Muere el teniente coronel Sánchez Silva, el primer militar que reconoció públicamente su orientación homosexual en España.
José María Sánchez Silva en Madrid, el 4 de septiembre del 2000. MIGUEL GENER
Con gran pesar hemos conocido la noticia del fallecimiento de un hombre valiente, José María Sánchez Silva quien, con 49 años salió del armario en la desaparecida revista Zero, para reivindicar los derechos de las personas LGTBI. Años más tarde, abandonó el Ejército tal y como denunció en una entrevista para El País, ya que fue víctima de “ostracismo” después de hacer pública su orientación sexual. Desgraciadamente, su movimiento de vanguardia no tuvo tanto seguimiento como le habría gustado. Y supuso consecuencias para él. El ministro de Defensa del Gobierno del PP, Federico Trillo (de infausta memoria por su responsabilidad y actitud en la tragedia del Yak-42), dijo solo unos días después que su actitud, aunque no suponía una sanción disciplinaria, había sido «desafortunada». Y un alto cargo le advirtió de que muchos dentro del Ejército no le iban a perdonar jamás haber sido un verso suelto.
El teniente coronel José María Sánchez Silva ha fallecido este lunes tras convertirse en el año 2000 en un referente del colectivo LGTBIQ+ al ser considerado como el primer militar de alta graduación que reconoció públicamente su homosexualidad en España. Sánchez Silva decía que aunque la discriminación en el Ejército estuviese prohibida, “las represalias sutiles o las discriminaciones atávicas siguen pesando en las relaciones diarias”. “Me he decidido a declarar públicamente mi homosexualidad porque los derechos se han de ejercer y las leyes se han de adaptar a la realidad social. Así de claro”
En ese momento, el Ministerio de Defensa calificó de “incomprensible” que hablase públicamente de su homosexualidad porque era una cuestión “puramente personal” e “intrascendente” en el plano laboral, como recogió ABC. Frente a ello, Sánchez Silva defendía que aunque “lo justo” fuese “la discreción”, callarse no era una opción: “Eso nos lleva a renunciar a nuestros derechos, a sufrir en silencio, a seguir enclaustrados”.
Y, en un sentido homenaje, Mario Suárez publicaba un artículo en El País, recordando su fundamental paso en la lucha por los derechos de nuestro colectivo y una semblanza entrañable de su carácter:
“Protagonizó la salida del armario más importante de la historia castrense en España. En septiembre de 2000, la revista Zero publicaba una portada con este titular: “El primer militar gay”. Era José María Sánchez Silva, teniente coronel del Cuerpo Jurídico de las Fuerzas Armadas, quien hablaba abiertamente de su vida como homosexual dentro del ejército. Al mismo tiempo también lo hizo en EL PAÍS. Un acto de valentía civil y heroico en un entorno castrense que cambió mentalidades y revolucionó un Ministerio de Defensa, entonces con Federico Trillo (PP) al frente. Casi nada.

Portada de la revista Zero con José María Sánchez Silva. ZERO
José María tenía 49 años cuando ofreció esa entrevista a la revista en la que yo trabajaba como redactor. Ver ese cuerpo frágil, esa voz solemne, esa disposición errática y esa generosidad por la redacción de la plaza Santa María Soledad Torres Acosta de Madrid era, cuanto menos, extraña en unos años en los que los gais y las lesbianas aún no podían ni casarse.
Sánchez Silva era un lector habitual de los estantes de la librería Berkana, en Chueca, cuando unos meses antes de ese verano comentó a su dueña, Mili Hernández, su condición de militar y su disposición a salir del armario. Ella llamó de inmediato al entonces redactor jefe de la revista Ricardo Llamas y a su director Miguel Ángel López, para que conocieran al militar.
Tras esa primera reunión, la vida de Sánchez Silva no sería la misma, tampoco la del ejército que representaba. “Para la comunidad LGTBIQ+, para la política, para lo que pasó después, esta es la portada más importante que ha tenido una revista en décadas”, explicó Hernández en la serie documental Zero, la revista que sacó del armario a un país (2023), poniendo en valor la figura de Sánchez Silva.
El militar pasó los siguientes meses reafirmándose en sus declaraciones por diferentes medios de comunicación: “Hay casos de ataques homofóbicos directos en las Fuerzas Armadas. Pero lo habitual es que en el Ejército, la homofobia agreda indirectamente, recubierta de una exquisita legalidad”.
Era su lucha, su audaz legado que comentaba en los círculos cercanos, pero también en charlas abiertas y, por supuesto, en su puesto de trabajo.Por eso recibió amenazas, insultos y ataques los meses posteriores, llevando incluso a juicio a otro compañero por injurias en 2003.
La justicia no le acompañó, y esto acabó con la carrera de José María, que fue a la reserva voluntariamente. “Si alguien me ha odiado, que sepa, desde ahora mismo, que no ha conseguido que el odio sea recíproco”, afirmó en la icónica revista a modo de despedida.
Los últimos años de Sánchez Silva fueron discretos, de su casa en Chamberí y sus comidas en el restaurante El Yate, hasta el barrio de Chueca, adonde caminaba para comprar libros en Berkana o para tomar algo en el desaparecido Café Figueroa. Después, vuelta en taxi a casa.
Del ejército solo le quedaba el recuerdo, porque ni las medallas ni el uniforme guardó tras su salida. Era un militar de izquierdas comprometido, conocedor de que su salida del armario traería consecuencias, aunque nunca imaginó que tantas y tan abruptas.
Este lunes 25 de agosto, a las siete de la tarde, falleció en una residencia militar de Guadarrama, en Madrid, 25 años después de ese valiente hito que cambió tantas cosas, y que el asociacionismo y la comunidad LGTBIQ+ apenas reconoció en vida, algo de lo que él se quejaba constantemente.
Pidió que sus cenizas descansaran junto a la de sus padres, en Cabo Enderrocat, en Mallorca, y recibir una misa funeral en una iglesia castrense, pese a haber apostatado años antes y retractarse después de la pandemia.
José María Sánchez Silva era de impulsos en apariencia, pero como buen militar, medía de manera estratégica cada movimiento, para evitar emboscadas. Ojalá su nombre ocupe ahora el lugar que siempre mereció, como peldaño necesario en la consecución de los derechos que hoy disfruta todo un colectivo.”
Con motivo de su fallecimiento la revista Shangay ha podido hablar con Antonio José de Benito Pérez, familiar de José María, que ha transmitido el orgullo que siente hacia él: “Me gustaría que se le recordase por el papel tan importante que tuvo a la hora de visibilizar al colectivo y su gran lucha por nuestros derechos. Vivió como quiso, no se escondió y siempre luchó por ser él mismo y por la libertad, la suya y la de todos”, afirma.
Sánchez Silva guardaba enmarcada la página del BOE que reconoció el matrimonio igualitario en España hace justo 20 años, tal y como cuenta Antonio José que afirma que este era su “objeto más preciado”.
Numerosas personalidades han lamentado su fallecimiento, entre ellas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha destacado del fallecido en un mensaje en la red social ‘X’, que fue un “referente de libertad y derechos”.
“Con coraje, abrió camino hacia una España más justa e igualitaria. Siempre recordaremos su ejemplo. Un abrazo a sus seres queridos», ha escrito.
La noticia del fallecimiento de José María Sánchez Silva ha provocado numerosas reacciones, especialmente dentro del colectivo LGTBIQ+, donde se le considera una figura clave en la lucha por la igualdad y la visibilidad. Así lo ha manifestado, a través de su cuenta en X, Mili Hernández, quien ha destacado la importancia del gesto de Sánchez Silva afirmando que su «salida del armario» constituyó «un paso muy importante para nuestra comunidad«.
La relevancia histórica del gesto de Sánchez Silva radica en el contexto en el que se produjo. En el año 2000, aunque la sociedad española había avanzado en términos de aceptación de la diversidad sexual, las Fuerzas Armadas seguían siendo un entorno especialmente complejo para las personas LGTBIQ+. Su declaración pública supuso romper un techo de cristal en una institución tradicionalmente conservadora y abrir el camino para que otros militares pudieran vivir su orientación sexual con mayor libertad.
El objeto más preciado del teniente coronel Sánchez Silva.
Durante estos 25 años, se han producido importantes cambios legislativos y culturales que han permitido una mayor integración de las personas LGTBIQ+ en el Ejército. La aprobación del matrimonio igualitario en 2005 supuso un punto de inflexión en el reconocimiento de derechos para el colectivo, incluyendo a quienes servían en las Fuerzas Armadas. Posteriormente, se han implementado protocolos contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito militar.
En 2016, el Ministerio de Defensa comenzó a participar oficialmente en las celebraciones del Orgullo LGTBIQ+, un gesto simbólico pero significativo que reflejaba el cambio de mentalidad institucional. Actualmente, las Fuerzas Armadas españolas cuentan con políticas de diversidad e inclusión que buscan garantizar la igualdad de trato y oportunidades para todos sus miembros, independientemente de su orientación sexual o identidad de género.
Sin embargo, a día de hoy esta institución todavía debe derribar muchas barreras. Y como Sánchez Silva, existen otros referentes que ayudan a combatir la homofobia. Infobae España entrevistó el pasado mes de julio al cabo Carlos Francisco Antón, quien lleva más de dos décadas en el Ejército y durante años ocultó su orientación sexual por miedo a sufrir discriminación y ser rechazado. Contó a este diario como, harto de tener que dar explicaciones sobre su orientación sexual en sus círculos más cercanos, consideró que lo mejor era también “normalizarlo” en el trabajo. “Ser gay y militar no era algo incompatible”, declaró.
Fuente Agencias/El País/ Shangay/elDiario.es/Infobae
«Me resulta difícil comprender la afirmación de la defensa de que soy mujer, lo cual contradice toda mi documentación gubernamental«.
La senadora Tammy Baldwin dijo que los republicanos habían “roto” y “envenenado” el proyecto de ley final con su disposición transfóbica.
Una bandera trans con un traje militar.
Los conscriptos han sido tratados de “niñitas”, “maricones”, “mariquitas” y “lesbianos”, según han relatado compañeros del soldado Franco Vargas, quien falleció durante una marcha de instrucción. El Movilh calificó a estas expresiones de odio como dañinas para la dignidad humana y como un retroceso para los derechos LGBTIQ+ al interior de las FFAA
Luego de conocerse que un conscripto falleció durante un ejercicio militar tras ser tratado de “maricón” y “cobarde” por un coronel, el Movilh instó al Ejército a adoptar medidas para erradicar “las ofensas homofóbicas que hoy se usan para denigrar o torturar soldados”.













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