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Donald Trump firma la orden que prohíbe a las personas trans servir en el Ejército

Lunes, 28 de agosto de 2017

ejercito-trans-contra-trump-696x522Ya ha pasado. Tras varias semanas de escuchar de todo, Trump firmó ayer el memorándum que impedirá que las personas trans puedan servir en las fuerzas armadas norteamericanas.

La agenda anti-LGTB del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se consolida. Medios estadounidenses de primera línea, como The Wall Street Journal o The New York Times, han adelantado que en próximos días el presidente hará llegar por fin al secretario de Defensa, Jim Mattis, la orden por escrito detallando la prohibición a las personas transexuales de servir en el Ejército de su país. El anuncio, que Trump hizo en Twitter hace varias semanas, había sido recibido con sorpresa tanto por los colectivos LGTB como por buena parte de la clase política estadounidense, legisladores republicanos incluidos, así como por la propia cúpula militar. Pero el presidente está absolutamente dispuesto a implementar la prohibición, que ha sido bienvenida por la derecha religiosa, un sector que se consolida como uno de los apoyos más sólidos de Trump.

Recordemos que no fue hasta 2015 cuando el entonces secretario de Defensa, Ash Carter, anunciaba que por fin se ponía en marcha el proceso para acabar con la discriminación tránsfoba en el Ejército estadounidense. “Tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, aseguraba entonces Carter. El secretario de Defensa de Obama anunció la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. El proceso culminó un año después. Y aunque se desconocía con exactitud a cuántas personas afectaba, algunas estimaciones situaban la cifra de personas trans que servían por entonces en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

Es importante destacar que, a diferencia de la derogación del “Don’t ask, don’t tell, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue una decisión administrativa, que Barack Obama pudo impulsar sin necesidad de someterla a votación por el Congreso. Por desgracia, ello supone que el ahora presidente Donald Trump tiene capacidad de revertirla, propósito que anunciaba en Twitter hace ahora un mes:

“Tras consultar con mis generales y con expertos militares, comunico que el Gobierno de Estados Unidos no aceptará ni permitirá personas transgénero en el Ejército. Nuestros militares deben estar centrados en la decisiva y arrolladora victoria [Trump no especificaba contra quién ni contra qué] y no pueden asumir la carga que suponen los tremendos costes médicos y la perturbación que la presencia de transgéneros en el Ejército supondría. Gracias”, expresaba el presidente.

Decisión sorprendente… 

La decisión pillaba por sorpresa a colectivos LGTB y grupos de defensa de los derechos civiles, que en realidad se estaban preparando para otra batalla. Días antes, de hecho, habían trascendido los esfuerzos del vicepresidente Mike Pence (un político marcadamente anti-LGTB) por evitar que el Congreso destinara una asignación presupuestaria a los gastos sanitarios derivados del proceso de reasignación de los militares transexuales. El sentimiento más extendido era que la batalla política tendría lugar en torno a la financiación de estos gastos, pero nadie imaginaba que la mera existencia de personas trans en el Ejército estaba en la cuerda floja.

De hecho, no faltaron los políticos republicanos moderados, como John McCain (precisamente el presidente del comité militar del Senado), a los que el anuncio de Trump sorprendió y que se manifestaron abiertamente en contra. El anuncio también fue recibido con indisimulado estupor por la Junta de Jefes del Estado Mayor, que transmitieron públicamente que en tanto no recibieran instrucciones seguirían sin modificar sus políticas de personal. Las reacciones en contra de la transfobia de Trump iban sucediéndose día tras día, no sólo en forma de carta abierta firmada por un numeroso grupo de veteranos que alabaron a las personas trans que formaron parte del ejército sino también la de algunos miembros en activo del ejército, como el almirante de la Guardia Costera, que ha dicho que no aplicará la prohibición.

Trump tiene ahora que justificar un movimiento que sólo puede explicarse como un claro ataque a los derechos de las personas trans, y en una rueda de prensa ofrecida en su club de golf respondió a varias preguntas de los periodistas y dijo esto sobre la prohibición:

Tengo un gran respeto por la comunidad. Creo que he tenido un gran apoyo, o he tenido un gran apoyo por parte de esa comunidad. Tuve muchos votos. Pero los transgénero, los militares están trabajando en eso ahora. Ha sido una situación muy difícil y creo que le estoy haciendo un favor a mucha gente al salir a la palestra y decirlo. Como ya sabéis, ha sido un tema muy complicado para el ejército, ha sido un tema muy confuso para el ejército, y creo que le estoy haciendo al ejército un gran favor.

… pero firme

Pese al escepticismo de algunos ilusos, que pensaban que todo quedaría en un arrebato tuitero, lo cierto es que la orden de Trump estaría ya recibiendo sus últimos retoques y será transmitida al Pentágono en próximos días. Según se ha adelantado, se trata de un memorándum de dos páginas y media que da un plazo de seis meses al secretario de Defensa, el general Jim Mattis, para desarrollar los detalles y armar la implementación. Por un lado, se prohibiría la incorporación de nuevas personas trans al Ejército. Por otro, se interrumpiría la financiación de los tratamientos hormonales de aquellos militares trans que en estos momentos se encuentran en servicio activo, y por último dejaría en manos de Mattis cómo proceder respecto a su reubicación (e incluso expulsión), que se decidiría caso por caso según cada puesto.

Habrá que esperar a conocer tanto el documento como la forma de implementarlo por parte del Pentágono para estimar el alcance real del daño, pero de lo que no cabe ya duda es de que la decisión supone una segunda gran victoria a nivel federal para la ofensiva tránsfoba que viven los Estados Unidos. La primera de ellas tuvo ya lugar a los pocos días de jurar Trump su cargo como presidente, cuando revocó las directrices emitidas en 2016 por el Departamento de Educación de Obama protegiendo a los estudiantes trans y permitía de nuevo a las escuelas que reciben fondos federales prohibirles el uso de las instalaciones que corresponden a su identidad de género.

Pocos dudan de que la ofensiva tránsfoba de Trump, un político que antes de ser elegido presidente no dudó en presentarse como un aliado de las personas LGTB (con ayuda, todo hay que decirlo, de medios de comunicación y de algunos personajes abiertamente LGTB, como el empresario gay Peter Thiel o la celebrity trans Caitlyn Jenner) no es más que una decisión táctica que tiene como objeto consolidar el apoyo de la influyente derecha religiosa, un sector que durante su campaña electoral mantuvo sus reticencias pero que con Trump en la Casa Blanca y tras sus más recientes polémicas se ha convertido en uno de sus más sólidos apoyos. Ello no evita que sea todo un desastre, para las personas trans en particular y para el colectivo LGTB en general.

Fuente Dosmanzanas/Cristianos Gays

 

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