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El empleado miedoso y la empresaria modelo. Domingo 33. Ciclo A.

domingo, 16 de noviembre de 2014
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Jesus TalentoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La parábola del domingo pasado (las diez muchachas) animaba a ser inteligentes y previsores. La de hoy anima a la acción, a sacar partido de los dones recibidos de Dios. Jesús ha usado poco antes, en otra parábola, la imagen del señor y sus empleados. Ahora vuelve a hacerlo, pero usando el contexto de la cultura urbana y pre-capitalista. La riqueza del señor no consiste en tierras, cultivos y rebaños de vacas y ovejas. Consiste en millones contantes y sonantes, porque los famosos “talentos” no tienen nada que ver con la inteligencia. El talento era una cantidad de plata que variaba según los países, oscilando entre los 26 kg en Grecia, 27 en Egipto, 32 en Roma y 59 en Israel. Por consiguiente, los tres administradores reciben, aproximadamente, 300, 120 y 60 kg de plata.

 La parábola

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 

Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 

Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»

Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.»

El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.

Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 El empleado miedoso, negligente y holgazán

 Los dos primeros duplican esa cantidad negociando con el dinero que les han confiado. Pero la parábola se detiene en el tercero, que se molesta en buscar un sitio escondido, cava un hoyo, y entierra el talento. El lector actual, conocedor de tantos casos parecidos, se pregunta quién ha sido el más inteligente. ¿Es preferible colocar el capital en acciones arriesgadas o guardarlo en una caja fuerte? En cambio, el propietario de la parábola lo tiene claro: había que invertir el dinero y sacarle provecho, como hicieron los dos primeros empleados.

¿Por qué no ha hecho lo mismo el tercero? Él mismo lo dice: ha actuado así porque conoce a su señor, le tiene miedo, y prefirió no correr riesgo. Y termina con un lacónico: “Aquí tienes lo tuyo”.

Sin embargo, el señor no comparte esa excusa ni esa actitud. Lo que ha movido al empleado no ha sido el miedo, sino la negligencia y la holgazanería. Le traen sin cuidado su señor y sus intereses. Y toma una decisión que, actualmente, habría provocado manifestaciones y revueltas de todos los sindicatos: lo mete en la cárcel (“echadlo fuera, a las tinieblas”).

 Aplicándonos el cuento

 Los sindicatos llevarían razón, y conseguirían que readmitieran al empleado, incluso con un gran resarcimiento por daños y perjuicios. Pero el Señor de la parábola no depende de sindicatos ni tribunales del trabajo. Tiene pleno derecho a pedirnos cuentas a cada uno del tesoro que no ha encomendado.

Como ocurría con el aceite en la parábola de las muchachas, los talentos se han prestado a múltiples interpretaciones: cualidades humanas, don de la fe, misión dentro de la iglesia, etc. Ninguna de ellas excluye a las otras. La parábola ofrece una ocasión espléndida para realizar un autoexamen: ¿qué he recibido de Dios, a todos los niveles: humano, religioso, familiar, profesional, eclesial? ¿Qué he hecho con ello? ¿Ha quedado escondido en un cajón? ¿Ha sido útil para los demás? Como se dice en el mismo evangelio de Mateo: ¿Ha resplandecido mi luz ante los hombres para que glorifiquen al Dios del cielo? Pienso que será suficiente decirle: “Aquí tienes lo tuyo”.

 Una moraleja desconcertante

 La parábola, termina con unas palabras muy extrañas: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿En qué quedamos? ¿Tiene o no tiene? Pero la frase no se debe al error de un copista, se encuentra así en los tres evangelios sinópticos (Mt 13,12; Mc 4,25; Lc 19,26). Es posible que el mismo Jesús intentara aclararla más tarde mediante la historia de un señor que encomienda su capital a tres empleados. El sentido de la frase resulta ahora más claro: “Al que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará lo que tiene”. Esa parábola terminó en dos versiones bastante distintas, la de Mateo, que se lee hoy, y la de Lucas 19,11-27. Lucas, para no provocar las iras de los sindicatos, no mete al empleado holgazán en la cárcel, se limita a quitarle el denario.

 La empresaria modelo (1ª lectura)

 En el contexto económico de la parábola encaja perfectamente la imagen de la mujer empresaria de la que habla el libro de los Proverbios. La liturgia traduce “mujer hacendosa”. Pero el texto sugiere mucho más. Habla de una mujer que es, al mismo tiempo, excelente empresaria (cosa que quedaría más clara si la liturgia no hubiera mutilado el texto), generosa con los necesitados y con las personas a su servicio, preocupada por sus hijos y su marido, gozando del respeto y estima de sus conciudadanos, porque ella misma respeta al Señor. Es interesante esta imagen propuesta por un libro bíblico hace veintitrés o veinticuatro siglos, tan distinta de nuestro proverbio: “La mujer casada, la pata quebrada… y en casa”.

 Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas.  Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas.  Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos.  Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

 Quien lee el poema entero (se encuentra en Proverbios 31,10-31) advierte la enorme actividad que esta mujer desarrolla desde la mañana temprano hasta avanzada la noche. El capital recibido de Dios (sean cinco talentos, dos o uno) ha sabido invertirlo perfectamente.

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«Trinidad Indecente», por Carlos Osma

miércoles, 12 de noviembre de 2014
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TrinityUn texto, seguro que provocador y que busca despertar conciencias, que hemos leído en el blog Homoprotestantes:

En el principio era el Dios Macho, y todas las demás no éramos nada, nuestra insignificante existencia sólo fue posible gracias a su potente voz masculina que lo ordenó todo. Nada éramos antes que Él y nada fuimos después, y si en algún momento pudimos llegar a ser, lo hicimos por Él y para Él.

 El Dios Macho increado e inengendrado no necesitó jamás justificación, Él siempre fue así, y su poder que lo impregnaba todo era incuestionable. Fue un Dios pringoso, invisible y fantasmagórico que siempre nos vigilaba, y que decía estar escondido en los templos, pero también en nuestras casas, nuestras habitaciones y nuestras camas. Amarle no era una opción, sino el mandamiento primero, y debíamos hacerlo sobre todas las cosas, incluso sobre nosotras mismas. Algunas alucinadas se lo imaginaron con barba y túnica blanca, pero lo predicaron como un padre bigotudo y barrigudo al que la cerveza, y su voluntad de ocuparlo todo, hicieron saltar por los aires los botones de su usada y sucia camisa a cuadros.

Ese Dios peludo, moreno y con callos en las manos, se reveló como un juez con muy mala leche que necesitaba siempre culpables para los sacrificios sangrientos que sus seguidoras más fieles no dejaron nunca de realizarle. Sus sacerdotisas integristas y fundamentalistas se tatuaron su Ley en la lengua, y lamieron con ella hasta los rincones más íntimos de nuestros cuerpos. Explican que entonces, el Dios Macho, sintió una gran satisfacción.

 Jamás mantuvo contacto alguno con la feminidad, con lo último, excepto para embarazar a una adolescente sumisa con una simple mirada. Más tarde la abandonó con su bebé esperando que algún padre putativo se hiciese cargo de la criatura. La realidad, la cotidianidad, lo concreto jamás fueron relevantes para Él. Se sintió siempre más libre en un mundo espiritual que nadie más que Él podía tocar.

 Quizás fue el contacto con una maternidad y una paternidad de carne y hueso la que hizo que aquel hijo engendrado, que no creado por el Dios Macho, se convirtiera en una divinidad gay mucho más humana. El Dios Gay abandonó pronto sus raíces orientales y se convirtió en un occidental rubio y depilado, con una gran formación intelectual y acostumbrada a ir todos los sábados al gimnasio-sinagoga para sacar músculo ante los regordetes adoradores del Dios Macho.

 Como buen hijo, siempre se sintió atraído por las personas que su Padre detestaba, se sentó con ellas y decidió vivir y amar junto a ellas. Explican que le encantaban los imposibles, que se apuntaba a todas las causas y ONG’s que valiesen la pena, y que jamás se perdía una manifestación o un buen escrache. Fue lo que se dice un Dios comprometido, cercano, aunque excesivamente emocional. Atrás dejó la Ley para entregarse en los brazos del amor, la libertad y la justicia.

 Quizás también por contradecir a su Padre, le gustaron las mujeres, pero no quiso con ellas nada físico. Eran para Él algo etéreo, como almas sin cuerpo y sin sexo, que revoloteaban sin nombre ni derechos a su alrededor. Esa excesiva complicidad con el sexo contrarío fue mal vista por sus discípulas no mujeres que pensaban que todo eso podría dar lugar a malentendidos. Sin embargo el Dios Gay dejó bien claro que Él era un Dios masculino alternativo y sensible, pero no una Diosa. Se afanó en mostrar que amar a otros hombres, que dejarse abrazar o dormir junto a ellos, no le convertían en un Dios mujer, en una Diosa.

 Se equivocó claramente con tanta justificación, el ser un Dios tan poco macho, se podía admitir en Galilea, lejos de Jerusalén. Allí en realidad su presencia sólo fue una anécdota, una curiosidad que sorprendía, agradaba y divertía a sus conciudadanas bastante hartas de la ortodoxia y necesitadas de cotilleos y parábolas entretenidas. Pero en Galilea en el fondo, el Dios Gay no cambió nada ni cuestionó la esencia de la religiosidad del Dios Macho. Sólo cuando se atrevió a ir a Jerusalén se dio cuenta de que los dioses maricas no son bien recibidos. Sólo cuando se atrevió a gritar en el Templo del Dios Macho que quería acabar con tanta farsa y que estaba dispuesto a destruirlo todo, se dio cuenta de que su pluma, su amaneramiento y su desviación, por muy divinas que fueran, no eran admisibles.

 Por eso lo clavaron en una cruz, porque era un Dios maricón, un Dios indecente. Y quienes pensaron alguna vez que con un Dios Gay habría suficiente, que sería el último paso hacia la libertad, se equivocaron. Un Dios Gay no es suficiente, los dioses gay son siempre abandonados en una cruz por el Dios Macho que jamás se da por vencido. Pero tras la resurrección y la marcha del Dios Gay, conocimos una Diosa Pansexual y Pangénero.

 La Diosa Pansexual y Pangénero procede tanto del Dios Macho como del Dios Gay, y aunque no nos habíamos percatado antes, su Espíritu se movía desde el principio sobre la faz de las aguas. Es un Espíritu capaz de todo que no se deja encasillar en conceptos opresivos; una Diosa nacida para abarcarlo todo y ser toda en todos. Una Diosa que puede abrazar cualquier realidad, y cualquier modificación de esa realidad; porque para nuestra Diosa el cambio constante no es un problema sino el lugar donde se mueve con más naturalidad. Por eso en ocasiones se revela como una Diosa lesbiana que se enamora de un hombre bisexual, y en otra como un trans hetero al que le encantan las madres maricas. En el fondo a la Diosa Pangénero y Pansexual le sobrarían tantas etiquetas, o necesitaría muchas y más dinámicas, para reflejar infinidad de realidades no nombradas.

 Se manifiesta claramente en el acompañamiento, en el ir con todas y llevarlas hacia todos, no hacia ellas mismas. La Diosa Pansexual y Pangénero que no niega lo concreto y que se abre al conocimiento de las diversas realidades tal y como son, llama al reconocimiento de formar parte de una misma humanidad, de una misma creación múltiple y diversa. Su centro de gravedad no es la institución, ni los ritos, ni los cuerpos, ni los sexos, ni los géneros; ya que eso la llevaría a marginar a quienes viven y practican todo eso de una forma distinta. Su esencia es sin lugar a dudas la experiencia desde la fe que relativiza cualquier tipo de absoluto y sitúa al sujeto como verdadero centro de todo. Pero no al sujeto yo, sino al sujeto otro, que es donde se nos revela a todas esta Diosa de la vida abundante.

 Su mayor pecado es que a menudo en su intento de mostrar diversas realidades, parece negarlas todas. Y en su voluntad de vivir junto a todas las realidades, parece no vivir en ninguna. Por eso en vez de pringarse con lo concreto, como las seguidoras del Dios Gay, se eleva y evapora en la nada.  Y sus adoradoras se quedan con ellas mismas, y sin nadie más, deseando ser penetradas por la revelación de una Diosa tan lejana. Vemos a algunas de ellas en sus modernos burdeles-templos del siglo XXI, levantando las manos para mostrar que están receptivas para revolcarse en el suelo de gozo cuando su amada invisible entre dentro de ellas. Otras, se encierran en la soledad de sus habitaciones con la Diosa sabiduría, y buscan en libros prohibidos razonamientos y teorías que les hagan sentir placeres indescriptibles. Orgías del Espíritu en la que el sexo se tiene con una misma; una verdadera autosatisfacción divina.

 Pero la Diosa Pansexual y Pangénero se resiste a ser manipulada, encerrada o etiquetada y se revuelve ante tanto interés travestido de divinidad amorosa. Decidida está a reventar los muros en los que las buenas cristianas viven escondidas. Si lo consigue, si logra tener éxito, promete llevarlas a ellas y el resto de amigas y enemigas, a la consumación final. Lo que todavía parece desconocer, es que en esa consumación, Ella, junto al Dios Macho y el Dios Gay, será también purificada ante quien es La Eternamente Otro.

 Carlos Osma

 

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El Templo de mi cuerpo

domingo, 9 de noviembre de 2014
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Del blog Pays de Zabulon:

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Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

– «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

– «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

– «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron:

– «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

 

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(Fuente de las fotos: http://diosesdcarne.wordpress.com/ y http://www.hairybear120.com)

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«¿Cómo es nuestra religión?». 9 de noviembre de 2014. Dedicación de la Iglesia de Letrán. Juan 2, 13-22

domingo, 9 de noviembre de 2014
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55-OrdinarioA32El episodio de la intervención de Jesús en el templo de Jerusalén ha sido recogido por los cuatro evangelios. Es Juan quien describe su reacción de manera más gráfica: con un látigo Jesús expulsa del recinto sagrado a los animales que se están vendiendo para ser sacrificados, vuelca las mesas de los cambistas y echa por tierra sus monedas. De sus labios sale un grito: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

Este gesto fue el que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y económica. El templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. Jesús, sin embargo, se siente un extraño en aquel lugar: aquel templo no es la casa de su Padre sino un mercado.

A veces, se ha visto en esta intervención de Jesús su esfuerzo por “purificar” una religión demasiado primitiva, para sustituirla por un culto más digno y unos ritos menos sangrientos. Sin embargo, su gesto profético tiene un contenido más radical: Dios no puede ser el encubridor de una religión en la que cada uno busca su propio interés. Jesús no puede ver allí esa “familia de Dios” que ha comenzado a formar con sus primeros discípulos y discípulas.

En aquel templo, nadie se acuerda de los campesinos pobres y desnutridos que ha dejado en las aldeas de Galilea. El Padre de los pobres no puede reinar desde este templo. Con su gesto profético, Jesús está denunciando de raíz un sistema religioso, político y económico que se olvida de los últimos, los preferidos de Dios.

La actuación de Jesús nos ha de poner en guardia a sus seguidores para preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera “santa” de cerrarnos al proyecto de Dios que él quería impulsar en el mundo. La religión de los que siguen a Jesús ha de estar siempre al servicio del reino de Dios y su justicia.

Por otra parte, hemos de revisar si nuestras comunidades son un espacio donde todos nos podemos sentir en “la casa del Padre”. Una comunidad acogedora donde a nadie se le cierran las puertas y donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los más desvalidos y no solo nuestro propio interés.

No olvidemos que el cristianismo es una religión profética nacida del Espíritu de Jesús para abrir caminos al reino de Dios construyendo un mundo más humano y fraterno, encaminado así hacia su salvación definitiva en Dios.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Promueve la religión de Jesús. Pásalo.

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«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!». Domingo 9 de noviembre de 2014. 32º domingo de tiempo ordinario

domingo, 9 de noviembre de 2014
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Mateo 25, 1-13Leído en Koinonia:

Sabiduría 6,12-16:Encuentran la sabiduría los que la buscan.
Salmo responsorial: 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
1Tesalonicenses 4,13-18:
A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Mateo 25,1-13: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

En estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «fin» de toda existencia. Éste fin es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús… teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»…

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. No dice a sus novios o a los novios. «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9, 15). Y recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas…

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que se escoja, que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia- que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. «ustedes velen, porque no saben el día ni la hora«. No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?

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Luz en la noche, muchachas en vela (Mt 25, 1-13)

domingo, 9 de noviembre de 2014
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virgenes prudentesDel blog de Xabier Pikaza:

La humanidad entera son diez chicas que aguardan al Novio, con velas encendidas, y así lo indica esta parábola, evocando la esperanza del amor como don y tarea de la vida.

Es una parábola extraña, como todas, un cuento del oriente antiguo, mujeres en vela (con vela), con lámparas que parecen de Aladino, pero que no son para abrir la cueva del tesoro, sino el tesoro del amor en plenitud, para el que todos de algún modo nos estamos preparando.

No es un texto machista, sino al contrario, pues todos, hombres y mujeres, tenemos una misma tarea, simbolizada en diez doncellas que esperan al novio, preparando el aceite de su alcuza o lucernario: ¡Hombres y mujeres, sin distinción, somos aprendizaje de amor en la noche. Para eso hemos sido creados y crecemos, esperando, cuidando la vida, compartiendo.

imagesÉse amor es mutuo, un don compartido. Pero al mismo tiempo ha de ser personal, pues cada hombre, cada mujer, es destinatario de un amor único, de forma que ante el misterio de la Vida nadie puede sustituirle.

En esa línea, sabiendo con el evangelio que unos somos vida y luz para los otros, debemos recordar que cada uno somos y tenemos una responsabilidad personal, de manera que en un sentido simbólico podemos afirmar no sólo que «cada uno aguante su vela», sino que la tenga encendida, mientras llega el Cristo, es decir la plenitud. Éste es el único aprendizaje, la única tarea de la vida.

sCiertamente, al final de la vida cada uno será «examinado» en el Amor, es decir, desde y por el amor que es Dios, como dice Juan de la Cruz. Pero todo amor busca amor, y así Jesús (Dios que viene) quiere y espera el amor de los hombres, como mendigo, mendicante de cariño, en gesto de humanidad comprometida, no de magia como la que ofrecía aladino.

Ciertamente, en Cristo hemos de ser todos luz unos de otros, para otros, como expresión de la vida de Dios. Pero eso supone que cada uno debemos cuidar nuestra luz de amor Por eso pido a Dios que nos iluminemos mutuamente con la luz gozosa de la vida del resucitado, como se celebra en la Vigilia de Pascua.

Siga quien quiera evocar y entender mejor esta parábola extraña, propia del evangelio de Jesús, que traduce así, en un contexto nuevo, el mensaje del evangelio. Buen domingo a todos.

Parábola

La parábola es parábola: cinco eran sabias, cinco eran necias… Jesús ha venido para que todas sean buenas, porque es bueno él… Pero la diferencia entre las muchachas sigue siendo importante

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.»
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Una parábola fuerte

Las parábolas son relatos provocadores, que replantean el sentido de la vida desde una perspectiva extraña. No son historias edificantes,ni meditaciones piadosas sino enigmas para pensar y para decidir el sentido de la vida.

Las parábolas no cierran el tema (no son dogmas, ni demostraciones), sino señales que cada uno debe interpretar y resolver desde su propia vida. Ante las parábolas uno puede rebelarse, para descubrir el lado oculto… Por eso son palabras interactivas que no tienen la solución dada de antemano.

Fondo cultural.

Esta parábola de las necias y las prudentes está contada desde el trasfondo de la historia de Israel, tal como la reinterpreta Mateo. Pero hay en ellas rasgos que son universales, entre ellos los siguientes: .

La vida un camino en la noche. Quizá algunos de los lectores recuerden la dolorosa parábola de D. Alonso: Mujer con Alcuza… ¿Una mujer, diez mujeres? ¿Un tren en la noche, que no sabemos dónde va…?

Las muchachas son toda la humanidad... Se nos ha dado un aceite y no sabemos del todo para qué sirve… ¿Para que vea yo mismo, para que vean otros? Este el signo preferido de los cristianas en las catacumbas… lugar y signo de la gran espera.

La travesía de la vida un aprendizaje de amor,un aprendizaje gozoso pero fuerte, lleno de misterio. Estamos esperando las bodas de la vida, todos como mujer, como muchachas que acompañan a la novia, en el cortejo de las bodas de Dios, con aceite en la alcuza, con luz en las manos…

Es inquietante el fifty/fifty (aquícinco/cinco) de la comparación… Pero ése es un motivo común de las parábolas, que tienden a dividir la humanidad en dos mitades. Buenos y malos ¿qué significa eso? ¡Cómo comportarnos en el camino?. Jesús cuenta, expone, no define… Deja que los lectores entren, entra también tú. Eres parte de la parábola.

Todos somos estas diez muchachas (¿amigas de la novia? ¿novias todas?: El tema queda abierto). Todos vamos haciendo un camino de aprendizaje para el amor, no tenemos otra tarea que ir avanzando en el gran aprendizaje del amor, en la noche.

Jesús ha venido para que todas sean buenas (para que todos seamos buenos)…

La parábola es provocadora, como tiene que ser, por su género literario y por su finalidad… Pero Jesús, que ha contado la parábola, ha venido y ha vivida, ha querido y ha muerto para que todas sean buenas… para que todos seamos luz…

La parábola no es final del final, sino el final de un determinado camino… Por eso debemos afirmar que Jesús no es el esposo egoísta que sólo se queda con cinco, dejando a otras cinco en la noche. El esposo universal, Jesús, hijo de Dios, las quiere a todas, nos quiere a todos, en las bodas de la vida. No es hombre ni mujer en cuanto aislados u opuestos, sino el mismo Dios, vida de la vida de todos. Leer más…

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«Preparando el examen final». Domingo 32. Ciclo A.

domingo, 9 de noviembre de 2014
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Jesús - Parábola 10 vírgenes - 09-parabola_10_verginiDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Se acerca el fin del año (litúrgico)

Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el día 30 de noviembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32-34º), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto. El evangelio de Marcos termina la enseñanza de Jesús con el discurso sobre el fin del mundo. Quizá a Mateo le pareció un final demasiado sensacionalista y añadió estas tres parábolas, que animan a tomarse la vida muy en serio.

La parábola de las diez muchachas

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos. «Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompa­ñaba al novio a recoger a la novia para acompañarlo a la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encon­tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repues­to. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.

Mientras, las diez se han quedado dormidas. Y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.

La conclusión de la parábola es desconcertante: “Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”. Es desconcer­tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. Pero, ¿qué significa esto en la práctica?

Dos interpretaciones posibles

La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.

Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras. Lo que hace falta es estar preparados espiritualmente.

Otra línea no concede una importancia capital al simbolismo del aceite; lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Cosa a la que los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.

La clave de la 1ª lectura

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece una perspectiva muy interesante. Se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de la cinco muchachas.

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que se encuentra sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.

Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: “No os conozco”. La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas.

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Enséñanos, Señor.

jueves, 6 de noviembre de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Dios Nuestro,
cuando no tengamos sobre nuestros labios
más que la letanía infinita de los desastres,

Cuando nuestros ojos se paren
Sobre un cielo encerrado
Y una tierra de abandono,

Cuando pleguemos
Bajo la borrasca
De Las ilusiones perdidas,

Y cuando nos dejemos ganar
Por el frío de dentro,
Enséñanos, Señor…

Enséñanos solamente
Que Tu Palabra viene
Que quebranta las evidencias

¡ Muéstranos que del ser humano,
es posible otra versión,
Que el invierno de nuestros corazones
Abriga una promesa

¡Dinos sobre todo
Que tu luz espera nacer
Bajo nuestros pasos,
En la tierra de nuestra fragilidad reconocida!

*
Según F. Carillo,
Traces Vives p. 14

***

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«Sepulcros Blanqueados», por Carlos Osma

jueves, 6 de noviembre de 2014
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SepulcrosParece que no ha pasado el tiempo desde que Carlos Osma escribió este artículo en Homoprotestantes:

Hay cosas que desesperan, que son tan crueles que te dejan sin palabras, porque no tienen explicación alguna, y aunque lo pretendas, no las puedes entender. Samuel, 17 años, asiste a una iglesia evangélica desde que nació, sus padres le explicaron aquello de que hay que amar al prójimo, pero cuando les dijo que era gay, descubrió que incluso para sus propios padres, él ya no entraba dentro de esa categoría. Loida, 45 años, era también miembro de una iglesia evangélica hasta que le confesó a su marido que se casó con él por miedo, y con la esperanza de que Dios la cambiara, que era lesbiana y que ya no quería seguir fingiendo, que la perdonara pero que ahora sabía que Dios la quiere tal como es. Su tortura no acabó aquí, sus dos hijos de 12 y 9 años tienen que escuchar a diario como su padre, tíos y abuelos evangélicos, les explican lo pecadora que es su madre y lo alejada que está de Dios. Tristemente tampoco tiene la posibilidad de encontrar el calor de una comunidad evangélica donde enseñar la fe a sus hijos y a su nueva pareja, Belén.

¿Dónde está la fe con la que nos educaron? ¿Era todo una mentira más? Probablemente. La fe evangélica tiene, hoy por hoy, muy poco que ver con la fe de Jesús. Por eso muchos homosexuales se preguntan: ¿dónde está la fe de nuestra madre que desde hace 5 años no quiere vernos? ¿dónde está la fe de nuestros hermanos y hermanas que no quieren estar con nosotros para no confundir a sus hijos? ¿dónde está la fe de aquellos amigos con los que crecimos dentro de la iglesia y que hoy nos dan la espalda? En ningún sitio, a la hora de la verdad. ¿Qué tienen que ver todas estas actitudes con el cristianismo? Esto no tiene justificación alguna, y el que no lo quiera ver, es porque está tan cegado por sus prejuicios que hace tiempo que olvidó el evangelio.

 Y tenemos que aguantar las manifestaciones de pastores, profetas de turno, Alianzas Evangélicas, Obispos, Consejos, Feredes, que no tienen ni remota idea de la vida real de todas estas personas, que ni siquiera les importan, y que sólo quieren defender su visión patriarcal de la sociedad, su lectura fundamentalista de la Biblia, y el resto de prejuicios e ignorancias que atesoran con tanta codicia. Sepulcros blanqueados, maestros que cargan a los demás con cargas insoportables que ellos no se atreven ni a tocar con un dedo. ¿Qué tiene todo esto que ver con el cristianismo? Nada de nada, fariseísmo en estado puro.

 También tenemos a los que quieren ser buenos, los que dicen que nos entienden pero piden que vayamos despacio. Díselo a Samuel, a los 17 años ya ha pensado que la vida no le vale la pena, y mucho menos el cristianismo. Puede ir despacio el que tiene todo el tiempo del mundo, el que no se juega nada, el que quiere ser bueno, pero no el que quiere vivir con dignidad, el que quiere ser feliz hoy mismo. La vida no puede esperar hasta mañana porque a algunos les pueda generar problemas institucionales, la vida es lo primero siempre, la institución está a su servicio.

Toda aquella persona, iglesia o institución cristiana que rechaza con amor a una persona por su orientación sexual, no es cristiana. Pero tampoco lo son las que, aunque dicen que no los rechazan, no se comprometen en su defensa. Los que no los acogen, los que no los respetan, los que no escuchan y aprenden de ellos, de sus experiencias, de su visión de Dios, de la Iglesia, del mundo. La lucha activa contra la homofobia y la fe cristiana van irremediablemente unidas. No hay vuelta de hoja, no hay juegos homófobos de palabras que valgan. Si rechazas a una lesbiana, o a un gay, a pesar del enorme amor con el que lo haces, recuerda que Dios te pedirá cuentas sobre la discriminación y la muerte que intentaste echar sobre ellos.

 No parece que haya otro mensaje para los homosexuales evangélicos de nuestro país, que decirles que se guarden de todos esos maestros de la ley que buscan los mejores asientos en las iglesias, y las mejores subvenciones estatales, pero que tienen miedo de ensuciar sus ropas blancas con ellos. ¡Sepulcros blanqueados! Que lejos están de Dios, que pronto olvidaron a sus prójimos. Sus discursos bíblicos son veneno que pretenden introducir en vuestra alma, no os dejéis engañar ni os resignéis, gritadles con fuerza: ¡sepulcros blanqueados! ¿qué tiene todo esto que ver con el evangelio? Vosotros os habéis apoderado de la llave de la salvación, y ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que quieren hacerlo.

 O quizás si que hay un mensaje; no confundáis a Dios con todos estos, si lo hacéis os habrán vencido. Dejaos llevar por vuestra experiencia de Dios, sin comunidad sólo os queda esto, acordaos de cómo a pesar de todo siempre estuvisteis en sus manos. Y aunque a veces creáis que está lejos de vosotros, recordad que sus manos fueron traspasadas por los clavos en una cruz para salvaros. Estáis en sus manos, esas manos del que se arrodilló ante unos simples pescadores para limpiarles los pies, esas manos que se acercaron a los necesitados con amor, esas manos que se extendieron ante el dolor de sus hermanos. Son sólo esas manos las que os harán sentir seguros y alejarán vuestras dudas. En sus manos estáis vosotros y vuestras parejas, vuestros hijos, vuestro hogar, y todos aquellos que quieran compartir con vosotros esas manos abiertas y llenas de amor, que consuelan y dan vida. Los que no, están en otras manos.

 Carlos Osma

Cristianismo (Iglesias), Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , , ,

Todo está bien

martes, 4 de noviembre de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Ponte en una verdadera actitud de espera,

y conocerás la alegría

del que puede mantener la calma y esperar,

porque sabe que todo está bien.»

*

30 de octubre, Dios llama.

***

 

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Un Himno a la Santidad

lunes, 3 de noviembre de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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Señor,
en el silencio de este día naciente,
vengo a pedirte la Paz,
la Sabiduría y la Fuerza.

Quiero mirar, hoy, el mundo
con ojos muy llenos de amor.
Ser paciente, comprensivo y dulce.
Ver más allá de las apariencias a tus hijos,
como los ves tú mismo
y así, no ver nada más que el bien de cada uno.

Cierra mis oídos a toda calumnia.
Guarda mi lengua de toda maledicencia.
Que solo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mi espíritu.

Que sea
tan acogedor y tan alegre
que todos los que se acerquen
sientan tu presencia.

Revísteme, Señor, de Tu belleza
y que a lo largo de este día, te revele.

*

Autor desconocido

***

 

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«En las manos de Dios». 2 de noviembre de 2014. Conmemoración de los difuntos. Marcos 5, 33-39; 16,1-6

domingo, 2 de noviembre de 2014
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abrazoLos hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nootros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver«.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la confianza en Dios nuestro Salvador. Pásalo.

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«Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso». Domingo 2 de noviembre de 201. Conmemoración todos los Difuntos. 31 del tiempo ordinario

domingo, 2 de noviembre de 2014
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CrossofLGBTQMartyrs800pxCruz «mártires gays»

Leído en Koinonia:

Job 19,1.23-27a: Yo sé que está vivo mi Redentor.
Salmo responsorial: 24: A ti, Señor, levanto mi alma.
Filipenses 3,20-21: Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Marcos 15,33-39;16,1-6: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

El tema de la «vida eterna» no es un tema tan claro e intocable como en el ámbito de la fe tradicional nos ha parecido. Buena parte de la reflexión teológica renovadora actual está pidiendo replantear nuestra tradicional visión al respecto, la que habíamos aceptado con ingenuidad cuando niños, y que mantenemos ahí como guardada en el frigorífico del subconsciente, y que no nos atrevemos a mirar de frente.

 A la luz de lo que hoy sabemos, no es fácil, en efecto, volver a profesar en plenitud de conciencia lo que tradicionalmente hemos creído: que somos un «compuesto de cuerpo y alma», que el alma la ha creado Dios directamente en el momento de nuestra concepción, y que como tal es inmortal; que la muerte consiste en la «separación de cuerpo y alma», y que en el momento de la muerte Dios nos hace un «juicio particular» en el que nos juzga y nos premia con el cielo o nos castiga con el infierno, con lo que ya sabemos tradicionalmente de estas dos imágenes. No resulta fácil hablar de estos temas, ni siquiera con nosotros mismos, en la soledad de nuestra conciencia frente a la esperada hermana muerte. Pero es conveniente hacerlo. La teología está asumiendo este desafío. Citamos sólo tres obras:

– Roger LENAERS, Otro cristianismo es posible, colección «Tiempo axial», Abya Yala (www.abyayala.org), Quito, Ecuador, 2007, con un capítulo expreso sobre el más allá, la vida eterna. El libro está puesto en internet y es muy recomendable como manual de texto para un grupo de formación que quiera actualizar su fe con valentía. Puede tomarse libremente, por capítulos (http://2006.atrio.org/?page_id=1616).

– También, John Shelby SPONG, Ethernal Life. A new vision, HarperCollins, 2010, 288 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

– Hace ya unos 30 años Leonardo BOFF publicó su libro sobre escatología: «Hablemos de la otra vida» (Sal Terrae, que sigue reeditándolo actualmente; y está en la red, por cierto). Es una visión de los temas escatológicos desde una filosofía actualizada y desde una espiritualidad liberadora.

Los tres son muy recomendables, tanto para la lectura/estudio/oración personal, como para tomarlos como un manual de base para un cursillo de formación/actualización de nuestra fe en este ámbito de temas.

 • La fiesta de los fieles difuntos es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos.

Es un día para hacer presente ante el Señor y ante nuestro corazón la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!», expresa también una simple limitación humana: no podemos vivir centrados exhaustivamente en un recuerdo, por más que seamos fieles a la memoria de nuestros seres queridos. Acabamos olvidando de alguna manera a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria, para poder sobrevivir.

Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Es una obra de solidaridad el orar por los difuntos, es decir, de sentirnos en comunión con ellos, más allá de los límites del espacio, del tiempo y de la carne.

 • En algunos lugares, la celebración de este día puede ser buena ocasión para hacer una catequesis sobre el sentido de la «oración de petición respecto a los difuntos», para la que sugerimos esquemáticamente unos puntos:

-el juicio de Dios sobre cada uno de nosotros es sobre la base de nuestra responsabilidad personal, no en base a otras influencias (como si la eficacia de la oración de intercesión por los difuntos pudiera actuar ante Dios como «argolla, enchufe, recomendación, padrino, coima…»);

-Dios no necesita de nuestra oración para ser misericordioso con nuestros hermanos difuntos…; nuestra oración no añade nada al amor infinito de Dios, en cierto es innecesaria;

-no rezamos para cambiar a Dios, sino para cambiarnos a nosotros mismos;

-la «vida eterna» no es una prolongación de nuestra vida en este mundo; la «vida eterna», como todo el resto del lenguaje religioso, es una metáfora, que tiene contenido real, pero no un contenido “literal-descriptivo”. Leer más…

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El papa Francisco: “El Big Bang no contradice a Dios, lo exige”

domingo, 2 de noviembre de 2014
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1414526839_541261_1414576075_noticia_fotogramaLeemos en El País:

El papa rechaza que el origen del mundo sea «obra del caos», sino de «un poder supremo creador del amor«

El Papa advierte del peligro de imaginar a Dios «como un mago, con una varita mágica».

Jorge Mario Bergoglio: “Dios no tiene miedo a las novedades”

Hace tres años, el papa Benedicto XVI advirtió de que, al contrario de lo que sostenía el físico Stephen Hawking en su último libro, El gran diseño, Dios sigue siendo necesario para explicar el origen del universo. “No debemos dejar que nos limiten la mente”, dijo entonces Joseph Ratzinger, “con teorías que siempre llegan solo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero no pueden explicar el sentido último de la realidad”. Y ahora ha sido su sucesor, el papa Francisco, quien ha vuelto a insistir sobre aquella tesis: “El Big-Bang –la teoría científica que explica el origen del universo—no se contradice con la intervención creadora divina, al contrario, la exige”.

Jorge Mario Bergoglio pronunció estas palabras durante la inauguración, el lunes, de un busto del papa emérito realizado en bronce y colocado en la Casina Pío IV, sede de la Academia Pontificia de las Ciencias. Francisco glosó la figura de Ratzinger, quien tras su renuncia vive retirado en un monasterio del Vaticano, haciendo hincapié en su gran formación teológica, filosófica y también científica. “Su amor por la ciencia”, explicó Bergoglio, “se advierte en su preocupación por los científicos, sin distinciones de raza, nacionalidad, civilización, religión; preocupación por la Academia, desde cuando san Juan Pablo II lo nombró miembro. Él supo honrar la Academia con su presencia y con su palabra, y nombró a muchos de sus miembros. Y nunca se podrá decir que el estudio y la ciencia hayan secado su persona y su amor por Dios y por el prójimo, sino al contrario, que la ciencia, la sabiduría y la oración dilataron su corazón y su espíritu”.

En su intervención ante los académicos presentes, el papa Francisco subrayó la responsabilidad de los científicos, “sobre todo de los científicos cristianos”, de interrogarse sobre el porvenir de la humanidad y el mundo: “Ustedes están afrontando el tema altamente complejo de la evolución del concepto de naturaleza. No entraré, y ustedes comprenderán, en la complejidad científica de esta importante y decisiva cuestión. Quiero solamente subrayar que Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza, como afirmó el apóstol Pablo en el discurso en el Aerópago: “En Dios, efectivamente, vivimos, nos movemos y existimos”. Cuando leemos en el Génesis la narración de la Creación podemos caer en el peligro de imaginar que Dios era un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Pero no es así. Él creó a todos los seres y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno para que llegaran a su plenitud”. E insistió: “El principio del universo no es obra del caos, sino que deriva directamente de un poder supremo creador del amor”.

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1. XI. 14. «Todos los Santos»

sábado, 1 de noviembre de 2014
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imagenes-de-santosDel blog de Xabier Pikaza:

Empecemos haciendo una breve distinción:

— En la terminología ordinaria de la iglesia católica, sólo algunos hombres y mujeres especialmente destacados por sus virtudes morales son llamados santos, y declarados tales (después de ser beatos) a través de un proceso de canonización canónica, bastante complejo (del que hablaré al final de la postal)

— En Nuevo Testamento, santos son todos los cristianos, pues han sido elegidos y santificados por el Espíritu de Cristo. Así dice Pablo a los de Roma que han sido «llamados a ser santos» (cf. Rom 1, 7; 1 Cor 1, 2). También llama santos a los ángeles de Dios, como hacía la apocalíptica judía (cf. 1 Tes 3, 13. Pero eso no ñe impide llamar santos a todos los cristianos (cf. Rom 16, 2. 15; 1 Cor 1, 2; 6, 1; 2 Cor 1, 1; Flp 1, 1 etc).

— En la línea anterior, conforme a la primera Iglesia de Jerusalén, santos son los pobres (como sabe el mismo Pablo: cf. 2 Cor 8, 4; 9, 1; Rom 15, 26), de forma que venerarles, alabando así la gloria de Dios, es acompañarles, en gesto de comunión y servicio social, concreto. Desde ese fondo, los textos más «judíos» (jesuánicos) del NT, como Mt 25, 31-45 (y la parábola de Lázaro y Epulón) suponen que son santos excluidos sociales, los hambrientos y oprimidos.

Desde ese triple fondo quiero ofrecer una simples reflexiones que pueden ayudarnos a situar mejor al tema, poniendo de relieve no sólo la santidad del «cielo» sino la de la «tierra» (Imágenes, junto a las más conocida que que evoca a los canonizados por Roma, con María, La madre de Jesús, presento otras dos muy significativas: una de «Santos inocentes», según la novela de Delibes (película de Camús), otra tomada de una pintura de Maximino Cerezo Barredo). Buen día a todos.

Texto litúrgico: Apocalipsis 7,9-14

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

1. Un recuerdo histórico. Lo sagrado, numinoso y santo
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En general, a partir de una obra R. OTTO, buen conocedor del judaísmo, titulada Das Heilige (Lo santo: 1917), se ha venido definiendo la religión como experiencia de santidad. Santo es aquello que se opone a lo profano (a las cosas ordinarias de cada día), viniendo a presentarse como pavoroso, tremendum (temor), porque se impone sobre el hombre, sacándole de sí mismo y atrayéndole de un modo muy fuerte. En ese contexto, las primeras notas de “lo santo”, que R. Otto deducía de la experiencia del judaísmo (partiendo, sobre todo de sus grandes teofanías: Ex 3; Is 6…) son la majestad y la energía.

(a) Lo santo o numinoso es majestad, del latín maius, algo que es siempre más grande. En ese sentido, lo santo es lo supremo, aquello que aparece como exceso de ser, como superabundancia o plenitud que desborda todas las posibles concreciones históricas y objetivas. En ese sentido, lo santo es siempre “más”, de manera que ante el despliegue de la Majestad surge el pavor, la sensación de pequeñez suprema: el hombre no puede esconderse o resguardarse, nada pueda hacer, sino sólo descubrirse criatura, nada, quitarse las sandalias, taparse el rostro, pues no se puede ver a Dios (cf. Ex 3, 5; 33, 20-23).

(b) Lo Santo es energía, es decir, poder originario, que se expresa en forma de fuego o de viento, de inmenso terremoto. Dios viene, todo tiembla, como en el Sinaí (cf. Ex 19, 16-22).

(c) Pues bien, en esa línea, desde el mensaje de Jesús, santo es cada hombre y mujer: es presencia del misterio de Dios, tiene valor infinito, no por sus virtudes morales (¡que son buenas!), sino por el hecho de que Dios ama a cada uno, y habita en su interior… de un modo especial, esa santidad de Dios se despliega, según la Biblia, en los pobres y excluidos, huérfanos, viudas, extranjeros… en todos los expulsados de la vida.

2. Primera lectura: Visión de Isaías 6, 1-13, el Dios Santo.
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Sanctus de Dios. Este pasaje marca un momento importante en la revelación del Dios israelita como santidad. El profeta ve a Yahvé sentado sobre un trono alto y sublime, llenando el templo con los bordes de su manto. A su lado había unos serafines que cantaban Qados, Qados, Qados Yhavé Seba’ot… (¡Santo!Santo!¡Santo!).

Éste es el atributo primordial de Dios, su santidad. Todo lo que existe sobre el mundo es realidad profana, valor que se consume, vanidad y muerte. A Dios se le define, en cambio, como Santo, en palabra que no pueden pronunciar los hombres de la tierra. Por eso la proclaman sin cesar, en alternancia antifonal, los músicos celestes, sacerdotes/serafines que expresan la potencia laudatoria, paradójica y sacral del cosmos.

Los hombres son santos. Éste es el canto de Yahvé, Dios que ha revelado su nombre a Moisés en el desierto (cf. Ex 3, 14). Los serafines no pueden contemplarle, pero cantan. No alcanzan su misterio más profundo pero pueden y quieren alabarle, pronunciando sacralmente su nombre y su mismo sobrenombre: es Seba´ot, el elevado, el que «hace la guerra» con su ejército de estrellas; es Dios victorioso, que reina y extiende desde el cielo su dominio sobre todo lo que existe. Por eso continúa el canto, en contrapunto de gozosa admiración: ¡la tierra toda está llena de tu gloria! Pues bien, este Dios de la santidad hace a los hombres santos, a todos…Por eso, Isaías se siente llamado a proclamar la santidad de Dios en la vida de todos los hombres.

3. Código de la santidad, una santidad más ritual.

El llamado Código de la Santidad, que constituye la culminación del libro del Levítico (Lev 17-26), constituye una especie de “ritual de la santidad”, que debe regular la vida de lo sacerdotes (y después de todos los israelitas), manteniéndoles separados de la contaminación del mundo. Es una santidad que no se expresa en la pobreza de los excluidos y en el amor de aquellos que les ayudan sino en el culto litúrgico y en el cumplimiento de los mandamiento. Así lo indica de un modo especial el conjunto de mandamientos incluidos en el capítulo 19, que empieza así:

«Sed santos, porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo. Cada uno de vosotros respete a su madre y a su padre. Guardad mis sábados… No acudáis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición…» (Lev 19, 2-4).

Los israelitas han de ser santos en sentido ritual más que moral (¡no se excluye lo moral!) , en sentido religioso más que puramente ético… Son santos porque han resguardado su vida dentro del cerco de separación que Dios mismo ha fundado a través de su Ley sagrada. Leer más…

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«Los santos de Teresa», por Gema Juan OCD

sábado, 1 de noviembre de 2014
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todoslossantosDe su blog Juntos Andemos:

Teresa de Jesús tenía, entre los santos, algunas predilecciones. No es que tuviera una idea original sobre lo santo, ella bebía de las fuentes de la fe y entendía que la santidad es la vida en Cristo. De ahí que siempre recordara que había que poner los ojos en Él.

Se sentía unida a la gran nube de testigos pero, entre ellos, algunos le resultaban más próximos. Por eso, le hubiera gustado conocer lo que decía san Serafín de Sarov: que uno de los oficios del Espíritu Santo es trenzar, unir todo lo que es para Dios en el mundo, para darle un gracias inmenso, con las voces de todos los que ponen sus pequeños hilos para la trenza.

Le hubiera gustado, porque vivía consciente de esa comunión que liga a todos los seres humanos, los presentes y los que viven otra vida en Dios. Teresa experimentó algo que Elizabeth A. Johnson formula muy bien: que «existe una comunidad de compañeros íntimamente relacionados en la gracia, que se extiende a lo largo de todo el mundo y que va más allá de la muerte». Esa comunión –dice ella– crea un «parentesco de esperanza».

Con algunos «compañeros de gracia» experimentó ese vínculo en la tierra. Con su «santico», Juan de la Cruz. Con «aquella mi amiga santa», Maridíaz o con fray Pedro de Alcántara del que, aunque alababa su ascetismo, más le conmovía que «con todas esa santidad, era muy afable… y tenía muy lindo entendimiento».

Teresa aborrecía cualquier tipo de pantomima y amaba la autenticidad. Estando en Sevilla, no precisamente pasándolo bien, escribía que estaba contenta porque allí no había «memoria de esa farsa de santidad que había por allá [Castilla], que me deja vivir y andar sin miedo que esa torre de viento había de caer sobre mí».

De ahí que esos compañeros fueran tan valiosos por su veracidad, porque medían su vida con la de Jesús e iban por el camino que Él fue. Pero también porque veía cumplida su intuición: que la santidad y la amabilidad debían ir de la mano. Y esa intuición nacía de una profunda creencia: que la humanidad de Jesús revelaba la santidad del Padre.

Teresa –como Jesús– sabía que nada era despreciable. Entendía que lo que para unos es leve, para otros es muy costoso, y que vivir ligados, trenzando con el Espíritu, es mucho más constructivo. La teóloga Barbara Brown escribía que «por causa de todos los santos, por causa de unos y de otros, y por causa del Dios que nos une a todos podemos hacer mucho más de lo que cualquiera de nosotros ha podido soñar hacer en solitario».

Por eso, vivía fuertemente la unión con otros seguidores de Jesús que habían recorrido antes que ella el camino. Los recuerda por el «gran provecho y aliento [que] nos da su memoria».

Dejando aparte a san José –el hombre que vivió el amor en el anonimato, en pura fe, a la sombra del misterio y rodeado de silencio– que era «el» santo de Teresa, sus predilectos fueron los santos que habían sido grandes pecadores antes de conocer a Jesús, antes de convertirse; le alentaban mucho. Se veía entre ellos, aunque no como ellos.

Al mismo tiempo, admiraba y sentía muy cerca a los santos «que convirtieron muchas almas», porque decía que esa era la inclinación que había en ella: la de servir, la de mostrar lo bueno que es Dios y acompañar, a cuantos pudieran, a los ríos de vida y alegría que manan siempre de Él, que es la fuente de todo.

Teresa veía en los santos vidas imitables, es decir, descubría a través de ellos diferentes caminos para seguir a Jesús; los sentía como aliados en la fe y como una inspiración para vivir las Bienaventuranzas.

Por eso, decía que era contrario al Espíritu creer que es «soberbia tener grandes deseos y querer imitar a los santos». Es posible esa comunión de vida que da alas para todo lo bueno. Y le preocupaba esa dejadez humana que, a veces, es capaz de borrar el bien y perder el norte, porque apreciaba mucho «la labor que el espíritu de los santos pasados dejaron».

Descubría huellas imborrables en los apóstoles, en Agustín, en muchos fundadores y, sobre todo, en María Magdalena, que encabeza la lista de sus queridas «grandes amadoras», como había llamado a Catalina mártir.

Lo que cautivaba de todos ellos a Teresa era el profundo amor a Jesús. Un amor que había cambiado sus vidas, que había reflotado lo mejor de ellos y los había lanzado a una aventura apasionante. Y sentía que era posible apoyarse en esas huellas para crear otras nuevas y seguir iluminando la senda hacia un mundo mejor.

«Amigos fuertes de Dios», eso son los santos. Una comunidad viva donde Dios sigue realizando su obra de amor, a través de todas las épocas y en medio de todos los acontecimientos. Con ellos, Teresa sigue diciendo:

«Dejemos estas cosas que en sí no son, si no es las que nos allegan a este fin que no tiene fin, para más amarle y servirle, pues ha de vivir para siempre jamás, amén, amén. A Dios sean dadas gracias».

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Ama el silencio

lunes, 27 de octubre de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

 

25

Ama el silencio.
Ponte en su escuela. Es tu maestro.
Te enseñará a mirar a Dios.
Te enseñará a acomodar los ojos de tu corazón a este rostro de Dios
que te revela tu propia rostro y el de todo hombre.

Ama el silencio.
Ponte en su escuela. Es tu maestro.
Te enseñará a mirar.
Te enseñará a acomodar los ojos de tu corazón a este rostro de Dios
que te mira con los ojos del hombre hambriento y torturado.

Ama el silencio.
Ponte en su escuela. Es tu maestro.
Te enseñará a mirar.
Te enseñará a acomodar los ojos de tu corazón
este rostro de Dios para discernir,
en el corazón de la creación,
los reflejos de la belleza del Creador,
para discernir, en el espesor de las cosas y de los seres,
su verdadera dimensión interior,
y en los gestos humildes de todo ser creado,
los rastros de su bondad.

Ama el silencio.
Ponte en su escuela. Es tu maestro.
Te enseñará a mirar.
Origen y culmen de nuestra historia
Te enseñará a acomodar los ojos de tu corazón para discernir
las rendijas de luz en el fondo de nuestros callejones sin salida,
las semillas de eternidad en la brevedad del presente
y el devenir todavía escondido de todo ser vivo.

Ama el silencio.
Ponte en su escuela. Es tu maestro.
Te enseñará a mirar el verdadero rostro del hombre y de Dios,
te dará esta mirada interior de la fe que enseña a mirar a los hombres,
sus alegrías y sus sufrimientos.
Todos las grandes y los pequeños acontecimientos de la vida.

*
Michel Hubaut

***

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«Creer en el Amor». 26 de octubre de 2014. 30 Tiempo ordinario (A). Mateo 22, 34-40.

domingo, 26 de octubre de 2014
Comentarios desactivados en «Creer en el Amor». 26 de octubre de 2014. 30 Tiempo ordinario (A). Mateo 22, 34-40.

53-OrdinarioA30La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde el mensaje del amor. Pásalo.

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«Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo». Domingo 26 de octubre de 2014. 30º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 26 de octubre de 2014
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201110211226393d6463Leído en Koinonia:

Éxodo 22,20-26: Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
1Tesalonicenses 1,5c-10:Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
Mateo 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Podríamos decir que hoy comenzamos la recta final del año litúrgico; esto significa que dentro de un mes estaremos finalizando un ciclo para dar inicio al siguiente. Nos vienen entonces de maravilla las lecturas de hoy para que desde ya comencemos a revisar nuestra vida de fe y cada una de nuestras acciones a lo largo de este año y para que nos preparemos de manera adecuada para vivir con más radicalidad y compromiso el año que viene. La frase clave del pasado domingo nos puede ayudar a entender con más precisión el mensaje de hoy y el de los próximos domingos. Escuchamos hace ocho días la bien conocida frase de Jesús: “den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Centrémonos en lo que hay que dar a Dios; de este modo, lo que habría que “dar al césar” tendrá que ir disminuyendo cada día más y más, pues en la medida que vamos ampliando nuestra conciencia de ciudadanos/as del Reino, todo lo que somos y tenemos estará únicamente en función de ese proyecto de Reino que es la sociedad solidaria, igualitaria y fraterna; el “césar” y su sistema, tendrán que desaparecer, por fuerza. Y la manera práctica cómo Dios tiene en mente la creación de ese sistema humano social distinto al egipcio, lo expone maravillosamente en el Sinaí, en el contexto de la Alianza con su pueblo. Para ello se vale de tres figuras que simbolizan lo que NO es su proyecto: la viuda, como símbolo del más desvalido de los seres por no tener un macho que le de identidad; el forastero, por no tener un pedazo de tierra donde realizar su proyecto personal y familiar, y el que no posee nada y va de préstamo en préstamo, como símbolo del indigente. Si el seguidor de Yahveh pasa por alto estos tres extremos o declaradamente se aprovecha de su situación, o no hace nada por mejorarla (lo más común aún en nuestros días), él mismo está atrayendo sobre sí la desgracia por ir en contravía del proyecto de la justicia que es la esencia misma del proyecto de Dios que mueve todo el aparato liberador de Egipto. Nada más claro para ayudarnos a entender, además, el pasaje del evangelio que hoy escuchamos; Jesús sienta su posición respecto al camino que hay que seguir si se quiere estar en sintonía auténtica con el proyecto del Padre: no es el legalismo, no es la preocupación de si estamos o no cumpliendo este o aquel mandato; no se puede dudar: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; en esto se resume toda la Revelación de Dios.

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con la Deuda Externa: países enteros gravados con deudas que equivalían a muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían producir durante varios años, podríamos decir que de hecho se debían a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores. Leer más…

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Dom 26. X. 2014. Dos en uno: Amar Dios “y” amar el prójimo

domingo, 26 de octubre de 2014
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9788433034656Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 30. Tiempo ordinario. Ciclo a, Mt 22,34-40. Tanto el escriba fariseo como Jesús a quien pregunta saben que mandamiento es aquello que se cree y hace, pues no hay división entre fe y praxis, ni “ortodoxia” separada de la vida, pues sólo se cree de verdad aquello que cumple.

Cuando el escriba pregunta por el mayor mandamiento, suponiendo que es uno, Jesús responde diciendo que hay dos (amar a Dios y amar al prójimo), que son distintos, pero inseparables.


Éstos son los dos primeros (y únicos) artículos del credo, las señales del cristiano:
Uno es sobre Dios, otro sobre el prójimo, inseparables ambos, pero distintos en su unidad. Buen domingo a todos, desde la «familia» que forman (formamos) Dios y el prójimo.

Texto. Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

Organizar los mandamientos

1194622198_fSe suele decir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se abre en el mandato de amar a los demás, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes de la Biblia.

Este “doble mandamiento” es muy judío, todas sus bases son bíblica, pero un investigador muy riguroso como J. P. Meier, Judío marginal IV, 483-505, ha demostrado que en su forma actual (como aparece aquí) no había sido formulado por ningún judío antiguo. Se trata, según eso, de algo nuevo (muy nuevo) de Jesús, siendo, al mismo tiempo, lo más antiguo.

Ciertamente, la pregunta es buena, aunque pueda haberse formulado con malicia, porque las diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento… (¡lo más importante!) y, además, porque parecía que Jesús no respetaba la unidad de Dios, tal como afirma el Shema: Dios es uno.

Los que así preguntan son hombres cumplidores de los mandamientos y, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que esos mandamientos sean numerosos (más tarde se recopilan 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues muchos resultaban evidentes en aquella sociedad, sino en la forma de “ordenarlos”, destacando lo importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia.

Jesús, dos mandamientos

Le piden que diga el primero, pero él responde diciendo que hay dos, no basta uno:

a. Primero: amar a Dios (dejarse amar por Dios, según el Shema). En este contexto Jesús es plenamente. Mantiene la unidad de Dios por encima de todas las cosas.

b. El segundo es “igual” al primero… y se condensa en un solo mandato: Amar al prójimo como a sí mismo”…

‒ En el fondo de los mandamientos, el fariseo busca el mayor de todos, como si los 613 se pudieran condensar en una misma y única raíz.

‒ Pues bien, Jesús no responde con uno sino con dos, como indicando que al principio no hay un tipo de monismo (sólo Dios o sólo el hombre) sino un dualismo básico, un diálogo entre Dios y los humanos.

Respuesta 1ª. Amar a Dios (con el Shema de Dt 6 y de Mc 12, 28-34).

Jesús responde insistiendo en aquel fundamento del que brota la vida del hombre, diciendo: “escucha”, acoge la voz de Dios. Sólo quién oye bien puede cumplir lo mandado.

— Escucha (hebreo shema’, griego akoue): Déjate amar. Este es el principio de todo mandato: oye, es decir, atiende a la voz, acoge la Palabra, descúbrete querido. En el fondo dice: no te cierres, no hagas de tu vida un espacio clausurado donde sólo se escuchan tus voces y las voces de tu mundo. Más allá de todo lo que haces y piensas, de todo lo que deseas y puedes, está el ancho campo de la manifestación de Dios: abrirse a su voz, mantener la atención, ser receptivo ante el misterio, ese es el principio y sentido de toda religión, esa es la verdad del mandamiento. Leer más…

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