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Archivo para abril, 2014

«El obispo Spong se pregunta por lo sucedido realmente en la Resurrección», por John Selby Spong

domingo, 20 de abril de 2014
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pic1_quentin_elias_shirt_off_bulge_001Leído en la página web de Redes Cristianas

Pero ¿qué ocurrió realmente?

I. PRESENTACIÓN

Antonio CARRASCOSA MENDIETA

El texto que ofrecemos de John S. Spong es un texto peculiar por tres razones[1]. Lo es por lo que tiene de novedoso dentro del discurso religioso habitual; lo es –y mucho más– por ser de un obispo de una iglesia cristiana; y también por ser de un tono distinto dentro del conjunto al que pertenece. Estas tres razones creemos que justifican sobradamente una presentación.

El objetivo de este trabajo es, en primer lugar, situar el texto de Spong en el conjunto del libro al que pertenece y subrayar, además, la intención del mismo, que es ayudar al creyente que busca, dentro de la fe, entender y saber decirse a sí mismo y a los demás dicha fe en el lenguaje y las categorías de su tiempo. Los cuatro primeros apartados quieren cumplir este primer objetivo. El quinto apartado se sitúa en otra óptica: señalar, primero, algunas consideraciones críticas desde el punto de vista exegético, así como indicar, después, ciertos puntos de afinidad entre Spong y Légaut*.

La figura de John Shelby Spong no es nueva en nuestra revista. En la revista «Cuadernos de la diáspora» (nº 10) y en RELaT, Revista Electrónica Latinoamericana de Teología (nº 373), ya se publicó un fragmento de una obra suya anterior sobre las tradiciones recogidas en el Nuevo Testamento sobre el nacimiento y el origen de Jesús[2]. En la presentación de entonces ya se ofreció una información biográfica sobre el autor, a la que nos remitimos[3], y que completaremos con las últimas referencias bibliográficas, sobre todo, con algunas observaciones en relación con el tema de la Resurrección.

Dos etapas en la obra de Spong

Podemos distinguir dos etapas en la trayectoria de J. S. Spong como escritor, aunque esta división sea un tanto artificial. Spong fue obispo de la iglesia episcopaliana en Newark (Nueva Jersey, Estados Unidos) durante veintiséis años, hasta que se jubiló en 1999. En el tiempo en que ejerció el episcopado, escribió más de diez libros y numerosos artículos, que le han convertido en uno de los autores cristianos más conocidos en el área lingüística inglesa. Hasta 1998, a las puertas de su jubilación, Spong se enfrentó a las cuestiones morales y de conocimiento que, como obispo, se le planteaban.

El tema de fondo de todas estas cuestiones era la búsqueda de una comprensión de la revelación bíblica acorde con el universo mental de nuestra época; una comprensión que superase la lectura fundamentalista, tan frecuente en su entorno, sin que esta superación supusiese abandonar la fe sino, por el contrario, reencontrarla en otro plano. Esta búsqueda le llevó a abordar temas de actualidad, considerados polémicos dentro del cristianismo, como, por ejemplo, los márgenes –o los extremos– de la figura histórica de Jesús, es decir, sus orígenes y su Resurrección, así como cuestiones éticas en torno a la sexualidad y a las fronteras de la vida. Como fruto maduro de este camino, Spong, a partir de su retiro, empezó una segunda etapa que podríamos denominar de síntesis, cuyo objetivo está consistiendo en repensar la imagen de Dios, la figura de Jesús, la plegaria y la Iglesia más allá del teísmo. Sus “Doce Tesis para una Nueva Reforma” pueden dar una idea suficiente de las inquietudes actuales de este obispo singular:

1. El teísmo, como forma de definir a Dios, ha muerto: ya no se puede pensar a Dios, con credibilidad, como un ser, sobrenatural por su poder, que habita en el cielo y está listo para intervenir periódicamente en la historia humana e imponer su voluntad. Por eso, la mayor parte del lenguaje teológico actual sobre Dios carece de sentido; lo cual nos lleva a buscar una nueva forma de hablar de Dios.

2. Dado que Dios no puede pensarse ya en términos teísticos, no tiene sentido intentar entender a Jesús como la encarnación de una deidad teísta. Por eso, la Cristología antigua está en bancarrota.

3. La historia bíblica de una creación perfecta y acabada, y la caída posterior de los seres humanos en el pecado, es mitología pre-darwiniana y un sin sentido post-darwiniano.

4. La concepción y el nacimiento virginales, entendidos literal y biológicamente, convierten a la divinidad de Cristo, tal como tradicionalmente se entiende, en imposible.

5. Los relatos de milagros del Nuevo Testamento no pueden interpretarse, en un mundo posterior a Newton, como sucesos sobrenaturales realizados por una divinidad encarnada.

6. La interpretación de la Cruz como un sacrificio ofrecido a Dios por los pecados del mundo es una idea bárbara basada en conceptos primitivos sobre Dios que deben abandonarse.

7. La resurrección es una acción de Dios: Dios exaltó a Jesús a la significación de Dios. Por consiguiente, no es una resucitación física ocurrida dentro de la historia humana.

8. El relato de la Ascensión supone un universo concebido en tres niveles y por eso no puede mantenerse, tal cual, en una época cuyos conceptos espaciales son posteriores a Copérnico.

9. No hay una norma externa, objetiva y revelada, plasmada en una escritura o sobre tablas de piedra, cuya misión sea regir en todo tiempo nuestra conducta ética.

10. La plegaria no puede ser una petición dirigida a una deidad teísta para que actúe en la historia humana de una forma determinada.

11. La esperanza de una vida después de la muerte debe separarse, de una vez por todas, de una mentalidad de premio o castigo, controladora de la conducta. Por consiguiente, la Iglesia debe dejar de apoyarse en la culpa para motivar la conducta.

12. Todos los seres humanos llevan en sí la imagen de Dios y deben ser respetados por lo que cada uno es. Por consiguiente, ninguna caracterización externa, basada en la raza, la etnia, el sexo, o la orientación sexual, puede usarse como base para ningún rechazo o discriminación.

Nota del autor: Estas tesis, que planteo para el debate, están inevitablemente formuladas de forma negativa. Es algo deliberado. Antes de que alguien pueda escuchar lo que es el cristianismo debe crear un espacio para esta escucha borrando las falsas concepciones del mismo. Mi libro Por qué el cristianismo debe cambiar o morir es un manifiesto que llama a la Iglesia a una Nueva Reforma. En él empecé a diseñar una visión de Dios que va más allá del teísmo, una comprensión de Cristo como presencia de Dios, y una visión de la forma que, en el futuro, pueden tener tanto la Iglesia como su liturgia…[4]

Estas doce tesis no son, ni mucho menos, “un brindis al sol”, algo formulado a la ligera sólo por el prurito de ser moderno. Detrás de ellas hay muchos años de búsqueda y de fidelidad tanto en el orden personal como en el específicamente intelectual. El libro del que hemos escogido publicar un capítulo es, por ejemplo, el trabajo previo a las tesis 7 y 8, de la misma manera que el libro del que publicamos un capítulo hace siete años está en la base de la tesis 4.

Tanto el libro del que el mismo Spong dice en su Nota que surgen las tesis (Por qué el cristianismo…) como, sobre todo, el inmediatamente posterior[5] buscan expresar una fe en Dios y en Jesús independiente del teísmo y son, por tanto, el trabajo que hay tras las tesis 1 y 2. Todo esto indica, como decimos, el largo itinerario, la lenta maduración que subyace tras estas tesis vigorosas, en cierto modo polémicas y radicales que, como el autor también indica en su nota, se ofrecen no como un punto de llegada sino como materia para el debate y la discusión y como punto de partida para una búsqueda posterior.

Spong y la “doble verdad”

Hay un dato del autor que debe tenerse en cuenta desde el principio: Spong no es primeramente un teólogo o un exegeta erudito sino un pastor. Querer acercarse a su obra como a la de un teólogo o exegeta académico o universitario sería un error. Su interés como pastor de la Iglesia es ayudar al creyente a formular una fe acorde con su mentalidad, propia de su tiempo, y con el carácter adulto y maduro de su ser en otros terrenos; un ser que se sabe responsable, incompleto, en búsqueda, pero que sabe también su dignidad. Spong no escribe para el especialista bíblico sino para el cristiano que no termina de comprender los textos de su tradición dado que el universo mental al que pertenece es muy distinto. Esta preocupación es interna al movimiento de la fe que no quiere caer en la esquizofrenia de quienes viven lo religioso como una dimensión de su vida ajena al esfuerzo reflexivo y responsable que rige el resto de la misma.

Spong sabe que, en las distintas iglesias y a diferentes ritmos, los teólogos llevan siglo y medio respondiendo al reto de examinar las creencias, de diferenciar éstas de la fe y de dar a la fe un lenguaje inteligible en el universo mental actual. Los avances en materia bíblica permiten, en efecto, un acercamiento nuevo a los textos sagrados del cristianismo. Sin embargo, esta manera nueva de interpretar la Biblia apenas llega a los cristianos de base de las distintas confesiones.

La razón de esta fractura no es la comprensible distancia que siempre hay entre especialistas y no especialistas en cualquier ámbito del conocimiento. Spong cree que, entre los responsables de las iglesias y entre los mismos teólogos y exegetas, existe el temor de que las perspectivas renovadas en la lectura e interpretación bíblica –patrimonio común ya de los estudiosos a pesar de las posturas diversas que existen entre ellos– provocarían, al llegar a los cristianos, un desmoronamiento insalvable de su fe[6]. Acostumbrados como están los fieles a sostener sus creencias sobre la base del literalismo bíblico y dogmático que hasta ahora se les ha inculcado con ahínco, ¿dónde iría a parar su fe si esta base literal se desmoronase? Ante este temor, los responsables de las iglesias, que no asumen a fondo la distinción entre fe y creencias, prefieren mantener lo que a Spong le parece una “doble verdad”: una verdad para los “especialistas”, teólogos, exegetas y gente informada, que asume, en mayor o menor medida, las exigencias del conocimiento crítico, y otra verdad para el “pueblo” al que se pretende mantener al margen, en un infantilismo impropio tanto de su madurez en otros terrenos como de la mentalidad de nuestra época. Leer más…

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El presidente de EE.UU. Barack Obama invita a «regocijarnos en el triunfo de la Resurrección».

domingo, 20 de abril de 2014
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obamapascuados_560x280Obama y su familia acuden al culto en Viernes Santo

«Dios está siempre con nosotros, en el sufrimiento y en la celebración».

 «Esta época nos recuerda que Dios está siempre con nosotros, en el sufrimiento y en la celebración»

Anima a «seguir el ejemplo de Cristo al amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos»

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, deseó hoy, junto a su esposa Michelle, una feliz Pascua a sus «hermanos cristianos» y ambos se unieron a la celebración del Viernes Santo.

«Reflexionemos sobre el sacrificio que Jesucristo hizo por nosotros y regocijémonos en el triunfo de la Resurrección. Esta época nos recuerda que Dios está siempre con nosotros, en el sufrimiento y en la celebración», dijo Obama en un comunicado.

«Demos gracias por las muchas bendiciones en nuestras vidas y renovemos nuestro compromiso de seguir el ejemplo de Cristo al amar a Dios y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos«, agregó el mandatario.

Obama siempre se ha descrito como creyente en Jesucristo, pero no ha entrado en detalles específicos sobre su iglesia.

Precisamente hace apenas unas semanas, el presidente estadounidense visitó el Vaticano y se reunió con el papa Francisco.

El papa y el presidente, junto con dos intérpretes, celebraron un encuentro privado que se prolongó durante cincuenta minutos, más largo de lo normal, en el que ambos intercambiaron pareceres y regalos.

El presidente confesó a la prensa que se sintió «muy conmovido por el mensaje de inclusión y de compasión del papa Francisco» y profundamente emocionado por sus reflexiones sobre la importancia de que los dirigentes políticos incorporen una perspectiva moral cuando afrontan los problemas mundiales, más allá de los propios intereses.

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Raniero Cantalamessa: «El pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia»

domingo, 20 de abril de 2014
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JONATHAN SCARFE, JOHNATHON SCHAECHLeemos en Religión Digital:

El predicador del Papa traza una vibrante reflexión sobre el pecado y el perdón

«El dinero es el verdadero enemigo, el competidor de Dios en este momento»

(Jesús Bastante).- Viernes Santo. Cristo muere abandonado y traicionado por los suyos. Por Judas, el gran traidor de la Historia. Pero también por Pedro, quien le negó tres veces. Y tantas veces por cada uno de nosotros. «El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia», indicó esta tarde el predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, durante los oficios en la basílica de San Pedro.

Fue una ceremonia sobria, impregnada de la relevancia del momento. El propio Francisco se tumbó en el suelo de la basílica para orar, y durante toda la ceremonia mantuvo un rictus serio, concentrado, casi en trance. No así Cantalamessa, que trazó una vibrante homilía en la que reflexionó sobre la traición de Judas, y la de cada uno de nosotros.

Y es que, más allá de las posibles razones que muchos han tratado de apuntar, a lo largo de los siglos, para explicar por qué Jesús fue vendido por uno de sus amigos, el capuchino insistió en que «hubo un motivo más a ras de la tierra: el dinero«.

Judas, responsable de la bolsa de los compañeros de Jesús, «era un ladrón». Y un entusiasta del dinero. «Su propuesta a los sacerdotes es explícita: ¿cuánto estáis dispuesto a darme si os lo entrego? Y ellos fijaron el precio: 30 monedas».

«¿Acaso no ha sido casi siempre así en la historia, y no es todavía así? El dinero, ¿no es el ídolo por antonomasia?», dijo Cantalamessa, quien calificó al dinero de «verdadero enemigo, el competidor de Dios en este momento». «¿Quién es el otro patrón, el anti dios? Nos lo dice Jesús: nadie puede servir a dos amos: no podéis servir a Dios y al dinero».

«El dinero es el anti dios, cambia la fe, esperanza y caridad… se hace una siniestra inversión de los valores«, añadió el capuchino, quien insistió en que «el apego al dinero es la raíz de todos los males«. «¿Qué hay detrás del comercio de la droga, que destruye tantas vidas humanas, detrás de la prostitución, la mafia, la corrupción política, el comercio de armas, o la cosa más terrible, detrás de la venta de órganos humanos arrancados a niños? Y la crisis, ¿no es debida en buena parte a la detestable codicia del dinero?«, recordó Cantalamessa.

«¿No os dice algo de algunos administradores del dinero público?», continuó. «¿No es ya escandaloso que algunos perciban sueldos cien veces superiores a los que trabajan en sus dependencias, y que levanten la voz en cuanto se apunte la posibilidad de tener que renunciar a algo?«

«El dinero es falso y mentiroso, promete la seguridad pero la quita, promete libertad pero la destruye«, prosiguió el predicador de la Casa Pontificia, quien añadió que «la traición de Judas continúa en la historia. Y el traicionado es siempre Él. Judas vendió al jefe, sus imitadores venden su cuerpo. Porque los pobres son miembros de Cristo. ‘Todo lo que hagáis con cada uno de mis hermanos pequeños, me lo hacéis a mi'».

«Pensad en el Judas que cada uno tenemos dentro de nosotro, se detuvo Cantalamessa. Y es que «se puede traicionar a Jesús de otra manera: quien traiciona a su esposa o su marido; el ministro de Dios infiel a su estado o quien en lugar de apacentar a su rebaño, se apacienta a sí mismo; traiciona a Jesús quien traiciona su conciencia».

Judas, el gran culpable, «tenía un atenuante que yo no tengo: él no sabía quién era Jesús, no sabía que era el hijo de Dios. Nosotros sí«. Y aún así, «al final, Judas se arrepintió, y devolvió los denarios. Los arrojó en el templo y fue a ahorcarse».

Y pese a todo, «Jesús nunca abandonó a Judas, y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello. Quién puede decir lo que pasó por su mente en los últimos instantes».

«De nadie sabe la Iglesia que esté ciertamente en el Infierno, ni siquiera Judas«, proclamó Cantalamessa, quien sí incidió en que «la historia de nuestro hermano Judas nos tiene que llevar a rendirnos a quien nos pide el perdón, y a ponernos en los brazos abiertos del crucificado. No es la traición, sino la respuesta de Jesús a la traición. Él sabía bien lo que iba a hacer, pero no lo expone: quiere darle la posibilidad hasta el final de dar marcha atrás. Sabe a qué ha venido, pero ni siquiera rechaza su beso».

Cuando Jesús dice en la cruz, «Jesús perdónales porque no saben lo que hacen», no excluye a Judas, su traidor. «¿Qué haremos pues nosotros, hermanos y hermanas, en este día? ¿A quién seguiremos? ¿A Judas o a Pedro? Pedro tuvo el remordimiento, pero también Judas lo tuvo. ¿Dónde está la diferencia? En una sola cosa: Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, Judas no. El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia. Si lo hemos imitado en la traición, no lo imitemos en la falta de confianza».

Esta es la predicación íntegra del padre Cantalamessa:

«ESTABA TAMBIÉN CON ELLOS JUDAS, EL TRAIDOR»

Dentro de la historia divino-humana de la pasión de Jesús hay muchas pequeñas historias de hombres y de mujeres que han entrado en el radio de su luz o de su sombra. La más trágica de ellas es la de Judas Iscariote. Es uno de los pocos hechos atestiguados, con igual relieve, por los cuatro evangelios y por el resto del Nuevo Testamento. La primitiva comunidad cristiana reflexionó mucho sobre el asunto y nosotros haríamos mal a no hacer lo mismo. Tiene mucho que decirnos.

Judas fue elegido desde la primera hora para ser uno de los doce. Al insertar su nombre en la lista de los apóstoles, el ‘evangelista Lucas escribe: «Judas Iscariote que se convirtió (egeneto) en el traidor» (Lc 6, 16). Por lo tanto, Judas no había nacido traidor y no lo era en el momento de ser elegido por Jesús; ¡llegó a serlo! Estamos ante uno de los dramas más sombríos de la libertad humana.

¿Por qué llegó a serlo? En años no lejanos, cuando estaba de moda la tesis del Jesús «revolucionario», se trató de dar a su gesto motivaciones ideales. Alguien vio en su sobrenombre de «Iscariote» una deformación de «sicariote», es decir, perteneciente al grupo de los zelotas extremistas que actuaban como «sicarios» contra los romanos; otros pensaron que Judas estaba decepcionado por la manera en que Jesús llevaba adelante su idea de «reino de Dios» y que quería forzarle para que actuara también en el plano político contra los paganos. Es el Judas del célebre musical «Jesucristo Superstar» y de otros espectáculos y novelas recientes. Un Judas que se aproxima a otro célebre traidor del propio bienhechor: ¡Bruto que mató a Julio César para salvar la República!

Son todas construcciones que se deben respetar cuando revisten alguna dignidad literaria o artística, pero no tienen ningún fundamento histórico. Los evangelios -las únicas fuentes fiables que tenemos sobre el personaje- hablan de un motivo mucho más a ras de tierra: el dinero. A Judas se le confió la bolsa común del grupo; con ocasión de la unción de Betania había protestado contra el despilfarro del perfume preciosos derramado por María sobre los pies de Jesús, no porque le importaran de pobres -hace notar Juan-, sino porque «era un ladrón y, puesto que tenía la caja, cogía lo que echaban dentro» (Jn 12,6). Su propuesta a los jefes de los sacerdotes es explícita: «¿Cuanto estáis dispuestos a darme, si os lo entrego? Y ellos fijaron treinta siclos de plata» (Mt 26, 15).

 Pero ¿por qué extrañarse de esta explicación y encontrarla demasiado banal? ¿Acaso no ha sido casi siempre así en la historia y no es todavía hoy así? Mammona, el dinero, no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia; literalmente, «el ídolo de metal fundido» (cf. Éx 34,17). Y se entiende el porqué. ¿Quién es, objetivamente, si no subjetivamente (es decir en los hechos, no en las intenciones), el verdadero enemigo, el competidor de Dios, en este mundo? ¿Satanás? Pero ningún hombre decide servir, sin motivo, a Satanás. Quién lo hace, lo hace porque cree obtener de él algún poder o algún beneficio temporal. Jesús nos dice claramente quién es, en los hechos, el otro amo, al anti-Dios: «Nadie puede servir a dos amos: no podéis servir a Dios y a Mammona» (Mt 6,24). El dinero es el «Dios visible», a diferencia del Dios verdadero que es invisible.

Mammona es el anti-dios porque crea un universo espiritual alternativo, cambia el objeto a las virtudes teologales. Fe, esperanza y caridad ya no se ponen en Dios, sino en el dinero. Se opera una siniestra inversión de todos los valores. «Todo es posible para el que cree», dice la Escritura (Mc 9,23); pero el mundo dice: «Todo es posible para quien tiene dinero». Y, en un cierto nivel, todos los hechos parecen darle la razón.

«El apego al dinero -dice la Escritura- es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Detrás de cada mal de nuestra sociedad está el dinero o, al menos, está también el dinero. Es el Moloch de bíblica memoria, al que se le inmolaban jóvenes y niñas (cf. Jer 32,35), o el dios Azteca, al que había que ofrecer diariamente un cierto número de corazones humanos. ¿Qué hay detrás del comercio de la droga que destruye tantas vidas humanas, detrás del fenómeno de la mafia y de la camorra, la corrupción política, la fabricación y el comercio de armas, e incluso -cosa que resulta horrible decir- a la venta de órganos humanos extirpados a niños? Y la crisis financiera que el mundo ha atravesado y este país aún está atravesando, ¿no es debida en buena parte a la «detestable codicia de dinero», la auri sagrada fames, por parte de algunos pocos? Judas empezó sustrayendo algún dinero de la caja común. ¿No dice esto nada a algunos administradores del dinero público?

Pero, sin pensar en estos modos criminales de acumular dinero, ¿no es ya escandaloso que algunos perciban sueldos y pensiones cien veces superiores a los de quienes trabajan en sus dependencias y que levanten la voz en cuanto se apunta la posibilidad de tener que renunciar a algo, de cara a una mayor justicia social?

En los años 70 y 80, para explicar, en Italia, los repentinos cambios políticos, los juegos ocultos de poder, el terrorismo y los misterios de todo tipo que afligían a la convivencia civil, se fue afirmando la idea, casi mítica, la existencia de un «gran Anciano»: un personaje espabiladísmo y poderoso, que por detrás de los bastidores habría movido fila los hilos de todo, para fines que sólo él conocía. Este «gran Anciano» existe realmente, no es un mito; ¡se llama Dinero!

Como todos los ídolos, el dinero es «falso y mentiroso»: promete la seguridad y, sin embargo, la quita; promete libertad y, en cambio, la destruye. San Francisco de Asís describe, con una severidad inusual en él, el final de una persona que vivió sólo para aumentar su «capital». Se aproxima la muerte; se hace venir al sacerdote. Éste pide al moribundo: «¿Quieres el perdón de todos tus pecados?» , y él responde que sí. Y el sacerdote: «Estás dispuesto a satisfacer los errores cometidos, devolviendo las cosas que has estafado a otros?» Y él: «No puedo». «¿Por qué no puedes?» «Porque ya he dejado todo en manos de mis parientes y amigos». Y así él muere impenitente y apenas muerto los parientes y amigos dicen entre sí: «¡Maldita alma la suya! Podía ganar más y dejárnoslo, y no lo ha hecho!»

Cuántas veces, en estos tiempos, hemos tenido que repensar ese grito dirigido por Jesús al rico de la parábola que había almacenado bienes sin fin y se sentía al seguro para el resto de la vida: «Insensato, esta misma noche se te pedirá el alma; y lo que has preparado, ¿de quién será?» (Lc 12,20)! Hombres colocados en puestos de responsabilidad que ya no sabían en qué banco o paraíso fiscal almacenar los ingresos de su corrupción se encontraron en el banquillo de los imputados, o en la celda de una prisión, precisamente cuando estaban para decirse a sí mismos: «Ahora gózate, alma mía». ¿Para quién lo han hecho? ¿Valía la pena? ¿Han hecho realmente el bien de los hijos y la familia, o del partido, si es eso lo que buscaban? ¿O más bien se han arruinado a sí mismos y alos demás?

La traición de Judas continua en la historia y el traicionado es siempre él, Jesús. Judas vendió al jefe, sus imitadores venden su cuerpo, porque los pobres son miembros de Cristo, lo sepan o no. «Todo lo que hagáis con uno solo de estos mis hermanos más pequeños, me lo habéis hecho a mí» (Mt 25,40). Pero la traición de Judas no continúa sólo en los casos clamorosos que he mencionado. Pensarlo sería cómodo para nosotros, pero no es así. Ha permanecido famosa la homilía que tuvo en un Jueves Santo don Primo Mazzolari sobre «Nuestro hermano Judas». «Dejad -decía a los pocos feligreses que tenía delante-, que yo piense por un momento al Judas que tengo dentro de mí, al Judas que quizás también vosotros tenéis dentro».

Se puede traicionar a Jesús también por otros géneros de recompensa que no sean los treinta denarios de plata. Traiciona a Cristo quien traiciona a su esposa o a su marido. Traiciona a Jesús el ministro de Dios infiel a su estado, o quien, en lugar de apacentar el rebaño que se la confiado se apacienta a sí mismo. Traiciona a Jesús todo el que traiciona su conciencia. Puedo traicionarlo yo también, en este momento -y la cosa me hace temblar- si mientras predico sobre Judas me preocupo de la aprobación del auditorio más que de participar en la inmensa pena del Salvador. Judas tenía un atenunante que yo no tengo. Él no sabía quién era Jesús, lo consideraba sólo «un hombre justo»; no sabía que era el hijo de Dios, como lo sabemos nosotros.

Como cada año, en la inminencia de la Pascua, he querido escuchar de nuevo la «Pasión según san Mateo», de Bach. Hay un detalle que cada vez me hace estremecerme. En el anuncio de la traición de Judas, allí todos los apóstoles preguntan a Jesús: «¿Acaso soy yo, Señor?» «Herr, bin ich’s?» Sin embargo, antes de escuchar la respuesta de Cristo, anulando toda distancia entre acontecimiento y su conmemoración, el compositor inserta una coral que comienza así: «¡Soy yo, soy yo el traidor! ¡Yo debo hacer penitencia!», «Ich bin’s, ich sollte büßen». Como todas las corales de esa ópera, expresa los sentimientos del pueblo que escucha; es una invitación para que también nosotros hagamos nuestra confesión del pecado.

 El Evangelio describe el fin horrible de Judas: «Judas, que lo había traicionado, viendo que Jesús había sido condenado, se arrepintió, y devolvió los treinta siclos de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, diciendo: He pecado, entregándoos sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿Qué nos importa? Ocúpate tú. Y él, arrojados los siclos en el templo, se alejó y fue a ahocarse» (Mt 27, 3-5). Pero no demos un juicio apresurado. Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios. ¿Quién puede decir lo que pasó en su alma en esos últimos instantes? «Amigo», fue la última palabra que le dirigió Jesús y él no podía haberla olvidado, como no podía haber olvidado su mirada.

Es cierto que, hablando de sus discípulos, al Padre Jesús había dicho de Judas: «Ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición» (Jn 17,12), pero aquí, como en tantos otros casos, él habla en la perspectiva del tiempo no de la eternidad; la envergadura del hecho basta por sí sola, sin pensar en un fracaso eterno, para explicar la otra tremenda palabra dicha de Judas: «Mejor hubiera sido para ese hombre no haber nacido» (Mc 14,21). El destino eterno de la criatura es un secreto inviolable de Dios. La Iglesia nos asegura que un hombre o una mujer proclamados santos están en la bienaventuranza eterna; pero de nadie sabe ella misma que esté en el infierno.

Dante Alighieri, que, en la Divina Comedia, sitúa a Judas en lo profundo del infierno, narra la conversión en el último instante de Manfredi, hijo de Federico II y rey de Sicilia, al que todos en su tiempo consideraban condenado porque murió excomulgado Herido de muerte en batalla, él confía al poeta que, en el último instante de vida, se rindió llorando a quien «perdona de buen grado» y desde el Purgatorio envía a la tierra este mensaje que vale también para nosotros:

Abominables mis pecados fueron
mas tan gran brazo tiene la bondad
infinita, que acoge a quien la implora .

He aquí a lo que debe empujarnos la historia de nuestro hermano Judas: a rendirnos a aquel que perdona gustosamente, a arrojarnos también nosotros en los brazos abiertos del crucificado. Lo más grande en el asunto de Judas no es su traición, sino la respuesta que Jesús da. Él sabía bien lo que estaba madurando en el corazón de su discípulo; pero no lo expone, quiere darle la posibilidad hasta el final de dar marcha atrás, casi lo protege. Sabe a lo que ha venido, pero no rechaza, en el huerto de los olivos, su beso helado e incluso lo llama amigo (Mt 26,50). Igual que buscó el rostro de Pedro tras la negación para darle su perdón, ¡quién sabe como habrá buscado también el de Judas en algún momento de su vía crucis! Cuando en la cruz reza: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), no excluye ciertamente de ellos a Judas.

¿Qué haremos, pues, nosotros? ¿A quién seguiremos, a Judas o a Pedro? Pedro tuvo remordimiento de lo que había hecho, pero también Judas tuvo remordimiento, hasta el punto que gritó: «¡He traicionado sangre inocente!» y restituyó los treinta denarios. ¿Dónde está, entonces, la diferencia? En una sola cosa: Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, ¡Judas no! El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia.

Si lo hemos imitado, quien más quien menos, en la traición, no lo imitemos en esta falta de confianza suya en el perdón. Existe un sacramento en el que es posible hacer una experiencia segura de la misericordia de Cristo: el sacramento de la reconciliación. ¡Qué bello es este sacramento! Es dulce experimentar a Jesús como maestro, como Señor, pero aún más dulce experimentarlo como Redentor: como aquel que te saca fuera del abismo, como a Pedro del mar, que te toca, como hizo con el leproso, y te dice: «¡Lo quiero, queda curado!» (Mt 8,3).

La confesión nos permite experimentar sobre nosotros lo que la Iglesia canta la noche de Pascua en el Exultet: «Oh, feliz culpa, que mereció tal Redentor!» Jesús sabe hacer, de todas las culpas humanas, una vez que nos hemos arrepentidos, «felices culpas», culpas que ya no se recuerdan si no por haber sido ocasión de experiencia de misericordia y de ternura divinas!

Tengo un deseo que hacerme y haceros a todos, Venerables Padres, hermanos y hermanas: que la mañana de Pascua podamos levantarnos y oír resonar en nuestro corazón las palabras de un gran converso de nuestro tiempo:

«Dios mío, he resucitado y estoy aún contigo!
Dormía y estaba tumbado como un muerto en la noche.
Dijiste: «¡Hágase la luz! ¡Y yo me desperté como se lanza un grito! […]
Padre mío que me has generado antes de la aurora, estoy en tu presencia.
Mi corazón está libre y la boca pelada, cuerpo y espíritu estoy en ayunas.
Estoy absuelto de todos los pecados, que confesé uno a uno.
El anillo nupcial está en mi dedo y mi rostro está limpio.
Soy como un ser inocente en la gracia que me has concedido».

Este puede hacer de nosotros la Pascua de Cristo.

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La Pasión Gay de Jesucristo, en imágenes

domingo, 20 de abril de 2014
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passion-book-img13-zHabréis visto  que algunas veces he utilizado estas imágenes en el blog, hoy, en Ragap  las recuerda al completo y podéis contemplar toda la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo desde una visión GLTB, pinchando en el enlace que añadimos al final.

Jesús como un gay joven de hoy en día en una ciudad moderna, abucheado por los fundamentalistas, juzgado por el poder religioso, torturado y vejado por los soldados, muerto y resucitado, en la comida de Emmaus partiendo el pan…. Esto es lo que plantea la artista Kittredge Cherry en “La Pasión de Cristo: Una Mirada Gay”.

La muestra introduce preguntas clásicas del cristianismo Si Jesús regresara hoy, ¿Sería crucificado (asesinado) de nuevo? ¿Podríamos incluso reconocerlo? ¿Estaría del lado de los gays como estuvo al lado de las prostitutas, los desheredados y los perseguidos?
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Kittredge Cherry se apropia de la iconografía cristiana para conjugarla con una estética impregnada de homoerotismo pero su objetivo no está en la provocación. Aunque la misma idea de la exposición pueda parecer sacrílega y blasfema a ojos de los extremistas, la muestra no es más que otra representación de un crimen que ha marcado la historia de las religiones.
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Y como tal habla del sufrimiento como camino hacia la libertad. Cada imagen va acompañada de un breve ensayo sobre el significado y la historia del pasaje de la Biblia. Nos recuerda, en suma, el ciclo continuo de la violencia humana , e incluso que Jesús, su mensaje, no pertenece a una época en particular, ni a ningún grupo que se arrogue la exclusiva de su representación.
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Puede ver AQUÍ las 24 imágenes que componen esta muestra.
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Biblia, Cristianismo (Iglesias), Homofobia/ Transfobia.

Sábado Santo… en silencio ante el Señor.

sábado, 19 de abril de 2014
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© Carmelo Blazquez 2013*

(Fotografía de Carmelo Blazquez)

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte hasta que con su resurrección se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

Hombre en Soledad

 Contigo vengo, Dios, porque estás solo
en soledad de soledades prieta.
Conmigo vengo a Ti, porque estoy solo,
sintiendo por el pecho un mar de pena.
Qué tristeza me das, Dios, Dios, sin nadie
que te descanse, Dios, de tu grandeza,
que te descanse de ser Dios, sin nada
que te pueda inquietar o te comprenda.
Qué tristeza me doy, perdido en todo,
y todo mudo, tan lejano y cerca,
cada vez más presente ante mis ojos
en un mutismo que no se revela,
con el corazón loco por saberte,
preguntando en la noche que se adensa.
Con voz de espadas clamo por mi sangre,
rebusco con mis manos en la tierra
y escarbo en mi cerebro con mis ansias.
Y silencio, silencio, mudez tensa.
Dios, pobre mío, todo lo conoces.
Para Ti todo ha sido: nada esperas.
Hasta lo que me duele y no me encuentro
Tú lo conoces ya, porque en mí piensas.
Yo no conozco nada, Dios, y tengo
socavones de amor llenos de inquietas,
oscuras criaturas que me gritan
palabras, no sé dónde, que me queman,
preguntas que me tuercen y retuercen,
sábana viva chorreando estrellas.
Qué compasión me tengo, Dios, pequeño
llamando siempre a la inmutable puerta
con las palmas sangrando, a la intemperie
de mis luces y dudas y tormentas.
Qué compasión te tengo, Dios, tan solo,
siempre despierto, siempre Dios, alerta,
sin un pecho bastante, Dios, Dios mío,
que ofrezca su descanso a tu cabeza.
Cómo me dueles, Dios. Cómo me dueles,
herido por la angustia que te llena,
sin poder descansarte, sin caberte
en mis entrañas ni aun en mis ideas.
No puedo más Contigo, que me rompes
creciendo por mi dentro y por mi fuera,
cercándome, estrechándome, ahogándome,
dejando, sin saberlo, en mí tu huella.
Y soy hombre, Señor. Soy todo caspa
de angustiosa esperanza contrapuesta,
arcilla informe de reseco olvido,
quizá, capricho de tu indiferencia.
Señor, qué solo estás. Cómo estoy solo,
yo con mi carga insoportable a cuestas.
Tú, con todo y sin nada —(¡todo, nada! —
más que Tú, Dios perdido en tu grandeza,
muerto de sed de amor de algo supremo,
Dios, algo que te alegre y que te encienda.
Sin nada superior a Ti creado,
mi voz alzada al límite no llega
a rumor que resbale por tus sienes,
a brisa en tus oídos, que se secan
de no oír desde nunca una palabra
que antes de estar en hombre no supieras,
pobre Creador, Dios mío sin sosiego,
preso en tu creación, en diferencia.
A Ti vengo, Señor, porque estoy solo,
a veces aun sin mí. Pero no temas,
Señor que has puesto en mí necesidades
sin darme el modo de satisfacerlas.
Perplejo, recomido de inquietudes,
de Ti tengo dolor; de mí, conciencia
de ser como no quiero: ser inútil,
vana palabra, humana ventolera
con sabor de cenizas y de ortigas
clavándome alfileres en la lengua,
y un huracán de vida por la carne
que no ha encontrado carne que florezca.
Versos, versos, mas versos, siempre versos,
¿y para qué, Dios mío? Dentro queda
una fuente de llanto sofocado
minándome la hirviente calavera,
sin encontrar salida a la congoja
cada vez más patente. Y todo niebla.
Contigo vengo, Dios, porque estoy solo;
me huyes cada vez, más te me alejas.
¿No tienes qué decirme, Dios, qué darme?
¿No ves, Señor, no ves, Dios, cómo tiembla
este vaho que se alza de mi vida,
hierbecilla perdida que se hiela?
Encallece mi alma, Dios. Haz dura
la mano y la mirada: hazme de piedra.
Quítame el sentimiento que me escuece.
Borra, Señor, con sol, mi inteligencia.
Déjame en paz, en flor, en roca, en árbol,
en muda, resignada, dulce bestia
caminante con ritmo y sin sentido
por un mundo de instintos e inocencia,
o dame con la luz aquel sosiego
original del prado que apacientas

*

Ramón de Garciasol, Hombre en soledad,

***

 

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Más allá de todo …

sábado, 19 de abril de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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«No estamos allí para mecernos unos otros, sino para despertarnos juntos, para despertar en nosotros la Memoria adormecida de la Alianza fundadora de nuestro ser, preguntarnos cómo acceder de nuevo a lo que es.

El amor decorado, el amor que embellece las apariencias, que recubre lo que no es presentable – el revoque in extremis de la fachada social – no es el amor. El «amor» o lo que creemos nosotros que es el amor, antes de que se hubiera efectuado la agarrada, la fricción, el cuerpo a cuerpo con la creación, la lucha con el ángel, la confrontación con la sombra que nos habita, aquel amor es sólo el reino del sentimentalismo.

Lo que llamo amor está entero en esta frase de un rabino superviviente de un campo de la muerte: «El sufrimiento calcinó todo, totalmente consumido en mí, salvo el amor. « Si esta frase nos alcanza con toda su fuerza, es porque sentimos cuán lejos  estamos de las representaciones, lejos del decoro del alma. El amor es lo que queda cuando no queda nada más. Todos tenemos esta memoria en el fondo de nosotros mismos cuando, más allá de nuestros fracasos, más allá de nuestras separaciones, de las palabras a las cuales sobrevivimos, sube del fondo de la noche como un canto apenas audible, la seguridad de que más allá de los desastres de nuestras biografías, que incluso más allá de la alegría, de la pena, del nacimiento y de la muerte, existe un espacio al que nada amenaza, que nada jamás amenazó y que no incurre en ningún riesgo de destrucción, un espacio intacto, el del amor que fundó  nuestro ser. «

*

Christiane Singer

***

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¿Hubo un solo Cristiano, y ése murió en la Cruz (Sábado Santo)?

sábado, 19 de abril de 2014
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1623688_275679805942552_3583716925642603531_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ésta es una de las frases más famosas sobre Jesús, y la escribió F. Nietzsche en su Der Anti-Christ (El Anticristiano, mejor que El Anticristo), frase que bien leída podría convertirse en una apología de Cristo, en este comienzo del siglo XXI.

Murió un Viernes preguntando: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?, y así hizo suyo el grito de la humanidad entera. Pero desde tiempo antiguo muchos cristianos han pensado que ese grito decía: ¡Iglesia mía, Iglesia mía! ¿por qué me has abandonado?

Más que abandono de Dios habría, según eso, un abandono de la iglesia, que parece haberse olvidado de Jesús, convirtiendo su evangelio en un sistema de creencias, o en un simple folclore, como sigue diciendo una pintada de azul, que apareció al comienzo de esta semana (15.4.14), en el gran pórtico de San Trokas/Torcuato de Abadiño. El grafito decía y dice:

Kristautasune ezin leike teoria ona izan, iñok ez dau ta praktikara erueten
(El Cristianismo no puede ser buena teoría, pues nadie lo ha practicado)

.
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Su mensaje se parece al de Nietzsche. Más que a Cristo critica a los cristianos o, mejor dicho, a un cristianismo interpretado como “teoría sacral o eclesial”, en el pórtico de una Iglesia significativa de Euskadi, como lema de Semana Santa.

Éste me parece un tiempo bueno para meditar en su sentido, en este hondo tiempo vacío de liturgia cristiana, lleno de interrogantes y promesas, que va de la Celebración del Viernes Santo (de la que venimos) a la gran Vigilia Pascual (a la que iremos mañana a la noche). Buen día a todos.

Una pintada distinta, en tierra de pintadas

Mi tierra (Euskadi) ha sido en los últimos cincuenta años un “paraíso” de pintadas, pero ésta es distinta. Así me escribió el pasado martes mi hermano Natxo:

“En mis 64 largos años es la primera llamada de atención mediante el sistema de “pintada o grafito” que he visto respeto a la práctica del cristianismo en nuestro entorno… Es curioso puesto que en el campo político es uno de los sistemas de comunicación más habitual. El grafito ha aparecido esta mañana 15 de Abril del 2014 en el pórtico de la iglesia parroquial de Abadiño. Los cada día menos cristianos/católicos practicantes alguna o mucha responsabilidad debemos de tener, dado que la mayoría de nuestros hijos y familiares han dejado de practicar esta religión. Te adjunto unas fotos…”.

Este “sistema” de pintadas “anticristianas” es muy antiguo, pues quizá el primer testimonio gráfico cristiano que conservamos es un burro crucificado del siglo II d.C., que apareció en un cuartel romano del Palatino, representando a un cristiano llamado, al parecer, Alexamenos, a quien un soldado listo comparó con el Cristo/Burro.

Nuestro grafitero de Abadiño (hijo y nieto de cristianos) ya no compara a los creyentes que celebran la Semana Santa en su iglesia con “burros orejudos tontos y además crucificados”, sino que les presenta (quizá con pena) como farsantes listos, que han construido grandes iglesias, con pórticos inmensos (hechos para jugar de niños, como hacíamos nosotros allí mismo, hace sesenta año, o para celebrar juntas de mayores, tras la misa)…

Pues bien, esos pórticos de iglesia parecen haber quedado vacíos de niños y de cristianismo…. Nadie ha cumplido el mensaje de Jesús, dice el grafito, no puede ser verdad, sigue diciendo. ¿Quién ha hecho mal las cosas, comenta mi hermano? ¿Qué puede decirse ante ese dato? Hay, al menos, tres posibilidades que debemos meditar estos días:

‒ ¿Ha hecho mal el grafitero al escribir esta leyendo en el atrio de la Iglesia, para que la lean todos los que pasan a celebrar el Jueves, Viernes y Sábado Santo? La respuesta estaría en mandar al alguacil o al policia, encontrar al culpable y meterlo por un tiempo en la cárcel, por manchar iglesias.

‒ ¿Hemos hecho mal los cristianos de Iglesia por ser incapaces de decir lo buenos que somos? Sería un problema de trasmisión de la fe o, mejor dicho, de vida cristiana. Nuestros antepasados, hace cuatro o cinco siglos, elevaron inmensas iglesias con pórticos para ferias, reuniones y juegos, mostrando así que eran buenos cristianos. Nosotros ya no sabemos decir lo que somos, si es que somos de verdad cristianos.

‒ ¿O el problema es, de verdad, que ya no practicamos el cristianismo, que nunca lo hemos practicado, que hemos camuflado a Jesús desde el principio? Así podríamos pensar con F. Nietzsche que “hacemos” misas y organizamos procesiones precisamente para olvidarnos de Jesús.

Una cuestión que planteaba F. Nietzsche

Esa cuestión del grafito de Abadiño 2014 no la planteó sólo Nietzsche, sino que había sido elevada de mil formas en toda la Edad Moderna. Recuerdo sólo dos ejemplos importantes, para citar al fin su texto:

M. Lutero, el gran cristiano reformador (al que cita Nietzsche en su texto)… tiene una visión semejante, pues al hablar del Sermón de la Montaña afirma que su doctrina (no juzgar, perdonar al enemigo, poner la otra mejilla, no exigir el pago de las deudas…) no puede cumplirse. Entonces ¿por qué dijo Jesús esas cosas?.

‒ Porque las cumplió él por nosotros, y eso era suficiente. Sólo Jesús fue de verdad cristiano.
‒ Nosotros, los demás, sólo somos cristianos “por fe y por humildad”. Creemos que lo Jesús hizo y dijo es verdad; sabemos que no podemos cumplirlo, y así (al escuchar esas palabras) nos humillamos y pedimos perdón a Dios.
‒ Eso significa que para Lutero y para un tipo de Reforma protestante, en el fondo, el cristianismo de verdad es imposible. Por eso tenemos que dejar este mundo en manos de los “poderes fácticos”, que no son cristianos.

F. Dostoiewsky, cristiano de gran fuerza (al que Nietzsche tiene presente en esa cita) piensa (y así lo dice en el poema del Gran Inquisidor), que la iglesia católica (precisamente la de Sevilla, que ahora está sacando a sus vírgenes y cristos por la calle) ha optado por seguir al Diablo, en vez de a Jesús. Lo que Jesús hizo y dijo es imposible de cumplir, y por eso le mataron. Jesús fue en el fondo el único cristiano. Entonces ¿qué ha pasado?

‒ Los demás, la Iglesia católica, hemos seguido hablando de Jesús, y diciendo que cumplimos sus mandamientos y ejemplos, según el Sermón de la Montaña, pero en la práctica hemos dejado nuestra vida en manos del Diablo (representado por el Gran Inquisidor).
‒ Eso significa que el Diablo domina y dirige de hecho este mundo. Las iglesias han sido buenas, para tener domada a la gente, en tiempos en que era necesaria la doma… pero ahora deben cambiar, si quieren seguir a Jesús.

Éste es el reto del grafito de Abadiño

Yo que no soy Lutero, ni Dostoiewsky (ni Nietzsche), pienso que ese grafito es bueno, engañoso y exigente, al mismo tiempo:

‒ En un sentido es verdad lo que dice el grafito. Hablando con toda sinceridad, en este Viernes Santo, al situarnos ante la Cruz de Jesús, debemos confesarnos pecadores, como quería Lutero. De un modo u otro, todos los cristianos hemos abandonado a Jesús, hemos dejado sólo al Hijo de Dios, que no ha venido para castigarnos, sino para morir por (con) nosotros.

‒ En otro sentido, ese grafito en engañoso, pues desde Jesús hasta el día de hoy han existido cientos y miles de cristianos que han querido seguirle y le han seguido, dando la vida por los demás, de un modo generoso, perdonando, amando. Ese grafitero tiene los ojos ciegos si no sabe o no quiere ver todo el germen de humanidad que ha sembrado y sigue sembrando la iglesia de Jesús.

‒ Finalmente, ese grafito es muy exigente, no para los otros, sino para nosotros, los cristianos, como muestra el mismo Dostoiewsky en su poema del Gran Inquisidor, que es un canto al verdadero cristianismo que vive del perdón y de la libertad, el cristianismo del Cristo que sigue caminando (curando, animando, queriendo…) por las calles de la misma Sevilla, sin que los inquisidores de turno puedan apagar su voz.

Una reflexión final

Quiero dejar para el final el texto entero de F. Nietzsche, que es una de las mayores alabanzas que conozco a Cristo y a los verdaderos cristianos, el año 1885, cuando él pensó que empezaba la nueva era de la humanidad:

a. Lo propio del cristianismo no es una teoría sobre Dios, ni un tipo de fe puramente interior, sino una forma de vida gozosa y arriesgada: únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano”. Ante el reto de esa práctica seguimos, un día como hoy, nosotros los cristianos.

b. El cristianismo es posible y necesario hoy, como sigue diciendo el mismo Nietzsche, con una inconsecuencia (¿?) genial: “Aun hoy, tal vida (como la de Jesús) es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo”. No se trata por tanto de hacer muchas cosas, sino de ser de otra manera.

c. Voy a dejar para el final la cita entera de Nietzsche. Pero antes quiero dar grafitero de Abadiño, pueblo de mi infancia. En ese portal jugué a la pelota o al fútbol en tardes de lluvia (cuando frontón y plaza estaban mojados…). Por allí entré a la Iglesia muchas veces… Por eso me parece bueno que los que vayan a pasar mañana para la vigilia pascual lean lo allí dicho con humor y con amor. Un buen grafito no tiene por qué ser verdadero en su forma externa, pero debe ser provocador. Y éste me ha provocado.

d) Hasta el día de pascua os dejo a todo, con este grafito, dando gracia a Natxo por haberlo fotografiado y mandado. Sigue parte del texto de Nietzsche.

F. Nietzsche, El Anticrist(ian)o 39

Retrocedamos y contemos la verdadera historia del cristianismo.

Ya la palabra cristiano es un equivoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y éste murió en la cruz. El Evangelio murió en la cruz. Lo que a partir de aquel momento se llamó evangelio era lo contrario de lo que él vivió; una mala nueva, un Dysangelium. Es falso hasta el absurdo ver la característica del cristiano en una fe, por ejemplo, en la fe de le redención por medio de Cristo; únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano

Aun hoy, tal vida es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo … Los estados de conciencia, por ejemplo, una fe, un tener por verdadero -toda sicología sobre este punto- son perfectamente indiferentes y de quinto orden, comparados con los valores de los instintos; hablando más rigurosamente, toda la noción de causalidad espiritual es falsa.

Reducir el hecho de ser cristianos, la cristiandad, al hecho de tener una cosa por verdadera, a un simple fenomenalismo de la conciencia, significa negar el cristianismo. En realidad, jamás hubo cristianos. El cristiano es simplemente una psicológica incomprensión de sí mismo. Si mira mejor en él verá que, a despecho de toda fe, dominan simplemente los instintos, ¡y qué instintos!

La fe fue en todos los tiempos, por ejemplo, en Lutero, sólo una capa, un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollaban su juego; una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos … le fe -ya la he llamado yo la verdadera habilidad cristiana-: se habló siempre de fe, se obró siempre por sólo el instinto … En el mundo cristiano de las ideas no se presenta nada que tanto desflore la realidad; por el contrario, en el odio instintivo contra toda realidad reconocemos el único elemento impelente en la raíz del cristianismo. ¿Qué es lo que se sigue de aquí? Se sigue que también in psychologysis el error es radical, o sea determinante de la esencia, o sea de la sustancia.

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«El crucifijo más antiguo», por José María Castillo, teólogo.

sábado, 19 de abril de 2014
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2344985497_3422904de8De su blog Teología sin Censura:

Una de las cosas más complicadas, que entraña el cristianismo, está en saber y precisar debidamente cómo debemos los cristianos expresar la fe, el respeto y las exigencias que lleva consigo el recuerdo y la imagen de Jesús crucificado. De sobra sabemos que la cruz, el instrumento de muerte infamante en el que mataron a Jesús, se ha utilizado – y se sigue utilizando – para los fines más diversos: imagen de piedad y devoción, adorno de paredes y edificios, símbolo de identidad de una confesión religiosa, signo de autoridad y poder, ornato de bisutería y joyería, condecoración para personas importantes y tantas cosas más que quizá ni nos imaginamos.

Este nudo de cosas tan heterogéneas, y hasta tan contradictorias, resulta perfectamente comprensible. Baste pensar que, según la fe cristiana, en una cruz (lo más degradante que se ha inventado) murió Dios (lo más excelso, tan excelso que nos trasciende a los humanos). Y esa fusión de lo que (según la humana razón) no se puede fusionar, se realizó de forma que aquello no fue, ni pudo ser, un rito religioso, sino la ejecución de un delincuente. Así fue, si nos atenemos al hecho histórico. Otra cosa es la interpretación que le dio a ese hecho el apóstol Pablo, al afirmar que la muerte de Cristo fue un “sacrificio” y una “expiación” por nuestros pecados (1 Cor 5, 7; Rom 5, 9-11; Ef 5, 2). Pero la realidad es tozuda. La muerte de Jesús fue lo que fue, en aquella sociedad: la ejecución legal de un hombre “peligroso”, asesinado entre dos “lestaí” (Mc 15, 27 par), una palabra que, según el historiador F. Josefo, se utilizaba para designar a los “rebeldes” al orden establecido.

Por eso los cristianos primitivos no se atrevieron nunca ni a pintar cruces y crucifijos. Hubiera sido una provocación decir, en aquellos tiempos, que se veneraba a un “dios crucificado”. El crucifijo más antiguo que se conoce fue descubierto en 1856, en un sótano de las ruinas del viejo palacio del emperador Augusto. Lo que se encontró fue un “graffiti” (datado en torno al año 200) que representa a un hombre delante de una cruz en la que está crucificado un hombre desnudo con cabeza de burro. Y debajo, con grandes letras, una burla que dice en griego: “Alesamenos sebete Theon”, que significa “Alejandro adora a Dios”.

Esto fue escrito, si duda, por un irrespetuoso empleado del palacio imperial, que así se burlaba de los cristianos que empezaban a hacerse notar en Roma. La figura es indignante para quienes veneramos, con respeto y sentimientos de devoción, la imagen de Jesús crucificado. Pero confieso que a mí me indigna, tanto o no sé si más aún, que aquel subversivo del poder y la ostentación, que fue Jesús, se vea hoy representado, con oro y pedrería de gran lujo, para lucimiento de gentes sin escrúpulos, que ostentan así su vanidad, su prepotencia, su codicia o su ambición. Y lo peor de todo es que, con demasiada frecuencia, estos sentimientos se lucen a costa del dolor y la vergüenza de los más desamparados. ¿Y nos quejamos de que las cosas estén como están? ¿Es que nos hemos empeñado en hacer del fracaso de Jesús el triunfo del cristianismo? Y lo peor de todo es cuando vemos las cosas más disparatadas como lo más natural del mundo. Entonces es cuando yo empiezo a temer en serio que esto no tiene remedio.

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«Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro Señor Jesucristo», por Leonardo Boff, teólogo.

viernes, 18 de abril de 2014
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jesus-cheLeído en Koinonia:

Cambian los clavos, otros son los verdugos; la víctima sigue siendo la misma: Cristo que es crucificado y agoniza en los pobres, oprimidos y pequeños. ¿Cómo denunciar hoy los verdugos? ¿Cómo alertar a la «turbamulta» que es, en su inconsciencia, seducida y manipulada por la destreza de las raposas de este mundo? ¿Cómo traducir, en la predicación, la primacía paulina de la sabiduría de la cruz?

Inicialmente es preciso ampliar nuestra comprensión de cruz y de muerte. Muerte no es solamente el último momento de la vida. Es la vida toda que va muriendo, limitándose, hasta sucumbir en un límite último. Por esto preguntar: ¿Cómo murió Cristo? equivale a preguntar: ¿Cómo vivió? ¿Cómo asumió los conflictos de la vida? ¿Cómo acogió el caminar de la vida que va hasta terminar de morir? Él asumió la muerte en el sentido de haber asumido todo lo que trae la vida: alegrías y tristezas, conflictos y enfrentamientos, por causa de su mensaje y de su vida.

Algo semejante vale para la cruz. Cruz no es solamente el madero. Es la corporificación del odio, de la violencia y del crimen humanos. Cruz es aquello que limita la vida (las cruces de la vida), que hace sufrir y dificulta el andar, por causa de la mala voluntad humana (cargar la cruz de cada día). ¿Cómo soportó Cristo la cruz? No buscó la cruz por la cruz. Buscó el espíritu que hacía evitar la producción de la cruz para sí y para los otros. Predicó y vivió el amor y las condiciones necesarias para que pueda haber amor. Quien ama y sirve, no crea cruces para los demás por su egoísmo, por la mala calidad de la vida que genera. Anunció la buena nueva de la Vida y del Amor. Se entregó por ella. El mundo se cerró a él, le creó cruces en su camino y finalmente lo levantó en el madero de la cruz.

La cruz fue consecuencia de un anuncio cuestionador y de una práctica liberadora. El no huyó, no contemporizó, no dejó de anunciar y atestiguar, aunque esto lo llevara a tener que ser crucificado. Continuó amando, a pesar del odio. Asumió la cruz en señal de fidelidad para con Dios y para con los seres humanos. Fue crucificado por Dios (fidelidad a Dios) y crucificado por los seres humanos y para los seres humanos (por amor y fidelidad a los seres humanos).

LOS SIGNIFICADOS ACTUALES DEL ANUNCIO DE LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

1. Empeñarse para que haya un mundo donde sea menos difícil el amor, la paz, la fraternidad, la apertura y la entrega a Dios. Esto implica denunciar situaciones que engendran odio, división y ateísmo en términos de estructuras, valores, prácticas e ideologías. Esto implica anunciar y realizar, en una praxis comprometida, amor, solidaridad, justicia en la familia, en las escuelas, en el sistema económico en las relaciones políticas. Esto implica apoyar y participar en la gestación de las infraestructuras económicas, sociales, ideológicas, psicológicas y religiosas que hacen posible la justicia y la fraternidad. Este compromiso lleva como consecuencia crisis, enfrentamientos, sufrimientos, cruces. Aceptar la cruz que viene de este embate es cargar la cruz como el Señor la cargó en el sentido de soportar y sufrir por razón de la causa que perseguimos y de la vida que llevamos.

2. El sufrimiento que se padece en este empeño, la cruz que se tiene que cargar en este camino, es sufrimiento y martirio por Dios y por Su causa en el mundo. El mártir es mártir por causa de Dios. No es mártir por causa del sistema. Es mártir del sistema, pero para Dios. Por esto el que sufre y el crucificado por causa de la justicia de este mundo, es testigo de Dios. Rompe el sistema cerrado que se considera justo, fraterno y bueno. Es mártir por la justicia; como Jesús y como todos los que lo siguen, descubre el futuro, dejan abierta la historia para que ella crezca y produzca más justicia que la que existe, más amor que el que está vigente en la sociedad. El sistema quiere cerrar y encubrir el futuro. Es fatalista; juzga que no necesita de reforma y modificación. Quien soporta la cruz y sufre en la lucha contra ese fatalismo intra-sistémico, carga la cruz y sufre con Jesús y como Jesús. Sufrir así es digno. Morir así es valor.

3. Cargar la cruz como Jesús la cargó significa, por tanto, solidarizarse con aquellos que son crucificados en este mundo: los que sufren violencia, son empobrecidos, deshumanizados, ofendidos en sus derechos. Defenderlos, atacar las prácticas en cuyo nombre son hechos no-personas, asumir la causa de su liberación, sufrir por causa de esto: he ahí lo que es cargar la cruz. La cruz de Jesús y su muerte fueron consecuencia de este compromiso por los desheredados de este mundo.

4. Tal sufrimiento y muerte por causa de los otros crucificados implica soportar la inversión de los valores realizada por el sistema, contra el cual alguien se empeña. El sistema dice: estos que asumen la causa de los pequeños e indefensos, son subversivos, traidores, enemigos de los seres humanos, maldecidos por la religión y abandonados por Dios («maldito el que muere en la cruz«). ¡Son aquellos que quieren revolucionar el orden! Por el contrario, el que sufre y es mártir se opone al sistema y denuncia sus valores y prácticas porque constituyen orden en el desorden. Aquello que el sistema llama justo, fraterno, bueno, en realidad es injusto, discriminador y malo. El mártir desenmascara el sistema. Por eso sufre la violencia de él. Sufre por causa de una justicia mayor, por causa de otro orden («Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los fariseos…»). Sufre sin odiar, soporta la cruz sin huir de ella. La carga por amor de la verdad y de los crucificados por quienes arriesgó la seguridad personal y la vida. Así hizo Jesús. Así deberá hacer cada seguidor suyo a lo largo de toda la historia. Sufre como «maldito», pero en verdad es bendito; muere como «abandonado», pero en realidad es acogido por Dios. Así, Dios confunde la sabiduría y la justicia de este mundo.

5. La cruz, por tanto, es símbolo de rechazo y de violación del sagrado derecho de Dios y de todo hombre. Es producto del odio. Empeñándose en la lucha para abolir del mundo la cruz, la persona sufre sobre sí la cruz impuesta e infligida por los que crearon la cruz. La acepta, no porque ve en ella un valor, sino porque rompe su lógica de violencia con el amor. Aceptar es ser mayor que la cruz; vivir así es ser más fuerte que la muerte.

6. Predicar la cruz puede significar una invitación a un acto extremo de amor y de confianza y de total descentramiento de sí mismo. La vida posee su faceta dramática: existen los derrotados por una causa justa, los desesperanzados, los condenados a la prisión perpetua, los entregados a la muerte fatal. Todos en alguna forma penden de la cruz cuando no tienen que cargarla onerosamente. Muchas veces tenemos que asistir al drama humano, silenciosos e impotentes, porque cada palabra de consuelo podría parecer charlatanería, y cada gesto de solidaridad, resignación inoperante. La garganta ahoga la palabra y la perplejidad seca las lágrimas en su fuente. Especialmente cuando el dolor y la muerte son resultado de la injusticia que dilacera el corazón, o cuando el drama es fatal, sin ninguna salida posible. Aún así tiene sentido, contra todo cinismo, resignación y desesperación, el hablar de la cruz.

El drama no tiene necesariamente que transformarse en tragedia. Jesucristo, que pasó por todo esto, transfiguró el dolor y la condenación a muerte, haciéndolos un acto de libertad y de amor que se entrega a sí mismo, un acceso posible a Dios y una nueva aproximación a aquellos que lo rechazaban: perdonó y se entregó confiadamente a Alguien mayor. Perdón es la forma dolorosa del amor. Entrega confiada es la total descentración de sí mismo para centrarse en Alguien que nos sobrepasa infinitamente y para arriesgarse al Misterio, como el portador último del Sentido del cual participamos pero que no hemos creado. Esta oportunidad se ofrece a la libertad del ser humano: puede aprovecharla y entonces queda sosegado en la confianza; puede perderla y entonces zozobra en la desesperación. Tanto el perdón como la confianza constituyen las formas por las cuales no dejamos que el odio y la desesperación se queden con la última palabra. Es el gesto supremo de la grandeza del ser humano.

Que morir así confiado y descentrado alcanza el último Sentido, lo revela la resurrección, que es la plenitud de manifestación de la Vida, presente dentro de la vida y de la muerte. El cristiano sólo puede afirmar esto mirando hacia el Crucificado que ahora es el Viviente.

7. Morir así es vivir. Dentro de esta muerte de cruz hay una vida que no puede ser absorbida. Ella está oculta dentro de la muerte. No viene después de la muerte. Está dentro de la vida de amor, de solidaridad y de coraje de soportar y de morir. Con la muerte se revela ella en su poderío y en su gloria. Es esto lo que expresa san Juan cuando dice que la elevación de Jesús en la cruz es glorificación, que la «hora» es tanto la hora de la pasión como la hora de la glorificación. Existe, por lo tanto, una unidad entre pasión y resurrección, entre vida y muerte. Vivir y ser crucificado así por causa de la justicia y por causa de Dios, es vivir.

Por eso el mensaje de la pasión viene siempre unido con el mensaje de la resurrección. Quienes murieron rebelados contra el sistema de este siglo y rehusaron entrar en los «esquemas de este mundo» (Rm 12, 2), ésos son los resucitados. La insurrección por causa de Dios y del otro, es resurrección. La muerte puede parecer sin sentido. Pero ella es la que tiene futuro y guarda el sentido de la historia.

8. Predicar la cruz hoy, es predicar el seguimiento de Jesús. No es pasividad ante el dolor ni magnificación de lo negativo. Es anuncio de la positividad, del compromiso para hacer cada vez más imposible que unos seres humanos continúen crucificando a otros seres humanos. Esta lucha implica asumir la cruz y cargarla con valor y también ser crucificado con valor. Vivir así es vivir ya la resurrección, es vivir a partir de una Vida que la cruz no puede crucificar. La cruz sólo la revela todavía más victoriosa. Predicar la cruz significa: seguir a Jesús. Y seguir a Jesús es per-seguir su camino, pro-seguir su causa y con-seguir su victoria.

EL MISTERIO Y LA MISTICA DE LA CRUZ

Vivir la cruz de Nuestro Señor Jesucristo implica una mística de vida. Esta mística se asienta sobre un misterio: el misterio de una vida que se genera donde aparece la muerte, el misterio de un amor donde se manifiesta el odio. La cruz resume todo esto.

Por una parte es el símbolo del misterio de la libertad humana rebelde: es producida por la voluntad de rechazo, de venganza y de autoafirmación hasta la eliminación del otro. Es aquello que el ser humano puede llegar a ser cuando rehusa a Dios. Es, pues, símbolo del ser humano caído, del no-ser-humano. Es símbolo del crimen.

Por otra parte, es símbolo del misterio de la libertad humana en su poder: cuando es soportada dentro de un compromiso para superarla y volverla entonces más inviable en el mundo, la cruz es símbolo de otro tipo de vida, descentrada de sí misma, vida del profeta, del mártir, de la persona del Reino de Dios. No provoca la cruz, sino que la soporta; no sólo la soporta, sino que también la combate, y al combatirla es hecho víctima, al ser crucificado por la saña de aquellos que endurecieron el corazón frente al hermano y a Dios; al ser crucificado, puede transfigurarla, haciéndola sacrificio de amor por los otros. Es, pues, símbolo del hombre y la mujer nuevos y vivientes. Es símbolo de amor.

Cada cruz contiene una denuncia y un llamamiento. Denuncia el cerrarse de lo humano sobre sí mismo hasta el punto de crucificar a Dios. Es un llamamiento a un amor capaz de soportarlo todo, hasta el punto de que el Padre entrega a su propio Hijo a la muerte por sus enemigos. La cruz se presenta así como esencialmente ambigua. Mantener permanentemente esta ambigüedad es condición para preservar su carácter crítico, acrisolador, tanto de las pretensiones de auto-afirmación humana como de nuestra imagen de Dios, impasible ante el dolor de los crucificados de la historia.

Esta paradoja de la cruz no se entiende por la razón formal ni por la razón dialéctica. Está más allá de los logos abstractos. Es el lógos tou staurou, la lógica de la cruz (1 Cor 1, 8). La apropiación de la lógica de la cruz no se realiza sino en la praxis: combatiendo, y asumiendo la cruz y la muerte. Así como no se mata el hambre de un desfallecido haciéndole un discurso sobre el arte culinario, así tampoco se resuelve el problema del sufrimiento simplemente penando en él. Es comiendo como se mata el hambre. Es luchando contra el mal como se supera su carácter absurdo.

Como dijo y vivió Pablo:

«Atribulados en todo, mas no aplastados;
perplejos mas no desesperados;
perseguidos más no abandonados;
derribados mas no aniquilados.
Como desconocidos, aunque bien conocidos;
como quienes están condenados a la muerte, pero vivos;
como tristes, pero siempre alegres;
como pobres, aunque enriquecemos a muchos;
como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos»
(2 Cor 4.8-9; 6.9-10).

Esta praxis revela lo que se oculta en el drama de la cruz y de la muerte: el Sentido último y la Vida.

Nudus nudum Christum sequi: desnudo seguir a Cristo desnudo; he ahí la mística y el misterio de la Cruz.

«»(Tomado de: Pasión de Cristo, Pasión del mundo, Indoamerican Press Service, Bogotá 1978, pág 167-174; Sal Terrae, Santander (España) 1989, pág. 171; Paixão de Cristo, Paixão do mundo, Vozes 1977, Petrópolis, pág. 158-164)»».

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«Vía Crucis», por Miguel Santiago Losada, Profesor y presidente de la Asociación KALA

viernes, 18 de abril de 2014
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14._jesus_is_nailed_to_the_cross-lowresLeído en la página web de Redes Cristianas

Hoy las cruces se llaman vallas de Ceuta y Melilla, se llaman centros de internamiento de extranjeros, se llama negarle la tarjeta sanitaria a una persona por el sólo hecho de ser inmigrante sin documentación, se llama expulsarlos sin ningún miramiento a empujones, en el mejor de los casos, fuera de nuestras fronteras.

Hoy al sepulcro se le denomina costas del Mediterráneo y Atlántico, que hacen de frontera con Europa, y donde miles de africanos dejan sus vidas por intentar vivir con dignidad.

Hoy el vía crucis se llama ley de extranjería que, lejos de fundamentarse en principios sociales y de derechos humanos, tiene como principal valedor al Ministerio del Interior. Un inmigrante sin papeles deberá recorrer un tortuoso vía crucis de documentos exigidos por las administraciones, certificados de buena conducta, contratos laborales, avales de ONG de que son buenos chicos y han tenido un comportamiento irreprochable.

Hoy los azotes y la coronación de espinas están en las fronteras con Marruecos y Argelia donde las palizas, los malos tratos y los escarnios son continuos, donde, más tarde, se les deja en pleno desierto bajo un sol abrasador, muertos de sed y de hambre.

Hoy llevar la cruz a cuestas se llama cruzar miles de kilómetros, con miles de dificultades, donde con suerte encontrarán algún Cirineo dispuesto a darle cobijo para que recobren las fuerzas y seguir el camino, que para muchos será la muerte.

Mientras, muchos Sumos Sacerdotes, demasiados, mirarán para otro lado, pendientes de imponer su moral católica, obsesionados con el poder y con mantener y acaparar posesiones.

Mientras, los gobernantes mentirán hasta la saciedad para borrar su culpa de las atrocidades inhumanas que están cometiendo con tanta criatura inocente, cuyo delito es haber nacido en un país pobre y/o en guerra.

Mientras, habrá gente que clame: ¡crucifícalo, crucifícalo! Gente que tiene miedo a que nos invadan, nos quiten el trabajo, compartan los servicios sociales, la sanidad o la educación… Un miedo auspiciado por los poderosos para responsabilizar de la crisis a los excluidos y empobrecidos, para que la gente mire hacia abajo y machaque al que está aún peor; una vieja estrategia para que los pobres se enfrenten. Mientras, se sigue engordando a la banca y a las grandes empresas, donde lo que menos importa es la persona.

Tengo la esperanza, como decía el entrañable cantautor, que “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”, una libertad que responda a los deseos que otro gran poeta de la vida nos dejó hace 2.000 años: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme” (Mt 25,35-36).

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«Por qué muere Jesús y por qué le matan», por Ignacio Ellacuría

viernes, 18 de abril de 2014
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15178_26Leído en Koinonia:

El intento de poner en relación a Jesús con la historia y, consiguientemente, a la Iglesia con la historia, es esencial para la comprensión y realización del cristianismo, así como para la realización y la comprensión de la historia. Si no se llega a tener clara esta «relación», se cae en posturas religiosistas o en posturas secularistas, con menoscabo de lo que es realmente la salvación histórica.

La encarnación histórica de Jesús, como paradigma de lo que ha de ser una historización de la salvación, puede presentarse desde diversos aspectos de su vida. Uno de ellos, especialmente privilegiado, es el de su pasión y su muerte. En efecto, éstas representan el núcleo original de los relatos evangélicos, permiten una mayor verificación histórica, representan la culminación de su vida mortal y, desde otro punto de vista, son elemento de divergencia entre quienes se atienen a que Jesús murió por nuestros pecados y quienes piensan que se le mató en razón de su lucha por el hombre y en virtud de motivos políticos.

El estudio, por tanto, de la pasión en su doble vertiente de por qué muere Jesús y de por qué le matan, es un lugar adecuado para iluminar la unidad intrínseca y necesaria entre la lucha por el hombre y la implantación del Reino de Dios.

Es un problema muy presente en el Nuevo Testamento. Ya en el primero de sus escritos se nos dice, por un lado: «porque Dios no nos destinó a la ira, sino a adquirir la salvación por medio de Nuestro Señor Jesucristo, el que murió por nosotros, a fin de que… lleguemos a la vida juntamente con él» (I Tes 5, 910); por otro: «pues vosotros hermanos os hicisteis imitadores de las Iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús, porque también vosotros padecisteis de parte de vuestros compatriotas las mismas persecuciones que ellos de parte de los judíos, los que mataron al Señor, a Jesús, y a los profetas…» (ib., 2, 14-15). Y es un problema que no puede resolverse a la ligera. Un autor, tan ponderado como Rahner, considera, por ejemplo, que es discutible si el propio Jesús atribuyó a su muerte una función soteriológica; esto es, si a él mismo le era clara la conexión entre el significado histórico de su muerte y su sentido trascendente1 .

Consideramos nuestro problema desde tres puntos de vista: 1) la dimensión histórica de la muerte de Jesús; 2) la conciencia histórica de Jesús sobre su muerte; 3) significado teológico de su muerte. Nos ceñiremos a los relatos de la pasión y el punto de vista será exclusivamente exegético-histórico.

1. Dimensión histórica de la muerte de Jesús

a) Creciente oposición entre Jesús y sus enemigos.

Los autores evangélicos presentan la vida de Jesús como una creciente oposición entre él y quienes van a ser los causantes de su muerte. Pocas dudas pueden caber sobre este punto, léase la vida de Jesús según Marcos o, en el otro extremo, según Juan2 . Jesús y sus enemigos representan dos totalidades distintas, que pretenden dirigir contrapuestamente la vida humana; se trata de dos totalidades prácticas, que llevan la contradicción al campo de la existencia cotidiana. Ya en el pasaje de la curación del hombre con la mano paralizada (Mc 3,1-6; Lc 6, 6-11) aparecen sus enemigos espiándole para acusarle y condenarle y Jesús encolerizado, con el resultado de que los fariseos y herodianos salieran dispuestos a deshacerse de él.

Pero el complot definitivo aparece en la pasión y está narrado por los cuatro evangelistas. Parecería que hasta Juan se ha vuelto «sinóptico», a la hora de contar el proceso de la muerte de Jesús. Esta relativa «coincidencia sinóptica» de los cuatro evangelistas indica el carácter histórico del fondo de la narración. Reunamos los rasgos más sobresalientes.

Se reúnen los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 26, 3), los escribas (Mc 14, 1 y Lc 22, 2) y los fariseos (Jo 11, 47). Coinciden todos en querer matar a Jesús y los tres sinópticos señalan que no se atreven a hacerlo por miedo al pueblo, con lo cual se sobrepasa el nivel de la confrontación puramente personal. Pero se aprovechan de Judas, que llega a capturarlo con un grupo numeroso, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 26, 47), de los escribas (Mc 14, 43) y de los fariseos (Jo 18, 3). Juan añade que se trata de la cohorte y de los guardias; al parecer, la cohorte era romana y los guardias lo eran de los sumos sacerdotes. Hay, pues, una captura en que se aunan los poderes sociales, políticos y religiosos. La acusación, a pesar de las divergencias entre los evangelistas, muestra por qué le persiguen y le combaten estos poderes.

b) Por qué persiguen a Jesús.

Según Juan (18, 19-27) el sumo sacerdote le interroga a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina; se trataría, por tanto, de un problema de ortodoxia, pero tras este primer plano de la ortodoxia aparece el de sus seguidores, esto es, el de un movimiento, que ha cobrado fuerza y frente al cual no tienen control los dominantes oficiales de la situación religioso-oficial. No deja de ser significativo que los guardianes le insulten como a profeta; debieron de percibir en sus amos la persuasión de que Jesús era profeta y ponía en marcha dinamismos proféticos.

En el juicio ante el Sanedrín se le acusa de querer destruir el templo. No puede pasarse por alto lo que suponía el templo jerosolimitano en la configuración religiosa y política de Judea; la afirmación del templo nuevo que sustituye al antiguo era una blasfemia, que exigía la lapidación. Distintos motivos redaccionales han hecho que se ampliara la acusación a la más llamativa de hacerse el Mesías, pero este punto lo trataremos en la tercera parte. En este primer estadio Jesús aparece como blasfemo, pero como blasfemo público, que pone en conmoción los pilares de la estructura del judaísmo.

Las acusaciones cambian ante Pilato. El punto de conexión está en la acusación de presentarse como Mesías, que de cara a los judíos se presenta como Hijo del Bendito y de cara a los romanos como rey de los judíos. Es Lucas quien propone el sumario de la acusación: «Hemos encontrado a este hombre excitando al pueblo a la rebelión e impidiendo pagar los tributos al César y diciéndose ser el Mesías, Rey» (23, 2). Pilato sabía que el Mesías sería enemigo de los romanos; toda la época de su mandato estaría llena de expectativas mesiánicas y de levantamientos armados de tinte mesiánico. Por eso pregunta a Jesús: ¿eres el Rey de los judíos? Ninguno de los cuatro evangelistas pone en boca de Jesús el rechazo de esta acusación. Ante las reticencias de Pilato los sumos sacerdotes y los escribas le siguen acusando violentamente (Lc 23, 10) e insisten en que Jesús subleva al pueblo con su enseñanza. Ni Herodes ni Pilato recogen la acusación; pero cuando le amenazan a Pilato con que si no condena a Jesús se convierte en enemigo del César, acaba por ceder. De hecho le condena a la crucifixión, pena típicamente política impuesta a los rebeldes contra Roma, y como titulus de la condenación se establece su pretensión de convertirse en rey de los judíos.

c) Jesucristo como enemigo del poder y estructura social.

Es claro que, fuera de intereses redaccionales, los enemigos de Jesús extreman y distorsionan las apariencias, pero estas apariencias lo eran de hechos reales. Ante todo, está el hecho real de la oposición a muerte de los poderes socio-religiosos contra Jesús; si no hubieran visto en él a un enemigo de su poder y de la estructura social, no lo hubieran condenado a muerte; y si la acción de Jesús no hubiera tenido nada que ver con aquello de que le acusan, tampoco hubiera prosperado. Ambos aspectos que en su unidad se hacen presentes a todo lo largo de la vida de Jesús, prueban el carácter de su vida: el anuncio del Reino de Dios tenía mucho que ver con la historia de los hombres y esta historia quedaba contradicha por el anuncio efectivo del Reino. Tan peligrosa aparecía la persona y la acción de Jesús, que las autoridades judías habían calculado que esa peligrosidad iba a traer una mayor represión por parte de los romanos. Lo cuenta San Juan: reunidos los sumos sacerdotes y los fariseos se preguntaban qué hacer, porque Jesús hacía muchos signos; si le dejaban seguir, todos iban a creer en él, lo cual ocasionaría la intervención de los romanos, que destruirían el lugar santo y la nación entera; a lo cual respondió Caifás que era mejor que muriera un solo hombre por el pueblo y no que pereciera toda la nación (11, 47-50). La apelación a los romanos y al peligro del lugar santo y de la nación, muestra la conexión de la palabra y de los signos de Jesús con la realidad histórica, tanto en su vertiente religiosa como política. Curiosamente esta frase de Caifás de tinte tan marcadamente político va a ser leída por Juan teológicamente y, además, en un sentido expiatorio. El por qué le matan a Jesús queda unido al por qué muere en la propia historia teológica de Juan. Leer más…

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«Cristo muere: el amor en los tiempos del colera», por Jesús Bastante.

viernes, 18 de abril de 2014
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1De su blog El Barón rampante:

Jesús muere hoy, aunque ahora sólo nos acordemos de García Márquez. Ha pasado toda la noche en llamas, en lágrimas, traiciones y cánticos del gallo, entre orejas cortadas, amores rotos y huidas en estampida. Está ante el pelotón de fusilamiento, como Aureliano Buendía en Cien años de Soledad. Abatido, olvidado, como el coronel que no tenía quien le escribiera, sin una Fermina Daza que le esperara después del cólera.

Cristo muere hoy, después de obrar milagros, provocar suspiros, resucitar muertos, expulsar demonios, aglutinar multitudes. Siendo temido por quienes cosiguen apresarle, siendo el Rey de los Judíos. De forma absurda, como si no hubiera otra salida: puede y quiere salvarlo Pilatos, y no lo hace. Puede y quiere acompañarle Pedro, mas le traiciona. Puede y debe traicionarle Judas, aunque después se ahorque.

Jesús muere, y no queda noticia de este secuestro. El más bello náufrago tratando de aguantar la barca que se hunde con sus manos clavadas en los maderos, gritando el abandono y las torturas, sabiendo que podía haber cambiado el mundo… y sin embargo. Renaciendo entre pretores, sacerdotes, fariseos… muriendo en cruz, tamaño absurdo, gritando que “era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”.

Jesús muere, y como siempre soñó Florentino Ariza, “Sólo Dios sabe cuánto te quise”. Y tal vez alguno sienta que “alguna vez él había dicho algo que ella no podía concebir: los amputados sienten dolores, calambres, cosquillas, en la pierna que ya no tienen. Así se sentía ella sin él, sintiéndolo estar donde ya no estaba”.

cienanosCristo muere hoy, y en Jerusalén, como en Macondo, nadie hará nada. Seguirán adelante con sus vidas tristes, esquivas, sensatas. Pero alguien, en algún rincón, en Jerusalén, Macondo o Roma, tal vez continúe pensando que «nunca más podría dormir así, y empezó a sollozar dormida, y durmió sollozando sin cambiar de posición en su orilla, hasta mucho después de que acabaron de cantar los gallos y la despertó el sol indeseable de la mañana sin él». Y que Jesús también murió en tiempos del cólera, y cuando se fue no quedaron ni los restos.

Y sin embargo, como un episodio del más genial realismo mágico, Jesús se alzará entre la selva, los campos, los cláxones, las bombas, el amor que, quién sabe, tal vez sea más poderoso que la muerte, y seguirá volviendo, mal que a alguno le pese, mal que le maten una y otra vez. Para vivir, para dar vida. «Sólo Dios sabe cuánto te quise» nos susurrará al oído. Y será verdad

Llora Macondo. Llora Jerusalén. Queda el recuerdo. Y la esperanza

Nota: ha fallecido el gran escritor y Premio Nóbel de Literatura en 1982 Gabriel García Márquez. (El País, El Mundo, Público…)

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¿Quién soy yo?

viernes, 18 de abril de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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«¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
que salía del encierro de mi celda
sereno, alegre, con firmeza,
cual hacendado de su rural vivienda.

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
cuando hablaba a mis guardianes
libre y amigable, claramente,
como si fuese yo quien diera las ordenes.

¿Quién soy yo? También me dicen
que soportaba los días de infortunio
tranquilo, sonriente, dignamente,
como acostumbrado a ganar siempre.

Pero ¿soy realmente lo que otros dicen que soy?
¿O soy solamente lo que yo mismo conozco de mí,
inquieto y anhelante y enfermo, cual pájaro enjaulado,
luchando por respirar, como si unas manos
me oprimieran la garganta,
suspirando por los colores, las flores, el canto de los pájaros,
sediento de palabras cariñosas, de compañía,
moviéndome agitado, a la espera de grandes acontecimientos,
temblando impotente por amigos infinitamente alejados,
cansado y vacío al orar, al pensar, al actuar,
débil y presto a despedirme de todo?

¿Quién soy yo? ¿Éste o el otro?
¿Soy una persona un día y otra al siguiente?
¿Soy las dos al mismo tiempo? ¿Soy un hipócrita ante otros
y ante mí mismo un infortunado y despreciable cobarde?
¿O hay algo aún en mí, parecido a un ejército vencido
que huye desordenado de una victoria ya alcanzada?

¿Quién soy yo?
De mí se burlan estas solitarias preguntas mías.
Quienquiera que yo sea, tú lo sabes,
oh Dios, soy tuyo.»

*
Dietrich Bonhoeffer,

(poema escrito en una carta fechada 16 de julio de 1944)
Escritos en  Berlin en 1944, en prisión.

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***

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Ante la Cruz…

viernes, 18 de abril de 2014
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 ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

2007-04-06T11_29_59-07_00

II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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Viernes 18 de Abril de 2014. «Viernes Santo».

viernes, 18 de abril de 2014
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Camino del CalvarioDe Koinonia:

Isaías 52,13-53,12

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quien creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomo el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

Salmo responsorial: 30

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí. /
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cachorro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, /
los que esperáis en el Señor. R.

Hebreos 4,14-16;5,7-9

Aprendió a obedecer
y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado con todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

 

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S.Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:

+. «¿A quién buscáis?»

C. Le contestaron:

S. «A Jesús, el Nazareno.»

C. Les dijo Jesús:

+. «Yo soy.»

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+. «¿A quién buscáis?»

C. Ellos dijeron:

S. «A Jesús, el Nazareno.»

C. Jesús contestó:

+. «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»

C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+. «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»

* Llevaron a Jesús primero a Anás

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»

C. Él dijo:

S. «No lo soy.»

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentÁndose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:

+. «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»

C. Jesús respondió:

+. «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»

C. Él lo negó, diciendo:

S. «No lo soy.»

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»

C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»

C. Le contestaron:

S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»

C. Pilato les dijo:

S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»

C. Los judíos le dijeron:

S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Jesús le contestó:

+. «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»

C. Pilato replicó:

S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿que has hecho?»

C. Jesús le contestó:

+. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»

C. Pilato le dijo:

S. «Conque, ¿tú eres rey?»

C. Jesús le contestó:

+. «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

C. Pilato le dijo:

S. «Y, ¿qué es la verdad?»

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»

C. Volvieron a gritar:

S. «A ése no, a Barrabás.»

C. El tal Barrabás era un bandido.

* ¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. «¡Salve, rey de los judíos!»

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. «Aquí lo tenéis.»

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»

C. Los judíos le contestaron:

S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. «¿De donde eres tú?»

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»

C. Jesús le contestó:

+. «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»

C. Ellos gritaron:

S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. «No tenemos más rey que al César.»

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»

C. Pilato les contestó:

S. «Lo escrito, escrito está.»

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:

S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»

C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

C. Luego, dijo al discípulo:

+. «Ahí tienes a tu madre.»

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. «Tengo sed.»

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. «Está cumplido.»

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

*Todos se arrodillan, y se hace una pausa

Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

(24 de marzo de 1978)

Queridos hermanos:

Después de escuchar la palabra de Dios en esta tarde del Viernes Santo, narrándonos la tragedia del Calvario, mejor sería guardar silencio y con el corazón agradecido adorar al Divino Redentor. Pero es necesario, es obligación del celebrante, aplicar esta palabra eterna a los que estamos viviendo esta ceremonia. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización; aquí en la Catedral esta tarde de marzo de 1978, Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza, a contemplar este misterio de la redención.

Es como si en este momento lo que se acaba de leer estuviera pasando aquí ante nuestros ojos y fuéramos nosotros los que nos estamos salpicando con esa sangre que se derrama en el Calvario. Las tres preciosas lecturas nos dan la medida sin medida de este gesto de amor que se llama la redención.

La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos exalta ese personaje humillado en la cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice supremo de nuestra salvación. Y el precioso relato de la pasión que los jóvenes seminaristas acaban de hacer, nos dice cómo sucedió todo esto: la humillación y la exhaltación. Leer más…

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«Jesús asesinado. Un linchamiento del poder», por Nicolás Alessio, teólogo

viernes, 18 de abril de 2014
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7Leído en la página web de Redes Cristianas

“Hay que matarlos a todos”, gritaban exaltados algunos judíos. Son ” galileos de mierda” se escuchaba por todos lados.

La sangre corría por el cuerpo de ese nazareno pero no calmaba los instintos asesinos. La corona de espinas punzantes se hundía más y más en la piel.

“Que muera, que muera, él y sus seguidores! Que no quede ninguno vivo”.

“Son delincuentes, ladrones, ratas, peligrosos para nuestra seguridad”. Eran los argumentos escuchados.

Cuando dando un fuerte grito, exhaló su espíritu, uno de los presentes dijo “este no jode más”.

La muerte de Jesús se pareció mucho a un linchamiento popular. Sin embargo había una gran diferencia. Se la cubrió de legalidad. Tanto los Jefes de Israel como las Autoridades Imperiales quisieron hacer las cosas con prolijidad. Fue un linchamiento prolijo, meticuloso, cuidando los detalles.

Un hombre apasionado y convencido de sus pasiones, siempre es molesto. La libertad de los que aman con pasión asusta a los mediocres.

12El nazareno, despojado de sueños de gloria, con solo un par de sandalias gastadas, partiendo el pan para mendicantes enfermos, pidiendo agua a la mujer del pozo de mala fama por sus muchos maridos y encima samaritana, no era un buen ejemplo para los moralistas. Era un turbulento.

Recibiendo caricias en su piel de la prostituta de Magdala, comparándose con una gallina que quiere reunir sus polluelos, sentado en la mesa de los despreciados, liberando a ciegos y sordos, castigados por algún pecado de sus antepasados, dejando ir a la mujer adúltera que querían apedrear, no era un buen ejemplo para las buenas costumbres de los puros. Era un transgresor

Rompiendo protocolos sagrados y legalidades intocables no tuvo problemas en curar durante el Sábado en el Templo o castigar a látigo limpio a cuantos profanaban la “casa de su Padre” y peor aún, gritó a los cuatro vientos que desde el Rey hasta el último esclavo leproso o maldito es “hijo de Dios” y tienen los mismos derechos. Era un sedicioso.

Pero lo que realmente molestaba del profeta era su palabra filosa. La que corta como espada de doble filo. Porque su palabra abría los ojos, ayudaba a pensar, proponía otras verdades, cuestionaba tradiciones incuestionables, desnudaba hipocresías, desenmascaraba mecanismos del poder, rompía pactos de silencio, convocaba a reaccionar, organizaba a los pobres, devolvía las esperanzas, levantaba a los caídos. “Habla como quien tiene autoridad” decían sus oyentes.

Autoridad fuertemente cuestionada. “Jesús entró en el templo, y mientras enseñaba se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas, quién te ha dado esta autoridad?”

4Obvio, qué autoridad podía tener alguien de un linaje vulgar, un obrero constructor, que no tenía ningún título honorífico, ni dinero, ni prestigio social, ni influencias políticas, que por lo tanto no pertenecía a la élite judía ni a ninguna familia acomodada. No fue sacerdote, no fue levita, no fue escriba, no fue maestro de la ley, no fue fariseo, no perteneció al Sanedrín ni a los Ancianos del pueblo. Por eso no sorprende aquella pregunta de Natanael: “De Nazaret puede salir algo bueno?”

Los excluidos, los maltratados sociales, vieron en Jesús persuasión, coherencia, sabiduría, originalidad, creatividad, fortaleza en sus dichos y en sus gestos. Empatía con sus vidas.

La “autoridad” de Jesús reside en su capacidad de rescatar, de acompañar, de convencer, de conducir, de integrar, de armonizar, de incluir. El es el que promueve, el que ayuda a avanzar, a crecer, a germinar, a desplegarse.

Nada que ver con la autoridad del que grita órdenes o sanciona leyes para castigar. Mucho menos la autoridad que se cree vocera de Dios o pretende hablar “en nombre” de Dios, como la de sus verdugos. Jesús hablaba “de” Dios, de su cercanía, ternura, compasión, misericordia. De su Reino.

Había que silenciarlo. Jesús los incomodaba, los cuestionaba. Había que ponerle un límite definitivo. Pero no había que hacerlo con cuidado. Sectores populares podrían reaccionar. La pena romana para los sublevados y facinerosos era lo oportuno.

Idearon la maquinaria legal. Fue un crimen premeditado. Fue un linchamiento desde el poder.

Semana Santa 2014

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«Abusar de Dios», por José Ignacio González Faus, teólogo.

viernes, 18 de abril de 2014
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kyris 1Leído en su blog Miradas cristianas

Hay en la Biblia unas páginas menos conocidas, que presentan el dolor humano con una intensidad dramática y belleza expresiva pocas veces alcanzadas. Son las llamadas “Lamentaciones”, atribuidas antaño a Jeremías pero no suyas. Y cantan la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, conjugando imágenes de orfandad con las de abuso, maltrato o violación de la mujer querida, madre, novia o esposa.

Algunas expresiones son dignas de la Ilíada, aunque la obsesión por componer en forma de acróstico obliga a repeticiones y frases de relleno que diluyen su belleza: “Jerusalén ha quedado viuda, se pasa las noches llorando, ha perdido toda su hermosura… A las criaturas se les pega la lengua al paladar de pura sed; sus jóvenes con venas como zafiros están ahora más negros que el hollín y nadie los reconoce; manos de mujeres delicadas cuecen a sus propios hijos y se los comen… El gozo del corazón se ha vuelto duelo. Y Dios se ha envuelto con nubes para que no le alcancen mis plegarias”

Más allá de consideraciones literarias impacta la relación de los autores con Dios. El pueblo se sabe pecador y lo reconoce; llega a confesar que había tomado el amor de Dios como patente de corso para hacer lo que le diera la gana: como Dios nos quiere y está de nuestra parte, Jerusalén nunca será conquistada: “ni los reyes ni los habitantes del orbe creían que un enemigo lograría entrar por las puertas de Jerusalén”… “Tus profetas ofrecían visiones engañosas y falsas”. Hasta que tamaña ceguera fue desenmascarada por el impacto de aquel primer holocausto.

Pero, aun con ese reconocimiento, la tragedia ha sido tal y está descrita con tanto dramatismo que lleva al autor a preguntarse si la justicia de Dios no será excesiva y hasta cruel, por el castigo que les ha enviado: “El Señor ha clavado en mis entrañas todas las flechas de su aljaba; ¿es que tu cólera no tiene medida?”. A pesar de esa duda, las Lamentaciones recobran fuerza para acabar con un acto de confianza y esperanza en Yahvé: “su misericordia no termina, su compasión no se acaba y su fidelidad se renueva cada mañana”.

Ahí está encerrada toda la antinomia y la grandeza de la fe judía, a la que Jesús vendrá a añadir un dato decisivo. La muerte de Jesús, a quien “nadie podía argüir de pecado” (Jn 8,46), no puede ser vista como castigo de Dios, ni como enviada por Dios. Desde ella, tampoco la caída de Jerusalén debe ser vista como castigo enviado por un Dios justiciero. Simplemente obedecen ambas a dos leyes de esta historia, a la que Dios respeta y en la que no interviene como un agente más intrahistórico.

Lo que le ocurrió a Jerusalén es que abusó tanto de su situación privilegiada que acabó perdiéndola (“tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe”). Y lo que ocurrió a Jesús es lo que expresa otro refrán posterior (quien se mete a redentor sale crucificado): en este mundo injusto y criminal, nadie lucha a favor de las víctimas y denuncia a sus opresores sin que acabe desatando una reacción en contra, tan desesperada como disfrazada de honorabilidad.

Lo que algunos biblistas califican como “el principio de Caifás” (aludiendo a Jn, 11,50: “vale más que muera ese hombre para que nos salvemos nosotros”) rige casi toda la política humana. Ambos son principios de sabiduría histórica con los que tropezamos cada día en la práctica.

Pero, al margen de esos principios, situada la pasión de Jesús en el contexto de las Lamentaciones, cambia en buena parte la imagen veterotestamentaria de Dios: Jesús sabe que Dios no le envía su pasión, aunque debe respetar que Dios no intervenga en esta historia “enviando legiones de ángeles” (Mt 26,54) a salvarle, como esperaría la piedad veterotestamentaria. Sabe también que, a pesar de ese silencio de Dios, puede confiar en su amor y encontrar en Él la fuerza para morir exclamando: “Padre, en tus manos pongo mi vida”. Ello le da fuerzas incluso para morir perdonando sin esperar un castigo vengador de Dios sobre sus verdugos.

Para un cristiano puede resultar bueno estos días leer las Lamentaciones del Antiguo Testamento junto con la pasión. Y de paso preguntarse si nosotros tenemos hoy un peligro similar al de los antiguos moradores de Jerusalén: convertir el amor de Dios en una especie de seguro del que podemos usar y abusar; patente de corso para mil autoengaños y caprichos, que hacen del Dios-Amor un Dios consentidor, cuando el amor siempre es exigencia de más. Una experiencia ya larga enseña que quienes entienden así el amor de Dios se quedan en cristianos enclenques; mientras que quienes reconocen la exigencia que Dios supone, maduran hasta ser personas fuertes.

Nuestro dilema como creyentes es éste: todo ser humano puede (y con frecuencia suele) abusar del amor. Y Dios es amor pero no por eso es (como se formula hoy) “un Dios a la carta” o a la medida de mis deseos. No es un Dios opresivo, de ningún modo, pero tampoco es un Dios permisivo. Por eso acaba resultando para todos un Dios subversivo.

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«Hosanna a Jesús y a la mujer», por José Arregi

viernes, 18 de abril de 2014
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ENTRADA JERUSALENLeído en su blog:

Un día, cuando la primera luna de primavera ya estaba crecida, Jesús se fue a Jerusalén a celebrar la Pascua. Y no se le ocurrió cosa mejor que entrar montado en un asno, como un Mesías al revés, un Mesías sin poder. Era un desafío en toda regla para el Sanedrín judío y para el Pretorio romano, para el poder religioso y político, exclusivamente masculino.

Tienes razón, Jesús: ¿cómo ibas a celebrar la Pascua, fiesta de la liberación, sino abdicando del poder y desafiando a los poderosos? Era peligroso, pero tú te atreviste y nos infundiste aliento. Así lo entendieron muchos hombres y mujeres oprimidas, gente pobre que no contaban ante nadie y para nada. Reavivaron la esperanza, agitaron ramos, corearon hosannas: “¡Seremos liberados! ¡Que viva el Liberador!”.

Si la liberación tarda tanta en llegar, es porque no esperamos. Pero la luna creciente y la flor del laurel, el grito de la tierra y el grito de los pobres testifican a favor de la esperanza de Jesús, mansa y rebelde, humilde y creadora. Quien espera de verdad realiza lo que espera, como quien respira vive. Seguimos esperando, y aclamamos a Jesús, a todos los profetas, a todas las profetisas, contra todos los poderes que matan.

En este Domingo de Ramos quiero en particular entonar hosannas de esperanza por todas las mujeres víctimas de la violencia machista. Andina, María del Pilar, María José, Ana, Rosalinda, María del Henar, María Dolores, Raquel… Así hasta 20 en lo que va de año. Así hasta 661 en la última década. Escalofriante letanía de nombres, interminable elegía sin nombres desde tiempo inmemorial. He ahí a la mujer.

¿Cómo se repite tanta locura? ¿Por qué un hombre llega a matar a la que es o fue su compañera? De la buena respuesta depende la buena solución. Y hay respuestas perversas, como la dada por la Conferencia Episcopal Española en un documento de 2004: en él se insinúa que “la ideología de género” y “el feminismo radical” tienen también la culpa del “alarmante aumento de la violencia doméstica”. ¡Obsesiones!, que diría el papa Francisco. Obsesiones inicuas, que señalan a la propia mujer como responsable de la violencia asesina que padece, por haberse rebelado contra el poder machista.

Pues sí: la rebelión de la mujer ante la voluntad de dominio por parte del hombre es, en el fondo, lo que más provoca la furia ciega de aquel, acostumbrado a ocultar sus complejos siendo dominador: “¿Cómo te atreves a ponerte a mi altura y hacerme frente? Eres mía. Tengo derecho sobre ti”. He ahí el problema, y la enseñanza tradicional de la Iglesia –“cásate y sé sumisa”– no es ajena. ¿Y la solución? La solución es el derrocamiento definitivo del dominio machista.

Jesús fue rebelde frente al poder establecido, sobre todo el poder religioso, el poder sacerdotal masculino, que pone sus normas de verdad y de pureza por encima de la vida. Sabía que con ello arriesgaba la vida. Pero, al presentir su final violenta, no se echó atrás, sino que hizo frente al Templo y al Palacio. Lo que estaba en juego era más que su vida, era la Vida: era la vieja promesa de todos los profetas, era la liberación universal esperada, era la igualdad de hombres y mujeres aún sin estrenar, era la erradicación de la razón de la fuerza, era la instauración del poder del derecho y de la paz. Todo eso estaba en juego, y la fe de Jesús, mansa y rebelde, fue mayor que su miedo. Montó sobre un humilde asno y desafió al Imperio y al Sacerdocio, a Pilato y Anás y Caifás, con sus cortes y legiones y todas sus inhumanas órdenes sagradas.

Sabemos cómo acabó la historia de Jesús. Pero ¿cómo acabó? ¿La bondad humilde y fraterna no es acaso más fuerte que todo poder arrogante? ¿La cruz solidaria no florece acaso en árbol y en pascua de Vida?
Alzo una palma, levanto una humilde rama de laurel en flor, con sus hojas verdes y sus flores amarillas, como llamitas de fuego. ¡Hosanna a Jesús y a la mujer asesinada! Que crezca la luna. Que llegue la Pascua. Que venza la vida.

José Arregi

Para orar

PREFERENCIAS

No el poder, sino la humildad.
No la diversión, sino la conversión.
No la burla, sino el amor.
No el racionalismo, sino el Misterio.
No la mediocridad, sino la santidad.
No la introspección, sino la contemplación.
No la riqueza, sino la pobreza.
No el purismo, sino la inocencia.
No el «mal menor» sino la justicia.
No la interpretación, sino la Palabra.
No la «prudencia», sino la Caridad.
No el abuso de bienes, sino el uso de bienes.
No la agitación, sino el silencio.
No la picardía, sino la simplicidad.
No el fanatismo, sino la fe.
No la opresión, sino la libertad.
No el Hombre, sino el hombre.
No dios, sino Dios.
No la letra, sino el espíritu.
No el primer lugar, sino el último.
No el tratado, sino la poesía.
No el egocentrismo, sino el humanismo.
No el coche, sino la cruz.
No la Institución, sino el Espíritu.
No una Iglesia instalada, sino perseguida.
No la separación sino la comunicación.
No mi voluntad, sino la voluntad del Padre.
No yo, sino el Cuerpo místico.
No la autosuficiencia, sino la colaboración.
No el acomodo en la verdad, sino la Verdad.
No el oro, sino la piedra.
No la casuística, sino la parábola.
No el desprecio, sino la compasión.
No «mi iglesia» sino la Iglesia.
No la huida, sino la presencia.
No el esquema, sino la realidad.
No la publicidad, sino el testimonio.
No el molde, sino la levadura.

(Alfonso Carlos Comín)

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Jueves Santo, amor de Jesús

jueves, 17 de abril de 2014
Comentarios desactivados en Jueves Santo, amor de Jesús

2962Del blog de Xabier Pikaza:

No es sólo el «Día del amor fraterno” como a veces se afirma, sino del amor pleno, en todas sus dimensiones, tal como se ha expresado en la vida y mensaje de Jesús, culminado un día como hoy al menos de cuatro formas:

— Es Amor de Cena, compartir el pan y el vino (Eucaristía), en gesto de comunión abierta a todos los hombres y mujeres de la tierra, amor que protesta contra el hambre y marginación de millones de personas.
— Es Amor de Lavatorio de Pies , es decir, de servicio concreto a los demás, en la casa y el hospital, en el trabajo… Es lavar los pies, dar dignidad a los cercanos y a los lejanos, en gesto concreto de cercanía y ayuda humana.
Es Amor que se instituye en forma de Ministerio concreto de servicio a los demás. Éste es el día del «sacerdocio», que no es un orden o rango de poder sobre los otros, sino un modo de vivir acompañando y ayudando a los demás, hombres y mujeres, en gesto concreto de amor (como yo os he amado y os he lavado los pies, dice Jesús).
— Es el amor del Nuevo Mandamiento, el único mandato no norma de vida de Jesús, que se revela un día como hoy: ¡Sólo os pido una cosa, que os queráis unos a otros!

He querido encabezar esta postal con dos imágenes complementarias, que ilustran la “celebración” cristiana de este día:

a) La Imagen de una Mujer que Ama a Jesús y le limpia los pies; con ella comienza el relato de la pasión. Jesús se deja querer, aprende a ser amado y servido… un día como hoy, cuando una mujer le unge en la cabeza (textos de Marcos y Mateo) y así marca su camino, y le lava los pies (textos de Lucas y Juan), y de esa forma le enseña en concreto a querer y servir. He tomado como imagen la portada del libro de H. Cáceres, Jesús el varón. Aproximación bíblica a su masculinidad, Verbo Divino, Estella 2011, del que me serviré en las ideas que siguen.

giovedìsantob) La Imagen de Jesús que limpia/lava los pies de los discípulos, al invitarles a comer, en el contexto de la Cena, según el evangelio de Juan. No les ama sólo espiritualmente, sino en concreto, con un amor “físico”, de contacto corporal y de servicio, de ayuda humana y de dignidad. Él no ha querido sólo aconsejar, dar comida, sino acercarse, arrodillarse, lavar… Se trata de amar muy en concreto, en gesto de elevación…, como indica este dibujo infantil, donde los Doce son hombres y mujeres, todos aquellos a los que Jesús «lava» los pies.

Esta postal es una continuación de la de ayer, y con ella quiero destacar así mejor los rasgos principales del amor de Jesús, que se deja querer y que quiere, que se deja lavar y que lava… en un gesto que marca su vida y le lleva a culminar su vida muriendo por su obra.

Me sirvo, como he dicho, de unas ideas de H. Cáceres, cuyo libro recomiendo a todos. Quiero vincular, de un modo especial, tres gestos del evangelio de Juan:

— María lava los pies de Jesús, con su vida de amor y servicio concreto, con sus lágrimas y fuerte entrega por el Reino.

— Jesús lava los pies de sus discípulos…, expresando y realizando así su amor concreto. Amar es tocar de cerca,ayudar, caminar juntos…

— Jesús pide a los suyos que amen así, que se laven los pies, que se ayuden y sirvan a todos…. Ésta es su Pascua de Jueves Santo.

Buen día a todos, en el Amor de Jesús.

EL AMOR DE JESÚS, UN DÍA DE JUEVES SANTO (con H. Cáceres)

• Es probable que Jesús no contrajera matrimonio. Durante su actividad de predicación no contó con una compañera sexual, ni cuidó unos hijos propios, aunque acogió y defendió siempre a los niños y a las mujeres. Propuso que la prioridad de procrear (que era fundamental, según Gen 1-2)quedaba supeditada a otras exigencias que llamó Reino.

• En su encuentro con mujeres, rompió códigos de género. No se portó simplemente como un Marido-Señor, ni como un Padre-patriarca… Evidentemente, no se opuso a los maridos, ni a los padres… pero pensó que había algo anterior, un tipo de amor fraterno y de amistad, abierto a todos, y en especial a los expulsados de la sociedad. Por eso quiso y acogió en su nuevo grupo-familia a los expulsados de otros grupos sociales, incluidos publicanos y prostitutas.

• Desafió las nociones básicas sobre la familia, invitando a discípulos varones a quebrar la estructura patriarcal por medio del incumplimiento de obligaciones como el entierro a los padres (Mt 8,21-22 y Lc 9,59-60 son una ofensa contra el cuarto mandamiento), la discontinuación del oficio paterno (Mc 1,19-20 y par.) para compartir un lugar no propio (Mt 8,19) y la aceptación de mujeres fuera del contexto familiar.

La estructura patriarcal exigía amar a los «propios» y desentenderse de los otros; exigía honrar a los los padres/patriarcas manteniendo su estructura así la estructura y poder del grupos… En contra de eso, Jesús mandó que sus discípulos «dejaran a sus padres», no para no-amarlos, sino para amarlos de otra forma, en una familia universal, abierta a los más pobres.

• Enseñó a sus discípulos que encontrarían oposición entre los miembros de sus propias familias (Mc 13,12; 10,30; Mt 10,34-36),
que la fidelidad a Dios era superior a la lealtad a sus hogares patriarcales y consideró la acentuación del conflicto familiar como una condición de discipulado (Lc 14,26-27; Mt 10,37-39; Ev. Tom. 55).

Eso significaría hoy romper con nuestra estructuras patriarcales de poder nacional o social… Superar nuestra economía clasista, es decir, volvernos «insumisos» al servicio de una humanidad fraterna, universal… No se puede amar a todos, como Jesús, manteniendo las estructuras patriarcales de nuestra sociedad dominadora de occidente.

• Promovió, como alternativa a la familia, una comunidad de discípulos varones y mujeres que incluía varones casados y solteros, mujeres casadas y solteras y tal vez algunas cuya reputación hubiera sido muy dudosa… . Una noche como la de hoy, «Jesús cenó con sus amigos», es decir, en comunidad abierta a los expulsados sociales y sexuales, raciales y familiares… No fue un padre de familia honrosa, sino el primer hermano de una sociedad de hermanos y hermanas.

• Pronunció dichos sobre la sexualidad y la amilia que estaban en plena disonancia con el ambiente. Sus dichos sobre el divorcio implican mutualidad y no dominio del varón sobre la mujer, enseñó la importancia delos niños, no aceptó el papel de padre sobre sus discípulos al desatender el pedido de Juan y Santiago de sentarse a su derecha e izquierda. Aceptó un solo padre en el cielo, anulando toda relación patriarcal.

• Aunque sus puntos de vista sobre sexualidad fueron muy diversos de sus contemporáneos, no recibió ninguna acusación de inmoralidad sexual como ocurrió en materia de comida, bebida y compañía debido a su violación de códigos étnicos, sociales y religiosos. De todas formas, le insultaron llamándole «eunuco», es decir castrado…. (Mt 19). Él aceptó ese insulto, se dejó llamar castrado… por el Reino de los cielos. De esa forma creó un grupo abierto a los expulsados sexuales, a los que no eran miembros de buenas familias….

• Su capacidad de aproximarse a la gente en relaciones interpersonales incluyó el contacto físico (Jn 13,23), la empatía emocional (evidente en el uso de los evangelistas de splagchinozomai -compadecerse,apiadarse, Mc 1,41; 6,34; 8,2; Lc 7,13), la satisfacción (Lc 10,21) y laintimidad con otros varones (Jn 21,15-18).

• Sus parábolas reflejan una intención de inclusividad de lo masculino y femenino y de presentar desconcertantes características de Dios, como el padre del hijo pródigo o de hombres como el buen samaritano realizando tareas propias del género femenino… Entre esos rasgos femeninos de su amor está el lavatorio de pies, signo principal del Jueves Santo, según el evangelio de Juan.

• Despreció los títulos patriarcales de rabí, maestro, padre (Mt 23,7-10). Los calificativos más elogiosos que una sociedad patriarcal puede otorgar. Por eso, gran parte de la piedad posterior que ha elevado a Jesús como señor por encima de sus discípulos o de los pobres van en contra del evangelio. Jesús es «dios» según los cristianos precisamente porque renunció a hacerse «señor», comos sabe Flp 2.

• Celebró el final del poder patriarcal al lavar los pies a sus discípulos. El Jueves Santo es el día de este amor concreto, de persona a persona, entre hombres y mujeres, en fidelidad profunda, en servicio concreto, en compromiso de acogida abierto a todos los hombres y mujeres de la tierra.

• Propuso una subversión contra el orden de género establecido (acoger a los niños, proponer a los eunucos como imagen de los que promueven el reino).

• Un amor cercano, emocionado. Jesús manifestó abiertamente un amplio rango de alteración de sus sentimientos: se maravilló de la fe del centurión (Mt 8,10); lloró ante la muerte de Lázaro (Jn 11,35), alabó a Dios con el corazón henchido de emoción (Lc 10,21); gimió ante la desgracia colectiva (Lc 19,41), suspiró (Mc 7,34), se encolerizó al nivel de la expresión física (Mc 11,15 y par.), miró con cólera (Mc 3,5) y pidió apoyo emocional (Mc 14,34). Sus acciones de misericordia fueron en respuesta al sufrimiento humano. Sus parábolas demostraron interés en las emociones humanas.

• No fue un hombre seco, un célibe impasible…, sino todo lo contrario. No se condujo por estándares estrictos y rígidos en las relaciones interpersonales para mantenerse célibe –como lo practican los que han sido adiestrados para el celibato disciplinario. Su amor fue totalmente sensual y espontáneamente táctil. Estuvo centrado en la intimidad personalizada y disfrutaba de cada expresión de comunicación como un fin en sí mismo. Su pasión alejó a otros de la apatía.

• En vez de tratar a sus compañeros en un modelo de dominación y sumisión los animó a seguirlo en un modelo en que la carga es ligera y les dijo que vinieran hacia él y encontrarían reposo (Mt 11,28.30).

A partir de estas afirmaciones podemos deducir que la imagen del amor que proyectó fue contrastante e inquietante para sus contemporáneos. Jesús salió deliberadamente de su espacio masculino tradicional como parte de su comunicación de la Buena Nueva.

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Getsemaní…

jueves, 17 de abril de 2014
Comentarios desactivados en Getsemaní…

Pasemos esta noche en oración con el Señor

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  I
GETSEMANÍ
I
SOLEDAD EN GETSEMANÍ

Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro
y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
(Mt. 26, 36-37)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.

II

 NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…

Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.

Regresó y volvió a encontrarlos dormidos,
pues sus ojos estaban cargados
(Mt. 26, 43)

No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.

III

 EL BESO

Entonces todos los discípulos
lo abandonaron y huyeron.
(Mt. 26, 56)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.

IV

ORACIÓN PARA NO DORMIR

 Pedro lo siguió de lejos
(Mt., 26, 58)

Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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