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Se alista la primera persona trans en el ejército de EE.UU tras el intento de prohibición de Trump

Miércoles, 7 de marzo de 2018

transexuales-eeuuLa noticia llega después del intento de veto del presidente.

El Pentágono garantizó que las personas trans serían tratadas con dignidad de acuerdo a su género sentido.

El portavoz del Pentágono, David Eastburn, ha confirmado el alistamiento del primer recluta trans después del llamamiento de la Casa Blanca para prohibir su incorporación en el ejército norteamericano.

El único dato que ha trascendido es que la incorporación se realizó el pasado 23 de febrero tras los correspondientes exámenes médicos.

Mientras tanto, estamos a la espera de que la Administración Trump aclare qué sucederá con este asunto tras firmar el pasado mes de agosto la prohibición para que las personas trans no pudieran servir en el ejército. Lo jueces bloquearon posteriormente esta decisión y el Pentágono dió un varapalo al gobierno al confirmar que a partir del 1 de enero de este año entrarían en vigor nuevas directrices para garantizar que las personas trans serían tratadas con dignidad respetando su autodeterminación de género.

La política lgftbfóbica del gobierno norteamericano ha llevado a los absurdos de prohibir el uso de palabras como “diversidad” o “transgénero” a las agencias de salud o haciendo desaparecer documentación sobre la protección a los sintecho LGTB.

Fuente | The Washing Times, vía EstoyBailando

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Un juez federal ordena que se reinstaure la financiación de los tratamientos de reasignación para las personas trans en el Ejército estadounidense

Martes, 5 de diciembre de 2017

ejercito-trans-contra-trump-696x522El juez federal Marvin J. Garbis ha ordenado la paralización cautelar de la orden del presidente Donald Trump que prohíbe incorporar a personas transexuales para servir en el Ejército de los Estados Unidos y desfinancia los tratamientos de reasignación de los militares trans. En respuesta a una de las demandas interpuestas por diferentes personas y organizaciones, y considerando que sus argumentos tienen altas probabilidades de ganar, el juez considera oportuno mantener la situación previa a la orden de Trump hasta que la justicia aclare todas las dudas. Amplía así el alcance con respecto a un fallo similar adoptado por otra juez federal hace tres semanas.

La orden de Donald Trump

Recordamos brevemente los antecedentes. A diferencia de la derogación del “Don’t ask, don’t tell, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue una decisión administrativa, que Barack Obama pudo impulsar sin necesidad de someterla al Congreso. En 2015, el entonces secretario de Defensa de Obama, Ash Carter, anunciaba la puesta en marcha del proceso para acabar con la discriminación tránsfoba en el Ejército, mediante la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. Un año después, en junio de 2016, se anunciaba el fin de la prohibición, si bien el despliegue efectivo de la nueva normativa se fue retrasando hasta ya comenzada la era Trump y oficialmente nunca se llegó a implementar. En la práctica, sin embargo, la prohibición se dio por derogada y numerosos militares trans comenzaron a salir del armario y a dar a conocer su realidad a mandos, compañeros y subordinados sin temor a ser expulsados. Se desconoce con exactitud a cuántas personas afectaba el cambio, aunque algunas estimaciones han situado la cifra de personas trans en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

Conquistada la Casa Blanca, y olvidados ya los coqueteos de Donald Trump con el colectivo LGTB durante la campaña electoral, los republicanos se lanzaron sin disimulos a implementar su agenda anti-LGTB, de la que las personas trans son a día de hoy su objetivo principal. El pasado mes de julio Trump anunciaba en Twitter la reinstauración de la prohibición de servir en el Ejército, que pocas semanas después hacía efectiva mediante una orden transmitida a los departamentos de Defensa e Interior (ya que la Guardia Costera, aunque forma parte de las Fuerzas Armadas estaodunidenses, depende de este departamento). El documento, al que puedes acceder aquí, critica expresamente a la administración Obama por su decisión de permitir a las personas trans servir en el Ejército y ordena poner fin al proceso de despliegue de la normativa antidiscriminatoria, retomando la situación previa a junio de 2016, vetando la incorporación de nuevas personas trans al Ejército e interrumpiendo la financiación de sus tratamientos de reasignación, salvo aquellos casos que se encuentren en estos momentos en pleno proceso.

El documento, no obstante, no despejaba ni mucho menos todos los interrogantes. No aclaraba, por ejemplo, que sucedería con los militares trans que ya sirven en en Ejército. Fuentes de la Casa Blanca aseguraron entonces que serían los departamentos de Defensa e Interior los que deberían evaluar cada caso, en función de cómo afectase al servicio, de la “cohesión” de las unidades, de las limitaciones presupuestarias y de “todos aquellos factores que puedan ser relevantes”. Inseguridad e incertidumbre, en definitiva, a la espera de que se produzca el despliegue de todas las órdenes contenidas en el documento de Trump para conocer el alcance real del daño y saber cómo se procederá respecto a la reubicación/expulsión de los militares trans. La fecha estipulada para ello es el 23 de marzo de 2018, después de que el secretario de Defensa, Jim Mattis, haya presentado un plan detallado y acordado con el departamento de Interior antes del 21 de febrero.

La respuesta de la Justicia

La decisión de Trump, a todas luces discriminatoria, pilló por sorpresa a colectivos LGTB y grupos de defensa de los derechos civiles, que en realidad se estaban preparando para otra batalla. Días antes del primer anuncio de Trump, de hecho, habían trascendido los esfuerzos del vicepresidente Mike Pence (un político marcadamente anti-LGTB) por evitar que el Congreso destinara una asignación presupuestaria a los gastos sanitarios derivados del proceso de reasignación de los militares transexuales. El sentimiento más extendido era que la batalla política se limitaría a la financiación de estos gastos, pero nadie imaginaba que la mera existencia de personas trans en el Ejército estaba en la cuerda floja.

Quizá por eso se encontró con una inesperada oposición. De hecho, no faltaron los políticos republicanos moderados, como John McCain (precisamente el presidente del comité militar del Senado), que se manifestaron abiertamente en contra. Y sobre todo, y más importante: rápidamente comenzaron a anunciarse demandas judiciales. La primera de ellas, Doe v. Trump, fue interpuesta, en representación de ocho personas trans que sirven en el Ejército y que ya se han visibilizado como tales, por dos organizaciones de defensa de los derechos civiles de las personas LGTB. Su argumentación jurídica es que la prohibición viola la 5ª enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que garantiza el derecho a un trato igualitario por la ley y al “debido proceso”.

Argumento que la jueza federal Colleen Kollar-Kotelly, del distrito de Columbia, no solo estimó pertinente, sino que consideró que es muy probable que otorgue la victoria a los demandantes. Es por ello que a principios de noviembre emitió un fallo en el que suspende cautelarmente la aplicación de la orden de Trump hasta que la justicia se pronuncie de forma definitiva. Kollar-Kotelly, no obstante, no paralizaba la aplicación de todas las disposiciones. En concreto, la suspensión de la financiación de los tratamientos de reasignación de los militares trans (salvo aquellos casos que se encuentren en estos momentos en pleno proceso) seguía vigente. La jueza no se consideró competente para paralizarla a la vista de los argumentos de la demanda.

Sí lo ha hecho, tres semanas después, el juez federal Marvin J. Garbis de Baltimore, en respuesta a otra demanda (Stone v. Trump). La presentó la American Civil Liberties Union (ACLU) en Maryland el pasado mes de agosto, en representación de seis personas trans que están en activo en el Ejército. El juez federal ordena que se reinstaure la financiación de los tratamientos de reasignación de los militares trans, porque al igual que su homóloga Kollar-Kotelly, considera probable que los demandantes ganen el caso basándose en la protección igualitaria recogida en la Constitución estadounidense.

Garbis rechaza que su orden cautelar sea prematura y argumenta que las personas trans que sirven en el Ejército ya están sufriendo las consecuencias de la medida. A pesar de que por ahora no se han anunciado despidos, viven con el miedo a un futuro despido y el estigma de ser señalados como incapaces de servir. El juez carga contra el presidente Trump, al que acusa de actuar a golpe de tuit en lugar de escuchar un análisis fundamentado de los representantes militares sobre las consecuencias de la decisión. El abogado de la ACLU Joshua Block ha celebrado el fallo, que calificó de “victoria para el personal militar trans en todo el país” y mostró su satisfacción por la decisión del tribunal de “asegurar que se trate a los militares trans con la dignidad y el respeto que se merecen”. Veremos si la decisión final de los tribunales es favorable.

Fuente Dosmanzanas

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El Pentágono paga la cirugía de afirmación de género a una militar a pesar de Trump

Lunes, 20 de noviembre de 2017

militares-gays-pentagonoCon la prohibición de que las personas trans sirvan en el ejército norteamericano suspendida por una juez federal, el Pentágono continúa ofreciendo a las tropas transgénero los mismos derechos que siempre.

En febrero de 2018 se espera que se publiquen las nuevas políticas respecto a los y las militares trans, a pesar de la diferencia de opiniones entre la Casa Blanca y los líderes militares. 

A pesar de que Trump anunció vía Twitter que iba a prohibir a las personas trans formar parte del ejército de los Estados Unidos reinstaurando la prohibición de servir en el Ejército, lo que pocas semanas después hacía efectiva mediante una orden transmitida a los departamentos de Defensa e Interior (ya que la Guardia Costera, aunque forma parte de las Fuerzas Armadas estaodunidenses, depende de este departamento). El documento, al que puedes acceder aquí, critica expresamente a la administración Obama por su decisión de permitir a las personas trans servir en el Ejército y ordena poner fin al proceso de despliegue de la normativa antidiscriminatoria, retomando la situación previa a junio de 2016, vetando la incorporación de nuevas personas trans al Ejército e interrumpiendo la financiación de sus tratamientos de reasignación, salvo aquellos casos que se encuentren en estos momentos en pleno proceso.

Pero en el propio ejército de los Estados Unidos no parece que tengan pensado hacerle demasiado caso al presidente.  Aunque Trump aseguró que lo había consultado con varios expertos militares lo cierto es que por ahora no ha aparecido ni un miembro del ejército que respalde la maniobra tránsfoba del presidente con la que pretende contentar a la extrema derecha más que mejorar las condiciones laborales de sus soldados. Pero además desde el propio Pentágono parecen tener tan pocas ganas de discriminar a las personas trans que siguen financiando operaciones de afirmación de género entre sus filas.

La última ha sido a una soldado de infantería, condecorada en la Operación Anaconda durante la guerra de Afganistán en 2003, que ha sido operada en un hospital civil. Así lo ha confirmado la Vice-almirante Raquel Bono, que también fue la encargada de aprobar la baja médica de la soldado.

La prohibición de que las personas trans accedan al ejército está siendo tremendamente polémica y ha resultado ser otra medida de Trump que acaba suspendida en un tribunal. Mientras la jueza Colleen Kollar-Kotelly revisa la prohibición (y avisa de que tiene todos los números para ser declarada inconstitucional) y mientras el congreso investiga exactamente qué contactos hubo entre la Casa Blanca y el Pentágono para llegar a esta decisión, el secretario de defensa, Jim Mattis, avisó al ejército de que por ahora las políticas respecto a las personas trans que están en activo se mantienen intactas.

Eso significa que, como ha sido este caso, pueden seguir accediendo a los programas de salud que permiten este tipo de cirugía.

Pero Mattis también avisó de que la medida era temporal hasta que el 21 de febrero de 2018 el Pentágono publique la nueva política en base a lo exigido por la Casa Blanca, desde la que Trump ha pedido que no se permite a más personas trans acceder al ejército pero que sea Mattis el que decida qué hacer con las que ya están en activo. Algo que para Sarah McBride, secretaria de prensa de la Human Rights Campaign, es una clara muestra de que “hay una amplia oposición entre el congreso y los líderes militares frente a los ataques discriminatorios de Donald Trump y Mike Pence a las tropas transgénero.

Fuente | Pink News, vía EstoyBailando

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Revés judicial para Donald Trump: una jueza federal paraliza la orden que reinstauró la prohibición a las personas trans de servir en el Ejército

Sábado, 4 de noviembre de 2017

ejercito-trans-contra-trump-696x522La jueza federal Colleen Kollar-Kotelly ha ordenado la paralización parcial de la orden del presidente Donald Trump que prohíbe a las personas transexuales servir en el Ejército de los Estados Unidos. En respuesta a una de las demandas interpuestas por diferentes personas y organizaciones, y considerando que sus argumentos tienen altas probabilidades de ganar, la jueza considera oportuno mantener la situación previa a la orden de Trump hasta que la justicia aclare todas las dudas. La supensión de la orden es parcial, ya que no incluye la desfinanciación de los tratamientos de reasignación de los militares trans.

La orden de Donald Trump

Recordamos brevemente los antecedentes. A diferencia de la derogación del “Don’t ask, don’t tell, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue una decisión administrativa, que Barack Obama pudo impulsar sin necesidad de someterla al Congreso. En 2015, el entonces secretario de Defensa de Obama, Ash Carter, anunciaba la puesta en marcha del proceso para acabar con la discriminación tránsfoba en el Ejército, mediante la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. Un año después, en junio de 2016, se anunciaba el fin de la prohibición, si bien el despliegue efectivo de la nueva normativa se fue retrasando hasta ya comenzada la era Trump y oficialmente nunca se llegó a implementar. En la práctica, sin embargo, la prohibición se dio por derogada y numerosos militares trans comenzaron a salir del armario y a dar a conocer su realidad a mandos, compañeros y subordinados sin temor a ser expulsados. Se desconoce con exactitud a cuántas personas afectaba el cambio, aunque algunas estimaciones han situado la cifra de personas trans en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

Conquistada la Casa Blanca, y olvidados ya los coqueteos de Donald Trump con el colectivo LGTB durante la campaña electoral, los republicanos se lanzaron sin disimulos a implementar su agenda anti-LGTB, de la que las personas trans son a día de hoy su objetivo principal. El pasado mes de julio Trump anunciaba en Twitter la reinstauración de la prohibición de servir en el Ejército, que pocas semanas después hacía efectiva mediante una orden transmitida a los departamentos de Defensa e Interior (ya que la Guardia Costera, aunque forma parte de las Fuerzas Armadas estaodunidenses, depende de este departamento). El documento, al que puedes acceder aquí, critica expresamente a la administración Obama por su decisión de permitir a las personas trans servir en el Ejército y ordena poner fin al proceso de despliegue de la normativa antidiscriminatoria, retomando la situación previa a junio de 2016, vetando la incorporación de nuevas personas trans al Ejército e interrumpiendo la financiación de sus tratamientos de reasignación, salvo aquellos casos que se encuentren en estos momentos en pleno proceso.

El documento, no obstante, no despejaba ni mucho menos todos los interrogantes. No aclaraba, por ejemplo, que sucedería con los militares trans que ya sirven en en Ejército. Fuentes de la Casa Blanca aseguraron entonces que serían los departamentos de Defensa e Interior los que deberían evaluar cada caso, en función de cómo afectase al servicio, de la “cohesión” de las unidades, de las limitaciones presupuestarias y de “todos aquellos factores que puedan ser relevantes”. Inseguridad e incertidumbre, en definitiva, a la espera de que se produzca el despliegue de todas las órdenes contenidas en el documento de Trump para conocer el alcance real del daño y saber cómo se procederá respecto a la reubicación/expulsión de los militares trans. La fecha estipulada para ello es el 23 de marzo de 2018, después de que el secretario de Defensa, Jim Mattis, haya presentado un plan detallado y acordado con el departamento de Interior antes del 21 de febrero.

La respuesta de la justicia

La decisión de Trump, a todas luces discriminatoria, pilló por sorpresa a colectivos LGTB y grupos de defensa de los derechos civiles, que en realidad se estaban preparando para otra batalla. Días antes del primer anuncio de Trump, de hecho, habían trascendido los esfuerzos del vicepresidente Mike Pence (un político marcadamente anti-LGTB) por evitar que el Congreso destinara una asignación presupuestaria a los gastos sanitarios derivados del proceso de reasignación de los militares transexuales. El sentimiento más extendido era que la batalla política tendría lugar en torno a la financiación de estos gastos, pero nadie imaginaba que la mera existencia de personas trans en el Ejército estaba en la cuerda floja.

Quizá por eso se encontró con una inesperada oposición. De hecho, no faltaron los políticos republicanos moderados, como John McCain (precisamente el presidente del comité militar del Senado), que se manifestaron abiertamente en contra. Y sobre todo, y más importante: rápidamente comenzaron a anunciarse demandas judiciales. La primera de ellas, Doe v. Trump, fue interpuesta, en representación de ocho personas trans que sirven en el Ejército y que ya se han visibilizado como tales, por dos organizaciones de defensa de los derechos civiles de las personas LGTB: NCLR (National Center for Lesbian Rights) y GLAD (GLBTQ Legal Advocates & Defenders). Su argumentación jurídica es que la prohibición viola la 5ª enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que garantiza el derecho a un trato igualitario por la ley y al “debido proceso”.

Argumento que la jueza federal Colleen Kollar-Kotelly, del distrito de Columbia, no solo estima pertinente, sino que considera que es muy probable que otorgue la victoria a los demandantes. Es por ello que en su fallo suspende cautelarmente la aplicación de la orden de Trump hasta que la justicia se pronuncie de forma definitiva. Kollar-Kotelly, no obstante, no paraliza la aplicación de todas las disposiciones. En concreto, la suspensión de la financiación de los tratamientos de reasignación de los militares trans (salvo aquellos casos que se encuentren en estos momentos en pleno proceso) sigue vigente. No se trata, en cualquier caso, de una decisión de fondo: la jueza Kollar-Kotelly argumenta que, a diferencia de la amenaza de expulsión de los militares representados en la demanda, esta no contempla por qué la suspensión de los tratamientos de reasignación les afectaría, razón por la cual no se considera competente para paralizarla.

El fallo judicial ha sido recibido con optimismo por las organizaciones de defensa de los derechos LGTB, que lo consideran una importante primera victoria en la que se adivina larga lucha contra las disposiciones tránsfobas de la administración Trump. “Esta es la primera decisión que tumba la prohibición del presidente Trump, pero no será la última. Los tribunales federales reconocen lo que todo el mundo ya sabe: que la decisión impulsiva del presidente Trump de prohibir a las personas transexuales servir en el Ejército es manifiestamente inconstitucional”, ha declarado Joshua Block, abogado de ACLU (American Civil Liberties Union). Veremos si es así, y sobre todo si finalmente la decisión de los tribunales es favorable.

Fuente Dosmanzanas

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Donald Trump firma la orden que prohíbe a las personas trans servir en el Ejército

Lunes, 28 de agosto de 2017

ejercito-trans-contra-trump-696x522Ya ha pasado. Tras varias semanas de escuchar de todo, Trump firmó ayer el memorándum que impedirá que las personas trans puedan servir en las fuerzas armadas norteamericanas.

La agenda anti-LGTB del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se consolida. Medios estadounidenses de primera línea, como The Wall Street Journal o The New York Times, han adelantado que en próximos días el presidente hará llegar por fin al secretario de Defensa, Jim Mattis, la orden por escrito detallando la prohibición a las personas transexuales de servir en el Ejército de su país. El anuncio, que Trump hizo en Twitter hace varias semanas, había sido recibido con sorpresa tanto por los colectivos LGTB como por buena parte de la clase política estadounidense, legisladores republicanos incluidos, así como por la propia cúpula militar. Pero el presidente está absolutamente dispuesto a implementar la prohibición, que ha sido bienvenida por la derecha religiosa, un sector que se consolida como uno de los apoyos más sólidos de Trump.

Recordemos que no fue hasta 2015 cuando el entonces secretario de Defensa, Ash Carter, anunciaba que por fin se ponía en marcha el proceso para acabar con la discriminación tránsfoba en el Ejército estadounidense. “Tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, aseguraba entonces Carter. El secretario de Defensa de Obama anunció la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. El proceso culminó un año después. Y aunque se desconocía con exactitud a cuántas personas afectaba, algunas estimaciones situaban la cifra de personas trans que servían por entonces en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

Es importante destacar que, a diferencia de la derogación del “Don’t ask, don’t tell, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue una decisión administrativa, que Barack Obama pudo impulsar sin necesidad de someterla a votación por el Congreso. Por desgracia, ello supone que el ahora presidente Donald Trump tiene capacidad de revertirla, propósito que anunciaba en Twitter hace ahora un mes:

“Tras consultar con mis generales y con expertos militares, comunico que el Gobierno de Estados Unidos no aceptará ni permitirá personas transgénero en el Ejército. Nuestros militares deben estar centrados en la decisiva y arrolladora victoria [Trump no especificaba contra quién ni contra qué] y no pueden asumir la carga que suponen los tremendos costes médicos y la perturbación que la presencia de transgéneros en el Ejército supondría. Gracias”, expresaba el presidente.

Decisión sorprendente… 

La decisión pillaba por sorpresa a colectivos LGTB y grupos de defensa de los derechos civiles, que en realidad se estaban preparando para otra batalla. Días antes, de hecho, habían trascendido los esfuerzos del vicepresidente Mike Pence (un político marcadamente anti-LGTB) por evitar que el Congreso destinara una asignación presupuestaria a los gastos sanitarios derivados del proceso de reasignación de los militares transexuales. El sentimiento más extendido era que la batalla política tendría lugar en torno a la financiación de estos gastos, pero nadie imaginaba que la mera existencia de personas trans en el Ejército estaba en la cuerda floja.

De hecho, no faltaron los políticos republicanos moderados, como John McCain (precisamente el presidente del comité militar del Senado), a los que el anuncio de Trump sorprendió y que se manifestaron abiertamente en contra. El anuncio también fue recibido con indisimulado estupor por la Junta de Jefes del Estado Mayor, que transmitieron públicamente que en tanto no recibieran instrucciones seguirían sin modificar sus políticas de personal. Las reacciones en contra de la transfobia de Trump iban sucediéndose día tras día, no sólo en forma de carta abierta firmada por un numeroso grupo de veteranos que alabaron a las personas trans que formaron parte del ejército sino también la de algunos miembros en activo del ejército, como el almirante de la Guardia Costera, que ha dicho que no aplicará la prohibición.

Trump tiene ahora que justificar un movimiento que sólo puede explicarse como un claro ataque a los derechos de las personas trans, y en una rueda de prensa ofrecida en su club de golf respondió a varias preguntas de los periodistas y dijo esto sobre la prohibición:

Tengo un gran respeto por la comunidad. Creo que he tenido un gran apoyo, o he tenido un gran apoyo por parte de esa comunidad. Tuve muchos votos. Pero los transgénero, los militares están trabajando en eso ahora. Ha sido una situación muy difícil y creo que le estoy haciendo un favor a mucha gente al salir a la palestra y decirlo. Como ya sabéis, ha sido un tema muy complicado para el ejército, ha sido un tema muy confuso para el ejército, y creo que le estoy haciendo al ejército un gran favor.

… pero firme

Pese al escepticismo de algunos ilusos, que pensaban que todo quedaría en un arrebato tuitero, lo cierto es que la orden de Trump estaría ya recibiendo sus últimos retoques y será transmitida al Pentágono en próximos días. Según se ha adelantado, se trata de un memorándum de dos páginas y media que da un plazo de seis meses al secretario de Defensa, el general Jim Mattis, para desarrollar los detalles y armar la implementación. Por un lado, se prohibiría la incorporación de nuevas personas trans al Ejército. Por otro, se interrumpiría la financiación de los tratamientos hormonales de aquellos militares trans que en estos momentos se encuentran en servicio activo, y por último dejaría en manos de Mattis cómo proceder respecto a su reubicación (e incluso expulsión), que se decidiría caso por caso según cada puesto.

Habrá que esperar a conocer tanto el documento como la forma de implementarlo por parte del Pentágono para estimar el alcance real del daño, pero de lo que no cabe ya duda es de que la decisión supone una segunda gran victoria a nivel federal para la ofensiva tránsfoba que viven los Estados Unidos. La primera de ellas tuvo ya lugar a los pocos días de jurar Trump su cargo como presidente, cuando revocó las directrices emitidas en 2016 por el Departamento de Educación de Obama protegiendo a los estudiantes trans y permitía de nuevo a las escuelas que reciben fondos federales prohibirles el uso de las instalaciones que corresponden a su identidad de género.

Pocos dudan de que la ofensiva tránsfoba de Trump, un político que antes de ser elegido presidente no dudó en presentarse como un aliado de las personas LGTB (con ayuda, todo hay que decirlo, de medios de comunicación y de algunos personajes abiertamente LGTB, como el empresario gay Peter Thiel o la celebrity trans Caitlyn Jenner) no es más que una decisión táctica que tiene como objeto consolidar el apoyo de la influyente derecha religiosa, un sector que durante su campaña electoral mantuvo sus reticencias pero que con Trump en la Casa Blanca y tras sus más recientes polémicas se ha convertido en uno de sus más sólidos apoyos. Ello no evita que sea todo un desastre, para las personas trans en particular y para el colectivo LGTB en general.

Fuente Dosmanzanas/Cristianos Gays

 

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La administración Obama anunciará esta semana el fin de la prohibición de servir en el Ejército a las personas trans

Jueves, 30 de junio de 2016

175206-01_12_2012_13_10_55_289716084La administración Obama anunciará oficialmente esta misma semana el final a la prohibición de servir abiertamente en el Ejército de los Estados Unidos a las personas trans, según adelantaba el pasado viernes USA Today. La noticia llega cinco años después del final del “Don’t ask, don’t tell”, la ley que obligaba a los militares gais, lesbianas y bisexuales a mantener en secreto su orientación. Un retraso que muestra de nuevo que las personas trans constituyen el grupo más débil y vulnerable del colectivo LGTB.

La política de “Don’t ask, don’t tell” fue derogada por el Congreso de los Estados Unidos en diciembre de 2010, después de un complicado proceso de discusión, aunque no fue hasta septiembre de 2011 cuando la derogación entró en vigor. Quedaban fuera sin embargo las personas transexuales. De hecho, no fue hasta hace un año cuando el secretario de Defensa Ash Carter anunciaba que por fin se ponía en marcha el proceso para acabar con la discriminación tránsfoba. “En una época en la que la experiencia ha enseñado a nuestras tropas que la cualificación más importante es su disposición a cumplir son su trabajo, nuestros oficiales y personal alistado se enfrentan a regulaciones que les transmiten lo contrario. Es más, tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, aseguraba Carter.

El secretario de Defensa anunciaba entonces la creación de un grupo de trabajo, formado por civiles y militares y liderado por el subsecretario de Personal del Departamento de Defensa, Brad Carson, encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. Entre ellas, cómo abordar el cambio en lo referido a uniformidad, alojamiento o uso de instalaciones, pero también, por ejemplo, hasta qué punto el Ejército estará obligado a sufragar el coste de eventuales procesos de reasignación de sexo de sus miembros transexuales, así como el entrenamiento y estándares físicos que se les exigirán durante el proceso de transición.

El proceso que se inició el año pasado debía culminar con el anuncio oficial del fin de la prohibición, aunque mientras tanto cualquier decisión sobre la expulsión de militares que ya formen parte del mismo debía ser evaluada por el propio Brad Carson, en lo que fue interpretado como una especie de “moratoria oficiosa”. Se desconoce cuantas personas transexuales sirven en la actualidad en el Ejército estadounidense, pero algunas estimaciones sitúan la cifra en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

El proceso por fin parece haber concluido. Según fuentes de USA Today, el anuncio se producirá oficialmente esta semana, antes de que concluya oficialmente el mes del Orgullo LGTB en la administración estadounidense (y que el Departamento de Defensa también celebra). El final de la prohibición estará vigente desde el primero de julio, aunque se abriría un periodo de transición de un año para que los diferentes cuerpos del Ejército hagan las modificaciones pertinentes.

A diferencia del final de “Don’t ask, don’t tell”, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) es una decisión administrativa. Ello no significa que no vaya a ser polémica, aunque la administración Obama se ha preocupado de trabajar internamente con los militares para minimizar la previsible oposición de muchos de ellos.

Otro elemento que habrá que tener en cuenta es la reacción de los republicanos, especialmente en un momento en que la oposición a los derechos de las personas trans parece haberse convertido en seña de identidad de su sector más reaccionario. No conviene olvidar que los republicanos controlan el Congreso, y bien podrían intentar promover iniciativas que obstaculicen el proceso.

En este sentido, habrá que ver cuáles son los detalles concretos. Mac Thornberry, representante republicano por Texas y presidente del Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes, ya expresó en su momento su preocupación por los costes del proceso, así como por la cobertura sanitaria que el Ejército daría a sus miembros transexuales, y el pasado viernes, tras conocerse la noticia, expresó su desagrado porque “el secretario Carter haya puesto la agenda política de una administración saliente” por encima de las que a su juicio son verdaderas necesidades militares. Confiemos en que todo discurra por cauces razonables y se ponga por fin punto final a una discriminación intolerable.

Fuente Dosmanzanas

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Dan Berrigan, Profeta de la paz y la justicia

Miércoles, 25 de mayo de 2016

timthumb.phpJuan Yzuel*,
Zaragoza.

ECLESALIA, 13/05/16.- Recibo con una mezcla de tristeza y de gratitud la noticia de la muerte de Dan Berrigan. Un profeta de la paz y la justicia se ha ido. Lo conocí en el Catholic Worker de Manhattan en los años 80. Preparábamos entonces el Plowshares pilgrimage, una peregrinación de más de 4000 kilómetros para alertar sobre la política de rearme nuclear del presidente Reagan. Mi humilde misión era traducir los folletos al español. En aquellas charlas, sus palabras y su mirada inspiraban esa paz especial que solo se encuentra en los que vienen de la gran tribulación y han acrisolado su fe en el sufrimiento, la incomprensión y la persecución.

La noticia me ha llegado a través de la columna de Amy Goodman en democracynow.org que leo con frecuencia y os invito a visitar pues está también en español. Entresaco de su crónica algunos de estos datos, además de los que encuentro en la red.

Daniel Berrigan, sacerdote católico jesuita, activista por la paz, teólogo y poeta, falleció el 30 de abril de 2016 a los 94 años de edad. Su vida estuvo marcada por la compasión y el amor por la humanidad, así como por un inquebrantable compromiso con la paz y la justicia. Pasó años en prisión por sus valientes acciones pacifistas contra la guerra. En cada acción de su vida llevó a la práctica el Evangelio que predicaba. Dio impulso a diversos movimientos, inspiró a millones de personas, escribió de una manera hermosa y con una ingeniosa sonrisa compartió su amor por la vida con sus familiares, amigos y con todos aquellos con quienes rezó y luchó por la paz.

En los años 60, junto con su hermano Philip Berrigan, también sacerdote josefita,  y Thomas Merton, monje trapense,  fundó una coalición intereclesial contra la Guerra del Vietnam y escribieron conjuntamente cartas a los principales periódicos argumentando la necesidad de ponerle fin. Su notoriedad aumentó cuando Dan y su hermano, con otros activistas católicos, irrumpieron en un centro de reclutamiento militar en 1967 y derramaron su propia sangre sobre las citaciones de reclutamiento en alusión a la sangre derramada en la guerra de Vietnam. Al año siguiente, el 17 de mayo de 1968, pocas semanas después del asesinato de Martin Luther King Jr., los dos hermanos y otras siete personas se hicieron famosos por retirar citaciones de reclutamiento del centro de reclutamiento de Catonsville, en Maryland, y quemarlas con napalm de fabricación casera en el estacionamiento de las oficinas. Mientras cantaban un himno reunidos alrededor de la fogata fueron finalmente arrestados.

Dan Berrigan expresó en un comunicado emitido por el grupo antes de la acción, dado que sabían que serían arrestados: “Nuestras disculpas, buenos amigos, por quebrantar el buen orden, por quemar papeles en lugar de niños, por despertar la ira de quienes propagan la muerte”. Y agregó: “No podíamos hacer otra cosa, así que ayúdanos Señor”.

Las acciones de Los Nueve de Catonsville, como se conoció al grupo, hicieron que aumentara la intensidad de las acciones contrarias a la guerra de Vietnam en todo el país. Algunas personas habían quemado sus fichas de reclutamiento antes que ellos, pero después de la acción de Catonsville esto se volvió una táctica emblemática y cada vez más frecuente para demostrar la oposición real y simbólica a la guerra. Dan Berrigan expresó: “Elegimos ser criminales sin poder en tiempos de poder criminal. Elegimos ser etiquetados como criminales de paz por los criminales de guerra”.

Daniel Berrigan fue sentenciado a prisión pero antes de entregarse para cumplir su condena, pasó a la clandestinidad. A pesar de figurar en la lista de los más buscados del FBI, Berrigan aparecía repentinamente en diferentes rincones del país y pronunciaba discursos contra la guerra. Habló durante un gran acto en apoyo a Los Nueve de Catonsville en la Universidad de Cornell, donde era capellán. Luego del discurso, al verse acorralado por el FBI y la policía, Berrigan se escondió dentro de una de las marionetas gigantes de la compañía de teatro con contenido político Bread & Puppet. Disfrazado de esa manera logró salir del Barton Hall de la Universidad de Cornell y evitó ser arrestado. Finalmente, las autoridades dieron con su paradero en Block Island, frente a las costas de Rhode Island, y lo arrestaron. Una famosa fotografía capturó el momento en que dos tristes agentes del FBI que se hacían pasar por observadores de aves en la isla se llevaban esposado al sonriente padre Berrigan.

Berrigan escribió en sus memorias, tituladas “No Bars to Manhood”: “Dado que la maquinaria estadounidense no funciona bien, ni en sus mecanismos internos, ni en sus engranajes con el mundo, los hombres de bien deben tomar medidas”. Y aclaró: “Algunos de ellos han de estar dispuestos a ir a la cárcel”.

En 1980, Berrigan, una vez más con su hermano Phil y otras personas, irrumpió en una planta de misiles de General Electric ubicada en King of Prussia, Pennsylvania. Allí golpearon con martillos cabezas de ojivas nucleares hasta dañarlas de modo que no pudieran ser reparadas y luego derramaron su sangre sobre las partes dañadas. Las acciones que llevaron adelante ese día dieron inicio al Movimiento Plowshares, que creció hasta convertirse en un movimiento mundial. Las acciones de Plowshares se inspiran en un versículo del libro de Isaías, del Antiguo Testamento:

“Convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en podaderas.
No levantará la espada pueblo contra pueblo,
y nunca más se adiestrarán para la guerra”.
(Is 2,4)

Su lucha por la paz desafió al Gobierno de Estados Unidos, al Pentágono y a la jerarquía de la propia Iglesia Católica. Por ese último pecado, fue apartado de su labor eclesiástica en Estados Unidos. Su exilio incluyó viajes a América Latina y Sudáfrica, que lejos de curarlo de su compromiso con la lucha por la justicia, solo lo reafirmaron. Continuó como activista contra la guerra y participó en las protestas contra la intervención estadounidense en Centroamérica y contra las guerra del Golfo, Kosovo, Afganistán e Irak. Fue además un destacad integrante de los movimiento Pro vida, contra el aborto, contra la pena de muerte y diversas causas de derechos humanos, incluidos los derechos de los LGTB.

Padre Berrigan: viviste a tope el evangelio y practicaste lo que predicabas. Gracias por el testimonio que nos has dado y porque tantas personas confundidas encontraron luz en tu ejemplo. Descansa en paz, de la misma manera en que has vivido

 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*alcierzo.com

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Dimite el Secretario interino de Defensa de EE.UU al bloquear los republicanos su designación, ¿por ser gay?

Jueves, 14 de enero de 2016

150918-eric-fanning-430p_da65de2762cfa7dda20831d39469dc3a.nbcnews-ux-600-700En el mes de septiembre de 2015 os contábamos  que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció la elección de Eric Fanning, un civil de 47 años abiertamente gay, como Secretario del Ejército de Tierra. Apenas han transcurrido tres meses del nombramiento y Fanning ha tomado la determinación de dimitir como Secretario Interino del Ejército debido a que el Senado de Estados Unidos aún no ha confirmado su candidatura que le ratifique como el primer jefe abiertamente gay de uno de los cuerpos del ejército de Estados Unidos. Miembros republicanos del Congreso bloquearon la audiencia de su confirmación que debería haberse celebrado ayer lunes, 11 de enero de 2016. Le sucede Patrick Murphy.

Algunos senadores habían expresado su preocupación porque el Secretario interino pudiese violar la normativa cuando su cargo aún está en proceso de tramitación. “No tenemos ninguna razón para creer que no va a ser confirmado”, expresó un portavoz del Pentágono, el capitán de la Armada, Jeff Davis, a Associated Press.

El secretario de prensa del Pentágono, Peter Cook, dijo en un comunicado: “Esperamos que este proceso no se alargue y que Fanning pueda ser confirmado en su cargo con rapidez. Sigue siendo uno de los candidatos más cualificados para ser ocupar la Secretaria después de haber servido en muchos cargos ejecutivos de alto nivel en cada uno de los tres departamentos militares y como jefe de personal del departamento”.

Fanning encabeza el ranking de los miembros abiertamente gays de más alto nivel del Departamento de Defensa. Ha sido Secretario interino desde que John McHugh dimitió el pasado otoño. Va a trabajar, al menos por ahora, en la oficina del Secretario de Defensa.

Fanning ha sido subsecretario de la Fuerza Aérea, subsecretario de la Marina y subdirector de gestión de la Armada. Recientemente, había estado trabajando en calidad de subsecretario del Ejército y es un asesor civil del secretario de Defensa, Ashton B. Carter.

Nacido y criado en Kalamazoo, en el estado de Michigan, Fanning se graduó de la Escuela Secundaria Centerville en Ohio en 1986, después de asistir a escuelas Cranbrook en Michigan, y se graduó en la universidad de Dartmouth en 1990. Su interés por el gobierno y la política comenzó cuando participó en el concurso de primaria de New Hampshire en 1988.

Fue miembro del Fondo de la Victoria Gay y Lésbica de 2004 a 2007. Está a favor de la adopción por el ejército de Estados Unidos de una política que prohíbe la discriminación sobre la base de orientación sexual. Fanning también apoya que las personas abiertamente transgénero puedan servir en el ejército también.

Fanning hubiese tenido por delante muchos retos al frente de la Secretaría de Estado del Ejército: La integración de mujeres a los cuerpos militares, la pérdida de moral o los recortes presupuestarios y de personal. Una fuerza que llegó a tener 570.000 soldados en activo ha perdido 80.000 efectivos y planea prescindir de 40.000 más.

Fuente Ragap

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Estados Unidos abre la primera clínica para veteranos transexuales del ejército en Ohio

Jueves, 19 de noviembre de 2015

noticias_file_foto_1026160_1447667188Dos días antes de que el Supremo legalizase el matrimonio homosexual en todo el país, Estados Unidos vivía otra fecha histórica: un transexual participaba por primera vez en la recepción anual del mes del Orgullo LGTBI en la Casa Blanca, representando con su uniforme a los más de 15.500 soldados silenciados. Logan Ireland, del Ejército del Aire, empezó su transición a hombre en 2012 y atendió al acto excepcionalmente vestido con el atuendo militar junto con su prometida, Laila Villanueva, quien acudió de civil. Ella, como la gran mayoría de transexuales en el Ejército estadounidense, no tiene el apoyo de su unidad que le permita hablar abiertamente del sexo con el que se identifica.

Pero parece que la situación está cambiando, la primera clínica dedicada a atender las necesidades de los militares veteranos transexuales de Estados Unidos se inauguró la semana pasada en Cleveland, Ohio. Se trata del Centro Médico Louis Stokes. De momento, admite a 20 pacientes transexuales con edades comprendidas entre 21 a 75 años dirigida por la doctora Megan McNamara. Se estima que hay más de 130.000 veteranos transexuales en los Estados Unidos, de los cuales, 15.500 están en servicio activo.

Según la doctora McNamara, las personas transexuales buscan el asesoramiento y la atención de los servicios del Departamento de Asuntos de los Veteranos hasta cinco veces más. “Hay una gran cantidad de pacientes transexuales entre los veteranos que no han sido capaces de encontrar la atención que necesitan. Queremos ser capaces de proporcionar una atención integral en un ambiente acogedor. Un lugar donde se sienten a gusto y aceptados”, explicó la doctora McNamara al diario The Plain Dealer de Ohio.

Una directiva de 2011 de la Administración de Salud instruyó a todas las clínicas para ser respetuosas con las necesidades de los veteranos transexuales, sin embargo, los militares transexuales estadounidenses en servicio activo se arriesgan a ser despedid@s si inician su transición estando en activo. Una investigación ha detectado que los estadounidenses transexuales son más propensos a enrolarse en las fuerzas armadas a pesar de la discriminación a la que se pueden enfrentar.

Las regulaciones del Pentágono prohíben que las personas que están o han pasado por una transición formen parte del servicio militar estadounidense, una norma basada en prescripciones médicas de hace más de cincuenta años y que ahora los activistas por la libertad del colectivo LGTB quieren cambiar.

“En ésa época, los transexuales eran vistos como enfermos mentales y con una moralidad deficiente, igual que los homosexuales. Mucho ha cambiado desde entonces”, dice Allyson Robinson, una veterana transexual y activista.

El Ejército de Estados Unidos revocó en julio de 2011 la famosa política “Don’t Ask, Don’t Tell” que impedía alistarse a quien se declarase como homosexual, pero se olvidaba de la transexualidad, considerada dentro de las “exclusiones psicosexuales”.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos está trabajando para desarrollar un plan que ponga fin a esa política que no permite la visibilidad de las personas transexuales en el ejército en mayo de 2016.

Fuente Ragap

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Shane Ortega: el primer soldado abiertamente transexual del ejército de EE.UU

Lunes, 27 de julio de 2015

Point5cc-Military2Alegría y cautela. Así describe el sargento Shane Ortega lo que sintió cuando hace unos días el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, anunció los planes del Pentágono para acabar con la prohibición que impide que las personas transexuales puedan servir en el ejército.

Ortega, considerado el primer soldado abiertamente transexual de la armada estadounidense, lleva años abogando por el fin de una política discriminatoria que hace que los militares deban abandonar su carrera por vivir de acuerdo su verdadera identidad de género

En la última década, Ortega ha estado estacionado dos veces en Irak y una en Afganistán. Las dos primeras como mujer y la tercera como hombre, el género con el que se identifica.

En 2011 el ejército de EE.UU. revocó la política conocida como Don’t Ask, Don’t Tell” (No preguntes, no digas), que impedía servir a las personas que fueran abiertamente homosexuales.

Los transexuales quedaron fuera de esos cambios y en la actualidad pueden ser dados de baja al considerarse que padecen un trastorno psicológico.

Shane Ortega -quien en la actualidad trabaja como jefe de equipo de helicópteros en la 25º División de Infantería del ejército estadounidense en Hawái- asegura que ha sido afortunado, ya que pese a haber iniciado su transición para convertirse en hombre en 2011, sus superiores no cuestionaron su habilidad para servir.

“Como un soldado más

“Me alegra pero al mismo tiempo lo vivo con cautela, ya que el que hayan anunciado la revisión de nuestro estatus no significa que las cosas ya hayan cambiando“, explica Ortega sobre la decisión del Pentágono de crear un grupo de trabajo cuya misión es establecer en los próximos seis meses la ruta para la integración de los transexuales en el ejército de EE.UU. “Por el momento las cosas siguen igual y nuestros superiores todavía pueden discriminar a los soldados transexuales“, señala en conversación con BBC Mundo el joven de 28 años nacido 55ae3e889b4bfen Maryland, cuyos padres también sirvieron en el ejército. “En 2011 decidí que estaba listo para hacer la transición, ya que contaba con los medios para poder costearme el tratamiento. Necesitaba ser yo mismo y a esas alturas, con 22 o 23 años, ya sabía quien era, explica Ortega, quien inició un tratamiento con testosterona con el conocimiento del personal médico militar. “Tuve suerte porque siempre he sido muy trabajador. Siempre he creído en que tienes que trabajar mucho como para que tu jefe no te pueda preguntar qué mas puedes hacer. Ese ha sido mi caso”.

En los registros oficiales del ejército estadounidense, Ortega todavía aparece como mujer y en ocasiones se ve obligado a llevar un uniforme femenino, que le resulta muy incómodo dada su fuerte complexión, fruto de su afición al culturismo.

Asegura que, salvo algunas excepciones, ha recibido un buen trato de sus compañeros hombres, con los que compartió tienda de campaña cuando estuvo sirviendo en Irak y Afganistán, “como un soldado más”. “Somos profesionales haciendo nuestro trabajo. Teníamos que compartir las duchas y no había ningún problema”, explica.

Trabajo por hacer

Ortega cree que “la visibilidad que tienen los transexuales en la actualidad es increíble, aunque “todavía queda mucho trabajo por hacer”. Considera que, dada la atención que los medios están prestando a su caso, tiene la responsabilidad de abogar para acabar con la discriminación, algo que lleva haciendo desde hace años. Recientemente estuvo en Washington DC, donde se reunió con miembros del Senado estadounidense y con personal del Pentágono y de la Casa Blanca.

Igual que Ortega, desde la Asociación de Veteranos Transexuales Estadounidenses (TAVA, por sus siglas en inglés) valoran positivamente el que, en un futuro próximo, los transexuales puedan servir abiertamente en el ejército de EE.UU. “Ahora los transexuales podrán centrarse en servir y no en sobrevivir. Podrán hacer su trabajo lo mejor que puedan en vez de tener que preocuparse por salvar sus carreras y ocultar quiénes son realmente”, asegura en conversación con BBC Mundo Denny Meyer, portavoz de TAVA. “Algunas estadísticas señalan que en la actualidad hay más de 15.000 transexuales en el ejército. No permitirles que muestren quienes son realmente es algo terrible, apunta Meyer, quien celebra que se vaya a poner al estigma que supone ser dado de baja del ejército por ser transexual, “algo que marca de por vida”.

Fuente: BBC Mundo

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La administración Obama anuncia el fin de la prohibición a las personas trans de servir abiertamente en el Ejército estadounidense

Sábado, 18 de julio de 2015

639x360_1413994432_000_Was8873581El Pentágono pretende levantar la prohibición a personas transexuales para ingresar en el Ejército

Según estudios, hasta 15.000 personas transexuales participan en el servicio activo del ejército, a veces con conocimiento de sus superiores.

El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Ash Carter, ha confirmado la intención de la administración Obama de poner punto final a la prohibición de servir abiertamente en el Ejército de su país a las personas trans. Durante los próximos seis meses, el Pentágono estudiará las modificaciones regulatorias necesarias para hacer realidad en cambio a partir de 2016. Una buena noticia que llega sin embargo cuatro años después del final del “Don’t ask, don’t tell”, la ley que obligaba a los militares gais, lesbianas y bisexuales a mantener en secreto su orientación. Un retraso que muestra de nuevo que las personas trans constituyen el grupo más débil y vulnerable del colectivo LGTB.

Los líderes del Pentágono detallan los planes para levantar la prohibición a la participación de personas transexuales en el Ejército, dijeron funcionarios federales, quienes añadieron que se prevé un anuncio oficial esta semana y que el ejército tendría seis meses para determinar el impacto y trabajar los detalles y que durante esta transición, las personas transexuales aún no podrán enrolarse al ejército. Las decisiones sobre aquellos que ya están en servicio serían referidas al subsecretario de personal en el Pentágono, dijeron los funcionarios. Un funcionario de alto rango dijo que era para evitar que cualquier miembro transexual del servicio se fuera durante ese tiempo.

Varios funcionarios, bajo condición del anonimato porque no estaban autorizados a hablar del tema antes de que se finalicen los detalles, dijeron que el secretario de Defensa solicitó a su subsecretario organizar un grupo de trabajo con líderes militares y civiles para tener una visión objetiva del tema, identificar problemas y desarrollar reglas uniformes. Un funcionario de alto rango dijo que aunque el objetivo es retirar la prohibición, el secretario quiere que el grupo de trabajo analice los efectos prácticos, incluido el costo y el impacto, de haberlo, que tendría en la preparación militar.

La medida se conoce tras varias semanas de reuniones de alto nivel en el Pentágono entre altos directivos militares, secretarios y líderes del Departamento de Defensa, incluso una el lunes que involucró al secretario de Defensa y jefes de varios servicios.

La política de “Don’t ask, don’t tell” fue derogada por el Congreso de los Estados Unidos en diciembre de 2010, después de un complicado proceso de discusión, aunque no fue hasta septiembre de 2011 cuando la derogación entró en vigor. Quedaban fuera sin embargo las personas transexuales, un “olvido” que se quiere subsanar ahora. “Las actuales regulaciones del Departamento de Defensa sobre el servicio de sus miembros transexuales están obsoletas y  provocan una incertidumbre que distrae a los mandos de las que son sus misiones fundamentales”, reconocía el secretario de Defensa en un comunicado oficial hecho público el lunes. “En una época en la que la experiencia ha enseñado a nuestras tropas que la cualificación más importante es su disposición a cumplir son su trabajo, nuestros oficiales y personal alistado se enfrentan a regulaciones que les transmiten lo contrario. Es más, tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, añadía Carter.

El secretario de Defensa anunciaba la creación de un grupo de trabajo, formado por civiles y militares y liderado por el subsecretario de Personal del Departamento de Defensa, Brad Carson, encargado durante los próximos seis meses de revisar las regulaciones militares y de evaluar el impacto del cambio para permitir que los militares transexuales puedan servir abiertamente “sin impacto adverso en la efectividad y operatividad”. El grupo de trabajo evaluará las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio, aunque la voluntad política de que este sea efectivo el año próximo parece clara. Algunos de los aspectos que deberá evaluar el grupo de trabajo serán, por ejemplo, hasta qué punto el Ejército estará obligado a sufragar el coste de eventuales procesos de reasignación de sexo de sus miembros transexuales, así como el entrenamiento y estándares físicos que se les exigirán durante el proceso de transición. También se valorará como abordar el cambio en lo referido a uniformidad, alojamiento o uso de instalaciones.

Hasta que el grupo de trabajo concluya su trabajo, permanecerá vigente la prohibición oficial a las personas transexuales de incorporarse al Ejército, aunque cualquier decisión sobre la expulsión de militares que ya formen parte del mismo deberá ser evaluada por el propio Brad Carson, en lo que ha sido interpretado como una especie de “moratoria oficiosa”. Se desconoce cuantas personas transexuales sirven en la actualidad en el Ejército estadounidense, pero algunas estimaciones sitúan la cifra en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.

Las personas transexuales –aquellas que se identifican con un género diferente de aquel con el que nacieron y en ocasiones toman hormonas o se someten a cirugías para desarrollar las características físicas de su género de preferencia– están excluidas del servicio militar en Estados Unidos. Pero estudios y otras encuestas calculan que hasta 15.000 personas transexuales participan en el servicio activo del ejército o las reservas, a veces en secreto pero en muchos casos con el conocimiento de comandantes de unidades o colegas.

Fuente Dosmanzanas y Cáscara Amarga

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