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Archivo para Sábado, 19 de abril de 2014

Sábado Santo… en silencio ante el Señor.

Sábado, 19 de abril de 2014

© Carmelo Blazquez 2013*

(Fotografía de Carmelo Blazquez)

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte hasta que con su resurrección se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

Hombre en Soledad

 Contigo vengo, Dios, porque estás solo
en soledad de soledades prieta.
Conmigo vengo a Ti, porque estoy solo,
sintiendo por el pecho un mar de pena.
Qué tristeza me das, Dios, Dios, sin nadie
que te descanse, Dios, de tu grandeza,
que te descanse de ser Dios, sin nada
que te pueda inquietar o te comprenda.
Qué tristeza me doy, perdido en todo,
y todo mudo, tan lejano y cerca,
cada vez más presente ante mis ojos
en un mutismo que no se revela,
con el corazón loco por saberte,
preguntando en la noche que se adensa.
Con voz de espadas clamo por mi sangre,
rebusco con mis manos en la tierra
y escarbo en mi cerebro con mis ansias.
Y silencio, silencio, mudez tensa.
Dios, pobre mío, todo lo conoces.
Para Ti todo ha sido: nada esperas.
Hasta lo que me duele y no me encuentro
Tú lo conoces ya, porque en mí piensas.
Yo no conozco nada, Dios, y tengo
socavones de amor llenos de inquietas,
oscuras criaturas que me gritan
palabras, no sé dónde, que me queman,
preguntas que me tuercen y retuercen,
sábana viva chorreando estrellas.
Qué compasión me tengo, Dios, pequeño
llamando siempre a la inmutable puerta
con las palmas sangrando, a la intemperie
de mis luces y dudas y tormentas.
Qué compasión te tengo, Dios, tan solo,
siempre despierto, siempre Dios, alerta,
sin un pecho bastante, Dios, Dios mío,
que ofrezca su descanso a tu cabeza.
Cómo me dueles, Dios. Cómo me dueles,
herido por la angustia que te llena,
sin poder descansarte, sin caberte
en mis entrañas ni aun en mis ideas.
No puedo más Contigo, que me rompes
creciendo por mi dentro y por mi fuera,
cercándome, estrechándome, ahogándome,
dejando, sin saberlo, en mí tu huella.
Y soy hombre, Señor. Soy todo caspa
de angustiosa esperanza contrapuesta,
arcilla informe de reseco olvido,
quizá, capricho de tu indiferencia.
Señor, qué solo estás. Cómo estoy solo,
yo con mi carga insoportable a cuestas.
Tú, con todo y sin nada —(¡todo, nada! —
más que Tú, Dios perdido en tu grandeza,
muerto de sed de amor de algo supremo,
Dios, algo que te alegre y que te encienda.
Sin nada superior a Ti creado,
mi voz alzada al límite no llega
a rumor que resbale por tus sienes,
a brisa en tus oídos, que se secan
de no oír desde nunca una palabra
que antes de estar en hombre no supieras,
pobre Creador, Dios mío sin sosiego,
preso en tu creación, en diferencia.
A Ti vengo, Señor, porque estoy solo,
a veces aun sin mí. Pero no temas,
Señor que has puesto en mí necesidades
sin darme el modo de satisfacerlas.
Perplejo, recomido de inquietudes,
de Ti tengo dolor; de mí, conciencia
de ser como no quiero: ser inútil,
vana palabra, humana ventolera
con sabor de cenizas y de ortigas
clavándome alfileres en la lengua,
y un huracán de vida por la carne
que no ha encontrado carne que florezca.
Versos, versos, mas versos, siempre versos,
¿y para qué, Dios mío? Dentro queda
una fuente de llanto sofocado
minándome la hirviente calavera,
sin encontrar salida a la congoja
cada vez más patente. Y todo niebla.
Contigo vengo, Dios, porque estoy solo;
me huyes cada vez, más te me alejas.
¿No tienes qué decirme, Dios, qué darme?
¿No ves, Señor, no ves, Dios, cómo tiembla
este vaho que se alza de mi vida,
hierbecilla perdida que se hiela?
Encallece mi alma, Dios. Haz dura
la mano y la mirada: hazme de piedra.
Quítame el sentimiento que me escuece.
Borra, Señor, con sol, mi inteligencia.
Déjame en paz, en flor, en roca, en árbol,
en muda, resignada, dulce bestia
caminante con ritmo y sin sentido
por un mundo de instintos e inocencia,
o dame con la luz aquel sosiego
original del prado que apacientas

*

Ramón de Garciasol, Hombre en soledad,

***

 

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Más allá de todo …

Sábado, 19 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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“No estamos allí para mecernos unos otros, sino para despertarnos juntos, para despertar en nosotros la Memoria adormecida de la Alianza fundadora de nuestro ser, preguntarnos cómo acceder de nuevo a lo que es.

El amor decorado, el amor que embellece las apariencias, que recubre lo que no es presentable – el revoque in extremis de la fachada social – no es el amor. El “amor” o lo que creemos nosotros que es el amor, antes de que se hubiera efectuado la agarrada, la fricción, el cuerpo a cuerpo con la creación, la lucha con el ángel, la confrontación con la sombra que nos habita, aquel amor es sólo el reino del sentimentalismo.

Lo que llamo amor está entero en esta frase de un rabino superviviente de un campo de la muerte: “El sufrimiento calcinó todo, totalmente consumido en mí, salvo el amor. “ Si esta frase nos alcanza con toda su fuerza, es porque sentimos cuán lejos  estamos de las representaciones, lejos del decoro del alma. El amor es lo que queda cuando no queda nada más. Todos tenemos esta memoria en el fondo de nosotros mismos cuando, más allá de nuestros fracasos, más allá de nuestras separaciones, de las palabras a las cuales sobrevivimos, sube del fondo de la noche como un canto apenas audible, la seguridad de que más allá de los desastres de nuestras biografías, que incluso más allá de la alegría, de la pena, del nacimiento y de la muerte, existe un espacio al que nada amenaza, que nada jamás amenazó y que no incurre en ningún riesgo de destrucción, un espacio intacto, el del amor que fundó  nuestro ser. “

*

Christiane Singer

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¿Hubo un solo Cristiano, y ése murió en la Cruz (Sábado Santo)?

Sábado, 19 de abril de 2014

1623688_275679805942552_3583716925642603531_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ésta es una de las frases más famosas sobre Jesús, y la escribió F. Nietzsche en su Der Anti-Christ (El Anticristiano, mejor que El Anticristo), frase que bien leída podría convertirse en una apología de Cristo, en este comienzo del siglo XXI.

Murió un Viernes preguntando: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?, y así hizo suyo el grito de la humanidad entera. Pero desde tiempo antiguo muchos cristianos han pensado que ese grito decía: ¡Iglesia mía, Iglesia mía! ¿por qué me has abandonado?

Más que abandono de Dios habría, según eso, un abandono de la iglesia, que parece haberse olvidado de Jesús, convirtiendo su evangelio en un sistema de creencias, o en un simple folclore, como sigue diciendo una pintada de azul, que apareció al comienzo de esta semana (15.4.14), en el gran pórtico de San Trokas/Torcuato de Abadiño. El grafito decía y dice:

Kristautasune ezin leike teoria ona izan, iñok ez dau ta praktikara erueten
(El Cristianismo no puede ser buena teoría, pues nadie lo ha practicado)

.
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Su mensaje se parece al de Nietzsche. Más que a Cristo critica a los cristianos o, mejor dicho, a un cristianismo interpretado como “teoría sacral o eclesial”, en el pórtico de una Iglesia significativa de Euskadi, como lema de Semana Santa.

Éste me parece un tiempo bueno para meditar en su sentido, en este hondo tiempo vacío de liturgia cristiana, lleno de interrogantes y promesas, que va de la Celebración del Viernes Santo (de la que venimos) a la gran Vigilia Pascual (a la que iremos mañana a la noche). Buen día a todos.

Una pintada distinta, en tierra de pintadas

Mi tierra (Euskadi) ha sido en los últimos cincuenta años un “paraíso” de pintadas, pero ésta es distinta. Así me escribió el pasado martes mi hermano Natxo:

“En mis 64 largos años es la primera llamada de atención mediante el sistema de “pintada o grafito” que he visto respeto a la práctica del cristianismo en nuestro entorno… Es curioso puesto que en el campo político es uno de los sistemas de comunicación más habitual. El grafito ha aparecido esta mañana 15 de Abril del 2014 en el pórtico de la iglesia parroquial de Abadiño. Los cada día menos cristianos/católicos practicantes alguna o mucha responsabilidad debemos de tener, dado que la mayoría de nuestros hijos y familiares han dejado de practicar esta religión. Te adjunto unas fotos…”.

Este “sistema” de pintadas “anticristianas” es muy antiguo, pues quizá el primer testimonio gráfico cristiano que conservamos es un burro crucificado del siglo II d.C., que apareció en un cuartel romano del Palatino, representando a un cristiano llamado, al parecer, Alexamenos, a quien un soldado listo comparó con el Cristo/Burro.

Nuestro grafitero de Abadiño (hijo y nieto de cristianos) ya no compara a los creyentes que celebran la Semana Santa en su iglesia con “burros orejudos tontos y además crucificados”, sino que les presenta (quizá con pena) como farsantes listos, que han construido grandes iglesias, con pórticos inmensos (hechos para jugar de niños, como hacíamos nosotros allí mismo, hace sesenta año, o para celebrar juntas de mayores, tras la misa)…

Pues bien, esos pórticos de iglesia parecen haber quedado vacíos de niños y de cristianismo…. Nadie ha cumplido el mensaje de Jesús, dice el grafito, no puede ser verdad, sigue diciendo. ¿Quién ha hecho mal las cosas, comenta mi hermano? ¿Qué puede decirse ante ese dato? Hay, al menos, tres posibilidades que debemos meditar estos días:

‒ ¿Ha hecho mal el grafitero al escribir esta leyendo en el atrio de la Iglesia, para que la lean todos los que pasan a celebrar el Jueves, Viernes y Sábado Santo? La respuesta estaría en mandar al alguacil o al policia, encontrar al culpable y meterlo por un tiempo en la cárcel, por manchar iglesias.

‒ ¿Hemos hecho mal los cristianos de Iglesia por ser incapaces de decir lo buenos que somos? Sería un problema de trasmisión de la fe o, mejor dicho, de vida cristiana. Nuestros antepasados, hace cuatro o cinco siglos, elevaron inmensas iglesias con pórticos para ferias, reuniones y juegos, mostrando así que eran buenos cristianos. Nosotros ya no sabemos decir lo que somos, si es que somos de verdad cristianos.

‒ ¿O el problema es, de verdad, que ya no practicamos el cristianismo, que nunca lo hemos practicado, que hemos camuflado a Jesús desde el principio? Así podríamos pensar con F. Nietzsche que “hacemos” misas y organizamos procesiones precisamente para olvidarnos de Jesús.

Una cuestión que planteaba F. Nietzsche

Esa cuestión del grafito de Abadiño 2014 no la planteó sólo Nietzsche, sino que había sido elevada de mil formas en toda la Edad Moderna. Recuerdo sólo dos ejemplos importantes, para citar al fin su texto:

M. Lutero, el gran cristiano reformador (al que cita Nietzsche en su texto)… tiene una visión semejante, pues al hablar del Sermón de la Montaña afirma que su doctrina (no juzgar, perdonar al enemigo, poner la otra mejilla, no exigir el pago de las deudas…) no puede cumplirse. Entonces ¿por qué dijo Jesús esas cosas?.

‒ Porque las cumplió él por nosotros, y eso era suficiente. Sólo Jesús fue de verdad cristiano.
‒ Nosotros, los demás, sólo somos cristianos “por fe y por humildad”. Creemos que lo Jesús hizo y dijo es verdad; sabemos que no podemos cumplirlo, y así (al escuchar esas palabras) nos humillamos y pedimos perdón a Dios.
‒ Eso significa que para Lutero y para un tipo de Reforma protestante, en el fondo, el cristianismo de verdad es imposible. Por eso tenemos que dejar este mundo en manos de los “poderes fácticos”, que no son cristianos.

F. Dostoiewsky, cristiano de gran fuerza (al que Nietzsche tiene presente en esa cita) piensa (y así lo dice en el poema del Gran Inquisidor), que la iglesia católica (precisamente la de Sevilla, que ahora está sacando a sus vírgenes y cristos por la calle) ha optado por seguir al Diablo, en vez de a Jesús. Lo que Jesús hizo y dijo es imposible de cumplir, y por eso le mataron. Jesús fue en el fondo el único cristiano. Entonces ¿qué ha pasado?

‒ Los demás, la Iglesia católica, hemos seguido hablando de Jesús, y diciendo que cumplimos sus mandamientos y ejemplos, según el Sermón de la Montaña, pero en la práctica hemos dejado nuestra vida en manos del Diablo (representado por el Gran Inquisidor).
‒ Eso significa que el Diablo domina y dirige de hecho este mundo. Las iglesias han sido buenas, para tener domada a la gente, en tiempos en que era necesaria la doma… pero ahora deben cambiar, si quieren seguir a Jesús.

Éste es el reto del grafito de Abadiño

Yo que no soy Lutero, ni Dostoiewsky (ni Nietzsche), pienso que ese grafito es bueno, engañoso y exigente, al mismo tiempo:

‒ En un sentido es verdad lo que dice el grafito. Hablando con toda sinceridad, en este Viernes Santo, al situarnos ante la Cruz de Jesús, debemos confesarnos pecadores, como quería Lutero. De un modo u otro, todos los cristianos hemos abandonado a Jesús, hemos dejado sólo al Hijo de Dios, que no ha venido para castigarnos, sino para morir por (con) nosotros.

‒ En otro sentido, ese grafito en engañoso, pues desde Jesús hasta el día de hoy han existido cientos y miles de cristianos que han querido seguirle y le han seguido, dando la vida por los demás, de un modo generoso, perdonando, amando. Ese grafitero tiene los ojos ciegos si no sabe o no quiere ver todo el germen de humanidad que ha sembrado y sigue sembrando la iglesia de Jesús.

‒ Finalmente, ese grafito es muy exigente, no para los otros, sino para nosotros, los cristianos, como muestra el mismo Dostoiewsky en su poema del Gran Inquisidor, que es un canto al verdadero cristianismo que vive del perdón y de la libertad, el cristianismo del Cristo que sigue caminando (curando, animando, queriendo…) por las calles de la misma Sevilla, sin que los inquisidores de turno puedan apagar su voz.

Una reflexión final

Quiero dejar para el final el texto entero de F. Nietzsche, que es una de las mayores alabanzas que conozco a Cristo y a los verdaderos cristianos, el año 1885, cuando él pensó que empezaba la nueva era de la humanidad:

a. Lo propio del cristianismo no es una teoría sobre Dios, ni un tipo de fe puramente interior, sino una forma de vida gozosa y arriesgada: únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano”. Ante el reto de esa práctica seguimos, un día como hoy, nosotros los cristianos.

b. El cristianismo es posible y necesario hoy, como sigue diciendo el mismo Nietzsche, con una inconsecuencia (¿?) genial: “Aun hoy, tal vida (como la de Jesús) es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo”. No se trata por tanto de hacer muchas cosas, sino de ser de otra manera.

c. Voy a dejar para el final la cita entera de Nietzsche. Pero antes quiero dar grafitero de Abadiño, pueblo de mi infancia. En ese portal jugué a la pelota o al fútbol en tardes de lluvia (cuando frontón y plaza estaban mojados…). Por allí entré a la Iglesia muchas veces… Por eso me parece bueno que los que vayan a pasar mañana para la vigilia pascual lean lo allí dicho con humor y con amor. Un buen grafito no tiene por qué ser verdadero en su forma externa, pero debe ser provocador. Y éste me ha provocado.

d) Hasta el día de pascua os dejo a todo, con este grafito, dando gracia a Natxo por haberlo fotografiado y mandado. Sigue parte del texto de Nietzsche.

F. Nietzsche, El Anticrist(ian)o 39

Retrocedamos y contemos la verdadera historia del cristianismo.

Ya la palabra cristiano es un equivoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y éste murió en la cruz. El Evangelio murió en la cruz. Lo que a partir de aquel momento se llamó evangelio era lo contrario de lo que él vivió; una mala nueva, un Dysangelium. Es falso hasta el absurdo ver la característica del cristiano en una fe, por ejemplo, en la fe de le redención por medio de Cristo; únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano

Aun hoy, tal vida es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo … Los estados de conciencia, por ejemplo, una fe, un tener por verdadero -toda sicología sobre este punto- son perfectamente indiferentes y de quinto orden, comparados con los valores de los instintos; hablando más rigurosamente, toda la noción de causalidad espiritual es falsa.

Reducir el hecho de ser cristianos, la cristiandad, al hecho de tener una cosa por verdadera, a un simple fenomenalismo de la conciencia, significa negar el cristianismo. En realidad, jamás hubo cristianos. El cristiano es simplemente una psicológica incomprensión de sí mismo. Si mira mejor en él verá que, a despecho de toda fe, dominan simplemente los instintos, ¡y qué instintos!

La fe fue en todos los tiempos, por ejemplo, en Lutero, sólo una capa, un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollaban su juego; una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos … le fe -ya la he llamado yo la verdadera habilidad cristiana-: se habló siempre de fe, se obró siempre por sólo el instinto … En el mundo cristiano de las ideas no se presenta nada que tanto desflore la realidad; por el contrario, en el odio instintivo contra toda realidad reconocemos el único elemento impelente en la raíz del cristianismo. ¿Qué es lo que se sigue de aquí? Se sigue que también in psychologysis el error es radical, o sea determinante de la esencia, o sea de la sustancia.

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“El crucifijo más antiguo”, por José María Castillo, teólogo.

Sábado, 19 de abril de 2014

2344985497_3422904de8De su blog Teología sin Censura:

Una de las cosas más complicadas, que entraña el cristianismo, está en saber y precisar debidamente cómo debemos los cristianos expresar la fe, el respeto y las exigencias que lleva consigo el recuerdo y la imagen de Jesús crucificado. De sobra sabemos que la cruz, el instrumento de muerte infamante en el que mataron a Jesús, se ha utilizado – y se sigue utilizando – para los fines más diversos: imagen de piedad y devoción, adorno de paredes y edificios, símbolo de identidad de una confesión religiosa, signo de autoridad y poder, ornato de bisutería y joyería, condecoración para personas importantes y tantas cosas más que quizá ni nos imaginamos.

Este nudo de cosas tan heterogéneas, y hasta tan contradictorias, resulta perfectamente comprensible. Baste pensar que, según la fe cristiana, en una cruz (lo más degradante que se ha inventado) murió Dios (lo más excelso, tan excelso que nos trasciende a los humanos). Y esa fusión de lo que (según la humana razón) no se puede fusionar, se realizó de forma que aquello no fue, ni pudo ser, un rito religioso, sino la ejecución de un delincuente. Así fue, si nos atenemos al hecho histórico. Otra cosa es la interpretación que le dio a ese hecho el apóstol Pablo, al afirmar que la muerte de Cristo fue un “sacrificio” y una “expiación” por nuestros pecados (1 Cor 5, 7; Rom 5, 9-11; Ef 5, 2). Pero la realidad es tozuda. La muerte de Jesús fue lo que fue, en aquella sociedad: la ejecución legal de un hombre “peligroso”, asesinado entre dos “lestaí” (Mc 15, 27 par), una palabra que, según el historiador F. Josefo, se utilizaba para designar a los “rebeldes” al orden establecido.

Por eso los cristianos primitivos no se atrevieron nunca ni a pintar cruces y crucifijos. Hubiera sido una provocación decir, en aquellos tiempos, que se veneraba a un “dios crucificado”. El crucifijo más antiguo que se conoce fue descubierto en 1856, en un sótano de las ruinas del viejo palacio del emperador Augusto. Lo que se encontró fue un “graffiti” (datado en torno al año 200) que representa a un hombre delante de una cruz en la que está crucificado un hombre desnudo con cabeza de burro. Y debajo, con grandes letras, una burla que dice en griego: “Alesamenos sebete Theon”, que significa “Alejandro adora a Dios”.

Esto fue escrito, si duda, por un irrespetuoso empleado del palacio imperial, que así se burlaba de los cristianos que empezaban a hacerse notar en Roma. La figura es indignante para quienes veneramos, con respeto y sentimientos de devoción, la imagen de Jesús crucificado. Pero confieso que a mí me indigna, tanto o no sé si más aún, que aquel subversivo del poder y la ostentación, que fue Jesús, se vea hoy representado, con oro y pedrería de gran lujo, para lucimiento de gentes sin escrúpulos, que ostentan así su vanidad, su prepotencia, su codicia o su ambición. Y lo peor de todo es que, con demasiada frecuencia, estos sentimientos se lucen a costa del dolor y la vergüenza de los más desamparados. ¿Y nos quejamos de que las cosas estén como están? ¿Es que nos hemos empeñado en hacer del fracaso de Jesús el triunfo del cristianismo? Y lo peor de todo es cuando vemos las cosas más disparatadas como lo más natural del mundo. Entonces es cuando yo empiezo a temer en serio que esto no tiene remedio.

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