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Archivo para Domingo, 6 de abril de 2014

Te ofrezco.

Domingo, 6 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

je-toffre

 Te ofrezco mis ojos para que contemplen Tu gloria.

Te ofrezco mis orejas para que oigan Tu voz.

Te ofrezco mi nariz para que respire Tu amor.

Te ofrezco mi lengua para que proclame Tu nombre.

Te ofrezco mis manos para que Te sirvan.

Te ofrezco mis pies para que Te sigan.

Te ofrezco mi cuerpo para que sea Tu Templo.

Te ofrezco mi corazón para que sea Tu morada.

Te ofrezco mi vida para que ella  Te glorifique.

*

Soko Franck Hermann, seminarista, Web

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Un profeta que llora”. 6 de abril de 2014. 5 Cuaresma (A). Juan 11, 1- 45.

Domingo, 6 de abril de 2014

img_men_1024_2011-4-10_1Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!“.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la esperanza cristiana en la resurrección. Pásalo.

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“Yo soy la resurrección y la vida”. Domingo 6 de abril de 2014. Domingo 5º de Cuaresma.

Domingo, 6 de abril de 2014

RESURRECCION_DE_LAZAROLeído en Koinonia:

Ez 37,12-14: Les infundiré, mi espíritu, y vivirán
Salmo responsorial 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Rom 8,8-11: El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes
Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida

El pueblo, desterrado en Babilonia (su tumba), es llamado a una existencia totalmente nueva. El Espíritu del Señor se posa sobre su realidad (huesos secos) y les reviste de carne, es decir, de vida. Un pueblo nuevo se pone en pie. Dios puede abrir los sepulcros de Israel y darle una nueva vida. Es una “resurrección” que marca el final del destierro y el regreso de la esperanza al pueblo, con el retorno a su tierra. Este es el mensaje que nos regala hoy la profecía de Ezequiel.

El evangelio nos presenta el último de los signos realizados por Jesús, que insiste en que su finalidad es “manifestar la gloria de Dios”. Por su vida y obras, Jesús revela al Padre, y a ello deben corresponder los discípulos confesando su fe en él. En el relato, esta fe de los discípulos, pasa por un proceso de crecimiento, que se deja ver claramente en los diálogos que tienen los doce y las hermanas con Jesús. El gran gestor de este proceso en los discípulos es Jesús, que por su palabra y su propia fe en el Padre, va conduciéndolos de una fe imperfecta a una fe más sólida. La fe de Jesús es confiada, y lo manifiesta en la oración que dirige al Padre: “Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas”. Jesús sabe que el Padre está con él y no le defraudará, y manifiesta esta confianza aun antes de que suceda el signo.

Las hermanas, en cambio, manifiestan una fe limitada y se lamentan de lo mismo. Partiendo de esta fe deficiente, Jesús les conduce a una fe mayor. Cuando le dice a Marta que su hermano resucitará, ella, según el sentir común, piensa en algo que sucederá al final de los tiempos, pero Jesús le rompe todas sus creencias revelándole que ésta es una experiencia ya presente y actuante en él: “Yo soy la resurrección y la vida”. Le revela además que esta resurrección, está ya presente y actuante en todos aquellos que crean en él: “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Entonces la obliga a dar un paso adelante en su fe: “¿Crees esto?”. Ella asiente positivamente: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Al resucitar a Lázaro, Jesús revela que “el don de Dios” desborda los cálculos humanos (se esperaba que lo curara, no que lo resucitara), incluso cuando ya no hay esperanza (“Señor, huele mal, ya lleva cuatro días muerto”), y anticipa el signo por excelencia de la resurrección de Jesús. A todo el que confié en él, “Dios le ayuda” (esto es lo que significa el nombre Lázaro). A todo discípulo que cree en Jesús, le sucede lo que a Lázaro, no hay que esperar al final de los tiempos para resucitar. La fe cristiana es un camino de vida y de esperanza en el que el Espíritu Santo, desde el bautismo, nos identifica con Cristo que nos ha sacado de nuestras tumbas para que vivamos ya ahora como resucitados.


Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio. Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender. Para un desplazado no hay peor desgracia que morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio. El profeta Ezequiel, en la primera lectura, afronta esta situación viviéndola con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y «dormir» con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido? Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre….

Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto… pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad. A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil. (Puede ser más fácil para unas religiosas de clausura, o para los niños de la catequesis infantil).

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al climax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan. Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué le matan» (remitimos para ello a un artículo clásico de Ignacio Ellacuría, en http://servicioskoinonia.org/relat/125.htm). El episodio 102 de la famosa serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus) también interpreta este pasaje de Juan en relación con la «clandestinidad» a la que Jesús tendría que someterse sin duda en el último período de su vida.

Otro tema puede ser el de la fe o del creer en Jesús, con tal de que no identificar la «fe» en «creer que Jesús puede hacer milagros» o «creer en los milagros de Jesús». La fe es algo mucho más serio y profundo. Podría uno creer en Jesús y creer que el Jesús histórico probablemente no hizo ningún milagro… No podemos plantear la fe como si un «Dios allá arriba» jugase a ver si allá abajo los humanos dan crédito o no a las tradiciones que les cuentan sus mayores referentes a los milagros que hizo un tal Jesús… La fe cristiana tiene que ser algo mucho más serio.

Y un tercer tema, todavía más complejo para nuestra reflexión, puede ser el de la resurrección. Precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección. Lógicamente, a Lázaro simplemente se le dio una prórroga, una «propina», un suplemento… de esta misma vida. Un «más de lo mismo». Y el Lázaro «resucitado» -como tantas veces se lo mal llamó- tenía que volver a morir. Porque para nosotros «vivir es morir». Cada día que vivimos es un día que morimos, un día menos que nos queda de vida, un día más que hemos gastado de nuestra vida… Pero «resucitar»… es otra cosa.

Aquí habría que subrayar que es bien probable que en la cabeza de la mayor parte de nosotros, la idea de «resurrección» que hay es una idea equivocada, por esta misma razón por la que decimos que Lázaro era «mal llamado resucitado»: porque pensamos, o mejor dicho, «imaginamos» la vida resucitada un poco como «prolongación, suplemento, continuación…» de ésta de ahora. Y no. No es sólo que la diferencia será que «aquella vida no se acaba», o que «no tiene necesidades materiales» porque «allí serán como los ángeles del cielo»… No. Es que se trata realmente de otra cosa. Es un misterio. Nuestra llamada «fe en la resurrección» no es un creer que hay un «segundo piso» al que subimos tras la muerte y que allí «continuaremos viviendo»… Podríamos decir que todas esas «imágenes» no corresponden al «misterio» en el que creemos, y como tales, pueden ser dejadas de lado. También aquí, yo puedo creer en lo que denominamos «resurrección» sin aceptar la interpretación facilona de que Dios nos creó aquí primero para luego llevarnos a un lugar definitivo… Muchos pueblos primitivos han pensado esto, que fue una forma plausible de interpretación de la vida humana en unos determinados contextos culturales de tiempos pasados. Pero hoy, si no queremos seguir anclados en las «creencias» típicas de las religiones de la edad agraria… es necesario hacer un esfuerzo de purificación, y quizá también haga falta aceptar la ascesis de un «no saber/no poder» expresar bien aquello en lo que «creemos»…

Es un tema demasiado importante y demasiado sutil como para llegar, y ponernos directamente a hablar de la resurrección de Lázaro y de la nuestra, sin necesidad de más preámbulos… Es más complejo el problema. Sobre la transformación de las condiciones de credibilidad de las religiones en este nuevo tiempo sugerimos la lectura de los artículos 352 (http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm), de Mariano CORBÍ, y 344, de Amando ROBLES (http://servicioskoinonia.org/relat/344.htm). Sobre la necesidad de «despedirse del piso de arriba», recomendamos la lectura del capitulo de igual título del libro de Roger LENAERS «Otro Dios es posible [http://tiempoaxial.org/#10]. Y sobre la resurrección, en un plan más netamente teológico, recomendamos la lectura de TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003). Hay también un reciente número de la revista CONCILIUM dedicado a la resurrección (noviembre 2006). La Agenda Latinoamericana’2011 [htp://latinoamericana.org/digital] trae un artículo titulado «¿Pero hay o no hay otro mundo ahí arriba?»[ http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=729] accesible en su archivo digital [http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo]. La serie «Otro Dios es posible, de los hermanos LÓPEZ VIGIL aborda el tema de la resurrección en la entrevista 98 [http://radialistas.net/article/98-resucito/], titulada «¿Resucitó?». Leer más…

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Dom 6.4.14. “Lázaro ¡sal fuera! En contra del negocio de la muerte”

Domingo, 6 de abril de 2014

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5 de cuaresma. Ciclo A. Jn 11, 1-46. El evangelio ofrece hoy una catequesis de la resurrección, elaborada por la comunidad del Discípulo amado, desde un fondo de recuerdos y tradiciones históricas (cercanas a las de Lucas: Marta y María, Lázaro el mendigo…).

Empecemos leyendo el texto, un prodigio de emociones, de compromisos y esperanzas, de retos y tareas… en silencio, sabiendo que Lázaro somos todos; todos somos sus hermanas y amigos.

Jesús parece ausente y lloramos, hoy de un modo especial por todos los que mueren sin sentido, al parecer antes de tiempo como si Dios no existiera.
Pero el llanto se puede convertir en gozo y compromiso a favor de la vida. En ese sentido quiero hablar al fin de tres resurrecciones. Dejemos que el texto nos hable. Su historia es la nuestra.

Texto: Jn 11, 1-46

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: “Señor, tu amigo está enfermo.” Jesús, al oírlo, dijo…

DibujosBiblicosJesucristoLaResurreccion((… y así sigue el texto, casi todo el capítulo 11 de Juan. Vaya cada uno a su Biblia y lea con calma. Es probable que le baste lo leído. Si es así, olvídese de mi comentario. Pero, si aún le quedan ganas de sentir y de pensar… puede seguir leyendo mi reflexión)).

Éste es el texto para meditar, una baile de vida (en contra del baile de la muerte de la primera imagen).

Éste es un texto para caminar, levantarse y comenzar una vida solidaria, en comunión de amor y de esperanza.

Buen domingo a todos. Buena lectura para los que continúen con mi texto.

Un comienzo

¿Qué se puede hacer? Llorar por los muertos, consolar a los que quedan, esperar la resurrección… y comprometerse a favor de la vida, aunque ello resulte peligroso apostar por ella, como Jesús, subiendo a los lugares conflictivos (¡Vayamos, y muramos con él, como dice Tomás).

Jesús es Hijo de Dios, pero no puede impedir que su amigo muera, porque la muerte pertenece a la ley de la vida. Por eso llora, porque su amigo muere…

Lázaro murió de muerte natural, pero a muchos, en cambio, les matan, de muerte violenta, los diversos tipos de asesinos, traficantes de la vida, precisamente aquellos que no quieren que Jesús resucite… pensando que así pueden obtener ventajas de este desorden del mundo que es el nuestro.

El texto no acaba con la resurrección de Lázaro, sino con la decisión de Caifás y de los sumos sacerdotes, que deciden matar a Jesús porque da la vida, porque resucita a los muertos.

El texto debe acabar con nuestra decisión intensa a favor de la vida, en contra de todos los traficantes de la muerte que dominan en los lúgubres tugurios del poder y del dinero (mientras sigue y avanza el hambre, crecen las vallas, aumentas las opresiones)

Jesús no impidió la muerte de Lázaro.

Esperó tres días antes de venir y Lázaro murió… Son los días de la vida y de muerte en este mundo, son los días de la dura realidad de la historia. Después vino, en el día de la resurrección que es tercer día (como dicen los judíos y decimos los cristianos: Resucitó, resucitará al tercer día, que es el tiempo de la culminación).

¿Por qué no vino antes para impedir que Lázaro? Se lo preguntaron las hermanas y lloró. No pudo venir antes, pero lloró. No puede impedir un tipo de muerte en este mundo, pero sufre. También llora aquí, en nuestro día, en todos los hospitales y casas de difuntos, en los campos de concentración y en las cárceles, en los lugares donde siguen reinando las bombas y el hambre…

¿Por qué no impidió que muriera Lázaro?
¿Por qué no detuvo la mano asesina?
¿Por qué no impide que las balas alcancen el cuerpo querido?
¿Por qué no derriba del trono a los poderosos, como quería María, la Madre de Jesús?
¿Por que no despide vacíos-desnudos a los ricos, como sigue diciendo la misma María?
¿Por qué no para la mano al terremoto, al tsunami, al incendio?

Jesús lloró con sus amigas. Hay acontecimientos ante los que sólo tenemos el llanto y la condena y la promesa de cambio… con la oración y la solidaridad.Oración por los muertos… pues la oración vincula a los vivos con los muertos. Una oración con voces y en silencio, porque creemos en la resurrección, como Jesús creía en la resurrección de Lázaro.

Una oración que acepta la muerte (sin entenderla), una oración que condena a los que trafican con la guerra y el hambre, con la injusticia y la opresión. Una oración de cercanía, con las hermanos y hermanos de los muertos. Una oración en solidaridad con los amigos y compañeros.

Muchas veces no se entiende. Tampoco Jesús entendía. No hizo un sermón explicando las razones de la muerte de Lázaro. Simplemente lloró.

Lázaro ¡Sal fuera!

Jesús lloró, pero creía (porque creía) en la resurrección. Y de esa forma habló, llegado el tercer día, culminado el tiempo del llanto (que es el tiempo de muerte de este mundo, un tiempo del que nadie vuelve a la historia anterior).

¡Lázaro sal fuera! Esta palabra hay que decirla desde ahora, con Jesús. ¡Salgamos fuera todos, de manera que no vivamos más de muertes, que no sigamos más aletargados, envueltos en sudarios y vendas, pactando con la violencia y la injusticia, dando cobertura a los que matan.

Esta palabra ¡sal fuera! es para todos. Tenemos que salir de un mundo en el que, de un modo o de otro, nos hemos acostumbrado a la muerte, de manera que muchos viven (vivimos) de la muerte de los demás.

Salir fuera de la tumba significa vivir para la vida, en justicia y solidaridad. Que los educadores eduquen para la paz, que los políticos gobiernen para la justicia, que los trabajadores trabajen para el bien de todos… que todos podamos vivir para la concordia, condenando la violencia de un modo radical, total…

El riesgo de los optan por la vida

El camino de la vida empieza por el llanto y la conversión. Es un camino en el que intervienen muchos factores y donde tienen responsabilidad muchas personas, empezando por los políticos y los educadores, por los dueños de la economía y los creadores de opinión, por los dirigentes de las iglesias etc.

Este camino por la vida es hermoso, pero muy arriesgado. Los que trabajan sin más por la vida, los que sacan a los hombres y mujeres de sus tumbas suelen ser perseguidos, porque hay intereses creados y muchos prefieren que las cosas sigan así. Así lo dice el evangelio:

Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho [resucitando a Lázaro]. los principales sacerdotes y los fariseos reunieron al Sanedrín y decían:
–¿Qué hacemos? Pues este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación.
Entonces uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote en aquel año, les dijo:
–Vosotros no sabéis nada; ni consideráis que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que perezca toda la nación (Jn 11, 46-50).

Que muera uno (Jesús) para que el “buen” sistema siga… Que mueran muchos, millones, para que el sistema siga viviendo. De ese rechazo, de esa muerte de los otros vivimos…

Es peligroso optar por la vida en este mundo de muerte. Hay muchos (personas e instituciones) que prefieren mantener las cosas así, traficando con la muerte. El evangelio supone que los primeros traficantes de la muerte (¡que Lázaro se pudra!) son los dirigentes religiosos y políticos que controlan el poder desde la muerte.

Jesús protesta contra el “negocio” de la muerte

No quiero condenar en exclusiva a los políticos, ni acusar a los dirigentes religiosos (a los que acusa este evangelio), ni siquiera a los traficantes de la muerte (vendedores de armas, promotores de una economía que mata….), pues de alguna forma todos nosotros, los ricos del mundo, vivimos de una economía que crece (¡como la de España!) vendiendo más armas a los “pobres”, para que se maten…

Pero debo añadir que nadie, nunca, debería aprovecharse de la muerte de los demás para medrar, para manteniendo ningún tipo de injusticia; que nadie se aproveche de la injusticia para justificar ningún tipo de acción opresora, con el argumento de Caifás (¡matemos a Jesús para vivir todos más tranquilos).

El único valor es la vida, cada vida, por encima de la “santa nación” a la que apelaba Caifás (en pacto con el Santo Imperio de Roma)… Por eso, el evangelio sigue comentando que, en un sentido, Caifás tenía razón, porque Jesús “murió no solamente por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban esparcidos” (Jn 11, 51). Pero esa es la “razón de la muerte”, no el principio de la vida, que es la “resurrección”, en sus tres formas:

Tres resurrecciones

(a) La primera resurrección es aquella en la que creen algunos judíos y la mayor parte de los cristianos (si creen) (como Marta): “Mi hermano resucitará en la resurrección del último día”. Pero, mientras tanto ¡dejemos que la muerte siga reinando sobre el mundo! ¡Vivamos de la muerte de los otros! Leer más…

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Receta para conseguir la inmortalidad. Domingo 5º de Cuaresma. Ciclo A

Domingo, 6 de abril de 2014

18-CuaresmaA5Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Imagen de José Luis Cortés

(La escena tiene lugar al otro lado del Jordán, donde Jesús ha tenido que huir con sus discípulos para que no lo apedreen en Jerusalén por blasfemo. El grupo está sentado a la orilla del río. Caras serias. Unos preocupados, otros irritados. La aparición de un muchacho que llega corriendo y sudoroso los pone alerta. Se dirige directamente a Jesús.)

Te traigo un recado de Marta y María. Me han dicho que te diga: «Señor, tu amigo está enfermo».

(Ninguno de los discípulos pregunta de qué amigo se trata. Saben que es Lázaro, el de Betania, el hermano de María y Marta. Jesús mira al mensajero, luego afirma.)

Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

(No entienden muy bien qué quiere decir, pero prefieren no preguntar. Jesús permanece sentado junto a la orilla, como si la noticia no le hubiera afectado. Pedro le comenta a Juan: “Seguro que mañana salimos para Betania”. Pero al día siguiente Jesús sigue inmóvil y no dice nada. Pasa otro día, igual silencio. Al tercero, en cuanto comienza a clarear, despierta a los discípulos.)

Vamos otra vez a Judea.

(Las caras reflejan sueño, temor y preocupación)

Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos. ¿Vas a volver allí?

― ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.

(Advierte que no han entendido nada y añade:)

― Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.

― Señor, si duerme, se salvará.

(Ha sido Pedro quien ha hablado en nombre de todos. Jesús los mira con gesto de cansancio).

― No me refiero al sueño natural, me refiero al sueño de la muerte. Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. ¡Vamos a su casa!

(Se miran con miedo, indecisos. Tomás anima a los demás.)

― Vamos también nosotros y muramos con él.

(Las escenas siguientes tienen lugar en Betania, pueblecito a unos tres kilómetros de Jerusalén. La cámara comienza enfocando la casa de la familia, donde se han reunidos numerosos judíos para dar el pésame. Una muchacha se acerca a Marta y le dice algo al oído. Se levanta de prisa y sale de la casa. La cámara la sigue hasta las afueras del pueblo, donde encuentra a Jesús. No se postra ante él. Le habla con una mezcla de reproche y confianza.)

― Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

― Tu hermano resucitará.

― Sé que resucitará en la resurrección del último día.

― Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

― Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

― Llama a María. Dile que venga.

(Marta entra en el pueblo, se dirige a la casa y habla en voz baja a María.)

― El Maestro está ahí y te llama.

(Marta se levanta y sale a toda prisa. Los visitantes la siguen pensando que va al sepulcro a llorar. Cuando llega adonde está Jesús se echa a sus pies y le dice llorando).

― Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

(Jesús, viéndola llorar a ella y a los judíos que la acompañan, se estremece y pregunta muy conmovido.)

― ¿Dónde lo habéis enterrado?

― Señor, ven a verlo.

(Jesús se echa a llorar. Algunos de los presentes comentan: «¡Cómo lo quería!» Uno se les queda mirando irónicamente y dice: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, si ha oído algo, no se da por enterado. Solloza de nuevo. Finalmente llegan al sepulcro, una cavidad cubierta con una losa.)

(Jesús) ― Quitad la losa.

(Marta) ― Señor, ya huele mal, lleva cuatro días muerto.

(Jesús) ― ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

(Se acercan unos hombres y hacen rodar la losa dejando visible la entrada del sepulcro.)

(Jesús, levantando los ojos al cielo) ― Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

(Echa una mirada en torno a los presentes. Luego, mirando a la tumba, grita)

Lázaro, ven afuera.

(La cámara permanece fija en la entrada de la tumba, por la que aparece poco a poco Lázaro. Un sudario le cubre la cara y lleva los pies y las manos atados con vendas. Estupor y miedo entre la gente. Jesús, en cambio, sereno, casi indiferente, da una breve orden.)

Desatadlo y dejadlo andar.

(Voz en off)

Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

COMENTARIO

28 de abril 2014. Dominic, un niño de dos años, hijo de una familia gitana, encuentra un boquete en la alambrada que separa el campamento de la línea férrea Robigo-Verona. Un tren lo arrolla y muere poco después en el hospital de Legnano.

29 de abril 2014. Guglielmo di Maggio (44 años) ha conseguido un nuevo empleo en unos grandes almacenes. Con su mujer, Nunziatina (40) y sus dos hijos (7 y 5) decide ir a celebrarlo. En un túnel de la autopista Palermo – Messina se estrella contra un camión que ha derrapado e invadido la calzada contraria. Sólo se salva el niño de 5 años.

Son dos casos de los últimos días (italianos, porque me encuentro en Roma), a los que podrían añadirse muchos miles. Y vienen a la memoria las palabras de Miguel de Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, lo que pasa es que no me da la gana de morirme». Palabras que estaría dispuesta a firmar la inmensa mayoría de la gente. Y también el cuarto evangelio, aunque a su autor no le obsesiona la muerte sino la vida.

En el prólogo ha presentado a Jesús, Palabra de Dios, como poseedor de la vida. En un discurso programático afirma Jesús, anticipando la resurrección de Lázaro: «Os aseguro que llega la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán» (Juan 5,25). Y el evangelio termina: «Estas cosas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él» (Juan 20,31). Esta obsesión por la vida encuentra su punto culminante en la resurrección de Lázaro, que se encuentra en mitad del evangelio (cap. 11 de 21).

La idea de resucitar a otra vida no estaba muy extendida entre los judíos. En algunos salmos y textos proféticos se afirma claramente que, después de la muerte, el individuo baja al Abismo (sheol), donde sobrevive como una sombra, sin relación con Dios ni gozo de ningún tipo. Será en el siglo II a.C., con motivo de las persecuciones religiosas llevadas a cabo por el rey sirio Antíoco IV Epífanes, cuando comience a difundirse la esperanza de una recompensa futura, maravillosa, para quienes han dado su vida por la fe. En esta línea se orientan los fariseos, con la oposición radical de los saduceos (sacerdotes de clase alta). El pueblo, como los discípulos, cuando oyen hablar de la resurrección no entiende nada, y se pregunta qué es eso de resucitar de entre los muertos.

Los cristianos compartirán con los fariseos la certeza de la resurrección. Pero no todos. En la comunidad de Corinto, aunque parezca raro (y san Pablo se admiraba de ello) algunos la negaban. Por eso no extraña que el evangelio de Juan insista en este tema. Aunque lo típico de él no es la simple afirmación de una vida futura, sino el que esa vida la conseguimos gracias a la fe en Jesús. «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.»

Pero el tema de la vida en el cuarto evangelio requiere una aclaración. La «vida eterna» no se refiere sólo a la vida después de la muerte. Es algo que ya se da ahora, en toda su plenitud. Porque, como dice Jesús en su discurso de despedida, «en esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesús, el Mesías» (Juan 17,3).

Nota: dice el relato que Jesús, al ver llorar a María y a los presentes, se estremeció, se conmovió y lloró. Sorprende esta atención a los sentimientos de Jesús, porque los evangelios suelen ser muy sobrios en este sentido. Generalmente se explica como reacción a las tendencias gnósticas que comenzaban a difundirse en la Iglesia antigua, según las cuales Jesús era exclusivamente Dios y no tenía sentimientos humanos. Por eso el cuarto evangelio insiste en que Jesús, con poder absoluto sobre la muerte, es al mismo tiempo auténtico hombre que sufre con el dolor humano. Jesús, al llorar por Lázaro, llora por todos los que no podrá resucitar en esta vida. Al mismo tiempo, les ofrece el consuelo de participar en la vida futura.

La primera lectura, tomada del libro de Ezequiel, ha sido elegida por la estrecha relación entre la promesa de Dios de abrir los sepulcros del pueblo y volver a darle la vida, y Jesús mandando abrir el sepulcro de Lázaro y dándole de nuevo la vida. Ambos relatos terminan con un acto de fe en Dios (Ezequiel) y en Jesús (Juan).

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así dice el Señor:

-«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.»

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“Cuidar de la Madre Tierra y amar a todos los seres”,por Leonardo Boff, teólogo y escritor.

Domingo, 6 de abril de 2014

aaplac_2Leído en la página web de Redes Cristianas:

El amor es la mayor fuerza que existe en el universo, en los seres vivos y en nosotros los humanos. Porque el amor es una fuerza de atracción, de unión y de transformación. Ya el antiguo mito griego lo formulaba con elegancia: «Eros, el dios del amor, se irguió para crear la Tierra. Antes, todo era silencio, vacío e inmóvil. Ahora todo es vida, alegría, movimiento». El amor es la expresión más alta de la vida que siempre irradia y pide cuidado, porque sin cuidado languidece, enferma y muere.

Humberto Maturana, chileno, uno de los mayores exponentes de la biología contemporánea, mostró en sus estudios sobre la autopoiesis, es decir, sobre la autoorganización de la materia de la cual resulta la vida, cómo el amor surge desde dentro del proceso evolutivo. En la naturaleza, afirma Maturana, se verifican dos tipos de conexiones (él las llama acoplamientos) de los seres con el medio y entre sí: una necesaria, ligada a la propia subsistencia, y otra espontánea, vinculada a relaciones gratuitas, por afinidades electivas y por puro placer, en el fluir del propio vivir.

Cuando esta última ocurre, incluso en estadios primitivos de la evolución hace miles de millones de años, surge ahí la primera manifestación del amor como fenómeno cósmico y biológico. En la medida en que el universo se inflaciona y se vuelve complejo, esa conexión espontánea y amorosa tiende a incrementarse. A nivel humano, gana fuerza y se vuelve el móvil principal de las acciones humanas.

El amor se orienta siempre por el otro. Significa una aventura abrahámica, la de dejar su propia realidad e ir al encuentro del diferente y establecer una relación de alianza, de amistad y de amor con él.

El límite más desastroso del paradigma occidental tiene que ver con el otro, pues lo ve antes como obstáculo que como oportunidad de encuentro. La estrategia ha sido y sigue siendo esta: incorporarlo o someterlo o eliminarlo como hizo con las culturas de África y de América Latina. Esto se aplica también a la naturaleza. La relación no es de mutua pertenencia y de inclusión sino de explotación y de sometimiento. Negando al otro, se pierde la oportunidad de alianza, de diálogo y de mutuo aprendizaje. En la cultura occidental ha triunfado el paradigma de la identidad, con exclusión de la diferencia. Esto ha generado arrogancia y mucha violencia.

El otro goza de un privilegio: permite surgir el ethos que ama. Fue vivido por el Jesús histórico y por el paleocristianismo antes de constituirse en institución con doctrinas y ritos. La ética cristiana estuvo más influenciada por los maestros griegos que por el sermón de la montaña y la práctica de Jesús. El paleocristianismo, por el contrario, da absoluta centralidad al amor al otro, que para Jesús es idéntico al amor a Dios. El amor es tan central que quien tiene amor lo tiene todo. Testimonia esta sagrada convicción de que Dios es amor (1 Jn 4,8), que el amor viene de Dios (1 Jn 4,7), y que el amor no morirá jamás (1Cor 13,8). Ese amor incondicional y universal incluye también al enemigo (Lc 6,35). El ethos que ama se expresa en la ley áurea, presente en todas las tradiciones de la humanidad: «ama al prójimo como a ti mismo»; «no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti». El Papa Francisco está rescatando al Jesús histórico: para él es más importante el amor y la misericordia que la doctrina y la disciplina.

Para el cristianismo, Dios mismo se hizo otro por la encarnación. Sin pasar por el otro, sin el otro más otro, que es el hambriento, el pobre, el peregrino y el desnudo, no se puede encontrar a Dios ni alcanzar la plenitud de la vida (Mt 25,31-46). Esta salida de sí hacia el otro a fin de amarlo en sí mismo, amarlo sin retorno, de forma incondicional, funda el ethos más inclusivo posible, el más humanizador que se pueda imaginar. Ese amor es un solo movimiento, va al otro, a todas las cosas y a Dios.

En Occidente fue Francisco de Asís quien mejor expresó esta ética amorosa y cordial. Él unía las dos ecologías, la interior, integrando sus emociones y deseos, y la exterior, hermanándose con todos los seres. Comenta Eloi Leclerc, uno de los mejores pensadores franciscanos de nuestro tiempo, sobreviviente de los campos de exterminio nazi de Buchenwald:

«En vez de hacerse rígido y cerrarse en un soberbio aislamiento, Francisco se dejó despojar de todo, se hizo pequeño. Se situó con gran humildad en medio de las criaturas, próximo y hermano de las más humildes entre ellas. Confraternizó con la propia Tierra, como su humus original, con sus raíces oscuras. Y he aquí que “nuestra hermana y Madre-Tierra” abrió ante sus ojos maravillados el camino de una hermandad sin límites, sin fronteras. Una hermandad que abarcaba a toda la creación. El humilde Francisco se hizo hermano del Sol, de las estrellas, del viento, de las nubes, del agua, del fuego, de todo lo que vive, y hasta de la muerte».

Ese es el resultado de un amor esencial que abraza a todos los seres, vivos e inertes, con cariño, ternura y amor. El ethos que ama funda un nuevo sentido de vivir. Amar al otro, sea el ser humano, sea cada representante de la comunidad de vida, es darle razón de existir. No hay razón para existir. El existir es pura gratuidad. Amar al otro es querer que él exista porque el amor hace al otro importante. «Amar a una persona es decirle: tú no podrás morir jamás» (G.Marcel); “tú debes existir, tú no puedes irte».

Cuando alguien o alguna cosa se hacen importantes para el otro, nace un valor que moviliza todas las energías vitales. Por eso cuando alguien ama, rejuvenece y tiene la sensación de comenzar la vida de nuevo. El amor es fuente de suprema alegría.

Solamente ese ethos que ama está a la altura de los desafíos de la Madre Tierra devastada y amenazada en su futuro. Ese amor nos podrá salvar a todos, porque nos abraza y hace de los distantes, próximos y de los próximos, hermanos y hermanas.

Leonardo Boff es autor de El cuidado necesario, Vozes 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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“No a una Iglesia autorreferencial”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 6 de abril de 2014

episcopDe su blog Nihil Obstat:

En distintas ocasiones el Papa Francisco ha notado el peligro que para la Iglesia supone la autorreferencialidad. La autorreferencialidad se opone a la salida de sí e impide el encuentro real con el otro. Si la Iglesia es, por su naturaleza, misionera, y si toda ella debe estar la servicio de la evangelización, se comprende fácilmente que, cuando se encierra en sí misma, no puede cumplir con su “ser misionero”.

Una Iglesia autorreferencial es una Iglesia prisionera de su propio lenguaje rígido. Una Iglesia que no sabe hablar el lenguaje del mundo, que so pretexto de máxima ortodoxia siempre repite su propio lenguaje, un lenguaje que el mundo no comprende, un lenguaje que resulta esotérico, no puede dialogar con el mundo y, por ende, no puede anunciar el Evangelio. Según el Papa esta Iglesia autorreferencial se ha convertido para el mundo en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones. Quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta, continúa diciendo el Papa. De ahí la pertinencia de la pregunta: ¿qué hacer? Responde el Papa: hace falta una Iglesia que no tenga miedo de entrar en la noche del mundo, una Iglesia capaz de encontrarse en el camino del hombre, de entrar en su conversación.

Una Iglesia autorreferencial es la que, incluso bajo apariencias religiosas, no busca la gloria del Señor, sino la gloria humana y el bienestar personal. Es una Iglesia que no sale al encuentro de los pobres; que cuida ostentosamente la liturgia, la doctrina y el prestigio, pero sin preocuparse de que el Evangelio tenga una inserción real en el Pueblo de Dios y en sus necesidades concretas. Cuando el beneficiario de su acción no es el Pueblo de Dios, sino la organización eclesiástica, estamos ante una Iglesia autorreferencial. Cuando nos sentimos superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a un cierto estilo católico propio del pasado, cuando en lugar de evangelizar y de facilitar el acceso a la gracia, lo que hacemos en analizar, clasificar y controlar a los demás, estamos ante una Iglesia autorreferencial.

La Iglesia debe salir de sí misma, centrar su mirada en Jesucristo y entregarlo a los pobres. Es importante, dice el Papa, tomarle gusto “al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios”.

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Amad a vuestros enemigos.

Domingo, 6 de abril de 2014

martin_luther_king_poster_by_supafly_01-d6ques5Aún recuerdo cómo mis ojos infantiles veían  la noticia en la recién estrenada televisión… en blanco y negro, por supuesto… Una noticia que me impactó de manera viva, tanto que aún no se me han borrado estas imágenes. Gracias a ICM por traernos el recuerdo de este gran hombre:

Hace 46 años, tal día como hoy (4 de abril), moría asesinado en Memphis el pastor bautista Martin Luther King. En su memoria compartimos uno de sus textos, que todavía sigue interpelando a mucha gente, entre ellas a muchas personas lgtb cristianas, que quieren seguir el camino de Jesús “a pesar de sus prójimos enemigos”.

Probablemente ningún consejo de Jesús ha sido tan difícil de seguir como el mandamiento de “amad a vuestros enemigos”. Algunos han considerado sinceramente que ponerlo en práctica no es posible. Es fácil, dicen, amar a los que os aman. Pero, ¿quién podría amar a quien abiertamente y con insidia buscan su perdición? Otros, como el filósofo Nietzsche, pretenden que la exhortación de Jesús al amor por los enemigos demuestra que la moral cristiana esta hecha para los débiles y cobardes, no para los fuertes y valientes. Jesús, dicen, era un idealista que carecía de sentido práctico.

A pesar de estas insistentes preguntas y persistentes objeciones, el mandamiento de Jesús nos desafía con una nueva exigencia. Sacudida tras sacudida, nos ha hecho presente que el hombre moderno camina sobre una vía llamada odio, en un viaje que nos conducirá a la destrucción y a la condenación. Lejos de ser la piadosa exhortación de un soñador utópico, el mandamiento del amor hacia nuestros enemigos es una necesidad irrenunciable si queremos sobrevivir. El amor incluso para los enemigos es la clave para resolver los problemas de nuestro mundo. Jesús no es un idealista sin sentido práctico; es el verdadero realista práctico. Estoy seguro que Jesús comprendía la dificultad inherente al acto de amar a nuestros enemigos. Nunca se unió a los que razonan con ligereza sobre la facilidad del camino moral. Sabía que toda manifestación auténtica de amor nace de un abandono definitivo y total en Dios. Cuando Jesús decía “amad a vuestros enemigos”, no ignoraba ninguna de las exigencias de este mandamiento. Nuestra responsabilidad como cristianos es descubrir el significado de este mandamiento y de intentar vivirlo con pasión y plenitud en nuestros caminos de cada día.

Seamos prácticos y preguntémonos: ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos?

En primer lugar tenemos que desarrollar y conservar nuestra capacidad de perdón. Quien es incapaz de perdonar, es incapaz de amar. Es imposible empezar a amar a nuestros enemigos sin haber aceptado antes la necesidad, renovada constantemente, de perdonar a quienes nos infringen el mal y la injusticia. Hace falta comprender también que el acto del perdón debe ser iniciado por la víctima de un engaño, de un insulto grave, de una injusticia tortuosa, de un acto terrible de opresión. El culpable puede pedir perdón. Puede arrepentirse y, como el hijo pródigo, volverse por un camino lleno de polvo, con el corazón latiendo por el deseo de ser perdonado. Pero sólo el prójimo maltratado, el padre que encontramos lleno de amor en casa, puede realmente derramar las lágrimas cálidas del perdón.

Perdonado no significa ignorar lo que se ha hecho o pegar una falsa etiqueta a una mala acción. Significa más bien, que la mala acción deja de ser obstáculo para las relaciones. El perdón es un catalizador que crea el ambiente necesario para comenzar de nuevo. Es deshacerse de un peso o cancelar una deuda. La palabras“ yo te perdono, pero nunca olvidaré lo que me has hecho” no manifiestan la verdadera naturaleza del perdón. Es cierto que no se olvida nunca, si eso quiere decir borrarlo totalmente del espíritu. Pero, cuando perdonamos, olvidamos en el sentido de que el mal ha dejado de ser un obstáculo mental que impide nuevas relaciones. Tampoco podemos decir: “te perdono, pero no quiero saber nada más de ti”. Perdonar significa reconciliación, reencuentro. Sin eso, nadie puede amar a sus enemigos. El grado hasta el cual somos capaces de perdonar determina el grado de nuestra capacidad de amor por nuestros enemigos.

En segundo lugar, hemos de reconocer que la mala acción de nuestro “prójimo enemigo”, aquello que nos ha herido, no define nunca de una manera adecuada lo que él es. En nuestro peor enemigo podemos descubrir cosas buenas. Cada uno de nosotros tiene algo parecido a una personalidad esquizofrénica, trágicamente dividida contra nosotros mismos. Una guerra civil endémica hace estragos en cada una de nuestras vidas. Algo dentro de nosotros nos hace proclamar como el poeta Ovidio este lamento: “Veo y apruebo el bien, pero hago el mal”. O bien estar de acuerdo con Platón para decir que la personalidad humana se parece a un carruaje con dos caballos potentes, cada uno de ellos va en sentido opuesto, o incluso repetir con el apóstol Pablo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”.

Todo esto quiere decir simplemente que algo de bueno hay en el peor de nosotros, y algo malo en el mejor. Cuando descubrimos esta verdad, nos inclinamos menos a odiar a nuestros enemigos. Si miramos bajo las apariencias, bajo el impulso malvado, encontraremos en nuestro “prójimo enemigo” lo que tiene de bueno y constataremos que la maldad y la malicia de sus acciones no eran una imagen adecuada de todo aquello que él es. Lo vemos bajo una nueva perspectiva. Nos damos cuenta que su odio ha nacido del miedo, del orgullo, de la ignorancia, del prejuicio, de la incomprensión; pero, incluso así, sabemos que la imagen de Dios está grabada de una manera inefable en su ser. Entonces amamos a nuestros enemigos porque comprendemos que no son del todo malo y que no están fuera del inmenso amor redentor de Dios.

En tercer lugar, hemos de evitar abatir y humillar al enemigo y, en cambio, hemos de mirar de ganar su amistad y comprensión. Llega un momento en el que podemos humillar a nuestros peor enemigo. Inevitablemente hay momentos de debilidad, y podríamos entonces clavar en su costado la lanza de batalla. Pero eso es precisamente lo que no se debe hacer. Cada palabra y cada acción han de contribuir a la comprensión del enemigo y a abrir estas grandes reservas de buena voluntad que han sido bloqueadas por las murallas impenetrables del odio.

Hace falta no confundir el amor con una cierta efusividad sentimental. El amor es algo más profundo que un toque emocional. Puede ser que la lengua griega nos pueda aclarar esta confusión. El Nuevo Testamento griego usa tres palabras para designar el amor. La palabra eros significa un tipo de amor estético y romántico. En los diálogos de Platón, el eros es un anhelo del alma hacia el dominio del ser divino. La segunda palabra es philia, un amor recíproco y una unión íntima entre amigos. Amamos a aquellos que nos aplauden y amamos porque somos amados. La tercera palabra es ágape, comprensión y buena voluntad creadora y redentora hacia todos los hombres. Amor desbordante que no espera nada a cambio, el ágape es el amor de Dios que actúa en el corazón del hombre. En este sentido, amamos a los hombre no porque nos aplaudan, ni porque sus características nos atraigan, ni porque posean algo de la gloria divina; amamos a toda persona porque Dios la ama. En este nivel, amamos a la persona que nos ha hecho daño, aunque odiemos el daño que nos hizo.

Podemos ver ahora lo que Jesús quería decir cuando decía: “amar a vuestros enemigos”. Deberíamos estar contentos de que no haya dicho: “Os tienen que gustar vuestros enemigos”. Porque es casi imposible que ciertas personas nos gusten. ¿Cómo nos podría gustar una persona que amenaza a nuestros hijos y pone bombas en nuestra casa? Es imposible. Pero Jesús reconoce que amar es más grande que gustar. Cuando Jesús nos pide amar a nuestros enemigos, no habla de eros ni de philia, sino de àgape, comprensión y buena voluntad creadora i redentora hacia todos. Sólo siguiendo este camino y abandonándonos a este tipo de amor, podremos ser hijos del Padre que está en el cielo.

Martin Luther King
15 de enero de 1929 – 4 de abril de 1968

Traducción libre de las páginas 53-56 de su libro “La fuerza de amar”.

 

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Triunfa la Inquisición y la homofobia eclesial: El pregonero de la Juventud Cofrade pide perdón y considera sus declaraciones ´inoportunas´.

Domingo, 6 de abril de 2014

miguelgutirrezLa cofradía de la Humildad, organizadora del acto, se desvincula “total  y absolutamente de las afirmaciones realizadas por Gutiérrez” en su pregón

Miguel Gutiérrez Jansen, pregonero de la Juventud Cofrade, abrumado por la polémica surgida en torno a su pregón pronunciado el pasado sábado, ha pedido perdón “por lo inoportuno de las declaraciones vertidas y mi manifiesta torpeza para matizar mediante la palabra el contenido del pregón referente a la postura de la iglesia”.

Gutiérrez Jansen, en un escrito enviado esta misma tarde, mostró su preocupación por que se vincule a la cofradía con el contenido del pregón, en el que defendía el matrimonio homosexual por la Iglesia y criticaba que se apartara de su cargo de hermano mayor a personas divorciadas. Así, el pregonero insistió en que “en ningún momento mi pregón fue sometido a supervisión alguna por parte de mi Cofradía de la Humildad y, por ende, ésta queda desligada de cualquier postura u opinión vertida”.

“Jamás, reitero, jamás, pretendí aportar un prisma destructivo sobre cuestiones morales cordialmente discutidas y valoradas en el seno de la comunidad católica”, subraya el pregonero de la Juventud Cofrade, quien solicita “perdón por el malestar causado en la autoridad eclesiástica, que es la mía como miembro incondicional del redil del cual es Jesús nuestro pastor”.

Miguel Gutiérrez apuntó que espera que el Señor de la Humildad “sepa iluminar a los destinatarios de este escrito para brindar el perdón que siempre ofreció sin condiciones, enterrando el rencor bajo el peso de su amor fraterno”, ya que insiste en que “jamás fue mi intención cuestionar los dogmas irrefutables que vertebran la doctrina católica”.

Aclaración de la Humildad. La cofradía de la Humildad quiso apartarse del contenido del pregón de Miguel Gutiérrez Jansen. A través de un comunicado, la corporación “se desvincula total y absolutamente, y en todos sus términos, de todas aquellas afirmaciones que atenten contra la doctrina moral y la doctrina dogmática de nuestra Santa Madre Iglesia”.

La hermandad victoriana aclaró que “la redacción del texto del pregón es un acto, libre y consciente por parte del pregonero, en el cual quedan constatadas sus propias ideas y pensamientos, sin que estos en ningún momento representen o identifiquen el sentir o el ideario, ni de la Junta de Gobierno, ni de la Hermandad como institución”.

Por último, reiteró su obediencia al Papa, al obispo y a toda la jerarquía eclesiástica, así como su defensa férrea de la teología, la moral y el magisterio de la Iglesia.

Fuente La Opinión de Málaga

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Cristina Kirchner fue la madrina de la primera hija de lesbianas que bautizó la iglesia argentina.

Domingo, 6 de abril de 2014

ummacristina

Es tradición en el país austral que los mandatarios apadrinen al séptimo hijo varón de un matrimonio, una costumbre que la presidenta extendió a las séptimas hijas mujeres y que ahora también incluirá a la primera hija de una pareja homosexual en ser bautizada oficialmente por la Iglesia católica argentina, según confirmó la Casa Rosada. Como os contamos hace unos días, acaban  de recibir la noticia podrán bautizar a su niña, como desean en la catedral de Córdoba. Según han confirmado fuentes eclesiásticas, el arzobispo de Córdoba, Carlos Ñáñez, autorizó el oficio religioso tras sugerir “recomendaciones generales” para el caso. El prelado pidió que tengan “especial atención” en la elección de los padrinos, a fin de que la niña “pueda crecer en la fe” católica. Según confirman desde el arzobispado, el trámite hubiera sido más complicado de no ser Papa Bergoglio. Y es que cuando aún era cardenal de Buenos Aires  exigió a los sacerdotes de la región metropolitana que administren el sacramento del bautismo a todos los bebés, sean fruto de una relación extramatrimonial o hijos de una madre soltera.

“Francisco, en este sentido, desde cuando era arzobispo de Buenos Aires siempre impulsó una actitud de apertura amplia para la administración de estos sacramentos”

Es la hija del matrimonio de la policía Karina Villarroel y Soledad Ortiz; en la Casa Rosada confirmaron que por primera vez un presidente tiene un ahijado que no es séptimo hijo; la bautizarán en un templo católico.

 Primero, el sueño de casarse entre mujeres; luego, la llegada de la beba de ambas; mañana cumplirán otro deseo, también difícil de alcanzar: un templo católico aceptó que bautizaran a Umma y la presidenta Cristina Kirchner será la madrina del matrimonio de la policía Karina Villarroel y Soledad Ortiz.

 La responsable de la oficina de madrinazgos de la Casa Rosada, Nancy Espeche, confirmó a La Nación que la Presidenta aceptó la invitación de ser madrina de una beba con dos mamás. “Es un hecho histórico. Nunca antes un presidente había tenido un ahijado o ahijada que no fuera el séptimo hijo varón o mujer, como señala el decreto”, informó Espeche.

 La nena se llama Umma Azul y la pareja de Villarroel es Soledad Ortiz, cuyo embarazo se realizó por el método de fertilización asistida.  “Fue hermoso todo el proceso. Un hijo cambia la vida”, comentó Villarroel, cuya hija nació el 27 de enero pasado.

 Según los registros oficiales, Cristina Kirchner ya fue madrina de bautismo de unos 600 chicos en todo el país.

anez-0_560x280 Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, Argentina

En 1907 el entonces presidente José Figueroa Alcorta accedió al primer pedido de padrinazgo solicitado por un residente en el país. Que desde entonces todos los Primeros Magistrados otorgaron el padrinazgo hasta convertirse este acto en costumbre tradicional. El decreto señalaba que podrían pedir el padrinazgo para el séptimo hijo varón; cuando Cristina Kirchner ocupó la presidencia amplió esta posibilidad para las séptimas hijas mujeres.

 El bautismo de la hija de un matrimonio de lesbianas será el primer caso que se da en la Argentina. A partir de la ley de matrimonio igualitario ya unas 9500 parejas se casaron y cada vez son más los que tienen hijos y constituyen estas nuevas familias, o familias diversas.

 “¡Qué gesto enorme!”

“Nosotros le pedimos a Cristina que fuera la madrina a través de Facebook, contó Villarroel. Y cuando se enteró de la respuesta de la Presidenta dijo: “Cristina aceptó ser la madrina ¡qué gesto enorme! Ojalá que venga a la ceremonia, que no mande a un representante. Se nos cumplió un sueño”. Ellas viven en Córdoba capital y en la catedral de esa ciudad se realizará mañana el bautismo.

 En Casa Rosada confirmaron que la Presidenta mañana no podrá asistir. Sin embargo, enviará a una representante: se trata de la edecana naval Claudia Fenocchio.

 También está previsto que viajen militantes de La Cámpora y representantes del Inadi.

 César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) dijo que reivindicamos esta decisión de la Presidenta de la Nación, de ser la madrina de Umma, la hija de Karina y Soledad. Estos actos son los que nos ayudan en nuestra lucha para enfrentar la discriminación por orientación sexual, expresión e identidad de género. Es también un nuevo motivo para recordar el premio dado el año pasado a Cristina Fernández de Kirchner por la International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association (ILGA) ‘por los logros y el trabajo en pos de los derechos y la igualdad de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (LGBTI)‘”.

 Pedro Paradiso Sottile, secretario y coordinador del Área Jurídica de la CHA manifestó: “Estamos muy orgullosos que nuestro país siga siendo un referente en la conquista de nuestros derechos en todo el mundo”.

https://www.youtube.com/watch?v=TldwWKUh5lc

Arzobispo de Córdoba: “El bautismo lo va a recibir la niña”

Pero… Después de que el bautismo de la pequeña Uma, hija de una pareja de mujeres de Córdoba, adquieriera trascendencia en los medios, a partir de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner será la madrina de la pequeña, el arzobispo de Córdoba, Carlos Ñáñez, se refirió al mismo en lenguaje religioso y en cómo ve la iglesia católica este caso.

Ñáñez señaló que el caso de la pequeña Ummaes como el de cualquier persona que pide el Bautismo“. “El Bautismo lo va a recibir la niña. El derecho es de ella, el derecho es de la niña”, subrayó. Y desmintió que él se haya reunido con la pareja de lesbianas e incluso, que habría autorizado celebrar el sacramento de la confirmación de ambas.

“El Bautismo es el derecho de toda persona humana, y creo que también el papa Francisco, en este sentido, desde cuando era arzobispo de Buenos Aires siempre impulsó una actitud de apertura amplia para la administración de estos sacramentos”.

También señaló que este caso “ya lo he hablado y lo he explicado al cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, así que ya está en conocimiento de la Santa Sede”.

Uno de los compromisos que asumen los padres de un niño al bautizarlo es educarlo en la fe cristiana. Sobre este punto, Mons. Ñáñez indicó que “ese es el compromiso que tiene que asumir su madre, y el compromiso que los padrinos tienen que hacer”.

Consultado sobre el rol de Cristina como madrina, el padre Ñañez dijo que “el párroco ya tiene las instrucciones de que por lo menos un padrino tiene que comprometerse a garantizar la educación cristiana de Umma.

Respecto del revuelo mediático que generó este caso, el arzobispo de Córdoba dijo que “se trata del Bautismo de una niña que tiene el derecho a recibir este sacramento, y en la medida de lo posible, nosotros tratamos de asegurar las condiciones para que sea correctamente administrado”. Y agregó que en los medios de comunicación “hay personas que instrumentan y en distintas instancias deforman la realidad de los hechos”, por lo que hace falta “una mirada crítica”.

Fuente: La Nación, Prensa CHA, vía Religión Digital y SentidoG

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