las categorías lingüísticas y mentales de cada cultura y de cada generación, incluso en la secularizada cultura global de nuestro tiempo”. Los autores esperan que este Nuevo Testamento Canario ayude a vivir y dar respuestas acertadas “a las múltiples llamadas que Padre Madre Dios nos sigue haciendo a través de Jesucristo”.

Esta publicación, que tiene 526 páginas. Sus autores están satisfechos porque ya tienen comprometidos la mitad de la primera edición.

Fuente Religión Digital

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‘Jesús y el Espíritu’ de James D. G. Dunn: una de las investigaciones más importantes del siglo XX

Jueves, 19 de septiembre de 2019

Jesus-Espiritu_2150794917_13847116_667x705Editorial Clie, 2013. Dunn: “O hay experiencia religiosa, o sencillamente no se da una verdadera fe”

Estamos ante una muy brillante investigación que se adentra en la experiencia carismática de Jesús, para después pasar a la de sus discípulos y primeros seguidores inmediatos y, finalmente, considerar lo que el apóstol Pablo pensaba de su propia experiencia y cómo enseñó a las iglesias de su radio de influencia a este respecto

Tras su lectura la conclusión no puede ser otra que recomendar la lectura de este libro como imprescindible en el campo de la pneumatología, pero también para la compresión del nacimiento de la iglesia primitiva. Un libro de 600 páginas que no tiene desperdicio

Es demasiado fácil reducir el estudio de un movimiento, cuya vitalidad original es en sí mismo evidente a una investigación de sus conexiones literarias, o a una serie de hipótesis fundadas en teorías psicológicas y sociológicas del presente… Solo cuando hayamos descubierto, en la medida en que podamos, la propia experiencia de Jesús acerca de Dios como Abba y acerca del espíritu escatológico, las experiencias de los primeros discípulos acerca de Cristo resucitado y del Espíritu de Pentecostés y sobre la participación en los sufrimientos de Cristo, solo entonces habremos empezado a apreciar la dinámica que transformó el lenguaje, las vidas y las relaciones, de tal manera que hoy tan solo podemos maravillarnos de ello. James D. G. Dunn

James Dunn es uno de los mayores eruditos del Nuevo Testamento a nivel mundial y es reconocido por muchos como el más grande experto en Pablo de Tarso. Esto se hace evidente nada más abrir uno de sus libros y comenzar a leerlo. Sin duda, es una tentación el dedicar la primera parte de esta reseña a sus muchos logros académicos y a insistir en su capacidad intelectual, pero ante un libro como el que tengo entre manos debo seguir otra línea.

Jesús y el Espíritu fue el libro que le valió el galardón de Licenciado en Teología Honoris Causa. La universidad que se lo otorgó fue la de Cambridge en 1976. 
Ante esto se comprende que la crítica teológica a nivel mundial considere este volumen como imprescindible para la comprensión de la pneumatología del Nuevo Testamento. De hecho, estamos ante una de las investigaciones más importantes del siglo XX sobre esta rama de la teología. El libro aborda la experiencia religiosa y carismática de Jesús y de sus primeros seguidores abarcando desde allí las siguientes tres décadas. Por ello, cualquier estudioso o interesado en la dimensión carismática en el cristianismo original debe tener este libro como una de sus referencias.

Es posible que al lector católico le pueda chocar la posición del autor en relación a la primacía de la experiencia del Espíritu en las comunidades cristianas primitivas en detrimento de los ministerios u oficios eclesiales, pero también al lector protestante podría sorprenderle, ya que igualmente suele creer que desde el comienzo de la Iglesia se establecieron los oficios para su organización y buen funcionamiento. Sin embargo, tal y como el autor demuestra, las iglesias helenísticas relacionadas con el apóstol Pablo no funcionaban o se dirigían de esta forma, sino que dependían de la experiencia en el Espíritu teniendo una serie de principios para que los excesos pudieran ser cortados y las diferentes experiencias ser evaluadas.

No sería hasta una segunda generación de creyentes, tras la desaparición del apóstol Pablo, que vio la necesidad de estructurar con oficios estables y reconocidos la vida de las iglesias locales en detrimento de la experiencia carismática. El cristianismo primitivo dependía del Señor resucitado y de su Espíritu, siendo todo lo demás sujetado a esto. Aquí también va unida la escasa importancia que el apóstol le concedía a los sacramentos.

Podría parecer que esta forma de entender la realidad cristiana es un auténtico coladero para que todo tipo de enseñanzas y excesos se dieran, tal y como se está viendo desde hace ya más de un siglo en movimientos pentecostales y sobre todo neopentecostales, pero el mismo apóstol colocó una serie de contrapesos, frenos y principios para identificar lo que era una experiencia genuinamente carismática proveniente de Dios. Es esta la cuestión fundamental que el presente libro pretende responder.

Estamos ante una muy brillante investigación que se adentra en la experiencia carismática de Jesús, para después pasar a la de sus discípulos y primeros seguidores inmediatos y, finalmente, considerar lo que el apóstol Pablo pensaba de su propia experiencia y cómo enseñó a las iglesias de su radio de influencia a este respecto.

Es precisamente en estas tres partes cómo se divide este volumen precedidas de una presentación y una introducción y terminando con una conclusión.

En la introducción nuestro autor considera que, o hay experiencia religiosa, o sencillamente no se da una verdadera fe. Es imprescindible que se produzca esta vivencia. Pero esto abre una serie de interrogantes: ¿qué es una experiencia religiosa? ¿Cómo reconocerla? ¿Qué características tuvo en los inicios del cristianismo? Dunn señala las dificultades que conlleva el intentar profundizar en ella y estudiarla.

Pasando a la primera parte del libro, el mismo se centra en Jesús, de su experiencia de la realidad divina en su vida. ¿Qué era para él ser inspirado por Dios? Además, ¿sirve esta experiencia sobre Dios como un modelo para los creyentes posteriores?

Para ello el autor aborda la espiritualidad del Galileo tocando en un primer momento su vida de oración, ¿qué papel le otorgaba? ¿Qué valor tuvo para él? En segundo lugar considera el sentido de filiación en Jesús, qué significaba en él el vocablo Abba. Jesús tenía conciencia de esta filiación con el Padre y fue uno de sus distintivos (p. 51). Así, sabía que poseía una especial relación con Dios, de intimidad y cercanía, sus coetáneos no usaban este vocablo para referirse a Dios. Es desde esta filiación que consideraba que era hijo de Dios, o incluso “el Hijo”, designación que merece una cauta consideración (p. 72).

Un segundo rasgo de gran relevancia es la autoridad del Galileo. Fue Käsemann quien lanzó desde aquí una nueva consideración sobre el Jesús histórico. Para él, “Jesús se sintió él mismo en una actitud capaz de supeditar con una libertad soberana y sin igual las palabras de la Ley y la autoridad de Moisés” (citado en la p. 83).

Esta conciencia de autoridad llevaba aparejada la idea de que con él irrumpía una escatología realizada en parte. Esto es algo perteneciente al Jesús histórico, tal y como el autor se encarga de demostrar con la consideración científica de textos evangélicos relacionados.

Jesús conocía que el Espíritu de Dios estaba actuando por medio de él, lo que también significaba que el Reino de Dios ya había llegado (p. 91). Era la plenitud de los tiempos mesiánicos, sus inicios, y el Maligno ya había sido vencido. “El reino escatológico de Dios se hace visible y está presente, no meramente en sus exorcismos y curaciones, sino principalmente en su predicación” (p. 109).

Finalmente, en esta primera parte del libro se considera a Jesús como taumaturgo, como hacedor de “acciones maravillosas”, algo firmemente arraigado en la tradición.

Se discute también qué tipos de milagros realizó Jesús considerados desde la medicina moderna y sus paralelos en la historia de las religiones. Dicho lo cual, hay algo de gran relevancia para diferenciar la figura de Jesús de los demás magos y taumaturgos de su tiempo: “Para él la fe era complemento necesario al ejercicio del poder de Dios, de aquí su incapacidad para realizar algún milagro en Nazaret, debido a su falta de fe (apistía, Mc 6, 6 / Mt 13, 58). La fe en el receptor es como completar el circuito para que la corriente pueda fluir. Con otras palabras, no había nada automático, nada mágico en el poder de Jesús, ni tampoco en su ejercicio o en su conciencia de él… Es esta dependencia de una respuesta, esto es, obtener la fe del pueblo, lo que distinguía a las dynámeis de Jesús de los posibles paralelos en los círculos judíos o helenísticos, donde la fe no representaba nada” (p. 131).

Otro rasgo de Jesús en este contexto es que él nunca se colocó como una persona de fe, sino que llamaba a los demás a tener fe precisamente en él, en su persona, siendo el vehículo por medio del cual el poder de Dios se manifestaba (p. 132).

El siguiente distintivo de su autoridad es su figura como maestro. Es alguien que asombraba por su forma de enseñar, la autoridad divina de la que decía ser representante y, consecuentemente, el tipo de discipulado que demandaba para aquellos que querían seguirle. No es el tipo de relación maestro-discípulo típico de la época. El discipulado rabínico consistía en aprender de la Torah en tanto que para Jesús se trataba de imitación, misión y apertura a la gracia divina.

Pero Jesús todavía era más, se presenta como profeta. Un profeta en un tiempo en donde se pensaba que la profecía ya hacía tiempo había dejado de darse, el Bautista había iniciado esta nueva era escatológica. Dicho lo cual, no era un profeta más, veía su ministerio como el cumplimiento de profecías anteriores (p. 143) y poseía el discernimiento y previsión.

¿Habló Jesús en lenguas? ¿Estaba cuerdo mentalmente o padecía de cierto tipo de paranoia y megalomanía? Por último, ¿pensó Jesús de sí mismo como que era alguien divino? Ante esto, ¿podemos hablar de la “divinidad” del Jesús histórico? Leer más…

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James Martin arremete contra la asesora espiritual de Trump, Paula White Por defender la política migratoria del presidente estadounidense citando el Nuevo testamento

Sábado, 14 de julio de 2018

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James Martin: “Me pregunto qué evangelio estará leyendo”

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(RT).- Un prominente sacerdote católicoarremetió contra la asesora espiritual de Donald Trump por defender la política migratoria del presidente estadounidense citando el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. El reverendo James Martin criticó a la teleevangelista Paula White por afirmar que Jesús no fue un refugiado.

“Me pregunto qué evangelio estará leyendo. Jesús deja de lado muchas tradiciones: va en contra de las leyes judías, sana en el día de reposo, toca personas inmundas […] Realmente, el punto de vista de Jesús, una y otra vez, es que las leyes de Dios reemplazan a las del hombre“, aseveró Martin en el programa Anderson Cooper 360, de CNN.

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Previamente, White había descalificado a quienes “dicen cosas como que Jesús fue un refugiado”, y tildó tal afirmación como “fuera de contexto”. “Sí, [Jesús] vivió en Egipto durante tres años y medio. Pero no fue ilegal: si Él hubiese violado la ley, entonces habría sido pecaminoso y no hubiese sido nuestro Mesías”, indicó la asesora espiritual pentecostal, jefe del consejo asesor evangélico de Trump.

El sacerdote y autor jesuita criticó con dureza que White use las sagradas escrituras para justificar la política migratoria de ‘tolerancia cero’ anunciada por la Administración Trump en abril, que ha resultado en la separación de 2.000 niños inmigrantes de sus padres tras cruzar ilegalmente la frontera entre México y EE.UU.

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Pese a que Trump ordenó a finales de junio poner fin a esta práctica en un plazo de 14 días, el Gobierno de EE.UU. ha informado este lunes que no podrá ajustarse a ese lapso para reunir a las familias. “Aquí vemos a la Biblia [utilizada para] validar que los niños sean separados de sus padres, y esto, a mi parecer, es realmente espantoso”, acotó Martin.

Fuente Agencias, vía Religión Digital

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John Shelby Spong: “Sólo el 16% del Nuevo testamento fue pronunciado realmente por Jesús”

Viernes, 24 de junio de 2016

54627_N_22-10-12-12-56-46John Shelby Spong, obispo de la Iglesia Episcopaliana de Estados Unidos, no le tiene miedo al progreso. A sus 81 años recibe en Londres la entrevista de ABC a través de Skype. Se encuentra en Europa para impartir conferencias en varios países, entre otros España. Sus «dudas» sobre los dogmas establecidos, –religiosa, social y politicamente–, le han conferido una imagen de «revolucionario» en su país natal, donde esta rama de la iglesia anglicana tiene cerca de dos millones de seguidores. Sus ideas también le han valido muchas críticas desde sectores más conservadores, que no comparten su postura.

Fiel defensor de los derechos civiles en los Estados Unidos, lleva décadas «combatiendo el seguimiento a pies juntillas de la Biblia». De ella dice que es «un libro que crece y que cambia», y que por tanto no puede entenderse como algo estático. Sus teorías, y con ellas la de la mayoría de sus colegas obispos, han desembocado en una lucha por los derechos de todos los seres humanos en igualdad y bendice el matrimonio entre homosexuales.

Pregunta.- Es usted miembro del «Seminario de Jesús», una reunión de 250 estudiosos de todo el mundo sobre la Biblia y el Nuevo Testamento. Además, participa en las investigaciones actuales sobre el Jesús histórico. ¿Cuál es su aportación en este terreno?

– El «Seminario de Jesús» intenta determinar cuánto del Nuevo Testamento puede ser definido como literalmente cierto, cuántos de los dichos de Jesús fueron dichos realmente por Él. Jesús vivió entre el año 4 antes de Cristo y el año 30 de nuestra era, y el primer evangelio no fue escrito hasta el año 72, así que tenemos 42 años entre la crucifixión y la narración escrita de la historia de Jesús. Durante ese periodo de tiempo fue traducido del arameo –que es la lengua que Jesús solía usar en su conversación– y del griego, que es una lengua que ellos no hablaban. Así que no está escrito por testigos oculares, sino por la segunda generación de cristianos, que contaban la historia a la gente una y otra vez y pasó mucho tiempo antes de que lo recogieran por escrito. Es muy difícil determinar qué es lo que Jesús dijo literalmente o lo que realmente hizo. Son intentos de interpretar la vida de Jesús. Hay que leer la Biblia de un modo diferente, sin interpretaciones literales. Se puede ser cristiano sin interpretar las escrituras al pie de la letra.

P.- Propone todo un cambio en el sistema religioso establecido.

– Las interpretaciones de Jesús no pueden ser entendidas como fotografías de Jesús, no son grabaciones de Jesús. Una de las cosas que ha hecho el «Seminario de Jesús» es estudiar cada palabra que se le atribuye en el Nuevo Testamento. La conclusión del estudio, que duró 15 años, fue que sólo un 16% de las palabras atribuidas a Jesús fueron realmente pronunciadas por Él, y que el 84% restante eran interpretaciones de la Iglesia. No me puedo imaginar ni por un momento a Jesús diciendo «Yo soy la verdad» o «El que coma mi carne nunca tendrá hambre». No creo que eso fuera lo que Jesús dijo, pero es lo que la gente resumía de su experiencia con Jesús. Así que creo que tenemos un gran trabajo por delante para educar a la gente sobre lo que es la Biblia y también sobre lo que no es.

P.- Como obispo de la Iglesia Episcopaliana ha participado usted repetidas veces en las Conferencias Lambeth que cada 10 años celebra su Iglesia. ¿En qué consisten estas conferencias?

– Se reúnen obispos de todas las partes del mundo para tratar temas que están siendo discutidos globalmente. En 1988 el tema principal fue si las mujeres podían ser sacerdotes. La conclusión a la que se llegó fue que si las mujeres deseaban dar ese paso y ordenarse sacerdotes, estaba bien. En 1998, el debate se centró en el colectivo homosexual y se les terminó por dar la bienvenida y recepción a la vida en la Iglesia.

P.- ¿Y fue un debate fácil?

– Fue una de las peores conferencias, probablemente la peor a la que yo he asistido. Naciones como Estados Unidos, Escocia en particular y quizá Nueva Zelanda, tomaron liderazgo y nos empujaron a un trato más apropiado hacia los homosexuales. Sin embargo, países del tercer mundo de África, de Latinoamérica o del Sudeste de Asia fueron tremendamente negativos hacia el tema homosexual. Esto no significa que toda África comparta esta posición. De hecho, un gran obispo anglicano defendió acaloradamente a los homosexuales y les dio una abierta bienvenida a la vida en la Iglesia, pero hubo también obispos que se oponían.

P.- Algunos homosexuales aprovecharon esa «bienvenida» para entrar en el obispado estadounidense.

– A día de hoy tenemos dos obispos declaradamente gays en Estados Unidos, que han sido elegidos por sus iglesias, y son tremendamente apreciados en sus respectivas comunidades, uno en New Hampshire y el otro en Los Ángeles. Cuando yo me retiré como obispo de Newark teníamos 35 gays y lesbianas sirviendo en la vida de mi diócesis y 31 viviendo abiertamente con sus parejas. Debo decir que eran magníficos sacerdotes y nunca tuve la más mínima queja sobre el comportamiento de mis clérigos gays o lesbianas, ni sexual ni de otro tipo.

P.- Es un paso muy importante para el colectivo homosexual.

– Sí. La Iglesia de Estados Unidos está creciendo en una manera mucho más abierta. Nuestro Presidente Obama ha apoyado el matrimonio homosexual, nuestro Vicepresidente también, el partido Democrático lo mismo, y éste ha sido uno de los puntos tratados en la última campaña a las elecciones. Los Estados Unidos ya no discriminan a las personas gays y lesbianas en las Fuerzas Armadas y eso fue un compromiso de la administración Obama. Uno de nuestros senadores conservadores dijo en una ocasión que no le importaba la inclinación sexual de los soldados siempre y cuando supieran disparar. Es ahí a donde hemos llegado como nación. Sobre este tema se ha evolucionado enormemente, pero en algunas partes del sur, de donde yo provengo, las personas son mucho más conservadoras que en el área de Nueva York, que es donde vivo.

P.- ¿También se ha evolucionado en la cuestión racial?

– Creo que podemos decir lo mismo sobre las razas. Si echamos la vista atrás vemos que en el siglo XIX hubo obispos cristianos que apoyaban abiertamente la esclavitud, y se apoyaban en la Biblia para defenderla. Más tarde, cuando la Guerra Civil acabó con la esclavitud e instauramos un sistema odioso llamado segregación, tuvimos obispos cristianos apoyando la segregación enarbolando para ello la Biblia. Nos enseñaron que los homosexuales eran enfermos mentales o depravados morales, y que la Biblia lo probaba. Nos enseñaron que la mujer era por naturaleza inferior al hombre, y que la Biblia lo probaba. Finalmente, en el siglo XX también nos apoyamos en la Biblia para deshacernos de todo eso.

P.- ¿Tanto se ha avanzado en la igualdad de sexos?

– La revolución femenina nos ha ayudado a ver a las mujeres como seres humanos completos. En Estados Unidos casi tuvimos una mujer Presidente en 2008, Hilary Clinton, y fue una competidora realmente dura para el Presidente Obama. Ya no queda sino reconocer que todos los seres humanos han sido creados a imagen de Dios, cada ser humano es amado por Dios en la persona de Jesús y que cada ser humano está llamado a ser todo lo que pueda ser.

P.- Entonces la frase «es un trabajo de hombres» le chirriará al oído…

– Soy padre de 4 hijas, y no quiero que nadie las discrimine, no quiero que nadie pueda decir a mis hijas que no pueden ser presidentas de Estados Unidos, o arzobispos de Canterbury o Papa sólo porque hayan nacido mujer. Quiero que tengan el derecho de hacer lo que sean capaces de hacer. Veo puertas abiertas a las mujeres en mi país que estuvieron cerradas para mi madre. Y no quiero que nadie diga a mis hijos o a mis nietos que ellos no van a ser capaces de ser algo. No veo ninguna razón para ignorar los esquemas del pasado, lo que debemos hacer es condenarlos. Muy a menudo no es un orgullo como cristianos ver el trato que se ha dado a las mujeres, a los gays y lesbianas, a la gente de color, etc. Hemos tratado a un montón de seres humanos de un modo muy negativo a lo largo de la historia del cristianismo. Eso no es compatible con la llamada de Jesús a amar a tu prójimo como a ti mismo, que Él mismo definió como el resumen de toda su palabra.

P.- Usted se sitúa en la línea de pensamiento del obispo J.A.T. Robinson, que causó impacto en los años 60 y 70 con libros como «Honest to God». ¿Qué puede decir al respecto?

– John Robinson ha sido mi amigo y mentor y he estudiado en detalle su vida. He intentado continuar con algunas de las cosas que él empezó. John Robinson no es un obispo radical, era sólo un obispo que intentaba cambiar el conocimiento contemporáneo que tenemos de la Biblia. No conozco ningún estudioso moderno que piense todavía que el evangelio de Mateo fuera escrito por Mateo, o que el evangelio de Lucas fuera escrito por Lucas, o el de Juan escrito por Juan, sino que lo fueron por comunidades que lo hicieron en lenguajes que jamás habló Jesús, y que intentan representar su conocimiento de Jesús. Esto es muy diferente a pensar que son hechos literales. John Robinson es uno de mis héroes.

P.- ¿Entonces no hay que seguir los preceptos de la Biblia a pies juntillas?

– La Biblia es un libro que crece y que cambia. Si miras a las partes más antiguas de la Biblia, Dios no parece amar a nadie más que a los judíos: abre el mar Rojo y ahoga a todos los egipcios. Sin embargo, el Nuevo Testamento dice que debes amar a tus enemigos y que debes bendecir a los que te persiguen. La Biblia es un libro cambiante y que crece, y es hora de que invitemos a nuestra gente a entender esta Biblia. La Biblia no está hecha al dictado de Dios, y esto para el fundamentalismo es un punto crítico.

P.- ¿Aprueba el uso del preservativo?

– La verdad es que no me suelen preguntar mucho sobre este tema… Creo que la única manera de proteger a las mujeres de daños biológicos es permitir que puedan llevar a cabo una planificación familiar de un modo apropiado, así que apoyo la libertad reproductiva para ellas.

P.- Hablar de libertad reproductiva, ¿incluye el aborto?

– Hablar del aborto es más delicado. Si se hiciera una planificación familiar efectiva, el aborto se reduciría automáticamente. Cuando yo era obispo de Newark, en el centro de Newark, que era una ciudad muy pobre y con un alto porcentaje de gente de color, las niñas eran carne de cañón para los abortos. Era muy fácil que se quedaran embarazadas. Por un lado, tenemos la vida de una niña embarazada de 14 ó 15 años, y por otro la de un feto que aún no ha nacido. Es una decisión que afecta a una vida, pero yo no estoy de acuerdo con el tratamiento de todos los abortos como algo malvado. Creo que el aborto debe ser seguro, legal y lo menos frecuente posible. Las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres para decidir sobre su vida, así que cualquier ley que las discrimine es equivocada. Si echamos un vistazo a Europa, los países que más ensalzan la figura de las mujeres vírgenes son los que más las discriminan. Es sólo en el norte de Europa donde ese simbolismo religioso ha quedado superado, y las mujeres han conseguido igualdad. La Iglesia tiene que empezar a cuidar su imagen y plantearse algunas cuestiones sobre si la Virgen María debe ser un icono para todas las mujeres o si es un icono impuesto por los hombres a las mujeres. Es uno de los grandes debates que tendríamos que afrontar.

Aurora Vasco

ABC (Extracto de una entrevista realizada en 22/10/2012)

Vía Fe Adulta

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“Qué se sabe de… La formación del Nuevo Testamento”, de David Álvarez, en Verbo Divino

Domingo, 31 de enero de 2016

que-se-sabe-de-la-formacion-del-nuevo-testamento(Antonio Piñero).- De entrada, puedo ya decir que recomiendo vivamente la lectura de este libro, cuyo título es el de esta postal, del Prof. David Álvarez Cineira, (Editorial Verbo Divino Estella 2015, 287 pp. ISBN: 978-84-9073-148-2). El autor es en la actualidad Profesor de Nuevo Testamento en el “Estudio Teológico Augustiniano” de Valladolid. Y lo considero bueno porque aborda el tema de la formación del canon, la lista de libros sagrados del Nuevo Testamento, tema sobre el que en español escasean absolutamente los libros serios y bien informados, y este lo es.

Desde la época de finalización de mi tesis doctoral, en 1974, que trataba sobre el concepto que tenían los primeros cristianos de la inspiración de los profetas en general y de los autores de la Biblia en particular, y e la que me preguntaba si la noción de la inspiración había tenido mucho, poco o nada que ver con la formación del canon, me ha interesado mucho este tema. Por cierto, al final de la tesis hacía un resumen muy amplio de la historia de la investigación hasta ese momento (1974) en las pp. 339-400 del capítulo, “Cómo y por qué se formó el Nuevo Testamento” del libro Orígenes del Cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. Editorial El Almendro, Córdoba, 1991 (con varias reediciones) que puede interesar al autor para complementar la suya, pues creo que sigue siendo interesante este resumen, aunque hay que complementarlo a partir de esa fecha. Posteriormente Julio Trebolle ha tratado el tema en su obra “La Biblia judía y la Biblia cristiana“, de Edit. Trotta, Madrid (que creo que va ya por la cuarta edición), y yo mismo en el capítulo correspondiente de la obra de varios autores Los libros sagrados en las grandes religiones: judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo y budismo. El Almendro, Córdoba, 2007, capítulo “Cómo y porqué se formó el canon del Nuevo Testamento“, pp. 177-210. Así que conozco bien el tema y puedo valorar la novedad, y muy positiva, que supone el volumen de Álvarez Cineira en el panorama de la bibliografía hispana.

Hago en primer lugar una síntesis de los temas tratados y luego haré unas reflexiones finales sobre temas que pueden abordarse ulteriormente. En la primera parte de su libro, breve, unas treinta páginas, el autor aborda el tema de cómo se ha tratado este asunto desde la perspectiva de la historia y de la teología: el estado de la cuestión y las necesarias precisiones de vocabulario, concepto de “canon”, a qué llamamos Antiguo y Nuevo Testamento y qué entendemos por libros deuterocanónicos, y apócrifos.

La segunda parte, amplia y con muchísimos datos interesantes -que, debo insistir, difícilmente encontrará el lector en cualquier otra obra en español- Álvarez Cineira aborda el aspecto central de este volumen. En primer lugar introduce al lector en la tecnología del “libro” en el mundo antiguo, y en los problemas de autoría y la distribución de ellos. Luego aborda uno por uno los libros del Nuevo Testamento, comenzando por los evangelios, en una suerte de tratado que alguien podría interpretar como una “introducción al Nuevo Testamento”. Pero se equivocaría si lo entendiera así, ya que no lo es en sí -ni interesa como tal para el tema propuesto-, sino que el autor estudia los libros del Nuevo Testamento ante todo desde el punto de vista de la “recepción” de cada escrito por la comunidad de los lugares en los que se iba expandiendo el cristianismo en los primeros siglos, en qué sentido se consideraba sagrado, o normativo, y quién lo citaba y cómo.

Naturalmente, el autor trata de la composición de los libros en sí del Nuevo Testamento y de la autoría, y otras cuestiones conexas, pero como base para recopilar datos para la historia del canon. Deseo ejemplificar esto con un par de ejemplos. El primero es el caso de los evangelios. Álvarez Cineira aborda las fases de composición de cada uno de ellos y habla de la tradición oral, de cómo se sentía entre los cristianos una predilección por un evangelio determinado, cómo los cuatro evangelios preferidos por las iglesias (los cuatro actuales) sufrieron intentos de ser reducidos a uno (por ejemplo, el heresiarca Marción sólo aceptó el Evangelio de Lucas; o se intentó armonizar los cuatro en uno solo: Taciano y su armonía evangélica), o bien en otras comunidades se amplió el número de esos cuatro preferidos con otros evangelios, como el de “Pedro” o el denominado luego “Protoevangelio de Santiago”), para terminar con la cuestión de cuándo se puede hablar de un “evangelio tetramorfo” (un evangelio en realidad peor con cuatro “formas” diferentes), es decir, en qué fecha están ya bien asentados en la mayoría de las comunidades y sin demasiadas disputas.

El segundo ejemplo es el del Apocalipsis: Álvarez Cineira explica qué testimonios manuscritos tenemos de ese texto, si los Padres Apostólicos lo conocieron ya, o no, qué se pensaba de su “sacralidad” a finales del siglo II e inicios del III, cómo surgieron críticas sobre su contenido y sobre la identidad de su autor, cómo algunas comunidades lo rechazaron como sagrado y cuánto tardó finalmente en imponerse como tal.

Finalmente en esta segunda parte el autor aborda expresamente el tema “El canon del Nuevo Testamento”: ¿cómo se formó históricamente? ¿Qué testimonios tenemos acerca de las listas de libros sagrados de los cristianos desde finales del siglo II o inicios del siglo III y qué polémica hubo entre la mayoría y los heterodoxos? ¿Qué criterios se utilizaron para elegir los libros sagrados entre los seguidores de Jesús? Como se ve, están tratados los temas principales.

En la última parte trata Álvarez Cineira de las “cuestiones abiertas en el debate actual respecto al “canon”: por ejemplo, qué extensión debe tener? ¿Se puede modificar el número de escritos que lo componen? ¿Hay un núcleo dentro del canon que es intocable, es decir, hay un canon dentro del canon? ¿Cómo se entiende hoy el tema complejo “Escritura, tradición e inspiración? Y concluye el libro con una bibliografía comentada, en la que desgraciadamente hay muy poco escrito originalmente en castellano.

En general estoy bastante de acuerdo con el autor a lo largo de este interesante libro. Pero echo en falta un tratamiento más en profundidad de algunas cuestiones básicas, que he planteado ya en otros lugares y momentos:

• ¿Hubo o no una Gran Iglesia petrina que impulsara la formación del canon del Nuevo Testamento acogiendo en su seno las diversas corrientes?

• O por el contrario, ¿no hubo una Gran Iglesia petrina, ni estrictamente judeocristiana, porque pereció en las convulsiones de las guerras Judíos-Roma entre el 66 y el 135 d.C.?

• ¿No habría que postular que el canon actual está formado en torno a una Gran Iglesia de cuño paulino, tal como entendieron al Apóstol sus seguidores paganocristianos?

• ¿Podría defenderse que los cuatro evangelios, incluido el de Juan, tienen una concepción del Cristo celestial que se parece mucho más a la de Pablo que a la de Pedro?

• ¿Cómo se explica que el libro de los Hechos de los apóstoles solo trate de Pedro hasta el cap. 12 -junto con la figura de Saulo/Pablo desde el cap. 8- y a partir de ahí sea Pablo el único representante de lo apostólico?

• ¿Cómo se explica que haya -además de los evangelios de cuño teológico paulino- 14 cartas de “Pablo” (no se entra aquí en la cuestión de si son toda auténticas o no, sino que se atribuyen a Pablo) por 7 de todos los demás apóstoles? ¿Cómo se aclara que entre esas siete hay dos, 1 2 Pedro, cuya teología es netamente paulina?

• Cómo se explica que en la cristología del autor del Apocalipsis haya tantos contactos con el Evangelio de Lucas, muy paulino, y ese mismo autor progrese notablemente en la consideración del Cristo celestial como divino, progresando en la línea marcada por Pablo?

Creo, pues, que a pesar de lo bueno que es este libro de Álvarez Cineira, en su segunda edición podrían abordarse éste y otros temas por el estilo, con lo que los lectores pueden tener más materia aún -que ya se les ofrece bastante- de reflexión.

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“La religión puede hacer el bien mejor y también el mal peor”, por Leonardo Boff

Miércoles, 11 de noviembre de 2015

9713576-principales-religiones-del-mundo--cristianismo-islam-el-judaismo-el-budismo-y-el-hinduismo_560x280 Leído en Koinonia:

Todo lo que está sano puede enfermar. También las religiones y las iglesias. Hoy particularmente asistimos a la enfermedad del fundamentalismo contaminando a sectores importantes de casi todas las religiones e iglesias, inclusive de la Iglesia Católica. A veces hay una verdadera guerra religiosa. Basta seguir algunos programas religiosos de televisión especialmente, de tendencia neopentecostal, pero también de algunos sectores conservadores de la Iglesia Católica, para oír que condenan a personas o de grupos de ciertas corrientes teológicas o satanizan a las religiones afrobrasileras.

La mayor expresión del fundamentalismo guerrero y exterminador es el representado por el Estado Islámico que hace de la violencia y del asesinato de los diferentes, expresión de su identidad.

Pero hay también otro vicio religioso, muy presente en los medios de comunicación de masas especialmente en la televisión y en la radio: el uso de la religión para reclutar gente, predicar el evangelio de la prosperidad material, sacar dinero a los feligreses y enriquecer a sus pastores y auto-proclamados obispos. Tenemos que ver con religiones de mercado que obedecen a la lógica del mercado que es la competencia y el reclutamiento del mayor número posible de personas con la máxima acumulación de dinero líquido posible.

Si nos fijamos bien, en la mayoría de estas iglesias mediáticas el Nuevo Testamento raramente es mencionado. Lo que predomina es el Antiguo Testamento. Se entiende el por qué. En el Antiguo Testamento, excepto los profetas y otros textos, se resalta especialmente el bienestar material como expresión del agrado divino. La riqueza gana centralidad. El Nuevo Testamento exalta a los pobres, predica la misericordia, el perdón, el amor al enemigo y la solidaridad ilimitada con los pobres y caídos en el camino. ¿Dónde se oye, hasta en los programas católicos, las palabras del Maestro: “Felices vosotros, pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”?

Se habla demasiado de Jesús y de Dios como si fuesen realidades disponibles en el mercado. Tales realidades sagradas, por su naturaleza, exigen reverencia y devoción, silencio respetuoso y unción devota. El pecado que más se da es contra el segundo mandamiento: “no usar el santo nombre de Dios en vano”. Ese nombre está pegado en los vidrios de los automóviles y en la propia cartera del dinero, como si Dios no estuviese en todos los lugares. Y Jesús para acá y Jesús para allá en una banalización desacralizadora irritante.

Lo que más duele y escandaliza verdaderamente es que se use el nombre de Dios y de Jesús para fines estrictamente comerciales. O peor, para encubrir desfalcos, robo de dineros públicos y blanqueo de dinero. Hay quien tiene una empresa cuyo título es “Jesús”. En nombre de “Jesús” se amasan millones en sobornos, escondidos en bancos extranjeros y otras corrupciones que atañen a los bienes públicos. Y esto se hace con el mayor descaro.

Si Jesús estuviera todavía entre nosotros, sin duda haría lo que hizo con los mercaderes del templo: tomó el látigo y los puso a correr además de derribar sus puestos de dinero.

Por estas desviaciones de una realidad sagrada, perdemos la herencia humanizadora de las Escrituras judeocristianas y especialmente el carácter liberador y humano del mensaje y la práctica de Jesús. La religión puede hacer el bien mejor pero también puede hacer el peor mal.

Sabemos que la intención original de Jesús no era crear una nueva religión. Había muchas en aquel tiempo. Tampoco pensaba reformar el judaísmo vigente. Quería enseñarnos a vivir guiados por los valores presentes en su mayor sueño, el reino de Dios, hecho de amor incondicional, misericordia, perdón y entrega confiada a un Dios, llamado “papá” (Abba en hebreo) con características de madre de bondad infinita. Él puso en marcha la gestación del hombre nuevo y de la mujer nueva, eterna búsqueda de la humanidad.

Como lo muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Cristianismo inicialmente era más movimiento que institución. Se llamaba el “camino de Jesús”, realidad abierta a los valores fundamentales que él predicó y vivió. Pero a medida que el movimiento fue creciendo, se convirtió inevitablemente en una institución con reglas, ritos y doctrinas. Y entonces el poder sagrado (sacra potestas) pasó a ser el eje organizador de toda la institución, ahora llamada Iglesia. El carácter del movimiento fue absorbido por ella. Por la historia sabemos que allí donde prevalece el poder, desaparece el amor y se desvanece la misericordia. Eso es lo que por desgracia pasó. Hobbes nos advirtió de que el poder sólo se asegura buscando más y más poder.

Y así surgieron iglesias poderosas en instituciones, monumentos, riquezas materiales e incluso bancos. Y con el poder la posibilidad de corrupción.

Estamos presenciando algo nuevo que hay que saludar: El Papa Francisco nos está recuperando el cristianismo más como movimiento que como institución, más como encuentro entre las personas y con el Cristo vivo y la misericordia sin límites que como disciplina y doctrina ortodoxa. Ha puesto a Jesús, a la persona en el centro, no el poder, ni el dogma, ni el marco moral. Con eso permite que todos, aun los que no se incorporan a la institución, puedan sentirse en el camino de Jesús en la medida en que optan por el amor y la justicia.

*Leonardo Boff, columnista del JB online y teólogo.

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