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¿Por qué los cristianos siempre parecen oponerse a lo nuevo?

Viernes, 18 de febrero de 2022

da-mismo-tomar-opcion_2417768200_15893994_660x371Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

“No da lo mismo tomar una opción que otra”

“En el imaginario popular ser de izquierda se asemeja a comunista, socialista, opositor de la Iglesia y de los valores cristianos. Ser de derecha supone ser persona de principios sólidos, fiel a las tradiciones, defensor de lo establecido”

“Los cristianos deberíamos ser más capaces de abrirnos a lo nuevo, en todo sentido. Si hablamos de política, de empeñarnos en modelos económicos que rompan la hegemonía neoliberal que tanto sigue empobreciendo nuestro mundo”

“No da lo mismo favorecer políticas sociales que mantener la hegemonía del neoliberalismo. No da lo mismo ser de los que imponen cargas o de los que liberan”

En el imaginario popularser de izquierda se asemeja a comunista, socialista, opositor de la Iglesia y de los valores cristianos. Ser de derecha supone ser persona de principios sólidos, fiel a las tradiciones, defensor de lo establecido. Pero como estas dos posturas se asumen como contradictorias, se postula ser de centro, como la alternativa correcta para no ser extremista. Por estas concepciones, muchos cristianos se identifican más con la derecha y, si acaso, con el centro. Pero a la izquierda le huyen como si fuera el mismo diablo que se ha encarnado en la historia.

Y, sin embargo, algunos partidos de izquierda parecen más cercanos a los pobres con sus propuestas sociales (con muchas limitaciones y equivocaciones, pero también con aciertos). Los de derecha parecen ser más de las élites que mantienen este mundo tan desigual y, como ya dijimos, algunos cristianos creen que la derecha garantiza la moral cristiana. Los de centro, pretenden ser neutrales, pero esto es imposible, el no tomar opción es ya una opción. Ahora bien, ninguna de estas descripciones se cumple en totalidad porque como dije son “imaginarios” y no siempre son realidad.

 Romero-Rutilio_2415068483_15883056_667x375Monseñor Romero y Rutilio grande, mártires de El Salvador

Mientras vivamos en las coordenadas espacio temporales, creo que es imposible no crear tendencias (con la realidad e imaginarios que estas traen) y, por eso, no sé si podremos abandonar algún día esas denominaciones. Pero lo que sí es necesario, es comprender que estamos en tiempos menos rígidos, menos binarios, menos definidos, y no porque sean tiempos de relativismo -como se alerta dentro del ámbito cristiano- sino porque ahora captamos mejor la complejidad de la realidad y la necesidad de movernos con mucha más apertura a la novedad que este momento trae y a enriquecer los conceptos de siempre con las experiencias actuales.

Los cristianos deberíamos ser más capaces de abrirnos a lo nuevo, en todo sentido. Si hablamos de política, de empeñarnos en modelos económicos que rompan la hegemonía neoliberal que tanto sigue empobreciendo nuestro mundo; y si nos referimos a otros ámbitos, ser capaces de acoger la diferencia, de aceptar lo plural, de practicar más la misericordia y, por supuesto, de estar del lado de los más pobres y luchar por la justicia social para que la vida digna llegue a todos y a todas.

¿Por qué no se ve esta postura con más claridad? ¿Por qué los cristianos siempre parecen oponerse a lo nuevo? En estos tiempos que tanto se habla de sinodalidad, convendría recordar que el primer ejemplo de “sinodalidad” fue aquella asamblea de Jerusalén que nos relata el capítulo 15 del libro de Hechos de los Apóstoles en el que la naciente Iglesia se confrontó con la pregunta de si tenían que exigir a los gentiles (los no judíos que se iban incorporando al naciente cristianismo) el cumplimiento de las normas de la Ley de Moisés, incluida la circuncisión. Muchos opinaban que, si no se plegaban a estas leyes, no podrían salvarse.

Por eso, Pablo y Bernabé suben a Jerusalén donde está Pedro y otros apóstoles para dirimir la cuestión y después de una larga discusión, Pedro tomó la palabra e interpeló a la asamblea: ¿Por qué ahora quieren imponer esa carga que ni nosotros pudimos sobre llevar? Entonces terminaron la reunión diciendo: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros, no imponer más cargas a los gentiles imponiéndoles la circuncisión, solamente escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre” (15, 28-29).

Intentando ver lo que esto debió significar para ese contexto judío, constatamos que supuso una apertura fundamental. No temieron vivir a fondo la novedad de la Buena Noticia anunciada por Jesús.

De esa misma fidelidad nos habló el pasado 22 de enero la beatificación del jesuita Rutilio Grande y sus compañeros, asesinados por su compromiso con la justicia social. Ya antes la canonización de Monseñor Romero en 2018 nos había mostrado ese camino. Pero, lamentablemente, estas beatificaciones y canonizaciones no son buena noticia para los que se creen guardianes del orden establecido y la “mal interpretada”, tantas veces, moral cristiana. Una moral más apegada a la norma que a la misericordia.

A estos mártires se les catalogó de izquierda y por eso no merecían subir a los altares. Pero el Espíritu que, una y otra vez, abre momentos de gracia en nuestra historia, ha permitido que, a los que se consideraban de izquierda se le reconozca su fidelidad al evangelio y a los que se consideraban de derecha se constate que tanta “fidelidad” ha estado llena de ocultamientos (pederastia), riquezas mal habidas o clericalismo recalcitrante que tanto mal ha hecho a la Iglesia.

En definitiva, es difícil la situación social y eclesial. Por eso, hay que liberarnos de los imaginarios sobre las izquierdas, las derechas y los centros y buscar políticas que cambien nuestro mundo. Así como vamos, seguiremos hundiéndonos en la desigualdad social y la pobreza de las mayorías. Por eso no da lo mismo favorecer políticas sociales que mantener la hegemonía del neoliberalismo. No da lo mismo ser de los que imponen cargas o de los que liberan.

No es lo mismo dejarse tocar por los mártires de nuestro tiempo o mantener esa visión estigmatizada de que fe y compromiso social es marxismo. Son tiempos en que hay que sacudirse del pesado lastre de lo que siempre fue así y alinearnos en la novedad del evangelio para que nadie pase necesidad porque la solidaridad cristiana es afectiva y afectiva para con todos, especialmente, con los últimos de nuestro tiempo presente.

 (Foto tomada de: https://laventanaciudadana.cl/izquierda-centro-derecha-i/)

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , ,

Consuelo Vélez: “En la actualidad las derechas tienen todo menos evangelio”

Martes, 17 de noviembre de 2020

helder-camara-el-obispo-rojoDe su blog Fe y Vida:

Los creyentes y sus opciones políticas

“El cristianismo apuesta por la comunidad de hermanos y hermanas, pero no de cualquier manera sino comenzando por los últimos”

“Ante las injusticias estructurales tan evidentes en nuestra América, es necesario apoyar todo aquello que favorezca a los más necesitados”

“Un grave aspecto que hoy vivimos es el populismo de “palabras”, o mejor, los relatos construidos con mentiras sin ningún sustento”

“Las mentiras motivaron a media Colombia a votar por el “no” y, todavía hoy, siguen torpedeando la paz”

Acaban de pasar las elecciones de Estados Unidos y un poco antes las de Bolivia. No voy a dar aquí una reflexión política porque no tengo los elementos suficientes para ello. Pero solo quiero compartir algunas inquietudes desde la experiencia creyente frente a la postura y el voto que emiten muchas personas que dicen ser seguidores de Jesús.

El cristianismo apuesta por la comunidad de hermanos y hermanas, pero no de cualquier manera sino comenzando por los últimos. Es decir, en la vida concreta no se puede ser neutro; hay que asumir posturas determinadas para trabajar por las causas que nos proponemos. Por eso ante las injusticias estructurales tan evidentes en nuestra América, es necesario apoyar todo aquello que favorezca a los más necesitados. Algunos dicen que esto es “populismo” pero yo no acabo de entender esta crítica y lo digo por lo siguiente: ¿hay algún candidato de derecha, izquierda o centro que no sea populista?

Todos ofrecen cambios y se supone que la gente vota por las promesas que hace ese determinado candidato. Con lo cual todos los candidatos son populistas. Pero parece que lo malo es que los pobres crean en esas promesas y además se les dice que quieren ser “atenidos” (como, desafortunadamente, repite la vicepresidenta de Colombia).

Conozco demasiados pobres que trabajan de sol a sol, que se juegan el día a día con una honestidad y entrega que merece todo nuestro respeto. Por supuesto hay pobres que no quieren trabajar como hay muchos ricos que no lo hacen porque nacieron con todas sus necesidades cubiertas, lo cual los hace verdaderamente atenidos, a veces disfrutando de herencias que en sus orígenes no fueron tan justas como se podría creer.

Todo es muy complejo pero lo que quiero afirmar es que un cristiano debería revisar muy bien las promesas de los candidatos y votar por las que van a favorecer a más personas, pero comenzando por los más pobres. Todo esto independiente de si alguna propuesta no me favorece personalmente -ya que todo cambio supone ajustes y algunas poblaciones pueden ser afectadas- pero ¿no es eso pensar en el bien de todos para que “ninguno pase necesidad” -como relata el texto de hechos sobre la primera comunidad cristiana (Hc 4, 34)-? Muchas frases y sentimientos altruistas profesamos, pero llega la hora de ponerlos en práctica y parece que la fe no tiene nada que ver con la vida.

Un grave aspecto que hoy vivimos es el populismo de “palabras”, o mejor, los relatos construidos con mentiras sin ningún sustento. Los creyentes se supone que seguimos al Jesús “camino, verdad y vida” (Jn 14,6) o al Jesús que nos afirma que “la verdad nos hará libres” (Jn 8, 32). Pero no parece que esto se buscara verdaderamente, sino que se apoya el relato que justifica mis posturas, aunque esté lleno de mentiras. Lo repiten de manera tan convincente que se lo creen. No están dispuestos a escuchar otras voces. Ejemplos recientes son el “Castrochavismo” que tanto se invoca, sustentado en dos personajes que ya murieron o el comunismo en el que vamos a caer si no votamos por los personajes de la derecha más derecha. Esto acaba de ocurrir en Estados Unidos y es absurdo pensar que el candidato que ganó las elecciones es comunista, como lo afirmaron en la campaña para desprestigiarlo. Pero parece que muchos de los que no lo votaron así lo creen.

Todo eso no está lejos de la historia vivida en Colombia con el referendo por la paz. Las mentiras de que el Acuerdo tenía perspectiva de género o de que para sostener a los desmovilizados iban a gravar las pensiones de los jubilados y muchas más cosas -evidentemente falsas- motivaron a media Colombia a votar por el “no”. Conocí a muchos cristianos que así lo hicieron y lo peor a muchos clérigos y religiosos/as. Y, todavía hoy, siguen torpedeando la paz y no hay manera de aceptar la gran equivocación que tuvieron.

También la situación de Bolivia es muy compleja, pero podría ser un caso representativo de lo que nos cuesta a los católicos perder la hegemonía del poder religioso y valorar lo indígena y sus culturas ancestrales. Una cosa es hablar en el Sínodo de Amazonia del mundo indígena y repetir hasta el cansancio las maravillas de sus tradiciones, creencias y costumbres y otra muy distinta que haya un gobierno indígena y gane protagonismo.

El discurso del vicepresidente electo David Choquehuanca mostró otra cosmovisión -muy distinta a la nuestra- pero muy valiosa y llena de principios que en nada desdicen de la experiencia cristiana. Pero, por supuesto, una cosa es que lo digamos nosotros, llevando la hegemonía y otra que lo propongan otros y nos quiten el protagonismo. Tendrán muchos errores y contradicciones, pero ¿qué gobierno no los tiene? Solo que cuando vienen del ala que nos desinstala, construimos relatos que nos justifican y no hacemos el esfuerzo suficiente para mantener el diálogo y abrirnos a propuestas que también tienen elementos de verdad, aunque no sean las que nos gustan o a las que estábamos acostumbrados. Es difícil mantenernos en una crítica seria para salvar lo positivo y transformar lo negativo.

“Cuando vienen del ala que nos desinstala, construimos relatos que nos justifican y no hacemos el esfuerzo suficiente para mantener el diálogo”

No se comprende tampoco la altísima votación de los migrantes latinos por un candidato que denigra de los migrantes. Parece que una y otra vez se cumple lo que ya se advertía al pueblo judío: “no maltratarás ni oprimirás al extranjero porque ustedes también fueron extranjeros en Egipto” (Ex 22,21) pero se olvida con facilidad y, como dice el adagio popular, “no hay cuña que mas apriete que la del mismo palo”.

Otros ejemplos podrían señalarse, pero la intención es volver a preguntarnos si la fe que profesamos se refleja en todos los aspectos de la vida o si rezamos mucho, pero a la hora de decidir por los destinos de nuestros pueblos actuamos como los que no tienen fe buscando solo el interés propio y sin un amor real y comprometido con los más necesitados de cada tiempo.

Ser cristiano es muy difícil porque defender la vida no se limita a slogans universales y descontextualizados, sino que pasa por asumir seriamente la situación presente, mantener una conciencia crítica frente a ella y, sobre todo, apostar por los valores del evangelio que, nos guste o no, parece los representan, en este tiempo, más las políticas de corte social de sectores de centro, izquierda y muchas veces ateos que los que afirmando algunas posturas morales apoyadas desde el cristianismo, proponen políticas que solo favorecen a unos pocos, enmarcadas en contextos de exclusión, marginación o descarte como denuncia el papa Francisco en su última encíclica.

No todas las épocas se configuran de la misma manera, pero en la actualidad las derechas tienen todo menos de evangelio, de defensa de la vida, de fraternidad/sororidad. Lamentablemente han sido apoyadas por numerosos cristianos y parece que lo seguirán haciendo.

Espiritualidad , , ,

¿Qué nos depara este nuevo Congreso para les LGTBI en el Perú?

Sábado, 8 de febrero de 2020

CONGRESOPERÚ-1024x512OPINIÓN:

Por Vero Ferrari

El 26 de enero fueron las elecciones extraordinarias para escoger a los congresistas que completarían el año y medio que falta del periodo parlamentario luego de la disolución del Congreso a fines de octubre del 2019. En Lima postulaban cuatro candidatxs abiertamente LGTBI, Gabriela Salvador (lesbiana), Carlos Polo (gay), Gahela Tseneg Cari Contreras (trans) y Alberto de Belaunde (gay). De estos, solo el último pudo llegar a entrar y convertirse en congresista por el Partido Morado. De Belaunde también se convirtió en el segundo congresista más votado con más de 233 mil votos hasta el momento que se siguen contabilizando las actas de votación debido a su buen desempeño como congresista anteriormente.

Por la región del Callao fue elegido Miguel Gonzales del Partido Morado, con más de 10 mil votos, quien también es abiertamente gay y ha trabajado por varios años como capacitador en temas de VIH-Sida en la organización Sí da Vida.

Ellos dos son los únicos representantes LGTBI que tendremos en el Congreso, de 130 congresistas, en un panorama incierto para nuestra población que hasta el momento no ha visto ninguna de sus demandas aprobadas. El Parlamento quedó tomado por una derecha fraccionada que en lo que menos está interesada es en garantizar los derechos de las poblaciones vulnerabilizadas como la LGTBI. Lleva la consigna de que hay cuestiones “más importantes” que resolver como la reforma de justicia, que sirven siempre como excusa para no legislar a nuestro favor y postergarnos históricamente.]

Las tres fuerzas políticas más importantes que han logrado la mayor cantidad de congresistas coinciden, a pesar de sus grandes diferencias, en el desinterés por la comunidad LGTBI: Acción Popular (25), Alianza por el Progreso (22) y el Frente Popular Agrícola Fia del Perú-Frepap (15), un partido de derecha católica tradicional, un partido de derecha emergente y un movimiento religioso, respectivamente. Este último partido es el que más sorpresas puede traer porque, a pesar de no llevar una agenda conservadora y de no haberse unido a los grupos fundamentalistas que avivaban campañas de odio hacia los LGTBI lo últimos años, sí tienen una apuesta moralizadora y uno de sus congresistas salió a decir que los homosexuales teníamos “el mal enquistado en el cuerpo y en la sangre”, disculpándose luego la dirigencia del Frepap por ello, y señalando que respetan la igualdad y la Constitución.

Frente a ellos, la izquierda, con el Frente Amplio, tiene una representación mínima, con nueve congresistas, de los cuales ninguno ha tomado la bandera LGTBI como suya en campaña, pero que sí forma parte de su plan de gobierno por lo que, por lo menos, se les puede exigir su cumplimiento.

Para celebrar, porque algo siempre podemos celebrar, los partidos que llevaban a lxs candidatxs más conservadores, gracias a una campaña racista, homofóbica y misógina, además de su pasado ligado a la corrupción y al fujimorismo, no lograron pasar la valla del 5% de votos para colocar congresistas, por lo que nos hemos librado de los antiderechos más recalcitrantes y representantes de la campaña de desinformación “Con mis hijos no te metas”: Beatriz Mejía (Avanza País), Justo Balmaceda (Contigo), y Rosa Bartra y Nelly Cuadros (Solidaridad Nacional), que incluso proponían penalizar a las mujeres que abortaran, y buscaban posicionarse como el “bolsonarismo” peruano.

En ese sentido, el 2020 será un año más de sequía para el movimiento LGTBI, pero que puede servir para fortalecer la lucha por la representación el 2021 que se vienen las elecciones presidenciales.

Fuente Agencia Presentes

General, Historia LGTBI, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , ,

Elecciones en Perú: quiénes son les candidates LGBT y qué proponen

Jueves, 23 de enero de 2020

cual-es-la-bandera-de-peruPor Vero Ferrari

Luego de que se disolviera el Congreso peruano el último día de octubre del año pasado, el presidente Martín Vizcarra convocó a nuevas elecciones para el 26 de enero del 2020 con el fin de completar el periodo congresal. Dentro de los temas que siempre se debaten en tiempos electorales están las demandas de las mujeres y la población LGTBI, por lo que tampoco faltan candidatxs que defienden abiertamente estas banderas en los dos espectros políticos, derecha e izquierda.

Por la izquierda, el partido Frente Amplio tiene a Gabriela Salvador, abogada lesbiana, y a Carlos Polo, activista vegano y gay; y el partido Juntos por el Perú tiene a Gahela Tseneg Cari, activista trans. Por la derecha está el Partido Morado con su candidato Alberto de Belaunde. Los cuatro candidatean por Lima.

Quiénes son y qué proponen para la comunidad LGTBI peruana

Gabriela Salvador (Frente Amplio)

1E4A4B4D-8284-4D0C-B54F-DAEF4FE01D98“En el tema de educación preocupa mucho la invisibilización incluso en cifras. El no mencionarte en un informe ya es un indicador. El no mencionarte en un plan de trabajo ya es un indicador. Hablamos de niñas, hablamos de mujeres, pero no hablamos de mujer lesbiana, trans, bisexual. ¿Estamos presentes?”.

Tiene 34 años, es abogada, especialista en medioambiente. Fue asesora política en el Congreso disuelto y decidió ponerse al frente en estas elecciones congresales de enero con el N° 6 del Frente Amplio. Ella se define como una mujer lesbiana y hasta el momento no ha dudado en resaltarlo en cada entrevista que ha realizado, donde señala que busca avanzar hacia una agenda de derechos en donde se visibilicen las problemáticas LGTBI sobre todo en los sectores educación y salud.

Salvador ha señalado que impulsará los proyectos de ley que quedaron pendientes como la Ley de Identidad de Género y la Ley de Matrimonio Igualitario, pero también promoverá la fiscalización y el control de las instituciones que deben responder por velar para que las personas no sean discriminadas y reciban todas las protecciones y garantías del Estado. Para ello estará pendiente de las medidas que implementen el Ministerio de Salud, de Educación y de Justicia. También incidirá contra la criminalización de la protesta puesto que cada vez que el colectivo LGTBI busca realizar una manifestación pacífica como por ejemplo Besos contra la homofobia en el Día del Amor en febrero, es reprimida, retenida, prohibida de transitar y expulsada de las plazas por la policía, a cargo del Ministerio del Interior.

Carlos Polo (Frente Amplio)

EC1DCF5D-4C62-4E78-A5DF-67FE1D430FD2“La deshonestidad es una de las cosas que más me molesta, el hecho que yo no haya podido tener referentes LGTBI en mi infancia, el hecho que me dijeran que a las niñas les gustan los niños y a los niños, las niñas, vivir con todas esas mentiras me hizo mucho daño, me hizo creer que nunca oba a ser feliz, y por eso ahora lo que más me molesta es la deshonestidad y creo que la deshonestidad abunda en nuestra política”.

Polo es traductor profesional, pero ha destacado como activista vegano y antiespecista, además de ser activista gay y ateo desde hace varios años. Su historia personal es muy particular pues es hijo de dos activistas en posiciones totalmente opuestas, su padre, Carlos Polo Samaniego, es un conocido antiderechos director de una de las organizaciones que más ha intentado perjudicar la vida de los LGTBI y las mujeres en el mundo, la Population Research Institute, y su madre, Cecilia Villanueva, es presidenta del Movimiento Latinoamericano de Madres de hijos TLGB.

Desde pequeño, Polo fue obligado a estudiar en un colegio del Sodalicio, participar en las Marchas por la Vida que se organizan en contra del aborto, y sometido a una serie de ideologías machistas por lo que su infancia estuvo marcada por el rechazo a su homosexualidad, hasta que salió del clóset y su familia materna lo abrazó con respeto.

 Entre sus propuestas están respaldar las políticas con enfoque de género, sobre todo por el acoso homolesbotransfóbico que sufren lxs niñxs, y que forma parte del plan de gobierno del Frente Amplio, aunque en esta, su primera candidatura a elecciones generales, está más enfocado en la protección de los animales, pues ya tiene a una compañera candidata (Gabriela Salvador) más enfocada en los derechos LGTBI.

Gahela Tseneg Cari Contreras (Juntos por el Perú)

C08345C6-144B-4621-897F-9E37884D0B70El problema no es nuestro cuerpo, el problema es esta sociedad hipócrita que en la calle nos rechaza pero que en privado si busca satisfacerse de nosotras, el problema es que hemos nacido en una sociedad equivocada y que esperamos cambiar, por eso estamos aquí luchando. Yo no nací feminista pero sí estoy segura de que me voy a ir de este mundo luchando”.

Con el lema “voto por la igualdad”, Gahela se presenta como una mujer de múltiples identidades. Es afroserrana en un contexto en donde el racismo siempre está a flor de piel. Además es mujer trans y migrante. Luego de estudiar Derecho, empezó a militar en la izquierda desde hace algunos años en la agrupación Nuevo Perú, que fue en alianza con el partido político Juntos por el Perú para participar en estas elecciones.

Ella levanta las demandas de identidad de género y matrimonio igualitario, además de la cuota laboral trans, cuota de participación LGTBI en los partidos políticos, enfoque de la diversidad en la educación, además del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo con la despenalización del aborto, en lo que ha llamado “reforma de género”. Su presencia sigue el legado de mujeres trans que han intentado ocupar una curul en el Parlamento peruano, como antiguamente lo hizo Belissa Andía, también en partidos de izquierda.

Alberto de Belaunde (Partido Morado)

5AAF500C-F70A-477B-9845-167BE8BAA534“No tengo la garantía absoluta de que los 140 candidatos estén convencidos, pero hay la convicción y el compromiso partidario de éstos, sí, y es una propuesta de campaña, por lo que creo que es absolutamente honesto decir que el Partido Morado impulsará el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género desde el Congreso”.

Abogado y excongresista por el partido del expresidente Pedro Pablo Kuczynski, Peruanos por el Kambio, De Belaunde busca completar el periodo por el cual fue elegido ahora con otro partido de derecha, el Partido Morado. En su gestión anterior, promovió la Unión Civil como contrato para parejas de lesbianas y gays, al lado del también excongresista gay Carlos Bruce, a diferencia de la propuesta que hicieron sus colegas Indira Huilca y Marisa Glave en el mismo Congreso para conseguir el matrimonio igualitario a pesar de no ser activistas LGTBI. Ninguno de los dos proyectos de ley pudo ser aprobado y ni siquiera debatido en el Congreso disuelto. A pesar de que el Partido Morado, cuando apareció en la palestra pública, no estaba completamente de acuerdo con el matrimonio igualitario y solo apostaba por la Unión Civil, De Belaunde señala que ahora sí están de acuerdo y es una consigna de bancada de un partido que defiende el modelo económico neoliberal apostar por el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y el enfoque de género en la educación.

Fuente Agencia Presentes

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“Sí, la Iglesia es de derechas. De derechas-derechas”, por Antonio Aradillas

Martes, 26 de marzo de 2019

imagen_3755-590x372“La Iglesia, como tal, es de  derechas. El evangelio, como tal es, no obstante,  de izquierdas”

¿De cuántos cristianos, y de qué estamentos –movimientos- religiosos, se sabe ya que electoralmente levantarán, hasta enronquecer, su VOZ, en los aledaños de los templos católicos?

La Iglesia se “derechizó” en proporciones ciertamente impensables, tanto que al mismo Jesús le hubiera sido difícil su reconocimiento

España lidera la contrarreforma ultraconservadora en el sexto aniversario del papado de Francisco

Agustín Rosety, Delegado episcopal del obispo Zornoza para las Fundaciones, número 1 de VOX por Cádiz

Es sabido de todos,  que “derechización” es un  barbarismo, o “incorrección gramatical  que consiste en pronunciar o escribir  mal una palabra”, o “emplear vocablos impropios”. De todos es también sabido que, además  de ”igual, recto, seguido  y sin torcerse   a un lado ni a  otro, el término “derecha” es académica y popularmente aplicable con toda corrección  al “conjunto de personas  que profesan  ideas conservadoras referidas  especialmente  a las favorables y favorecedoras  de la continuidad en las vidas colectivas, y adversas  a los cambios  bruscos  y radicales”.

Así las cosas, las personas, actitudes y actividades, por lo que respecta sobre todo a la Iglesia, la tarea de entrenzar  unos cuantos comentarios, resulta fácil y asequible:

La Iglesia, como tal, es de  derechas. El evangelio, como tal es, no obstante,  de izquierdas. Con excepción de algunos de los tiempos eclesiales primeros, bíblicamente narrados con emoción, pundonor, veracidad, destreza y, por supuesto, comprometidos en ello sus miembros,  la Iglesia se “derechizó”  en proporciones ciertamente impensables, tanto  que al mismo Jesús le hubiera sido  difícil su reconocimiento.

La jerarquía no es el Pueblo de Dios

Pese al principio de la necesidad proclamada  casi dogmáticamente de que “Eclessia Semper reformanda”, primó  en la teoría y en la práctica, con mayor y ardorosa vigencia,  el de “Semper idem”, fundamentado en la convicción de su “sempiternidad” en esta vida y en la otra, como signo principal  de la imagen de Dios…

Resulta  obvio  ahorrarse  comentar,  que precisamente habría de ser la jerarquía, que no el pueblo de Dios,  la acaparadora  del singular, y para muchos, excesivo,  privilegio de inamovible  en esta vida y en la otra, hasta hacer depender de ello aún su propia identidad y fundación como entidad religiosa.   Con el “semper idem” como lema, jaculatoria, camino de vida  y de comportamientos, propios y ajenos,  la Iglesia se hizo, y todavía se sigue haciendo presente…

Por lo tanto, cuantos  cambios, y más  los “considerados bruscos y  radicales”, que pudiera registrarse en la Iglesia, habrían de cancelarse  “en el nombre de Dios”, condenados a perpetuidad, sin más consideración y escrúpulos,  y por mucha lógica  que, “con luz y taquígrafos”, aportaran el común de los fieles en los casaos extremos, a  no ser  que de ellos fueran sus beneficiarios  principales  los miembros de la jerarquía.

Las reformas, ¿condenables?

Llegar a la inhóspita  conclusión  de que exactamente los  responsables máximos  de la institución y estructura eclesiástica, en sus diversos niveles personales e institucionales, fueron, son y prefieren seguir siendo  inamovibles,  -es decir,”de derechas”–  es tan fácil, como triste y doloroso.  La reforma –las reformas-  siempre son condenables. Aquellos papas, y más quien se  permitió “el lujo”,  de apellidarse Francisco- sin números cardinales identificadores, no tienen futuro y  el hipotético ascenso ulterior “al honor de los altares” no es- no será- tan claro, como en otros casos….

Sí, la Iglesia es de derechas. De derechas-derechas. Tal condición se percibe,  experimenta y padece  en la mayoría de sus –ámbitos, con admirables y raras excepciones, canonizables en determinadas personas. movimientos  y estamentos mayoritarios que se dicen “religiosos”. Santos- santos  siguen siendo en la actualidad declarados y reconocidos como tales, no pocos de  quienes antes fueron anatematizados, ensambenitados  y hasta quemados  en hogueras inquisitoriales y de las otras …

La Iglesia, en campaña electoral

En vísperas electorales ya en España, el crecimiento de posiciones  y actitudes derechistas  en personas y grupos,  se percibe con facilidad dentro de la Iglesia y  sobre todo en sus líderes, con mitras o sin ellas. Son muchos más los que piensan  y actúan “en y por la Iglesia”, que “en y por el evangelio”.  Los programas electorales de los de derechas, son  más sustantivamente  canónicos y  “eclesiásticos”, que “evangélicos”, tales como los referidos a la asignatura de la Religión, a diversos privilegios y a las  “inmatriculaciones” de bienes, de los que por cierto hay que referir que, después del Estado,  su más rica propietaria en España es precisamente la Iglesia.

¿No tendrán que ser y votar  “a las derechas” quienes vivan en palacios”, por muy episcopales que sean?. ¿Dependerá la falta de claridad, de decisión, de justicia y de audacia  del episcopado español en relación con abusadores y pederastas, por acción u omisión,  precisamente a su “adscripción “, al menos sentimental, a ideas y movimientos inamovibles y conservadores, con el “ultra”, o sin él por delante? ¿Por qué hay tantos o más santos canonizados, de derechas, que de izquierdas?

¿De cuántos cristianos, y de qué estamentos –movimientos- religiosos, se sabe ya  que electoralmente levantarán, hasta enronquecer, su VOZ, en los aledaños de los templos católicos? ¿Cuál será la opción electoral mas frecuentada, y recomendada, -con discreción o sin ella- por nuestros obispos? ¿Acaso la “somnolencia  de los buenos” –fieles y obispos-   caracterizará el proceso electoral actual, sin ejemplares referencias a comportamientos eclesiásticos, de por sí antidemocráticos?

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“La religión y la derecha política”, por José Mª Castillo, teólogo

Jueves, 22 de noviembre de 2018

cortes-una-religion-para-vivir-en-5-pasos-4De su blog Teología sin censura:

¿Por qué ocurre, con tanta frecuencia, que la gente de derechas suele ser más religiosa que quienes militan o tienen ideas de izquierdas? Es verdad que esta doble sintonía – de la derecha con la religión y de la izquierda con la irreligión – no se puede generalizar. Pero el hecho global de la frecuente coincidencia de la derecha con la religión; lo mismo que el rechazo de la izquierda hacia lo religioso, nadie (que vea la vida con objetividad) lo pondrá en duda, supongo. En España, además, me parece indudable.

¿Por qué ocurre esto? Para responder a esta pregunta, no viene al caso contraponer lo que ocurrió con Hitler y Mussolini, en Alemania e Italia, y lo que sucedió con Franco en España. Hitler y Mussolini perdieron sus guerras. Franco ganó la suya y mantuvo su dictadura durante 40 años. Y conste que, aun así, el profesor Thomas Ruster (Universidad de Dortmund) se lamentaba recientemente de que los campos de concentración estaban ubicados cerca de museos y bibliotecas; y se avergonzaba de que no solo la mayoría de aquellos facinerosos, los ejecutores del holocausto, habían recibido clases de religión y habían escuchado sermones e instrucciones morales. Sin embargo, existió Auschwitz, que los educados religiosamente no lo impidieron.

Pues bien, siendo todo esto muy verdad, vamos al fondo del asunto. Lo he dicho y no me cansaré de repetirlo. Jesús fue un hombre profundamente religioso, pero no fundó una religión. Jesús anunció el Evangelio. ¿Cómo iba a fundar una religión un hombre que fue asesinado por los dirigentes y entendidos en lo que es una religión?

No debemos confundir a Dios con la religión. Dios es “trascendente” (no tenemos acceso a Él, ni podemos conocerlo), mientras que la religión en “inmanente”, es decir, siempre es un hecho cultural. De ahí que, cuando hablamos de Dios, deberíamos distinguirlo de las “representaciones de lo divino”, que se hacen en cada cultura.

Otra cuestión es que, en la prehistoria de la humanidad, la religión es mucho más antigua que Dios. La religión tiene unos cien mil años (tantos como el “Homo Sapiens”), mientras que de Dios se viene hablando hace unos diez mil años. O sea, durante noventa mil años, se ha vivido la religión sin Dios.

La religión suaviza el miedo a la muerte, libera de los sentimientos de culpa y es un componente de nuestra propia identidad. Pero la religión consiste en un sistema de rangos que exige sometimiento a superiores invisibles. De ahí, la carga de obligaciones y prohibiciones mediante las que los jerarcas religiosos se imponen a sus fieles.

Por eso, el poder religioso suele andar aliado con el poder político. Y ambos se sustentan y necesitan mutuamente. Los poderosos se suelen aliar a los “hombres de la religión”. Como éstos se alían a los poderosos.

Así las cosas, se comprende que la izquierda social y política suele sentirse incómoda ante el poder político-religioso. Es verdad que todo esto se explica y se justifica utilizando argumentos y motivos religiosos y sociales. Pero el fondo del asunto, ya hemos visto dónde está.

Cuando Jesús aparece en la historia, el Imperio romano había montado un sistema religioso en el que no importaba el dios en el que cada cual creía. Era una religión doméstica (cada familia la vivía en su casa) que se centraba en mantener la sumisión al poder imperial. En el caso de Israel, todo se centraba en el Templo, fuente de poder y de dinero para sus sacerdotes, que imponían rituales, obediencia a la ley y sumisión al sistema, interpretado por los maestros de la aquella ley. La consecuencia era que el Templo y sus sumos sacerdotes mantenían al pueblo sumiso al Imperio y a los dirigentes de la religión judía.

En estas circunstancias, ¿qué hizo Jesús? No protestó contra el Imperio. ¿Qué ofreció como alternativa? El Evangelio: enseñó que Dios es Padre bueno con todos, curó a los enfermos, dio de comer a los indigentes, acogió a los pecadores, mujeres, niños, extranjeros…, exigió perdón, respeto y cariño entre todos. Y no se calló ante la hipocresía de los protagonistas y observantes de la religión.

El problema, que tenemos hoy, es que la Iglesia ha dado más importancia a la religión que al Evangelio. La religión da dinero y poder. El Evangelio exige identificarse con los que más sufren y con los últimos de la sociedad.

¿Se comprende ahora por qué la derecha política suele ser más religiosa que la izquierda? El Evangelio, marginado. Y en su lugar intentamos mantener una religión anticuada, que puede ayudar para tranquilizar conciencias, pero sirve cada día menos para mejorar conductas.

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Eduard Fernández: “Si en España nos juntáramos la izquierda y los cristianos, seríamos mayoría. Para mí, son sinónimos”

Domingo, 16 de octubre de 2016

eduard-casaldaliga_560x280“En su denuncia, Casaldáliga es brutalmente respetuoso con el lenguaje”

“Hay misas que sólo hablan de alabar a Dios…¿Por qué no de lo que hay que cambiar?”

(Lucía López Alonso).- Cosas que hacen que la vida valga la pena. Como ver a Ana Belén ya mayor, y poder decir que uno sigue en el cartel de la gran pantalla. Como hombre de mil caras, como actor por vocación. Y haber hecho, en ese camino, lo mejor con los mejores. Haber interpretado las obras de los enormes antiguos a las órdenes de los enormes modernos. De Shakespeare a Bigas Luna. De Goethe a Calixto Bieito, de Beckett a Els Joglars, Gonzalo Suárez, León de Aranoa y todos los demás.

Eduard Fernández sonríe con sencillez. Entra en la iglesia de San Antón de Madrid como si fuera uno más. Pregunta por el Padre Ángel. “Me habría gustado conocerle. Es increíble lo que hace”. Y se sienta a presentar, junto al teólogo Benjamín Forcano, su película Descalzo sobre la tierra roja.

El actor catalán, recientemente premiado una vez más, encarnó en el film dirigido por Oriol Ferrer la lucha del obispo Casaldáliga contra la oligarquía brasileña. Confiesa al público emocionarse al hablar de Pedro, y de la autenticidad de su vida junto a los más pobres. La película empieza en las pantallas de la iglesia del presidente de la Fundación Mensajeros de la Paz, y Fernández deja hablar al personaje que interpretó. Las primeras escenas introducen al espectador en el Araguaia, en todo lo que desde él llega a los sentidos.

Después de algunas charlas a pie de calle con los que muchas veces caminan descalzos sobre el asfalto del centro de Madrid, Eduard Fernández vuelve dentro del templo. En sólo unos minutos, vamos a hablar del Vaticano y de política. Del profeta Pere y de que un lenguaje como el suyo podría llevarnos a ser personas mejores. De que, si no nos posicionamos de un modo u otro contra el engaño, no nos pareceremos a él.

Antes de interpretar el papel protagonista de Descalzo sobre la tierra roja, ¿qué habías escuchado de Pere Casaldáliga?

Muy poco, muy poco. Por culpa de mi incultura, había escuchado muy poco de Pere Casaldáliga. Sí, que era obispo, que tal y cual de la Teología de la Liberación… Pero no sabía gran cosa. Una vez me lo ofrecieron, un amigo mío actor dijo “¡Ostia, ese es muy grande!”, y entonces empecé a buscar, a mirar, y me di cuenta de la dimensión del personaje.

Me ocurrió una cosa curiosa: cuando hago personajes, películas…y luego hago la promoción, siempre hablo del personaje que acabo de hacer. Pero con Pere no pude decir “el personaje”. Tenía que decir “la persona que he interpretado”. Pedro Casaldáliga. Era diferente, no tenía nada que ver… La única vez que me ha ocurrido. “No puedo llamarle personaje”, me decía. ¡A Don Pedro, que es como le llaman en Brasil!

Me impresionó mucho cuando fui a conocerle, una vez, antes de empezar el rodaje. Me pagaron un viaje a Brasil y lo conocí a él un poco. Me impresionó esa realidad presencial: me puse a llorar. Pero lloré muchas veces delante de Pedro. Muchas. No sé por qué, pero le pasa a mucha gente. Hay algo ahí… un momento en que se terminan las palabras. Creo yo que ahí es donde empieza la cosa más mística. Sin hablar de religión, o de religión si se quiere, también, pero sobre todo lo que empieza cuando terminan las palabras es la mística. Hay un paso ahí.

¿En qué momento de tu vida aparece este papel? ¿Qué supuso para la continuación de tu carrera, que cuenta con tantos papeles de malo?

Sí, he hecho todos los papeles, pero unos cuantos de malo. En ese momento yo lo dije: “Este papel, esta experiencia, me va a ofrecer mucho más de lo que yo pueda ofrecer”. Creo que es así, porque el nivel de Don Pedro es enorme. Ha hecho realmente cosas importantes, al lado de interpretar. Ha hecho cosas. Las ha hecho de verdad y las ha escrito. Porque él siempre dice que hay mucha gente que ha hecho muchas cosas buenas, como él, pero no las ha escrito. “Lo he escrito todo”, dice siempre. Es muy activo y de joven, le veías encima de la camioneta, con un poder, un carisma, una energía bestial.

Creo que Pedro fue cambiando mucho a lo largo de su vida, del comienzo a cuando llegó a Brasil, adaptando a su nueva vida su Teología de la Liberación. Él tiene una capillita, preciosa, en su casa, muy humilde, muy sencilla, donde hace misa a las siete y media de la mañana cada día. Él es estricto en todo: también en las siete y media. Las siete y media son las siete y media. Y punto. Allí también tiene un trozo del hábito manchado de sangre de Monseñor Romero, el cráneo de Ellacuría…

Ahí, en Latinoamérica, las cosas son a lo bestia: tanto los ríos, los árboles, como también la vida. La gente. Y la vida y la muerte están mucho más cerca. Él decía una frase muy bonita: “Lo contrario de la fe no es la duda, es el miedo. Y no hay que tenerle miedo al miedo”. De alguna manera, se enfrenta a sus emociones, a los miedos de la vida, con franqueza. Si tienes miedo, tienes miedo. No pasa nada: ten miedo.

No sé qué me ha quedado de Pere. Una experiencia bestial, aunque también la sensación de no saber si la aproveché lo suficiente. Aún así, me ha quedado muy dentro. Muy, muy profundo. Como he dicho antes a los demás, su frase es excepcional: “Lo que no es imprescindible, es robado”. Yo tengo, es verdad, una noción de justicia social, y una noción de la mística, muy claras, gracias a mi madre. A ella Pere Casaldáliga le emociona profundamente. Ella ha sido una persona muy activa en su sentido religioso, muy cercano, seguramente, a la Teología de la Liberación.

El otro día yo pensaba que, si nos juntáramos toda la gente que en, por ejemplo este país, España, somos de izquierdas o cristianos, seríamos mayoría absoluta. Y para mí son sinónimos. Para mí ser cristiano y ser de izquierdas es un sinónimo, porque creo que Jesucristo fue una persona radicalmente de izquierdas. Me parece a mí, aunque se le pongan los matices que se quiera.

Pero en este país la derecha se ha apoderado tradicionalmente de lo cristiano.

Claro que sí. Pero es todo mentira. Se han aprovechado de una parte, igual que la Iglesia del Vaticano lo ha hecho del propio Jesucristo. Y con sus lujos y cosas se han alejado tanto de su figura… El otro día fui con mi madre, que no está muy bien de salud, a misa. Estábamos en Sitges y puede acompañarla. Y esa misa me pareció que no era una misa, que era un horror. Yo he ido a algunas misas que me han parecido realmente maravillosas, pero ésa era un horror. Sólo hablaban de loar a Dios, de porque Dios… Pero oye, ¿Jesucristo qué hizo? ¿Y qué hay que hacer? ¿Qué consejo nos das? ¿Qué hay que cambiar? Para ellos, sólo era alabar a Dios. Estaba vacío de contenido. Absolutamente. Y en un tono crispado y feo. Un horror que me parece que está muy lejos de la ideología, del camino, de Pedro Casaldáliga y de Cristo y la religión, francamente.

Cuando un cura va de misiones o lo hace un cooperante, aunque haya estudiado letras, termina construyendo tejados, o ejerciendo de enfermero, de maestro, de terapeuta, de campesino… de lo que sea que el pueblo demande y haga falta en esa comunidad. ¿No se parece, en este aspecto de asumir todos los papeles, el misionero al actor?

Ya, no lo había pensado nunca… Sí, puede ser… En teoría, pero en la práctica… Un actor, si te va un poco bien… A mí me va bien, gracias a Dios o a lo que sea, pero este mundo es muy particular. Muy bello, porque a mí mi profesión me apasiona. Soy todo lo sencillo que puedo francamente ser, lo contrario sería tontería. Aunque hay veces que hay que lidiar con cosas: hay que hacer alfombras, hay que hacer premios, hay que hacer entrevistas, etc. Está bien. Hay que hacerlo. Pero eso no te puede despistar de lo esencial, de lo que es en realidad. A algunos les pasa, que les gusta más la parafernalia, y eso ocurre también en la Iglesia. Hay quien se vuelve loco, y entonces el Vaticano, y construir, y construir, y alabar a Dios pero, ¿de qué estábamos hablando? ¿Qué hizo Jesucristo lo primero? ¿Qué fue todo eso? ¿Por qué él estaba a favor de los pobres?

Por eso hoy, cuando he visto lo que hace el Padre Ángel aquí en San Antón… Ya había pasado por aquí alguna vez. Y por otra que hay en la Calle Pez en la que también se ve a la gente haciendo cola por comida en esta época tan jodida que nos ha tocado vivir, tan brutalmente injusta…

Hay una frase que Casaldáliga decía a Ratzinger, que está ahí en Descalzo sobre la tierra roja. Ratzinger le decía que parecía que los de la Teología de la Liberación no combatían la violencia. Y Pedro Casaldáliga, que además de todo lo que es, es siempre absolutamente cuidadoso con el lenguaje -muy importante en Pere. Mucho-, decía “tengo que admitir que no me gusta hablar en términos de violencia o no-violencia. Ahora bien, si hay que hablar de violencia, hay que decir que no hay violencia mayor que la violencia institucionalizada, oficialmente justificada y que por reacción provoca otras violencias mucho menores”. Está en la película completo. Era como una roca, era como una piedra: nadie puede discutir esa frase. Es verdad sí o sí. Y lo es porque Pedro es respetuoso con el lenguaje de una manera tan brutal que, por ejemplo, con él no se podía decir “esto es una mierda”. Para atacar donde hay que atacar, él es preciso con el lenguaje. Preciso y recto en la denuncia. Una mierda es una cosa muy general… Leer más…

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Es complicado ser cristiano/a de izquierdas

Jueves, 4 de febrero de 2016

sin-hogar“Dar de comer al hambriento es justicia distributiva y exigencia de fe cristiana”

“El bolsillo es un tema tabú”

“Hay que dar hasta que duela, no de las sobras”

(José María García Mauriño, Cristianos de Base de Madrid).- Todo el mundo sabe que ser cristiano o cristiana es mucho más que ir a Misa los domingos y no robar ni matar. “Creer es comprometerse”, y lo complicado es el compromiso de los cristianos. ¿A qué nos comprometemos? Es algo muy personal, no es una obligación impuesta por las normas más o menos dogmáticas de la Iglesia. Lo difícil es el compromiso serio con las personas empobrecidas. Es una característica de los creyentes de izquierdas, el ocuparse y preocuparse por la pobreza, por las desigualdades sociales, por los últimos de la sociedad.

Todos y todas somos muy de izquierdas mientras no nos toquen el bolsillo. Ser de izquierdas es ser solidario con las personas empobrecidas. Es tomarse en serio lo que llamamos “opción por los pobres“. Jon Sobrino decía: No hay opción por los pobres sin decisión a defenderlos. Y por lo tanto, sin una decisión a introducirse en el conflicto histórico. Esto no suele ser muy tenido en cuenta. Ni siquiera teóricamente. Pero, digámoslo una vez más: no hay opción por los pobres sin arriesgar”. Hasta aquí Jon Sobrino.

No cabe duda que la decisión personal y comunitaria de la gente de base es la defensa de las personas empobrecidas. Los defendemos cuando vamos a las mareas blanca y verde, Denunciamos el silencio de la jerarquía ante el drama de los refugiados. Hacemos declaraciones en contra de las desigualdades sociales. Estamos de acuerdo con los partidos más radicales. La mayoría somos antisistema. Escribimos cosas contra el capitalismo. Más todavía, participamos en comprometidas Eucaristías, asistimos a foros sociales, hacemos reflexiones profundas sobre la justicia, buscamos un conocimiento más profundo de los Evangelios, defendemos los Derechos humanos, estamos por una Ecología radical, y mucha solidaridad con América Latina. Todas esas cosas son buenas, necesarias para mantener la tensión de la fe, pero insuficientes, si no llegamos al bolsillo.

¿Qué más podemos hacer? La exigencia fundamental es una exigencia de justicia social, lo mismo para creyentes que para los no creyentes. El punto decisivo, lo mismo para unos que para otros, es el de la propiedad, el del dinero. El problema es el bolsillo.

espana-pobre¿Qué pasa con el bolsillo? Que es un tema tabú. Eso no se puede tocar porque saltan chispas. Tocamos lo más sagrado que hay, la propiedad privada. Es lo propio de la mentalidad capitalista. Mi dinero es mío ha sido fruto del trabajo de toda mi vida y hago con él lo que me da la gana. Y nos cuesta trabajo ver que las necesidades básicas de la mayoría de la gente, no están cubiertas. Cada Ser Humano es igual a otro Ser Humano, las personas empobrecidas tienen la misma piel que tú y que yo. No es fácil exigirnos lo que nos corresponde a cada uno de nosotros, creyentes o no, en conciencia, por estricto deber moral, no por imperativo legal de la hacienda pública.

Nos podíamos preguntar, si queremos ser coherentes con la opción por las personas empobrecidas. ¿Qué es lo que arriesgamos los creyentes de izquierdas? Mientras no nos toquen el bolsillo somos un ejemplo de compromiso sociopolítico. Repito, el punto clave de la ética y de la fe en Jesús es el bolsillo, no solo las tertulias cristianas, la celebración de la eucaristía o las clases de Biblia, y los compromisos sociales, todo eso también es muy conveniente, es necesario, pero no es suficiente.

Jesús dijo claramente, (¿de forma simplista?) “No podéis servir a Dios y al dinero”. “Si quieres ser perfecta, vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”. Darlo a los pobres, dice Jesús, no a la familia o a los amigos y amigas. Servir al dinero es lo que hacen muchos que se identifican con los objetivos del capitalismo liberal, propio de la derecha, como es el deseo de acumular beneficios, no de repartir o de compartir. El dar de comer al hambriento no es sólo un imperativo ético de justicia distributiva, sino que al mismo tiempo, para los creyentes, es una exigencia de fe. Es un postulado evangélico que se preocupa de los últimos. No se puede servir a Dios y al dinero, a la propiedad. Nosotros y nosotras vivimos muy bien, muy cómodamente, pero hay muchísimos millones de personas que no viven, que se mueren cada día de hambre o de miseria o todo junto, o que se van muriendo lentamente. Tenemos de todo, no nos falta de nada, y la mayoría de los Seres Humanos apenas tienen lo necesario para vivir.

En un cartel de la comunidad de Sto Tomás de Aquino, de Madrid, ejemplar en muchos aspectos, dice lo siguiente: “no os canséis de dar, pero no deis de las sobras, dad hasta sentirlo, dar hasta que duela”. Dar de lo que tenemos en la cuenta corriente, dar de la pensión, de lo que tenemos, si es mucho, mucho, si es poco, poco. Pero, siempre dar. Si en el 31 de diciembre tengo más dinero en mi cuenta corriente, que en enero de ese mismo año, se puede decir que me he enriquecido, pero no he compartido nada. Es complicado crecer económicamente y al mismo tiempo ser solidario de verdad con las personas empobrecidas.

Fuente Religión Digital

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No a nosotros mismos. Que vivan las cadenas y la “marica advenediza”

Miércoles, 28 de enero de 2015

doble-moralUn buen artículo que hemos leído en Cáscara Amarga:

Una de las preguntas más frecuentes que formula una persona lesbiana, gay, bisexual o transexual que se considera, en mayor o menor medida, ideológicamente de izquierdas cuando se enfrenta con un igual cuyas ideas políticas pueden enmarcarse en lo que consideramos habitualmente derecha es el clásico “¿cómo puedes ser lesbiana, gay, bisexual o transexual y ser votante de partidos conservadores?”. La cuestión, que suele considerarse ya como un tópico de humor, vuelve a nuestro pensamiento a través de nuestras pantallas porque la semana pasada, en el desfile carnavalesco de concursantes de ese programa inverosímil que es ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, nos encontramos con el caso de Sandro, visiblemente gay y que afirma posicionarse ideológicamente de derechas, además de declararse monárquico. Este hecho, que habitualmente suele calificarse casi como una traición a la patria, creo que requiere de una reflexión, no tanto ya de si las personas no heterosexuales deben militar activamente sólo en partidos de izquierda –ya me gustaría a mí–, sino sobre cómo cada persona se enfrenta individualmente a su propia exclusión por el hecho de no encajar en la norma heterosexual.

Queramos o no, lesbianas, gais, bisexuales y transexuales hemos sido asimilados en Occidente a la cultura heterosexual, más que posiblemente porque nuestra propia identidad como heterodoxos sexuales y del género está derivada de una determinada concepción de la sexualidad propia de nuestro entorno heteronormativo. Las construcciones clásicas que dividen el activismo en asimilacionista, aquel que pretende que las cualidades sexuales y de género de cada persona no supongan ninguna diferenciación, o comunitarista, que persigue la igualdad sin olvidar la particularidad específica de nuestra distinción; han perdido ya buena parte de su sentido, aunque deban seguir teniéndose muy en cuenta como un sustrato del que partir, ya que a nosotros y nosotras se nos empiezan a reconocer una serie de derechos, legislándose incluso algunas acciones afirmativas –que es como debe traducirse lo que tan mal se convierte, interesadamente, en “discriminación positiva”–, que nos equiparan poco a poco a las personas cuya sexualidad no se aparta de la norma. Pero en este proceso de asimilarnos es preciso detenernos a pensar cómo afronta cada cual su relación con propia circunstancia como persona susceptible de ser excluída, con su propia condición de paria sexual más o menos oprimido por una casta heterosexual. Y ese proceso hay que analizarlo de manera individual pues si comparamos nuestra especificidad con una posible especificidad religiosa sucede que, como recuerda mi querida Hannah Arendt, “la cuestión judía se convierte en un problema para el judío individual”.

Enfrentados en la soledad de nuestra adolescencia con el descubrimiento de una sexualidad que no nos es posible encuadrar en los patrones que hemos aprendido y que también por nuestro aprendizaje sabemos que puede suponernos un motivo de exclusión, son dos las salidas factibles. En primer lugar es viable interpretar esta cualidad nuestra como una anécdota sin más de todo lo que somos, de cuantas cualidades nos definen como personas. Esconderíamos así nuestra condición de parias, restándole importancia y tratando de que otros de nuestros rasgos sean más destacables. Seríamos el advenedizo o parvenu, el individuo que se salva así de la marginalidad eliminándole a su especificidad sexual o de género cualquier atisbo de diferenciación, cualquier importancia. No niega ser lesbiana, gay, bisexual o transexual, pero eso es lo de menos: reniega del don de su nacimiento en pos de integrarse, de medrar en un contexto donde se le consideraría –y seguramente se le siga considerando– un paria. Así, el tipo del advenedizo, enfrentado a la defensa de los derechos la diversidad sexual y de género, acostumbrará manifestar su malestar frente a la insistencia en la propia cualidad de no ser heterosexual, y llamará al activismo, incluso al más institucionalizado, “radical”, en el mal sentido, tratando de apartarse de toda reivindicación colectiva. Conviene destacar, dentro de esta categoría, al tipo específico que pretende identificarse por su habilidad en lo económico. Arendt, en su reflexión sobre la judeidad, los llamó “los judíos de los negocios”, y quiero permitirme el homenaje denominando a este carácter “la marica de los negocios”, cuyas características puede compartir con el estereotipo judío aquél y, citando a la filósofa, señalaremos que son “las cualidades que el ‘advenedizo’ debía poseer si querían triunfar –inhumanidad, avaricia, insolencia, rastrero servilismo y determinación para medrar–”. Quizá conozcas alguno.

En segundo lugar hay otra posibilidad que, siendo igualmente respetable que la anterior, considero éticamente mucho más acertada. Se trata de lo que Arendt llama “el paria consciente”, aquellas personas que, citándola, “en vez de ceder a la tentación del mimetismo estúpido de la carrera del parvenu, intentaron tomarse el gozoso mensaje de la emancipación más en serio de lo que nadie había pretendido nunca y ser –en su condición de judíos– seres humanos”. Es decir, lesbianas, gais, bisexuales o transexuales que desean acceder a sus derechos ciudadanos precisamente desde su cualidad de heterodoxos sexuales, sin tener que renunciar ni a un ápice de su identidad para alcanzar el status de ciudadanía plena. Es ésta la diferencia que marcaba Denneny en 1981 cuando afirmaba “homosexual y gay no son la misma cosa: gay es cuando decides que sea importante”. Y a través de este empoderamiento del don de la distinción con que hemos nacido se consigue algo mágico: de pronto hay algo importante que une a todas esas personas, que las puede mover a trabajar unidas. El proceso individual mediante el que nos enfrentamos a la cualidad que nos excluye genera en este caso que nos reconozcamos en otros, que podamos sentir como propios los problemas de otras personas, que intentemos quizá tratar de paliar sus sufrimientos. Así es como nace el activismo, una ética de comportamiento y defensa de derechos que implica siempre el bienestar colectivo, no únicamente individual.

Y así llegamos a responder a la pregunta inicial, ¿qué ideología es más adecuada para una persona no heterosexual? Cualquiera, evidentemente. Es posible ser de derechas, quizá tras un posicionamiento como lo que antes llamábamos advenedizos. Pero creo que la consciencia de ser de un modo u otro susceptibles de marginación, el proceso de convertirse en un paria consciente, no deja otra opción que una ideología política comprometida con lo colectivo, con la defensa de los derechos no sólo de uno mismo sino de todas las personas. Un hombre homosexual puede ser de izquierdas o de derechas, incluso no posicionarse en esos términos, si es que eso es posible. Pero un hombre gay sólo podrá ser de izquierdas, porque desde el reconocimiento de su especificidad como un don, como una cualidad relevante en su cotidianeidad, ha de llegar al convencimiento activista de trabajar por el bien común.

Individual o colectivo, ¿cómo enfrentar a partir de aquí la tarea de defender los derechos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales? Si diariamente nos enfrentamos a noticias como la de esa letra profundamente homófoba que iba a ser presentada al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife por la murga Ni Fu Ni Fa, que ha sido finalmente retirada gracias a la presión colectiva que iniciaron las Juventudes Socialistas, a las que siguió el PSOE y numerosos activistas de diversos colectivos, precisamente mientras nos enterábamos de que el canario Colegio Pepe Monagas es el primero en visibilizar la prohibición de discriminación por motivo de orientación sexual e identidad de género; si nos estremecemos al leer que el terrorista Estado Islámico, después de lapidar en noviembre a dos jóvenes acusados de practicar la homosexualidad en la localidad de Deir Ezzor, ha condenado a muerte a dos hombres homosexuales en la ciudad iraquí de Mosul, procediendo a cumplir la sentencia lanzándolos al vacío, y que la Federación Argentina LGBT frente a esta barbarie ha exigido la intervención de la comunidad internacional, la misma comunidad internacional a la que el ya nunca más simpático y progresista Papa Francisco advierte de que el Matrimonio Igualitario constituye una “colonización ideológica de la familia”; se hace evidente con todo esto que el mejor camino no es el del advenedizo que consiente determinadas cadenas e incluso las celebra, tal como algunos majos y majas gritaban el “vivan las cadenas” defendiendo el absolutismo durante la Guerra de la Independencia; convocando desde una empresa unos misteriosos Premios LGTB que acaban recibiendo los reyes de España por su compromiso (?) con el colectivo, como va a suceder en esta edición de FITUR GAY –ni lesbiana, ni bisexual, ni transexual porque, según el organizador “los hosteleros podían pensar que iban a tener el hotel lleno de Cármenes de Mairena o de Venenos”–; sino que el trayecto adecuado es el trabajo en comunidad para perseguir el bien común, la creación de un movimiento, porque “quien no se mueve no siente las cadenas”, que nos dijo Hannah Arendt,. La vía hacia la Igualdad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales no pasa por el “no a nosotros mismos” y el sí a mi bienestar personal. Pasa por la unión de todos y todas, porque, como nos recuerda Arendt, el poder “surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece al momento en que se dispersan”.

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Se llevó a cabo el 1° Encuentro de Liderazgo Político LGBTI

Lunes, 15 de septiembre de 2014

carlos-bruceDel 4 al 6 de setiembre se llevó a cabo en Lima, Perú el Primer Encuentro de Liderazgos Políticos LGBTI de América Latina y El Caribe, del que participaron decenas de autoridades como congresistas, ministros, regidores y concejales que a la vez son activistas y líderes lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex. La actividad se llevó a cabo en el campus sur de la Universidad Cayetano Heredia, en la avenida Armendáriz 445, Miraflores.

Durante estas jornadas, los líderes y lideresas analizaron diversos puntos de la agenda política LGBTI y dieron a conocer sus propios balances y sus retos a futuro. Así, por ejemplo, se llevaron a cabo los paneles “La participación política de personas LGBTI en Latinoamérica y el Caribe”, “Liderazgos LGBTI en los partidos políticos” y también se realizaron talleres como “Creación y funcionamiento de equipos de campaña”, “Claves para un buen mensaje de campaña”, entre otros.

El alcalde de Long Beach, Robert García, primer alcalde latino y abiertamente gay de Long Beach (EE.UU) participó junto al congresista peruano Carlos Bruce y la legisladora argentina María Rachid del primer panel del evento, denominado “La visibilidad LGBTI: Un cambio a la construcción de una democracia real. En él, García narró su experiencia como autoridad LGBTI en Estados Unidos.

“Era la primera vez que un latino y además abiertamente gay postulaba a un puesto así en el país y en uno de los estados más grandes. Tenía mucho temor, pero todo resultó excelente. Especialmente la comunidad latina nos apoyó mucho. En Estados Unidos tenemos tres alcaldes LGBTI: en Houston, en Seattle y yo, en Long Beach, indicó García.

Por su parte, el congresista Carlos Bruce, consideró que, pese a la demora en el debate del proyecto de Unión Civil en el Perú, se ha avanzado, pues “al margen de que se apruebe o no, considero que hemos avanzado y demostrado que nuestra identidad de género u orientación sexual no tiene nada que ver al momento de ejercer un cargo público o alguna representación pública, que ser gay no te hace ni mejor ni peor servidor público”.

“Yo tengo una ventaja. He sido ministro de Estado, he sido reelegido congresista, hasta mis adversarios reconocen que hemos realizado un buen trabajo. Si asumir eso significa un costo, pues habrá que asumirlo para tener un país más equitativo”, expresó.

Además, sostuvo el parlamentario, “hemos propuesto a los partidos políticos peruanos crear en sus organizaciones las secretarías LGBTI, una propuesta que ha tenido acogida de diversos partidos, sectores y líderes políticos como el Apra, el Frente Amplio, la Izquierda, Pedro Pablo Kucsynski, Acción Popular no lo ha descartado. El único que, por razones evidentes, no lo ha aceptado, es el PPC”, indicó.

Por su parte, la legisladora argentina María Rachid narró cómo fue el proceso de aprobación del matrimonio igualitario en su país. También participaron de la inauguración Carlos Cáceres, director IESSDEH de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, así como los representantes de las instituciones organizadoras del evento: Luis Abolafia, director de Programas Internacionales Gay & Lesbian Victory Institute, EE.UU; Wilson Castañeda, director de Corporación Caribe Afirmativo-Colombia; y Susana Chávez, del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (PROMSEX).

Al respecto, Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina LGBT (FALGBT) expresó que “ha sido una gran experiencia participar del Primer Encuentro de liderazgos LGTBI de América Latina ya que pudimos compartir nuestras experiencias con quienes luchan en todo el continente por más igualdad. La FALGBT ha impulsado grandes cambios en nuestro país y ese trabajo es mirado con enorme atención en todos los países de la región, lo cual nos llena de orgullo. Asimismo pudimos constatar el clima muy positivo que se vive en toda la región, lo que augura un pronto avance de nuestros derechos a nivel continental.”

Fuente: Perú.com, Prensa FALGBT, vía SentidoG

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