Del blog de Xabier Pikaza:
El próximo domingo es la fiesta de la Ascensión que, hasta hace poco, se celebraba el jueves anterior, a los cuarenta días de la Pascua.
— Estrictamente hablando, no es una fiesta nueva, sino otra versión de la Pascua, que aparece ahora como ascensión y triunfo: Jesús se ha sentado a la derecha de Dios, con sus amigos, los pobres y enfermos, las prostitutas y los pecadores y con aquellos que han aceptado y aceptan su camino.
— Tomada en sentido estricto, esta es la fiesta del Cielo, de Lucas, y ha sido formuladas simbólicamente, para siempre, al final de su Evangelio (Lc 24) y al Principio de los Hechos (Hch), como seguiré indicando. Ésta es la versión «litúrgica», que quiere representar las cosas del Cielo de Jesús con figuras visibles. Y ciertamente, en un sentido, podemos decir que Jesús está en el Cielo, Sentado a la Derecha del Padre. Pero tanto Mateo como Lucas, los evangelios anteriores, han formulado esta fiesta de otra forma.
— Según Mt 28, 16-20 no hay Ascensión al Cielo, sino presencia animadora de Jesús en el Monte de Galilea. Él no ha subido todavía al «cielo» de Dios, lo hará cuando llegue el momento y culmine su historia. Jesús está en pie «en el monte de Galilea», es decir, en la tierra de su amor y su tarea, y desde allí nos envía diciendo: «id al mundo entero», haced que todos los pueblos descubran el Camino de la Vida; ofrecedles el regalo de Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo), enseñadles a vivir según el evangelio (perdón, amor mutuo, comunión de alma y cuerpo). No asciende, no se va ni nos deja, sino que anima y dirige desde el monte nuestro camino.
— Mc 16, 1-8 da un paso más y dice que Jesús no se ha marchado al Cielo, como en Lucas, ni le hemos encontrado todavía en la montaña, como Mateo., pues nosotros, sus discípulos miedosos, mujeres de la pascua en camino y varones del olvido, seguimos vacilando, no nos hemos decidido a encontrarla de verdad en Galilea…
Ésta es la versión más fuerte y hermosa de este día, según Marcos. Jesús nos ha dicho: «Yo os precedo a Galilea, allí me encontrareís, pues no hemos escuchado su palabra, no hemos ido todavía, no hemos estrenado su evangelio, ni siquiera Pedro (que sería el Papa, que está hoy, 2016, progresando adecuadamente), ni los otros discípulos (varones y mujeres).
Jesús se ha ido con sus maletas, que son las nuestras, pues él no las necesitas, como emigrante de Galilea (con los miles y millones de emigrantes de este año 2016), para que así podamos encontrarle a él, con los suyos, en la Nueva Galilea, para celebrar la Ascensión de la vida.
Seguimos dispersos, dudando, con miedo al evangelio. No hemos podido celebrar todavía la «ascensión», no hemos sido transformado, recreados… Sólo cuando los seamos veremos a Jesús, nos dejaremos transformar, transformaremos la vida de los hombres.
Éstas son las tres versiones de la Ascensión. Este año 2016, ciclo C, toca litúrgicamene la versión de Lucas, como verá quien siga leyendo. Pero no olvidemos que son tan importantes (¡y quizá más bíblicas!) las versiones de Mateo (Jesús nos anima desde el Monte) y la de Marcos (él va con las maletas de los emigrantes, aún no le hemos encontrado…). Escoja cada uno su versión para celebrar con su vida esta fiesta.
A mi juicio (en medio de este lío de disputas de cardenales y teólogos contra el papa) sería mejor celebrar la fiesta según Marcos, pues me parece la más franciscana: Aún no hemos encontrado a Jesús en Galilea, debemos seguir buscando…, pues él ha ido allí con nuestras malestas.
A pesar de ello, por seguir la liturgia comentaré los textos de Lc 24 y Hch 1. Con ellos os dejo, pues es tiempo de “subir” al Cielo de la Vida en Dios (que es la justicia y la misericordia), para culminar la obra del Reino y “sentarse” y descansar en plenitud con los marginados y excluidos de los reinos de la tierra. Es la fiesta del cielo que empieza en esta tierra… la fiesta del Jesús de la maleta.
((sigue)).
Tema y textos.
La experiencia pascual de la Iglesia se centra y despliega en tres afirmaciones que son inseparables, conforme al esquema trazado por Lucas-Hechos, que se ha vuelto «canónico» en la liturgia, no en la Biblia, ni en la vida de la Iglesia.
(a) Resurrección, pasado triunfante: Jesús ha vencido a la muerte y sus discípulos le han visto.
(b) Ascensión, presente de gloria: Jesús ha subido al cielo, esta sentado a la derecha del Padre.
(c) Esperanza futura: Jesús vendrá pronto, para culminar su obra, en la parusía.
De un modo especial suelen unirse las afirmaciones del pasado (resucitó al tercer día) y las del presente (está en la gloria del Padre), que tanto Pablo como Mateo y Juan han vinculado, viéndolas como dos momentos o aspectos del mismo triunfo pascual de Jesús, al servicio del Reino. Lucas, en cambio, tanto en su evangelio como en el libro de los Hechos, ha separado esos momentos, situando la Ascensión a los cuarenta días de la resurrección.
Hoy no he querido comentar los textos, tomados de Lucas y de Hechos. Por eso me limito a citarlos, para exponer después, con cierto detalle, el sentido de la Ascensión de Jesús, que está Sentado a la Derecha de Dios, con sus amigos los pobres y los marginados. Es la fiesta de la Gloria de Jesús, la fiesta de su gente, de su pueblo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.» Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios (Lc 24, 46-53).
Jesús…se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó:
«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.» Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» (Hch 1, 111)
1. Introducción. El Señor Sentado.
No quiero hoy hacer un comentario exegético de los textos, sino ofrecer una visión general de la Asunción: de Jesús glorificado y sentado a la Derecha de Dios Padre. Sobre la glorificación de Jesús y su presencia salvadora entre los hombres, el Nuevo Testamento ofrece varias visiones:
Jesús asiste a sus enviados hasta el día de la consumación del mundo (Mt 28, 20);
Jesús es cabeza que sostiene y vitaliza el cuerpo de la iglesia (tradición paulina);
Jesús es vida y luz que alumbra a los creyentes (Juan)…
Pues bien, al lado de esas perspectivas, la dogmática cristiana ha resaltado de manera constante y uniforme una visión que, enraizada en el Antiguo Testamento (Sal 110, 1), supone que el Kyrios o Señor está sentado, a la Derecha de Dios Padre, en ámbito de cielo, culminada la historia, enviando su Espíritu:
– Sentado. Este es un gesto específicamente humano. Los animales se sostienen en sus patas, nadan, vuelan, caminan, se agazapan o se acuestan. Algunos pueden sentarse físicamente, pero sólo de manera material. No liberan las manos para la comunicación dialogada, no construyen una sede o trono como signo de su autoridad. Por el contrario, los humanos se definen como aquellos que pueden ponerse en pie (liberando las manos para el trabajo) y sentarse (para descanso, autoridad y/o convivencia). Leer más…
Biblia, Espiritualidad
Ascensión, Ciclo C, Dios, Evangelio, Jesús, Pascua, Resurrección
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