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Luz en la noche, muchachas en vela (Mt 25, 1-13)

Domingo, 9 de noviembre de 2014

virgenes prudentesDel blog de Xabier Pikaza:

La humanidad entera son diez chicas que aguardan al Novio, con velas encendidas, y así lo indica esta parábola, evocando la esperanza del amor como don y tarea de la vida.

Es una parábola extraña, como todas, un cuento del oriente antiguo, mujeres en vela (con vela), con lámparas que parecen de Aladino, pero que no son para abrir la cueva del tesoro, sino el tesoro del amor en plenitud, para el que todos de algún modo nos estamos preparando.

No es un texto machista, sino al contrario, pues todos, hombres y mujeres, tenemos una misma tarea, simbolizada en diez doncellas que esperan al novio, preparando el aceite de su alcuza o lucernario: ¡Hombres y mujeres, sin distinción, somos aprendizaje de amor en la noche. Para eso hemos sido creados y crecemos, esperando, cuidando la vida, compartiendo.

imagesÉse amor es mutuo, un don compartido. Pero al mismo tiempo ha de ser personal, pues cada hombre, cada mujer, es destinatario de un amor único, de forma que ante el misterio de la Vida nadie puede sustituirle.

En esa línea, sabiendo con el evangelio que unos somos vida y luz para los otros, debemos recordar que cada uno somos y tenemos una responsabilidad personal, de manera que en un sentido simbólico podemos afirmar no sólo que “cada uno aguante su vela”, sino que la tenga encendida, mientras llega el Cristo, es decir la plenitud. Éste es el único aprendizaje, la única tarea de la vida.

sCiertamente, al final de la vida cada uno será “examinado” en el Amor, es decir, desde y por el amor que es Dios, como dice Juan de la Cruz. Pero todo amor busca amor, y así Jesús (Dios que viene) quiere y espera el amor de los hombres, como mendigo, mendicante de cariño, en gesto de humanidad comprometida, no de magia como la que ofrecía aladino.

Ciertamente, en Cristo hemos de ser todos luz unos de otros, para otros, como expresión de la vida de Dios. Pero eso supone que cada uno debemos cuidar nuestra luz de amor Por eso pido a Dios que nos iluminemos mutuamente con la luz gozosa de la vida del resucitado, como se celebra en la Vigilia de Pascua.

Siga quien quiera evocar y entender mejor esta parábola extraña, propia del evangelio de Jesús, que traduce así, en un contexto nuevo, el mensaje del evangelio. Buen domingo a todos.

Parábola

La parábola es parábola: cinco eran sabias, cinco eran necias… Jesús ha venido para que todas sean buenas, porque es bueno él… Pero la diferencia entre las muchachas sigue siendo importante

“Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.”
Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.”

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco.” Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.”

Una parábola fuerte

Las parábolas son relatos provocadores, que replantean el sentido de la vida desde una perspectiva extraña. No son historias edificantes,ni meditaciones piadosas sino enigmas para pensar y para decidir el sentido de la vida.

Las parábolas no cierran el tema (no son dogmas, ni demostraciones), sino señales que cada uno debe interpretar y resolver desde su propia vida. Ante las parábolas uno puede rebelarse, para descubrir el lado oculto… Por eso son palabras interactivas que no tienen la solución dada de antemano.

Fondo cultural.

Esta parábola de las necias y las prudentes está contada desde el trasfondo de la historia de Israel, tal como la reinterpreta Mateo. Pero hay en ellas rasgos que son universales, entre ellos los siguientes: .

La vida un camino en la noche. Quizá algunos de los lectores recuerden la dolorosa parábola de D. Alonso: Mujer con Alcuza… ¿Una mujer, diez mujeres? ¿Un tren en la noche, que no sabemos dónde va…?

Las muchachas son toda la humanidad... Se nos ha dado un aceite y no sabemos del todo para qué sirve… ¿Para que vea yo mismo, para que vean otros? Este el signo preferido de los cristianas en las catacumbas… lugar y signo de la gran espera.

La travesía de la vida un aprendizaje de amor,un aprendizaje gozoso pero fuerte, lleno de misterio. Estamos esperando las bodas de la vida, todos como mujer, como muchachas que acompañan a la novia, en el cortejo de las bodas de Dios, con aceite en la alcuza, con luz en las manos…

Es inquietante el fifty/fifty (aquícinco/cinco) de la comparación… Pero ése es un motivo común de las parábolas, que tienden a dividir la humanidad en dos mitades. Buenos y malos ¿qué significa eso? ¡Cómo comportarnos en el camino?. Jesús cuenta, expone, no define… Deja que los lectores entren, entra también tú. Eres parte de la parábola.

Todos somos estas diez muchachas (¿amigas de la novia? ¿novias todas?: El tema queda abierto). Todos vamos haciendo un camino de aprendizaje para el amor, no tenemos otra tarea que ir avanzando en el gran aprendizaje del amor, en la noche.

Jesús ha venido para que todas sean buenas (para que todos seamos buenos)…

La parábola es provocadora, como tiene que ser, por su género literario y por su finalidad… Pero Jesús, que ha contado la parábola, ha venido y ha vivida, ha querido y ha muerto para que todas sean buenas… para que todos seamos luz…

La parábola no es final del final, sino el final de un determinado camino… Por eso debemos afirmar que Jesús no es el esposo egoísta que sólo se queda con cinco, dejando a otras cinco en la noche. El esposo universal, Jesús, hijo de Dios, las quiere a todas, nos quiere a todos, en las bodas de la vida. No es hombre ni mujer en cuanto aislados u opuestos, sino el mismo Dios, vida de la vida de todos.

En contra de una lectura superficial del texto, este novio no es esposo polígamo que va a casarse con todas y cada una, sino el Dios presente, Vida de la Vida de todos, varones y mujeres, el Dios al que esperamos en la noche larga de la vida, de manera que podemos compartir todos sus bodas, varones y mujeres, solteros o casados, como seamos, lo que seamos, porque sus bodas son amor universal. En ese plano, conforme a un antiguo símbolo de la Biblia, todos somos “doncella” o muchacha llamada a la vida de Dio…

2 Una parábola escandalosa, llena de preguntas.

Pero dicho lo anterior tenemos retomar la cuestión centrar… ¿Quién soy yo ante el Dios que viene, que está llevando en mi vida? ¿Tengo aceite, soy portador de la luz Dios?

Ésta es una parábola extraña, por muchos motivos, y por eso no puede tomarse al pie de la letra. Pero debemos recordar que la mayoría de las parábolas de Jesús son escandalosas o, si se prefiere, paradójicas: son palabra que choca, que lleva a pensar, que exige una respuesta… El escándalo de esta parábola es evidente.

a) En primer lugar, parece que las muchachas no son «lykhnos» (como supone en otro contexto el evangelio de Marcos), luz personal, sino que llevan «lámparas» (lampadas). O ¿se puede decir que ellas mismas son lámparas, puras lámparas de Dios, cuya función es arder y dar luz y se fuego?

b) Algunos siguen diciendo (a pesar de lo antes indicado) que éste es un esposo polígamo, que va a casarse, al mismo tiempo, con diez o con aquellas de las diez que sean prudentes. Pero esa visión no es cierta. La imagen del esposo polígamo de diez muchachas que esperan en la noche… está escondiendo algo distinto: el Dios distinto y universal, Dios esposo/esposa para todos los seres humanos?

c) Parece una parábola machista: el novio viene, como dueño y señor, las novias aguardan… ¿Por qué son chicas que esperan al novio-señor y no chicos que esperan a la Novia/Dios, la divinidad materna y total, novia infinita y personal de cada uno de los seres? ¿Cómo superar la imagen masculina y pasar a la imagen experiencia total del amor fuego que arde y encamina…?

d) Además, en contra de toda la enseñanza del evangelio, las chicas prudentes no deben dar aceite a las necias… ¿Por qué no comparten la luz, se hacen todas luz, unas para otras, todas juntas, luz compartida para iluminar el camino del novio/novia universal? Este pasaje nos sitúa ante la responsabilidad personal, cada uno ante Dios, cada uno con su luz. Nadie me puede sustituir ante el Dios-esposo-amigo.

e) ¿Para qué sirve la luz de las muchachas prudentes? ¿Dirige y guía al novio/novia que viene… o les dirige a ellas/ellos, a las novias/novios, a la humanidad que espera y camina con su propia luz en la noche de la vida, hacia el amor total que llega? No sabemos si esta luz de las lámparas es propia de Dios o de las doncellas, o si es la luz en que se unen Dios y los hombres

f) Ésta es una parábola de buenos y malos, o, mejor dicho, una parábola extraña de muchachas necias y sabias…, de prudentes precavidas y de despreocupadas… El texto supone que si las “necias” no tienen aceite es por su culpa. ¿No puede haber sucedido que se lo hayan quitado… o que son “necias de nacimiento”, sin culpa personal. ¿No se podría dar una respuesta compasiva…? ¿No podría traer el esposo/esposa su propio aceite y ponerla en las manos corazón de cada uno de los que esperan? ¿No podríamos hablar de un esposo/esposa aceitero, que ofrece su propio combustible de amor infinito para todos/toas?

g) ¿Se habla aquí de matrimonio o, mejor dicho, de luz personal? Ciertamente, la parábola vincula el tema de la luz con el matrimonio, entendido como relación de un hombre y una mujer… de seres humanos que se aman y se encuentran en la noche y entran en su propio espacio de luz, de darse vida… En ese plano, el Dios de Cristo sitúa a cada uno ante su propia responsabilidad, algo que ni Dios puede quitar a las personas, llamadas a ser libremente amor.

3. Son bodas de Dios (del Hijo de Dios)

a. Las bodas son dos luces que se unen, formando una luz compartida, luz de dos, en la gran Luz del Novio-Novia que les acoge en su amor. Son dos luces distintas, dos personas diferentes, y una luz doble, que se abre a otros, a los amigos y a los hijos luz creadora, en la Luz de Dios, donde se unifican y completan, cada uno en el otro y para el otro, cada uno desde el otro y con el otro. En este contexto podemos decir que, para los cristianos, la luz originaria se ha venido a revelar en Cristo.

b. Las bodas son luz del Hijo de Dios, es decir, son la expresión del amor de Dios, que “se casa” con los hombres, conforme a una revelación profética que corre desde Oseas hasta el Tercer Isaías… Todo lo demás pasa y queda en un segundo plano. Esta parábola nos quiere descubrir el potencial inmenso del amor de Dios que se introduce en Cristo y por Cristo en la vida de cada uno de los hombres, como oferta y espera de amor.

c) Dios ha creado a los hombres y mujeres para “casarse” con ellos. Dios quiere implicarse de esa forma con los hombres; es un Dios que les necesita y les espera, misteriosamente… Un Dios que quiere dejarse sorprender por la luz de los hombres y mujeres, que son como muchachas a la espera de la vida plena. En ese sentido, cada una de las cinco muchachas sin aceite en la alcuza es un fracaso de Dios.

4. Para entender mejor la parábola 1:
Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad encendida sobre el mundo….

«No se enciende una luz (lykhnos) para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero o portador de luz (lykhnia), para que alumbre a todos los que están en la casa» (Mt 5, 15).

Jesús concibe a sus discípulos como una luz encendida en la altura (¡vosotros sois la luz del mundo!), como una ciudad elevada y luminosa, para que todos vean y puedan caminar con claridad, sin miedo a perderse (cf. Mt 5, 14). De esa manera retoma uno de motivos más importantes de la esperanza profética de Israel:

«¡Levántate y brilla! Porque ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé ha resplandecido sobre ti. Porque las tinieblas cubrían la tierra; y la oscuridad, los pueblos. Pero sobre ti resplandecerá Yahvé y en ti se contemplará su gloria. Entonces caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora» (Is 60, 1-3).

Esta es la esperanza y tarea de Jesús: quiere crear un pueblo de gentes luminosas, una ciudad de personas trasformadas en luz. Así quiere Jesús que sea su iglesia: una ciudad de gentes que alumbran de forma generosa, regalando su luz, gratuitamente, para que todos vean y vivan en concordia. Aquí no hay lucha de la luz contra las tinieblas, sino alumbramiento de vida: que todos puedan vez, porque a todos se regala, de modo generoso, la luz recibida.

5. Para entender aún mejor la parábola 2.
Ten cuidado: luz de tu cuerpo es el ojo.

La luz no es algo que se da y recibe, que se ofrece y tiene desde fuera, como una cosa objetiva que un hombre o mujer pudieran separar de sí mismos, sino que ella es vida profunda, la misma vida humana que el hombre y la mujer debe cultivar, siendo ellos mismos, según dice uno de los textos más bellos de la tradición del evangelio:

«La lámpara (lykhnos, luz) del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será tu oscuridad! Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a la mamona» (Mt 6, 22-24; cf. Lc 11, 34-36).

El hombre es portador de una Luz que le desborda y que se expresa por sus ojos, que son la verdadera lámpara de Dios en el mundo. Un ojo sano y transparente: ésa es la bendición de Dios, el don más grande, la misma vida hecha Luz y comunicación. Un hombre o mujer hecho ojos que miran y se dejan mirar.

Sin duda, hay comunicación de palabras y de manos, de cuerpos y almas. Pero en el fondo de la creación de Dios, la más honda la comunicación es la de los ojos que miran y pueden ser mirados, diciéndose a sí mismos. El día en que hombres y mujeres se miren en los ojos y no se digan a sí mismos a través de la mirada habrá existencia humana. El día en que dejen de mirarse de esa forma habrán muerto, pues ellos no son más que luz compartida que se mantiene encendida y que arde sólo al darse, siendo más fuerte cuando más arde.

6. Para entender todavía mejor la parábola 3
Yo soy la luz del mundo, Dios es luz…

Así dice Jesús en el evangelio de Juan:

«Yo soy la luz del mundo, el que sigue no camina en las tinieblas» (Jn 8, 12; 9, 5; 12, 46).

Para eso ha venido, para que los hombres puedan vivir en la luz, amándose unos a los otros. Este es su poder, este su reino: que los hombres puedan vivir en la verdad (cf. Jn 18, 37). No tiene una luz propia, sino la de Dios, retomando así, de manera sorprendente, el tema del principio de la Biblia, cuando se decía que Dios había empezado creando la luz (Gen 1, 3-4). Ahora no se dice que Dios crea la luz, sino que él mismo es Luz, luz que se expresa en el amor entre los hombres:

«Éste es el mensaje: Dios es Luz, y en él no existe oscuridad alguna. Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en Luz, como él está en Luz, tenemos comunión unos con otros»

(1 Jn 1, 5-7). La misma Palabra de Dios es Luz para los hombres, como sabe el prólogo solemne del evangelio de Juan: «En él estaba la Vida y la Vida era la Luz para los hombres» (Jn 1, 4-6), la luz de la Palabra compartida de los ojos y las manos, que Jesús quiere en este mundo, como un fuego: «He venido a encender fuego en la tierra. ¡Y cómo quisiera ya que estuviera ardiendo!» (cf. Lc 13, 49).

Ésta es la verdad suprema: no existen dos espíritus, uno de luz, otro de tinieblas; no se puede hablar de guerra entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad, pues Dios es solamente Luz, una luz que se expresa en el amor que cada uno enciende en el otro, pues, al final del camino, la lámpara de cada uno es el otro. Tenemos el riesgo de perdernos en nuestra propia oscuridad, pero la luz de Dios es más fuerte que las oscuridades de los hombres. Esa es la luz que limpia el corazón, para que los hombres puedan descubrir a Dios y descubrirse a sí mismos:

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (cf. Mt 5, 7) y se amarán unos a los otros. Ésta es la verdad, éste el mensaje: una luz que se ofrece y no se impone; una luz que se dice, silenciosamente, ofreciendo cada día la vida por el otro y con el otro.

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