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Entradas Etiquetadas ‘Via Crucis’

Ante la Cruz…

Viernes, 19 de abril de 2019

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 ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

magdalena-maria-y-juan

III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

theotherchristandresserrano

III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

Hoy la Iglesia nos invita a un gesto que quizás para los gustos modernos resulte un tanto superado: la adoración y beso de la cruz. Pero se trata de un gesto excepcional. El rito prevé que se vaya desvelando lentamente la cruz, exclamando tres veces: “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Y el pueblo responde: “Venid a adorarlo”.

El motivo de esta triple aclamación está claro. No se puede descubrir de una vez la escena del Crucificado que la Iglesia proclama como la suprema revelación de Dios. Y cuando lentamente se desvela la cruz, mirando esta escena de sufrimiento y martirio con una actitud de adoración, podemos reconocer al Salvador en ella. Ver al Omnipotente en la escena de la debilidad, de la fragilidad, del desfallecimiento, de la derrota, es el misterio del Viernes Santo al que los fieles nos acercamos por medio de la adoración.

La respuesta “Venid a adorarlo” significa ir hacia él y besar. El beso de un hombre lo entregó a la muerte; cuando fue objeto de nuestra violencia es cuando fue salvada la humanidad, descubriendo el verdadero rostro de Dios, al que nos podemos volver para tener vida, ya que sólo vive quien está con el Señor. Besando a Cristo, se besan todas las heridas del mundo, las heridas de la humanidad, las recibidas y las inferidas, las que los otros nos han infligido y las que hemos hecho nosotros. Aun más: besando a Cristo besamos nuestras heridas, las que tenemos abiertas por no ser amados.

Pero hoy, experimentando que uno se ha puesto en nuestras manos y ha asumido el mal del mundo, nuestras heridas han sido amadas. En él podemos amar nuestras heridas transfiguradas. Este beso que la Iglesia nos invita a dar hoy es el beso del cambio de vida.

Cristo, desde la cruz, ha derramado la vida, y nosotros, besándolo, acogemos su beso, es decir, su expirar amor, que nos hace respirar, revivir. Sólo en el interior del amor de Dios se puede participar en el sufrimiento, en la cruz de Cristo, que, en el Espíritu Santo, nos hace gustar del poder de la resurrección y del sentido salvífico del dolor.

*
M. I. Rupnik,
di pascua. Venerdi santo,
Roma 1998, 47-53).

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , ,

El viacrucis de la vida

Viernes, 30 de marzo de 2018

ola-violencia-deja-muertos-rca_6_2105523Leído en su blog:

I.-Me paro a mirar de frente el Cristo flagelado de la Veracruz de Rute, provincia de Córdoba. Navego en sus ojos. ¿Qué estarás pensando, Cristo mío, con esa mirada perdida, el cuerpo cosido a verdugones y una silenciosa súplica saliendo como una burbuja de tus labios? Me quedo callado e intento descifrar ese lamento mudo. Dejo en blanco mi mente. Como dice El santo cura de Ars: “cierra tu mente, cierra tu boca y abre tu corazón”.

Esa mirada profundamente triste tiene mucho de memoria: ¿Qué estas recordando? Acabas de pasar la agonía del Huerto, el beso contaminado de Judas, el juicio inicuo de Pilatos y te han llevado al horrible suplicio de la flagelación. Es como si tus ojos se volvieran al pasado. Porque antes de la noche oscura hubo la Cena, la pascua, la Eucaristía, el gozo y el misterio compartido, tu mejor regalo. Tal vez tus ojos miren hacia atrás, algunas horas antes, memoria viva de pan roto y compartido, el milagro asombroso del Dios hecho pan para ser comido. Ya era noche. Noche de alegría en la cena pascual, de cantos enraizados en la historia, de contemplación del pan del cielo… hasta que algo se rompió. Algo fue mal y rompió el encanto. Y la angustia emponzoñó esa noche única en la historia. ¿Estabas pensando en esto, Cristo de la Veracruz, la mirada desencajada y una súplica callada en tus labios yertos?

Recuerdo el principio de la segunda oración eucarística que leemos solo los curas: “La noche en que fue librado, tomó pan… lo partió y lo dio a sus discípulos…” Quizás pensabas en cómo en una sola frase pueden caber dos extremos tan alejados. Noche y pan. Traición y Eucaristía. Gozo y violencia salvaje. ¿En eso pensabas, Jesús? Cuando Juan vio salir a Judas del Cenáculo, vio “que era de noche”. La noche en que fuiste traicionado fue una noche de apostasía y de venganza, de un entorno que se degrada a trozos, de lazos de amor que se rompen, de descomposición subterránea, de una comunidad que salta en pedazos, de palabras de perjurio, de disimulos y gestos clandestinos. La noche de las 30 monedas, de la negación errática de Pedro. Noche donde todos se esconden y te dejan solo, noche de la sangre derramada sobre la piedra del Getsemaní. Noche de derrota como colofón de un maravilloso regalo del cielo. Noche y pan del cielo, la noche de la Eucaristía.

Como tu, Cristo mío, hemos vivido noches parecidas en Centroáfrica, país olvidado que, dicen, no aparece ni en los GPS, noches de cuchillos rotos y de hachas de guerra, noches de agresiones y de pagar con sangre falsas facturas que otros gastaron. Desde hace 4 años los mismos violentos que te cosieron a latigazos, se ensañan sobre mi pueblo. Entonces mi mirada se encuentra con la tuya, Cristo de la Veracruz y te entiende. Miro como tu, mi pasado reciente y veo noches sin luna, noches de ráfagas de metralleta y violaciones en masa, noches de expolio y asesinatos, noches de miedo. Y no solo en Centroáfrica. Nunca hemos conocido tanta violencia diseminada por cientos de lugares del planeta, como un nuevo holocausto que se está librando en el 2017 en que vivimos. Un holocausto que toca mujeres y niños, adultos y ancianos, culpables e inocentes, en Siria, en Afganistan, en Yemen, en Lesbos, en Libia o en Nigeria. Miles de Inmigrantes indocumentados, que no clandestinos, familias enteras huyendo de la guerra, atravesando el Sahara o el mediterráneo para escapar de la miseria, golpeados por los mismos latigazos que entonces cruzaron tu espalda y derramaron la sangre de tu cuerpo sobre las losas del Pretorio.

II.- No te he quitado la vista de encima. Mis ojos siguen clavados en los tuyos. Y pienso entonces que tal vez, la zozobra que sigo viendo en ellos es porque también miras adelante, no solo para atrás, imaginando todo lo que aún te espera por vivir: amanecer teñido de rojo, Anas, Caifás y Herodes trío de infames vendidos al mejor postor, Ecce homo pantomima del payaso, y el terrible Via Crucis.

Como cada viernes de cuaresma, los fieles de la Catedral de Bangassou se reúnen a las 15’00h (más o menos, cuando el sol está a una cierta altura y declinando…) para empezar el viacrucis. De la 7ª a la 14ª estación, es subida continua, que algunos hacen de rodillas. Es un pueblo angustiado por la macabra presencia de la LRA (los asesinos de Joseph Kony) en toda la región, unos fieles asustados por la presencia de una rama Seleka muy radical y violenta (los Peuls Mbororos), extremistas islámicos que merodean por los pueblos y aldeas de toda la diócesis. Se juntan para revivir la pasión de Jesús, porque ya no nos queda más que eso, rezar. Tus ojos ya imaginan el horror de la pasión, de la cruz a cuestas, el encuentro con tu madre, las tres caídas. La subida al Calvario ya se refleja en tu rostro después de la flagelación, antesala del viacrucis.

Un día conté como una comunidad cristiana, rezando el viacrucis, escapó de un atentado en el mercado, en un pueblo 40% cristiano al norte de Nigeria, Djakana. El Boko-Haram quiso destruirlos con una bomba atada al pecho de una niña kamikaze drogada, pero ellos estaban en la 7ª estación, “Jesús cae por segunda vez”, llegaron tarde al mercado y salvaron la vida.

A mí me gusta recitar el viacrucis todos los días del año (más o menos) porque me sintoniza al instante con el sufrimiento de tanta gente esparcida por todos los rincones de la tierra. Me decía mi padre Maestro hace 40 años: si estás contento piensa en Jesús multiplicando el pan y los peces; si estás triste piensa en el Jesús atado a la columna… No creo ser demasiado pesimista para pensar que hoy día, tal y cómo está el mundo, no hay mil razones para estar contentos. El mundo parece desgarrarse en cientos de pedazos y el volumen de sufrimiento del hombre de hoy, sobretodo en el África donde yo vivo y el Oriente Medio es para helar la sangre de las venas. Perlas de ternura fueron el Cirineo, la Verónica o las mujeres de Jerusalén. Gotas de cariño en un océano de acidez. Cristo atado a la columna, Cristo de la Veracruz: ¡lo que te queda aún por vivir!

Marzo 2017
Juan José Aguirre Muñoz
Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad ,

Ante la Cruz…

Viernes, 25 de marzo de 2016

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 ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

magdalena-maria-y-juan

III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

2007-04-06T11_29_59-07_00

II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

theotherchristandresserrano

III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

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“Dios no inventó el vía crucis”, por Miguel Santiago Losada

Domingo, 19 de abril de 2015

passion-book-img13-zLeído en la página web de Redes Cristianas

Los vía crucis que desangran continuamente a la humanidad son obra de personas que han tomado el nombre de Dios en vano, de las malas prácticas religiosas que han forjado un dios hecho a imagen y semejanza del poder, tanto político como religioso, que somete y anula a la persona. Los sumos sacerdotes de Jerusalén convirtieron el templo en el centro del poder y del dinero. Jesús de Nazaret firmó su sentencia de muerte al denunciarlos por corruptos y sepulcros blanqueados, que explotan al pueblo y cargan sobre sus débiles espaldas fardos pesados repletos de doctrinas y dogmas que ni ellos cumplen

Después de Jesús, pocos siglos duró la vida de las primeras comunidades cristianas, como nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles , debido a los intereses del Imperio y de unos clérigos traidores al evangelio, que transformaron a Jesús en un dios excluyente al que, revestido de emperador, le impusieron la corona y el cetro y le hicieron proclamar que “fuera de la iglesia no hay salvación”.

Siglos más tarde, Mahoma intentó restaurar el monoteísmo de la religión bíblica. Muy pronto con Alí, yerno de Mahoma, surgirían las principales divisiones en el Islam, lo que provocaría su asesinato. La mayor parte de la población musulmana ha sufrido a lo largo de la historia las tensiones y diferencias entre las distintas ramas chiíes y suníes

Los dirigentes de las tres religiones monoteístas cometieron el mismo error: crear un dios excluyente, generador de interminables vía crucis a lo largo de la historia.

Las religiones fracasan cuando una mujer es asesinada a patadas por una turba que la acusa de quemar un Corán o cuando un joven muere de sida en Africa por obedecer a una moral católica que prohíbe el preservativo. Las religiones fracasan cuando el gobierno israelí excluye a un pueblo de su propia tierra. Las religiones fracasan cuando seguidores suyos atentan contra decenas o centenares de personas en una mezquita, una calle, una iglesia… Las religiones fracasan cuando bendicen y utilizan los armamentos o cuando no dan el primer paso para conseguir la paz mundial. Las religiones fracasan por su machismo atroz, que condena a la mujer, en el mejor de los casos, a un segundo lugar, y en el peor la denigra tapándola, matándola o amputándola.

Las religiones fracasan cuando a una persona católica se le niega la comunión por estar divorciada o cuando condenan y matan por una opción sexual. Las religiones fracasan cuando sus iglesias tienen bancos e inmobiliarias o cuando pretenden adueñarse del patrimonio de un país. Las religiones fracasan cuando dividen en nombre de dios, cuando niegan el ecumenismo o la interreligiosidad, cuando ofenden a sus diferentes profetas. Las religiones fracasan cuando no ponen al servicio de los demás lo mejor de sus credos: la fraternidad y la solidaridad. Las religiones fracasan cuando no respetan la laicidad, la libertad de conciencia y la democracia o pretenden hacer del aborto un crimen de Estado. Las religiones fracasan cuando se basan en una estructura vertical, en cuya cúspide se consideran príncipes. Las religiones fracasan cuando utilizan y manipulan la religiosidad popular. Las religiones fracasan cuando le dan la espalda a los derechos humanos.

Nos podemos preguntar qué hacer ante tanto fracaso. La respuesta no es otra que creer en la persona, tal y como se refleja en los ejemplos siguientes:

El papa Francisco lavó los pies el pasado Jueves Santo a una docena de jóvenes en una prisión de Roma, entre ellos, a dos mujeres, una musulmana serbia y una católica italiana. El gesto es doblemente histórico para un papa.

L. Bathily, un joven musulmán de Mali, escondió el pasado 9 de enero en el supermercado de Vincennes a seis clientes en la cámara frigorífica, entre ellos un bebé, para que no fueran asesinados por los terroristas. Dijo: “Ya sea cristiano, ateo o musulmán… alguien que mata así es inhumano y terrible. No escondí a judíos, escondí a seres humanos”.

Malala Yusufzai, pakistaní musulmana y premio nobel de la paz, es una luchadora incansable a favor de la escolarización de las niñas musulmanas.

Judíos y árabes marcharon juntos por el Estado palestino en 2011 y gritaron eslóganes como: “Judíos y árabes luchan contra la ocupación”.

M. Luther King gritó: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

En definitiva, y a modo de conclusión, en el bello poema del filósofo Ibn Arabi (1165-1241) Mi religión es el amor podemos encontrar la respuesta: “Hubo un tiempo en el que rechazaba a mi prójimo si su fe no era la mía. Ahora mi corazón es capaz de adoptar todas las formas: es un prado para las gacelas y un claustro para los monjes cristianos, templo para los ídolos y la kaaba para los peregrinos, es recipiente para las tablas de la Torá y los versos del Corán. Porque mi religión es el amor”.

* Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Islam, Judaísmo , , , , , , , ,

Vía Crucis del migrante.

Domingo, 11 de mayo de 2014

ARCHI_39488400x285Leído en la página web de Redes Cristianas

PRIMERA ESTACIÓN

JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

“EL EMPOBRECIMIENTO OBLIGA A MIGRAR.”

Guía: Te adoramos, OH Cristo, y te bendecimos.
Pueblo: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio de San Marcos 15,15

“Pilatos, decidido a dejar contenta a la gente, les soltó a Barrabás y a Jesús lo entrego para que lo azotaran y lo crucificaran”.

MEDITACIÓN

La situación de pobreza por la que atraviesa nuestro país, provoca expulsión natural de nuestros hermanos por no encontrar espacios ni oportunidades para lograr el desarrollo personal, familiar o social. La violencia y la discriminación social, económica, política obligan las personas a abandonar su país de origen. Como ser humano, Jesús vivió el sufrimiento y la inestabilidad propios del vivir lejos de su tierra natal. Como personas de Fe tenemos que buscar formas concretas de transformar las realidades injustas de manera que ningún ser humano se sienta forzado a migrar. Desde la Fe luchemos unidos para cambiar las estructuras de las políticas neoliberales del siglo XXI.

Guía: recemos el Padre Nuestro y una ave María por todos los que se están preparando para migrar.

ORACIÓN:

Pedimos a Jesús, quien conoció la amargura de la emigración, que nos de un corazón solidario para acoger a los migrantes que caminan buscando un mejor porvenir.

Canto

SEGUNDA ESTACIÓN

JESÚS CARGA LA CRUZ Y SE DIRIGE AL CALVARIO

“El MIGRANTE SALE POR NECESIDAD: EL ÉXODO DEL CAMPO A LA CIUDAD POR FALTA DE TIERRA Y OPORTUNIDADES.”

Guía: te adoramos, OH Cristo, y te bendecimos.
Pueblo. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Del Evangelio de San Juan 19,17

“Se lo llevaron; y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota”.

MEDITACIÓN

Nuestros hermanos y hermanas migrantes repiten hoy este calvario, en busca de un trabajo y un futuro mejor para ellos y sus familias. La falta de una distribución equitativa de los bienes de la tierra arroja a miles de personas en la desesperación. En la migración interna y hacia el extranjero, el migrante se ve obligado a cargar la cruz del maltrato, la soledad, la discriminación, el racismo, la xenofobia, la explotación y de las políticas y leyes migratorias restrictivas. Los migrantes están profundamente lastimados por las fronteras, muros e impunidad. Así mismo, por la falta de políticas de desarrollo social para que puedan permanecer en el país de origen. Luchemos juntos por el derecho a no migrar.

Guía: recemos un Padre Nuestro y una Ave María por todos los migrantes que no consiguen trabajo digno.

ORACIÓN

Señor Jesús que nosotros juntos a nuestros hermanos migrantes sepamos llevar esta cruz con mucho amor, recordando que un día estaremos contigo en el paraíso.

Canto

TERCERA ESTACIÓN

JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
“LA FRAGILIDAD HACE CAER EL MIGRANTE”.

Guía: Te adoramos, OH Cristo, y te bendecimos.
Pueblo: que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del libro del profeta Isaías 53,3-5

“Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en dolor; al verlo se tapaba la cara; despreciado, lo tuvimos por nada; a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargo con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido. Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado.”

MEDITACIÓN

No hay nada más cruel que ser traicionado por la gente en quien se confía. Los migrantes son traicionados y violados en sus derechos fundamentales, muchas veces por sus mismos paisanos y amigos. Resultan incontables los casos de violaciones a los derechos humanos en que a diario cae la población migrante. Se les somete a tratos crueles y degradantes, son arbitrariamente detenidos y encarcelados; no se respeta su derecho a circular con libertad ni a elegir el lugar de su residencia; no se les paga un salario justo dizque por falta de documentación. Todo ser humano es migrante y como tal, la sociedad debe unificar esfuerzos y hacer valer sus derechos en cualquier parte del mundo donde se encuentre. Los migrantes siguen siendo triturados por los crimines que se cometen en contra de ellos. Leer más…

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“Locura y escándalo de la cruz. 10 preguntas mordientes”, por Arnaldo Zenteno.

Jueves, 24 de abril de 2014

032Leído en la página web de Redes Cristianas:

Queridas hermanas y hermanos: Les comparto un Viacrucis del Migrante, un Viacrucis Ecológico, 10 preguntas inquietantes o mordientes ante el escándalo de la Cruz, y un pequeño folleto inspirado en Pagola sobre ese escándalo y locura.

Unidos en el Viacrucis de Jesús y los Crucificados de nuestra historia, y unidos ahora en especial a tantas personas afectadas de diversas maneras en la cadena de temblores y de incertidumbre hoy en Nicaragua.

Arnaldo.

LOCURA Y ESCÁNDALO DE LA CRUZ.
10 preguntas mordientes

1.- ¿Cuánto valoramos y qué sentido le damos a la devoción popular, a las imágenes de Cristo crucificado, como a la Sangre de Cristo? ¿Las valoramos o pensamos que es una religiosidad popular sin evangelización? ¿Hemos reflexionado en por qué el pueblo más pobre se identifica tanto con las imágenes de Jesús Crucificado?

2.- ¿En qué sentido Cristo crucificado es fuente de nuestra esperanza y de una lucha más humana?

3.- Cuando se habla del Sacrificio de la Cruz se suele decir que es el sacrificio que le ofrece al Padre para pagar la ofensa por nuestros pecados y que nos perdone ¿Es esto verdad y qué imagen refleja de Dios?

4.- ¿Y en qué sentido podemos decir que el Padre no quiere la Cruz de su Hijo Amado y en qué sentido el Padre sí la quiere?

5.- ¿En nuestra vida cotidiana creemos más en un Dios omnipotente y todo poderoso y aún el Dios de los ejércitos más que en un Dios humillado y crucificado?

6.- ¿Por qué matan, asesinan a Jesús las autoridades religiosas y políticas de su tiempo?

7.- ¿Vemos en Jesús crucificado que Él se identifica con las víctimas, con los crucificados de la historia?

8.- Si adoramos a Jesús crucificado que entrega la vida por amor ¿podemos ser indiferentes a los crucificados de nuestra historia?

9.- ¿Qué significa para nosotros la palabra de Jesús “El que quiera ser mi discípulo, tome su cruz y sígame”?

10.- ¿Qué relación hay entre asumir la Cruz y comprometernos por el Reino?

Asamblea de Representantes CNP-CEB. Abril 2014.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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“Vía Crucis”, por Miguel Santiago Losada, Profesor y presidente de la Asociación KALA

Viernes, 18 de abril de 2014

14._jesus_is_nailed_to_the_cross-lowresLeído en la página web de Redes Cristianas

Hoy las cruces se llaman vallas de Ceuta y Melilla, se llaman centros de internamiento de extranjeros, se llama negarle la tarjeta sanitaria a una persona por el sólo hecho de ser inmigrante sin documentación, se llama expulsarlos sin ningún miramiento a empujones, en el mejor de los casos, fuera de nuestras fronteras.

Hoy al sepulcro se le denomina costas del Mediterráneo y Atlántico, que hacen de frontera con Europa, y donde miles de africanos dejan sus vidas por intentar vivir con dignidad.

Hoy el vía crucis se llama ley de extranjería que, lejos de fundamentarse en principios sociales y de derechos humanos, tiene como principal valedor al Ministerio del Interior. Un inmigrante sin papeles deberá recorrer un tortuoso vía crucis de documentos exigidos por las administraciones, certificados de buena conducta, contratos laborales, avales de ONG de que son buenos chicos y han tenido un comportamiento irreprochable.

Hoy los azotes y la coronación de espinas están en las fronteras con Marruecos y Argelia donde las palizas, los malos tratos y los escarnios son continuos, donde, más tarde, se les deja en pleno desierto bajo un sol abrasador, muertos de sed y de hambre.

Hoy llevar la cruz a cuestas se llama cruzar miles de kilómetros, con miles de dificultades, donde con suerte encontrarán algún Cirineo dispuesto a darle cobijo para que recobren las fuerzas y seguir el camino, que para muchos será la muerte.

Mientras, muchos Sumos Sacerdotes, demasiados, mirarán para otro lado, pendientes de imponer su moral católica, obsesionados con el poder y con mantener y acaparar posesiones.

Mientras, los gobernantes mentirán hasta la saciedad para borrar su culpa de las atrocidades inhumanas que están cometiendo con tanta criatura inocente, cuyo delito es haber nacido en un país pobre y/o en guerra.

Mientras, habrá gente que clame: ¡crucifícalo, crucifícalo! Gente que tiene miedo a que nos invadan, nos quiten el trabajo, compartan los servicios sociales, la sanidad o la educación… Un miedo auspiciado por los poderosos para responsabilizar de la crisis a los excluidos y empobrecidos, para que la gente mire hacia abajo y machaque al que está aún peor; una vieja estrategia para que los pobres se enfrenten. Mientras, se sigue engordando a la banca y a las grandes empresas, donde lo que menos importa es la persona.

Tengo la esperanza, como decía el entrañable cantautor, que “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”, una libertad que responda a los deseos que otro gran poeta de la vida nos dejó hace 2.000 años: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme” (Mt 25,35-36).

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Ante la Cruz…

Viernes, 18 de abril de 2014

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 ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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